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Original subtitles

THOMAS EL IMPOSTOR

Basada en la novela de Jean Cocteau

"Esta guerra comenzó en en el mayor de los caos.

"El gobierno acababa de abandonar París,

"para planear en Burdeos la victoria del Marne.

"La confusión reinante se había impuesto a la calma anterior,

y estaba dando paso a la extravagancia.

Estoy muy preocupado.

Las noticias son alarmantes.

Von Kluck marcha sobre París.

"Parisinos, rendíos. Nuestras tropas están a las puertas de vuestra ciudad."

Los teutones arrojaron este panfleto sobre París anoche. ¿Lo conocía?

Mensaje que el Sr. Pesquel-Duport no publicará en su siempre optimista diario.

Clemence, te lo ruego, vete de París.

Mi estimado editor jefe, editas un periódico que no lees.

Según él, no parece que los alemanes vayan a pasar.

¿A quién creo?

- Buen momento para reírse de mí. - No me río.

Evito que se estropee mi último baile.

Amigos, por lo visto las cosas se ponen feas ahí fuera,

pero no quiero que hablemos de eso hoy.

Esta noche les brinda un baile la Princesa de Bormes.

¿Y tú te quedas porque todo el mundo se marcha?

¿Te quedas para ser la única en oír a los flautistas alemanes

tocando la marcha de Schubert por los Campos Elíseos?

Me encanta Schubert.

"La guerra se le antojaba a la Princesa el

"teatro de la guerra. Teatro reservado a los hombres.

"Obsesionada con la moda, esta viuda no podía imaginar vivir al margen

del único espectáculo que importaba ya."

Créame, la situación va a empeorar,

pues ya cavan trincheras en la Avenida Dubois

e instalan piezas de artillería aquí, en la colina de Chaillot.

¿La oyeron? "¡Me encanta Schubert!" No digo que sea pro alemana,

pero me pregunto a quién se dirigen las simpatías de nuestra polaca.

Señora, Polonia no es solamente hogar de pianistas y espías.

Acusa usted a una mujer admirable.

¿Conoce a una sola francesa de buena cuna que haya tenido la idea

o el valor de organizar un convoy para traer soldados heridos

del frente y curarles en su propia casa?

¿No les parece que todas las mujeres parecen Madame Tallien,

con esos turbantes en las cabezas?

Ya me someten a un consejo de guerra.

Tontita mía,

¿por qué no tratas de parecer razonable por una vez en la vida?

"¿Razonable? ¿Irrazonable?

"Tales palabras ya solo representaban algo obsoleto.

"Una noche de muerte caía sobre París.

"Soplaba un viento portador de plagas.

"Cada cual corría hacia su escondrijo.

"Lo más sensato no era cerrar la puerta y hacer las maletas,

"sino permanecer.

"Desde el inicio de la guerra, la aguja

"de la Torre Eiffel horadaba la noche

"en busca de cualquier atisbo de aquel caballo de Troya volador:

el zepelín."

- ¿No duerme mi niña? - Sabía que vendrías. ¿Qué tal el baile?

Espantoso. Todo el mundo tiene un miedo de muerte.

Quizá hagan bien.

Dupont me suplicó que me marchase.

Tienen miedo por ti, madre. Y por la seguridad del convoy.

No tuve valor para contarle las noticias:

que pronto nos concederán el permiso de viaje.

¡Es increíble!

Fue muy difícil reunir 11 coches, con la ambulancia del Doctor Vernes.

Pobre Vernes. Le susurré que tal vez le condecorasen.

Y henos aquí, dispuestos a sacrificarlo todo.

Cuando creía que todos me seguirían sin más,

también mi chófer me abandonó con su hoja de ruta.

¡Si hubieses visto al diplomático!

"Señora, mi deber me impide correr riesgos innecesarios."

Y la hija del ministro: "He de seguir a mi padre."

Y eso que ya es mayorcita para recibir órdenes.

Pero soy una mala madre. Tengo una hija enferma...

- ¡Ya no tengo fiebre! - Enferma, que se muere

de sueño y caerá rendida en cualquier momento.

Porque... lo... digo... yo.

"La Princesa era una actriz nata,

"y su hija, espectadora: su número favorito era su madre.

"Días más tarde, el hotel, regido por Madame de Bormes,

"mostraba tanto el aspecto de una ajetreada fábrica

como el de un ministerio."

Qué desorden, ¿verdad?

Mi coche no puede ir en cabeza. Alexis no sabe conducir.

A ver, usted, el sastre...

Estas son nuestras nuevas contrataciones:

Nuestra enfermera jefa, Madame Valiche...

¿De veras es jefa?

Sí, vaya...

No conozco a esa mujer. Vino con un tal Doctor Gentil.

Dice ser cirujano hospitalario. A mí me parece cirujano dental.

Pero no tenemos alternativa.

Sí, al habla el Conde d'Orange.

¡Imposible! Hicimos una promesa formal a Madame de Bormes.

Querida Clemence, lo siento, pero acabo de saber que no se concede

permiso de viaje a civiles. Son las órdenes.

¿Qué órdenes? ¡Ya iré a hablar con quien da esas órdenes!

No irá. En el hospital militar tendrán una pobre idea de nuestro convoy.

No les gusta que los civiles vengan a interferir en su trabajo.

Doctor Vernes, con o sin autorización, partimos.

¿Quién es usted?

Guillaume Thomas de Fontenoy.

- ¿Pariente del general? - Sí, su sobrino.

¡Ah, un placer conocerle! El General es un hombre excelente.

¿Y qué hace usted en París?

Mi tío me envía al hospital militar de Les Invalides. Hago lo que puedo.

El señor es sobrino del General de Fontenoy.

¿Viene a ayudar?

Señora, sería un honor ofrecerle mis servicios, si puedo ser de utilidad.

¿De utilidad? Llega como caído del cielo.

Considérese alistado. Yo seré su general.

- Soldado. - ¿Sí, capitán?

¿Y ese atuendo? ¿Lleva revólver y banda de la Cruz Roja?

Pero, capitán...

- ¿Y esa gorra, de qué tipo es? - Una gorra Cyr, capitán.

¿Es usted de Saint-Cyr?

No me gusta que me hagan burla. ¿Cómo se llama?

Thomas de Fontenoy, capitán.

¿De Fontenoy? ¿Pariente del general?

Su sobrino, capitán.

Dicen que hizo retroceder el flanco izquierdo alemán.

Correcto, capitán.

Oiga, entre nosotros... Sé que el uniforme puede ser algo insulso,

pero no vaya por ahí con brazalete y revólver.

O lo uno o lo otro.

Hoy ha topado conmigo, pero otro día podría topar con un idiota.

"La Princesa tenía razón. El apellido Fontenoy era una palabra mágica,

el Ábrete Sésamo del ministerio de la guerra."

"Y esa misma noche..."

Mi pequeño Thomas, te felicito por el permiso.

Has hecho en una hora lo que no pude hacer yo en ocho días.

En lo sucesivo, se te considera capaz de obrar milagros.

¡Está loca!

¿No sabe esa boba que con esa luz nos pueden fusilar por espías?

Dile que la apague.

¡La de la ambulancia, apague esa luz!

Alexis es un caso perdido. Casi atropella al obispo.

¿Cree en Dios, señora?

Sí, sobre todo cuando tengo miedo. Como en los trenes.

¿Quién va? ¿Quién es?

- Colbert. - Baillard.

¡En marcha!

"Entraban en la antesala del drama.

"El escenario se acercaba. Mientras presenciaban tal desolación,

"la noche se inflamó de cañonazos.

Oían el estruendo monótono del horizonte al resquebrajarse."

Los actores se visten.

Capitán, ¿podemos ser de ayuda a sus heridos? Tenemos...

No, señora. No necesitan nada. Hay que dejarles tranquilos.

Los heridos. El lastre que nos impedirá ganar la guerra.

¿Lastre?

Capitán. Mi marido era el coronel Valiche.

No dudo que él hubiese hecho lo mismo que usted pero...

Compréndame, la Princesa se cree al mando.

Al final, es como cualquiera de nosotros: obedece órdenes.

Según ellas, se incluyó en el convoy al sobrino del General de Fontenoy.

¿Me comprende?

Señora, es un placer ayudar. Aquí no pueden hacer nada.

Pero a 20 km. encontrarán una granja. No tiene pérdida.

Allí, los heridos están tan graves que agradecerán todo cuidado.

- Gracias, capitán. - Señora.

Deseo hablar con el cirujano jefe.

Soy yo, ¿qué se le ofrece?

Somos de la Cruz Roja. Podemos evacuar a sus heridos a París,

donde serán admitidos en nuestro hospital.

Suerte tienen ustedes los civiles, todavía con tiempo para la caridad.

Todos nuestros heridos son enemigos,

de una ambulancia alemana emboscada.

Si quieren llevárselos, con gusto me libraré de esta carga.

Nos los llevaremos.

Como quiera, señora.

Clasifique a los heridos y llévelos al patio. ¿Entendido?

Estos dos.

¡Ayúdele!

En marcha.

Traiga al otro.

Wolfgang Worms, 1202.

No se quede ahí. Mire si todos portan brazalete identificativo.

Thomas...

A esos no podemos ayudarles.

No es bonito de ver. Están para ir al hospital Val-de-Grace.

Si queremos franceses, tendremos que secuestrarlos.

Señora, ¿qué hace usted cuando no hay una guerra?

Monto a caballo cada mañana, cabalgando al viento de 5 a 7.

Declamo, tomo lecciones con Romuald, declamo los sábados

en el Petit Palais y en el Club de Aviadores Honorarios.

¿No creerá que siempre llevo este abrigo?

Tengo mi estilo. Me gustan los vestidos

sugerentes, las pulseras de tobillo,

los ramos de violetas algo marchitas y los

sombreros caídos con grandes plumas.

- Thomas, ¿dónde estabas? - En la guerra.

¡Qué niño eres!

Lleva al seminarista para dar buena impresión.

- ¿A dónde? - A la residencia del obispo.

Por lo visto, aquí todo pasa por el obispo.

Es él quien controla el suministro de combustible.

¿Los oyes?

No aguantarán mucho.

Tiene que volver la Princesa. Y rápido.

Monseñor, llevamos soldados heridos

y estamos sin gasolina. Me he permitido...

Ya me he dado cuenta, señora, que se permite muchas cosas.

Como atravesar mi pueblo sin la debida consideración.

¿Con qué autorización?

- Pero yo... - Yo superviso todo convoy.

Tengo autoridad absoluta sobre el servicio médico.

Y no es tarea para aficionados.

Monseñor, tenemos autorización legal.

Puedo mostrarle nuestro permiso de viaje.

Un permiso de viaje no es un permiso de atropello.

No recibirán ni una gota de gasolina.

Si tan lejos han llegado sin mí, bien podrán volver solos.

Vamos.

¡No se quede en babia!

Y si te quiero, ten cuidado

Deprisa, un beso para el clero.

Es un milagro.

El obispo conoce a Fontenoy. Dice que el General le hizo un gran favor.

Y desea devolvérselo.

Dio a su secretaria la llave del depósito. Podemos usarlo cuando queramos.

Bravo, mi general.

Cada bache es un tormento, y el camino resulta interminable.

Me pregunto cuántas vidas más nos costará volver.

- Hola, Thomas. - Hola.

- Hola, Henriette. - Hola.

¿Mamá te manda a buscarme? No será muy divertido

para un soldado esperar a una chiquilla a la puerta de la escuela.

Pero yo no veo ni por asomo a una chiquilla.

Gracias. Muy amable por no mandarme a hacer los deberes.

Tampoco los tenemos.

Ahora, en el instituto aprendemos a vendar y a poner inyecciones.

Cuando tenga mi diploma de enfermera, iré contigo al frente.

Sin mamá, me aburro mucho.

No deberías. Tu madre siempre dice que produce arrugas.

Ya tengo una, mira.

¿Conoces a alguien tan maravillosa

como la Princesa de Bormes?

No, pero sí a alguien que es idéntica a ella.

Contesta. ¿De veras te parezco igual que ella?

Vamos a ver.

¿Lo que te desalienta es la idea de casarte o quien te lo pide?

Estimado editor jefe, ten paciencia. Tengámosla todos.

Mentiría si dijese que siento amor verdadero por ti, o por cualquiera.

Pero, de mis hombres, eres el que menos me desagrada.

El que menos te desagrada...

¿Y bien? Creía haberos dicho que os apresuraseis.

Señora, vinimos lo antes posible.

No culpes a Thomas, fui yo quien salió tarde.

Y gracias a él pudimos movernos por Les Invalides

como por un parque.

Señora, ¿no lleva uniforme?

Cielos, ¿dónde tengo la cabeza? Ayúdame, querida.

¡Misterio del Oriente!

Eres una inconsciente. Vas a la guerra como al teatro.

¿Crees acaso que los muertos se levantan al final

y que los bombardeos son fuegos de artificio?

Los periodistas siempre exagerando...

No voy a la guerra, sino a una ciudad bien defendida.

Sin mí, ¿quién evacuaría a los heridos?

Bueno, en marcha.

No pongas esa cara.

¡Volved pronto!

Ese joven ha trastornado todavía más a tu madre.

¿No ve lo feliz que es?

LOS SAQUEADORES SERÁN FUSILADOS

LA CASA SIGUE OCUPADA

"¿Cuánto tarda la guerra en consumir una ciudad?

"Devora sin orden ni concierto,

"y se deja el último detalle para el postre.

"En el sótano de un hotel, los médicos de guerra supervivientes

"del intenso bombardeo esperaban a que pasase la tormenta.

"300 heridos abarrotaban el hospicio y el hospital.

"A nadie podía evacuarse, ni a nadie alimentarse.

"Los heridos morían por sus heridas,

de hambre, sed, tétanos y por fuego de arma."

Le advierto que ya no nos queda cloroformo.

Tenemos que amputarle la pierna igualmente.

Es la única posibilidad de salvarle.

"Nadie se atrevía a aventurarse bajo el fuego de la artillería.

Se dejaban invadir por la gangrena

como una estatua por la hiedra."

¿Qué hacemos con un vaso de leche rancia

y medio salchichón para 100 hombres?

Solo podemos ayudarles a morir.

Abra la boca, amigo.

Mi coche más rápido puede llevar dos hombres.

No puedo ir en su lugar.

Cuando se llenen los coches, vaya y vuelva mañana para otro viaje.

Yo me ocuparé de los heridos aquí.

Me quedo con Thomas.

¿Thomas? ¿En serio cree que le importan algo los heridos?

¡Vamos, vamos! ¡Sácame de aquí!

Pensar que dejé sola a Henriette en París.

Pesquel tenía razón. Soy una mala madre.

Nuestro triunfo militar ha devuelto el valor a esos hombres.

Ahora que ha pasado el peligro, han vuelto.

Cada uno se disculpa con los que quedaron atrás.

El destino ha sido tan impredecible y gentil como tú, querida.

Pero, aunque Von Kluck no conquistase París,

entró en ella igual, en un sentido.

¿En un sentido? Vaya una idea...

¿Dices que no es apropiado celebrar nuestra victoria?

Querido Pesquel, debes acostumbrarte:

No soy apropiada, no tengo principios. Llevo el pelo corto.

Y estoy lista para hablar cara a cara con un hombre en mi cuarto.

¿Me habrías concedido eso de no tener tu hotel lleno de heridos?

"Pesquel-Duport, un hombre de principios,

"era un férreo creyente en el mundo intelectual;

"era de la época del salón.

"Quiso poseer su propio periódico, y lo tuvo.

"Quiso ser rico, y lo era.

"Se consideraba hombre poderoso, y en la lucha lo era.

"Pero sentía debilidad por esa elegancia hondamente enérgica,

"tan rara en la alta sociedad porque impide elegir.

"Deseaba desposar a aquella viuda todavía joven, cuyo brillo deslumbrante

le ayudaría en su carrera y le daría prestigio en el mundo intelectual."

Querida, creo que nuestros invitados esperan.

Este banquete de caridad no fue idea mía, sino de Madame Valiche.

Yo pongo el lugar. Ella les ha condecorado.

¿Condecorado? Se diría que Von Kluck entró aquí de verdad.

Nunca tomareis Alsacia y Lorena

Sea como sea, los franceses resistiremos

Habéis germanizado la llanura

Pero nuestro corazón jamás lo tendréis

Por aquí, señoras, por aquí.

Por aquí, señoras. Escuchen la fidedigna crónica del frente

por parte de dos tenientes en permiso especial.

¡Suena apasionante!

Señoras, van a escucharlo todo sobre la vida infernal en las trincheras.

1, 2, 3, 4, 5.

Triunfo...

1, 2, 3, 4, 5.

...inminente.

Tomaremos Berlín de aquí a un mes.

1, 2, 3, 4... ¿5?

¿Una pica?

Ah, era al revés.

Serán derrotados.

La gente es increíble. Se inventan cualquier excusa para desaparecer.

Algunos afirman haber servido ya, otros

que tienen una hija pequeña, o una madre anciana.

¿Y usted, señor? ¿Por qué no se ha ido?

Joven, dada mi identidad,

era impensable que los alemanes me tomasen como rehén.

Tuve que irme, por el bien de mi país.

Fui herido en el hombro por un trozo de metralla.

Pero logré arrastrarme hasta el siguiente puesto avanzado.

"La mayor admiradora de Thomas era Henriette.

"Ahora tenía ella en mente a dos personas.

Amaba a Thomas, pero en su interior

lo confundía con su madre."

Discúlpeme.

Nunca me habías hablado de tu herida.

No hablemos de eso. ¿Es nuevo ese vestido?

No, es de mi madre, lo arreglé.

Mantened la posición, tórtolos. Haremos una foto.

Que sonría el soldado.

¡Hecho!

Vaya un espectáculo ridículo.

Siempre lo es, aun cuando las intenciones sean nobles.

¿Sabías que me han pedido que publique la declaración

de uno de nuestros más ilustres escritores?

Empieza así: "Me comprometo a escribir por los del frente".

Hermoso gesto.

El léxico es en parte un tanto añejo,

pero ya verás como este fervor, si bien no contribuye a la causa,

es la gloria para nuestras letras.

¿Sabes? Creo que no volveré al frente.

Me sentía muy inútil allí. Enteramente fuera de sitio.

Thomas, he tomado una decisión.

Usarás mi coche para futuros convoyes. Me quedo en París.

Eso ni pensarlo. No hay convoy sin ti.

Es sin ti sin quién no hay convoy.

El servicio oficial está ya mejor organizado y,

gracias a Fontenoy, nos toleran.

Mi lugar está aquí, cerca de Henriette.

Es Thomas el que me preocupa.

Es tan joven y aventurero...

Como una polilla alrededor de una llama.

Si me quedo en París, es también para mantenerle.

Thomas, Thomas... No oigo otro nombre de tus labios estos días.

Pareces muy preocupada por ese joven, querida.

¿No estarás celoso?

No lo estoy del chico, sino de la atención que le profesas.

Ese Thomas aterrizó en tu vida como un aeroplano.

¿De dónde es? ¿De dónde sale? ¿Quién es?

Seguro que conoces su apellido.

¿Cómo sabes que es el suyo verdadero?

¿Crees que dejaría a Henriette con cualquiera?

Gente así no tiene sentido del deber.

A la Princesa ya no la entretiene el convoy, así que nos deja.

Ese pequeño Fontenoy, igual.

Su desfile, sus órdenes y lo demás.

Las seis. El convoy ya debería estar en el control de Bercy.

¿Dónde se han metido?

Eran las 11 cuando fueron a Les Invalides por la contraseña.

¡Turenne Vauban! ¡Turenne Vauban!

¿Dónde estuvo para venir así?

En Les Invalides. Tengo muchos amigos allí.

Tomamos unas copas para celebrar victorias venideras.

- ¿Y la contraseña? - Turenne Vauban.

¡Turenne Vauban, Turenne Vauban!

¿Está loco?

¡Cállese!

El gato saca las uñas.

¡Suéltame, viejo chocho!

Recuerda bien esto: pronto sabrás de los Fontenoy.

¡Gamberro, gamberro!

¿Oyen lo que canta?

¡Es la contraseña!

La cantará desde todos los tejados.

¡Eso es traición! ¡Traición!

¡Quisieron estrangularme! Allí no puedo volver.

Serénate. No entiendo ni palabra de lo que dices.

¿Cómo empezó este lío?

Te lo dije, tía. Me pegaron. Ultrajaron mi nombre, mi uniforme...

¡Exijo respeto!

Tienes que ir allí.

No te exaltes. Por la mañana iré a hablar con el Dr. Viernes.

Descansa, pequeño.

Es aquí, señora.

¿Es usted el doctor Viernes?

El doctor Vernes, en efecto. ¿Qué desea, señora?

Señorita. Quiero hablar con usted en privado.

Por favor.

La escucho.

Doctor, exijo una explicación. Ayer mi sobrino volvió a casa llorando,

diciendo que había sido ofendido y golpeado aquí.

¿Así que es usted la tía de Thomas? Pero el violento fue él.

Estaba algo beodo y la emprendió con un viejo.

Nada grave, de todos modos. Dispénseme.

Doctor Vernes, diga.

¿Cómo que imposible? Informe a su superior que se trata de Fontenoy.

¡Sí, Fon-te-noy! Gracias, espero.

¿Conoce Fontenoy?

¿Quién no conoce tan ilustre apellido?

¿Ilustre? Para un pueblo tan pequeño y viejo,

no veo a qué vino la rabieta.

No, yo hablaba del general.

- ¿Qué general? - El tío de Thomas.

Si... Guillaume no tiene familia. Solo yo.

- ¿No se llama Fontenoy? - En absoluto. Se confunde del todo.

Guillaume nació en Fontenoy, cerca de Auxerre, pero nada más.

Bien, gracias, Coronel.

Oh, ¿cómo pudo? ¿Cómo fue él capaz?

Sí, coronel. Entendido. De Fontenoy vendrá personalmente a recogerlo.

Gracias, coronel. Adiós.

Cálmese...

No sea dura con Thomas. Vale la pena tener aquí ese nombre.

¿Qué dice?

Digo que no quiero oír nada más del asunto.

Ya, es demasiado modesta...

Pero de esta conversación, ni palabra a su sobrino.

De eso dependen ciertos asuntos importantes.

Júrelo.

Júrelo sobre su libro de oraciones.

Lo juro.

¿No conoces a esa excelente persona?

Es la tía de Thomas, señora de Fontenoy.

Me preocupa Thomas. Le oí anoche, y normalmente...

Tuvo un pequeño altercado con uno del personal.

Corrió llorando a su tía, por eso vino ella aquí.

Una niñería.

"Guillaume Thomas era un impostor.

"Era huérfano y tenía 16 años. Vivía media vida en un mundo de fantasía.

"Le guiaba la estrella de la mentira. Creía ser lo que no era.

"Como cualquier niño o animal, engañaba sin malicia.

"Era su propio bufón.

"Cuando se declaró la guerra, se encorajinó.

"Sabiendo que sus mentiras podían procurarle aventuras, se declaró mayor.

"Anunció que iba a combatir, y apareció un día

"con el uniforme de un compañero de clase.

"Le sucedió lo que sucede a los niños que juegan.

"Se creyó el juego.

"Se cosió un galón.

"Le sorprendió saber que se arriesgaba a ir a prisión.

"Nunca se le ocurrió ponerse a prueba, pensar:

"¿Cómo salgo de esta?" o "Estoy mintiendo",

"o "Soy un inútil", o "Soy hábil".

"Siguió adelante, entre sus cuentos y sus disfraces.

No fue nada. Thomas es impulsivo, y el señor d'Orange algo susceptible.

Sabrás que Thomas tiene cuarto aquí. Lleva meses cenando con nosotros.

Cuando no está, me distraigo tanto que tengo todo tipo de ideas.

¡Ah, aquí está nuestro Thomas!

¡Pasa, pasa, hijo pródigo!

Tienes un aspecto desastroso.

¿Es ese el aspecto de un joven decente?

Te emborrachas por ahí y armas alboroto.

Por tu culpa, el convoy está parado. Y los heridos esperando.

Por cierto, me ha visitado tu tía. Una dama muy pía, como el General.

¿Cómo no he conocido a tu tía?

Es una santa. Solo sale de casa para ir a la iglesia.

Ha pasado por aquí esta mañana

porque iba a St. Honoré-des-Lots a encender velas.

Péinate un poco.

Estamos en guerra. Y yo aquí atascado, inútil.

Te sentirás inútil, pero igual te sentirías en una trinchera.

No. Ahí fuera...

- Thomas, ¿no irás a volver? - ¿Y cómo iba a volver?

Aunque pudieras... No lo hagas.

Te pido que no lo hagas. Como gesto de amistad.

"En lugar de decirse a sí mismo que Henriette le amaba,

"y que él amaba a Henriette, lo cual no cuadraba en su juego,

"Thomas se ensimismó en su juego

y atribuyó su desdicha a la falta de aventura."

Entonces, estamos de acuerdo.

Ya que aquí no estás a gusto, te enviaré a una de las

cantinas como reportero de guerra.

A condición de que no se lo diga a Madame de Bormes.

Solo diré que he recibido nuevas órdenes.

Y cuando se lo hayas dicho a la Princesa, te irás.

Recibiré las noticias que mandes al coincidir que te han asignado

a un puesto de mando privilegiado.

Esa cantina, ¿dónde está?

Entre Koksijde y Nieuwpoort, en el frente belga.

Hay belgas, zuavos, artillería, ingleses, infantería naval...

Thomas, perdido una vez más entre velos de fantasía,

creyó que podría seguir con su quimera.

¡No hagas el loco!

Es un puesto para soldados impedidos.

¡Déjeme!

Henriette se te parece. Hasta ahora, mostraba

el temple insoportable de su padre.

Pero últimamente la percibo irracional, como yo.

Esta metamorfosis nos acerca.

La marcha de Thomas la pone enferma. Y yo me alegro.

"El frente belga comprendía el Mar del Norte, el río Isera.

"Campos. Bosques.

"Trincheras en las playas.

"Cerca de St. George, la infantería naval vigilaba el terreno

"ganado a un alto coste en la batalla del Isera.

"La guerra había convertido los balnearios belgas para turistas

"en casas del crimen.

"Los goumier construían y reconstruían cansinamente

"con arena y agua.

"Para que Thomas encajase, Pesquel-Duport había reactivado

"el servicio de estímulo moral de la cantina.

"Thomas usurpaba una plaza todavía caliente.

Le asignaron al cuarenta."

Él no me ama.

No le importo.

O tal vez me amas, y crees que no te amo.

No, tú me amas. Y eres distante por delicadeza.

No quieres que mamá piense mal de ti.

Estimado editor jefe,

¿es un privilegio de la cantina que nunca se concedan permisos?

Te lo dije. La cantina fue evacuada durante el Somme,

y Thomas fue destinado a vigilar el equipo que allí quedó.

Nada más sencillo.

Lo explica todo en su carta:

"No puedo abandonar el equipo, me ejecutarían".

Es una excusa, seguro.

Tendrá miedo de que le impidamos regresar.

Pesquel, tienes que encontrar la manera.

Es obvio que le echas de menos.

Descuida, la encontraré.

Quizá la haya encontrado ya. Pronto volverás a ver a tu soldadito.

Ten la bondad, hazlo por nosotros. Quiero decir por él,

estará tan abatido allí, el pobre Thomas, tan solo en el bosque.

¡A la salud de Guillaume Thomas de Fontenoy!

Y lo demás.

Abandonado a su suerte en la cuneta, recogido y adoptado

por nosotros, la Infantería Naval, y digno de nuestro lema:

"El aburrimiento es un enemigo mortal. ¡Juro derrotarlo por todos los medios!"

Pero eso no es todo.

París nos enviará una de sus mejores compañías teatrales,

y nosotros, los de Infantería Naval, haremos nuestro deber

el dar una fiesta de bienvenida a esas actrices.

¡Por las actrices!

Bueno, señor. ¿Tendrán las mujeres que dar el primer paso?

Agradéceselo al editor, Thomas. Por él estamos aquí.

Mi periódico organiza funciones teatrales para las tropas.

Contraté a Madame de Bormes y a su hija.

- Creí que te alegraría verlas. - Gracias, señor.

Pregúntale cuánto nos ha echado de menos.

Primero me gustaría presentaros a mis colegas.

El capitán Roy, del Fantômas.

El artillero naval Pagot, del Muerte Súbita.

La Princesa de Bormes, la señorita de Bormes, el señor Pesquel.

¿Qué hace, querido maestro?

Busco aviones enemigos.

- ¿Nos vamos? - Nos llevamos a las damas.

¡Nos vemos en Koksijde!

- Acompáñeme, maestro. - Ahora voy.

Soy la señorita Monthabor, la la la la

La hija del Tamborilero Mayor, la la la la

Soy la señorita Monthabor, la la la la

La hija del Tamborilero Mayor, la la la la

Horizonte Azul.

Adiós, Garance, alguna razón habrá

Y nuestro héroe se resigna a ser descubierto

Pero para vestirte, solo el horizonte es digno

¡Tú, que eres la guarnición de nuestro futuro!

Defendiendo nuestro futuro en las vestiduras del horizonte

¡Oh! ¡Ese elegante uniforme y sus nobles órdenes!

Este color azul es una señal, por la cual derrotarás

A sus colores gris de caverna y marrón de prisión

Porque ellos eligieron las sombras de la tierra

Creo que es bueno, justo y acertado

Que crezcamos para fundirnos con el azul

Como lo hará el mundo, pues Berlín y Viena

Mal podrán mover un muro

Así que sea nuestro ejército el horizonte venidero

Edmond Rostand.

Vamos, niños de la Patria, el día de gloria ha llegado

Contra nosotros se alza la tiranía Pendón sangriento en ristre

¿Oís en el campo el estruendo de esos fieros soldados?

Vienen a rajar las gargantas de nuestros hijos y esposas

- ¿Qué es eso? - Ni idea.

A las armas, ciudadanos,

Formad batallones

¡Marchemos! ¡Marchemos!

¡Que la sangre impura

corra por nuestros surcos!

Después de la función, te llevaré a ver el frente.

Iremos a escondidas; el General prohíbe a los civiles acercarse.

Tampoco te reconocerá.

No sé qué me pasa.

Estoy angustiada.

Tranquila. El enemigo duerme. Agáchate.

Disculpe, señorita.

¿Ha visto a mi chiquilla?

Una como usted, pero menos seria. Mucho menos triste.

¡Henriette!

¡Oh, mamá! A Thomas le van a matar por mi culpa.

Me ama, mamá. Y cree que yo no le amo.

¿Le amas? ¡Maravilloso! ¿Cómo no lo dijiste antes?

No lo sé. Pero ahora tengo miedo.

¿Estás segura respecto a él? ¿Te dijo algo?

No. Pero lo sé.

- ¿Y estás segura de lo que sientes? - ¡Mamá! ¿Cómo podría...?

Pues no le dejes con la duda. Escríbele.

Y deja de llorar, que se te hinchan los párpados.

No sé cómo empezar la carta.

Quiero que sea muy breve porque...

No... se... me...

da bien escribir.

Yo... también...

te quiero.

Te quiero de verdad.

ALERTA: NUBES DE GAS VENENOSO

Para salir mañana de permiso, tienes una pinta horrible.

Ojalá me hubiese ido ya.

- ¿Y no es estupendo irse de permiso? - Tranquilo, y apaga esa luz.

Descuida, que volverás a ver a tu cariñito.

¡Apaga, no fastidies!

Fue una bala perdida.

Le maté.

"El Nouba resonó en el corazón de Roy.

Su canto fúnebre acompañó al luto por él."

¿Alguna noticia?

No, sin novedad.

- Adiós. - Adiós.

¿Jugamos?

Ya empiezan como el otro día.

Son los del puesto de escucha.

Tienen la manía de delatar su posición a tiros.

Esta vez se han pasado. Ya les enseñaré yo.

¡Eh!

¡Estáis despertando a todos! ¿Queréis que respondamos?

¡Dejad de disparar, por amor de Dios!

Ahí tienes una historia que nadie creerá.

El alto mando ignora que las líneas francesa y alemana casi se tocan.

Y que nuestro puesto de escucha cae solo a 12 m. del enemigo.

Los alemanes lo respetan, y con razón.

Si no podemos dormir durante las treguas...

Sí, soy yo. No oigo.

¿Oiga? ¿Cómo? Imposible, estoy solo.

Sí. Con nosotros.

No oigo nada, voy a colgar.

Lo único que capté fue "puesto F".

Hay un mensaje para nosotros y no hay quien lo traiga.

Ni yo tengo a quien enviar a recogerlo.

Las trincheras están colapsadas por los torpedos del otro día.

Todo el camino está expuesto.

No arriesgaré la vida de un hombre por un mensaje.

Los idiotas de los míos no tienen sentido del peligro.

No se puede salir ahí silbando e imitando a un perro,

pavoneándose a unos metros de los alemanes.

Yo no silbo, ni ladro. Y reptaré si hace falta.

Solo daré un rodeo largo.

No. Es demasiado peligroso.

No por el rodeo largo, lo dijiste tú mismo.

Fontenoy, ten cuidado. Es una orden. Pagot ya ha sido pérdida suficiente.

También hay carta para ti, de París.

No quería decírtelo, pero ya que vas a buscar el mensaje...

"Se alza el último telón.

El niño y el espectáculo se funden en uno."

¡Alto! ¿Quién va?

¡Fontenoy!

¿Quién va?

Guillaume de...

Una bala. Se acabó. No finjo. Estoy muerto.

"Pero en su interior, ficción y realidad era una y lo mismo.

"Guillaume Thomas estaba muerto.

"La señorita de Bormes no pudo soportar la conmoción.

"Murió de una enfermedad nerviosa no fatal.

"Es decir, a pesar de las precauciones, se envenenó.

"En Nieuwpoort, el cementerio naval es un velero a la deriva.

Un reposo eterno, con una tripulación desbordante."

CAPITÁN J. ROY, MUERTO EN COMBATE CON HONOR

G. T. DE FONTENOY, 16 AÑOS, MURIÓ POR NOSOTROS

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