Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
No encontrarán el estado de Vosnia en ningún mapa
ni podrán comprar un diccionario de su idioma en ninguna librería.
Sin embargo, Vosnia existe. Y cualquier parecido
con cualquier otro Estado, pasado o presente, vivo o muerto,
no es, ni mucho menos, una coincidencia.
Hola, Nueva York. Aquí Jake Buckman desde Strelna, Vosnia, Europa.
Estamos en la plaza de la ciudad,
donde todos los ojos miran al balcón de la Casa del Pueblo.
El Primer Ministro, el General Niva, inicia su campaña electoral.
Las elecciones son vistas con reservas por los observadores occidentales.
La causa es que no hay ningún candidato opositor.
Se espera que el 99% de la población reelija al General Niva,
escribiendo "Sí" en sus papeletas.
No es probable que alguien vote “No".
¡Esto empieza a cobrar vida! Ya aparece el General Niva.
¿Ha terminado, doctor?
Sí, he hecho lo que he podido.
No servirá de mucho. Pero, como le he dicho,
no rechazaré ninguna petición razonable.
Dispone de cinco minutos. El tiempo para un cigarrillo.
Gracias.
- ¿Cómo pretende hacerlo? - Sólo tiene que salir por esa puerta.
Lo que ve es lo mismo que hay del otro lado.
- ¿Abatido en un intento de fuga? - No, un disparo accidental.
Hay que pensar en la prensa.
Sigo creyendo que la verdad saldrá a la luz.
¿Por qué?
En efecto, ¿por qué tendría que salir a la luz?
Podrían contar a la prensa que fue un desgraciado accidente.
Es una situación a la que no logré adaptarme desde el principio.
¿Cuánto hace? ¿Dos semanas? No puede ser más.
En Londres, era jueves cuando llegó la carta.
Bajé a desayunar y estaba sobre la mesa.
Lo primero que vi fue el sello de Vosnia
con la imagen de su líder, el General Nivaa.
No conocía a nadie en el país e ignoraba quién podría enviada.
La enviaba el Congreso Internacional de Ciencias de Strelna
y me informaba de que había obtenido la Medalla de Oro Kepler
debido a "su destacada contribución a la ciencia médica".
"Nos referimos a la nueva intervención que lleva su nombre
para aliviar la hipertensión portal y que ha dado nuevas esperanzas
a quienes sufren una enfermedad hasta ahora incurable."
Puede que me sintiera halagado, pero estaba sorprendido.
Es cierto que yo era el responsable del citado adelanto quirúrgico.
Durante cuatro meses había enseñado la técnica
a mis colegas británicos en un hospital de Londres,
adonde había sido enviado desde Nueva York.
- Buenos días, Dr. Marlowe. - Buenos días.
Los mensajes de hoy.
No sabía que mis trabajos habían sido seguidos tan de cerca
y Strelna era el último lugar donde esperaba recibir semejante honor.
Las relaciones políticas entre ese país y el mío eran casi inexistentes.
Cuando salí del hospital, la prensa ya se había enterado.
- Dr. Marlowe, ¿qué puedo decirnos? - Dr. Marlowe, ¿qué opina de...?
Lo siento, no puedo atenderles.
Al llegar al club, ya me esperaban en el hall.
Hola, Marlowe. Tu nombre está en Ia prensa. Enhorabuena.
Gracias.
Los hombres del bisturí son muy reconocidos.
- Dr. Marlowe. - ¿Sí?
Un caballero quiere verle. Le está esperando.
¿Quién es?
Es extranjero. No he entendido su nombre.
- Dr. Marlowe. - Sí.
Soy Janovic Prada, de la Embajada de Vosnia.
- Le felicito. - Gracias.
¿Qué puedo hacer por usted?
- Más bien por nosotros. - ¿De qué se trata?
En la sesión de hoy, el Congreso aprobó por unanimidad
invitarle a Strelna, para demostrar la técnica de su operación.
- Sería un honor si aceptase la invitación. - Me encantaría. ¿Cuándo?
- Esta semana. - ¿Esta semana? No creo que pueda.
El Congreso finalizará el sábado y los premios se entregan esa noche.
El Ministro desea que acuda a recibir el galardón.
Me lo han notificado con muy poco tiempo.
Es el primer americano al que se le concede.
Es un gesto excepcional, dada la actual situación.
Si acepta, su visita ayudará a mejorar las relaciones.
Le dije que me lo pensaría.
Podría haber decidido no ir.
Desde luego, jamás habría ido si hubiese hecho caso a Bartorek.
Yo no iría por allí ni de broma. Ni de broma.
Puede ser interesante saber qué pasa realmente allí.
- Ya lo sabemos. Una purga. - No mezclemos la política.
He oído que tu operación puede curar una enfermedad que era incurable.
Sólo quieren conocerla. ¿Por qué no? Son seres humanos, ¿no?
Dudo que sean humanos. Hazme caso, John.
Un momento, no creo que Marlowe quiera que decidamos por él.
Si le conozco bien, ya ha tomado una decisión.
Creo que así es.
La ciencia médica solía ser internacional.
Mirad la situación actual. Es trágica.
Pero ahora unas personas, desde un lugar totalmente inesperado,
abren una ventana, alzan un poco las cortinas,
e intentan que entre aire fresco.
No pienso cerrar la ventana en sus narices.
- ¿Así que irás? - Sí, sólo serán 48 horas.
Eso era lo que yo creía.
Esperaba con ilusión una nueva experiencia.
Quería conocer el país, su gente. Quizá tuviese una hora para verlo.
- ¿Es su primera visita al país? - Sí, sí.
Había planeado veranear aquí en 1939.
Ha habido mucho cambios.
Debemos recordar que la visita del Dr. Marlowe es totalmente apolítica.
Gracias, doctor.
Me han dicho que, en algunas partes del mundo,
los músicos no pueden componer música apolítica.
Es grato pensar que un doctor puede realizar una operación apolítica.
Tendrá usted acceso a todo.
Pero para su comodidad, el Departamento de Tomasi Bendell
ha elaborado un itinerario para su corta estancia.
- A las 13:30, almuerzo. - Bien.
14:30, visita al Hospital General Niva.
15:30, visita a la Facultad de Medicina.
16:30, visita al Orfanato Estatal, fundado en 1947 por el General Niva.
18:00, gran gala en su honor, ofrecida por la Ópera del Estado,
seguida de una recepción informal, en la que el Ministro entregará los premios.
¡Doctor John Maflowe!
Es un privilegio darle la bienvenida. Y en representación de
nuestro Primer Ministro, el General Niva,
le entrego la Medalla de Oro Kepler, en reconocimiento a
- sus logros en la ciencia médica. - Gracias.
Presta un gran servicio a la humanidad y estamos muy agradecidos
de que quiera compartir su conocimiento con nosotros.
He oído que es su primera visita y espero que no sea la última.
Eso espero.
- Oh, Dr. Marlowe. - Disculpe.
¿Le parece bien que su demostración tenga lugar en mi clínica?
Sí, donde usted diga.
Entonces sugiero que vayamos en coche mañana a las 9:00.
Doctor, dicen que se irá mañana por la tarde.
Sí, no tengo más remedio.
Se irá con una impresión muy antiséptica de nosotros.
¿Puedo convencerle para pasear por Ia decadente vida nocturna?
Ojalá pudiese, pero debo trabajar por la mañana.
Le estamos explotando.
- Tenga un buen viaje y vuelva pronto. - Gracias.
El Coronel Galcon es un hombre extraordinario.
- Tiene tres carteras a su cargo. - ¿Tres?
Tendrá las manos llenas, ¿eh?
Cuando guste, estaré encantado de acompañarle.
Gracias.
- Un lugar precioso. - Sí, lo elegí yo mismo.
El aire tiene propiedades maravillosas.
Creo que encontrará el historial clínico muy apropiado.
-¿Qué edad tiene el paciente? - 53.
Lo he trasladado a mi propia ala.
El doctor Poldoi, el anestesista.
¿Cómo está el paciente? El Sr. Marlowe desea verle.
- ¿Qué? - Quiere darle las gracias.
Dígale que me alegra estar aquí para ayudarle.
No se preocupe. Haremos todo lo posible.
- ¿Puedo ver la radiografía? - Claro.
Sufre un nivel de osteítis grave, que pone en peligro su vida.
¿A las 10:45?
Esta operación trata da curar la hipertensión portal.
La finalidad es aliviar la hipertensión anastomosando la vena esplénica
y la vena renal izquierda. Como saben, está en fase experimental.
- ¿Cómo está? - Hasta el momento, muy bien.
Normalmente prefiero una incisión paramediana.
Debe tratarse al paciente con sumo cuidado,
debido al riesgo de trombosis.
Para reducir el riesgo, se administra una cantidad mayor de heparina.
Creo que está preparado para la anastomosis.
- ¿Cómo está? - El pulso se acelera un poco.
- ¿Todo bien? - No hay por qué preocuparse.
- ¿Qué color presenta el paciente? - Muy bueno.
Déjeme verlo.
Quiero ver al paciente, por favor.
¡Niva!
Gracias.
Continuemos.
Gracias, enfermera. Gracias, señores.
Espero que esté satisfecho, coronel Galcon.
Está enojado. Lo comprendo.
Esperaba ser tratado con la consideración más elemental.
Estaba equivocado.
Es una pena que reconociese al paciente.
Dr. Revo, lamento que hayan abusado de su confianza.
Asumo toda la responsabilidad.
Supongo que esto se incluye en una de sus carteras.
Pues sí, también soy Ministro de Sanidad.
Quiero que me lleven al aeropuerto de inmediato.
Dr. Marlowe, no veo ningún motivo para que nos deje tan pronto.
Dr. Marlowe, no veo ningún motivo para que nos deje tan pronto.
- ¿Qué? - Todavía no.
Si cree que va a...
Es una ligera conmoción cerebral.
Una ligera conmoción.
El doctor Revo le recetó esto.
¿Cómo se siente?
Mejor, ¿eh?
- ¿Qué ha pasado? - Se cayó.
- Me golpearon. - Sí.
¿Qué diablos...?
El Dr. Revo aconsejó que descanse unas horas.
Debo tomar un avión.
- ¿Cuándo estará de alta el General? - ¿Qué importa eso?
- ¿Diez días? - Más o menos.
- Bien. Eso pusimos en el telegrama. - ¿Telegrama?
Escribimos a sus colegas de Londres, explicando que se quedará unos días.
- No me quedaré aquí. - Entiendo cómo se siente.
Detesto tener que insistir cuando le debemos tanto.
Seguro que sabe en qué situación se encuentra el General Niva.
Es el líder de un estado policial que no se detiene ante nada.
- Y usted lo desaprueba. - Estoy desilusionado con la política,
pero al menos esperaba un mínimo de escrúpulos.
Veo que es un liberal anticuado.
Como sabe, este país y el General Niva
están siendo sometidos a una gran presión desde el exterior.
Nuestra supervivencia depende de la fe del pueblo en Niva.
Estamos a solo dos meses de unas elecciones
que demostrarán una lealtad masiva y espontánea hacia él.
¿Cómo dice?
Ahora entenderá por qué no podemos divulgar que estaba muy enfermo
ni permitir que se marche a su país por ahora.
Sería inútil apelar a su sentido del honor.
Mi deber está delante.
Y mi deber es guardar el secreto los próximos diez días.
Así podremos ahorrar tinta en la prensa, anunciando
la enfermedad del General y su recuperación a la vez.
- Exijo contactar con mi Embajada. - Lo lamento.
Tengo derechos como ciudadano noneamericano.
Saque todo el provecho posible de esto.
Sólo deseamos que esté lo más cómodo posible.
Mientras tanto, si colabora con el Dr. Revo,
podría acelerar la recuperación del General.
¡Ah, doctor!
Si quiere hacer ejercicio, André le acompañará.
LLEGARÉ AL AEROPUERTO DE LONDRES MAÑANA A LAS 17:30.
-¿Cara o cruz? - Cruz.
Cara. La del General Niva.
Entre otras cosas, nos ha evitado tener que acuñar una nueva moneda.
- Mala suerte. - Sí, empiezo yo.
Tras pasar el día en la oficina, es agradable estar con alguien
que sólo sabe decir "no“.
¿No puede convencerlo para que se quede hasta pasado mañana?
No.
Tenemos una idea muy diferente de lo que es la persuasión.
- ¿Puedo hacer una pregunta? - Es un país libre.
Lo siento, se me escapó.
La vida del General Niva estaba en sus manos.
Bastaba con que se le escapara el bisturí
para mostrar de forma práctica su desaprobación.
O podía haberse negado a continuar, pero no lo hizo.
No mezclo mi persona con la providencia.
Admirable.
- ¿Puedo preguntar yo algo? - Claro.
¿Qué habría hecho si Niva hubiese muerto?
Como Ministro de Servicios Públicos, mi deber es estar preparado para
cualquier eventualidad.
Tendría que olvidarse de ganar lo que usted llama "elecciones".
No podríamos anunciar su enfermedad, mucho menos anunciar su muerte.
¿No estará sugiriendo que lo mantendrían en secreto?
Hasta que las elecciones nos diesen el mandato de adoptar
medidas drásticas de seguridad.
- No lo conseguirían. - ¿Dos meses? ¿Por qué no?
Controlamos todos los medios de comunicación.
- Todo estaba previsto. - ¿Estaba?
- Habría estado, quiero decir. - ¿Eso me incluye a mí?
- Naturalmente. - ¿Qué habrían hecho?
Parece que intenta distraerme de mi jugada.
- No podrían retenerme indefinidamente. - No, no podríamos retenerle
ni tampoco dejarle marchar.
- Sabría demasiado. - ¿Y bien?
Sería muy difícil encontrar más de una buena solución.
Un desafortunado accidente, por ejemplo, camino al aeropuerto.
- O en el propio avión. - No esperará que me crea eso.
Una vida frente a la supervivencia de todo un Estado.
¿Puede sugerir otra alternativa?
Supongamos que le diese mi palabra de no decir nada.
Como persona, estaría encantado de aceptarla.
Como ministro, no me atrevería. ¿Y bien?
No lo sé. No me gustaría ser liquidado durante una partida de billar.
Olvidémoslo. Al fin y al cabo, sólo es un ejercicio teórico
que seguramente habría resultado muy distinto en la práctica.
¿Quién sabe?
Le toca a usted. ¿O quizá prefiera tomar una copa?
- ¿Una copa? - Sí.
¿Eh? Sí, está todo listo. ¿Puede ir a buscar el coche?
- Doctor Marlowe. - ¿Sí?
- Lo llama el Dr. Revo. - Acabo de...
- ¿Puede ir? Es muy urgente. - ¿Qué sucede?
- Rápido, doctor. - ¿Qué ha pasado?
Ha sufrido un colapso. Parece una embolia pulmonar.
- ¿Cuándo ha sido? - Hace unos minutos.
- ¿Le ha suministrado algo? - Coramina por vía intravenosa.
Trombosis.
Un coágulo en el pulmón. Es un riesgo en estas operaciones.
¡Oxígeno!
Adrenalina y una aguja larga.
Rápido, voy a perder el avión. Rápido, ¿entiende?
- Hola. ¿Embajada americana? - Sí.
Necesito hablar con el embajador o con algún responsable.
¿Quién habla?
El doctor Marlowe. Es muy urgente...
¡Hola! ¡Hola! ¡Operadora!
¡Un momento, por favor!
¡Un momento!
Afeitarme.
- ¿Inglés? - Americano.
Sí...
- ¿Habla inglés? - Sí.
¿Cómo puedo llegar a la Embajada Americana?
Sí...
Sí...
No, gracias.
Muchas gracias.
Gracias.
¡Taxi! ¡Taxi!
Está a sólo un par de manzanas.
- Está bien, lléveme igual. - De acuerdo.
- Es americano, ¿eh? - Sí.
Yo viví allí tres años. ¿Cuánto tiempo se queda?
- No mucho más, espero. - Eh, ¿qué pasa...?
-¿Qué ocurre? - Una protesta ante la Embajada.
Esta tarde, estudiantes y obreros se han manifestado ante
las embajadas británica y americana, gritando consignas.
Han roto varios cristales, pero la Policía Estatal
dispersó a los manifestantes con gran eficacia.
Para protegerlas de posibles incidentes, el Ministro de Servicios Públicos
ha ordenado que guardias armados custodien
todas las embajadas y consulados de Gran Bretaña y EE. UU. en el país.
Aquí termina nuestro servicio informativo.
HERMANAS ROBINSON
- ¿Señorita Robinson? - Sí.
¿Puedo hablar con usted un momento?
- ¿Americano? - Sí.
Le he oído cantar en inglés. ¿Es inglesa?
- En un 50%. - Bien, entonces...
- ¿Le gustó el número? - Sí, me gustó mucho.
Tiene cara de ser inteligente.
- ¿Puedo hablar con usted? - Está hablando conmigo.
No hay muchos americanos en Strelna. ¿Qué está haciendo aquí?
- Huir de la policía. - ¿Qué?
Es cierto, necesito ayuda. Me llamo Marlowe, soy doctor.
- La policía me busca. - ¿La Policía Estatal?
Están en el teatro. No conozco la ciudad ni el idioma.
¿Cree que estoy loca?
- Pero... - ¡Váyase de aquí!
No puedo ayudarle. Por favor, váyase.
- Sólo un momento, tengo que... - He dicho que no puedo, ¡váyase!
- ¿Qué hace aquí? - Lo siento, no tenía elección.
- ¿Nos entienden? - No.
- Si me descubren, me matarán. - ¿Por qué?
- Ya lo han intentado. - ¿Por qué?
Ahora no puedo explicarlo. Pero en privado...
- No, le digo que no puedo ayudarle. - Sí que podría, si quisiese.
La primera puerta a la derecha. Espéreme allí.
- ¿Ha comido? - No.
- Sólo hay derivado de cacao. - Está bien, gracias.
¿Cómo puedo ayudarle?
Tengo que contactar con la Embajada Americana.
- ¿Sí? - O con la Británica.
He pensado que con su pasapotle británico...
No tengo pasapofle británico.
- Dijo que es mitad inglesa. - La mitad mala. Mi madre.
- Supuse... - ¿Por qué no puede ir usted mismo?
Me detendrán.
- ¿Y el teléfono? - Está intervenido.
¿No dijo que es doctor?
Trabajo para el Consejo de...
Una vez vi a un médico americano en una película.
Un cirujano de Nueva York.
- Yo también. - Tal vez vimos la misma película.
Le aseguro que soy médico. Soy ciudadano americano.
- Me llamo John Marlowe. - ¿De veras?
Yo mismo empiezo a dudarlo.
- Al menos tenemos algo en común. - Le digo la verdad.
Mucha gente de esta ciudad habla dos o tres idiomas
y se gana la vida de forma peculiar. Algunos venden medias, por ejemplo.
Otros son menos ambiciosos y venden a sus mejores amigos.
- No entiendo qué quiere decir. - Tal vez Ila Policía Estatal sí.
¿Por qué lo buscan?
¿Cómo puedo ayudarle, si no me Io explica?
- Seguramente no me creería. - Puede que sí.
Será mejor empezar por el principio.
Su Gobierno me invitó usando pretextos totalmente falsos.
Implica al General Niva y a un ministro...
¡Basta! Ha sido una locura desde el primer momento.
No puedo ayudarle. Debe irse. Ahora mismo, por favor.
Tal vez encuentre a alguien en el Gran Hotel.
Es lo único que puedo sugerir.
¿Qué le harán, si Io detienen?
- Hola, Joe. - Encantado.
¿A qué ha venido eso?
Tendrá que dormir en el sofá.
- ¿Ha cambiado de idea? - No, me he vuelto loca.
¿Qué pensarán sus hermanas?
No son mis hermanas y no piensan.
Perdone.
Dormiré en el sofá.
Tendrá que irse mañana pronto. Espero que lo entienda.
Sí, desde luego.
- Entienda que es... - No quiero saber más.
No tiene nada que ver conmigo y quiero dormir.
¿Sacarina? No tenemos azúcar.
Oh, sí, por favor. Gracias.
- No olvidaré lo que ha hecho. - Lo hará.
Puede que me haya salvado la vida, aunque no le sirva de consuelo.
- Pensaré en ello en la cárcel. - Intentaré llegar al Gran Hotel.
Si lo piensa, estoy en una situación muy curiosa.
No quiero pensar en ello.
Mis colegas me esperan en Inglaterra. No saben dónde estoy.
Tal vez sea una suerte, dadas las circunstancias.
Sí, eso mismo pienso yo.
- ¿Y su familia? - Sólo tengo una tía, en Baltimore.
- ¿No está casado? - No, nunca he encontrado la ocasión.
¿No ha tenido tiempo?
No para casarme.
- Si no le importa, voy a dormir. - En absoluto.
Creo que voy a hacer lo mismo.
Seguro que sí. He puesto dos pastillas sedantes en su cacao.
- ¿Qué? - Hay riesgos y riesgos.
Y hay riesgos que no estoy dispuesta a correr. Buenas noches.
Me entiende perfectamente, señor Theodor.
- ¿Qué? - ¿Por qué disimula?
No es más americano que yo.
Se llama Karl Theodor. Se dedica al contrabando de divisas
y vuela esta noche a Londres.
Debe de haberse vuelto loca.
Sus pasajes de avión, documentos de identidad y 5.000 dólares.
Ya conoce el castigo.
Cálmese. No es mi cartera.
- Y tampoco será su abrigo. - No.
Sorprendente.
Lo cogí por error en una barbería.
Debo decir que esperaba una mentira mejor.
Usted primero, por favor.
- ¿Qué va a hacer? - Lo que debí hacer anoche.
No entiendo esta situación.
El problema es que viven en un mundo de sospecha y desconfianza
y la primera víctima es el sentido común.
¡Ni siquiera piensan con claridad!
Démela, no tiene intención de usarla.
¿Qué debo hacer para demostrarle quién soy?
¿Recitarle el juramento hipocrático o la Enciclopedia Médica?
- ¿Quién es ese hombre? - Macco trabaja en el teatro.
Me parecía conocerle y él también me ha reconocido.
- ¿Cómo es posible? - ¿Ha visto cómo me miraba?
- Pero nunca le ha visto. - Ya lo sé.
Espere.
Tiene razón, ha llamado a la policía. Es el americano al que buscan.
- Lo siento. - ¿Cómo puedo salir de aquí?
Por la otra habitación, yo le guiaré.
- ¿Cómo me reconoció? - Le enseñaron una fotografía suya.
- ¿Adónde irá? - Al Gran Hotel, supongo.
- ¿Cómo llegamos hasta allí? - ¡No puedo ir con usted!
¡Si vuelve, la interrogarán!
- ¡Ya se me ocurrirá algo! - No lo entiende, no es tan sencillo.
Escúcheme, no puedo explicárselo, pero si vuelve ahí, estará perdida.
La policía.
- Siga caminando. - ¿Adónde?
Sólo camine.
- Ha pensado en todo, ¿eh? - ¿Quién?
- El Ministro de Servicios Públicos... - ¿Galco? ¿Qué tiene que ver él?
Todo.
- Voy a volver. - No puede, es demasiado tarde.
- ¿Qué quiere decir? - La gente se fijará en nosotros.
- ¡No quiero verme implicada! - No podemos discutir aquí.
Entremos, intentaré explicárselo.
- ¡No me interesa! - No grite, vamos.
- No. - Es cierto.
¿Qué podemos hacer?
Hay dos opciones. Salir del país o desvelar la historia.
- Pero no hay tiempo. - El correo estará cerrado.
Si encontrásemos a alguien que saliese del país...
- ¿Cómo podemos? - No lo sé.
- Theodor. - ¿Qué?
¡Theodor! Esta noche vuela a Londres. ¿Recuerda su pasaje?
- ¿Por qué iba a ayudarnos? - ¿No se castiga el contrabando?
- Con la horca. - Bien.
Entonces debe de estar preocupado.
- ¿Y su documento de identidad? - Déjeme ver.
Espere.
Nobrisky, Departamento 18. Calle Bolivia.
- ¿Está muy lejos? - A un cuarto de hora.
Debemos quedarnos aquí hasta que oscurezca.
- ¿Y si no está solo? - Dígale que se deshaga de quien sea.
- ¿Ve a alguien? - No.
Puede que haya una llave en el bolsillo.
¿Por qué no?
- Parece que se fue con prisa. - Anoche no durmió aquí.
- Estaba muy preocupado. - ¿Qué hacemos ahora?
No, no lo toque.
- Alguien puede oírlo. - Déjelo.
Tengo un presentimiento.
Se encendió con la luz.
Si no vuelve, ¿qué pasa con nuestro plan?
- Aquí estamos a salvo. - No me siento a salvo en ningún sitio.
A juzgar por la casa, debe de ser alguien importante.
Las luces.
Buenas noches, Sr. Theodor.
Creo que entiende inglés, dado que pensaba volar a Londres.
Telefoneó hace un rato, ¿verdad?
¿Qué hacen en mi apartamento?
- Habla muy bien mi idioma. - Y tiene muy buen acento.
- ¿Qué quiere? - Siéntese.
¿Reconoce este abrigo?
- No. - ¿Está seguro?
- No lo había visto nunca. - ¿Esto tampoco?
No.
Lo dejó ayer en una peluquería, ¿recuerda?
- Ayer no fui a la peluquería. - De hecho, no ha ido nunca.
Tiene su documento de identidad y 5.000 dólares.
Es un misterio. Eso es, un misterio.
¿Cómo lo explica?
Si pudiera, no sería un misterio.
¿No querrá que lo entreguemos a la Policía Estatal?
- ¿Están relacionados con ella? - Todavía no.
- Estamos dispuestos a negociar. - ¿Lo ha entendido?
- ¿Un chantaje? - Si usted quiere.
¿Por qué no lo dijeron antes? Estaba preocupadísimo.
- ¿Cuánto? - No es una cuestión de dinero.
Por favor. ¿No será una cuestión de principios?
Eso siempre resulta más caro.
- ¿Cuánto? - Sólo queremos un pequeño servicio.
¿Quieren tomar una copa? Yo necesito una.
¿Qué quieren tomar?
Estaba muy preocupado.
No se ofenda. Si me hubiera llevado su abrigo, habría hecho lo mismo.
- Le creo. - Hay que sobrevivir, es ley de vida.
La supervivencia del más débil. A su salud.
Aquí tiene su pasaje. ¿Sigue queriendo viajar en avión?
¿En avión? Oh, en avión. Sí, por supuesto.
- No queda mucho tiempo. - ¿Qué quieren?
Quiero que entregue una carta mía en persona en Londres.
- ¿Eso es todo? - Sí. ¿Cree que podrá?
Claro, déjelo en mis manos. Tengo amigos en todas partes.
Pero devuélvame mis pertenencias. Y la carta llegará a su destino.
Se las devolveré cuando regrese con el acuse de recibo.
No se fía de mí. Le doy mi palabra de honor.
No puede exigirme que espere tanto.
Bien, esta noche enviaré esto a la policía con una nota.
- ¿Puedo preguntafle quién es? - No.
Está bien, soy un caballero. Acepto.
- No tiene elección. - Es otra buena razón.
- ¿Y la carta? - La escribiré.
Le ayudaré con el equipaje.
Encantadora. Disculpe.
Sírvase usted mismo.
-¿No es americana? - Ya ha oído, nada de preguntas.
¿Es su novio?
Tiene un gusto exquisito.
Tardaré el doble si tengo que controlar mis escalofríos.
Tal vez no lo sepa, pero tengo muchas influencias.
- ¿Le gustaría tener uno de estos? - No a ese precio.
Ya me he cansado de este juego. Quiero leer la carta.
No está cargada.
Da igual, esto no cambia nada. No puedo entregar su carta.
- ¿Por qué no? - Se lo habría dicho antes,
pero quería ver cuál era su juego.
Todos los vuelos de hoy se han aplazado hasta mañana para inspeccionarlos.
- No le creo. - Llame al aeropuerto.
- Tampoco me creo lo de la inspección. -¿Entonces...?
Ayer hubo una manifestación ante la Embajada Americana.
- Ahora está custodiada. - ¿Qué tiene que ver eso?
Están buscando a un hombre y han dado su descripción.
Si sumo dos y dos, ¿cuál es el resultado?
Un americano que encaja con la descripción
y me pide sacar una carta del país.
Y me pregunto, ¿por qué?
- ¿Quiere leerla? - ¿Qué hace?
Theodor quiere una aclaración.
Al embajador americano.
Siga leyendo. Le prepararé otra copa.
- ¿Está loco? - Todavía no lo sé.
- ¿Piensa que voy a creerlo? - Es una noticia de portada, admítalo.
Pero no es cierto.
Ayer por la mañana. A las 11:45, exactamente.
Mis contactos me lo habrían dicho.
Fuera del Gobierno, sólo lo saben tres personas.
- ¿Tres? - Nosotros tres.
- No me implique. - Ya está implicado.
¿Por qué cree que me buscan?
Porque soy el único que sabe que Niva está muerto.
- Ahora somos tres. - Yo no sé nada.
Me niego a creer su absurda historia.
Llame al Ministro de Servicios Públicos y dígale que está ocultando
al doctor John Marlowe.
¡Ha allanado mi casa!
- Salgan de aquí ahora mismo. - Cuéntele eso al Ministro.
¿Cree que mataría a uno, pero no a tres?
Tienen que irse de mi casa.
Dejaré que se vayan y no diré nada a nadie, ¿qué les parece?
Se lo prometo, doy mi palabra... Se lo prometo.
Puedo creerle, pero no es lo que tengo pensado.
Empiezo a entenderlo. El nos sacará del país.
¡No lo haré! ¿Creen que estoy loco? ¡Lárguense de aquí!
- Ha mencionado a sus contactos. - No conozco a nadie.
Seguro que no se dedica sólo al contrabando de divisas.
Yo no sé nada.
¿Qué piensa hacer?
¿Qué he hecho yo para esto? ¡Todo por un estúpido corte de pelo!
¿Qué piensa hacer?
Tendré que hacer gestiones.
- Me costará mucho dinero. - Yo aportaré 5.000 dólares.
No es momento para bromas. Tendré que ir solo.
- No puede ir solo. - ¿Por qué no?
Seguro que entiende que, si nos pasa algo, dejaré claro que lo sabe todo.
¿Verdad, señor Theodor?
Y vuelva solo.
Nunca he matado a nadie, pero cada vez que me corte el pelo,
estaré pensando en usted... y en usted.
- No creo que vuelva. - Yo creo que sí.
Fue una locura dejarle salir.
- ¿Y qué hago yo aquí? - Lo siento mucho.
No le conocía. No tenía por qué ayudarle.
- ¿Por qué lo hice? - Porque es esa clase de persona.
- No lo soy. Usted no me conoce. - Me salvó la vida, es suficiente.
- ¡Mire en qué situación estoy! - La sacaré de esta.
De algún modo. Se lo prometo.
¿No ve que hemos confiado nuestra vida
a un hombre que vendería a su propia madre?
- ¿Listos? - ¿Ha tenido suerte?
Por supuesto. Me ha costado mucho dinero.
No hay tiempo que perder.
Tengo un medio de transporte.
Rápido.
- ¿Dónde vamos? - Al río. Me ha costado mucho dinero.
Oh, cállese.
Oh, cállese.
¡Dentro, rápido!
- ¿Qué es esto? - Pertenece a mi flota.
Sólo hay una forma de huir. A través de las montañas.
- ¿Cómo llegaremos? - Por teleférico, desde Bilin.
- Sigrist los guiará por la cima. - ¿Quién es Sigrist?
Uno de los míos.
Durante la guerra, pasaba a prisioneros fugitivos, ¡por nada!
Ahora pasa cosas para mí, pero no por nada.
Agáchense.
Ese policía me tiene mucho cariño.
Le conseguí una beca para su hijo. Un niño horrible.
Esperen aquí hasta que los llame.
Este es Amy. Los llevará en una barcaza por el lago.
Los llevará a salvo a Bilin, por la mañana, hasta el teleférico.
- Recuerden, pregunten por Sigrist. - Sigrist.
Mi cartera.
Si nos pasa algo, no hace falta que le recuerde qué le ocurrirá.
- No creo que lo olvide. - Me quedo su documento de identidad.
Para mantener nuestras relaciones comerciales.
- Necesitamos un poco de dinero. - ¿Algo más?
Me alegro de librarme de usted. Me ha costado una fortuna.
- Adiós. - Adiós.
La próxima vez que me corte el pelo, no me quitaré el abrigo.
- ¿Qué hora es? - Son casi las 22:30.
Imagínese, ayer a esta hora estaba cantando.
Dios sabe qué haré mañana por la noche.
- Me gustaría que viniera conmigo. - ¿Dónde? ¿A Inglaterra?
Si usted quiere.
- Siempre he querido ir. - ¿Nunca ha ido?
No.
Mi madre siempre quiso volver.
Nunca lo consiguió.
- Solía hablarme de lo bonita que era. - ¿De qué ciudad era?
Manchester.
- ¿No es bonita? - ¿Manchester?
- Inglaterra. - Oh, sí, sí...
- ¿Su madre aún vive? - No.
- ¿Su padre? - No lo sé.
- ¿Qué? - Era profesor.
Se lo llevaron para lo que llaman “reeducación política..."
- Por eso me ha ayudado. - Puede ser.
No lo sé.
Es algo que no olvidaré.
- Estoy cansada. - Intente dormir.
Apóyese en mí.
Así estará bien.
¿Está bien?
¿Qué haré cuando llegue a Inglaterra?
Tengo algunos contactos.
Me temo que no tiene contactos en el mundo del espectáculo.
No sé, una vez operé del apéndice a un malabarista.
Debe de ser lo único que tenemos en común, ¿verdad?
Sí, es posible.
No pretendo ser una carga para usted.
No Io será.
- Hay otra dificultad. - ¿Cuál?
- No tengo talento. - Ya encontraremos algo.
- Estados Unidos es un país grande. - ¿Estados Unidos?
Sí, mi trabajo en Inglaterra acaba en unas semanas.
Hemos avanzado mucho terreno, ¿no?
¡Una lancha de la policía!
- ¿Todo bien? - Sí.
No volverán a pararnos. Viento en popa hasta Bilin.
Buenas noches. Los despertaré para el desayuno.
- Tengo hambre. - Al menos tenemos eso en común.
- No, somos de mundos separados. - Así es...
- ¿Ve a alguien? - No.
- Tal vez Sigrist no recibió el mensaje. - No es lugar para esperar.
¿Sigrist?
- ¿Vienen de parte del Sr. Theodor? - Sí.
Sigrist. Pasen, por favor.
Banorek y Christian, mis colegas.
- Han llegado bien. - Supongo que les dirían...
- No hacemos preguntas. - Y tampoco las respondemos.
Quieren pasar y nos pagan por ayudarles.
- ¿Podrán? - Lo intentaremos.
- ¿Han escalado alguna vez? - Pues no.
- ¿Y usted? - Hace mucho tiempo.
- ¿Será necesario? - Los pasos fáciles están vigilados.
- Por eso hay que escalar. - Sigrist sabrá guiarles.
- Será más alto de lo que imaginan. - ¿Están dispuestos a arriesgarse?
- Por supuesto. - Entonces deben irse ya.
La frontera está en esa montaña.
No podemos seguir por aquí.
Debemos bajar y volver a subir de nuevo.
Tenemos que soltar la cuerda.
- ¿Qué pasa? - Soldados.
Atrás.
- ¿Estás bien? - Sí.
¿Podemos descansar un poco?
Debemos escalar mientras haya luz. Después descansaremos.
- Estoy bien. Podré hacerlo. - Después será más fácil.
- ¿Estás segura? - Claro.
¡Aguante! ¡Agárrese!
¡Lisa!
Esperaremos a que anochezca.
- ¿Cuánto falta para eso? - Media hora.
Pero es terreno abierto. Demasiado peligroso.
Esta noche habrá luna llena.
Iré a echar un vistazo.
No hagan ningún ruido.
¡Lisa! ¡Escúchame!
Ayúdame con esta cuerda.
- Sígueme. - ¡No puedo! ¡No puedo!
Sí que puedes. Debes hacerlo.
Vamos.
Atrás.
¡El arma, el arma!
¡Quieto! Levante las manos.
Dese la vuelta. Hágalo, vamos.
Espere.
Pregúntale si hay alguien con él.
Pregúntale si quiere volver a ver su familia.
Entonces dile que nos guiará y que, si nos atrapan,
se llevará la primera bala.
Pues siga adelante. Camine, vamos.
Vamos.
Esa es la frontera. Si cruzamos, estamos a salvo.
- ¿Qué hay en esa cabaña? - Un refugio.
Pregúntale cómo se llama.
Lo siento.
¡Niva!
No es la frontera. Nos mintió.
¡Lisa, escapemos!
¡No, todavía puedes huir!
- ¡Por favor, vete! - ¡No!
¿Ha terminado, doctor?
Sí.
He hecho lo que he podido.
No servirá de mucho. Pero, como he dicho,
no rechazaré ninguna petición razonable.
Dispone de cinco minutos. El tiempo para un cigarrillo.
Gracias.
- ¿Cómo pretende hacerlo? - Sólo tiene que salir por esa puerta.
Lo que ve es lo mismo que hay del otro lado.
- ¿Abatido en un intento de fuga? - No, un disparo accidental.
Hay que pensar en la prensa.
Sigo creyendo que la verdad saldrá a la luz.
¿Por qué?
- ¿Se pondrá bien? - Sí.
Dadas las circunstancias, carece de importancia.
- ¿No podría...? - Ya sé qué va a pedir, doctor.
¿Qué puedo hacer? Ya sabe demasiado.
Y sabrá todavía más.
No puedo engañar a todo un pueblo indefinidamente.
Es la muchedumbre, en la plaza de la ciudad.
¿Sabe a quién aclaman?
Sí, al General Niva.
Él acepta la emotiva bienvenida.
Se inclina y saluda con la mano. Ahora se retira.
¿Por qué la gente no va a creer lo que ve con sus propios ojos?
- Un doble. - Naturalmente.
El parecido es notable y el balcón está a diez metros de altura.
Piden que vuelva a salir. Creo que eso responde a su pregunta.
Doctor.
Nunca lo entenderá, Marlowe. Estamos haciendo historia.
Nada se detiene. Puede pensar que está marcando una época,
pero lo único que hace es moverse por una escalera.
¿Para subir o para bajar?
- ¿Qué ha pasado? - Ya ha oído los disparos.
Han abierto fuego contra el General Niva.
Ha muerto en el acto, delante de todo el mundo.
- Salvo que no era él. - No.
Realmente era él.
Para esa gente, el General Niva ha muerto.
Es todo lo que saben.
Lo han visto con sus propios ojos. Lo que yo decía.
Nadie tiene tanto éxito como el éxito.
- ¡Qué situación! -¿ Qué pasará ahora?
Cualquier cosa.
Ahora no sé si soy un criptofascista, un liberal humanitario o...
un simple desviacionista.
Depende de si todavía puedo controlar a la prensa.
- ¿Qué pasa con nosotros? - Sí, debo ocuparme de ustedes.
Doctor, su paciente está recobrando la conciencia.
He ordenado llamar a los camilleros. Los escoltarán hasta la frontera.
- Hay un buen hospital al otro lado. - ¿Nos deja libres?
¿Qué van a decir? Un hombre muerto es un hombre muerto.
Por favor, no me considere caprichoso,
pero si sabe de alguna cátedra vacante en Ciencias Políticas,
- avíseme, por favor. - Puede que sea un poco difícil.
Puede que sea difícil, pero se lo agradecería.
- Abróchense los cinturones, por favor. - Estamos bajando, deja que te ayude.
Tengo que decir algo antes de aterrizar.
¿Si?
Quiero que entiendas que la única razón por la que acepto tu ayuda
- es porque admito que me debes algo. - Sí, lo sé.
- Cuando me instale, nos separaremos. - Nos separaremos.
Será mejor así. No tenemos nada en común.
Nada en común.
Sería humillante para mí y desastroso para ti.
Una ruina.
- No dejas de darme la razón. - ¿Qué?
- No te crees lo que dices. - ¿No?
No.
No.
Creo que me estoy mareando.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.