All language subtitles for The Hollow Crown 2x01 The Wars of the Roses - Henry VI Part I - TLA - Translators Inc

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic Download
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
en English
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish Download
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish Download
es-419 Spanish (Latin American) Download
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

El mismo firmamento, los astros y esta tierra

guardan grado, prioridad y lugar, oficio y costumbres,

en toda l�nea de sucesi�n.

Suprimid ese grado, desafinad esa cuerda,

y, observad con atenci�n, que discordia se origina.

Traducido por Drakul y Scarlata. Translators, Inc.

Abad�a de Westminster. Tras el funeral de Enrique V.

El destino del pa�s y de los territorios

ganados en Francia por Enrique V, est�n ahora

en manos de su joven hijo, Enrique VI,

y del lord Protector, Humphrey de Gloucester.

El rey Enrique V, demasiado glorioso para una vida larga.

Jam�s perdi� Inglaterra un rey tan eminente.

Jam�s tuvo Inglaterra un rey antes que �l.

Sus radiantes ojos, llenos de fuego iracundo,

deslumbrando ahuyentaban m�s al enemigo

que el fiero sol del mediod�a en su rostro.

Enrique V, invoco a tu esp�ritu.

Trae dicha a este reino, gu�rdalo de pugnas civiles,

combate a las estrellas funestas en el cielo.

Tu alma ser� un astro m�s glorioso que Julio C�sar o m�s resplandeciente...

Honorables se�ores,

os traigo de Francia tristes nuevas de p�rdidas, matanzas y derrotas.

Par�s, Gisors, Poitiers, todas se han perdido.

�Qu� dices t� ante el cad�ver de Enrique?

Habla bajo, o la p�rdida de esas grandes ciudades

har� que resucite y rompa el f�retro.

�Par�s, perdida? �Se entreg� Gisors?

Si Enrique reviviera, estas noticias le har�an irse de nuevo de este mundo.

�C�mo se perdieron? �Y con qu� traici�n?

No hubo traici�n, sino falta de hombres y dinero.

La mitad del blas�n de Inglaterra est� arrancado.

Si para estas exequias nos faltasen l�grimas,

estas noticias har�an desbordarse las mareas.

Dadme mi armadura, recuperar� Francia.

En vez de ojos, heridas les dar� a los franceses

para que lloren su desgracia interrumpida.

�Ad�nde correremos para huir de este oprobio?

Contra las gargantas enemigas.

Exeter, si flaque�is, yo combatir�.

Gloucester, �por qu� dud�is de mi firmeza?

He reunido un ej�rcito en mi mente con el cual toda Francia est� invadida.

Noble se�or, para aumentar el llanto con que ba��is el ata�d del rey Enrique,

he de informaros de un combate por Orleans...

entre los bravos lores Talbot y Salisbury...

y los franceses.

�Salisbury!

El campamento fue rodeado durante la noche.

�Ha muerto Talbot?

No, Talbot vive pero le han obligado a huir de Orleans.

Adi�s, se�ores.

Muy pronto encender� hogueras en Francia para festejar a nuestro gran San Jorge.

Aplastar� al delf�n completamente o har� que se someta a nuestro yugo. Vamos.

Yo voy a la Torre a toda prisa y all� proclamar� rey al joven Enrique.

Su Majestad.

Diecisiete a�os despu�s.

Se�or, aqu� est� vuestro querido sobrino.

�Ha venido, Ricardo Plantagenet?

S�, noble t�o.

Tu sobrino, Ricardo, viene.

Guiad mis brazos, que le abrace el cuello.

Pobre v�stago, te han desfavorecido igual que a m�.

Despojado de t�tulo y honor.

Pero ahora el mediador de la desdicha,

la muerte,

amable juez de las miserias de los hombres,

con dulces aplazamientos me despide.

Quisiera que los problemas hubieran concluido,

que t� puedas recuperar lo que se ha perdido.

Buen t�o,

en nombre de mi padre, por el honor de un aut�ntico Plantagenet,

por el bien del inter�s com�n, amparo la causa.

Enrique IV, abuelo de este joven rey,

depuso a su leg�timo rey Ricardo,

yo deber�a haber sido el siguiente por derecho de nacimiento.

Cuando mis amigos se opusieron al usurpamiento

e intentaron restablecerme como el heredero leg�timo,

yo perd� mi libertad y ellos sus vidas.

�Eres el rey leg�timo?

�Y yo tu heredero?

Silencio, sobrino, s� prudente.

La Casa de Lancaster est� bien firme,

y, como una monta�a, no hay quien la desplace.

Y por tanto,

adi�s

y propicias sean tus esperanzas

y pr�spera tu vida

en paz y...

en guerra.

Aqu� muere la oscura antorcha de Mortimer.

Respecto a los agravios, las amargas afrentas

que largamente se han infligido a mi familia,

silenciosamente juro que con honra he de lavarlas.

Mi t�o abuelo fue Edmund Mortimer.

Esposo de Felipa, hija �nica de Lionel, duque de Clarence.

Luego si el v�stago del hijo mayor debe reinar antes que el del menor,

yo soy el rey.

La verdad es tan evidente a mi bando

que cualquier pobre ciego podr�a atisbarla.

Como se os traba la lengua y no habl�is, quien sea un caballero bien nacido,

si estima que yo he expuesto la verdad, que arranque de esta mata...

como yo, una rosa blanca.

Y quien no sea adulador ni vil cobarde,

que arranque de este espino, como yo, una rosa roja.

No me gustan los colores, y sin color de vil adulaci�n o servilismo,

yo arranco esta...

rosa blanca con mi se�or.

Y yo esta rosa roja con el valeroso Somerset

y digo que, a mi juicio, �l est� en lo cierto.

Nobles y se�ores, esperad y no sig�is hasta haber estipulado que, quien tenga

menos rosas arrancadas en su apoyo, aceptar� el derecho del contrario.

Buena propuesta, mi buen se�or de Warwick.

Si yo tengo menos, asentir� sin queja.

Y yo.

Pues en honor a la evidencia y la verdad,

yo arranco aqu� esta flor p�lida y pura,

y doy mi voto a la parte de la rosa blanca.

Vaya, vaya...

�Sigamos! �Qui�n m�s?

Bien, Somerset, �d�nde est� vuestro argumento?

Aqu�, en mi vaina, previendo algo que va a te�ir tu rosa blanca de sangre.

Mientras,

vuestro rostro imita a nuestras rosas,

- pues est� p�lido de miedo. - No es el miedo,

sino la ira por tu lengua que no quiere confesar su error.

�Necio orgulloso, marchaos!

Yo os desprecio a ambos.

No lleves tu desprecio por ah�, Plantagenet.

Volver� mi daga contra tu garganta.

March�monos, mi buen Suffolk.

Tratando con �l, honramos a un plebeyo.

Vive Dios que...

Por Dios que le agravias, Somerset.

�No fue tu padre ejecutado por traici�n?

Y por esa traici�n, su delito a�n vive en tu sangre con la culpa

y, mientras no te rehabiliten, t� ser�s plebeyo.

�Mi padre no fue un traidor!

Y lo probar� contra hombres de m�s rango que Somerset

y os castigar� por ese parecer, conque atenci�n y quedaos con el aviso.

Ah, nos tendr�s siempre preparados

y por este color nos conocer�s como enemigos,

pues mis amigos lo llevar�n a tu despecho.

Y por mi alma, esta rosa p�lida y airada,

como emblema de mi odio sanguinario,

mi bando y yo siempre la llevaremos.

Adelante, y que te ahogue la ambici�n.

�Gloucester?

�Me ven�s con l�neas bien premeditadas,

con escritos planeados con esmero? Humphrey de Gloucester,

si pod�is acusarme, hacedlo sin artificio, espont�neamente,

como yo con palabra improvisada

me propongo responder ahora a vuestros cargos.

Su Majestad.

Fatuo cura, el lugar me impone contenci�n,

que, si no, ya ver�ais si no me hab�is deshonrado.

Sois un usurero depravado, rebelde por naturaleza, enemigo de la paz,

lascivo, disoluto, peor de lo que cuadra a un hombre de vuestro grado y vocaci�n.

Adem�s, me temo que, si os escudri�asen,

el rey, vuestro se�or, no habr�a quedado libre

de la envidiosa malignidad de vuestro arrogante coraz�n.

Gloucester, os desmiento.

Si yo fuera ambicioso, codicioso o perverso

como �l dice, �c�mo es que soy tan pobre?

No es eso lo que ofende al duque.

Es que nadie debe gobernar, excepto �l,

nadie, menos �l, debe estar cerca del rey,

y eso le engendra truenos en el pecho y le hace proferir acusaciones.

- �No soy el Protector, cura insolente? - �Irreverente Gloucester!

Y vos reverendo en vuestra funci�n espiritual, pero no en vuestra vida.

- Roma pondr� remedio a esto. - Pues marchaos all� de romer�a.

Queridos t�os Gloucester y Winchester,

quisiera convenceros, si los ruegos os convencen,

de que un�is vuestros �nimos en afecto y amistad.

�Ah, qu� esc�ndalo para nuestra corona

que se enfrenten dos nobles como vosotros!

Creedme, se�ores, mi tierna edad os lo dice.

La discordia civil es una sierpe maligna que roe las entra�as del Estado.

�Ah, c�mo me aflige el alma esta discordia!

Milord Winchester, �pod�is contemplar sin ablandaros mi llanto y mis suspiros?

�Qui�n va a esforzarse en promover la paz

si hasta los religiosos se gozan en las ri�as?

Ceded, lord Protector. Ceded, Winchester.

O �l se somete, o yo no ceder�.

Por compasi�n al rey voy a humillarme.

Mirad, monse�or Winchester,

el duque ha desterrado su arrogante c�lera.

�Por qu� est�is todav�a tan duro y tr�gico?

Winchester, aqu� ten�is mi mano.

�C�mo, venerable t�o!

Os he o�do predicar que el rencor es un pecado grande y grave.

�Y no vais a practicar lo que ense��is?

Bien, duque de Gloucester, ceder�.

Ah, tierno t�o, mi buen duque de Gloucester,

�qu� alegr�a me da vuestra concordia!

Aceptad este escrito, augusto soberano,

que sometemos a vuestra consideraci�n por el derecho de Ricardo Plantagenet.

Bien propuesto, milord Warwick. Querida Majestad,

tendr�is un buen motivo para hacer justicia a Ricardo.

Queridos nobles, es nuestro deseo que Ricardo sea rehabilitado en su nobleza.

Vuestro humilde servidor os jura acatamiento

y humilde servicio hasta la muerte.

Pues inclinaos y poned la rodilla ante mi pie.

Y en recompensa por la lealtad que jur�is,

os ci�o la valiente espada de York.

Alzaos, Ricardo, como un fiel Plantagenet,

alzaos nombrado noble duque de York.

As� triunfe Ricardo

y caigan aquellos

que alberguen un mal pensamiento contra Vuestra Majestad.

�Viva el alto y poderoso duque de York!

�Muera el bajo y muy innoble duque de York!

Y ahora es conveniente, Su Majestad,

que cruc�is el canal y se�is coronado en Francia.

La presencia de un rey engendra tanto amor

entre sus fieles amigos y sus s�bditos como descorazona a sus enemigos.

Si lo dice Gloucester, el rey Enrique va al momento.

Hunde al enemigo el dar buen consejo.

Vuestras naves ya est�n listas.

FRANCIA

Dios salve al rey Enrique de Inglaterra y de Francia.

Sexto de este nombre.

�Dios salve al rey!

Majestad, viniendo a galope de Calais para asistir a vuestra coronaci�n,

me entregaron en mano una carta para vos del delf�n de Francia.

Milord Protector...

leed la carta.

"Al rey...".

�Acaso olvida que es su soberano?

"Por razones bien medidas, apiadado de la ruina de mi patria,

capitaneados por Joan La Pucelle,

se ha recuperado la ciudad perdida de Ruan.

Vuestros se�ores usurpadores han sido expulsados

y he sido aclamado por mi pueblo...

Carlos, el leg�timo rey de Francia".

�Traici�n monstruosa!

�Francia se rebela?

S�, mi se�or, y ya es vuestro enemigo.

Entonces lord Talbot, deb�is hacer frente a Carlos y castigarlo por este agravio.

�Qu� dec�s, se�or? �Est�is conforme?

�Conforme, Majestad?

De no hab�rmelo ofrecido, os habr�a rogado que me lo confiaseis.

Pues congregad tropas entre aquellas aqu� reunidas. �Somerset!

Ten�is veintenas de jinetes, �no es as�?

As� es, milord.

�Asistir�is al buen Talbot a doblegar a los franceses?

Juro que le suministrar� lo que precise.

Y ahora...

en plenitud de poder, marchad directamente contra Carlos,

que advierta lo mal que toleramos su traici�n

- y qu� ofensa supone burlar a un amigo. - Yo ir�, milord.

De todo coraz�n deseo que pod�is observar el desconcierto de vuestros enemigos.

Lord Somerset y York, acercaos, os lo ruego.

Si me pongo esta rosa, no veo motivo

para que nadie deba sospechar que me inclino por Somerset m�s que por York.

Los dos son mis parientes, y yo los quiero a ambos.

As� que, pues vinimos aqu� en paz, continuemos siempre en paz...

y afecto.

Pariente York,

os designo para ser nuestro regente en todas las partes de Francia.

Y, mi buen lord Somerset, reunid ya vuestros jinetes con toda su infanter�a

y, cual s�bditos fieles, marchad ambos con Talbot y nuestro valeroso t�o Exeter

de regreso a Ruan y a ese traidor, Carlos.

Marchad con gozo juntos...

y verted vuestra c�lera contra vuestros enemigos.

Yo dir�a que nuestro rey ha hecho divinamente de orador.

Ya lo creo, pero no me ha gustado que llevara la insignia de Somerset.

�Bah! Ha sido un capricho, nada grave.

Jurar�a, buen pr�ncipe, que fue sin intenci�n.

Pero dej�moslo.

Ahora hay que ocuparse de otras cosas.

Ricardo de York ha hecho bien en no hablar m�s,

pues, de haber estallado tus afectos,

me temo que habr�amos percibido m�s despecho y m�s pleitos furibundos

de los que puedan so�arse o suponerse.

Es grave que un ni�o empu�e un cetro,

y m�s que el encono...

traiga divisi�n.

Llegar� la ruina,

habr� destrucci�n.

RUAN

Juana...

�Juana!

Juana...

�Juana!

�Mira tu pa�s,

mira la f�rtil Francia

y ve arrasadas las villas y ciudades

por la cruel devastaci�n del enemigo!

Nuestro reba�o de medrosos ciervos,

confusos por la aullante jaur�a de franceses.

Si somos ciervos ingleses, se�moslo de raza,

no como cervatuchos que caen de un mordisco,

sino como esos machos enrabiados y furiosos.

�Buenos hombres! Por nacimiento soy hija de un pastor

y no adiestr� la mente en ciencia alguna.

Que embisten a los perros sanguinarios con astas de acero,

teniendo a raya a los cobardes.

Mientras estaba yo rezando a la llama sagrada,

la Madre de Dios quiso hablarme y, en una visi�n de inmensa majestad,

me orden� dejar mi bajo menester y librar del desastre a mi pa�s.

�Dios, San Jorge, Talbot y nuestro derecho

salven nuestra ense�a en este cruel encuentro!

�Lord Somerset?

All�.

�Qu� hay, sir William? �Qui�n os env�a?

�Qui�n, Somerset?

Talbot, el comprado y vendido, que, acosado por la fiera adversidad,

ruega al noble Somerset los jinetes prometidos.

Decid, �enviar�is vuestras tropas?

Es demasiado tarde. No puedo enviarlas ahora.

York y Talbot se han precipitado en esta empresa.

El temerario Talbot ha empa�ado todo el lustre de su honor

con esta aventura loca e inconsciente.

York lo incit�, �l deb�a haberle ayudado.

Y York, no menos firme, os acusa a vos,

- jurando que le reten�is sus tropas. - York miente.

De pedirlos, yo le daba los jinetes. Le debo poca lealtad y menos afecto.

La infidencia inglesa, no el vigor de Francia,

ha atrapado ahora al noble Talbot.

Muere traicionado por vuestra querella.

Y con su hijo, el joven John,

quien, desde que llegaron las nuevas, hace dos horas,

se apresura al encuentro de su beligerante padre.

Le env�o los jinetes ahora mismo, vamos.

De aqu� a seis horas se ver� ayudado.

El refuerzo llega tarde, estar� preso o muerto.

Si ha muerto...

el gran Talbot, entonces, adi�s.

Su fama pervive, su oprobio est� en vos.

�Padre!

�John!

John, te hice llamar para que en ti perviva el nombre de Talbot

y ahora has venido a un fest�n de muerte,

a un peligro terrible, inevitable.

As� que, buen hijo, monta el caballo m�s veloz

y yo te dir� c�mo puedes escapar si huyes al instante. Vete ya, no esperes.

�Me llamo Talbot? �Soy tu hijo?

�Y he de huir?

Ah, si amas a mi madre, no deshonres su honorable nombre

volvi�ndome un bastardo y un esclavo.

Huye y, si me matan, vengar�s mi muerte.

El que huye as�, ese nunca vuelve.

Si ambos nos quedamos...

ambos moriremos.

Entonces, buen padre, huye y yo me quedo.

Venga a m� la muerte, pido de rodillas, antes que vivir con esta ignominia.

Con mi bendici�n, corre, te lo ordeno.

Contra el enemigo, no por irme huyendo.

T� qu�date o vete, yo lo har� igualmente, pues no vivir�, si mi padre muere.

Vamos, codo con codo...

si vivimos juntos, juntos moriremos,

Unidas las almas desde Francia al cielo.

�D�nde est� el joven Talbot?

�D�nde est� el valeroso John?

�D�nde est� mi otra vida?

No...

No, John...

Una furia ciega...

y una inmensa c�lera de m� lo apartaron,

lanz�ndolo en contra de tropas francesas en confuso enjambre.

Y as�...

en un mar de sangre...

mi muchacho ahog� su alto esp�ritu.

Y aqu� yace mi �caro,

mi v�stago...

en toda su gloria.

Si York y Somerset llegan a enviar hoy refuerzos,

habr�amos sufrido un d�a sangriento.

Hacedlos pedazos, partidles los huesos

a la gloria inglesa que fue pasmo nuestro.

�Ah, no, deteneos! No sufra ignominia el muerto al que tanto temimos en vida.

�D�nde est� el delf�n?

La victoria es nuestra, innoble desdichado.

Sus fuerzas fueron superadas por Dios y por Francia.

�Qui�n eres, diablo?

�D�nde est� el gran Alcides de la guerra,

el valiente lord Talbot, conde de Shrewsbury?

�Ojal� fueran balas estos ojos!

�En mi furor os las disparar�a a la cara!

Vamos, llevaos los muertos.

Nos los llevaremos.

�Ojal� pudiera dar vida a estos muertos!

Bastar�an para espantar a toda Francia.

El ej�rcito ingl�s, que est� dividido en dos bandos,

debe unirse ahora...

en uno.

Un f�nix nacer� de las sagradas cenizas de Talbot

que a toda Francia tendr� sobrecogida.

�Otra vez!

Juana... Juana...

�Juana?

�Juana?

Ave Mar�a, gratia plena...

Ave Mar�a, gratia plena...

Excelsa belleza...

no tem�is...

ni huy�is.

Os tocar� con manos respetuosas.

Beso estos dedos

por una paz eterna

y los dejo gentilmente a vuestro lado.

�Qui�n sois?

Dec�dmelo, que pueda honraros.

Me llamo Margarita

y soy hija de un duque,

el duque de Anjou, quienquiera que se�is vos.

Soy conde

y me llamo Somerset.

Decid, Somerset, si es que as� os llam�is...

�qu� rescate he de pagar para librarme?

Pues ya veo que soy vuestra prisionera.

�Por qu� no habl�is?

�Cu�nto es mi rescate?

Decidme, princesa, �no dar�ais por bueno ser ahora cautiva por ser luego reina?

Ser reina cautiva es m�s innoble que ser la esclava m�s abyecta.

Las princesas deben estar libres.

Y vos lo estar�is

si es libre el monarca real de Inglaterra.

�Por qu�?

�En qu� me afecta su libertad?

Me propongo haceros la reina de Enrique,

poneros una excelsa corona en vuestras sienes

- si acced�is a convertiros en mi... - �Qu�?

Su amor.

No soy digna de ser mujer de Enrique.

No, gentil se�ora, soy yo quien no es digno

de ganar para �l tan bella dama...

para que sea su esposa.

�Qu� dec�s, se�ora? �Dais el s�?

Si place a mi padre...

doy el s�.

Entonces, se�ora...

al pie del castillo de vuestro padre pedir� una tregua para hablar con �l.

�D�nde est�s, bruja?

Doncella de Francia, creo que te tengo bien sujeta.

�Mala peste os aflija!

�Y que os maten manos implacables cuando est�is durmiendo en vuestra cama!

�Cruel bruja maldiciente! �Calla, hechicera!

�Perm�teme por lo menos que maldiga!

Ya lo har�s en la hoguera, vil hereje.

Mirad, Anjou...

mirad a vuestra hija prisionera.

�Puede remediarse?

Soy soldado, no s� llorar, ni clamar contra la veleidad de la fortuna.

S�, puede remediarse, mi se�or.

Consentid, por vuestro honor, consentid que vuestra hija se case con mi rey.

Para quien la he ganado con sudor

y a ella este benigno cautiverio le ha dado principesca libertad.

�Dice lo que piensa?

Bien sabe la bella Margarita que el conde de Somerset

no halaga, ni miente, ni simula.

Bienvenido, bravo conde, a nuestros territorios.

Mandad en Anjou a placer vuestro.

Gracias, Anjou,

afortunado en vuestra hija, digna de unirse en matrimonio a un rey.

�Qu� respuesta dais a mi demanda?

Ya que os dignasteis cortejar sus pobres m�ritos

para hacerla regia novia de tal rey,

siempre que yo pueda sin temor disfrutar de mis tierras de Maine y de Anjou,

que mi hija sea de Enrique, si a �l le place.

Ese es su rescate.

La dejo libre y yo me obligo a que goc�is en paz y sin temor de esos dos condados.

A cambio, en el real nombre de Enrique,

os entrego su mano en prenda de la promesa dada.

Anjou de Francia, os doy regias gracias pues toda la gesti�n es por un rey.

Con esta noticia parto para Inglaterra

y me encargo de formalizar el matrimonio.

As� que, adi�s, Anjou.

Engastad este diamante en palacios de oro, como le corresponde.

Y yo os abrazo, como abrazar�a, si aqu� estuviera, al cristiano rey Enrique.

Adi�s, milord...

Somerset tendr� siempre mis buenos deseos, elogios y plegarias.

Adi�s, querida dama...

Pero, Margarita, �no dais regios saludos a mi rey?

Saludos propios de doncella, virgen y servidora suya, dec�dselo.

Junto con esto...

Sea para vos...

Yo no me atrever�a a mandarle a un rey prendas tan bobas.

Traed a esa hechicera.

�No!

Llev�osla a la hoguera.

Pues ha vivido demasiado llenando el mundo de artes perversas.

Primero os dir� a qui�n conden�is...

No a una engendrada por un r�stico, sino nacida de una casta de reyes,

elegida en lo alto para obrar excelsos milagros en la tierra.

�Nunca tuve relaci�n con esp�ritus malignos!

Mas vosotros, mancillados de lujuria, manchados con la sangre de inocentes,

sin pensarlo juzg�is que es imposible obrar milagros sin la ayuda de demonios.

Juana de Arco ha sido una virgen, casta, inmaculada hasta en el pensamiento,

y su sangre virginal, cruelmente derramada,

clamar� venganza a las puertas del cielo.

Poned barriles de pez sobre la hoguera para abreviarle la tortura.

Quemadla sin m�s.

�Nada os ablanda el implacable coraz�n?

Ah�rrate las s�plicas, ser�an en vano.

Que el sol radiante no arroje sus rayos sobre la tierra que vosotros habit�is.

Que os envuelvan las tinieblas y la oscura sombra de la muerte,

hasta que la desesperaci�n os lleve a desnucaros o a colgaros.

�C�ete a pedazos y arde hecha ceniza, inmunda, maldita sierva del infierno!

Noble conde, vuestra excelsa descripci�n de la bella Margarita me ha maravillado.

Sus virtudes, ornadas de dotes exteriores,

despiertan en mi pecho un hondo amor

y, as� como el rigor de las rachas borrascosas

empuja al mayor buque contra la marea,

a m� me lleva el viento de su fama a hundirme en un naufragio o tocar puerto

donde yo pueda gozar su amor.

�Bah, se�or! Mi somero testimonio solo anuncia el elogio de sus m�ritos.

Las raras perfecciones de esa preciosa dama,

si yo tuviera el arte de exponerlas,

dar�an para un libro de versos seductores.

Y, m�s a�n, ella no es tan divina que no acceda a plegarse a vuestras �rdenes.

Consiente en obedeceros, para honraros y amaros como su esposo.

Y Enrique no pretender�a otra cosa.

Por tanto, lord Protector, conceded que Margarita sea la reina de Inglaterra.

Concederlo ser�a suavizar el pecado.

Sab�is, se�or, que est�is prometido a otra dama de alto rango.

La hija del conde de Arma�ac.

�C�mo prescindir del compromiso sin afear vuestro honor con el oprobio?

Como un rey con juramentos il�citos.

La hija de un conde pobre es desigualdad

y sin ofensa se puede romper el compromiso.

Mas, decidme, �Margarita es m�s que eso? Su padre no es superior a un conde...

Tal es la autoridad de su padre

que su v�nculo afianzar� esta paz asegurando la lealtad de los franceses.

Eso tambi�n lo har�a el conde de Arma�ac.

Y su riqueza garantiza una dote generosa,

mientras que Anjou, m�s que dar, recibe.

�Una dote, se�ores! No deshonr�is a vuestro rey

como a un ser abyecto, indigno y pobre que elige por dinero, no por amor puro.

Enrique puede enriquecer a su reina y no buscar reina para enriquecerse.

Los ruines campesinos negocian sus mujeres,

igual que los tratantes de ganado o de caballos.

El matrimonio es asunto de m�s peso.

�Con qui�n casar a Enrique, que es un rey, sino con Margarita?

Su intr�pido valor y osado br�o

permiten esperar que engendre un rey, pues Enrique, hijo de un conquistador,

bien puede engendrar conquistadores

si se une por amor con una dama de tal temple como es la bella Margarita.

Embarcaos, se�or, corred a Francia.

Aceptad toda condici�n y procurad que la dama Margarita tenga a bien

navegar hasta Inglaterra y ser coronada como reina ungida y fiel del rey Enrique.

Y vos, buen t�o, no os sint�is agraviado.

Si me juzg�is por lo que fuisteis, y no por lo que sois,

excusar�is la pronta ejecuci�n de mi deseo.

Su Majes...

Como Vuestra regia Majestad me encomend�, cuando part� a Francia,

despos� para vos a la princesa Margarita, he cumplido mi tarea.

Y humildemente, hincado de rodillas, ante el rey de Inglaterra y sus nobles pares,

deposito el don m�s dichoso que un marqu�s nunca entreg�,

la reina m�s bella que un rey haya recibido.

Bienvenida, reina Margarita.

No hay prenda m�s gentil para expresar mi amor que este amable beso.

Se�or que me das vida, ll�name el coraz�n de gratitud,

pues, con este hermoso rostro, das a mi alma un mundo de bendiciones terrenales,

si el mutuo amor nos une en nuestro �nimo.

Gran rey de Inglaterra, mi augusto soberano,

el di�logo privado que mi esp�ritu con vos ha sostenido,

de d�a o de noche, en vela o en mis sue�os, con vos, mi soberano,

me infunde audacia para saludaros, mi rey.

Se�ores, recibid a mi amor con voz de j�bilo.

�Viva Margarita, reina y dicha de Inglaterra!

A todos, nuestras gracias.

Milord Protector, si place a Vuestra Alteza,

he aqu� las cl�usulas del tratado de paz

entre nuestro monarca y Carlos, el rey franc�s.

"Queda acordado entre Carlos, rey de Francia, y William, duque de Somerset,

embajador de Enrique, rey de Inglaterra,

que el mencionado Enrique habr� de desposar a la princesa Margarita

y coronarla como reina de Inglaterra.

Que el ducado de Anjou, las ciudades de Ruan y de Par�s

y el condado de Maine ser�n liberados y entregados al rey franc�s...".

�Qu� os sucede, t�o?

Perdonadme, Majestad,

me oprime un mareo inesperado y me nubla la vista, no puedo leer m�s.

T�o Winchester, seguid vos, os lo ruego.

"Y que ella viajar� a Inglaterra por cuenta y

cargo del propio rey Enrique, sin ninguna dote".

El acuerdo nos place.

Gracias, t�o Winchester.

Vamos, entremos.

Nobles pares de Inglaterra, pilares del reino,

en vosotros Humphrey descargar� su pena.

�C�mo! �No perdi� mi hermano Enrique su juventud,

valor, oro y gente en la guerra?

�No durmi� a la intemperie tantas veces,

en el fr�o invierno y el verano ardiente,

por conquistar Francia, su leg�tima herencia?

�Y no entregaron sus vidas el bravo Salisbury y Talbot

para conservar lo que Enrique conquist�?

Vosotros mismos, �no sufristeis heridas en Francia y Normand�a?

�Y hoy tienen que hundirse estos afanes y honores?

�Ah, nobles de Inglaterra! �Qu� alianza vergonzosa,

matrimonio fatal que cancela vuestra fama,

profana los recuerdos de la Francia conquistada,

y anula todo, como si no hubiera existido!

Gloucester, �a qu� viene este discurso apasionado?

Francia es nuestra, y seguir� si�ndolo.

S�, si podemos hacer que siga si�ndolo, mas ahora mismo es imposible que podamos.

Somerset le ha dado el ducado de Anjou y Maine

al delf�n, a quien ahora debemos llamar rey.

�Anjou y Maine? Yo mismo las conquist�.

�Y hoy las ciudades que gan� con mis heridas

son devueltas con t�rminos de paz?

Francia me habr�a arrancado y partido el coraz�n

antes que yo cediera a semejante pacto.

Jam�s le� que un rey ingl�s no recibiera

con su esposa sumas de oro y una gran dote.

Y nuestro rey Enrique regala el suyo propio

para casarse con quien no le trae provecho.

�Haberla dejado en Francia y que muriera de hambre!

Milord Gloucester, os sulfur�is demasiado.

Milord Winchester, s� lo que pens�is.

Lo que os disgusta no son mis discursos, es mi presencia la que os causa malestar.

�Adi�s, se�ores! Contad, cuando me vaya,

lo que auguro: Pronto perderemos Francia.

Y as� parte, furioso, nuestro Protector.

Bien sab�is que es mi enemigo,

m�s a�n, el enemigo de todos nosotros,

y me temo que poco amigo del rey.

Recordad, se�ores, que es el pariente m�s cercano

y el heredero forzoso de la corona.

Me temo que, bajo el grato barniz, ver�is que el Protector es un peligro.

Entonces, �por qu� ha de proteger a un soberano

que ya tiene edad para regirse a s� mismo?

Milord de Winchester, un�os a m�, y juntos, con el duque de Somerset,

pronto haremos que Humphrey caiga de su asiento.

Un d�a York reclamar� lo suyo y, en cuanto vea ocasi�n, exigir� el trono.

El soberbio Lancaster no ha de usurpar mi derecho,

ni portar� la real diadema una cabeza

cuyo fervor religioso no va con la corona.

As�, York, espera a que el momento sea propicio,

vela y vigila mientras otros duermen, y esp�a los secretos del Estado,

hasta que a Enrique le harten los goces amorosos

y Humphrey y los nobles entren en discordia.

Entonces alzar� la n�vea rosa

y le arrancar� la corona por la fuerza

al fervoroso que ha hundido a Inglaterra.

�Por qu� agacha mi esposo la cabeza, como espiga marchita ante el caudal de Ceres?

�Por qu� tuerce el gesto el gran Humphrey?

�Por qu� clavas los ojos en la tierra sombr�a,

y miras lo que enturbia tu visi�n?

�Qu� ves ah�?

�La corona del rey Enrique?

Entonces, sigue inclin�ndote, y besa el suelo hasta que tambi�n ci�a tu cabeza.

Extiende el brazo,

alcanza el oro glorioso.

�Es demasiado corto? Que lo alargue el m�o,

y en cuanto levantemos, juntos, esa gloria,

juntos alzaremos los ojos hasta el cielo.

Ah, Nell, querida Nell, si amas a tu esposo,

destierra la ambici�n que infecta el pensamiento.

Que el instante en que piense hacerle mal

al virtuoso rey Enrique, mi sobrino,

sea el de mi �ltimo aliento en esta tierra.

Me aflige el turbio sue�o que he tenido.

�Qu� ha so�ado mi esposo? D�melo y, a cambio,

te har� el dulce relato de mi sue�o matinal.

So�� que a este bast�n...

signo de mi noble cargo, lo part�an en dos, ya no recuerdo qui�n,

pero me parece que era el cardenal.

Y que en cada vara rota

hab�an clavado las cabezas de Somerset y Suffolk.

Este fue mi sue�o.

Sabe Dios qu� nos presagia.

Eso tan solo nos demuestra

que a quien rompa una rama del bosque de Gloucester

le costar� la cabeza su arrogancia.

Pero, esc�chame, mi querido duque Humphrey,

yo so�� que ocupaba el regio solio

de la iglesia catedralicia de Westminster,

el trono en que coronan a reyes y reinas,

y que se arrodillaban Enrique y Margarita

y en mi frente me ce��an la corona.

No, Eleanor. Debo reconvenirte de inmediato,

�no eres la segunda mujer del reino y la mujer del Protector, que bien te quiere?

�Y aun as� te empe�as en urdir perfidias que os derriben a ti y a tu marido

de la cima del honor hasta el pie de la deshonra?

�Al�jate de m�, no quiero o�rte!

Pero, �c�mo, mi se�or? �Tanta furia solo porque Eleanor te ha contado un sue�o?

La pr�xima vez pienso guard�rmelo y as� no me re�ir�s.

Milord Protector, place a Su Majestad

que os prepar�is para uniros a la asamblea

que m�s tarde tendr� lugar en Westminster.

Enseguida.

�Vendr�s con nosotros, Nell?

S�, mi buen se�or, ahora mismo te sigo.

�El rey Enrique ha de seguir siendo un alumno

bajo la tutela del hura�o Gloucester?

�Tengo el t�tulo de reina, y los honores, pero le debo sumisi�n a un duque?

Os digo, se�or, que cuando nos vimos por primera vez

pens� que Enrique ser�a como vos en valor, cortes�a y apostura.

Mas su mente est� sumida en devociones, en contar avemar�as en el rosario.

Ojal� que el Colegio cardenalicio lo eligiera Papa y se lo llevara a Roma.

Ser�a el cargo apropiado para su santidad.

Paciencia, mi se�ora. Si fui la causa de que vinierais a Inglaterra,

tambi�n en Inglaterra mirar� por vuestra dicha.

Aparte del lord Protector, tenemos a Winchester,

el imperioso cura, Suffolk, Exeter,

y al descontento York. �Hasta el menos grande

tiene m�s poder en Inglaterra que su rey!

Ninguno de ellos me exaspera la mitad

de lo que la arrogante mujer del lord Protector.

Desfila por la corte con un s�quito de damas

como una emperatriz, no como esposa del duque Humphrey.

Los extranjeros la toman por la reina, lleva puestas las rentas de un ducado,

y en el alma desprecia nuestra penuria.

�No vivir� para vengarme de ella?

Alardeaba, el otro d�a, con sus mozas, que la cola de su traje m�s sencillo

val�a m�s que todas las tierras de mi padre,

antes que Somerset diera dos ducados por su hija.

Se�ora, yo mismo he puesto liga en un arbusto

y un atractivo coro de se�uelos cuyos trinos har�n que se pose para o�rlos

y ya nunca pueda alzar el vuelo e importunaros.

Dejadla en paz, se�ora, y escuchadme, pues,

en esto, me atrevo a aconsejaros:

Aunque el cardenal no sea de nuestro agrado,

debemos aliarnos con �l y con los pares

hasta que caiga en desgracia el duque Humphrey.

As�, los iremos extirpando uno a uno hasta que al fin empu��is el tim�n.

Si York ha actuado mal en Francia, que entonces se le niegue la regencia.

Si Suffolk es indigno de ese puesto, que sea regente York, yo he de ceder.

Sea Vuestra Alteza digno o no lo sea, que York es m�s digno no admite discusi�n.

Que hablen vuestros superiores, ambicioso Warwick.

El cardenal no me supera en la batalla.

Pero aqu� todos os superan, Warwick.

Vivir� para ser superior a todos.

Decidnos, Somerset, �por qu� debemos preferir a Suffolk?

�Vamos, pues porque as� lo quiere el rey!

El rey ya est� en edad, se�ora,

de expresar sus opiniones. Esto no es cosa de mujeres.

Si est� en edad, �qu� falta hace que Vuestra Alteza

sea el Protector de Su Majestad?

Soy el Protector del reino, mi se�ora, y dejar� mi puesto si a �l le place.

Pues renunciad ya y dejaos de insolencias.

Desde que sois rey, �y qui�n lo es sino vos?

El Estado se ha sumido en la ruina d�a tras d�a,

el delf�n se ha robustecido en ultramar

y todos los pares y nobles del reino han sido como esclavos de vuestro poder�o.

Hab�is saqueado al pueblo, las bolsas del clero

est�n huecas y secas por vuestras extorsiones.

Vuestros lujosos palacios, la galas de vuestra esposa

han costado un caudal de dinero p�blico.

Vuestra venta de cargos y pueblos en Francia,

de conocerse, y la sospecha es grande, os har�a bailar muy pronto sin cabeza.

�Basta!

El rey sabe lo que sabe.

Dame el abanico.

�Qu�? �No puedes, haragana?

�Francesa orgullosa!

Si tuviera vuestro encanto al alcance de mis u�as,

os grabar�a mis diez mandamientos en el rostro.

Calma, amable t�a, no ha sido a prop�sito.

�Que no ha sido a prop�sito?

Buen rey, ya comprobar�is

que no le dar� a Eleanor un golpe sin venganza.

Vuestro halc�n, Se�or�a, �qu� posici�n!

Y su altura, �cu�n por encima de los otros!

No es de extra�ar, si os place, Majestad,

que las aves del Protector monten tan alto,

saben que su due�o ama las alturas y anhela superar el techo del halc�n.

Mi se�or, innoble y vil es el esp�ritu

que no monta m�s alto de lo que asciende un ave.

Lo imaginaba, ans�a vivir sobre las nubes.

Inglaterra conoce vuestra arrogancia, Somerset.

Y vuestra ambici�n, Gloucester.

Callad, os lo ruego, amable reina.

No encon�is m�s la furia de estos nobles,

benditos sean los pacificadores de la tierra.

El viento cobra fuerza, y tambi�n vuestro enojo.

Permitidme zanjar vuestra disputa.

�Qu� nuevas tra�is, venerable t�o?

Las que hacen temblar mi pecho al revelarlas.

Lady Eleanor, esposa del Protector, conspiraba fatalmente contra el Estado,

invocando esp�ritus malignos del infierno,

a los que preguntaba sobre la vida y la muerte del rey Enrique

y otros de su Consejo Real.

Todo ello, Majestad, os lo expondr�n por extenso.

Por tanto, milord Protector, vuestra esposa queda

detenida para ser juzgada en Londres.

Creo que estas nuevas, se�or, mellan vuestra espada.

No me agobi�is m�s el coraz�n, se�or ambicioso.

La angustia y el dolor me han abatido el �nimo,

y, abatido como estoy, me rindo ante vos.

�Dios m�o! �Qu� estragos causan los malvados

trayendo as� la ruina sobre sus cabezas!

Mirad bien, Gloucester, las manchas de vuestro nido,

os conviene aseguraros de estar limpio.

Mi se�ora, pongo por testigo al cielo

del amor que le profeso al rey y al reino.

En cuanto a mi esposa, no s� qu� ha pasado.

O�r lo que he o�do me entristece.

Ella es noble, mas si echa en olvido

la honra y la virtud para asociarse con tal

escoria, la destierro de mi lecho y de mi lado.

Y as� la entrego a la ley y a la ignominia

a quien el nombre de Gloucester hoy mancilla.

Bien, esta noche descansaremos aqu�

y ma�ana habremos de volver a Londres a estudiar cabalmente estos asuntos.

- Vamos. - �No!

Vamos

Un paso adelante, Eleanor Cobham.

Grande es vuestra culpa a ojos de Dios y a los nuestros.

Aceptad lo que dicta la ley por los pecados

que el libro del Se�or castiga con la muerte.

Vos, se�ora, por ser de m�s noble abolengo,

deber�is, despu�s de tres d�as de penitencia p�blica,

vivir desterrada por siempre en vuestra tierra,

en la isla de Man, bajo custodia de sir John Gladsdale.

Acojo el destierro.

Acoger�a m�s la muerte.

Eleanor, la ley, como ves, te ha juzgado.

Yo no puedo absolver a quien la ley condena.

El llanto colma mis ojos. El dolor, mi pecho.

Ay, Humphrey, a tus a�os, esta deshonra abatir� tu cabeza por la pena.

Os ruego, Majestad, dejad que parta.

Mi dolor pide alivio y mi edad, reposo.

Esperad, Humphrey duque de Gloucester. Antes de partir,

entregad vuestro bast�n. Enrique ha de ser

Protector de s� mismo, y Dios, mi esperanza.

Id en paz, Humphrey, no menos amado que cuando erais el Protector de vuestro rey.

No veo raz�n por la que un rey maduro deba ser protegido como un ni�o.

Dios y Enrique est�n al mando en Inglaterra.

Devolvedle el bast�n y, con �l, su tierra.

�Mi bast�n?

Tomad mi bast�n, noble Enrique.

Os lo entrego tan gustoso de mi parte como lo hizo m�o vuestro regio padre.

Os lo dejo a vuestras plantas de buen grado,

igual que el ambicioso anhela empu�arlo.

Adi�s, buen rey. Ojal� que, tras mi muerte,

�digna paz os acompa�e y con vos reine!

Que este s�mbolo de honor, hoy redimido,

quede en manos de Enrique, no hay mejor sitio.

�Bruja! �Bruja!

�Aparta!

�Eleanor!

�Vienes, se�or, a ver mi p�blica deshonra?

Luego eres otro penitente.

Mira c�mo se mofan.

Ay, Gloucester, evita su mirada de odio

y, encerrado en tu aposento, llora mi verg�enza

y maldice a todos nuestros enemigos.

Paciencia, gentil Nell, olvida este pesar.

Ay, Gloucester, dime c�mo olvidar� mi rango,

pues, cuando pienso que yo soy tu esposa,

creo que no deben pasearme de este modo,

envuelta en la ignominia, con notas a la espalda.

El duro pedernal me hiere los pies,

y, si me agito del dolor, la vil plebe se r�e.

Ay, Humphrey, �puedo llevar este yugo execrable?

No, la oscuridad ser� mi luz y mi d�a, la noche.

Recordar mi esplendor ser� mi infierno.

Por favor, sir John, �proteger�is a mi dama?

No le deis peor trato porque os pida que la trat�is bien.

A veces dir�: "Soy la esposa del duque Humphrey,

y �l, un mandatario y regente de esta tierra,

mas eran tales su regencia y su mando,

que se apart�, mientras yo, su desolada esposa,

serv�a de hazmerre�r y de espect�culo

para Somerset, York y ese cura imp�o y falso,

ponen liga en las matas para burlar tus alas,

y, vueles como vueles, te atrapar�n".

Calla, Nell, est�s desbarrando.

No me juzgar�n traidor si no traiciono,

si tuviera veinte veces m�s enemigos, aun juntos no podr�an lastimarme

mientras yo siga fiel, leal e inocente.

El silencio es tu mayor auxilio, Nell m�a.

Te lo ruego, amolda el coraz�n a la paciencia.

Un fen�meno de d�as pasa r�pido.

�Humphrey!

Convoco a Vuestra Alteza al parlamento real.

�Ahora un parlamento?

�Sin antes pedir mi aprobaci�n?

Lo han hecho bajo mano.

Bien, all� estar�.

Mi coraz�n me asegura que el conde de Warwick

un d�a har� rey al duque de York.

Y, amigo, yo a m� mismo me aseguro

que Ricardo ha de vivir para hacer al conde de Warwick

el m�s grande de Inglaterra, despu�s del rey.

�Por qu� no habr� venido a�n milord Gloucester?

No suele ser el �ltimo en llegar.

�Os falla la vista, o es que no quer�is ver

el desapego de su rostro tan cambiado,

con cu�nto se�or�o se conduce,

lo arrogante que se ha vuelto �ltimamente,

lo altivo, prepotente y distinto del que era?

Le recuerdo afable y apacible en otro tiempo,

con una sumisi�n que asombraba a nuestra corte.

Miradlo ahora y, si es por la ma�ana,

cuando cualquiera da los buenos d�as,

�l tuerce el gesto, mira con enojo,

desde�ando el respeto que nos corresponde.

Humphrey no es peque�o en Inglaterra.

El primero en subir si vos cayerais.

Yo no creo que sea muy prudente,

considerando el rencor que hay en su �nimo,

tenerlo cerca de vuestra regia persona o admitirlo en vuestro Consejo, Majestad.

El reverente amor que os profeso, mi se�or,

me hace advertir estos peligros en el duque.

Mis se�ores de Somerset y Winchester,

refutad mis argumentos, si pod�is, o suscribid la verdad de mis palabras.

Majestad, juzg�is al duque agudamente.

Si me pidiesen opinar antes que nadie,

har�a el relato que ha hecho Vuestra Gracia.

Por mi vida, que �l ha incitado a la duquesa

a iniciarse en las pr�cticas diab�licas.

Las aguas fluyen mansas donde es profundo el r�o.

El zorro no ladra si va a robar la oveja.

No, Majestad, no. Gloucester a�n no est� sondeado, su enga�o cala hondo.

Nuestro pariente Gloucester es tan inocente

de querer traicionar a nuestra real persona

como un corderillo o una paloma inofensiva.

El duque es virtuoso, afable, demasiado bueno

para so�ar maldades o maquinar mi ruina.

�Parece una paloma? Su plumaje es postizo,

ya que su inclinaci�n es la de un odioso cuervo.

�Es un cordero? Seguro que su piel es falsa,

pues tiene el voraz instinto de los lobos.

Cuidado, mi se�or, el bien de todos

precisa de cortar en seco a este falsario.

�Salud a mi noble soberano!

Bienvenido, sir William. �Qu� nuevas tra�is de Francia?

Que Carlos, el delf�n, ha quebrantado su solemne juramento

e iza su bandera en todas y cada una de las ciudades.

Es aclamado rey por cada boca

y todos vuestros derechos a esa tierra os los han arrebatado.

Se ha perdido todo.

Fr�as nuevas, milord, desde Francia.

Pero Dios lo ha querido.

�Eterna dicha al rey mi se�or!

Perdonadme, Majestad, este retraso.

No, Gloucester, hab�is llegado muy pronto.

Qued�is detenido por alta traici�n.

Vaya, Somerset, no me ver�is sonrojarme ni mudar el semblante por esta detenci�n.

La fuente m�s pura no est� tan libre de barro como yo soy inocente de traici�n.

�Qui�n puede acusarme? �De qu� soy culpable?

Se cree que, siendo Protector, os sobornaron los

franceses y retuvisteis la paga de la tropa,

por lo cual su Majestad ha perdido Francia.

�Se cree, nada m�s? �Y qui�nes lo creen?

Jam�s rob� la paga de la tropa.

Dios es testigo de que he velado en la noche,

s�, noche tras noche, pensando en el bien de Inglaterra.

Pero no. Yo entregu� a las guarniciones muchas libras de mi hacienda personal

en vez de gravar al pueblo menesteroso, y nunca ped� que me las devolvieran.

Decir eso os beneficia, mi se�or.

Dios sabe que solo digo la verdad.

Cuando erais Protector, concebisteis

tormentos tan crueles e inauditos para los infractores

que le dieron a Inglaterra fama de tir�nica.

Pero es bien sabido que, como Protector, la compasi�n fue mi �nico pecado.

El llanto de un infractor me enternec�a.

Se�or, a esos cargos se responde pronto y f�cil,

pero os imputan cr�menes m�s graves,

de los que no pod�is exculparos f�cilmente.

En nombre de Su Majestad os detengo...

�Su Majestad!

Y os pongo en manos del lord cardenal

para que os custodie hasta el d�a de vuestro juicio.

�Su Majestad!

Oh, t�o Gloucester, tengo la esperanza de que os librar�is de cualquier sospecha.

Mi conciencia me dice que sois inocente.

Ay, augusto se�or, nuestro tiempo es peligroso.

La inmunda ambici�n ahoga a la virtud.

S� que traman el fin de mi existencia...

y si mi muerte diera felicidad a esta isla

poniendo fin a su presente tiran�a, entregar�a la vida de buen grado.

Pero mi muerte es solo el pr�logo de su obra,

pues miles m�s, que no intuyen el peligro,

no dar�n fin a la tragedia que han tramado.

El rojo fulgor en los ojos de Somerset muestra su maldad.

Y el adusto Winchester, que ans�a la luna,

y cuyo brazo afanoso he reprimido, apunta a mi vida con cargos falaces.

Y vos, mi soberana, con los otros, sin raz�n carg�is agravios sobre m�

y os afan�is en provocar que el rey, mi amado, se convierta en mi enemigo.

S�, todos hab�is unido vuestras mentes para acabar con mi inocente vida.

Sobrar�n falsos testigos para condenarme

y traiciones sin fin para aumentar mis culpas.

Se cumplir� el viejo proverbio cabalmente:

"Para zurrarle al perro nunca faltan palos".

Majestad, esta diatriba es intolerable.

Tergiversando las palabras, nos tendr� aqu� todo el d�a.

- Cardenal, es vuestro prisionero. - Llevaos al duque.

As� desecha el rey Enrique su muleta

antes de que sus piernas sepan llevar su cuerpo.

As� a golpes al pastor lo echan de vuestro lado,

y los lobos gru�en para ver cu�l os muerde antes.

Ojal� no fueran ciertos mis temores, pues temo que el rey Enrique se desplome.

Mis nobles, haced o deshaced lo que os dicte

vuestro juicio, como si aqu� estuviera el rey.

Pero �os vais del parlamento, Majestad?

S�, Margarita,

el dolor anega mi alma.

�Ay, t�o Humphrey!

Veo en vuestro rostro la imagen del honor, la honradez y la lealtad.

Nunca los ofendiste, como tampoco a otros.

E igual que el matarife se lleva al ternero,

ata al desdichado y lo golpea si se resiste,

arrastr�ndolo hasta el sangriento matadero,

con la misma frialdad a �l se lo han llevado.

Llorar� su suerte y con cada gemido dir�:

"�Qui�n es un traidor? Gloucester no lo ha sido".

Enrique, mi se�or, es fr�o ante un gran tema

en su necia piedad, y la imagen de Gloucester lo ha enga�ado.

Habr�a que librar pronto al mundo de este Gloucester,

para librarnos del miedo que nos causa.

Que haya de morir merece concebirse,

mas nos falta dorar muy bien su muerte,

debe ser condenado por la v�a de la ley.

No me parece la mejor medida.

El rey se afanar�a por salvarlo, el pueblo se alzar�a por salvarlo.

Y hasta ahora no tenemos m�s motivo para eliminarlo que la desconfianza.

Luego, entonces, no quer�is que muera.

�No es locura dejar que a los polluelos los proteja el zorro?

De seguro los polluelos morir�an.

Se�ora, es mejor darle muerte a Gloucester por ser zorro,

el enemigo natural del reba�o, antes que sus fauces se ti�an de sangre.

Y no hay que andarse con argucias por matarlo.

Ya sea con trampas, cepos o artima�as, durmiendo o velando, no importa c�mo

con tal de que muera.

Habl�is con firmeza, tres veces noble Somerset.

A�n no hay nada firme.

Con que lo mand�is,

yo ser� su sacerdote.

Os doy la mano.

La acci�n lo merece.

Lo mismo digo.

Y yo.

Ahora que los tres hemos hablado, no importa qui�n se oponga a esta sentencia.

Adi�s, milores.

Bien, amigos, �hab�is despachado el asunto?

S�, mi se�or, est� muerto.

Vaya, muy bien.

Ahora, marchaos, os recompensar� por vuestro riesgo.

�Hab�is dejado en orden el cuerpo?

�Todo bien, seg�n mis instrucciones?

S�, mi buen se�or.

�Fuera! �Marchaos ya!

Decidle a nuestro t�o que comparezca y que pretendemos juzgarle.

Ahora mismo, noble Majestad.

Ocupad vuestros puestos, se�ores. Y os lo ruego,

no obr�is contra nuestro t�o Gloucester con m�s rigor

del que admitan las pruebas fidedignas que lo hagan culpable de conjura.

Dios nos libre de que triunfe una maldad

que condene a un hombre noble e inocente.

�Quiera Dios que salga libre de sospechas!

Gracias, Margarita, me alegra mucho lo que dec�s.

�Qu� hay?

�Por qu� tan p�lido?

�Por qu� tembl�is? �D�nde est� nuestro t�o?

Muerto, Majestad, Gloucester ha muerto.

�Madre Santa, Dios no lo quiera!

El juicio secreto de Dios.

�Mi se�or!

�Enrique, abrid los ojos!

�C�mo est� mi noble se�or?

�nimo, Majestad.

Valor, augusto Enrique.

�C�mo? �El se�or de Somerset me da �nimos?

Quitadme las manos de encima. �Quitad, he dicho!

Mortal mensajero, �fuera de mi vista!

Noble Warwick, venid conmigo a su aposento

para contemplar el cuerpo inanimado.

Juez de todas las cosas, det�n mis pensamientos.

Venid, augusta Majestad.

As� como mi alma aspira a vivir,

seguro estoy de que manos violentas

han segado la vida del tres veces honorable duque.

Vamos, Warwick, �qui�n querr�a su muerte?

Yo mismo lo ten�a en custodia, velando por su seguridad con Somerset y Suffolk.

Y no creo, se�or, que seamos asesinos.

Pero todos erais enemigos jurados del duque Humphrey,

y est� claro que �l vio enfrente a un enemigo.

�Sois carnicero, Somerset?

�Y vuestro cuchillo?

No llevo cuchillo para matar durmientes,

pero s� esta espada vengadora, enmohecida de ocio,

que lustrar� en el pecho resentido

de quien me manche con la roja insignia del crimen.

�Warwick!

Se�ora, os lo digo con respeto, cada palabra que dig�is en su favor

deshonra vuestra regia dignidad.

�Noble mastuerzo, plebeyo sin modales!

Tu madre meti� en su infame lecho

a un osado palurdo, injertando en noble cepa

un �rbol torcido, del cual t� eres su fruto.

Exeter.

Mis se�ores,

�desenvain�is en nuestra presencia vuestras fieras armas?

�Os atrev�is a tanto?

Pero �qu� es ese clamor de multitud?

Poderoso se�or, el traicionero York nos ha atacado.

Si Somerset y Suffolk no son ejecutados de inmediato,

o exiliados de la bella tierra inglesa,

el pueblo los apartar� por la fuerza de vuestro lado.

Yo digo, que por su mano, el noble duque Humphrey ha muerto.

Y por ellos temo la muerte de Su Alteza.

Agradezco a York su tierno amor y desvelo.

Pues mi mente presagia de hora en hora

el mal que estos lores le traer�n a mi reino.

As�, juro, por la Divina Majestad

que, bajo pena de muerte, no infectar�n nuestro aire tres d�as m�s.

Enrique, dejad que ruegue por el noble Somerset.

Reina innoble, que lo llam�is noble. Basta ya, os digo. Si rog�is por ellos,

nada conseguir�is sino aumentar mi furia.

Si pasados tres d�as se os encuentra en cualquier territorio donde reine,

ni el mundo entero ser�a rescate de vuestra vida.

Sabio rey.

Ambos est�is desterrados.

Te har� volver y, si no, ten por seguro que me aventurar� a que me destierren.

Pensaba que me amabais, pero veo que sois una marioneta de esos lores.

Arrojando a Somerset y a lord Suffolk al destierro.

Me romp�is el coraz�n, mi se�or.

Amor m�o, no llor�is.

Entonces deshaced esta sentencia.

Lo har�, Margarita.

Lo hago por vos.

Que Suffolk y Somerset permanezcan en libertad y aqu� vivan en paz.

Suffolk en libertad.

Somerset un hombre libre.

Y el sangriento torso acusador de Gloucester all�.

�Falso rey!

En tu cabeza no luce una corona, ese oro deber�a ce�ir mis sienes.

He aqu� una mano digna de empu�ar un cetro.

Mi linaje es m�s noble que el del rey.

M�s soberano soy, m�s regio en mis pensamientos.

�Ap�rtate!

Basta, York.

No puedo guardar silencio al observar este abuso contra Su Majestad.

Nosotros somos el soberano, Exeter.

Arrodillaos ante nos.

Mi rey es �l, York, no me he confundido,

pero vos me confund�s al creer que s�.

Que lo lleven a la Torre y le corten la facciosa cabeza.

�Es un traidor!

Warwick, �vuestra rodilla no se acuerda de doblarse?

Conmigo mismo he consultado sobre el t�tulo de este renombrado duque,

y, en conciencia, considero a Su Gracia

el leg�timo heredero de la corona inglesa.

�Acaso no hab�is jurado serme leal?

As� es.

�Y el cielo os dispensar�a del juramento?

Jurar lo que es pecado es un pecado grave,

pero m�s grave es mantenerlo si es pecaminoso.

Llamad a nuestras tropas y que se preparen.

Nos marchamos, milord, y dejad que nos preparemos.

Nos retiramos, pero regresaremos para ce�irnos nuestra corona.

Descargar� sobre Inglaterra una cruel tormenta

que empujar� a diez mil almas al cielo o al infierno.

�Cecily!

�Cecily!

�Chicos!

Cecily, �d�nde est�n?

Ah� dentro.

Eduardo. Jorge.

Edmund.

Y...

�Ricardo!

�Ricardo!

Traducido y corregido por Drakul y Scarlata.

Translators, Inc. TranslatorslncSubs.blogspot.com.es

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.