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ANTERIORMENTE Soy Book y tengo una librería.
- Has venido por el trabajo, ¿no? - Sabe de dónde vengo, ¿no?
Tengo un pequeño hobby
y tengo que ausentarme de la tienda cada vez más tiempo.
Tienes que quedarte con nosotros, ahora que trabajas aquí.
- ¿En qué consiste su trabajo? - Vendo libros.
Pero eso no es todo, ¿no? Ayer, allí, en las ruinas…
¿No crees que hayan muerto en el bombardeo?
La calle Inkerman estaba vacía, ¿no, Sr. Baseheart?
- Había programada una demolición. - El caos reina el mundo, Jack.
Y yo tengo un sistema.
¿Cree que fue un suicidio?
Un farmacéutico, ¿por qué elegiría suicidarse
con algo tan horrible como el ácido cianhídrico?
Lo han matado. Tenía una hija, ¿no?
Una arpía horrible, codiciosa y rastrera.
Y entonces, tuvo el descaro de fugarse con él.
Papá creía que Mickey le estaba robando.
El testamento del farmacéutico. No le ha dejado nada a la hija.
Esta es una tarea crucial, ¿lo entiendes?
No te lo pediría si no creyera que estás preparado. Más que eso:
que eres la única criatura del plantea a quien podría confiarle esto.
Este mensaje debe llegar a Trottie
y a nadie más. ¿Está claro?
¿Está claro?
Buen chico.
Venga, ve.
- Buenos días. - Buenos días.
Perro, quieto.
¿Puedo ayudarle?
Sí.
Me refería al papel. Es un poco pronto para lo demás.
¿Para qué?
No importa.
Busco a la Sra. Book.
Aquí estoy.
- Es una lástima. - ¿El qué?
Que esté casada.
¿Quería algo?
Sí, me ha enviado su marido.
- Por un problema con el alternador. - ¿Mi qué...?
El coche.
Me dedico a eso: A los coches.
¿Y el Sr. Book le dijo que viniera?
Sí, sí.
No sé por qué no llamó a alguien de la zona,
pero no voy a decir que no. Donde hay trabajo, voy.
Ya veo.
¿Tiene fuego?
Sí, tengo,
- por aquí. - Un momento.
Tiene que estar por aquí.
HA VENIDO A REPARAR UN COCHE. EL DEL SR. WELLBELOVED PUEDE COLAR.
¿TE LO PUEDES LLEVAR A DAR UNA VUELTA?
Aquí está.
Gracias.
Así que, ¿es usted mecánico, señor...?
Mickey.
Mickey Hall.
Y sí, tengo un taller.
En Mile End.
¿Todo suyo?
Bueno, no. Mío y de...
No, sí, todo mío.
Ya veo.
Si me disculpa un momento,
tengo que ir a buscar
mi coche.
Claro, sí. Yo la espero aquí.
- ¡Lo estaba buscando! - Buenos días, Sra. Book.
Buenos días, Eric. Me pregunto si me podría hacer un favor.
Lo que sea por una dama.
Sheila siempre presume de tener un espléndido Daimler, ¿no?
- Sí, tiene uno. - ¿Está aquí?
- ¿Puedo pedirle prestado el coche? - No hace falta. No le importará.
Está aparcado aquí detrás. Le traeré las llaves.
- Gracias. - Sí.
Los equipos de limpieza trabajan en la zona de Bloomsbury
donde se ha retirado parte de los escombros...
¿Hola?
- ¿Hola? - ¿Qué pasa?
Un pinchazo, creo. Uno de los gordos.
Le he dicho a mi padre que así no llegaré a Cambridge.
¿No me podría echar una mano?
No me encargo de esas cosas.
- Solo estoy cuidando el taller. - Le estaría muy agradecida.
Bien. A ver qué tiene Mickey.
Gracias, de verdad.
Debería haber un kit de reparación por aquí.
Se lo agradezco mucho.
Mickey deja las cosas en cualquier sitio.
¿Qué tamaño necesitas?
CIGARRILLOS NIGHT HAWK
LIGERAMENTE MOTEADO escrito por Mark Gatiss.
SEGUNDA PARTE
No corra tanto.
- ¡Oh, Dios santo! - No tiene ningún problema.
El alternador, quiero decir. Su marido
- tenía problemas para arrancarlo? - No me lo dijo.
- Tal vez debería ponerme las gafas. - ¿Tal vez?
Se lo agradezco, Sr. Hall. Ha sido...
- todo un paseo. - No hay de qué, cielo.
Y,
Si alguna vez
quiere ir un poco más lejos...
¿Tal vez el domingo?
Aunque me resulta muy tentador, los domingos me lavo el pelo.
Además...
¿Además?
Creo que va a tener ciertos asuntos de los que ocuparse.
¿Podemos hablar, Sr. Hall?
Bueno,
qué bonito esto, ¿no?
¿Quién es usted?
Sr. Hall, ya es hora de que tengamos una pequeña charla.
Oiga, conozco mis derechos.
Ya empezamos.
Qué decepción. Sr. Hall, por Dios, acaba de perder un punto.
¿De qué habla?
- No tienen nada de lo que acusarme. - Y otro punto más.
- ¿Qué? - De manual, cotidiano, banal.
¿Qué?
Verá, el inspector y yo hemos pasado por esto muchas veces.
Miles.
No tiene ni idea de lo tedioso
que es tener que escuchar las mismas respuestas
de maleantes resabiados, como si estuviéramos en un vodevil.
Quita esa mano, chico travieso.
- Quita esa mano... - Suficiente.
La pregunta que usted haría, si no fuera por su miedo
a que le dé al timbre es: ¿Por qué querría matar al Sr. Harkup?
Yo no haría eso.
No mataría ni a una mosca. Yo no he sido.
Pero admite haber ido a verle.
Sí, vale, fui a verle para hablar,
para razonar con él.
Merula y yo estamos esperando un hijo.
¿O fue con la intención de robar el elefante de jade y cambiarlo?
- ¡Eso no es verdad! - Hacía tiempo que no oía eso.
- Debería haber añadido agente. - ¿Qué?
"Eso no es verdad, agente". Es más efectivo.
Pero él no es madero, ¿o sí?
No, tiene razón, no lo es.
Digo, no lo soy.
Pero tengo una carta especial de Churchill.
¿Y qué? No tienen pruebas en mi contra.
No, pero es muy probable que confiese. ¿Qué pasó?
Esperé delante de la farmacia.
Sabía que estaría allí. Solo sale los lunes y los jueves.
Juega al dominó, en The Bull.
Esperé hasta pasadas las siete, pero no lo vi.
- Entonces, ¿entró en el piso? - No lo vi a él.
- Pero ella salió primero. - ¿Quién?
La criada.
La Sra. Dredge.
Salió de la farmacia actuando de forma sospechosa.
- Usted lo sabe bien. - Llevaba algo en el abrigo.
Intentaba esconderlo.
No dejé que me viera, obviamente.
¿Cuándo fue?
Sobre las seis.
Continúe.
- Y hubo otra persona. - Qué farmacia más ajetreada, Book.
No pude verlo bien, con mis problemas de vista.
- Ya nos han informado. - ¿Era un hombre?
Tengo clara la diferencia, caballero.
Su reputación le precede.
Iba abrigado hasta arriba.
Bufanda, abrigo...
Cuando se fue,
entré en el piso.
La puerta estaba cerrada, pero sé cómo burlar una cerradura.
Así que entré
y lo vi allí.
Estaba en el suelo, muerto.
Y, entonces, pensó que debía llamar a la policía.
Eso no habría sido muy inteligente por mi parte.
Casi salgo corriendo.
Me acordé de las figuras.
Las figuras de jade.
Meses atrás, me había dicho que eran muy valiosas.
Pensé que nadie se daría cuenta.
Por desgracia para usted, no fue así.
Llevaba mi ajedrez.
Le di el cambiazo.
Y luego juro que me fui directo a casa.
¡Yo no maté a Harkup! Ni siquiera lo toqué. Estaba muerto cuando entré.
Bien, tal vez digas la verdad y no fuiste tú,
pero si es mentira,
si crees que puedes tomarle el pelo a Scotland Yard,
te enviaré a mis peores agentes
y te dejarán completamente ciego hasta Navidad.
Te caerá todo el peso de la ley.
Inspector.
¿Le creemos?
Está podrido hasta la médula.
Pero eso no significa que sea un asesino.
Necesito pensar.
¿Tiene tiempo para hacer cola?
Estoy planeando hacer un guiso.
Con esto dejará de quejarse.
Ya me gustaría a mí.
Vamos, Enid, date prisa. No se va a envolver solo.
Deme.
Es nueva.
Déjalo o nos pasaremos aquí todo el día.
Bien, ¿estás mirando?
Por arriba, por arriba, por debajo, por debajo.
- Aquí lo tiene, tesoro. - Gracias. Adiós.
Bien, que pase el siguiente.
Dan ganas de hacerse vegetariano.
Hace unos días el gato nos trajo una paloma a casa.
¿Y?
Bueno, la Sra. Bliss estuvo muy tentada.
Comimos muchas palomas en la guerra. Una paloma no hace daño a nadie.
Sí. Lo sé, pero ahora se ha acabado
y queremos apuntar un poco más alto.
Todos estamos en el arroyo, pero algunos miramos a los estorninos.
En fin, al diablo con esto. Bien.
Disculpen. Policía, por favor, abran paso.
Policía, gracias. Perdón. Disculpe. Policía. Muchas gracias.
- ¡Haga la cola como los demás! - Lo siento. Es un asunto policial.
Señora, lo siento, ¿podría pedirle que saliera un momento fuera?
Es un asunto urgente.
- Hola, Eric. - Buenos días, señor.
Un filete para guisar.
- Se lo he reservado, señor. - Es usted un santo, Eric.
- Tiene algo justo aquí. - ¿Sí?
Disculpe. Polvo de huevo. He comido con prisas.
- ¿Cómo está Sheila? - Bien, señor.
- Se ha ido en coche a Sheffield. - Bien.
- Tiene familia ahí. - Sí.
Qué horror lo de George Harkup.
Cierto, sí.
Apuesto a que al viejo Baseheart no le da ninguna pena.
- ¿Cómo? - No se llevaban bien.
Tuvieron muchos roces durante la guerra.
Harkup era muy estricto con las normas.
Decía que el Sr. Baseheart era demasiado laxo.
Que se veía luz en algunas casas y ese tipo de cosas.
Vuelvo enseguida.
- Bien. ¿Cómo vamos con los asesinatos? - ¿Asesinatos?
Solo hay uno, que yo sepa.
Ah, sí.
La Sra. Dredge dice que vio a Harkup alrededor de las seis de la tarde.
- Al menos eso es lo que dice ella. - Sí.
¿Enid?
Pero Mickey Hall dijo que la vio salir de la farmacia
sobre esa hora intentando esconder algo bajo su abrigo.
Y tiene un motivo de peso, ahora que sabemos que es la heredera.
Entonces, Harkup parece haber muerto entre las seis y las diez,
según la Dra. Calder.
Podrían haber pasado muchas cosas en esas cuatro horas.
Suponemos que el asesino fue a hacerle una visita,
porque la entrada no estaba forzada.
- ¿Harkup lo conocía? - Probablemente.
- Ya te lo he dicho. - Escúcheme, Sr. Harkup.
Se trata de Merula.
Será mejor que vayamos dentro.
Así que lo dejó entrar.
Estuvieron conversando un rato.
El asesino procede a verterle ácido cianhídrico por la garganta.
Harkup estira la pata.
Literalmente, me imagino.
¿Pero por qué cogió solo una figura? ¿Por qué no las cogió todas?
Porque hubiera parecido un robo,
mientras que él quería que pareciera un suicidio.
- Aquí tiene, señor. - Bendito sea. ¿Tiene algo para Perro?
- Le tengo mal acostumbrado. - Así es.
- ¿Lo quiere envuelto? - No, no le importará.
- Gracias. Hasta pronto. - Tengan un buen día, señores.
Adiós.
- Beryl. - Hola.
La Sra. Dredge tenía el motivo y la ocasión.
Mickey Hall, motivo y ocasión.
¿Y qué hay de Merula?
Según Mickey, la otra persona era un hombre.
- ¿Y qué va a decir? - Si estaban juntos en esto,
¿sabían que Harkup los iba a desheredar?
Hola, Jack.
Señor.
No es para ti.
¿Qué has hecho?
Lo he organizado.
¿Organizado?
Cielos.
Dijo que quería catalogarlos, así que,
tenía que ponerlo todo en orden.
- ¿Solo has cambiado estas estanterías? - Sí, lo siento. Lleva su tiempo.
Gracias a Dios. Ponlo como estaba.
- ¿Qué? - Ponlo todo como estaba.
- Te dije que tengo un sistema. - Dijo que...
Dije catalogar, no profanar.
Por Dios.
Book.
Lo siento.
Pongámonos manos a la obra.
Bueno, creo que algo he hecho bien.
- ¿Has encontrado algo? - Sí, así es.
La han limpiado no hace mucho.
Tiene residuos.
- Restos de pulidor de plata. - ¿Es decir…?
Que no hace mucho que llegó a la fosa.
Se habrá caído.
O algo mucho más siniestro.
¿A dónde quieres llegar?
- 1665, el año de la peste. - Sí.
Justamente el año de la peste.
No un año o dos antes.
Tiene razón.
Mucha casualidad.
Demasiada.
No hay mejor lugar para esconder un árbol que un bosque.
11 esqueletos de una fosa del siglo XVII.
Y uno más de 1946.
Santo cielo.
Antes lo dijo: "asesinatos",
- en plural. - Sí.
- ¿Relacionados? - Esa es mi teoría.
Buen trabajo, Jack. Debería darte la tarde libre para que vayas al pub.
Así que lo haré.
Al The Bull, donde el difunto Sr. Harkup solía jugar al dominó.
Llévate a Nora.
- ¿A Nora? - Ya os conocéis.
Se le dan bien estas cosas.
Podrías aprender mucho.
Sosa Cáustica.
¿Tienes algo?
Mucho más que algo.
¿Y esto qué es?
Una lista de direcciones y una pregunta muy concreta.
Te agradecería que te encargaras de esto por mí.
De acuerdo. Si cocinas tú esta noche.
- Lo haré. Un guiso. - Oh, un guiso.
Morfina.
Botellas.
JARABE PARA LA TOS
MORFINA
SUDORES NOCTURNOS
No es habitual
que haya niños en el local.
No soy una niña.
Lo pareces.
Las apariencias pueden engañar mucho.
Me tomaré una copa si es eso lo que le preocupa.
Eso lo empeoraría.
- Tomará una limonada. - No, ¿qué?
Y,
- Yo una malta, por favor. - Muy bien.
Gracias.
- Tendrás que pagar tú. - ¿Qué?
No tengo dinero.
- Jack. - Lo sé.
Pídele al Sr. Book que te adelante el sueldo.
Aquí tenéis.
Gracias. Quédese el cambio.
¿Entonces? ¿El Sr. Harkup?
Lo que os digo, sí.
Todos los lunes y jueves. Se sentaba justo ahí.
El Sr. Wellbeloved, el carnicero; el Sr. Baseheart, el vigilante;
la Sra. Acres del anticuario,
y el Sr. Quillian, el sastre.
Parece el jugo de los oficios.
- El Sr. Toovey de la zapatería. - ¿Y el Sr. Harkup?
Que Dios lo tenga en su gloria.
Sí.
¿Estáis con la policía?
En cierto modo, sí.
Quiero decir, no me importa. Yo mismo estuve en el cuerpo en su día.
Pobre viejo Harkup.
Nadie lo vio venir.
Ya sabéis, que se quitaría la vida.
Pero nunca lo ves.
Es cierto. Yo tuve una maestra, la alegría de la huerta.
Se ahogó en una presa por un hombre... ¿Cómo estaba?
La última vez.
Bueno, esa es la cosa.
Vi al Sr. Harkup justo el día anterior.
Ah, ¿sí?
No parecía el mismo.
Se presentó aquí en pleno día.
Era un hombre de hábitos muy regulares.
Así que fue bastante extraño.
Parecía que tenía muchas cosas en la cabeza.
Dijo que estaba guardando un secreto.
Eso lo estaba consumiendo.
¿Consiguió que se lo contara? ¿El secreto?
Al principio, no.
Dijo que valía más que su vida.
¿Eso dijo?
Tal cual os lo digo.
Y al día siguiente...
Muerto.
¿Y,
no dijo nada más?
Sí, al cabo de un rato lo soltó.
Mirad,
el Sr. Harkup era un ciudadano muy honrado.
Pero,
sospechaba
que uno de sus compañeros
estaba haciendo trampas.
¿Qué trampas?
En el juego.
El dominó.
Estaba muy bueno.
Book tiene sus virtudes.
¿Mejor que lo que comías antes?
Sin duda.
Y, ¿qué decía?
¿Fiebre escarlata?
Eso es lo que nos unió, sí.
Nos conocimos en el hospital cuando teníamos ¿qué, 12 años?
¿Y entonces qué?
¿Fue amor a primera vista?
No fue exactamente así, no.
¿Has tenido un buen día?
No estoy seguro.
He metido la pata.
¿Y eso?
Intenté ordenar las estanterías del Sr. Book.
Creo que no he causado grandes daños.
Y luego estuve en el bar con Nora,
investigando.
Parece que eso te ha animado un poco.
Continúe.
Si no se enamoraron a primera vista,
¿cuándo lo supo?
Tendrás que perdonarme, pero tendremos que conocernos mejor
antes de intercambiar tales confidencias.
Lo siento.
- No pretendía excederme... - En absoluto. No lo has hecho.
Espero que nos hagamos amigos pronto, Jack.
Es complicado.
Eso es todo.
Book y yo fuimos inseparables durante años.
Y luego,
la vida se interpuso.
El amor llega sin avisar.
- ¿No tendrá fuego por casualidad? - Lo siento, no.
No fumo.
¿Seguro?
¿Y tenían una relación
- más informal, usted y su jefe? - Me ofende esa pregunta, inspector.
- Aun así… - Bueno,
no negaré que había cierto grado de afecto
entre George, el Sr. Harkup, y yo.
Cuando trabajas para alguien durante tantos años...
A eso me refiero. ¿Era solo trabajo?
- Lo que intenta sugerir es... - Sé lo que está tratando de sugerir.
Lo que intenta dilucidar, entonces,
es si ese afecto se convirtió
en algo más tangible.
¿Y por qué quieren saber eso?
Resulta, Sra. Dredge, que han salido a la luz ciertos hechos.
El Sr. Harkup se lo ha dejado todo a usted.
La farmacia y todo su patrimonio. Es todo suyo.
¡Imposible!
Eso no me lo esperaba.
- ¿Todo? - Todo.
¿Está su hijo en casa, Sra. Dredge?
Sí, está arriba en la cama.
¿Duerme hasta tarde?
Es un héroe de guerra.
Su avión cayó sobre Holanda en el 44.
Lo lamento.
No hay nada que lamentar. Está vivo, ¿no?
Dado que no creemos que el Sr. Harkup se quitara la vida,
¿entiende que está en una posición bastante complicada?
¿No creerá que yo lo maté?
El hecho es que está en una posición bastante difícil, Sra. Dredge.
El testamento está firmado y atestiguado.
- ¡Eso no tiene nada que ver conmigo! - Pero podría.
Quizá encontró un borrador mientras limpiaba y decidió
acelerar las cosas.
- ¿Mandándolo al otro barrio? - Sí.
Tonterías.
Es con ella con quien debería hablar, con Merula. Y con él.
- Mickey Hall. ¿Han hablado con él? - Nos ayuda con las investigaciones.
Bueno, bien. Eso ya es algo.
El Sr. Hall ha sido de gran ayuda.
- ¿En serio? - Sí.
Muy útil. Y, por cierto, nos dijo
que la vio salir de la farmacia la noche de la muerte.
No es ningún misterio. Le dije que fui a verlo.
Y salió haciendo todo lo posible por ocultar algo.
Vendas. Se lo dije, para Alf.
- No estaba intentado esconder… - Su hijo perdió una pierna, ¿verdad?
¿Cómo...?
Una de las botas está desgastada y arrugada, y la otra, como nueva.
Supongo que su prótesis necesita mucho cuidado.
Y debe de ser doloroso.
Muy doloroso.
Así es.
Como para necesitar morfina.
¿Por qué simplemente no le pidió ayuda al Sr. Harkup?
No podía.
Alf necesita más de lo que le da el médico.
Así que necesitaba un poco más.
No pensé que el Sr. Harkup se daría cuenta, pero sí.
Y asumió que había sido Mickey Hall.
No podía decirle que había sido yo.
Era muy estricto, ¿entienden? Con las reglas.
¿Cómo iba a decirle que me había llevado
drogas de su farmacia?
No tienen idea de lo doloroso que es.
Mi pobre Alf.
Así que fue con el pretexto de conseguir vendas
y, en su lugar, se llevó más morfina.
Bien. ¿Y el Sr. Harkup estaba vivo cuando se fue?
Lo juro por mi querido Alf.
¿Mamá?
¡Mamá!
Si me disculpan.
Por supuesto.
Y,
¿cuándo lo tendré?
¿Perdone?
El dinero.
No ha sido ella.
La Sra. Dredge no tiene una vida fácil, pero no es una asesina.
¿Y quién lo mató?
- "Los". Hay dos muertos. - Como sea.
¿Sería demasiada molestia para usted decírmelo y ya está?
Sería un placer...
bueno no,
no sería un placer.
Va a necesitar ayuda, inspector.
¿Qué...?
No, lo siento, estamos...
- Buenas tardes. - Eric.
- Me temo que estamos cerrados. - Entiendo.
¿Cómo está Sheila?
Ya me lo preguntó, Sr. Book.
Ah, sí,
está en Sheffield.
¿Qué día se fue de aquí?
Fue...
el jueves. Sí, el jueves.
Ya veo.
Bueno, si hay algo en lo que pueda ayudarle, señor,
- tengo mucho trabajo y... - Pero eso no puede ser,
¿no, Eric?
Si Trottie cogió prestado su coche
el viernes.
¡Vamos! ¡Venid a por mí!
¡Vamos!
¡Venid! ¡Vamos!
A ver, Sr. Wellbeloved.
No era mi intención matarla.
Continúe.
Hacía tiempo que las cosas no iban bien.
Siempre estábamos peleando y entonces,
la conocí.
- A Enid. - Un viejo tonto y una joven guapa.
Esa historia me la conozco.
¿Cuándo lo supo, Sr. Book, si no le importa que pregunte?
Sospeché enseguida que algo no iba bien.
Y se confirmó al descubrir
que algunos de los huesos de la fosa eran más nuevos,
aunque se había esforzado por envejecerlos.
Colorante marrón.
Sheila se lo echaba en las piernas.
No podía comprarle medias de nylon. Las marcas de su cuchillo
son muy características. Lo comprobé.
Ese hueso que me dio para Perro.
Así que, para tener un futuro con la Srta. Enid Clegg,
envió a su mujer a reunirse con Dios.
Entonces se encontró con el dilema más antiguo del asesino:
deshacerse del cadáver.
Debería haber sido sencillo para usted, acostumbrado a cortar cosas en pedazos.
Desgraciadamente, inspector
la gente sabe distinguir
entre los de cerdo y los del Homo sapiens.
Después de quitarle la carne a los huesos
de su desafortunada esposa,
escarnándola,
aún necesitaba deshacerse del esqueleto.
Ahí es donde entra la sosa cáustica.
Fácilmente disponible en cualquier farmacia.
Deshaciéndose de un cuerpo, ¿eh?
Sí. Los desagües.
Es para los desagües, para el mal olor.
Hidrólisis alcalina.
¿Es eso lo que pretendía?
Había leído sobre ello.
Es curioso lo que se aprende en este oficio.
Sosa cáustica,
disuelve la carne.
La había usado antes para deshacerme de huesos de animal,
pero no funcionó bien.
Quedaron muchos huesos.
No sabía qué hacer, y entonces...
Y entonces,
Baseheart mencionó los esqueletos que había encontrado.
Y pensar que si no fuera por la Luftwaffe,
nunca habríamos sabido que esa gente lleva siglos bajo nuestros pies.
¿Lo sabe la policía?
No, aún no.
Supongo que podrán esperar un poco más.
He puesto una lona en el hoyo.
- ¿Sí? - Ya sabe como son los niños.
Probablemente cogerían los huesos para dárselos a un perro.
- En fin, hasta luego. - Sí. Hasta luego.
Como dije: No hay mejor lugar para esconder un árbol que un bosque.
¿Quién se iba a dar cuenta?
Usted.
Y luego,
había esto, por supuesto.
Nuestro Eric,
aunque muestra una gran habilidad para la improvisación,
la imaginación no es su fuerte.
No se ofenda.
No suelo necesitarla.
La carne es la carne.
Diría que se excedió un poco colocando la moneda en la fosa.
Me hizo saltar las alarmas de inmediato.
Armada con una descripción de nuestro sospechoso,
mi esposa recorrió las tiendas de antigüedades de la zona.
¿Cómo supo que la había comprado en una tienda de la zona?
Le falta imaginación.
Cualquiera que concibiera una pista tan torpe
nunca se alejaría de su propio barrio.
Eric ya estaba entre los sospechosos cuando me di cuenta de algo crucial,
en la cola
de la carnicería.
¿De qué se dio cuenta?
Polvo de huevo.
- Tiene algo justo aquí. - ¿Sí?
Disculpe. Polvo de huevo. He comido con prisas.
Es un gesto muy íntimo.
Y no pareció extrañarle en absoluto, Sr. Wellbeloved.
"Ajá", pensé.
¿Cómo está Sheila?
- Bien, señor. - Se ha ido en coche a Sheffield.
- Qué bien. - Tiene familia ahí.
Pregunté a la familia de Sheila en Yorkshire
y no le habían visto el pelo, por supuesto.
Entonces, todo parecía ir bien.
¿Y luego?
Recibí la nota.
Sospechaba algo por el estilo.
Una especie de vaga amenaza.
Es urgente que hablemos.
No quiero tener que llevar esto a las autoridades.
Espero que podamos arreglar este asunto entre nosotros.
George Harkup.
Y supuso que hablaba del asesinato.
Por supuesto.
- ¿Qué? ¿No era eso? - No.
¿Qué?
¿Entonces de qué iba?
El dominó.
¿Qué?
El Sr. Harkup era muy estricto con las reglas, como ya sabemos.
Sospechaba que usted hacía trampas en su juego favorito.
- Eso era todo. - No, no.
No, era una amenaza.
Por lo de Sheila. No.
¿Qué otra cosa podía ser?
¿Y bien?
¿Qué pasó después?
Iba a comprar su silencio.
Con dinero.
- Con carne. - Con carne.
Fue a visitarlo.
Tenía miedo.
Miedo de lo que pudiera decir.
¿Y si no atendía a razones?
Y había veneno por todas partes.
Así que hablé con él.
- Necesito que digas la verdad. - George, cógelo.
Di la verdad, Eric.
Entonces aproveché la oportunidad.
Lo agarré y entonces le eché el veneno en la garganta.
- Claro. Lo envenenó, ¿verdad? - Sí, fue horrible.
¿Nada más?
¿Qué?
Verá, resulta muy interesante, Eric.
Antes de ser envenenado,
a George Harkup le dieron un golpe en la cabeza.
Y el arma le dejó restos de sangre en el pelo.
¿Recuerda que no había heridas, Inspector?
- Sí. - La Dra. Calder analizó la sangre.
Sangre de vaca.
Y usted lo habría sabido,
si hubiera sido usted quien le golpeó
- con una pata de ternera. - No.
Sí, no, ahora me acuerdo.
- Sí, le pegué. - No le creo.
Entonces, ¿quién?
Enid.
Obviamente olvidó mencionar que ella golpeó al Sr. Harkup.
¿Fue idea suya?
- ¿Desde el inicio? - ¡No!
Ella...
Enid me encontró
después de haber estrangulado...
después de que Sheila muriera,
simplemente tomó el mando.
Yo no sabía qué hacer.
Ella era
tan tranquila,
metódica.
Y,
Pensábamos que todo iba a ir bien hasta que...
¿Qué demonios hacemos ahora?
Déjamelo a mí.
Y para rematar la faena
y que pareciera un suicidio,
vertió ácido cianhídrico por el gaznate del pobre Sr. Harkup.
¿No podemos decir que lo hice yo?
Por favor.
Aunque me cuelguen, pero no a Enid.
La ley debe seguir su curso.
Lo siento, Eric, de verdad.
Pero lo siento aún más por George Harkup.
Y la pobre Sheila.
Se le ha hecho una acusación formal. Firme.
Lo llevarán a una celda de detención.
Te lo agradezco.
La Sra. Book.
Ha sido idea suya.
Vaya historia.
Ojalá hubiera podido estar ahí.
Yo ya estoy tentando a la suerte.
¿Qué hizo usted en la guerra?
Debió ser importante para recibir esa carta de Churchill.
Y para que el inspector le deje campar a sus anchas.
Venga, Jack, no seas cotilla.
Qué aburrido sería
si lo supiéramos todo.
No es que pueda hacer lo que yo quiera.
No con el muchacho risueño merodeando por aquí,
deseando ponerme las manos encima
por la más mínima fechoría.
Seguro que es intachable, Sr. Book.
Te sorprenderías.
Mira Ivor Novello y esos cupones de carburante.
Bien, ya estamos.
Salga.
¿Eric?
¡Eric!
- ¡Enid! - No,
sin tocarse.
- ¿Pueden...? - ¡Basta ya!
- ¡Suficiente! - ¡Corre, Eric!
- ¡Te quiero! - ¡Corre!
- Eric, no seas tonto. - ¡Cogedlo!
Maldita sea.
- ¡Alto! - ¡Eric!
¡Eric!
¡Por aquí! ¡Ha ido por aquí!
¡Eric!
Sal, hombre.
No seas tonto.
- ¡Creo que lo veo! - ¡Eric!
¡Vosotros dos, por ahí!
- ¡Corre! - Vamos.
¿A dónde ha ido?
Allí.
El hoyo.
- Esto es... - Era la calle Inkerman.
Con lo cual...
La meticulosidad del Sr. Baseheart nos ha venido muy bien.
Si es que el cacharro aún funciona.
Muy bien, Wellbeloved.
Sal despacio.
¿Lo ves?
¡Ahí!
¡Eric, para!
- ¡No lo pierdas! - Lo intento.
Voy a entrar.
Hablaré con él.
¿A dónde vas a ir, Eric?
No hay nada que hacer.
¿A dónde irás?
¿Eric?
Puedes rendirte hoy o mañana, Eric.
- Es inevitable. - La ley debe seguir su curso.
Eso es lo que han dicho.
No dejaré que me cuelguen.
¡Eric, no!
No.
¡No voy a dejar que me hagan eso!
He visto morir a muchos animales
- y no es agradable. - Eric, para.
¿Qué hay de Enid?
¿Vas a dejar que se enfrente sola a la horca?
Tiene razón.
- Ella hizo todo esto por mí. - Sí.
Todo por mí.
No puedo dejar que afronte las consecuencias sola.
Si nos vamos a ir,
nos iremos juntos.
¡No!
"Por él la cicuta se destilará,"
por él se alzará el hacha,
por él el patíbulo se erigirá,
por él se encenderá la hoguera".
CERRADO Lo vi allí arriba, con el Sr. Book.
Y luego...
Papilla. Se cayó.
Como un plomo. Se debió romper el cuello.
Qué triste.
Muy triste.
Bueno, esto es delicia.
Trozos de piña.
No comía desde antes de la guerra.
- Pero ¿y ahora qué? - ¿Cómo?
¿Volvemos a vender libros?
- Es nuestro trabajo, Jack a secas. - Sí, pero...
Sí.
Ha sido muy emocionante.
- No puede ser así siempre, jovencito. - Y, por cierto,
¿quién eres?
No me lo has contado.
Jack Blunt.
Me crie en un orfanato,
como te conté.
Me relacioné
con la gente equivocada y estuve en prisión.
- ¿Oh? - Sí, "oh".
Yo era el conductor en un robo en Mayfair Way.
Ellos se llevaron los abrigos de visón
y yo dos años de cárcel.
Me perdí la guerra.
Al menos parte de ella.
Y entonces,
llegó una carta
de la Sociedad de Reforma Penitenciaria.
Una dirección
para un trabajo.
- La de aquí. - No hay que volverlo a hablar.
¿Por qué yo?
¿Por qué me eligió a mí?
Altruismo.
¿Qué?
Darle una oportunidad a alguien me pareció lo correcto.
- No me conoce de nada. - Y qué gran error, ¿verdad, Trottie?
Me ha puesto la librería patas arriba.
- Tendrás que devolverlo a su celda. - En serio.
Estoy muy agradecido y todo eso, pero...
Estoy bien aquí.
Estoy muy bien, pero...
Book's es una balsa en la gran turbulencia de la vida.
¿Se refiere a los libros?
No, no, Book's, la librería.
No le des más vueltas. Acéptalo.
Es otra oportunidad.
Pero ¿por qué a mí?
¿Por qué no?
"Solo se vive una vez, pero si lo haces bien,
una es suficiente".
Shakespeare.
Mae West.
SUBTÍTULOS: ANNA ROCAMORA
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