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Original subtitles

Tú lo eres todo para mí.

¿Qué demonios ha sido eso?

"Enamorados en Londres", escena 28, toma tres.

ANTERIORMENTE

Espero que hayamos hecho lo correcto, dejando entrar a esa gente.

Una de las extras de la película, muerta.

- He suspendido el rodaje de momento. - ¿Qué sabemos de esta gente?

Stewart Howard.

Él y Sandra han decidido unir sus carreras. Los novios de la nación.

Luego está el honorable Jesse MacKendrick.

- ¿Es el director? - Y el guionista.

¿Y qué hay de Billy?

- Alguien intenta matarme. - ¿De verdad?

¡Estricnina!

¡Suéltelo! ¡Es veneno!

¿Se le ocurre alguien que podría querer matarlo a usted?

- Tengo donde elegir. - ¿Cuándo se lo vamos a decir?

Aún no.

Es uno de los extras.

Es Nerina Bean.

- Seguimos rodando. - Sí.

Y, acción.

No. Lo siento, Jesse.

¿Puedo pedirte diez minutos? Me sentará bien un cigarro.

Cortamos.

Escena 49, toma nueve.

Y...

acción.

Fue entonces cuando supe

- que nos habíamos enamorado. - Quite el sonido, por favor.

¿Podemos parar la película y echar un vistazo?

No, se quemaría en el proyector.

Creo que la diferencia es bastante obvia. Lo verá en un momento.

Aquí viene el cartero.

Sí, ya lo veo. Ha perdido 15 centímetros.

Mientras Sandra se fumaba un cigarrillo.

Así que, sabemos que entre las tomas ocho y nueve,

Nerina Bean se toma un descanso del rodaje.

Una hora después. ¿Correcto?

- No más de dos. - Digamos que no pasó el corte.

Bueno,

se quedó al pie de la escalera.

Ya sé quién es

el cartero.

Ah, ¿sí?

Estuvo en nuestra calle.

Lo he visto en el patio ahora.

¿Serías tan amable?

Sí.

Desde luego, se golpeó con mucha fuerza.

Demasiada para un accidente.

¿Se cayó?

¿O la empujaron?

NITRATO MORTAL escrito por Matthew Sweet y Mark Gatiss.

SEGUNDA PARTE

"Creo que John Mills tiene un pelo precioso.

Y siempre lleva las uñas muy cuidadas".

Es realmente apasionante, Sra. Book.

Bueno, Book cree que aquí hay algo.

Una pista. Nos gusta.

¿Sale mucho algún nombre? ¿Alguien que escriba a la revista?

Al parecer, el tal "Anónimo" es un colaborador bastante habitual.

"Intenté ponerme un lunar como Margaret Lockwood

y ahora mi madre dice que parezco una fulana".

Espere.

Ya he visto cartas de este antes.

Firma

como Basilisco.

Si pudiéramos atravesar la pantalla.

La magia del cine le está pegando fuerte, ¿eh?

No es eso.

Pasada la puerta, detrás del decorado,

hay unas escaleras donde creo que Nerina Bean ya estaba muerta.

¿Está relacionado con la chica envenenada?

Entrega especial.

El cartero:

Bart Masterson.

Kurt Masterson.

Normalmente hago de casero.

"Yo lo he visto. Le ha roto un vaso en la cara a ese tío y yo me he reído.

¿Lo ves?"

Muy bien.

Robert Newton debería ir con cuidado.

Pero esto no es un casting, Sr. Masterson.

Investigamos la desafortunada muerte que tuvo lugar aquí anoche.

La segunda en esta producción, después de la Srta. Barbara Markham.

Y parece tratarse de un descuido.

Pero ¿de quién?

- ¿Es usted policía? - El inspector Bliss lo es.

Hola.

- Yo le ayudo. - ¿Con sus investigaciones?

Con las partes complicadas.

Bien, Kurt Masterson no es su verdadero nombre.

¿Cómo lo sabe?

Anoche se fue pronto a casa, Sr. Masterson.

Me hicieron una oferta que no pude rechazar.

La conocía, a Nerina Bean.

Siempre leo su columna.

Me dio cinco libras, solo por mi uniforme.

- Me iba a sustituir y nadie lo notaría. - A ver.

¿Por qué querría hacerse pasar por usted?

Dijo que estaba escribiendo una historia.

"El venenoso secreto en el corazón de Enemistados en Londres".

"Enamorados".

Algo parecido. No fue muy específica.

Dijo que necesitaba una última prueba.

No entendí por qué; apenas salgo en la toma.

Vende muchas historias a la prensa. ¿Sobre los actores?

No.

Bueno,

nada importante. Solo si les gusta el visón o las plumas, o dónde beben.

O cuánto beben.

Gracias. Vendremos a tomarle declaración.

- ¿Eso es todo? - Así es.

He hecho de señuelo una vez.

Arthur Wontner fumaba su pipa y me miraba mal. No había sido yo.

Estaba en el momento y el lugar equivocados.

Bien, gracias.

Pero ¿por qué estaba aquí, Nerina?

¿Por qué tomarse la molestia de sobornarle y ponerse su disfraz?

Por la seguridad extra.

No podía quedarse fuera, ¿no? Supongo que necesitaba un disfraz.

El título de ese artículo, ¿eh?

Tal vez buscaba al envenenador.

Quizá sabía demasiado.

¿Qué es eso?

Solo una cosa que vi

impresa al revés, con tinta, en la mano de Nerina.

Algo que estaba sosteniendo.

Y debía de estar sudando.

Por el esfuerzo de subir las escaleras o porque le pesaba el uniforme.

Y, al revés,

dice:

"Ty Wins, Ty, Tywin, Ty-tywins, Ty-twins".

No lo creo.

Más bien dos palabras truncadas.

Yo tengo que volver al trabajo.

¿Trabajo?

Soy el doble de luces.

Eso no es un oficio.

Lo sé.

Como ser detective a tiempo parcial.

¿Qué mosca le ha picado?

Soy yo.

Está muerta.

¿La has visto?

Estaba al pie de la escalera.

Como una muñeca rota.

Dios, es horrible.

A ver, ella era horrible.

Pero, aun así es horrible.

Si la asesinaron, habrá muchos sospechosos.

La mitad de los actores.

- Todos ellos. - Cierto.

Todos la odiaban.

Tú la odiabas.

Y tú, ¿qué hiciste anoche?

Un trago con ese chico. Buen chico.

Y a casa.

- Estuve haciendo cosas de actor. - ¿Como qué?

Sí, ya sabes.

Firmar fotos, responder preguntas de los fans.

¿Cómo es tu cita ideal? ¿Qué sueles desayunar?

¿Tú estuviste aquí?

Sí, Stu, toma tras toma.

Una cosa tremenda.

¿Cuántas estrellas se han sentado aquí como yo?

Viendo las arrugas crecer.

El pelo ralo.

La carne caída. La barbilla...

Conocí a un hombre una vez, era astrónomo.

Él sí que sabía de las estrellas.

Me refiero a las de verdad.

¿Sabías que las estrellas que vemos en el cielo ya no están ahí?

Al menos la mayoría de ellas.

Porque la luz tarda tanto en llegar aquí,

que solo son ecos.

Fantasmas.

Solo la memoria de lo que fueron.

Cielos, nena.

Pero algunas de esas estrellas no se van en silencio.

No, cuando van a morir, al final de su vida,

se hacen más grandes.

Mucho más grandes.

Emiten más y más luz y calor hasta que nada puede eclipsarlas. Nada.

No quiero irme en silencio.

Quiero arder. Iluminar la ciudad como hacía antes

y explotar.

A los bombones les inyectaron el veneno con una de estas.

¿Por qué la tiene?

Bueno, no es ningún secreto, ¿no?

Soy diabético. Todo el mundo lo sabe.

Interesante.

Así que cualquiera podría haber tenido acceso a esto.

- Podría haberlo hecho usted. - ¿Por qué habría querido

- envenenar a la Srta. Dare? - Esa es la cuestión.

Ella no era el objetivo.

- ¿Y quién era? - Su prometido.

Sí, eso le da un cariz diferente a las cosas.

- El Sr. Howard le despidió. - Eso fue después de los bombones...

Pero le trataba mal.

Era su chico para todo.

En este oficio hay que tener la piel dura.

He tratado con egos más grandes que el de Stewart Howard.

Si me hubiera querido vengar, habría meado en su té,

no envenenado sus bombones.

- Y luego está la difunta Nerina Bean. - Sí, era una vieja bruja.

No hay que hablar mal de los muertos.

- ¿Tenía algo contra usted? - ¿Como qué?

- ¿Puede decirme dónde estuvo anoche? - Por supuesto.

- ¿Se tomó un descanso? - Claro.

Podría haber empujado a Nerina Bean por el hueco de la escalera.

Podría haber ganado la quiniela y pedirle una cita a Veronica Lake.

- Pero no lo hice. - ¿Qué es esto?

La página rosa de mañana.

Cambio de guion.

El Sr. MacKendrick ha cambiado la escena 34.

No es un gran cambio,

pero en este oficio, los detalles importan.

No querrá que los actores se den con el decorado.

Yo también soy un hombre de detalles.

Sí, soy terrible en el cine yo. Siempre sé enseguida quién ha sido.

A la Sra. Bliss la pone de los nervios,

pero como siempre le digo: el por qué es la cuestión.

Entonces, ¿por qué no van a ver un western?

¿Para ver a un montón de vaqueros matándose a disparos?

No lo creo.

¿Y cuándo va a casa, Billy?

Si me esfuerzo, Sr. Book,

puedo recordar la luz del día.

- ¿Puedo irme ya? - Bueno. Tendremos que analizar esto.

¿La insulina?

O la estricnina.

Basilisco.

¿Qué?

¿Te suena de algo?

Basilisco.

Nos hemos pasado la mañana rebuscando entre tus revistas.

Tengo el cerebro frito.

Y por fin encontramos lo que buscábamos,

una fan de Sandra Dare que escribía a Picturegoer a menudo.

Esto es de hace dos años.

"Por su aspecto, talento y su puro carisma,

nadie puede competir con la Srta. Dare".

Hay muchas así.

"En su última película, la estrella de 43 años

lleva el arte de la interpretación a un nuevo nivel,

pero por qué pierde el tiempo compartiendo pantalla

con Stewart Howard, nunca lo sabremos.

Un papanatas vanidoso y bobo".

Y otra, un año después.

"No puedo entender esa obsesión con Dare y Howard."

La Srta. Dare debería abrirse camino sola

y no cargar con ese mequetrefe zopenco y sin talento.

Por supuesto, siempre hay dificultades cuando uno apunta a las estrellas,

pero la dificultad, en este caso, es Stewart Howard".

Y hay muchas más en la misma línea.

Y todas firmadas

por Basilisco.

Ya veo.

Obviamente no les gustaba Stew.

¿Creen que esta persona envió los bombones?

No lo sé.

¿Es demasiado pasar de que no te guste una estrella de cine

a enviarle estricnina?

A veces las discusiones se ponen

intensas, en los encuentros.

- ¿Encuentros? - Sí.

Nos reunimos y charlamos.

A veces el estudio envía a una estrella para inaugurar algo.

Así conocí a Barbara.

¿Y nunca te has encontrado con Basilisco?

¿Cómo podría saberlo?

Si no usa su nombre real.

¿Y bien?

El camerino de Howard está limpio como la coronilla de George Zucco.

¿Y el de la Srta. Dare?

Igual.

Probablemente.

¿Quién sigue?

¿No nos oirán?

Para nada.

Sabemos dónde estuvo anoche, Sr. MacKendrick.

Ya lo creo.

Un director nunca tiene tiempo para sí mismo.

En el descanso, fui a mi despacho. Solo un pequeño cambio para mañana.

Una página rosa, ¿no?

- Mi secretaria puede confirmarlo. - Estas escaleras, ¿a dónde llevan?

A utilería, oficinas. Es todo un laberinto.

Hay un depósito de películas. Está bien, lleno de amianto.

Los tesoros del cine británico.

- Realmente no. - ¿No?

¿Entonces qué?

Bueno, las películas se estrenan en Leicester Square,

viajan por todo el país, después van a las salas de segunda,

y cuando están tan rayadas

que cada escena parece la Antártida, acaban aquí.

En casa.

Se las llevan al tanque.

¿El tanque?

¿Qué ocurre allí?

Acaban con su sufrimiento.

Las disuelven en hipoclorito de sodio.

¿Y por qué aquí?

Por los vapores, Sr. Book. Los vapores.

Entra una vieja baratija protagonizada por un terrible cómico,

y sale algo útil.

Pintura impermeable. Y haluro de plata.

Qué extraña industria artesanal.

Es valioso. Más de lo que hay en las películas.

- Es un esfuerzo excesivo. - Es un proceso sencillo.

- Los químicos hacen el trabajo. - No, me refiero a hacer una película.

Las estrellas y las luces, rodar todas esas escenas,

para luego fundirlo todo aquí.

El cine británico es estúpido, inspector.

Nunca cuenta nada. Eso tiene que cambiar.

Y, entonces, haré películas que no acabarán aquí.

Silencio, vamos a probar las luces.

Sr. Howard, necesitamos que se ponga en su sitio.

Sr. Howard,

por allí, por favor.

- Adiós, cariño. - Adiós.

Sr. Howard.

- Sr. Book. - ¿Tiene un segundo?

Claro.

- Una cuestión ya anticuada. - ¿Cómo dice?

¿Dónde estuvo anoche?

Después de unas copas con Jack,

me fui a casa. Pero no pude dormir.

Me pasé mucho tiempo mirando al techo, contemplando la mortalidad.

Ya sabe.

¿Algún testigo? Siento sonar tan oficial.

Claro que no. Sandra y yo estamos prometidos.

Ya había oído algo.

¿Y Nerina Bean?

¿Lo estaba chantajeando?

¿Sobre la cárcel?

Soy muy cauteloso.

Creo que nunca llegó a enterarse.

Debo irme. Hasta pronto.

Ha habido un asalto con robo en Crystal Palace.

Un montón de anillos de boda desaparecidos y un cráneo roto.

Un crimen muy de película de serie B.

¿Podría quedarse por aquí?

Y vigilar a las estrellas.

Sí que son estrellas.

¿Pero qué más son?

Venga, sargento. Vámonos.

Gracias, tío.

Recortes.

- Hemos encontrado un rastro. - Un trabajo excelente.

Sra. Book, no esperaba verla aquí.

El Sr. Howard nos invitó a venir y le he traído una cosa a mi marido.

¿Comida?

Pistas.

- ¿Qué? - Aquí hay un rastro muy interesante.

Y antes me pareció ver algo también, en la nota.

Una frase repetida.

Y las firma todas.

Basilisco.

- ¿Qué? - Es una criatura mitológica.

Mata solo con la mirada.

Igual que la Srta. Dare, que está mirando hacia aquí.

¿Me disculpa? Gracias, cariño.

¿Quiere que le haga un tour, Sra. Book?

Me encantaría.

Entonces,

¿el papel pintado no encajaba con su historia?

No, porque el héroe, Tony,

desea el placer, pero le tiene miedo.

Está reprimido. Eso es de Freud, ¿sabe?

- Ya entiendo. - El papel,

no nos da esa idea, porque sirve para tapar cosas.

No como los pasteles.

Los pasteles son lo contrario de los libros.

No recuerdo eso de Freud.

Ah, sí, muy bueno.

Por favor.

¿Está lista para trabajar en pos del arte?

Sí, supongo.

Antes de que se vaya, querría comprobar unos detalles.

¿Cómo ayuda exactamente a la policía, Sr. Book?

Compruebo los detalles.

Es un alivio saber que los bombones no eran para usted.

Por supuesto, pero estoy preocupada por Stu.

Claro.

Sé dónde estuvo anoche, Srta. Dare, porque he visto los brutos.

Era esa escena en la que mira a través de la ventana

y piensa en lo resistente que es su amor.

Con Nerina Bean entre los artistas de fondo.

¿Nerina?

¿Estaba en el set?

- ¿En la toma? - Sí.

Momentos después,

- estaba en las escaleras. - Sí.

Y luego al pie de la escalera.

Sí, bueno, eso ya lo sé.

Quizá la mataron porque sabía quién había enviado los bombones.

¿Es eso lo que piensa?

Es solo una hipótesis.

Espere un momento.

No creerá que yo...

No. Quiero a Stewart.

Somos todo el uno para el otro.

Todo para la taquilla, en todo caso.

Veo que ha oído los chismes.

Si eso fuera cierto,

tendría menos motivos para deshacerme de Stewart.

Somos uña y carne.

Cuando terminó de rodar, volvió a su camerino,

- supongo. - Sí.

Billy querido, ¿me traerías un café, por favor?

- Ahora mismo. - Con un poco de leche.

- Yo otro, Billy. Uno fuerte. - Claro, señor.

- Aquí todos trabajan muchas horas. - Nosotros cerramos la tienda

a las 5:30.

Querida, en la época dorada del cine

se filmaba una película por el día y otra por la noche.

Y cuando esa puerta se abría para el relevo de las diez, no sabéis.

Cerveza rancia, cáscaras de naranja, gas. Gracias, querido.

Los años 30.

Qué buena época.

¿Azúcar, señor?

- ¿Qué? - Es asqueroso. Qué amargo.

¿Quiere un poco de leche?

No.

Billy, tráeme agua.

- Dios mío. - Jesse.

Los mismos síntomas.

- ¿Señor? ¿Se encuentra bien? - Sigue respirando.

¡Abra!

- Trague, tan rápido como pueda. - ¿Qué le está haciendo?

Salvarle la vida,

alguien debería llamar a una ambulancia por si me he equivocado.

¡Una ambulancia!

- Agua, Sr. MacKendrick. - No te vayas.

No. Mírame.

No hemos llegado ni a la vuelta de la esquina.

- ¿Está herido? - Es principalmente estético.

¿Qué es eso que tiene en la boca?

- Es principalmente estético. - Máscara de pestañas.

Carbón.

Creo que las hacen con carbón. Y con vaselina.

Un poco arriesgado. El carbón es bueno para la estricnina.

Aún no me han dicho qué había en el bombón de Barbara Markham.

- Podría ser cualquier cosa. - Tenía convulsiones.

- La estricnina provoca eso. - Así es.

Qué sangre más fría tiene mi esposa.

Te deseo lo mejor, mi querido Jesse.

- Esperen, mi bolsa, mis cosas. - Permítame.

Qué torpe soy.

Gracias, Sr. Book.

¿Está en el café?

Todos han bebido y parece que están bien.

Pero ¿qué...?

No está tan malo.

Entonces, estaba en la taza.

Lo añadieron después.

Es lo que uno pensaría.

Qué poco preciso.

Me acabo de enterar. ¿Jesse?

- Lo han envenenado. - Madre mía.

¿Era para mí?

- No lo sé. - El nuevo horario, Sr. Howard,

señorita.

Puedes irte, Jack.

Ya no rodaremos hoy.

- Ya estamos. - Claro.

Bien.

Vámonos, ¿de acuerdo, Trottie?

¿Qué le pasa a Jack?

No lo sé.

Ha estado raro conmigo todo el día.

UNA SÚPLICA PARA CHRISTIANA

Escrita y dirigida por Jesse MacKendrick.

Nora, ¿estamos diversificando?

LIBRO DE CÓCTELES DE SAVOYA Estoy poniéndome al día.

¡Al centro y adentro!

- Oiga. - Eres una niña.

Tu tío me descuartizaría.

- Me voy a dormir. - ¿Estás bien?

Un día largo.

¿Qué pasa con tu dieta habitual de sangre y vísceras?

Me he aburrido un poco.

Están matando de hambre a una mujer en Penge.

Nora, ¿me haces un favor?

¿Dónde están esos almanaques de cine?

- ¿Las revistas que trajo esa chica? - No. Tenemos una pila de almanaques.

De cine antiguo.

De cuando aún lo llamaban celuloide. Si no me falla la memoria,

entre "William Friese-Green" y "Qué verde era mi valle".

Correcto.

Aquí está.

Christiana Edmunds. CASOS FAMOSOS.

Ad astra per aspera.

¿Qué?

Nada.

- Y la escalera no va a ninguna parte. - No pasa nada.

Nunca suben las escaleras.

Igual que en casa.

Pero no hay techo.

En las películas nunca hay techos. ¿Por qué debe ser?

Para que no entre la luz.

El raccord, Sr. Book.

Perdón.

¿Cómo es la vida de un doble?

- Solitaria. - Jack, tengo que hablarte de una cosa.

Jack. Jack.

Vuelve a la posición, por favor.

Sr. MacKendrick, me alegra verle sano y fuerte.

- ¿Ya está recuperado? - Sí. Gracias a la Sra. Book.

Nunca pensé que este oficio sería tan malo para mi salud.

- Es agotador. - ¿Más agotador que correr?

Mucho más. Aunque ya estamos acabando.

- Sí. - Perdone, Sr. Book.

- ¿Me disculpa? Estoy ocupado. - Claro.

¿Cuál es la historia hasta ahora, Sr. Howard?

Hemos tenido un apasionado romance intelectual, Madeleine y yo,

pero llega un telegrama, el telegrama fatal.

- ¿Qué dice? - Han encontrado a su marido

- en un campo de prisioneros japonés. - Qué mala suerte.

Está volviendo a Blighty hecho un saco de huesos,

pero supone un dilema, en lo que al amor respecta.

Y ella me dice que tiene que dejarme.

- ¿Y usted qué le dice? - Nada, por supuesto.

Los guionistas nunca ponen texto.

Prefieren un plano de reacción

acompañado de la música.

A sus puestos, por favor.

Hay que reconocer que Jesse me escuchó.

En vez de quedarme ahí cazando moscas,

cojo fuerzas y vuelvo estoicamente al trabajo.

Como en "Tío Vania".

Es lo que Jesse tenía en mente.

Pregúntele.

Puede que lo haga.

"En tres tristes tumbas

- tragaban trigo, tres tristes tigres". - Vamos, Billy.

En tres tristes tumbas. Tragaban trigo, tres tristes tigres".

Escena 34, toma uno.

Y...

- acción. - Ahora que ha llegado el telegrama,

Creo que siempre supimos que llegaría.

¿Es este nuestro final?

No digas esa palabra, Stewart. Sabes que me duele.

- Pensaré en el tiempo... - Ha dicho Stewart.

Has dicho Stewart.

Corten, vamos otra vez. Posiciones, por favor.

- ¡Posiciones! - Billy.

¿Sí, Sr. MacKendrick?

Relévame, ¿quieres? Llamada de la naturaleza.

Listos.

Silencio, por favor.

Y...

acción.

No digas esa palabra, Tony. Sabes que me duele.

Todavía hay tiempo, ¿sabe?

¿Tiempo para qué?

Para hacer lo correcto. Detener el rodaje.

Hace tiempo que sé de cierta relación secreta en su vida.

- No somos… Ella no es... - Con Sandra, no.

Con la estricnina.

He leído cierta información en Estudio sobre el deporte universitario.

La tomaba como estimulante

para superar esos últimos metros agonizantes de la carrera.

Imprudente, la verdad.

- Su padre no estaba muy contento, ¿no? - No.

Tuve algunos problemas. ¿Y qué?

Y luego está Christiana Edmunds.

La heroína de su nueva película.

Era un nombre familiar.

Se enamoró de un doctor

y creyó que él estaba enamorado de ella. Pura fantasía.

Pensó que podría ayudarle a escapar

de su esposa llevándole una caja de bombones de chocolate envenenados

que la esposa escupió justo a tiempo.

¿Y qué veneno eligió?

Estricnina, por supuesto.

Hay un cierto leitmotiv, ¿no?

He tenido mucho tiempo para pensar. Demasiado, me atrevería a decir.

Y creo que hemos estado viviendo en una especie de sueño.

Es hora de que ese sueño termine.

Tú, debes quedarte aquí con tus libros.

Y yo,

debo volver con mi marido.

No tengo opción.

No quería matar a la pobre Barbara Markham.

Y puede que le evite la horca.

Pero no puede argumentar lo mismo sobre lo que está pasando aquí.

No tiene más oportunidades, Jesse.

Maldito metomentodo, maldito sea, Book.

- ¿Qué ha sido eso? Me ha dolido. - Corten.

Bueno.

Demasiado tarde.

- ¿Estás bien, Stu? - Estaba en la caja registradora.

Se me clavó

cuando apreté el botón.

Dios mío.

- Dios mío. Tú. - Tengo un nombre, Sr. Howard.

Es lo que le pasó a la chica.

No, Barbara Markham tragó estricnina.

El veneno estaba en un alfiler de la caja registradora,

por lo que iría directo al torrente sanguíneo.

Si Jack y Billy no hubieran seguido mis instrucciones a la perfección

y no lo hubieran cambiado por uno limpio.

La página rosa me dijo dónde buscar,

pero fue Billy quien lo encontró.

Debería estar agradecido de que sea tan diligente,

teniendo en cuenta lo grosero que es con él.

Usted también debería agradecerle, Jesse.

Un nombre menos en la hoja de cargos

junto a la joven Barbara Markham.

Lo hice por ti, mi amor.

Todo por ti.

- ¿Qué? - Para poder estar juntos.

Te hubiera convertido en la estrella más grande.

No con basura barata, sino en una película de verdad.

¿De qué demonios estás hablando?

Ha estado obsesionado con usted durante años, Srta. Dare.

Escribía cartas a Picturegoer,

con un seudónimo, claro.

Basilisco, el escudo de su familia.

Todos esos libros que leyó en la tienda el año pasado.

Así es como se le ocurrió su obra magna.

Por desgracia,

dejó un pequeño rastro por ahí.

Vio que nos estábamos acercando demasiado a la verdad,

y por eso de repente le notó un sabor extraño a su café.

Fingió el envenenamiento.

Podría haber dicho:

"Sabe amargo",

como suele hacerse en las películas.

Pero eligió las convulsiones,

porque sabía que Barbara Markham había muerto por la estricnina.

Estaba familiarizado con los efectos. Son desagradables, ¿no, Trottie?

Sí, espasmos, falta de aire y agitación. Nunca lo olvidaré.

Fue una buena actuación, Jesse.

Pero déjeme darle un apunte, señor director.

Se tarda unos minutos en empezar a tener espasmos.

Y con usted, fue inmediato.

Ad astra per aspera.

Hacia las estrellas, a través de las dificultades.

El lema de su familia.

Llegó a las estrellas, ¿verdad, Jesse?

O a la única estrella que le importaba.

- Sandra Dare. - Mi familia tiene dinero.

Mucho dinero. Así es como entré en este sucio sector.

Podría haber financiado nuestra película.

Pero él lo estaba estropeando.

Él.

¿Y qué mejor publicidad?

Una trágica viuda superando su pena.

Interpretando al papel de su vida junto al brillante joven guionista.

Guionista y director.

Guionista y director, que la consoló.

Es horrible.

Es una locura.

- Pobre tonto. - Serías una nueva Sandra Dare.

Un personaje de tu edad,

sin maquillaje, un papel para mostrar tu verdadero talento.

¿Sin maquillaje? ¿Estás loco?

¡Soy Sandra Dare!

¿Así que fue él?

Él mató a esa chica.

- Sí. - Y a Nerina Bean.

No, a Nerina Bean no.

¿Qué?

No a Nerina Bean, la chica de la pluma envenenada.

Jesse tiene una coartada sólida.

Estaba en su despacho,

con su secretaria a su lado pasándole el papel carbón,

tecleando una manera de asesinarle, Sr. Howard.

¿Entonces quién fue?

¿Dónde la encontramos?

- Al pie de las escaleras. - ¿Qué lleva a dónde?

Al almacén, las oficinas, el depósito.

El depósito, sí.

Donde yacen algunos de los restos olvidados del cine británico.

De una película en particular.

Encontré la referencia en un viejo almanaque de cine en mi librería.

¿Qué película?

"Kitty Wins the Calcutta Sweep".

¿Eso qué es?

Es la película que encontré en su camerino.

Sandra.

Billy, llama a Bow Street.

- Que venga Bliss. - Sí, Sr. Book.

Nunca la amaste, Stewart.

No como yo.

Hace mucho que no hago esto de verdad.

¿Sandra?

Sandra, se ha terminado.

¿Por qué no sale y se explica?

Yo no era Sandra Dare en aquel entonces.

Era

Deirdre Piddock.

Fue hace mucho tiempo.

La película se había perdido

hasta que Nerina

la descubrió.

Y luego yo la descubrí a ella.

Fue pura casualidad.

Yo estaba volviendo a mi camerino y vi

a alguien, un extra.

Y entonces la reconocí.

Y vi lo que tenía en sus manos sudorosas.

Nunca nada me había enfurecido tanto.

Nada, en toda mi maldita vida.

- ¡No! - Aparte sus manos.

¡Suéltela! ¡Diva!

¡Démela!

Se golpeó contra ese escalón

como un coco de feria. Murió al instante.

Pero fue un accidente.

Lo juro.

Fue un accidente.

Pero ahí estaba.

La copia maestra.

Este oficio puede perdonarte muchas cosas,

pero envejecer no.

¿Está fumando, Sandra?

Cuando la película de nitrato arde, Sandra,

fabrica su propio oxígeno.

¿Cree que no lo sé, Sr. Book?

Soy una veterana de la gran pantalla.

Por eso la guardan en un depósito de amianto.

Si deja caer ese cigarrillo, se encenderá como una antorcha.

Y Trottie y yo no saldremos ilesos.

Y tampoco Stewart.

¿Stewart?

Cariño.

No tiene por qué ser así.

Pero ella les habría contado mi secreto a todos.

Que yo hacía películas cuando Lenin estaba en el poder.

Eso habría arruinado mi reputación.

Y te lo he dicho.

Quiero seguir y seguir e iluminar la ciudad y explotar.

Sandra,

el guion que escribió Jesse, lo he leído.

Trata de una mujer que comete

un terrible error moral.

Pero afronta su destino con dignidad.

El inspector Bliss no tardará en llegar

y quedará detenida.

Pero antes de que llegue,

podría ahorrarle un poco de humillación.

¿Qué me dice?

Vamos al tanque.

Traiga esa película.

La que le muestra como una joven

de 17 años con toda la vida por delante.

Antes de que esta profesión le convirtiera en lo que es.

Oh, no, Sr. Book.

Siempre lo he tenido dentro.

Siempre he sido una estrella.

Creo que eso es lo que vio la cámara.

Y por eso siempre me han querido.

Deme un momento, ¿quiere?

Estás fantástica.

Ya es suficiente.

Voy a patear la puerta.

Por ahí. ¡Vamos!

- Es una tragedia. - ¿Los...?

¿colgarán?

A Jesse MacKendrick, sin duda.

Estoy seguro de que el jurado será amable con la Srta. Dare.

Fue un accidente, después de todo.

Ahora es un hombre libre, Sr. Howard.

Lo que quería.

¿Pero a costa de qué?

Eso sí.

Trágico exprometido.

Un hombre con el corazón roto.

Soltero.

¿Qué está pensando?

Fue un accidente, ¿no?

¿La muerte de Nerina Bean?

Bueno,

nunca lo sabremos, inspector.

Después de todo,

Sandra Dare es una muy buena actriz.

Hola, Jack.

¿Qué pasa?

Jack,

tenemos que decirte algo.

Siento no habértelo dicho antes.

Queríamos dejar que te instalaras. Es un asunto delicado.

Se trata

de nuestra relación.

Creo que ya lo sé.

¿Es tan obvio?

Bueno, al principio, no...

Sí.

Encontré la fotografía.

¿Fotografía?

De mi padre.

Tiene una foto de mi padre.

Es igual a la que tengo yo.

Y esto.

Sé que no debí cogerlo. Lo siento,

pero con la foto, no...

Eric Percival Banks, su primer marido.

¿Este es él?

Trottie,

¿eres mi madre?

No, querido.

En absoluto.

Lo siento mucho.

¿De qué va todo esto?

Jack,

tenemos mucho que contarte.

SUBTÍTULOS: ANNA ROCAMORA

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