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(Música tétrica)
(Campanas)
Karl.
Karl ¿adónde vas?
Me gustaría ver las tonterías que hacen esos locos.
No te interesa nada lo que pueda ocurrirme a mí.
Parece que preparan la prueba del caballo.
¿Decías, querida?
Nada.
¿La prueba de qué, decías? Del caballo.
Un joven y un caballo que no hayan conocido hembra.
Pretenden descubrir la tumba de un vampiro.
(Música)
¡La sangre está fresca!
(GRITA)
Después, cuando os quedéis solos, llenadme esto con su sangre.
-Fuera, hay orden de no tocar el cadáver.
(Música)
Lo recogeré al alba.
(Relinche)
¡Irina, Irina! La señora espera.
Y tú, ¿qué haces aquí?
Sabéis que no me gustan las visitas. Perdón.
-Es pan contra los vampiros.
Irina ha conseguido un poco de sangre del que empalaron ayer.
Y ha prometido darme un trozo para mí.
¿Has hecho las tres cruces antes de amasar?
¿Has untado los dedos con ceniza?
No, yo creí...
No sabéis hacer nada a derechas. Si no fuera por mí...
Tú, trae la ceniza.
(Música)
¡So!
Déjame ya, estúpido.
Bueno, Marina. Tampoco hay que ponerse así.
Sigue haciendo el tonto y verás cómo se pone mi padre.
Fran, el equipaje del señor magistrado. ¡Pronto!
¿Queda muy lejos de aquí el pueblo de Cajlice?
¿Vais hasta el mismo Cajlice?
Son más de cuatro horas a caballo.
Os convendría salir mañana al amanecer.
Ahora se os echaría la noche encima.
Y por allí se habla mucho de vampiros y aparecidos.
-Debo estar allí precisamente para el juicio contra un vampiro.
Pero antes, quisiera conocer un poco los antecedentes.
Os pondré yo mismo en antecedentes, Helsing.
¿Por qué vos sois Helsing, el magistrado?
Señor marqués. ¿A qué debo el honor de veros en mi humilde casa?
Apuesto a que tendrás escondido un buen vino, rufián.
Sí, enseguida os lo traigo.
-Entonces vos sois Karl Ziemmer, el señor de Cajlice.
Supongo que también tengo que preguntaros
a qué debo el honor.
A mi aburrimiento. Me aburre Cajlice y sus patanes.
Aprovecho cualquier ocasión para tratar con huéspedes de talento.
Gracias, pero todavía no sabéis si lo tengo.
He traído mi carruaje para acompañaros mañana al alba
y poder charlar con vos. Espero no haberme equivocado.
Devuelve el equipaje del magistrado a su alcoba y prepara otra para mí.
Entonces no voy a necesitar el caballo.
-Como queráis, señor.
Lo que necesitaréis es mucha paciencia
para soportar a los vampiros.
Huelen muy mal, os lo aseguro.
Me estoy haciendo vieja, Nodriza.
Vida mía. ¿Cómo vas a ser vieja?
Mi piel ya no tiene la blancura de antes.
El tiempo pasa sobre todos, incluso sobre los ricos y los poderosos.
Solo se le puede vencer cuando se arriesga.
Y hace falta mucho valor para adentrarse por los caminos profundos
que nos ofrecen las fuerzas ocultas.
Es mucho más fácil aceptar esa muerte que poco a poco
se apodera de nosotros.
Pero para vivir, es necesario arriesgar.
¿Arriesgar? ¿Cómo?
¿Tú sabes que en tu familia hubo otra Erzebeth?
Ella se bañaba en sangre de doncellas.
Sí, lo sé, lo sé.
Nadie quiere recordar aquella historia.
Pero es bien cierto.
¿Era hermosa? Eso dicen.
La más hermosa de cuantas hayan existido.
Pero su hermosura era inútil, puesto que prácticamente
tenía que vivir sola en su castillo.
Su marido permanecía en el campamento real.
Yo también vivo sola. Tú tienes a Karl.
No, ya no. Está conmigo, pero no le tengo.
Prefiere estar con sus halcones.
Ver cómo matan y destrozan a su presa.
(Música)
Yo estoy sola.
Quizá ya para siempre.
Tú puedes recuperarle, si quieres.
Acuérdate de la otra Erzebeth.
(Música)
¿Sí? Adelante.
Perdonadme. Mi padre me ha ordenado traeros otra almohada.
Gracias.
Buenas noches, que descanséis.
Igualmente.
Buenas noches, hija.
Buenas noches, padre.
¿Por qué tiemblan tus carnes, Marina?
Calla, desvergonzada. Tráeme otra jarra, pichón.
No seas esquiva con esta vieja.
¿Qué necesitas? ¿Un filtro de amor?
¿Lo necesitas para que no se te escape el marqués?
¿O esos colores son porque ya no lo necesitas?
No necesito ningún filtro.
Ni para el marqués, ni para ningún otro.
Quiero que el que sea mi marido me descubra los secretos del amor.
Es mejor que te los descubra un marqués pasajero
con una bolsa llena.
Tiempo tendrás de aburrirte con un campesino sin gracia ni dobla.
Si yo tuviera tus años...
A buenas horas le dejaba partir sin conocer sus caricias refinadas.
No volverás a tropezarte fácilmente con un hombre así, Marina.
Te lo aseguro.
Cuando llegamos a viejos, no nos arrepentimos nunca
de lo que hemos hecho, sino de lo que estuvo a nuestro alcance
y no hicimos.
Eres el diablo en persona.
Ojalá.
Frótate las manos con este almizcle amasado con verbena.
Y acércate a él con cualquier pretexto.
Ya nunca más podrá separarse de ti.
¿Qué es lo que pretendes?
Nada. Me contento con que tú hagas.
Lo que yo quisiera hacer y no puedo.
Señor. ¿Qué ocurre?
Pasa.
Olvidé traeros el agua. Gracias, ponla ahí.
¿Puedo ayudaros?
¿Cuál es tu nombre?
Marina, señor.
¿También te ha ordenado tu padre hacer esto?
No, no. Lo he pensado yo misma.
Mis padres están durmiendo.
Eres muy bonita, Marina.
¿Os lo parezco? No, lo eres.
(Música)
Hasta pronto, rufián. Gracias, señor.
¿Has estado con ese hombre? Húyele.
Húyele, palomita.
Lleva la muerte consigo.
Pero ¿anoche no decías que...?
Anoche no había visto sus ojos.
Son los ojos del diablo.
(Música)
¡Atrás!
Señores, señores. Señores.
Ruego atención y silencio.
Señor secretario, podéis leer los cargos acumulados
contra Pedro Plojovitz y que han dado origen
a la acusación de vampirismo que esta corte debe juzgar.
Con la venia.
Pedro Plojovitz, ¿confiesa solemnemente haber practicado
el vampirismo, abusando de tu condición de médico
y violando las leyes naturales?
Procédase al interrogatorio de los testigos.
No comprendo la razón de este juicio, señora.
¿Todavía necesitan más pruebas?
¿Y las visitas que hizo a los familiares después de muerto?
¿Y el olor?
Porque el olor a vampiro, os aseguro que era inconfundible.
Y en la misma tumba, cuando le clavaron la estaca,
lanzó un grito espantoso.
(Música)
Estúpida. Perdonad, señora.
Algo para limpiarme.
No, una de lino.
Nunca hacéis nada bien. Vamos, deprisa.
Ánimo, amigo.
¿Juras que todo lo que declares será la verdad y nada más que la verdad?
-Sí, juro.
Y juro que el doctor Plojovitz es un vampiro.
Y mientras no quemen su cabeza y echen las cenizas al río,
no podemos dormir tranquilos en este pueblo.
-Prescinde de tus opiniones y expón concretamente tu testimonio.
-Pero ¿cómo es posible creer que todavía sigamos escuchando
a este gañán?
¿Cómo sabemos que el doctor no fue enterrado vivo
por miedo al contagio de la peste?
¿Había alguien aquí que certificara su muerte?
-¡Silencio!
Doctor, os ruego moderación.
Solo es un testigo y debe ser escuchado como tal.
En su momento, se discutirán sus declaraciones.
El testigo puede retirarse.
(Música)
Hay una mancha.
La piel se ha vuelto más clara.
Ya lo he dicho.
El doctor sabía que el medallón era mío y me lo pidió.
Yo se lo di, se lo di sin pedirle nada a cambio.
Junto con un pergamino escrito en una lengua que desconozco.
Y le puse en guardia diciéndole claramente
de los peligros que corría.
-¿A qué peligros te refieres?
-Todos los que han llevado el medallón, han muerto antes del año.
Y ninguno de muerte natural.
¿Y tú? ¿Cómo es que todavía vives?
Yo nunca me lo puse. No conviene tentar al destino.
Recordadlo. Y ojalá que me equivoqué.
No habrá sido esta la última víctima del medallón maldito.
(Música)
Ya no queda ninguna huella. Fue solo una ligera mancha.
Tal vez lo imaginaste.
Mi piel se hizo blanca con la sangre de Irina.
También ella, como la hermosa Erzebet, sabe usar la sangre.
El otro día, la sorprendí frotándose los pechos con sangre de paloma.
Llámala.
María Basari, Viuda de Pedro Plojovitz.
¿Sois la esposa del doctor Pedro Plojovitz?
-Soy su viuda, señoría.
-¿Reconocéis este cadáver? -Todos sabemos que es él.
-Por supuesto, no queremos hacer esta situación más ingrata
de lo que realmente es.
Pero se trata de un trámite necesario.
¿Reconocéis el cadáver de vuestro esposo, el acusado?
Por favor, señora, calmaos.
¿Reconocéis a este cadáver como el de vuestro difunto esposo?
-Presa del demonio.
-Nadia Plojovitz.
A los dos días de visitarme a mí, se presentó a Nadja.
-¿Y tú qué hiciste?
-Me miraba con una extraña tristeza.
-¿Y qué pasó entonces?
-Me dio un largo beso.
Pero no como si fuera su hija.
Y después...
-Continúa. ¿Y después?
(LLORA) Me mordió con fuerza en el cuello.
Y comenzó a absorber la sangre de la herida.
(LLORA)
A tu propia hija, maldito. ¡A tu hija!
Ella no estará sana hasta que no acabemos con él.
Os pido justicia.
No hay misericordia para una pobre muchacha inocente.
¿Todavía necesitan más pruebas?
(Música)
¿Creéis que pudo servir para atraer a sus víctimas?
¿Notáis alguna extraña sensación de misterio?
Os lo ruego, señor marqués, evitad las bromas.
No es broma.
Ya que se habla de pruebas,
¿por qué no saber si lo que dice es o no cierto?
Bien, pero ¿cómo?
Puedo quedarme con el medallón.
Ponérmelo, y si es cierto que se arriesga a morir antes de un año,
bueno, pues acepto ese riesgo.
No conviene tentar al diablo.
-El señor marqués ofrece la posibilidad de desarraigar
una superstición. ¿Por qué íbamos a impedírselo?
(RÍE)
Os propongo continuar la discusión en mi castillo.
Este sitio es más bien lúgubre. ¿No os parece?
(Música)
Excelente carne, señora.
Pienso que tanto el señor juez como el señor alcalde,
han cometido un grave error declinando la invitación del marqués.
Señoría, yo comprendo que este es un tema delicado.
Pero me muero de ganas de haceros una pregunta.
Estoy a vuestra disposición.
¿Vos creéis que un vampiro es un ser que ha logrado
vencer a la muerte?
Y si es así, ¿es debido a la sangre de los seres que mata?
(RÍE) Perdón. Os he interrumpido.
Y sé que estáis deseando contestar a mi esposa.
Es evidente que la muerte de unos seres, produce la vida de otros.
Esto lo vemos todos los días en la naturaleza.
Incluso nosotros mismos, nos alimentamos con la muerte
de las plantas y de los animales.
En el caso de los vampiros, tal vez es el hombre que se revela.
Porque no se resigna a dejar este mundo.
El único que conoce y comprende. Cierto.
Y según ha escrito Voltaire: "La verdad es que los que chupan
la sangre humana no son precisamente los muertos, sino los vivos,
especuladores, usureros y otros auténticos vampiros
que no viven precisamente en los cementerios,
sino en palacios cómodos y lujosos".
¿Como esté? Más o menos, excelencia.
¿Os gusta el rubí? Las piedras rojas alejan a los vampiros.
¿Pero de verdad creéis en esas historias de muertos
que abandonan sus tumbas?
No hay que menospreciar la tradición, doctor.
Quizá algún día la ciencia descubra muchas cosas
que los jóvenes de hoy consideran simple superstición.
En ese caso, no vacilaré en cambiar de opinión.
(Música)
Veo que mi música ha obtenido el efecto que merecía.
Óptima música.
Lamento haberos entretenidos tanto, pero ya he dispuesto
todo lo necesario para que seáis mis huéspedes esta noche.
Espero que aceptéis mi invitación.
Gracias.
¿Quién anda ahí?
¿Quién eres?
¿Qué haces aquí? Responde.
Perdonadnos, señor.
La señora nos ordenó, bueno, quiero decir que me ordenó
Inge es una amiga.
Y le rogué que se quedara esta noche conmigo en el palacio.
¿Qué escondes aquí?
Es sangre de paloma. Endurece los pechos.
Llévate eso.
Y que no vuelva a sorprenderte en este sitio.
No, señor.
Márchate.
(Música)
Vete. Vete.
Oscila de derecha izquierda.
Se avecinan acontecimientos extraordinarios.
Adelante, pequeña mía.
Es el momento justo para empezar el rito.
(Música)
(TARAREA)
(Campana)
Ahora, una vez comprobada la culpabilidad del acusado,
ruego al representante de las fuerzas del orden,
manifieste públicamente el procedimiento a emplear
para la ejecución de la sentencia dictada.
Con el voto en contra del doctor Silas.
-Deben de seguirse los precedentes del consistorio de Olmuz.
Cortar la cabeza del encausado y quemarla para dispersar luego
sus cenizas.
-Sea pues cumplida la sentencia. Lleváoslo.
No.
Era una paloma en celo.
Debería ser como la sangre de una virgen.
La otra vez quedo una blanca mancha donde había caído la sangre.
La otra vez era la sangre de Irina.
La sangre de una mujer viva.
(Campana)
El cadáver puede quemarse con el ataúd, pero las cenizas de la cabeza
debo arrojarlas yo misma al río. Mientras no lo haga,
no podré estar tranquila. -Por supuesto, señora.
No ignoraréis que debemos clausurar la casa
junto con todos los enseres personales de vuestro esposo.
Es la ley.
-¿Y a dónde iremos? No tengo bienes de fortuna.
-No sé, tal vez el municipio pueda haceros un pequeño préstamo
como cuenta del terreno, teniendo en cuenta
que si transcurridos dos años sin que vuelva a aparecer el vampiro
alguien quiere comprar... -Señor alcalde.
Nadie querrá comprar una finca maldita.
-Sin embargo, haríais bien en buscar esos títulos.
Ya os he dicho que sin garantías, el municipio no quiere arriesgar.
-Nadja.
-Dime, mamá.
-Busca entre los papeles de tu padre.
Tráete los títulos de los terrenos y de la casa.
(Música)
¿Quién está ahí?
Pasa. Ven. Acércate.
Perdona. Creía que...
¿Es este el pergamino que le vendió Carmilla a tu padre?
No lo toquéis, señor.
No lo toquéis, os lo ruego.
Está maldito.
¿Amabas mucho a tu padre?
Sí.
¿Y esta herida?
¿Seguro que no te la hiciste así mientras dormías?
Dejadme, señor. Os lo suplico.
Dejadme.
(Campana)
¡Ya!
¡Muerte!
(Tumulto)
(Música)
A vuestros pies, señora.
Que tengáis un buen viaje, Helsing.
Y vos, Karl, que tengáis una buena caza.
Esos compañeros serán sin duda, más apasionantes que los letrados.
Cada cosa tiene su tiempo.
Hasta pronto, Helsing. Nos veremos en el próximo proceso.
Sois incorregible, Karl. Hasta pronto.
Señora.
Hasta luego, querida.
Que te diviertas.
No os acerquéis, señora.
Son las cenizas del vampiro, mejor que toméis otro camino.
Apartaos vosotros, estas son mis tierras.
Vamos al río, señora. Debemos arrojarlas allí
por el bien de todos.
(Música)
Laura, ven aquí. Perdón, señora.
Su madre está enferma. Me la dejó, perdonad.
Yo cuidaré de que no estropee nada.
Te dije que no te metieras por aquí.
¡No me coges!
Niña, eso no se hace.
Déjala, es tan graciosa.
Disculpadla, solo ha vivido entre gentes del campo.
¿Quieres que te dé tu regalo? Sí.
Hola, pequeña. ¿Ya has merendando?
¿O es que no te gusta el pastel?
Ven conmigo. Vamos por tu regalo.
¿Dónde está?
¿Qué es?
¿Te gusta? Cógela.
¿Cómo se llama esta muñeca?
(GRITA)
¡Blanca, Nodriza! No llores.
¿Qué pasa, señora?
¿Quién ha dejado ahí esa copa rota? Vamos, curadla.
No pasa nada, no llores.
Dale unas monedas para que su madre le compre un vestido.
¡Quiero irme a mi casa!
Quiero irme con mi mamá.
(Música)
Lo importante es que la prueba haya resultado.
No lo creas.
Ahora sé que la solución existe.
Pero sé también que es imposible. ¿Por qué?
¿Cómo puedes preguntar eso?
¿Cómo es posible conseguir...? La otra Erzebeth lo consiguió.
¿Por qué tendrías tú que fracasar?
Basta con que quieras apoderarte de la voluntad de las personas.
Y en eso yo puedo ayudarte mucho.
Nodriza, si fuera posible...
Claro que lo es.
El otro día, cacé un lagarto y me dije:
"¿Por qué no preparar el licor mágico que otorga el poder
de la voluntad?"
¿Y tú crees que con eso Karl...?
Si me obedeces, pequeña. Karl será como un pajarillo
indefenso en tus manos.
Oh, gran espíritu. Oh, poderoso Adonai.
Oh, gran espíritu. Oh, poderoso Adonai.
Haz que las facultades de este reptil inmundo.
Haz que las facultades de este reptil inmundo.
Astucia, fuerza, fascinación.
Astucia, fuerza, fascinación.
Pasen este sumiso siervo.
Así sea.
Así sea.
(Música)
(Campanas)
¡Vampiro asqueroso!
¡Vampiro, toma!
-Madre, madre. -¿Qué ocurre?
El señor marqués ha muerto.
-Dios bendito. ¿Cómo ha sido?
-No lo sé, ha muerto esta noche, de repente, creo.
Los criados dicen que estaba tocando y que de repente, se detuvo.
-Que Dios se apiade de su alma.
Todavía recuerdo su aire de burla cuando nos pagó
las cosas del vampiro.
Al menos que esto sirva de ejemplo para los herejes e incrédulos.
(Música)
¿Quién es?
¿Qué queréis de mí?
(Música)
Nadja.
(GRITA)
Tu parte.
Gracias.
Decid a la señora que yo también siento mucho dejarla.
Pero que comprendo sus razones.
Se lo diré.
No seas hipócrita y di claramente que te alegras del despido.
Nunca habías visto tanto dinero junto.
-Calla, desvergonzado. Yo renunciaría con gusto a la paga.
Por quedarme con la marquesa. ¿Qué será de la pobre?
-Nunca compadezcas a los ricos, Irina.
Cerrará su palacio y se irá a vivir a una ciudad
o a su castillo junto al mar.
Se olvidará del marqués, de ti, de mí y del lucero del alba.
Toma tu dinero.
Y deja las pláticas.
No ofendas la generosidad de la señora.
Mirad, allí en la ventana de la alcoba.
¿Qué ocurre?
-Estaba allí, yo le he visto.
Era él, estoy segura.
-¿Quién es él? -El señor marqués.
-Vamos, Irina. No empieces otra vez con tus cuentos de brujas.
Vámonos, he prometido llegar a casa antes del atardecer.
-Ve tú primero en el carro, que no nos vean volver juntos.
(Música)
Necesito un buen trapo, amigo. -¿Qué noticias nos traes?
-En Cajnice cuentan que vuelve a haber problemas
con los de los muertos.
El marqués que murió hace unos días, dicen que se aparece de noche.
Han muerto ya dos muchachas.
-Pase y cuéntenos con calma todo.
-¿Has oído?
Marina ¿dónde vas?
¡Eh, Marina!
Escucha lo que están contando de tu adorado marqués.
Estúpido.
¿Qué es lo que ocurre?
Son cruces contra los vampiros.
La hija de Plojovitz desapareció la otra noche.
Y ayer han encontrado la carreta de Sandra sin que nada se sepa de ella.
Y claro, la gente tiene miedo.
Estas estacas son de madera del bosque negro.
Es suficiente con un solo golpe. Un golpe seco.
Estaba dispuesta a buscarte en el palacio.
¿Qué ocurre?
Están pasando cosas horribles, amiga mía.
Ahora mismo acabo de denunciar que el otro día, al marchar de palacio,
pude ver al marqués por una ventana.
Eso no es posible.
Todos hemos visto muerto al señor marqués.
Debes de dejar el palacio.
Y dile a la señora que también lo deje.
¿Quién sabe lo que puede pasar?
Desde que murió el señor marqués,
están ocurriendo cosas incomprensibles.
Y tú sabes muy bien que él se paseo por el palacio con el medallón
de Plojovitz.
-Si lo deseáis, vos podéis venir a mi casa.
Realmente, no sé qué pensar.
Aquel es un lugar maldito.
La misma muerte del señor marqués, así, de pronto.
-Compraremos laurel bendecido por Pascua y lo clavaremos
sobre la puerta.
Es la tercera casa del arrabal del pozo.
-Todavía tengo un poco de pan con sangre de vampiro.
Si quieres protegerte con nosotras.
Pero, quizá consiga convencerla para que marche a la ciudad
a la corte, con su primo, el infante.
Quedad con Dios.
Él nos guarde, que la virgen nos proteja.
Inge. ¿Qué tienes?
-Yo creía, que no, nada. Estaba soñando.
Tus malditos temores se han apoderado de mí y ahora veo vampiros
por todas partes.
-¿Quieres que me quede contigo? -No, es mejor que me olvide de ti.
Ya pasó. No te preocupes más.
-Que descanses.
Señor, solo soy una pobre aldeana.
(GRITA)
Inge.
¡Inge!
(GRITA)
(Música)
No tengas miedo, Erzebeth. Tú no temes a la muerte.
Solo a tu vejez.
Sin embargo, las jóvenes, dentro de su piel tersa,
no temen nada y su vida se les va con fuerza.
Es solo un instante.
¡Suelta!
(Música)
No puedo creerlo. Irina Valerius.
-¿Pero no os dais cuenta de que esto es una broma macabra?
Es un crimen. -Un crimen sacrílego.
O tal vez una venganza.
-Puede ser, pero las otras muchachas desaparecidas...
Nadja, Sandra, la misma Inge encontrado muerta en su casa.
Sabe que aquí el pueblo no está dispuesto
a justificaciones racionales.
Hay quien dice haber visto al difunto marqués.
-Sí, fue precisamente Irina quien le vio.
Nos lo dijo el mismo día que nos despidieron de palacio.
Nadie quiso creerla.
Pero ahora...
(Música)
(Gota)
¿Qué ocurre, pequeña? Nodriza...
Había alguien ahí. Junto al espejo.
Vamos, vamos, pequeña. He cerrado todas las puertas.
No puede haber nadie. Tranquilízate.
Era Irina. Estaba ahí.
Estoy segura. No me dejes sola.
Vendrán por mí. Me acechan.
Quieren otra vez su sangre. Su maldita sangre
que solo ha servido para resbalar por mi piel.
Esas muertes siempre pesarán sobre mí.
No, ya falta poco tiempo, pequeña. Al alba partiremos.
León vendrá a buscarnos, enganchará la berlina
y nos llevará de aquí. Nos marcharemos muy lejos.
Donde nadie pueda encontrarnos.
Ojalá que nunca te hubiera escuchado.
El diablo ha entrado en esta casa Con tus malditos conjuros.
Y nos seguirá siempre. No nos dejará.
Ya nunca, Nodriza.
¿Marina?
¿Quién está ahí?
(Música)
Quítame las botas, Marina.
¿A qué esperas?
Quítame las botas.
Suponed que grito y acuden los criados.
Yo sé que tú eres distinta.
¿Distinta?
Es inútil, Marina. No puedes hacerme ningún daño.
Comprobadlo.
(RÍEN)
Mi padre puede oírnos.
Aquí estoy.
Ven.
Ponte estas joyas. Rubíes, jacintos, granates,
piedras de sangre.
Ningún espíritu maligno podrá ya nada contra ti.
(Música)
Buenos días, señora. Nos han dicho que os disponíais
a partir.
Vengo a rogaros que aplacéis este viaje.
Esperamos la llegada del notario que debe levantar acta
en la exhumación del cadáver del señor marqués.
¿Qué os autoriza?
Tengo el deber de velar por la tranquilidad del pueblo, señora.
¿Y si a pesar de todo yo quisiera emprender este viaje?
Me obligarías a emplear la fuerza.
Nadie tiene nada contra vos.
Más bien tratamos de protegeros, creedme.
Comprendedlo, señora.
Necesitamos vuestra colaboración.
Si no queréis asistir a la ceremonia, nadie os obligará.
Sois muy libre.
Nos hacemos cargo de vuestra situación.
Pero comprended también vos que necesitamos abrir la cripta.
El ataúd.
Os disculpo porque no sois más que un ignorante.
El poder que os han dado rebasa vuestras fuerzas
y no sabéis ni respetar la soledad de una mujer.
Me obligáis a quedarme, pero no esperéis ninguna ayuda.
Vamos, Nodriza.
(Música)
Dios mío.
Nada tienes que temer, pequeña. Tú no has hecho nada.
Ellos mismos lo reconocen.
Acuérdate de la viuda Plojovitz.
Todo el peso de la justicia caerá sobre Karl.
Despierta, Karl.
Despierta, despierta.
¿No habrás cambiado de idea, verdad?
Anoche decías... Claro que no.
Te llevaré conmigo, si tú quieres. Sin embargo...
¿Estás segura de que no sentirás dejar esto?
¿Sentirlo? Nunca me gustó la vida que llevo.
Odio servir a la gente, solo tú puedes darme todo lo que yo deseo.
¿Por ejemplo? No lo sé.
Toda mi vida he deseado tener vestidos lujosos.
Joyas, sirvientes.
Muchos sirvientes que se inclinen ante mí.
Gente que lave mi ropa, que me peinen.
Y no solamente eso, claro.
Podremos también amarnos libremente, y no como aquí, a escondidas.
En esta miserable cama
con estas sábanas pobres y ásperas.
Pero ¿qué te pasa?
Nada.
Ya entiendo. Piensas que tu mujer...
Mi mujer ya no cuenta en mi vida.
Tendrás cuanto deseas.
Todo lo que mereces, te lo prometo.
Puedes estar segura.
(Música)
Esta noche se divertirán más que la otra vez.
Es una pena no poder asistir al espectáculo.
¿Has oído? Sí.
Van hacia la cripta.
No, no es eso.
Es un caballo.
Tranquilízate, pequeña.
(Música de tensión)
Qué maravilla. Póntela. Es tuya.
(Golpes)
¿Es ahí donde mueren tus víctimas?
Sí.
¿Es así?
Sí. Es así.
Quieta.
No deseo hacerte ningún daño.
(GRITA)
Lo sabía.
Has venido por esto. No lo sé.
Contigo no quería.
Sálvame, Karl, sálvame.
Ya es tarde, demasiado tarde.
(Música)
Amor mío.
(Campanas)
Se abre el interrogatorio a los testigos.
Pero todo lo que aquí se ha declarado,
no prueba en absoluto el vampirismo del señor marqués.
Puede ser un asesino, es cierto. -¿Y cómo probáis su muerte?
Porque los crímenes los cometió después de muerto.
-Yo no fui llamado para certificar su defunción.
Por eso no puedo asegurar que estuviera realmente muerto.
-Querido amigo, vos no aceptáis la más patente de las evidencias.
Puede retirarse la testigo. Llamad ahora a la viuda.
-Erzebeth Bathory, marquesa de Cajlice.
Lamentamos mucho señora haceros comparecer
en este desagradable lugar.
Pero necesitamos que reconozcáis el cuerpo de vuestro esposo,
Karl Ziemmer, acusado de vampirismo.
¿Le reconocéis como tal?
Sí, este es el cuerpo de Karl Ziemmer.
Que fue mi esposo.
Muchas gracias, señora. Podéis retiraros si lo deseáis.
Pero esta corte os agradecería que nos informaseis de algunos detalles
referentes a la muerte del señor marqués.
Algunos testigos han insinuado extrañas relaciones con el difunto
doctor Plojovitz. ¿Qué hay de cierto?
Sabéis muy bien que fui yo quien lo mató.
Sí, sabemos que le descubristeis cuando se enseñaba
con una de sus víctimas y que, en cierto modo, actuasteis
como el brazo de la justicia.
Pero el señor juez se refiere a su muerte anterior.
Antes de convertirse en vampiro.
Mi esposo no ha sido nunca un vampiro.
Yo misma le obligué a que simulara su muerte.
No comprendo, y sin embargo... ¿Qué es lo que no entiendes?
Por ejemplo, esto.
Esta sangre, que hasta hace un momento era solo
una mancha seca,
y qué pronto ha cambiado.
Tal vez sea debido al calor, pero...
Este papel, este extraño texto sobre el modo de morir.
Pero solo en parte.
Y el frasco de Plojovitz.
Puede que...
No lo sé.
Debe haber razones lógicas que expliquen todo esto.
Karl, yo... No entiendo.
O tal vez trato de no entender.
Con la vana esperanza de levantarme algún día
y que todo haya cambiado.
Que yo mismo haya cambiado.
Karl, las cosas son posibles. Basta quererlas.
Desearlas de verdad y tener valor.
Desearlas de verdad y tener valor.
¿Qué buscas, Erzebeth?
Te busco a ti.
No, tú buscas tu belleza. Tu juventud, tu carne.
Quieres rejuvenecer tu piel con la sangre joven.
Como ocurre en las leyendas. Como la otra Erzebeth.
Tal vez, si yo muriese, morir y empezar otra vida.
¿No es esto una tierra de vampiros?
Luego eran ciertas mis sospechas.
Recordad, señor juez. Acerca del narcótico del doctor Plojovitz.
El que encontramos en el palacio.
¿Lo recordáis, señor magistrado? -Silencio, silencio.
Señora, no habéis sido llamada a esta corte para ser acusada.
Sino como colaboradora de la justicia.
¿Os dais cuenta de que con vuestras palabras podéis ser acusada
de cómplice en los homicidios llevados a cabo por vuestro esposo?
Karl no era más que un cobarde.
Fui yo quien le obligó a matar.
Y a que trajera la sangre de sus víctimas.
Comprendemos que vuestro dolor os empuja a acusaros,
a tratar de aniquilaros.
-Sin daros cuenta, incurrís en lógicas contradicciones.
Porque si Karl os servía tan exactamente,
¿por qué le matasteis entonces?
¿Mantenía acaso relaciones con la chica de la posada?
No, ella era una víctima más.
Yo misma le ordene que la trajera a palacio.
No es cierto. ¿Por qué mientes, Erzebeth?
Tenéis razón, señor. Está desesperada.
Pero el único culpable era él, era Karl.
Incluso mi señora le tenía miedo.
No la escuchéis, señores. Ha perdido la razón.
Tú sabes muy bien que me he bañado en la sangre de esas muchachas.
Tú misma me has ayudado hacerlo. No es cierto.
Silencio.
Señora, si es cierto cuanto decís, ¿por qué le matasteis?
Yo empecé esta historia por mi voluntad.
He querido terminarlo de la misma manera.
No le hagáis caso. Está loca. Odiaba a Karl.
Y ahora quiere destruirle, quiere hundir y quiere destruir
incluso su memoria. No la escuchéis.
Señora, recapacitad.
¿Os acusáis entonces como instigadora de las muertes
de Nadja Plojovitz, Irina Valerius, Inge, Sandra y Marina?
Sí.
Soy la única culpable de todas esas muertes.
Y quiero asumir toda responsabilidad.
Con la venia.
Quiero recordar el deseo expreso de su majestad a quien represento
que al tratarse de una persona de la familia real
y que posiblemente ha visto perturbadas sus facultades mentales,
este proceso sea sobreseído.
Comprendo, no obstante, que la libertad de la acusada
constituiría una injusticia y que además, podría crear problemas
de orden público.
Por lo tanto, propongo que junto a la destrucción de los documentos
de este proceso, Erzebeth Bathory marquesa de Cajlice
sea tapiada en las habitaciones de su palacio,
y que a su cómplice le sea cortada la lengua
y obligada a servir a su ama hasta la muerte de una de las dos.
(GRITA)
(Música)
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