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¡Aquí están las botellas! ¡Ey! ¡Aquí están las botellas!
No.
Júrame que tú no hiciste.
¿Qué quiere hacer, doctor?
¿Aquí le paramos o va a denunciar a la señorita Montero?
¿Ya me condenaste?
Ahora deja que las autoridades sean quienes me juzguen.
Doménica, yo le pedí que vinieran porque yo sospecho que... ¿Toma trona?
Ya me dijo su parienta que aquí el doctorcito lo anda queriendo acusar. Yo
no estoy acusando a Doménica de nada.
Pero estoy seguro que tú hiciste esto, imbécil. Usted es muy hocicón.
¿Ah, sí?
Sí. Tranquilo, Luis Fernando.
No, no merece la pena.
¿A poco las botellas saben mi nombre?
O mis huellas. Si lo que quieren es acusarnos, más vale que se consigan algo
más que estas botellas que cualquiera pudo haber metido aquí.
Fernando, yo creo que te estás equivocando.
Pero entiendo que quieras buscar justicia. Lo que te hicieron es
horrible.
¿Qué quieres hacer?
Doménica se fue al campo cuando vino el abogado Sangeniz.
Con una orden para buscar las dichosas botellas de químicos. Es que no puedo
creer hasta dónde han llegado las cosas.
No pueden estar acusando a mi niña de quemar la siembra de nadie.
Y no solamente a mí, nana. También a Genaro lo tienen por sospechoso. ¿Y
tienen razones para hacerlo?
Encontraron unas bolsas con botellas de nitroferal vacías en mis tierras.
Esas las pudo poner cualquier persona que te tenga mala fe. Y fue lo mismo que
les dije.
Yo voy a hablar con Mercedes.
Yo le voy a decir que tú serías incapaz de hacer algo así, prima. Te prohíbo que
hables con esa señora sobre ese tema.
Oye, tampoco te pongas así.
Que ahora solo está tratando de ayudarte.
Pero bueno, por lo visto sigues usándola para descargar todos tus enojos y
frustraciones.
¿Cómo es posible que no hayas denunciado a esa mujer de inmediato?
Sanjení se fue con Cosme para levantar la denuncia contra quien resulte
responsable. Hijo, a la responsable ya la tienes. Se llama Doménica Montero. ¿O
tú crees que un simple capataz va a ser capaz de hacer algo tan grave sin que
ella lo autorice? ¡Ya es suficiente!
¡No me estés calentando la cabeza!
Tengo muchas preocupaciones ahora como para soportar tu odio contra Doménica.
Luis Fernando.
¡Luis Fernando!
Perdóname, tía.
Pero si Mercedes piensa lo peor de mí, estoy tratando de evitarle un desaire a
Clara. Dios sabe que eres inocente.
Dios y el diablo que puso esas botellas para que te echaran la culpa.
Pues quién sabe quién le traiga tanta moina a mi patrona, porque bien dicen
que pudo haber sido el Pedro, ¿eh? Ya ven que ese chamaco es capaz de hacer lo
que sea.
No, eso es imposible, porque esa noche Pedro estuvo en el centro social y
estaba muy deprimido más que enojado, ¿eh? Pues de todas maneras el nitroferal
no se puede comprar aquí en Santa Teresa. Te tienes que ir hasta San
Felipe para poderlo conseguir y a veces no hay allí.
Lo mejor es que cooperemos con la investigación, hija.
Es la única manera que se demuestre tu inocencia y que se encuentre al
verdadero culpable.
Pues que así sea.
Porque alguien tiene que pagar por todo el daño que le están haciendo a Luis
Fernando.
¡Pedro!
¡Rosita!
Se murieron todos los plantitos de frijol.
Ya sé.
Ya me contó Adelita.
¿Y no estás triste?
¿Tú eres socio del amigo Sanjenil?
porque ya no va a haber dinero para nada.
Ni para operarle la pierna a mi papá.
No te preocupes, Rosita. Seguro esto pasa.
Y luego les va a ir mejor a ti y a tu familia porque pues ustedes no tienen la
culpa de nada y Diosito le ayuda a la gente que es buena.
Pero Luis es bueno.
Mira, mejor vete a tu clase y ya no estés triste porque si sigues llorando
estos ojitos se te van a hinchar así como un sapo.
Pues no queremos eso.
Ya luego vemos cómo solucionamos lo de la pata de tu papá.
Gracias, Pedro.
Eres un buen amigo, así como dice mi papá.
Ten este plátano, pa' tu otra hambre.
Gracias, Rosita.
Los proveedores de fertilizantes quieren su pago.
Tenemos la bodega llena de su producto y no sé qué hacer, la tierra está muerta.
¿Hablaste con los del transporte? Están en las mismas.
Lo que sí me preocupa es cómo vamos a indemnizar a los trabajadores que
contratamos para la temporada.
¿Qué le voy a decir a nuestra gente?
O sea, yo quisiera quedarme con todos, pero en esta circunstancia no sé hasta
cuándo vamos a poder seguir pagando sus sueldos.
Estás llorando, Rosy.
O te cayó el limón en los ojitos.
Amor triste.
¿Por qué ya no van a operar a mi papá de su pierna?
Se echó a perder la siembra de Holly.
Ya nadie tiene dinero en el Espejo de Luna.
Los adultos siempre tienen dinero.
Bueno, mi papá tiene mucho.
Pero nosotros nos quedamos pobres. Y mi mamá dice que si no hay trabajo en la
hacienda, Nos vamos a tener que mudar a donde sí haya.
¿Y a dónde es eso?
No te preocupes, Rosita.
Yo le pido a mi papá que arregle todo para que puedan tener frijol de nuevo en
la hacienda de Luis.
Gracias, Lalo.
Eres tan bueno como Pedro o como el amigo Sanjení.
Tengo que avisarle a Pedro que aunque no quiera verme, pues legalmente es mi
socio y le debo explicaciones.
Y también te toca pedirle parte de la deuda.
Por aquello de la hermandad.
¿Podrías dejar tus bonitas a un lado? Yo jamás le haría eso a Pedro.
Ya sé.
Pero tal vez Pedro quiera su dinero de vuelta.
Y está en todo su derecho.
Claro. Pedro sería la primera persona a la que tendría que pagar.
Ya bastante daño le ha hecho esta familia como para que yo me quede con su
patrimonio.
Y mira, si tú te quieres echar para atrás con la propuesta que le hiciste a
mi mamá, estás en todo tu derecho.
Olvídalo.
Yo como los músicos del Titanic.
Me quedo aquí hasta que se hunde el barco.
Hija, ¿piensas cobrarle el cerrando el uso de tus tierras?
No. No, por supuesto que no voy a perjudicarlo más de lo que ya está.
Me dolió mucho cómo reaccionó.
Sí, te entiendo.
Y haces bien en no presionarlo en los negocios.
Pero en lo personal, ¿crees que puedas perdonarlo?
Voy a dejar que la investigación avance y se demuestre que yo no soy la
culpable.
Entonces va a venir a pedirme perdón.
Ahora está muy nublado por todo lo que se le vino encima.
Sí.
Pero yo lo amo, padrino.
Y siento que él también me ama.
Yo siento que es sincero.
Luis Fernando es un hombre comprometido.
Y si no fuera por toda esta tragedia, sé que te pagaría en tiempo y forma.
La persona que le hizo esto quiere verlo acabado.
Hundido. ¿Quién?
¿Alguien como Genaro?
Marta Cosme.
Ah, caray.
Ah, pues eso sí, no me lo esperaba.
Está bueno.
¿Puedo avisar?
¿Puedo hablar?
Pues que ahí le da un regalito a Santa Teresa.
Para oreja, para que le cuente.
Dime sinceramente, ¿crees que Dominica quiera cobrarte ya por el uso de las
tierras y hacer efectiva la penalización por incumplimiento de contrato? Es que
tengo que hacerlo.
Tenemos un acuerdo.
Solo espero que, con la enojada que está porque no la defendiste, no te pida el
dinero de una vez.
Hola, mamá.
¿A dónde fuiste?
A hacer lo que tú no te atreves.
Las veces que Genaro se ha peleado con Luis Fernando ha sido por defenderme.
Estoy segura que es leal a mí y a la hacienda.
Te pregunto si lo crees capaz de hacer algo para dañar a Luis Fernando.
¿Algo como esto?
No.
No, a ver, en todo caso Luis Fernando es el que no soporta a Genaro.
¿Puedes creerlo?
Está celoso.
Eso es una tontería.
¿Qué razón puede tener para pensar eso? Ninguna, te lo aseguro y se lo dije a
los dos.
A Genaro le dije que si tenía esa idea rondando por su cabeza que la sacara,
que no iba a pasar nunca.
Entonces descarta a Genaro como el que pudo haber echado a perder la siembra.
Ay, padrino.
La vida me está enseñando a ya no meter las manos al fuego por nadie.
Mejor que las autoridades hagan su trabajo.
¿Qué me dices?
¿Qué está pasando afuera?
¿Qué está pasando, señores? Tenemos una orden para detener a Doménica Montero.
¿Qué es esto?
¿Cómo te atreviste a denunciar a Doménica sin consultarnos?
Sanjenín no me ha comprado la mitad de la hacienda, así que soy tan dueña como
tú. ¿A ti no te importan estas tierras? No, ni me van a importar nunca, pero no
voy a permitir que eches a perder tu vida.
Si se da cuenta que es dueña de un montón de deudas, ¿también va a
asumirlas? Sí, también.
Prefiero malbaratar esta hacienda para pagar todo y largarnos de aquí con tal
de sacar esa tipa de la vida de mi hijo. ¡Deja de meterte en mi vida!
Y aunque vendamos esta hacienda, eso no va a cambiar lo que yo siento por
Doménica. ¿Te quedó claro?
Sí, guapo. ¿Las flores que mandaste eran para el centro social o para...? Pues
creo que eran para ti, mi reina.
Pero con eso es que tenemos que disimular.
Bueno, a eso sí mereces un premio, ¿eh?
¡Gabó!
¡Ey!
Ay, amiga, haces el mejor café del mundo, ¿eh?
Te luciste con el regalo de ayer.
Ah, sí, las flores estaban muy bonitas. Qué bueno que te gustan.
Bueno, no sé si me gustaron más las flores o la comida del evento.
Bueno, vieja, pues si ya no tienes nada más que hacer, regrésate a tus
quehaceres.
Besos muy ricos, ¿no?
Pero necesito que me ayudes con otros puntos, ¿eh?
Pues con esos premiositos, tú pídeme lo que quieras.
Sí.
No permitan que se la lleven, don Andrés. La orden es legal, Nicolás, pero
eso no quita lo injusto de esto. Y tampoco es para que la esposen como si
fuera una delincuente.
Ustedes no se llevan a mi patrón a ningún lado antes me matan.
Tenemos una orden legal para llevárnosla. A mí tu orden me la paso
por donde yo quiera. ¿Cómo ves?
Tranquilo, todo esto se va a arreglar. Sí, se va a arreglar, pero ahorita.
¿Cuál es esa arma, por favor? No voy a dejar que se la lleve. Vas a complicar
las cosas. No viérnate, Genaro. Le vas a causar más problemas a mi niña.
No la voy a dejar sola en esto, ¿eh? Ya, guarda eso. Y ve por la camioneta porque
nos vamos con ella. De verdad, vamos.
Lléveme con usted, don Andrés. Yo iré como abogado de Doménica.
Es mejor que no vayas.
La puedes debilitar si te ve llorando por ella. Y la necesitamos fuerte para
que resista con dignidad.
Nunca creí que Luis Fernando fuera capaz de denunciarla sin pruebas.
Se le metió el diablo en la muñeca. ¿Qué le pasa?
No fue él. La orden es de Mercedes.
Y ahí estabas tú, y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo.
Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te trajo, contigo me sonrió.
Se me quitó lo triste, cuando te vi me viste.
Y desde entonces te volviste yo mejor, ¿y qué me pasó?
Y ahí estabas tú.
Ahí estaba yo y nuestra soledad, que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.
Y ahí estabas tú y eso me salvó. Y ya no quiero más, eres
mi luz, mi paso, mi más grande amor.
Y ahí estabas tú y aquí estaba yo y nuestra soledad, que el mundo
sea tan grande.
Y ahí estás tú, y esto me salvó, y ya no pido más,
eres mi luz, mi paz, tú mi paz, grande amor.
Y ahora aquí estoy yo, listo para cuidarte siempre el corazón.
A Domenica la van a detener porque arruinó la siembra de Luis Fernando.
Y yo necesito que todo el pueblo esté ahí para que la humillen y la critiquen.
¿Me puedes ayudar con eso, guapo?
Pues más que ayudarte parece un ataque directo a tu prima.
No, porque mira, lo que me pides, más el corrido que me encargaste, más que le
diga a mi vieja que corre el chisme, que el novio la plantó, pues todo eso me
huele a que es puro odio lo que sientes.
Ah, pues mira que sabes fumar, guapo.
Y si estás en lo correcto.
Odio a Domenica por quitarme todo lo que quiero.
Oye, ¿y eso de que me dices que arruinó la siembra? ¿Sí fue ella o fue Genaro?
Ay, ya sabes que Genaro no es una santa paloma.
Pero ¿me vas a ayudar o no?
Sí.
¿Y si tu prima se va a dar qué?
¿Tú te quedas?
¿Se te olvida que tengo casa en el pueblo?
Y muy cerca la tuya, tontito.
Entonces pídeme lo que quieras.
Cuando quieras, ¿eh? Le voy a decir a Ingenia que corra el chisme. Pero
antes... Otro premio, ¿no?
¡Prudencio!
¡Prudencio!
Nicolasa. Tienes que ayudarme, Prudencio.
Te llevaron a mi niña a la cártel.
¿Sería mucho pedir que mi familia dejen de hacer esas tonterías?
Resta el cuello de problemas.
Y a punto de perder a Doménica por esa estupidez que hizo mi madre.
¿Ya descargaste tu rabia?
¿Qué se puede hacer con esta demanda? Nada.
Solo Mercedes puede retirarla.
Imposible, mi mamá no lo va a hacer.
Bueno, pues hay que esperar a que se calme.
De todos modos, la autoridad tiene que hacer su investigación antes de
proceder. Tranquilo.
Ok.
Voy a hablar con Doménica y con don Andrés para que estén prevenidos.
No quiero que piensen que yo tuve algo que ver con esto.
Bueno.
Doñita, doñita, le traje su té.
Justo como se lo preparaba Prudencio. No me vuelvas a mencionar a ese tipo.
¿Por qué? No sea tan ruda con él. ¿A poco sí lo odia tanto?
Ahorita lo encontramos y le explicamos yo por qué está aquí.
¿Qué haces en mi casa y con esta mujer?
Mi niña no ha hecho más que querer a su hijo.
Pero usted con su alma de Herodes se lo sabe destruir inocentes.
Primero Pedro y ahora Doménica. Esa mujer es una maldición para mi hijo.
¿Qué está pasando aquí?
Si de verdad amas a mi niña, no permitas que la dejen en la cárcel.
¿Cómo? ¿La detuvieron?
Sí, eso venimos a avisarte.
Que se la llevaron desabandonada.
Se la llevaron esposada, como si fuera una criminal.
Y todo por culpa de esta mujer.
Esto no te lo voy a perdonar.
¡Jamás!
¿Cómo te atreves a venir aquí, a mi casa, a defender a esa infeliz?
¿Quién te cree que eres?
Tu lugar está con la servidumbre. No, señora.
No se equivoque.
Sirvo, sí.
Pero al corazón de mi niña desde que se quedó huérfana.
Sirvo para cuidar sus pasos. Para protegerla de gente miserable como
usted. Yo no soy de las que aparentan pureza con...
Ropa elegante, bien planchada y perfumada, pero con el alma oliendo a
podrido. Te crees la madre de Doménica, pero no eres nada de ella.
Nada. Soy más madre que usted.
Que lo único que ha hecho es ponerle trabas a su hijo. Yo lo único que hago
es proteger a Luis Fernando de Doménica.
Usted solo hace lo que le conviene.
Si a alguien no le sirve, lo hace a un lado como a Prudencio.
Si a alguien le estorba, lo deja a su suerte como a Pedro.
Tú sígate, por favor, Nicolasa. Yo no te traje aquí para esto.
y todavía la defiendes. Tú, que eras un hombre íntegro, cabal, con valores y
caíste en lo más bajo por su culpa. Por mi culpa yo no le obligué a nada.
¿Prudencio? ¿Lo hizo por amor a usted?
Si es que a eso que solamente inspira cosas indignas se le puede llamar amor.
Y lo tuyo sí lo fue.
Lo nuestro fue un amor limpio.
Bueno y para siempre.
Quédate con tu prudencia.
Él ya sabe que para mí no significa nada.
Quiero hablar contigo.
Así como tú dices.
De hombre a hombre.
Ah, caray.
¿Pues qué pasó?
Necesito dinero para que vuelvan a sembrar frijol en el espejo de luna.
Prima.
¡Hija! ¡Hija, yo sé que eres inocente!
Todo va a estar bien.
Ayer le jurabas amor y hoy le echaste a perder sus tierras al doctor.
Tienen que hacerle justicia al doctor. Esa mujer es mala.
Sí. Déjeme pasar.
Déjeme pasar, por favor.
Nosotros estamos con usted. Déjeme pasar. Fernando.
Dime.
¿Cómo te atreves a meter a mi prima en la cárcel?
Pues ya llegamos.
Pare ciega.
Gracias por acompañarme.
Aunque nadie te lo pidió, ¿eh?
Ay, de plano contigo, Nicolasa.
Primero estás ahí, que tu amor por mí es para siempre.
Y ahora te muestras rejega y de malos modos.
Una cosa es que me haya ido de aquí y otra que te haya olvidado.
Entonces, ¿me quieres o no me quieres?
Ahorita no me voy a poner a hablar eso contigo.
Y ya vete.
Que le tengo que llevar unas cosas a mi niña a donde tu amada Mercedes la mandó.
Yo no pedí que detuvieran a Doménica. Fue mi madre la que lo hizo. Le anda
echando la culpa a su madre. Tenga pantalones.
Usted fue el primero en señalar a mi patrona. ¿O no?
Yo no voy a discutir mis asuntos con Doménica contigo. Que no te conviene.
Estoy seguro que fuiste tú el responsable por todo esto, imbécil.
Vamos, vamos.
Déjeme pasar. Soy abogado. Mi cliente solicita acceso.
Por favor, déjeme pasar. Ya.
Gracias.
¿Entonces no vas a dar el dinero para Rosita?
Mira, mijo.
Mejor apréndete esta primera lección de hombres.
A las mujeres, ni todo el amor, ni todo el dinero.
Uy, ahora ya sé por qué mi mamá siempre anda triste.
Pero, ¿y del otro cómo le hago?
Yo le dije a Rosita que tú ibas a arreglar todo.
Ah, mira, pues aquí viene la segunda lección. No ande prometiendo lo que no
tenga ni el cochinito.
Y ya váyase. No quiere que la tercera lección se le dé a cocoronazos o andar
de ofrecidote.
Pero eso no te quita lo codo que eres.
¡Vaya chamaco grosero!
¡Pedro!
¡Pedro! ¿Qué pues, Nieves?
Metieron a gota a la señora Doménica, que es que por amolar la siembra del
Espejo de Luna.
¡Ay, hijo!
¿A poco le echaron la culpa a ella?
Pues sí, ¿tú crees? Y a lo mejor tú puedes hacer algo porque pues tú eres
socio del Espejo de Luna, ¿que no?
¿Tú también eres dueño? ¡Otra vez con ese cuento, Nieves!
¡Ya te dije que yo no tengo nada que ver con esa gente!
Además, ¿qué voy a hacer yo por la seño, Doménica?
Ay, pues lo que sea. Si es que de veras la aprecias, menos quedarte ahí haciendo
una dota.
Doménica.
Doménica, te juro que yo no tuve nada que ver con eso. Fue mi madre.
Yo sí creo en ti.
Tal vez creas en mí.
Pero no hiciste nada para detener a tu mamá.
Escuché que el Ministerio Público giró una orden de aprehensión en contra de
Doménica Montero.
¿Ustedes la denunciaron?
No fuimos nosotros.
Mercedes tomó la iniciativa sin consultar a Luis Fernando ni a los
socios. Es decir, a Pedro y a mí. ¿Y si resulta culpable?
Yo me atengo a las pruebas.
Y no hay suficientes como para justificar la detención inmediata.
Está bien. ¿Con qué te puedo ayudar?
Solo avísale a tu jefe y dile que estoy aquí.
Porque el Ministerio Público...
convenientemente se desapareció. Señorita, ¿dónde puedo encontrar al
Ministerio Público? No está en su lugar. Y nadie me da razón de él.
Lo mejor es que hablemos directamente con el presidente municipal.
¿Para ayudar a Doménica?
¿O para terminarla de hundirse un fundamento abogado?
Le pedí a Sanjenís que levantara una denuncia en contra de quien resultara
culpable. Pero mi madre vino por su cuenta.
Qué conveniente.
Así se puede vengar de mí.
Y como son las leyes en este pueblo, pues a ver cómo me va. Te voy a sacar de
aquí, Domenica, te lo prometo, te lo juro.
San Genís ya está hablando con el Ministerio Público y ahora voy a hablar
con Cosme para sacarte de aquí.
Don Cosme, el doctor Jiménez vino a verlo.
Permítanme.
Doctor, qué bueno que vino, porque así podemos solucionar esto todos los
interesados. Así es, mi madre se adelantó.
La verdad es que mi socio y yo levantamos una denuncia en contra de
quien resulte culpable, no en contra de Doménica Montero. Bueno, si la señora
Mercedes se les adelantó, no es un asunto de las autoridades.
La denuncia contra Doménica Montero nos hizo actuar de acuerdo a derecho.
Mi ahijada está en manos de tu madre.
Y si Mercedes no se desiste de esta injusticia, Doménica va a tener que
pagar por algo que no hizo. Eso no va a pasar, se lo aseguro.
Voy a convencer a mi madre de que retire la denuncia.
Pues ahora tu prima está en manos de Mercedes.
Yo puedo hablar con ella, mamá.
Convencerla de que la libere.
Hija, pues yo misma lo haría, pero no creo que ella escuche a nadie.
Está muy enojada.
¿Por qué no le llevamos cositas a Doménica en este momento tan difícil?
Hija, eres muy sensible.
Me parece que este pueblo te está cambiando para bien.
La verdad es que me parte el alma verla así.
Usted siempre ha sido activa.
Anneli, saque la casa.
¿No le da el gusto de verla así?
Cuando se trata de los sentimientos no soy tan fuerte como tú crees, Genaro.
Supongo que está hablando del doctorcito.
Pero yo no soy nadie para aconsejarla sobre sus querencias.
Pues eso sí se lo digo.
Solo me usan de equivocándole todas, todas, porque ahora me quiere echar la
culpa de todo.
¿Pero yo qué gano con echar a perder esas tierras si son suyas?
¿A usted le iban a dar ese dinero por las rentas?
Eso es cierto.
Lo que sí es que yo haría cualquier cosa porque usted quedara libre.
Es más, déjeme me echar la culpa de todo.
Que me cierren a mí.
Vas a convencer a Mercedes para que decista de su denuncia.
Pues tengo que ir con ella.
Tengo que explicarle.
No es justo lo que le hicieron a la señora Doménica. ¿De dónde sacan que la
señora Doménica perjudique a las pocas perfechas que hay por aquí? Todo esto es
un malentendido, Pedro. Nosotros no queremos hacerle daño.
Entonces, ¿por qué le metieron al... Sabes lo feo que siente que le digan a
uno que lo quieren y que luego le den una apuñalada por la espalda. No fue
cosa de... Esto lo vamos a hablar después.
Con la cabeza fría, ¿ok?
Por ahora, tenemos que hablar sobre el problema que tenemos con la siembra.
No digas locuras, Genaro.
Agradezco mucho tu intención.
Nosotros no somos culpables, solo hay que esperar a que esto se aclare.
Pues ahora solo nos queda confiar en su padre y no en ella.
Y pues qué mal que no estuvo aquí el licenciado Ernesto para poderles hacer
la talla.
Hay que esperar.
También confiar en lo que dijo Luis Fernando.
Genaro.
Déjame hablar con una hija.
Solamente puede estar una persona aquí.
Sí. Cualquier cosa estoy pendiente allá afuera.
Gracias, Genaro.
Por ver.
¿Pudiste hablar con el ministro?
Claro, una comisión.
Yo sabía hasta dónde, pero... Nadie me sabe decir cuándo va a volver.
Y lo que sí tuve fue una reunión con Cosme.
Con los Fernández y con Sánchez.
¿Y qué dicen?
Mira, por muy buena voluntad que te haga los Fernández o intenciones legales que
te haga yo, tu pronta libertad solamente depende de que Mercedes exista. Y eso es
lo único que no va a pasar.
La otra solución es quedarnos con el culpable.
Pero no sé cómo. Yo tampoco.
Gracias por estar aquí.
Es en estos momentos en los que uno puede comprobar la lealtad de las
personas que tenemos cerca.
¿Sabes qué me acaba de decir, Genaro?
Que él se echaría la culpa a contarle que lo encierren a él.
Eso te digo.
Pero si yo ya les dije que se pueden quedar con todo lo que invertí.
Entonces nada de que somos socios. No es así de fácil. Hay un contrato que
legalmente te une como socio. Y también para recuperar tu dinero.
¡Oh, que la canción! ¡Pero si yo no quiero nada del dinero! Ese dinero ya
está invertido y lo sabes.
Y lamento informarte que la pérdida de la siembra también tendrías que
afrontarla con nosotros.
¿A poco me van a mantener pegado ustedes por un papelito que firmamos?
Solo necesito saber si te devuelvo todo y en qué plazo.
Que por ahora no necesitemos rescatar la hacienda, pero sí.
No perjudicar a la gente que depende de nosotros.
Ah, pues ayúdalo si puedes, Luis F.
Y si no es lo que quieras, que yo ya no quiero nada.
Y si ya terminaste, me voy a ver a la señora Doménica.
Entonces mañana te voy a ir al restaurante, mi compadre.
Claro.
Te dejo porque ahí se acabó Rochas aquí.
Adiós.
Don Andrés.
Quería preguntarte sobre esa propuesta que le hiciste a Doménica.
¿Qué pues?
¿La patrona aceptó? Por supuesto que no.
Era recién una tontería. Pues fue lo único que se me ocurrió.
Es para que me parte el alma que anda ahí encerrada.
Y era lo que fuera por su hija, ¿eh? Bueno, me queda claro que eso lo harías
por amor.
Y no por lealtad de empleado.
Pues mire, la mera verdad, sí.
Aunque mi patrona ya me dejó bien claro que nunca va a haber nada entre
nosotros.
Pues porque trae clavado en el corazón al doctorcito.
Qué bueno que te queda claro.
Y no creas que te menosprecio.
Ya sé que la tengo que sacar de mi cabeza.
¿A ti no es tan fácil sacarla del corazón?
En el corazón no se manda.
Que nunca le ha pasado.
Que se tiene que hacer el entero. Enfrente de una mujer que no le tira ni
un lazo.
Sé muy bien lo que es eso.
Y ni crea que le voy a rogar a mi patrona para que me da con otros ojos,
¿eh?
Lo que me enoja son las matas de frijol.
Pues ellas qué culpa tenían, ¿qué no?
Pero no, lo que más me inmuina es que el doctor esté enojado con usted.
Es por culpa de Mercedes que estoy aquí.
Es ella la que me acusó directamente a mí.
¿A eso no me dijo Luis Fernando ahorita que hablamos allá afuera?
Por eso no te enojes con él.
No debe ser fácil tener una mamá como la suya.
Imagínate. Esa señora es mala entraña, ¿eh? Sí.
Cuídese de ella, señorita. De verdad.
Pedro, ya vamos a tutearnos.
Dime, Domenica, que es para los amigos y tú y yo somos amigos.
¿Que no?
Órale, va.
Oye, Domenica, fíjate que estuve pensando.
Y para la próxima vez que venga, te voy a traer una torta con jamoncito y
quesito. ¿Te gusta el chipotle?
Sí. Con chipotle. Vámonos.
Se acabó tu tiempo.
¿Por qué?
Porque hay una señora esperando allá afuera. Órale, vámonos. ¿Cuál?
Vámonos ya.
¿Me van a dejar pasar de una vez?
Órale. O tengo que ir a tirarle la puerta al presidente municipal.
Ah, es Nicolás.
Vámonos, vámonos ya. Seguro que allá afuera, Doménica.
Nana.
No, Nana, no quiero verte preocupada. Por favor.
Tranquila. Ay, mi niña.
Es una injusticia lo que hicieron contigo.
Y yo... Pues yo empeoré las cosas, echándole más leña al fuego.
¿Qué hiciste?
Le fui a decir sus verdades a la loca de Mercedes.
Dijiste que tu potranca tenía que sufrir.
Así que yo mismo acompañé a la señora Mercedes para que la denunciara.
Después mandé al Ministerio Público a la capital a que se diera una vuelta.
Por unos papeles que no urgen. Bueno, pues ya lo puedes dejar. Porque de todas
maneras las cosas están saliendo bien para mí ya.
Entonces dime qué sigue.
Porque tengo al doctor y al abogado de Doménica Montero presionándome para que
saque a tu potranca.
Es decir, quedar como el héroe.
Ir para acá al doctorcito.
Así que vamos a dejar a mi potranca en su establo de barrocos.
Y con suerte sueña que la rescato echándome la culpa.
¿En serio harías eso?
Que estuviera loco.
Entonces, ¿qué con Luis Fernando?
Si mañana se para todo por tu buena voluntad, ¿y una indemnización para el
doctorcito?
¿Tu libertad depende de esa señora?
Yo en este mismo momento voy y le pido perdón de rodillas. No, de ninguna
manera voy a permitir que te huyes delante de esa señora. No.
Además, hiciste bien.
¿Hiciste lo que cualquier madre hace por defender a su hija?
Dime entonces, ¿qué puedo hacer para ayudarte?
Mantenerte tranquila, por favor, hasta que salga.
Por más de vos que no van a encontrar nada en mi contra.
Ay, no, no me gusta verte aquí.
¿Eso cuánto tiempo va a durar?
No lo sé.
Luis Fernando me cree, dice que va a ayudarme. Yo quiero confiar en él. Lo
importante ahorita es que salgas libre.
Las cosas después las arreglan como ustedes saben.
Lo que hiciste no fue para protegerme a mí, sino
por soberbia.
Siempre quieres tener la razón de todo.
Bueno, a ti esa mujer te tiene trastornado. En cambio con Paula... No,
no, no uses a Paula para minimizar tus errores.
Después de ver cómo defiendes a Doménica y cómo me juzgaste con lo de Pedro.
No quiero ni preguntarte lo que piensas de mí ahorita.
En fiesta, que yo vuelva a admirarte y a respetarte.
Sinceramente no sé cómo le vas a hacer para redimirte con mi hermano.
Pero con Doménica, tú sabes lo que tienes que hacer.
Eso, nunca.
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Estoy aquí en el pueblo, esperando a Luis Fernando que me llame a ver si
Mercedes cede en retirar la denuncia, pero la verdad es que lo veo muy
difícil. Por suerte adelantaron para mañana temprano la audiencia y la
resolución del pleito con Gilberto León.
Así que ya no paso a Puebla y me voy directamente a Santa Teresa para
ayudarte, papá. A ver, te lo agradezco, hijo.
Te quiero mucho. Yo también te quiero. Cuídate.
Hubiera querido que mi niña tuviera siete años otra vez.
Para dormirla con un cuento que le hiciera soñar.
En lugar de dejarla cargada de penas.
Esto no va a ser para siempre, Nicolasa.
Tienes que estar fuerte para tu niña.
Ahora que regresemos a la silla, te voy a preparar un cafecito para que
termines. Ay, don Andrés.
A usted se le quema hasta el agua.
Pero gracias.
Yo sé que lo hace para que me sienta mejor.
Mejor estaríamos si estuviéramos todos juntos.
¿Y la señora Pilar no piensa ver a mi niña? No. ¿O sigue de rencorosa con
Doménica? Bueno, Pilar y Kiara llegaron juntas.
Pero no alcanzaron ya la hora de visitas y se regresaron.
Y hubieras visto cómo Kiera le reclamó a Luis Hernando. Es un bufetón que me hace
dudar que lo siga queriendo como decía.
Venga.
Si nada más porque me conviene.
No me ando enojando por verla tan contentota por el sufrimiento de mi
potranca. Uy, qué suerte tenemos que no se odie a Domenica. Luis Fernando nunca
le había denunciado. ¿Sabes? El doctorcito ya no va a poder hacer nada,
aunque quiera.
Solamente falta cosa.
¿Qué conmigo le va a tener que decir a mi potranca que compensa al doctorcito
por haber perdido su siembra?
Esa compensación no significa nada para Domenica. Además es devolverle dinero a
Luis Fernando.
Pues salón, ya conseguimos lo que queríamos.
Porque mi potranca no va a regresar con el doctorcito.
Bueno, me tengo que ir.
Alguien la tiene que hacer de jefa en el centro social.
Hay clases de macramé por si quieres aprender.
Parece que mejor la atiendo.
Dile lo que pueda usted.
Intenté convencer a mi madre, pero ella es muy necia.
Y sigue empecinada en odiarte.
Siento que ya no la conozco.
El odio transforma a las personas.
Yo lo sé muy bien.
De hecho, a tu mamá y a ti también les consta porque conocieron esa parte
oscura de mí.
Así que tampoco es culpa tuya que ella no quiera ceder.
Igual te agradezco que hayas intentado liberarme. ¡Ey, señora, debe regresar a
su celda! Ahora solo queda esperar a que las autoridades agarren su trabajo.
Informes antes de prohibir nada.
¿Qué pasa, padrino?
Hija, Gilberto ganó la demanda.
Vas a tener que pagarle.
Y además congelaron tus cuentas.
No tienes dinero.
Yo te quiero, Pedro.
Y para mí que Nieves nomás está contigo por puro interés. Y anda retebolada
sintiéndose la novia del patrón. Lo que no me gusta es que siempre Genaro
termina siendo el pez gordo y tú el flaco.
Padrona, el presidente municipal le quiere comentar algo.
Esa es una idea que se me ocurrió para que usted pueda quedar libre.
Pero se lo quiere decir a ella en su vecina.
Yo fui quien pagó la fianza. No ha habido un día que yo deje de amarte. Te
amo.
Necesito que me hable sobre Mac y cómo fue su relación con Doménica. Esto se
acabó y ya no me busques.
Doménica Montero, lunes a viernes a las 9 por Univision.
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