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Y ahí estabas tú, y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo
Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te trajo,
contigo me sonrió Se me quitó lo triste, cuando te vi me
viste Y desde entonces te volviste lo mejor, ¿y qué me pasó?
Y ahí estabas tú, ¿y a qué? Estaba yo y nuestra soledad, que el
mundo sea tan grande, pero nos juntó.
Y ahí estabas tú y eso me salvó. Y ya no pido más, eres
mi luz, mi paz, tu mi más grande amor.
Y ahí estabas tú y aquí estaba yo y nuestra soledad, que el
mundo sea tan grande,
El nombre del Padre.
del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Pueden tomar asiento.
Estamos aquí reunidos para celebrar una misa especial y rogar por el descanso
eterno de las almas de quien en vida fueran Paula Alardín de Jiménez y José
María Jiménez Alardín, esposa e hijo de Luis Fernando Jiménez.
¿No sabías eso?
No, por supuesto que no.
Alguna vez Luis Fernando me habló del dolor y del sufrimiento y yo me atreví a
minimizarlo y compararlo con el mío.
No, es que tiene que haber un error.
O sea, no se pueden haber desaparecido tantos millones así de pronto.
Tranquila, tranquila. Vamos a ver qué fue lo que pasó.
Bueno, no me pidas que me calme, ¿no? O sea, ese dinero es el único patrimonio
que tenemos Kiara y yo. Sí, lo sé.
Nos hicieron un fraude.
Alguien nos... ¿Quién nos robó?
Antes de hablar al banco, déjame revisar los estados de cuenta.
Ahí puedo ver los movimientos de dinero que se han hecho.
Mientras ve con un colazo para que te prepare. No, no, no, yo no me voy a
ningún lado.
Yo quiero saber ahorita qué fue lo que pasó. Vamos.
¿Por qué demonios no me dijiste ayer que no conseguiste echarme en el espejo el
luna? Porque tú andabas bien pedote y berreando de celos por culpa del fureño
ese.
Dice que te anda robando a tu potranca.
¿Ah, sí?
¿Qué tanto andaba diciendo?
Pues que la patrona se anda besuqueando con el tal Ernesto.
Ernesto. Sí.
Bueno, eso adivinó Gabriel cuando dijiste que era un fureño todo
estudiado.
Ahora parece que no solo ella, sino que tú también vas a ser el abandonado.
Cállate, imbécil, y no vas a volver a decir eso.
Ahora te largas y a ver cómo consigues chamba con el enemigo.
Ya te dije que Pedro sí me quiere ayudar.
Lo que pasa es que hoy me vio crudo y pues me mandó a volar.
¿Qué te pasa?
Estás despedido.
Y ahora vas a ir con el Pedro y le vas a decir que te correa golpes para que te
dé trabajo por lástima.
¡Órale!
Nada más vas de chismosa, acuérdate.
Está clarísimo, Pilar.
No hay duda.
Tu hija le transfirió todo ese dinero a Max Langer.
Ella me dijo que
que el dinero estaba invertido a plazo fijo.
Me dijo que el dinero estaba seguro y que estaba dando muchos intereses.
Lo siento, Pilar.
Es que ni siquiera hay rastro alguno de una inversión.
Y es imposible que se haya hecho esas transferencias sin la autorización de
Chiara. Se las envió al estafador y ese...
¿Por qué a él?
¿Por qué no me lo dijo a mí? ¿Por qué no me preguntó a mí?
Espero que Kiara tenga una buena explicación para esto.
La misa ha terminado.
Podemos ir en paz. En nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo.
Amén.
Por favor, aquí no.
Si quieres pelear, quédate en otro lado.
Perdóname, Luis Fernando.
Yo no sabía que habías perdido a tu esposo y a tu hijo.
Te pido perdón.
No necesito tu lástima.
Te estoy hablando con el corazón.
Me arrepiento de haber comparado mi dolor con el tuyo.
Por favor, perdóname.
¿Pueden dejar a solas, por favor?
Qué mal.
Hay que dejarlos que hablen, con suerte, y llegan a un acuerdo.
O terminan peleando, como siempre.
Yo soy Ernesto, soy amigo de la familia, mucho gusto.
Y yo soy Mercedes Lara, la mamá de Luis Fernando.
Mucho gusto.
Me siento muy avergonzada por haberme comportado como si mis problemas fueran
los únicos o los más graves de la vida.
Si sirve de algo para que me entiendas, yo también quiero disculparme contigo.
¿Tú por qué?
Porque estaba... Estaba muy enojado y... Creo que
fui grosero contigo.
Estamos siendo sinceros.
El corrido que pediste no estuvo tan mal.
No, por ese corrido le partí la cara a Gabriel.
Yo jamás lastimaría a una mujer así.
Y menos a ti.
Ya tardaron mucho, ¿no?
Creo que voy a ir a verlos. Y suena estar sacando los ojos. No, Doménica no
venía en son de guerra.
No se preocupe, Mercedes.
Eso espero, porque mi hijo es muy noble y muy paciente. Pero también tiene su
carácter.
Ay, mira, comadre.
Ten cuidado con tu hijo, ¿eh?
Herminia me dijo que hay una por ahí que se anda subiendo la cenagua para
comprometer a su Osvaldito.
Pues yo me imagino que Herminia hablaba de mi muchacha.
Con eso de que el único que la andaba rondando es el vago de su hijo.
Pues Herminia los vio con sus propios ojos.
No, eso es mentira. Doña Hermina exageró todo. Yo nomás fui a ver cómo estaba
Osvaldo porque lo golpearon.
Pues sí, Pedro le pegó porque el muy cobarde de Osvaldo tomó ventaja. Que
agarra una navaja y que le raja la panza a Nieves, seguramente eso no se los
dijo, ¿verdad?
Pues, eso no quita que su nieta sea una buscona. Oiga, mírase, señora.
Señora, si lo que dice es cierto, tiene que demostrarlo porque si no, la pueden
demandar por difamación a usted y a la tal Hermina.
¿Y usted por qué se mete?
Yo soy Ernesto Solana, mucho gusto.
Y si la señorita Adelaida lo requiere, puedo ser su abogado para que usted deje
de difamarla, para ponerle una multa o para que se las lleven a la cárcel.
Vámonos, vámonos, camarada.
Qué vergüenza me da con todos ustedes, pero les juro que yo dije la verdad.
Pues es más fácil creerte a ti que a la mamá de un tipo que acaba de apuñalar a
una muchacha.
Licenciado, de verdad que muchísimas gracias por defender aquí a mi Adelaida.
Nada que agradecer.
Ándale, Adelaida.
Aquí agradecele al licenciado.
Muchas gracias, licenciado. De nada.
Ojalá nos hubiéramos hablado así desde un principio.
Pero siempre te acercaste a mí como un huracán.
Y apenas ahora me estoy dando cuenta de que puedes ser también un viento suave.
Yo siempre he pensado que tú eres una... Una bestia.
Ya lo sé.
Pero me doy cuenta que también puedes ser muy dulce.
Como en el encanto.
Tú me robaste el primer ver.
¿Pero por qué te fuiste después de que yo te besé?
Porque estuve a punto de romper mi promesa de no volver a amar.
¿Todo bien?
Pensábamos que se estaban peleando allá afuera.
¿Todo bien?
Luis Fernando y yo aclaramos algunas cosas.
¿A quién?
Discúlpame otra vez.
Muy bien. Esperen, esperen, esperen. ¿Cómo que Provencio las amenazó con todo
y abogado? Pero si ese viejo no tiene dónde quedarse muerto. ¿Cómo va a
pagarle a un licenciado? No, él solito se ofreció a defender a Adelaida.
Y dice que si tú sigues soltando chismes, te va a demandar y te puede
meter hasta la cárcel, ¿eh?
A ver, viejas guacamayas.
¿Cómo eres, hombre?
Pues la verdad, bien guapo.
Con ojitos de color y todo.
¿Están seguras que fue él quien apoyó a Prudencio?
Ese abogado acaba de llegar al pueblo y es el novio de Doménica Montero.
¿Doménica Montero ya trajo un abogado a Santa Teresa? Ah, tú también, chismosa.
¡De trabajar!
Con Doménica se te va a acabar la fiesta, papá.
Igual podrías haberme dicho que Luis Fernando perdió a su esposa y a su bebé.
Bueno, sí, pero como no quería saber nada de la bestia peluda que te quiere
quitar tus sierras...
Pero yo me acerqué en buen plan, por eso nos llevamos mejor.
Y yo de haberlo sabido antes, entonces no habría sido tan injusta con Luis
Fernando. Qué bueno que empieces a ser tú otra vez. No, tampoco te estoy
diciendo que confío en él. Me cuesta mucho trabajo confiar en la gente.
En fin, yo sí tengo que ir a trabajar. ¿Alguien quiere venir conmigo? Sí, yo te
acompaño. Se me antoja salir a montar aquí.
Ah, qué bueno que van en caballo. Luis Fernando me dijo que hay lugares donde
no puedes entrar con coche.
De hecho, quiero tomar clases de equitación.
Bueno, si quieres, yo puedo ser tu instructor personal.
Ay, sí, aprovecha. ¿Vamos de una vez?
Ay, no. Ya viví demasiadas emociones por el día de hoy.
¿Por qué le transferiste todo nuestro dinero a Max Langer?
Mi socio quiere que sembremos aquí, Bartolo.
Pero a mí se me da pendiente que las tierras terminen siendo de la seño
doménica.
Tú sabes que para la siembra del frijol los días se pasan rápido.
O lo hacemos pronto o nos quedamos sin cosecha.
Pedro.
¿Hola?
¿Qué te pasó, Roque?
Gerardo Centeno, es que te pedí trabajo.
Me despidió con una golpiza.
A mí la verdad ya no vengo a que me contrates.
No más diga que el doctor me revise porque me duele hasta respirar, hermano.
¿Por qué, Kiara?
¿Qué razones tenías para darle todo nuestro dinero a ese desgraciado?
Max Langer es un estafador.
Me robó igual que a Doménica.
¿Exactamente qué pasó?
Explícamelo. Jugó conmigo.
Él me dijo que tenía ese dinero a plazo fijo y que me lo iba a pagar. Y como
Doménica me dijo que era un hombre honesto y honrado, pues yo le creí.
¿Cómo se te ocurre prestarle lo único que teníamos, Kiara? Éramos
prácticamente familia, mamá. No, no, no. No tenías ningún derecho a disponer de
ese dinero sin antes consultarme. Si lo hubieras hecho, yo me hubiera puesto en
alerta con tres centavos. Sí, yo sé. La regué, la regué, la regué. Y vivo
angustiada por eso.
Hasta le iba a pedir dinero prestado a la mamá de Silvia. ¿Y con qué le ibas a
pagar? Con mi vida, si era necesario.
Yo no quería perder tu cariño, pero soy una estúpida. Soy una idiota. No perdí
todo. No, no, no.
Kiara, ¿a dónde vas?
¡Estoy cansada de guardarme este dolor!
¡Pero no puedo resolver esto, mamá! ¡Voy a dejar de ser una carga para ti!
¡Hija, ¿dónde vas?
¡No! ¡Kiara!
¿Qué haces?
¡Kiara!
¡No! ¿Qué haces, Kiara?
¡Ay, no!
¡No, Kiara!
¡Alcánzala, por favor! ¡Ella no sabe montar!
¡Mi hija se va a matar! ¡Alcánzala, por favor!
¿Qué pasa?
Alcárcena, por favor.
¿Genaro?
No te vi en toda la mañana.
Lo que sí vi es que hubo varias tareas que no se hicieron.
La mera verdad es que...
Se me pasaron las copas anoche.
¿Y por qué te emborrachaste?
Por una razón que pesa.
Mi hembra me partió el alma.
Si en tu juicio ya eres bastante difícil de tratar, Genaro, borracho no creo que
una mujer te vaya a tolerar.
Pero bueno, de tu vida privada haz lo que quieras.
Pero como capataz de esta hacienda te pido que des el ejemplo.
Está bueno.
Al que tampoco vi esta mañana fue a Roque.
¿Sabes dónde está?
No, yo tampoco lo he visto.
General, estuvo a punto de fracturarte la mandíbula.
Y esa muela ya no hay forma de recuperarla.
Es más, con tus heridas lo podemos meter a la cárcel. Tú dime.
Yo testifico en su contra. ¿Qué dices?
¡Anímate, Roque!
Ya estuvo suave de que Genaro haga lo que se le pegue la gana y además se
salga con la suya.
No.
No. No, no, no. Yo... Yo lo único que quiero es no tener ni dar problemas,
doctor. Me dijo Pedro que querías trabajar aquí, pero yo tenía mis dudas
por lo que pudiera decir Doménica.
Pues yo tampoco.
Es que eres uña y mugre del Genaro.
Tú sabes que Genaro Peña no tiene amigos.
Nomás puros intereses.
¿Y después de esto?
No, yo no quiero saber nada de él. Pero ustedes, por favor, no se sientan
obligados de andar mi chamba.
Ya tienes el trabajo.
Pedro, llévalo a una de las viviendas. Yo tengo algo importante que hacer.
Está bueno.
De haber sabido que insultarte era la manera de pararte, lo hubiera hecho
antes.
Ay, ¿qué me ves?
Se supone que me tiraste, así que ve.
Lo que es una pena es que las cosechas de los últimos años hayan salido
fallidas.
Sí, Genaro me explicó que no pudieron controlar la plaga. Pero esas plantas
que acabas de ver ya tienen cuatro años. Están listas para darnos fruto esta
temporada.
Patrona, tienes que ir para casa grande.
Tu tía se puso mal y tu prima se fue.
Pues ya se tardaron en buscarme, ¿no crees?
Ay, estos sí me ardieron.
Con la suerte que me va a encontrar Luis Fernando.
¿Qué hará?
¿Qué hará?
¿Qué hará? ¿Estás bien? ¿Qué hará? ¿Me escuchas? ¿Qué hará?
¿Qué hará?
¿Qué hará?
Ay, me duele la nuca y siento las luces.
De seguro se le subió la presión con el susto.
Tome esto.
Tranquila, Pilar.
El que quiera no sabe montar, no va a llegar muy lejos. Ay, le cae del
caballo. O sea, no voy a estar tranquila hasta que no vea bien a mi hija.
¿Qué pasó?
Nos avisaron que te sentiste mal, que Kiera se fue.
Domenica, mi hija se subió a un caballo como loca.
Búscala, por favor. Trae a mi hija, por favor. Vamos, vamos, vamos.
No. ¿Qué pasó?
¿Qué tiene?
No.
¿Qué tiene?
Solo quería agradecerle al patrón.
Pero aprovechando que la conocí, quiero que sepa que estoy a sus órdenes, doña
Mercedes.
Pues bienvenido, Rocky.
Voy a decirle a Adelaida que te dé un par de mantas, ¿eh?
Muchas gracias.
Con cuidado.
No tiene heridas graves, pero estuvo todo el camino llorando sin decir una
sola palabra.
Perdóname, hija.
Perdóname.
Ni un dinero vale tu vida, hija.
¿De qué dinero están hablando?
De eso lo vemos después.
Ahora lo que importa es que Kiara y Pilar estén bien.
Aquí está el botiquín, doctor.
Muchas gracias.
Yo creo que lo mejor es llevarla a su cuarto para que la atiendas.
Yo la llevo. No te preocupes, yo me encargo.
Tú pase lo que pase en esta tienda, me lo dices a mí.
Y si hay algo urgente que decirle a la patrona, se lo digo yo.
¿Estamos? Estamos. Lo que pasa es que la señora Nicolasa me mandó y... Como la
patrona es la única que le tiene la ley, ni modo de no hacerle caso. Ahora
resulta. ¿Cómo está la parienta?
Bueno, a la señorita Kiara la vi como... Como desmayada.
El doctor la encontró en el campo y la mandó para la casa.
Kiara, yo no sé qué fue lo que te pasó ni por qué estás tan triste, pero
necesito que me hables para saber si tienes alguna consecuencia grave del
accidente.
Habla, hija. Por favor, di algo.
Yo solo me quiero morir.
Lo que sea que haya pasado, te aseguro que podrás superarlo.
Nada es tan grave como para desear la muerte.
No digas eso, hija. que me matas a mí también.
Te juro que estoy arrepentida de haber sido tan dura contigo.
Pero yo estoy segura que juntas vamos a encontrar una solución.
Si tú le diste a ese hombre... Ahora no, mamá.
Bueno, pues, las dejo solas para que platiquen.
Cualquier cosa que necesiten estoy a sus órdenes.
Permiso.
Yo sé que no me correspondía contarles sobre los ahorros de Pilar.
Entonces, ¿el maldito de Max no nada más me traicionó y me robó a mí, sino
que también se burló de Kiara?
¿Hasta cuándo me va a perseguir todo el daño que me ha hecho este hombre?
¿Y por qué ella no me dijo nada? Debió habermelo contado. No, no, mi niña. No
te enojes con ella por eso.
Seguro se sentía muy avergonzada.
Y tampoco quería hacer más profunda tu herida.
Pero yo nunca me imaginé que ellos llegarían a tener una relación de ese
estilo.
Le pudo proponer lo mismo a Pilar.
Tampoco lo tomé.
Entiendo que él no me haya dicho nada porque es un estafador profesional.
Pero Kiara, siento que todo este tiempo estuvo actuando a mis espaldas.
Doctor.
¿Alguna noticia de Kiara?
Ya está un poco mejor.
Ya dejé recomendaciones a la señora Pilar.
Pasó a retirar.
Doménica, me gustaría hablar contigo, pero yo creo que tendrá que ser en otro
momento.
Me retiro. Con permiso.
¿De qué quiere hablar contigo este hombre?
Pasó, doctorcito.
Pues como que últimamente anda mucho por acá, ¿no?
Venía a buscar a Doménica para hablar de ti, pero ya que te tengo enfrente te lo
digo en la cara. Pues aquí estoy.
Nada más que si no me cuadran sus palabras se las va a tener que tragar.
No te tengo miedo, ¿eh?
¿Y ahora qué está pasando aquí?
Pues venía a contarte que tu administrador casi le rompe la quijada a
uno de tus peones.
¿Es eso cierto, Genaro?
Pues la mera verdad, sí.
Se le partió el hocico al Roque porque andaba cantando el corrido de la
abandonada.
Pues porque aquí nadie le va a venir a faltar respeto a mi patrona.
A ver, si usted hizo lo mismo con el Gabriel, ¿también le rompió la cara o
qué?
Ya se le olvidó.
Fernando, te voy a pedir que no te pelees por mí con nadie.
¿Y tú?
¿Te vas a ofrecer una disculpa a Roque que él puede cantar lo que le dé la
gana? Híjole, eso va a estar bien complicado. Pues porque le fue a pedir
aquí trabajo al doctorcito.
Efectivamente, fue a pedirme trabajo para que no creas que te estoy robando a
tu gente.
¿De eso querías hablar conmigo?
Sí, también quería contarte sobre los abusos de tu administrador con la gente.
Son las cosas aquí así se arreglan. No demandan ni palabras.
Te voy a enseñar lo que es golpear a alguien más frágil que tú. Ya, no te
preocupes.
Todo va a estar bien.
Deja que yo me encargue. Tú tienes muchas cosas en la cabeza.
Yo creo que lo mejor es que Roque y Genaro ya no trabajen juntos.
Y me da igual a dónde se vaya Roque.
Pero tú deberías de conservar esa energía de bestia, pero para sembrar
tierra.
Gracias por entender.
Te veo después.
Ellas se llevan muy bien.
Hasta el humor le cambió.
Te prohíbo que vuelvas a agarrar a golpes a uno de mis trabajadores.
No te sientas por encima de nadie, Genaro.
Tú estás aquí porque me eres útil, no indispensable.
Yo no sé muy bien qué fue lo que le pasó a Kiara. Solo sé que tiene que ver con
el tipo que dejó a Doménica plantada en el altar.
Bueno, es normal que una cosa así afecte a toda la familia, ¿no? Sí, el caso es
que Kiara se sentía fatal. Se subió al caballo, el caballo la tiró y la
encontré inconsciente.
Ay, pobrecita.
¿Y cómo está?
Mira, mamá, tú sabes.
Que la caída de un caballo puede ser fatal. Tuvo suerte porque tenía heridas
leves. La cosa es que... Que ahora estaba muy triste porque lloró todo el
camino hacia su casa.
Seguramente Doménica la humilló.
Ya, mamá. Por favor, no empieces.
No lo sabemos.
Oye, hijo.
¿Y de qué fue lo que hablaron en la iglesia? Para que de pronto te pusieras
de su lado.
Mira, no estoy tomando partido, ¿sí?
Pero Doménica y yo hablamos, ella se disculpó y acordamos llevarnos mejor.
Pues no sé si eso deba tranquilizarme o preocuparme más.
Necesitamos paz, mamá.
Y por lo que veo, Doménica está dispuesta a poner de su parte.
Bueno, por lo menos no regresaste de mal humor y repitiendo su nombre como si
fuera una letanía.
Por lo menos.
La cosa es que le reclamé algo de su capataz y ella me dio la razón.
Y luego... Luego me dijo algo que me hizo recordar.
¿Qué cosa?
Ella me dijo... No te preocupes.
Todo va a estar bien, yo me encargo.
Tienes demasiadas cosas en la cabeza.
Y eso... Eso me lo decía Paula, mamá.
Me decía, no te preocupes, mi amor.
Yo me encargo, cuando yo estaba agobiado.
Precisamente antes de que se enfermara.
Ay, hijo. ¿No estarás comparando a... A Doménica con Paula? No, no, por favor,
mamá. Por supuesto que no.
Es que...
Después de que Paula se enfermó, era yo quien decía esa frase.
¿Entiendes?
Yo sé que siempre me estás apoyando, mamá, pero esto es diferente.
No sé cómo explicártelo.
No, no. No tienes que explicar nada, hijo.
A veces un hombre necesita escuchar eso.
Y no precisamente de su madre.
Gracias, mamá.
Lo que no me gusta nada es que mi potranca y el doctorcito cada vez se
lleven mejor.
Y no te preocupa más que el tal Pedro Nadie ya sea socio del doctor.
Hombre, ese mandadero no tiene ni idea.
No tiene ni cerebro.
A sospechar que tú y yo traemos un negocio con lo de la hacienda, pues es
pura mula.
Lo bueno es que el Roque ya está dentro del espejo de Luna, ¿no? Para que sea tu
oreja de perro.
Pues mira, no sé cómo, pero voy a hacer que el doctorcito vea su suerte.
Porque a mí nadie me quita lo que es mío.
Creo que nuestro primer encuentro en el pueblo pues no fue muy afortunado,
¿verdad? Pero ya ves que al final los hijos nos unen.
Pues nunca voy a dejar de agradecerle a Luis Fernando lo que hizo por mi hija.
Y a ti por preocuparte por ella y hacerle estas galletas tan lindas.
Ay, las hice con mucho gusto.
Pilar, tu hija es una muchacha excelente.
Y bueno, si tuvo algún problema, pues que ya se haya solucionado.
Pues en eso estamos.
Pero ¿por qué no pasas a saludarla? Estoy segura que le va a dar muchísimo
gusto y la vas a animar.
Gracias.
Ernesto, un chiste más de abogados y voy a devolver el estómago.
No, ya, espérate. Te voy a contar uno que sí te va a dar risa. No, no más.
No más.
Ay, adelante.
Ay, licenciado, no esperaba encontrarlo aquí.
Bueno, vine a cuidar a Kiara un ratito.
Nos conocemos desde niños.
Ernesto es como un hermano para Domenica y para... Bueno, las dejo para que
platiquen. Igual a Kiara no le gustan mucho mis chichas.
Ay, pero siéntese, Mercedes.
Gracias. Qué lindo está tu cuarto.
Podemos hablar de lo que pasó por la de la iglesia.
Ya entendí lo que decías de cuidarme de las habladurías, pero te juro que doña
Herminia contó las cosas de modo para dejarme mal contado en el pueblo.
Sí, mija, ya lo sé.
Lo que importa es lo que pase de ahora en adelante.
Ya me di cuenta que lo mío con Osvaldo no es posible, así que pierde cuidado
que no lo voy a volver a ver.
De un mal amor se cura uno, mija.
¿Y eso cómo se hace?
Agarras coraje, te lo arrancas y lo botas por publicito orgullo.
Los buenos amores, en cambio,
esos días se aferran al alma y ni cómo olvidarlos.
Lo que pasó entre mi prima y yo fue un malentendido, Adel.
Que prefiero no hablar. ¿Se molestó porque no te acompañaste en la misa de
mi nieto?
Sí.
Pero yo hubiera ido aunque me lo prohibiera.
De mí se estuvo muy emotiva.
¿Cómo está Luis Fernando?
Bueno, bien, dentro de lo que cabe.
Refugiándose en el trabajo.
Sí, es que su fuerza es admirable.
Sí. Perder un hijo debe ser terrible.
Sí, es lo peor.
¿Qué le puede pasar a alguien?
Y sobre todo, la manera en que ocurrió. Luis Fernando acababa de perder a su
esposa por cáncer. ¿Cómo? Y su mayor ilusión era esperar
a su hijo, que lo estaba gestando Sofía, su cuñada.
¿Usaron un viento de su probada?
Sí, pero desgraciadamente...
Cuando Sofía salía de un chequeo del hospital, la atropellaron y
perdió el bebé.
¿Cómo fue eso?
Fue en la Ciudad de México, justo frente al hospital
Oliva, y lo único que vieron fue un coche gris.
A ver, Silvi, estás tontita que no entiendes.
Todo coincide, la fecha, el hospital.
Nosotras matamos al hijo de Luis Fernando.
¿Matamos, que no sabía? Tú eras la que venía manejando como loca.
Pero estábamos de broma en broma con el anillo, ¿verdad?
Por eso sucedió.
Pues sí, qué mala suerte.
Digo, todo coincide. La mujer que se salvó y el bebé que no.
Y vine a esconderme al fin del mundo para que no me atraparan.
Y mira dónde me vino a encontrar la culpa.
Qué coincidencia más macabra, ¿no?
¿A poco sí te sientes muy culpable?
A ver, no me digas que cada vez que das a Luis Fernando ahora te vas a sentir
fatal.
Ese escuincle no había nacido.
Y por algo pasan las cosas, ¿eh?
Porque si Luis Fernando hubiera sido papá soltero, no me hubiera fijado en
él. ¿Y no te da miedo? ¿No sé qué onda descubra que tú mataste a su hijo?
No. No tienen cómo asociarme a lo que pasó.
Y me alegra, ¿eh? Porque me está encantando Luis Fernández.
Ay, no sé qué hará.
Mejor, no sé, aléjate de él.
Al que no escuchaste, que me encanta.
Y a Doménica también.
Así que me voy a desquitar con ella por robarme el amor de... de un novio que
tuve.
No, bueno, lo tuyo no es desquite.
Lo tuyo es envidia.
Todo lo que tiene Doménica lo quiere.
¿Sabes qué, Silvi? ¡Vete al diablo!
Y luego me llamas cuando estés de mi parte.
Bueno, pero salídame a Luis Fernando.
Tenemos que empezar a sembrar el frijol en esta parte, en la zona norte de la
laguna. Porque si no, como dice Bartolo, la lluvia nos va a agarrar con los dedos
en la puerta.
Ya tenemos que ir preparando la tierra.
Si quieren, puedo armar el trato con Gabriel para que traiga las semillas.
Gracias, Roque.
Pero aquí mi socio ya habló con su amigo Sanginís y él nos va a conseguir al
proveedor de las semillas.
Olvídate de Gabriel.
¿A poco es gente de campo? Y por supuesto.
O sea, tiene un rancho de toda la vida. De hecho, mi papá era su veterinario. No
estaban cerca, pero le consultaban todo.
¿También podemos plantar mis brotes de rábano y cilantro, Luis?
Claro. Es más, acá mi socio Pedro y yo te vamos a hacer socia.
De las hortalizas. ¿Qué te parece?
¡Ay, sí!
¿Sí? ¿Socios?
¿Trato hecho, socia?
Trato hecho.
¿Trato hecho? Trato hecho.
¿Dónde te gustaría sembrar? Dile. Pues, por aquí y por aquí me gustaría sembrar
el rodero.
Juan, te traía un libro, pero veo que te entretienes muy bien con tu celular.
Mira. Prima, si de verdad me quieres ayudar.
Córtame las venas. Haz algo. Ya no puedo seguir con Ernesto. Cuidado, Romel.
Me alegra ver que eres la misma de siempre.
Así vas a poder contestarme porque tenías tratos con Max a mis espaldas.
¿Qué haces ahí?
No, pues con razón. Tu patrón le fue a reclamar a mi potranca por lastimarte.
Porque me agarraste descuidado.
Pero a ver si te sigues leyendo.
El doctorcito está a nada de sembrar al norte de la laguna.
Y no le va a comprar la semilla a Gabriel.
Contéstame, Kiara.
¿Por qué le diste dinero a Max? ¿Por qué tantas transferencias?
Prima, todo este dinero era para ti.
Max me lo pidió porque quería regalarte un caballo para tu regalo de bodas.
Y yo juré que él me lo iba a pagar.
Y si no te lo dije cuando te dejó plantada fue porque me sentía como una
estúpida y no quería avergonzar a mi mamá.
Yo tampoco te quería lastimar a ti, prima.
Pues hubiera preferido que fueras franca conmigo.
Pero no.
Preferiste quedarte callada.
Y ahora me estás haciendo lo mismo con Luis Fernando.
¿Qué se supone que te estoy haciendo con Luis Fernando? Te metiste a su casa, te
hiciste amiga de su mamá cuando sabes todos los conflictos que tengo con él.
Y también sabías de su desgracia personal.
¿Cuándo pensabas contármelo?
Es que era una desgracia personal.
Y yo solo estaba tratando de mediar entre ustedes dos para que terminaran
sus pleitos. Pero al parecer todo lo hago mal. ¿Cómo no quieres que me enoje,
Kiara? Con todas las cosas que haces a mis espaldas.
Yo pensé que me iba a encontrar con una bestia.
Y me encontré con todo lo contrario.
Tanto así que... terminé enamorando de Luis Fernando.
Te lo pido más, eres mi luz, mi paz, tu mi más grande amor.
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