All language subtitles for Laura esta sola (2003)

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Original subtitles

Laura está sola.

Mi madre me puso Laura como a mi abuela.

Éramos algo así como 12 Lauras en el árbol genealógico familiar.

Tengo 26 años y soy, creo, una buena fotógrafa.

Pienso que al igual que la vida, las fotos están ahí.

Solo hay que saber verlas.

Mi historia empezó al principio de primavera de este mismo año.

Yo he nacido en Budapest, pero vivo prácticamente en todo el mundo.

A los 19 me enamoré perdidamente de Jean-Carlo.

Un romano guapísimo que me quiere con locura.

Danner, una empresa de cosméticos, me llamó para su nueva campaña de perfumes

de aceites naturales.

Una nueva línea de cosmética natural.

Fui a Barcelona, su sede en Europa, para entender mejor el encargo que recibí vía

e-mail.

Allí me invitaron a una fiesta de otro producto.

Un antiarrugas revolucionario hecho también con concepto de cosmética

natural.

Estar sola no es un estado.

Es más bien una sensación.

Una sensación terrible.

Sobre todo cuando no te apetece.

De hecho, nunca quieres sentirte sola.

Quieres estar sola, pero sabiendo que no lo estás.

Ahora estoy y me siento realmente sola.

Sin nadie.

Creo que si mañana amaneciese muerta...

No cambiaría nada en nadie.

Eso es realmente estar sola.

Pienso que me he equivocado en todas las decisiones importantes de mi vida.

Que he estado muy controlada y que no he controlado mi vida.

Me he pasado media vida aconsejando a mis amigas y ahora creo que no tengo ni

a una para llamar.

A veces, cuando me siento sola,

Necesito ver el mar.

Me relaja.

Me abstrae.

Noto mis problemas alejarse.

Y me calma.

Mi abuela diría que tengo mal de amores.

Para olvidarlo no hay nada mejor que lanzar con toda mi furia una piedra

contra las olas.

Parece estúpido, pero funciona.

El azul del mar me gusta, pero me trae los mejores y peores recuerdos de mi

vida.

Él tenía los ojos azules, de un azul que aún no me deja dormir.

Miro al cielo y también es azul.

Nunca quise a nadie como al dueño de esos ojos.

Aún recuerdo sus manos, manos de hombre amarrándome y acariciando todo mi cuerpo

cuando hacíamos el amor.

Él era mi mar, mi calma.

Me relajaba, me abstraía y sentía mis problemas alejarse.

Conocí a Ricardo en la fiesta presentación del nuevo producto de

Danner.

Él era algo así como controlador de calidad.

Pero la verdad es que habló poco de él.

Y, de hecho, no hizo más que interesarse por mí durante toda la noche.

Bebimos un whisky de Malta, carísimo, que trajo el presidente de Danner.

Y él se lo agenció.

Bueno, nos lo agenciamos.

Ricardo olía muy bien.

Y no sé cómo, bebí bastante.

Nunca bebo.

Sus ojos fríos y azules y su mal inglés.

Me arrastraron a un interés desmesurado.

Intentaba explicarme y lo consiguió que ya habíamos figurado bastante y me

invitó a salir.

No entendí bien adónde, pero accedí.

Ricardo nació en Barcelona.

Tendría treinta y tantos. Su aspecto poco habitual me cautivó.

Era caballeroso y muy hombre.

¿Tú eres modelo?

No, no lo soy.

¿No?

Eres preciosa.

¿Tú crees?

¿Es tuyo?

Pues claro.

¿Sí?

Nunca había hecho sexo con alguien la primera noche.

Pero su olor y las copas me aceleraron.

De hecho, no sabía cómo fue.

Pero me vi con él en el coche.

Fue todo tan extrañamente rápido.

Me pones a mí.

Vamos.

¿Te gusta mi tarjeta de presentación?

¿Tu tarjeta de presentación? Sí.

Sí, dámela.

¿Quieres un chicle?

Sí.

¿Te gusta?

Recuerdo cuando sus ojos se encontraron con los míos por primera vez.

Ese azul cielo.

Nunca me habían hecho algo así.

Nunca. ¿Algo como qué?

Follarme de esta manera.

Me gustaría que no terminara nunca.

¿Siempre eres así?

Así, tan... ¿Tan qué?

Tan divertido.

No sé.

Me has hecho tantas cosas en tan poco tiempo.

Eres un bombón.

Y tenía mono de chocolate.

Ah, no, en serio.

¿En serio?

Claro que en serio.

¿Podríamos vernos otro día?

No se me había ocurrido.

No sé.

Recuerdo el sonido de su voz.

Y lo a tope que me puse cuando me pidió que nos viéramos el miércoles.

Así me gusta.

Buena chica.

Vendré a buscarte el miércoles.

El miércoles, sexo.

Creo que sí, no tengo mi agenda.

Los miércoles, solo sexo.

Y ya está.

Nada serio.

Todos los miércoles, tú y yo.

Me gusta el mar.

Es la mezcla de fragancias.

La brisa me estimula los sentidos.

Y me siento purificada por un aire nuevo sin vivir.

Cuando miro el mar, creo en la naturaleza como un escaparate vivo que

me ayuda a disfrutar y a respirar ese oxígeno puro.

Los largos paseos por la playa, mis huellas borradas por el mar en la

orilla, me calman.

Desde aquí todo se ve distinto.

El mar me habla y yo escucho.

Sé que el deseo es la antesala del placer.

El placer incentiva el deseo.

Estaba realmente distinta. Aquel encuentro me cambió.

No sé bien cómo fue, pero... Le fui infiel a Giancarlo después de tantos

años.

Mi querido Giancarlo.

Lo conozco de toda la vida.

Es prácticamente como un hermano.

Era el hombre de mis teóricos sueños.

Todo se revelaba como mis carretes.

Me sentía corrosiva, como los ácidos.

Estuve toda la semana nerviosa.

dudando si ir o no a la cita, o si realmente él acudiría.

Tenía la sensación de haber pecado o algo así.

Estaba entre nerviosa y excitada.

Sabía que era una locura, pero quizás necesitaba volverme loca por algo.

Ricardo vino y yo no fallé.

Tuve el mayor orgasmo de mi vida.

Fue una sensación difícil de descubrir.

Fue lo mejor que me había pasado nunca.

Recuperé mi libertad.

Antes era esclava de mis ideas, que no eran ni propias, compradas,

copiadas, regaladas.

Tenía la convicción de que no podía cambiar mi vida y estaba afortunadamente

equivocada.

Nada es tan trascendental.

La vida está para disfrutarla y el sexo tiene un alto porcentaje de esa

posibilidad.

Dicen que el placer sexual tiene origen en el cerebro en un porcentaje distinto.

Estoy convencida que hay una relación directa entre el cerebro y el corazón.

Realmente lo que sentía por Giancarlo no era amor y esperaba el amor de mi vida.

Tengo 26 años y aún sueño con mi príncipe azul.

Me había enamorado perdidamente de una persona que había conocido en un día

medio borracha.

Estaba realmente contenta, satisfecha y feliz.

No sé por qué, pero antes tenía la sensación, o casi la certeza, que el

buen sexo significa verdadero amor, y que al revés no podía.

Creo que estaba naciendo el amor.

Primero fue el deseo, y le siguió la pasión.

Pero la intimidad y el ir descubriendo juntos nuevas experiencias me crearon un

sentimiento que creo que era amor.

A mí me cuesta entregarme.

Pero con Ricardo mi vida dejó de ser normal.

Me volví loca.

Todo el día pensaba en él.

No te olvides.

El próximo miércoles.

Y esperaba sus mensajes, sus llamadas.

Él era perfecto.

Perfecto para mí. Para mi vida.

Pero creo que solo lo fue en mi imaginación.

Era tan excitante. Era ocurrente, caliente.

Y olía siempre tan bien.

Era fantástico.

Incluso me costaba concentrarme en mi trabajo.

El encargo de Tanner era fantástico.

Encontrar una flor, una imagen fresca, silvestre, salvaje.

Algo así como mi relación con Ricardo.

Solo tenía miedo de que durara tan poco como ellas.

Ricardo sin duda era mi hombre mágico.

Me hacía feliz, aunque apenas sabía nada de él.

Era incontrolable y mi fuente de felicidad.

¿Qué quieres hacerme, Ricardo?

En la vida, mi relación con un hombre fue así.

Mis amigas, mis familiares, no entendían nada.

Mi espiritualidad y mis necesidades han cambiado.

Mis miedos son otros.

Me ocupo más de mí misma y satisfago mis necesidades.

Eso sí, solo de sexo.

Rasurada, así como una niña.

Me vi distinta.

Él también lo estaba.

Me dijo que le cogió la costumbre de adolescente cuando hacía natación.

La verdad es que los cuerpos así, tan y tan desnudos, son un poco como los de

los ángeles.

Y yo estaba en mi cielo particular.

Ahora me encuentro libre.

Pero profundamente mediocre.

Ironías de la vida.

Después de este largo e intenso viaje de explorar mi interior, me di cuenta de

que solo he conocido un poco.

Que las raíces no se pueden cortar de abajo.

Y que he sido una víctima anunciada.

Quería ser amada.

Y solo fui amante.

Quizás tenga que reequilibrarme.

Pero no tengo que renunciar a mis conquistas.

El aire mueve las fragancias.

Una fragancia que me evoca recuerdos y momentos vividos.

Aún me acuerdo de él y las flores.

Mis queridas flores amarillas.

Detrás del sexo siempre hay una relación humana.

Él era el estímulo que esperaba para poner en marcha mis resortes y obtener

una respuesta sexual sin inhibiciones.

Era el momento ideal para seguir avanzando.

Con Ricardo exploré y descubrí la sensualidad que guardaba dentro.

Invertí sin garantías.

Probé un juego nuevo.

Era morboso, pero me encantó.

Me regaló un consolador.

Ricardo me dijo cómo usarlo y me pidió ver mi juego.

Era mi primera vez.

Fue un poco diferente, aunque sigo prefiriéndole natural.

Ricardo era inesperado.

Me mantenía viva.

Me enviaba regalos extraños.

Mensajes atrevidos.

Mañana te quiero bien abierta.

No recuerdo una época de tanto vértigo como la de entonces.

Seguramente ahora con Ricardo no seríamos capaces de asumir y cumplir

ningún trato.

Esa falta de seguridad me alejaba de mi mundo de siempre y me sentía distinta.

Hola.

No, no me estoy aislando.

No me pasa nada.

Solo que este miércoles no puedo, ¿sabes?

Ya sé que no molestas.

Pero para escoger fotos necesito estar tranquila.

No, no he querido decir eso.

Sino que tengo que concentrarme, eso es todo.

Bien, nos vemos el jueves.

De acuerdo, el jueves. Realmente Ricardo era mi adicción.

Cuando lo tomaba era como una droga tranquilizante.

Tenía miedo de no tenerlo.

De que me fallara un miércoles y...

Y me cogiera el mono.

Hoy seré yo el fotógrafo, ¿de acuerdo?

Un día me regaló una Polaroid.

Me encantaron aquellas fotos.

Me volvía loca cuando unía el sexo a la fantasía.

Aunque creo que en el fondo siempre busqué el romance.

Era prácticamente imposible no quererle.

Tenía claro que el deseo sexual es mío y que no tengo que demostrar nada a nadie.

Pero él me ponía a prueba día a día.

No es aquí.

¡Cato!

El reto es innato en mí y casi pierdo el norte.

Tenía miedo de no estar a la altura.

Mi comportamiento fue cambiando.

Mi libido me controlaba y prácticamente determinaba mi destino.

Me vuelves loca.

No sé por qué, de forma impulsiva empecé a escribir de nuevo en mi diario.

Pero solo apunté lo que me ocurría los miércoles.

Tengo la costumbre, la mala costumbre, de analizarlo todo.

Siempre quiero saber por qué me analizo.

Me lo pregunto constantemente, aunque creo que sería más fácil aceptar que fue

así y ya está.

Yo podría escribir el manual práctico.

De cómo perder el amante de su vida.

Por aquel entonces, describía con todo lujo de detalle mi vida sexual con

Ricardo.

Y eso, el recordarlo, me llenaba de energía y excitación.

A menudo leía y releía mi diario para que fuera miércoles al menos en mi

mente.

Solo me entristecía no tenerlo conmigo en otros momentos.

¿Te gustaría sentirte como una estrella del porno?

Mi polla.

El día que trajo la videocámara, hicimos todas las poses del Kama Sutra y más.

¿Eres tú?

Casi fue más excitante verlo después.

¿Y este es tu culo?

¡No!

Dios mío. ¿Dios mío?

Tu cara es extraña. ¿Por qué?

Es mi polla que dice así.

¿El tipo ya dice sí?

No, es un error.

No, es excitante para mí.

Esta es una película porno. Sí, y esta es mi huella.

Toma, ahora tu cara.

Sí.

¿Estás excitado?

Con él liberé mi deseo sexual.

Y experimenté los juegos y posturas más placenteras del planeta.

Llegué a excitarme tanto.

¿Te ha gustado?

Saciaba todo mi apetito sexual.

Di rienda suelta a mi imaginación.

Pero no sé por qué me sentía vacía.

El sexo siempre había formado parte de mi vida y empecé a devorar libros y

revistas que hablaban de sexo.

Vi revistas porno donde casi hacían lo mismo que yo con Ricardo.

Aprendí cosas sobre las hormonas.

Comprendí que aquello que me pasaba con el olor está relacionado con las

feromonas.

Tenía miedo de perderlo.

Fue por eso que quise saber más.

Y tenerlo así en mis redes.

Me compré un perfume fresco porque en la ciudad con la contaminación el perfume

se seca antes. Eso decían las revistas.

Las cenas que preparaba siempre incluían alimentos más o menos afrodisíacos. Como

los espárragos, fresas, chocolate.

A juzgar por las fotos ya había hecho bastante.

Pero me faltaban cosas por probar.

Para mí el sexo sin amor seguía siendo un baile sin música, porque la música

ayuda tanto.

Ricardo me dijo que debía aprender a leer en mi cuerpo sensaciones nuevas.

Me dejé vender los ojos y atar las manos y los pies.

Liaba tanto en él que me dejé transportar a su mundo, al cual yo

también quería pertenecer.

Me parecía imposible que estando tan unidos como estábamos, realmente no

estuviéramos juntos.

Estaba confundida. No sabía que era realmente el amor verdadero, ya que

parecía excluir el buen sexo.

Porque yo quería a Giancarlo, pero el sexo con Ricardo era diferente.

Era más violento, más vivo, más apasionado. Era mejor.

Y dudaba constantemente si era mejor, porque no había amor.

Casi sin querer, cada beso y cada caricia eran una palabra de amor.

Era mi manera de decirle que le quería, que realmente estaba loca por él.

Esperaba sus respuestas también a modo de beso, de caricias.

Pero era mimético.

Creo que no era auténtico.

De hecho, era la única manera que tenía de relacionarme con él.

Por eso los miércoles cada vez los quería más largos.

Después analicé, como siempre.

La pasión que sentía por Ricardo era desmesurada. Y realmente pasión no es

sufrimiento.

Realmente sufría.

Tenía miedo de perderlo.

Por eso cada minuto con él era una conquista.

Un triunfo.

Un obstáculo superado.

Con Giancarlo todo era muy fácil.

Era presa muerta y yo me sentía casi como una leona. La emoción, el temor a

lo desconocido. Era suficiente para esperar con ganas el próximo miércoles.

Me daba vida.

Una vida diferente.

Era realmente una aventura.

El sexo era realmente hermoso, placentero.

Es un don tener una pareja complaciente como Ricardo que satisface mis

necesidades. Voy a probar tu culo ahora.

Yo ya estaba iniciada en el sexo.

Pero esas experiencias esclarecieron algunos enigmas y temores de siempre.

Giancarlo era tan educado que según qué cosas no me las pedía.

Era tan correcto que no se permitía algunas prácticas que ahora me encantan.

Quizás el hecho de apenas conocer a Ricardo me hizo más lanzada.

Quizás a Ricardo le ocurría lo mismo.

¡Vamos!

¡Un poco más!

Conozco a Giancarlo desde siempre.

Y sexualmente ha sido peor.

Con su lengua, fue dibujando mis glúteos hasta llegar a mi ano, que un poco

enrojecido se calmó con una mezcla de saliva y mermelada de melocotón.

Ricardo como loco y con hambre de lobo.

Me devoró y calmó mi dilatado ano, que aunque excitado, estaba

necesitado de cariño.

Me lamió, besó y comió como nunca.

Me relajé y sumé otra experiencia nueva, fuerte y dulce a

la vez.

Emocionalmente estaba hecha un lío.

Pero en el fondo era un problema que casi me gustaba.

Como el de la crema.

Ricardo me dejó enrojecida más de una vez.

Pero casi lo prefería al té duele constante de Giancarlo.

Que realmente nunca me folló fuerte.

Era feliz sin esforzarme. Y eso es mucho en mí.

Bueno, en mí y en muchas de mis amigas.

Me sentía fresca y fuerte como el mar.

Había leído que a un actor de Hollywood lo internaron en una clínica por su

adicción al sexo.

Por un momento pensé que era mejor eso que ir al hospital por un ataque de

asma.

El agua, el jabón, qué gusto.

Qué placer notar tu propia piel.

No sé por qué identificaba mis mejores orgasmos con una enfermedad.

Realmente la iglesia nos ha hecho mucho daño.

Sí. Pollaba por compulsión. Más barato que comprar compulsivamente.

Ahora realmente compraba menos.

Tenía la casa llena de estupideces y ofertas inútiles.

Bueno, me compré unos peces de colores. Me encantan, básicamente, porque solo

tienen seis segundos de memoria. Así pueden vivir en una pecera.

Todo es nuevo para ellos, así como para mí.

Me he duchado mil veces, pero ahora lo hago masturbándome cada seis segundos.

Pienso fotografiarlo todo.

Quiero nuevos momentos, nuevos recuerdos.

Quiero reinventar mi vida.

Llenarla de todo aquello que perdí.

Dime, ¿por qué quieres que me ponga este vestido?

Porque hoy tú eres mi puta.

Tu dinero.

De acuerdo.

Pero primero quiero limpiar a mi cliente.

Instintivamente cogí el dinero.

Pensé, me pagaré los peces de colores.

Realmente con Ricardo todo me parecía bien. No, ¿por qué?

Para Ricardo.

Es muy cara.

¿De verdad? Sí, es de mi madre.

Ah, tu madre te honra. Es un regalo.

Es un regalo.

Pero... ¿Qué haces? Para Laura.

Estás loca, ¿sabes?

Estás loca, Laura.

No me reconocía.

Estaba a gusto con mi vida.

Y le sacaba partido.

Afrontaba el reto diario con alegría.

Era capaz de enfrentarme a todas mis fantasías.

Odiaba la rutina con Giancarlo.

Fue entonces cuando me di cuenta de que no estaba equilibrada.

No sabía comunicar mis sentimientos.

Perdiendo aquella vergüenza terrible que sentía antes.

Me solté.

Con él me atreví a hacer de todo y a hablar.

De todo menos de amor.

No sé si fueron los peces, pero la idea del sexo bajo el agua se apoderó de mí.

Por primera vez tomé la iniciativa.

Me sentí entre puta y sirena.

Como pasteles que no me hartan, arranco pétalos de margarita sin dudar y afirmo

lo que me gustaría que sucediese.

Creo pensamientos positivos y alejo de mi mente todo lo que me hace daño.

Me gustaría marcharme a mar abierto y cambiar mi rumbo.

Alejarme de todo y acercarme a él.

Reservábamos nuestro tiempo para nuestra sexualidad.

Me ponía nerviosa.

Ya desde el viernes no sabía que había preparado Ricardo.

Tan solo pensar en nuestro próximo encuentro me estremecía.

Hola, Ricardo.

A pesar de tener sexo, me sentía decepcionada y un poco frustrada.

Aunque mi relación pasional era una bomba de relojería, nunca estuve segura

de que él sintiera lo mismo que sentía yo.

Hablábamos poco.

Nuestro lenguaje era solo corporal.

Solo por oír mi voz. ¿Estás desnuda?

No, no estoy desnuda.

¿Qué es ese ruido? Sí.

Quiero... Quiero tocar tu cuerpo.

Sí.

¿Quieres tocar mi cuerpo?

Sí.

Sí. Tócate.

Tócate tú.

Sí.

Rica.

Me estoy corriendo.

Quizás he buscado todo en él.

Y era lo que era, y punto.

¿Qué pasa?

A veces me sentía ridícula como una quinceañera.

Busqué amor y él solo me daba sexo.

Lo peor es que nunca me planteé enamorarme.

No hay problemas con mi mujer.

Tú y yo.

Mi hijo Johnny.

Johnny es feliz.

No como yo.

Recibí un paquete con lencería con una nota que decía.

Marcharé de viaje.

Estaré un miércoles sin ti.

Quiero que te desnudes para mí y mi cámara.

Para verlo cuando tú no estés.

Yo ya era consciente de que despertaba atracción en los hombres.

Pero con Ricardo se multiplicó por mí.

Me sentía sexy.

Ahora veía mi cutis de terciopelo y mis labios voluptuosos, y me sentía

espléndida y que brillaba con luz propia.

Estaba cargada de buenas vibraciones y casi sentía lástima de las demás chicas.

Dejé inconscientemente de buscar un sentido a mi existencia y pensé que el

adulterio era solo eso.

Practiqué el striptease y prácticamente era toda una profesional.

Ahora el show empieza para ti.

Pero la experiencia me ha demostrado que una relación tan solo sexual contribuye

a que el sexo sea más excitante, apasionado y gratificante.

Todo mi amor.

Mis futuros hijos.

Hoy tú me explicarás cuál es tu fantasía

sexual.

Mi fantasía sexual.

Sí. Yo estoy solo en el mar.

¿Y? En una isla, ¿sabes?

Sí.

Y una chica hawaiana.

Sí, una chica hawaiana, ¿sabes?

Sí, una chica hawaiana.

Sí.

Rubia.

Con ojos...

Me ayuda.

Me ayuda y... y... me besa.

Es muy excitante para mí.

Eso es todo.

Esta es mi historia.

Mi fantasía sexual.

Es un poco extraño.

¿Extraño? Sí.

Hawaiana.

Rubia.

Rubia. Ojos verdes.

Ojos verdes.

Quizás... ella se parece a mí.

Sí.

Quizás no.

Seguro.

Es como tú.

No eres tú.

Eres mi sueño.

Mi sueño.

Mi dulce, caliente y húmedo sueño.

Sí. Le admiraba. Y él no me admiraba.

Le hacía sentirse querido. Y yo me sentía un mero objeto sexual.

Mi jaboyana rubia.

¿Te gusta mi historia?

Mezclé el deseo, la pasión, con el romanticismo.

Ese fue mi error.

Nunca tuve que pensar qué era para mí.

Quizás yo he tenido el verdadero amor con Giancarlo, pero no el verdadero

sexo. Y si realmente fuera una ninfómana.

Diga.

Hola, mamá. Sí, naturalmente que me cuido.

No siempre, porque como de restaurante.

Claro que le quiero, pero estoy ocupada.

Giancarlo no es idiota y sabe que estoy a tope.

¿Qué te dijo, qué?

¿Mi voz extraña?

Pues no lo sé, mamá.

Había dormido poco.

¿Cómo está, papá?

¿Y la abuela?

Yo también los quiero.

Sí.

Sí, pesada, sí.

Adiós.

No sé cómo, pero mi madre había notado algo.

A veces tengo la impresión cuando oigo a mamá que aún tengo 11 años.

No sé por qué, pero no puedo mentirle.

Y cuando le digo medias verdades, lo sabe.

Mamá cree que Giancarlo piensa que algo pasa.

Porque lo llamo día sí y día no.

Y esta semana he estado dos días seguidos sin llamarle.

La verdad es que no sé qué decirle.

¿Y si estaba viviendo una mentira? ¿Y si estaba todo calculado y me hacía su

esclava sexual?

Bueno, ¿y qué?

Yo misma me formulaba y contestaba miles de preguntas.

Cuestiones relacionadas con lo mismo, vistas desde tantos ángulos y matices

distintos, que me volvían medio loca.

Acepté aquellas citas ciegas.

Algo impensable poco tiempo antes.

Y menos con una mujer.

Pensé que quizás sería divertido.

Dime.

¿Cuál es tu fantasía sexual?

Dime.

Mi sueño es...

Dímela, por favor.

Mi sueño es... Estoy con una chica en el mar

y... ¿Y qué?

Ella es muy guapa y sexy.

Hay flores por todas partes.

¿Con otra chica?

Sí, una chica. Y ella me besa.

Y me toca.

Espera un momento. Un momento.

¿A dónde va?

Siempre me hicieron gracia las revistas de contacto.

Aunque creía que no eran ciertas.

Nunca pensé enamorarme de otro y me enamoré perdidamente.

Nunca pensé en acostarme con una mujer.

Lo hice y me gustó.

Ricardo quería que yo me iniciara con una mujer en mi estudio para así

controlar el espacio.

Pero a mí la idea no me gustaba porque me había trasladado el mes anterior y no

me habían llegado los muebles.

Dormía en el suelo.

Como una ocupa.

Sabía que iba a llamarme.

Sonó el teléfono.

Hola, cariño.

¿Cómo va todo?

Estoy un poco nerviosa.

Me encanta.

Los nervios son la base de la...

¿Estás excitada?

Sí, creo que sí.

¿Cómo que crees?

¿Tienes tu coño húmedo?

Aún no.

¿Y ella qué está haciendo?

Sí, está desnudando.

Sí. Va a besarme.

Bésala con Tulen.

Como tú sabes.

Te quiero, cariño.

Pásame con ella.

No quiero. Quiero que estés solo por mí.

Tócale los pechos.

Los tiene... duros, como a ti te gustan.

Está caliente.

Estoy aquí, lo oigo todo.

Casi puedo olerlo.

Deja que te coma el coño.

Estaba también nerviosa, pero realmente excitada.

Le toqué la cara lentamente.

Llegué a la comisura de sus labios que entreabrí.

Creo que tenía la sensación de iniciar algo malo.

O si no malo, secreto.

Que nunca podríamos contar ni revelar. No sé bien por qué.

Necesitaba mirarla.

y sentir su respiración.

Bajé mis manos a sus senos.

Los recuerdos suaves y un poco tensos.

Su corazón iba a mil.

Noté que tragaba saliva y que estaba preparada para todo.

Se hizo el silencio.

Un silencio que delataba los sonidos de nuestra ropa al rozar con nuestros

cuerpos.

Parecíamos obligadas.

lanzadas al vacío.

Era una sensación extraña, pero realmente estábamos experimentando una

libertad extrema.

Íbamos a hacer algo que realmente queríamos y que era todo menos

peligroso.

¿Era amor?

¿Era solo sexo?

Tan solo sé que era bonito y agradable.

La besé detrás de la oreja.

Como me hacía mi antiguo novio.

A mí me gustaba.

Y a ella le encantó.

Olía a flores frescas y limón.

Su piel se estremeció. Y se le puso la carne de gallina.

Temblaba. Pero a su vez estaba relajada.

Distinta.

Cerró los ojos.

Y se dejó querer.

Le dejé todo su cuerpo lentamente arrastrando mis labios, dibujando

corazones, flores y caminos que llevaban fuera de sí.

Al llegar a su coño le retiré un ligero y rosa tanga y emergió una vulva ante

mis ojos.

Era la primera vez que lo veía tan cerca.

Tuve la sensación de hacer el amor con un espejo.

Me inventé besos de lengua.

Y traté a su vulva como a su boca.

La besé, la comí.

Y busqué su clítoris con la punta de mi lengua, ávida de dar placer.

Yo notaba que mis flujos vaginales inundaban mi coño y mi culito se

dilataba.

Mis pechos se endurecieron y perdí la noción del tiempo.

Ella recorrió más de una vez.

Yo lo conseguí tocándome durante el cunilingus.

Me encantaba. pero después siempre tenía un extraño sentimiento de culpa.

Aquel día no.

Hicimos el 69.

Salió todo casi sin hablar.

Noté todo mi coño excitado y me corrí no sé cuántas veces.

Me excitaba que me tocara con el dedo mi ano.

Después le pedí que me lo besara y me lo penetrara con la lengua bien abierta.

Me gusta sentirme bien abierta.

De hecho, me masturbaba.

Como ahora.

Pensando.

Y recordando aquella tarde.

Tenía celos. Era celosa.

Pero ahora lo que hiciera Giancarlo me daba casi igual.

De hecho, sería bueno para mí que me fuera infiel.

Eso me ayudaría a vivir mejor conmigo y Ricardo.

Era celosa de no saber en todo momento cuándo y con quién se acostaba.

Aparte, claro, de los miércoles.

No hay recetas para tener y mantener el amor o la relación que te mereces.

Ahora mis lazos con Ricardo eran vitales.

Si no le veía, podía morir.

¿Tendrá otras amantes?

¿Estará casado?

¿Divorciado?

¿Serán como yo las otras amantes?

¿Y si no hay otras y solo se acuesta conmigo?

Empezaba a preocuparme por algo que no tenía que ser.

Que no tenía sentido.

Al menos teóricamente.

Con Giancarlo quería nadar y guardar la ropa.

Me estaba enganchando a él. A veces sin querer y otras queriendo.

¿Por qué? Me preguntaba constantemente.

Estaba desarrollando una dependencia.

Casi una adicción al sexo.

Llegué a pensar si estaba abusando.

Quizás me corro demasiado.

Me salía su pene de memoria.

A menudo cerraba los ojos y lo imaginaba.

Firme, preparado, electo.

Duro y caliente, como a mí me gustaba.

Y yo allí chupando, recorriendo todo su glande.

No sé por qué me volvía loca ver cómo salía su esperma.

Sabía casi a crema de whisky.

Eso sí, en el ojo picaba muchísimo.

Un día de tanto observar me cayó una gota y estuve un día con colirio.

Hola, Giancarlo.

Sí, me dijo mamá que me encontraste extraña.

Estoy cansada y abstraída en este proyecto de Danner.

Claro que te quiero.

¿Un presentimiento?

Giancarlo, por Dios.

Ya te pareces a mamá y sus historias extrasensoriales.

Te quiero. Te quiero.

Queda claro y borra esas historias de tu cabeza.

Estaba claro que no sabía disimular.

Ya no solo mi madre.

Giancarlo también notó que algo estaba pasando.

No podía alejarme de Giancarlo porque no lo tenía.

En él, que tanto me había perdido, no le fui sincera.

Tenía un silencio atado en mi alma y realmente no le echaba de menos.

Llegué a medio instalarme en la casa de las afueras de Ricardo.

Iba los martes y volvía los viernes.

Era ideal.

Estaba rodeada de árboles, prados, flores silvestres que me regalaban

fotografías perfectas para el proyecto de Dani.

He aprendido tanto en tan poco tiempo que tengo la sensación de haber vivido

otra vida.

Ha pasado rápido, pero no me siento estresada.

Me siento dolida, cansada.

Ahora estoy mejor. Lo he digerido todo.

Pienso que es positivo.

Ricardo me ayudó a resolver tabúes y bloqueos internos respecto al sexo.

Pero nacieron otros, quizás más fuertes, que rozan el corazón.

Llegaron algunas fotos a mi e-mail.

Mi amor era tan grande que me hacía sentir desdichada.

Estaba aturdida y sumida en un gran caos.

Solo un sutil e incomprensible amor me separaba de los límites de mi universo.

Cerca de la orilla respiro profundamente y detengo el aire tres, cuatro veces.

Me relajo, me tumbo, cierro los ojos, me olvido del mundo

exterior, me desprendo de mi cuerpo y dejo volar mi imaginación.

Me traslado a un lugar diferente, donde nada es importante, solo yo.

Nunca intercambiamos promesas.

Parecía extraño.

Giancarlo siempre me decía me querrá toda la vida y cosas por el estilo.

No quiero morirme sin casarme contigo.

Pero tú estás loca.

¿Qué pretendes, matarme?

Ricardo. Has roto las reglas. Ricardo, por favor, no.

Sin saberlo, rompí mis propias reglas y la del juego.

Ya sé que las reglas están para romperse, pero no mi corazón.

Estaba partida por el eje.

Yo era la dueña de una herida alimentada por su mirada transparente.

Hola, soy Laura.

Me gustaría hablar con Ricardo.

Pero él me dijo que estaría ahí.

¿Seguro?

De acuerdo. Gracias. Adiós.

Realmente no sabía cómo se sentía Ricardo.

Yo notaba que él me había cambiado, pero no sabía si yo le había cambiado a él.

Mi vida es ahora distinta.

¿La suya?

Yo ya sé que el amor no es para siempre.

Fui honrada con mis sentimientos.

Sé que rompí las reglas del juego.

Fui una inconsciente.

No quería engañarme a mí misma ni culpabilizarme.

Dije lo que sentía.

Dije lo que yo notaba y lo que él notaba.

Sé que me quería y quizás, como yo, aún me quiere.

Cuando habla tu corazón, la razón no existe.

La vida es un eterno ciclo.

Quizás le vuelva a ver de nuevo.

La esencia del amor se había evaporado de lo más profundo de mi interior.

En el fondo, sabía que no volvería a disfrutarle nunca más.

Hay que mesurar los latidos del corazón.

Hay que controlar la respiración, el aire, las caricias.

Las palabras que surgen solas cerca del oído.

Juraría que Ricardo me dijo que me quería.

O quizás lo he soñado.

Me he querido que me lo dijera tantas veces que no sé si al final fueron solo

imaginaciones mías.

La soy.

Me lo dijo.

Te quiero, Laura.

Ahora sé que no me conozco.

Me he puesto a prueba.

Las situaciones, los límites, te enseñan realmente hasta dónde eres capaz de

llegar.

De querer, de hacer sexo, de mentir.

Luchar contra el olvido me ayudará.

Ahora tengo una colección de experiencias que me han mostrado que no

hay dos hombres iguales.

Quizá sea lo mejor.

La vida está llena de falsas ilusiones.

Autoilusión.

Tengo las cosas más claras ahora.

Sé que el amor rejuvenece, te embellece.

El amor no se dice, se hace.

Aún con todo, sigo preguntándome algo que al igual que yo, no sabe nadie.

¿Quién soy yo?

¿A dónde voy?

¿Qué quiero?

Referencia RNH4.

Sí, el miércoles, desde luego.

Me gusta mucho tu foto.

Yo también quiero verte.

Nos vemos el miércoles, ¿vale?

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Gracias.

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