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POR LA MAÑANA ESCRIBO
Barred bien esto.
Sí, los llamo. Tranquilo.
Por resumirlo,
dejé mi trabajo como fotógrafo para convertirme en escritor.
Seguir siendo escritor ya fue otra historia.
Está bien, me la quedo.
Tome.
Gracias.
¿Tiene la documentación?
- Toma. Las cartas de tus lectores. - Gracias.
Paul, tus libros tienen mucho prestigio.
La prensa te aprecia.
Pero no nos engañemos: las ventas son bajas.
Nos volcamos con el último, pero no despega.
¿Cuántos se han vendido?
Menos de 5000.
- 5000 no es un desastre. - Ya.
Ya les gustaría a muchos.
Pero es tu tercer libro.
Vale. ¿Y mi texto?
Es demasiado autobiográfico.
¿Ah, sí?
Si quieres mi opinión, la ruptura amorosa no es buena idea.
Ni tampoco el título: Historia de un final.
Pero es una historia de amor.
Pérdida de un ideal.
¿Lees las noticias?
Anuncian el apocalipsis cada diez minutos.
La gente necesita energía, esperanza.
Puedes hacer algo mejor.
Piénsalo.
Me encantaría, pero...
¿Pero qué?
Que me va a llevar tiempo.
No tengo prisa.
No es una época fácil.
Estoy sin blanca.
Te di un adelanto por este manuscrito.
No puedo hacer más.
Paul.
Es tu cuarto libro.
Estoy esperando por tu gran novela.
¿Y esta no lo es?
Ya he hecho las cajas.
Mañana vienen a traerme un paquete, ¿puedes abrirles?
Paul.
Paul, ¿me escuchas?
¿Sí?
Te decía que
mañana viene un repartidor.
¿Puedes abrirle?
Sí.
Eres tonto por dejar este piso.
¿Para qué quiero yo tres habitaciones?
- Me voy. - ¿Cuándo veré a los niños?
Montreal tampoco es el fin del mundo.
¿Viste los precios?
Yo qué sé, apáñatelas.
Qué dura eres.
No, soy realista.
Hablé con Christine.
Dice que te presta su estudio.
¿Y tu nuevo libro? ¿Cómo va?
Estoy en ello.
¿Y qué vas a hacer si no se publica?
No lo sé. Por ahora no es el caso.
Es locura dejar la fotografía de un día para otro
para escribir.
Para mí, la locura habría sido seguir como antes.
¿Y por qué lo dejaste? Te ganabas bien la vida.
Si te hubieras leído mi primer libro, lo sabrías.
¿Y con tus hijos qué?
¿No te molesta que se vayan?
Son mayores. Y quieren irse con su madre.
¿Por qué iba a impedírselo?
¿Y vas a pagarles los estudios con tus libros?
¿Qué estás esperando? ¿El premio Goncourt?
Un padre escritor.
Es justo lo que me habría gustado, en lugar de mi padre.
Ese hombre frustrado, constreñido ocho horas al día,
atado a su escritorio y luego al sofá del salón.
Silencioso. Resignado.
¿Te recojo el plato?
No, voy a tomar ensalada.
¿Te sirvo más?
Estando con cualquier miembro de esta familia,
me siento el niño que nunca creció,
el chaval al que se aprecia, pero en quien no se confía,
y al que aún hay que decirle que ordene su habitación.
Hoy les gustaría ordenar mi vida.
¿Vas bien? Lo siento, no puedo por la espalda.
Sí, lo sé, tranquilo. Ya estoy terminando.
Gracias, papá.
Paul. Ven un momento.
Toma mi anillo, véndelo y quédate con el dinero.
Olvídalo, era de tu padre. Gracias.
Como fotógrafo, ganaba unos 3000 euros al mes.
Algunos meses, 8000.
Desde que lo dejé, solo cobro 250 euros al mes de derechos.
Con 200 o 300 euros al mes no vives en la miseria,
pero empiezas a verla muy de cerca.
Cuando me quedé sin ahorros, y sin perspectivas de recuperarlos,
comprendí que me estaba volviendo pobre.
- ¿No cobra prestación por desempleo? - No.
¿Habla inglés?
No, no muy bien.
¿Algún título?
El bachillerato.
¿Y tiene 42 años?
Puedo aceptar cualquier trabajo.
Pero necesitaría tiempo para escribir.
¿Quiere un trabajo que le deje tiempo?
¿En qué había pensado?
Yo qué sé,
¿vigilante nocturno?
En un hotel o un parking.
Ah, no. De eso ya no hay.
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Hola, me llamo Paul. Tengo 42 años.
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Genial.
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"Llegarás lejos»."
He llegado al sexto piso de un edificio en obras.
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¿Está bien, amigo?
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Estos 'trabajillos' tienen la ventaja
de que me dejan tiempo para escribir.
Y fue así, con una obra mal pagada, para la que nada me había preparado,
como cambié de vida.
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- ¿Paul? - Sí.
¿No trae cortacésped?
Pues no.
Como tiene un jardín, supuse que tendría una cortacésped.
Si la tuviera, lo habría hecho yo misma.
Sus vecinos seguro que tienen una.
No, son unos gilipollas.
He encontrado esto.
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Sí, me las apañaré.
Va a tardar muchísimo.
También he encontrado esto.
Necesito que quede aceptable para que me devuelvan la fianza.
Haré todo lo que pueda.
Vale.
¿Qué tal?
¡Perfecto!
- Eran 18 euros, ¿verdad? - Sí.
Gracias.
«Paul es majo, pero está muy perdido.
Tres horas para cortar 25 metros cuadrados
es un disparate».
Casita en Noisy-le-Sec.
Desplazamiento más césped: 5 horas.
Total: 18 euros.
Clienta con unos zapatos rarísimos.
Blusa fatal abotonada.
Lumbago.
Conseguir herramientas.
- Buenos días. - Es un paquete.
Buenos días lo primero.
¿Qué es ese ruido, cariño?
Es el «ñapas».
¿Qué tal?
Bien, bien.
Al entrar en una casa, bajo la vista hacia sus pies.
- Hola. - Hola.
Si van en calcetines, me quito el calzado.
Adelante, pase.
- ¿Está bien así? ¿Aguanta? - Sí, sí.
Me conformo con el dinero que me dan.
El peor no es el que paga poco,
sino el que se queda a mi lado para comprobar si lo hago bien.
Ese me pone mucho más nervioso.
¿Qué está haciendo?
Es para recoger el polvo.
¿Va a taladrar?
Si quiere colgar el espejo, sí.
Pero estoy de alquiler.
Está permitido, si después tapa los agujeros.
¿Y la pantalla plana dónde la quiere?
Sígame.
Discúlpeme.
- ¿Hola? - ¿Paul? Soy yo.
¿Te has olvidado del cóctel de escritores noveles?
Léa Huttin dice que no has respondido.
- ¿Cuándo era eso? - El 18 de diciembre.
Ah, sí.
Tienes que venir, eres el padrino. Contamos contigo.
Vale, allí estaré.
¿Qué estás haciendo?
Trabajar.
¿Escribiendo?
Sí.
Pues te dejo. No quiero cortarte.
Ya lo leeré. Que te vaya bien.
¿Pero qué hacéis? ¿De qué vais?
¡Parad, joder!
¡Las pizzas!
Gracias.
¿Tiene el número del pedido?
¿Sabéis el número del pedido?
79.
¿Y las birras?
¡Ya os lo dije!
- Las había pagado. - ¡No!
Voy a hacer un ponche, no pasa nada.
¿Eres el amigo de Sarah?
No, soy Paul.
- ¿Paul? - Lo del armario.
¡Ah, Paul! Vamos, pasa.
Lo siento, no tengo monedas para la propina.
Puede hacerlo por la app.
¿Por la aplicación?
¿Quién sabe cómo dejar propina?
Yo, espera, que te enseño.
¿No hay otra bolsa de tornillos?
No tengo ni idea. La abrí, no entendí nada y la cerré.
¿Llevas tiempo haciendo esto?
No mucho.
No tienes pinta de dedicarte a esto.
Más bien pareces
un médico.
O un profesor.
Supongo que por las gafas.
¿A qué te dedicas?
Soy una especie de manitas.
Yo soy directora de diseño.
También, trabajamos juntas.
- ¿Y os gusta? - Bueno.
Diseñamos envases para alimentos.
Quería lámparas, pero hace bandejas de jamón.
Bueno, tampoco me quejo.
Me gano bien la vida.
¿Vamos a la fiesta de Léa?
Sí, ¿por qué no?
- ¿Vienes con nosotras? - No.
Disculpa.
Qué asco de armario.
No sé para qué compré.
El otro día me compré una máquina de remo.
¿Por qué te empeñas en hacer esas mierdas?
Podrías llevar una vida normal.
¿Qué es la vida normal?
Mejor pagados y menos duros.
- ¿Qué quieres que haga? - Cualquier otra cosa.
Eres un artista. No quieres comprometerte.
Quieres ser puro,
jugando a ser pobre.
No estoy jugando.
No eres un pobre de verdad.
«Lo contrario de una cosa no es su negación,
sino esa cosa afectada por el adjetivo 'verdadero'».
Aldous Huxley.
No lo entiendo.
Deja de marearnos.
¿Qué es un «pobre de verdad»?
Mendigos de la India.
Los indigentes de Madagascar.
Los de México también.
Perdona, he viajado y los he visto.
11 millones de pobres.
¿Afirmas que aquí no son pobres
porque viste a los «auténticos» de vacaciones?
Déjalo ya.
Ella habla de ti.
Sí. Solo digo que tú puedes elegir.
Te molesta que no haga lo que te parece «normal»,
pero hago lo que puedo.
Intento encontrar sentido a lo que hago.
Y me juzgas.
- ¡No, hombre! - ¡Sí!
Dice que soy una farsa, que puedo elegir,
dejando caer que tomo malas decisiones.
Me alegro si nunca te equivocas. Yo no te juzgo.
No, Paul, ya vale. No tergiverses la situación.
Esto es tremendo.
Tú eliges trabajar como un esclavo.
Quizás sea el precio de mi libertad.
Y hoy en día, hay esclavos muy bien pagados.
Quizás sea una esclava bien pagada, pero al menos tengo una familia,
un trabajo de verdad y asumo responsabilidades.
Me voy.
Adiós, papá.
Hay libros que dan dinero.
¿Por qué no escribes algo que funcione?
Eres tonto por dejar este piso.
Me gustaban las vistas.
Tenía vistas preciosas.
Eres tonto por dejar este piso.
Mientes. No es la verdadera razón.
«Esa no es...
la verdadera razón».
- La razón es que te duele. - “La verdadera razón es que te duele”.
Paul, no eres un pobre de verdad.
¿Escribes algo que funcione?
NUEVO ENCARGO: Desmontaje de un altillo.
ELISE Y JULES HAN ACEPTADO TU OFERTA DE 20€
¿Podrías ayudarme a bajar el futón? Pesa un montón.
Mi novio no puede, lo acaban de operar.
Aún tengo las grapas.
Y también hay una lavadora para bajar.
Pero es pequeña, de cinco kilos.
- Te lo dije. - Lo sé.
Era absurdo pedir el sofá antes de deshacerse del viejo.
Como no lo montemos uno encima de otro, no sé qué vamos a hacer.
- Ya te he pedido perdón. - Haberlo pensado antes. ¿Y ahora qué?
Puede que necesite una mano. Ponte por detrás.
Sí.
Ya voy.
¿Aquí?
Un momento. Voy.
Espera.
- ¿Puedes? - Sí, sí.
El futón, el futón.
¡Puto altillo de mierda!
¡Joder!
Cuidado, que lo apoyo.
Espera, espera.
No puedo más.
Pesa demasiado.
Perdona.
No, ya me ocupo yo.
- ¿En serio? - En serio.
Lo siento mucho.
Menudo lío.
- ¿Estás bien? - Sí.
Lo siento.
Me duele cuando respiro muy hondo.
¿Cómo te lo has hecho?
No lo sé. ¿Un mal movimiento?
Sujeta por aquí.
Súbete a la báscula.
Ya está, puedes vestirte.
Te pediré una radiografía, parece solo un desgarro.
- Descartamos una fractura. - Qué mala suerte.
Te recetaré comprimidos de hierro.
Y come más carne roja.
Ya de paso, ponme también Doliprane.
Esto te lo cubre la Seguridad Social.
Pero debes guardar reposo un mes.
Algo tendré que trabajar, ¿no?
Últimamente escasean los anuncios.
¿Los limita la plataforma para obligar a pagar la prémium?
Al final termino pagando para «potenciar» mi visibilidad.
La competencia es cada vez más dura
y tengo que bajar mis tarifas
hasta niveles indignos.
Es de oro blanco.
No veo el contraste.
Vino de Suiza.
De acuerdo, vamos a verlo.
Lo voy a frotar, pero no se estropea.
Lo lamento. No es de oro, está chapado en oro.
Es muy distinto.
Cuando la marca del oro desaparece,
es que no hay oro, y ha desaparecido.
¿No tiene nada de oro?
Prácticamente nada. Además,
el chapado es muy fino.
¿Qué quiere hacer con él?
No lo sé.
Se lo puedo comprar.
¿Por cuánto?
Por la piedra
¿30 euros?
- Vale. - ¿Sí?
Si tu padre no lo necesita.
- Gracias, Christine. - Cuidado, es de colección.
Ser pobre no consiste en vivir de forma sencilla.
Al contrario, la pobreza complica especialmente la vida.
Desde el papel higiénico, que voy dosificando hoja a hoja,
a la calefacción de casa, que mantengo al mínimo.
Siempre hay algo que sacrificar cuando uno vive con poco.
Buen regreso.
Buenas noches.
- Buenas noches. - Gracias por esperarme.
¿Estación del Norte?
Sí.
¿Paul?
¿No me reconoces?
Sí, claro.
Pierre.
¿Qué haces en este coche?
Estoy trabajando.
¿Ya no haces fotos?
No.
Lo dejé.
Anda.
¿Ahora eres taxista?
Entre otras cosas.
Trabajo en París, pero estoy viviendo en Londres.
Sí, ya lo sé.
Tengo un hijo.
También lo sé.
Por el Facebook.
- Adiós, Paul. - Adiós.
- Dame tu número. - ¡Vas a perder el tren!
Date prisa, dime tu número.
06-39-98-24-08.
06-39-98-24-08.
Te llamaré.
¡Quiero que me lo cuentes todo!
Me encantó tu libro. Es precioso.
¿Paul Marquet no ha llegado?
- ¿Perdona? - ¿Paul Marquet no ha llegado?
¿Alice?
- ¿No abre? - No, con mi código no abre.
¿Me sujeta esto?
- Sí. - Espere.
La Navidad se ha terminado.
Ayudo a la gente a deshacerse de sus árboles.
Corto la madera para tener leña en casa.
Châteauneuf-du-Pape.
Bueno no, ¡delicioso!
Montlabert 2020.
¿Un Côtes-du-Rhöne?
¿Quién es el cutre que ha traído esta bazofia?
Estoy aquí, pero ya no estoy aquí.
Ni para mi hijo, ni para mi hija.
¿Cuándo vienes?
Es un poco complicado ahora mismo.
He mirado billetes.
Encontraré una solución.
¿La ayudo?
Pues sí, por favor.
Pon la revista de ponis arriba.
Ya no se vende, a nadie le interesa.
HISTORIA DE UN FIN
Entre mi oficio de escritor y el de currante,
mi estatus social se ha vuelto difuso.
Soy a la pobreza lo que las 5 h de invierno son a la oscuridad:
Ha anochecido, pero todavía no es de noche.
Te voy a ser sincera.
El texto no está a la altura.
Lo he pasado al Comité de Lectura,
por si se me escapaba algo.
A nadie le ha entusiasmado.
Escribes bien,
tienes sensibilidad y talento.
Pero eso no basta.
¿Me estás diciendo que lo deje?
No.
Solo digo que no vamos a publicar Historia de un final.
¿Diga?
Hola, papá.
¿Te he despertado?
No, no, ya estaba despierto.
¿Estás borracho?
No, no, papá. ¿Me oyes o no?
No muy bien, hijo, hay mucho ruido.
Estamos de celebración con amigos.
¿Por qué me llamas? ¿Todo bien?
Sí, todo genial, papá. ¿La oyes?
¡Es nuestra canción!
Sí.
¿Qué celebráis?
Lo de mis prácticas. Me han pillado en Morgan Stanley.
Es increíble. Es una gran compañía.
Me alegro de que me hayas llamado para contármelo.
Eres mi padre. Es normal que te lo cuente.
Mis amigos están muertos de envidia.
- ¿Estás orgulloso de mí? - Claro.
¿Puedes decírmelo?
Estoy orgulloso de ti, hijo.
- Cuando gane dinero, podré ayudarte. - No.
Guárdate el dinero, va todo bien.
Un abrazo. Te quiero. Pasadlo bien.
Te quiero, papá.
- Un beso. - Un beso.
Podías haberme pedido permiso. Está asqueroso.
Lo siento.
Ya, pero te has apropiado de mi coche.
Escucha, Paul.
No me parece buena idea que Christine te aloje.
Me incomoda.
Y no te ayuda.
Ya no eres un niño.
No entiendo por qué eliges vivir así.
- ¿Qué haces? - Intento escribir.
¿Pero escribir qué?
¿De qué te sirve eso?
Te han publicado, has salido en la tele, en la radio.
¿Y ahora?
Ya ves que no hay nada más.
No sirve de nada empecinarse.
Christine quiere recuperar el estudio para su nieto.
¿Por qué no me lo contaste?
¡Porque tengo miedo!
No quiero que acabes en la calle, como vagabundo.
Pase, pase.
- Hola. - Hola.
La puerta, por el perro.
Perdone.
¿Quiere que me quite los zapatos?
No hace falta. Es en el balcón.
Es aquí.
Los bojes.
Hay unos sacos de tierra.
Mézclela bien para poder replantar.
No, tú no salgas, que te manchas. Para adentro, para adentro.
Puede dejarlo ahí.
¿Quiere que arranque las raíces?
Sí, por supuesto.
- Cierro por el perro. - Las herramientas.
Gracias.
Está bien. Cierro ya.
Joder.
Joder.
¡Mierda!
- ¿Ya ha terminado? - Sí.
- Voy bajando los sacos. - Sí, perfecto, gracias.
Tiene unas vistas fantásticas.
¿Y por detrás? ¿Ha hecho esa parte?
El balcón hace esquina.
Dé la vuelta y se lo enseño.
Lo ponía el anuncio: 16 jardineras.
Lo siento muchísimo.
No puedo con esos bojes, me deprimen.
Ha venido para ganar dinero, ¿no?
Le pago el doble.
¡Hola!
Hola, papá, ¿qué tal?
Bien, ¿y vosotros?
Mira esto. Te hemos esperado. 18 años, casi nada.
- Sí. - ¿Preciosa, eh?
¡Venga!
¡Una, dos y tres!
Felicidades, cariño.
Gracias.
¿Qué corte de pelo es ese?
Bueno, es más cómodo, para todo.
Venga, los regalos.
Toma, tesoro.
Gracias. ¿Qué es esto?
¡Qué chulas son! Gracias, mamá.
- Enséñaselas a papá. - Son las que quería.
Sí, es bonito el color.
- Son unas Gazelle. - Sí.
Esto es para ti.
De mi parte. Te vas a reír.
Los regalos de tu hermano vienen con sorpresa.
- ¿Es una camiseta? - Sí, pero no una cualquiera.
¿A ver?
¡Qué chorrada!
Enséñamela.
Gracias.
- Enséñasela. - Me la pondré cada día.
Es guapo.
Voy a buscar la...
Toma, te falta este.
- ¿Este es el tuyo? - Sí.
¿Te pones guapo para mi cumpleaños?
Sí. ¿Te gusta?
Espera, voy a abrirlo.
Gracias, qué bonita.
La saqué en el lago de la Blanchette. Habías cumplido siete años.
¿Te acuerdas?
No mucho.
Hablábamos de las cosas que más nos gustaban.
Y tú dijiste: «Las nubes».
Así que es una foto tuya con las nubes reflejadas en el lago.
Es bonita.
Puedes enmarcarla.
No puedo quedarme mucho tiempo,
he quedado con unas amigas.
¿Te dejo?
- Sí. Un beso. - ¿Cuelgo ya?
- ¿Quieres hablar con mamá? - Sí, pásamela un momento.
- ¿Mamá? - ¿Sí?
Te he cortado un trozo, cómetela antes de irte.
- Yo también me voy. - ¡Un beso, cariño!
Dime. Aquí estoy.
¿Está enfadada conmigo?
No.
Qué va, solo está preocupada.
¿Por qué?
Tu forma de vivir no tranquiliza a una chica de su edad.
A esa edad se necesitan
cosas sólidas, y tu precariedad
pues eso, no le da mucha seguridad.
¿Puedo hacerte una pregunta?
- Dime. - ¿Ella ha leído mis libros?
Sinceramente, creo que no.
Ninguno de los tres los hemos leído.
Nos da miedo descubrir cosas.
No lo entiendo. ¿Qué cosas?
Ya lo sabes.
Cosas sobre nosotros.
Cosas que te pasan por la cabeza.
La verdad es que es incómodo.
Prométeme una cosa: no hables de nosotros en tus libros.
¿Por qué?
Es nuestra vida.
También es la mía.
Tenemos derecho a que no nos apetezca
que nos expongas así. Es algo íntimo.
Puedes entenderlo, ¿no?
Invéntate historias, usa la imaginación.
Cuando el avión se retrasa, ¿el tiempo de espera se paga?
No, la tarifa es fija.
Pero usted decide.
Siéntese delante, atrás está bloqueado.
12 Allée du Président Wilson
- Sí. - ¿En Fontainebleau?
¿Puede poner música?
Solo tengo la radio.
Pues ponga la radio.
No dijo nada.
Sí, ya lo sé.
Es lo que hay.
No, pero
es que estaba tan
frío,
tan distante ¿sabes?
Como un témpano.
Como si no hubiéramos compartido nada,
ni una vida,
ni una relación,
ni un hijo...
Nada.
Pero no importa.
Había que girar a la derecha.
Daré la vuelta.
Es justo después de la camioneta blanca.
Le ayudo a subir la maleta.
Muy amable.
Y quizás quiera cargar el móvil.
Sí, ¿por qué no?
Hace tiempo que no hago el amor.
Estoy intimidado.
Yo también.
Ya no sé cómo se hacía.
Te rugen las tripas.
Tengo hambre.
Lo siento.
No puedo ofrecerte nada. Acabo de volver.
Se me pasará.
Dime que te gusto un poco.
Buenas noches.
Perdona el retraso.
Así vale.
Es vegetariano. Yo ya no como carne.
¿Aún sigues con el taxi?
Sí.
Hoy te invito yo.
Perdona, es un trabajo.
¿Para hacer qué?
Este, por ejemplo, vaciar un sótano.
¿Vaciar un sótano?
¿Y cuánto pides por eso?
- ¿Cuánto me pagarías tú? - ¿Por vaciar mi sótano?
¿100 euros?
Qué generoso.
No, eso no lo aceptarían. Voy a proponerle 20.
¿20? Ah, no. Es poco, hombre.
Sí, pero somos muchos en el mercado.
Ya me lo han confirmado.
¿Cómo has acabado haciendo esos trabajos?
Quiero decir, eres inteligente.
Y hay mil formas de ganar dinero.
Podrías dar clases, o asesorar a gente.
Eso se paga bien.
Perdóname.
Vivo como todos.
En piloto automático: buen trabajo, sueldo, casa bonita.
El hiperconsumo, vaya.
Tú, en cambio, has bajado el ritmo.
Está bien.
Discúlpame.
¿Paul?
¿Qué te pasa?
¡No respondes al teléfono!
¡Aquí apesta!
¿Qué has hecho?
Es un corzo.
Despiecé un corzo.
¡Tú estás como una cabra!
¡No aguanto más esta mierda!
¡No!
Lo siento, señor.
El disco duro no arranca.
No hay nada que hacer.
¿Guardaba cosas personales en él?
Sí, mi trabajo.
¿Y cuál es su trabajo?
Un libro.
Lo he perdido todo.
Todo lo que quería, se acabó.
No me queda nada.
¿Sabe? Creo que debería volver a casa,
dormir un rato, y se sentirá mejor.
Ya no tengo casa.
Mi padre tiene razón, acabaré como un vagabundo.
Pero ¿qué está diciendo?
Nada, perdone, estoy cansado.
¿Quiere descansar?
Pues sígame.
- Remi, ¿puedes ocuparte de la caja? - Claro.
Venga.
Aquí me echo yo la siesta.
Póngase cómodo.
- Eso es. - Gracias.
MUJER ENCORVADA, ROSTRO A LA ALTURA DE LAS RODILLAS
VACIAR GARAJE. HOMBRE AUSTERO, PERO AGRADABLE
CERVEZA GRATIS. VUELTA ANDANDO BAJO LA LLUVIA
SI QUIERE ESCRIBIR, AQUÍ TIENE PAPEL Y BOLÍGRAFO
PUEDE QUEDARSE EL TIEMPO QUE QUIERA
¡Claro!
¿Y a ti qué tal te ha ido? Todo bien, espero.
Sí.
¿Está bien, amigo?
¿Todo bien, señor?
Sí, sí.
No, tú no, hablaba con un cliente.
Estoy en el café.
Ya estoy al pie del cañón.
- Hola, ¿puedo ayudarle? - Hola, Agathe.
Perdón, creía que era un repartidor.
¿Puedo dejarle esto para Alice?
Sí, yo se lo entrego.
- Cuento con usted. - Se lo prometo.
- Gracias. - No hay de qué.
- Adiós. - Adiós.
Querida Alice:
Aquí tienes un nuevo texto.
Habla de mi ombligo.
Y de ti, de mis hijos,
de mi padre,
y de personas con las que me crucé estos últimos meses.
Creo que también habla de estos tiempos.
Ya lo verás.
- Esta chaqueta. - ¿A qué es bonita?
- Hola. - Hola.
Tome, de parte de Paul Marquet.
Gracias.
- ¿También va a casas particulares? - Sí.
Tengo un ventanal grande y estaba buscando a alguien.
- ¿Ves a Agathe? - En la fotocopiadora.
Gracias.
Lo pasas a máquina, me lo imprimes y me lo lees.
¿Habla inglés?
¡Las pizzas!
No mucho.
¿Algún título?
El bachillerato.
¿A qué se dedica?
Soy escritor.
Cualquier otra cosa.
No es un altillo del Ikea.
¿Côte du Rhône?
¿Profesión, el bricolaje?
No tienes pinta de dedicarte a esto.
No veo el contraste.
El perro, la puerta.
Hay que barrer bien, ¿eh?
Todo el edificio.
Es más de medianoche y tengo ganas de hacer pis.
Tomo la carretera más pequeña,
esa que ningún cartel me anima a seguir.
Paro el coche a un lado
y me bajo para ver los daños.
No es nada grave, pero aun así, me molesta.
Oigo algo que se arrastra detrás del coche.
Allí, a unos diez metros,
una forma en el suelo se mueve.
Un corzo.
El corzo que he atropellado.
No está muerto, pero con las patas o la espalda rotas.
No puedo irme y dejarlo ahí sin hacer nada.
Gendarmería Nacional, dígame
Sí, hola, señora. He atropellado a un corzo.
Está aquí tirado, no sé qué hacer.
- ¿Está herido? - No, estoy bien.
Llamaba por el corzo.
Es una línea de emergencia para socorrer a seres humanos.
Me duele haber dañado el único rastro,
el único vestigio de belleza en este lugar devastado.
De pie, ante él, lo miro por un instante.
No tengo ni un cuchillo ni nada
para poner fin al sufrimiento del animal.
Decido estrangularlo.
Este sufrimiento,
esta belleza condenada,
este drama,
es también mucha carne.
El oficio de escritor es mantener vivo un fuego que pide ser apagado.
Terminar un texto no significa ser publicado.
Ser publicado no significa ser leído.
Ser leído no significa ser amado.
Ser amado no significa tener éxito.
Y tener éxito no garantiza ninguna fortuna.
Y aun así,
los escritores son inasequibles al desaliento.
Muchos de ellos, como hago yo ahora,
gastan sus últimas fuerzas en la aventura.
Lo he leído. ¿Podemos vernos?
Sí.
¿Estás disponible al mediodía?
Sí, sí.
A las 12 h en el Café del Gimnasio.
- ¿Quieres algo? - Un café.
Muy bien.
El texto es bueno.
Te vamos a publicar.
Será tu próximo libro.
No voy a mentir, hay un problema.
¿Cuál?
Mira,
ya te pagamos un anticipo por el otro libro.
En este escribes sobre tu situación como escritor precario.
Y está bien. Muy bien.
Pero no puedo pagarte más.
¿Me entiendes?
Mientras pueda escribir.
UNA MESA ROJA, LIBROS,
UNA HABITACIÓN VERDE
PARA FRANK
- Tome. - Gracias. Qué emoción.
Hola.
Hola.
Para Inayat.
- ¿Cómo se escribe? - I-N-A-Y-A-T
Muchas gracias.
UNA AMIGA LE HA RECOMENDADO. ¿PODRÍA VENIR HOY?
Hola.
Perdone.
Para Marie.
- Marie. - En la primera página.
Me encanta lo que hace. He leído todos sus libros.
Es muy amable, gracias.
Muchas gracias.
- Aquí tiene, Marie. - Gracias y ánimo.
¿DENTRO DE DOS HORAS?
- Hola. - Hola.
Es para mi madre. Sabrina.
Gracias.
MI DIRECCIÓN ES RUE DES ARTISTES, 23. PERFECTO
Perdone. ¿Para quién es?
Alexandre.
- Gracias. - Gracias.
Para Marguerite, por favor.
Perdonen, ahora vengo.
¿Todo bien?
Sí, un segundo.
Hola, ¿qué tal?
- Bien, ¿y tú, papá? - Bien, bien.
Todo muy bien.
Bueno.
¿Qué te cuentas?
Papá, te llamo
porque te he leído.
¿Cómo?
He leído tu libro.
No sé cómo decírtelo,
pero me hizo llorar.
Mierda.
Lo siento, no lo escribí para dar pena.
No, no, no es eso.
Es solo que el texto me conmovió.
- ¿De verdad? - Claro.
Me encanta cuando cortas el césped con unas tijeras.
Y te para el policía por el cinturón. Es muy gracioso.
¿Sabes? Les decía a mis amigos
que eras escritor.
Pero ahora lo entiendo y voy a regalarles tu libro.
Estoy tan orgulloso de ti, papá.
Papá, ¿me oyes?
Sí.
¿Por qué no dices nada?
Porque no sé qué decir.
Porque me alegro tanto.
En cuanto tenga vacaciones, iré a verte a París.
Y me instalaré en tu estudio.
No vivo en un estudio, ahora estoy en una buhardilla.
- ¿En una buhardilla? - Sí, en una buhardilla.
Pues me instalaré en tu buhardilla.
Me ha hecho muchísima ilusión leerte, papá.
Era muy importante para mí.
Te mando un abrazo.
Y yo a ti otro, hijo.
Con mi amabilidad y mi entusiasmo de principiante,
seguro que le he quitado el sitio a otro currante menos flexible,
menos sonriente,
consumido por inquietudes que no tengo,
o que tengo desde hace tan poco
que no me afectan de la misma forma.
Soy uno más entre tantos:
seducido por la flexibilidad de este sistema
y, paradójicamente, por la sensación de libertad que ofrece.
La trampa está muy bien pensada.
Una sabia mezcla de libertad y de privación de la misma.
La disponibilidad permanente es la condición para salir adelante.
Me duermo feliz cuando mi puntuación sube
y angustiado cuando baja.
Hace falta tener cinco estrellas para trabajar.
Paul es majo, pero poco hablador. Una estrella.
El cliente aplica el palo y la zanahoria.
Tu valoración se hunde de repente y sin motivo,
con consecuencias duraderas sobre tus ingresos.
Las plataformas no necesitan autoridad para controlar sus tropas.
El algoritmo organiza el trabajo en su lugar.
- Me llevo un paquete de folios. - ¿Cuáles?
Los más baratos.
Los empleadores ya no temen a sus empleados.
Admirable mecanismo de destrucción
y reciclaje de recursos.
Ya está. No era complicado.
- Perfecto. Me dijo 25, ¿no? - Sí.
Una amiga hace una mudanza mañana.
¿Podría darle su número?
Sí, claro. Pero por la mañana no trabajo.
Por la mañana escribo.
A MI PADRE
SUBTÍTULOS: ANNA ROCAMORA
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