All language subtitles for Embrassez qui vous voudrez 2002 FRENCH 1080p WEB H264-FW

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English Download
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian Download
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil) Download
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian Download
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

BESEN A QUIEN QUIERAN

Jérôme, ve sin mí, no tengo nada que...

Otra vez el verde no. Me lo puse la última vez.

No digas tonterías. Ponte el rojo.

- Siempre con lo mismo. - Ése es el problema.

Siempre me pongo lo mismo y el verde está muy visto.

Ya conoces nuestra situación.

- ¿Qué haces? - Una gatera.

- No tenemos gato. - Así es más familiar.

Bertrand dijo que vendrían a verla y esto ayudará.

- ¡La sierras mal! - ¡Aún no terminé!

¡No destroces más la casa o no la venderemos!

No, es porque huele a fracaso, el mío. Eso se siente.

- ¿Y ese pelo? - Me lo he cortado un poco.

¿Te lo cortas tú? ¿Tan mal estamos?

- Vaya estropicio. - No soy barbero.

Pues no te lo cortes.

Vero, a partir de ahora hay que ahorrar a toda costa.

Nunca me enseñaron y me niego a aprender.

No soporto llevar siempre lo mismo.

Y menos ante Elizabeth. Me siento fatal.

Te lo dije. Irse de vacaciones es una locura.

Por una vez. Siempre aguantando los vídeos de sus viajes.

No empecemos. Ahora hay que apretarse bien el cinturón.

No sé ni cómo pagaremos la escuela de Loïc.

¿Sabes qué me ha dicho Véro en el gimnasio?

Van a Touquet de vacaciones.

Al Westminster, como nosotros.

Lo decidieron a última hora.

- ¿Cuándo salen? - Pasado mañana, como nosotros.

Qué bien. Será muy divertido.

Debimos decirles que íbamos a Bali. Es muy caro para ellos.

Al mirar su vestido, pensé que es increíble que no haya engordado.

Ojalá pudiera yo ponerme lo mismo que hace 5 años.

¿Por qué no vino Emilie hoy a la oficina?

Tenía que comprar cosas para el viaje.

Ya te lo dije. Estoy muy disgustada.

No empieces. Tiene 17 años.

Es normal que prefiera ir a EEUU con una amiga.

Entiendo que no le entusiasme venir a Touquet con nosotros.

Touquet no entusiasma a nadie.

Por una vez que no me apetece visitar templos exóticos.

Este año necesito descansar.

- ¡Necesito tomarme un respiro! - ¿Un respiro?

¿Un respiro de qué?

¿Qué haces exactamente?

Por cierto, he decidido llevarme también el bolso.

Ayer creía que no iba a tono.

¿Con qué no iba a tono?

Con esos zapatitos de Prada que compré el martes.

- ¿A ti qué te pareció? - Bueno, ahora que lo dices...

Tengo que ir a la oficina.

Hasta esta noche, cariño.

Dios mío, es espantoso.

¿Cómo podré hacerlo todo?

¿Aún estás ahí, Kevin? Creía que ya te habías ido.

Tenía un asunto pendiente.

Échale un vistazo mañana, por favor.

Vete a casa. Pareces agotado.

Sería absurdo enfermar ahora. ¿Adónde vas?

A Dunkerque, con mis padres, Sr. Lannier.

- Llámame Bertrand. - Muy bien, Bertrand.

¡Joder!

Estás loca.

Un día nos pillará. Me dijiste que no estaba.

He sido discreta. Seguro que no nos ha oído.

¿Te ha gustado? A mí sí.

- Me miró de un modo raro. - Tranquilo, papá nunca ve nada.

Nanou, tengo una hora antes de este rollo de cena.

Voy en seguida, mi amor.

- ¿Por qué cojeas? - Jérôme y sus contadores de gas.

- ¿Te duele? - No es nada, un golpecito.

¿Un golpecito? ¿Bromeas? ¡Casi me rompo la tibia! Qué valor.

Tomemos algo, todo irá bien.

Mira que coleccionar contadores de gas.

- ¿Champán? - Están por todo el salón.

Siempre tropiezas.

Gracias.

Hola, Emilie, no te veía.

¿Qué les ves, a los contadores de gas?

Su belleza. Parecen torsos.

No, te lo ruego. No le animes o tenemos para toda la noche.

- Llaman a la puerta. - Ve a abrir, Emilie.

- Es Julie. - ¿Julie?

No sabía que vendría a cenar.

Te lo he dicho mil veces.

- ¿Te sirvo más? - No, gracias, aún tengo.

- Vas rezagado. - ¡Bertrand! Ya llevas tres.

Ya sabes que no tengo memoria.

¿Cómo estás, querida?

Se vieron ayer y actúan como si hiciera una eternidad.

Ya está lista. ¡A la mesa!

¿Cómo es que veraneáis en el mismo lugar que nosotros?

No es que me parezca mal.

- Ha sido Jérôme. - ¿Cómo?

Las vacaciones. Tú elegiste el sitio.

Sí, un poco al azar.

La última vez me disteis envidia.

La tarrina estaba deliciosa, Elizabeth.

Es muy sencilla. Emilie, quitas la mesa.

Tú sí que te has puesto las botas, Loïc.

No eres como esta caprichosa.

- No como animales muertos. - Antes sí.

Adorabas el cordero, hasta los huesos.

También tomaba el pecho. Cómo cambia uno.

Ya está bien, Emilie.

- ¿Queréis más vino? - No, gracias.

Yo sí.

¿Y tú adónde irás?

Este año tengo un problema.

Para ser sincera, estoy sin blanca.

Son un despilfarro. Tanto dinero en solo una semana.

Siempre estás con lo mismo.

¿Por qué no vienes nunca con la pequeña?

¿Bromeas? Nos volveríamos locos.

No gano para canguros. Nadie la aguanta.

Quizás exageras, ya será menos.

Ojalá pudiera oír de nuevo los llantos de mi María.

¿Verdad?

Date prisa, Bertrand. Nunca tiene prisa.

Emilie, ¿veraneas sola este año?

Abandona a sus padres, como con la carne.

Prefiere ir a Chicago con su amiga Nina.

Y yo estaré toda la semana angustiada.

Es muy formal. No se pincha, no esnifa...

- Sólo faltaría. - Vas a Chicago. Genial.

Dicen que es muy bonito.

- ¡Y muy peligroso! - Su instituto lo es más.

- ¿Cuándo te vas? - Mañana.

¿Mañana? No puedes irte antes que nosotros.

Partimos pasado mañana, Emilie.

Pues yo mañana. Ya está todo arreglado.

Mañana o pasado. ¿Qué más da?

Es todo un día. No lo sabía, no estoy preparada.

No eres tú quien se va.

- A ti todo te da igual. - Es para compensar lo tuyo.

- ¡Servíos! - ¡Con mucho gusto!

Bertrand, ¿has reservado una suite?

Sí, lo siento. Quizás debí de reservar la planta entera.

Hablo en serio. EL salón no se utiliza.

Se puede instalar una cama.

¿Por qué? ¿Quieres dormir separados?

Es por Julie. Es inadmisible que se quede sin vacaciones.

No quiero ser una carga. Ya estoy acostumbrada.

Una vez más no importa.

Ni hablar. No nos lo cobrarán. ¿Verdad, Bertrand?

- No, no creo. - No, son vuestras vacaciones.

Imagino que el hotel será de lujo.

- La comida será cara. - A nuestra cuenta, ni lo notaremos.

No presionemos a Julie.

Es que es un poco...

Si a ella le parece bien, hecho. Ve a por el pan, Bertrand.

Bueno, si insistes...

¿Pero y Alice?

También, claro. No la dejarás en París.

Será genial tenerla, ¿verdad?

- ¿No te importa, Bertrand? - No parece muy adaptable.

Con su madre todo irá bien.

Asunto zanjado. ¿Me pasas la carne?

Elizabeth, tengo una idea mejor.

Seré sincero. Accedí a irnos porque necesitas un respiro,

pero me va muy mal.

Kevin también se va y hay asuntos pendientes.

Karine siempre está enferma y Samuel es un cretino.

Quizás debería quedarme.

No querrás que me vaya yo sola.

Claro que no. Julie dormirá en mi cama, en vez del salón.

La niña estará más cómoda y tú no estarás sola.

- Y yo estaré menos preocupado. - Bertrand,

no te dejaré sin vacaciones.

Al contrario, me haces un gran favor.

Sé que Elizabeth necesita un descanso,

- pero para mí no es el mejor momento. - Julie,

si él lo prefiere así...

Os llevaré en coche y volveré para ocuparme de la agencia.

- Sólo es una semana. - Es verdad.

Está decidido. Voy a por el queso.

Aún no. Antes el pan.

¿No te duele irte sin Bertrand?

Se pone insoportable en vacaciones.

Te tendré a ti. Lo pasaremos en grande. Él se lo pierde.

¡Jérôme!

Jérôme, ¿nuestra habitación está cerca de la suya?

De eso quería hablarte. No vamos a su hotel.

- No exactamente. - ¿No? Qué lástima.

- La cancelé. Por algo mejor. - ¿De qué hablas?

Es una sorpresa.

He de relevar a la canguro, si no se ha suicidado ya.

Te acompaño.

No es razonable. Has bebido demasiado.

Adiós, querida.

Este conjunto verde aún te queda genial. Para ti no pasan los años.

No sabes qué suerte tienes.

- Adiós, querida. - Gracias. Adiós.

Hasta mañana. Gracias de nuevo.

- Llámame mañana, ¿vale? - Vamos.

- ¿Estás seguro? - Claro que sí.

Buenas noches.

- ¿No quieres aparcar? - ¿Para qué?

Sube conmigo.

No lo dirás en serio.

- Te echo de menos. - No digas tonterías.

Es agua pasada. Las cosas han cambiado.

- ¿Por qué? - Por muchas razones.

Además, elegiste tú.

Nunca habrías dejado a Elizabeth.

Te lo dije desde el principio. Siempre lo dejé muy claro.

Estaba harta de esperar tus llamadas.

Con ella a Bali y conmigo pizza y algún revolcón en el coche.

No empieces. Encontraste a un tipo, tuviste un bebé,

y él te dejó. Fin de la historia.

Sólo me extrañas porque te dejó.

O cuando recibes una gran factura.

Quieres ser malo, pero sabes que no es verdad.

Te extraño, de veras.

- Quiero estar contigo. - Estoy borracho.

Qué más da.

Le digo a la canguro que se vaya. Vamos.

No digas tonterías. Buenas noches.

No entiendo qué hacemos.

Qué más da.

No es nada, no es nada.

Tranquilo, volverá a dormirse. Continúa.

Continúa.

Diga. Hola, mamá. Aún no me he ido.

Nina aún no ha llegado.

No te preocupes, no he olvidado nada.

Cepillo de dientes, bolso, pasaporte, condones...

No, es broma. Te lo juro, bromeaba.

Nunca los utilizo. Los detesto.

Mamá, tengo que colgar. Besos, adiós.

- ¿Dónde estabas? Es tarde. - Lo siento.

- ¿Has visto tu bolsa? - ¡Mierda! ¡Se ha vuelto a romper!

- ¿Tienes un cordel? - ¿De qué vas?

- Mierda. - Muévete, 1ª clase está ahí.

No vamos en primera.

- Kévin. - ¿Sabes cuánto cuesta?

Sólo es para sentarse. No llegas antes que los demás.

No pienso discutir. Me niego a ir en turista.

- Ya vale, Emilie. - Ni hablar.

O lo solucionas o me voy.

- Ya tengo los billetes. - Pues los cambias.

Costará una fortuna. Estoy sin blanca.

Tienes cinco minutos. Te espero aquí.

Sí, quedan asientos. ¿Desea cambiar?

No, no, no. Sólo quería saberlo.

Lo siento, no quedan asientos en primera.

¿Te las apañarás solo?

Trabajaré todo el tiempo, ya lo sabes.

Se me hace raro irme sin ti y sin Emilie.

Pero necesito tomarme un respiro.

¿Un respiro de qué?

Este también, es para cualquier ocasión.

Voy a servirme otra copa.

No puedo creerlo. ¿De veras tienes miedo?

- Encima tiene miedo a volar. - No es eso.

- Tengo que ir al baño. - Kévin, ¿sabes qué?

- No es el momento. - Ve y ábreme en 5 minutos.

- ¿Qué haces? - Quita el pestillo.

- Déjame ir, por favor. - ¿Lo prometes?

Sí, sí, sí.

- ¿Cuánto te quedas en Chicago? - Sólo una semana.

- ¿Lo conoces? - No, es mi primera visita.

Conozco un par de sitios guays. ¿Te doy las direcciones?

Sí, gracias.

¡Pervertido de mierda!

- ¿Por qué no has venido? - Perdona, lo olvidé.

¡Mierda!

No.

No puedo creerlo.

- Llámame y salimos, ¿vale? - Gracias. Adiós.

¡Me cago en la puta!

Vaya faena. ¿Qué hago ahora?

Pues ir de compras. Aquí hay muchas tiendas chic.

Lo que me faltaba.

Kévin, muévete.

Nunca me aburrí tanto. No aguantaré dos semanas.

No empieces, te lo ruego.

Estoy harto de que me hablen como si fuera subnormal.

Como si estuviera en un asilo. Les daría de hostias.

Basta ya. Cuando te pones así, gritaría.

Vinimos para relajarnos, pues relájate.

Son también mis vacaciones.

Las necesito. Este año he trabajado como una mula.

Y yo no he pegado golpe.

Yo no he dicho eso, Jean-Pierre.

Quería unas vacaciones, no cuidados intensivos.

Joder, Lulu, aquí sólo hay gordos y viejas.

Quiero la eutanasia. No aguantaré diez días más.

Pues lárgate y diviértete. Pero déjame descansar.

Sabes bien que eso es imposible.

- Te quiero demasiado. - Eso no es amor.

No conozco otra manera.

Aclaramos y la acompaño al masajista.

Te masajea un tío.

Ahora lo entiendo.

Que se ponga mamá.

Yo también te mando muchos besos.

Hola, cariño.

Sí, ya he llegado.

¿Puedes hacer que calle un minuto para oír a la señorita?

- ¿Crees que me gusta? - Quizás debería cambiarla.

He perdido el recibo, no la aceptarán.

- ¿Cómo? - Nada, es broma. Olvídelo.

Voy subiendo.

- Bueno... - Tómate antes una copa.

No, cariño, no sería razonable.

Prefiero no conducir de noche.

¿Seguro?

Adiós, cariño.

- Llámame cuando llegues. - Prometido.

Cuídate.

Este coche es muy incómodo. Y con lo de mi pie...

Es tan feo. Parece un pepino.

Aún gracias que nos lo prestan mientras reparan el Volvo.

Tiene 6 meses. No veo por qué hay que cambiar el motor.

A veces pasa.

¿No será una casa rural, o una pensión?

Claro que no. Qué cosas tienes.

- Nos alejamos de Touquet. - Casi hemos llegado.

Pues no estamos en el centro.

Nanou, soy yo.

Estoy de camino. Llegaré en 2 o 3 horas.

Yo también, mi amor.

¿Lo ves? Todo va bien. La niña está muy tranquila.

Sí, por ahora.

Se me hace raro estar aquí. ¿Sabes que venía cada año con mis padres?

- No, no lo sabía.

Ya verás, está infestado de ingleses.

Chanel, Dries Van Noten, Lacroix... A mí nunca me trató tan bien.

¿Quién?

Nadie.

Este lugar es maravilloso.

Nunca he disfrutado de algo así.

Se ve que nadie pensó que me lo mereciera.

No digas tonterías, Julie.

Eres una joya. Los hombres te adoran. Eliges mal, eso es todo.

- ¿Y por qué le llamas Eric? - Se llama así.

Después de una semana, es normal tutearse con el masajista.

A este ritmo, ¿qué pasará tras 15 días sobándote?

Deberíamos marcharnos.

Ya está bien. Aquí sólo hay mujeres, como querías.

Olvídate de Eric.

Ya hemos llegado.

Exactamente como en la foto.

- ¡Es horrible! - Nadie ha pedido tu opinión.

Arranca tu mierda de coche y vamos a un hotel. O vuelvo a París.

Al menos echa un vistazo, seguro que os encantará. Venid a verlo.

Ven, está muy bien.

Entra, seguro que te gustará.

¡Joder, es una ratonera!

No pongas esa cara, mi amor. Ven a echarle un vistazo.

¡Ay! ¡Mi pie!

Jérôme, si tuviera un arma, te mataría.

¡Loïc, nos vamos!

Sí, estamos muy bien instalados.

No te oigo muy bien, llamo desde un móvil.

No, hemos ido de compras.

Nada, cuatro cositas, aquí hay de todo.

¿Esta tarde?

Sí, de acuerdo.

A las seis, perfecto. Hasta luego.

Un desastre. Nos ha invitado a un cóctel que ofrece el hotel.

Es un cóctel de bienvenida.

¿Qué voy a ponerme? ¿Qué te pondrás tú?

¿Qué vamos a decirle?

Parece que no quieras entenderlo. Intentaré aclarártelo de nuevo.

Estamos arruinados.

Tuve que vender el Volvo para irnos de vacaciones.

Te conformas, o volvemos a París.

¿He sido lo bastante claro?

- ¿Dónde estabas? - Eso está pasado de moda.

- He encontrado algo con clase. - Vamos, tengo un regalo.

- ¿De veras? - Muévete.

Nos apuntó a talasoterapia, pero no lo aguantó. No me extraña.

- ¿Ud. ya lo ha probado? - No.

No se moleste, es horrible.

Parecen de una secta. Ahí está mi esposa.

Disculpe.

- ¿Quién es ese tipo? - Y yo qué sé.

Si estabais hablando, debes saber quién es, ¿no?

Buenas tardes, nos espera una amiga. Gracias.

Buenas tardes.

Bienvenidos. ¿Qué te ocurre? ¿Por qué cojeas?

- Mi rodilla golpeó su pie malo. - ¿Qué dice?

Me encanta volver a ver este vestido.

Es como reencontrarse con una vieja amiga.

Dijo que trabaja en turismo, y que le regalaron una suite.

¿Cómo es vuestro hotel?

¿Hotel?

Es...

Es increíble.

De hecho, no es un hotel.

Jérôme tuvo la genial idea de alquilar un chalet apartado.

¡Es fantástico!

Hay más agua fuera que dentro.

Te pones muy romántico después de hacerlo.

- No, de ninguna manera. - Vamos, es un regalito.

Un poco de maría vale, pero esta porquería...

No seas tan carroza.

- Disfruta de tus vacaciones. - ¿Dónde la encontraste?

Detrás de la tienda. Va, anímate.

No insistas, es inútil.

Kévin.

- He de llamar a mi madre. - Ahora no.

¿Qué ocurre? ¿Qué hora es?

Mierda. Deprisa o se despertará.

Diga. Emilie, ¿sabes qué hora es?

- ¿Ha ocurrido algo malo? - ¡No, otra vez no!

Emilie, estábamos durmiendo.

Te lo ruego, ¡para de llorar! ¡No aguanto más!

Nos había costado tanto que esta pesada se durmiera.

¡Duérmete o te mato!

No entiendo nada. No hables con la boca llena.

¿Te llevas bien con tu amiga? ¿Sí?

Te dejo, Emilie, porque no oigo nada.

No sé si aguantaré toda la semana.

Bueno, adiós. Besos.

- ¡Cállate ya! - ¡Haz algo! ¡Voy a enloquecer!

¡Ya lo intento, joder!

¿Qué ocurre? ¿Qué es todo ese jaleo?

¡Es la pequeña!

Ha sido Emilie. Ya habíamos conseguido dormirla,

y llama a las 3 de la mañana. Y ahora es un infierno.

- ¿Emilie está bien? - Sí, está bien.

Necesito tanto estas vacaciones. Y es tan raro estar sin ti.

Yo también me siento un poco perdido.

Pero no te preocupes, todo irá bien.

Si hay algún problema, ya sabes que no me molestas nunca.

Gracias, cariño. Cuídate mucho, ¿vale?

Te lo prometo. Vamos, cálmate.

Disfruta de tu merecido descanso.

- Un beso. - Para ti también.

Era Elizabeth. Lo siento.

Sí, ya lo he oído.

Me preocupo por Emilie. Sólo tiene 17 años.

Yo no tengo muchos más.

No es lo mismo. Tú eres un chico.

Los chicos siempre se las arreglan.

- Voy a pedirles un mapa. Hasta luego. - No, voy contigo.

No, te lo ruego.

Tienes que hacer un esfuerzo. Contrólate.

Sí, ya lo sé,

tengo que intentarlo.

Tengo que protegerme.

Soy bastante tímido.

No es fácil estar solo.

Sobre todo si uno no sabe adónde ir.

¿Adónde va Ud. para tomar una copa?

No hace mucho que estoy aquí. No conozco esta zona.

Es la primera vez que salgo desde que murió mi esposa.

- Lo siento. - No, no se preocupe.

Hacía tiempo que estábamos separados. Ella se fue.

Bueno, la vida continúa.

- Será mejor que le deje trabajar. - Sí.

Pauline. Qué casualidad, como mi madrina. La adoraba.

- Dígame, señora. - ¿Tiene un mapa, por favor?

- Hola. - Gracias. Hola.

Maxime. Nos cruzamos ayer.

Disculpe.

- ¿Tiene algún problema? - ¿Cómo?

Que si tiene un problema.

Es muy bella.

Me estremezco con sólo mirarla.

Tiene una piel magnífica.

No es lo que piensas.

- ¡Entra! - ¡Escúchame!

¿Se puede saber qué hacíais ahí dentro?

Nada.

¿Y quién era esa zorra a cuatro patas?

¡Estaba recogiendo el mapa!

¡Qué casualidad! ¡Se cayó justo delante de su bragueta!

¡Vale ya!

¡No hay que desaprovechar un buen revolcón!

¿Lo tramasteis todo ayer noche? ¿Cuál era el plan?

- ¡Basta ya, te lo ruego! - ¿Qué tramabais?

Despistar al cretino del marido, ¿no?

¿Ése era tu asqueroso plan?

¡Suéltame, me haces daño!

Te quiero con locura, Lulu.

Soy capaz de todo, si me abandonas.

Daría la vida por ti. ¿Cómo puedes hacerme esto?

Lo siento.

Perdóname.

- ¿Adónde vas? - Necesito un poco de aire.

- Y yo. Voy contigo. - No, he dicho que necesito aire.

- ¿Te duele? - Me escuece un poco.

No te has puesto crema.

- Sí. - Pues debe ser barata.

Loïc, ¿me pones crema?

¿Barata? Espero que estés bromeando.

- ¿Has dormido mal? - ¡Ni te lo imaginas!

La niña estaba algo agitada.

Ha llorado hasta enfermar.

- Pobre. Esto le es desconocido. - No, es siempre así.

Es una niña insoportable.

Olvidamos traer una sombrilla.

- Me estoy quemando. - ¿No las alquilan, por aquí?

No lo creo.

Un momento.

¿Sabe dónde puedo alquilar una sombrilla como la suya?

No, lo siento.

- No lo sé. - Vaya.

Es que tenemos un bebé y el sol pega tan fuerte.

Temo que sea peligroso para ella.

- Pues le presto la mía. - No. No era eso lo que pretendía.

No sé qué decirle.

- ¿Seguro que no le importa? - Voy a nadar.

Gracias, es Ud. adorable.

Muchas gracias.

Deja que se quede con nosotros.

¿Cómo?

Sólo por esta noche. Así descansáis un poco.

Quizás sea una buena idea.

Es verdad. Sería de gran ayuda.

Sobre todo si la casa es grande.

Así no molestará a los vecinos.

Entonces está decidido. Te vienes a casa conmigo.

- Me haces daño, Loïc. - Lo siento, tengo un calambre.

¡Ay! Ahí no, que me escuece mucho.

- Dime. - ¿A qué viene todo ese cuento?

No podemos dormir en esa ratonera, y encima con esta mierdosa...

Te prohíbo que hables así de un bebé, ni de nadie.

Ya que les sobra una cama, podría quedarme aquí.

¿Podrías pedírselo?

No puedo, Loïc.

¿Qué pensarían de mí? Lo siento.

Vamos a tomar algo.

Vamos, mi amor.

- No hay sitio. - Esperad.

¿Sería mucha molestia si compartiéramos la mesa?

- No, adelante. - Gracias, es muy amable.

Gracias. Os invito yo.

Cariño, ve a buscar una silla.

- ¿Qué tomamos? - Para mí champán, excepcionalmente.

Muy bien.

Somos cuatro, mejor pedir una botella.

- ¿Te parece bien? - Sí, sí.

Pero es que Loïc no bebe y...

También está de vacaciones y ya tiene 16 años.

- ¿Ya han elegido? - Sí, una botella de champán.

- Bueno, si a él le gusta. - Sí, sí, sí.

- Tiene gustos caros. - Una botella.

Mira que estamos en un chalet magnífico, me ha dicho.

"Mamá, es un hotel precioso, me encantaría quedarme aquí."

Cómo es la juventud, ¿eh?

Podrías dormir en el salón.

Intercambio de hijos. Qué divertido.

Es una gran idea, ¿no?

- ¿Qué hacemos esta noche, chicas? - Yo, nada, porque estoy agotada.

Además, debo ocuparme de la pequeña.

Elizabeth, ¿te animas a salir de marcha?

Es demasiado para mí. ¿De dónde sacas tanta energía?

Le preguntaré al barman si conoce algún sitio.

Buenas tardes.

- ¿Conoce algún sitio para salir? - ¿Para bailar o tomar una copa?

He oído que el Xénon es el mejor, ¿no?

En efecto.

- Hola, soy Maxime. - Hola, yo Julie.

Loïc, ¿nos sirves?

Vamos.

- ¿No se queda con su bebé? - No es mi hija, es de una amiga.

De esa que parece una gamba.

Ya veo.

¿Van a salir juntas?

No, no son de salir.

Bueno, pues si está sola, yo... Quizás podría acompañarla.

- Me apetecía salir. - ¿Por qué no?

Nos vemos después de cenar.

- ¿De acuerdo? - Con mucho gusto.

Hasta luego.

Disculpe, ¿tiene planes para cenar?

Hay una marisquería que tiene buena pinta.

- Podemos comer unas ostras. - Es que estoy con mi amiga.

- Entonces... - Claro, no querría molestarla.

Bueno, está cansada y quizás cene en la habitación.

Muy bien.

Voy a comprar tabaco. ¿Nos encontramos en el vestíbulo?

De acuerdo.

He encontrado a un acompañante. Voy a arreglarme. Adiós.

- Buenas tardes. - Hola.

No ha perdido el tiempo. ¿Pero qué ve en él?

Es un hombre y está aquí. Dos apreciables cualidades. Eso es verdad.

- ¿Está bueno? - Muy agradable.

Es delicioso.

Bueno,

subo a buscar a la pequeña y a llamar a un taxi.

Loïc, ven conmigo a buscar tus cosas.

¿Puedo ofrecerle una copa de champán para agradecerle la sombrilla?

- No, no es necesario. - Me complacería.

Disculpe, ¿me ayuda a acabarme la botella? Me han dejado sola.

- Es muy amable. - Una copa, por favor.

- Tenemos suerte con el tiempo, ¿no? - Sí, es magnífico.

Me ha dado el sol demasiado.

Salud.

¿No le acompaña su marido?

No, hemos decidido ir cada uno por su lado.

Eso de ir siempre juntos, al final cansa.

Pues yo, es la primera vez que voy de vacaciones sin mi marido.

Tiene mucho trabajo.

Y yo necesitaba tomarme un respiro.

Al principio no lo veía claro,

pero esta libertad no me disgusta en absoluto.

Disculpe, pero tengo que irme. He de ocuparme de una niña esta noche.

- Me alegro de volver a verle. - Está bien.

No puedo creerlo.

- ¿Qué ocurre? - No encuentro mi tarjeta de crédito.

- Me la dejé en el chalet. - ¿Puedo invitarla?

De ningún modo. Me niego.

Se lo ruego. Será un placer.

Me veo en la obligación de aceptar,

pero sólo si me deja invitarle otro día.

- ¿Prometido? - ¡Prometido!

Se lo agradezco mucho. Tengo que irme, porque...

- Yo me ocupo. - Gracias.

- Adiós. - Vamos, Loïc, date prisa.

- Adiós. ¡Hasta mañana! - Adiós.

¿Sabe qué opino? Que deberíamos pedir otra.

- Para celebrar la libertad. - Es una idea excelente.

No puedo creerlo. Otra vez gastando dinero.

- ¿Pero qué carajo le pasa? - No es lo que crees. Ya verás.

Mierda. ¿Qué es esto?

¿Has visto? Es horrible estar aquí.

Nosotras ni caso, lo pasaremos muy bien.

¿Sabes por qué se comporta así? Es por lo de Maria.

Voy a dar una vuelta, ¿vale?

Sé útil, para variar. Saca las cosas de Loïc.

Pasará la noche en el hotel, con Elizabeth.

- ¿En el hotel? - Sí.

Bueno. ¿Y qué hace aquí la pequeña?

Loïc me suplicó que le dejara escapar una noche de esta ratonera, como él dice.

La única forma era el intercambio con Alice. Por eso está aquí.

¡Mierda, no es posible!

Claro que te has asustado, es normal.

Gracias, muchas gracias.

Lo siento.

- Tranquila. - No tengo nada para limpiarte.

No pasa nada, ya se secará. Te compro otro.

No, no hay motivo. Ha sido culpa mía.

Sí, sí. ¿Qué sabor quieres? ¿EL mismo?

Sí, está bien.

Al principio iba bien, pero ahora me agobio.

Te entiendo. Llegué ayer y ya estoy harto.

Al menos navego cada día. Mi padre tiene un velero.

Estoy con mi padre y mi hermano. Mis padres están divorciados. ¿Y tú?

No se soportan, pero aún están juntos.

¿Te gusta navegar?

Sí, me encanta, me encanta.

- ¿Estás libre mañana? - Sí.

- Bueno, lo puedo arreglar. - ¿Qué haces aquí? ¡Te esperamos!

- Romain, mi hermano. Éste es Loïc. - Encantado.

Tu amigo es un poco cerdo comiendo, ¿no?

¡Vamos, mueve el culo!

Hasta mañana.

Tienes unas manos bonitas.

Rena, ¿me trae las últimas ventas de Kévin?

No me fío de los rumores.

Hay mucho envidioso en esta profesión.

Lleva 4 años aquí, y su conducta es intachable.

Quizás necesite dinero.

Está un poco raro. Quizás se droga.

No diga tonterías, Samuel.

Son las últimas. EL resto está en Contabilidad.

Gracias, Rena.

Ojalá me equivoque, pero prefiero prevenirlo.

Claro. Es muy amable.

Samuel.

Si despido a Kevin, le aseguro que Ud. no le substituirá.

No quiero que piense que ésa es mi intención.

Claro. Hasta luego.

Tienes una cita por lo de la casa de tus vecinos.

Es verdad. Lo había olvidado.

- ¿Quieres cenar fuera? - Me dijiste que fuera a la compra.

Sí, es verdad.

¿Qué es esto?

Según me han explicado, creo que son contadores de gas.

¿Prefieren echar un vistazo solos?

A veces es la mejor manera de hacerse una idea.

- Sí, gracias.

Ah, Lassus.

NO ABRIR ANTES DEL 1 DE AGOSTO.

Cuando leáis esto, seré una carga demasiado pesada.

Perdonadme. Lo lamento mucho, pero es mejor así.

Con todo mi amor. Jéróme.

Cuando leáis esto, seré una carga demasiado pesada.

Perdonadme...

- Cuando leáis esto, seré una carga... - Disculpe.

- ¿Qué tal? - Nos interesa, pero

nos gastaremos mucho arreglándola y además tenían gatos.

El precio es negociable.

Le llamo esta noche con una oferta.

- Si acepta, ya firmaremos. - De acuerdo.

Hay que estar mal para coleccionar contadores de gas. ¿Cómo son?

Ud. lo ha dicho.

- Párate aquí. - ¿Por qué?

Prefiero que no me vean bajar de esta cafetera.

Como quieras.

Despídete, al menos.

Hasta luego.

Hola, ¿ha visto a Lulu?

- ¿Lulu? - Mi esposa, Lulu.

No.

No es fácil vivir con una ninfómana.

EL caso contrario tampoco es nada fácil.

- Voy a ver en el bosque. - Adiós.

Al principio, me gustaba su lado posesivo. Me daba seguridad.

Me llamaba veinte veces al día.

Me acompañaba de compras, a la peluquería...

EL compañero ideal, ¿no?

Poco a poco, se fue degradando.

Se consideraba un fracasado.

Gano más que él. Los hombres son tan burros en eso.

¿A qué se dedica Ud.?

Tengo un bufete de abogados,

y él es periodista subcontratado.

A mí me parece que

a mi marido le da igual lo que yo haga,

o con quien esté.

Y me parece que a mí me da igual que a él le dé igual.

Quizás, quizás no.

No lo sé.

Lo absurdo es que nunca me ha atraído nadie más.

- ¿De verdad? - Nunca, de veras.

Nunca se me pasó por la cabeza.

¿Y Ud. a qué se dedica?

Yo...

Me las arreglo para estar muy ocupada.

¿Nos tomamos otra o sería abusar?

Abusemos.

Si se ha llevado dinero, ¿sería grave?

Pues claro, Nanou. Es dinero de la empresa, el mío.

Y mi salario también, te lo recuerdo.

Es diferente, no compares.

Si no te lo hubieran dicho, no sabrías que roba. Relájate.

Pero no creo que... ¿Cómo se llama?

- Kévin. - Que Kévin sea capaz de algo así.

Tiene un buen sueldo, vive solo.

Creo que ni siquiera tiene novia.

Quizás tenga un novio.

En absoluto. No es esa clase de persona.

- ¿Qué clase? - Bueno, que él no es así.

¿Qué quieres decir con eso?

Ya sabes, que no le gustan los hombres.

- Y tampoco soy así. - Claro que no.

Evidentemente, yo tampoco.

Eres muy guapo, sabes que me gustas mucho.

Pero si fueras una chica, no me importaría.

- ¿Lo entiendes? - A mi tampoco.

¿Qué quieres decir?

Bueno, creo que estás exagerando.

Te aumento el límite hasta 15.000, pero no más.

Por cierto, ¿has oído rumores en la agencia acerca de Kévin?

¿Algo de sus comisiones?

No lo creo. Ya lo hablarás con él cuando vuelva.

Yo apenas lo conozco.

Nina me espera. Vamos a una exposición.

Besos.

Gracias.

¿Qué ocurre? ¿Sabe lo nuestro?

- ¿Se lo han dicho? - No, cree que estoy con Nina.

- ¿Entonces qué pasa? - Nada.

Muévete, vamos a comer.

Esta noche tengo ganas de ir a la disco.

No te pongas eso, es cutre.

¿Qué te ha dicho exactamente?

Nada, tonterías.

- Que le estafas, o algo así. - Mierda.

Te he dicho que son tonterías. Muévete.

Me aterroriza volver. Empezará con lo mismo.

Pues quédese a dormir, si quiere.

Me encantaría.

Pero eso empeoraría las cosas.

Con la que me espera, imagine si me quedo toda la noche.

- Quizás esté durmiendo. - ¿Bromea?

Bueno, me voy.

Espero no haberla agobiado con mis historias.

Déjeme que le diga,

he pasado una velada muy agradable.

Basta, Jean-Pierre. Levántate.

Soy una mierda, pero te quiero tanto.

Ya me lo has dicho.

Te lo ruego, quiero acostarme.

Quiero dormir. No puedo más.

¿Me juras que no estabas con un hombre?

Si me lo juras, te creeré. Júramelo.

Te lo juro.

He de creer que has estado con una mujer,

y no con un hombre.

No con ese tipo.

EL problema es que ya empiezo a dudar.

¡Mataría a ese cabrón!

Mierda, lo había olvidado.

Lo siento. Creía que...

- No sabía si aún estarías. - Cerdo, estás loco. Desátame ya.

- Ya está. - Me duelen las muñecas.

¿Cómo has podido hacer algo tan despreciable?

- Perdóname. - Y Ud. deje de mirarme.

- ¿Ésta quién es? ¿La siguiente? - Claro que no. No te lo tomes así...

- Pauline, idiota. - Perdóname, Pauline.

He ido a comprar tabaco.

Entre una cosa y la otra, se me ha ido de la cabeza.

¿Atas a una mujer y te olvidas? ¡Energúmeno!

Cálmate, lo siento en el alma.

¡Tú no tienes alma! ¡Llevo 8 horas así!

- No me mire. - La miro porque es bonita.

Me quedo sin trabajo por tu culpa.

¿Por qué? Me dijiste que era tu día libre.

- ¿No quiere quedarse? - ¿Cómo?

¡Sois despreciables!

No, espera un momento.

- No exageres, nadie se ha enterado. - ¿Nadie?

Deja que te lo explique.

Hace un rato, mientras estaba atada,

entró la asistenta y arregló la cama sin decir nada.

Antes de salir dejó dos chocolatinas sobre la almohada.

Adiós.

Lo siento. No sé qué decir.

Perdóname.

Lo lamento mucho.

Te presento a Rick.

Rick me lleva a un sitio muy guay.

- Espera. - Nos vamos. Tú te quedas, ¿no?

¡Emilie!

- Hasta luego. - Venga, hasta luego.

¡Espera!

No irás a dejarme aquí.

Te las arreglarás. Ya eres mayorcito.

Tienes dinero y conoces el hotel.

Quédate y diviértete. No seas pesado.

- ¿De qué vas? - Tómate algo, ¿vale?

¡Vete a tomar por el culo!

- ¿Qué has dicho? - ¡A tomar por el culo!

No le hagas daño.

He sido paciente, pero si insistes, estos jugarán al fútbol con tu cabeza, ¿vale?

¿Por qué me haces esto?

Cada vez más pesado. Relájate. Hasta luego.

Tranquilo, tío. Vete a casa.

- No quieres sentir dolor, ¿verdad? - ¿Cómo?

No te gusta el dolor, ¿verdad?

Vamos a ese callejón y todo irá bien.

Dame todo tu dinero.

Todo. Recuerda, tengo una navaja.

- No tengo más. - De cara a la pared.

Te creo. Pareces honrado y llevas una chupa de los Bulls.

Aquí todos son de los Chicago Bulls.

A todos nos encantan.

Pero yo no soy de Chicago. Tiene gracia, ¿verdad?

Son 500 mil menos, pero dile que le aconsejo que acepte.

No es gran cosa, pero su casa tampoco lo es.

Bueno, que se lo piense.

¿Tú estás bien?

Mejor.

Besos. Adiós, cariño.

Tranquila. Te extraño, pero me las arreglo muy bien solo. Besos.

- ¿Cómo es el matrimonio? - Es así.

¿Crees que me gustará?

No lo sé.

Me casé con Elizabeth porque todos mis amigos lo hacían.

Y la quería.

Hemos tenido una niña.

Hoy es una mujercita, de vacaciones en América.

Diría que le regalé su poni de peluche la semana pasada.

He envejecido.

Mi esposa ha envejecido.

El matrimonio es así.

No sé si te gustará.

¡Estoy harto de que me tomes por un tonto!

¡Ya basta! ¡Me tienes harto!

¿Por quién me tomas?

¿Por un desgraciado que lo aguanta todo?

¿Qué te has creído? Eres una zorra que sólo piensa en sí misma.

Escúchame bien. Coge tus cosas y lárgate, ¿me oyes?

¡Que te zurzan!

He pasado una noche genial.

Es una ciudad increíble y Rick es muy guay. Ha sido genial.

¿Qué ha pasado?

No sé, acabo de llegar. Habrá sido la asistenta.

¿Y a ti qué te ha ocurrido?

Yo también he conocido a un tipo muy guay.

Vamos a desayunar a un sitio donde se va después de los "after".

Gracias.

Emilie.

- Quiero que nos casemos. - ¿Cómo?

Estoy loco por ti. Lo aceptaré todo. Quiero casarme contigo.

Vamos a aclarar las cosas de una vez.

No te quiero, nunca te quise y jamás te lo he dicho.

Nunca he querido a nadie.

No seré como mamá, cuyo marido se tira a su mejor amiga.

Olvídalo y no me agobies.

Hago con los tíos como vosotros con las tías. Usar y tirar.

Es para provocarme. No eres así.

¿No? Pues ahora voy a ver a Rick.

Es más divertido que aguantarte a ti.

¡Emilie!

- ¡Para! - Bésame.

¿Qué haces? ¿Qué quieres ahora?

Ayer me atracaron y no tengo dinero para pagar.

Joder.

Toma, diviértete.

¿Nadie tiene sed?

Lo que yo daría por una copa de champán.

Ahí no tendrán.

- Antes era una crepería. - ¿Dónde?

Quizás tengan vino blanco. ¿Os apetece?

¿Por qué no? Muy frío.

Me llama la aventura. Arriesguémonos.

Mira, tienen muñequitas para ti.

Mira qué mona.

- Estoy algo nerviosa. - Tranquila, todo va bien.

Mira cómo bailo. Salta, baila

y besa a quien quieras.

Chicas, la felicidad está a la vuelta de la esquina.

- ¿Cuándo la tuvo? - Ayer noche.

No, la cuida desde ayer. Es hija de mi amiga Julie.

Mira qué barquito más bonito.

Quizás sea el barco de Loïc. Dile hola.

¡Hola, Loïc! ¡Hola!

Estará disfrutando.

- ¡Vaya imbécil! - ¿Estás bien?

Papá, volvamos. No se siente bien.

¿Por qué nos dijo que sabía navegar?

- ¡Mira mi polo de Ralph Lauren! - Regresamos.

- Idiota. - Lo siento, señor.

¿Estás mejor?

A bañarse y después un buen biberón.

¿Todo bien, cariño?

¿Has visto a tu padre?

- No. - ¿Estás cansadita?

Hemos dado un largo paseo.

Puedes dormir otra noche en el hotel.

¿De veras?

¡Genial!

¿Me das algo de dinero para un taxi? Me da vergüenza ir con papá.

Mira en mi bolso.

- Sólo hay 40 francos. - Pues haces el resto a pie.

- Qué agobio. - Yo también me agobio.

¡Mierda! ¡No puedo más!

¿Véronique grita? ¿Te he asustado? No, mi amor.

Cálmate.

¿Qué tal la navegación?

Vamos a bañarte.

He vomitado y un atún me devoró un cojón.

Sí, mi niña. ¿Cómo dices?

- Nada, ha sido genial. - Me alegro, cariño.

¡Hola a todos!

¿Cómo ha ido la navegación?

Pregúntale a mamá. Yo me voy al hotel.

- ¿Ah, sí? - ¡Adiós, cariño!

Mañana las chicas nos vamos a comer al campo.

Supongo que no vendrás, no sea que tengas que invitarnos.

No, prefiero no ir.

Es que tengo que hacer una cosa.

¿Lulu?

Soy yo. Me encontré con Elizabeth y pasaremos el día juntas.

Pienso que es lo mejor. Besos.

Joder.

Joder.

Seguro que ha ido a encontrarse con esa basura.

¡Me cago en la puta!

Te aseguro que no hay nadie.

¡Mierda! ¿Por qué me haces esto, Lulu?

¡Zorra!

¡Quiero morirme!

Mierda.

- ¿Quién es? - Un pervertido que nos espiaba.

Me voy, que tengo prisa. Tengo trabajo. Hasta otra.

Disculpe, es para el caballero.

¿Qué es esto?

¿Se trata de una broma?

¿Qué pasa?

"Mi mujercita me toma por un imbécil,

pero el juego ha terminado."

- ¿Cómo? ¿Estás casada? - Claro que no.

Será para otra persona.

"Os he pillado in fraganti. Vil traición. Lo pagaréis.

Y a ese cabrón.

Le voy a romper la cara."

Disculpe. Es un error.

Esta carta no es para él.

No lo creo, señora. El hombre lo ha descrito con sumo detalle.

¿Por qué me has mentido?

- Me dijiste que no estabas casada. - No lo estoy. No entiendo nada.

Yo no quiero líos.

Por última vez, te digo que no estoy casada.

No lo estropees todo, por favor.

Estoy tan soltera como tú.

Basta ya.

A menos que me hayas mentido.

¿Por qué dices eso?

No sé, tienes cosas de hombre casado.

Bueno, vale ya de decir tonterías.

Vamos a olvidar la carta de ese energúmeno y...

- Dejémoslo ya. - Estoy harta de aventuras de verano.

Tengo ganas de algo más.

Yo también.

Y lo tendrás. Lo tendrás.

Te prometo que lo tendrás.

¿De acuerdo?

NO ABRIR ANTES DEL 1 DE AGOSTO.

- ¿Qué haces con éste? - Basta, Romain.

¿Qué haces, hombrecito?

Vomita un rato para no perder la práctica.

- ¡Déjale en paz! - ¡Suéltame!

¿Estás bien?

No tardes, enfermera. Vamos a comer.

A ver.

- No es nada. - ¿Y aquí?

Espera, espera. Prefiero ir a otra parte.

Qué bien se está aquí.

Tanta tranquilidad.

Me encanta la vista.

Véro, Bertrand tiene una oferta para vuestra casa.

- Jérôme tiene que llamarle. - Vale.

No parece que te haga mucha ilusión.

Al final tenía que pasar.

Es una lástima, pero he de irme.

No se vaya, Lulu. ¿Por qué quiere irse?

Es por Jean-Pierre. Cada vez está más insoportable.

Me tiene siempre angustiada.

Hoy un tipo me ofreció un bombón de menta y le juro

que miré alrededor antes de aceptar. Y encima me irritan la garganta.

Lulu, ya sabe que puede quedarse en mi habitación.

Creo que a Julie ya no le vemos más el pelo.

Cuando le gusta un hombre se olvida de todo.

¿Y por qué necesitamos a los hombres? ¡Qué cruz!

Detestaría ser un hombre. No le veo la gracia.

Yo querría tener un pene durante un par de horas.

Debe de ser divertido.

Me pregunto qué deben sentir cuando...

Se refiere a cuando...

Sí, cuando van gozando por ahí.

Sí, debe de ser muy diferente.

Querría tener un orgasmo masculino, sólo una vez, para probar.

Y yo un orgasmo femenino, sólo una vez, para probar.

Véro.

Mira. ¿Ése no es Jérôme?

Sí. ¿Qué está haciendo?

No sé. Vamos a decirle que venga.

No, estamos mejor solas.

Sí, pero no podemos dejarle solo.

- A él le gusta, créeme. - No está bien. Voy a buscarlo.

¡Pero si a él le gusta, Elizabeth!

- Para. Hay alguien. - Tranquila, no pueden vernos.

- Hay alguien. - Desde ahí no nos ve.

¡Joder, es mi padre!

¿Qué haces aquí solo? ¿Meditas?

- Ah, hola. - Ven a comer algo con nosotras.

No, os divertís más sin mí.

- ¿Seguro? - Sí, gracias.

Jérôme, no hace falta darle tantas vueltas.

La muerte de Maria no fue culpa tuya.

Aunque se acumulen tus fracasos,

te queremos igualmente.

Sé que la vida no es lo que soñamos de niños.

Pero a veces vivimos momentos inesperados de felicidad.

Voy a confesarte algo, Jérôme.

Son mis mejores vacaciones desde que tenía catorce años.

¡Papá!

Deprisa, si está mala, escúpala.

- ¿Qué han dicho? - ¿Qué te ha ocurrido, Jérôme?

Se ha lastimado las cervicales, pero no hay fractura.

Has tenido mucha suerte, ¿sabes?

No oye nada porque tiene las orejas llenas de lodo.

Han sacado lo que han podido.

Se quedará así unos días.

Gracias, pero es tarde y lleváis mucho rato aquí.

Yo me voy, que me espera una buena. ¿La llevo, Elizabeth?

Sí, gracias. Adiós, Jérôme.

¿Cómo estás?

¿Te duele?

Te has dignado a volver.

¿Cansada de cojer? ¿O a él ya no se le para?

¡No te encierres ahí dentro! ¡Ven aquí!

Basta, Jean-Pierre. ¡No aguanto más!

¿Tú no aguantas más? ¡Encima!

Mi mujer se tira a un extraño y encima no aguanta más.

Te estás volviendo loco. ¿De qué hablas?

No conozco a ningún hombre, ¿me oyes? ¡A ninguno!

Así que basta ya. ¡Basta!

- Te quiero, Lulu. - Yo también te quiero.

Ahora lo sé. Te has tirado a ese tipo.

Ahora me contarás que almorzaste con la famosa Liz.

Es exactamente lo que he hecho.

Sí, y he pasado la tarde y parte de la noche con ella,

por razones que ni intentaré explicar.

De acuerdo.

¿Acaso no estuviste con un hombre esta mañana, después del masaje?

- ¿O es otra de mis alucinaciones? - ¿De qué hombre me hablas?

Increíble. Sabía que me espiabas. No ocurrió nada.

¡No me tomes por un cretino! Estaba ahí, lo oí todo.

Y tú no te negaste.

¡Claro que no me negué!

Por cortesía. ¿Qué hay de malo?

¿Qué hay de malo? ¿Sabes lo que dices?

¡Fue por cortesía mutua!

Vivimos en un mundo civilizado, por si no lo sabías.

Más aún porque me sienta fatal. Sabes que me irritan la garganta.

- ¿Qué hay de malo? - ¡Te estás volviendo loca, Lulu!

Tú estás enferma y él es un cerdo.

¿Sabes qué? ¡Me cargo a ese tío!

Conozco su nombre y su número de habitación.

¡No aguanto más, Jean-Pierre!

Tienes razón. ¡Me vuelvo loca por tu culpa!

¡Lulu!

- Perdone, pero no puedo más. - ¿Qué ocurre?

Está enloqueciendo. Quiere matar a alguien.

¿Pero qué ha sucedido?

¿Recuerda lo del hombre de los bombones?

Sí, ¿y qué?

- Jean-Pierre quiere matarlo. - Cálmese. No se mata así como así.

No se ponga así.

- ¿Cuál es el motivo? - Cree que almorcé con él.

No entiendo nada. ¡Le digo que está loco!

Lulu, vamos a sentarnos,

- y le diré que estuvimos juntas. - No le creerá.

¡Ah, está aquí, Véro!

Es ridículo. No hará nada semejante. Está enfadado, eso es todo.

Exagera, como todos los hombres.

¿Quiere que le lea la carta que ha dejado Jérôme?

- ¿Qué carta? - Loïc la encontró.

"Cuando leáis esto, seré una cala demasiado #pelada. #

Perdonadme. Lo camelo sordo, pero es mejor así. Con todo mi amor,

- Jérôme." - ¡No tiene sentido!

¿Quién se tirar al vacío para volverse sordo?

No lo sé.

Yo tampoco entiendo nada, no tiene sentido.

Quizás sea por los llantos de Maria.

Los hombres son mucho más frágiles que nosotras.

En fin, nosotros no podemos quedarnos.

No puedes abandonarme, Véro.

No me veo aquí con él en estas condiciones, aislados en... nuestro chalet.

- Necesito volver a casa. - ¿Y la niña?

Viene con nosotros. No podemos dejarla aquí sola.

No voy a estropearle las vacaciones a Julie. Que se divierta.

- Pues deja que Loïc se quede. - Gracias, Elizabeth.

Seguro que estará encantado.

Para mí también se acabó. Lo mío es un infierno.

¿Qué será de mí? Mis amigas me abandonan.

A Julie ni la he visto.

Tengo una idea genial.

No podemos separarnos así.

Cuando hayamos regresado, daré una fiesta en mi jardín.

Se trata de prolongar las vacaciones.

No se preocupe, Lulu. No ocurrirá nada.

Vas a acabar conmigo.

¿Qué diablos pasa? Están locos.

- ¿Ud. otra vez? - ¡Sorpresa, soy el marido!

Arreglemos esto de una vez. Entra, energúmeno.

Increíble. Nunca se cansa.

Cierra el pico. Dice que es tu marido.

Te dije que no estoy casada. No conozco a este tío.

No se haga el tonto. Sabe que no soy su marido.

- Entonces... - Soy el marido de la otra.

No conozco a esta putita.

¿Cómo se atreve? ¿Quiere una bofetada?

- ¿Quién es este idiota? - Oiga, quizás lo ignore o no le importe,

pero antes que Ud., se ha tirado a mi esposa.

- ¿Qué esposa? - Ah, es el marido de la otra.

No tengo celos de una loca que necesita que la aten para poder gozar.

¡Cabrón!

¡Cálmate de una vez!

¡Deja de darnos la paliza!

Cuando decías que me querías,

¿era sólo por la situación?

- ¿O lo sientes de verdad? - Claro que lo siento.

- Dímelo otra vez. - ¿Cómo?

- Dímelo otra vez. - Claro.

Te quiero. Ya está.

¿Qué sucede? ¿Qué te pasa?

Han dicho que eres una guarra que se hace atar.

- Me muero, Lulu. - No te preocupes, llamo a un médico.

Tengo que encontrar una tienda de juguetes, para mis sobrinos.

Y algo para su madre. Necesito tu ayuda.

- Querría encontrar algo bonito. - ¿Cómo?

Nada, nada. Continúa, continúa.

Escucha, Emilie.

Esto no puede seguir así, estoy sufriendo mucho.

Él te atrae y te hace sentir bien.

Pero soy yo quien te ama de verdad.

Estoy loco por ti. Cásate conmigo.

Lo olvidaré y lo perdonaré todo.

Joder, parece una canción de Brel.

Estoy flotando.

No te fíes, no te sientan bien las alturas.

La última vez aterrizaste muy deprisa y muy embarazada.

Con Maxime es diferente.

Me da buenas vibraciones.

Me causó una gran impresión desde el primer momento.

A mí también. Con sólo mirarlo...

- Es igual. - Dilo, por favor. Sé franca.

No sé por qué, pero pensé que

había algo oscuro en él. Lo siento.

Cambiarás de opinión cuando lo conozcas. Éste va en serio.

- Siempre dices lo mismo. - No.

Sólo lo pensé una vez,

pero bueno,

sabía que nunca dejaría a su mujer.

Era mucho mayor que tú, ¿no?

¿Por qué lo dices?

No sé, es una intuición.

Mira,

aquí está el de las vibraciones.

- Hola. - Hola.

Maxime, te presento a mi mejor amiga, Elizabeth.

- Maxime. - Encantada.

¿Nos vamos?

- Adiós. - Adiós.

Elizabeth, vamos a comer algo.

¿Te apuntas?

No, me quedaré aquí.

Tenemos que irnos, porque no guardan las reservas y llegamos tarde.

- Están muy solicitados. - Julie.

Me quedo con mi primera impresión.

Mierda, mierda.

¿Qué pasa?

No es una buena idea. Si llega Elizabeth...

Me has dicho que hoy no vendría.

Sí, pero olvidé que me dijo que quizás...

- Lo he pillado. - Espera.

No, me marcho.

Es que podría subir y...

Sí, ya lo entiendo. Ya no tiene importancia.

- Espera, voy contigo. - No, gracias, estoy cansada.

Joder, soy un imbécil.

Buenos días.

Por lo de la guarra que se hace atar.

¿Por qué lo has hecho?

Porque es el que te sacudió ayer noche.

EL tipo de los bombones de menta.

¿Qué te han recetado?

- ¿Nos vamos? - ¿Te da vergüenza?

No, en absoluto.

Vamos, elige.

Es como si nada hubiera cambiado.

Parece mentira.

Vamos, tengo frío.

Gracias, Loïc.

Vuelve a la cama, ya se me pasará.

¿Qué te pasa?

No lo sé.

El estar aquí...

Vuelve a la cama, ya se me pasará.

Tengo miedo.

No sé por qué, no lo entiendo.

Eres muy amable, Loïc.

No tiene mensajes nuevos. Menú principal.

- ¡Kévin! - Buenos días.

EL Sr. Lannier se fue a buscar a su esposa

y olvidó su cita con los compradores de la casa de los vecinos.

Yo me encargo.

¿Sabes si la Srta. Lannier ha vuelto de Chicago?

No, aún no.

Bueno.

Buenos días.

No podemos localizarlo, pero aceptará su oferta.

Ya era hora. Pensaba que no les interesaba.

¿Me acompaña al despacho, por favor?

Le ofrezco un trato, pero debe quedar entre nosotros.

¿A qué se refiere?

Ud. confirma la visita de su arquitecto.

Dice que hay problemas estructurales y rebaja en 200.000.

Yo les diré que acepten.

Imaginemos que funciona. ¿Qué saca Ud.?

100.000 francos, como Ud.

- Es un pájaro de cuidado. - No lo sabe bien.

EL chico está hecho polvo.

Debe de ser el aire de mar.

Sí, debe de ser eso.

Hoy dormiré en la habitación de invitados, si no te importa.

Me he acostumbrado esta semana.

Como quieras.

Aquí tiene.

¿Podría hablar 5 minutos con Ud.?

No es el mejor momento. Los invitados están al llegar.

- ¿Todo bien, Nanou? - Sí.

Ud. debe de ser Rena.

Es cierto, no os conocíais. Perdonadme.

Rena, mi esposa Elizabeth.

- Hola. - Encantada.

Tiene unos ojos muy bonitos.

Mi marido olvidó mencionarlo.

- Bueno, hablemos, pero que sea breve. - Sí.

Tengo que preguntarle algo un poco delicado.

No le acuso. Tan sólo se lo pregunto.

¿Ha propuesto alguna vez a un cliente negociar al margen de la agencia,

para quedarse Ud. con la comisión?

No.

Claro que no. Cómo puede pensarlo.

Bueno, sólo era eso.

¿Y Ud. de qué quería hablarme?

- ¿Puedo tomarme otra? - Cuidado,

ya se ha bebido tres a pleno sol.

¿Y bien?

- Quiero casarme con Emilie. - Le digo que ha bebido.

La quiero. Hablo en serio.

Pero si apenas se cruzaron durante su pasantía de 15 días.

Es poco tiempo y, además, eso es cosa de dos.

Estoy seguro que ella aceptará.

No fue fácil durante las vacaciones, pero es normal.

Es joven, necesita divertirse.

¿Qué intenta decir? ¿Que se fue a Dunkerque con Ud.?

Estábamos juntos. Su amiga Nina soy yo.

Espero que éste no sea su estado normal.

Váyase a casa, tome una ducha de agua fría y descanse.

Cuando vuelva Emilie, ya hablaremos.

Se lo juro, Bertrand.

Creo que tenía razón. Es mejor que me llame Sr. Lannier.

Hola, amigos.

Hola.

¿Te duele mucho?

- Háblale normal, ya no está sordo. - Qué bien.

Me alegro de que no funcionara, Jérôme.

- ¿A qué te refieres? - La vida continúa.

Aún hay muchas cosas bellas que oír.

Hola, mi niña.

Qué elegante.

Sí, pero le empieza a ir pequeña.

- Mañana le compramos ropa. - Qué afortunada.

No hagas una escena de celos. Tienes de todo.

- Y, además, eres el hermano mayor. - Vaya.

Las bebidas están ahí. Ahora voy.

Dos copas, por favor.

Ya es hora de que habléis directamente.

Te presento a los nuevos vecinos, los Sres. Davy.

Espero que no se enfade, pero el informe del arquitecto...

Sí, ya lo entiendo.

Nos impresionó mucho su colección de contadores de gas.

- Él es psiquiatra. - ¿Y Ud. a qué se dedica?

Antes a la informática, pero me tomé un largo periodo sabático,

para viajar, hacer deporte... Nunca tenía tiempo.

- ¿Fue un accidente deportivo? - Sí, de golf. Un cortacésped.

Si vienes, te enseño el contrato. Disculpen.

Sí, no lo aplacemos más.

- Buenas tardes, disculpe. - Buenas tardes.

No me conoce, pero creí oír que es psiquiatra.

- Siempre le agobian con preguntas. - Sí, nunca falla.

- Quería pedirle un consejo. - Voy a picar algo, cariño. ¿Vienes?

Sí, en cuanto pueda.

Hace algún tiempo que estoy angustiado.

Quizás esté ante un brote de locura, y no sé qué hacer.

La conducta de mi mujer me preocupa. Creo que está enferma.

Quizás sea un caso agudo de ninfomanía y esté enloqueciendo.

Una mujer puede estar muy cuerda y tener relaciones con frecuencia.

Con su marido, pero no con extraños y en cualquier lugar.

Háblelo con ella, con calma. Quizás sea más simple de lo que cree.

Lo he intentado, pero siempre lo niega todo.

¿Por qué no se toma algo con ella?

- Es ésa de rojo. - ¿Pero qué está diciendo?

Si simpatizan, quizás acuda a su consulta.

No sé, es algo delicado.

Ya veremos. Hasta luego.

¡Qué ilusión que hayas venido!

Me han substituido. Tenía que verte.

¿Qué ocurre?

Nada, tenía ganas de verte.

¿Tomamos una copa?

¿Qué tal en Chicago?

Cuando recibas el extracto del banco ya lo verás.

¿Has ido a Dunkerque a escondidas?

¿De qué me hablas? ¿Estás borracho?

Hablo en serio. ¿Estabas con un hombre?

- ¿Por qué? - Por nada. Responde.

Más o menos, papá.

¿Y te habló más o menos de matrimonio?

- ¿Quién te lo ha contado? - Contéstame.

Sí, mencionó algo así. Es un tipo muy legal.

Emilie, aquí estás. ¿Estás bien?

No tienes ni 18 años y apenas conoces a Kévin. Explícate.

Un momento. Yo nunca dije que me casaría con Kévin.

- ¿No fuiste con él a Chicago? - No, fui con Nina.

Basta, Emilie. Nina no existe, fue conmigo.

¡Nina!

- ¿Puedes venir? - No sigas, Emilie.

Nina, te presento a mi padre.

- Hola. - Hola.

Alguien se burla de mí, y empiezo a enfadarme.

No tengo nada con Kévin.

- ¿Y con quién quieres casarte? - Con Rick.

Lo conocí en el avión, yendo a Chicago.

No puedo creerlo, Emilie.

Póngase un algodón.

Mierda.

- Una copa de champán. - Sí, señor.

No bebas demasiado, a ver si vomitas.

Lo siento. Me ha acompañado.

No es nada. ¿Estás bien?

Sí.

- Gracias. - ¡Hace calor!

- Sí. - ¿Tienen Coca-cola?

Creo que sí.

Te he echado de menos.

Creo que la Coca-cola está por ahí.

Vale.

Gracias por la información.

¡No, Carole!

Su ayudante es muy bueno. Kévin, ¿no? Es muy dinámico.

- Sí, quizás demasiado. - ¿Fue idea suya lo de las 200.000?

¿A qué se refiere?

Es lo que buscaba.

- ¿Quieres tomar algo? - Sí, Coca-cola.

- Toma. - Gracias.

¿Cómo le va con su marido?

Igual. Me ha hecho una escenita antes de venir.

Por la respuesta de un editor. Se ve que escribió un libro.

Una respuesta negativa, claro.

Casi destroza la casa. Nos quedan tres platos.

Lulu, no puede seguir siendo tan infeliz.

- No tiene sentido. - No sé...

Hasta este verano era soportable. No sabía si sería más feliz sin él.

Pero la situación ha empeorado.

- ¿Ud. sabe si es feliz? - Tengo la firme intención de serlo.

- ¿Así está bien? - Perfecto.

El hombre que ha comprado la casa de Véro es psiquiatra.

Debería de hablarle de su marido.

Aquí es un poco enojoso.

¿Acaso firmé algo?

- ¡Pero se comprometió! - ¿Comprometerme, yo? ¿Dónde?

Sólo me comprometo por escrito, como toda persona seria.

Así que no sé de qué me habla.

Disculpe.

Bertrand, tengo que pedirte un favor.

Odio hacerlo, pero no tengo elección.

- ¿Buscas algo? - No, nada.

- Dime. - Pues...

Sabes que la venta ha sido muy rápida.

Si te soy sincero, aún no he encontrado nada.

Si he de serte franco, antes me ceñía al presupuesto.

Pero con las condiciones de la venta, no tengo ni presupuesto.

Así que, mientras, he alquilado una caravana.

¿Una caravana? No me imagino a Véro en una.

Ella todavía no lo sabe.

Pero lo que quería pedirte es

si podría dejar la caravana en tu jardín, temporalmente.

En un rincón, claro, sin bloquear el paso.

Porque dudo que los gitanos me reciban muy bien.

Bueno, Jérôme. Es algo delicado.

Debería hablarlo con Elizabeth, pero si estás tan mal...

Peor imposible.

- ¿No tienes calor? - Sí, un poco.

- Vamos a dar un paseo. - Vale.

¿Me ayudas?

No tardaré mucho.

Sí, una media hora.

¿Vienes a buscarme?

Besos.

Gracias.

- ¿Puedo besarte? - Sí.

No tienes. ¿Eres una chica?

No.

Ya no.

Lo siento.

Ud. ha comprado la casa de Véro, ¿no?

Sí, hola. ¿Vive por aquí?

- No, soy amiga de Elizabeth. - Encantado.

¿Puedo traerle algo de beber?

No tengo tiempo. Tengo un marido algo complicado.

¿Tiene una tarjeta? Quiero hablarlo con calma.

Vamos a otro sitio. Seguro que hay algún escondite...

- ¿Cómo? - Es normal hacer el amor a menudo...

- Sé que te gusta. - ¿Qué se ha creído? ¡Pervertido!

Carole.

Yo también te he echado de menos.

¿Vienes?

- Hola, disculpe. - ¿También quiere tocarme el culo?

No, lo siento.

Quería saber si había visto a Julie.

No. ¡Déjeme en paz!

Vale, gracias. Mierda.

¡Otra vez con ése! ¡Seguro que es casualidad!

- Vamos. - ¡Déjame!

- ¡Ven, te digo! - No le he hecho caso, ¡lo detesto!

¡Los detesto a todos!

¿A todos? ¿Quiénes son?

¿Cuántos son, zorra?

¿Hasta cuándo seguirás burlándote de mí?

- ¡Basta ya! - ¿Esto es lo que quieres?

¡Te gusta! ¡Confiésalo!

No te lo mereces.

Ése se va enterar.

Idiota, no te acerques a mi hermana.

- ¡Basta! - ¡Búscate novia y déjame en paz!

No hablo contigo. ¡Aparta!

- ¡Que te apartes! - ¡Dejadlo ya!

¡Suéltame, joder!

¡Ya basta, Romain!

¡Ya basta!

¿Te duele?

Déjame ver.

Déjame en paz.

Desgraciado.

Maxime.

Lo siento, tengo que...

- Tengo que irme. - ¿Ya?

He de volver al despacho. Olvidé unos papeles para mañana.

- Bueno. - Te llamo en cuanto pueda.

Me voy.

Te echaré mucho de menos, Maxime.

No por mucho tiempo, ya lo verás.

Ahora tengo que irme.

- Julie. - ¿Sí?

No, nada. Hasta muy pronto.

Hay más locos aquí que en mi consulta.

No he podido.

Se lo ha tomado tan en serio...

¿Quieres que hable con ella?

No sé.

Quizás sí.

Dame su número, iré a comer con ella esta semana.

- Niños, ¿os habéis portado bien? - Sí, sí.

¿Pero qué es esto?

¡Dios mío! ¿Quién ha podido?

Mierda, ¿es su coche?

Lo siento, doctor. Lo siento.

Voy a llamar a la policía.

Nos vamos, Elizabeth. La niña está cansada.

Además, tengo que empezar a embalar.

Me da pena que nos separemos.

Si os mudáis, ya no nos veremos tanto.

No estoy tan seguro.

¿Os cabrá todo en una caravana?

¡No puedo creerlo!

Encima de las vacaciones, ¡ahora en una de por vida!

¡Estoy harto de vuestras idioteces!

¿Estabais en una caravana, Véro?

Estamos arruinados, Elizabeth.

Somos casi unos mendigos. Apenas nos llega para la comida.

Me haría puta, pero no me llega ni para un tanga.

No digas que no lo sabías. Debes de estar ciega.

¿Qué haces con esa botella?

Era para hacer una lámpara, pero es igual.

Bueno, nos vamos.

¿Por qué no nos dijisteis que estabais tan mal?

Porque es difícil, Elizabeth. Es muy difícil.

Gracias por todo. Adiós.

Les juro que es un error. Era una broma.

¡Ven conmigo! ¡Eres mi esposa!

No por mucho tiempo. Acostúmbrate. ¡Hemos terminado!

¿Pero qué te pasa? ¡No es posible! ¡Vuelve, Lulu! ¡Tenemos que hablar!

Joder, que se va. ¡Vamos, rápido, rápido!

¡Arranquen, que se va! ¡Lulu!

- ¡Ya vale! - ¡Arranquen!

Joder, no está mal el novio de Julie.

- Me ha dado su número. - ¡A mí también!

¡Joder, son todos unos golfos!

Ve con cuidado, Julie.

Véro le está cogiendo demasiado cariño a la niña.

Hoy le ha puesto un vestidito de Maria.

Lo he reconocido. Es enfermizo.

Mierda.

De todos modos, quería ir a buscarla mañana.

No sé cómo decírselo a Maxime.

Tengo que prepararlo un poco.

Tengo miedo de estropearlo todo.

- ¿Te vas, guapa? - Sí.

- Se ve que has despedido a Kévin. - Sí, es un pobre desgraciado.

Supongo que acompañarás a Julie.

Sí.

Adiós, Elizabeth.

Adiós, querida.

Dormiré en la habitación de invitados.

Gracias, Rena.

Bertrand.

Si Emilie se va de casa, me quedaré su habitación.

Como prefieras.

Hasta luego, cariño.

Te necesito, Elizabeth.

Yo también te necesito.

Hasta ahora.

Ve con cuidado.

¿Seguro que puedes conducir? ¿No has bebido mucho?

Sí, tranquila.

He bebido mucho, pero estoy muy lúcido.

Quizás ése sea el problema.

Julie...

Me alegro de que seas feliz.

Ya sabes

que eres muy importante para mí.

Es extraña la vida.

Nunca me he despertado abrazada a alguien con ternura.

Tienes razón, cariño. La vida es extraña.

Si lo piensas, te desgarra el corazón.

Pero si pasas por ella zigzagueando, como yo,

puede resultar cómica.

Vamos.

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.