All language subtitles for Una chica angelical es

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic Download
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

UNA CHICA ANGELICAL

Con las manos damos palmas.

Con el pie pisamos fuerte.

Una vez asá.

Otra vez así.

Y volamos como un pajarillo.

Otra vez, niñas.

Ponedle más garbo, soltaos más.

Otra vez.

Con las manos damos palmas.

Con el pie pisamos fuerte.

Una vez asá.

Otra vez así.

Y volamos como un pajarillo.

ORFANATO MUNICIPAL DE CHICAS

- Este es el orfanato. - SÍ, señor.

Bien. ¿Está el director?

- Sí, señor. - Dígale que quisiera verle.

Sí, señor, pero es una mujer.

- Dra. Schultz. - ¿El Dr. Schultz es una mujer?

- Qué curioso. - Sí, señor.

Dígale al Dr. Schultz que...

- Quiero decir... - Sí, señor.

Hay un señor que quiere verla.

Bien, que pase.

No hay nada más que pueda hacerse.

- ¿Dra. Schultz? - ¿SÍ?

- Schlapkohl. - ¿Cómo dice?

Director general Schlapkohl.

- Del Dream Palast. - ¿El Dream Palast?

Sí, dispone de 3000 asientos.

- ¿Para qué? - Para sentarse.

La sala de cine más grande de Budapest.

Esta mañana mientras desayunaba pensaba en alto y me he dicho:

«¿Cómo puedo procurarme unas acomodadoras dulces?».

Pero dulces, porque estoy cansado de las chicas

que salen con mis clientes y dan mala reputación.

¿Qué le parece?

- Bueno... - Mi señora bajó la taza de café

y me dijo: «Maurice...». Me llama Maurice, ¿sabe?

«¿Por qué no pruebas en el orfanato?».

Ya veo. ¿Qué está buscando, Sr. Slipkohl?

Schlapkohl. Acomodadoras.

Que acompañen al cliente a su asiento.

Llevan un uniforme espléndido. Yo mismo lo diseñé:

un gran sombrero de húsar, una capa

- y unos pantalones... - ¿Pantalones?

Rayados. Son muy efectivos.

En mi opinión...

Los pantalones... No serán estrechos, ¿verdad?

Dependerá de las niñas. Son de la misma talla.

Ya veo.

Y el hada mala volvió a su forma y fue hacia la princesa.

Que tenía dulces sueños y dormía como una niña dulce.

Y el hada mala se iba acercando y acercando a la cama.

Pero la princesa no la oyó.

Mientras, el hada se iba acercando,

y se iba acercando cada vez más.

Cuidado con el cuchillo que te cortarás.

Y entonces,

aún más cerca...

Parecía que se había metido en un buen lío, uno muy gordo.

- ¿Qué creéis que pasó? - ¿Qué?

El príncipe salió de detrás del árbol para escalar el castillo.

¿Qué castillo?

Pues donde el hada mala le había encerrado.

Y escaló y escaló y escaló...

Era muy difícil porque la pared resbalaba...

Resbalaba como una copa.

Y en cuanto llegó a la ventana de la princesa,

el hada mala se abalanzó

- y le convirtió en un esparto. - ¿Qué es?

- Es un tipo de pájaro. - No lo había oído nunca.

Pues ahora sí. Y ahí estaba,

convertido en un pobre esparto colgando de la pared.

¿Y qué pasó?

- ¿Qué? - El hada madrina,

que no había hecho ninguna buena acción, y se sentía mal,

decidió salir a su rescate.

Has dicho que el hada estaba al otro lado del mundo.

Eso es, pero no cambia nada de nada.

Llama a su leal escoba,

se monta y dice las palabras mágicas:

«Pito, pito, colorito, dónde vas tú tan bonito,

por la era verdadera, pin, pon, fuera».

Y se fue volando.

Y la escoba se alzaba cada vez más rápido

y aún más rápido...

¡Luisa!

- Baja de aquí ahora mismo. - Sí, señora.

- ¡Luisa! ¿Estás bien? - ¿Te has hecho daño?

- ¿Te has hecho daño? - ¿Te has hecho daño?

- No, señora. - ¿Qué hacías ahí arriba?

Estaba contando un cuento de hadas.

La próxima vez, cuéntalo desde abajo.

- Sí, señora. - No pasa nada. Arréglate.

Ponte con las demás como si no hubiera pasado nada.

Estas cosas suelen pasar con los niños.

Y ahora, busquémosle acomodadoras.

- ¿Supongo que necesitará unas 12? - No.

- Pensaba empezar con una. - ¿Solo una?

Una prueba.

Así que la primera debe de ser muy, muy buena.

Aquí tenemos a una chica sana. ¿Satisface sus necesidades?

Sí, ¿verdad?

O esa de aquí.

O aquella de ahí.

Todas son muy dulces.

- Ya lo entiendo, doctora. - Estas chicas son muy aplicadas.

¿Qué hay de malo con la trapecista?

- Pues nada. - ¿Cómo estás?

¿Te gustaría ser acomodadora?

- Sí, señora. - ¿Sabes qué es eso?

- No, señora. - Ya sabe a qué me refiero.

- No saben nada. - Maravilloso.

Si te dejo salir fuera, querida,

¿harías tu buena acción cada día?

Sí, señora.

Una buena acción cada día a mi haber por la gracia divina.

Un banco cuyos clientes están bendecidos

con un gran corazón y nobles intenciones.

Muy bonito.

- ¿No coqueteará con mis clientes? - No sabe qué es.

Yo apenas lo sé.

- Muy bien. Abríguela bien. - ¿Cómo dice?

La compro. Me la llevo.

Se la mandaré a primera hora. Acompáñeme a mi despacho.

Adiós.

- Luisa. - No te vayas.

- No te vayas, Luisa. «Luisa.

- Dejarás a la institución en buen sitio. - Sí, señora.

Tienes una deuda con la sociedad.

La gente de a pie son los ciudadanos del estado:

los contribuyentes que te han mantenido.

- Sí, señora. - Te han dado un hogar,

comida y ropa de abrigo.

- Desde mi niñez. - Eso es.

Paga esa deuda haciendo el bien.

- Esfuérzate. - Lo haré.

- Y cuando te pidan algo. - Lo haré.

- Con mucho gusto. - Con una sonrisa.

Eso es.

Ahora voy a dejar a un lado

la delicadeza que he mantenido.

De lo que te he enseñado, debería quedar claro

que una jovencita que entra al mundo sola

nunca puede bajar la guardia cuando trata con hombres.

- Recuérdalo bien. - Sí, señora. Lo haré.

Adiós, querida. Buena suerte.

Adiós.

- Adiós, Dra. Schultz. - Sé valiente, Luisa.

Ya ha llegado la hora de salir del nido.

Izquierda, izquierda, izquierda,

izquierda, derecha, izquierda.

Izquierda, derecha, izquierda.

Señoritas, por favor.

En posición. Izquierda, izquierda.

A, B, C, D. En marcha.

A la derecha.

Adelante.

¡Por favor! En sus puestos.

Posiciones.

Vamos.

¿Hablas conmigo?

- No, señor. - Pensaba que decías algo.

Hazlo otra vez, ¿quieres?

Muy bonito.

Se supone que debe ir por ahí.

- ¿Por ahí? ¿Por qué? - Sí, señor,

- ¿Por qué? - SÍ, ¿por qué?

- Pues, no lo sé, señor. - ¿Y por qué lo haces?

Son órdenes.

- ¿Me estás dando órdenes? - No, señor.

No me gusta que me den órdenes.

Me dan órdenes cada día en el restaurante

y cuando salgo me gusta ser libre.

Como los pájaros.

- Recuérdalo bien. - Sí, señor,

Pero decidete.

¡Meredith!

¿No hablarás en serio? Era una broma, ¿verdad?

Esto es impensable.

No significa nada para mí.

Sí, claro.

...Fue la luna.

La luna y la locura del momento.

Ya me he decidido.

¿La memoria de nuestro amor significa tan poco para ti?

Meredith, ¿acaso has olvidado nuestro compromiso?

¿La canción que cantamos? ¿Lo que nos prometimos?

Vete.

¿Qué me vaya?

¿No has querido decir eso?

Tus labios lo dicen, pero tu corazón se rebela.

Debería.

Considéralo bien, Meredith.

Reflexiona sobre el pasado

- y después, amor mío... - Vete.

Tú no quieres que me vaya. Piénsatelo bien.

Vete.

- Meredith... - Vete.

Escúchame.

- Vete. - Siente un poco de compasión.

Si no es por mí.

Al menos por...

Sin duda alguna, él es inocente.

Mira, Meredith. - Vete,

- Pero, Meredith. - Vete,

Pero, Meredith, escúchame.

Vámonos.

- Si aquí no entramos, papá. - Pues por aquí saldremos.

¡Meredith!

¡Meredith!

Si al menos me dejaras explicártelo.

Vete.

¿Qué me vaya?

Vete.

Pero, Meredith...

- Vete. - Tú no quieres que me vaya.

- Vete, «Meredith,

¿no lo dirás en serio?

- Vete. - Tú no quieres eso, Meredith.

¡Vete!

PAREN

PASEN

ENTRADA AL ESCENARIO

Buenas noches.

- Hola, querida. - ¡Venga, vamos!

- ¿Está buscando un caballero? - ¿Sabe dónde encontrar uno?

Buenas noches, jovencita.

Buenas noches, señor.

- ¿Estás sola? - Sí.

Bien, ¿te apetece un bocadillo y una cerveza?

- Verá... - Un poco de música.

No creo que me gustara.

- Buenas noches. - ¿Podrías escuchar música?

No me gusta la música,

la cerveza es mala y los bocadillos me dan dolor de barriga.

- ¿De verdad? - Sí. Pero muchas gracias.

- Por favor, quite las manos... - Escúchame, bonita...

- No quiero... Suélteme. - ¿Qué te pasa?

Estoy casada.

- SÍ. - ¿De veras?

¿Y dónde está tu marido?

- Está enfermo. Tiene fiebre. - ¿De veras?

Pues no. Está ahí.

Hola, cariño.

¿Ya te ha bajado la fiebre?

Sí, claro que sí.

Escucha...

- Me romperás el abrigo. - Ya se encuentra mejor.

- Pero ¿qué...? - No pasa nada.

Acompáñame hacia la esquina y ya no me molestará.

¿Quién? ¿ ¿Quién? ¿Por qué?

Por favor.

Ahora ya ha pasado. Gracias.

¿De qué estás hablando? ¿Quién eres?

¿No te acuerdas?

Soy la chica que te indicó el camino con la barita eléctrica.

Si, no te había reconocido sin pantalones.

Lo siento, yo no quería...

- Lo que quería decir era... - No pasa nada.

¿Por qué te has acercado y me has hablado?

Ese hombre quería que fuera a beber y comer con él.

Y me asusté. No me dejaba en paz.

Y le dije que eras mi marido.

Y funcionó muy bien. Fue buena idea, ¿no crees?

Era mentira, claro, pero una mentira piadosa.

Yo no lo creo.

¿Te apetece una cerveza y un bocadillo?

Claro. Con una cara como la...

- ¿Qué le pasa a mi cara? - Me gusta.

Pues, vamos. Sé de un sitio donde ponen música.

Me encanta la música.

- ¿No es maravilloso? - Es un sitio bonito y barato.

- ¿Cómo dices? - Me refiero a la vajilla.

Y la cristalería y la cubertería. No se le puede llamar plata.

- Yo me refería a la música. - Deberías escuchar la de mi hotel.

Todos llevan esmoquin.

¿Has estado alguna vez en el Metropol Supreme?

- No he estado nunca en ningún sitio. - ¿De veras?

Excepto en el centro.

Es de donde vengo.

El centro, ¿verdad?

- ¿Cuánto hace que estás fuera? - Desde esta mañana.

¿Está mañana?

¿Y qué se siente al estar fuera?

- Es maravilloso. - Debe serlo. Sí.

Estarás curada, ¿verdad?

¿No te habrás escapado?

No, no me he escapado.

Hay chicas que lo hacen pero las traen de vuelta.

- Bien. - Y no las culpo por ello.

No es tan divertido como parece ser huérfano.

- ¿Un centro de acogida? - Por supuesto.

Me alegro. Por un momento pensé que...

¿Qué?

Toma, tu cuchillo.

¿No has estado en ningún sitio, ni has tenido nada propio?

Una vez me fui de excursión.

Dimos una recepción en la cárcel.

- Qué gran idea. - SÍ, nos lo pasamos muy bien.

Pero no volvimos porque preocupaba a los prisioneros.

- Ibamos a jugar al aire libre... - ¿Al aire libre?

¿No has estado en una fiesta de verdad?

- Pues en la cárcel... - Déjalo estar,

A una fiesta con gente normal.

Donde se ven vestidos buenos, fracs y se bebe vino

y se disfruta de buen servicio y buena música.

- Vaya. - Y helado y caviar

- y ancas de rana. - Me encanta el helado.

Una chica como tú debería tener lo mejor de todo.

Brazaletes de diamantes, vestidos bonitos,

vehículos niquelados, caviar, langosta,

abrigos de marta cibelina...

Dime,

¿te gustaría ir a una fiesta en mi hotel y ver todo eso?

- ¿Cree puedo ir? - Mañana por la noche.

¿Tienes algún vestido de noche?

No.

Podría tomar prestado uno del prólogo.

- El del número musical de la luna. - Te sacaré la entrada.

- ¿De veras? - Pues claro.

Te lo dejaré en el cine. ¿Cómo te llamas?

- Luisa Ginglebuscher. - ¿Ginglebuscher?

Barón, ¿le gustaría saludar a la Srta. Ginglebuscher?

Nunca.

- Bueno... - No digas tu nombre a nadie.

Compórtate como la aristocracia.

Lo intentaré.

Y ahora, te daré una clase de baile.

¿Sabes bailar?

He visto bailar tantas veces que sé un poco.

Su abrigo, señora.

Por supuesto que es mi abrigo.

¿Le importaría dejarlo en el ropero?

Está atestado de gente.

Sí.

Hola, Detlaff, he llegado bien.

No, gracias.

Hola, Detlaff.

- Estás deslumbrante de etiqueta. - Como si no me conocieras.

- ¿Qué? - Coge y ve a sentarte donde sea.

- ¿Dónde debo sentarme? - En una mesa.

- Mézclate con los otros invitados. - Está bien.

Y no menciones «Pringleguscher”.

- Ginglebuscher. - Lo que sea.

- No te tomes confianzas. - No lo haré.

Que los camareros no se tomen confianzas.

Te estaré observando.

Déjeme, sirviente. Así no me separaré de la carne.

No es sino solo que andaré por el precipicio.

¡Hola!

Qué absurdidad.

Poner escalones donde no pueden verse,

donde todos están condenados a caerse.

¿Para qué servirán?

Perdone.

Acabo de superar con gran dificultad muchos obstáculos

y aquí estoy ante muchos más por superar.

Esos condenados arquitectos

solo lo hacen para complicarnos la existencia.

Aquí.

Quiere sentarse aquí, ¿señora?

- ¿Y no pasará nada? - Si es maravilloso.

Muchas gracias.

¿A mí? Gracias a Ud.

Me lo he pasado de pena y ahora podemos disfrutarlo juntos.

Digo que me lo he pasado en grande. Tomaremos algo.

¿Le importaría levantarse?

- ¿Levantarme? - Sí.

Pero... ¿Qué? Pensaba que estaba sola.

Y lo estoy.

Pues en ese caso. Si está sola...

No. ¿Le importaría quedarse de pie?

Pero no entiendo... Después de todo...

No debe sentarse con los invitados ni tomarse confianzas.

¿Confianzas con los invitados? ¿Qué quiere...? ¿Cómo...?

¿Acaso parezco un camarero?

- Pues, así es. - ¡Sí! Debe saber, señora,

que lejos de ser camarero... No soy camarero.

Todo menos camarero.

Tengo un... Buenas noches, su Excelencia.

Es el Ministro de Arte y Decoración.

- ¿Si fuera camarero le hablaría? - No, supongo que no.

Aquí lo tiene. ¡Camarero...!

¿Ud. también es ministro?

Bueno, no exactamente.

Aunque la gente me confunda. Estoy en el negocio de la carne.

- Venta al por mayor, por supuesto. - No parece carnicero.

¿Carnicero? ¿Quién, yo?

Estoy en la exportación e importación.

- ¿De carne? - Y qué hay de malo.

¿Acaso es vegetariana?

No, no. Creo que la carne está muy bien.

Puede contar con ello.

Yo diría que la carne... ¿Y por qué hablamos de eso?

¿Quién sacó el tema? Bebamos un poco de champán.

El servicio aquí es terrible.

¡Camarero!

- Dos copas de champán, por favor. - ¿Ha dicho dos copas de champán?

Si no lo dije, me haré una revisión... ¿A qué viene?

Quizá la dama prefiera tomar sopa, señor.

¿Eso piensas? Pues ella no preferiría la sopa.

Si prefiriera sopa, lo pediría.

Es muy fácil de decir. Sopa, sopa.

Tráenos dos copas de champán y no me discutas.

- Hazlo y punto. - Muy bien, señor. Ahora mismo.

Uno debe ser decidido si no te pisotean y pisotean...

Te pisotean bien.

El aire está lleno del aroma de la revolución y del romance.

- Ahí está su amigo. - ¿Cómo?

Buenas noches, Excelencia.

Buenas noches.

Creo que es usted maravillosa.

- ¿De veras? - Por supuesto.

No he estado mucho por aquí

y al haber llegado justo de Sudamérica...

Igualmente, creo que es maravillosa.

- Es diferente. Asombrosa. - No lo creo.

- Por supuesto que sí. - No lo creo.

Quizá no sea así... Pero sí, lo es.

- ¡Enhorabuena! - Veamos...

Bienvenidos a nuestra disparidad musical.

Atención, atención, atención...

- No. No... - Soy el Ministro de la Futilidad.

- El Doctor Metz. - ¿Cómo está, Dr. Metz?

¿Cómo se llama, melocotoncito?

- Ella no es su melocotoncito. - No puedo decírselo.

¿Es una adivinanza?

En absoluto. Nunca lo adivinaría.

¡Qué avispada! Me recuerda a mí.

Nos lo vamos a pasar en grande los tres juntos.

Sí, ya lo veo ya.

Ve a buscar champán, Konrad. Mucho champán.

- Seguro que puede ir Ud. - No tengo sed. Venga, preciosidad.

- Me había prometido un baile. Venga. - No le he dicho nada.

- Claro que sí. - No.

- No desperdiciemos la música. - Yo quiero bailar con la joven.

- Antes ha tropezado. - Soy mejor bailarín que Ud.

Podrá bailar la siguiente canción. Vamos, querida.

- Querida, bailemos. - No te olvides de traerla de vuelta.

Ya hemos llegado.

- Pase, adelante. «Es precioso.

Sí.

- ¿Qué tipo de habitación era? - Es solo un comedor privado.

Sabe... Verá, esto...

¿Cómo se llama?

No quisiera ir probando hasta adivinarlo.

Puede llamarme Lu si desea.

«jLu!

Lulú, Luisa, qué nombre tan bonito.

- ¿Sabe qué? - No. ¿Qué?

El secreto de mi éxito es la franqueza.

No andarse con rodeos, sino ir a por ello.

Cuanto más rápido se va, más rápido se llega.

- Ese es mi lema. - ¿Qué quiere decir?

Pues significa que si Ud. me mira a los ojos

igual que yo miro a los suyos

0 que si yo le miro a los ojos igual que Ud. me...

No. Espere. Si me miro a los ojos

igual que Ud. mira...

No, déjelo. No es por ahí.

Imagínese caminando por el bosque

y se encuentra con un mago que le dice:

«¿Qué quieres, jovencita? Soy inmensamente rico

y quiero gastar un poco de dinero». ¿Qué diría?

- Pues no lo sé. - Bueno, yo...

¿Es el «Bosque encantado»?

No, no... El del «Cheque encantado».

Sí, bueno... ¿Qué le diría...?

Perdone, lo siento.

Cuidado. Veamos. ¿Qué le diría al mago?

Debe de haber muchas cosas que una bella joven querría.

- Ya entiendo lo que quiere decir. - SÍ.

Me gustan los vestidos bonitos, las langostas,

los brazaletes de diamantes y los abrigos de piel...

- ¿Los vehículos? - SÍ, cualquiera de esas cosas.

Sí, ya veo que ha estado pensando en ello.

El pobre mago se ha metido en un berenjenal.

Bueno, ¿cuál de estas cosillas querría?

- No quiero nada. - Pero acaba de decir que...

No. Era solo un juego.

¿Qué quiere decir? Me ha...

¡Santo cielo! ¿Por qué...? Es estupenda.

He estado buscando toda mi vida a alguien...

Bueno, ¿qué tal un buen abrigo de piel para empezar?

¿Lo aceptaría?

Naturalmente. Qué pregunta es esa.

Así me gusta. ¿Ve? Ya casi lo llevas puesto.

¿Qué tipo de piel le gustaría?

No lo sé. De cualquier tipo.

No, espere.

De marta cibelina.

- Ya veo, marta cibelina. - SÍ.

Sí, bueno...

El de chinchilla es aún más caro si cabe.

No querría algo más caro, sino algo de abrigo.

- ¿Así que le gusta la marta cibelina? - Sí.

Usted es la más... Quiero decir...

Ud. me deja anonadado.

Me electriza. Hace que me salga de mis casillas.

Me hace sentir como si tuviera 40. Digo 20.

Me ha devuelto a la juventud. Veamos...

Juguemos un poquito. Yo seré un león salvaje

y Ud. una ovejita.

Ud. está aquí comiendo hierba y yo también estoy hambriento.

De repente, me lanzo sobre usted.

No, pare.

- Y me lanza a sus pies. - Bájeme.

Y la llevo a mi cueva de las montañas.

Brincando, brincando,

brincando, brincando...

- ¿Me había llamado, señor? - Hola.

Buenas noches, señora.

Solo estábamos jugando.

Esto me parecía, señora.

- Bueno, ¿qué quieres? - Precisaba de mis servicios.

¿Nos hemos visto antes? No me olvido nunca de una cara.

- Seguro. He estado en el servicio. - Me suenas de algo desagradable.

- Gracias. ¿Algo más, señor? - SÍ, por supuesto que sí.

Vamos a pedir la cena. Vamos, siéntese.

Estoy hambriento. A ver, ¿qué...?

¿Cómo...? ¿Cómo está la sopa de langosta?

- Horrible. - ¿Cómo dices?

Nuestro chef no sabe cocinar sopa de langosta.

- Bueno, ¿y la...? - Señor, no sabe hacer sopas.

Gracias por avisarme. ¿Qué tal el filete de lenguado?

- ¿Filete de lenguado, señor? - Sí.

- Repugnante. - ¿Repugnante?

No lo recomendaría. Debe traerse con hielo.

Y sospecho que el hielo se derritió a medio camino.

No querrás decir que... Hay... Dios, es terrible.

- Desafortunadamente, señor. - ¿Y los medallones de cordero?

- Muy correosos, señor. - ¿Cómo puede ser correoso?

- Además, sospecho que es cabra. - ¡Cabra! Esto es absurdo.

Lo único de categoría que hay en este hotel son los precios.

Exacto, señor. Es justo lo que siempre digo.

Bueno...

Quizá no tenga tanta hambre como pensaba.

Qué disparate. Es porque este individuo lo pinta todo muy mal.

¿Hay algo en la carta que nos sugeriría?

Tenemos pechuga de gallina de Guinea en gelatina

con foie y trufas.

- ¡Vaya! - ¿Por qué no me lo dijiste antes?

- No me lo preguntó, señor. - No tengo por qué hacerlo.

Es el camarero que debe... Tráenos dos de esos.

Y tráigame una botella de Pommery del 1911 y un tentempié.

«Lo siento, señor. - ¿Ahora qué pasa?

Este plato es especial, señor.

Se sirve en el bufet frío en la sala de baile.

¿En la sala...? Esto es intolerable.

- No he oído nunca nada así. - Estoy de acuerdo con Ud.

¿Y por qué no cenamos en la sala de baile?

Porque quiero comer aquí.

- ¿Alguna razón en especial? - No.

¡No! Por nada. ¿Qué significa? Es absurdo.

O se sirve en la sala de baile o se ha dejado mucho tiempo al sol.

Me temo que sí. Conseguiré la mejor mesa...

Comeré aquí mismo aunque sea lo último que haga.

Ve y tráeme huevos.

- Iré a ver si tenemos, señor. - ¿Qué?

Cuente con ello, señor. Huevos.

¿Se ha fijado en sus ojos? Son canicas airadas.

- No, no me había fijado. - Está loco de atar.

Sin excepción, este hotel es el peor de los hoteles del mundo.

¿Por dónde íbamos antes de que nos interrumpieran?

Sí. Ya me acuerdo. Yo era una cabra montañesa...

¿Cabra? León.

Y me la estaba llevando

- a mi cueva de las montañas. - No. Déjeme en paz.

- Solo es un juego. - No me gusta.

Nos lo pasábamos...

- Por favor, él no quiere que... - Escucha...

Antes nos lo estábamos pasando en grande y tú... ¿Qué pasa?

¡Estoy casada!

- ¿Casada? - Sí.

Esta noche tiene fiebre.

- ¿De veras? - Sin duda alguna.

Esto es terrible.

Cuando ya me había decidido

y pretendía engalanarte como un árbol de Navidad...

- ¿Qué ha...? - No hay huevos, señor.

¿Qué? ¿ ¡é ? ¿Y quién te ha...?

Vete de aquí. ¿Quién te ha preguntado?

- Ya no tenemos hambre. - La señorita sí tiene.

- Tráele algo. - ¿Qué quiere que traiga?

Tráele postre de tapioca, pescado frito y sopa de fideos.

- ¿Señor? - Unos huevos de oca hervidos,

una caja de champán, tres vasos de leche y cerveza

- y vete de aquí. - Sí, señor,

¿Qué estás haciendo moviendo la mano así?

Son los nervios. Gracias, señor.

Está como una regadera.

Haré que lo encierren. Haré que...

Es verdad, está casada.

¿Por qué lo hizo? Lo ha estropeado.

- Porque tenía miedo. - Ya lo sé... ¿Qué?

De todas las razones, coge la más tonta.

«Tenía miedo».

Quedaría espléndida envuelta en piel de visón y lince y...

Cuando conozco a alguien que me conquista,

alguien con quien quiero gastar millones...

¿No lo entiende? Siempre he querido ser extravagante.

- Yo también. - Aquí lo tiene.

Nunca he visto algún caprichito que no haya querido comprar.

Yo tampoco.

¡Quieta!

- ¿Qué? - ¡No se mueva!

Ya lo tengo. Es diabólico y al mismo tiempo simple.

El le comprará el abrigo.

- ¿Quién? - Su marido. Haré que sea rico.

Es maravilloso. Esquivo los obstáculos.

- La razón de mi éxito ha sido... - No puede hacerlo.

Puedo hacerlo todo. Apenas me conoce.

Con un chasquido hago rico a un hombre.

Lo hago prosperar en un periquete.

- SÍ, pero yo no quiero. - Qué...

No lo entiende. Además, Ud. no puede.

No diga eso. Me fastidia.

- Mis planes se llevan a cabo. - No me haga llorar.

¿Por qué llorar cuando se puede hacer algo bueno?

Es un hombre que te ha estado manteniendo y...

- Es cierto. - Por supuesto.

Él no es rico o Ud. llevaría algo en los dedos.

Es maravilloso.

Es bueno para Ud. y él

y me hace sentir mejor y además, es divertido.

Sí, es divertido. Muy bien.

¿Lo hará rico de verdad?

- Bueno, ¿cuánto de rico? - Un rico normal.

Normal. Lo haré con mucho gusto.

No significa nada... ¿De qué se ríe?

Estaba pensando en mí haciendo a alguien rico.

¿Ud. haciendo rico a alguien?

Como el hada madrina, con un golpe de barita.

Sí, a golpe de talonario. Dígame, ¿qué hace?

- ¿Qué...? ¿Qué hace? - Claro, ¿Qué qué hace?

Cuando pregunto qué hace,

no me refiero al tiempo libre.

¿Quiere saber qué hace?

Por el amor de... ¿Se piensa que solo lo hago por...?

¿Qué lo pregunto por preguntar? ¿Qué hace?

¿Mi marido?

¿Hemos vuelto donde empezamos? Por supuesto, su marido.

- ¿Qué hace...? - Nunca se lo he preguntado.

Nunca se lo ha preguntado.

«Nunca se lo he preguntado”.

Quizá no me haya explicado bien.

Cuando digo eso me refiero a si es carnicero

o criador de caballos, dentista, o director de una funeraria...

¿Qué le gustaría?

¿Qué qué me gustaría?

- Fuera lo que fuera, podría ser... - Está dispuesto a todo.

Eso siempre suena mal. Supongo que si fuera buceador,

me daría muchos problemas.

¿No podría haberse casado con un abogado o quizá un...

- ¿Abogado? - Sí, claro, un abogado.

- O incluso un... - Es abogado.

¿Y por qué no me lo dijo antes?

Temía que Ud. no necesitara ninguno.

Le veré por la mañana y le haré...

Haría cualquier cosa por Ud.

Le convertiré en Asesor Jurídico General Europeo.

¿Qué quiere decir?

No significa nada pero lo convertiré en alguien.

¿Cómo se llama?

- Su nombre. - SÍ, claro, su nombre.

¿Es necesario que lo sepa?

¿Qué si es necesario que lo sepa? Luisa, de verdad, a veces...

Después de todo lo que... ¿Qué si debo saber su nombre?

- Su nombre. - Sí, claro su nombre.

- Después de todo... «¡Joven!

¡Oh no!

¡Jovencita! ¡Jovencita!

¡Jovencita! ¡Jovencita!

¿Qué está haciendo? Pare. Váyase a casa.

- Sí, Dr. Metz. - Bien, debo...

Nos veremos en el cementerio. Hasta la vista. Parlez-vous.

Nos veremos en el cementerio. Parlez-vous. Hasta la vista.

¿No sabes cómo alejarte de un comedor privado?

¿No tienes sentido común?

He estado dándote señales.

- Vienes del orfanato de sordos. - Auxiliares...

Auxiliares, asistentes, asistentes sanitarios, arquitectos...

¿Qué buscas? ¿No conoces a nadie?

Espero que sea pobre.

Agentes, agentes, agentes y más agentes.

- ¡Abogados! - ¿Para qué quieres un abogado?

Hay muchísimos. Si encontrara al que lo necesita.

Aguántame el libro.

- Pito, pito, colorito... - ¿Qué?

- Magia. Dónde vas tú tan bonito... - ¿Qué te pasa?

...verdadera, pin, pon, fuera.

- Aquí está. - ¿Quién?

- Mi marido. - Tu marido. ¿Has bebido?

Dr. Max Sporum.

- Debe de ser pobre. - ¿Pobre?

¿La calle Weisenberger es una calle pobre?

- Sí, mi primo vive allí. - ¿Estás seguro?

- ¿Muy pobre? - Mi primo vive allí.

Es maravilloso. Colorito me ha ayudado mucho.

Es una calle horrible. ¿Quién es colorito?

¿De qué hablas? Tú no tienes marido.

- Tú te vas a casa. - No me iré. No sabes qué pasa.

Te vas derechita a casa o le diré quién eres.

Detlaff, tú no harías esto si supieras qué ha pasado.

- ¿Ha pasado algo? - SÍ.

Lo voy a despellejar. Lo noquearé

- y le daré una paliza y lo noquearé... - Aún no ha pasado.

- Va a pasar. - ¿De veras?

Lo único que le pasará es un accidente.

- Lo cogeré por delante... - No, no Detlaff.

- Así sabrá lo que es bueno. - No.

Dame dos minutos y me iré a casa.

Te lo prometo, Detlaff. Solo dos minutos.

Al fin a solas.

¿Qué estás haciendo aquí? ¿Acaso es una sala de espera?

¿Y la cena que he pedido?

- Estaré fuera en dos minutos. - ¿Fuera?

Fuera en dos minutos. Gracias, señor. Muy bien, señor.

En dos minutos. ¡Fuera!

Santo cielo. Está como un cencerro.

- Hemos estado esperando dos horas... - Sr. Konrad.

- ¿Qué? - Se llama Dr. Max Sporum.

104, calle Weisenberger.

Se llama... No necesito a un doctor.

- Se refiere a... - Sí, mi marido.

¿Mi marido...? Claro, el Dr. Max.

Sporum. S-p-o-r-u-m.

- Sp... Sporum... - Calle Weisenberger, 104.

Calle... ¿Aparece en el listín?

- Sí, está en el listín. - Muy bien. Sporum.

- Le veré a primera hora de la mañana. - SÍ, pero debo irme.

No puede. Aún no nos ha traído la sopa.

Pero si no me voy, pasará algo terrible.

- Pero yo quería cenar con usted. - Otra vez será. Otro día.

- ¿Mañana por la noche? - SÍ, pero ahora no.

- ¿Acaso es celoso? - ¿Quién? Sí. Es muy celoso.

Enloquece de una manera...

Sí, Sr. Konrad. Buenas noches.

Te estoy muy agradecida. Ha sido la mejor noche de mi vida.

No, para mí no lo ha sido.

Es la última vez que hago de niñera de nadie.

Si vuelvo a hacerlo, puedes llamarme friegaplatos.

Mira, Detlaff.

Mira.

En algún sitio, imagínatelo, en algún sitio,

en alguna de esas luces, 0 esas ventanas oscuras.

- El pequeño Max duerme dulcemente. - ¿El pequeño quién?

Preocupado por pagar el alquiler o por lo que comerá mañana.

Y él no lo sabe. Imagínatelo,

- El no lo sabe. - ¿No sabe qué?

Que velo por él mientras duerme. Que cuido de él.

Que soy su hada madrina.

¿Qué hay?

Estoy buscando al Dr. Max Sporum.

No está aquí. ¿Es de la compañía del gas?

No. De la Empresa Cárnica de Sudamérica.

Odio la carne congelada. Buenos días.

¡Qué!

- ¿Cuántas veces debo decírselo? - ¿Parezco un vendedor?

- SÍ. - Le informo que soy el presidente

y el principal accionista de una gran compañía:

la Empresa Cárnica de Sudamérica.

- Sigo sin querer su carne. - No he venido por eso.

Estoy buscando al Dr. Max Sporum, el abogado.

Quiero asesoramiento jurídico. Y le asesoraría que le despidiera.

- ¿De veras? - Por supuesto.

Déjeme decirle que nadie puede despedirme

porque soy el Dr. Sporum.

¿Usted?

- No me extraña. - ¿No le extraña el qué?

Bueno, no me extraña.

Usted es el Dr. Sporum.

Se merece que le deje plantado.

Pero vayamos a su despacho. Tendrá despacho, ¿verdad?

¿Dónde sino vería a los clientes, en el servicio?

- No me sorprendería. - Pero no me interesa la carne.

- He dicho que... - Siéntese.

Sí.

Dr. Sporum, no me conoce

pero una de las razones de mi éxito

es que una vez me decido, soy inalterable. Lo llevo a cabo.

- ¿Me contará la historia de su vida? - No, señor.

Intento explicarle por qué, a pesar de todo,

quisiera convertirle en el Asesor Jurídico General Europeo

de la Empresa Cárnica de Sudamérica.

¿Qué le parece?

No nací ayer.

Nadie le tomaría por un recién nacido.

No fui el primero de la facultad

con una mención especial para nada.

- ¿Me contará la historia de su vida? - No, señor.

Le digo que es inútil que me dé gato por liebre.

- ¡Pero si yo...! - Sus subterfugios son pueriles.

Puedo ver a través de Ud. Es muy transparente.

De verdad... ¿De veras?

¿De veras? Paparruchas. No podría ver nada.

Mucho más lejos de lo que se imagina, amigo.

A ver si lo entiendo.

¿Quiere hacerme creer que como jefe de una compañía

ha escogido a un abogado sin reputación,

para ser el Asesor Jurídico General Europeo?

- Bueno, verá... - Responda sí o no.

Verá, sí.

Sin saber qué pretende exactamente, veo que hay gato encerrado.

No tendré nada que ver con negocios dudosos.

- Le aseguro... - Me atengo a mi moral.

Ha venido al sitio equivocado. Buenos días.

No es así, por eso estoy aquí.

Estoy buscando a un hombre honrado.

Y que tenga cabeza.

¿Y cómo ha oído hablar de mí?

Venga ya, doctor, no es tan poco conocido como piensa creer.

Su nombre se ha oído en los círculos más estrechos.

- ¿Dónde ha oído hablar de mí? - Bueno...

De un amigo mío. De la alta sociedad.

- ¿Quién? - El Dr. Metz, del ministerio.

- ¿El Dr. Metz? - Sí.

- ¿Él mismo? - Sí, en persona.

Cuando llevaba uno de sus casos.

- ¿El caso Borgani? - Sí, por supuesto. Este mismo.

El conocidísimo caso Borgani.

Siempre he querido felicitarle por haber ganado.

- Si lo perdí. - Perdió. Por supuesto. Eso es.

Pero de una manera brillante. Fue muy ingenioso, doctor.

Es mejor perder un caso con inteligencia,

que ganarlo estúpidamente.

Es lo que más admiramos. El Dr., Metz me dijo:

«No le quite ojo a Spoborum».

Y lo he hecho, aquí estoy.

- Muy bien. - Sí, bueno. Enhorabuena.

Queda proclamado Asesor Jurídico General Europeo

de la Empresa Cárnica de Sudamérica S.A.

- ¿S.A?

Sus honorarios deberían ascender entre 100 y 120.000 al año.

Como mínimo.

¿120.000?

Sí, alrededor de esta cifra.

Y para que vea que soy un hombre de hechos.

Aquí tengo los contratos.

Firme justo donde está la marca.

Creo que podremos mantenerlo ocupado.

Quizá le envíe a hacer el recorrido

de las sucursales de la empresa

para que esté al corriente de todo.

De hecho, lo haré.

Le proporcionaremos un vehículo y...

Mientras se ocupa de esto...

No se lo tome a mal,

pero me gustan las cosas un poco más limpias, más modernas.

Me refiero a nuevo mobiliario y esas cosas para empezar.

¿Nuevo mobiliario de oficina, para empezar?

Sí, claro. Naturalmente, después

dispondrá de un despacho mayor

con sus propios empleados y esas cosas.

Pero por el momento, quiero decir... Me permito sugerir que...

Que podría adquirir un nuevo apartamento

y algunos vestidos bonitos y pieles

y cosas para cualquier persona a su cargo que pueda tener.

¿100.000 al año?

Sí, sí, claro.

Y aquí tiene 10.000 coronas como anticipo

y muestra de buena fe para dar validez.

Sí.

Son auténticas. Y recuerde, doctor,

comparta su buena fortuna con alguien cercano a usted.

Significaría tanto para ellos. Un abrigo de visón,

un pequeño brazalete de diamantes.

Les encantan estas cosas y le será tan fácil.

Sí, tan y tan fácil.

Y recuerde, doctor, me gustan las cosas rápidas.

Mi lema es: cuanto antes, mejor.

Le llamaré más tarde.

Hola.

- Buenos días. - ¿Le ha visto?

Sí.

- -¿Cómo es? - El es... ¿Cómo dice?

Quiero decir... ¿Cómo se portó con Ud?

Muy divertido. Venga a desayunar y se lo cuento con todo detalle.

No, no. Creo que sería mejor que...

- Ahora ya es demasiado tarde. - Sí, demasiado.

- Saldremos a hurtadillas. - Pero...

Es que, verá...

Es maravillosa.

Más limpio, quizá.

Mobiliario de oficina.

Compraré mobiliario de oficina.

Compraré mobiliario de oficina.

Mobiliario de oficina.

Tendré muchos empleados,

abrigos de visón...

¿Abrigos y brazaletes? ¿Por quién me ha tomado?

Me compraré un sacapuntas de mesa

de distintos tamaños. ¡Por fin!

Estoy hablando en alto en una habitación vacía.

¿Estaré loco?

No me siento loco.

Mobiliario de oficina.

Ahora que ya le he conocido, todo me ha quedado claro.

- ¿De veras? - SÍ, muy claro. Pobrecita.

No sé cómo lo aguanta. A mí me molestaría mucho.

Quiero decir... ¿No le pica?

Perdone mi vulgaridad. Quiero decir...

- He entrado en terreno personal... - ¿Si no me pica qué?

Pues la barba.

Pensaba que me moría cuando asomó la cabeza.

La barba me deja fuera de juego.

Se parece a la de mi tío.

¿La...? ¿La barba?

Hizo una buena elección al escogerle.

- ¿De veras? - Debo reconocer que sí.

¿Cuántos años tiene?

- ¿Cuántos diría usted que tiene? - Pues no lo sé.

No se puede saber por los pelos de la barba.

Un par de años mayor que yo.

No puede ser tan viejo.

No lo es... Eso no le hace ser un decrépito.

- No, lo siento. No quería... - Bueno...

Siempre me lo he imaginado joven.

¿De veras? Pues tiene mucha imaginación.

Sí, imaginación. Debería ir a ver cómo es.

No quiero que haga alguna estupidez y lo eche a perder.

Sí, por supuesto. Yo...

¿Qué?

Me refiero ahora que lo ha convertido en un General.

Un Asesor Jurídico... Sí, ya lo entiendo.

Es un nuevo rico. Está en lo cierto. Podría...

No creo que sea muy inteligente.

- Podría equivocarse. - Podría, sí. Siempre lo hace.

Cada vez que abre la boca mete la pata.

Sería mejor que fuera a hablar con él.

- Esta noche a las 23:00. - Sí...

- ¿Me asegura que no habló de mí? - Claro que no.

- ¿Sabe algo gracioso? - ¿Qué?

Él tampoco me habló de Ud.

SÍ, eso es... Qué gracioso.

- Es maravilloso. - Sí.

¿Es usted el Dr. Max Sporum?

No, Busque arriba.

- Firme aquí, por favor. - ¿Qué?

Vamos, señorita. Tengo prisa.

- Gracias. - Cuidado.

- Ponto aquí. - ¡Cómo no, señor!.

Perdone.

Ahí está.

Temía que se hubieran olvidado. Gracias.

No sabe cuánto significa para mí.

¿Ha querido algo toda su vida que le haya caído del cielo?

Era mi gran ambición. Precioso. ¿Me asegura que es bueno?

- No. - ¿Y por qué lo trae?

¿Y si resulta que al final no funciona como es debido?

Pues podría afilar con un cuchillo.

¿Y perder mi tiempo, que parece ser muy valioso?

Si prestara más atención a los sacapuntas

y menos a lo que sea que piense

no debería trabajar en una papelería.

- No trabajo en una papelería. - Ya entiendo.

Eso. No lo entiendo.

- Acaba de traerlo. - No.

- Acabo de cogérselo de las manos. - Alguien me lo ha puesto ahí.

Ya entiendo. Veamos si funciona.

¿Puede cogerlo por el pie? Le daré a la manivela.

Qué suave.

Debe de llevar un cojinete.

¡Magnífico! Como una aguja. Tóquelo.

¿Había visto algo tan afilado?

Siento haberla regañado, pero fue por su bien.

Afilemos otro.

¿Siempre es tan desagradable?

Estos son para los lápices pequeños.

Soporta todos los tamaños... ¿Quién yo?

Cierto, usted no trabaja en la papelería, ¿verdad?

No. Mire. Cuando está lleno

presiona esto para abajo, saca esto de aquí,

lo vacía y vuelta a empezar...

Lo siento mucho.

¿Me estaba buscando?

No suelo estar tan emocionado como hoy.

¿Es usted el Dr. Max Sporum?

Sí, a qué se debe el honor de...

Me llamo Luisa...

- ¿Luisa? - Ginglebuscher.

¿Qué tal? ¿Gingle... qué?

- Buscher. - Sí.

- ¿Y quería verme...? - Solo quería ver cómo era.

¿Y cómo soy?

Horrible.

¿De veras?

Ilgual que como suena Ginglebuscher.

Pues no puedo ser tan horrible. ¿Quiere sentarse?

- He venido a verle porque... - Dígame, Srta. Ginglebuscher.

Quiero decir...

Si alguien debe decir algo debería decirlo sin tapujos.

Así la gente no se equivoca y lo echa todo a perder diciendo

algo que no debería decir. ¿No cree?

¿Cómo dice?

Espero que no esté decepcionado.

- Quiero decir que no se sienta... - ¿Decepcionado?

Después de lo que ha ocurrido hoy, puedo soportarlo todo.

Me alegro porque no sabía...

Quiero decir que hay gente extraña.

- La razón por la que... - ¿Sabe qué me ha ocurrido hoy?

Sí. Quiero decir, no.

Está ante el Asesor Jurídico General Europeo de la Empresa

Cárnica de Sudamérica, S.A.

De ahí, mi magnificencia.

- ¿Y está contento? - ¿Contento?

¿Por «contento» se refiere a estupefacto,

jubiloso, triunfante y atónito?

- Supongo. - Entonces estoy contento.

Justifica lo que siempre he sostenido:

que la integridad es el atajo hacia el éxito.

- Eso es verdad, pero quería hablarle... - Permitame que acabe.

He estado hambriento en este lugar donde ahora me rodean los lujos.

Durante años, jovencita, he temido que sonara el timbre,

sabiendo que era una petición por impago,

o un hombre cortándome el agua, o el suministro de gas.

¿Y por qué? Le pregunto por qué.

Yo se lo diré.

- Eso es lo que intento decirle. - Porque me atengo a mi moral.

Un abogado así no le sirve a los que perjudican al prójimo.

Muchas veces me he venido abajo.

Muchas veces llegué al nivel más bajo de un abogado,

acogiéndome a la ley pero sin reparo por la justicia.

Muchas veces he vacilado pero siempre algo me retenía.

Y ahora, debido a todo esto, la honestidad me premia.

Está ante un hombre cuyos honorarios oscilan entre 100 y 120.000 al año...

S.A.

Lo tiene todo pensado.

- ¿Qué fue lo que le premió? - La integridad.

La empresa buscaba un hombre honrado

y a nuestro presidente, el encantador Sr. Konrad,

le hablaron de mí y aquí está.

Ya entiendo.

¿Y quién cree que lo envió?

- ¿Quién? - Un ministro distinguido, el Dr. Metz.

Exacto.

¿Qué quería decirme?

Ya no le soltaré más discursillos por ahora.

- Nada. - Pero sí había algo.

Temía que estuviera decepcionado.

No.

Quería asesoramiento jurídico.

- ¿Qué ha hecho que no debería? - Nada, realmente.

Le diré qué voy a hacer.

Primero, es la primera clienta desde el gran acontecimiento,

y segundo, es una jovencita muy agradable y me gusta.

Desde ahora, seré su asesor jurídico de balde.

- ¿De balde? - De balde. Gratuito.

Sin cargo.

- Muy generoso por su parte... - No hace falta que me lo agradezca.

Quiero hacerlo.

Me siento afortunado haciendo algo para alguien.

Y lo haré.

- Con una sonrisa. - Exactamente.

¿A qué se debe este asunto tan importante?

El café.

¿Sabe qué hay un cubo de hielo que hace su propio hielo?

- No. - Y con gas.

- No me lo creo. - Yo tampoco. Quizá me compre uno.

Le diré algo más. El presidente, el Sr. Konrad,

sugirió que me comprara un automóvil.

- ¿De veras? - SÍ. No muy grande, claro.

- Algo para desplazarme. - ¿De cuántos cilindros?

No lo sé. Creo que de uno para empezar.

¿No es maravilloso?

Así visitaré las sucursales. Hay muchas, ¿sabe?

Es como si hubiera trabajado toda la vida con ellos.

Como si hubiera crecido con la empresa.

¿De qué color lo comprará?

El rojo luce muy bien. ¿O prefiere el verde?

Estaba pensando en uno negro, si al final compro uno.

¿Quiere parecer de la funeraria?

¿Y por qué no uno más alegre? Amarillo, azul o verde...

- 0 rosa, a mí me gusta mucho. - ¿Rosa?

Es un color muy bonito.

Me decantaré por el negro con el tono más oscuro.

Al fin y al cabo es su coche,

si fuera por mí no me decantaría por el negro.

Y sin duda alguna, no llevaría barba tampoco.

¿Qué?

- No llevaría. - ¿No la llevaría?

Sé que no es de mi incumbencia,

pero si no tuviera nada que esconder no llevaría barba.

¿Cuál era el asunto del que quería hablarme?

- Lo siento. - ¿Quería hablarme de algo?

Si una chica le dijera a un hombre que está casada sin estarlo

pero se lo hubiera dicho porque estaba asustada.

Y él le preguntara por su marido y ella le dijera que...

- ¿Hay algo malo en decirlo? - ¿Malo en qué?

Que cuando él le preguntó cómo se llamaba su marido

y ella le respondió con un nombre escogido al azar...

- ¿Hay algo de malo en eso? - No lo creo.

¿No importa el nombre o lo que sea?

¿Ha robado algo del hombre de nombre falso?

No. No le cogió nada. Nada de nada.

Pues no tiene nada de qué preocuparse.

Y debería tomarse el café con tranquilidad.

Si me apellidara Ginglebuscher, sin duda alguna lo usaría.

Si yo luciera una barba así, no me reiría de Ginglebuscher.

Y con eso concluye el asunto jurídico.

- Me gustaría que se la quitara. - Nunca.

- Tápesela con las manos. - No pienso hacerlo.

Por favor.

- Qué apuesto. Debería quitársela. - No sabe qué dice.

Está bien, deberá ser rosa.

- ¿Rosa? - Claro que sí.

No puede ir así en un vehículo negro. Asustaría a los niños.

Deberían darle unos azotes.

Lo siento.

- Vayamos a comprarlo ahora mismo. - Solo le estaba informando.

Nadie compra un automóvil así como así.

Le ha dicho que debía y si lo adquiere lo tendrá.

De lo contrario, podría cambiar de opinión mañana.

- ¿Y entonces qué? - ¿Por qué debería reconsiderarlo?

No lo sé. Podría ser. Vamos.

Si voy con usted es solo para echar un vistazo.

Bajo ninguna circunstancia consideraré comprar uno.

Sí, señor. Vamos.

Una de las mejores sensaciones que he experimentado.

Me siento como un pájaro.

- Lo tiene. - Ya lo tengo.

Creo que es mejor que se mantenga a la izquierda.

Me siento más seguro por el medio.

- ¿Sabe qué me haría aún más feliz? - ¿El qué?

- Que se comprara un traje. - ¿Cree que debería?

Doctor, yo creo que sí.

Pues debería.

Ahora.

Un Sporum no rechaza una proposición de una Ginglebuscher.

¿De veras?

- ¿Qué quiere decir «de veras»? - Ya sabe qué quiero decir.

Querida señorita,

- con el pretexto de asesoría... - Un Sporum no rechaza

una proposición de una Ginglebuscher.

No sabe qué significa la barba para un hombre sin hijos.

Pero ya sé cómo luce en un hombre sin hijos.

Querida jovencita, si continúa así, en los próximos 78 años...

Muy bien, muy bien.

No me separaré de mi barba.

Un segundo, por favor.

Gracias.

Proceda.

No, espere.

No debe hacerlo, si de verdad no quiere.

¿No le gustaría ir a mirar los escaparates?

Perdone.

¿Y si le damos un poco de jabón y ya está?

No.

Quitemela.

- Esto es un crimen. - ¿Eso cree?

Por supuesto que sí. Es una barba preciosa.

Gracias. La suya también.

Gracias.

¿Por qué no cambia de opinión?

Mire,

- Quítela. - ¿Qué la quite?

Sí, fuera.

Fuera.

ZORRILLO AUTÉNTICO

HASTA ACABAR EXISTENCIAS

Pero Meredith...

Pero Meredith...

Está preciosa.

Está preciosa, no tiene nada que decirme.

Me temo que se ha confundido.

Eso diría, Srta. Ginglebuscher.

Mire qué me ha hecho. Mire.

Usted...

Sí, soy yo. O lo que queda.

Primero, me dice que debo afeitarme.

La amargura de la existencia. Trae problemas y cambia el carácter.

- Está... - Déjeme acabar.

Me calentaba en invierno y refrescaba en verano.

Sabía dónde poner las manos cuando estaba nervioso.

Muy divertido. Muy divertido.

No sabe que la barba es el mayor atractivo varonil.

Es lo que nos distingue de los animales.

Hay animales que saben hablar, como los loros.

- Pero no los hay con barba. - Como el macho cabrío.

- Me siento desnudo. - Está guapísimo.

- Eso son paparruchas. - Pero es verdad.

Todos pueden ir sin barba. Antes parecía un abogado.

Y ahora parece un Jurista General suramericano.

Supongo que con el tiempo me iré acostumbrando.

¿Quién es el amiguito?

- ¿Verdad que es precioso? - SÍ. pero ¿qué es?

Un zorrillo auténtico.

Será pariente de un zorro.

Por favor, no. No pensará quitárselo, ¿verdad?

Después de todo, ¿qué es un zorrillo entre amigos?

Ha sido tan amable que le perdono incluso esto.

Me gustaría que lo aceptara. De verdad.

- No hace falta que me regale nada. - Claro que no, eso ya lo sé.

Me haría feliz saber que lleva un zorrillo auténtico.

Le abrigará mucho.

Me encantaría aceptarlo.

Bien.

Por favor.

- Gracias, señor. - De nada.

Y ahora...

¿Qué le pasa? ¿Qué le ocurre?

Nada.

Por favor, ¿dígame de qué se trata?

Es solo que nadie me había regalado nunca nada.

Y es un sentimiento un tanto extraño.

- ¿Nadie le había regalado nada? - Verá, cuando se es huérfano

- no se tiene familia ni a nadie. - Lo siento.

No se tiene a nadie por quien hacer buenas acciones.

De hecho se tiene a mucha gente, pero a nadie cercano.

- ¿No lo entiendo? - SÍ, pero no lo tengo muy claro.

Supongo que todos quieren hacer algo por alguien,

porque hace que te sientas bien y te sientas feliz.

Supongo que todos quieren sentirse así. ¿No cree?

Puede estar uno seguro de ello.

Es por eso que me gusta Ud.

¿Tengo algo que ver con que ha hecho o va a hacer

o desearía hacer algo por alguien?

No, no. Quería decir

que si surgiera algo para que yo pudiera hacer algo por Ud.,

naturalmente, me encantaría hacerlo.

Pero no creo que surja, ¿verdad? Que se dé el caso.

Pero lo haría si surgiera.

- Si pudiera. - ¿Por qué?

Bueno, quizá sea porque soy huérfana.

Debería haber más.

¿Puedo ofrecerles algo, señor?

- No. - Gracias, señor.

Gracias.

- ¿Sabe qué sería espantoso? - ¿Qué?

Que no nos volviéramos a ver ahora que nos hemos conocido.

¡Verdad!

Ambos estamos prácticamente solos en el mundo.

Me alegro que Ud. también lo esté.

Vayamos a investigar el caso del congelador sin hielo.

¿Qué hora es?

No puedo. Debo ir a trabajar.

- Pero podríamos vernos esta noche. «Espléndido.

Pasaré a buscarla. ¿Dónde trabaja?

En... No, no puedo. Me había olvidado.

- ¿Cómo? - Debo cenar con un caballero.

Nada importante. Es mejor que vaya.

- Debo ir a su hotel. - ¿Su hotel? ¿En su habitación?

Supongo que sí.

- ¿No debería? - SÍ, si es eso lo que quiere.

No quiero, pero debo ir.

Preferiría ir con Ud., pero con todo lo que ha hecho...

Quiero decir que mejor que vaya con él.

¿Se trata del caballero al que le dio el nombre falso?

- Sí. - Ya entiendo.

Para ser tan joven empieza bien.

No hago nada malo.

Eso depende. Que tenga un buen día.

- Espere. - ¿Qué ocurre?

¿No quiere volver a verme? Pensaba que nos gustábamos.

Al parecer, estábamos equivocados. Adiós.

Aquí, aquí.

- Venga, vamos. - Ven, cariño.

Hola, amigos.

«Hola. - Hola, cariño.

- Hola. - Pensé que sería mejor vigilarte.

¿De dónde has sacado las pieles?

No quiero que me vigilen.

- ¿Adónde vas? - Tengo una cita.

¿Con quién?

- No es asunto tuyo. - No será ese hombre.

- Ese gordinflón. - ¿Y si lo es?

- No lo permitiré. Antes muerto que... - ¡Debo hacerlo!

Él cree que es porque ha sido honrado

y significa mucho para él.

Y así debe seguir, Detlaff, aunque ya no me guste.

No puede perder su sacapuntas.

¿Qué quieres decir con «su sacapuntas”»?

- Has vuelto a beber. - No seas estúpido.

Si haces de hada madrina no puedes dejarlo en medio.

¿En medio de qué? ¿Qué tiene que ver el sacapuntas?

- Deberías volver al orfanato. - Déjame en paz.

Te prohíbo entrar a su cuarto o en el mismo barrio que el hotel.

- Iré igualmente. - No lo permitiré.

- Te pasará algo terrible si vas. - ¿Qué?

Una gran calamidad, una catástrofe,

algo tan terrible que no puedo ni mencionar.

Un cataclismo.

No sé de qué me hablas.

- Haría lo que fuera por Max. »¡No lo permitiré!

- No podrás hacer nada. - ¿De quién es el coche?

- Te voy a poner muchas trabas. - No harás nada.

- Claro que sí. - No.

- Claro que sí. - No.

Por supuesto que lo haré.

Podría parar en algún sitio para poder llamar.

Sí, señora.

¿Diga?

Sí, soy el Dr. Spo...

Querida.

Qué alegría volver a escuchar su voz.

Me alegro que no esté enfadado conmigo porque...

¿Enfadado? No. Estaba enfadado conmigo mismo...

Pero cuando volví para decírselo, ya se había ido.

No sabía dónde encontrarla, y pensé que no volvería a verla.

Dígame, ¿me perdona?

Por supuesto que le perdono.

Por eso le llamo. Para decirle que quiero que sea feliz.

Quiero que sea rico.

Ya me lo imagino con su sacapuntas.

En el fondo es como un niño. Especialmente sin barba.

Parece una tontería, ¿verdad? Un niño sin barba.

Haga algo por mí. Pensará que es una locura

pero cuando cuelgue piense en mí.

Piense en mí con ternura.

Casi como sí...

Casi como si

le quisiera.

Espere. No, no, señorita... ¡Luisa!

¿Diga?

¿Diga?

Vaya, aquí está.

Pase, adelante.

Y ahora entraremos aquí.

Lo tenía todo preparado

y en el último momento... Mire.

Vaya con cuidado.

Verá, hay unas cuantas tazas que se han caído.

La lámpara las ha hecho caer. Siéntase aquí.

No se corte el... Cuidado.

Mire que lo tenía todo preparado.

Sabe, esta es la primera vez que...

No estoy acostumbrado a...

- ¿Cómo se encuentra? - Bien, gracias.

- ¿Cómo se encuentra? - Bien.

¿Cómo van las cosas por casa?

- Bien. Le di una gran charla. - Sí.

- Y compramos un coche nuevo. - Bien, bien.

- Y le hice comprar un traje. - SÍ, bueno, lo necesitaba.

Y luego un sombrero, un bastón, unos guantes, además de los muebles.

- Pero... - Casi me olvido.

- Camisas y corbatas nuevas... - ¿Y qué me dice de Ud?

- ¿Qué ha comprado? Al fin y al cabo... - Esto.

¿Esto?

- ¿Está cosa? - ¿Verdad que es precioso?

- Me lo ha dado esta tarde. - ¿De veras?

- ¿Y qué se supone que es? - Zorrillo auténtico.

Zorrillo auténtico.

Se compra un vehículo, muebles y un traje nuevo

y para usted este trozo de... Esta cosa.

¡Zorrillo auténtico!

¡Una auténtica paparrucha!

A mí me gusta. Es mío.

Es precioso.

¿Qué pretende regalándole un trozo de gato como este?

- No es un gato. - ¿Qué no? Trabajo con pieles.

Es un gato. Y un gato muy barato.

¡Mire qué ha hecho!

Bueno, yo no quería...

Me gustaba tanto.

Debería avergonzarse de sí mismo.

- No me gusta que esté casada con él. - No le gusta.

No. Zorrillo auténtico.

Primero, no me gusta su personalidad,

y segundo, es tacaño, desagradecido e hipócrita.

Y tercero...

Y séptimo, no confío en él.

Y octavo, no me gustó desde el primer momento.

No hable así de mi marido.

No puede evitar ser esas cosas. Nació así.

Se lo tiene bien merecido.

Pero no hablemos de él.

- Tú no me has visto. - De acuerdo.

No debería darle miedo. No hay razón para ello. Siéntese.

Eso es.

Muy bien. Eso es. ¿Ve?

Anoche, bebí como un cosaco

y cuando eso sucede me vuelvo mujeriego.

Soy un hombre normal.

Pero cuando no es así, ya ve que soy diferente.

Cuando decido hacer algo, lo hago. Debe admitirlo.

Hice lo que prometí que haría al fin y al cabo.

Sí, cierto. Ha sido muy generoso.

Muy bien.

Quería contarle un secreto. Que no le engañe mi apariencia.

- Quiero decir que mi interior no... - ¿No qué?

Que no soy como cree que soy.

- ¿No? - No. Por supuesto que no.

La razón de mi éxito no fue engañar.

He pegado fuerte, pero siempre bajo el cinturón...

Digo, por arriba del cinturón.

¿Quiere decir que ya no le gusto?

¿Gustarle?

La adoro. Me inclino ante usted. Me electriza.

Su presencia me provoca...

¿Coge la idea? Me deja anonadado.

Esa es la cuestión.

La quiero tanto que creo que es maravillosa.

Pensaba que podía ser uno de esos hombres

que juguetean con las mujeres, pero no creo que sepa hacerlo.

No soy un vividor. Solo lo parezco.

Quiero oír el tamborileo de los piececillos.

Quiero oír vocecitas que me llaman papá.

- Muchas voces. - No...

- Sr. Konrad... - Sentarme con mis tirantes

y quiero...

Perdone, está encima de mi zorrillo.

Sí... Tirantes...

Verla tejer calcetines para los renacuajos.

Muchos calcetines. Quiero...

¿No lo entiende? Quiero que se case conmigo.

Luisa, cojamos el toro por los cuernos.

Y...

¿Qué es esto? ¿Qué significa esto?

¿Quién es? Cálmese.

No se...

¡Socorro!

No pasa nada.

¿Dónde...?

Detlaff, suéltame. Para ya.

¿Dónde está...? ¡Luisa! ¡No!

Para. Detlaff, detente.

Ascensor. Vamos...

- Para. - Ven conmigo.

¡Luisa!

Ya voy.

Si no vienes conmigo, le diré toda la verdad.

- Detlaff, no lo harás. - Cogedle.

- Vamos. - Haré que le detengan.

- Vamos. - No lo harías. No lo harías.

Tú, ¿qué estás haciendo?

Cógelos.

No, Detlaff.

No puedo.

- Detente. - Venga.

- Vamos. - Ten cuidado.

Por aquí.

¡Taxi! Aquí, aquí.

Vamos.

- Detlaff. - Entra.

Ven aquí.

Ya te tengo. ¿Qué significa este escándalo?

- Déjeme. - Haré que te encierren.

¿No nos hemos visto antes? Nunca me olvido de una cara.

- ¿Quién eres? - Pues...

No me lo diga. ¡El camarero!

- Arranque. - Lo he adivinado.

Ya lo entiendo todo.

¿Cómo puede volver a mirarme a la cara?

- En cuanto a ti, miserable... - Arranque.

- Saboteador, haré que... - ¡Fuera!

Detenedlos.

Por favor, a ver... Fuera.

- Siga a ese taxi. Rápido. - Sí, señor,

¡Espere! Mejor vaya a casa del Dr. Sporum.

- Sí, señor. - Mejor. rápido.

¿Dónde está el Dr. Sporum? ¿Está en casa?

- ¿Quién es, su empleado? - ¿Lo parezco?

Sí y parece ser bueno. Se coloca muy rápido.

¿Qué hace ahí plantado? Deberían despedirlo.

- ¿Otra vez? - ¿Intenta hacerse el gracioso?

- Vaya a buscar al Dr. Sporum. - Yo soy el Dr. Sporum.

¿Qué quiere decir que es el Dr. Sporum?

Él lleva barba. No cree que yo...

Bueno...

- ¿A qué viene eso? - Me he afeitado.

Te has afeitado. Estás horrible.

Ud. también. ¿Qué le pasa en el ojo?

- ¿Qué crees que es? - Un ojo a la funerala.

Pues eso es lo que es. Entra en tu despacho. Quiero hablarte.

- ¿Y qué opina del nuevo mobiliario? - Sí, esto no me interesa.

Hace poco que me he ido del hotel a dar una vuelta

- para relajarme, ¿entiendes? - Sí.

Un taxi, que estaba delante de mí, salió a la carretera.

Mientras iba marcha atrás me rompió los faros

y me dejó el ojo morado.

Solo te explico el motivo por el que seguía al taxi.

Porque le rompió los faros.

Exactamente. ¿No me culpa?

Claro que no. Yo también lo hubiera seguido.

Sí, ciertamente.

Eran unos faros Zeiss nuevos y me los acababan de poner.

La cuestión es que no sabía si la póliza me los cubre

porque cuando la contraté no estaban.

- Ya entiendo. - No, no lo entiende.

Te explico por qué seguí al taxi. Solo por esta razón.

- Que quede constancia. - Espere.

- ¿El taxi era de una gran compañía? - Da igual.

- Sí importa. - No importa.

Cuándo me alcanzó miré dentro. Es normal, ¿verdad?

Los de las grandes compañías forman un grupo...

Miré dentro. Esto es normal. ¿Y qué vi?

Creo recordar un caso parecido de un hombre llamado Webber.

A un lado había un camarero feo, manchado de sopa e impertinente

- Y al otro lado, tu mujer. - Estaba en lo cierto.

La aseguradora es la responsable.

La aseguradora debe pagar por los faros.

- ¿Por los faros? - Cierto.

La teoría del reflector.

- ¿Qué? - Aparecía en el derecho romano.

No se preocupe.

- ¿De nada? - Con el tiempo,

cada parte debe sustituirse por otra de nueva.

- Se entiende como un todo. - ¡Tu mujer estaba con el camarero!

- ¿Mi mujer? - ¿Cómo puedes reírte?

Pues porque no tengo mujer.

¿No tienes mujer? ¿Qué quiere decir?

Pues que no tengo mujer.

Pero tú... ¿No tienes esposa?

- No, no estoy casado. - No estás...

- ¿Qué quiere decir? - Pues que no lo estoy.

¿Qué le hizo pensar que lo estaba?

¿No formalizamos un contrato de cinco años esta mañana?

- SÍ. - ¿Te di 10.000 coronas de anticipo?

Sí, le estoy agradecido.

Pues ahí lo tienes. Dijiste... ¿Cómo puedes decir que no?

- ¿Qué tiene que ver? - Pues tiene mucho que ver...

No contratamos a solteros. No son constantes.

Lo siento. No me dijo nada al respecto.

¿Cómo puedes decirme que no cuando sé que lo estás?

¿No me estará llamando mentiroso?

No exactamente.

¿Por qué evades responsabilidades? ¿Eres cobarde?

- Si así fuera, no se daría cuenta. - ¿Por qué...?

Me ocuparé de Ud. en un minuto.

Ya veremos quién se ocupa de qué.

- Has estado a punto de arruinarlo. - Desagradecida.

Solo quería casarse conmigo.

Sí, cuando Jonás se zampó a la ballena.

¿Cómo puedes ser tan...?

Hola.

Lo siento mucho, querida mía.

Es mal momento. Nuestro presidente está aquí.

Está aquí.

Ves qué te dije, Detlaff.

Quizá podríais venir más tarde o quizá mañana a primera hora.

Me encantaría verla.

Así que no estás casado.

No está casado. Ya me parecía a mí.

- Mentiroso. - Señor.

Solo te falta un caso de lesiones como ese amigo tuyo.

- ¡Que no está casado! - ¿Qué quiere decir?

Buenas noches, Sra. Sporum.

¿Le has dicho al caballero que no estamos casados, Maxie?

- ¿Qué si le he dicho al...? - Si me permite...

- Nadie te ha preguntado. - Si vuelve a dirigirse a mí...

- No me haga reír... - ¿Qué significa esto?

Eso quiero saber. Algo huele a chamusquina.

- ¿Yo huelo? - Bueno...

- Ándese con cuidado... - ¡Parad ya de una vez!

Parad de una vez o haré que os detengan.

Mejor que entremos.

Cuando nos casamos le hice prometer

que nunca se lo dijera a nadie porque mi tío, mi tío Detlaff,

no cree en el matrimonio porque estuvo casado

- y le daba igual. - ¿De veras?

Déjame que me explique. Puedo explicarlo todo.

No querrá decirme que este personaje es...

- Querida Luisa... - Maxie, déjame explicarme.

Por eso, Sr. Konrad, le dijo que no estábamos casados

y si hubiera sabido que mi tío estaba en ese taxi,

- No hubiera tenido que... - SÍ.

Pero no querrá decirme que este atontado es...

Sí. Sí. Es muy simpático.

Ahora está todo mucho más claro.

Le acompañaré yo. Max tiene mucho que hacer.

- No lo sé. «¡Detlaff!

Cuida del tío.

- ¿De qué va todo esto? - Pero yo no...

Acabo de explicarlo. No me haga repetirlo otra vez.

Deberás explicármelo de nuevo.

Maxie.

Querida, será mejor que me vaya yendo.

- Esos problemas familiares... - Debería quedarse.

Y tú también, tío Detlaff.

Muy bien, señor.

- ¿Qué significa? - Puedo explicarlo todo.

- ¡Nadie te ha preguntado! - Lo hará la Srta. Ginglebuscher.

¿La Srta. Gingle...? ¿Quién es la Srta. Ginglebuscher?

- Esa soy yo. - Qué estupidez. Usted no podría...

¿Quién es la Sra. Sporum?

Esa es mi madre. Vive en el pueblo.

- Pero yo creía que... - Poco a poco lo irá descubriendo.

¡Cállese!

- No sé quién vive en el pueblo y... - ¿Puede estar callado un momento?

A ver, ¿qué le han hecho?

Venga conmigo. Sí, insisto.

Venga conmigo. Por aquí.

No, no.

Y ahí estaba en el comedor privado y Detlaff me hacía señas así.

Y el Sr. Konrad dijo que era un mago y que me daría abrigos de pieles

y prometí hacer una buena obra cuando me sacó del centro.

- ¿El centro? - Centro de acogida.

- ¿Quién te ha preguntado? - Por favor...

- Compórtense. - Pero no me asusté

hasta que me cogió y me llevó a su cueva de las montañas.

- ¿Qué cueva de las montañas? - Era solo un juego.

- La ley lo llama de otro modo. - ¿La ley?

Cuando estaba asustada le dije que estaba casada.

Como cuando dije que Detlaff era mi marido.

- Pensaba que era tu tío. - No, es camarero.

Eso no detuvo al Sr. Konrad.

- Solo dijo que... - ¡No está casada con nadie!

- ¿Le importaría callarse, señor? - Y dijo:

«Como estás casada, no puedo darte abrigos de pieles.

Vivo en los obstáculos».

- Esquivo. - Esquivo.

Y gritó: «Ya lo tengo. Haré rico a tu marido».

Y aquí es donde entra usted.

- ¿Yo? - SÍ y luego llegó el Dr. Metz,

y vi la oportunidad de hacer algo bueno.

Miré en el listín buscando un marido y encontré

al Dr. Sporum.

¡Cuántos doctores! ¿Qué es, un hospital?

¿Me escogiste al azar de entre un listín?

Solo dije: “Pito, pito, colorito..”.

Y tú eras colorito.

Ya entiendo. Qué gracioso.

No quería hacer daño a nadie.

Pero no quería que fuera infeliz.

Quería ser el hada madrina de alguien.

¿Le dijiste a este hombre que eras mi mujer?

Sí, señor.

La honestidad es el atajo hacia el éxito,

La moral, mientras la haya.

La integridad te premia.

Sr. Konrad codició a mi mujer. Esa fue mi recompensa.

«A su Excelencia, el Dr. Stanislav Metz del ministerio.

Honorable, señor,

con agitación y eterna gratitud me atrevo a dirigirme a usted

para agradecerle»..

No hay nada por qué llorar. Ha sido muy divertido.

El Sr. Konrad ha perdido un poco de su mucho dinero.

Yo un poco de esperanza. Eso es todo.

Tú no has perdido nada.

¿Por qué lloras?

¿Fuiste a su habitación esta noche?

- SÍ. - ¿Por qué?

Para que pudiera quedarse con su condenado sacapuntas.

No, Luisa.

- Pero yo... - Solo quería que lo tuvieras

todo.

Siento mucho haberos causado tantos problemas.

Ojalá fuera una buena hada madrina

para poder deshacerlo todo con un toque de varita.

- Adiós. - No, espera un momento.

Ahora es mucho más sencillo. Es maravilloso.

Quiero decir que Ud. y yo ahora...

- ¿No?

Pero se lo agradezco.

- Supongo que eso es suyo. - No, por favor...

Por supuesto. Y el automóvil y el mobiliario, y el saldo.

Srta. Ginglebuscher.

No se vaya.

Luisa, no te vayas.

Lu...

Sí, doctor...

Max.

- Seremos muy pobres. - Nunca he sido rica.

Ya nos las apañaremos.

Incluso sin el contrato.

¿De verdad? ¡Qué independiente!

Déjame decirte, amigo,

que este hombre está comprometido con mi empresa cinco años.

- ¿Qué? - SÍ, y solo yo lo incumpliré.

- ¿Quién te crees que eres? - Sr. Konrad...

- Es usted... - No importa.

Me servirá un abogado honrado pero no trabaje demasiado.

Eres un hada madrina.

Has entrado en mi vida y lo has cambiado todo.

No. Tú eres quien ha cambiado mi vida.

No, de hecho yo soy el único responsable...

Si dices que fue cosa tuya, te doy un puñetazo.

Si hay alguna hada madrina, esa soy yo.

Fiel y leal

te guiaremos hacia delante,

donde el amor, triunfante,

te coronará con alegría.

Conocida estrella,

flor de la Tierra,

bendecidos sean los que lejos están

de toda preocupación.

FIN

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.