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Su whisky.
-Si las cosas han ido así, la culpa no ha sido mía.
-Sí, es verdad, pero trata de convencer a McKeel.
Es muy duro de mollera. -Bueno, ¿y qué?
Los hechos hablan por sí solos.
Que no haya habido testigos...
Además, he cumplido con mi trabajo. ¿Qué más quiere?
(Disparos)
(Música)
(GRITAN)
(Continúa la música)
(GRITA)
(Música)
(Risas)
(SE ACLARA LA VOZ)
¡Eh! Perdón, amigo. ¿Por dónde se va a Yellowstone?
¡Por allá, por allá! (RÍEN)
Comprendido.
Gracias.
Oh... Oh...
(Disparos)
Ríndete, ladrón.
Baja de ahí y suelta a la chica. Será mejor para ti.
Indio, tira el revólver y entrégate. Oh...
No escaparás. Ríndete.
Oh...
-Está bien, sheriff, me rindo.
(Música)
Carroña...
No me había equivocado.
Permita que lo dude.
La compañía de seguros no pagará si no está todo bien claro.
Entonces, ¿qué podemos hacer?
Según parece, el tercer cómplice del atraco
pertenecía al personal del banco.
Y eso es lo que me han encargado que averigüe.
¿Y ha venido usted para eso de Londres?
Yo lo habría evitado,
pero las investigaciones me han obligado a venir.
¿Puede demostrar lo que dice?
Oh... Disculpe, sheriff, olvidé enseñarle mis credenciales.
Aquí tiene.
(LEE) "Jonathan Pinkerton.
Inspector de seguros del Lloyds de Londres".
(ASIENTE)
Y aquí hay una autorización del gobernador de Arizona.
Me quedaré estos documentos para comprobarlos.
Está en su derecho.
Quiero que me dé algunos informes,
pero ya lo hará cuando le parezca oportuno.
Ah...
¿Sabe de un buen hotel en la ciudad?
No sé si es bueno o malo, pero en 100 millas a la redonda
el único hotel que conozco está ahí al lado.
Gracias, sheriff.
Bueno...
Si no te gusta el hotel, me lo dices, ¿eh? Vamos allá.
Lo siento, señor.
Perdone, pero soy algo distraído.
Sí, señor.
Si quieres, te vendo también la silla de montar.
-Si la incluyes al mismo precio...
-Eh, Torres, estaba preocupado.
¿Dónde has estado estos dos días?
Todo va bien, todo va bien, tranquilízate.
Pero... ¿Y de aquel asunto?
¿Qué me dices?
Ahora podré darte lo que necesitas. ¿Sí?
-¿Qué desea el señor? Una habitación tranquila.
Estoy cansado y quiero dormir. Sí, claro. Por favor.
La número 7.
Bien. Gracias.
Hasta luego.
¿Ha hablado ya?
Aún no.
Pues continúa.
Habla, Teddy. Te lo aconsejo.
No tengo piedad para los criminales como tú.
(Llaman a la puerta)
Adelante.
Gracias, muy amable.
Pero preferiría un poco de agua caliente para bañarme.
Sé que para ustedes, los ingleses, el té es lo primero.
Para el baño tendrá que esperar un poco,
están calentando el agua. Muy bien.
Mi primer té aprendí a prepararlo en Londres, en mi juventud.
Es de suponer que su presencia aquí se debe a una razón muy importante.
Bueno...
Digamos que son vacaciones con premio.
¿Con premio? (ASIENTE)
Un modesto premio de 1 millón de dólares.
(Música de salón)
Basta, dejadlo.
Si te sorprendo otra vez haciendo trampas en mi local,
te cortaré las manos yo mismo.
Echadle de aquí.
(Continúa la música)
Dos, cuatro y seis para mí.
-A ver si esta vez hay suerte.
-Hola, ¿qué tal?
¿Me invitáis a un trago? -Es de lo mejorcito de aquí.
-Vamos, juega ya. -¿Qué, bebemos algo?
Para mí, un whisky.
Eh... ¿No acaba de llenar el vaso, señorita?
Lo siento mucho, señor.
Quisiera hablar con el dueño.
(Risas)
Yo soy el dueño. Ah, bien.
Así que... es usted el dueño.
Sí, claro.
(RÍE)
Bueno, siendo así... ¿querrá usted indicarme
dónde puedo encontrar un buen barbero?
Hay uno aquí, en la esquina. Gracias.
Mira quién está aquí. -Vámonos, este tipo no me gusta.
-Sí, alejémonos de cierta gente. -No se por qué le dejan entrar aquí.
-Anda, vámonos. -No soporta que le estaba ganando.
-Cuando se vaya, volveremos.
¿Vas a afeitarme con esa mano? Oh, no es nada. Tranquilícese.
¿Estás en baja forma o quizá es debido a la emoción...
de tu primer afeitado?
(RÍE) No, señor Londres. Es una larga historia.
Adelante, cuenta. Verá usted...
(Música)
(Silbidos)
Hola, sheriff.
Siempre trabajando, ¿eh?
Es duro mantener la ley.
No hago otra cosa que perseguir a los cuatreros.
Dígame, sheriff, el rancho de Clinton,
¿está muy lejos?
En esa dirección, a unas dos millas.
Gracias.
(Música)
¿Cómo vienes a estas horas? Ya no te esperaba esta noche.
-Mi marido tuvo que marcharse de repente.
Regresará de madrugada. -¿Adónde ha ido?
-No me lo ha dicho. Estaba muy nervioso.
¿Se ha decidido?
-No, aún no. Pero déjame hacer a mí.
Recuerda que me obligaste a casarme con él.
-Necesito ese dinero a toda costa.
-Lo tendrás, amor mío. -Señor Clinton...
Señor Clinton... -¿Qué ocurre?
-Un hombre quiere hablarle. Dice que viene de Londres.
-Está bien. Hazle subir.
Es el nombre que esperaba. Vuelve al salón. Luego nos veremos.
Hola. Bienvenido a Casa Clinton.
Perdone si le he hecho esperar un poco.
Por favor, siéntese.
¿Qué quiere usted tomar? Un whisky. Gracias.
Hace tiempo que esperaba su visita.
Bueno, esto me hace suponer
que mi propuesta de exportación ha sido aceptada.
Por favor...
Temía no conseguirlo. Gracias.
Últimamente, he tenido ciertas dificultades.
Los negocios, a menudo, traen consigo preocupaciones.
Pero ya está todo arreglado.
He resuelto las dificultades y podemos tratar tranquilamente.
Empezaremos con un envío de 3000 cabezas.
Cobraré la mitad por adelantado
y el resto en el momento de la entrega.
¿De acuerdo?
Es un buen negocio vender 3000 cabezas de ganado.
Pero déjeme que me presente, no soy quien cree.
Me llamo Jonathan Pinkerton y trabajo para el Lloyds de Londres.
Estoy aquí para investigar un atraco
realizado hace algún tiempo en Honeyville.
Según parece, dos de los bandidos han muerto.
Pero había un tercer hombre.
Mi compañía deberá pagar una fuerte suma
si no descubro quién era.
Lo siento, pero este es el negocio por el cual me encuentro aquí.
Está bien. No tiene importancia.
¿Y quiere ser tan amable de explicarme
qué tengo yo que ver en este asunto?
De momento, nada.
Pero yo tengo que investigar, ¿comprende?
Y un hombre como usted, señor Clinton,
si quisiera, podría ayudarme mucho.
Está bien. Pero ¿de qué modo?
Busco a alguien que haya llegado a esta ciudad hace poco.
Yo resido aquí hace solo dos años, pero puedo asegurarle, señor...
¿Señor...? Pinkerton.
Pinkerton, ya... Que no soy un desvalijador de bancos.
Volveré a verle, si no le molesta.
Pero quiero que sepa, señor Clinton, que...
yo no he hablado de ningún banco.
Dígame, ¿puedo volver?
Claro, cuando usted quiera.
(Risas)
(Música de salón)
Hola, Mark, ¿qué hay?
Eh... Discúlpenme. ¿Es aquel el despacho del dueño?
(RÍE) Ey, señor Londres, eres obtuso.
¿No has entendido aún que el dueño soy yo?
Y no quiero que me molesten.
Anda, despierta. Ánimo. Solo tienes facha.
-Déjame, por favor, quiero dormir.
¿Y qué tengo yo que ver?
A decir verdad,
usted podría participar de muchas maneras.
Como inculpado, por ejemplo. O si lo prefiere, como...
Como colaborador mío. Indirecto, desde luego. ¿Está claro?
Quizá no me haya explicado bien, señor Karl.
mi compañía tendría que pagar una importante cantidad
si cierto empleado de aquel banco no resultase culpable.
Y como quiere evitarse tener que pagarla,
está dispuesta a ofrecer...
200 000 dólares a la persona que me ayude a descubrir
si era o no culpable.
200 000 dólares...
Es una cifra escalofriante.
Con ese dinero, podría hacer...
una gran cantidad de cosas. Cierto.
Como comprar un rancho o marcharse de aquí... para siempre.
Sin duda, la vida sería mucho más fácil.
Sí, podría volver al Mississippi
y poner otra vez a flote mi viejo barco.
Es una buena idea.
Qué tiempos aquellos, señor Pinkerton.
200 000 dólares...
Pero ¿qué debería hacer? Eso es lo que no comprendo.
Ayudarme a encontrar al tercer bandido.
Con los dos, desapareció un cajero del banco.
Y yo he de demostrar...
si participó o no en el atraco.
¿Por qué he de ser, precisamente, yo?
¿Por qué me hace a mí esta proposición?
Porque es usted importante.
Todas las indagaciones me han traído hasta aquí.
Estoy convencido de que el hombre a quien busco
se encuentra en esta ciudad
y quién mejor que usted puede ayudarme.
¿Por qué?
Por favor... El salón es suyo.
Y supongo que todos los ciudadanos y los tratantes de ganado
acuden a él. Eso es verdad.
¿Entonces?
Imagino, señor Londres,
y perdone que le llame por el apodo que se le conoce en la ciudad,
que no tengo otra alternativa, ¿es así?
Sí, así es.
200 000 dólares... ¿Y si no aceptara?
Quieto ahí. No te preocupes por tu patrón.
Parece que vuelan más serpientes que moscas en este lugar.
Las hay en todas partes.
Vete.
Maldito Torres...
Sus serpientes empiezan a ser una verdadera pesadilla.
¿Por qué?
El último sheriff murió a causa de una mordedura de serpiente.
A propósito,
señor Londres, ¿quién sabía que venía usted a verme?
Yo diría que toda la ciudad.
En fin, seguiremos la conversación mañana.
Ah, señor Pinkerton, le buscaba. Aquí tiene sus documentos.
Gracias, sheriff.
Mañana iré a verle para que me dé aquellos informes.
¿Le parece bien? Eh, Lewis,
hay que solucionar de una vez lo de las serpientes de Torres.
Claro, Karl. Yo lo arreglaré.
(Puerta)
¿Cómo? ¿Ya cierran?
Sí, las serpientes, señor, las serpientes.
Hasta mañana.
(Disparos)
Ha huido, está fuera de tiro. Déjemelo a mí.
(Música)
Buen trabajo, te felicito.
Ya que lo has dejado escapar
y que por poco nos mata, búscalo.
Quiero que vuelva.
Tráelo aunque se ha muerto o te mataré a ti en su lugar.
¿Está claro?
(ESCRIBE) "Falleció de muerte violenta".
Es interesante, sí, pero ¿qué significa?
Muy sencillo, señor Londres.
Contrariamente a lo que todos creen, yo no soy un charlatán.
Soy un médico, un científico.
El azar me trajo aquí. Es una historia muy larga de contar.
Como científico, catalogo siempre a todos mis animales.
Su muerte y los resultados de mis experimentos.
En esta carpeta está toda la historia de Camilo,
la serpiente que usted ha matado.
Estaba tratando de encontrar un antídoto a su propio veneno.
Y la que mató al anterior sheriff, ¿cómo se llamaba? ¿Sartana?
¿Le han dicho eso también?
Qué más da, se lo cuentan a todos...
Cuando Slim Gallagher fue mordido por una serpiente,
yo me encontraba en el desierto efectuando investigaciones.
Eso fue suficiente para el jurado, pero no para la gente.
Yo le creo,
pero ¿qué hay de la serpiente que maté ayer?
¿También efectuaba usted investigaciones?
No, alguien me la robó, sin duda.
Acaba de hacer usted una acusación muy grave.
Por otra parte, es evidente que su profesión es muy peligrosa.
Ciertamente. Pero le digo la verdad.
Además, con mi fama,
¿quién se hubiera arriesgado a ir corriendo por la ciudad
gritando que le han robado una serpiente
o que se le ha escapado?
Y... ¿quién supone usted que puede habérsela robado?
Un enemigo suyo o un enemigo de Karl.
A propósito, ¿es cierta la historia de los 200 000 dólares?
Lo es.
Considéreme interesado en el negocio.
En público, todos me evitan.
Pero cuando vienen aquí a pedirme ayuda, hablan y hablan...
Acostumbran todos a contarme sus preocupaciones.
Y... es posible que alguno hable más de la cuenta,
¿no le parece?
Pero es una vieja historia de hace un par de años.
Somos muchos los que llegamos por aquel entonces, señor Londres.
Y desde los más diversos lugares de la nación.
Hola, Kate. -Hola.
-Ve a vigilar la caja, Irma. -Voy.
-Dame algo que me anime.
-Pero si eres tú quien ha de animar a los demás.
-Sí, como si eso fuera tan fácil.
Dame whisky del bueno,
no del que nos sirves cuando estamos con los clientes.
Aquello es agua sucia.
-Ajá.
Buenas noches, Karl.
(RÍE) Por fin. Hace rato que esperamos.
¿Empezamos?
El resto de costumbre, ¿no?
Sí, claro.
Karl...
(Música de salón)
Enseguida, señores.
¿Todo marcha bien? Sí, gracias.
Forastero, ¿me invitas a tomar algo?
¿Por qué no? Ten. ¿Tú no bebes?
-¡Estela!
Buenas noches, señor Londres.
Buenas noches, señorita. Encantado de verla.
Quiero aprovechar la ocasión para disculparme...
por lo que pasó ayer noche.
No es necesario,
aquí no es costumbre pedir excusas... después.
Sí, lo imaginaba.
De todos modos, no debe pensar
que me gusta enfrentarme con los débiles.
Es preciso que hable con usted.
¿Conmigo? ¿Sobre qué?
Esa proposición que anda usted haciendo a tanta gente,
me interesa mucho.
Dos.
Una para mí.
100.
Otros 100.
Subo a 400.
(RÍE)
Eh, Londres, te he dicho que te vayas. Y deprisa.
A tu salud.
Aún tengo que pagar el whisky.
(Gritos)
Voy a esos 100.
Bien por mí. ¿Cuántas cartas, Karl?
Dos.
(Golpes en el exterior)
Déjalo.
Juega.
200.
300.
Aquí están.
Paso.
Full de ases.
Color.
Las luces... Encended las luces.
Póquer.
No lo intentes, muchacho.
Ya está bien por esta noche, ¿de acuerdo?
Bueno. De acuerdo.
Las reses que quedan de mi ganado están a tu disposición.
Adiós, Kate. -Buenas noches.
A juzgar por la forma en que se van,
se diría que los has arruinado a todos.
Le amas aún, ¿verdad? Eso no te importa.
Entonces, ¿de qué te preocupas?
1500 cabezas de ganado son poca cosa para un tipo como Clinton.
Además, ese ranchero tuyo exladrón de caballos
dentro de unos meses, volverá a ser rico.
Y tú, ¿cómo has hecho el dinero?
¿Crees que lo he olvidado? Tú y tu maldito barco...
que se hundió con todos sus pasajeros aquella noche.
Karl, confiesa,
ese hombre de Londres parece comprensivo. Confiesa.
Solo te saldrán dos o tres años.
Y yo te esperaré.
Luego, viviremos tranquilos.
Hazlo por mí.
No puedo más. Hazme caso, Karl.
Kate, ¿he comprendido bien?
¿Tú te interesas por mí, por nuestro porvenir?
Sí, creo que lo mejor sería confesar, pero tendré tiempo.
Claro que está preparado.
¿No sabes que yo siempre cumplo mis promesas?
Está bien, está bien. Te lo agradezco. Dámelo ya.
Debes hacer exactamente lo que te he dicho.
Verás como todo saldrá bien.
¿Estás seguro, Torres? No quiero que sufra, ¿comprendes?
No sufrirá. Ve.
Cuanto antes lo hagas, será mejor.
(Música)
Rosalinda, esta vez debemos separarnos.
Es inevitable.
(Música)
Hemos dado las gracias al Señor.
El Señor está con vosotros en todo momento.
Id con Dios y que este día acabe en paz.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
-Amén. -Amén.
-Obra con prudencia, hijo mío. Te lo ruego.
Gracias por la información. Me será útil.
Eh, Londres, ¿eres un hijo de María?
-Sí, es un delicado monaguillo. -Tiene que rezar, no le molestéis.
-Dime, hermano, ¿hay sitio para mí en el Paraíso?
Tengo miedo de que no me dejen entrar.
-¡Ayúdame a salvar el alma! -Querido padre Londres...
(TODOS) ¡Ayúdanos, padre Londres!
(Música)
¿Qué pasa, Londres?
Desde que has llegado, solo hay riñas y alborotos.
Métete en la cabeza que aquí soy yo la ley.
Lo siento, sheriff.
Hubiera preferido esperar su intervención, pero...
parece que estos muchachos tenían prisa.
Ten cuidado,
ni siquiera a un agente federal le permitiría comportarse así.
¿Un agente federal? ¿Qué quiere decir?
Jonathan Pinkerton, del Lloyds de Londres,
¿quién eres y qué quieres de nosotros?
Quien soy ya lo ha dicho usted.
Y lo que quiero, ya se lo dije yo, es muy sencillo.
Tus documentos dicen una cosa,
tus palabras otra y tu comportamiento, otra distinta.
¿Y entonces?
Ya que eres hombre de iglesia,
reza para que sea verdad lo que me has dicho.
Ayer noche, en el salón, me asaltaron. Y también hoy, aquí.
En ninguno de esos lugares la señora ley estaba allí.
De modo que voy a darle un consejo:
otra vez procure estar presente y de mi parte.
¿Me estás amenazando? Es una advertencia.
Usted me dio un consejo y yo le doy el mío.
Estamos en paz.
Por cierto, ¿dónde estaba usted
cuando esos caballeros intentaban despedazarme?
Con Clinton. Otro robo de ganado.
¿Satisfecho?
(ASIENTE) Nos veremos, sheriff. Eh, Londres, espera.
Quiero decirte un par de cosas.
En adelante, las indagaciones se harán solo con mi permiso.
Y olvida ese ridículo premio de 200 000 dólares.
¿Has tomado a la gente de este pueblo por imbécil?
Yo no. Pero alguien, quizá, sí.
Creo que aún está por demostrar quién es el imbécil.
A propósito,
¿ha encontrado ya al hombre que la otra noche nos disparó
o prefiere correr detrás de los ladrones de ganado?
(Música)
(RÍE)
Bello ejemplar, Torres.
Con esta, no hay posibilidad de equivocarse.
Su veneno garantiza la muerte. Lo sé, Karl.
La vi en otra ocasión, pero logró escaparse.
Esta vez, he tenido suerte, ¿no crees?
Claro, Torres.
Y te aseguro que, desde que estaba en el Mississippi,
no había vuelto a ver una serpiente tan hermosa como esta.
¿Qué te parecería si fuéramos a medias?
¿A qué te refieres?
Al premio que ofrece el señor Londres.
¿Por qué no?
¿Pero cómo hacer para obtenerlo? Ese es el problema.
Es muy sencillo, basta con hablar. Hablar...
Pero hablar, ¿hasta qué punto?
Sería suficiente hacer una insinuación.
Dar un nombre. ¿Solo un nombre?
Si con eso basta...
Claro, tan solo con un nombre. ¿Lo harías?
Ya... Pero luego Kate...
De ella me ocuparía yo.
(Música)
(Disparos)
Yo no quería.
Me obligaron.
Yo no soy un asesino.
Mira quién está aquí.
Vaya, esta vez ha llegado usted casi a tiempo.
Admito que tu revólver es el más rápido que conozco.
No me gustaría que dijera lo contrario sobre mi tumba.
Para mí es cuestión de vida o muerte.
¿Quieres que te pida perdón por el retraso?
Sería lo correcto, pero no se moleste.
Prefiero que llegue a tiempo antes de que alguien me mate.
Dame la lista de tus enemigos. Eso facilitará mi labor, ¿no crees?
Quizá los conoce mejor que yo.
Si mal no recuerdo, es usted la ley en esta ciudad.
Debiera saber muy bien quién es el individuo
que tiene una cuenta pendiente con la justicia.
En fin, esta vez no tengo nada de qué acusarte.
Lo he visto todo o casi todo.
Venía hacia aquí a afeitarme.
Pobre, era un buen hombre.
Habrá que buscar otro barbero.
Claro, y si no le tiembla la mano, mejor.
(Música piano)
(Risas, conversaciones)
ENCONTRARÁ LO QUE BUSCA EN CASA DE CLINTON
(Música suspense)
Ya está bien, vámonos.
Sus hombres pegan duro. Casi me matan.
Señor Londres, ya es hora que sepa que estoy completamente arruinado.
No tengo hombres ni ganado, salvo algunas docenas de viejas reses.
Entonces ¿quiénes eran los que me han golpeado?
No lo sé.
Estoy demasiado preocupado por mí.
¿No querrá que también me preocupe por usted?
No le he pedido que lo haga.
Aunque admitiría que, en mi lugar, usted habría pensado lo mismo.
Pero ¿qué está haciendo usted en mi casa?
¿Y usted qué cree?
No es precisamente el mejor camino para buscar mi colaboración.
Le dije que volvería.
Y como no le encontré, decidí subir a buscarle.
No me diga. ¿De veras? Sí. Como lo oye.
Tenga cuidado, Londres.
Está en mi casa. Podría matarle. Nadie me culparía por ello.
Eso es verdad,
pero alguien me aconsejó que viniera aquí a echar un vistazo.
Y ¿ha encontrado algo?
Lo suficiente para enviarle a la cárcel el resto de sus días.
Ya que se muestra tan susceptible por el hecho de encontrarme aquí,
no olvide que también había otras personas,
y si esos no eran sus hombres...
Ha habido otro robo de ganado.
Esa es una monótona historia. Para usted, quizá.
Pero no para mí, que tengo que sufrirla.
¿Y que ha encontrado usted aquí que, al parecer, es tan grave?
Esto.
Imagino que es su marca. ¿No es verdad?
Sí. Pero ¿qué tiene que ver?
El día del atraco,
uno de los tres hombres dejó abandonado el caballo.
Llevaba esta marca. La suya.
La de sus caballos.
Esa es mi marca, pero no veo...
Escúcheme.
No ha sido una tarea fácil encontrar este lugar y su rancho.
He tardado dos años.
¿Entonces?
¿Supone que fui yo quien dejó abandonado el caballo?
Muy inteligente.
Londres, alguien le habrá dicho también que mi rancho es el preferido
de todos los ladrones de este estado y de los estados vecinos.
Usted no conoce el motivo, ¿verdad?
Sería interesante saberlo, si es cierto.
Pregúnteselo al sheriff.
Su despacho está lleno de mis continuas denuncias
por robo de ganado.
En dos años me han dejado totalmente arruinado.
Espero que sea cierto eso que dice, y que entre sus denuncias,
haya una que se refiera a dicho caballo.
Hace un par de años me robaron más de 50 caballos.
Poco después, unas 100 cabezas más.
Ya se lo he dicho.
El sheriff tiene constancia de todo y puede comprobarlo cuando quiera.
De acuerdo.
Lo comprobaré.
Vaya, ahora te dedicas al robo.
Pero has elegido un mal lugar.
La paga del sheriff es ridícula.
No vale la pena arriesgar la vida por tan poco.
Al fin te has descubierto, ladrón.
Las apariencias le dan la razón, sheriff.
Deje que le enseñe un documento que llevo encima.
¿Puedo?
Anda, cógelo. Pero no intentes nada.
Aquí está.
Verá que tengo un motivo.
Django, agente federal de los Estados Unidos
destacado en Arizona.
Como verás, ya lo suponía, querido colega.
Ahora estoy contigo. ¿Qué pensabas encontrar aquí dentro?
Las denuncias que Clinton dice haber hecho
sobre los robos que ha venido sufriendo últimamente.
Busca un ladrón y un asesino. Quizá ya lo ha encontrado.
Al menos, eso creo.
Clinton... Pero ¿qué denuncias?
¿Ese sinvergüenza dice que ha presentado denuncias por robos?
¿Qué clase de robos?
Los que se inventa para no pagar a sus acreedores.
Hace tiempo que le vigilo.
Solo espero una oportunidad. A menos que tú tengas algo de qué acusarle.
Sí.
Hace poco sus guardaespaldas me dieron la bienvenida,
y aún estoy dolido.
Maldita sea.
¿Clinton se ha atrevido a hacer eso a un agente?
No sabe quién soy.
Pero ahora que podré contar con tu ayuda,
todo me será más fácil.
Hasta mañana, colega. Hasta mañana.
(Música)
(Música suspense)
¿Qué ha pasado, Londres?
Otro atentado, pero en mi habitación.
Debemos dar una batida.
El momento de pasar al ataque ha llegado.
Pero ¿al ataque contra quién? ¿Contra Torres?
¿Qué te ha hecho Torres? Nada, el pobre.
Acabo de encontrarlo muerto.
Lo ha aniquilado una serpiente, pero no una de las suyas.
¿Por qué la han tomado con él?
¿Qué tenía que ver ese maníaco inofensivo con tu historia?
No lo sé.
Puede que quisiera hablar.
El premio que he ofrecido es muy tentador.
Torres... Podría ser.
Sabía mucho sobre serpientes.
Y quizá también supiera quién se servía de ellas.
Bueno, espero que hayan quitado ese reptil de mi cama.
Estoy fatigado. Que duermas bien.
Yo voy a casa de Torres a ver si descubro algo.
Luego decidiremos qué hacer. Bien.
(Música suspense)
(Disparos)
Estoy seguro. Sí, sheriff. Ha sido él.
La última vez que le vi, hablaba con la señora.
Volvió hecho una feria.
Ni siquiera me dio tiempo de preguntarle que quería.
El resto ya lo sabe, ¿no?
¿Estás seguro de no equivocarte?
De tu testimonio depende la vida de un hombre.
De un agente federado.
Te recomiendo que lo pienses.
Esta noche o mañana podemos volver a hablar de ello. ¿No crees?
Le repito que estoy seguro, sheriff.
Pero, claro, si me aconseja pensarlo, sí, quizá será mejor que reflexione.
Qué trastazo, madre mía.
Ten la boca cerrada. Verás cómo se arreglará.
Puedes irte.
¿Has oído? Sí, ya lo he oído.
Pero ¿no irás a creer lo que ha dicho?
Cuando yo llegué, tú estabas en el despacho de Karl.
Aún tenías el revólver en la mano al cual le faltaban tres balas.
Karl estaba junto a ti con un agujero en la frente.
Y Kate un poco más lejos.
Ya te dije que encontré a Karl ahorcado y a Kate muerta.
Después me golpearon.
Admitamos que sea así.
Te aseguro que me gustaría creerte.
Pero ¿no te das cuenta de que mi enemigo,
no habiendo podido quitarme de en medio a balazos,
intenta eliminarme ahora de un modo que parezca legal e inculpándome?
No es descabellado.
Sí, podría ser.
Pero, por ahora, lo mejor será que tú te quedes aquí.
Yo me encargaré de traerte a tu hombre con la soga al cuello.
Hubiera preferido encontrarlo yo.
Además, tú no sabes nada de mis indagaciones.
Es cierto. Debiste tenerme al corriente.
Yo también he hecho las mías.
Pero, si te deja suelto, no quedaría un solo habitante
de esta ciudad.
Aquí dentro estarás mucho más seguro que fuera.
Créeme.
Karl tenía muchos amigos y también Kate.
Ellos querrán vengarse.
¿No te parece? Si tú lo dices...
¿Qué te has hecho en la mano?
Nada. Una herida persiguiendo ayer a tu agresor.
No sé cómo. Nada grave. Un rasguño.
Ponlo en libertad.
Cuando llegue al lugar que hemos convenido, matadlo.
A toda costa. ¿Está claro?
-Bien, jefe. ¿Y esto para qué sirve?
-Seguramente habrá alguien vigilando en la cárcel.
Con esto harás poco ruido y todo saldrá mejor.
Vete.
(Música suspense)
No intentes nada, sheriff.
Continúa, pero que te vea las manos.
¿Qué te pasa, Fred? ¿Has cambiado de profesión?
Clinton me ha llamado para cierto trabajo.
Lo siento, sheriff.
Tú no te muevas.
¿Qué quieres, Fred? Mi paciencia tiene un límite.
También tu vida tiene un límite.
Eh, amigo. Fuera hay un caballo para ti.
Buena suerte.
(Música animada)
Bien.
Vamos.
Buen trabajo, muchachos. Volvamos al rancho.
(SILBA)
Hola, Clinton. Busco trabajo.
El mío es ya demasiado peligroso.
Por ejemplo, podría ser un buen mayoral, ¿no cree?
Sí, ya sé que tenía uno, pero se ha quedado sin él.
Siéntese y charlemos.
Será inútil preguntarle qué le pasa en la mano.
Me dirá que se lo ha hecho en el último robo de ganado.
Ese curioso aparato para disparar sin hacer mucho ruido
es de verdad muy interesante.
Me habían hablado de él hace tiempo, pero no creí que fuera tan efectivo
hasta que lo he visto.
Un inteligente plan, felicidades.
Así que ahora me acusarán del asesinato del sheriff
y también del de su ayudante.
Todo estaba calculado, ¿verdad?
Sin embargo, no han podido aniquilarme.
Supongo que ya lo sabe. No vengo de Londres.
Soy un agente federal.
Pesan muchos delitos sobre su conciencia.
Ha llegado la hora de confesarlos.
Después se sentirá mejor. Hable.
El hombre que busca no soy yo.
Aunque los míos le tendieran la trampa,
cuando sepa la verdad...
Adelante, Lewis. Te estaba esperando.
Entonces eres más listo de lo que imaginaba.
Tengo que darte la razón.
Por eso en mi despacho no te cercioraste de si estaba muerto.
Exacto.
Pero olvidaste advertir a tu ayudante
de que, cuando uno está muerto, no respira.
¿Cuándo sospechaste de mí?
Cuando llegué aquí y te vi matar a un hombre a sangre fría
después de haberse rendido.
¿Y cuándo tuviste la certeza?
Cuando te vi entrar ahora.
Creo que estás mintiendo. Te enseñaré el juego.
Mis cartas y las tuyas. Verás dónde te has equivocado.
Has eliminado a tus cómplices uno por uno
intentando que la culpa recayera sobre mí.
Sin embargo, me has ayudado.
Aquella parodia en tu despacho acabó de abrirme los ojos.
Pero tenía aún que arriesgarme a una última agresión.
Era necesario para conseguir de una vez descubrirte.
Obligarte a salir de tu guarida a cara descubierta.
¿Y cuál ha sido mi error más grave?
No haber hecho que me mataran en tu despacho.
Exageraste la nota porque el orden es una manía para ti.
Mi único error ha sido rodearme de cobardes.
Andando. Guárdate el resto para contárselo al juez.
Espera un momento.
Es la palabra de un agente contra la mía, la de un sheriff.
La de un asesino.
Suelta el revólver, Londres.
No hagas tonterías o te vuelo la cabeza.
Has tardado. Luego me dirás por qué.
De todos modos, gracias.
Levántate.
¿Creías haberme atrapado? Aún no lo he puesto en duda.
¿Creías haberme vencido?
Estás loco.
No puedes compararte conmigo.
Yo era un competente cajero de banco.
Organicé lo que habría sido el más perfecto atraco del oeste,
si aquel bastardo no hubiese disparado.
Soy el mejor jugador de póquer. El mejor sheriff.
El mejor en todo.
Lo siento por ti.
Pero en tu último viaje tendrás por compañero a un inútil,
a un cobarde, a un imbécil.
Clinton.
No te lo mereces, pero puedo darte a elegir.
Es cuestión de sangre fría, no tengo prisa.
Al primero que se mueva o hable, las serpientes lo liquidarán.
Será Clinton...
Apostaría cualquier cosa. Es un pésimo jugador.
Al otro lo mataré con el revólver.
Aunque no me gusta el ruido.
Después no habrá nadie que se oponga a mi poder.
Seré el dueño absoluto. Todos me obedecerán.
(GRITA)
La otra serpiente, Kate.
No te muevas, Kate.
Ayúdame, Lewis, dispárale. Calla.
(GRITA)
¡Kate, no!
¡Yija!
¡Yija! ¡Yija!
(Música animada)
(GRITA)
(Música)
(RÍEN)
¡Eh, amigo!
¡Eh, amigo! ¿Sabes por dónde se va?
No, tú solo sabes una cosa. La mejor.
(Música créditos)
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