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Qué cobarde eres.
No eres capaz de defender lo nuestro. El que no ama de verdad eres tú, Luis
Fernando.
Yo tengo muy claro lo que siento.
Y lastimosamente no puedo decir lo mismo de ti.
Si tanto dudas de mí, tal vez tengas razón.
Lo nuestro ya no existe.
Eso fue lo que te dije en tu hacienda.
Y qué bueno que los dos tenemos claro a saber dónde estamos parados.
A partir de ahora, ustedes van a tener más privacidad.
¿Qué haces?
No puedes intentar levantarte. ¿Qué estás haciendo? Te vas a hacer más daño.
Perdóname.
Regreso.
Doménica se va a quedar a cuidar a ese tipejo.
Si necesitas algo para tu amadísimo Max, se lo pides aquí a Prudencio.
¿Sabes qué, Luis Fernando?
¡Vete al diablo!
No vayas.
¿Qué hago?
Abuelo, te traje tu café.
Adelaida, por favor.
Te encargo que cuides a ese... a ese tipo, ¿no?
Y si se le sube la fiebre, avísame inmediatamente.
Mira, hijado.
Cuando llegues a querer a una vieja como yo quiero a mi potranca, vas a ser capaz
hasta de matar.
Lo pienso igual, padrino.
Por eso ya se la tengo guardadita y al peor de nadie.
Oiga, pero usted como que le está tirando muy alto, ¿no?
¿O poco si cree que puede ligarse a su patrona?
Genaro Peña siempre se sale con la suya.
Además, si en esta vida no consigues lo que quieres, usted tiene que llevar una
rebanadita.
A ver, explíquese mejor, porque como que nomás habla por usted.
Pues se va a hablar como hombre porque ya me demostraste que lo eres.
Si no me quedó con Doménica Montero, me quedó con su hacienda.
Ah, caray.
¿Cómo le va a hacer?
Pues yo sabré mi cuento.
Pero el valiente que me ayude lo voy a compensar. Y ese valiente soy yo,
padrino. ¿A que sí?
O sobre.
¿Qué? ¿No que muy valiente?
Buenos días, Adelaida.
Buenos días, doctor.
¿Sabes cómo pasó la noche el hombre ese?
Pues se anduvo quejando mucho, pero igual durmió toda la noche.
Una preguntita, doctor. Dime.
¿Y cuánto tiempo va a tener aquí el señor Lania?
Pues no sé.
Depende si Doménica se lo va a llevar a cuidarlo ella misma o qué va a pasar.
Híjole, me da mucha pena decirle, pero ¿cree que Tomasa pueda ayudarle a
cuidarlo? Es que voy a trabajar en Santa Teresa y me voy a ausentar tres días a
la semana.
Pero no voy a dejar de chambear aquí. Es más, dejé la comida hecha.
Pero así será un sueldo menos que usted tenga que pagar.
Eres muy considerada, Adelaida.
Te agradezco mucho.
Y cuando todo se resuelva, vas a regresar aquí a trabajar de tiempo
completo. ¿Sí?
Muchas gracias.
¿Quiere que le sirva el desayuno antes de que me vaya?
No te preocupes. Aunque no lo creas, desde que era estudiambre aprendí a
arreglármela solo.
Trabajaba en turnos de 36 horas.
Muchísimo. Bueno, muchas gracias. Voy por mi bolsa. Claro que sí.
Lloraste toda la noche, ¿verdad, mi niña?
Me duele esta situación con Luis Fernando.
Intenté explicarle de mil formas que al que amo es a él.
Que Max no me importa, pero a él está cegado con sus celos.
Estará celoso, pero no ciego.
Algo habrá visto que lo puso mal.
Bueno, ese es mi suponer, ¿verdad? Tú haz memoria.
Es obvio que me preocupe por Max.
Por saber si su herida es muy grave.
No es razón para que Luis Fernando no me escuche y no me deje aclararle las
cosas.
Te toca una inyección de antibiótico.
Me agradezco mucho todo lo que está haciendo por mí, doctor, pero ¿cuándo
puedo librarlo de mi presencia?
¿Te urge ir con Doménica?
Yo no vine aquí a Santa Teresa a pelearme con usted y tampoco sabía que
Doménica estaba tratando de olvidarme con alguien más.
Pero ayer pude darme cuenta que le importo.
No entiendo cómo Doménica puede seguir pensando en un tipo que le destruyó la
vida.
¿Usted alguna vez ha sentido amor?
El amor puede ir contra todos y contra todo. Y por eso que llamas amor saliste
corriendo como un cobarde con sus millones.
Lo hice para protegerla.
¿No te dijo Domenica que le salvé la vida?
Perdón.
¿Ya se te bajó la muina?
Porque una cosa es que te guardes el secreto de lo que te pasó en las
rodillas y otra, que me trates con la punta del pie.
Eso mismo me decía Pedro.
Pero así es mi carácter y ni modo. Y si no les gusta, que ni se me acerquen.
Y no lo puedes cambiar un tantito.
Digo, porque te miras más bonita cuando sonríes.
No tengo motivos para sonreír. No, que la canción no era... No doy una contigo.
¿Y a dónde vas? Si no es mucho preguntar.
Me consiguió otro trabajo en Santa Teresa.
Ah, pues te acompaño para que no te vayas sola.
No, la verdad es que... Mira, te prometo que no te voy a hablar.
Es más, ni te voy a mirar.
Y si te caes, ni te levanto.
¿Eso es un sí?
De haberme presentado en esa boda, estos criminales habrían provocado una
desgracia. Así que nunca me voy a perdonar haberle hecho esto a Mamenka,
pero era eso.
Su vida.
Le mandé una carta donde le explicaba que volvería con todo su dinero.
Y ahora sé que eso le interesa.
Así que le dijiste que volverías. Sí.
Si no me lo cuentes a mí y no quieres hablar con ella, pues pregúntaselo a
Chiara.
Ella me odia con todo su corazón y no diría nada en mi beneficio. ¿Y pagaste
la indemnización con el dinero?
De Doménica.
Vaya que favor le hiciste, ¿eh? No, te equivocas.
En cuanto agarraron a estos desgraciados, yo recuperé unas
inversiones que tenía. Y con ese dinero he vuelto para ofrecerle todo lo que
tengo y pagarle su dinero de vuelta.
Como te digo, sé que me necesita más que nunca ahora.
¿Eso te dijo ella?
Mira, doctor.
A mí no me interesa verlo como un enemigo.
Sobre todo porque le agradezco que me haya salvado la vida.
Pero estoy dispuesto a hacer lo que sea con tal de recuperarla.
Suerte con eso.
El que haya venido a visitarme ayer me hace darme cuenta que ella sigue
sintiendo cosas por mí.
Hola, Pedrito.
Hola, señorita Silvia.
¿A poco pudiste dormir anoche? Digo, después de ver al hombre todo
ensangrentado al que le dispararon.
¿No te dio miedo?
Pues, la mera verdad, no tanto.
Luego el cansancio lo vence a uno.
No, pues eres muy valiente. Yo no sé si podría.
Ay, Pedrito, como que... Luego te veo muy tenso, ¿no? ¿No sientes?
A ver si eres ojito, relájate.
Todo está bien.
¡Pedro!
No, pues es la primera vez que tengo noticias de esa desgracia.
Digo, pues si es una desgracia para usted que le hayan dado un tiro a su ex.
¿O qué? ¿Por qué anda tan aguitada?
Es una desgracia que le disparen a cualquier persona, Genaro.
Y sí.
Toda esta situación me ha traído demasiados problemas.
Pues si necesita que le ayude en algo, ya se la sabe.
Sí.
Quiero que tú y tus hombres estén muy atentos con ese tirador que anda suelto
en los campos.
No se apure, le voy a decir a los muchachos que anden atentos.
¿Terminaste lo que te pedí ayer?
No, pues eso y más.
Si me tomé la libertad de decirle, me he dejado que nos viniera a ayudar y sin
pagarle. Eso a cambio de que yo le enseñe cómo se hace todo lo del campo.
Ya tenemos más gente para ayudarnos.
El ahorro en sueldo.
Tú y tu manía de no pagarle a la gente que trabaja.
Y no, no me gusta la idea de que esté aquí tu ahijado después de lo que le
hizo a Nieves.
Pero si quiere ser un hombre de bien, por eso su papá me lo encargó.
Deje que el trabajo lo enderece.
Cualquier cosa yo respondo.
Pero al primer problema que ve, se va.
Y de paso te vas con él.
¿Qué, Nieves? La señorita Silvia nomás me estaba ayudando a que me relaje.
Relajo, es el que quería hacerte en el cuerpo.
Se estaba acariciando y todavía en dejadote.
Nieves, no seas básica.
Le estaba haciendo un masaje. ¿Qué no sabes de masajes?
Pues de masajes no, pero de vieja resbalosa sí.
Andas muy tóxica, ¿eh?
A la clama me vuelvo por defender a mi hombre, fíjese.
Ay, Pedrito.
Ojalá no te dejes manipular porque al rato no te van a dejar ni respirar, ¿eh?
Avísame si quieres que termine con tu masaje.
Adiós.
¿Qué, no me vas a decir que te estaba tirando los perros y hasta los gatos?
Pues no.
No creo.
Además... A mí no me gustan las mujeres con tanto mundo recorrido, Nieves.
Bonita hora de llegar.
Te están esperando los trastes del desayuno.
Siquiera déjame saludar a Pedro. A Pedro ni lo mires.
¡Uy, no lo vaya a desgastar! Te lo advierto, Adelaida.
No estoy para aguantar a ninguna resbalosa.
Resbalosa tú, que andabas buscándolo cuando él me quería a mí.
¡Te odio! ¡Te odio más!
¡Uy! ¡No, Nieves!
¡Suéltame! ¡Suéltame!
¡No se peguen! ¡Se van a dejar pelones, oigan!
¡No!
No, pues con razón dicen que mujeres juntas ni difuntas.
Y si el pleito es por mí, pues yo me largo.
¿Ya viste lo que provocaste? Tú fuiste la que empezó.
¿Alguna novedad con mi parienta, oiga?
Sonda triste.
Me dijo que la tole se le hizo en grudo.
Ahora le toca hablar usted con ella para sacarle la sopa para ver si está así por
el tal Max, ¿eh?
Sí, voy a hablar con ella.
También voy a hablar con Max para ver cuál es su versión de cómo va con
Doménica.
Pues cuando hables con él necesitas estar yo presente.
Porque desde ayer te perdí la confianza.
Así que si te vas a arrastrar para inyectar tu veneno, quiero saber cómo,
cuándo y a quién.
Imagino que tu falta de confianza va a acabar con nuestros encuentros en la
cama.
Pues fíjate que cuando me he enojado me pongo más cachondo.
Pero ya no contigo.
Nuestra relación solo va a ser de chambella.
Ay, lástima.
Sí te voy a extrañar.
Lo que duermes en la cama.
Y ahí estabas tú.
Y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo.
Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te trajo.
Contigo me sonrió.
Se me quitó lo triste.
Cuando te vi me diste.
Y desde entonces te volviste lo mejor. ¿Y qué me pasó?
Y ahí estabas tú.
Y aquí estás.
Y nuestra soledad, que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.
Y ahí estabas tú, y eso me salvó. Y ya no pido más, eres
mi luz, mi paso, mi más grande amor.
Y ahí estabas tú, y aquí estaba yo.
Y nuestra soledad, que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.
Eso es todo lo que arroja el sistema, licenciado. Solo nombres y más datos del
comprador de ese diamante.
¿Cómo? ¿No hay una factura? En este caso, ¿el cliente no la requirió?
¿No tendría la grabación de las cámaras de seguridad para ver cómo es su
cliente? Lamentablemente, los archivos se borran automáticamente cada mes.
Lo siento, licenciado. Lamento no serle de mucha ayuda.
Aurelio Martel.
Solo dejó un apellido.
Bueno, Sebastián, si tiene algún otro dato o recuerda algo, no dude en
llamarme amigo. Sí, por supuesto, licenciado. De lo por hecho. Mi despacho
de abogado. Claro que sí. Yo lo contacto.
Gracias.
Sebas, tan rápido te acordaste de mí.
Más de lo que creía, nena.
Pero te llamo porque te tengo información.
Acaba de pasar por aquí un tal Roberto Sangeniz preguntando por el comprador
del anillo de Doménica Montero.
Y obviamente se tragó el cuento de que Aurelio Martel es el comprador.
Yo creo que sí.
Oye, lo vi muy preocupado porque no obtuvo más datos.
Perfecto, como debe de ser.
Ya cuando vaya a Puebla te busco para darte tu propina.
Besitos.
Ay, prima, pues así como me lo estás contando, Luis Fernando tiene razón en
estar celoso.
Pues sí, es que nadie sale corriendo a los brazos de su enemigo como lo hiciste
tú. No, pero es que no corría a abrazarlo, no, no. Estaba ahí en un acto
de humanidad. Y si fui a casa de Luis Fernando fue para aclarar las cosas con
él. Sí, yo entiendo, pero eso de hacer cosas buenas que parecen malas
normalmente no resulta bien.
¿Por qué es tan difícil de entender que no quiero amar?
Me enamoré de Luis Fernando.
Eso es lo que dices.
Pero ¿cómo te sentirías si te digo en este momento que Max se murió?
Que no entiendo qué necesidad tienes de estar metido en la abandonada y cerca de
Genaro. Si se traen algo, me lo tienes que decir ahora.
Opa, son cosas de nosotros, cosas de hombres.
Y si no me gustó la escuela, pues púdate el trabajo en el campo, ¿sí? Ah, tú no
sirves ni para hacerme los mandados.
¿Eh? Mucho menos para hacer trabajo duro.
Tu lugar está aquí. Fin de la discusión. Pues no le estoy pidiendo permiso.
Ya soy un hombre, voy a hacer lo que yo quiera. No te quiero ver cerca de Genaro
Peña. Ese hombre nomás trae pleito y ganas de fastidiar. Y más ahora que esa
mujer lo trae todo embrujado. ¿No sé por qué se queja?
Usted siempre me vendió a mi padrino como el mejor. Y se me hace que sí lo
es. Y más que tú.
¡Cállate!
Nunca me había pegado. Pues ya te ganaste el primer golpe.
Yo voy a ser el único.
Te lo juro.
Por supuesto que hubiera lamentado si Max... Vaya, no quiero ni pensarlo.
Pero eso no quiere decir que yo lo ame.
¿Y si así te pones nada más de pensarlo?
Prima, te estás mintiendo.
Todos lo vemos clarísimo. ¿Tú sigues enamorada de Max?
No.
Yo amo a Luis Fernando, ¿qué hará?
Pero no puedes cerrar el ciclo con Max.
Prima, piénsalo.
Busca la manera de salir de dudas.
Lo que está en riesgo es tu felicidad.
Oye, ¿no tendrás una camisa mejor?
Es lo que me dio Prudencio. Ni modo que le ponga la ropa del patrón.
Confórmese con que le haya salvado la vida.
Y con que yo le haya lavado los pantalones.
Oye, espérate.
Doménica no ha venido a visitarme.
Yo creo que lo mejor para el doctor es que ella no se pare por aquí.
Al rato regreso para darle sus pastillas.
Ok. Gracias.
Hola, Pedro.
Qué gusto verte por aquí.
Y si tú quieres, me puedes tener aquí todos los días.
Esta es tu casa.
Puedes entrar cuando quieras. No tienes que pedir permiso. No, no, no. Lo que yo
quiero es trabajar.
Hasta puedo chambear como antes, Domenica. Cambio de mi jacal y mi
comida. No más.
No, Pedro.
No.
Yo no puedo ofrecerte ese trabajo. Tú te mereces algo mucho mejor.
Pero es que yo en serio quiero regresar.
Entre Adelaida y Nieves me van a matar de un coraje.
Luego la señorita Silvia me anda dando masajes que ni necesito.
En serio, ¿ya tienes el nombre del comprador del anillo?
Hermano, vamos bien. Ya le pasé el nombre de Aurelio Martel a mi asistente
Federica para que ella se coordine en el despacho y puedan localizarlo.
Ojalá lo encontremos rápido para saber a quién le dio el anillo o si fue él quien
atropelló a Sofía.
Hermano, no nos adelantemos.
Yo ahorita salgo a la Ciudad de México para verme con el joyero y que me
devuelva el anillo. Y luego ya regreso a la hacienda con el...
¿Ya te depositaron por la compra?
Así es. Y vamos a utilizar ese dinero inteligentemente para pagar las deudas,
¿va? Pues una magnífica noticia en medio de tanta bronca.
Necesito contarte algo, Sanjenice.
Mi mamá tenía razón.
Domínica no me quiere, como decía.
¿Qué haces con la foto de mi mamá?
Es tu mamá.
¿La conoces?
Pero ya andabas muy presumido porque andabas administrador del espejo, Luna.
¿Qué? ¿Ya quieres de nuevo lo que despreciaste? Lo único que despreció
fueron los malos tratos y el abuso.
Pero ahora se le va a pagar lo justo.
¿Qué se le va a pagar? Pues no, que no tenemos ni un peso.
Yo le pedí que me ahorre el dinero para que se junte otra vez.
No diez años, pero...
Sí, Pax, hay un montoncito.
Yo no tengo ningún problema.
Solamente que hay un detalle.
No, no la conozco. Solamente me pareció una mujer muy hermosa.
Me imagino que esta hacienda lleva haciendo muchos años de tu familia.
Desde mi abuelo.
¿Cuándo me puedo ir, doctor?
Pues necesitas cuidados mínimos, el antibiótico. Pero como veo que ya tienes
ánimos para andar husmeando, ya te puedes ir.
¡Mis Fernando!
Adelante, Prudencio.
Mis Fernando... Resulta que ahí está don Cosme, que viene a que éste
le rinda su declaración.
Ayer di el parte médico por tu agresión.
Supongo que vas a levantar la denuncia.
Te estoy aceptando, pero solo me vas a rendir cuentas, Samuel.
Con esa condición, te quedas. Sí, sí, claro. Y gracias por la oportunidad,
oiga. Le prometo que me voy a portar bien.
Y no me provoca.
Estoy segura de que Pedro sabrá darse a respetar.
Más ahora con su nuevo puesto.
Genaro, por cierto.
Patrona.
Te aviso que Pedro va a ser el capataz segundo, así que después de ti él tiene
el mando de la abandonada.
Felicidades. Adelito.
Parece que la suerte te anda sonriendo.
Acompáñame, Pedro. Vamos a avisar a los demás trabajadores sobre tu nuevo
puesto.
¡Madrino!
¿Cómo que Pedro va a ser mi jefe? ¿Por qué no le digo nada?
¿Tú ves que me ando riendo o qué?
Pues tranquilo, ¿qué?
El problema es que no se arregle algo luego.
Esto está muy raro.
Dime que el doctorcito lo mandó para que me ande investigando.
Entonces no tiene idea de quién lo estaba venadeando.
No, yo solamente salí a caminar y me detuve frente a un árbol y fue cuando
escuché los dos disparos.
Yo creo que le dispararon con un arma larga.
Posiblemente un rifle de caza.
Eso no nos ayuda mucho, doctor.
Estás ahí por todas partes.
¿Nos puedes decir algo que nos ayude a entender por qué le pasó esto?
Sí.
Hace tiempo fui víctima de un grupo criminal de muy alto nivel.
Ellos, además de quitarme millones, me amenazaron con quitarme la vida y matar
a mi prometida en ese entonces.
Seguramente ahí están las respuestas que están buscando.
Mi papá se puso bien pesado cuando le dije que iba a trabajar aquí con usted.
No, hombre, hasta me dio un cachetadón el viejo.
¿Y sabe qué?
Yo sentí que usted lo hacía menos.
Yo sé que mi papá es el del dinar y todo, pero para mí usted vale mucho,
padrino. Tu papá se cree muy fregón, pero es muy hocicón.
Y nada más porque te decidiste por mí, te voy a contar un secreto, ¿eh?
Cuando las autoridades agarraron a estos extorsionadores, fue entonces que yo me
sentí más tranquilo para regresar.
Explicarle las cosas a Doménica.
Pero bueno, estos tipos seguramente tienen tentáculos por todas partes y
ellos son los que me quieren matar.
Entiendo. Y créame que vamos a hacer nuestro trabajo.
Pero me tiene que decir dónde va a estar para mantenerlo informado.
¿O se piensa quedar en la casa de su prometida?
Ya no es su prometida, ¿eh?
Dejó de serlo cuando el señor la dejó plantada en el altar.
Bueno, habría que esperar a que ella nos diga lo contrario, ¿no, doctor?
¿Dónde va a estar?
Voy a estar en una casita que me está rentando Julián Morales, ahí rumbo a La
Cañada.
Que de hecho, hoy mismo me voy para allá porque el doctor ya me dio de alta.
Bueno, ¿yo lo puedo llevar?
Si está de acuerdo, doctor.
Por supuesto, ya se puede ir.
Solamente una última petición.
Podría utilizar su teléfono, doctor.
Entonces mi papá no es un dueño de nada.
Todo lo que tiene el Cosme y tu papá me lo deben a mí.
Y aún así se andan poniendo rejegos si no me quieren ayudar a que quede como el
dueño de la abandonada y de mi potranca.
Por eso necesito que me vigiles al Cosme, ¿eh? Que me anda queriendo poner
el pie. No debe ser que tu papito también.
Yo le voy a poner más atención, padrino.
Y si no cuenta con él, conmigo sí.
Si me gusta que sea mi incondicional, ¿eh?
Y pa' que vea que cumplo con mi palabra, tome.
Que te lo encarguito.
Con cuidado.
A mí me dices cuando quieras empezar con tus clases de tiro, ¿eh?
Rafa, Rafa, necesito que estés muy a las vivas porque al parecer alguno de los
malditos estafadores para los que lavamos el dinero me está buscando.
Te dije que esa gente no perdona, Max. Aunque agarraron a la banda, seguramente
alguien escapó y ahora quieren esa lana de regreso.
Ya, mejor olvídate de recuperar a Doménica y vámonos al país.
Mira, eso ni lo digas. Para mí, Doménica es lo más importante y yo no me muevo a
ningún lugar sin ella.
Entonces, por lo menos, muévete de ese lugar.
Ahí ni siquiera puedes perderte entre los lugareños.
Precisamente por eso te estoy marcando.
Resulta que la mamá del doctor Vitoete es Mercedes Jiménez, la señora a la que
iríamos, ¿te acuerdas?
¿Y ya te dio?
No, he corrido con suerte, pero me regreso a la Ciudad de México y necesito
que busques entre los papeles que firmamos su dirección.
¿Cuánto antes?
Anoche mi gordo me contó algo así del fuereño, pero como por encimita, como
muy apenita.
De un tipo acá está muy raro.
Anda como los conejos.
Medio misterioso, medio perplejo.
Y pues como yo no tengo a quién recurrir, recurro a ti.
Mira, hablando derecho, fue santa.
No tengo por qué contarte las cosas que Cosme no quiere que te cuente de
nuestros asuntos.
Ay, ándale, cuéntame.
Como en los viejos tiempos.
Como cuando hacíamos el amor.
Te fumabas tu cigarrito y luego me contabas tú.
Eso fue hace mucho tiempo.
Y ya no fumo.
¿Y a poco no me digas que no te gustaría revivir lo otro?
Pues, Santita, qué milagro tú estás ahora aquí.
Es que vine a pedirle un favor al Gabo.
Mientras no sea comida gratis para un evento.
Otra vez la burra del trigo.
Mira, justo vengo de hablar con Kiara.
Llegamos a un acuerdo.
Toma, me dio esto por el evento.
Y me dijo, pues, qué gracias, ¿verdad?
Estuvo bueno el encaje, pero no tan ancho.
Qué bueno. Le voy a agradecer.
No, no, no, no, no. Ya no la molestes.
Porque le hice pasar una vergüenza ir a cobrarle.
¿Y entonces cuál es tu asunto?
Ah, es que le vine a pedir un proveedor de bebidas al Gabo.
Ay, Gabo, dale. Yo voy a seguir atendiendo que hay mucha gente.
Entonces, ¿qué?
¿No?
No. A todo.
Oye, becha padrita.
Ya no estés enojada conmigo.
¿Y qué?
¿Tu patrona te mandó a hablar con el tal Max?
Ay, Prudencio.
Mi niña no quiere más que a tu patrón.
A Max lo dejó de querer el mismo día que la abandonó en el altar. Eso me consta.
En cambio, con el doctor, volvió a creer en el amor.
¿Y ahora cree tanto en el amor que está dispuesta a perdonarle todo a Max
Langer? Eso no es cierto.
Y Doménica está muy sentida por tus celos y tu desconfianza. Nos vamos,
doctor. Gracias.
Nicolás, por favor, habla con Doménica.
Como médico ya he soportado demasiado, pero como hombre no tengo por qué
escucharte hablar de la que fue mi mujer.
Ya no tienes más la cuerda. Vamos, Max.
Doménica me ama y yo la amo a ella.
Detrás de todo su enojo se cabrá un perdón para mí.
Permiso. ¿Ves por qué no le puedo creer a Doménica?
Dice que me ama y viene a mi casa a cuidar a ese tipo.
¿Por qué crees que él está tan seguro de que va a volver con ella?
No te confundas.
Justo vine a decirte que no cometas el mismo error que Doménica.
No, Nicolás.
Yo no voy a rogarle a Doménica porque ella ya tomó una decisión.
Escúchame.
Doménica solo te quiere a ti.
A ti solito, nada más.
Nicolás. Contigo no quiero hablar.
Pero insistele a tu patrón si crees en mí y en lo que digo.
Ay, no te preocupes.
Yo le puedo decir a Arminia que yo pagué lo de la inauguración.
Este...
Así nomás, o sea, no... Va a haber un premio así todo.
Es que no entiendo.
Lévese, cálmate, por favor.
No me puedes hacer esto, Pedro.
Yo ya te iba a pedir un rincón para los dos. Ya no hagas más alboroto.
Nosotros seguimos siendo lo que somos.
Nomás ya no voy a vivir aquí.
¿Por qué no?
Lévese, pues porque... ¿Qué está pasando aquí?
Estoy resolviendo unos asuntos con don Gabriel y hasta ya se escucha el
escándalo. Señorita Kiara, yo sé que no son formas, pero vine por mis cosas y a
darle las gracias que me regrese a trabajar a la abandonada con su prima.
Y yo no quiero que se vaya. Dígale que se quede.
Pero bueno, yo andaba caminando.
Aquí está cerca mi cuartucho ese.
Usted sabe.
Ey.
Yo le voy a ayudar a conseguir un lugar de acuerdo a sus posibilidades.
Y si de veras se quiere quedar aquí en la región a hacer negocio, yo me pongo a
sus órdenes.
Personas tan importantes como usted son bienvenidas en Santa Teresa del Amor
para mejorar la región.
Se lo digo yo, que soy la máxima autoridad.
Y pues a eso me dedico. Pues es un privilegio contar con alguien como usted
en este pueblo.
¿Quiere que lo encamine a su casa?
No, no, no es necesario. Conozco el camino además.
Usted ya hizo demasiado por mí hoy.
Bueno, pues usted y yo ya platicaremos para ver si trae por ahí algún negocito.
O algo que a mí se me ocurra.
Pero eso sí, con discreción.
Ya ve que no es bien visto que la autoridad se dedique a hacer cosas que
no sean en beneficio del pueblo.
Entiendo. Le agradezco mucho la confianza y estoy seguro de que haremos
buenos negocios juntos.
Seguro que sí.
Buen camino.
Gracias, igualmente.
Buenas tardes.
¿Luego?
Pásele.
O sea, que hay dos cosas que quería platicar con usted y se los quería decir
a la cara.
La primera es que el objeto que trae ahí yo se lo hice.
Y la segunda es que el temita que traía con usted pues era personal, pero ya no.
Porque ya somos socios.
Gracias a Kiarita.
No te estoy entendiendo.
Que me enteré que se querían quedar con el dinero de mi putranca.
Estoy hablando de Doménica Montero.
¿Tu putranca? Sí.
Pues es que le puse así de cariño. Porque me pasó lo mismo que a usted. Me
quería quedar con todas sus cañicas.
Me terminé enganchando con esa mujer.
Ah, entonces para eso me disparaste, para quedarte con ella.
Sí.
Pero eso fue antes de que Chiara me propusiera el negocio que nos conviene a
todos.
Así que tú te vas a quedar con esa mujer.
Yo me quedo con Hacienda.
Pues me gusta cómo suena eso, pero me vengo enterando.
Pues hazte cuenta que te lo haya dicho Chiara. Te vas a entrar al negocio, ¿o
no?
Si yo me quedo con ella, tenemos un trato.
Entonces vaya a sus órdenes lo que se ofrezca.
Qué bueno que lo dices, ¿eh? Porque sí necesito pedirte un favor.
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Pedro ya tomó su decisión, la tienes que aceptar con dignidad.
Pues es lo que yo digo, ¿por qué no?
De todas formas allá voy a estar, Nieves.
Yo soy un hombre de campo.
Y por más atenciones que me den la señorita Kiara y la señorita Silvia,
pues aquí no me siento bien.
Es que tú eres de esa gente que se da a querer.
Entiende, Nieves.
Nomás acuérdate que fue tu decisión.
Vámonos para que te dé las cosas de Pedro.
Con permiso.
¿Y sabes que mi hijo va a trabajar allá con su padrino en la abandonada?
Sí. Yo no estoy de acuerdo que esté por allá.
Le voy a hablar con él para que se deje de necesidades. Pero mientras tanto, no
lo provoques.
Por respeto a la confianza de la señora Doménica, no voy a ser yo el que
empiece.
Así que le recomiendo que le dé ese mismo consejo a su hijo.
Porque si me busca, pues me va a encontrar.
Con permiso, yo me voy a esperar en el patio.
Yo pensé que había sido otro lado, no espejo de luna.
Tenía que hablar con Luis Fernando.
Y esta vez sí me cuidé de decir nomás lo que yo pensaba.
Y de paso, descubrí que Max sí es hierba mala y no murió.
Cosme se lo llevó a un cuartito que renta Julián Morales allá por la cañada.
Entonces es allí donde se está escondiendo.
Qué bueno que me dices, nana.
He estado pensando mucho en una cosa que me dijo Kiara.
Cualquier cosa que haya sido, mejor piénsatela dos veces, mi niña. No, esta
vez ella tiene razón.
Tengo que cerrar mi círculo con Mati.
Y la única manera de hacerlo es viéndolo de frente.
Pedro.
Déjame te ayudo.
Gracias. Gracias, Elita. Yo sé que tu problema con Nieves es porque llegué a
trabajar aquí, pero te juro que necesito el dinero.
Yo sé que tú eres decente, Elita.
No lo veas así.
Tú enfócate en tu trabajo y pues yo me voy, para que no te pelees con Nieves.
Si tú fueras mi novio, yo sería la más celosa del mundo.
Ustedes dos se pelean por nadie.
Yo soy bien poquito.
Al contrario, tú vales muchísimo y siempre voy a lamentar el no haberme
dado cuenta antes.
Mira, vas a ver que va a llegar alguien bueno, que te quiera, ¿o qué
no?
Nos vemos después.
Adelaida.
Como no me dijiste que ahora sales, pues en cuanto pude, me la hacé para acá.
¿Sí?
Voy por mi bolsa para irme.
Me vine a México para pasar de una vez por el anillo de compromiso. Pero
Olivier salió de la ciudad. Regresa mañana.
¿Y qué ha pasado con mi mamá?
¿Hablaste con ella?
Justo vine a verla.
Diana fue por ella.
Ya llegó.
Te dejo.
Vale. Bye.
Y Fernando, al chango ese se le olvidaron sus medicinas. ¿Quieres que se
las lleve?
Buenas tardes, licenciado. ¿Les traigo algo de tomar?
No, gracias.
Bueno, con permiso.
Gracias por recibirme.
A ver, vamos al grano, Sangenice. ¿Qué quieres hablarme?
Espero que no sea para apoyar la relación de mi hijo con esa abandonada.
Luis Fernando me preocupa.
Y yo sé que no soy su hijo, pero a usted le aprecio.
Pues no me aprecies tanto y mejor localiza al tipo ese que me estafó, por
favor.
mi despacho tiene como prioridad su expediente el problema es que Martín
González Santos no aparece por ningún lado
Si vienes a buscar a Max, se fue.
Se llevó todas sus cosas.
Supongo que eso te dolió.
Vine a verlo porque necesito hablar con él. Para hablar de ustedes.
Luis Fernando, no empieces.
Hoy que hablé con Nicolás me hizo pensar y decidí buscar a Max para decirle que
iba a luchar por ti, pero veo que me equivoqué, Doménica.
Vine a hablar con él para aclarar mis sentimientos. Si necesitas aclarar tus
sentimientos es porque no me amas.
Hasta aquí llegué contigo, Domenica.
Si tú quieres seguir detrás del hombre que te rompió el corazón, adelante.
Pero yo ya llegué a mi límite.
Con permiso.
Doñita, la buscan en la sala.
¿Quién? Pues no sé, un tipo alto.
Oiga, yo no le dije que pasara. No le dije que pasara. ¿Martín González?
Sí, soy yo.
Vengo a ofrecerle un trato y a pagarle su dinero.
Yo no voy a hablar con ningún ladrón y le voy a hablar a la policía. No, no,
no, por favor, no haga esto. En este momento... ¡Déjala, señora!
¡Déjela!
¿Qué número te escucha?
Le vengo a ofrecer un trato.
Esto le conviene, por favor, escúcheme.
Yo quisiera que Pedro y tú se incontentaran. Dile que necesito hablar
con él. Yo lo que no quiero volver a ver es ni a su madre ni a Prudencio.
¿Cómo que se fue de Santa Teresa?
¿Qué se siente, eh? Que seas la última en enterarte de las cosas.
Dijo que una mujer lo obligó a dejarme.
Seguramente estaba delirando. Tuve la sensación de que estando conmigo, Max
tuvo un amarte.
¿Quieres casarte conmigo?
O lo separas, o le cuento a todo el mundo que tu verdadero nombre es Martín
González. ¿Qué haces con mi niño de compromiso? ¿Quieres hacer presa tu hijo
a tu amigo?
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