All language subtitles for [S1.Ep44] El señor de los Cielos - Esta vida no es para mí.CC.es

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Original subtitles

[tema musical]

¿Vas a traicionar al abuelo de tus hijos?

Doña Alba,

¿me puede decir qué se trae conmigo?

Tú eres la que está muy rara últimamente.

Mira, Aurelio Casillas tiene una "P"

así gigante en la cara

que dice "Prohibido".

Pero yo a vos te he visto muy pendiente y muy perrita con tu sobrino.

Ya es hora de que yo abra los ojos

por la memoria de mis hermanos.

Aurelio Casillas no me va a volver a ver la cara de idiota

nunca más.

¿Turco?

¿Tú estás sintiendo algo por mí?

Mira, traje un amigo, espero que no te moleste.

Porque creo que ya es momento de que hagamos negocios los tres.

¡Hombre, para nada. ¡Bienvenido, Topo!

- Estás en tu casa. - Gracias.

Mire, tomen asiento, pidan lo que quieran.

Ahorita va a cantar Roberto Tapia, ¿eh?

Bien.

Ahorita vengo, voy a echarme un chorro mareador.

Ya, venga.

[música de fondo]

¡Amigos! Amigos, por favor, un segundo.

Silencio, silencio.

Quiero aventarme unas palabrillas

y no les voy a quitar mucho de su tiempo, ¿verdad?

Hace rato le pregunté a un amigo,

al Turco, para ser más precisos, que si...

me daba un consejo o me ayudaba

para decir unas palabras bonitas, así en público, a mi mujer,

y me dice nada más: "Dile que la quieres".

Así de secas. Y le dije:

"Turco, ¡con razón no tienes mujer, hombre!".

[risas]

Yo creo que a las mujeres hay que decirles lo que...

significan para uno, mi amor.

Y tú para mí significas la vida.

Eres la madre de mis hijos, Ximena.

Desde el primer momento en que te vi,

no me ha dejado de latir el corazoncito por ti, mi vida.

Eres la mujer más guapa y más buena que he visto.

Sabes perfectamente que por ti, daría mi vida.

Te amo, Ximena. Eres... el amor de mi vida.

Eh, y pues, quiero que sepas que el amor que siento por ti

es amor del bueno,

del sincero.

- Gracias. - ¿Y qué mejor que...

mi compadre aquí para que te lo diga cantando?

Que te cante una canción de amor de esas que nos gustan.

- Ya sabe, a la orden. - ¡Pariente!

- Échese una de esas de amor. - Claro, hijo, ándale.

[aplausos]

[música]

♪ ¿Para qué Me haces desprecios ♪

♪ Si se te nota Que me quieres? ♪

♪ Y a no te hagas Más la mártir ♪

♪ Que por mi amor Tú te mueres ♪

♪ Yo sé que a ti Te aconsejan ♪

♪ Que me dejes Y me olvides ♪

♪ Que solo quiero jugar ♪

♪ Y o los dejo Y que averigüen ♪

♪ No hagas caso a las edades Si por mí sientes bonito ♪

♪ Aunque sea mayor que tú ♪

♪ Mi vida, te necesito ♪

- ¿Cómo va todo? - Bien, bien, bien.

¿Qué pasó? ¿Hicieron el decomiso?

Sí, todo salió muy bien.

Nuestros hombres ya están llevando a la gente de Letrán a Durango.

No quiero que ese infeliz sospeche nada.

Por cierto, nuestros informantes

nos dijeron que don Cleto acaba de llegar a la fiesta.

Tú nos dices si quieres que lo agarremos ahorita.

No, de ninguna manera, sería muy arriesgado.

Quiero agarrarlo en su rancho, en un operativo limpio, sin sangre.

Finalmente ya tenemos las pruebas suficientes para incriminarlo.

¿Cómo está Leo?

Pues, bien, solo que Casillas ya le echó el ojo.

Empezó a perrearla.

Si lo que ella quería era deslumbrarlo, ya lo consiguió.

Bien, bien.

[aplausos]

[todos] ¡Bravo!

[Roberto] ¡Fue un placer,

[Ximena] Gracias.

[Roberto] Quiero felicitarlos por su aniversario,

y agradecerles por permitirme cantar en esta noche tan especial.

Roberto, muchísimas gracias. Un placer tenerte aquí, de verdad.

Al contrario, bendiciones para ustedes.

- Gracias por venir. - Bueno, bueno, gente,

pues les agradezco mucho haberle dado la bienvenida así a mi compadre Roberto,

pero, pues, como él es una superestrella, se tiene que ir a cantar

a un palenque a Culiacán, así que démosle un aplauso más para que se vaya

bien felizote el compadre, ¿no?

[aplausos]

- Gracias por venir, Roberto. - Bueno, pues.

Eso.

- Arre, pues. - Permiso.

[Roberto] Gracias, gracias.

[Eugenia] Ya te mandé la nota sobre el Vaticano,

- ¿sí la recibiste? - Así es, ya la revisé y...

mañana va a ser primera plana.

- ¿Otra primera plana? - Así es.

El tema del asesinato del cardenal Pastrana,

pues es un tema de mucha relevancia en este momento.

Si tuvieras más material,

me gustaría hacer una segunda parte de ello.

Perfecto, sí.

Oye, Eugenia,

eh, desde que llegué a México no he comido tacos al pastor.

Digo, eso de llegar solo a un restaurante, pues no me gusta.

- [risas] - ¿Qué dices, me acompañas?

No, pues, si unos tacos al pastor, ¿cómo no?

Vamos, y así te cuento unas cosas que tengo pendientes.

[música de fondo]

¿Y entonces, don Aurelio, que pitos toca el Topo?

Don Aurelio,

pues, porque usted nos da la autorización, le podemos estar haciendo un cortesito

de corbata bien bello a ese perro.

Yo lo veo que está como muy aleteado, ¿no?

Ah.

Vamos a ver si el Topo se convierte en chapulín.

¡Vamos a ver!

Sí, yo creo que ahora que no están los Villalobos,

va a querer esos territorios, Aurelio. Se movía mucho con ellos.

Pues se la va a pelar, ¡se la va a pellizcar!

Porque lo de los Robles

va a ser ahora del Cabo

y del Tijera y vamos a ver si lo de los Villalobos también.

¿Cómo? Sí, ¿oyó?

Oiga, qué honor que nos hace, don Aurelio.

¡Qué Dios le pague!

Oiga, don Aurelio, yo quiero decirle una cosa,

que verdad que eso es un detalle muy bonito y muy lindo

que se está teniendo con nosotros y le queremos agradecer

de todo corazón. ¡Dios se lo pague! En serio.

¡Qué belleza! Oiga, ahora sí

que fue como bistec en parrilla, vea.

¡Este es el jefe que teníamos que tener!

¡Venga, jefe! ¡Salud, señores!

- [teclado de celular] - Tranquilo, don Cleto.

Ahí anda el Aurelio y se ve calmado.

Está hablando con su gente para ver cómo vamos a negociar.

No, si no es eso lo que me preocupa.

Estaba esperando que me llame el Chaca.

Iban ya para Hermosillo para ver lo de la merca

y nomás no se contacta conmigo.

Los hombres que iban a escoltar a su gente tampoco me han hablado.

No le voy a mentir, don Cleto, esto ya está muy raro.

No, pues ya nos podemos esperar lo peor.

¿Y la policía tiene manera de saber que el camión es suyo?

No, no creo. Tengo todo arreglado.

Claro que tengo pagados algunos policías, pero...

Pues de que hay manera, siempre hay.

- Hay que pensar positivo. - Sí, sí.

Tal vez, estos méndigos colombianos.

Ahora resulta que Aurelio y ellos son chiles.

Hasta pudieron sacar de la jugada a don Oscar.

Algo supe. A mí no me dan mucha confianza estos tipos.

Se me hace que no tienen nada qué hacer en su país

y vinieron aquí a enchinchar.

Por eso he estado pensando en su exjefe.

A lo mejor sería bueno que le habláramos a don Oscar.

Por ahí quiere hacer tratos con nosotros. ¿Qué opina?

Me parece bien, pero no lo conozco,

tú tienes manera de contactarlo.

No se preocupe, yo encuentro la manera.

¿Dónde está, dónde está? ¡Claro, aquí es dónde estaba!

[susurra]

[teclado del celular]

Yo, pues, Tinieblo.

Póngale cuidado a lo que va a hacer.

Se me va a ir para Cali, a la casa de Ciudad Jardín.

Ahí en el cuarto de máquinas,

al lado de la piscina, tengo una caleta.

No, vos llegás y es un punto rojo.

Con ese punto rojo se abre la puerta.

Sacá toda la plata que haya.

Llevate la camioneta porque hay como tres o cuatro canicadas.

Entonces, cogés plata para vos, para tus gastos,

y comenzás a cuadrar la vuelta del Cabo y del Tijeras.

Esos malparidos me las van a pagar.

Entonces, hacés todo lo que te dije y te espero acá el lunes.

Mire quién viene ahí. ¡Mi hija chula!

¡Preciosa! ¡Felicidades!

Gracias.

¿Qué tal, cómo se la están pasando?

Hombre, Ximena, ¿qué te puedo decir?

En un lugar tan bonito, cenando tan rico y escuchando este bato,

¿qué más se puede pedir?

- ¿O no, don Cleto? - Pues, está hermosa, mi hija.

Es una preciosidad, ¿eh? Mi amor.

¿Pero qué tienes?

Con que te veo rara...

- Triste. ¿No? - No, no.

No, papito, no para nada. Sígansela pasando bien,

que yo voy a ver cómo van los otros invitados, ¿sí?

Ándele. Vaya, mi chula.

- Permiso. - Bien.

Siéntese. Vamos a ver esto...

¡Ay, Dios!

Esto sí está raro.

Joven, lo busca una señorita Raquel.

- ¿La conoce? - Sí, que pase.

Espera, Carmona, ¿alguien de mi familia la vio llegar?

No, acaba de llegar en un taxi.

Está bueno, que venga.

¿Qué pasa? ¿No te gustó?

Claro que me gustó, morra. Pero no para que vengas así a mi casa.

¿Sabes qué? Vete al baño y cámbiate aunque sea el peinado o algo.

¿Qué te pasa?

Mejor olvídalo. ¿Sabes qué?

Vete para allá.

Ahorita le digo a Carmona que te lleve a tu casa.

Sí, a tu casa, ahorita.

Buenas.

¿Esta es la famosa amiga que querías presentarme?

Eh... Mucho gusto, señora. Soy Raquel.

Un gusto.

Raquel, vete para mi cuarto.

Es en este pasillo al fondo la última puerta a la izquierda.

Con permiso.

Te da tanta pena que todo el mundo se entere

lo jodido que te trae Matilde.

¿Pues de dónde sacás eso, mamá?

¡Por favor, Heriberto! Pero si es obvio.

Es idéntica a Matilde.

Y viene vestida y arreglada igualita a ella.

Mira, mamá, yo te quiero mucho,

pero ya estuvo bueno, deja de meterte tanto en mis rollos.

- No soy un morrito. - Sí, ya me di cuenta.

Qué bueno que hayas crecido y ya estés convertido en todo un...

¡patán!

No, mamá, más bien en un hombre.

Un hombre que tiene mujeres y que las hace felices, ¿cómo ves?

¿Raquelita?

Al fin sí vino.

A ver, debo confesar que yo me tomé el atrevimiento

de llamarla y pedirle que viniera lo más parecida a mí.

Así vas a tener toda la noche para pensar que ella soy yo.

Señora...

Perdone, es que ando buscando el cuarto de Beto para cambiarme.

Es el primero de la izquierda.

Gracias.

¿Raquel?

- ¿Te puedo hacer una pregunta? - Sí, claro.

¿Mi hijo te pidió que te vistieras y te peinaras así?

Te pregunto porque no se me hace una casualidad

que vengas arreglada tan parecida a la tía de Heriberto.

Estás loca, Matilde.

Loca. No sé qué hacer para que me dejes en paz.

- ¿En serio, eh? - ¡Ay, ya!

Tranquilito.

Dejá el show, si los dos sabemos que vos no querés

que yo te deje en paz.

A ver, mi amor,

¿por qué no seguimos con el juego como está?

Vos tenés a tu Raquelita para cuando yo no esté.

Y yo te tengo a vos para cuando Víctor no esté.

¡Listo! Felices todos,

comemos perdices. ¡Ay, ya!

Deja tanta lora, mi amor, más bien, disfruta la noche. ¿Eh?

Chau.

No te asustes, solamente quiero saber, eso es todo.

La...

La señora Matilde me habló y me dijo que había una fiesta en la casa de Beto

y me pidió que viniera vestida así

porque le iba a dar mucho gusto.

- Veo. - ¿Qué pasa, hija?

Nada, doña Alba. Aquí nomás le presento

a Raquel, ella es la amiga de Beto.

Un gusto, mucho gusto.

¿No le recuerda mucho a alguien?

¡A Matilde!

Abuela.

Vámonos, Raquel, a que te cambies.

Con permiso.

Caray...

[final de una canción]

[aplausos]

Bueno, ¿y qué, esa raza, cómo se la están pasando?

¿Bien? Bueno, eso, pues para que se la pasen mejor,

les tengo un regalo.

Ella es un monumento de mujer que ahí te encargo, compadre,

que cuando canta, hasta a los ángeles les da envidia.

[cantante] ¡Ella es Matilde! ¡Así que pase, por favor,

para que nos deleite, Matilde, por favor!

[cantante] ¡Pase, hombre! ¡Pásele!

[aplausos]

[sollozos]

- Quiero verlo. - No lo haga, patrona.

Que no sabemos en qué estado llegó su hermano.

¡Necesito verlo!

Tengo que despedirme de él.

[balbucea]

Mira cómo lo dejaron.

[tema musical]

♪ Es el mismo jefe de todos ♪

♪ Apodado el señor de los cielos ♪

♪ Como el diablo será juzgado ♪

♪ Por perverso y deshonesto ♪

♪ Con su hermano de sangre, Chacorta ♪

♪ Como brazo derecho y escolta ♪

♪ Tratando de hacer más viajes ♪

♪Traicionando a todos con chantajes ♪

♪ Son Oscar, Pablo y el Cabo ♪

♪ De Colombia, los más pesados ♪

♪ Con quien él se la pasa transando ♪

♪ Entre vino, muerte y balazos ♪

♪ Pegaditos se trae a los Robles ♪

♪ Que lo quieren ver muerto, señores ♪

♪ Para que no sea el señor de los cielos ♪

♪ Mucho menos el de sus temores ♪

♪ Nadie ha hecho más daño en el mundo ♪

♪ Como aquel maleante furibundo ♪

♪ Cambiando la historia de tantos ♪

♪ Dejado por todos los santos ♪

♪ Dirán que fue el señor de los cielos ♪

♪ Como tantos creyeron en duelos ♪

♪ Lo que tiene un mal comienzo ♪

♪ Siempre acaba con un lamento ♪

Quiero un funeral para mi hermano.

Sí, patrona.

Organízalo.

Sí.

Ánimo, patrona, que aquí estamos para lo que necesite.

Gracias, pero ahora ve a hacer lo que te dije.

- Sí. - Déjenme sola.

Claro. Con permiso. Vamos.

Vamos.

[Mónica] ¡Maldito seas, Aurelio Casillas!

¡Maldito tú y toda esta pinche guerra!

Oiga, ahijado, muchísimas gracias

por la canción que le dedicó a mi mujer y a mí.

Hasta se me enchinó la piel del brazo.

- Gracias, de eso se trataba. - Muchísimas gracias.

Un bonito detalle. Sabe usted que se le quiere.

¿Qué pasa, mi reina? ¿Quiere algo de tomar,

- un whisquito, un tequilita, algo? - Un tequilita estaría bien.

Ah, ¿sí? Pues, véngase para acá. Mire, aquí tenemos de todo.

Aquí tenemos de todo. ¿Qué quiere, tequilita, whisky?

- Dijo tequilita, ¿verdad? - Sí.

Oye, ¿qué bonito es encontrarse a una mujer que le guste la tomadera

- como a uno, ¿verdad? ¡Son las mejores! - ¡Sí, hombre!

- No, es un regalo. - Hablando de mujeres,

¿dónde está su esposa?

- Ah, pues es una muy buena pregunta. - Sí, señor.

¿Sabes qué? Voy a ir a buscarla para que brindemos todos juntos.

- Eso. - Ajá.

Los cuatro, como una bonita familia. Aguánteme, tantito.

- Venga, reina, ahorita le sirvo otro. - Gracias.

Adelante.

Yo solo quería darte este reloj

que él me regaló en esa noche tan especial.

Y hoy te lo doy en el día de tu boda,

con todo mi corazón.

- ¿Te dije que te quedaba bien, morra? - ¿A poco si te gusto?

- Claro, me gustó mucho. - [Aurelio] Oiga, mi hijo.

¿Qué andan haciendo? Los veo muy misteriosos,

¿andan haciendo travesuras o qué?

Mmm, no.

¿Y qué? ¿No me vas a presentar a tu amiga?

Ah, eh, sí, claro. Pues, Raquel.

Nada más se estaba cambiando de ropa.

- ¿Raquel? - Ninguna travesura.

¿Raquel? Mira nada más qué bonito nombre tienes.

- Gracias. - ¿Y es tu novia?

Ah, eh, sí. Sí, claro que sí, papá.

Muy bien, muchísimo gusto. Aurelio Casillas.

Ay, igualmente, es un placer conocerlo en persona.

[ríe]

Oye, mi hijo. ¿Has visto a tu mamá?

Ah, sí, estaba por aquí hace rato, pero no sé ahorita dónde se metió.

Pues, ya regrésese a la fiesta, que ya se puso buena la cosa.

- Pues, sí, pa. - ¿Eh?

- ¡Ándale, pues! Mucho gusto, mi hija. - Igual.

- ¡Ay, que está re guapo, tu papá! - ¡Ey!

Para ser un señor... ¿No está guapo, no?

¿Para ser un señor? Vente para acá vos.

♪ Estoy ardiendo ♪

♪ Entre amor y fuego ♪

♪ Al sentir miradas ♪

♪ Que me desnudan en el silencio ♪

♪ Sé que tú quieres conmigo ♪

♪ Que me amarás bien despacito ♪

♪ Y quiero... ♪

- No, no. - Mira, chaparrita,

¿por qué mejor no vamos a un lugar más oscurito?

¡Ay, por Dios!

¿Quién le dijo a esta mujer que cantaba en serio?

Si sigue así, me va a dar un dolor de cabeza, ni el berraco.

Y vos vas a ser el perjudicado, ¿oíste?

Sí, porque esta noche, de aquello, nadita. ¡Es que escúchala!

- ¡Pues es una loba aullando! - Baje la voz,

baje la voz que es la esposa de don Víctor, no más.

♪ Llenarte de amor ♪

- [aplausos] - ¡Bravo!

[silbidos]

[aplausos y silbidos]

¡Ay, esa canción te la dediqué a ti, mi amor!

¡No!

Y es tan melosa que no se la cree ni ella misma.

Qué patética, de verdad. ¿Sabes qué?

- Me voy a dar una vueltica y ya vengo. - ¿Sí? Bueno, no se va a tardar.

- No se tarde. - No.

[teclado de celular]

Aída, ya estoy lista.

¿Ya vienes para acá?

[Ximena] Voy a esperar a que den la madrugada.

Quiero que todos estén dormidos.

Aurelio está tomando muchísimo, así que, seguramente,

en cualquier momento va a caer ebrio.

Está bien, yo estoy al pendiente. Márcame cuando salgas.

- Sí, gracias. Te aviso. - [sonidos de pasos]

[Aurelio] ¿Con quién hablabas?

Con Aída.

Rutila está en su casa. Eh...

Marqué a ver cómo estaba.

¿Ah, sí? ¿Y por qué tan nerviosa?

¿Cómo que nerviosa? ¡Me espantaste!

Aparte, no podemos dejar a los invitados en la fiesta así, sin...

Sin... ¡vamos!

¡No! No vamos a ninguna parte.

¿Por qué estás nerviosa?

¿Eh?

Parece que me estás escondiendo algo.

¿Qué es, mi amor?

¿Eh? ¿Qué me escondes?

Ya te dije que llamé porque estoy preocupada por Rutila.

¿Y para llamar te tienes que venir a esconder?

¿Aquí? Alejarte de la fiesta, Está muy raro, ¿no, Ximena?

¿Cuál esconder? Vine a... echarle un ojo a la bebé y aproveché.

De verdad, no entiendo por qué te pones así.

Pues, estás muy nerviosa, Ximena.

Parece como si estuvieras hablando con un cabrón.

¿Me estás poniendo los cuernos?

No puedo creer lo que estás diciendo. De verdad, es...

En este instante, le vamos a hablar a ella para que tú mismo...

no te preocupes.

Háblale, háblale a ver si...

Aída. Aurelio quiere hablar contigo.

¿Qué húbole?

Hola, Aurelio. ¿Cómo estás?

¿Qué tal la fiesta? ¿Cómo se la están pasando?

Sí, está chida la fiesta.

Dime, ¿para qué soy buena?

[Aurelio] Pues, la Ximena me dice que Rutila está en tu casa

y que estaba platicando contigo, ¿es cierto?

Ah, sí...

Hace ratito me estaba preguntando por ella. ¿Pasa algo?

No, no pasa nada.

Dile a mi morrilla que su papá la quiere mucho.

Sí, Aurelio, yo le digo. Hasta luego.

Está bueno.

¿Contento?

Oh, pues... Ya sabes cómo soy de celoso.

Y tú también te vienes a esconder para hacer una llamada telefónica.

Te vas de la fiesta, así, muy misteriosa.

¿Qué quieres que piense, eh, mi amor?

La verdad te pasas, te pasas.

Ya no sé cuántas te he perdonado.

Perdóname, mi amor. Perdóname.

¿Qué no te gusta la fiesta que te hice? ¿Eh?

Vente, vamos a bailar. Nos faltó bailar nuestra canción.

- ¡Vente, mi amor! - ¡Ya, Aurelio!

Los invitados están ahí solos. No podemos dejarlos.

Vamos.

Bueno, ¿y entonces?

Los micrófonos están bien, Marco.

El problema es que hay mucha gente en esa fiesta

y están haciendo mucho ruido.

Eso quiere decir que no vamos a poder escuchar absolutamente nada

- mientras no se acabe la fiesta. - Sí, eso quiere decir.

Los micrófonos están puestos en el estudio, en el corredor.

Con el único micrófono con el que contamos es el que trae Leo,

siempre y cuando, no haya mucho ruido alrededor de ella.

Ay, ya me tiene muy nervioso esto de no saber noticias de la merca.

Ya, mejor me voy para el rancho.

Para estar al pendiente del asunto.

Yo voy con usted.

Está claro que Aurelio no tiene intenciones de negociar conmigo.

Lo que vine a ver, ya lo vi. Está bien loco y subidito su yerno.

¿Sabes qué, don Cleto? Buenas, las tenga.

Buenas también las tengan ustedes.

¿Y qué, Don Topo? Tome un chorrito.

Ya nos íbamos.

No, pero, ¿qué se va a ir?

¿Ah? Qué se va a ir, si hasta ahora esto se está poniendo bueno.

Más bien, ¿quédese o qué?

Quédese, con algo celebramos todos juntos que nosotros

nos vamos a quedar con lo de los Villalobos, ¿cómo la ve?

[Cabo ríe] Pero, Tijeritas, hombre,

ese es un asunto entre don Aurelio y nosotros.

- Ya sé, que se quede. - [Cleto] Está bien, está bien.

Nosotros ya nos vamos, así que si ven a Aurelio, le voy a pedir que...

le digan que nos fuimos para el rancho.

Okey, mi hijo.

[Topo] Yo también me voy.

Si se va don Cleto, ya no queda gente derecha con quién platicar.

Ven tantito, mamacita, ven para acá, mira.

¡Mi amor! Ya me urge que se vaya toda esta bola de gorrones

para quedarnos tú y yo solitos en nuestra intimidad.

¡Ay, perdoncito, permisito!

¡Claudia, ven!

Mi amor, ya conoces a Claudia, la novia de mi ahijado.

Sí, ya nos habíamos topado, ¿verdad?

Sí, así es.

Pero tú tienes acento, ¿de dónde eres?

Ella es colombiana, y una colombiana bien talentosa, mi amor.

Verás, cántale.

Tampoco es para tanto. Más tardecito en la fiesta.

[Claudia ríe]

De hecho, mi amor, le estaba proponiendo

a ver si salíamos los cuatro a darnos una vueltecita en uno de los aviones.

A dar la vuelta al mundo. Es más...

¿Por qué no nos vamos mañana, eh? ¡Mañana mismo!

No, pues, por mí estaría perfecto. Pero quién sabe...

cómo se vayan a sentir ustedes mañana,

Ximena después de la cruda, ¿no?

[Aurelio] ¡Vamos, mi amor!

¡Pues, la seguimos ahí! No dejemos que llegue la cruda.

[Claudia] No, un momentico.

No, yo pienso exactamente lo mismo. Don Aurelio y Alejito

más tarde van a estar bien borrachos.

Y eso que no les traje el aguardientica de mi país.

Bueno, la próxima vez que llegues de Colombia,

te traes diez botellas de aguardiente, ¿eh?

Usted es el que manda, don Aurelio.

- Ya dijo. - [Claudia] Ajá.

¿Cómo así, mi hijo?

¿Usted está diciendo que nosotros no somos gente derecha?

¿Está diciendo que nosotros somos unos torcidos o qué?

¿Y qué si le dijera que sí, Cabo?

Ya sabemos de qué lado estás.

Antes estabas con don Oscar y eras amigo de Guadalupe.

Ahora te apareces en Monterrey a repartir balazos.

Aquí, en México, no nos gusta que venga un extranjero en ese plan.

Señores.

[Chacorta] No queremos echar a perder la fiesta. ¿Verdad?

Asosiéguense, por favor.

Nosotros ya nos vamos. Anda, Topo.

[Don Cleto] Con permiso, señores.

Qué lo pasen bien. ¡Vamos!

¡Vamos! ¡Señores, vamos!

No se preocupe, mi Cabo.

Ahora mismo hablamos con Aurelio de esto y asunto arreglado.

Vamos a disfrutar de la fiesta.

- Traje aguas. - Ay, qué bueno.

Gracias.

[Chacorta] Aurelio.

[Aurelio] Carnal.

Me vas a disculpar, pero tenemos que hablar.

Mi amor, si nos permites...

Sí, claro.

- [Aurelio] Por favor. ¡Claudia! - ¿Eh?

Si nos permites. Queda pendiente

lo del aguardiente, ¿eh?

- Sí, claro, permisito. - [Aurelio] Ándale, pues.

- [Aurelio] ¡Esa aguardiente! - [Claudia] Permisito.

¡Me lleva la fregada! Ya se separaron de Leonor.

¡Me hubiera gustado que se quedara con ellos para poder escuchar

lo que van a decir esos hijos de la fregada!

Tranquilo, Marco. Ya habrá oportunidad. Mira, aquí están las notas.

Y aquí están los audios. Mencionan mucho a un tal "Letrudo".

- ¿"El Letrudo"? - Sí.

Eso puede ser bien importante, Orejas. Pero bueno.

Ya lo hablaremos cuando regresemos del operativo.

¡Vamos a atrapar a Cleto Letrán!

¡Ándale, pues!

- ¡Vámonos, Ponte! - Sí, señor.

- Adiós, Orejas. - Ándele, pues, señor.

- Pendiente, Orejas. - Sí, señor.

Pues, resulta que el mentado este, el cara de niño, el Topo.

Les echó bronca a los colombianos por la muerte de Villalobos.

¡Ay, ese imbécil, hombre! Eso me pasa

por dejar a don Cleto lo que se le pegue la gana.

¡Precisamente por eso me lo voy a clavar al pinche ruco!

No, espérate.

- Tranquilo, hombre, si no es para tanto. - No...

¡Qué tranquilo, ni qué ocho cuartos!

Esta noche cuando llegue a su casa, lo va a estar esperando la flaca

para llevárselo al mismísimo infierno.

¿De qué estás hablando, Aurelio?

¿Qué fregados piensas hacerle a Cleto?

¡Contéstame!

Estoy esperando que me digas, Aurelio.

¿Qué le vas a hacer a tu suegro?

Nada, mamá. No le voy a hacer nada a don Cleto.

¡El es como mi papá!

Y sí, tenemos nuestras diferencias, como en todas las familias,

pero no es para tanto, mamá.

No hay nada que no se arregle con unos tequilitas.

Ahorita salgo con él a...

¡No me trates de idiota, no soy ninguna tarada!

Clarito oí que ibas a mandar a hacerle algo a Cleto. Dime.

A ver, mamá, por favor...

mejor no se meta, son asuntos de mi hermano, ¿sí?

Véngase, vamos a la fiesta.

No, qué fiesta ni qué nada. ¿Para eso los tuve, eh?

¿Para que se convirtieran en este par de lacras?

No diga esas cosas, mamá, se escuchan muy feo.

Ustedes deberían tener vergüenza,

pero ya no tienen respeto por nada ni por nadie.

¿Y saben qué?

De nada les va a servir tener tanto dinero

porque se van a quedar solos los dos.

¿Ya terminó?

- ¡Hijo! - [Aurelio] ¿Qué, mamá?

¿Qué no te das cuenta en lo que te has convertido?

Ya es demasiado tarde, mamá.

A estas alturas del partido ya no voy a cambiar. Así soy.

Y así siempre voy a ser. Con permiso, mamá.

Ximenita, ¿cómo estás?

Perdóname la indiscreción, ¿sí?

Es que te noto así, como aburridita.

¿No se supone que deberías estar así "como feliz"

porque estás celebrando tu aniversario?

No, estoy un poco cansada, y no me esperaba una fiesta

- de este tamaño, eso es todo. - Mmm, sí, claro. Me imagino.

¿Quieres que te traiga alguito, te dejo solita?

- Lo que vos me digás. - No, corazón, gracias.

[Matilde] ¡Xime!

¿Ya se conocieron, entonces?

Ya conociste a la caleñita aletosa? ¿Cómo te cayó?

Me imagino que mejor que yo, ¿no?

Sí, la verdad me dio muchísimo gusto saber

que en tu país no solamente hay perras como tú.

Uy.

Así es cómo nos expresamos el amor, nosotros en esta casa.

Ahora si me permites, sí me gustaría estar sola.

- Claro que sí, Ximenita, permiso. - ¡Gracias!

Permiso.

Chau.

[Alba] No sabes cómo me duele verlos así.

Tranquilícese, mamá. Todo va a estar bien.

¡No! ¿Qué va a estar bien?

Mi hijo, ustedes dos ya no conocen limites.

Y todo el mal se regresa, créemelo.

Tarde o temprano se van a dar cuenta de que...

echaron todo a perder. ¡Ya, ya vete, Víctor!

Vete, que quiero estar sola.

¡Qué te vayas!

[motor de auto]

Viene alguien.

- [Ponte] Es don Cleto, señor. - [Mejía] Sí.

[Ponte] Estamos listos, ¿atacamos?

Paciencia.

[Ponte] ¿Ese quién es?

[Mejía] Topo Galván.

Desde hace rato estoy tras ese desgraciado

en coordinación con la DEA.

Según nuestras investigaciones,

es el tipo que hace los narco túneles por toda la frontera.

Ahorita lo vamos a dejar ir.

No le quiero quitar ese gusto a los gringos.

Nuestro objetivo va a ser don Cleto.

- Nada más don Cleto, ¿está claro? - Está claro, señor.

¿Entonces, qué hacemos?

Esperar y atacar por sorpresa.

Vamos a esperar a la madrugada.

[Ponte] Enterado.

Y no te preocupes, vamos a ver si mañana temprano

me llama el Chaca, y si no, pues, vemos qué hacemos.

Las malas noticias vuelan, don Cleto.

Si les hubiera pasado algo, ya nos hubiéramos enterado.

No, pos, eso sí. Lo que tienes que hacer ahora

es ponerte en contacto con Cadena y con su gente.

Pues, pos no podemos estar usando los mismos contactos de Aurelio.

Así es que tenemos que buscar nuestra propia gente en Colombia.

Usted despreocúpese, don Cleto,

que mañana mismo le empiezo a dar a eso.

Sí, y por el Aurelio, no te preocupes, que yo sé cómo manejar

al cabrón de mi yerno. Nos vemos.

Gracias, don Cleto.

- Pues lo que quedamos, ¿eh? - Seguro.

[Don Cleto] ¡Órale, muchachos!

Aurelio.

¡Aurelio!

¿Qué pasa?

Nada. Duérmete, mujer.

Ya, tranquilo, mi amor, todo va a salir bien, vas a ver.

Ya deben haber empezado a cavar mi tumba.

¡Ay, pero no seas tan pesimista!

¿Qué no te das cuenta, Doris,

el mensaje que está enviando Aurelio?

Si es capaz de traicionar a su suegro,

al abuelo de sus propios hijos,

es capaz de traicionar a cualquiera.

¿Se puede saber a dónde vas, Ximena?

¡Camilo, Cirilo, Pánfilo!

¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Dónde están?

[Mujía] ¡Quieto, Letrán!

¡Queda usted arrestado!

Baje el arma.

¿Quién chingados son? ¿Y qué demonios hacen aquí?

Marco Mejía. Comisionado Especial Anti Drogas.

¡Esto es un error!

Ningún error, señor. Sé perfectamente bien quién es usted.

Así que baje el arma.

[Mejía] ¡Órale!

Y cuidadito con hacer una estupidez.

Lo quiero vivo.

Pero si me da una razón, no me importaría matarlo.

¡Ey, Martínez!

- ¡Shh, morra! Morra, ¡cállate! - [ríe] ¿Qué?

Cállate, que nadie puede saber que estás aquí.

- Mmm, mmm. - ¿Sabes qué?

¿Qué?

¿Te acuerdas de ese vestidito que te habías puesto?

Ajá.

Pues como que te lo vas poniendo y te lo quitas sólo para mí.

- Y sin decir ni una palabra. - ¿Eh?

¿El vestido que me mandaste a quitar porque a ti no te gustaba?

¿Quieres que me lo vuelva a poner? ¡Y a ti quién te entiende!

A ver, morra,

nunca dije que no me gustara. Y si yo te digo que te lo pones

y te lo quitas para mí, te lo pones y te lo quitas en este instante.

¿Te queda claro?

¿Eh?

Con tal de que... de que no te pongas loco otra vez.

Loco, ¿quién, eh? Loco, ¿quién?

¿Se puede saber a dónde vas, Ximena?

A recoger a Rutila a casa de Aída.

¿A estas horas y llevándote a la niña?

Es que tuve...

Tengo un mal presentimiento, no quiero dejar solas a mis hijas.

Tú lo que quieres es abandonar a Aurelio.

Por eso has estado guardando dinero y yendo a ver a la Aída

a cada rato, si tonta no soy.

Tiene razón, doña Alba.

Precisamente porque no es tonta debería darse cuenta

que yo no quiero esta vida.

Ni para mí, ni para mis hijas.

Ellas no merecen estar rodeadas de tanta muerte.

Yo voy a hacer todo lo que esté en mis manos para sacarlas de aquí.

Ay, doña Alba, si usted estuviera en mi lugar, haría lo mismo, ¿o no?

¡Ustedes no pueden hacer esto!

¡Yo tengo derecho a una llamada por teléfono,

a que esté mi abogado presente!

Además, ¿de qué demonios se me acusa? ¡Ay!

De querer traficar una tonelada de cocaína pura

venida desde Colombia.

- No. - ¿Le parece poco?

¡No, no sé de qué están hablando!

Sabemos perfectamente bien que usted tiene una flota de camiones

que utiliza para transportar mercancía ilegal, señor.

¡Eso no prueba nada!

El camión que decomisamos,

donde encontramos toda la droga, está a su nombre.

¡Eso no prueba nada, me lo pueden haber robado!

¿Esa va a ser su defensa?

Permítame, entonces, recomendarle un abogado.

¿Porque sabe qué, Cleto?

Esta vez yo voy a armar el expediente.

Con pruebas contundentes que demuestren que usted

es un narcotraficante.

Y una cosa sí le prometo:

No va a volver a ver la luz del sol en los días de su vida.

¡Vámonos!

[Don Cleto] ¡Está cometiendo un error!

[Don Cleto] ¡Ya suélteme!

¿A usted le gustaría que sus nietas tengan la misma vida

que tuvimos nosotras?

- ¡Presas en su propia casa! - Esta es la vida que nos tocó.

No, doña Alba, pero se puede cambiar.

Si no lo hace por mí, hágalo por ellas.

¿Y el Heriberto? ¿Ese hijo no te importa?

¡Claro que me importa! Me importa mucho y me duele mucho.

Pero él está endiosado con Aurelio.

¡Aurelio es su padre! ¡Y de las niñas también!

Un padre que pone primero sus negocios antes que sus hijos.

Por favor, doña Alba, ¡entiéndame!

[balbuceando] Ximena

¡Ximena!

Solo para informarle que hemos detenido a don Cleto

y estamos en la delegación de Culiacán y lo vamos a consignar.

Tráigalo a las autoridades correspondientes.

Y regrese de inmediato a México, Mejía.

Habla el Topo, nos conocimos una vez acá por México.

Bueno, no tengo mucho tiempo, así que dígame rápido para qué soy bueno.

Para hacer negocios, don Oscar.

Me vas a decir ahorita mismo qué fue lo que pasó con mi hermano o te mueres.

Okey.

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