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Original subtitles

Por el próximo golpe de Joe Stalin.

Hasta otra.

ANTERIORMENTE

- ¿Quién era? - Victor Oh.

Ya lo conocía, de la guerra, en el 41.

Lo que ha oído. Cambié los vasos

y él bebió el veneno que era para una de nosotras.

Nafije y Ruhije.

Te estaríamos muy agradecidos si pudieras echarles un ojo.

Esta es la tercera vez que intentan matarnos desde Nueva York.

Lo primero que debe hacer es arrestar al camarero.

Y también a todos los miembros del personal.

- ¿Tiene reserva? - No, pero mi mujer sí.

¿Su mujer?

- ¿Le apetece charlar? - ¿Qué sabe Jack?

Que mi mujer y yo tenemos un acuerdo, que conocía a su difunto padre.

¿Nada más?

- ¿Deberíamos confiar en usted? - Supongo que lo averiguarán,

cuando venga el próximo asesino.

UNOS MINUTOS ANTES...

Hola de nuevo.

Hola.

Champán para ellas, supongo.

- ¿Quién es? - Soy yo.

¿Champán?

- ¿Has pedido algo? - No.

Ruhije.

No hemos pedido champán.

Ruhije.

¡Me ha disparado! ¡Mi cara! Ruhije, ¡me ha dado!

¡Eadie!

Eadie, ¿estás bien?

Hay otro, un hombre. Quieren matarnos. Un paso más y...

A ver,

vamos a calmarnos.

LAS PRINCESAS DESTRONADAS escrito por Matthew Sweet y Mark Gatiss.

SEGUNDA PARTE

Joder. Me duele.

- ¿Estás bien? - ¡Le ha disparado!

Esto no son los Cárpatos, lunática.

- Creía que tenía un arma. - ¡Era una botella de champán!

¡Oh, cielos!

- ¿Voy a morir? - Solo le ha rozado.

Por suerte para usted, princesa.

Esto ha sido un lamentable accidente, señorita.

- Eadie Rattle. - Srta. Eadie,

vivimos bajo la amenaza constante del asesinato.

El manto negro de la muerte

se cierne sobre nosotras como la niebla de Londres.

A veces cometemos errores por miedo.

- Debe perdonarnos. - No. Deberías presentar cargos.

No me digáis lo que tengo que hacer.

Ya estoy harta. Sencillamente harta.

- Y lo entendemos. - ¿Seguro? He terminado un turno

que empezó con un acoso y acabó con mi despido.

- ¿Despido? - Me han dado la carta de despido.

- ¿Por qué? ¿Qué ha pasado? - Porque

alguien saboteó las calderas. Les han metido aceite de linaza.

- ¿Por qué iban a pensar que fuiste tú? - Tendría motivos.

El Sr. Kind me riñó por enfrentarme a ese cabrón.

Y ahora, me han disparado.

- ¿Qué es eso? - Tartrato de morfina.

No dejaré que me pinche como a un alfiletero.

- Le aliviará el dolor. - Déjelo.

Y si piensan que voy a subirme al autobús

y decir: "Debe ser horrible que vuestro país os odie"

y os veáis obligadas a vivir en el Walsingham". Vuelvan a pensarlo.

No me extraña que estén tan paranoicas. Deberían estarlo.

Puede pincharme la morfina.

Entonces, Eadie Rattle, ¿qué sugiere que hagamos?

Me quedaré aquí esta noche, en la suite real.

- Solo hay dos camas. - Dormiré en la más grande.

Y desayunaré aquí.

Me parece poco teniendo en cuenta las balas que hay en la pared.

Reconozco las normas de hospitalidad en su país.

- Las he estado leyendo. - Así es, Sr. Book.

Estamos obligadas a acoger a quienes necesitan ayuda.

En la guerra, muchos oficiales británicos

se refugiaron en nuestro territorio y ninguno fue traicionado.

Dormiré en el sofá.

Bien.

¿Quién de las dos me dejará su cepillo de dientes?

Haré que vengan a echarle un vistazo.

Me alegro de verte.

Se nos ha ido.

Nunca lo conocimos.

Era imposible predecir cómo reaccionaría. Pero yo esperaba...

- ¿Empatía? - Algo así.

Eso es lo que les pasa a algunos.

Le tienen manía a cosas de las que no saben absolutamente nada.

¿Huckleberry Finn?

¡Muy bien! Puedes dormir en mi lado.

Me gusta esa Eadie. Es muy aguda.

- Como su majestad. - ¿La princesa?

¿Mucho trabajo mañana?

Bliss ha arrestado a Guzili.

Es un error.

Sospecho que pasaré la mañana demostrándole por qué.

- Sabelotodo. - Es una buena descripción.

Y, por cierto, son los Alpes Dináricos.

Son los Alpes Dináricos, cariño,

- no los Cárpatos. - Lo dicho,

sabelotodo.

Book.

Por aquí, Sr Guzili,

el inspector le está esperando.

¿Ya ha terminado con la taza?

Embolsada y etiquetada.

- Ya se la devolveremos. - Siéntese.

- ¿Va a detenerme? - Bueno, eso ya lo veremos.

Ya lo he dicho todo en mi declaración.

Solo una cosa antes de empezar. El Sr. Book estará con nosotros.

Es un especialista.

Sr. Guzili, es importante que aproveche la entrevista para decirnos la verdad,

porque, si no, no podré hacerme responsable de las consecuencias.

Sabemos de su aventura con Eadie Rattle.

Ella hizo su declaración.

Y, al parecer, usted tiene un posible móvil,

una razón para matar al Capitán Oh.

¿Porque se le insinuó a Eadie?

Debe suceder, como, tres veces al día.

¿A qué se dedica usted?

A vender libros antiguos.

He leído "El Kanun de Scutari". ¿Y usted?

Lo conozco.

¿Lo sigue?

Era muy importante en mi pueblo.

Bien.

Si le dijera que le vamos a dar el tercer grado, ¿qué esperaría?

- No lo sé, ¿una paliza? - Una serpiente.

- ¿Cómo dice? - Olvide el tercer grado.

Una serpiente. Vamos, ¿qué dice?

- Vodka. - Por fin.

Crema de menta,

zumo de lima y limonada.

- ¿Y el hielo? - Fue lo primero.

¿Tiene que agitarlo?

Piense, Sr. Guzili, esto es el Walsingham.

- ¿Va a agitar la bebida? - Hay que mezclarlo.

Buen chico. Lo sé.

Vermut francés, ginebra seca, granadina, cuatro chorritos.

- Agitado. - ¿Y cómo haría un Pensamiento?

- ¿Anís? - No, Sr. Guzili.

Todavía estoy a prueba. No soy un experto.

Eso ya lo veo.

Tampoco es un asesino.

- ¿Qué, cómo? ¿Por qué lo dice? - Porque dejó una enorme huella sucia

en la parte superior de uno de esos vasos.

Y un buen coctelero,

además de saber hacer un Tercer grado,

los vasos, siempre los coge,

por debajo.

Usted preparó la bebida para el capitán,

que es cuando dejó la huella en el vaso,

pero la bebida no era mortal.

Lo siento si esto suena insultante,

pero aún no ha adquirido la habilidad para envenenar

a nadie en un bar abarrotado a plena vista.

Especialmente con solo unos segundos

entre el incidente incitador y el crimen.

Pero ya lo conseguirá.

De hecho, me atrevería a decir que ya es un empleado modelo.

- ¿Me hará una carta de referencia? - ¿Por qué no?

¿Cuánto tiempo llevan las princesas en el hotel?

Cuatro días.

Se había dado cuenta de que siempre rechazan la primera bebida.

Así que la hizo con agua del grifo.

Sí.

Algunos empresarios ascenderían a un empleado tan preocupado

por el despilfarro.

Bueno, Sr. Guzili,

parece que puede ir a recoger sus cosas.

Nuestro amigo ya se va, sargento Morris.

De acuerdo, señor.

¿Y ahora qué?

Cualquiera podría haber metido ese ácido clorhídrico en la bebida.

Y Guzili era demasiado torpe para haberlo hecho.

Ayer por la noche descubrí

que "El Kanun de Scutari" tiene reglas muy estrictas sobre la hospitalidad.

No se puede hacer daño a nadie que sea tu invitado.

El capitán era el invitado de Guzili, y "El Kanun" es muy estricto.

¿Descubrió alguna otra cosa útil?

Ah, sí.

Si insultas a mi mujer delante del jefe del pueblo,

me debes una oveja.

Si mi mujer te insulta a ti,

te deberé cinco.

Creo que lo mejor es que seamos amables los unos con los otros.

Usted no estuvo en el ejército, ¿verdad?

Sabe dónde estuve.

Bueno, no importa. Camine recto, ¿quiere?

En palacio, una fila de soldados nos saludaba

justo al entrar a desayunar.

Y mírense ahora. Cómo han caído los poderosos.

Y por aquel entonces, no estábamos siempre mirando alrededor.

- Estábamos con nuestros seres queridos. - Muchacho,

- vaya a buscar al inspector. - ¿Qué ha pasado?

Otra carta amenazadora.

Veo que ya estás bien.

Lo han pedido ellas.

No me merezco menos.

Ya lo creo.

- Son balcánicos, por lo visto. - Qué bien.

- ¿Ves los aros dorados al final? - Yo soy más de Capstan.

¿No se suponía que me ibas a traer Bovril?

¿No tienes todo lo que necesitas aquí?

Es demasiado lujoso para mi gusto.

¿Dónde estaba la Srta. Eadie Rattle cuando murió el capitán?

Tomándose un té fuera, según su declaración.

¿Y ya se había administrado el veneno?

Destinado a las princesas.

Según mis fuentes de información,

es miembro del partido de pleno derecho.

¿Comunista?

- Más roja que los calzones de Lenin. - ¿Tendría motivos para matarlas?

En nombre de la nueva clase dirigente de Scutari.

También está la otra hermana, por supuesto.

¿De qué habla?

Sí.

Son tres, inspector.

Tres hermanas.

Un reino dividido.

La realeza exiliada, supongo.

En fin, la princesa Senije se pasó al otro bando.

Podría ser ella,

intentando asestar un golpe a favor de la clase obrera.

Deberíamos buscar aquí.

Es mi opinión, señor.

Sí.

Le gustaban las señoras, ¿no? Al capitán Oh.

Yo no lo habría dicho así.

Pero al menos ahora,

- tenemos el número de su casa. - ¿Qué? No.

- Esta debe ser su mujer, Sylvia. - ¿Cómo lo sabe?

Es la única que no tiene ninguna estrella.

Sí, también hay otro nombre conocido ahí.

Como usted dice:

M. Barberini. 2 de mayo de 1940, hipódromo de Ascot,

cuatro estrellas, Italia, ardiente. Está tachado, pero es legible.

- ¿Qué significa? - Es obvio, ¿no?

No solo le gustaban las señoras. Era un poco...

raro.

Quiere decir...

Que le gustaba, como suele decirse, tanto la carne como el pescado.

Conoció a ese camarero italiano en las carreras y tuvo relaciones.

Está ahí, negro sobre blanco.

- ¿Se conocieron en las carreras? - Hipódromo de Ascot.

- Hay más de una entrada. - ¿Y el móvil?

Chantaje, obviamente.

El capitán amenazó con desenmascararlo.

No, el capitán estaba casado. Es todo un poco...

- Es un poco inverosímil. - Nunca se sabe con los casados, señor.

¿Cuál es su gran teoría?

No puedo revelárselo.

Pero hablando de la Sra. Oh,

creo que alguien debería hablar con ella.

Se lo pediré a Trottie, si me permite.

Las esposas lo saben todo.

Aunque no lo parezca.

Un mensaje de ese muchacho, Jack.

Las princesas solicitan otra audiencia.

Una máscara de Winston Churchill.

- No. - Un casco de un piloto de la RAF.

Un tarro de pepinillos lleno hasta arriba de uñas de los pies.

Sí.

No es para los débiles

la vida de una camarera.

Pero mi padre tenía un pub en Bala.

Lo he visto todo.

¿El asesinato también?

No, no. Yo estaba fuera.

- No podéis culparme de eso a mí. - No, esa no era mi intención.

Aunque es una lástima.

Me hubiera gustado verlo caer.

Entonces,

saliste de la cárcel

y te pusiste a trabajar en una librería.

- Sí. - Para el Sr. Book.

- Sí. - Y ahora trabajas para las Scutari.

No por mucho tiempo, me temo.

No soy muy buen guardaespaldas.

¿Tienes algo de Marx?

¿Qué?

En tu librería.

"Das Kapital."

- Volumen cuatro. - Eso está mejor.

Y, ¿por qué te fuiste?

- No creo que sean mi tipo de gente. - ¿No?

Hay de todo, ¿sabes?

Como te digo,

he visto de todo en el Walsingham.

Puede que tengas que ampliar tus horizontes un poco.

Dime si te apetece ese Bovril alguna vez.

"Mis queridas princesas:

se me revuelve el estómago cuando os veo en el periódico

con vuestros huesos decadentes envueltos

en Madame de Baviere,

que pronto goteará

con vuestra asquerosa sangre". Ya veo por qué podría incomodarles.

Entonces, ¿qué va a hacer al respecto?

- Mi querida señora... - Diríjase a mí como corresponde.

Perdone al inspector, alteza real.

El policía es a menudo un instrumento más contundente que diplomático.

- Tal vez podría... - Como he dicho,

esta es la última de muchas,

llenas de veneno.

Nuestros enemigos son una legión.

¿No pueden dejarnos descansar? ¿No es suficiente

que tengamos que arrastrar nuestros cansados huesos

como fantasmas por todo el mundo?

Usted habla del Kanun, de hospitalidad.

Pero ¿qué pasa con la de ustedes?

¿Qué bienvenida hemos recibido en su famoso Londres?

Comida horrible, un frío horrible, un guardaespaldas que no sabe vigilar.

Y ahora, esto.

Haré lo que pueda,

dados mis limitados recursos.

Sí, por supuesto, y lo sentimos mucho.

Si eso es lo mejor que puede hacer...

Srta. Rattle.

Sí, Sr. Kind.

Ya me han comentado su desafortunado incidente.

Es una forma de decirlo.

Estoy bien,

pero creo que podría

darme un capricho a cuenta

de la alta sociedad.

Como me han despedido, puedo ser una huésped más del hotel.

¿Qué quiere decir?

Sus altezas reales.

- Lo pondré todo en su cuenta. - No gaste demasiado.

- ¿Cómo? - Nada. Srta. Rattle.

¿Sí?

¿Sería tan amable de venir a verme después de darse un capricho?

De acuerdo, Sr. Kind.

Eadie,

¿podemos hablar?

Quiero disculparme por la calidad del servicio de hoy.

La calefacción no funciona, la comida está fría.

Lo siento mucho.

Ismail,

nada de eso es culpa tuya.

Sí, me temo que sí.

Es por las tres botellas de aceite de linaza

que robé de tu armario.

Pero el aceite de linaza es para pulir.

Lo uso para las cornisas y las barandillas.

Sí, ya lo sé.

Pero lo vertí en el generador.

No envenené a Victor Oh, Eadie,

pero envenené el hotel.

Estaba enfadado,

conmigo, con ese hombre,

con este lugar.

Así que pensé

en matarlo.

Lo siento, Eadie.

Le confesaré todo al Sr. Kind y no perderás tu trabajo.

EN MEMORIA DE LA TRAGEDIA DEL ARANDORA STAR

REGISTRO DE NAVES

Usted.

Yo.

Esto no es fácil para mí, como se puede imaginar.

Por supuesto.

Acaba de perder a su marido.

Ese barco zarpó hace mucho tiempo, Sra. Book.

No es la primera de las conquistas de Victor que llama por teléfono.

Si le sirve de consuelo,

No lo hizo.

¿De qué habla?

Conquistar.

Antes venía aquí siempre.

Para verlo.

Con su última modelo.

Señora.

¿Lo ha leído?

Verse a una misma valorada

como ganado.

Usted cree que recibió su merecido.

- Bueno, no del todo, pero... - Quiero decir, ¡vaya cerdo!

¿Sabe? Tendría mejor opinión de él si fuera un diario de verdad.

Algo con un poco de verdadera pasión adúltera.

No se preocupe. No le echo la culpa.

Sé que Víctor desprendía carisma por los poros.

Y me acostumbré a sus aventuras.

No me afectaban.

Me acostumbré tanto,

que se convirtieron en un pasatiempo.

¿Le parece extraño?

Mi matrimonio se enfrió,

y mi vida se enfrió.

Creo que no he vuelto a sentir nada

desde Dunkerque.

Así que venía aquí.

Donde había luz y risas.

Normalmente.

¿No le preocupaba que él pudiera verla?

Hacía años que ni me miraba.

¿Por qué iba a empezar a hacerlo ahora?

¿Es por eso que pudo...?

¿Qué?

El veneno.

Usted estaba allí. Usted me dio el paño.

Le hubiera resultado fácil administrárselo.

Yo no maté a mi marido, Sra. Book.

Me daba pena Víctor, no le despreciaba.

¿Y quién fue?

¿Cómo pasó la guerra?

Él sirvió en El Cairo

y luego en los Balcanes.

¿Los Balcanes?

Y antes, estuvo aquí.

En el frente nacional.

¿Dónde?

En Ascot.

Es usted. Podría...

¿Qué dice?

"Muerte a los parásitos".

Gracias por venir.

Todo está estropeado.

Arenques, riñones, kedgeree, y los radiadores. Eso sin duda.

Hay una selección de embutidos.

Perfecto, dos de esos, por favor,

y asegúrese de que estén bien fríos. Aborrezco la inconsistencia.

- Claro. - El servicio es espantoso.

Llámeme María Antonieta,

pero esperaba que el inodoro funcionara.

Aun así, la calefacción funcionó durante media hora.

Dijo que era urgente, Sr. Book.

- En cierto modo. - ¿Está usted más cerca?

¿De qué?

- ¿De averiguar quién intentó matarnos? - Nadie intentó matarlas.

Pero las cartas.

- Las amenazas. - Usted las envió.

¿Qué?

Está loco.

- ¿Cómo se atreve? - Siéntese, princesa.

- La idea de que yo... - He dicho que se siente.

Puede que sea más diplomático que el inspector,

pero no puedo aguantar más esta pantomima.

¿Cuándo empezó

a enviar las cartas?

No de inmediato, me imagino.

Durante un tiempo, fue real.

Cuando huimos de nuestro país, había ojos por todas partes.

Temíamos comer y beber.

Vivíamos día a día, metidas en sótanos apestosos.

En las bodegas de barcos inmundos.

Pero la amenaza era real, Sr. Book.

En Nueva York, nos agasajaron.

Allí aman la realeza,

precisamente porque no tienen reyes propios.

Nos invitaron a todas las fiestas, conocimos a la gente influyente,

pero no hay nada más trágico que el exilio, Sr. Book.

Y nada más patético.

Al cabo de un tiempo,

se acabaron las invitaciones, el desfile siguió adelante,

y me di cuenta

de que habíamos pasado de estar en peligro a algo mucho peor.

Nos habíamos vuelto

irrelevantes.

¿Qué podía temer de nosotras el nuevo régimen de Scutari?

¿Por qué iban a enviar

asesinos al otro lado del mundo para acabar con nosotras?

¿Por qué nadie

iba a molestarse?

Hay algo glamuroso en la muerte,

en el peligro.

Así que empecé a escribir todas esas cartas,

tanto a nosotras como a las autoridades

de cualquier pobre país al que impusiéramos nuestra presencia.

Pago una módica suma a una mujer para que merodee por el hotel,

y las deje de vez en cuando.

Hay quien sospechaba

que su otra hermana era quien las escribía.

Está muerta, Sr. Book.

Vi cómo le disparaban en la cara.

Los comunistas

nunca confiaron en ella.

Y no pienso perder a otra hermana.

- Y entonces envenenaron sus copas. - No sabía qué pensar.

Nafije cambió las copas, como siempre, y luego,

aquel hombre, aquel capitán,

estaba muerto a nuestros pies.

Empecé a pensar de todo.

¿Se había vuelto todo real?

Pero ¿qué podía hacer sino continuar como siempre?

Lo hizo muy bien.

Gracias.

Sin embargo, el trazo de la pluma de su hermana es muy característica.

Ah, ¿sí?

Una pluma musical.

Trazo vertical fino y horizontal ancho, para escribir notación musical.

Para componer esas bonitas pero tristes melodías suyas.

Y las referencias a su vestuario

son bastante específicas para un asesino comunista desesperado.

No he podido evitarlo.

Entonces, ¿esto significa que...?

El capitán Oh era la víctima prevista.

Tengo que preguntarle, Sr. Book,

siguiendo el espíritu de las novelas negras,

¿quién lo hizo?

Esa es la cuestión, querida.

Señor.

No soy muy aficionado a estas cosas.

Me recuerda a los thrillers que uno encuentra en un quiosco.

Sin embargo, a veces resulta mejor reunir a todas las partes.

Por la unidad del lugar, y todo eso. Bien, la noche del asesinato,

el Sr. Guzili preparó una primera ronda de dos copas.

- Sí. - Que fue rechazada por las princesas

y se fue por el desagüe.

Y ahora es cuando viene el jaleo.

Y tenemos a un nuevo personaje: el capitán Victor Oh,

amablemente representado por el Sr. Kind.

Díganos, Srta. Rattle, ¿qué pasó después?

Estaba el capitán "como se llame", empapado en alcohol

y me dice que tiene un trabajito extra para mí,

que parece implicar que vaya a su habitación

y salga con dinero.

Así que me niego, por supuesto

y miro a la barra, a Ismail.

Lo miro porque creo

que podría ayudarme, que hará lo correcto.

Y no es así.

¿Qué pasa luego?

Pienso: "¿Me va a pegar el capitán?" Así que lo mando a freír espárragos.

Y luego él dice algo.

Una amenaza o algo. No estaba escuchando.

Y ahí es cuando entra Jack y me rescata.

Y entonces salí a fumar.

Gracias, Srta. Rattle. Entonces, el Sr. Guzili

prepara dos vasos más para una nueva ronda.

Cuatro Walsingham Sours

en total.

Tres buenos y uno, a punto de llevar un ingrediente extra.

Pero ¿cuándo se introdujo exactamente en la bebida el ácido clorhídrico?

Princesa Nafije, usted dice que cambió

dos de estos vasos, ¿verdad? ¿Cuáles dos?

Así, Sr. Book. Uno de los nuestros

por uno de los suyos.

Bien. Pero aún no bebe, ¿verdad?

Porque quiere ver primero cómo se beben el otro.

Lo cual es muy sensato cuando vive rodeada de asesinos.

Por tanto, tiene que esperar un poco más

hasta que se acabe la distracción.

Y este es el momento ruleta rusa.

Esto no fue un asesinato casual. Fue planeado con mucho cuidado.

Sabemos que el veneno no estaba en la coctelera

y que la princesa Nafije no merece ningún reproche.

Lo único que hizo su alteza real fue cambiar

un Walsingham Sour perfectamente bueno y seguro por otro.

De hecho, sugeriría que ninguna de esas bebidas

habría producido nada peor que una resaca

hasta el incidente con las monedas.

Ese fue el momento para que alguien envenenara uno de estos cócteles.

- El que iba a coger el capitán. - Sí, no hubo ningún error.

El capitán Oh, tenía que morir.

¿Por qué?

¿Recuerdan

el Arandora Star?

- No fue nuestro mejor momento. - Fue torpedeado por los alemanes.

- Fue el inicio de la guerra. - 2 de julio de 1940.

Hubo una pelea a bordo. Trasladaban un montón de presos a Australia.

- A Canadá. - A Canadá. Se peleaban entre ellos.

- Al menos eso decía el Daily Express. - Y el Parlamento, Sr. Book.

- Y no por eso es verdad. - Cierto.

Y,

Entre los pasajeros,

su hermana, María.

Barberini, M. 12 de enero de 1940. Hipódromo de Ascot.

16 de enero, Hipódromo de Ascot. 9...

Así que fue a ella a quien el capitán Oh conoció en las carreras.

Pero no había carreras durante la guerra.

- Exacto. - Ascot es donde

llevaban a los detenidos por el Reglamento 18B.

Nazis ingleses, alemanes antinazis,

vendedores de helado, vendedores de pasta,

camareros que alguna vez dijeron algo vagamente elogioso

sobre las medidas de Il Duce en Italia.

- Todos ellos confinados. - Un campo de concentración.

¿Qué tenían en contra de los Barberini?

Mis padres nacieron en Italia.

Alguien de aquí dijo que yo era fascista.

Me sacaron de aquí durante el servicio.

Me enviaron al norte.

Nadie protestó.

Especialmente el hombre que llevaba el bar durante la guerra.

¿Y su hermana?

En el 38, mi padre me dijo:

"¿por qué no pasas el verano con tu tía italiana"?

Vas a la playa con ellos. Al Campo Solare.

Enciendes hogueras, respiras aire fresco.

Te dan un bonito uniforme.

Como a los Scouts,

pero con los preceptos de Mussolini.

Y se trajo el uniforme a casa como recuerdo.

Fue suficiente para los hombres del 18B.

Estaba en su armario, sí.

Se la llevaron a Ascot.

¿La encerraron por un uniforme?

La gente se los toma muy en serio.

A Víctor le funcionaba.

Cuando llevaba su traje de marinero, la gente hacía lo que él decía.

- Le daba encanto, además de rango. - Encanto de rango.

Así fue como puso el nombre de María en la lista para Canadá.

Podríamos pensar bien de él

e imaginar que la sacaba del campo

y la llevaba a nueva vida lejos de la guerra.

Quería quitarse de en medio a la amante antes de que su mujer lo supiera.

Y ese barco,

era una trampa mortal.

Sueño con eso.

Esa gente,

empujando las barricadas.

Las grandes hachas de madera envueltas en alambre de púa.

Y luego el mar entrando y ahogándolos a ambos.

¿A los dos?

María y su bebé.

Del capitán.

Sabía su nombre, nada más,

pero no pude encontrarlo.

Fue por la guerra. Lo puso todo patas arriba.

Nadie tenía ninguna prisa por ayudar a un camarero insignificante.

Resultó que le había estado sirviendo durante meses.

Victor. Oh, mi viejo amigo,

no puedo dejarte solo ni cinco minutos, ¿verdad?

Esa chica no aguanta una broma.

¿Nos pone un par de…? ¿Cómo se llaman?

Walsingham Sours.

Para las dos damas.

Para sus altezas reales, más bien.

Yo invito, señoras.

El hombre que se llevó a mi preciosa María.

Mi querida hermana.

Así que hice lo que tenía que hacer.

Preparé el hielo

con un toque especial.

Oh, cielos.

- Qué vergüenza, le pido disculpas. - No tiene por qué disculparse.

Cuide de los peniques

y las libras se cuidarán solas.

Era su cumpleaños, ¿saben?

El cumpleaños de María, quiero decir.

Me pareció muy oportuno.

Sí, lo entiendo.

Y tomé la precaución de guardar un poco de hielo envenenado.

Hasta otra.

¡Espere! ¡No!

Solo es hielo normal.

Lo cambié antes.

Lamento mucho lo de su hermana, signor Barberini.

Pero ha cometido un asesinato.

Marco Barberini, queda detenido por asesinato.

No tiene que decir nada, pero cualquier cosa que diga,

puede ser tomada y utilizada en su contra en un tribunal.

¿Tiene algo que decir?

Por cierto, Sr. Kind,

el aceite de linaza en los generadores,

fui yo también.

Perdone.

Gracias a Dios.

Sr. Kind,

- ¿quería hablar conmigo? - Sí, Srta. Rattle,

estaba pensando en su puesto de trabajo.

Sé que usted no fue responsable del incidente con los generadores.

Sí.

Bueno, su despido fue innecesariamente precipitado.

Sí.

Sí, y quería decirle que me gustaría mucho volver a ofrecerle su puesto.

Bueno,

acepto.

Todo eso es muy satisfactorio.

- Tiene un libro de cuentas, ¿no? - ¿Cómo dice?

Uno con todas las entradas y salidas del personal.

¿Puedo ver mi entrada?

Está ahí.

Por supuesto.

Gracias.

Aquí estoy.

Edith Rattle.

Motivo de su marcha, sabotaje.

Bueno, vamos a borrar esto del registro.

Gracias, Sr. Kind.

Ahora, Sr. Kind,

dimito.

¿Dimite?

Sí, dimito. ¿Le importaría anotarlo aquí?

No puede dimitir.

Creo que acabo de hacerlo.

¡Arriba los trabajadores!

¡Arriba los trabajadores!

Lo ha hecho bastante correcto.

Dos más, por favor.

Para esas personas.

- ¿Echas de menos la guerra? - No sé cuál es el protocolo.

Creo que es una citación real.

Sus altezas.

Para usted, Sr. Book,

por el libro.

Gracias.

- ¿A qué viene eso? - 100 guineas.

No, ¿por qué razón?

Por nuestro ejemplar del "Kanun de Scutari".

En nuestro oficio, vale la pena especializarse.

No podrás cobrarlo.

Si puedo, lo donaré

al Fondo Conmemorativo del Arandora Star.

- Que lo disfruten. - Gracias.

¿Por qué brindamos?

Por nosotros.

Por los Barberini.

Sí.

- Por Marco y María y... - Todos los Barberini.

Los perdidos y los vencidos.

Todos los Barberini.

Los que llevan el nombre y los que no.

Y que no haya más ahogados.

Él me consiguió el trabajo.

El Sr. Book.

Hizo que usted me contratara.

Las princesas estaban buscando un guardaespaldas,

Gabriel me preguntó si podía ayudar.

Así que, intentaba cuidar de ti,

a pesar de vuestra pelea.

Le conoce bien.

Nos conocemos de hace mucho.

¿Cuidaba de mí?

¿O me estaba manipulando?

- ¿Por qué piensas eso? - Me buscó.

Me encontró cuando salí de prisión.

Era una trampa.

Un buen trabajo, un hogar.

- Sí. - ¿Por qué?

Tendrás que preguntárselo a él.

No soy un monstruo,

Sr. Kind. Estoy agradecido, por supuesto.

Es que...

Es mucho, ¿sabe?

Su acuerdo.

Como son el Sr. Y la Sra. Book. Como es él.

Es difícil para mí,

aceptarlo.

- ¿Tienes alguna objeción moral? - ¿Yo?

No puedo dar lecciones de moral.

Creo que has respondido a tu propia pregunta.

Book es amable.

Bueno, yo soy más amable,

de ahí mi apellido.

Pero no todo el mundo le hace justicia a su nombre.

No hay ningún motivo siniestro.

Quieren ayudarte.

¿Por qué no les dejas?

CERRADO ABIERTO

Enseguida estoy con usted.

Buenos días.

Sra. Goodwin.

- Jean. - Jean.

¿Quiere seguir la secuela? ¿De "La Pimpinela"?

No estoy segura. Creo que me apetece algo diferente.

- ¿No está su marido? - No.

- ¿Jugando al golf? - No.

¿En el Garrick?

Firmando el divorcio.

Esa obra que me dio:

"Casa de muñecas". Qué esclarecedora.

Como usted sugirió,

- me hizo pensar. - Eso me imaginaba.

Me hizo darme cuenta de lo estrechos que se han vuelto mis horizontes.

O más bien lo estrechos que Gerald había hecho mis horizontes.

El amor no siempre dura para siempre.

Yo nunca lo quise.

Es un hombre horrible.

Pero eso ya es agua pasada.

Está en manos de mi abogado, al menos.

Entonces, ¿qué puedo hacer por usted, Jean?

- ¿Qué tiene sobre viajes? - ¿Viajes?

Muchos viajes, montones,

exóticos viajes.

Creo que es hora de que vea un poco de mundo.

Tengo lo que necesita.

Enseguida estoy con usted, señor.

Gracias.

No puedes vivir sin él.

- Sin té, soy solo... - Polvo no reconstituido.

Es difícil olvidar el pasado, Sr. Book,

cuando tienes tantas preguntas.

¿Cómo cuáles?

Si no fuera por ti y Trottie, estaría…

bueno,

estaría durmiendo bajo un puente.

Pero ahora tengo un trabajo,

si sigue disponible.

¿Las princesas te han despedido?

He dimitido.

Me alegro por ti.

El trabajo sigue siendo tuyo.

Así que,

tengo un trabajo.

Y una pequeña habitación

encima de una librería en Archangel Lane.

Me pregunto:

¿por qué yo?

Tu padre me dio esto

la última vez que lo vi,

en 1935.

¿La última vez?

Falleció

poco después.

No he podido mirar este libro

durante años.

Y luego vino la guerra y estuve ocupado.

Bastante ocupado.

Solo hace unos meses que lo volví a coger.

Me atreví a cogerlo

y descubrí que había algo más de lo que pensaba.

¿Qué quieres decir?

"En algún lugar, paloma dócil e inconsciente,

que te sientas peinando cabellos dorados,

y te alegras al descubrir tu hermosura,

pobre niño,

"que esperas el amor."

Me está intentado hablar

de ti.

Del hijo que no sabía que tenía.

Debe ser de cuando fuiste concebido.

Felix.

¿Felix?

No sabía su nombre.

Solo esto.

Solo esa foto.

Tu padre era alemán.

¿Alemán?

Prusiano,

para ser preciso.

¿Y qué era para ti,

Sr. Book?

¿Qué era Félix para mí?

Lo era todo, Jack.

Y la guerra se lo llevó.

Él era toda mi vida.

¿Cómo murió?

No lo sé.

¿Quieres que lo averigüemos?

SUBTÍTULOS: ANNA ROCAMORA

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