All language subtitles for Lapönia (2026) Web-Dl 720p Cast

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Original subtitles

¡Vamos! ¡Vamos!

¡Vamos!

Gracias.

Juanca.

¿No te gusta?

Quizá a Ramón se le antoja hacer una paella.

¿Has visto que dice antojar?

No es correcto.

Demasiado.

Ahora traeré la carne. Yo creo que te gustará más.

¿Qué? ¿Cómo está?

Bien.

Está todo controlado. ¿Qué te ha dicho? Ramón, ¿quieres ser nequito?

Vale. Si no me la pinta, venga. ¿Sabes lo que es?

Es una sopa de guisantes o así, ¿no? Muy bien. ¿Qué te ha dicho? Que no me ha

dicho nada, está ahí con sus cosas, tranquila. ¿Vos? Mira, un poco más.

Que estuve mirando con Martín, patos típicos de la ponia, salía este.

Sí, es muy típico.

Algo te habrá dicho, ¿no?

Que no me ha dicho nada porque está ahí con sus cosas, está con la tablet y no

me hace caso, ya sabes. ¿Pero está bien?

Sí, está bien, tranquila. ¿La Sofía está en su habitación?

Sí, estaba ahí tocando el saxofón. Y la trompeta.

La trompeta, eso.

Ramón, estábamos comentando que igual mañana te apetece hacer una paella.

¿Y si no te apetece, cocino yo?

Sí, puedo hacer un arrocito mañana, sí.

Ya sabéis que la paella es lo que más me gusta de vuestro país.

Sobre todo si la hago yo.

Yo solo la he probado en dos ocasiones. Las dos hechas por ti y las dos me

parecieron impresionantes.

Pero eso es por el truco infalible.

¿Verdad, cariño?

Es una cosa que la cuento mañana mejor. Es para comerla, lo vais a entender.

Al otro día intenté hacer una tortilla de patatas.

Un desastre.

Eso fue.

¿Cómo es posible que me fuera que hace ocho años? Y he olvidado muchísimas

cosas. ¿Pero tú habías hecho alguna tortilla de patatas cuando vivías en

España?

Bueno, ahora que lo dices, la verdad es que no.

Entonces no es que se te haya olvidado. Es que no sabes.

A mí que me da bien hacer las tortillas de patatas, si queréis hago una también,

mañana. Venga, perfecto, si no te encantaría, ¿no? Mañana paella y

tortilla de patatas, ya está.

La dieta mediterránea aterriza en la poni, vamos.

Qué bien, y ahora que hemos decidido los menús de mañana, ¿podemos por favor

concretar qué vamos a hacer esta noche con los niños? Sí, sí, es que...

Perdona, Mónica, ¿eh?

Tenéis calor.

Es que a veces no sé si me paso con la calefacción y para mí... Es el único

problema de Finlandia, que afuera hace como mucho frío, pero en las casas el

calor es insoportable, ¿verdad? ¿El único problema?

No, el único no.

Todo es calentismo.

Ya, eso ya lo hemos dado cuenta antes.

Pero los sueldos son más altos, así que... Y la primavera. Aquí es horrible,

porque es que aquí llaman primavera a las dos últimas semanas de invierno. Y

vale, sale el sol, la nieve se funde, pero a medida que se va derritiendo, se

va embarrando con la mierda que no se sintió antes de la nevada y es que eso

se huele fatal, tío. No fliparía. Bueno, ya, ¿no?

¿Qué vamos a hacer esta noche?

Sí, venga, es que tenemos que hacer algo con los niños, ¿no?

Sí, claro, sí.

Sí, ¿no? Sí, sí, sí.

Y después podríamos echarle una partida con mi nuevo juego.

Bueno, pero hacemos algo antes con los niños y luego ya vamos a la partida,

¿no? Después.

Es que lo van a traducir a varias lenguas, así que...

Te lo enseño, te lo enseño.

No.

Venga, Ramón. Venga, va. Ramón, un momentito, un momentito solo.

Es que me está yendo muy bien todo esto. ¿Sabes? Yo fui a Asia el año pasado. ¿A

Corea? Sí, me contó algo muy pascoreano. Están como locos con mi juego, tío.

¿En qué consiste? ¿Qué es lo que hay que hacer? Pues hay que conseguir ser faraón

y construir una pirámide.

Es divertido. Hola, Isis. Va, vaya. Es muy divertido.

Cuando los niños duerman, jugamos una partida. Bueno, ya lo vamos viendo. Y

antes de que duerman, ¿no vamos a hacer nada más con ellos?

¿Sabéis qué sería precioso hacer con ellos?

¿El qué?

Salir a ver la aurora boreal.

Eso está muy bien.

¿Sabemos a qué hora sale, por estar atentos? Tenemos una alarma.

¿Cómo que tenéis una alarma?

Sí, es que en mi empresa hemos desarrollado una aplicación. ¿Tú has

desarrollado? Sí.

Bueno, que te dice cuándo y dónde van a salir las auroras.

Aquí la tiene todo el mundo en los teléfonos.

Sí, Martín tiene que verla.

Es pura magia. Claro, muy bien.

A la carne le quedan nada, un par de minutos.

¿Queréis picar un poco de queso antes?

No. Yo sí. Yo voy a seguir con la sopa de guisantes, que me ha gustado.

Está muy rica.

¿Seguro? ¿Que no quieres?

No, no tengo hambre.

Vale.

¿Y Nurea?

Perdona que te corrija, pero la aurora boreal no es magia, ¿eh?

Exacto. Es el choque de las partículas eléctricas del viento solar y los campos

magnéticos de la Tierra.

Muy bien.

Es que desde que decidimos venir, él y Martín no han parado de informarse sobre

Finlandia. Estaban muy ilusionados con este viaje.

Mucho.

Voy a ver cómo está la carne.

De hecho, cuando esas partículas chocan, generan un efecto mágico.

Atención al matiz, porque se trata de algo muy distinto. La magia como tal no

existe, claro.

Por supuesto que existen. No existen.

Denominamos magia a lo que genera un efecto mágico. Qué curioso porque el

otro día estaba pensando en esto cuando vino... ¿Te acuerdas que te lo conté?

Que vino un padre a hacer un espectáculo de magia al colegio y los chavales pues

estaban ahí gritando todo el rato ¡Trampa!

¡Que se ve la trampa! ¡Eso es trampa! ¡Tramposo!

¿Lo hacía muy mal o qué?

No, a ver, el hombre pues era un mero aficionado pero es que le ponía tanta

ilusión y los chavales estaban ahí que no paraban de liarla y... ¿Ilusión?

¿Qué significa liarla?

Montar un pollo.

¿Armar a la gorda?

¿Sería eso? No se usa mucho, pero sí.

Sí, eso. El caso es que los chavales no paraban de chillar. ¡Truco, que se le ve

el truco!

¡Mira, eso tiene truco!

Un poco feo, ¿no?

No entiendo.

Pues cuando alguien dice, se le ve el truco, es que está haciendo un... Sí,

entiendo perfectamente el significado de la frase.

Lo que no entiendo es el problema que planteas.

No te entiendo yo a ti ahora.

Pues... No, de trabajo, no lo cojo.

A lo que voy, ¿qué problema hay en que los niños tengan la inquietud de

descubrir la estratagema del juego?

Estaban boicoteando el espectáculo. Bueno, los profesores tuvimos que echar

una buena bronca, ¿eh? ¿Pero por qué?

¿Cómo que por qué? Hombre, porque no dejaban que los demás niños disfrutaran

de la magia. Claro. ¿Te suena de algo? Yo conozco un mago aficionado y él me

dijo... Estoy hablando de Pirca, ¿te acuerdas?

Pirca. Es un personaje.

Pero él me dijo... Que os prefieran hablar de juego de manos. La palabra

magia no les complace. ¿Y por qué no les complace?

Pues la magia no tiene explicación. Los juegos de manos sí. Tienen truco y la

gracia está en descubrirlo.

Espera, juega.

Esto está casi ya, ¿eh?

Atención a cómo define la palabra magia vuestro diccionario, ¿eh?

Vamos a ver.

Magia, magia, magia.

Magia. Arte o ciencia oculta con que se pretende producir valiéndose de ciertos

actos o palabras o con la intervención de seres imaginables resultados

contrarios a las leyes naturales.

Lo que hacen los jugadores de manos es otra cosa completamente.

Olavi, es mucho más simple. La magia es jugar con la ilusión de que algo

aparentemente imposible pueda ser posible. Eso es, es meterse un poco en

el juego, dejarse llevar, que eso no lo pone aquí en el diccionario. Y es algo

muy bonito, además.

Sí. Sobre todo para los cribs.

Pues me sorprende mucho este razonamiento.

Y me sorprende más que los chicos sean castigados por intentar descubrir cómo

funciona un truco. Y perdona que lo diga, pero me parece muy rara esta

actitud por parte de la comunidad educativa. ¿A que te parece rara? Sí.

O sea, yo creo que se puede intentar descubrir un truco sin molestar al pobre

padre que les está haciendo ahí el espectáculo, ¿no?

Es que no molestaban, seguían su instinto de aprender.

¿Estabas tú allí, Olavi? No estabas, estaba yo y no paraban de liarla y de

estar ahí armándola. Los tríos no pueden hacer lo que les dé la gana. Claro.

Vale, pero hay que potenciar sus ganas de aprender, no limitarlas.

Sí, claro, está por acuerdo.

¿Qué es lo que hiciste vosotros en el colegio, Ramón?

Limitarlas.

Vale, Olavi, ya. Tú también, chaval.

Vamos.

Yo no quiero.

¿En serio?

Sí.

Igual ahora tienes el estómago cerrado, pero... No te me va a abrir.

No, no le pongas.

Bueno, pues si luego te apetece, me dices.

Qué pinta tiene, ¿eh?

Sí, sí, sí.

¿Es más?

No, oye, o la vi.

Perdona, es que he estado dándole vueltas a lo de antes y estoy ahí con un

tema. Pero yo creo que en las escuelas también tienen que enseñar a los niños a

ser buenas personas.

Es decir...

La empatía, ¿no? No sé si es que en las escuelas finlandesas se trabaja la

empatía, no lo sé.

Sí, la escuela finlandesa trabaja la empatía y la interrelación desde hace

100 años.

Ah, pues no se nota.

Por cierto, en el otro.

Patia, de pathos en griego, sufrimiento.

Comprender el sufrimiento del otro. Esto sería la definición exacta. Ya lo sabía.

Es que se te olvida a veces que soy profesor de lengua, Olavi.

Si es lo que estaba diciendo yo de alguna manera, ¿no?

Ponerse en lugar del otro.

O sea, que los niños sepan que no tienen que gritar si un hombre les está

haciendo un espectáculo.

Sí, es que eso también es muy vuestro.

¿El qué?

El gritar. Hola, Bi.

No, pero los españoles gritan por todo.

No, todo el mundo.

No, hablo de tendencias generales.

Mira, hola, Bi, yo podría estar gritando muchísimo esta noche.

Motivos no me faltan, pero no lo estoy haciendo. No, pero Mónica, no te lo

tomes como algo personal.

Mira, voy a preguntar a mis amigos. Es que tengo mucha curiosidad.

¿Qué vas a preguntarles? ¿Que si gritamos?

No, no, no. Eso lo tengo claro.

Lo de la magia. Es que estoy muy desconcertado.

No, de verdad, cariño. Yo quiero saber si es algo mío o se trata de un tema de

país. Me gustaría saber si aquí, cuando la gente ve un espectáculo de magia, lo

hace como un acto de evasión sin más o si intentan averiguar el truco.

Es que me gusta mucho esta palabra.

Averiguar. Sí, preciosa.

Yo sospecho que la diferencia entre vuestra idea de la magia y la mía puede

ser un tema de idiosincrasia o de país.

Es que no sé a qué te refieres, Olaví.

Ah, pues lo que quiero decir es... Hay genética de país, ¿no?

Y vosotros nos habéis criado en un país donde la trampa y la mentira son la base

de la sociedad.

Hombre, Olaví, vas un poco fuerte ya, ¿eh? Pues no os lo teméis como nada

personal, de verdad. A mí me dice cosas de estas todos los días.

Hija. Pues qué agradable. No, porque a él le encanta buscar las diferencias

culturales. Tendrías que escuchar cómo habla de los suecos. No, no empiezo. Y

ya ves cómo habla el castellano. Es que no ha parado hasta conseguir la

perfección.

Pero, a ver, de verdad, no me invento nada así. Digo que en vuestro país ser

un mentiroso puede incluso ser un acto heroico más que un problema.

¿Perdona? No, no puedes discrepar. Eso es así.

Mira a Ramón, por ejemplo.

¿Yo? Sí, tú.

¿Qué pasa con Ramón?

¿Yo qué?

Cuando llegaste y saliste del aeropuerto, ¿qué es lo primero que

dijiste?

¿Que estaba feliz de venir a Finlandia a pasar la Navidad con vosotros?

No. Antes dijo otra cosa.

¿Qué dijiste?

Yo qué sé, pues que hacía mucho frío aquí.

No, eso fue después.

Pues mira, chicos, no sé lo que dije.

¿No? No.

¿Seguro? ¿Qué le está diciendo que no?

Celebró como si le hubiera tocado la lotería.

que en el aeropuerto le habían devuelto mal el cambio.

Vale, sí, ya me acuerdo.

Pero es que te voy a decir una cosa. No, te voy a decir dos cosas.

La primera, el que nos atendió era una persona muy antipática. Horrible. Muy

desagradable. Igual le hicieron caerse al país, no lo sé.

Y la segunda, por una Coca-Cola me cobraron 10 euros. O sea, 10 putos

euros.

¿Ves? Ya está gritando, ¿eh? ¿Va a gritar? No, no, no, pero ha subido el

tono un poco. ¿Pero qué es solo gritar, Olavi?

A ver, es verdad que una coca con la 10 euros es una barbaridad. Eso sí, eso sí.

Mira, Ramón es la persona más honrada que conozco, la que más.

Está mal que yo lo diga, pero es así, ¿eh? Yo puedo decir muchas cosas, pero

soy un tío honrado. No, no, por supuesto que sí. Y si eso le llega a pasar en el

barrio, es el primero en decírselo al dependiente, pero sin dudar. Bueno, que

me pasó la otra semana.

No, no lo juzgas. No, sí que le juzgas. Nos juzgas todo el tiempo. Que no, que

no os quiero molestar, que no os quiero criticar. Sí lo que digo es que hay

diferencias culturales. No es vuestra culpa.

En Finlandia nadie se queda con un cambio incorrecto. Y sobre todo si lo

hiciera, no lo contaría. Le daría mucha vergüenza.

Mentirosos hay en todas partes.

En algunos países hay más que en otros. Y dale.

Pero no sé por qué se enfadan. Lo que ha pasado hoy, por ejemplo, responde

perfectamente a este patrón.

Habéis educado a vuestro hijo en una mentira. No es una mentira. Claro que lo

es. Y volviendo al aeropuerto... Olavi, vamos a dejar el tema del aeropuerto,

por favor, ¿eh?

No, no, no.

Vamos a escucharle, que es que apenas ha hablado esta noche.

Venga, dime, Olavi.

El comentario que hiciste, ¿eh? ¿Qué? Tu hijo estaba delante.

Él ha visto como su padre presumía de haber engañado a alguien.

Para él esto ha significado un triunfo. Y mentir...

Para él, según el contexto, puede llegar a ser algo positivo o incluso aceptable.

Vale, venga, sí.

Igual no ha sido ese mi mejor momento como padre, ¿eh? Lo admito, en torno a

la culpa.

Pero te digo una cosa.

No veo tan negativo que un niño aprenda a mentir.

¿No? No.

¿Pero qué dices ahora?

Escucha un momento. Cuando en el colegio pillo a un niño que hace una trastada,

lo primero que hago es que lo llamo a la trastada.

Que ha hecho algo malo.

No hablaba tan perfecto el español, ¿eh?

Ya sabes lo que es, ¿no? Bueno, pues lo primero, cuando le pillo, lo primero que

hago es preguntarle lo que han hecho. Aunque yo lo sé, porque lo he visto.

La mayoría, bueno, lo admite. Pero luego hay algunos que no, que empiezan a

decir, oye, yo no he hecho nada, yo no he hecho nada, yo no he hecho nada, que

te he visto.

¿Sabes? Por eso te estoy pillando.

Entonces, les empiezo a hacer ahí unas preguntillas, le busco las cosquillas,

¿sabes? Le empiezo ahí a hurgar.

Y te digo una cosa, ahora bien, los que mejor mienten son los más listos.

Fíjate. A ver, entonces...

Entiendo bien si digo que lo que dices es mentir requiere más capacidad

intelectual que decir la verdad.

Sí, dilo como quieras, sí, sí, pero es eso.

Vale, ok. Yo estoy de acuerdo.

¿Ves?

¿Cómo? A ver, quien miente tiene que saber cuál es la verdad y luego

inventarse una realidad alternativa y ser creíble cuando la cuenta.

Y estamos hablando de niños que sabemos que han hecho algo mal.

Imagina la cantidad de niños...

que la lían y no nos enteramos por su capacidad de mentir bien. Es decir, se

salvan del castigo porque saben mentir. ¿Qué quieres que te diga, Olave? Para mí

esos son los más listos.

Es que eso es otro asunto muy vuestro.

Otro asunto, ¿no? Si aquí hay asuntos sin parar. Venga. El castigo como único

método para resolver conflictos. Sí, nosotros solo hacemos bien la paella. No

he dicho eso.

A ver, Mónica, coger distancia y poner sobre la mesa aspectos contradictorios

de nuestra sociedad tampoco me parece motivo para ponerse a la defensiva.

¿De la nuestra o de la vuestra?

Ya me has entendido.

¿Tú sigues siendo mi hermana?

¿Qué fue de aquella Choni que discutía gritos con todos sus novios?

¿Qué significa Choni?

Nada. Que tenía mucho carácter. La que se tiraba horas jugando en los

recreativos, siempre en la misma máquina, ¿eh? Porque la tenía trucada,

para no tener que echar monedas.

He cambiado.

Y es cierto que estar aquí ha hecho que modifique ciertos comportamientos o

pensamientos, porque es que es normal.

Se llama evolución.

Y a veces para evolucionar hace falta salir un poquito de casa.

Me voy a ver a Martín.

Porque como me quede aquí...

¿Queréis

más?

No.

No, no, ya lo voy.

¿Cómo que qué? ¿Estás ahí...? ¿Eh?

Es que a mí me gusta mucho argumentar, discutir... No, no, si ya se nota.

¿Sí?

¿Veremos a alguien?

La leña.

¿Te he hecho la mano con algo?

No, no hace falta, gracias.

¿Cuándo lo vas a decir?

Pues no lo sé.

Pues la vez de alivio aún.

Bueno, pues lo dejamos para otro día, ¿o qué? No, no, tiene que ser hoy.

¿Estás segura?

Sí.

Mónica no se huele nada, ¿eh?

O la vez menos.

Pues cuando se entere se va a poner, porque mira cómo está, está fino.

No sé, se tensa mucho con vosotros, no sé qué le pasa. ¿Con vosotros? ¿Pero le

has hecho algo?

Sí, siempre supe que... No me pongas más nerviosa, por favor.

Pobrecillo. Está destrozado.

¿Qué te ha dicho?

No, no he hablado con él. No he podido.

Le he visto por la rendija en la puerta.

Entonces, Mónica, ¿cómo sabes que está destrozado?

Porque yo conozco a mi hijo.

Nuria, tenemos que encontrar una solución a lo que ha pasado hoy.

Nuria, ¿puedes mover el coche, porfa?

Sí, voy.

Ahora vuelvo.

¿De qué hablas?

De nada.

Pero pues no te alejas.

¿Alejo yo de qué?

Pero, ¿no te he dicho nada?

Que no, que estaba aquí echando un cable a tu hermana, para recoger y eso.

Ya está.

Oye, voy un segundo al baño, ¿vale?

Vale. Ahora vengo.

Hola, Iben.

¿Qué pasa?

Te he dicho que vengas.

¿Qué? ¿Qué?

Ajá. Que a ver si empiezas a usar la empatía que te enseñaron en la puta

escuela finlandesa.

¿Pero qué he hecho yo?

No he dicho ninguna mentira. ¿Los españoles son así?

Mira, no sé cómo somos los españoles, pero me tienes hasta el puño yo.

¿Esto lo entiendes? Lo tienes que buscar en la red también. Está bien, está bien.

Pues ya está.

Y ahora no sé si decirle a Gunther que no venga esta noche.

Mejor que no.

Si ahora viene un tipo disfrazado de Paponel, todavía lo vamos a complicar

más. Ya está, más barato. Y tú ni una más, te lo pido por favor.

¿Quieres que yo mueva el coche?

No, yo la hago yo.

Dime una cosa, Ramón.

Cuando hablaste con Martín, ¿con qué idea se quedó?

Pues le he dicho que yo no sabía de lo que le hablaba a Sofía.

Muy bien. Que yo nunca le he comprado ningún regalo.

Perfecto. Y que esta noche comprobaríamos a ver qué es lo que pasa.

Te quiero, Ramón. Sí. Te quiero. Yo también te quiero a ti, pero es que no

solo le ha dicho que papá no existe.

¿Cómo? Pues que le ha dado datos.

¿Qué datos?

Datos, cifras.

Le ha dicho el número de niños que viven en este planeta.

Pero ya sabe. Sí, que sí lo sabe.

El tiempo que tardaría Papá Noel en ir a cada una de esas casas. Es

científicamente posible que no le daría tiempo en una noche. Bueno, ya sabes

cómo va a hablar tu sobrina. Y que el que iba a venir esta noche con los

regalos no iba a ser Papá Noel.

Iba a ser su vecino Gunter disfrazado de Papá Noel. No te puedo creer. Esto no lo

sabemos, ¿eh?

Hay que hacerlo.

Tiene que arreglarlo ellos.

No le veo así como por la labor, ¿sabes?

Precisamente... Oye, ¿me dejas un segundo?

Y encima humillándonos todo el tiempo.

Y hablándonos como si fueran mejores que nosotros.

Tú has visto cómo miraban a Martín, ¿no?

Bueno, a ver, Martín, las cosas como son, esta noche se ha pasado tres

puentes. Pobrecillo, esa niña le ha destrozado la infancia.

Mujer, tanto destrozar... Que sí, Ramón, que sí, destrozado. Vale, sí está

destrozado, sí. Vamos, que parece que te pones de su lado, sí. ¿Quién se pone

aquí? Esa niña es igual que el padre.

Te sonríe y te la clava.

¿Cómo habla esa niña?

No calla. Está como cosa, ¿no? Uf, sí.

Mira que he visto niños en el colegio, pero como tu sobrina lo he visto una

cosa igual. Desde que tienes seis meses llevan diciendo que tiene altas

capacidades. Y ¿sabes lo que tiene?

Memoria. Y muy mala hostia.

Igual altas capacidades también tiene. O sea,

niña rara y ya está.

Yo la quiero muchísimo, pero es rara.

Tengo hambre.

Y es que eso no me gusta.

Oye, pues la maleta está ahí.

Los sobres estos de jamón los saco, ¿o qué?

Ya, pero ese regalo lo lavi.

Es que esa es otra.

Es que hasta le traemos regalos a él, ¿eh?

Un cuarto de jamón de bellota, no me jodas. Es que de buenos somos tontos.

Y que no se han preparado de cena ellos, ¿eh?

Sopa de guisantes.

Está bastante buena, ¿eh?

Ramón, sopa de guisantes en noche buena.

Por favor.

Eso ha sido idea de mi hermana, que es una cutre.

A mí no te voy a decir que no.

Tu hermana o el dinero tiene un tema.

Eso que tiene que ganar una pasta, porque... No tengo ni idea de lo que

gana, no me lo ha dicho.

Pues tiene que ganar un pastón porque fíjate esta casa, las calidades que

tiene y todas las cosas.

Oye, ¿y tanto les costaba poner un árbol? Un puñetero árbol con una

lucecita. Pero si tienen la casa llena de lámparas. Y ni una sola luz de

energía tienen. Ni una. Nada, nada, nada.

Hola.

¿Todo bien?

Sí. Sí, muy bien.

¿De qué hablabais?

De nada. Nada.

De algo estarías hablando, es que se os oía un poco.

Ah, ¿se oye aquí lo que...? Sí.

Bueno, sí, estábamos hablando de la paella de mañana.

¿Ah, sí? Sí, de que si la queremos de carne, la queremos de pescado... Es que

les salen súper bien las dos.

Sí, ya sabes, yo controlo.

Me rapto.

¿De verdad?

Sí, claro.

¿Me lo juráis?

¿Cómo que si te lo juramos?

Te lo juramos por lo que haga falta.

¿Por tu hijo?

Olavi, frena.

Frena. Sí, claro.

Te lo juro por mi hijo.

¿Qué aplaudes ahora?

No, es que yo estaba seguro de que estarías ahí hablando de nosotros.

No, hombre, no.

No, hombre, no. Es que me he fijado que allí lo hacéis mucho.

Ya estamos con ahí otra vez. Es que... No, cuando una persona es que va, los

otros se quedan ahí hablando sobre esa persona y yo pensaba que habías

aprovechado para hablar sobre nosotros.

No tenemos otra cosa que hacer.

Ahora también nos está llamando crítico.

No, no, no.

No he puntualizado hablar mal.

Solamente he dicho hablar.

En España, en una cena, cuando alguien se va, los otros se quedan hablando

sobre esa persona.

Son diferencias culturales, ya está, nada más.

Nuria. No, Mónica.

¿Puedes venir un momentito, por favor?

Eso no hace falta. No, no, no.

Oye, Nuri, mira, es que a mí me parece que la vida está pasando.

¿Qué pasa? Porque nosotros tenemos mucha paciencia. Pero es que ahora nos está

acusando falsamente de algo.

No era una acusación. Era una observación de las diferencias

culturales. Mira, justo me acaba de contestar un amigo, Mark. Y él me dice

que cuando él mira magia necesita saber el truco. Ya está.

Son diferencias culturales. Punto. Es que aquí sois muy listos, muy honestos.

Y nosotros somos mentirosos, gritones, criticones. Y además no tenemos ningún

interés en aprender.

Eso nos ha quedado clarísimo.

Pero ¿podemos por favor pactar qué vamos a hacer esta noche con los niños?

Porque yo he venido hasta aquí.

Para que mi hijo pueda ver a Papá Noel. Y todo se ha ido a la mierda.

¿Nos podemos calmar un poco?

Sí, porfa.

Nos sentamos y hablamos tranquilamente, por favor.

Tú guarda el móvil.

Y déjate de diferencias culturales ya.

A ver.

He estado pensando y se me ha ocurrido una idea.

¿Por qué no lleváis mañana a Martín al parque temático?

Ahí hay un Papá Noel y los niños ven en la casa, en los renos.

Es verdad que las entradas valen una pasta. No, no,

no. Porque no me escuchas. Es que Martín pensaba que esta noche papá Noel vendría

a vuestra casa y le traía un montón de regalos.

Él ha viajado hasta aquí con esa ilusión. Ilusión que por otra parte

también era la nuestra, ¿verdad?

Yo pensaba que la ilusión era vernos a nosotros.

No.

También, también, Olavi. No, no. No nos enfademos, por favor.

Claro que queríamos venir a veros a vosotros.

Pero es verdad que el chiquillo se había hecho muchas ilusiones con esto de papá.

Claro, y Sofía lo ha mandado toda la mierda diciendo que papá Noel solo es

padre. Sofía solo ha dicho la verdad.

Bueno, pues lo que tenéis que hacer es hablar con ella.

Porque si lo ha descubierto antes, pues mira, perfecto. Ella no lo ha

descubierto. Ah, bueno, pues peor me lo pones. Si se lo han contado, no tiene

que hacer lo mismo con el resto. Que Sofía no lo ha descubierto ni se lo han

dicho.

Sencillamente nunca le hemos contado esa mentira.

¿Cómo?

Sí.

Cuando Nuria estaba embarazada decidimos que nunca le haríamos creer que Papá

Noel era un personaje real.

Entonces, una cosa, perdona un momento, ¿eh?

Cuando Sofía tenía, por ejemplo, no sé, tres años y os cruzabais con un Papá

Noel, ¿qué le decíais? Pues nada, le decíamos que era un hombre disfrazado

interpretando a un personaje, como cuando la llevamos al teatro.

Sí, que es un juego que los padres hacen con sus niños, pero que a nosotros no

nos gusta, no nos gusta engañarle.

Pero a ti tus padres no... Mónica, por favor. No, está bien, tranquila,

tranquila. Sí.

Cuando mis padres murieron en el accidente, yo era muy pequeño. Y a mis

abuelos, los que me criaron, no les gustaba nada celebrar la Navidad.

Pero no tiene que ver con eso.

Seguro la vi.

Porque yo entendería perfectamente que con todo lo que habéis pasado, en

vuestra casa no se quisiera celebrar la Navidad.

¿Pero hace falta que tu hija cargue con las consecuencias? Es que no tiene nada

que ver con eso, Mónica.

Es una cuestión de cuáles son nuestros principios y de cómo la queremos educar.

O sea, estamos trabajando con ella a largo plazo.

¿Pero qué hay de malo en hacerles creer que un ser mágico les trae regalos? Pero

no es un ser mágico. Es un ser con una moralidad superior, omnipresente, que

los vigila y les trae regalos materiales, según cómo ha sido su

comportamiento. Haces lo que quiero, tienes regalos. No lo haces, te castigo.

Es clasista, es materialista y, sobre todo, chantajista.

Sí, bueno, nos estamos liando aquí con un montón de tesis.

Bueno, Ramón, a lo mejor sí que hay que hacer un poquito de tesis, porque si no

la sociedad nunca va a cambiar. ¿Por qué tenemos que cambiar la sociedad?

Mónica, por favor.

O sea, no vamos a seguir haciendo cosas que hace 30 años nos parecían normales y

ahora sería un disparate hacerlas.

Que a lo mejor de aquí 20 años nos parece ridículo que los críos crearan en

Papá Noel.

Pero es que estamos hablando de este tema como si fuera lo de tirar una cabra

por un campanario.

Eso lo hacéis en España.

No, no lo hacemos.

Se hace, pero es vacía.

Apenas. ¿Lo ves?

Para evolucionar hay que reflexionar. Si no, estaríamos aún encendiendo el fuego

con dos piedras o tirando cabras por la ventana.

Perfecto. Pues reflexiono.

Ya está.

He reflexionado y he llegado a la conclusión de que me gusta la Navidad y

me encanta Papá Noel. Ese reflexión no es muy profunda. ¿Ah, que me estás

llamando tonta?

No te he amado tonta. No te está llamando tonta, Mónica, va. Oye, no nos

pongamos nerviosos.

Tengo una idea que yo creo que es imbatible.

¿Y si hacemos un mix-mix?

¿Un win-win?

No, un mix-mix.

¿Vosotros le compráis algún regalo a Sofía, supongo?

Sí, alguna cosita.

Pero intentamos que sea algo más especial, no típico juguete. No como los

que le regalamos nosotros.

Ay, Mónica, no he dicho eso. Mónica, va, estoy intentando encontrar una solución.

Bueno, ¿cómo lo organizáis?

Es un día bastante normal.

Sí, algún año viene Gunter disfrazado de Papá Noel y juega un poco con Sofía y le

da los regalos. Pero vamos, Sofía sabe que es Gunter. Pero la mayoría de veces

le damos los regalos nosotros.

¿No es más bonito que ella sepa que sus padres le hacen regalos porque la

quieren y ya está?

Pues no.

Pues yo opino que sí.

Hola, y por cierto...

¿Tú le has comprado algo este año, Sofía?

No, no, este año no. Es que el otro día estaba pensando en comprar unas frutas

escarchadas, pues se me olvidó.

Le puedo dibujar una ilustración.

Ah. Sí, ¿no? Sí. ¿Es verdad que lo que le regaláis a vuestra hija en Navidad es

un dibujito?

Bueno, la alternativa son frutas escarchadas.

Y le encantan las ilustraciones de su padre.

¿Y las frutas escarchadas?

Que no tienen regalos. Eso no son regalos. Que le regalan a la niña las

frutas que nosotros le quitamos al roscón.

Bueno, a ver, eso no es ningún problema porque nosotros tenemos regalos de sobra

para los dos. Hombre, por supuesto que sí. Para ella tenemos el cofre de

maquillaje Glamour Chic. Un montón de cosas más. Una bolsa enorme de chuches y

tres o cuatro paquetitos de relleno.

¿Y ahora qué pasa?

Nada. No, sí, sí, sí, sí. Sí que pasa, que te conozco.

Que no, que no pasa nada, que le gustará mucho.

¿Pero?

Es tu hermana, se lo puedes decir.

No, no, no. No hace falta.

Te parece sexista.

Te dije que no lo compraras.

El cofre de maquillaje Glamour Chic son barritas de colores.

Adecuadas para niños y para niñas. De hecho, que sale en la caja. ¿Una niña?

Un niño.

¿Y sabes a mí lo que me parece sexista? Que pienses que el maquillaje es cosa de

chicas. Es que también es para varones.

Mira a mi amigo Juanjo, que se pinta la raya del ojo. Vale, que también tiene un

poquito de sombra de ojos, pero oye, que si no la quieres, se la quitas.

Mónica, el maquillaje.

Sí. Para una niña.

Y que me parece muy bien que tu amigo Juanjo se pinte la raya del ojo, pero ¿a

qué no se lo regalas a tu hijo?

Es que es como si me dices que le has traído, yo que sé, un disfraz de

princesa.

¿Le has traído un disfraz de princesa?

No. Mónica.

¿Qué no?

Bueno, sí.

Bueno, sí, pero que tú lo miras y no te parece.

De hecho, es azul, además.

¿Es azul?

Azul eléctrico.

Nuria, pero si nos encantaba maquillarnos y vestirnos de princesas

cuando éramos pequeñas.

Era nuestro juego favorito.

Claro, es verdad.

Que tú has evolucionado y yo no.

Me he pasado dos semanas enteras cuidando a mamá. Cada día.

Vendiendo lotería. Y tú sabes perfectamente el trabajo que tengo en la

administración los días antes de Navidad. Aún así, yo he sacado tiempo

para comprar regalos para todos. Incluso para Olavi.

¿Y total para qué?

Para nada.

Pero de verdad es tan grave que lo sepa, Mónica. Claro.

Claro que es grave.

Es que yo quiero que Martín sienta las cosquillitas que sentía yo el día de

Navidad y que no he vuelto a sentir hasta que le he tenido a él.

Yo quiero que mi hijo piense que en este mundo existe un poquito de magia.

No, no me mires así.

Ramón,

el año pasado, cuando Martín abría los regalos de Navidad, feliz, ¿qué?

¿Qué pasó?

Mónica. Que te pusiste a llorar.

¿Y qué me dijiste?

Que ojalá fuera así siempre.

Que ojalá fuera así siempre.

Y me lo dijo llorando. Y fue precioso.

Y ahora se acabó.

Pues que no puede ser siempre así, Mónica. No, claro que no puede ser

siempre así.

Pero todavía puede durar dos o tres años más.

Bueno, pues no sé, si para ellos es tan importante.

Hablamos con Martín y nos inventamos algo.

¿Ves? Ya está.

Pero si es que algo así es lo que iba a decir yo.

Para ellos. No, no, me niego. No se puede mentir a los niños. Gabi, venga,

hombre.

¿Has oído, Ramón? Ha dicho para ellos.

Sí, sí, lo he oído.

¿Para vosotros?

Para nosotros.

Los que venimos del tercer mundo.

Venga, va. Por favor, ¿eh? No discutáis, por favor.

Que al final no os he contado mi idea.

El mix-mix.

Sí.

Vamos a ver, vosotros no queréis mentir a Sofía, que yo ya ni voy a entrar ahí,

ni voy a decir nada, ni os voy a rebatir ni nada, ¿vale? Ya está.

Pero os propongo una cosa, ¿por qué no habláis con ella y le pedís que le diga

a Martín que era engañado?

¿Vale? Y ya está.

Y nosotros le dejamos los regalos como si fuera Papá Noel, como siempre, y ella

sigue fingiendo de cara a él y arreglado. Pero entonces la que estaría

mintiendo sería Sofía.

Un poco, sí, un poco. No nos gusta la idea de pedirle a Sofía que mienta. Y

menos a Martín.

Sofía quiere mucho a su primo.

Bueno, venga, otra idea.

Tengo otra idea.

Que Sofía le diga que se hizo un lío, que escuchó una leyenda en no sé dónde,

que la escuchó ahí medio regular y yo qué sé, que se ha liado, yo qué sé.

Lo siento mucho, pero esto no lo haremos de ningún modo.

¿Pero por qué? Pues porque seguiría siendo una mentira.

Y además diciendo que se confundió, como si fuera tonta. Bueno, vale.

Vale.

Otra idea.

Ya que no queréis meter a Sofía, ¿no?

Habláis con Martín y le decís que habéis engañado a Sofía, que no le habéis

contado la verdad.

Pero es lo mismo.

Estaríamos nosotros mintiendo a Martín.

Bueno, que tú no mientes, ¿no?

No. Nunca. No.

Y además, Martín no se va a creer esa mentira. ¿Por qué le habríamos mentido a

Sofía?

Vale, de verdad.

¿Por qué no optamos por el win-win?

¿Por el mix-mix? No, el win-win.

¿Por qué no construimos a partir de la situación que se ha generado?

¿Pero qué me estás contando?

Contadle la verdad.

Yo creo que es lo que tenéis que hacer. Sí, claro, porque no aprovecháis esta

oportunidad, que es lo que realmente es una oportunidad para ser sinceros. Le

podéis contar que otras familias pues engañan a sus hijos, pero que vosotros

pues ya no queréis hacerlo más. Y que las navidades van a ser igual de bonitas

a partir de ahora.

Y además que no creéis que él sea un niño bobo sin capacidad de análisis ni

espíritu crítico.

Martín tiene siete años. ¿Se lo digo así con esas palabras?

Emplea las palabras que crees que va a entender.

Pero pensadlo.

Es una buena salida todo esto.

Puede ser bonito, Mónica.

Vamos a dejar que lo piensen.

Y es que antes o después se lo vais a tener que contar.

Pensando de verdad.

Vamos.

¿Y el qué es?

No sé.

Oye, ¿crees que lo van a pensar?

Sí, yo creo que sí.

Sí, ¿no? He visto a mi hermana como más receptiva. Yo también.

Nuria, escúchame. Queremos contaros algo. No lo habéis pensado. No. ¿Pero

por qué no?

Escucha a tu hermana.

A ver, cada año, unos días antes de Navidad, viene a la administración una

señora a comprar lotería. Se llama Dolores.

Encantadora. Para llevártela a casa. Bueno, todos los años se compra el mismo

billete. ¿Un décimo? Un décimo. Claro.

Bueno, con la ilusión de que ese año le toque y puede repartir el premio entre

sus cuatro hijos. A ver.

Ella es consciente de que las probabilidades de que salga su número

son prácticamente nulas. No, porque es que hoy en día tienes antes un accidente

de avión a que te toque. Claro, pero no pierde la ilusión. No la pierde nunca. Y

cada año hace listas y listas pensando cómo va a repartir el premio.

Y llega el día del sorteo y no le toca.

La estadística, no le toca. Y se deprime.

Sí. No.

No, sí.

Sí. Sí.

Sí, pero a ver, que no se deprime porque no le toque su número. Se deprime porque

ha perdido la ilusión. Porque necesitamos las ilusiones. Es que

vivimos de ellas.

No, yo no vivo de las ilusiones. Yo vivo de la realidad.

Que me digas esto tú, que te dedicas a crear juegos.

Pero un juego no es una ilusión. Eso es mentira. Mira esto.

A ver, ¿dónde lo has dejado? Yo te lo voy a demostrar.

Tu juego.

Sube a la pirámide.

¿A qué pirámide? Pero si aquí no hay ninguna pirámide. No, pero una cosa es

la mentira y otra cosa muy distinta es la simulación. Te enseño. A ver. Mira,

este juego tiene reglas y los jugadores tienen que seguirlas y cumplirlas para

participar en el juego. Muy bien.

Pero vosotros no le estáis contando a Martín las reglas del juego.

Él no puede elegir si quiere jugar o no.

Vale. Y dime una cosa.

En este juego, ¿hay un ganador?

Sí, claro.

¿Y el que gana, qué gana?

Gana la satisfacción de haber ganado.

Una satisfacción que es una completa mentira. ¿No ha ganado nada?

¿Ha ganado la partida? No.

¿Ha ganado una falsa sensación de satisfacción?

Nuri, dime una cosa. ¿Cuando la vi gana, está más contento?

Sí, claro.

Claro. Estás más contento porque te has creído la mentira del juego. Y tú juegas

a fondo, ¿eh? ¿Cómo te pusiste el año pasado cuando perdiste las cartas?

Mira, hace como que no se acuerda, pero te gané yo y te pusiste fino, fino.

Que gritar no gritabas, pero tenías una cara de mala hostia. Y te ilusionas o te

decepcionas porque te has creído la mentira del juego. Y tú sabes que todo

es mentira, pero compras la ilusión. Muy bien.

Está escuchando tu hermana.

Y te cabreas o te sientes un rey egipcio dependiendo de si ganas o de si pierdes.

Igual que ella.

Que es más feliz, pensando que vivir en Finlandia, tener un puestazo y no

celebrar la Navidad la convierten en una persona diferente de la que realmente

es. Yo soy quien he querido ser. ¿Ah, sí?

Y lo siento mucho que no te guste.

Tú quieres vivir de ilusiones.

Perfecto. Pero pregúntate si tienes derecho a que tus ilusiones se basen

únicamente en la ilusión de tu hijo.

Que es mucha responsabilidad para él, ¿no?

Vosotros lo hacéis todo tan bien y nosotros tan mal.

Mira, Mónica.

No quiero que acabemos así.

Si quieren, nos llevamos esta noche a Sofía a dormir fuera y vosotros montáis

todo el paripé de Papá Noel y algo.

¿Y mañana?

Porque mañana Sofía hablará con Martín.

Sí, porque Sofía le da la lengua, pero bien.

No, eso ya no sirve.

Hay que demostrar empíricamente que Papá Noel existe.

Pero, ¿de verdad una cosa a tantos cuesta mentir a nuestro hijo?

Por favor.

Es que nos estamos pidiendo que mintáis a vuestra hija, que mintáis a nuestro

hijo. No, pero Ramón, tenemos que educar a los niños para que descubran la

verdad, no la mentira. Pero que tu hija no ha descubierto nada, que se lo has

contado todo tú.

¿Y? ¿Te has preguntado qué querría ella si pudiera elegir?

Pues ya no puede.

No, claro que no puede. Pero si pudiera, ¿la dejarías elegir libremente?

Sofía sabría que es un truco, lo acabaría descubriendo.

Sí, ya sabemos que tu hija tiene superpoderes.

Altas capacidades. Y sí, las tiene. Pero no es eso. Es que es una historia muy

absurda. Vale.

Supongamos que esta noche aparece por esa ventana Papá Noel.

¿Qué haría Sofía?

Pues diría que es Gunter. No, no es Gunter.

Entonces, ¿quién es?

Pues he llamado a una empresa de telepapanoeles a domicilio. Aquí habrá

miles, ¿verdad? Sí, bueno. Pues viene un telepapanoel de esos a domicilio con su

barba, su barrigota, jo, jo, jo. Entra por la ventana y se planta delante de

Sofía. ¿Qué haría ella?

Pues pensaría que es un actor o se trata de un ladrón. Él le diría que es el

auténtico Papá Noel. Pues le tiraría de la barba. Es auténtica. Le tocaría la

barriga.

Tengo el mejor simulador de Papá Noel de toda la poña. La barriga es 100% suya.

Querría conocer sus duendecitos.

Incluye tres enanos. No se dice enanos.

Vale, perdón. Y exigiría ver los renos volar.

Se lo creería.

¿Cómo? Bueno, que al final Sofía no deja de ser una niña pequeña que se cree lo

que los autos le dicen.

Además, yo creo que si eso pasara, me encantaría.

¿Y eso cómo lo sabes?

Pues porque me lo dijo una vez.

Mi hijo sería tan bonito que Papá Noel existiera.

¿En serio te dijo eso?

Yo no me quiero meter, pero esa niña... Papá.

Dime.

¿Puedes venir?

Sí, voy.

Voy a ver cómo está Martín.

Lo siento.

Yo también.

No quería ponerme así.

Ni decirte lo que te he dicho.

Sí querías.

Bueno, sí.

Pero no de esa manera.

He cambiado, sí.

Soy consciente.

Pero supongo que necesitaba hacerlo.

¿Por qué?

Sofía está bien.

No acaba de entender por qué no puede jugar con su primo, pero está bien.

Ahora está leyendo.

¿Y qué lee? ¿Guerra y paz?

No. Eso es para el año que viene.

Martín quiere hablar con Sofía.

Joder, que cuídate aquí, ¿no? ¿Por qué quiere hablar con Sofía?

Porque ya no se fía de nosotros.

A mí ya no me cree.

Y le quiero hacer unas preguntas.

¿Qué preguntas?

Pues ha abierto el abanico y ahora quiere saber quién son los reyes magos.

¿Quién es el ratoncito Pérez y dónde está la abuela Luis?

¿Y qué le has dicho?

Pues me ha sometido a un tercer grado, que no me ha dado opción, ¿eh?

Claro, yo le he dado explicaciones, pero es que hacían aguas por todos lados.

Me ha dicho que si Sofía no le cuenta la verdad, que lo va a mirar en Internet.

Se nos ha hecho mayor así de repente.

Oye, ¿a qué fumamos atrás?

¿Yo? No, no. Nos centramos, por favor.

¿Qué pasa con el ratoncito Pérez?

Pues que no se cree que un ratón vaya por él recogiendo los dientes de los

niños.

¿Y para qué los quiere?

¿Para hacerse collares?

Y yo, buscaros.

Y Mate, que sí, digo, sí, sí, para collares, pero digo, Ramón, frena,

frena, porque me empecé a imaginar un puto ratón lleno de collares de dientes

de leche de niños.

Y digo, pero esto es tan grotesco, pero esto no puede ser. Y yo, de verdad, yo

es que ya no puedo mentirle más.

Muy bien, muy bien.

Pero, ¿y el abuelo Luis?

¿Qué tiene que ver?

Pues lo del filo, que ya no se lo cree.

¿Le habéis contado que papá está en el celo?

Sí, se lo hemos contado, pero dice que ahora ya no lo entiende.

Madre mía.

¿Pero qué le habéis contado vosotros? Pues...

Que la muerte es un viaje irreversible hacia la nada.

Y debe estar presente en nuestras vidas, porque quizá mañana nosotros mismos

dejemos de estar aquí.

¡Joder, Olavi!

¡Joder! Estás enfermo. No, pero el cielo es una excusa basada en supuestos

religiosos. ¿Pero quién está hablando de religión?

Se trata de suavizar un golpe que puede ser terrible para un niño.

Mentiras, otra vez.

¡O metáforas!

Es que el cielo puede ser una metáfora de nuestros recuerdos. Y esas

estrellitas que ves allí, pues son nuestros muertos que nos acompañan. Qué

casualidad. Tanto Santa Claus como el cielo son inventos religiosos. Pero que

todo tiene un origen religioso, pero no tenemos que confundir religión con

tradición. Ya, Mónica, pero debemos eliminar todas las tradiciones de origen

religioso. Pues a mí no me parece mal tener una fe que me dé respuesta.

Si tú eres atea.

Es mi opinión.

¿Pasa algo?

¿Te vas a poner de su lado otra vez?

Oye, que yo no me estoy poniendo del lado de nadie, va.

La verdad o serán libres.

Yo entiendo a Mónica.

Por fin, gracias.

¿Perdón? Sofía estuvo semanas llorando después de que le contaras que mi padre

había muerto.

Lo siento, pero no era la manera.

Estábamos los dos cuando preguntó por la muerte de tu padre.

Nos pilló por sorpresa, pero tú metiste la directa.

¿Y tú qué le hubieras dicho?

No sé, no lo pactamos, pero yo igual no le habría dicho un viaje hacia la nada.

¿Le habrías hablado del cielo?

Y yo solo digo que si hubiéramos sido creyentes, las respuestas habrían sido

más esperanzadoras, ya está.

Habrían sido mentiras.

No usamos las palabras adecuadas, Olavi.

Le habrías hablado del cielo.

Olavi, no grites, que es muy feo. No estoy gritando.

Pues a lo mejor ahora algo parecido al cielo, sí.

Es que lo paso muy mal.

Pero, ¿por qué condenas el llanto?

Estuvo un tiempo llorando, sí.

Es malo eso.

Te crees mejor que nosotros, ¿verdad?

No. Yo creo que vivimos en un país un poquito más civilizado.

Ya está.

Ya te gustaría.

Mónica, vamos a ver si es un poco más civilizado.

Ahora hace un frío aquí insoportable, ¿eh? Oye, vamos para adentro, va.

Venga, va.

Bueno, ¿qué hacemos con Martín? ¿Qué habla con Sofía? Que no, que Martín no

va a hablar con Sofía. ¿Pero por qué tienes miedo de que hablen? Ahora

vuestro hijo empieza a desarrollar el pensamiento abstracto. Es normal que se

haga preguntas.

Y Sofía le puede dar respuestas. No, Sofía es más pequeña.

No tiene que darle lecciones de nada.

Pero ella tiene respuestas que él no tiene.

¿Quién es Papá Noel? ¿Qué pasa cuando morimos? ¿De dónde vienen los niños?

Eso lo tiene clarísimo, gracias.

Eso lo sabe él perfectamente. Sí, lo dieron este año en el cole. Y además se

lo hemos explicado nosotros también, ¿eh? ¿Lo han dado en el cole tan

pequeños? Sí, es que Dante es un niño negrito de su clase. No digas negrito.

Puedes decir negro.

Bueno, pues es pequeño, ¿no? Da igual.

Negro, ya está.

Bueno, pues Dante es un niño negro que tiene dos mamás. Que son blancas. Bueno,

María Blasco.

¿Esa no iba a tu clase?

Sí. Bueno, pues ella y otra chica adoptaron un niño negrito.

¿De verdad no se puede decir?

Bueno, mira, yo diría que no, ¿eh? O tú dices, vamos a adoptar un niño

blanquito, y dices, un niño blanco, ¿no?

Bueno, da igual, el caso es que un compañero de clase de Martín, pues le

dio por preguntar, porque había ahí una cosa un poco rara a ojos de niño, claro,

ya sabéis.

Entonces la profesora pues les explicó... Pero pidió permiso a los

padres, ¿eh? La profesora nos pidió permiso a los padres para explicarle los

distintos tipos de familia que pueda haber, las distintas formas de tener

hijos... Hicieron un... ¿Te acuerdas del mural este? Hicieron un mural precioso.

Muy bonito. Sí, sí.

De hecho salís vosotros en el mural. Es verdad.

¿Cómo? Sí, porque nos preguntaron, ¿conocéis algún tipo de familia no

tradicional?

Y les hablamos de vosotros.

Le dimos una foto vuestra. Sí, de los tres.

Pero no somos tradicionales porque somos de países distintos.

No, no. No, Nuri, por favor.

No, es por lo de la inseminación artificial.

Mónica.

¿Qué dice?

No lo sé.

Te pedí que no lo hablas con nadie.

Pero, por favor, tranquilidad.

¿Que esto no ha salido de su clase?

Si lo sabe María Blasco, ya lo sabe toda mi clase de insultos. Pero qué país el

vuestro. Es increíble.

Convertís un chisme en una asignatura de colegio.

Olavi, no te pongas así, que somos familia.

Las familias se cuentan estas cosas. Claro, y es que además lo entendimos

perfectamente. Olavi, que si tu esperma es malo, no pasa nada, que se busca otro

mejor y ya está.

Mónica, mírame, mírame. Se llaman espermatosuídes con micromovilidad.

¡Apréndetelo! ¡Qué error insensible!

¡Holavi, por favor!

No sabe fatal.

¿A que sabe fatal?

Sabes perfectamente todo lo que significó el tema de la inseminación.

El tiempo, el esfuerzo, las dudas y sobre todo lo que significó para él.

Gracias, de verdad, ¿eh?

Llevo aquí toda la noche intentando buscar soluciones para que lleguemos a

un acuerdo y me haces esto.

A ver, Nuria, en primer lugar, no lo he hecho a puesta.

No. No.

Y en segundo, todo lo que ha pasado hoy es culpa tuya.

No mía. ¿Cómo?

Claro. Es que si hace una semana me hubieras dicho que no celebrabais Papá

Noel, nada de esto hubiera ocurrido. Es que no es algo que forme parte de mi

vida. Yo no estoy todos los días pensando en Papá Noel.

¿Cómo que no forma parte de tu vida?

¿Tú sabes cuál es el recuerdo más bonito que tengo yo de nuestra infancia?

Cuando yo ya sabía que Papá Noel eran los padres, tú no.

Y me iba con papá y mamá a comprarte los regalos.

Mira, me acuerdo un año...

En que les dije que te compraran la muñeca esa de la que se casaba a mocos.

¿Cómo se llamaba? Sí, Bebé Moquitos, sí. Esa. La Bebé Moquitos.

Pues ella sabía que te encantaba esa muñeca.

Y mamá no te la quería comprar porque no la habías puesto en la carta.

Pero yo me puse muy pesada.

Insistí, insistí.

Y cuando abriste el paquete, tu cara... Estabas tan contenta.

Y yo fui feliz porque te la había elegido yo.

Y de verdad que es que no lo he hecho a posta.

Eres una niña pequeña.

Pero que no... O sea, el Olavi en el fondo no ha dicho nada que no pensemos

todos. Bueno. Son cosas que a lo mejor no nos gusta oír, pero no por eso son

menos ciertas. Pero claro, la verdad jode, ¿no?

La verdad duele.

¿A que estamos así por una verdad?

No.

Estamos así por una mentira.

Porque Olavi nos ha ocultado que su hija no es su hija. Es suya, por supuesto que

es suya. Claro que es su hija, Nuria, pero ya me entiendo. Tenía todo el

derecho del mundo a no hacer público algo que para él es profundamente

personal.

Yo sí que le he mentido ocultando lo que te lo había dicho.

Lo siento.

Pensaba que estaba superado.

No sabía que era tan importante para vosotros.

Para él. Muy típico tuyo eso también, ¿eh?

¿El qué?

Dejarlo. No, no, no. Esto ya lo has hecho antes.

¿El qué? Tirar la piedra y esconder la mano. Mónica, vamos a dejarlo, de

verdad. No, es que cada vez que dices vamos a dejarlo quiero saber qué coño

tengo que dejar. Pues que construyes tu realidad según te convenga.

Es que es así.

Pero no puedes construir la nuestra.

¿Pero quién quiere construir? Que mira a tu hijo.

¿Qué le pasa a mi hijo? Que le dices lo que tiene que pensar, lo que tiene que

sentir, lo que tiene que creer. Mira, ahora no estábamos hablando de mi hijo.

No, claro no.

Hablábamos de ti. De ti, de ti, de ti. De Ramón y de ti. De Martín y de ti. De

cómo todos tenemos que modificar nuestra manera de ser para que tú estés

tranquila. Que, Mónica, que todo tiene que girar a tu alrededor.

Que todo tiene que ser como a ti te gusta que sea. Que si no es que ya

tenemos problemas.

Mira esta noche. Y esta noche ha sido Papá Noel, pero mañana será otra cosa.

Mira, es que no sé ni de qué estás hablando.

Ramón, di algo, por favor.

Es que yo creo que tu hermana tiene razón.

¿Cómo?

Pues que todos construimos nuestra vida según nos conviene, pero es que tú lo

haces... Tú, Mónica, lo haces de una manera muy... ¿Es que hago?

Por ejemplo, tú no te das cuenta, pero no sabes cómo te pones cuando escuchas

cosas que no quieres oír y yo, pues... Es que prefiero no decírtelas.

A mí me pasa igual.

¿Cómo me pongo?

Así. ¿Así cómo?

Así. ¿Así cómo?

Así. Así como te estás poniendo ahora mismo. Así, con esos ojos, mirándome

así.

Mirándome como pensando, todo esto que está pasando ya te pasará factura más

adelante. Ya vendrá Paco con las rebajas. Así, así te pones. De verdad

que yo no sé ni de qué estáis hablando.

Es que, pues mira, hay quien se adapta al mundo donde vive y quien adapta al

mundo a sus necesidades, que es lo que haces tú.

Eso es. Y todos al final nos acabamos adaptando a ti, para que tú estés

tranquila.

Mira, yo soy quien realmente tú quieres que sea. No soy quien realmente soy yo.

Y no es culpa tuya. No es culpa tuya, yo asumo mi responsabilidad.

Pero esto es aquí, ya está.

Pero Ramón, ¿qué dices?

¿Quién eres?

Pues mira, yo soy un tío que tiene carácter, ¿sabes?

Yo soy un tío que tiene bastante carácter, pero tú has decidido que Ramón

es un corderito. Sí, tú has decidido que la que grita en casa soy yo. Y si este

es un corderito, pues yo también tengo mala leche.

Me pongo de mala hostia cuando veo cosas que no me gustan, cuando alguien me dice

una cosa que no me gusta, cuando la leo y tal, me pongo de mala hostia. Y me

tengo que meter en el armario y coger un cojín y ponérmelo en la boca y gritar, y

gritar con el cojín en la boca.

Que no grito nada, que no me sale nada, pero tengo que desfogar de esa manera,

¿sabes? Porque no te puedo mostrar a ti esta mala hostia que tengo.

Porque tú has decidido que Ramón es un corderito y ya está. Pues nada, Ramón es

un corderito y todos callados.

Pero Ramón no es un corderito.

Y Ramón es otra cosa más, es un tío divertido.

¿A que no te lo esperabas esto?

Pues sí, soy bastante divertido.

Cuando voy al colegio, los demás profesores siempre están esperando que

diga alguna cosa.

¿Sabes? Es que nos partimos con Ramón.

Qué tío más chisposo.

Sí, sí, ese soy yo también.

Pero a ti no te hace gracia nada lo que te digo, Mónica.

No te hace gracia, nunca te ha hecho gracia. Por eso ya es que he dejado de

intentarlo, lo de hacerte gracia.

Y es una pena esto, ¿eh?

Es una pena, porque todos sí lo ven.

¿Algo más?

Mira, es que si estás con esa actitud, yo de verdad paso.

No, no, no, dime, ¿qué más?

Seamos sinceros, pero de verdad.

Pues mira, sí, hay algo más.

Estoy sexy.

¿Ah?

Sí, que soy un tío sexy.

Yo me considero bastante sexy.

Perdona, Nuria, pero es que ya estoy embalado y ya tengo que seguir. No,

tranquilo. Sí, soy un tío curioso, sexualmente hablando.

Me gusta entrar en Internet y curiosear, indagar por ahí con prácticas nuevas

y... O sea, no es que es lo que estáis pensando, que...

Me refiero a, joder, con la ilusión de que algún día tú me digas, oye, vamos a

probar cosas nuevas, ¿sabes? Y que yo saque mi catálogo de prácticas

innovadoras que te quedes ahí diciendo, guau, hostia, ¿quién es este tío con el

que me casé? Sí, mismo.

Pues sí, ese soy yo.

Pero claro, a ti te gusta pensar que a mí me gusta lo de siempre y ya está.

Y ahí nos quedamos.

En la misma página.

Y ya no sé expresar realmente lo que soy.

Si soy realmente quien soy cuando estoy contigo o si estando contigo soy...

¿Quién soy? Es que no sé, estoy parecido, Mónica.

¿La has visto?

Y es tu marido.

La persona con la que convives todos los días.

Y como es, fascina más.

¿Y tú cómo lo sabes?

Porque hablamos.

¿Oh?

¿Habláis?

¿De qué?

¿Cuándo?

Por mí.

¿La suscribí?

Sí.

¿Hace cuánto?

Hace un año y medio, desde que murió papá.

Cuando entró en el hospital por última vez y tú me dijiste que estaba bien,

pero los médicos te habían dicho que no se recuperaría.

No quería preocuparte.

Llevaba tres años fatal.

Sabíamos que era cuestión de tiempo.

Te pregunté si tenía que ir y me dijiste que no.

Que los médicos eran optimistas.

Y era mentira.

Sofía era muy pequeña.

Ver a papá en ese estado no... Pues es que yo no te estaba preguntando si tenía

que ir o no a verle.

Te estaba preguntando si iba a despedirme de él.

Y tú me dijiste, papá está bien, pero no estaba bien.

Y yo no pude decirle adiós.

Y desde entonces, pues, le pregunto a Ramón cómo está mamá, cómo está Martín,

cómo estás tú.

Porque sé que él me dice la verdad.

Pues si te dice la verdad, has hecho muy poco para ayudarme.

He intentado.

No. Te dije que mamá viniera a pasar unos meses aquí.

Con la boca pequeña.

Y sabiendo que no vendría nunca.

No insististe en nada.

Y ahora resulta que te sabe mal no haberte despedido de papá.

Pero cuando decidiste venirte a vivir aquí no le dijiste, papá, que me voy a

vivir al otro lado del mundo.

Lejos de ti y de tu puto tumor.

Eso te iré llamando cada semana.

Y me creeré las mentiras de mi hermana.

Porque tú sabías que eran todas mentiras.

Porque durante dos años te fui diciendo, papá va tirando.

Te lo dije 500 veces.

Y te mentí todas.

Pero resulta que en la 501 no supe leer entre líneas.

Querías despedirte.

Decirle adiós, sí.

Cambiarle los pañales, no.

Despedirte. Tócate los cojones.

¿Quieres oír una verdad?

Has construido tu casita de la pradera mirando para otro lado.

Creando tu realidad perfecta y maravillosa gracias a mis mentiras.

Y es que me he quedado cuidando de ellos.

Espero que haya valido la pena.

Mónica.

Mónica.

Quiero volver a España.

Ramón lo sabe.

Quería que vinieras estos días para ayudarme a convencer a Olave.

Me gustan muchas cosas de Finlandia.

Pero no... No es mi cosa.

La empresa abre cien en Madrid.

Tanté el terreno con el presidente pensando que me diría que no podría ser,

pero... Hace una semana me dijo que si quiero, tengo un puesto ahí.

Con mejor cargo y mejor sueldo que aquí.

Es que no paran de llamarme y no sé qué decirle.

Sí que lo sabes.

¿Quieres volver?

Pues me gustaría volver, sí.

Pues si quieres volver, vuelve.

Que te lo pide.

Los niños estaban separados.

¿Por? Que Martín no se acerque a Sofía.

¿Y a ti qué más te da que Martín se acerque a Sofía? ¿Me debería preocupar a

mí?

Sofía no lo sabe.

Sofía no lo sabe y tienes miedo de que Martín se lo cuente.

O sea, la niña que conoce los secretos del universo no sabe que su padre no es

su padre. Es su padre, creo que es su padre.

Evidentemente que es su padre, pero esto no se lo habéis contado.

Empiezo a ver hacia dónde vas y eso.

No lo acabo de creer.

Ramón, para esto, por favor.

Es que nos lo habéis puesto muy difícil, Nuria. No habéis puesto nada de vuestra

parte, ¿no? Y esto se podría haber solucionado con que hubiesen mentido a

Martín. Ya, pero esto es otro tema. Vamos a zanjarlo, por favor. No, no, no.

Nosotros queremos ocultar una verdad a Martín, que para vosotros es una

tontería, pero para nosotros es importante que todavía no sepa.

Y vosotros queréis ocultar una verdad a Sofía, que para vosotros es importante

que todavía no sepa.

Así que propongo que hablemos todos con nuestros hijos, con la verdad por

delante, como habéis defendido toda la noche, o que mintamos todos, como hasta

ahora. ¿De verdad estás comprando el hecho de que tu hijo sepa quién es Papá

Noel con que mi hija sepa que no soy su padre biológico?

Mira, Olavi, a mí tu preocupación no me parece tan importante.

Tu hija es tu hija.

Mi hija no es lo suficientemente madura para entenderlo.

Bueno, vamos a ver, tiene las herramientas. Lo habéis educado muy

bien. Muy maduro, ¿eh? ¿En serio?

¿Es Martín?

¿Es el Martín? ¿Sofía?

¿Van juntos?

No, Olavi, Olavi, voy yo.

Olavi, es mejor que vayas.

Olavi, va.

Va, escúchame un momento, por favor.

Por favor, ¿eh?

Te juro que se lo dijimos porque nos pareció hasta algo bonito. Sí, bonito.

Sí, sí, claro.

Estudiando los distintos tipos de familia, su cielo de mural, ya está, de

verdad, sin más.

En serio, Olavi, ¿por qué no se lo habéis contado a Sofía?

Pero vosotros no habéis pasado por esto y no podéis entenderlo.

Mira, a mí me dicen que mi hijo no tiene migenes y te digo que me da

absolutamente igual.

Ah, vale. ¿Te ha pasado?

¿Te ha pasado, Ramón? No. No, pues calla entonces.

Vale, venga. Mira, ahí le tengo que dar la razón a Olavi.

Cada uno tiene sus razones para hacer lo que hace. Sí, por supuesto.

¿Por supuesto?

¿Pero qué es lo que llevo intentando explicarte toda la noche?

Pero, ¿de verdad no es lo mismo, bonita? Para ti, Olavi, para ti.

Que llevas toda la noche dando lecciones y diciéndonos que tenemos que hacer las

cosas como las haces tú.

¿Tengo o no tengo razón?

Vale, no contestes, pero que tienes razón, ¿eh? ¡Hombre!

¿Qué ha pasado?

Martín quería hablar con Sofía y se ha colado en su habitación.

Le ha empezado a hacer preguntas hasta que le ha dicho... Si realmente papá

Noel son los padres, ¿a ti quién te trae los regalos?

¿O la vi o tu otro padre?

No, no lo... Sí, pero ella no lo ha entendido, se ha puesto nerviosa, ha

empezado a hacer preguntas, ha pegado a Martín, Martín... ¿Pegado a dónde?

¿Están bien? Sí, sí, están bien. Los he castigado cada uno en su habitación, ya

está.

Voy a hablar con ella. No, no, no. No, no.

Aquí nadie va a hablar con nadie si no estamos todos delante. Mónica, déjame

pasar. ¿Y qué le vas a decir?

No lo sé. Que Martín se ha confundido.

Ahora sí, ¿no? ¿No querías que tu hija fuera acusada de mentirosa? Pues lo

mismo vale para el mío. Quítate del medio. Yo no sé qué puedo... ¡Déjame

pasar! ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? Tú no me conoces.

Yo parezco el mitad, pero soy catedral. No lo voy a repetir. Y el dedo abajo.

Olavi, ¿eres mi papá?

Responde. ¿Eres mi papá?

¿Qué está haciendo como si fuera tu hija? Oye, súbeme un poquito el nivel,

Olavi. Sí, soy tu papá. Martín dice que no.

Un padre es aquel que está siempre con sus hijos. No, no, no, nada de medias

verdades.

Mamá y papá tenían tantas ganas de conocerte que fueron al médico para...

Metafórico, no se acepta. No me has aceptado lo del cielo.

Y si le decimos que Loblo tampoco es tuyo, que no es hija de... ¿Más

mentiras, Olavi?

¿Mamá es mamá?

Sigue haciendo como si fuera tú. Sí, estoy pensando, Ramón. Bueno, chico,

vale, es que como antes no lo has pillado a la primera... Sí, mamá es

mamá. ¿Y tú?

Pues una parte de ti es de mamá y la otra es... ¿De quién es? No lo sé. ¿De

quién es? De otra persona.

¿Y esa otra persona también es mi papá? No, y tu padre soy yo. ¿Y quién es?

¿Cómo se llama? ¡No, no lo sé! ¡Basta!

Oye, oye, oye. Las verdades no duelen hasta que no te tocan, ¿eh?

¿Sabes lo que te digo?

Que voy a explicarle toda la verdad a su hija.

¿Qué pasa?

Ella lo ha hecho con Martín. Es lo mismo. No es lo mismo, Mónica, ya. La

verdad os hará libres.

Cuéntale tu verdad, Mónica. Que te cuente su verdad.

¿Qué verdad?

Tu mujer, que se quiere volver a casa.

Esto no le gusta.

¿Sabes lo que te digo? Que a ti no te vendría mal irte a vivir al país de los

mentirosos. Tú te integrarías antes de lo que piensas. Y ahora... Con vuestro

permiso, voy a hacerle un favor a vuestra hija. ¡Ni se te ocurra! ¡Te lo

digo, te lo digo!

¡Oye, vale! ¡Vale, vale, ya! ¡Que para ya, joder!

¿Te puedes callar de una puta vez, Mónica?

¿Tú puedes dejar de menospreciar a todo el mundo, Lavi? ¿Puedes dejar que

alguien que no seas tú tenga la razón?

Me han ofrecido un traslado.

Sí, en Madrid.

Y me ofrecen un sueldazo.

Tú te podrías dedicar en cuerpo y alma a tus juegos y a tus proyectos y yo podría

estar cerca de mi familia.

Me gustaría estar con mi madre.

No quiero repetir el error que cometí con mi padre.

Y no sé, estos días he estado pensando que sería bonito que Martina y Sofía

crecieran cerca el uno del otro.

Y que tú y yo recuperáramos la complicidad que teníamos.

Me echo de menos.

Reírnos, criticar a todo el mundo.

Sí, ahora a mí me encanta criticar.

Y no sé, pues estos días he estado pensando en esto y me echo ilusiones.

Pero también sé lo que te gusta vivir aquí y sé lo que piensas de los míos. Y

tienes razón, no puedo defender lo indefendible.

Y también entiendo que quieras tener a mi hermana a 4.000 kilómetros de

distancia. Evidentemente no le iba a decir nada, Sofía. Parece que no me

conoces. Porque te conozco, Mónica.

No sé, Olavi, lo siento.

No sé por qué no he sido capaz de contártelo.

Cuando nos fuimos a vivir juntos, estábamos en

igualdad de condiciones.

Yo sin familia y tú lejos de casa.

Y quisimos formar un hogar.

Yo quería tener un niño y una niña.

Todo bien simétrico.

No pudo ser.

Pero... ahora somos una familia de tres.

Y vosotras tenéis la misma sangre y yo no.

Y tú intentas equilibrar la balanza.

Lo haces, lo haces. Y yo... se lo he permitido también.

Deja que yo tome todas las decisiones importantes con respecto a la educación

de Sofía.

Se esfuerza para que le gusten las mismas cosas que a mí, para que sea como

su padre, tan... ¿Cómo se dice?

Pedante.

Iba a decir perfeccionista, pero supongo que tienes razón.

Perfeccionista, sí.

Mónica, no.

Nuria no ha cambiado porque viva en Laponia.

Ha cambiado para que nuestra hija se parezca más a mí que a ella.

Ella tiene miedo de que yo no sienta miedo a Sofía y yo tengo el miedo que

Sofía no... No me sienta suyo.

Dice que es una tontería y no debo pensar así, pero no lo puedo evitar.

Y por eso no me ha contado lo de la oferta de trabajo.

Nuria sabe que volviendo a España se rompería ese equilibrio.

Pero basta.

Basta de esforzarte por mí.

Vamos a España con los tuyos. Yo solo seré feliz si tú lo eres.

Eso sí, tendré que comprarme unos tapones para las orejas, pero...

Pero eso se puede conseguir, ¿no?

¿Estás bien?

Sí.

El truco infalible de la paella para que le guste a todo el mundo es servir la

tarde.

Cuando ya estén todos muertos de hambre.

Lo que pasa es que también puede ocurrir que...

vayas a una comida y tengas poco tiempo para comer y el

resto tienes toda la tarde libre,

entonces pides una paella y tardan en servirla, tú te tienes que marchar y al

final te quedas sin la paella.

Y es una sensación muy frustrante esa.

Porque si un día normal no comes paella, bueno, no la echaré menos.

Pero si la estás deseando,

Y tienes el día marcado y sabes que va a llegar ese día y que te la vas a comer.

Y eso te lo quitan, pues.

Cuesta seguirte, Ramón.

Sí, cuesta seguirte.

Pues que si no tenemos algo, no lo echas de menos.

Pero si lo tienes ahí delante y te lo quitan, eso ya es más jodido.

Nosotros hemos visto a Martín feliz con los reyes magos y con papá Noel.

Y no queremos perderlo porque han sido los mejores años de nuestra vida, los

años más felices.

Igual que Olavi vivía con la ilusión de que la niña fuera genéticamente suya,

y ahora, si ella ya lo sabe, pues ha sido diferente, ¿no?

La arma de la Aurora Boreal.

Pues hay que tomar una decisión.

¿Qué hacemos?

¿Mentimos?

¿O decimos la verdad?

Yo voto mentir.

Ramón.

¿No la vi?

No puedes tragarte tu orgullo.

Tú también quieres mentir.

Vale.

Mentamos.

Mira, a puros regalos. Ramón, ven.

Yo no he votado.

Ya sé que no hace falta que lo haga, pero... ¿Qué pasa?

Crecemos creyendo en la magia y luego nos damos cuenta de que te hagan trucos.

Porque la nieve se deshace y empiezas a ver la mierda que se esconde debajo.

Pero un día tienes hijos.

Y quieres que crean que el mundo es precioso.

Y les enseñas la nieve.

Y dices que sin querer te vuelves a enamorar del invierno.

No, miento.

Te enamoras de cómo tus hijos se enamoran.

Te enamoras de su felicidad.

La diferencia es que nosotros sabemos que al final la nieve se va a derretir y

todo se va a embarrar y la mierda escondida va a salir a la luz.

Y luchamos para que ellos no lo vean.

¿No? Para que no lo sepan.

Es que al final siempre llega la puta primavera finlandesa.

Es inevitable.

Y que ellos lo sepan también.

Yo no quiero seguir tapando con esa nieve la realidad.

Antes o después se lo vamos a tener que decir.

Y si se lo decimos cuando sea más mayor va a ser más difícil encajarlo para

ella. Y que se va a enfadar.

Y con razón.

Yo quiero decir la verdad.

Y cuanto antes lo sepa creo que va a ser mejor.

Me... Me ayudarás cuando lo hagamos.

Yo he imaginado muchas veces la escena y... Yo frente a Sofía y...

Tranquilo.

Lo haremos juntos.

Y lo haremos bien.

Pues yo no quiero decir la verdad.

Y Ramón tampoco.

Nosotros queremos seguir mintiendo. Mónica, espera, espera.

¿Qué?

¿Por qué quisiste que vinieramos aquí?

No sé, ¿de qué me hablas? Sí, sí que lo sabes, sí que lo sabes.

Aquí ya nadie oculta nada, todos hemos contado nuestras verdades.

¿Por qué quisiste que vinieramos? Va.

Pues... un compañero de clase de Martín hace dos semanas le dijo que Papá Noel

no existía.

Yo lo sabía.

No. No del todo, porque yo le dije a Martín que ese compañero se equivocaba y

para demostrárselo le dije que le llevaría a la casa de Papá Noel.

Y le pediste que no me lo contara, ¿por qué sí?

Y me lo contó.

Me lo contó, Mónica, porque a ti no te acababa de creer.

Yo creo que se enfadó tanto Martín en el aeropuerto, ¿sabes por qué?

Porque no te quería defraudar.

Él quiere creer porque tú quieres que él crea.

Si yo lo único que quería era no perder la ilusión.

Mira, yo te digo, y te juro que te lo digo de verdad, que vamos a encontrar

mil ilusiones por ahí.

Muchas más, ya verás. Miles.

¿Dónde? No lo sé, pero te lo prometo.

La aurora boreal.

Ay, ay, ay, ay.

¿Te cuento una cosita?

Sí.

En los límites...

De la tierra y el mar hay un gran abismo donde aparece un camino que lleva al

cielo. Cada día lo atraviesan los espíritus.

La luz de la aurora boreal son sus antorchas encendidas.

Y ese silbido que a veces se oye es la voz de estos espíritus intentando

comunicarse con nosotros.

De pequeño, cuando iba a dormir, Cerraba fuerte los ojos y creía oír a mis padres

diciéndome, buenas noches, pequeño, hola.

Es magia.

¿Cómo no sentir cierto vértigo?

¿Cómo no quererse bajar?

Toma mi pistola y mi placa para allá.

En las jardineras de tus pensamientos.

En momentos que desmontan la verdad.

¿Quieres hablar o no?

¿Quieres contármelo?

Padres huérfanos, hijos de la conciliación.

Malas madres chocando copas de balón.

Como hermanas de sangre.

Que nos delance la

tripulación.

Que no lleguemos tarde.

No nos falle la iluminación,

que no nos falte nadie.

En fotografías y en el firmamento

quieres hablar o no, quieres

salvar.

Padres huérfanos, hijos de la conciliación,

malas madres chocando copas

de balón.

Padres huérfanos, hijas que nos dicen

adiós en la noche del estragador.

Demasiadas son las crisis, demasiadas son

las crisis para no decirles solas la

verdad.

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