All language subtitles for domenica_montero_s01e24

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Original subtitles

Y ahí estabas tú, y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo

Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te trajo,

contigo me sonrió Se me quitó lo triste, cuando te vi me

viste Y desde entonces te volviste yo mejor, ¿y qué me pasó?

Y ahí estabas tú

Y aquí estaba yo, y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.

Y ahí estabas tú, y eso me salvó, y ya no pido más, eres

mi luz, mi paso, mi más grande amor.

Y ahí estabas tú, y aquí estaba yo, y no es casualidad...

Y ahora aquí estoy yo, listo para cuidarte siempre el corazón.

¿Qué pasó, Rosita?

Se murieron todas las plantitas de frijol. Ay, no me digas. ¿Las que

siembras en tu casa?

No, las del campo.

Todo tu campo está muerto. Bien muerto.

¿Estás segura de lo que estás diciendo?

Sí. Y el campo se ve todo feo.

Fernando.

Fernando.

El circo que te dañó la siembra.

Sí.

Mi papá y yo vimos que todo se echó a perder.

No solo la hierba mala, también las matos de frijol.

¿Y Bartolo?

Viene para acá.

A mí mamá mandó a que corriera para avisarte.

Pobres plantitas.

Pero, ¿tú lo viste o te dijeron?

Elisa, vente ya para acá.

Pues qué bueno que la clase va a ser desde temprano.

¿Cuándo te he dado motivos para que se te olvide que yo soy tu patrón y me

mires con otros ojos?

¿Por qué me dices eso, oiga?

Respóndeme de frente lo que te acabo de preguntar.

Pedrito, ¿qué haces barriendo si aquí tú eres un invitado?

Barré el patio del trabajo de nieve.

Pues sí, pero...

Ella se ofreció a lavarme mi camiseta y animó que me quedara de los brazos

cruzados. Me encanta que además de todo, eres tan caballeroso.

¿Además de qué?

Además de joven y de guapo.

Ya me lo desayunamos.

¿Preparo algo en especial?

Ay, sí. Fíjate que se me antojaron los huevos rancheros, pero con salsa de la

que no pica.

Con mucho gusto, ceñito.

Pero pues ahorita le estaba preguntando a mi novio.

¿Usted ve?

¿Aman?

Pues sí.

¿Cómo la ve?

¿Y qué hará? Ya se enteró de su romance.

Digo, porque viviendo en la misma casa... Que no se te olvide.

Salsa de la que no pica.

Ponte la playera.

Mieres, le tenías que decir que somos novios. ¿A qué?

No entiendo.

Miren, no se lo dije con todas las palabras que a usted me gustara.

Pero pues la mera verdad... No hay que no voltear a ver a una hembra como

usted. Hembra es para el ganado, Genaro. Soy tu patrona, soy una mujer. Aprende a

usar esa palabra.

Por lo que sé, usted me entendió.

Uno es hombre y tiene sus ojos.

Y yo lo tengo todo en las venas. Y sí se lo dije al doctorcito.

Usted está rechula y se lo sostengo.

Pero fue con mucho respeto.

Pues no confundas educación con cercanía.

Y no te hagas ideas, aquí no existe ningún otro.

Entiendo cuáles son las diferencias.

¿Sí?

Porque te estoy hablando de jerarquías. Y si se borra esa línea se acaba el

respeto, ¿entiendes?

Sé cuál es mi lugar en la hacienda.

¿Eh?

Pues ahora que cada cosa está en su sitio, podemos volver al trabajo.

Falta mucho por aprender de computación.

Y descúbrete.

Frente a una mujer, te quitas el sombrero.

Bien.

Pues si tanto te molesta que digamos que somos novios, pues entonces tú dime qué

somos.

Porque, pues, Pedro, pues nosotros ya está... Pues...

Yo ya soy tu mujer.

Nieves, ahorita no tengo cabeza para pensar en nada.

Y lo que menos quiero, de verdad, son problemas, Nieves.

Pues llamarnos no es un problema.

Quiero evitar broncas con la seño Kiara.

No quiero que piense que por vivir aquí estoy abusando.

Y tú eres su empleada.

Bueno, pero con la señora que eres distinto.

De veras que ella es rete buena gente.

Además, pues tú eres como cuñado de Doménica. Y también eres oso y patrón,

aunque no quieras. Nieves, no estás entendiendo nada, me cae. Que yo para

poder seguir siendo patrón, tengo que aceptar que soy hijo del infeliz este,

de Eugenio Jiménez.

Entiéndelo.

Y peor tantito, tengo que estar haciendo tratos con la señora que se quiso

deshacer de mí de chiquito.

Te lo voy a dejar bien claro, Nieves. Si vamos a seguir andando, yo voy a ser

Pedro Nadie.

¿Entendiste?

Yo pedí café.

Es atole de amaranto.

También le llaman alegría porque así nos pone.

Animado, contento.

Que te cansó ver mi cara de triste, ¿verdad?

No, cansada no estoy, pero sí me duele verlo tan apachurrado.

¿Cuántas mujeres no querrían un hombre como usted?

Mire, así estoy, así de decirle a la señora Pilar que es una tonta por no

aceptarla. Tampoco me la insultes.

Y encima la defiende. Pues sí.

Para mí que la señora Pilar no quiere una pareja porque no ha entendido que

Kiara ya creció.

Y solo vive para cuidar a su hija.

Bueno, contra eso no puedo pelear.

Yo también daría la vida por mí.

Y por Doménica.

Igual yo.

Pero Kiara es otra cosa.

Esa chamaca no necesita que la cuiden.

Más bien hay que cuidarse de ella.

Te estás yendo muy lejos, Nicolás.

Últimamente todo lo que te suena a Kiara y Pilar te molesta.

Pues yo nada más digo las cosas como las veo.

Antes para mí Kiara era una muchacha medio voluble, sin que hacer.

Pero ahora siento que las cosas las hace como por molestar.

Te equivocas.

Kiara ha cambiado mucho.

Es cierto que es caprichosa y que no le gustaba trabajar.

Pero por fin encontró algo que le gusta hacer y está haciendo un gran esfuerzo.

Y yo la veo cada vez más madura.

Pues para mí, Kiara no da paso sin Guarache.

Y se me hace que usted la está viendo con los ojos del padrastro.

A lo mejor me voy.

Contigo no se puede.

Y el atole se va conmigo. No se lo tome personal, don Andrés.

Si le digo que hay algo malo en Kiara, no son figuraciones mías.

A mí se me hace que esa muchacha está pasando del capricho a la maldad.

Ay, no sirve. No me vengas con chismes de la gente de servicio.

¿De qué te importa que Pedro y Nieves anden?

Porque, pues, esa sirvienta es muy poca cosa para él.

Ah, ¿y tú sí estás a la altura?

No me digas que le echaste el ojo al campesino.

A ver, no me vas a negar que está guapísimo y, aparte, es colágeno puro.

No sirve y no seas negajera, ¿eh?

¿Quieres hablar a caca de vaca? Ay, mira quién lo dice. La que se la vive viendo

al bronco ese silvestre de Gennaro.

Oye, hablando en serio, necesito que vayas a ver a Clemens, que lo convenzas

de que nos cubra la espalda.

¿Pero eso te va a costar, Kikita?

Digo, ¿cuánto estás dispuesta a dar, digo, para que te cambien el nombre al

que compró el anillo?

Bueno, yo saco de lo que me dio Doménica.

Ah, bueno, pues suena como una inversión.

Nada más ten cuidado, no te vayan a cachar.

No, ten cuidado tú, ¿eh?

Tú estás recargo de la contabilidad que he presentado.

Este desastre es el resultado de un producto químico.

Pero yo estoy completamente segura que la proporción que se usó para rociar era

la correcta.

A ver, ¿dónde está Pedro?

Él preparó conmigo la herbicida. A él le consta la cantidad que se preparó de

cada producto.

Perdón, perdón.

Yo no quiero condenarme, pero yo vi a Pedro muy enojado.

¿Estás insinuando que quiso vengarse y regresó para alterar la herbicida? No,

no, no.

Pedro no sería capaz de hacer eso.

¿Y a quién más le convenía que nuestra cosecha no se diera?

Soy feliz.

Disculpe. Sí, claro.

A la única persona que le conviene este desastre es a tu médica.

A ver cómo te cae esto. Ay, nana, gracias.

Amo la combinación del amaranto con la canela. Haces que mi mañana sea más que

perfecta. Hasta te brillan los ojitos, mi niña.

Hace mucho no me sentía así, nana.

Con esta tranquilidad plena.

Sé que Luis Fernando me ama.

Una hasta celosa se puso.

¿Quién le hace sentir pasos en la azotea?

Genaro, ¿puedes creerlo?

Ya les aclaré a los dos que el amor de mi vida es de Fernando.

Mejor no te confíes de Genaro, mi niña.

Porque hay hombres que se gobiernan y otros que no. Y Genaro es de los que no.

¿Tú crees?

Patrona. Bueno, usted disculpe, pero es que... Un muchacho me acaba de informar

que hay un relaguito ahí en Espejo de Luna.

Y es que su siembra de frijol se le echó a perder todita.

Si esto no fue un error, tiene que haber un culpable.

Estamos pensando en la gente obvia, pero tal vez nos estamos equivocando. Nos

faltan pruebas. Esto es una tragedia. Una tragedia. Sí, lo sé.

Tenemos una deuda brutal.

Y las deudas están a mi nombre.

Todas.

Cuenta con el dinero que me den por la venta de mi rancho.

Pero todavía no firmo la compraventa. Y si yo destino ese dinero para pagar las

deudas, no podría comprar la merced de su parte de la hacienda.

Eh, la buscan, señora.

Estoy tan emocionada, traigo muchas ideas para el centro social.

Ay, perdón, creo que llegué en un mal momento.

Pues sí, es un mal momento para nosotros y para la hacienda.

Parece ser que toda la cosecha del frijol se echó a perder.

¿Cómo?

Ay, lo siento mucho.

Genaro, apúrate en sillar a Rebelde, que tengo que llegar rápido a los campos de

frijol de Luis Fernando.

Oiga, sí.

Qué malo que pasó.

¿Y no quiere que yo y los muchachos la acompañemos, digo?

Por si se le ofrece algo.

Mejor que esperen hasta ver qué es lo que pasó.

Tú sí ven conmigo.

Está bueno. ¡Apúrate!

Sí.

Mira, yo no sé mucho de cultivos, pero por lo que entendí, pusieron un

yerbicida para matar...

Las malas hierbas que crecen entre las plantas.

Pero se supone que esos químicos están en manos de unos profesionales, ¿no? Sí,

claro. Lo hizo una ingeniera agrónoma que es muy buena.

Incluso hasta nos recomendó unos productos orgánicos.

Es que... Si no fue culpa de ella, entonces... ¿De qué estás hablando?

Es que recuerda el rumor que le dije sobre Doménica.

Sí, me dijiste que...

Que ella había dicho que Luis Fernando había bajado la guardia demasiado pronto

y que ella se iba a aprovechar.

Ay, no, ¿será capaz de atreverse a tanto para perjudicar a mi hijo? Espero que

no, espero que mi presentimiento no se haya hecho realidad.

Te pasaste de lista ayer.

Con esos abogadillos defendiendo tus piernas.

Antes diga que no le mandé a la comisión para la protección de la mujer. Antes

las mujeres no se molestaban porque uno le echara piropos o las viera.

Ahora todo les molesta.

Antes nadie le ponía un alto a los hombres, por eso abusaban.

Pero usted debe saberlo mejor que yo. Si usted es de esa generación que todavía

tiene esa neurona neandertal que se resiste a evolucionar.

¿De qué?

No te entendí nada. Así que, ahórrate tus comentarios.

Así que sigues molestándome.

Señora Fuentanta, felicidades por su nombramiento. ¿Va a trabajar aquí? Sí,

voy a trabajar aquí junto a mi gordito.

Para que no le sigas coqueteando.

No, le aseguro que yo seré incapaz. No, si no lo digo por ti, lo digo por él.

Apúrate, que tenemos muchas cosas que hacer.

¡Guau!

No esperaba ver esto, pero es una maravilla.

Otro que nomás viene a tirar piropos para ver qué saca.

No, Blanca, no pienses mal.

Yo estaba viendo cómo subieron unas acciones en la bolsa.

Ernesto, perdón. Ya me estabas espantando.

Claro, tú serías incapaz de decirme un comentario así de vulgar.

Te lo juro.

Y qué bueno que me tienes en ese concepto.

Ay, no, Mercedes, perdón, no me hagas caso.

Seguro mi prima estaba hablando de otra cosa y yo empecé a atar cabos.

Ay, no le voy a decir esto a nadie, por favor.

No, no, no. Yo solo espero que Luis Fernando no esté tan endiosado con esa

mujer como para no darse cuenta que la única beneficiada con todo esto es ella.

Primero que nada vine para ver que el acoso de tu jefe ya se acabó.

Don Cosme es inofensivo. Además, va a trabajar aquí la señora Fuensanta. Yo

creo que con esto no va a haber problema.

Muchas gracias por todo tu apoyo.

Ah, y si ves a Sanjenís también dile que muchas gracias.

No, creo que lo veo.

Y también vengo a despedirme.

Voy a estar unos días fuera en la Ciudad de México y pensé que tal vez necesites

algo de allá.

Sí. Un novio, por favor.

¿No?

Tú no sabes lo que son las bromas, ¿verdad?

Solo te traes chistes malos de abogados.

Bueno, también te traje esto.

No es nada especial, son unos dulces típicos. De hecho, los compré en una

tienda aquí cerca.

Y, pues bueno, quería... Muchas gracias.

Por favor, prométeme que ahora que estés en la Ciudad de México, vas a ir al

teatro. Yo me moriría de la felicidad si pudiera ir.

Pero cuando menos voy a dar clases en el centro social.

O, bueno, Doménica va a platicar con Kiara, Dima. Si quieres, yo también le

digo. ¿Sí? Por favor.

¿Sí?

Perdón, tengo que trabajar.

Adelante.

Que tenga buen viaje, muchachos de León.

Pensé que me ibas a dar un escritorio aquí junto al tuyo. En lugar de darme

esa oficinita llena de papeles que me dardo de... No, yo por mí lo haría,

preciosa. Pero hay que conservar las formas.

Así que es mejor que tengas tu propio espacio.

Yo no me voy a meter ahí hasta que no saquen todo.

Ya lo estás haciendo blanquita.

Oye, ¿y si recordamos aquellos viejos tiempos de lo que hacíamos cuando yo era

tu secre?

No, espérate. Ahora tienes el puesto más importante después del mío en este

municipio.

Tan importante que si te mueres me quedo con él.

Así que más te vale que no me engañes. No te conviene que me quede viva.

Y por favor, compláceme, gordito.

Santa de mis pasiones.

Permiso.

¿Me pueden informar qué de esto, qué se tira y qué se queda?

Ahí tienes tu primera encomienda, mi síndica. Yo voy a ver a Gabriel.

Yo síndica y este síndico.

¿Necesitarlo? No.

No, no, Blanquita. Me imagino que estás muy ocupada.

Además, me imagino que eso también es pura basura, ¿no?

Bueno, con permiso.

Desgraciadamente, el frijol ya no tiene remedio.

Y las plantas están a punto de morir.

Esto... Esto es como un mal sueño.

¿Y qué? ¿Todo esto fue por el herbicida que pusieron?

No. El fluorinol no actúa de forma tan rápida y menos tan agresiva.

Por lo que me atrevo a decir aún, sin haber llevado las pruebas al

laboratorio, que hay otro químico involucrado en la muerte de estas

plantas.

O sea que definitivamente esto fue un sabotaje.

¿Qué fue lo que pasó?

Ay, no seas cínica.

No me digas que no sabes.

Encargo especial para don Cosme.

Título de propiedad Hacienda La Joya.

Me parece el colmo del cinismo que vengas aquí con tu cara de inocente a

contemplar tu obra.

¿A qué viniste?

A burlarte de nosotros, ¿verdad?

Tú querías comprar esta hacienda. Y sabías muy bien que si la cosecha se

perdía, mi hijo no iba a tener más remedio que venderte.

Me está usted ofendiendo, señora.

¿Ah, sí? Entonces dime, ¿a quién más beneficia esa desgracia? Por supuesto

que a ti.

Ya lo dijo la agrónoma.

Todo esto.

Fue un sabotaje.

Ya, no se peleen, por favor.

Hay que esperar a que se hagan los análisis para saber exactamente qué

pasó. Chiara tiene razón.

Todavía faltan pruebas. No, yo no necesito pruebas.

¿O qué?

¿Ya no nos vas a cobrar por la renta de esta tierra?

Esto es algo que no voy a discutir aquí.

Y menos con usted.

Porque este trato nada más está entre Luis Fernando y yo.

No puede ser que anden culpando a mi patrona.

Cuando nosotros nada más veníamos a ver en qué les podemos ayudar.

Ayudar. Ya hicieron suficiente daño.

¡Lárguense de aquí, los dos! ¡Ustedes tranquilícese! Como ya dije antes,

todavía faltan pruebas. Y le puedo asegurar que el culpable va a pagar por

esto. Nada más quiero saber si nos andan amenazando.

Tranquilo, Genaro.

Nosotros conocemos la verdad.

¿O fuiste tú, imbécil?

Porque ayer andabas de poeta diciendo que la felicidad no duraba para siempre,

¿te acuerdas?

Laquita, ¿puedes venir un segundo, por favor?

¿Qué se le ofrece, señora Fuentanda?

Siéntate, mija.

Oye, ¿tú sabes cómo está el pleito ese entre las dos haciendas, Espejo de Luna

y la que hoy llaman La Abandonada?

Solo sé que se traen un relajo con los linderos de las haciendas.

Tanto Doménica como Luis Fernando dicen ser los dueños del área norte de La

Laguna.

Sí, algo así había escuchado, pero mejor cuéntame a detalle para entender bien

cómo es pelear.

¿Eres capaz de hacer lo que sea por tu patrona? ¿Pero y a mí?

¿Me crees capaz de pedirle que lo haga?

Ay, no seas hipócrita. Por supuesto que le ordenaste a este gañán que lo

hiciera. Usted me está levantando falso, señora.

Y creo que de este lugar usted no tiene calidad moral para juzgarme.

Prima. No mezcles los problemas que tienes con Fernando y Mercedes con este

tema. Si no eres culpable, no tienes por qué preocuparte. Lo que quiero es que tú

me digas si me crees capaz de hacerte esto a ti.

¡Contéstame!

Ya no sé qué pensar, Domenica.

No lo puedo creer.

¿Y dónde está toda esa confianza que a mí me has jurado?

¿Saben qué?

Yo no necesito de esto.

Y más les vale que tengan pruebas para comprobar de lo que me están acusando,

porque voy a hacer que se traguen cada una de sus palabras.

Vámonos, Genaro.

Vámonos. ¿Y tú, Kiara?

¿Te quedas o vienes con nosotros?

Espero en Dios que todo esto se resuelva.

Por el bien de todos.

El doctor Jiménez sí trajo las escrituras de Espejo de Luna.

Y ahí dice que la parte norte de la laguna es de él.

Entonces, ¿cuál es el problema?

Que después vino el licenciado Ernesto Solana a pedir las escrituras de las

tierras de Doménica, pero no había.

Hasta que don Cosme encontró el título de propiedad.

Y se lo dio a Genaro.

Ah. ¿Y tú sabes qué decía el título que Cosme le dio a Genaro?

No. No, no sé. No lo leí. Pero supongo que le daba la propiedad a Doménica

porque por eso se estaban peleando.

Bueno, a lo mejor ese pleito termina en boda.

Pero ya veremos.

Ahora te voy a pedir un favor.

No le vayas a decir nada de esto a mi viejo, ¿eh?

No quiero que lo molesten con pequeñines.

Por mí no lo sabrá.

¿Se le ofrece algo más? No, no, mija. Muchas gracias.

Permiso.

Ay, mi Cosme.

Del colmo que esta mujer haya utilizado lo que le pasó a Pedro para desviar la

atención de lo que nos hizo. Porque para mí, que ella es la culpable. No, tú la

agrediste primero, mamá.

¿Cómo puedes defenderla?

Abre los ojos, Luis Fernando.

Por favor, no vale la pena que peleen entre ustedes.

Para empezar, hay que atenernos a las pruebas.

Así como usted piensa que fue Doménica, Prudencio cree que fue una venganza de

Pedro. ¿Cómo se atreve Prudencio a decir eso?

Pedro apenas puede con lo que le está pasando para andar pensando en

venganzas.

Mercedes.

¿Tú también sospechas que fue Doménica?

Porque no te vi defenderla con convicción. Yo sospecho de Genaro.

Pero sería demasiado que hiciera todo eso solo para complacer a Doménica. ¿No

crees?

Necesito regresar al Espejo Luna para hablar con el que me ayudó a quemar.

¿El campo me echa la mano?

Sí.

Vende.

Ay, primo.

¿No sabes cómo me duele la desconfianza que me tiene Luis Fernando?

Es obvio pensar que ibas a ser la única beneficiada si él se arruina.

¿Qué pasó?

¿Se puede saber por qué le dijiste a Luis Fernando que la felicidad se acaba?

Pues es que la mera verdad ya me enchiló.

Que el doctorcito siempre me anda queriendo sobajar y siempre sale con sus

habladurías.

Pues por ese comentario estúpido, Luis Fernando dudó de ti. Y ahora piensa que

mi prima está detrás de todo esto y que tú le ayudaste.

Patrona.

Patrona, mira.

Yo le juro por mi madrecita hermosa que en paz descanse. Pues que nada más

fueron palabras.

Pues no sé, ya me conoces, soy bien bronco.

Y si no me voy a los guamazos, pues se me abre el hocico. Genaro, mejor ya

vete, ¿eh? No nos vayas a meter en más problemas.

Está bueno.

Pero si les pasó eso es por culpa de los Jiménez.

Esa familia está podrida.

No pongas en el mismo costal al doctor.

Él es buena persona a pesar de su mamá y su papá.

¿O a mí también me vas a echar maldiciones por ser sangre de mi abuelo?

Pues no, pero...

¿Y tú qué haces aquí?

Vine a hablar con Pedro.

Quédate a oír si quieres, que no le vengo a hablar de amor.

Pasó una tragedia.

¿Qué pasó?

Se arruinó todo el campo de frijol del Espejo de Luna, Nieves.

Perdieron todo.

Pero pues, como a mí ni me importa, pues me da igual.

No, pues debería importarte, Pedro.

Si tú metiste todo tu dinero ahí, eres tan socio y dueño como el licenciado

Sangeniz y el doctor.

Ahí vas.

Nomás te falta decirme que soy heredero y un Jiménez, pero primero perro,

Nieves.

¿Y qué tenías tú que venir a chismearle cosas a mí, novio?

Yo pensé que era importante que lo supieras. Y se enojó porque tú luego,

luego te preocupaste por el dinero. Ya, ya, ya.

Mejor vete.

Yo me voy a encargar de incontentar a mí, Pedro.

Ya no hay que hacer cálculos.

Con tantas deudas, estamos en la ruina.

Todavía tenemos que hablar con los proveedores y prestadores de servicio

para cancelar.

Todos tienen penalizaciones por terminar antes los contratos.

Tenemos la maquinaria rentada por toda la temporada y luego los trabajadores

externos. Esto representa dinero que no tenemos, Eugenio.

¿Crees que Doménica te dé una prórroga para pagarle por la renta de las

tierras? Después de lo que pasó en el campo, no lo sé.

¿Tú también piensas que Doménica tuvo algo que ver con la desgracia en el

plantío? Después de lo que me dijo Genaro ayer, me hizo dudar.

Me dio a entender que entre Doménica y él hay mucha complicidad. Y luego

Doménica, que le tiene tanta confianza.

¿No serán tus celos los que te hacen suponer eso?

Mejor espera a por lo menos tener una prueba antes de sacar conclusiones.

Estoy tratando de no suponer nada.

Pero si me entero que Doménica está detrás de todo esto, me voy a volver

loco, señor.

Y no sé de lo que sería capaz de hacer.

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¿Qué pasó entre Luis Fernando y Genaro?

Porque parte del pleito obviamente tiene que ver con ellos.

Dime la verdad.

¿Tienes algo con Genaro?

Porque eso fue lo que entendimos todos.

No, no, es Luis Fernando el que está celoso. Y eso es absurdo.

Bueno, es que todos sabemos que Genaro se ganó tu confianza antes que Luis

Fernando. Como mi empleado, no como mi íntimo. Y yo lo que sigo sin explicarme

es qué es lo que quiso decir realmente Luis Fernando con eso de que Genaro

haría cualquier cosa por mí.

¿Cómo te fue en el campo, mi niña?

Efectivamente, la siembra de Luis Fernando se malogró.

Más bien la sabotearon.

Y lo peor es que todo el mundo piensa que ella tuvo la culpa.

Ahora lo único es que tienes que fingir que te encontraste esas botellas en la

abandonada.

Y luego los tienes que convencer de que vayan con la autoridad. Es más, tienes

que vayan de una vez con el Cosme.

¿A qué o qué?

Pues porque le voy a decir al Cosme dónde encontrar esas botellas.

No sé qué más pruebas necesita Luis Fernando para aceptar que Doménica fue

la que dañó la cosecha.

Bueno, pero es que si no tiene con qué demostrarlo, pues ¿cómo?

Además, lo que no se vale es que Prudencio haya dicho que Pedro pudo

haber envenenado las plantas. Ni me hables de Prudencio porque se me

revienta el hígado.

Me dijo que la quiere.

¿Cómo sabe?

Él te lo dijo. No, no, no, no.

Pero es que con todo respeto se nota leguas.

Yo hasta pensé que a usted no le disgustaba tanto la idea como quien...

¿Sí? Perdón que entre así, pero...

Me urge hablar con su hijo.

¿Qué pasó, Panfilo?

Iba camino a Santa Teresa y cuando crucé por la abandonada me encontré con este

bote. ¿Y eso qué es?

Es un líquido que hace más fuerte el efecto de lo que le echamos ayer a las

matas.

A mí que... Esto fue lo que mató las plantas de frijoles.

¿Y dices que esa botella la encontraste en la abandonada?

Sí.

No creo que Luis Fernando dude de ti.

Si no te defendió como esperabas, seguro es porque no quiso alborotar al

gallinero. Sabes cómo es su mamá. Por eso lo entiendo. Y porque de verdad le

debe estar reventando la cabeza con todas las deudas que se le vienen

encima. ¿Y le piensas cobrar la renta de las tierras con penalización si te paga

tarde? No, por supuesto que no.

Yo sí lo voy a apoyar.

Perdón, prima, pero te lo digo porque te quiero.

Es que estoy teniendo un déjà vu. Me recuerda cuando sacaste a Max Langer de

la quiebra. Y siento que estás cometiendo el mismo error.

No, bueno, ¿tú de plano qué harás?

¿Estás viendo el trabajo que le cuesta a tu prima confiar?

Y ahí vas y le recuerdas que vio al maligno en persona.

Nicolasa, no me regañes.

Lo estoy haciendo porque quiero proteger a Domenica.

Discúlpame, pero hoy Luis Fernando no la apoyó en el campo.

Entonces dime tú, ¿eso es amor?

Ya busqué información sobre el nitroferal, pero necesito que me

confirmes qué tanto daño puede llegar a hacer a las plantas. El nitroferal es un

potenciador. Hace que la herbicida se multiplique.

Si alguien contaminó nuestro herbicida con ese químico, ahí tienes la

explicación de por qué la siembra se perdió.

¿Tú crees que con una botella sea suficiente para que surja efecto?

Por el volumen que aspersamos, de menos se necesitarían 10.

Y ese químico es el que vamos a encontrar en las pruebas que tomé en la

tierra. Creo que no se va a poder sembrar ese campo por lo menos por un

par de años.

Te pido por favor que esos análisis salgan lo antes posible, ¿sí?

Te agradezco mucho.

Hasta luego.

Si querías prueba, ahí las tienes.

Y no tarda en venir Doménica Montero a querer comprarte la hacienda por tres

pesos. Y todavía sigues confiando en ella. Patrón, yo creo que debería de

avisar a las autoridades.

Ni pierda tiempo y vaya directamente con don Cosme.

Panfilo tiene razón, hermano. Tenemos que proceder para que inicie una

investigación formal.

Ya, ya, ya.

No se preocupe. Les aseguro que vamos a llegar al fondo de todo esto.

Sí, sí, mamá.

Aún confío en Doménica.

Esa mujer va a ser tu perdición.

¿Y todos aquí?

se van a dar cuenta de que tengo razón.

Genaro.

Gracias, Blanquita.

Siéntate, por favor.

¿Vienes a arreglar lo que dejamos pendiente ayer?

¿Qué, que andas haciendo negocios por tu cuenta?

Solo bajar para después.

No, bueno, es que yo sí quiero dejarte eso en claro.

Yo no puedo tener paradas las bodegas y los camiones.

Y Gabriel y yo nos dimos cuenta de que pues ya no estamos ganando nada contigo.

Pues la casa pierde.

Hombre, pues no te apures.

¿Se me vas a dar un porcentaje de eso o qué no?

Sí, nada más estábamos esperando a que se juntara algo.

Pues para darte la sorpresa.

Pero tampoco crees que se gana mucho, ¿eh?

Entonces ya lo veremos.

Ahora lo que necesito es que me ayudes con el doctorcito.

Porque no va a tardar en venir chillando a decirte que los de la abandonada

matamos sus frijoles.

¿Y quieres que le dé largas al asunto?

No, al contrario.

Quiero que encuentres las botellas de nitrofelal en la abandonada y que digas

que mi potranca tuvo la culpa.

Qué bueno que somos socios y amigos.

Porque cuando quieres algo no te mides, ¿eh?

Qué bueno que lo tengas claro.

Ah.

Ahí espero mi porcentaje.

Sí, claro.

Si me regresé del campo con Domenica fue para investigar si ella tuvo algo que

ver con lo que le pasó a la siembra de su hijo.

No, no, perdóname, pero yo no tengo ninguna duda. Es mi hijo el que no se

convence. Bueno, lo que sí le puedo decir es que yo vi a Doménica y a

Gennaro secreteando mucho cuando llegaron a la hacienda.

Pero no pude escuchar lo que decían.

Ay, pues seguramente estaban hablando de lo que le echaron a nuestro herbicida

para matar las plantas.

Porque fíjate que uno de nuestros peones encontró una botella de ese químico en

las tierras de tu prima.

Entonces yo tenía razón.

Doménica estaba tramando algo porque vio que Luis Fernando bajó la guardia.

Le voy a reclamar, ¿eh? No, no, no, Kiara. No, ni te metas en problemas con

esa mujer.

Ya Luis Fernando y Sanjení fueron a ver a las autoridades.

Mire, doctor.

Aquí todos ocupan estos químicos.

Y hasta donde esté la abandonada está buscando una certificación de producción

orgánica. No tendrían por qué tener esto allá.

Esa botella se encontró en las tierras de Doménica. Y su deber es investigar si

han tratado de boicotearnos.

Me están diciendo que no confía en su novia, doctor.

No confía en su administrador.

Yo sé que es su amigo y lo va a dejar pasar.

Mire, tratándose de la ley, yo no tengo amigos.

Así que vamos a buscar más botellas de estas en la abandonada. Y si las hay,

vamos a agarrar al culpable.

Sea quien sea.

Lo siento, Doménica, pero la realidad es que se encontró una botella de

nitroferal en tus tierras y la autoridad tiene la obligación de investigar.

¿No era necesaria una orden de cateo?

Con pedirlo de buena forma era más que suficiente.

Y también podía pedirlo Luis Fernando, no hace falta que mandara a su abogado.

Prima, por favor busca a Genaro y avísale que me alcance en el área de los

linderos.

Doménica, esto no es personal, espero que lo entiendas, pero lo que ocurrió en

el Espejo de Luna es un delito y hay que buscar culpables. ¡Está bien!

Por mí busquen lo que quieran.

Comiencen el cateo.

Muchas gracias a todos los que vinieron por su buena voluntad.

Ya tienen asignados sus lugares.

No hay que mezclarse con los demás.

Y lo vamos a hacer rápido porque nos va a caer la noche.

Doctor, no nos vamos a ir de aquí hasta que usted quede satisfecho.

Y para que se dé cuenta que yo no muestro mi amistad con mi deber.

¿De acuerdo?

Bueno, vamos a peinar toda la zona inmediatamente. Vámonos.

Vámonos.

Te juro que con esto que acabamos de hacer no la va a librar el maldito amor

de mi potranca y el doctorcito, ¿eh? Ay, ya hasta me sentí mal por mi prima.

Ya se me pasó.

Pues al rato van a encontrar las botellas, ¿qué?

Todavía tenemos tiempo de echarnos una suerte de charro, ¿no?

¿Qué es eso?

Ah, pues te enseño, ¿ven? ¡Ay, sí!

Ay, ven, charita.

¡Aquí están las botellas! ¡Ey! ¡Aquí están las botellas!

Mira.

No.

Júrame que tú no hiciste eso.

El mundo es tan grande pero nos juntó.

Y ahí estabas tú y eso me salvó. Y ya no quiero más, eres

mi luz, mi paz, tu mi más grande amor.

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