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Llevo tu mirada en sonrisa.
Nada me hace falta si contigo estoy.
Y si me lo pides hasta el fin del mundo.
¿Sabes, Sofía?
No importa si yo soy su empleado o no.
O donde esté o cómo.
Usted siempre contará conmigo.
Querás conocerte y ser feliz.
¿Ya se siente mejor?
Creo que un té me haría bien.
Ahorita mismo se lo traigo.
No se sienta tan culpable.
A veces nos dejamos llevar por las emociones, aunque sepamos que... que la
estamos legando todita.
Y lo digo por lo que pasó con su hermana.
Ah, sí, lo entendí.
Gracias.
Voy por... por el té. No me tardo.
No me tardo, ¿eh?
Te advierto que no pienso
dar marcha atrás, Patricio.
Me encanta escuchar eso.
Vamos por tu copa, entonces.
¿De verdad que está bueno el pie?
Pie, música y una bonita noche.
¿Qué más necesita tu alter feliz?
Una familia que me comprenda.
A lo mejor, peor.
¿Tú te comprendes a ti misma?
Creo que no.
Si yo fuera otra persona y observara a Alexa Ripoll, me sentaría esta siesta
loca.
No te agarras la onda a ti misma.
Entonces, ¿por qué le pides a los demás algo que tú eres incapaz de hacer?
Oye, no creas que te estoy regañando.
Nomás estoy pensando en vos, Alta.
Tal vez tienes razón.
Fausto, efectivamente mis errores del pasado han contribuido a esta crisis
familiar. Pero en este momento no tengo el tiempo ni la paciencia.
Tal vez ni la valentía de hurgar en el pasado.
Lo que necesito es una solución inmediata. Dime, ¿qué puedo hacer?
Imposible que me atreva a aconsejarle a ciega.
Desconozco los pormenores de los conflictos íntimos de Alexia y Sofía que
propician estos altercados tánicos.
Hable con ella.
Escúchela. No.
Por escucharlas es que las cosas han llegado a estos niveles de violencia
verbal.
De ahora en adelante, se va a hacer en esta casa lo que yo diga y nada más.
Señora Greta, permítame que ilustre mi desacuerdo con su actitud mediante una
anécdota personal.
Adelante.
En mi tierna juventud, tuve diferendos constantes con mi padre.
Desaprobaba mi forma de ser, gustos y personalidad enigmática.
Él asumió una actitud tiránica contra mí. Por medidas drásticas pretendía
obligarme a encajar en un modelo de ser humano que él creía correcto.
Pero yo no.
¿Qué sucedió finalmente?
Me fui de la casa e hice mi vida aparte.
Lejos de él.
Nunca más volvimos a hablar.
Dudo que usted quiera que le suceda lo mismo con sus hijas.
La dejo con sus pensamientos.
Nunca he sentido tanta ternura con Patricio.
Porque a mí no me engañas.
Tú no estás enamorada del ambicioso de Patricio.
Neta, Miguelina, si quieres te acompaño a la delegación de la policía e invento
algo para escaparme o algo.
Ni lo mande Dios, niña. Si su mamá se llega a enterarme, corre.
Todo esto va a quedar entre nosotras. No te preocupes.
Gracias.
Y ya me voy.
A ver qué puedo hacer para que suelten a mi nieto.
Segurito me lo están confundiendo.
Él nunca le haría mal a nadie.
Bueno, te dejo. Y cuando sepas algo, me llamas.
Usted es rete buena conmigo. Y la verdad no sabe cuánto se lo agradezco.
Que todo salga bien.
Dios la oiga.
Hasta mañana, niña.
Vaya ironía el destino.
Me llevo hasta ti.
Quieto, quieto, quieto, chavita. Fue tu imaginación.
Y si no son figuraciones mías, por un momento sentí que me echó las altas.
Frena, frena, frena tu carro, chavita. No te vayas a estrellar o decir o hacer
algo que nada más existe en tu alocada cabecita.
Hasta la chamba andas perdiendo.
Míralo, míralo, no te digo.
Ay, justo cuando estaba a punto de hacer algo por ti, Lucas.
Ay,
qué pena, Salvador.
Me hubieras dicho para que yo te sirviera.
No te molestes, Miguelina.
Mi mamá desde chamaco me enseñó a hacer de todo.
¿Y ahora?
Miguelina, ¿qué te pasó?
Nada. No, no, no. ¿Cómo que nada? A ver.
Dime, ¿qué tienes? Mira nada más cómo estás.
Detuvieron a mi nieto.
A Lucas.
Está en la delegación de policía.
A ver, a ver, espérame que ya no estoy carburando bien.
A tu nieto, tu nieto.
Es que no sé ni de qué lo acusan.
Por eso ahorita voy para allá, para aclararlo todo.
No, no, no, pero ¿cómo vas a ir solita? Mira, aguántame. Nada más llevo este
tecito y yo te acompaño, ¿sí? No, no, no, Salvador.
Es que no quiero que nadie de acá se entere.
Bueno, yo pisco de cera, pero insisto, yo te acompaño.
Gracias, de veras. Pero primero Dios, todo se va a arreglar.
Bueno, cuídate mucho entonces.
En cualquier bronca me llamas a mi celular.
El tecito.
El tecito.
El tecito, el tecito.
El tecito.
Ahorita no estás pensando claro porque andas parada de pestañas.
¿Deberías buscar ayuda?
Ayudo sí necesito, pero con las maletas, Lupe, porque ahorita mismo me largo de
aquí. ¡Nandito!
Ya susiégate y escúchame antes de que metas las cuatro patas.
No me quiero ir.
Quiero quedarme con mi papito. Tú haces lo que yo te diga, chamaco.
Mírame.
Regrésate a tu cuarto, Nandito, y ponte a ver tus revistas esas de Feng Shui.
¿De qué cuando?
Bueno, son chinos o japoneses, los dos da igual.
Pero como sea, esas tus patadas y tus trancas en una armada...
Mientras tu mamá y yo terminamos de platicar, ¿sí, mi amor?
No me gusta que le esté dando órdenes a mi hijo. En tu hijo, precisamente,
tienes que pensar. ¿Por qué lo quieres dejar sin casa?
Eso no. ¿Lo vas a llevar de arrimado a quién sabe dónde a sufrir incomodidades?
No, Irma, estás mal.
Esta es tu casa y tú no tienes por qué dejarla. Armando tiene toda la culpa de
esto. Si no fuera porque él... ¿Y piensas que lo estás castigando a él?
Quien va a sufrir es el pobre niño que no tiene ninguna culpa de las
dificultades de sus padres.
Ya oíste a Nandito. ¡No! ¡Se quiere ir!
¿Sabes qué vas a lograr si te lo llevas a rastras de aquí?
Que te odien.
Y el odio de un hijo es lo peor que te puede pasar.
Y si no me crees, nomás piensa en Chavita y cómo odias a tu padre.
Está delicioso.
Claro que es, bitch. Pues si lo preparé yo mismito con mucho cariño.
Pare, oreja. Le puse doble tila.
Suena endulzada con miel de abeja.
Y un chorrito de amor.
Bueno, un chorrote, un chorrote.
Lo que pasa es que yo a todo lo que hago siempre le pongo un chorrote de amor.
Porque... No trata de componerle.
¿Entendí? Es que estas frasecitas medio confundidoras como que me están
siguiendo mucho últimamente, ¿verdad? ¿Ya se dio cuenta?
Lo he notado.
Bueno, pero ni se fije, ¿eh? Porque son más inofensivas que un pollito recién
nacido.
Salvador, le debo una disculpa.
Bueno, a usted y a Armando.
A ver, a ver, para gemela más despacho.
Por lo que sucedió hace rato.
Ah, por la acampal que se armó con su hermana.
Hombre, ni se fije. En todas partes se cuecen habas. Pero no tenga pendiente
porque a Armando y a mí nos dicen los compadritos discretos. Mire, de aquí no
sale nada.
Gracias.
¿Sabes?
Me preocupa mucho mi hermana Alexa.
Cada vez está más agresiva contra mí.
Lo que comenzó como un simple problema de dinero ahora se convirtió en una...
Declaración de guerra.
Creo que sí la entiendo.
Usted la quiere ayudar, pero ella no se deja.
Así es, Salvador.
Igualito me sucede a mí con mi hermana Marisol.
De repente aparece una muralla gigante entre los dos. Pero al rato se abre una
rendijita por donde empieza a pasar el sol poco a poco.
Y cuando menos se piensa, ya estamos otra vez todos contentos.
Dele tiempo al tiempo.
Y va a ver cómo todo se soluciona.
Qué raro.
Cada uno de tus recuerdos de niña que me has contado se pasaron dentro de este
coche.
Solo de los más felices.
Pareciera que desde que mi papi murió, pues, no ha sucedido nada bueno en mi
vida. Sí, León.
¿A poco de España no tiene recuerdos bonitos?
Siempre está diciendo que te está yendo de pelo.
O nomás lo dices por apantallar.
No me hagas caso, ¿vale?
Cuando estoy en plan así nostálgico, pues... me olvido de lo demás.
No, esto ya tronó, Lupe.
Armando y yo nos la pasamos agarrándonos de la greña.
Desde que se perdió la mugrosa carrera esa, nos cayó la voladora y estamos cada
vez peor.
Y para acabarla de amolar, no he podido vender ni una triste crema para las
arrugas. De todas maneras, no es para que estés pensando en tirar la toalla.
Ya te pusiste a pensar en lo que es criar a un hijo sola.
A mí me tocó sacar a dos adelante y no te creas, es bien duro.
Con todo y que Chavita siempre se fletó.
Pero Armando no es tan desobligado como lo fue el tal Javier.
Para cualquier criatura es difícil crecer sin tu papá.
Fernandito adora a Armando y él ni se diga, ¿eh?
Los pobrecitos van a sufrir un montón. No más por tus celos estúpidos. No, no,
no. Nada de celos estúpidos, ¿eh? Las mujeres sabemos perfectamente cuando una
movida está pasando.
Yo siento que el papuyo y esa lagarto no me están viendo la cara.
Este tobillo va a terminar de sanarse volada.
Ojalá sanar la mente fuera igual de sencillo.
Pero digo en serio.
¿A poco me vas a decir que te patina el coco?
Tú rosa que se panicó.
¿Sabes lo que es eso?
Ya me había dado acuerdo.
Te cuenta jalar aire.
De un momento a otro quiere esperarte de un lugar.
O de las personas que te incomodan.
Corazón revolucionado.
¿Cómo sabes tanto?
En el automovilismo se ve de todo.
Más raro el caso de un aspirante a piloto que sin siquiera subirse a un
tenga una crisis como la tuya.
¿Por eso tuviste que hacer conmigo?
Uno aprende cosas en la vida.
Es horrible.
De verdad te lo digo.
No lo puedo manejar. En este instante pienso que voy a morir.
¿No será que a lo mejor traes un miedo atorado que nomás no te deja vivir en
paz?
¿Un miedo desconocido?
Que te mete zancadillas cada vez que aparece.
A ver.
Permíteme.
Irma, lo que quieras reclamarme, aguanta.
No soy Irma, soy Lupe.
¿Y ahora, Lupe?
¿Por qué estás llamando de mi casa?
¿Le pasó algo a Nandito o a Irma?
Nada grave, pero vente como de rayo, porque a tu mujer se le botó la canica y
anda queriendo abandonarte con todo y chamacos.
¿Qué?
Sí, no me tardo.
Necesito irme a la de allá.
¿Tienes visita, muchacho?
¡Abuela! ¡Abuela!
Tiene dos minutos, señora.
¿Qué pasó, mijo?
¿Para qué viniste? Te dije que me echabas de tirito yo solo.
¿Y a poco crees que me iba a quedar en la casa angustiada sabiendo que estás
aquí encerrado?
Pues para eso te llamé, para no tenerte con la preocupación.
Ya hablé con el comandante y por más que se lo juré, no me quiere creer que eres
un buen muchacho.
Perdóname, abuela.
No, Lucas.
¿Por qué lo hiciste?
Se me hizo fácil. Yo andaba de ratero. Es como querías mantenerme.
Mira hasta dónde has llegado.
decirte nada más que me muero de puritita vergüenza.
¿Cómo supiste que estaba llorando?
Soy capaz de reconocer tu llanto a diez mil kilómetros de distancia.
Cuando eras una bebita y comenzabas a llorar por tu biberón, yo otra vez
en la ciudad entera para venir a dártelo.
Exagerado.
No puedes guardar mis pañuelos del kinder. ¿Por qué se usan, niña? ¿Lo
comprobando ahora?
¿Por qué lloras?
Mis hermanas.
Si no quieres contarme, no lo hagas.
Pero no mientas.
La escaramuza de tus hermanas no ocasionó tus lágrimas.
Pero me temo que este vestido sí tiene relación con tu llanto.
Entiendo tu silencio.
Aprovechalo para pensar una estrategia efectiva que solucione tu gran problema
en curso.
Y si tienes alguna duda, consúltame.
Abuela, estoy muy arrepentido.
Tú no mereces que yo te haga sufrir.
Lucas, no.
ni orientarte por el buen camino.
No digas eso, abuela. Tú no tienes la culpa de nada.
¡Ay, Dios mío!
¡Qué dolor tan grande!
Yo vine aquí a dar la cara por un inocente y me encuentro con un culpable.
Ahora no sé ni a quién recurrir ni cómo ayudarte.
Sí, abuela, abuelita ¡Abuela!
Nada, Sofía. En lo que dura un pestañeo fue y regresó.
¿A dónde vamos a ir?
A trabajar.
Pues me la cumplió, de verdad, regresamos a la fábrica.
No vamos a tardar mucho, pero tiene que cambiarse.
¿Qué acción? ¿Qué tal, Aristide? Buenas noches. Aquí tiene la relación de este
mes, señorita Recol. Aquí tu ropa de protección. Con su permiso. Gracias.
Una o dos veces al mes vengo a esta hora para felicitar a los trabajadores del
turno de la noche.
Por su cumpleaños, o porque alguno se ha casado, o tenido un hijo.
Me gusta estar pendiente de cada uno de ellos.
¿Qué a todo dar?
El vestidor de caballeros está por allá.
Con permiso.
Habla con ella, pero tranquilitos.
Piensa en Nandito y cómo va a sufrir si los escucha gritoneándose. Tienes razón,
doña Lupe. Me voy a armar de paciencia.
Váyase tranquila y gracias.
Bueno, que Dios te agarre con...
Miren por fin quién llegó.
El señor de la casa.
Ni le busques ruido al chicharrón, Irma.
Estás mal. En serio.
¿Qué te traes? ¿O qué es lo que quieres de la vida?
Así que este es tu gran secreto, Patricio.
Piensan construir esto en la manzana donde está la fábrica, claro.
¿Qué estás haciendo, estúpida?
¿Qué viste?
Responde. ¿Qué viste? ¿Qué viste?
¿Quién? No, yo, Teresa.
Te digo que hagas inmediatamente.
Dile que espere.
Yo quisiera gritar, ya lo estaría haciendo.
Dile que espere.
Greta, jamás imaginé verla aquí en mi departamento y mucho menos hasta ahora.
¿Alguna emergencia?
Sí.
Eres un ser despreciable.
¡Una basura!
¿Qué desconsideración de mi parte tenerlo trabajando a estas horas,
¿Cuál trabajando?
Si andamos aquí echando el coto, bien a gusto como dos cuatachos. Me parece bien
que lo vea de esa manera.
Ah, pero eso sí.
Le voy a decir que con tantos aromas tan ricos allá adentro, ya se me alborotó
el hambre.
Así que la invito a mover el bigote.
¿Cómo dice?
A cenar, pues.
Pero ahora, formalmente, yo la invito.
Te pedí un favor personal.
Trata de entender, Greta. Yo no puedo retirar el dinero sin justificarlo ante
Sofía. Soy el director de finanzas, no el dueño de la empresa.
No hace falta que me lo recuerdes.
Nunca vas a ser dueño ni de la silla de tu oficina.
Fue una solución que beneficiara a todos.
Yo le propuse a Alex hacer la chica Ripoll. Y ella aceptó.
Créanme, si yo hubiera sabido que todo esto iba a causar... Bueno, ¿de veras me
crees tan estúpida, Patricio?
¡Sofía y tú urdieron esto!
Nada más denme chance de echar gasolina y luego, luego nos vamos a ir al...
Entonces, ¿no me va a decir a dónde me lleva a cenar?
No, pues dice que sea sorpresa.
¿A poco de veras siempre tiene que planear todo lo que hace?
Mire, relájese, disfrute del paseo.
Ya sé que no estamos en París ni en Nueva York, pero allá igual que aquí se
pueden tener alegrías, tristezas y una cena diferente como la que va a tener
usted el día de hoy.
De cualquier manera me deja muy intrigada.
No se va a arrepentir.
Ya lo verá.
Para bien o para mal, la idea de integrar a Alexa en la campaña
la empresa.
Fue enteramente mía.
Como sea.
Alexa no va a ser la chica Ripoll. ¿Te quedó claro?
Nadie puede obligarla.
Nadie.
¿Pensaste que podías engatusarme?
¿Te creí más inteligente?
Lo siento.
Lo siento, pero si pensó que yo iba a actuar a espaldas de Sofía, se equivocó.
Entiendo la palabra lealtad mejor de lo que se imagina.
Conmigo te equivocaste. Y mucho.
Nunca me caíste bien. Eso no es ninguna novedad.
Pero ahora vas a saber lo que es tenerme en tu contra.
¡Prepárate!
Vaya perita indulta que es la reina madre.
Tranquilo. Estoy de tu lado, no te delaté.
Tú de aquí no sales.
¡Suéltame!
Me vuelves a tocar y te juro que te vas a arrepentir.
¿Y qué?
¿Qué?
¿Qué? ¿Me vas a matar de un telefonazo?
No soy tan estúpida como crees, Patricio.
Mientras estaba en tu recámara oyendo tu discusión con la reina madre, escribí
un sencillo pero emotivo mensaje a Sofía, contándole realmente quién eres.
¿Estás de acuerdo que mi mensaje es más que un arma letal?
Si disparo a enviar, estás acabado.
No eres capaz.
Ponme a prueba.
Tesoro.
¿Y a dónde pensabas llevarte a Nando?
¿Ibas a darle la lata a tu tío Paco? ¿En serio que así te pasas de inconsciente,
Irma? ¡No me hables así!
Nomás eso me faltaba. Que ahora te me pongas bien pantera después de lo que
estuviste a punto de hacer. Y todo por tus malditos celos. Son puras ideas
tuyas, Irma. ¡Ay, sí, cómo no!
¡Ideas! ¡Qué casualidad que primero le haces el fuchi a chambear de chofer!
Y ahorita andas bien contento paseando la modelito esa.
¡Esa actriz!
¡No módelo!
¿Y eso qué?
Son las mismas mensas, sin cerebro.
Irma, agarra la onda.
Lo que más quiero es aquí.
Mi hijo y tú, mi familia, ¿entiende?
El que no me quiere entender eres tú.
Una de mujer sufre mal.
De todos modos, eso no te da derecho a escaparte con Andito.
Óyeme bien, no vuelvas a tratar de llevarte a mi hijo.
¡No me amenaces!
¡Las amenazas no me gustan!
¡Te lo estoy exigiendo!
A veces me pongo a pensar que hay gente que sufre, que no tiene para comer y en
esta casa no podemos estar un día en paz.
¿Y ese súbito interés por la humanidad monstrua?
Siempre lo he tenido, neta.
Quisiera ayudar más, pero no sé cómo.
A ver, no te hagas líos. Te lo digo en serio.
Aquí el problema es que Sofía quiere manejar la vida de todos y espera que le
respondamos así como esclavos, ¿no? Sí, ama.
Sí, ama.
¿No?
Y eso que tienes años sin aguantarla todos los días como yo.
Para hablar con ella creo que a mí me hace falta un capote de torero y ole.
¿Por qué te parece tan fumado volver a ser la chica Ripoll?
¿También estás a favor de Sofía?
No, pero no entiendo por qué es tan difícil que poses para unas fotos con
productos de la empresa.
Monstrua, no tienes ni idea de lo que me cuesta. Y estoy haciendo un esfuerzo y
apenas empiezo a ver este asunto de otra forma.
¿Y se puede saber qué te hizo pensar lo mejor?
El cambio de luna, tal vez.
Ay, sin secretitos conmigo, Ale.
Solamente salí al jardín a pensar.
Y... Lo que te proponen no está muy lejos de lo que haces.
¿Cuántas actrices famosas salen en comerciales de perfumes y shampoos?
Como sea.
Puede que no sea tan mala idea lo del regreso triunfal de la chica Ripoll.
Pero eso no quiere decir que apruebe las técnicas de manipulación de Sofía,
¿vale? Se oye padrísimo el regreso triunfal de la chica Ripoll.
Creo que tienes razón, monstrua. ¿Se escucha bien?
De verdad te lo digo.
Ay, eres genial.
Chavita. Marisol.
¿No andan por ahí?
Híjole. Los dos me salieron igualitos de callejero. No, si bien dicen, cría
hijos y seguro que te sacan ojeras de tanto esperarlos en la noche.
¿Y ahora?
¿Qué querán? ¿Cotejado?
¿Miel de agave?
María Chizo.
Yo fui él.
Javier Cruz estuvo aquí.
Si lo que te preocupa es el mensaje que estuve a punto de enviarle a Sofía,
mira, lo voy a borrar en este momento.
Mira, esta es la mejor muestra de que estoy de tu lado.
Entonces, ¿qué hacías sumiando en mi computadora?
Curiosidad femenina.
Llévame presa si merezco la cárcel por eso.
Silvana, Silvana, no me hagas perder la paciencia.
¿Qué viste? ¿Qué viste en mi computadora?
Conocí un espectacular proyecto inmobiliario.
Distrito Magno.
Que ocupará una gran cantidad de predios de la Colonia Unión.
Incluyendo los terrenos de la fábrica de chocolates Ripoll.
La respuesta correcta es que no viste nada.
¿Me pregunto?
¿De qué forma podría yo tener un penthouse en ese proyecto de ensueño?
Escúchame bien.
Esto no es un juego.
¿Entiende? Hay millones de por medio.
Claro que lo entiendo.
La fábrica estorba el proyecto.
Y tú eres el encargado de facilitar su quiebra y desaparición.
Porque no hay otra forma de convencer a Sofía para que vende sus terrenos,
¿verdad?
Eres muy cegar.
Te vuelves...
Cada vez más peligrosa.
¿En serio no te has dado cuenta aún, Patricio?
¿De qué?
De que la odio.
Odio a su pierna.
Cuco, sírveme otro café.
¿No has probado tus molletes, Paco? Te los caliento. No, no, no. Está bien. Me
gustan así.
Otro café.
No he dicho nada.
Trabaja café.
Gracias. De nada.
Sofía, ¿cómo voy a creer que estando la fábrica aquí a un tiro de piedra no
conozca el lugar de Cuco y sus famosísimos platillos?
Sobre todo la milanesa tipo oreja de elefante que prepara. ¿Oreja de
Eh, eh.
Ahorita va a ver.
Todo lo que sirven aquí está para chuparse los dedos.
Cuco.
Buenas, don Paco.
Si no se siente a gusto en el lugar, ¿nos podemos ir a otra parte?
No, estoy bien.
Buenas noches.
Espere.
Necesito hablar con usted.
Si no puede en este momento, podría... Señorita.
Discúlpeme. Pero usted y yo no tenemos nada de qué hablar.
En un tiempo la consideré mi amiga.
Pero sus aires de superioridad y actitud condescendiente me empezaron a crispar
los nervios.
Al igual que tú, por conveniencia sigo en la fábrica.
Tú como el novio amoroso y yo como su mejor amiga.
¿Te das cuenta que no somos tan diferentes?
Tal vez tengas razón.
Si no te revienta el hígado que todos hablamos de Octavio Ripoll como si fuera
el héroe de la independencia.
A ver, ¿cómo era Octavio Ripoll en realidad?
¿Un hombre honesto y recto, como se dice?
¿Amaba a su esposa?
¿Y Greta?
La distinguida reina madre que educó a Sofía como la princesa heredera.
Pero lo hizo porque quería lo mejor para su hija o porque pretendía mantener su
estatus y comodidad en caso de que el viejo faltara.
¿En serio la odias?
Sí. ¿Yo?
Simplemente la odio.
Pero tú quieres perjudicarla. Así que tú eres peor que yo.
Te llevaré, te lo aseguro.
Nadie podrá separarnos. Yo te olvidaré
cada segundo.
Hasta el fin del mundo siempre te amaré.
Yo te lo juro.
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