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Llegamos a nuestro penúltimo encuentro
y en comparacion a como estabamos,
muchas cosas han cambiado.
Lamentablemente, no para bien.
¡Me pusieron de última!
Pero ¿cómo?
Sí, sí. Me pasaron personas que el año pasado estaban debajo.
Mi madre a pesar de la esperanza, aún era sustituta.
Y no porque sea mala sino que había descubierto
que un maestro para hacer carrera, además de estar preparado
debe tener otros requisitos.
Todo es una porquería.
No es una ciudad normal, ¿entiendes?
Entonces en Palermo, para ganar debes estar en el equipo correcto.
¿Y cómo lo hacemos?
Debes estar dispuesto a aceptar...
...un patrocinador poderoso.
Mi padre se arrepintió porque en estas cosas no es bueno.
Y mi tio Massimo que se jactaba de ser bueno,
terminó arrestado.
Aquí hizo nuevos amigos, pero de uno en particular...
...muy importante.
Todo gracias a mi madre,
que ocultaba un pequeño secreto.
¿Tommaso Bucetta?
¿Saliste con un capo?
Pero el verdadero secreto que la alejaba de mi padre,
no lo sabía nadie, por suerte.
Por mi parte, descubrí el secreto de Sebastiano.
Digo que era ella, la madre de Sebastiano.
¿Qué significa?
Que es mentira que el padre es marino.
¿Está preso?
Aprendí algo importante.
Un amigo de verdad sabe cuando es mejor mentir.
¿En Moscú? Pero en Moscú no hay mar.
¿Cómo no?
Eso no es el mar, es un rio, el Moscova.
Es más grande que el mar.
Mi hermana, por otro lado, no tiene secretos, es tan inocente.
Y tambien porque el pobre Torino, como pretendiente es peor que yo.
Estabas con el tonto de la moto que jugaba a ser revolucionario,
luego, con un hijo de papá. ¡No puede ser amor!
Y tú que sabes del amor.
Y con Alice, no habia progreso.
Entonces ¿serás su novia?
¡No!
Sé que el mundo está lleno de mujeres.
Pero llega el momento en que un hombre
comprende que mujer hay una sola.
Y es que en prisión, mi tio no solo ha encontrado una esposa
sino que también una nueva familia
y esta era para siempre,
porque Cosa Nostra era un poco conservadora.
No daba el divorcio.
Es nuestro deber no dejar solos a nuestros chicos
que están luchando por nosotros.
Chicos que no tienen miedo de desafiar al gigante Goliat,
chicos que saben que el futuro de nuestra ciudad
depende de ellos.
Nunca habíamos orado tanto en la historia de Palermo.
En 1979 el consuelo religioso lo necesitaban muchos:
los valientes hombres de la escuadra de Boris Giuliano
y los jueces antimafia
y los comerciantes valientes que les decían "no" a la mafia,
pero en esos días,
las oraciones iban dirigidas a otro grupo de valientes.
Oremos por Chimenti.
Escúchanos, Señor.
Por Frison.
Escúchanos, Señor.
Por Di Cicco.
El equipo del Palermo tenían una misión titánica:
desafiar a la Juven en la final de la Copa de Italia
que se jugaría en el estadio San Paolo de Nápoles.
Oremos por el santo Palermo fútbol.
¡Arriba, Palermo!
¡Arriba, Palermo!
Y nadie consideraba que podíamos perder.
No era solo un juego sino una revancha histórica,
Dios finalmente, nos veía y nos llevaría a la gloria.
Los palermitanos tenían la esperanza
de que ese partido pudiese cambiar el destino de la ciudad.
Tenga cuidado, ¿sí?
Lo siento, señor, estoy pensando en el juego.
Escuché que si Palermo gana,
quizá vengan algunas industrias y produzcan dinero.
Y ladrones.
Y harán rascacielos como en Nueva York.
¡Y cosas bellísimas!
¿Sí? A mí me basta con que remodelen la escuela.
Descuide, director, este año el Palermo lo logrará.
Tiene estrategias viejas.
¿Viejas? ¿Y cómo ganará?
Ayala, di algo.
¡Antonio!
En aquellos días,
todos los palermitanos tenían un sueño
que esperaban que se cumpliera.
Quizá incluso nos llegue el agua directamente del mar.
¡Quiza!
Mi madre dijo que si ganamos, mi padre regresará a casa.
¿De veras?
Sí, porque volverá para festejar.
Quizá no haya clases,
cerrará todo como en Santa Rosalía
¡como una fiesta nacional!
Y yo también me dejé llevar
por los sueños imposibles de Sebastiano
y le confié a la victoria mis problemas amorosos.
Sí.
Y en medio de la fiesta entre los fuegos artificiales,
finalmente... Alice y yo nos besamos.
Bueno, hay milagros de milagros.
¡No, no, no! ¡Maldita sea!
Brio y Virdis van a jugar y estaban lesionados.
¡Diablos!
Pero ¿no lo entienden? Es algo bueno.
¿Bueno?
Claro que sí.
Si creen que Palermo perderá, aumentarán las apuestas
y ganaremos mucho dinero.
¡Estupendo!
¡Arriba, Palermo!
¡Arriba, Palermo! ¿Las apuestas?
Lorè, ven que te lo explico.
Vamos a apostar en clandestino a que Palermo ganará.
Ganaremos mucho dinero. ¡Vamos, apostemos!
Yo tomo nota, vamos. Listo.
Esta es mi parte, apúntame.
Listo.
¿Tú? Lorè, ¿no quieres ser rico? ¡Vamos!
Está bien por la adrenalina de jugar.
Toma. ¡Cinco mil liras!
¿Y qué haces con eso, Lorè?
No seas tímido, vamos.
¡Entonces... diez mil!
Lorè, te lo explico brevemente porque odio las matemáticas.
Si quieres ganar millones, debes apostar mucho más.
¡Millones, millones, Lorè!
Yo aposté 200.000 liras.
¿Millones, Cusumano? ¿Acaso estás bromeando?
Lorè, tienes que confiar.
Podrías incluso comprar una casa.
Lorè, vamos.
Piensa en los millones.
En ese momento,
en la cabeza de mi padre hubo una reacción en cadena.
Millones, igual a préstamo, igual a casa nueva,
igual a mamá feliz.
Millones...
¡Toma 500.000!
¡Diablos!
¡Arriba Palermo!
Ese momento de locura no abandonó a mi padre,
que esa mañana se había jugado casi todo su salario.
En su oficina,
empezó a perderse en cálculos cada vez más abetrusos,
convencido de que la victoria lo reivindicaría con mamá
y de todas las decepciones que estaba sufriendo.
Maestra Pía, la estaba buscando.
Disculpe, le hablaré sin rodeos porque no tiene sentido.
Incluso Abala sabe cómo son estas cosas.
¿Qué cosas?
Acaba de llamar la colega Puritano,
dice que está bien y que quiere volver a clase.
Lo lamento porque faltan pocas semanas para terminar,
y los niños la quieren, pero ya no la necesitamos.
¿Desde cuándo?
Desde este jueves. Lo siento mucho.
Si necesita algo, aquí estoy.
Sí, lo sé, director gracias.
Lo siento, Pía.
¿Pensaste en lo que te dije?
Tú y yo, una nueva vida.
¿Cómo te lo digo, Antonio?
No.
Pero sí lo pensó, lo pensaba muchísimo.
Le daba vergüenza solo considerarlo.
Era como una fiebre
que subía en medio de esperanzas y decepciones
y en su corazón todo era confusión:
la escuela, la familia, su amor por papá.
Señora, ¿cuánto cuesta encender una?
Cien liras.
¿Solamente?
Le pondré diez.
¿Que?
No, nada, gracias, gracias.
Lo sé, es una locura.
Pero necesito ese dinero.
Me conformo con un gol, uno a cero está bien.
Soy una persona humilde.
Si vas a pedir un favor,
arrodíllate allá, no aquí.
No lo sabia, señora.
Lorè.
¿Qué haces aquí?
Nada. Pasaba por aquí.
Me dieron ganas de rezar, ¿y tú?
Igual, pasaba por aquí
y pensé en rezar un poco por el alma de papá.
De acuerdo, ¿qué hacemos? ¿Rezamos juntos?
Ven.
Anda, ven mañana.
No sé, desde hace una semana que todos hablan de eso.
Vamos, ven.
Bueno, yo sí iré, hay uno demasiado lindo.
De hecho, iré para verlo.
Buena suerte, chicas.
- Adiós! - ¡Adiós!
¿Irás mañana también?
- ¿Adónde? - Al juego.
No.
¿No? ¿Un hombre al que no le gusta el fútbol?
Odio a la Juve. ¡Mi corazón es granada!
¿Granada?
Granada, sí, es el nombre del Torino,
el verdadero equipo de la ciudad, el glorioso.
¿Por qué no salimos juntos?
Mientras todo el mundo ve la televisión
nosotros disfrutaremos de la ciudad vacía.
Verás a Palermo como nunca la has visto.
Seguro que te enamorarás.
¿Por qué pones esa cara?
Entre los muchos que hacían fila para un milagro, estaba Marco.
El único palermitano
que no le confió sus sueños a ese partido
era un muy respetado prisionero de la cárcel de Palermo.
Don Masino.
Massimo.
¿Puedo?
¿Qué? Pues, claro, entra.
Siéntate. ¿Qué pasa? Habla.
Me soltarán.
Retiraron todos los cargos.
Nuestro abogado sabe lo que hace, ¿no?
¿Ya lo sabía?
Claro.
¿Crees que no me entero?
Ahora que eres de la familia, ¿crees que te dejaré solo?
¿Por qué pones esa cara? ¿Preferías quedarte aquí?
Deberías estar contento. Me estás preocupando.
¿Qué te pasa?
No, no, no, estoy feliz.
¿Pero?
Siento dejarlo.
¿A mí?
¡Massimo!
¿No lo entendiste?
Desde ahora tú y yo, somos lo mismo.
Me caíste bien enseguida porque somos iguales.
Sí, eres un tipo vivaz, entiendes enseguida las cosas,
sabes cómo comportarte
y sabes cuál es el momento para guardar silencio.
Es un arte difícil.
Ahora...
Tenerte afuera nos serás muy útil. ¡Muchísimo!
Don Masino, haré lo que pueda como guardabosques.
¿Qué guardabosques, Massimo?
Para ti tengo en mente un futuro brillante,
entre gente importante.
Ahora te codearás con gente que tiene dinero.
Eres uno de nosotros.
Ya hablé con algunos amigos, y te están esperando.
Ve.
No lo decepcionaré, don Masino.
Se lo juro.
Dímelo de nuevo.
No lo decepcionaré, don Masino. Se lo juro.
Te creo.
¡Vamos!
Tengo cosas que hacer, cosas importantes.
¡Muy importantes!
Gracias.
- Gracias, don Masino. - De nada.
Estás preciosa.
¡Hola, por fin!
- Ve. - ¡Amor!
No puedo estar sin ti, no puedo, no puedo.
No te dejaré nunca.
Amor, nos esperan grandes cosas.
¿Cómo estás?
Bien, bien, ya no aguantaba más.
Patrì, la maleta.
Hice una lasaña de berenjenas buenísima.
¡De veras! ¡Cielo santo!
- Esperen. - ¿Estás contento?
Se olvidó de mí.
Quizá tuvo una emergencia.
Ya llegará.
No, mi papá siempre lo hace.
Me dice que vendrá, que estaremos juntos
y luego me deja aquí.
Quería estar con él.
Salvù, lo siento, la oficina era un caos.
¿Nos vamos?
Alice, ¿qué pasa?
Su padre debía buscarla y llevarla al torneo de tenis
porque tenía un juego importante.
Por el tenis, se olvida de todo;
de su trabajo, de mi mamá y de... de mí.
¡No! ¡Claro que no!
Tu papá me pidió el favor de que te viniera a buscar.
Me dijo que te llevara. porque sin ti, no gana.
¿De acuerdo? Vamos, vamos.
¿Viste que no lo olvidó?
¡Qué lindo!
Ahí está papá.
De acuerdo. Esperemos a que termine.
Siéntense aquí, iré a hablar con él.
Lo sé.
¿Qué cosa?
Que tu papá inventó todo eso para que me sintiera mejor.
Estoy contenta igual.
Tu papá es como tú, tienen un buen corazón.
¡Pausa!
¡Maldita sea! ¡Diablos!
Hola, Dr. Guarneri, soy Lorenzo Giammarresi.
¿Le parece el momento de presentaciones? Lo siento.
No, pero su hija Alice...
¡Diablos, Alice! Lo olvidé por completo.
No, descuide, tranquilo. Yo la busqué. Ahí está.
Hola, papá.
Hola, preciosa.
Disculpe mi reacción.
No, descuide. Lo entiendo. La adrenalina del juego.
De verdad, es muy amable.
No sé cómo agradecerle. ¿Puedo hacer algo por usted?
Cuando se encontró frente al gerente del banco,
pensó que había un camino más seguro para comprar la casa
y así, hacer feliz a mi mamá.
¡Deme un préstamo!
¡Eso es muy fácil! Es mi trabajo.
No, estaba bromeando.
Ser emprendedor es una virtud.
¡Tiempo!
¡Ya voy! Debo ir a jugar, disculpe.
Quisiera hablar más con usted.
¿Quiere venir a ver el partido mañana en nuestra casa?
Los niños jugarán juntos
y nosotros nos ocupamos de nuestros asuntos.
Ahora yo no sé qué decir.
No diga nada. Venga y ya. Lo espero, ¿sí?
Por supuesto.
- Adiós. - Gracias, gracias.
En ese momento, mi padre tocó el cielo,
porque de una forma u otra conseguiría esa casa.
Salvù, vámonos. Despídete.
Adiós.
- Adiós. - Adiós.
Entra.
- Hola, mamá. - ¡Hola!
¿Estamos listos para entrar en la alta sociedad?
¿De qué hablas?
La familia Giammarresi entre la gente importante.
¿Te has vuelto loco?
¡Sí, me volví loco!
Tengo el placer de informarle a usted, señora
que nos invitaron mañana por la noche
a casa del Dr. Luigi Guarneri,
el papá de Alice y gerente del banco,
para ver la final entre los tontos de la Juventus
y los valientes del Palermo.
¿Por qué con los Guarneri?
Nos hicimos amigos por casualidad.
Descubrimos que tenemos muchas cosas en común,
incluyendo los hijos.
¿Te invitaron así de pronto?
Disculpa, Lorenzo, no tengo nada que ponerme.
Estarán todos muy elegantes. ¿Tenemos que ir?
Claro, Pía, es un partido de fútbol.
Uno no va al estadio con vestido de gala.
Pero no vamos al estadio, vamos a su casa.
Pero será algo informal y para ti es importante.
Y así salimos, conocemos gente nueva,
quizá hagas amistad con la esposa.
No creo estar de ánimo.
¿Qué dices, Pía? ¿Te perderás el partido del siglo?
¡Vamos! ¿Tienes el valor de decirle a tu hijo
que no verá el juego con Alice?
Por favor, mamá, te lo pido. Son muy simpáticos, de veras.
No digas que no. Te lo ruego.
Pero ¿cómo te digo que no? Ven con mamá.
Mi padre estaba seguro de haber encontrado un santo
dispuesto a ayudarle sin compromiso o intimidación,
lo que sí había aceptado mi tío Massimo,
que ya estaba en la rampa de lanzamiento.
¡Vaya auto!
¿Qué te parece tu hermano?
Vamos niños, saluden al tío.
¡Es espectacular!
¿Qué? ¿No te oí?
¡Espectacular!
Hola, tío.
¡Qué bello y tú también!
¿Y mi camisa qué tal?
¿Un auto nuevo?
¿Cuánto ganas en este trabajo?
Gastar dinero hace bien. Aumenta el optimismo, ¿sabes?
¿Qué te llevas cuando mueres? ¡Solo esto te llevas!
Pero hay que tener dinero.
Mira. Mira.
No lo toques.
¿Cómo?
¿Quieres dar un paseo?
Cuidado, es veloz.
Vamos a comer.
Además del auto, ¿y esa ropa?
¿Por qué? ¿No te gusta el saco?
¡Es precioso!
Te lo regalo. ¡Vamos, vamos!
El tío Massimo tenía dos santos.
Pasa.
Massimo, entra.
Esta es nuestra pequeña cueva.
Nuestro refugio.
Los hombres de honor de Salemi: Nino e Ignazio Salvo,
de los empresarios más ricos en Sicilia.
Massimo, por aquí.
Los primos Salvo tenían un verdadero imperio
en varios campos.
Pero su negocio principal eran las aduanas regionales,
una máquina financiera capaz de producir mucho dinero.
Muchísimo dinero.
- Don Masino. - Don Masino.
Don Masino.
Don Masino nos habló muy bien de usted.
Bueno, yo...
¿Qué es el Evangelio para los primos Salvo?
¿Qué es?
La palabra de don Masino.
También para mí: Don Masino es el Evangelio.
Yo espero estar a la altura de todo este honor.
Massimo, solo debes seguir una sola regla.
Una sola.
Díganme, estoy aquí para aprender.
Como mi primo Nino siempre dice.
"El dinero trae más dinero. Los piojos traen más piojos".
¿Y qué somos? ¿Piojos?
No.
¿Acaso los primos Salvo se aprovechan de la gente pobre?
No.
- Viste? - Como dijo don Masino.
¡Don Masino!
Establecemos un orden, arreglamos las cosas.
Lo entiendo.
Entendió esa regla enseguida
y naturalmente, la aplicó a su manera.
¡No tengo más dinero!
¿Cómo se lo tengo que decir? ¿De dónde sacaron esa cifra?
Por mí, pueden venir y saquear mi pescadería.
¿Y qué hacemos? Ni siquiera pescados tiene.
Yo ya no tengo dinero. ¡No tengo!
¡Mire! ¡Mire!
Me lanzaré por la ventana. ¡Me lanzaré de cabeza!
¿Cómo? ¡Si está cerrada!
Pues, la abro!
Ya basta, deje la escenita.
Siéntese.
¿Hace falta hacer de esto una tragedia griega?
Hay otras opciones.
Hable.
Bien.
Puede venir de vez en cuando y me da algo.
Entonces lo que esté arriba, lo ponemos abajo.
Cuando venga el Estado a pedirle dinero...
...¿qué tiene que hacer?
¿Qué debo hacer?
¡Dígame! ¿Arriba o abajo?
Bueno... pues... usted la puso...
- Arriba! - Arriba!
Vuelve aquí, me da algo y lo ponemos debajo de nuevo.
Así estará tranquilo.
¿Es seguro?
Seguro como la muerte.
Los Salvo velan por los intereses de Sicilia,
somos como familia.
De hecho, los Salvo cuidaban sus propios intereses.
Eran generosos con los políticos
y sobre todo, con la Democracia Cristiana
y los políticos sicilianos les correspondían el afecto.
¿Derroche de dinero público? ¿Como dicen los comunistas?
"Distribución equitativa".
Es una distribución equitativa de los recursos.
¿Distribución equitativa?
Los demás recibimos el 3% para pagar impuestos,
y los primos Salvo se embolsan el 10% de nuestro dinero.
¡"Se embolsan"!
Ustedes los comunistas siempre sienten que los roban.
La Sicilia es una región autónoma.
Y nosotros, de forma autónoma, decimos que el 10% está bien.
¡Bien, bien!
Honorable colega, no se enoje, el 10% es más fácil de calcular.
A estas alturas su padre ya habría preguntado:
"¿Por qué viniste?"
¿Qué hay de nuevo? ¿Tengo que preocuparme?
Nada de qué preocuparse.
Debemos darles una buena noticia.
Señora Mari, ahora se codea con la gente importante.
Anda, búrlate de mí,
pero siento que este trabajo lo he hecho toda la vida.
Lo llevo en la sangre
y me gusta y me paga bien.
Y todo el mundo dice que es muy bueno. ¡Todos!
Pueden imaginarse que... ¿Puedo decirlo?
Por supuesto.
Es algo importante.
Mañana, los Salvo nos invitaron a ver el partido en su casa.
Les caigo bien.
Creo que lo ascenderán, como mínimo, seguro.
Bueno, ya veremos. No nos adelantemos.
En fin, no es por eso que estamos aquí.
Debemos decirles algo importante.
Dense prisa que soy vieja.
¿Recuerdas cuando vinimos aquí que papá todavía...
...vivía?
Sí.
Les presenté a Patrizia.
En esa ocasión le dije que me casaría con ella.
Me casé con ella porque la amo
y porque soy un hombre de honor y de palabra.
¿Y cómo fue eso, a escondidas?
No, no.
Como dos convictos.
¡Ya basta!
¿Qué dijiste?
Nada.
No, ¿qué dijiste?
Así, como dos convictos.
¡Pero qué simpático!
Estoy bromeando.
- ¿Y por qué no bromeas afuera? - Bueno, basta.
Mamá, estábamos de vacaciones.
En prisión.
¡Lorenzo, basta!
Fuimos al norte y me dieron ganas de hacerlo.
Le pregunté a ella si le parecía una tontería.
Me dijo que no
y sin pensárnoslo, vimos una iglesia, entramos y...
Dije que sí porque lo amo con locura.
Te amo con locura.
Y yo a ti.
Ven aquí.
¡Que vivan los novios!
¡Que vivan!
¡Un brindis, un brindis!
Vamos, mamá.
¿Qué pasa? ¿No estás feliz?
Sí, claro.
¡Por el amor!
Por el amor.
¡Diablos, música viejal
¿De dónde sacaste esto?
Aquí hay otro.
Gracias.
Y ya terminamos.
¿Estás cansada?
Un poco.
Cocinaste para toda esta gente.
A veces hace bien.
Pía. No se lo digas a tu hermano,
pero entiendo las cosas aunque no me las digan,
gracias a tu papá.
¿Hizo algo malo?
No, no. Fue un malentendido.
- ¿Seguro? - Sí, tranquila.
- ¿Seguro? - ¡Sí!
¡Menos mal!
Porque hoy lo vi feliz como nunca.
- ¿Verdad? - Sí, se nota que está feliz.
Y Patrizia está un poco loca.
Pero es buena chica y lo quiere muchísimo, se nota.
Lo quiere de verdad.
¿Qué más puede querer una madre? Es lo mas importante.
¿Y tú, Piuzza?
¿Qué?
¿Cómo vas con Lorenzo?
Bien, todo bien.
- ¿Seguro? - ¿Por qué?
Nada, solo pregunto.
- Haré el café. - De acuerdo.
Ya me cansé, hagamos una pausa.
No, no.
Se me olvidó cómo bailar.
¡Oigan!
Descuida, todos somos familia.
Debes admitir que esta noche me porté bien.
¿Bien?
No dije nada, me quedé callado.
Lorenzo, ¿estás bromeando?
Según tú, ¿uno trabaja con los Salvo así nada más?
Entonces me porté bien.
¿No es que estuviste callado?
¡Si me lo dices, me quedo callado!
Te portaste bien.
Quiza debas decírmelo de nuevo dentro de poco.
No, amor, estoy muy cansada. No puedo hacer el amor.
Pero si quieres, te lo digo igual.
¡Muy bien!
De hecho, mi papá pensaba en cómo mejoraría nuestra vida
gracias a la amistad con el Dr Guarneri.
Hoy mi mamá lo preparó todo, la pasaremos muy bien.
Sería bueno si nuestros padres se hicieran amigos.
Sería genial, así pasaría más tiempo con papá.
Y contigo.
Escuchar esas palabras
fue cómo oír las campanas del Paraíso
que sonaron festivamente hasta el gran día.
Buenos días.
¡Los turineses tienen miedo!
Viniste porque quieres jugar. 50.000 liras más, ¿no?
No, claro que no. De hecho, quería preguntarte...
¿Estoy aún a tiempo de recuperar las 500.000?
¡No, Lorè! Si ya apostaste, despídete de ese dinero.
Entonces...
¡Claro! ¿Cómo se te ocurre?
De acuerdo.
De todas formas, Cusumano, sé que hoy ganaré igual.
¡Hoy ganaré!
Para nadie era un día normal.
¿Por qué te vestiste así?
¿Y tú? ¿Luego de clases, no verás el juego con Fofò?
No.
¿No? ¿No verás el juego?
Sí lo veré.
¿Dónde?
En casa de Alice.
¡Pillo!
No vendrá a tu casa a ver el juego.
¿Por qué?
No, Fofò, mi papá tiene un compromiso.
Es importante para él.
Al menos trata de convencerlo. Si vienes, nos divertimos mucho.
Lo haría, pero no puedo.
Pero ¿por qué?
Fofò, eres un tonto.
¿Sabes por qué no puede venir esta noche?
Porque verá el partido en casa de Alice.
¿Entendiste?
Siempre pensé que los amigos eran mas importantes
que las mujeres, un error de juventud, digamos.
Otro punto y terminamos.
Hágalo bien. Esta noche debo dar una buena impresión.
¡Por supuesto!
Pero de veras preferiría quedarme contigo.
Mis padres no escuchan razones y debo ir con ellos.
No te preocupes. Lo entiendo.
Y lo había planeado todo. ¡Mira!
Íbamos a subir por la plaza la Vergogna,
atravesábamos una calle preciosa y llegábamos a la catedral.
Bajábamos por San Domenico a la plaza Marina.
Era un buen plan. Pero desafortunadamente...
Con que lo hayas planeado me basta, es un lindo gesto.
¿No estás enojado conmigo?
No. ¿Cómo podría?
Podemos hacerlo en otra ocasión.
Todo muy bonito y romántico.
Pero si piensan que por fin él se le declarará
y ella entenderá que siente algo por él,
están subestimando a "Torino" y a mi hermana.
Es linda. ¿La conoces?
No.
Se nota que le gustas, no te quita los ojos de encima.
¿Qué dices?
¡De verdad!
En fin, el plan es genial y podríamos hacerlo...
¿Estás cambiando el tema? ¿Te gusta?
Bueno, debería irme.
¿Por qué? ¿Qué tienes?
Nada, no quiero interferir.
No. Ángela...
"Torino", buena suerte.
Oye, disculpa, ¿me ayudas?
Sí.
Claro.
Gracias.
No podía sola.
No podría haberlo hecho sin ti.
- No hay problema. - ¿Cómo te llamas?
"Torino".
No, Marco, me llamo Marco.
Y yo, Simonetta. Encantada.
Encantado.
¿Me veo bien?
Te ves bella, amor, como de película.
Me veo horrible, me he cambiado de vestido muchas veces,
¿Qué dices?
Siempre estás bella, siempre.
Es que mañana es mi último día de trabajo
y me siento terrible, soy muy sentimental.
Mi amor, ya verás que nada te hará falta.
No me vestiré así Alice pensara que soy tonto.
¡Qué lindo!
Papá.
Teléfono, lo siento.
¡Qué lindo! Déjame arreglarte la camisa.
Salvado por la campana.
¿Aló?
¿Giammarresi? Me llamo Gianfranco Mennini.
Trabajo para el Dr. Guarneri. ¿Es un mal momento?
No, para nada. Dígame.
El Dr. Guarneri se disculpa pero debe cancelar la cena.
¿Le pasó algo grave al Dr. Guarneri?
No, tuvo una emergencia laboral. El trabajo nunca se termina.
Entiendo, entiendo.
El Dr. Guarneri me dijo que no olvidó lo que hizo.
Él lo llamará. Que disfruten el partido.
Gracias y buenas noches.
Adiós.
Lo siento, Salvuccio.
¿Qué pasó?
Guarneri canceló, nada qué hacer.
Bueno, amor, es una cena.
Sí, lo sé, es solo que...
Lo lamento por Salvuccio.
Para mi padre, fue una ducha de agua fría.
Se pospuso una vez más la cita con su salvación personal.
Parecía una maldición.
Pero aquello le dio otra oportunidad a los jóvenes.
¿La aprovecharían?
¿Qué haces aquí?
No fui a la cena
y pensé que tal vez alguien me estaba esperando.
¿Llegué a tiempo?
Claro.
¡Entonces, vamos!
Esperando el silbato inicial,
todos pensaron en los milagros que habían pedido.
Aquellos que no necesitaban ningún milagro
estaban en casa de los Salvo.
Me tiemblan las piernas.
Carino, es nuestra noche, debemos destacarnos.
¿Puedo?
¡Por nosotros!
¡Qué bella eres! Quiero comerte.
No digas eso que me provocas.
Los Salvo.
- ¿Ellos? - Sí.
Massimo.
Querido Massimo, no bebas mucho.
Tenemos que hablar luego. Hay muchos planes en juego.
¡Cómo no!
Sí.
Querida señora.
Permítame.
Comienza el partido.
A su disposición.
Gracias.
Gracias.
- Adiós, Massimo. - Adiós.
Veamos el juego.
¿Quiénes juegan?
Palermo y Juventus.
¡Arriba Palermo!
Claro.
Bueno, Salvù, es mejor así.
Sí.
Estamos tranquilos en casa. Cerveza, aperitivos...
¡Arriba Palermo!
Hagamos lo siguiente...
Festejemos. Un poco para ti.
Rompamos las reglas, toma un dedo. ¡Arriba Palermo!
Ya empieza.
¡Vamos, vamos, vamos!
-¡Sí, sí! - ¡Sí, bien!
¿Es penalti?
¡Gol!
El gol al minuto dos
hizo desaparecer todos los malos pensamientos,
y lo mismo pasó en cada casa de la ciudad,
y sobre las alas del entusiasmo, todos los palermitanos
comenzaron a creer en sus sueños de verdad.
¡Pía, marcamos gol! ¡Arriba Palermo!
Mi padre sentía los millones en el bolsillo,
Sebastiano contó los dias
que lo separaban de tener a su padre en casa.
¡Gol!
Antonio Ayala se convenció de que si Palermo podía ganar,
para él no era imposible
hacer que una mujer casada superase sus miedos.
¡Arriba Palermo!
Mi madre, sin embargo, con un poco de vergüenza,
imaginó como podía alargarse la convalecencia de Furitano
a quien le hizo la suplencia.
¡Esta condenada rodilla!
¡Arriba Palermo! ¡Arriba Palermo!
¡Arriba Palermo!
Y ahora lo que más me gusta.
Y en esa euforia colectiva,
Ángela y Marco se estaban acercando.
Nunca había visto tanta belleza junta.
¿Qué?
¿Nunca la habías visto?
Por la noche no, no se me había ocurrido.
"Torino".
¿Y entonces? ¿Te enamoraste?
¡Vamos!
Admítelo.
¡Sí!
¡Lo logré! Si llevas a la rubia a dar el mismo paseo,
seguro que la conquistas.
Claro, tienes razón.
No te hagas el tonto.
No eres el primero al que le gusta una chica.
No había nada que hacer,
el primer milagro que esa noche debió cumplirse,
se había perdido.
Vamos.
Juventus somete al Palermo en su mitad de campo.
Minuto 84 y el delantero de la Juventus, Tardelli,
cruza al campo de Palermo...
¡No, no, no!
¡Eres un imbécil!
Luigí, ¿te va así también en los negocios?
No te confiaremos el dinero.
¡Déjenme en paz!
¡Devuélvenoslo!
¡Déjenme ver el juego!
Sí, es él, el Dr. Guarneri, el padre de Alice,
el santo de mi padre,
el que canceló la cena por un compromiso muy urgente
y quizá fue bueno que nuestras familias no se juntaran,
porque a partir de entonces fue una catástrofe.
¿Cómo? ¡Otro gol!
Para Palermo fue imposible recuperarse luego de ese gol
anotado a tres minutos del final del segundo tiempo.
Los sueños de gloria se habían desvanecido.
A la mañana siguiente, Palermo se despertó adolorida.
¡Palermo! ¡Maldita sea! ¿Cómo me haces esto?
Palermo perdió, se perdió dinero
y se canceló la cena de los Guarneri.
Por primera vez en 20 años, mi padre no fue a trabajar.
Mi madre mientras tanto, enfrentó su último día
con el paso de un condenado a muerte.
Su corazón le pesaba porque había demasiadas cosas
y sobre todo, personas de las que debía despedirse.
¡Buenos días, maestra Pía!
Venga, maestra. Acérquese. Vea lo que le regalaron.
Gracias, no tengo palabras, me hicieron llorar.
Muchas gracias.
Siempre estará en nuestros corazones.
Ustedes también.
El corazón de mi madre
era una maraña de sentimientos y emociones.
Las cosas bellas se mezclaban con las malas
y ella no entendía nada.
Es lo que hacen las sorpresas: tomarnos desprevenidos.
Vengan todos con la maestra Pía.
Pía.
¿Nos despediremos así?
Adiós, Antonio.
- ¿Y cómo nos despedimos? - Adiós, Pía.
- No así. - Adiós.
Me entristece no verte más.
Y te vas así, con frialdad, como si no fuéramos nada.
Antonio, contigo he pasado momentos muy lindos.
No los olvidaré.
Dime que te veré de nuevo.
Por favor, dímelo.
Mi padre sabía que esa mañana sería difícil para mi madre
y dejó de lado sus derrotas
y se presentó con lo único que podía ofrecerle: su amor
Todos los fantasmas que apenas había enterrado
volvieron a la superficie.
El partido del Palermo había cambiado nuestras vidas,
lamentablemente, para peor.
Ya se acabó la velada. Vámonos a casa.
Debemos esperar.
Nuestro Massimo.
El hombre de números increíbles.
Han sido muy amables.
Tiene suerte de tener a un hombre así a su lado.
Sí, sí, pero ahora discúlpenos, debemos secuestrar a su esposo.
Solo unos minutos.
Usted lo tendrá toda la vida.
Vayan, con confianza.
Massimo.
Sí, enseguida regreso.
Massimo, sé que eres listo, por eso no hablaré con rodeos.
Díganme.
No me gusta hablar de estas cosas
me da fastidio.
Pero hay un piojo que no escucha y si no escucha, no paga.
Tienes que aplastarlo.
¿Sabes cuántos piojos creen que no tienen que pagar?
¿ "Aplastar" en qué sentido?
¡En ese sentido!
¿Entendiste?
Buenas noches.
Buenas noches.
Massimo
¡Oye!
Sí.
Vamos.
¿Todo bien?
Sí, sí, vamos.
Pero la vida del tío Massimo
lo había convertido en un incubo.
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