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Y ahí estabas tú, y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo
Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te trajo,
contigo me sonrió Se me quitó lo triste, cuando te vi me
viste Y desde entonces te volviste lo mejor, ¿y qué me pasó?
Y ahí estabas tú
Y aquí estaba yo, y nuestra soledad, que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.
Y ahí estabas tú, y eso me salvó, y ya no pido más, eres
mi luz, mi paso, mi más grande amor.
Y ahí estabas tú, y aquí estaba yo, y nuestra soledad.
Oiga, yo no le dije que pasara. No le dije que pasara.
¿Martín González?
Sí, soy yo.
Vengo a ofrecerle un trato y a pagarle su dinero.
Yo no voy a hablar con ningún ladrón y le voy a hablar a la policía ahorita
mismo. No, no, no, por favor, no haga esto en este momento.
¡Déjela, señora!
¡Déjela!
Que no me esté escuchando.
Le vengo a ofrecer un trato.
Esto le conviene, por favor, escúcheme.
A mí lo que me conviene es entregarte a las autoridades.
Llama a la policía, Diana.
Sí, señora. Por favor, que no me están escuchando. Te vas a ir a la cárcel,
Martín González.
¿Martín González?
¿Es con el que iba a poner el restaurante que le estafó?
Sí. ¿Qué no me está escuchando? Le voy a pagar su dinero y aparte le voy a dar
muy buenos intereses. ¿Eso?
¿Me lo vas a decir pero enfrente de un ministerio público? Bueno, ¿cuántas
veces le tengo que repetir lo mismo?
Bueno, señor, escúchenlo. Si es para pagarle de lo perdido lo que aparezca.
¿Pero por qué tendría yo que creerle a este desgraciado? Porque ya intentaron
matarme una vez.
Lo van a volver a intentar. Y que antes de que suceda...
Vengo a pagarle.
Los dueños de Modas Luca ya no nos van a renovar el contrato para que seamos sus
proveedores de tela.
Me parece increíble que las calumnias de Gilberto León afecten tanto a mis
empresas. Buenos días.
Pasé a saludarlos y a dejarles este Nescafé para que se despierten. Gracias.
Aunque por sus caras no es buen momento, ¿verdad?
La textilera perdió un contrato.
Por culpa de la demanda que nos hizo Gilberto. Ay, pero yo sí lo necesitaba.
Te agradezco mucho, tía.
Ay, qué rico.
Lo de la textilera es preocupante.
Pero lo que sí podemos celebrar es que la propuesta que le mandamos a Nescafé
sí les interesó.
¿Volviste a hablar con ellos?
Sí, por videollamada.
Van a mandar una contrapropuesta. Quiero que tú y Ernesto la revisen. Y si todo
está bien, lo que sigue es que unos ejecutivos de Nescafé vengan a conocer
la hacienda.
¡Qué buena noticia!
Después de la mala que recibimos por culpa de Gilberto. ¿Y si Max declara
ante un juez o ante la prensa que tuvo que desaparecer con tu dinero por una
amenaza de muerte?
¿Eso puede sensibilizar a tus clientes?
Ni siquiera estamos seguros de que Máximo diga la verdad.
Por eso...
Ernesto está buscando pruebas para ver si efectivamente estuvieron
extorsionándolo. Bueno, pero si es verdad, ¿valdría la pena contarlo a los
medios? Lo dudo. Eso alimentaría más la versión de Gilberto de que Doménica tomó
dinero de las empresas para dárselo a Max sin importar el motivo.
Esto lo vamos a resolver.
Además, a Max ya se le hizo costumbre desaparecer sin decir nada.
¿Y eso te pesa?
Me pesa.
Porque por tu culpa perdí a Ernesto Hernando.
Y dime, ¿el doctor tuvo razones para alejarse de ti?
No, simplemente me juzgó.
Empiezo a creer que el amor que dice que siente por mí es frágil.
Es que él no puede pelear con tu pasado.
Y menos si te vio que trajiste a Max a tu casa y luego lo fuiste a buscar.
Además de saberlo moribundo.
¿Qué otro contexto tenías para ir a buscarlo?
Se supone que ya no querías volverlo a ver. ¿Saben qué?
Ya no quiero hablar del tema. Me revuelve la cabeza.
No quiero ni pensar que Doménica quiera perdonar a ese estafador.
Mira,
nos guste o no, lo que unía...
A Doménica y a Max era un lazo muy fuerte, así que no te sorprenda lo que
pueda decidir mi sobrina. Ay, Pilar, sí es la verdad.
Y cuando amenazaron a mi prometida, entonces tuve que huir. Estos criminales
no se andan con medias tintas cuando se trata de dinero.
¿Y cómo puedes demostrar todo esto que me estás diciendo, eh?
¿Usted cree que si yo fuera un ladrón vendría de frente a pagarle?
¡Claro que no!
Tuve que cambiarme el nombre también para poder huir, pero de todas formas me
encontraron. Pero eso no contesta la pregunta de la señora.
¿Cómo sabemos que todo esto no se lo está inventando usted?
Bueno, esta información se la podría confirmar mi exprometida.
Yo sigo amando a esa mujer con toda mi alma y usted quizá la conoce.
Se llama Doménica Montero.
Pues les tengo una muy buena noticia, muchachos. San Genís acaba de aportar
dinero a la sociedad para poder pagar parte de las deudas y también sus
sueldos de los siguientes meses.
Y el restante lo vamos a invertir en la siembra de caña. Muy bien.
Y de verdad vamos a aguantar a que se coseche la caña porque eso se tarda casi
un año.
Si el patrón lo está diciendo, nosotros tenemos que apoyarlo. Pues sí, porque de
eso depende que sigamos aquí.
Entiendo que hay ciertas cosas que habrá que esperar.
Como es el caso de tu operación, Bartolo.
También los estudios de sus hijos en San Felipe.
Y el que no quiera seguir trabajando aquí, yo le puedo pagar su liquidación
completa sin ningún problema.
Yo sí me quedo, patrón.
Usted me salvó la vida sin saber quién yo era.
Y ese día me la cambió.
Así que cuente conmigo para trabajar de sol a sol.
Pues nosotros también nos quedamos. Y no se preocupe por mi pata, doctor. Que me
sobran manos para trabajar.
Y más dice que puede pagarnos todos estos meses.
Sí, está bueno, pues yo también me quedo. Muy bien. Y nos quedamos.
Corra al papel.
Muchas gracias por su entusiasmo, de verdad, que es muy importante para mí en
este momento.
Gracias. Estamos viendo por dónde y cómo comenzar a trabajar la tierra.
Órale, que no hay tiempo que perder.
Muchas gracias.
Un peso menos
con todo esto, ¿verdad?
Y del otro, pues nadie te puede hacer sentir mejor.
Aposté todo a Doménica.
Y nuestra relación terminó de la peor manera posible.
¿Y qué? ¿De plano? ¿Así de plano? ¿No hay modo de que se arreglen?
Solo un milagro, Prudencio.
Solo un milagro.
Los milagros existen, ¿eh?
¿Existen los milagros?
Sí, sí. ¿Cómo no?
Diosito, déjame ayudarte a hacerles el milagro. Y te prometo que te regalo
todas mis plantitas para que acompañen en el cielo a las matitas de frijol que
se murieron.
Es un estimado del valor de esta joya y ronda entre los tres, tres y medio
millones de pesos.
Estoy seguro que si algún día encuentras al comprador,
Se va a poner muy contento de tenerlo de regreso.
El valor de este anillo es mucho más que económico, Olivier.
Y si queremos encontrar al dueño es por un motivo más oscuro.
¿Puedo saber cuál es?
Este anillo es la única pista que tiene Luis Fernando para localizar al que mató
a su hijo en gestación.
Perdona si no se lo contamos antes.
Pero estamos investigando y preferimos ser discretos. En verdad lo siento. Me
gustaría ayudarlos más.
No sé, quizás algún colega mío. Este es un núcleo muy cerrado. Tal vez pueda
localizar al comprador.
Solo me dieron un nombre en la joyería Clemens.
El supuesto dueño se llama Aurelio Martel.
Si compró en alguna joyería, vamos a hablar con él.
Ah, entonces tú eres Max Langer.
El que dejó plantada a Doménica Montero el día de su boda. El mismo.
Y tratando de recuperarla, conocí a Luis Fernando, que sé que está detrás de ella
y yo no pienso perderla.
Ay, por mí, te la puedes llevar muy lejos. A esta mujer solo le he traído
problemas y dolor a mi hijo.
Sí, pero el doctor sí la quiere. ¿Dónde está? Puro capricho, por favor.
Pero ya veo que tú y Doménica son tal para cual.
Tú robándote mi dinero y ella...
queriéndose robar mis tierras. Bueno, yo no sé nada sobre ese tema.
Lo que sí puedo decirle es que yo le voy a pagar todo lo que le debo y que, por
lo que entiendo, a usted le conviene que yo me quede con ella, ¿no? No, a mí lo
que me conviene es que a ti te refundan en la cárcel.
Está bien.
Yo entiendo que esté usted molesta. Yo tengo el dinero suficiente para pagarle
y para afrontar el juicio.
Solamente espero que su hijo haga muy feliz a Domenica.
Pues si te dije que hablaras con Max o no.
Pues como no te mueves, uno tiene que terminar haciendo las cosas. Pero eso no
es lo que acordamos. Pero tú lo hicieras rapidito. Pues así lo hice, ¿cómo ves?
O sea, te combino porque aceptó nuestro plan sin regatear.
Se me dijo que lo llevara a San Felipe porque lo urgía a ir a Ciudad de México.
¿Cómo que se fue de Santa Teresa?
¿Qué se siente, eh? Que seas la última en enterarte de la cosa.
Imbécil. No me ha pagado el dinero que me robó.
Tranquila, Viborita, va a regresar. Se sabe lo que le conviene.
Voy a ver a Doménica porque se vio con él anoche y seguro tiene información.
A ver, ven.
Ay, ya.
¿Para qué fue eso, idiota?
Pues para consolarme de que perdí mi postranca por una tienda.
Nada más.
Roberto, por favor, he debido a muerte que me ayudas a conseguir unos libros.
Oye, ¿tienes dónde anotar los títulos?
Tengo una memoria privilegiada.
Tú dime.
Bueno, el primero se llama ¿Por qué amamos al equivocado? de Rocío Soto. Y
el segundo es Cuando digo no es no de Afrodita Ponce. ¿Sí?
¿No que te gustaba el teatro?
Sí, pero es que estos son para... Ay, perdóname, Roberto. Llegó alguien. Eres
un amor. Luego hablamos.
¿Era Roberto Sangeniz o...?
¿O a qué Roberto le dijiste que era un amor?
Sí, era sangenista. Le pedí que me traiga unos libros de México.
Ah. ¿Y ya leíste los que yo te traje?
No, pero mi papá me enseñó que cuando uno regala un libro, no le pregunta a la
persona si ya lo leyó.
Sí, sí, perdón.
Tienes razón.
Pero... ¿Pero qué, Ernesto?
Habla, entre nosotros podemos decirnos todo, por eso somos amigos.
Es que yo no quiero ser tu amigo.
Y la verdad ya... ya estoy muy celoso.
Fernando se puso muy mal.
Él piensa que yo fui a buscar a Max por amor.
Bueno, es que tienes razón, prima.
¿Cómo se te ocurre ir a buscarlo solita?
¿Tenías alguna intención?
Sí.
Acabar con este calvario, pero Max se fue. Y otra vez me dejó con más dudas.
¿Por qué lo dice?
Cuando estaba en casa Luis Fernando recuperándose, que tenía mucha fiebre,
dijo cosas.
Dijo que una mujer lo obligó a dejarme.
Ah. ¿Y qué más te dijo?
Pues solo eso. Por eso fui a buscar a Max a su casa, para que él me lo
explique. Bueno, prima, pero tenía fiebre.
Seguramente estaba delirando.
No importa lo que haya pasado.
Si tú quieres regresar con Max, olvídate del mundo. Sé feliz.
No. No, yo no voy a regresar con Max.
Yo creo que estás confundida.
Pero no importa, prima. Yo te voy a apoyar.
Te digo una cosa.
Cuando me dijo lo de esa mujer, tuve la sensación de que estando conmigo Max
tuvo un amante.
Ay, prima.
Ahora eres tú la que está delirando.
Hay algo que te puedo asegurar.
Es que Maxi te amó.
En eso no te he mentido.
Max te amó.
Yo siempre he sido un maldito, pero Domenica con su dulzura y su amor me
hizo cambiar. Me enamoré sinceramente.
Me gusta que hayas dicho lo que sientes porque me parece que te contienes mucho
y eres un hombre guapo, interesante, inteligente. ¿Me estás aceptando en tu
vida?
¿O me estás bateando a la zona de amigos?
Tus celos no me gustan nadita.
Es como si me encendieran una alarma diciendo, cuidado que se acabó tu
libertad. Tampoco es para que te asustes. Te juro que te has vuelto
alguien muy importante para mí. Y yo no creí que iba a tener esto, porque antes
tenía un amor imposible.
Y ahora te tengo a ti o... O no te tengo, pero tú me entiendes.
¿Cómo ves? Y cuando salga de aquí nos vemos en la nevería y hablamos más
tranquilos. Sí, claro.
Doña Mercedes, perdóneme. No sabía que usted había salido a la Ciudad de
México. No, perdóname tú a mí por no despedirme.
Es que tuve la peor discusión de mi vida con mi hijo por culpa de Doménica. Y me
fui. Me fui en un impulso.
Ah, entonces no se enteró de lo que pasó con Max Langer.
No. ¿Qué pasó ahora?
Le dispararon y su hijo lo salvó.
Ah, vaya, bueno, pues eso nada más demuestra la calidad de mi hijo como
médico y como persona, ¿no?
Y también es un hombre con mucha dignidad.
Cortó a Doménica cuando ella salió corriendo tras más.
Se dio cuenta que ella sigue enamorada de ese estafador.
¿Estás segura de que mi hijo terminó con ella?
Doménica me lo dijo sin ningún pudor.
Yo ya sabía que esa mujer nunca lo quiso.
Y mi pobre hijo debe sentirse fatal.
Chiara, por favor.
No lo dejes solo. Mira, Luis Fernando tiene su carácter.
Pero Doménica sabe muy bien cómo manipularlo.
No, no se preocupe, doña Mercedes.
Yo siempre voy a estar aquí para apoyarlo.
Te has estirado mucho, mi amor.
Si no me apuro con tu vestido de primera comunión, ya no te va a quedar.
Te prometo que... ya no voy a crecer tanto por ese día, mami. Me voy a hacer
bolita como cochinilla.
No, porque entonces ya no te va a quedar de los lados.
Oye, ¿ya sabes quiénes quieres que sean tus padrinos?
Luego te digo, porque va a ser una sorpresa.
Órale.
Pues yo venía a saludar a Pedro, pero por lo que veo ya se regresó a vivir a
la abandonada. No lo sabía.
Ah, sí.
Yo pensé que Doménica te había avisado.
No, no tuvo oportunidad.
¿Qué? Pues no sé si lo sabías, pero yo terminé mi relación con Doménica.
Ah, no.
No sabía.
Debí insistirle a Doménica que te valorara como mereces.
Sí, lo que más importa son los sentimientos y ella... ella se decidió
por Max.
¿Sabes que era lógico que iba a terminar con el amor de su vida?
Perdón, yo sé que suena cruel, pero...
Es mejor darse de frente con la verdad.
Me gustaría hacer algo para ayudarte en este momento, pero... Yo solo espero que
eso no afecte mi amistad con tu mamá.
No, para nada. Mi mamá te aprecia mucho y no sé si lo sabías, pero... Ella se
fue a vivir a la ciudad.
Sí. No toleró que yo le diera su lugar a Doménica.
¿Y de verdad crees que vale la pena pelearte con tu mamá por Doménica?
Mi madre se equivocó en muchas cosas, pero respecto a Doménica, ella me
advirtió desde un principio que yo iba a terminar con el corazón roto.
Tenías razón.
Ay, no me gusta verte triste.
Gracias por escucharme.
Yo solo espero que me dejes ser tu amiga en este momento tan difícil.
Si hay algo que me dice Domenica es que doy muy buenos consejos.
Lo tendré en cuenta.
¿Sí? Ya tengo que ir.
Ok. Hablamos luego.
¿Te cae que ni un caballo sabe sencillar?
Que yo siempre le he pagado a un gato para que me ensuye mi cuaco. ¿A poco sí?
Pues ahora que el gato aquí es otro, ¿qué no?
A ver, pues ponme el ejemplo. ¿A que sí?
Órale, yo te enseño.
Pero nada más hazme un favor.
No estés tan menso.
¿O qué? ¿Y eso puedes hacer?
Nada más no te pases, dijo la patrona que nada de provocaciones.
¿A que sí?
Así lo ves tú, porque tienes la piel muy delgadita y no aguantas nada.
¿O qué no?
Pensé que ya no ibas a venir.
Pero ahora que por fin llegaste, ponte a barrer.
Pero así, ni te gastes los dedos que acabo de renunciar.
Claro. Como ya se fue Pedro, pues entonces tú también ya te vas, ¿verdad?
Pero nomás me entere que le andas revoloteando y voy como rayo a buscarte.
Bájale. No andes de insegura que lo vas a hartar.
Y la mera verdad, si lo veo libre, no respondo. Nomás te atrevas. A muerte
enunciada no hay culpa.
¿Qué?
¿Qué? Canija chamaca, ¿eh?
Yo que tú no me confiaba.
Claro. ¿Por qué cada vieja mantequillosa que se resbala para untarse solita? Sí,
verdad. Por eso yo creo que te tienes que poner las pilas. Porque si no llega
una más viva y te lo baja.
Cusca mantequillosa.
Luis Fernando.
Qué bueno que te veo.
Pues no vengo a hablar contigo. Estoy buscando a mi hermano.
¿Me puedes conceder por lo menos un minuto para que hablemos?
No pierdas tu tiempo conmigo.
Mejor guarda tus promesas para cuando regrese tu novio.
No es mi novio. ¿Por qué dices eso?
¿Qué pasó, doctorcito?
Es que bueno que me lo topo. Lo que me faltaba para completar el cuadro.
Pues vamos a aprovechar que mi patrón está aquí para aclarar los malos
entendidos, ¿no? Y que no se anda hablando de uno.
¿Ahora qué pasó, Genaro?
Pues que aquí el doctorcito anda de incriminoso.
Y anda diciendo que yo le disparé a su novio.
Mejor háblele al licenciado Sangeniz. O dígale a su hijo que Max Langer es el
estafador Martín González. No, si le digo eso, Luis Fernando lo va a refundir
en la cárcel. Y Doménica se va a quedar con mi hijo. Pero él... Y tú te vas a
callar, Diana. Por lealtad o para conservar tu trabajo.
Pero yo no espero menos de ti, ¿eh?
Doñita, usted sabe que yo soy su incondicional.
Pero eso no quita que le diga cuando le está regando.
Por ejemplo, ¿no se da cuenta de lo que ha sufrido por ocultar cosas?
Ahí tiene a Pedro, por ejemplo.
Bueno, voy a abrir.
Señorito, otra vez la buscan.
Oye, Mercedes.
Ya está lista la transferencia con unos intereses muy generosos.
Lo único que usted tiene que hacer es fingir que no me conoce.
Pues la mera verdad es que usted no me traga a mí ni yo lo trago a usted.
Pero prefiero que nos arreglemos a golpes y arreglar las cosas de que me
ande escupiendo por la espalda.
porque son el de hombre. Yo solo cumplí con mi obligación de informar sobre un
herido de bala y lo que yo sabía sobre eso. ¿Y qué?
¿Sospecho de mí?
Pues nada más porque le contó a su hermanito que había menjado echándole un
ojo al fuereño ese que se andaba escondiendo.
¿Qué creí yo?
¿Que los balditos no me iban a decir todo lo que se inventó con el Cosme y
con mi compadre?
¿Están seguros? ¡Pero ya basta! A ver, Genaro, si ya aclaraste tus dudas, no
hace falta hacer esto más grande.
Aquí todos queremos saber quién le disparó a Max. No, pues cómo no va a
querer saber si la vino a buscar usted.
Si ya terminaste, te puede decir.
Ya quedamos, doctorcito.
Ya no se la traiga contra mí.
Vaya, vaya, vaya.
Es la primera vez que no te peleas conmigo por defender a tu capataz.
Ahora sí, puedo ir a ver a mi hermano.
Búscalo en las caballerías.
El dinero ya está en mi cuenta.
Perfecto. Entonces tenemos un acuerdo.
Eso también te incluye a ti, ¿eh?
Diana es de toda mi confianza. Yo confío en ella al cien por ciento. ¿Verdad,
Diana? Sí, sí, señora.
Sí. Perfecto. Aquí nadie puede arrepentirse. Entonces todos salimos
beneficiados. Eso espero.
Y cuenta con que voy a retirar la denuncia.
Encantado. Con permiso.
Lo acompaño. No es necesario.
Conozco la salida.
Misión cumplida.
No cabe duda que el dinero todo lo resuelve. Además, nos conviene tener a
esta señora a nuestro lado porque odia a Domenica.
Uno nunca sabe.
Cada vez repartes más lana para tapar tus secretitos.
Entre esta señora, Kiara y al tipo al que le prometiste la hacienda. La
hacienda es nuestra.
Solamente le estoy dando por su lado a ese imbécil que además me disparó.
Y yo me la pienso cobrar y no voy a fallar. ¿Qué? A ver, ¿cómo que no vas a
fallar? ¿Sabes qué? Conmigo no cuentes para eso, ¿sí? Yo tengo mis propios
límites. Lo dices muy fácilmente porque a ti no te dispararon.
Pero tenemos que andar con mucho cuidado porque ese tipo es impredecible y eso lo
hace muy peligroso.
Mira, Pedro, para nada es un reclamo que estés aquí en la hacienda de Doménica.
Pero la verdad es que...
Tu lugar es con nosotros, en Espejo de Luna.
Otra vez la mula al trigo, Luis Fé. Si ya hablamos de eso.
A mí Doménica me recibió muy bien ahora que regresé.
Me dio el puesto de capatá segundo y hasta me puso un cuarto en su propia
casa.
Me da mucho gusto por ti.
Al menos tú tienes una buena relación con ella.
Yo, sinceramente, a veces siento que ya no quiero volver a verla.
¿Lispy?
¿Estás seguro?
¿Seguro, seguro?
¿De que ella no te quiere?
Pues sí, estoy seguro.
Sí me enamoré como un... como un imbécil. Y ahora me toca aguantarme.
¿Estás seguro?
¿Y qué te traes con Nieves?
¿Es por el pique con Pedro?
La verdad, sí.
Nos peleamos porque la muy tonta anda celando a Pedro.
Pero yo sé que ya no tengo esperanzas con él.
Ellos dos ya andan bien comprometidos.
Y además, aunque no me lo diga, yo sé que Pedro me ve tan culpable como tú.
Sí, pues de haberlo abandonado de bebito en ese huacal.
Adelaida, perdóname, por favor.
Pues yo quisiera que Pedro y tú se contentaran.
Aunque yo ya no tenga chance con él.
Entonces hazme un favor.
Mándale un recado.
Dile que necesito hablar con él.
Porque... Porque capaz que si yo lo busco directamente, pues me apedrea.
Doménica, ¿podemos hablar?
Claro, ¿qué pasa?
Vengo a hablarte de mi hermano, de Luis.
¿Dijiste hermano?
Qué gusto me da.
¿Ya lo quieres?
Pues sí, tanto que me está doliendo lo que le hiciste y por eso estoy aquí.
Mira, a mí también me duele esta situación.
Y más porque tu hermano no tiene la razón.
Estoy enamorada de Luis Fernando como nunca en la vida me he enamorado.
Pero él malinterpretó mi preocupación por Max.
¿De veras nomás fue por eso?
Sí. Estamos distanciados por un malentendido. A ver, tú ayudaste a Max
en cuanto lo viste herido.
¿Por qué lo hiciste? Por humanidad, igual que yo.
Pero no es lo mismo ayudar a alguien del que no sabes nada.
a perdonar a alguien que te hizo tanto daño.
Si yo volví a buscar a Luisfe fue porque él no tuvo nada que ver con que me
abandonaran de bebé.
Yo a los que no quiero volver a verles ni a su madre ni a Prudencio.
Y con la pena, pero tú y Luisfe se la viven peleando mucho más de lo que
disfrutan de su amor porque sí es amor, Doménica.
¿Y yo para qué sigo hablando si yo estoy igual o peor con mi nieve?
Nadie va a poder sacar a Luis Fernando de mi corazón, te lo juro.
Si tanto lo quieres, te voy a dar un consejo.
Ya ni voltees a ver al Max ese.
Búscalo, Isbe.
Él ya casi que piensa que te vas a casar con el otro. Ay, no, de ninguna manera.
Bueno, pero tienes que reconocer que tu hermano no es bueno escuchando.
Pues no.
Pero todos somos necios cuando nos está doliendo algo, Doménica.
Y ya no te tardes mucho porque luego este rencor se nos enraiza y termina
peor.
Así es, bispe, que no.
Ernesto.
Por favor, discúlpame.
Mi jefe nunca respeta mi horario de salida.
No te preocupes. Igual ya te dije que cuando gustes, como abogado, puedo ir a
hacerle entender a Cosme que respete tus horarios.
No hace falta, pero gracias.
Aunque no lo creas, se ha moderado bastante.
Yo creo que es porque la señora Fuenzanta, su esposa, tiene una oficina
juntito a la suya.
Qué bueno.
Por ti.
Bueno, pero no vinimos a hablar de trabajo, ¿o sí?
No, y tampoco de libros, ¿verdad? No.
Entonces, ¿de qué quieres que hablemos?
Blanca, yo te juro que no soy tan machista como te parecía en la mañana.
Y a mí me gustas porque eres inteligente, trabajadora, porque no te
dejas.
Eso último, más que una virtud, es una necesidad en un lugar como este, pero...
¿Y si mejor hablamos de ti?
¿De mí?
¿Qué quieres saber de mí?
Háblame de este amor imposible que tuviste.
Buenas, Nicolasa. ¿Ha visto a Pedro?
Buenas, Adriana. ¡Nicolasa!
¿Qué crees? Ya tengo mi otra hambre. Ahí lo tienes.
Con las tripas rugiéndole como siempre.
¿Y tú qué haces aquí?
Ni creas que vine por ti, ¿eh?
Aunque sí me da gusto verte.
Y bueno, vine a darte un recado de mi abuelito. Que quiere verte mañana a las
nueve por donde jugaban cuando tú eras niña. Pues dile a ese señor que se baje
de su nube. Porque si le aguanté el día que valieron a Max fue porque
necesitábamos la ayuda de muchos.
Pero eso no significa que lo aprecie nuevo, ¿eh?
Muchacho, ¿qué te cuesta?
Perdóneme, Nicolasa, pero no me nací.
¿Y tú?
¿Por qué vas a llorar?
Es que has cambiado mucho.
Y aunque él fue muy malo contigo, pues es mi abuelo. Y además de todo, te
quiere.
Piénsalo.
Está bien.
Lo voy a pensar.
Gracias. No sabes el gusto que me da oírte decir eso.
Bueno, pues ya me voy.
Con permiso.
Qué bueno que diste tu brazo a torcer.
¿Cuál torcer, Nicolás?
Si le dije eso a Adelita fue para que no llorara, pero a Prudencio lo voy a dejar
bien plantado.
Pedro, tú tienes un buen corazón.
Así que haz lo correcto. Y lo que estoy haciendo es lo correcto, Nicolás.
Que se muere Prudencio.
¿Para qué quieres saber el nombre de esa chava?
¿No te basta con saber que ya pienso mucho más en ti que en ella? Ah, ya te
caché. Entonces sí sigues pensando en ella.
No, perdón, lo que yo quiero decir... Además, siento que es algo muy reciente,
¿no? Sería muy triste y muy injusto que me busques a mí para olvidarte de este
desprecio. No, no, no, te juro que no es así.
Ay, no.
Me hubiera imaginado todo menos que me fueras a cambiar por una teresiana.
¿Cómo estás, Blanquita?
¿A poco no es lo máximo, mi netito?
Ay, Rosita, es un verdadero honor lo que me propones.
Pero dime, ¿tus papás saben que tú quieres que yo sea tu madrina de primera
comunión? Yo se lo dije a mi mamá aquella vez que te vimos saliendo del
catecismo, que me gustabas para mi madrina.
¿Y eso por qué?
Porque de grande quiero ser como tú.
Domenica Montel. Y yo de grande quiero ser como Rosita Reyes Úñiga. Y como
todos los niños que son positivos y piensan con puro amor.
¿Eso quiere decir que sí quieres ser mi madrina o que no?
Eso quiere decir que por supuesto que claro que sí.
Ay, mi Rosita, te quiero.
Lo que son las cosas, Ernesto, yo justo estábamos hablando de ti.
Pero nada importante, ¿eh?
Exactamente. Porque Ernesto dice que ya te olvidó.
Y no me digas.
¿Le contaste sobre nosotros?
Sí. Porque este hombre que es maravilloso se ha convertido en mi
confidente.
¿Por qué no le cuentas a Kiara lo que me dijiste en la oficina?
¿Lo de los libros?
No, lo otro.
Blanca, es que eso es muy personal.
Ay, no, no me digas que ahora van a haber secretos entre nosotros.
Dile. Bueno, Blanca, me dijo que su papá es de
la idea que si regalas un libro, no le tienes que preguntar a esa persona si ya
lo leyó.
Hay quien regala libros en esta época, ¿no?
Necito, ¿puedes ir por un heladito?
Ya sabes qué sabor me gusta.
Tú, ¿de qué quieres?
No, no te moleste. Tengo que ir a ver a mi mamá. Nos vemos, Kiara.
Sí, bye.
Blanca.
Rarita tu amiga, ¿no?
Digo, si me vas a cambiar por alguien, procura que sea alguien mejor que yo.
Si es que se puede.
No es tan tritón.
Eh... Cosas de adulto.
Siéntate, por favor. Vamos a platicar.
Te voy a decir algo que te va a poner de bueno.
A ver, cuéntame.
¿Quieres ser mi padrino de primera comunión?
Por supuesto.
Con mucho gusto, feliz.
Pero te advierto algo.
Yo voy a ser un padrino muy regañón.
No importa. Con tal de que te contentes con... ¿Qué ibas a decir?
Que con tal de que te contentes y no andes tristón, me aguanto que me
regañes. No, era broma. Yo jamás, jamás haría eso contigo. Al contrario, voy a
ser un padrino muy consentidor.
Estoy muy feliz.
Nunca dejes de... Nunca dejes de quererme.
¿Sí?
Así que vine para que no lo esperes.
Y que me digas qué fue lo que le dijiste a él.
Primero quiero saber por qué no viene.
Como si no lo conocieras.
Se montó en su macho.
Pero se me hace que yo puedo ayudar a que te escuche.
Dejaras de ser tan buena.
Si estoy aquí es por Pedro, no por ti.
Ese muchacho no merece perder su bondad por el rencor que le causaron tú y tu
Merceditas. Así que desembucha.
Olivier me dijo que el montaje fue milimétrico para no alterar el engarce
del brillante.
También se ofreció para apoyar en la búsqueda del comprador.
Pues eso es una muy buena noticia, ¿no?
Pero no sé qué tanto puede hacer porque según mi asistente sigue creciendo el
número de personas que se llaman igual. Ni siquiera tenemos el segundo apellido.
Gracias por todo, amigo.
Tú sabes lo importante que es para mí llegar al fondo de todo esto.
No sé.
Mi mensaje para Pedro sigue siendo el mismo.
Dile que lo quiero.
Y como tú de todos modos te vas a ir, pues te lo digo también a ti.
Te quiero.
Y yo no pierdo la esperanza de que... ¡No te hagas!
Ahorita soy tu esperanza, no más porque la otra se fue.
Ay, escúchame.
Lo de Mercedes fue como un sueño, pero tuvo tercera realidad.
Tú eres de carne y hueso.
Y tú eres la que yo conocí.
La que me dijo que me quiere para siempre.
Tu lengua sigue siendo igual de dulce, Prudencio Pérez.
Pero yo ya no soy esa chamaca que te ve como el hombre perfecto y te cree todo.
No.
Si me vas a querer...
Que seas sin el fantasma de esa mujer en tu corazón o me dejas en paz. ¿Y cómo
voy a saber si ya se me salió?
Y tú no te metes aquí, dentro.
Solo hay una forma de hacerlo.
¡Date quieto!
Con esos modos tan bruscos, menos prudencia, menos...
Me cuesta pensar en lo difícil que puede ser llegar a encontrar al responsable de
la muerte de mi hijo.
Paciencia antes que nada, hermano.
Es lo que menos me queda últimamente.
¿Te parece si vamos al despacho para ver las cuentas del mes?
Va.
Doctor, aquí lo busca el señor Lange.
Gracias.
Pues no que te habías ido del pueblo.
Yo te dije que no me iba a ir sin Doménica.
Tampoco me interesan enemistades contigo y por lo mismo pensé que no me
aceptarías dinero por salvarme la vida.
Entonces te traje un detalle.
Es un electrocardiógrafo portátil.
De ti no necesito ni pagos ni dádivas.
No seas orgulloso.
Y tú no seas imbécil. Silvencia, Luis Fernando.
Me tranquiliza haber recuperado lo que ese desgraciado me robó. Lo que me
preocupa es cómo le voy a decir a mi hijo que de buenas a primeras recibí
todo ese dinero.
Pues sí tiene razón de preocuparse, doñita.
Si Luis Fernando ya terminó con Doménica, yo podría apoyarlo para que
saque adelante la hacienda.
O mejor aún, animarlo para que retome el plan que tenía de poner la clínica aquí.
¿Y si va a retirar la denuncia esa?
Sí, pásame mi celular.
Ahora mismo voy a hablar con Sanjemis para que retire la denuncia en contra de
Martín González.
Luis Fernando, no es necesario discutir. Si no quieres el aparato, le sugeriría a
Langer que lo done al dispensario del pueblo.
Es tu mamá.
Dígame, doña Mercedes.
Necesito pedirte un favor.
Tienes que retirar la denuncia contra Martín González.
El tipo ya se presentó y me pagó.
¿Cómo que apareció ese estafador?
Sí, sí, estoy aquí en la hacienda. Su hijo quiere hablar con usted. Se lo
comunico.
¿Qué pasó, mamá, con este tipo?
Ya me devolvió mi dinero. Y con intereses.
Por eso le estoy pidiendo a Sanjenís que retire la denuncia.
No, no, no, de ninguna manera.
Aunque te haya pagado el estafador de Martín González, lo vamos a meter a la
cárcel.
y no quiero estar metida en problemas legales.
No estoy de acuerdo, mamá. Y antes de entregarlo a la policía, ese tipo me va
a oír.
Olvídalo, hijo. Ya dije lo que quiero. Y eso es lo que se va a hacer.
Adiós.
¿El colo?
Es que no entiende que tenemos que meter a la cárcel a ese estafador.
Como ve, tenemos asuntos que arreglar.
¿Tú?
¿Otra vez aquí?
Ya me iba, pero si quieres hablar, me quedo.
Lárgate, Langer.
Y tú también.
Vete con él, como de costumbre.
¿Qué haces con mi niño de compromiso?
Si el niño es tuyo.
¿O sea que fuiste tú quien mató a mi hijo?
Mi paz fue mi más grande amor.
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