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Zulu
Dos.
- ¿Qué hace? - Tres.
- Es que debe sacar cuatro. - Cuatro.
¡Cuatro!
¡Lo logré!
Papá, dame dos casas y dos hoteles.
Papá, dame dos casas y dos hoteles.
Ya voy.
Dame dos casas y dos hoteles.
¿Qué es esta ansiedad para construir casas?
Ya no tendríamos una casa nueva,
pero teníamos un motivo para seguir, como decía papá.
Tienes cuatro, cinco casas. ¿Acaso son todos empresarios?
Lo importante es sentirse bien en la casa, ¿no?
Y yo quiero construir una, al menos. ¿Me dejan?
Déjame jugar. Debo sacar dos. Debo sacar dos. Debo sacar dos.
¿Qué?
¡Cielos!
- ¡lmprevistos! - ¡Imprevistos!
Lorè, lo llamamos. ¡Un imprevisto!
¿Qué habrá pasado?
¿Será por la lavadora?
No, ya la apagué.
Descuida, tranquilo, sigamos jugando
Espera, yo me encargo.
Mira si hay luz afuera.
Parece que sí hay.
¿Llamo al Sr. Presti Filippo?
"Lo importante es sentirse bien en la casa".
¿Tienes el número del electricista?
¿Es tan grave?
Digamos que intentábamos tener un motivo para seguir
hasta que alguien nos devolviera la esperanza.
Patrì, tres espumantes.
Nada de alcohol por la mañana.
Debemos celebrar.
¿Qué? ¿Por qué nos llamaste?
Para presentarles la solución a todos sus problemas.
¿En qué sentido?
Aquí dicen que hay un gran constructor en Milán...
¿Por qué hablas en voz baja? No te oigo.
No quiero que todos lo sepan.
Pero está en el periódico.
Hay un gran constructor en Milán que busca terrenos altos
para hacer postes.
¿Postes?
Para la televisión.
¿Qué tiene que ver un constructor con la tele?
Lorè, ¿por qué siempre debes cuestionarlo todo?
Déjalo hablar.
Es un constructor de Milán que es un genio.
Ha creado una nueva ciudad en Milán,
o sea, una segunda Milán cerca de Milán.
Puso la televisión para aquellos que viven ahí, ¿entienden?
No.
No me sorprende.
Este constructor ha decidido transmitir en toda Italia
y también aquí en Sicilia y está buscando postes.
¿Busca terrenos o postes?
¡Diablos! Me confundes. Busca post... no, terrenos.
Debe poner antenas.
Entiendo, busca terrenos para antenas.
Pero ¿por qué este señor resolverá nuestros problemas?
Cuál es la elevación más alta en esta parte de Sicilia?
¿Cuál?
Rocca Busambra.
Exactamente. ¿Y quién tiene un terreno allí?
Papá.
Exactamente. Un pedazo de tierra que no vale nada.
Pero gracias al constructor, al benefactor de la providencia,
puede valer muchísimo dinero.
Ustedes compran la casa y yo...
Están listos los tragos. ¿Qué celebran?
Nada, porque papá nunca venderá.
¡Demonios!
¿Acaso este te contagió el virus de la resignación?
"El Dr. Silvio Berlusconi, propietario de Tele Milano 58,
ha obtenido todos los permisos para instalar ondas de radio
en suelo siciliano”.
Mira, parece algo serio.
Puede ser, pero con mi padre es completamente inútil.
Nunca aceptará.
Pero intentémoslo. Intentemos convencerlo.
Quizá consigamos el dinero para la casa.
Sé que siempre eres tú quien me convence de hacer cosas
y por una vez lo estoy haciendo.
Puedes sorprenderte, adelante.
Considera lo que te digo, por una vez.
Piénsalo.
El domingo voy donde mi abuelo en Ficuzza.
Hay polluelos y también hay conejitos.
¿Qué domingo?
¿Qué? Este domingo.
- ¡Lástima! - ¡Lástima!
¿Por qué?
¿Por qué?
Aunque te portaras mal, también estás invitado.
Gracias, pero ¿a qué?
A mi cumpleaños.
Pregunta cuándo es. ¡Anda!
¡No!
¡Lástima!
Volvamos a la cuestión. ¿Cómo no voy?¿Qué le digo?
Angela, te dije que la cuestión
no es solo el legítimo deseo
de dos jóvenes como podemos ser tú y yo
en una circunstancia específica de compartir una experiencia.
Va mucho más allá, es más grande que nosotros.
Cito a Marx, Karl Marx.
¿Lo conoces?
No en persona.
No bromees, hablo en serio.
Karl Marx dijo:
"Siempre que se cuestiona una cierta libertad,
se cuestiona la libertad misma”.
Así que si tus padres te obligan a ir a Ficuzza...
Que ni siquiera sé qué es.
Están cuestionando la libertad en general.
Debes rebelarte.
Tienes que luchar, primero por la libertad
y también porque... tendríamos el domingo libre
y tu casa estará vacía.
¿No?
Lo intentaré.
¿Cómo era la frase?
"Siempre que se cuestiona una cierta libertad,
se cuestiona la libertad misma”.
Mamá, papá, no iré a Ficuzza con mis abuelos.
¿Y por qué?
¿Quieres saber por qué?
Pues, sí.
Tengo mis cosas y no me siento bien.
Yo también tengo mis cosas.
Ven, ven.
¿Qué dije?
Lo sabes bien.
Bueno, hay dos opciones:
o te pasa algo malo y debemos ir al médico
o estás mintiendo,
porque "tu cosa" te vino hace diez días.
¿Cómo sabes cuando tengo mis cosas?
Porque no quiero sorpresas.
Mamá, Karl Marx dice que...
Cariño, Karl Marx está muerto.
¿Está muerto?
Y lo que dijo no cambiará nuestros planes.
¿Me pasas las papas?
Pero ¿cómo murió?
Espera, no lo pienses más. Come dos papas y se te pasa.
Pobre Karl Marx.
¡Claro que está muerto! Hace cien años.
No es gracioso. Hice el ridículo.
Podías habérmelo dicho.
Me estás matando.
No te enojes.
Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma debe ir a la montaña.
¿Y quién es ese?
Dime, ¿está vivo o muerto?
Nada, cariño, no tienes remedio.
No te ofendas. ¡Vamos!
El domingo del viaje a Ficuzza
mi tío estaba tan emocionado que salimos al amanecer.
Creía que ese domingo su vida cambiaría.
No entiendes, si vendemos la tierra...
Me compro un Mercedes.
¡Sí!
¿Te gustan los Mercedes?
Y también una lancha.
Y que alguien más trabaje en el bar.
No, ¿por qué? Me gusta trabajar.
Es que todos los que entran te miran y te sonríen.
Me ponen nervioso.
Yo soy serio, quiero tranquilidad.
¿Qué? No, claro. Y crees que con eso lo arreglas.
¿Ese terreno vale tanto?
¿Que si vale tanto? Vale millardos. ¡Millardos!
Nuestra vida está a punto de cambiar.
Estás loco.
Mira ese tonto.
Cambiaremos nuestra vida y va a 30 kilómetros por hora.
¿Quieres que te remolque?
¡Más lento!
Y cuando me alcanza...
Adiós.
Los abuelos eran granjeros
y vivían a pocos kilómetros de Corleone.
Sí, así es.
La zona de Luciano Liggio, Bernardo Provenzano, Totò Riina.
Nombres que daban miedo.
Aunque a mí entonces me daba más miedo la abuela.
Mi niño lindo, ¿a cuál mato? ¿A esta o a esta?
¡Será esta!
- ¡Niños! - Saluden a la abuela, vamos.
¡Niños! ¡Niños!
Mi abuela Ninetta era una mujer llena de vida y optimismo.
Mi mamá y el tío lo heredaron de ella.
Cuando crezcan, ya no podré hacer esto.
Hola, mamá.
Tranquila. No estés nerviosa.
¿Y esa quién es?
Es la nueva novia de Massimo.
Sonríe mamá, vamos.
¿Por qué la trae? Me encariño y luego las deja.
¿Que estas diciendo? ¿Qué dices?
- ¡Hola, cariño! - ¡Hola!
¿Cómo estás?
¿Te presento a Patrizia?
Buenos días, señora.
Encantada.
Patrizia.
Mamá, es algo serio.
- ¿Seguro? - Seguro, seguro.
Eres preciosa. Ven, dame un abrazo.
Bienvenida a nuestra casa.
Gracias.
Tore, ya llegaron.
Tore, ven, vamos, sal.
Saluden al abuelo.
Mi abuelo se llamaba como yo...
Bueno, yo me llamaba como mi abuelo, Salvatore,
pero todo el mundo lo llamaba Tore.
Era todo lo contrario a mi abuela.
Siempre guardaba silencio.
Por alguna misteriosa razón, un buen día, muchos años antes,
había perdido el don de la palabra,
ni siquiera una sílaba salía ya de su boca.
Todo lo que tenia que decir lo decía con los ojos.
¿Qué hacemos? ¿Entramos?
Vamos, vamos.
Es por eso que el tío Massimo lo llamaba “parlanchín”.
Nunca se llevaron bien.
- ¿Todo bien? - Sí, todo bien.
¡Qué casa más bonita!
Ficuzza me gustaba muchísimo.
Mi mamá siempre decía
que todo era igual a cuando era niña.
Pensé que me habría gustado vivir ahí.
Está feliz.
Claro que sí.
¡Vamos, linda, asi!
Pero Massimo detestaba ese lugar.
Vamos.
Mamá.
Comamos.
Sí, comeremos ahora. ¿Viste que aprendió?
Cuando llegue el momento, habla tú.
Sí, sí.
A él le molesta que hable.
Está bien. Prepara la mesa.
Los rábanos.
Hazlo tú, soy alérgica.
Decía que se le pegaban el hedor a estiércol y la fatiga
y por esta razón,
el abuelo sabía que había algo malo tras esa visita.
Ninetta, como siempre, un almuerzo excepcional.
Me alegra.
Señora, fue el mejor almuerzo de mi vida.
Gracias, qué linda, gracias.
Papá dice que quiere saber qué quieren.
Niños, ¿por qué no van a ver los pollitos?
Papá.
Queríamos hablarte del terreno, ese cerca de la Rocca.
No quiero venderla.
Sabemos que no quieres, pero han cambiado las cosas.
lo pagarían muy bien.
Un empresario de Milán, papá.
Es de Milán pero es amigo de la Sicilia.
Tiene muchos amigos aquí.
Se llevó muchos a Milán para trabajar.
Aquí, quiere poner antenas para hacer una nueva televisión.
¡Aquí en Sicilia!
Dice que quiere poner a “Mike Buongiorno”.
¡Vaya novedad "Mike Boungiorno"!
Papá dice que le gusta la radio.
Señor Tore, sabemos lo mucho que le gustan estas tierras,
pero, la verdad es que están abandonadas.
No nos vendría mal un poco de dinero
porque queremos comprar una casa.
Podemos echarles una mano,
pero no tocarán mi tierra.
Dice que podemos ayudarlos. Ma la térra non i to ca
Dice que podemos ayudarlos.
Gracias, muchas gracias.
Pero en Palermo, las casas cuestan tanto que...
Nosotros también queremos comprar una.
Decidimos casarnos.
No me dijiste nada.
Era una sorpresa.
¡Cielos!
¡No lo creo!
¡Amor! ¡Amor! ¡Amor!
Gracias, gracias a todos.
¿Y se lo cree?
Gracias, gracias a todos.
¿Qué dice el señor Tore?
Está muy feliz por ustedes.
¡Yo también!
Me siento mal.
Beberé algo.
Entonces, papá.
¿Damos este gran paso?
Para ayudar a tus hijos.
Papá, ¿qué dices?
Dijo que para su padre esa tierra es sagrada.
¡Diablos!
¡Eres un cabeza dura! ¡Tan dura como un algarrobo!
Vamos.
Massimo, espera.
¡Vamos te dije!
¡Quédate con tu maldita tierra que a las cabras les da asco!
¡No le hables así!
- ¡Cállate! - ¡Cállate tú!
Ya no tengo padre.
Fuera de esta casa. ¡Fuera! Vete de aquí.
Tranquilo, tranquilo. Ven que te ayudo.
No te preocupes. Tranquilo, tranquilo.
Oye.
Lo lamento, por una vez que te convenzo de hacer algo.
No es tu culpa es mía por hacerte caso.
Fofò, no seas malo, deja que Sebastiano coma.
Alice, no seas mezquina.
¿Qué estás haciendo?
¿Los nombraste como a tus amigos?
Sí, es que se parecen.
¿Y quién es ese?
Es un poco solitario. Se llama Tore, como el abuelo.
¿Y Ángela?
Es esa de ahí, y sus amigas, Danila y Emanuela.
Digo la de verdad.
Fue a dar un paseo.
¿Vamos nosotros también?
¿Adonde?
A ver por qué la tierra del abuelo vale tanto.
Vamos.
Motos en el campo también.
Vamos, vamos.
Vamos.
Aquí ya no huele a estiércol.
Rosario... Estoy contenta de que hayas venido.
Lo hago por ti, no lo olvides.
Aunque debo admitir que, en general,
Ficuzza es como La Habana para mí.
¿La Habana?
La Habana.
¡Mira cuánto se redujo!
Parece que la revolución no es una cena de gala.
¿Cuántas veces debo decírtelo?
Oye, ¿por qué no buscamos un lugar lindo y tranquilo?
Es la primera vez que veo tus ojos.
Solo para ti.
¿Qué pasa?
Creo que oí voces.
No, son las aves.
Tranquila. Será maravilloso.
¡Papá!
Con un poco de suerte, ¿podríamos ver un ciervo?
¿O un jabalí?
La abuela dice que hay muchos por aquí.
Sí, pero no hagamos ruido. Si nos oyen, escapan.
Hay algo ahí.
¿Qué?
¿Qué viste?
Un ciervo tal vez.
¿Un ciervo? ¿En Sicilia? ¿Estás seguro? Déjame ver.
- No, se fue por allá. - ¿Dónde?
Por allá.
¿Y tenía cuernos?
No.
¿Y qué ciervo era ese?
Espera.
¿Qué pasa, Ángela?
Nada.
¿Entonces?
No lo sé.
¿Te importa si hablamos antes?
¿Hablar? ¿De qué debemos hablar?
No sé...
¿De qué murió Marx?
¿Me estás tomando el pelo?
Si quisiera hablar de Marx, me quedaba en Palermo.
Recorrí 50 kilómetros para estar contigo.
Y estás conmigo.
De otra manera, lo sabes.
Pero de esa manera, no quiero.
¡Me hiciste venir a Ficuzza!
¡A Ficuzza de porquería!
Dame mi saco.
¡Y me quité los lentes! ¡Púdrete! Eres una niña.
¿Y cómo regreso?
Caminando.
¡Estúpida! ¡Estúpida!
Mamá.
No estés triste. Sabes cómo son papá y Massimo.
A mí me alegra que no la vendamos.
No es eso. Tu papá no está bien.
Papá.
No vimos nada.
¿Nada? ¿Y tu ciervo?
Se escapó.
Bueno...
Al menos entendemos por qué al abuelo le gusta esta tierra.
¿En serio?
Sí.
Es preciosa.
¿Nos vamos?
Y encontramos a Ángela.
¡Ángela!
¿Qué pasa? ¿Y esa cara?
Nada. No quería venir y no esperes que esté feliz.
Mujeres...
Quien las entienda es un santo.
Me deben una explicación, sobre todo tú.
¿Qué eso de las mujeres?
Papá, no es tu problema.
¿Las mujeres?
¿Por qué no te preocupas por Ángela?
¿Ángela tiene un problema?
Mientras estábamos fuera, el abuelo se sintió mal
y el médico dijo que su corazón estaba cansado,
que debía ir al hospital,
pero el abuelo, terco como siempre, no quiso.
"Mejor muerto que en el hospital”,
dijo con los ojos.
Mamá decidió quedarse allí y papá regresó a Palermo.
Nos quedamos con mamá y el abuelo.
Danila.
Fui una idiota.
No sé en qué pensaba.
¿Y si Rosario ya no quiere verme?
E hicimos cola al teléfono
porque todos teníamos algo que decir.
Lo siento, dime si hay algo que pueda hacer por tí.
Antonio, gracias.
Quería avisarte que mañana no podré ir a la escuela.
Lamento haberte molestado, solo tengo tu número.
No molestas, no, no.
Pero si luego quieres distraerte o algo...
Puedes contar conmigo.
Y mi padre, que llamaba para tener noticias,
encontró el teléfono ocupado toda la tarde.
¡Nada!
Patrì.
Me dejó.
¡Me dejó!
Pero ¿cómo?
Dijo que se casarían.
Me dijo: "Patrizia, terminamos, adiós y gracias”.
Debió ser por la pelea de hoy, verás que se le pasa.
Lo conozco.
Lorenzo.
Lorenzo.
¿Por qué nunca encuentro a la persona indicada?
¿Por qué?
Patrì, no, ¿en qué estás pensando?
No, es así, es así.
Para mí, no hay una persona buena, sencilla, honesta.
Quiero uno como tú.
Estás sensible, Patrì.
¿Hice bien en venir?
Sí, te haré una manzanilla. Así te calmas.
Ve a la cocina, voy enseguida. Cerraré la puerta.
Bueno, de todos modos, sabes que estoy aquí,
para lo que sea.
A la hora que sea, siempre estoy despierto.
Gracias, Antonio. Debo irme.
Muy bien.
- Adiós. - Adiós.
Hablaba con un colega, le dije que no trabajaré mañana.
¿Qué haces?
¿Puedo hacer una llamada?
¿Tú? ¿A quién debes llamar?
Por favor.
Fue la mejor fiesta del mundo.
Había un mago y una mesa llena de comida.
Cannoli, bollos, pizzas.
¡Nunca había visto algo así!
¿Y AIice?
Uno, dos tres.
¡Felicidades, Alice!
¿Te gusta?
Quería regalarte un caballo, pero no cabe en el jardín.
¡Un pony de verdad!
¡Nunca me había montado en uno!
Me sentía como en un carrusel.
¿Y Alice?
¡Alice! ¡Alice!
Se dieron un beso. ¿Eso es lo que querías saber?
Eres muy terco.
Ahora estás triste, ¿no?
¿Estás ahí? Oye.
Yo también la besé.
¿Tú también?
Pero no a Alice. A Santina.
Pero dijiste que era gorda.
Es gorda... ¡y voluptuosa!
Entendí algo, Totò.
Que las gordas... son más fáciles.
¿Qué quieres decir?
Me dejó tocarle los pechos.
¿Tú se los tocaste?
¿Creen que Santina me había dejado tocarla?
¡Totò!
¡Totò!
¡Claro que no!
Ángela.
¿Por qué las mujeres se comportan de una manera
con ciertos hombres y de otra manera con otros hombres?
Porque algunos hombres se saben comportar y otros no.
¿Yo me sé comportar?
Eres un niño muy bueno.
A veces las mujeres no saben comportarse.
¿Tú sabes comportarte?
No lo sé.
En mí opinión, sí.
Hoy te vi con Rosario.
¿Cómo?
Te vi, te vi.
Papá iba a verte, pero me lo llevé lejos.
Quedé como una tonta, era mejor que me hubiera visto.
Entonces...
Soy yo quien no sabe cómo comportarse.
Bueno, iré a ver al abuelo.
¿Cómo te sientes?
¿Los quemo?
"Desapareció misteriosamente
el secretario de la CGIL de Corleone".
"Las huellas de Placido Rizzotto
se encontraron cerca de la dolina de Rocca Busambra”.
"Estimado capitán Dalla Chiesa,
mi nombre es Melfi Salvatore y sé que..."
En aquellos papeles que el abuelo quería quemar,
estaba el secreto de su tierra, el por qué era sagrada para él.
Un secreto que databa de hacía más de 30 años,
y tenía que ver con Giuseppe, el niño que lo ayudaba
a trabajar su tierra y pastorear el rebano.
Era un secreto tan grave que le arrebató la voz
por el resto de sus días.
Déjame a mí, Peppuzzo. Estás muy delgado.
¡Tienes que comer!
No tengo qué comer.
Bueno...
Toma.
Come.
Hagamos algo.
Busca a los animales. Yo me encargo de esto.
Salvató, pero... ¿me das un cigarrillo?
Eres muy pequeño para eso.
Anda, ve.
¡Regresa pronto!
El hombre que Giuseppe vio caer al vacío
fue Placido Rizzotto,
un sindicalista socialista de Corleone.
Los que lo arrojaron
eran los hombres de Luciano Liggio,
un mafioso de Corleone.
El era quien le había enseñado el oficio a Totò Riina.
¡Bájenme!
Rizzotto lo humilló públicamente
y a partir de ese momento, ya era un hombre muerto.
Peppuzzo.
Peppuzzo. ¡Peppuzzo!
¿Qué estás haciendo? ¿Qué te pasa?
Fui a buscar las ovejas. No volveré ahí.
¿Que diablos dices?
¿Qué estás diciendo?
¡Diablos!
¡Ninetta!
Al pobre Giuseppe le impresiono tanto lo que vio
que regresó muy alterado.
Salvató, me parece que le sube la fiebre.
Lo arrojaron. Lo arrojaron.
¿Qué arrojaron?
¿Y qué sé yo?
Necesitamos un médico. Debemos llamar a sus padres.
Escucha, prepararé una carreta,
buscamos a su madre y vamos al hospital.
Vamos.
Tranquilo, ¿sí? Tranquilo.
¡Doctor! ¡Doctor!
¡Doctor! ¡Mi niño!
¡Mi niño!
¡Tiene fiebre!
Pippuzzo, ya llegamos. Los médicos te cuidarán.
¡Mi hijo!
Vamos.
Lo agarraron...
...y lo arrojaron.
Desde que regresó, dice eso.
Lo mataron.
¿Regresó de dónde?
De la Rocca. Pastorea a las ovejas.
¿Hoy?
Sí
Lo mataron.
Lo mataron.
Llamaré al jefe.
¿Es grave?
Me temo que sí. Permiso.
¿Qué?
¡Mi hijo!
Rosa, debes tranquilizarte.
Los médicos son muy buenos, verás que lo curarán pronto.
Giuseppe...
Giuseppe...
Doctor Navarra, hay un chico que vio lo que pasó en la Rocca.
De acuerdo.
Michele Navarra, secretario de la Democracia Cristiana local,
dueño de una empresa de transporte,
jefe médico y director hospital...
...y capo de la mafia local.
- Buenas noches. - Buenas noches.
Doctor, ¿cómo esta?
Haremos todo lo posible.
Por favor, salgan.
Por favor.
Tranquila.
- ¿Cómo esta? - Esperemos y oremos.
¡Tranquila! ¿Qué pasó?
Lo siento. No había nada que hacer.
Si lo hubieran traído antes...
¿Qué dice, doctor?
¡Giuseppe!
Giuseppe Letizia tenía 13 años,
su crimen era haber sido testigo involuntario
de un crimen de la mafia.
Siempre pienso en él cuando escucho a alguien decir
que la mafia antes tenía códigos de honor, reglas,
que no mataba mujeres o niños.
Mi abuelo lo entendió. Le escribió una carta al policía
que conducía la investigación de Rizzotto,
Cario Alberto Dalla Chiesa, pero nunca la envió.
Debido a la vergüenza y la culpa decidió no hablar nunca más.
Te lo pido...
...camina siempre erguido.
Adiós, Tore.
¡Abuelo!
¡Abuelo!
¡Abuelo!
Lo defiendes.
Papá será terco, pero Massimo es un exagerado.
Sí, exageró.
- ¡Sí, es un mimado! - ¡Ya basta!
¿Qué pasa, Salvatore?
El abuelo...
¿El abuelo?
¡Cielos! ¿Qué pasó?
¿Qué pasó?
¡Papá, por favor, contéstame!
Nunca le dije a nadie lo que había descubierto.
Lo habría hecho
sí alguien sacaba el tema de vender la tierra,
ahora que el abuelo había fallecido,
pero nadie lo hizo.
Papá se dedicó de nuevo a buscar el dinero
para poder mudarnos de casa.
Estaba pensando que si dejamos...
Lorenzo.
Solo renuncia a algo aquel que tiene a qué renunciar.
Incluso si no nos dimos cuenta,
Ángela y yo no éramos los mismos cuando regresamos de Ficuzza.
Gracias.
También por el telegrama.
Mira, si no quieres entrar, podemos dar un paseo juntos.
Sí, de hecho, no quiero.
¿Qué pasa? Soy nervioso. Ya sabes cómo soy...
¿Aún estás enojada?
¿Damos un paseo?
Si.
Dame un beso.
Vamos.
Ya te perdoné.
Feliz cumpleaños.
¡Salvatore!
¡Es precioso!
Es un poco terco, pero tiene un gran corazón.
Se llama Tore.
Hola, Tore.
Esta serie está dedicada a los hombres y mujeres
que han luchado y luchan con valor contra la mafia.
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