All language subtitles for Si Volvieras a Mí (1954)

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Original subtitles

Gracias.

¿Qué estás mirando ahí, Alejandra?

Un retrato, papá. Un hombre divino. Con unos bigotes preciosos.

Un hombre del que estoy enamorada como una loca.

Al fin, déjamelo ver. Ah, no, no, no. Eso sí que no.

Déjamelo ver. Ah, no, no, no. Yo tenía de que te enamoraras. No, no, no. No,

no, no. No, no, no. No, no, no.

No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no.

No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no,

no. No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no.

No, no, no.

No, no, no. No, no, no. No, no, no. No, no, no.

No, no, no.

No

Porque nadie en el mundo puede parecerse a ti.

La verdad es que de joven se me podía ver.

Ay, qué pretencioso.

¿Dónde lo encontraste?

Arreglando tus cosas, pero fue de purita casualidad, ¿eh? Curiosa.

No habrá ninguna igual.

No habrá ninguna.

Ninguna con tu piel ni con tu voz.

Los escribí... Para mamá después que murió, ¿verdad? Me imaginé. ¿Te gusta?

Tanto que les puse música. ¿Quieres oírla?

Esta puerta se abrió para tu paso.

Este piano tembló con tu canción.

Esta mesa, este espejo y estos cuadros guardan ecos del eco

de tu voz.

Es triste vivir entre recuerdos, cansa tanto escuchar ese rumor

de la lluvia sutil que llora el tiempo sobre

aquello que quiso el corazón.

No habrá ninguna igual, no habrá ninguna, ninguna

con tu piel ni con...

No habrá ninguna igual, todas murieron en

el momento que dijiste.

Llorón.

Es tu consulta. ¿No quieres que les diga que hoy no atiende?

No. Vamos.

Tienes que descansar, papá.

Son las enfermedades las que no descansan, hija.

Algún día esas extrañas fiebres que vienen de la selva llegarán a curarse.

Yo no lo veré. Tú sí. Sobre todo si te empeñas en quedarte aquí.

Tantas veces como te he dicho que debías irte a la capital.

Algún lugar en que puedas casarte y hacer una vida de mujer normal.

Estoy mucho mejor así, papá. Primero porque estás tú. Y después, ¿dónde

emplearía mi vida mejor que aquí? A tu lado, ayudándote aprendo. Y es muy

bonito curar a la gente.

¿No lo sabía usted, doctor?

Bueno, no hablemos de mí.

¿Cuántas veces te he pedido que llames a ese médico ayudante? ¿Por qué no lo

hace? Ya lo he hecho antes, hija. No tardará en llegar.

María, deje, voy yo.

¿El doctor Montes Roca?

Soy su hija.

El doctor Cuenca, ¿verdad?

María, lleve la maleta del doctor a su cuarto.

Eso también.

¿Por qué venir así?

No sabía que el doctor Monterroca tuviera una hija. Y menos podía

imaginarme que fuera como usted.

Hace años que nadie me dice una galantera.

¿Qué están ciegos en el pueblo?

Es que los peones y chicleros de paso no tienen tiempo para...

Para... Para... ¿Doctor Cuenca?

En cuanto lo vieron bajar del autobús, vinieron a avisarme.

Mucho gusto en conocerlo. Mucho gusto, maestro.

Pero, hija, ¿qué haces ahí? El doctor vendrá con apetito. Anda, dispón que

sirva.

¿Y por cuánto tiempo viene?

Pues, el año de práctica.

Pobrecita. Así pensaba yo y ya.

Todavía estoy aquí.

Mi hija Alejandra le convencerá a usted de que no hay mejor apostolado que éste.

Médico de pueblo.

Yo tengo más ambiciones, doctor.

Hay muchos enfermos aquí.

Sí. Es un gran campo de investigación en enfermedades tropicales.

Con los medios que tengo, puedo hacer poco.

Alejandra me ayuda.

Sabe tanto como yo.

Los enfermos es gente pobre.

Paga poco.

¿Le importa eso?

Ahora no.

Más tarde creo que sí me hará importar. No quisiera estancarme en un lugar como

este. Sin embargo, es hermoso este trabajo.

Se puede hacer tanto bien que en la ciudad hay muchos médicos y hacen.

Papá.

Llévame que en tus besos me diste un

poquito de amor.

Creíste que mi cariño tan solo fue

como algo que se

recuerde.

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La noche pasará.

Yo bien quisiera que nada apartarnos

pudiera jamás.

Porque mi amor y mi vida y mi todo eres tú,

mujer sin...

Yo te arrullaré con el hechizo de esta

oración que para ti

canté.

Mamá. Mamá. Ya estoy lista, hija.

Solo estaba recordando tres canciones.

La que le cantaba siempre a mi padre, la que le cantaba a Pedro y la que tanto te

gusta a ti.

¿Se te olvida que vamos a México a vivir allí?

A ver a papá después de tres años.

¿Cómo explico cómo podías tenerle cariño a esta casa? Es horrible.

No digas eso, Eva.

Aquí murieron mis padres, aquí me casé, aquí naciste tú.

Todavía no tienes edad de entender.

Pues yo me alegro que la hayas vendido y que los nuevos dueños te exijan que te

la entregues.

Ya no es nuestro.

Pero no importa.

Tu padre necesitaba ese dinero.

¿Y qué no haría yo por él? El coche está esperando.

Ay, señora, si usted se va aquí en oscura.

Estás haciendo todo lo que puedes para emocionarte. Te gusta estar triste.

Cuando tu padre llegó aquí para ayudar a mí en su consultorio, veníamos muchas

veces juntos a este sitio.

¿Cómo ha cambiado todo?

Entonces la selva llegaba casi hasta aquí.

Había... Muchos árboles más.

¿Por qué me traes siempre a este sitio?

¿No crees que la selva tiene una magia especial?

Tú lo que quisieras es que esa magia se apoderara de mí.

Claro. Siempre tienes miedo de que me quiera ir.

Soy tan feliz aquí.

¿Y si yo te dijera que ya has logrado contagiarme de tu entusiasmo?

Que estás consiguiendo que no me importe hacerme rico.

Que pierda mis ambiciones.

¿Será cierto que papá se ha hecho rico, mamá? Si no, no hubiera podido comprar

un sanatorio en México.

Hay alguien que se asoció con él, dándole la mayor parte del capital.

¿Quién? No sé.

Este lugar ha cambiado mucho con los años.

Tu padre también.

Fue aquí donde me dijo, me voy a los Estados Unidos.

Me llaman para trabajar tres años allí.

Nadie es profeta en su tierra, Alejandra.

Es la gran oportunidad de mi carrera.

Sí, pero podría acompañarte. No, voy a tener que trabajar mucho.

Hacer una vida distinta.

Como si fuera estudiante otra vez.

Siempre hemos trabajado juntos.

Lo sé.

Pero esto es distinto.

¿Cómo te diría?

Más serio.

Pero tres años.

Voy a estar tan sola.

Tienes a Eva. Eva no se deja tener Pedro.

Ha salido a ti.

¿Quieres entonces que renuncie cuando estoy tocando los resultados de tanto

sacrificio? No.

¿Cómo voy a querer eso?

Pero me vas a faltar tanto.

Pero... Tres años.

Esos años ya pasaron. Ya no cuentan.

Tienes razón, ya pasaron.

Ya no cuentan.

Ven.

Si se pudiera dormir.

Se ha salvado, ¿verdad? Sí, y eso prueba que voy por el buen camino.

Hace solo una semana se hubiera muerto. ¿Estás contento? Sí, Alejandra, muy

contento. Gracias a ti me estoy haciendo médico.

Aquí fue donde tu padre me preguntó si quería casarme con él.

¿Por qué estás triste si lo vamos a ver?

Qué bonita estás, Eva.

Pero cómo vienes vestida.

Te dije que era horrible, mamá. Qué grande.

Debimos venir antes para ayudarte a arreglarla.

No lo he hecho solo.

¿Y tu sanatorio?

Va muy bien.

Estamos cargando mucho dinero.

Pronto podré devolverte el que me diste al vender tu casa.

Mi casa no, nuestra casa, Pedro.

La señora Kane, mi colaboradora.

Mucho gusto. La señora Kane es copropietaria del sanatorio.

Dale las gracias.

Ella eligió y arregló nuestra casa.

Cuando quieras comprarte algún vestido, consúltala.

Estaré encantada.

Pero tu mujer ha de venir muy cansada.

No la entretengamos más aquí.

Pasen.

Recuerda las maletas.

¿Qué pasa?

Mira qué jardín tan bonito, mamá.

¿Quién es esa mujer?

La señora Kane es una de las principales benefactoras de la institución que me

concedió la beca en Estados Unidos.

¿La conociste ahí?

Hemos trabajado juntos todo este tiempo.

Cuando la conocí estaba pasando una tremenda crisis a causa de su fracaso

matrimonial.

¿Divorciada?

Sí.

¿Es muy rica?

Tiene millones.

Pero no le gusta ser una inútil.

Imagínate que su marido fue médico y ella estuvo con él como enfermera en una

expedición a las selvas del Perú.

Hicimos amistad pronto.

Yo le hablé de lo que siempre había ambicionado.

¿Qué clase de sanatorio han montado entre los dos?

Una casa de reposo para gentes que no tienen nada y pagan mucho por hacerles

creer que están graves.

Tenemos también un pabellón de cirugía plástica.

Otro de cirugía general.

Las tres cosas que dan fortuna en medicina.

Lidia... ¿La señora qué?

Lidia tiene muy buenas relaciones.

Hemos entrado con el pie derecho.

Estamos ganando lo que queremos.

¿En qué piensas?

Todo esto debe haberte costado un dineral.

Pero yo ahora recordaba tu primera mesa de operaciones en el consultorio de

casa.

Estuvimos más de un año ahorrando para poder pagarla.

¿No prefieres esto?

No.

Yo también he tenido siempre una gran ambición, ser la esposa de un médico, no

de un comerciante.

Me figuro que querrás desver la casa.

Si hay algo que no le guste, por favor dígamelo.

Tengo la seguridad de que estará todo muy bien.

Demasiado bien para lo que estamos acostumbradas mi hija y yo.

El lujo es la cosa a la que uno se acostumbra más pronto. No todo el mundo.

Gracias, Pedro.

Me alegro mucho de que le guste. No sabe cuánto trabajo me costó elegir el marco.

¿Puedo ver la recámara, Pedro?

Estoy un poco cansada.

Yo mismo te la enseñaré.

Te hará bien descansar un poco hasta la hora de comer.

Servirán a las tres.

¿A las tres?

Sí. Aquí no se come al mediodía como allá.

¿Qué es lo que más te ha gustado?

Todo.

Esta es tu recámara. ¿Y esta recámara, querrás decir?

No, yo duermo en la de al lado.

¿Cómo? Estoy empezando a tener mucha clientela y suelen llamarme de noche.

No es justo que nos molesten a los dos.

Hasta ahora nunca me había quejado.

Es mucho más cómodo así, creo.

Si necesitas algo, llama. Ahora descansa, te hará bien.

¿A qué hora pasa tu consulta?

Mi consultorio lo tengo en la clínica.

En Huastepec te ayudaba a recibir a los clientes, ¿recuerdas?

En estos tres años he seguido practicando.

¿No quieres que aquí también te sirva? No tendrías tiempo.

La casa te va a ocupar mucho y... y allá tengo quien me ayude.

¿La señora Kane?

Algunas veces sí.

Hasta luego.

Hasta luego.

¡Linda! La señora Kane tiene un gusto estupendo. Me ha dicho que mañana me

llevará a su modista. ¿Para qué?

¿Ha dicho papá que regale todos los vestidos que traigo? ¿Cómo? ¿Tendrán que

hacerme otros? Si están nuevos.

¿Tú también tendrás que hacerte ropa nueva?

¡Qué disparate! ¿Qué te pasa? Nada, déjame. Estoy cansada.

Perdóname, Pedro.

Creo que me quedé dormida.

Ya puede servir.

Pedro, si puedes prescindir de mí por una tarde, me encantaría acompañar a tu

esposa y a Eva a que empezaran a conocer la ciudad.

¿Quieres salir?

Tengo que descifrar.

La doncella, ¿verdad?

Prefiero hacerlo yo.

¿A ti no te gustaría salir?

Sí. Bueno, mamá, tienes que estar muy cansada.

Volveremos temprano.

No podría tener mejor guía.

Vas a ver cosas demasiado bonitas en las tiendas. Por si tienes tentación.

Gracias, papá.

Dime que en tus besos me diste un

poquito de amor.

Creíste que mi cariño tan solo es

como algo que se recuerda

ya.

No niegues que me quisiste porque tal

vez tus ojos

avergonzados no sabrán ver

si enfermo de amor te

encuentras alguna vez.

lo que yo sufro por el querer.

Espera que si...

¿No te olvidas de nada?

No. ¿De nada?

Alejandra, por favor. Ya no somos niños.

Hasta luego.

Señor, usted tan amable debe decirle a la cocinera que venga, por favor.

Sí, señora.

¿Deseaba algo la señora?

Sí, disponer lo que sea de comer.

No se moleste señora, tengo órdenes ya de la señora.

Hace más de media hora que te esperan en la sala 3.

Figúrate que me quedé dormido. No, si no hace falta que me des ninguna disculpa.

¿Qué te pasa?

Pobre. ¿Me prometiste que...? ¿Qué podía yo hacer?

No se trata de lo que podías hacer, sino de lo que no podías hacer.

Te advertí bastante lo que pasaría si te empeñabas en traer a tu mujer.

¿Y mi hija?

¿Podías haberla hecho venir sola?

Nunca hubiera podido yo evitar que mi mujer viniera detrás de ella.

Detrás de ti primero.

Detrás de su hija después.

¿No te dan pena esas mujeres con ese destino siempre detrás de algo?

Es tonto hablar de lo que se pudiera haber hecho.

Está aquí... Por eso. Porque está aquí voy a tener que estar yo un poquito

menos. Hasta que tú te atrevas a decirle que a quien quieres es a mí.

Lidia.

Mándelos a casa.

¿Puede llevarme uno ya puesto?

Si tú quieres.

¿Pero qué dirá tu madre?

Se asustará como siempre.

Tráigamelas, arreglaré.

Mi casa.

Mi casa.

¿Dónde podrá estar? Es tardísimo.

No me gusta que salga sola.

¿No ha salido sola? ¿Ha salido con Lidia? Peor aún.

¿Qué quiere decir?

No me gusta esa mujer. Me asusta. No sabe tanto. Tan que se me cuenta.

¿Tendría mal aprender de ella?

Éramos tan felices allá.

Por favor, Alejandra, déjame leer.

¡Papá!

¡Papá!

¡Ella es encantadora! ¡Qué maravillosa tarde!

¡Segúrate, mamá! ¡Hemos estado como en 20 sitios!

¡Es divino vivir en México! ¡Y miren el vestido más bonito!

¡Eva! ¿Cómo te has atrevido?

¡Tu pelo, Eva!

Estás guapísima, Eva.

¿Quién te ha cortado el pelo?

Fue idea de Lidia, mamá.

Vete a tu cuarto, por favor.

Se ve muy bien. Cada hora que pasa siento que te pierdo un poco más, Pedro.

Y ahora veo que no era bastante.

Van a robarme a mi hija también.

No seas ridícula. Y no dramatices las cosas más naturales.

Esta no es mi casa.

La mía era tan distinta.

La cena está servida, señora.

La cena está servida, señora.

Pasemos al comedor.

Era muy necesario para mí poder residir en casa.

Comprendo que es exigirte demasiado.

De ahora en adelante llevaré a mis invitados a otra parte.

No, Pedro.

No hagas eso.

Yo te prometo... Es mejor no engañarnos. Para esas cosas se nace. Y tú no puedes

ayudarme. Y ese vestido, ese escote.

Sí. Ya sé que no tengo un aire muy elegante.

Es difícil olvidar tantos años de sencillez.

Pero no te creas que no podría hacerlo si quisiera.

¿Y por qué no lo intentas?

Ay, ya no sé qué muchacho presentarte. A ninguno me haces caso. ¿Me estoy

divirtiendo tanto?

Es que no me he querido un poco más.

Después pensaré en casarme.

Gracias, Lidia. Si no hubiera sido por ti, ¿a quién hubiera conocido en México?

El éxito lo has tenido tú.

Pero no debes ser egoísta y debes pensar en casarte. ¿Tú tampoco te has vuelto a

casar? Es que yo todavía no encuentro el hombre que necesito. Yo tampoco.

A tus años.

Pero esta noche voy a presentarte uno que estoy segura que te va a

impresionar. ¿Quién es?

Luego te lo diré. Ahora tienes que irte. Déjame estar un rato más contigo. No,

no, Eva. Tienes que arreglarte.

Recuerda que esta noche cenamos con tu padre.

Por favor, que lleven a la señorita en el coche a su casa.

Hasta luego, entonces.

Hasta luego.

¿Por qué eres tan buena conmigo?

Es que no sé.

Quizás has despertado en mí el instinto maternal.

¡Tonta!

No habrá ninguna igual, no habrá ninguna, ninguna con

tu piel ni con tu voz.

Tu piel, magnolia que mojó la luna,

tu voz, murmullo que vivió el amor.

Eva, ¿de dónde vienes?

¿Tienes clase de baile, mamá, como todos los días?

Ven acá.

Ay, mamá.

Tengo que vestirme.

¿Por qué vas a esas clases?

No creo que pienses dedicarte a bailar. Pues, quién sabe.

¿Qué dices? Ay, mamá, qué tonta eres. Ya te asustaste.

Es muy buen ejercicio y Lidia dice que ayuda mucho a saberse mover bonito.

Mira, así.

Te interesa más la opinión de la señora Cain que la mía. Ay, mamá. Esas cosas

saben más Lidia que tú.

Bueno, y si has acabado de regañarme, me voy a decir.

¿Vas a salir?

Sí. Nos ha invitado papá a cenar.

¿Sabes lo que debías hacer?

Venir tú también.

No me gusta salir de noche.

Pues haces mal.

Pero no te extrañes si papá se queja de que vives encerrada como una monja.

¿Tu padre se queja de eso? Sí.

Muchas veces se lo oí comentar con Lidia.

¿Vas a venir, mamá? Lo pensé.

¡Anímate!

¿Cómo te has atrevido?

Tu pelo, mamá. Tu pelo.

Vete a tu cuarto inmediatamente.

¿Es una sorpresa? Sí.

Entonces los espero en el coche. No tardes.

¿Vas a salir?

Sí. ¿Contigo?

¿Conmigo? Eva me ha dicho... ¿Debías haberme lo advertido antes?

¿Hacía falta que me invitaras con más tiempo?

Sí, hacía falta.

Tengo una mesa reservada para seis, ahora llegas tú y estaremos incómodos.

Además, ¿con qué cara podía presentarme yo llegando tú así de sorpresa?

Todos dirían que me vienes a vigilar.

Hace falta que te vigile, Pedro.

No es eso.

¿Y yo qué pensaba darte una satisfacción?

Siempre te parece mal que haga una vida así, tan retraída.

Esas cosas no se empiezan así de golpe.

Era antes cuando deberías haberlo hecho.

Está bien, me quedaré.

Pero no te preocupes, no me costará ningún esfuerzo.

Estoy tan acostumbrada que se diviertan.

Pedro, ¿te gusta mi vestido? Está un poco provocativo, ¿verdad? Tienes ojigo

y te has fijado. Sí, sí, estás bien, pero comprende que... que... Comprendo,

Pedro. No es necesario insistir ya.

Que se diviertan.

Perdón, creí que la señora estaba en la recama. ¿A dónde va usted?

La señorita Eva ha olvidado su bolso.

¿Se fue ya? Sí.

¿Le ha dicho a mi hija dónde iba a cenar?

Creo que al café Metropol, señora.

Deme el bolso. Puede retirarse.

¿Busca a alguien la señora?

No, vengo sola.

¿Gusta pasar?

Sí.

¿Quién es ese señor?

Es el señor Altamirano, señora.

Gracias.

¿Has visto? Esa mujer es un escándalo. ¿Y quién es él? El doctor Cuenca.

Ah, ese doctor que se ha puesto tan de moda. Y es casado, ¿verdad?

Sí, pero ya ves a la Cain lo que le importa a eso.

Primero Fabián Altamirano.

Ahora este, y todavía lo sienta a la misma mesa. No deberíamos de tratarla.

Lidia, que impode demasiado. Todas ustedes saben de sobra lo que es y, sin

embargo, no dejan de tratarse con ella. Es que antes todos sus amantes eran

solteros. Pero ahora... Ahora son casados.

No se moleste sin ponerte guapa. Ya viste que Fabián esta noche no se fija

más que la tonda esa que está en su mesa.

¿Quién es?

La hija del amante en turno de Lydia Kane.

Estoy segura que se la quiere meter por los ojos.

Pero si Fabián ha sido él.

¿Cómo es posible eso? Porque necesitará el campo libre.

Casando a la niña, se la quita de encima.

Oye, a lo mejor hemos metido la pata.

Eva, ven acá inmediatamente.

Pero mamá... He dicho que inmediatamente.

Voy a avisar a papá. No hace falta. ¿Me permite que las acompañe a su casa,

señora? Yendo conmigo, Eva no necesita más compañía. Vamos. Perdón.

Eva.

Me has amargado la noche.

Yo que estaba tan contenta.

Claro, ¿qué pensará el señor Altamirano, verdad? Sí, pensará que tengo 15 años.

Todavía no tienes 18.

Se duele que piense que soy una mujer.

No es eso.

Me duele que tú te creas ya una mujer. Pues soy todas las muchachas de mi edad.

Las otras muchachas no son mi hija. ¿Qué quiere de malo que estuviera bailando?

Todas lo hacen.

No es malo que estuvieras bailando. Lo es como lo hacías y con quién lo hacías.

No me gusta hablar contigo de esto.

Pero Fabián Altavirá no fue el amigo de Lidia Kein durante mucho tiempo.

Quizá lo sea todavía.

Ya me extrañaba que no te hubieran venido con el cuento.

Porque Lidia es una mujer libre, todas le inventan algo.

No sé cómo no han venido a contarte que se entiende con papá. A mí por lo menos

me lo han dicho.

Pero quien lo hizo no se atrevió a repetirlo.

Yo no he dicho que esta mujer fuera la amiga de tu padre. Pero has dicho que es

de Fabián, que viene a hacer lo mismo. Sí, en este caso viene a hacer lo mismo.

Y como estoy segura de no equivocarme, no volverás a ver a este hombre, no

volverás a salir con Lidia Aken, aunque para ello tenga que encerrarse.

¿Y tú crees que papá te iba a dejar?

Tu padre tendrá que aceptar que no veas más a esa mujer.

Te has encariñado con ella demasiado.

Es absurdo que le tengas envidia.

Mañana hablaremos.

Necesito hablar contigo, Alejandra.

Te espero en la biblioteca.

No quiere que vuelva a ver a Lidia, papá.

Ya estarás contenta, ¿no? No, Pedro.

No puedo estar contenta. Ha sido una escena grotesca.

Si hubieras oído los comentarios... De la señora Kane.

Me los figuro.

No me los repitas. Los de ella y los de todos. Si no sabías comportarte como se

debe en la ciudad, no debías haber venido. Pedro.

Es verdad.

Si hubieras sabido lo que me esperaba aquí en la ciudad, no hubiera venido.

Pero tú te das cuenta de que ha podido haber un escándalo. ¿Qué hubiera pensado

la gente que me conoce? No sé.

Pero sé lo que hubieran debido pensar.

Que una madre que saca a su hija de un lugar donde está en peligro no hace más

que cumplir con su deber.

¿Pero qué peligro podía correr tu hija estando conmigo?

Estando contigo ninguno, pero estando con tu... Con tu amante todos.

¿Cómo te atreves?

No se te ha ocurrido pensar que acabaría por enterarme.

¿Y piensas que voy a consentir que mi hija viva en el mismo círculo que esa

mujer? Te prohíbo que insultes a Lidia.

Lidia.

Yo no había dicho su nombre.

El que tú lo pronuncies es ya una confesión.

Está bien.

¿Y si fuera cierto qué?

Hasta ese extremo has dejado de quererme.

No es eso.

Entonces, hasta ese extremo la quieres a ella.

Hasta ese extremo la quiero.

Tenemos ya tan poco en común tú y yo.

Hemos vivido 19 años juntos.

Sin una sombra.

Sin una discusión.

Eso no era más que hábito.

Costumbre.

Ahora tú dirás lo que piensas hacer.

Lo que he hecho.

apartar a mi hija de esa mujer. No pienso hacer nada más.

¿Te empeñas entonces en seguir a mi lado sabiendo que yo... Pedro, me casé

contigo para toda la vida.

Conoces a esa mujer hace solo dos años. En cambio, yo te he dado una hija.

Algún día verás a ella como es y entonces volverás a mí.

Ya ves, no me queda otro recurso que esperar.

Es mejor que nos separemos.

Por el bien de todos, tienes que concederme el divorcio.

Alejandra.

Déjame.

Cuando fui a trabajar,

No sabía lo que era tener ambiciones.

Pero los años han pasado.

Quiero otra vida distinta.

Con el amor que yo te enseñé a tener por tu carrera, y con el mío, no necesitabas

nada más para ser feliz.

Entonces estabas realmente orgulloso de ti.

Fue necesario que encontraras a esa mujer para destruirlo todo.

No es la posición social lo que importa, Pedro.

Lo que importa es sentirse contento consigo mismo.

No es posible que quieras a esa mujer.

Quiero a Lidia, ¿entiendes? No es cierto, no la quieres.

Te ha dejado cegar por el brillo. Te halaga que te vean con ella porque es

joven y bonita. Es inútil todo lo que digas.

Concédeme el divorcio y acabemos de una vez.

¿Has pensado que si te lo doy, no volverás a ver a tu hija?

¿Y tú no has podido pensar que muy pronto Eva estará en condiciones de

saber con quién quiere ir?

Eres muy poco hábil al decirme eso, Pedro.

Solo a pensar de que pudiera suceder, no lograrás destruir mi hogar, el mío.

Piénsalo bien.

Si me obligas, puedo hacer cosas que te harán arrepentir.

Lidia. No estreses o gritar, Pedro.

Tenía que hablar contigo esta misma noche.

¿Podías haberlo hecho por teléfono? Si supieras la escena que acabo de tener

con Alejandra.

Después de lo que hizo, es fácil suponerlo.

Pero es que durante esa escena... ¿Le has pedido el divorcio?

Sí.

¿Qué te sorprende?

¿Que lo sepa?

Hace varias semanas que deberías haberlo hecho. Pues ya lo he hecho. Y he venido

a decirte... Que Alejandra no quiere concederte el divorcio.

¿Cómo puedes hablar con esa tranquilidad?

Porque yo no me dejo llevar por momentos emocionales un poco ridículos.

En estas ocasiones es cuando uno tiene que pensar fríamente, con egoísmo.

Soy incapaz de razonar. Te quiero demasiado, Lidia.

Vámonos a otro sitio.

A Sudamérica, a Europa.

No sé.

A donde pueda seguir trabajando y tenerte conmigo.

No, Pedro.

Quiero ser tu mujer aquí.

Y quiero serlo sin escándalos.

No conoces a Alejandra.

No lo podremos conseguir nunca.

No creo que tu mujer pueda soportar la soledad.

Y tú y yo vamos a conseguir que se sienta muy sola.

¿Cuando Eva se case la dejará?

Esperar. Yo no puedo esperar.

Es que ahora ya no hay razón para que no seamos prácticamente marido y mujer.

Eva. Buenos días, mamá.

Me ha dicho cosas terribles de ti.

Cree que soy una niña todavía.

Y soy una mujer decidida a todo.

Sí.

Tanto.

Como no he querido a nadie nunca.

Yo encontraré el modo.

¿Con quién hablabas?

Con Fabián.

Puedes impedirme que lo vea, pero no que le hable.

¿Crees que me opongo a esas relaciones por capricho?

¿Te ha bastado que sea Lidia la que me ha presentado a Fabián para que lo

deteste?

¿Cómo no voy a pensar que eres injusta con los demás?

Si eres injusta conmigo.

Ese hombre no te quiere. ¿Tú qué sabes?

El que yo lo quiera, ¿no te importa?

Importa tanto que desde hoy no volverás a salir si no es conmigo.

Eva Cuenca está adentro. No vino.

Pedro.

Es preciso que hables con tu hija. Esta tarde... Pedro.

Pedro, estoy hablando de tu hija.

Papá, Pedro, papá.

Ábreme.

Ábreme, papá, papá.

Ábreme.

Ábreme, papá.

Dame la llave. No, Pedro, déjame que te explique. Dame la llave. No.

Papá. Eva, quítate de la puerta.

En mi casa no quiero estas cosas.

¿Está entendido?

¿A qué se debe esta agradable sorpresa?

Sabe usted muy bien que no sé conducirme en sociedad.

No he aprendido a ser hipócrita. Y no quiero serlo.

¿Viene usted a propósito de Pedro?

No.

No es él el que me importa ahora.

A mí sí.

¿Por qué se aferra a esa actitud absurda de querer amarrar a un hombre que no la

quiere?

Estoy por creer que sí lo quiere usted. Tanto que estoy dispuesta a todo.

Pedro ha pensado comprar una casa en Cuernavaca y regalársela.

Ahí podrá usted crear amistades de su clase.

Y si no feliz, por lo menos vivirá usted más tranquilo.

¿Y con qué dinero compraría Pedro esa casa?

Mucho lo ha cambiado usted para hacerle aceptar hasta eso.

Pero no vengo a hablarle de él.

Vengo a hablar de mi hija. Eva no me interesa, señora. La está destrozando

usted. Y he venido a exigirle que no la vuelva a ver más.

¿Y si no?

Las mujeres, como usted, son recibidas en todas partes mientras mantienen un

mínimo de discreción. Pero basta un escándalo para hundirlas para siempre.

Oblige usted al señor Altamirano a alejarse de mi hija.

Me concede usted demasiado poder sobre él.

Sé que puede hacerlo y que lo hará.

Si mañana Fabián está en México, seré yo la que pida el divorcio. Pero será bajo

una acusación de adulterio contra mi marido y señalándola a usted como

cómplice. Y puedo jurarle que si lo hago, la noticia se comentará lo

suficiente.

No se atreverá.

¿Qué no?

¿Ha dicho usted que se atrevería todo por Pedro?

Pues yo me atrevo a todo por mi hija. Pedro sabrá esto y la odiará.

Más todavía.

Alejandra, estiraré hasta mañana. No olvide usted. Un gran escándalo.

¿Fabian? Sí.

Ven inmediatamente.

Necesito hablar contigo.

Ay, qué bueno que vino, señorita Eva.

La señora nos ha dado un susto tremendo.

Tuvo una crisis de nervios y no sabíamos qué hacer. No quiso que llamáramos a

ningún médico.

Ahora tomó este calmante y está un poco más tranquila.

Es absurdo que te pongas en ese estado.

Voy a llamar a papá. Te prohíbo que le diga nada.

No quiero saber de él.

No quiero saber de nadie.

Déjame.

La señorita me perdonará si hablo de lo que no debo.

Pero la señora está bastante enferma.

Ustedes apenas la ven y no se dan cuenta.

Pero no es la primera vez que tiene una de estas crisis.

Y a mí la verdad me da mucha pena, señorita.

Habría que ponerle un tratamiento o darle alguna medicina.

Está bien, gracias.

Estoy preocupada por la situación de mis padres.

De lo que deberías preocuparte es de tu madre, que siempre nos impide vernos. ¿Y

qué quieres que haga?

¿Matarla? Estoy tratando de ser razonable, Eva.

Y lo más razonable es que no nos viéramos más.

Te hago daño siempre.

No debías quererme.

No te merezco.

¿Crees que es posible dejar de querer a quien se quiere?

No puedo más, Fabián.

No quiero seguir viviendo en esa casa.

¿En qué estás pensando?

Llévame contigo, Fabián.

¿Tanto me quieres?

Sí.

Tanto. Llévame contigo. Me conformo con todo.

No sé si tienes dinero o no lo tienes, pero no me importa.

Solo quiero estar a tu lado.

Siempre. ¿Te arrepentirías pronto?

No, Fabián.

No. Sé muy bien lo que te pido.

¿O es que no me quieres?

Sí, Eva.

Sí.

Pero un paso tan grave.

Espera hasta mañana.

Hablaremos entonces.

Déjame pensar unas horas.

Nos veremos aquí a la misma hora.

Fabián. No.

No hables.

Quédate así, en silencio.

Es tan bonito este momento.

He tenido pocos en mi vida tan limpios.

Eva.

Eva. Eva.

Señora. Señora.

Te ibas con él.

No pensaste en mí.

Lo has esperado mucho, ¿verdad?

Pero él no fue a la cita. ¿Sabes por qué?

¿Por qué?

Mira.

Fabián Altamirano salió anoche para los Estados Unidos. En el mismo vagón

viajaba la famosa modelo Tina Miranda.

¿Ves?

Como no te quería.

Sí me quería.

Todos han conseguido que perdiera la paciencia.

Tienes tú la culpa. Si me hubieras dejado.

Pero yo te juro que lo haré volver porque me quiere.

Sí, María. No me hables. Te odio.

Te odio. No.

¿Cómo sigues?

No sé.

Toma esto.

Otra vez.

No hagas preguntas.

Es la misma receta de papás.

Ya ves que te hace dormir mejor.

Eva.

¿Necesitas algo?

No, no necesito nada. Gracias.

¿Has dormido?

Sí. He dormido mucho, pero con un sueño muy pesado. Toma.

¡Toma!

Mamá, tu medicina.

No bastan las que me das de noche.

No eres tú quien tiene que señalar las dos.

Duerme. Duerme.

Duerme.

Duerme.

No.

¿A quién acudir?

¿Será posible que me odies hasta ese extremo?

Mamá.

No has debido levantarte.

Eva, yo no quise hacerte daño.

Ese hombre no te quería.

Yo sabía que no podía quererte.

No hablemos de eso.

Si a mí me ocurriera una desgracia, tu padre se casaría con la señora Cain.

Y está enamorada de papá, pero él no la quiere.

Quintel lo ha dicho. Muy bien.

Y tú lo has creído. Sí.

Lidia es muy franca conmigo y no miente nunca.

Júrate que si se casan, no vivirás con ellos.

Me siento tan mal.

Todo lo que tienes son nervios.

Acuéstate y te daré otra oblea. No.

¿Por qué?

No quiero tomar más.

Es una receta de papá. No pueden hacerte más que bien.

¿Quieres tú que la tome?

Claro que quiero.

Entonces, está bien.

La tomaré.

¿Cómo te sientes?

Mal.

Muy mal.

¿Y esa maleta?

Siento que voy a morirme en esta casa.

No me importa morir.

Pero aquí no.

Aquí no.

Te he dicho que te hace daño levantarte. Vas a tomar otra ublea y te vas a

dormir.

No quiero más medicina.

No quiero esa medicina.

Te la voy a dar yo y la vas a tomar.

No lo hagas, hija.

No lo hagas.

Te arrepentirás después.

Siento que voy a dormir mucho tiempo.

Y quizá pronto no despertaré.

No lo hagas, hija.

No lo hagas.

Te arrepentirás después.

¿Qué te pasa, mamá?

Otra pesadilla.

¿A qué has venido?

No podía dormir.

Venía a tomar una de tus obleas.

¡No!

Son para mí.

Nadie puede tomarlas más que yo.

No pude pensar que... Perdóname, Eva.

En un momento pensé que tú... Pero cómo podía ser...

Mi hija.

Por eso quería irme de la casa.

¿Qué quieres decir, mamá?

Esa medicina me hace mucho daño, hija.

Quieres matarme con ella.

Te la dio la señora Kane, ¿verdad?

¿Pero la receta era de papá?

No.

No pienses eso de él.

Él ya no me quiere.

Le estorbo.

Pero él será incapaz de... Siento que me voy a dormir.

Otra vez.

Por mucho tiempo.

Pero ahora estoy feliz.

Que no eras tú.

No eras tú.

Ahora voy a dormir tranquila.

Ya no me importa morir.

Mamá.

Mamá.

Buenos días, señorita.

¿Está mi padre?

No. No vino a dormir.

Llame al doctor Montes que venga a ver a mi mamá.

Y usted no se aparte un momento de su lado. Pero, ¿y usted, señorita?

Yo tengo algo muy importante que hacer.

¿Qué se le ofrece, señorita? Por favor.

He perdido la caja de obleas que me dio hace unos días la señora Lidia. ¿Se

siente tan amable de mandar repetir la fórmula?

Con mucho gusto, señorita.

La señora Lidia suele tomar este medicamento, ¿verdad?

Creo que ya no. Hace unos meses estuvo muy nerviosa. El doctor se la recetó y

se mejoró enseguida.

La dosis son tres al día, ¿no? Sí, eso indicó el doctor en la receta.

Bueno, y... Y si se tomaran más, por ejemplo, diez o doce, ¿pasaría algo?

Sí, una dosis tan fuerte sería mortal. En unos cuantos días bastaría para

acabar con el enfermo. Por eso no vaya usted a tomar más que tres.

No, claro.

Con permiso.

¿Quién le recetó la medicina que tomaba?

Estaba preocupada.

Tenía insomnio.

Necesitaba dormir.

Yo misma tomé.

En dosis excesiva.

Voy a morir, doctor.

No, hemos llegado a tiempo.

Pero no vuelva usted a tomar nada.

Obligo. Sí,

doctor.

Doctor.

Se lo suplico.

No le diga a mi esposa.

Júrame por mi vida que no fuiste tú quien me dio esas obleas. ¿Qué quieres

decir?

Júramelo. Te lo juro.

Ahora explícate.

Hace días vine a hablar contigo para pedirte que volvieras a ver a mamá.

Lidia me dijo que tú también estabas preocupado, que no te debía molestar.

Entró a hablar contigo en este despacho.

Cuando salió, me recomendó que le diera esas obleas a mamá.

¿De qué hablaron los dos?

Dime la verdad.

Fui yo quien habló.

Le dije a Lidia que estaba dispuesto a irme solo, para siempre.

Que había llegado un momento que no podía soportar más.

Y...

¿Y ella?

Me pidió una semana más de plazo.

Me dijo que tenía la seguridad de poder convencer a tu madre para lograr nuestra

separación.

Yo le prometí.

Ella estaba segura de que en una semana podría solucionarlo todo.

¿Sabes cómo?

Matándola. ¿Estás loca? No.

Tú le dijiste que te quería así. Y para no perderte estaba dispuesta a todo.

Puso en cada oblea mayor cantidad.

Mamá está muy grave.

He mandado llamar a otro médico.

¿Cómo te has atrevido?

No podía yo tener confianza en ti.

Contesta.

¿Bueno?

Sí, doctor.

Sigue atendiendo.

Iré en cuanto me sea posible.

Tu madre le ha confesado al Dr. Montes que fue ella quien aumentó la dosis.

¿Y sabes para qué?

Para hacerte creer en ese melodrama de envenenamiento.

Lydia Kane ha querido envenenar a mamá.

¿No me crees?

No. Y no es así como lograrán separarme de Lydia.

No te casarás con la señora Kay.

Te lo juro.

Yo haré que ni siquiera la vuelvas a ver.

Eva. Hay algo en lo que tendrás que creer.

¿Está la señora?

Sí, en el salón.

Hola, querida.

Dile a Ernestina que se vaya.

Ernestina, vete a tu cuarto.

No te voy a necesitar.

¿Hay alguien más en la casa?

No. ¿A qué viene tanto misterio?

He visto las obleas vacías en tu despacho.

¿Es bastante?

No sé qué quieres decir.

Es inútil que sigas fingiendo, Lidia. Conozco toda la verdad. Ya lo sé.

Me lo ha dicho tu padre.

¿Está aquí?

No. Me habló por teléfono.

No te ha creído, Eva.

No creerá nunca más que lo que yo le diga. Te juro que esta vez no va a

creer.

No puedes probar nada.

Esa medicina eras tú quien se la daba.

Yo ni siquiera estuve en tu casa.

Ya lo sé. Te ha servido de mí, de su hija. No hagas dramas estúpidas. La

querías matar. Puedes evitarlo llevándosela lejos.

¿Crees saber lo que es querer por tu Fabián?

Necia. Fui yo quien le echó en tus brazos. Y quien le dejó que se fuera

cuando ya no hacía falta.

Porque yo sí sé querer.

Y quiero a tu padre con una pasión que está por encima de todo.

¿O es que te crees que dos tontas como tu madre y tú me lo podrán robar?

Nunca más volverás a ver a mi padre, Lidia.

¿Y quién me lo va a enterar?

Yo te lo voy a enterar.

¿Dónde está mi hija? Salió, señora.

Sí. Lidia, no volverá a hacerte daño.

¿Cómo es posible hacer eso?

No te muevas de ahí.

Espérame. Voy.

Eva.

Eva.

Tengo que ir.

Busca al señor.

No puede usted salir así, señora.

Déjeme acompañarla. Es más importante encontrar a Pedro.

Llámenlo. Búsquelo.

Gracias a Dios que aún está viva.

Déjala más.

Mi padre no debe tardar.

Tú estás demasiado enferma.

¿Qué te he dicho?

¿Les has creído?

Sí.

Por aquí, por aquí.

Esta muchacha ha venido a la delegación.

Dice que ha habido un... Soy el doctor Cuenca.

Acabo de esperar.

Y mira.

¿Pero quién le ha disparado? La señorita estaba sola con ella.

Quería... Quería enseñarle a manejar una pistola.

A la señorita Quincay.

Y se disparó.

Fue un accidente.

¿Es todo lo que tiene usted que declarar, señora?

Todo.

¿Puedo llamar a una ambulancia?

Habrá que llevarla a un sanatorio.

Vamos, Eva.

¿Y nosotros?

¿Nosotros?

Yo me quedo con mi hija.

Y tú con la mujer que quieres.

No puedo luchar más, Pedro.

Adiós.

Quisiera explicarte tantas cosas.

Solo hay una palabra que puede disculparme.

Perdón.

No comprendes.

Con haber vuelto ya lo ha dicho todo.

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