All language subtitles for Doménica Montero_S01E22

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Original subtitles

Y ahí estabas tú, y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo

Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te trajo,

contigo me sonrió Se me quitó lo triste, cuando te vi me

viste Y desde entonces te volviste lo mejor, ¿y qué me pasó?

Y ahí estabas tú

Y aquí estaba yo, y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.

Y ahí estabas tú, y eso me salvó, y ya no pido más, eres

mi luz, mi paz, tu mi más grande amor.

Y ahí estabas tú, y aquí estaba yo, y no es casualidad...

Tú y yo prometimos hablarnos siempre con la verdad.

Sí.

Yo ya sabía que Pedro es tu hermano.

¿Cómo que lo sabías?

Yo me enteré de casualidad.

Y mi primera reacción fue decírtelo.

Y después pensé en cómo iba a reaccionar Pedro y... ¿Te preferiste volverte

cómplice de una mentira? No.

No, no, no. Yo no quería ser la causante de un disgusto con tu mamá por lo que

ella le hizo a Pedro.

Perdóname. Creo que a mí no me correspondía decírtelo.

¿Y a quién más?

Ni mi mamá ni Prudencio lo iban a hacer porque sería como delatarse ellos

mismos.

¿Quién más lo sabía, Domenica?

Nicolasa, se enteró el mismo día que yo fue cuando nos encontraste hablando con

Prudencio en la cocina. ¿Qué importa?

¿Dónde y cómo fue?

A mi hermano lo condenaron a vivir por más de 20 años de la sobra de cariño.

Y yo pude protegerlo, incluso de mi mamá, pero hasta eso se lo negaron al

pobre. No cargues con eso. No fue una decisión tuya. Fue de tus padres y de

Prudencio. Aunque yo no soy el culpable, no dejo de sentir vergüenza y decepción

de mi familia.

Debiste decirme, Doménica, ¿es así como piensas de empezar una relación?

¿Mintiendo y ocultando verdades?

Porque yo la quiero a la buena.

Me enamoré de usted.

¿Estás loco?

Tú no puedes sentir eso por mi prudencia.

Yo nunca te he dado un solo motivo para que me veas como una mujer.

En el amor no se manda.

Pero es imposible verla así y no enamorarse.

Yo me lo callé 20 años, pero ahora que regresó a la hacienda,

Pues yo reviví todo eso.

No, no, Prudencio. Tú, tú debes de querer a Nicolás.

A mí me tienes que respetar. Y la respeto.

Y siempre la he respetado.

Y mentí.

Tuve que mentir para no hacerle daño a usted ni a nadie más.

Pero dígame, ¿de verdad hice mal en hacer eso?

Hiciste muy mal.

Hicimos. Muy mal. Y ahora la vida nos lo va a cobrar. Y tú vas a perder

el cariño sincero que yo te tenía.

Cariño que se vio transformando también en amor.

O me va a decir que yo imaginé sus miradas, que imaginé los abrazos que nos

dimos, que imaginé sus celos por Nicolás.

Escúcheme, Mercedes.

Yo haría cualquier cosa por evitarte este dolor.

Y de verdad que yo te comprendo.

Por favor.

Por favor.

No me alejes de ti.

Permíteme apoyarte.

No tenemos perdón, Prudencio.

Abuelo, ¿qué haces?

Ya está tardando mucho Doménica con Luis Fernando, ¿no crees? Sí.

Yo quería decirte que Pedro es tu hermano. Pero Prudencio y Nicolás me

convencieron de que él lo iba a tomar muy mal. Por supuesto.

Pero eso es una decisión de él, no de ustedes.

A ver, después tú me dijiste que tu mamá estaba teniéndole un cariño especial a

Pedro. Nicolás y Prudencio me comentaron algo similar, que todo estaba mejor para

él, que las cosas se estaban arreglando.

Por eso el día que firmamos el contrato me dijiste que los pecados de los padres

recaen en los hijos.

En ese momento debiste decírmelo, no andar con frases ambiguas.

Fernando, Fernando, por favor, espera.

Permiso. ¿Todo bien, prima? Todo bien.

¡Tienes que escucharme!

Ya escuché lo que tenía que saber.

Ahora resulta que todos sabían la verdad, menos yo. ¿Qué me vas a decir?

Ah, ya sé, ya sé. Me vas a decir que le contaste a alguien más. No, Luis, pero

yo no soy así.

¿Así? ¿Sabes qué? Tengo que contar la verdad a Pedro. Él necesita saber que es

mi hermano.

¿De quién hablas, Luis Fé?

¿Quién es tu hermano y yo por qué tengo que saberlo?

Estoy hablando de ti, Pedro.

Tú eres hijo de mi padre, Eugenio Jiménez.

Tú y yo somos hermanos.

¿Tienes secretos con doña Mercedes?

Pero no esos que tú crees.

Mira, últimamente te voy a decir todo.

Porque no quiero mentirte y porque no quiero darte verdades a medias.

Ahora sí me estás adultando.

¿Qué es eso tan grave que los une?

Es algo que... que pasó hace 20 años.

Y que tiene que ver con Pedro.

No juegues con eso, Luis Fé.

Si a mí me abandonaron en un huacal de jitomate, si fuera tu hermano, pues no

me hubieran hecho eso.

Dime que no es cierto.

Vamos a dejarlos hablar solos. Vámonos. Vámonos todos.

Me vas

a

decir que me robaron de chiquito.

Entonces, Merceditas es mi mamá.

¿Tú eres hijo de otra mujer?

Ah, es eso.

¿Y dónde está mi mamá, Luis F?

Vámonos a la casa. No, no, no.

Yo no me voy.

Dime, ¿quién es mi mamá?

¿Y por qué me abandonó?

Perdóname, Carmen.

Perdóname. Tu hijo no merecía pagar por tus errores y recibir mi

odio.

Yo sé que no lo merezco, pero... te pido que

intercedas por mí con Pedro para que pueda perdonarme.

Y que permita que yo lo pueda compensar

Todo lo que antes le negué.

Tu mamá trabajaba en la casa.

Era empleada y se llamaba Carmen.

Y murió en mi parto.

¿Mi mamá se murió?

Pero entonces sí me quería.

Sí quería tenerme.

¿Y por qué tu papá no se hizo cargo de mí, Luis?

Porque seguía casado con mi madre.

Ah, pues ya veo.

Como quien dice yo no era tan importante para él.

Pedro, es que apenas estoy conociendo algunas verdades de mi papá.

Me acabo de enterar que él tenía otra mujer y ahora que tú y yo somos

hermanos.

Dime algo, Luis F.

¿Mercedita sabía que yo vine al mundo?

Y no hizo nada.

¿No se tocó el corazón para evitar que me tiraran en la basura?

Pedro, vámonos de la casa para que yo te explique. No, pero claro que voy a ir a

la casa, pero voy yo solo.

Usted, váyase por su lado, doctor.

Pedro, espérate.

Tranquilízate, vamos a hablar. Lo que me hicieron no se les tenía un perro.

Llevo 20 años.

Siendo Pedro nadie. Por culpa de un infeliz al que tú le llamas padre.

Estas no son cosas que se anden contando con galletitas y café.

Mi niña no dijo nada. Fue porque Prudencio y yo le rogamos que no lo

hiciera. Ay, prima, ¿desde cuándo eres tan obediente?

Chiqui, es que obvio no le conviene tener un cuñado tan prole.

Pedro es un excelente muchacho y se va a querer fácilmente con su bondad. Se

necesita más que bondad para entender que alguien te haya quitado la vida que

te corresponde.

Me cuesta tanto entender cómo pudieron abandonarlo así. Nosotros que tenemos un

orfanato sabemos que los niños pueden crecer con cariño, protegidos. Ay, qué

mal que Luis Fernando se haya puesto tan mal.

Digo, debe ser muy difícil darte cuenta que la persona en la que más confía te

oculta cosas.

Tuve mis razones para callar.

Ay, no, prima, no hablo de ti.

Hablo de Mercedes.

Digo, seguramente como tú tienes razones para no hacerse cargo del hijo de otra.

¿Qué has sabido de Pedro?

Hablé con él en la abandonada.

¿Y por qué allá?

Porque tenía que hablar con Doménica antes.

¿Y por qué le contaste a ella que le importa?

Doménica es quien menos debe importarte ahorita.

Pedro quiere saber qué tuviste que ver con su abandono, mamá.

De hecho, ya vienen para acá.

Yo llegué antes porque le vienen caminando.

¿Y cómo lo tomó?

¿Cómo crees que lo haya tomado?

Primero no lo creyó.

Después pensó que tú eras su mamá.

Y al final entendió que es hijo del amante y que mi papá, el miserable de mi

papá... Ay, hijo, por favor. No, sí, el miserable de mi papá.

Porque él no tuvo el valor de enfrentar las consecuencias de sus actos.

Pues si eso piensas de tu padre, no quiero ni preguntar en qué concepto me

tienes a mí.

No fuiste tú quien empezó a desintegrar a esta familia. Eso lo tengo claro,

mamá.

Pero tú sabías que ese niño había perdido a su mamá.

Y aún así, aún así, le diste a elegir a mi papá entre él y

tú.

Yo estaba tratando de salvar a mi familia.

Te pesó más tu matrimonio que la vida de un...

Niño de un bebé recién nacido, mamá. Ay, hijo, no tenía condiciones para

comportarme como una buena samaritana.

Pero tuviste muchos años para rectificarte y no lo hiciste.

Todo eso por tu orgullo malentendido que no te permite ver más allá de lo que a

ti te conviene.

¿Como Doménica?

Sí, como Doménica, mamá.

Nunca pensé que fueras a ser capaz de odiarme tanto.

No te odio, mamá.

Me importas.

Así como le importas a Pedro.

Solo espero que el cariño que él te tiene sea suficiente para que te

perdone.

A Luis Fernando ya le llegó mi mensaje.

Eso quiere decir que ya llegó Espejo de Luna. Solo allí tiene señal. ¿Y qué te

dijo? Nada.

Me dejó en viento.

Está muy enojado por no haberle dicho lo de Pedro.

Me da miedo perder su confianza por esto.

Tampoco te hagas bromos, mi niña.

A lo mejor no te contesta porque está resolviendo este problema que no es tan

nada sencillo. Deja de estar picoteando. Estoy ansiosa, nana.

Quiero saber qué pasó con Pedro, cómo se siente Luis Fernando. Son demasiadas

emociones en un solo día. No, pues imagínate.

De entrada el doctor descubre el engaño de su padre.

Luego se tiene que tragar que tiene un hermano. Y de postre se entera de lo que

su madre fue capaz de hacer.

Arrepiento tanto de no haberle dicho que lo amo.

De haberlo hecho, él podría entender que no lo hice.

Para no causarle dolor.

Si él te hace feliz y tú lo quieres, yo no entiendo por qué se lo guardas.

No puedes ser tan duro con Doménica. Y de paso conmigo.

Lo sé.

Soy una rata por usar a Doménica para que me perdones, pero entiende.

Los dos supimos algo que no debíamos y decidimos qué hacer con esa información

evaluando las posibilidades. No actúes como si fueras el abogado moral de

Doménica. Si yo hubiese tenido acceso a esa información desde antes, hubiera

hecho algo para que no le doliera tanto a Pedro. No creo que pudieras. Con estos

tan contundentes es imposible cambiar el argumento.

Hoy se me cayeron tres pilares en mi vida.

Mi padre, mi madre y Prudencio.

Y por si no fuera poco, Pedro no me acepta como su hermano.

Ese es el defecto que algunos tenemos.

¡No estoy para tus chistes! ¿Ok?

Está bien, te lo diré de otra forma.

Espero que Pedro te dé una oportunidad.

Porque conmigo siempre ha sido un gran hermano.

Y por eso insisto en que me perdones.

Ahora perdona a Doménica.

No, pues ahora se me dejó bien norteado con lo que me dijo, ¿eh?

Ya no sé si es bueno o malo que el Pedrito haya terminado siendo Jiménez.

No le cayó bien la noticia.

Y es raro, ¿no?

Que no le agrade pasar de ser un don nadie a un posible heredero por derecho.

No, pues a ese chamaco no le importan muchas cosas y una de esas cosas es el

dinero. Lo que sí es que es bien rencoroso, aquí a la pared de enfrente.

A mí lo que me agrada es que esto se volvió un problema enorme entre Luis

Fernando y Doménica.

Eso es solo una probadita de lo que se viene, ¿eh?

Le voy a decir a Nieves que no se separe de Pedro para que me venga con todo el

cisne.

Qué bueno que esta chamaca no está funcionando de algo.

Gracias por haberle regalado un celular como a mí.

¿Y qué, mi potranquillo?

Te espero mañana en la inauguración.

Pues yo iba a llegar de invitado junto con el Gabriel, pero pues si el

doctorcito sigue enojado con mi patrona, pues igual ya hasta llego de invitado

junto con mi potran.

Pues tú manténla muy ocupada, porque ahora que se pelearon yo voy a seguir

ganando terreno.

Ese hombre...

Es el mío.

Espérate, Pedro.

Espérate, Pedro.

¿Qué hay, Nieves? ¿Qué? Primero cálmate.

No se te vaya a salir el demonio ese que traes dentro.

No me pidas milagros, Nieves.

Porque santo no soy.

Y menos ahorita con todo lo que pasó.

Pues yo no me voy a ir de aquí hasta que no sepa qué va a pasar contigo.

Gracias por estar conmigo ahorita.

Pues si yo estaría para ti la vida entera.

¿Él será Pedro?

¿Qué hacer con él?

Lo que he hecho siempre.

Quererlo y apoyarlo.

Pedro.

Hijo.

No me digas sí, señora.

Quiero darte algo.

Ella es Carmen.

Tu madre.

Luis Fernando me dijo que murió en el parto.

Ella dio su vida por mí.

¿Y por qué no crecí con usted y con su esposo?

Dígame.

Lo que tengo que decirle a Doménica va a tener que esperar a mañana.

¿Así tratas a tu novia? Eres más frío que mi última suegra. No, Doménica no es

mi novia porque ella no quiere.

Solo nos hemos estado viendo como... Ni siquiera sé lo que somos, ¿ok?

Tampoco me ha dicho que me ama, a pesar de que ya nos... ¿A pesar de qué?

Es el joyero Oliver Acuña. Quiere hacer una videollamada.

¿Cómo? Dile que sí.

A ver si ya tiene información sobre el anillo, ¿no?

Qué mal que te hagas la parecida y te aproveches del dolor que tiene Pedro

ahorita. Si yo estaba con él cuando Luis Fernando le dijo que es un hermano.

Y aquí voy a seguir.

Porque siempre lo he querido.

¿Ah, sí?

Pues también hace rato me besó y me dijo que me fuera a la capital con él como su

mujer.

¿Ah, sí?

Pedro, perdóname.

Tú sabes que yo te he llegado a querer como si fueras mi hijo. ¡Sí, pero yo soy

hijo de la otra!

Y si yo hubiera llegado aquí diciendo que era el hijo del patrón, usted no me

hubiera querido ni tantito.

Por lo menos esta mujer dio su vida por mí.

Pero a usted también le hubiera gustado que yo también me hubiera muerto.

¿Por qué no?

Olivier, gracias por comunicarte.

¿Qué novedades tienes del anillo?

Por fin pude encontrar el certificado de este anillo y rastrear su ruta de venta.

Es un diamante ruso de la región de Yakutia.

En verdad es hermoso, ¿eh?

El que pagó por esto debe tener mucho dinero.

¿Y sabes quién lo compró en México?

Sí, por supuesto. El último dato es que se vendió en México, para ser precisos,

en el estado de Puebla.

¿Tienes el nombre del taller?

No, pero no hay muchos que puedan hacer este tipo de cortes tan perfectos. El

tallado de este anillo...

Hace que capte la luz y por eso es que centella tanto.

Por eso el guardia del hospital dijo que vio salir algo brillante del auto.

Y eso nos da certeza que el anillo salió del auto que atropelló a Sofía.

En cuanto termine esta llamada les voy a mandar una lista de los talladores

importantes.

Seguimos en contacto. Te lo agradecemos, Olivier.

Pedro, hijo...

Ahí tiene el cariño que yo le tenía. Y de ahora en adelante espero que la vida

que le salvé le pese por el resto de sus días.

Pedro, hijo, escúchame, por favor. No me llames así, señora.

Usted me negó el derecho de ser hijo de alguien.

Por su culpa soy Pedro Nadie.

Pedro, yo sé que mis padres no tienen perdón por lo que hicieron, pero yo

quiero ayudarte a sanar estas heridas. Pues para ti es muy fácil.

Tú no tuviste que aguantar que te dijeran arrimado. Tú no tuviste que

mendigar por comida. Y ahora sé que el poco cariño de Prudencio siempre fue

falso. No te dejes llevar por el enojo.

Sí, danos una oportunidad.

¿Oportunidad de qué?

¿De justificar a tu mamá?

No te importas, Pedro.

Esos cuentos yo ya no me los compro, Luis Fernando.

Además, ¿de qué se preocupan?

Yo nomás me desaparezco y ustedes dos vuelven a ser como que nunca existí.

¿Se acuerda que le dije que todo en esta vida se paga?

¿Se acuerda o no?

Pues no quiero ni verlos cuando Diosito me lo conceda.

Pedro. No, no, no, mamá.

Si en algún momento llega a perdonarte, no va a ser ahora.

¿Qué pasó, Pedro?

Pasa que me largo de aquí.

Pero no te puedes ir a ti, Pedro.

Y tú vele a decir a tu abuelo que gracias por amolarme la vida.

Espérate, Pedro.

¡Pedro!

Nieves, hiciste bien en traer a tu amigo, ¿eh?

Bienvenido.

Muchas gracias por recibirme.

Le prometo que no voy a estar mucho tiempo.

El tiempo que necesites. De verdad, aquí te puedes sentir en casa.

Por favor, llévalo al cuarto de visitas, Nieves.

Sí, señorita. Gracias.

Claro. Vente.

Con permiso.

Buenas noches. Buenas noches.

Dije, ¿estás segura de lo que estás haciendo?

¿Te puedes meter en problemas con Fernando y con Mercedes?

Ay, no, al contrario, mamá.

Mercedes aprecia mucho a Pedro.

Y si le puedo hacer un favor, lo voy a hacer.

Pues a ver cómo lo toma Doménica también, ¿no?

Nicolasa, me dijo Diana que vino a buscarme.

¿En qué puedo servirle?

Yo nomás vine a decirle que mi niña sí quiso contarle lo de Pedro.

Pero al final se cayó porque no...

No quiso separarlo más a usted de su mamá.

Ya arreglaré ese asunto directamente con Doménica. Es que estoy muy... muy

dolido, muy enojado con mis padres.

Y siento mucha impotencia de no saber cómo compensar a Pedro por todos estos

años de sufrimiento.

Aquí no se trata de lo que usted quiera, doctor, sino de lo que Pedro necesita.

Pero es mi hermano.

Y lo quiero en mi vida.

Yo sé, yo sé que sí.

Pero a veces querer es dejar que el otro decida lo que le conviene.

Usted también deje que Dios decida cuándo y cómo los vuelve a juntar.

No se desespere.

Y bueno, mis niños, ese fue el último cuento porque ustedes ya se tienen que

ir a dormir.

Sueñen bonito.

Adiós. Adiós, maestra Jovita.

Patrona, buenas noches.

Oiga, andaba pensando que ahora que se vaya el licenciado Ernesto, pues se van

a terminar las clases que acabamos de empezar.

No te preocupes, ya encontraríamos a alguien más que te las dé.

¿Y si lo que encontramos se vuelve mi maestra?

¿Yo?

¿Estás seguro que quieres verme después de horario laboral?

Ah, Chini, ¿por qué no?

Si usted sabe cuando me manda por un encargo o cuando estoy disponible.

En eso tienes razón. Podemos acomodar las clases como mejor convenga.

Me gusta esa actitud.

Vamos a empezar de una vez. Ven.

Claro que sí, patrona.

Ya sabe que usted es la única que me puede dar orden y sí.

La única que me quita lo bronco.

Mira, este es el programa que quiero que empecemos a trabajar aquí.

Me da mucho gusto tener a Pedro como mi hermano.

Pero eso...

Me hizo ver que mis padres cometieron un grave error.

A veces no más queda perdonar para poder seguir amando.

Perdone, pero no olvide.

Para evitar que usted o que otros cometan errores tan grandes como el que

cometieron con Pedro.

Me hubiera gustado conocerla antes.

Sí nos conocimos, pero no nos mirábamos.

Usted estaba en sus asuntos de muchacho e iba atendiendo a mis patrones.

Pero ahora que la vida nos volvió a juntar, disculpe a mi niña.

Ella lo quiere bien.

Lo puedo ver en sus ojos.

Ojalá que todo eso que dice en sus ojos, ella también me lo dijera con palabras.

Estoy en un momento de mi vida que...

Siento certezas.

Yo ya no estoy seguro de nada.

Tampoco estoy seguro del cariño que siente Doménica por mí.

Todo está en la mitad como sus matas de frijol.

Pero yo le aseguro que Doménica sí lo ama.

No mando le vaya a decir que yo se lo dije.

Muchas gracias por decírmelo.

Me siento mejor de saberlo.

De verdad, usted es un ángel.

¿Qué pasó, Prudencio?

Que después de lo que pasó, pues lo mejor es que nosotros nos vayamos. No te

aloques, Prudencio.

Mejor hablen primero.

Antes de juzgarlo, escuchen sus razones.

Y tú, ven, niña, ven.

Voy a revisarte ese bordado.

¿Para qué?

Pues yo solo quiero decir que con todo y lo mal que hice las cosas,

yo nunca quise alejar a Pedro de estas tierras para estar al pendiente de

él.

Y a ver si tu padre se arrepentía o doña Mercedes

se volvía santa y aceptaba el hijo de otra.

Y cuando sumes las entradas y restes las salidas de dinero, el resultado te va a

aparecer aquí.

De ahora en adelante solo vamos a comprar en donde nos entregan facturas

electrónicas.

Para no incendiarlas.

Cuando hayas aprendido a dominar esto, quiero que juntos estudiemos sobre la

producción de café.

Ah, pues va a ver que le voy a echar todas las ganas.

Para podernos dar nuestras escapaditas para estar juntos.

Y así usted va a aprender del campo.

Y aprendo de eso.

Sí.

Es fácil para ti irte y dejar que otros resuelvan el problema con Pedro, pero

no. No te voy a dejar ir y no te lo estoy ordenando como tu patrón. Te lo

exijo como alguien que te quiere y que te ha admirado por muchos años.

La cabeza puede alzar de la pena y la vergüenza.

Y menos ahora que... Pues que ya le dije todo a doña Mercedes.

¿Hay algo más que tenga que saber sobre ese tema?

Lo que ya sabes es... A mí me dolía mucho ver sufrir a Mercedes.

¿Por qué?

Pues porque yo siempre he estado enamorado de tu madre.

Y la verdad es que la sigo queriendo igual.

Yo también bordaba, pero no tan bonito.

Tu abuelo me dijo que todavía conserva un mantelito que le hice.

Entonces usted es... Es que él me dijo que ese

mantel se lo dio una novia que tuvo años después de que murió mi abuelita.

Y que la quiso mucho.

Yo también lo quise a él.

Y no...

Quiero que tú creas que yo estoy usando el cariño que siento por Mercedes como

una justificación.

Ni siquiera quiero que tú me comprendas ni me perdones.

Yo lo único que quiero exponer son mis razones.

Respecto a tus sentimientos hacia mi mamá, te agradezco que me hayas contado,

pero realmente...

Es algo tuyo y lo respeto, ¿sí?

Aquí lo importante es que hay que recuperar a mi hermano. Pues sí, es lo

mismo que yo digo, pero ahora resulta que Pedro me odia y... Y tú eres el

único que pueda hablar con él.

Y lo voy a hacer.

Pero yo te necesito aquí, conmigo, a mi lado, Prudencio.

Palabra que...

Que no he encontrado nunca a nadie que sea más ley que tú.

Gracias.

Gracias por no juzgarme.

No te apures.

Aquí hay que darle las gracias a Nicolás, ¿no? Porque ya es una luz en

esta tempestad en la que estamos, ¿sí?

¿Sí? Sí.

¿Y esas flores?

¿Te gustan?

Si te gustan.

Ay, Gabo, están preciosas. Hace mucho que no me traías flores.

¿Quién te dijo que son para ti, Herminia?

Un regalo especial para Kiarita.

Bueno, para su centro social.

Me fui hasta la mojonera a comprarlos. Y si los traje para acá es para que no se

maltraten. Échales agua.

¿Qué padres flores te trajo mi papá?

Hasta que se lució.

Ya sé que nunca lo hace, pero... ¿Por qué lloras?

Esas flores no son para mi madre. Son para el centro social.

¿Pero por qué lloras?

Pues es que me da sentimiento. Hace mucho que tu papá no tenía detalles

conmigo y... Y ahora desde que le sobra el dinero, pues es otro y... Parece

como que lleva una vida aparte de mí.

¿Y tú qué quieres para ti, mami?

Siempre andas queriendo cosas para tus hijos, para mi papá.

¿Pero tú qué quieres para ti?

Nadie me había preguntado eso.

Pues se lo pregunto yo, mamá.

Porque antes que ser mi madre, para mí eres una persona, una mujer que siente.

Yo lo que quiero, lo que quiero es que tú nos veas como yo, mija, nos digas mis

pasos.

¿No te convenes atender a los demás solamente para no sentirte sola?

Prudencio se va a quedar en la hacienda.

Y le voy a dar su espacio a Pedro.

Luego lo busco para que hablemos.

Sí, hijo, está bien. Esta vez se harán las cosas como tú dices.

También quería comentarte algo.

¿Sí?

Me comuniqué con el joyero al que San Genís le llevó el anillo.

¿Por fin se pudo rastrear el origen de ese diamante?

Sí, mamá.

Nos pasó una lista donde podemos encontrar al comprador final y todos

esos lugares que están en Puebla.

Estamos cada vez más cerca de encontrar al asesino de mi hijo.

¿Tampoco puedes dormir?

No.

Cada que cierro los ojos se me vienen a la mente todas mis desgracias.

Justo cuando la vida me estaba empezando a sonreír, nada.

Solamente me estaba llevando a una trampa.

No, Nibes.

No se te vaya a pegar mi mala suerte.

Pues que se me pegue la mitad o toda.

Con tal de verte menos triste.

Eres de las pocas cosas bonitas que me quedan por agradecerle a la vida.

No.

No, no, no esté para allá.

No nos vaya a caer un rayo.

Pero bueno.

Si ya me pasó todo lo malo que me tenía que pasar.

Pues ya me tendría que pasar a lo bueno.

¿Qué no?

Muy bien, muchachos. Pues ya tienen su fumigadora. Les encargo que no empiecen

a aplicar el herbicida sin protección.

¿De acuerdo?

Y al terminar, yo los espero ahí en la casa grande para una comida.

Y para pagarles, obviamente.

No se vale, Luis.

Yo también quería fumigar.

Sí, Rosita. Pero tenemos que irnos a la inauguración del centro social.

Tienes que estudiar mucho porque de grande...

Te vas a graduar como bióloga o agrónoma, ¿verdad?

Porque te vas a hacer cargo de estas tierras, porque yo voy a estar viejito.

¡Oh, doctora!

Así curo a tus pacientes.

Bueno, pues a trabajar, muchachos. Los veo al rato.

¡Buen día!

Toda esta gente nomás no deja de mirarte.

Y ninguno con cara de buenos amigos.

Ay, la verdad es que no me importa.

Lo que me preocupa es que Luis Fernando no llegó.

Me parece que sigue enojado conmigo.

Yo hablé con él y abogué por ti.

Pero de que vaya a dar su brazo a torcer, a veces yo no te lo sé decir.

Me dejas igual, nana.

Igual te agradezco que abogues por mí.

¿Cómo ves, prima?

No es como las subastas que organizabas para tu casa hogar, pero yo creo que es

un evento digno. Está todo perfecto, Kiara. Tienes que sentirte muy

orgullosa. De verdad te felicito. Gracias.

Y también gracias por dejarme ponerle el nombre de mi papá.

Centro Social Benjamín Salerno. Creo que le va a traer mucha suerte a este lugar.

Así va a ser.

¿Te parece si empezamos? Cuando tú quieras. Aquí. ¿Sí?

Hola.

Hola.

Son para ti.

Gracias por estar aquí.

Porque no quiero que nada, ni nadie, nos separe.

Y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó. Y ahí estabas

tú, y aquí estaba yo.

Y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.

Y ahí estabas tú, y eso me salvó. Y ya no pido más, eres

mi luz, mi paso, mi más grande amor.

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