All language subtitles for La mujer del ministro 1981 ESP

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Original subtitles

(Música flamenca)

(Tarareo)

Las lagrimillas que se van al mar

tú nunca, nunca, las has de encontrar,

porque se mezclan entre la arena y el viento

y no vuelven más.

Sin embargo, las palabras que se lleva el aire

y se escuchan susurrar en el rumor del viento,

cabalgando, un jinete en el cielo las va recogiendo.

Recógelas y vete y ponlas en mis labios,

pues son frases que dije

y quiero conservarlo.

Son frases cariñosas, llenas de amor sincero.

Es una pena oculta por la que muero, muero.

(Tarareo)

(TV) "Con este son ya nueve los atentados cometidos esta semana

en la costa mediterránea.

Numerosos contingentes policiales vigilan permanentemente

las instalaciones turísticas para impedir la actuación

de los comandos terroristas.

Esta vez tampoco hay que lamentar víctimas,

puesto que el hotel pudo ser desalojado,

ya que previamente la organización terrorista

había anunciado mediante una llamada telefónica

la colocación del artefacto explosivo.

-Por primera vez desde que comenzaron las huelgas en Polonia...".

(HABLA EN INGLÉS)

-¿Eh? ¿Qué dice?

-¿Tú no posible más tiempo...?

¿Un poco más tiempo con mí?

-Que no. Tengo que bajar a servir las mesas.

Ya tengo muy mosqueado al encargado. -"Sorry".

-Ya vendré otro día...

Si te portas bien con lo de la pasta, claro.

O sea... "money"...

-"Here you are".

-"Thank you very much, lady".

(Barrullo)

Su martini, señora marquesa. Gracias, Pepe.

Yo no soy Pepe, ese es mi compañero. Yo soy Rafael.

Ah, es verdad. Pues gracias, Rafael.

¿Qué pasa? ¿Que te pasa a ti?

Salud.

(RÍEN)

(Barullo)

(Golpean la puerta)

¡Abran, abran! ¡Abran la puerta!

¿Qué ocurre?

Estamos desalojando el hotel.

Hay una amenaza de bomba.

Tiene que abandonar la habitación, señora.

Vamos, no se entretenga.

Puede estar aquí, en su misma habitación.

¡Vamos!

¡Deprisa, deprisa!

¡Vamos, deprisa!

(Música)

Pero coño, ¿qué haces tú aquí?

-Tranquilidad, señores. Calma, no ha pasado nada.

La bomba ya ha estallado sin daño para nadie.

No hay ningún peligro.

Los clientes del hotel pueden volver cuando quieran a sus habitaciones.

No hay ningún peligro.

(HABLA EN INGLÉS)

Pásese por la oficina a recoger la cuenta.

Está despedido.

Mi vida se está agotando,

que mis ojos están llorando,

que la muerte me está pegando.

Siento ya dentro de mí

que te necesito a mi lado,

que mis labios me están pegando,

la muerte me está llegando.

(TARAREO)

(Teléfono)

¿Sí, dígame?

Soy yo, Rafael. ¡Hombre!

¿Cuándo has llegado? Ahora mismo. Acabo de llegar.

No creas que es fácil encontrar trabajo aquí,

tal y como están las cosas, ¿eh?

Pues vaya ruina.

Mira, ¿te gusta?

Tiene su gracia el muñequito.

En una almoneda te darán algo por esto.

Ando mal de dinero, ¿sabes?

Me gustaría poderte ayudar más, pero...

No, déjelo. Yo no quiero dinero.

Lo que me gustaría es que me encontrara un trabajo.

Ya sé que es difícil, pero usted conocerá a gente importante

y seguro que...

Eres un buen chico, Rafael.

Yo he conocido muchos muchachos como tú, ¿sabes?

A muchos.

Mañana intentaré conseguirte un empleo.

¿Dónde?

Voy a comer a casa de Fernández Herrador.

¿Sabes quién es?

El ministro, hombre. Ah, sí...

¿Y me dará trabajo?

Bueno, en su casa siempre necesitan servicio.

Creo que será posible. Tal y como estoy...

Cualquier cosa me vendría bien.

El paro no es únicamente un problema nuestro.

Todos los países lo sufren. Claro, que ya se sabe.

Es un buen pretexto para la demagogia de unos y otros.

Es que sois un gobierno cada vez más débil.

Dejáis que los obreros hagan huelgas,

que se rían de los empresarios incluso hasta que les amenacen.

No puede ser, Antonio. Tú lo sabes tan bien como yo.

Pero ¿otra vez estáis discutiendo de política?

¿Y tú, Leonor? ¿Qué tal las vacaciones?

Aún no me has contado nada.

Imagino que pasarías muchísimo miedo el día de la bomba.

Uy...

Fue horrible, horrible. No os podéis imaginar.

Qué impresión.

Estaba yo en la habitación cuando, de repente,

empezamos a oír golpes en la puerta. ¿Empezasteis?

Pero ¿con quién estabas?

Con mi perrito.

Qué barbaridad, qué susto más horroroso.

Perdón, señor...

Ha venido un hombre que insiste en verle.

Pero Angelita, ¿no le he dicho que hoy no se reciben visitas?

Sí, señora. Ya se lo he dicho. Me ha dado esta tarjeta para usted.

Dice que es muy urgente.

Hágale pasar a la biblioteca. Enseguida le recibo.

¿Ocurre algo, Antonio? No, nada.

Disculpadme. Enseguida estoy con vosotras.

Ya ves, Leonor. Ni los domingos le dejan.

Claro, ellos se creían que gobernar este país les iba a ser fácil.

No me explico cómo se le ha ocurrido venir a mi casa.

Y en un día de fiesta.

Lo siento, señor ministro, pero hay novedades muy claves

y muy alarmantes. ¿Qué ha sucedido?

Un funcionario de su ministerio ha descubierto

datos muy comprometedores.

¿Cómo que un funcionario? Sí, señor ministro.

Pues habrá que hablar inmediatamente con él.

No creo que resulte difícil.

Sí, señor ministro. Muy difícil.

Sabemos que es un infiltrado de la oposición.

Pero ¿cómo no se habían dado cuenta antes?

En todos los ministerios hay funcionarios

que militan en la oposición.

Es, como ustedes dicen, constitucionalmente inevitable.

Lo que no teníamos detectado es que este hombre

no era un simple militante. Es un agente comunista.

¿Qué ha descubierto exactamente ese funcionario?

Todo.

(RÍE)

Verás, Teresa.

Me gustaría pedirte un favor, ahora que no está Antonio.

Bueno, quiero decir, me lo puedes hacer tú mejor que él.

Dime, Leonor.

No te preocupes, no se trata de dinero.

Ni tampoco, en esta ocasión, quiero vender nada.

Quiero pedirte un trabajo para un amigo mío.

Pero Leonor, eso tienes que hablarlo con Antonio.

No, un trabajo aquí, en la casa.

A ver, explícame cómo es ese amigo tuyo.

Es un chico de 23 años.

Trabajaba de camarero en el hotel de la costa.

¿Dónde la bomba? Exacto.

Le estoy muy agradecida, ¿sabes?

Se portó conmigo como un auténtico héroe.

¿Ah, sí? Sí.

Casi se puede decir que le debo la vida.

No sabíamos que hubieses pasado tanto peligro.

Por favor, Teresa.

Te agradecería mucho que le dieras un trabajo.

Te lo agradecería muchísimo.

Podría trabajar en el jardín.

Desde que se os murió aquel jardinero tan viejecito

lo tenéis muy descuidado.

Pero ¿él sabe de jardinería? Bueno, es un chico muy listo.

Enseguida aprenderá.

En fin, ya veremos.

Que venga a hablar con Marta.

Menuda lata me ha dado Montenegro.

¿Y qué quería esta vez?

Quiere que le demos trabajo de jardinero a un amiguito suyo.

¿Y tú qué le has dicho?

Que se pase por aquí.

Realmente necesitamos a alguien que cuide el jardín.

Tú verás.

Pero ten cuidado, ya sabes lo liante que es esa mujer.

No te preocupes.

Marta se encargará de ver qué pinta tiene ese muchacho.

Ya sabes que tiene mucho tacto para elegir al personal.

Bueno, vosotras sabréis.

Por cierto, Antonio.

¿Esa visita tan urgente qué era? ¿Alguna noticia grave?

No, nada. Cosas del ministerio.

Perdón.

Está preparada la cena, señores. Cuando ustedes deseen.

Ahora mismo vamos, Angelina.

Hola, Rafael. Hola.

¿Qué hay de ese trabajo?

Creo que te van a colocar en casa del ministro.

¿Seguro? Hombre, eso creo.

Esta tarde tienes que pasarte a hablar con la secretaria.

Pero ¿usted con quién ha hablado?

Directamente con la señora de la casa.

Está casi convencida.

Lo malo es que Marta, la secretaría, no me pude ni ver.

Y basta que vayas de mi parte...

En fin, tú procura causarle buena impresión.

Aunque dudo que a esa tía ningún hombre le cause buena impresión.

¿Tiene experiencia en jardinería?

Pues verá...

En realidad, nunca he sido jardinero, pero...

Entonces lo siento mucho. No nos sirve.

Necesitamos a alguien con experiencia.

Este no es un trabajo sencillo.

Buenas tardes, Teresa. Buenas tardes.

Buenas tardes.

Este es el joven que envía la marquesa de Montenegro

para ocupar el puesto de jardinero.

Pero no puede ser porque no conoce el oficio.

Bueno, yo me he criado en el campo.

En mi pueblo había muchas plantas y flores.

Otra cosa no habría, pero... Flores, no vea.

¿De dónde eres? En Medina Clara, provincia de...

¿De Medina Clara? De por allí era mi abuelo.

¿Ah, sí? ¿De dónde?

De Almonacid.

Vaya, pues bien cerquita que está de mi pueblo. Sí, señora.

Si vieras qué jardín más bonito tenía mi abuelo.

Todo lleno de bougainvilleas, de nardos, de jazmines,

de adelfas...

Di que sí, hombre.

Allí sí que hay flores bonitas.

Me encantaría tener un jardín como el de mi abuelo.

(Ladridos)

Tendrás que arreglarlo mucho.

Desde que murió el señor Julián, aquí no ha vivido nadie.

Toma.

-Ya me apañaré.

No vea lo bien que me viene ahorrarme la pensión.

-A ver si te portas bien, ¿eh?

Has entrado en una buena casa.

Ya ves, hasta el alojamiento te soluciona.

-Lo haré lo mejor que pueda. No se preocupe.

¿Qué haces ahí?

Bájate inmediatamente.

¿No te he dicho que no te subas a los árboles?

-Vale, mamá.

-"Querida madre y hermana.

Espero que al recibir la presente estéis bien.

Yo aquí me encuentro muy contento. El trabajo me gusta mucho.

Aunque no es lo que a mí me gustaría hacer.

Imagino que pronto encontraré algún apaño mejor.

Estoy conociendo a gente muy importante

y eso es lo que más vale.

En cuanto cobre, os mandaré algo de dinero.

Os quiere mucho y os manda muchos besos

vuestro hijo y hermano Rafael".

¿Qué pasa, colega? Dándole a la manguera, ¿eh?

-Ya ves.

-Pues móntatelo bien, porque esa casa es la hostia.

Sobre todo desde que al señor le han hecho ministro.

-A todo esto, ¿tú de qué trabajas aquí?

-¿Yo? Yo no curro, tío. -¿Entonces?

-Mi madre. Ya la conoces.

Es la chacha de confianza. Lleva en la casa la tira.

-Ah, la señora Angelina.

-Mira, tío. Ahí las tienes.

La señora está buena, pero la secre está dabuten.

-Pero ¿de quién es secretaria? ¿De ella o del ministro?

-A saber, colega.

Lo que es descarado es que la secre es la que manda en la casa.

Y no veas la mala leche que se gasta.

Pa' mí, colega, que a esas dos las va el bollo en cantidad.

Ya se va el ministro con las Cortes.

-Voy a abrir la verja.

(Disparos)

Hostias, qué movida.

-¿Se encuentra bien, señor ministro? Sí, estoy bien.

Los cristales blindados han resistido perfectamente.

Solo se han descascarillado un poco.

-Atentado en casa del ministro Fernández Herrador.

-Eh, al jardinero le han dado. Manden ambulancia, manden ambulancia.

Rápido, por favor. ¡Rápido!

(Sirena)

Yo estoy perfectamente bien.

Después haré todas las declaraciones.

(Sirena)

Un, dos, tres, probando...

Oye, venga, nena, que ya funciona el micro. Pregunta.

-Ministro, ¿es cierto que había recibido

varias amenazas antes del atentado?

No, no. En absoluto.

Bueno, por lo menos nunca a título personal.

¿En qué estado se encuentra el jardinero herido en el atentado?

Esta pregunta podrá contestársela mejor el doctor.

¿Sería tan amable de responderme, doctor?

-Presenta una herida de bala de poca importancia

en el hombro derecho. Casi a la altura del cuello.

Estará dado de alta en pocos días. -Gracias.

¿Qué tal te encuentras? Muy bien, señor.

Hemos avisado a tu casa y hemos dicho a tu madre

y a tu hermana que te encuentras perfectamente bien.

Vamos, Rafael, que no se diga que uno de Medina Clara

se asusta por un rasguño.

Que no, señora, no me asusto de nada.

Paso, paso, déjenme pasar. ¡Rafael!

Pobre chiquillo mío.

Pero ¿qué te han hecho? Pues ya ve.

Un héroe. Este chico es un héroe.

Una víctima más del terrorismo. Una medalla habría que darle.

Que no, señora. Yo no he hecho nada.

Yo estaba al lado de la verja y...

Heroico y humilde como los auténticos trabajadores.

No como esos que tanto piden y piden.

Vamos, Leonor, tampoco hay que exagerar.

El chico está muy bien.

¿Qué pasa? ¿No saludas más que a los héroes?

Teresa...

Perdóname.

Realmente estoy muy turbada.

Hola, Marta.

Bueno, Leonor, ¿a mí no me dices nada?

Yo también he sido un poco héroe.

Si te lo decía yo el otro día.

Se atreven a hacer estas canalladas porque sois un gobierno débil.

Hola. Buenos días, señora.

¿Cómo te encuentras? Ya estoy bien del todo.

No deberías trabajar con la podadora.

Se te puede resentir la herida. Qué va.

Además, me ha dicho el médico que me conviene hacer ejercicio.

Ya tengo ganas de quitarme esta venda.

Tranquilo. Espera que te lo diga el médico.

Relájate.

¿Sabes que hace casi tres meses que Antonio y yo no hacemos el amor?

Bueno, ya sabes...

Algunos hombres cuando consiguen el poder ya tienen suficiente con eso.

No es un problema nuevo.

Le ocurría ya antes de ser ministro.

Vamos, que siempre ha sido así. Lo imaginaba.

Lo que pasa es que tú nunca me has querido hablar de estos temas.

Pues ya ves.

Eres la persona en quien más confío.

Si no te lo he contado a ti es que no se lo he contado a nadie.

Ni siquiera a mí misma.

¿Y ahora qué ocurre?

¿Por qué lo dices?

Esta mañana me ha ocurrido algo extraño.

¿Ah, sí?

Estaba hablando con Rafael y... ¿Con el jardinero?

Ajá. ¿Y qué pasó?

Nada.

Te parecerá una idiotez,

pero viéndole, no sé.

Sentí aquellas sensaciones de cuando tenía 15 años

y empezaba a descubrir el sexo.

De pronto vas a pensar que soy tonta, ¿verdad?

No, Teresa.

Es normal que te acaben ocurriendo esas cosas.

(TARAREAN)

(Llaman a la puerta)

Buenas noches, Rafa. Buenas noches.

Quería hablar contigo. ¿Puedo pasar? Claro.

Gracias.

Mire, precisamente acabo de preparar café.

¿Te apetece?

Bueno...

(Flamenco)

Verás, yo en esta casa no soy solo una secretaria particular.

Superviso el funcionamiento de todo.

Como las antiguas amas de llaves. Ya.

Por eso quería hablar contigo.

Me gustaría saber qué tal te resulta el trabajo.

Yo estoy muy contento.

Lo que quisiera saber es si los señores

tienen alguna queja de mí. No, no. Todo lo contrario.

Los señores se preocuparon mucho cuando te hirieron en el atentado.

Pero estate tranquilo.

Se han aumentado las medidas de seguridad

y es muy difícil que vuelva a ocurrir una cosa así.

¿Te has acostado muchas veces con la marquesa de Montenegro?

¿Cómo? Venga, hombre.

Yo sé cómo se las gasta esa señora.

También sé que no se conforma fácilmente.

Todas las mujeres que se acuestan conmigo se quedan conformes.

Y muy conformes.

(Agua)

(RÍE)

¿De qué se ríe?

Me hace gracia el entusiasmo que le echas.

Se ve que eres un buen profesional.

¿A qué ha venido?

¿A reírse de mí? No, Rafael.

He venido para saber hasta qué punto eres fácil de conseguir.

Yo soy un hombre.

Cuando una mujer me busca, me encuentra.

Ah, qué macho eres, ¿eh?

Eres tan macho que te puede encontrar

hasta una vieja como la marquesa de Montenegro.

Oiga, yo...

Mira, Rafael. Tú eres un chulo.

Pero...

Rafael, para lo que yo quiero proponerte

es mejor que todo esté muy claro.

¿Qué me va a proponer?

(SUEÑA)

No es posible. No es posible.

¿Cómo ha podido enterarse ese funcionario?

Entonces lo sabe todo, ¿no?

Un oscuro,

un insignificante funcionario.

Y están seguros de que milita con ellos.

¿Y cómo le han dejado llegar hasta aquí?

¿Cómo? ¿Cómo?

Antonio, ¿qué pasa?

Estabas hablando entre sueños.

Tenía una pesadilla.

A sus órdenes, inspector.

-¿Alguna novedad?

-Ninguna, todo está tranquilo.

¿Qué pasó ayer con la secre?

-Nada, fue a tratar unas cosas de trabajo.

-Ya, eso, aunque vaya de torti se las debe tragar...

-Venga, chiquillo, déjame en paz. Tengo mucho que hacer.

-Vale, vale, colega.

Para eso te pagan, para que les des bien con la manguera.

Mire, Rafa.

Yo siempre he estado segura de que esas dos mujeres están liadas.

Llevan juntas toda la vida.

Sí, porque Teresa y Marta eran las dos secretarías de Antonio

antes de que fuera ministro.

Las dos trabajaban como secretarias.

De repente, Teresa lo cazó.

Y menuda boda, chico. De secretaría a señora importante.

Pero se le nota, ¿eh?

Yo a veces la veo bien vestida y me digo:

"Muy elegante, pero en el fondo

sigue teniendo pinta de mecanógrafa".

Pues parece que el ministro se casó con las dos.

No te creas.

Por lo que yo sé, ese ni con una sola puede.

Pero ¿sabes lo que pasó?

Que cuando Teresa se caso con él,

lo primero que hizo fue meter en casa a Marta.

De relaciones públicas o vete tú a saber de qué.

Pero entonces yo... ¿Qué hago metido en medio de todo este rollo?

(Música)

¿Qué pinto yo en todo esto?

Aprovéchate, tonto. Aprovéchate.

Eres demasiado joven y demasiado guapo.

Te mereces algo más que ser jardinero

y tener un amante como yo.

Te mereces algo mejor.

Ahí va esa.

Volverá a ganarle Marta.

Sí, Marta acaba ganándole siempre.

Por cierto, Teresa...

No me has enseñado el jardín

y he visto al entrar que está muy mejorado.

Pues vamos, te lo enseño ahora mismo.

Mira, aquí hemos planteado rosales.

Rojos, rosas, blancos.

Además, de distintos tamaños.

Cuando te florezcan todos vas a tener un jardín maravilloso.

Oye, Teresa.

¿Cuándo vas a venir por casa a tomar el té?

Hace mucho que no vienes.

Estos días estoy muy ocupada, Leonor.

Ya sabes, mi casa debe traerte buenos recuerdos.

Allí fue donde formalizasteis vuestra relación Antonio y tú.

¿No te acuerdas?

Mira, aquí hemos plantado petunias.

Mi casa sigue siendo un sitio muy discreto.

Sin un guardaespaldas detrás de cada puerta, como aquí.

Oye, Teresa...

¿Rafael libra los viernes por la tarde, no?

No lo sé.

No seas chiquilla.

Ya sabes que yo conozco muy bien la vida.

Además, soy amiga de mis amigos. Y muy discreta.

Tanto como mi casa.

Ya te he dicho que estos días ando mi ocupada,

preparando la fiesta de cumpleaños de Antonio.

Bueno, pues cuando pase lo de la fiesta.

(Música)

¿Qué peinado crees que mi iría mejor?

Recogido por detrás, así. Con la frente despejada.

Estás guapísima, Teresa. Te sienta muy bien ese vestido.

Puedes estar seguro de que te va a salir carísimo.

¿Viene por fin el presidente?

Sí, llegará aproximadamente a las 10.

Parece que se retrasa el presi.

-Estará pensando en qué chaqueta ponerse esta noche.

Hola. Buenas noches. ¿Qué tal?

Mi general. Muchas felicidades.

Mi esposa. Encantado.

A sus órdenes.

Que sea por muchos años, Antonio. Gracias. Y tú que lo veas.

Muy bien ayer en el Congreso. Muy bien.

Hola. ¿Cómo estás?

Felicidades.

Feliz cumpleaños.

Profesor. Felicidades, Antonio.

-Muchas felicidades, Antonio. Gracias.

Eminencia. Mi esposa.

Muchas gusto, señora.

Felicidades, señor ministro.

Su santidad me ha pedido que le transmita su felicitación.

Y a usted también, señora.

-Menuda movida han liado los jefes, ¿eh?

He pillado un costo buenísimo.

Qué, ¿te hace un chiri? -Vale, pero ten cuidado.

-Está la casa llena de maderos, pero yo paso de ellos, colega.

Y qué, ¿te has tirado ya a la ministra?

-Déjate de tonterías y líate el canuto.

-¿Qué tal?

Muchas felicidades, Antonio.

Gracias, presidente. Gracias por venir.

A un panal de rica miel 100 000 moscas acudieron.

¿Decía algo, señora marquesa? Nada.

Viendo cómo se acercan junto al presidente,

me estaba acordando de una vieja fábula.

Ah, ya.

Nunca le he caído yo a usted bien, ¿verdad?

Yo soy una profesional, señora marquesa.

Tengo la obligación de que me caigan bien

todas las amistades de esta casa.

Estoy segura de ello.

Lo que se ve, es usted una fiel cumplidora

incluso para los más delicados servicios.

¿Qué quiere decir?

Mire, Marta.

Usted también me cae a mí bastante mal.

Pero creo que va a ser necesario que olvidemos nuestras antipatías.

Usted y yo tenemos que hablar. ¿De qué?

De lo que más nos interesa a las dos.

Teresa y Rafael.

Cómo pega este costo, ¿eh?

-Oye, Chema.

Tú no tienes padre, ¿verdad?

-Hombre, colega...

Padre tenemos todos.

-Bueno, quiero decir que la señora Angelina es soltera.

-Mi vieja sabía que antes de que yo naciera...

Un día apareció con una tripa en casa.

Los señores, que iban de buenos, le dijeron:

"Nada de abortar, Angelina.

Debes parir y te dejaremos que te traigas aquí al crío".

Y para mí que la dejaron preñada en esta misma casa.

¿O si no de qué?

-¿Quién? ¿El ministro?

-Qué va. Ese es picha fría.

Pero cuando estaba soltero,

organizaba guateques con sus amigotes que no veas.

Y para mí que uno de ellos se la "entoligó" una noche

y zas, la puso barrita. Y hale, aquí me tienes.

Rafael. ¡Rafael!

Ay, qué fiesta más horrible. No hay quién aguante ahí dentro.

¿Puedes venir un momento conmigo?

Oye, ven mañana a mi casa a las cinco.

Te tengo preparada una sorpresa.

(Tic-tac)

(Reloj)

Uy, las 5:30.

Me tengo que ir a una cita urgentemente.

Nos vamos todos, ¿no?

Por Dios, Teresa. Estáis en vuestra casa.

(HABLA EN FRANCÉS)

Todavía no he perdido la costumbre de hablarle en francés.

No os preocupéis, no os dará nada de lata.

Además, es muy amigo de Rafael.

Cuídamelo bien, ¿eh?

Estaré de vuelta a la 8:30. Hasta luego.

Buenas tardes.

Señora marquesa, ha vuelto el cobrador de la luz.

Ha dicho que como no pague mañana, se la corta.

Vale.

Mira, ahora sale.

Qué gracioso es. Demasiado empalagoso.

No morderá, ¿eh? ¿Morder?

¿Con esta birria de dientes que tiene?

(Tic-tac)

(Timbre)

¿Sí?

Señor ministro, ha llegado la marquesa de Montenegro.

Dígale que no puedo recibirla, estoy muy ocupado.

Estaba citada con usted, señor ministro.

Es verdad.

Bueno, hágala pasar dentro de 10 minutos.

(Música)

Y bien, Leonor, ¿de qué me quieres hablar?

Prefieres que hablemos sin rodeos, ¿verdad?

Por favor, nos conocemos de sobra.

Ya sabes que estoy pasando una situación económica muy mala.

Bueno, en otras ocasiones ya he tratado de ayudarte.

Pues esta vez me tienes que ayudar mucho más.

Necesito que me facilites un crédito de 5 millones, Antonio.

Leonor...

En estos momentos los créditos están muy restringidos.

Hay una gran inflación. La economía del país...

De sobra sé cómo tenéis la economía del país.

Mira, Antonio. Hemos quedado en hablar claro.

Hace 15 años tu familia estaba tan arruinada como yo ahora.

Hasta la casa la teníais hipotecada.

En una de aquellas fiestas que organizabais,

que por cierto, luego os veíais negros para pagar las facturas,

yo te presenté a quien tú sabes.

Y a partir de entonces, todo te empezó a ir bien.

Empezaste a colaborar con ese grupo bancario importante,

y que en definitiva, acabó haciéndote ministro.

Porque yo, en eso de los votos, ya sabes que no creo.

Mira, Leonor, dentro de media hora tengo que estar

en el Congreso de los Diputados,

será mejor que sigamos esta conversación en otro momento.

Claro, claro, el Congreso, tenéis mucho que hablar,

mucho que discutir. Ay, Antonio, el día menos pensado,

cuando estéis todos allí, reuniditos,

venga a discutir, que si "patatín", que si "patatán",

entrará un grupo de valientes con el uniforme bien puesto

y os dirán: "Señores, esto se ha acabado".

Entonces, tendrás que recurrir otra vez a tu vieja amiga,

la marquesa de Montenegro, y te darás cuenta

de que estos 5 millones no han sido una mala inversión.

Se llama Rafael Gómez García, nació hace 23 años en Medina Clara,

hasta ahora nunca había tenido ningún trabajo fijo.

En los veranos se contrataba eventualmente

como camarero en los hoteles de la costa.

Frecuentemente mantenía relaciones sexuales con mujeres mayores,

incluso viejas, a cambio de dinero.

Aunque tampoco se puede decir que fuera un gigoló profesional.

-¿Se le conoce una militancia o actividad política?

-Ninguna. -¿Hace mucho tiempo

que se acuesta con la mujer de Fernández Herrador?

-Desde hace tres meses aproximadamente.

-Te estoy apuntando con una pistola.

-Casi no llevo dinero. -No te queremos atracar,

queremos que nos acompañes. -¿A dónde?

-Venga, vamos.

-Rápido.

-¿Pero qué quieren hacerme? -Tranquilo,

solo queremos que no veas a dónde te llevamos.

Cuantas menos cosas sepas, correrás menos peligro.

-No, si yo no quiero saber nada. -Estate tranquilo.

-Venga, desatadlo.

-¿Pero para qué me han traído aquí?

-Tranquilízate, si no haces ninguna tontería,

no tienes nada que temer.

-Nosotros sabemos muchas cosas sobre ti.

Sabemos, por ejemplo, que trabajas en casa del ministro Fernández Herrador.

-Y también conocemos otros detalles más particulares,

por ejemplo, que te acuestas con su mujer.

-¿Pero quién les ha contado a ustedes eso?

-No te pongas nervioso, hombre. -¿Quiénes son ustedes?

-Pertenecemos a un grupo armado que luchamos por la liberación

de la clase trabajadora, porque somos trabajadores, como tú.

No debes sentirte entre enemigos.

-Tus enemigos son los mismos que los nuestros,

aunque tú no lo sepas.

-Son ustedes terroristas, ¿no?

-No vamos a entrar en detalles, ya te informaremos.

Algún día tú y todos los trabajadores como tú

comprenderéis que los terroristas no somos nosotros,

que los terroristas son ellos.

-¿Quiénes?

-Por el momento queremos que tengas claras dos cosas,

una, que te vamos a necesitar,

y otra, que no tienes más remedio que obedecernos.

-No se te ocurra hablar con nadie de esto,

si nos denuncias, puedes darte por muerto,

te escondas donde te escondas.

-Ya sabes que nosotros, los terroristas,

estamos en todas partes. ¿Quieres?

¿Se te cura bien la herida?

Sentimos que te alcanzara esa bala.

Puedes estar seguro que no iba dirigido a ti.

(Música)

Que ya está dentro de mí, que mi vida ya está...

¿Qué pasa, colega, es que te abres?

-Me largo esta tarde para mi pueblo.

-¿Para mucho tiempo? -No pienso volver.

-¿Qué pasa, es que te ha dado fuerte a la ministra o qué?

-Tengo mucha prisa, chaval. Por favor, déjame en paz.

-Vale.

Que la muerte me está llegando.

Yalailolá, yalailolá,

yalailolá, lolailololá,

yalailolá, lolailololá,

yalailolá, lolailololá,

yalailolá, lolailololá,

yalailolá, lolailololá,

yalailolá, lolailololá,

yalailolá, lolailololá,

yalailolá, lolailololá...

Un billete para Medina Clara.

-Hola, Rafael.

¿Qué pasa, te ibas de viaje?

-Aquí lo tiene, son 863.

¡Son 863!

¡Que son 863!

Oiga usted, ¿quiere el billete o no? -No, no lo quiere,

es demasiado caro.

-Se lo podían haber pensado antes, ¿no?

¿Qué pasa, que se quieren quedar conmigo?

La madre que me dio a mí a luz... -Vamos.

(Bullicio)

Ya te hemos dicho que no te sería fácil escaparte de nosotros.

Estuvimos dudando entre venir aquí o ir a esperarte a tu pueblo,

pero no quisimos complicar a tu familia.

Tú tampoco querrás, ¿verdad? -No, no, por favor,

mi madre y mi hermana, ellas no tienen la culpa.

-Ni tú tampoco, lo último que quisiéramos

es que tú te sintieras culpable de algo.

¿Pero por qué querías marcharte? Ya te hemos dicho

que si nos obedeces, no te pasaría nada.

-¿Pero qué quieren que yo haga? -Ya lo sabrás.

Nada que sea peligroso para ti. -Ahí los tiene.

Puedes llamarlos y contárselo todo, te sería muy fácil, ¿verdad?

Bastaría con que dieras un grito.

Pero nosotros sabemos que tú eres un chico listo,

y que ya te has dado cuenta que eso no te convendría

ni a ti ni a tu familia. ¿A qué te has dado cuenta?

Venga, vamos, vuelve a tu trabajo, la mujer de Fernández Herrador

se llevará una alegría, ya lo verás.

-Y estate tranquilo, Rafael, nunca te pediremos nada

que la pueda perjudicar, tampoco tenemos nada en contra de ella.

Vamos.

(Música)

¿Pero por qué querías marcharte?

Estaba asustado. ¿Asustado? ¿Por qué?

Lo estamos haciendo muy discretamente.

No tenemos por qué preocuparnos.

¿Pero por qué te has enrollado conmigo?

Podrías haberte buscado otro hombre más importante, más culto.

Tú me gustas, Rafael.

No sé, quizás porque eres todo lo contrario a mi marido.

¿Y eso te gusta? Pues sí.

¿Te parece raro? La verdad es que todo me parece raro.

¿Pero qué te pasa?

Llevamos meses acostándonos juntos,

de repente te entran las preocupaciones,

te quieres marchar, luego vuelves con estas dudas,

vamos, Rafael, dime de una vez lo que te pasa.

(Continúa la música)

Es que me da miedo decírtelo.

¿Pero miedo por qué?

(Continúa la música)

Mira, Teresa...

(Llaman a la puerta)

Leonor, ¿eres tú? Soy Marta.

Sal un momento, por favor.

Necesito hablar contigo urgentemente.

¿Ha pasado algo? Sí, Teresa, tu padre,

se ha puesto muy grave y acaban de ingresar en la clínica.

¿Será grave lo del padre de Teresa? Pues no sé. Siéntate.

Hace mucho tiempo que no tomas una copa a solas conmigo.

Bueno.

¿Tú sabías que el padre de Teresa estuvo muchos años en la cárcel?

¿Sí, por qué?

Siempre ha sido un hombre peligroso, pero que muy peligroso.

Durante la guerra, fue un jefazo de los rojos.

Cuando ganamos, a punto estuvieron de fusilarlo.

Pero entonces...

El padre de Teresa será amigo de los terroristas.

Naturalmente, ellos lo niegan,

pero desde que se les ha dejado rienda suelta, así va el país.

Y como encima el Gobierno anda con paños calientes...

Yo es que la verdad, no entiendo ni papa de política.

¿Y entonces, cómo es que Teresa se casó con un ministro?

Bueno, para empezar, entonces no era ministro,

al contrario, Antonio, durante los últimos años del régimen,

era uno de esos chaqueteros que jugaban a ser de la oposición,

y claro, para hacerse el demócrata, le venía muy bien

casarse con una chica pobre, pero culta,

y que encima era hija de un intelectual de izquierdas.

Ahora sí que no entiendo nada. (RÍE)

Haces bien no entendiendo nada de estas cosas, Rafael.

Nunca te metas en líos de política.

(Bullicio)

Esta es la que me gana, esta y esta,

me juego las 1000 y las 2000 contra un valiente que diga para mí.

Esta es la que me gana.

Un valiente, 2000 contra mí. ¿Va?

Un valiente, señores, esta y esta, "doli y doli"

por la mañana temprano, ela... "¡Ele!".

Vamos, valientes, 2000 contra 1000, puede ser esta, o esta.

-Coño, Rafa, ¿qué haces tú por aquí? -Ya ves, paseando, ¿y tú?

-Pues ya ves, voy ahí a ver si pillo algo

para hacer unos canutos. ¿Por qué no me dejas dos napos

para pillar dos talegos de choco? -¿2000 pelas? Tú estas pirado.

-Venga, coño, Rafa, no seas buitre.

-Vale, te dejo 1000 pelas, que bien pensado,

también me vendrá bien a mí colocarme un poco

y pasar de tanto rollo. -Dabuti, Rafa.

Vamos ahí, a un bar que hay al lado, que seguro que hay un colega mío

que pasa un costo guapísimo. -Vamos para allá.

-Estos vienen aquí.

-Policía, ¿dónde vais? -Aquí, a tomar una cerveza.

-Ya, ya, con que a tomar una cerveza, ¿eh? Ya nos hemos llevado

todos de dentro, venga, documentación.

-Dentro ya está todo registrado. -¡Que no llevo nada!

-Muy bien, llévate estos dos pájaros para la comisaría.

-Venga, vamos. Buen servicio. -Gracias.

-Vamos a esperar un rato, que caerán otros.

(Tos)

¿Pero qué hacéis vosotros aquí? -Pues verá...

Íbamos a tomar una cerveza y creyeron que íbamos a comprar drogas.

-Qué golfos sois.

-¿Conoce usted a estos, señor comisario?

-Sí, trabajan en la casa del ministro Fernández Herrador.

Este fue al que le alcanzó una bala cuando el atentado.

-Hombre, ¿cómo no lo has dicho antes? -Nosotros no sabíamos...

-Hala, venid a mi despacho.

(Conversaciones)

Pasad.

Pero bueno, ¿cómo se os ocurrió ir a ese tugurio en busca de hachís?

-Qué va, si es que íbamos a tomar una cerveza...

-Venga, hombre, sentaos.

¿Qué os parece?

-¡Hostias, menuda postura!

-Chaval, esto es para quemarlo, lo hemos quemado todo ayer.

-¿Y con eso, qué pasa, se quedó en las ascuas?

-Hemos guardado un poco para que lo analicen en el laboratorio.

-Pues ya me podía buscar un enchufe en ese laboratorio.

-Parece mentira, Chema, que habiendo sido educado

en una casa tan importante, y con una madre tan seria,

hayas salido tan golfo. -Pues ya ves,

menudo rollo es esa casa, para mí que hizo usted bien en largarse,

porque el día menos pensado nos van a poner una bomba

y a tomar por culo todos por ahí.

(RÍE) -Qué va, hombre, en esa casa estáis muy seguros.

Esos ya no vuelven, no te preocupes,

yo dejé ese servicio porque me ascendieron a comisario

y me trasladaron aquí.

-Pues no le salió bien ese cambio.

En vez de estar allí con el rollo del ministro y los terroristas,

hala, aquí, con el chocolate, los camellos y las putas.

Cómo se lo monta, ¿eh?

-Señor Lara, ¿está usted seguro de que...?

¿Esos no volverán? -¿Quién?

¿Los terroristas?

(Sirena)

Espero que no.

(Sirenas)

¿Por qué me lo preguntas?

-Que sí, tío, que el día menos pensado,

verás qué bombazo nos meten. -¡Cállate tú!

Estoy hablando en serio.

-Rafael, yo comprendo que después de lo sucedido

estés un poco acojonado. -Mire, es que...

-¿Te ocurre algo? -La verdad es que sí.

-Pues cuéntamelo.

Vamos. -No...

Yo... La verdad es que no.

No me ocurre nada, tiene usted razón.

Desde entonces estoy un poco acojonado.

-Pues ánimo, hombre,

ya verás como si sigues en esa casa,

acabarás labrándote un porvenir.

(Música suave)

Deberías irte a dormir, hija. No te preocupes, papá,

no tengo sueño.

Oye, Teresa. Dime.

Me gustaría hacerte una pregunta. Pues venga.

Tú no eres feliz con Antonio, ¿verdad?

Pero papá, qué preguntas se te ocurren a estas horas.

Anda, duérmete.

Ya hablaremos de esto otro día.

Otro día...

No,

nunca has sido feliz.

Es imposible ser feliz con ellos.

Me he arrepentido muchas veces

de haberte aconsejado que te casaras con él.

No te preocupes de eso ahora.

Qué gran error.

Qué gran error.

Yo, es que...

En aquella época, era cuando todos hablábamos

de la reconciliación.

Cuando volví de México,

después de tantos años de exilio,

pensé que hombres como Antonio,

que no estaban aparentemente relacionados con la dictadura,

podían ser necesarios para reconstruir el país.

De verdad lo creía.

Y el día de tu boda,

cuando yo estaba en la iglesia de tu brazo,

con aquel chaqué tan incómodo, tan ridículo,

yo iba pensando: ¿Por qué?

¿Por qué no va a ser feliz con él?

Al fin y al cabo,

nos estamos reconciliando todos.

Pero qué difícil resulta,

qué difícil.

(Continúa la música)

Papá,

estoy engañando a Antonio.

Le estoy engañando con un chico que trabaja en la casa.

Y además, quiero tener un hijo con ese chico.

Pero...

(Continúa la música)

Yo no soy estéril, papá,

lo es Antonio.

Si no hemos tenido hijos hasta ahora

ha sido por culpa suya.

(Continúa la música)

(SOLLOZAN)

Vamos, vamos... Ven.

(SOLLOZA)

Me tengo que ir, Teresa,

dentro de 10 minutos comienza el Consejo de Ministros,

y ya llego tarde.

No sabes cuánto siento no poderos acompañar

hasta el cementerio, pero el Consejo de hoy es muy importante.

No te preocupes, Antonio, lo comprendo.

¿Qué, te llevamos a algún sitio?

-No, es que...

Estoy esperando al autobús. -Venga, hombre, no te asustes,

esta vez no pensamos secuestrarte.

-Vamos, Rafael, sube.

Venga, rápido.

Estos días verás poco a la ministra,

estará muy afectada por lo de su padre.

-No era un mal tipo el profesor Solana,

lástima que a última hora se convirtiera en un revisionista.

-¿En un qué?

-Da igual, no lo ibas a entender.

Como ves, no te perdemos la pista.

Nuestro plan va muy avanzado,

dentro de poco te informaremos con todo detalle

de cuál es tu cometido.

-A todo esto, no nos has dicho dónde quieres que te llevemos.

-Bueno, yo, voy a Correos, a poner un giro a mi madre.

-Estupendo, nos viene de paso.

(Música)

Lo normal es que se lo hubiera contado a Teresa

antes que a nadie, pero con lo de su padre no he podido.

Además, bastante tiene ahora encima.

Pero ya no podía aguantar más, tenía que hablar de esto con alguien.

Es que no sé qué hacer, de verdad, no sé qué hacer.

Pobrecillo, no tienen derecho a hacer esto contigo.

No te preocupes, conozco gente muy importante en la Policía,

les pediré inmediatamente una protección especial.

No, no, no, si ellos se enteran de que he ido con el cuento

a la poli, me liquidan.

Y a lo mejor, también a mi familia.

Mira, Rafael, en estos casos, no hay más remedio

que actuar con decisión.

En cuanto se enteren de que he cantado, me matan.

¡Seguro que me matan!

Me siguen a todas partes, me los encuentro a cada momento.

Tranquilízate, yo hablaré con un hombre muy importante

del Ministerio de Interior, buscaremos la forma

de que tú no te comprometas en nada.

(Continúa la música)

(Tictac)

"Despacho del director general de seguridad, ¿dígame?".

Soy la marquesa de Montenegro,

quisiera hablar con el señor director general.

"Lo siento, señora marquesa, no ha llegado todavía".

¿Sabe si tardará mucho en llegar? "Debe estar a punto, señora".

Por favor, dígale que me llame en cuanto llegue,

tengo que hablar con él urgentemente.

Se trata de un asunto de suma importancia.

"De acuerdo, señora. ¿Me da su teléfono?".

No, no es necesario, él lo tiene. Recuerde, señorita,

marquesa de Montenegro, para un asunto de suma urgencia.

"De acuerdo, señora marquesa, se lo diré en cuanto llegue".

Gracias.

(Música infantil)

(GRITA)

(Música suave)

A mí también me costaba trabajo creérmelo.

Los terroristas no suelen actuar así.

Generalmente utilizan armas de fuego,

pero a Leonor la mataron con auténtico sadismo,

como si el autor fuera uno de esos extraños maníacos.

¿Pero la Policía está realmente segura

de que ha sido un crimen político?

Por lo que se ve, todos los indicios hacen pensar que es así.

Qué extraño, Leonor no tenía ninguna actividad política.

Eso es lo que creíamos, pero se ha descubierto que sí,

estaba muy vinculada a una organización ultraderechista,

se ocupaba de buscar ayudas económicas

para ese grupo armado que ellos llaman

Batallón Patriótico Antiseparatista.

Mira, Teresa, son datos muy confidenciales.

Te ruego que no los comentes con nadie.

La amistad que tenía con nosotros y con otros ministros,

incluso con el presidente, ya sabes,

hace que tengamos que tratar este asunto con mucha discreción.

No se te ocurra hablar de esto con nadie,

ni siquiera con Marta. De acuerdo.

(Continúa la música)

Vamos dentro, Antonio, hace frío.

Pero si hace una noche muy agradable.

Es que estoy muy cansada. Me voy a acostar,

¿no te importa? Como quieras,

yo voy a dar una vuelta por el jardín.

Buenas noches. Hasta mañana.

(Continúa la música)

(Trinos)

Buenos días, Teresa. Buenos días, Marta.

¿Qué hora es? Van a ser las 10.

Vengo de la clínica, me han dado tus análisis.

¿Y qué? Ha dado positivo.

Estás embarazada, Teresa.

¿Qué hago, te doy la enhorabuena o te digo que lo siento?

¿Y crees que el chico es mío?

Sí, Rafael, hace meses que yo no tengo relaciones con Antonio,

solo puede ser tuyo.

¿Y qué piensas hacer? Quiero que nazca,

quiero tener ese hijo.

Pero entonces, tu marido se dará cuenta

de que le estás poniendo los cuernos.

Mira, Rafael, a mi marido le llaman cabrón todos los días

varios millones de personas,

no creo que se vaya a asustar por eso.

Teresa, necesito hablar contigo.

Tengo que contártelo todo.

Es algo muy importante, muy grave,

y tienes que saberlo de una vez.

(Llaman a la puerta)

Hola, Rafael.

Perdone un momento, voy a ponerme el pantalón.

No te preocupes, ya sabes de sobra que a mí un hombre desnudo

ni me asusta ni me interesa.

Bueno, Teresa me lo ha contado todo.

¿Y qué piensa usted?

¿Tú estás realmente seguro de que son terroristas?

Claro que sí.

Mira, Rafael,

la muerte de la marquesa ha levantado muchas sospechas.

A ella la mataron el mismo día que yo se lo conté todo.

Eso es muy significativo, desde luego.

Claro que también puede ser una casualidad,

porque vamos a ver, Rafael, esos hombres,

¿qué ideología tienen?

¿Son de extrema derecha o de extrema izquierda?

Yo de eso no entiendo.

Pero algo te habrán dicho, ¿no? Bueno...

Ellos dicen que luchan por la libertad del pueblo

y esas cosas. También dicen que fueron ellos

los que dispararon aquella vez contra el ministro.

El día que me dio la bala. Entonces no hay duda.

Son ellos.

¿Y exactamente qué quieren de ti?

Siempre me dicen que más adelante me lo contarán,

pero todavía no me han dicho nada.

En fin, tenemos que conservar todos la calma,

yo ya he aconsejado a Teresa que por el momento,

no diga nada a su marido ni de esto

ni de sus relaciones contigo ni lo del embarazo.

Vamos a esperar.

Vamos a esperar hasta saber qué es exactamente

lo que esos hombres pretenden.

¿Qué, otra carta para tu madre? -Sí.

-Les escribes todas las semanas.

Te preocupas mucho por tu familia, ¿no?

-Mi madre y mi hermana viven solas y...

-Y no tienen más ayuda que la tuya, ya lo sabemos, Rafael.

Esta sociedad es así de cabrona, por eso nosotros queremos cambiarla.

-Pero a mi madre y a mi hermana no les harán ustedes nada, ¿verdad?

-Claro que no, hombre, no acabas de entendernos.

-A no ser que tú nos obligaras a ello.

¿Ves esa furgoneta? Otra vez tienes que acompañarnos,

vamos a dar un paseo.

-No sabes cuánto sentimos el hacerte pasar

todos estos malos ratos.

A nosotros no nos gusta la violencia, pero no nos queda más remedio.

-Ustedes mataron a la marquesa, ¿verdad?

-Esa mujer, tarde o temprano, tenía que acabar así.

Era una individua peligrosa. -¡Pero si era una cachonda!

Si lo único que quería era follar con tíos jóvenes.

-Hay muchas cosas de la vida de esa mujer que tú desconoces,

pero muchas.

-En todo caso, si eso te tranquiliza,

te podemos asegurar que nosotros no la hemos matado.

-¿Ah, no? -No.

No nos interesaba acabar con ella, al contrario,

nos venía muy bien que te siguieras citando en su casa

con la mujer del ministro, os teníamos muy bien localizados.

-Pero entonces, ¿quién la mató? -Vete tú a saber.

Bueno, dejemos ese tema.

Rafael, ha llegado el momento de informarte con exactitud

de qué es lo que queremos.

Sí, por fin vas a saber cuál es tu misión en todo este asunto.

-¿Qué quieres? -Necesito hablar con la señora.

-Pues creo que estará ocupada.

-Avísela, tengo que hablar con ella.

¡Teresa! Señora, tengo que hablar con usted.

¿Qué hay, Rafael?

¿Has conseguido las semillas de esas flores?

Pero pasa, pasa.

(SUSURRA) He vuelto a verlos.

Yo sé lo que quieren de mí. Vamos al gabinete.

¿Entonces crees que esta es una buena época para plantarlas?

Vieja, pásame 40 duros. -¿Ya estamos?

Te estás haciendo un golfo, niño, desde que tratas con ese descarado.

-¿Con quién, mamá? -Con el jardinero.

-¿Descarado ese pardillo? Venga ya, mamá.

Le he visto entrar. ¿Qué quería?

-Venía a hablar de flores con la señora.

-De flores, ¿no sería de capullos?

-¡Toma!

Y piérdete por ahí. -¡Dabuti, vieja!

Entonces lo que quieren es secuestrarle.

Sí, quieren secuestrar al ministro.

Pero a ti, ¿para qué te necesitan?

Para que les tenga al corriente de todo lo que hace.

Para que les diga a qué hora entra, a qué hora sale,

qué hace los fines de semana, todo eso.

Claro, por medidas de seguridad,

Antonio cambia a diario sus itinerarios,

y eso debe tenerles muy desconcertados.

Y quieren que les tengas informados con exactitud

de todos sus movimientos. ¿Y qué podemos hacer?

(Música)

Ahora ya no te queda más remedio que contárselo todo a tu marido.

(Continúa la música)

(Teléfono)

¿Sí, dígame? Un momento, por favor.

Señor ministro, es una llamada de su casa.

Pásamelo.

¿Sí? Dime, Teresa.

Sí, ¿pero es muy urgente?

Es que ahora voy a la inauguración de la central nuclear.

Tranquilízate, en cuanto acabe la inauguración,

voy para casa.

No te preocupes, a las 8 estaré allí.

Toda una vida luchando por mi país, por el bienestar de todos,

y de repente, una noche, descubro que soy un fracasado.

Sí, un absoluto fracasado.

¿Te imaginas?

Yo, subido a una tribuna y diciendo a los electores:

"Queridos conciudadanos, aquí donde me veis,

soy un estúpido cornudo. Sí, sí, mi mujer me engaña,

¿y sabéis con quién? ¿Con otro ministro, con un diputado?

¿Con un embajador? Pues no, nada de eso,

con el jardinero,

igual que en los folletines por entregas. Como lo oís.

Y encima, se queda embarazada de él, sí,

la mujer del ministro preñada por el jardinero.

Y por si eso fuera poco, unos enemigos desconocidos,

unos hombres a los que yo no he hecho nunca nada,

quieren atentar otra vez contra mí,

contra mí, que he defendido las libertades,

que he defendido la democracia,

yo, que estuve a favor de la amnistía,

que abogué por la legalización de todos los partidos,

de todas las banderas,

que fui partidario hasta de las autonomías".

Basta, Antonio.

Ya sé que te salen muy bien los discursos.

Pero a mí, tus discursos nunca me han convencido.

¿Y para demostrármelo has tenido que organizar todo esto?

Todo, no.

Yo de lo único que te puedo responder

es lo de mi relación con ese chico,

lo de los terroristas no es asunto mío.

Mira, Teresa,

me parece bien que a ti nunca te hayan convencido mis discursos,

a mí tampoco tu cinismo.

Lo de los terroristas lo acepto como un gaje del oficio, pero...

Claro, y el que te pongan los cuernos

lo tienes que aceptar como un gaje de tu impotencia.

Está bien. Necesitabas a un buen semental, ¿no?

Pues ya lo tienes.

Lo que no estoy dispuesto a permitir es que tengas ese hijo.

Un aborto, ¿no?

¿Dónde te parece mejor, en Londres,

en Ámsterdam, en Ginebra?

¿O es que por fin os vais a animar a legalizar el aborto aquí?

Escucha, Teresa, no es momento... No, Antonio, no.

No pienso abortar.

Lo que sí podemos hacer es divorciarnos.

Eso al menos ya lo pensáis legalizar.

Y además, sería un divorcio como a vosotros os gusta,

por motivos graves.

Porque el hecho de que yo sea adúltera

y tú impotente, es un motivo grave, ¿o no?

¿Lo dices en serio?

¿De verdad piensas que podemos divorciarnos?

¿Qué ocurre? Eso no te conviene, claro.

Saldrían demasiados trapos sucios a la luz, ¿eh?

Si lo que buscas es organizar un escándalo,

si lo que pretendes es acabar con mi carrera,

dímelo claramente.

No, Antonio, no tengo el menor interés, al contrario,

me encantaría que llegaras pronto a ser presidente del Gobierno.

Y creo que llegarás, tienes madera.

Pero no pienso abortar, quiero tener un hijo.

Ya ves, a mí me sobran todas las leyes antiabortistas.

(Música)

Buenos días, señor ministro. Buenos días.

Buenos días.

Ah, dígale al servicio de escolta que antes de ir al Ministerio,

tengo que ver al presidente del Gobierno.

De acuerdo.

Compréndeme, es una situación muy delicada.

Sabemos que me quieren secuestrar únicamente por la información

que nos ha dado ese joven, y ya te he explicado

la relación que hay entre él y Teresa.

Te puedo asegurar y te aseguro que yo estoy tan interesado como tú

en evitar todo tipo de escándalo.

Quizás lo mejor sería que te presentase la dimisión.

No, Antonio, de sobra sabes que la dimisión en política

es una baza muy importante y que hay que saber jugarla

en su momento oportuno.

Pero este no es tu caso, tú no puedes dimitir

de una forma heroica. Tal y como están las cosas,

que un ministro económico como tú dimita

iba a ser difícil de explicar.

Calma, puede llegar el día en que nos toque dimitir a todos,

pero hasta que llegue ese día, hay que seguir aquí,

cada uno en su puesto. ¿Qué puedo hacer, entonces?

Mira, Antonio, los problemas de Teresa con ese muchacho

es un asunto particular,

basta con que sepas imponer una gran discreción.

Eso ya lo sé, incluso estoy dispuesto a permitir

que tenga ese hijo y a reconocerlo como mío,

tampoco me preocupan las relaciones que pueda tener con ese joven,

lo realmente importante es que esté por medio

ese comando terrorista.

Por supuesto, por supuesto, y hay que actuar de inmediato.

¿Crees que es conveniente que intervenga la Policía?

No, en la Policía hay muchas filtraciones.

¿Entonces? Esto lo puede solucionar Romero.

¿Quién es Romero?

Lo tienes que conocer, fue durante mucho tiempo comisario

en la brigada político-social.

Ahora trabaja como agente en los servicios de Seguridad del Estado.

Oficialmente ya no pertenece a la Policía.

Ya. Estate tranquilo,

Romero y sus hombres podrán intervenir

con total garantía de eficacia y discreción.

-Por cierto, ¿dónde me lleva usted? -Estate tranquilo,

ya te ha explicado el señor ministro que tienes que confiar en mí.

¿Y a este le has visto? -No.

-¿Seguro? -Seguro, nunca lo he visto.

No.

No.

¡Este, este, este, es uno de ellos,

para mí, que es el jefe! -Bien, ya ha dado con él.

-Joder, ya era hora.

-¿Sabe usted quién es? -Creo que sí.

Pero de todos modos, vamos a ver.

(Impresora)

Sí, es el comando Oteiza.

Pasamos a la segunda prueba.

Preparen al joven para el interrogatorio.

-¿Para qué me ponen esto?

-Tranquilo, hombre, tranquilo, que no es nada, relájate.

-Sí, señor ministro, el comando ha sido totalmente identificado.

Efectivamente, ya habíamos detectado su presencia

desde hace varios meses.

Sí, sí, les hemos seguido la pista

desde que cometieron el atentado contra usted.

Bueno, cabe la posibilidad de que el joven

nos esté dando datos falsos, incluso es posible

que se trate de un infiltrado.

Sí, señor, lo vamos a comprobar inmediatamente.

Le acaba de ser aplicada una dosis de betapentotal.

Bajo sus efectos es casi imposible que nos mienta, señor.

Sí, señor ministro, le tendré a usted informado.

Muy bien.

(Pitido)

(CON DIFICULTAD) No, no.

(Pitido)

Yo nunca he tenido ninguna actividad política.

Nunca.

Nunca.

-Pero nosotros sabemos que en Medina Clara

y en toda su comarca hay mucha agitación política.

-El año pasado, en el pueblo,

proponían hacer una huelga de hambre,

contra el paro,

yo me fui fuera del pueblo.

Los turistas viejas me daban dinero,

muchas veces sentía asco,

muchas veces era difícil empalmarme,

mucho asco,

difícil empalmarme.

3000, 5000,

me daban dinero.

Por eso lo hacía con ellas.

Tenían la carne muy blanca, muy blanca.

Y muy blanda, blanda.

3000, 5000...

Pero nunca...

Ella, no.

Teresa es diferente.

No, ella, no, es diferente.

Teresa va a tener un hijo mío.

(Pitido)

Mi hijo será rico,

mi hijo será rico.

Nunca, nunca.

Me marché del pueblo.

Yo no quería.

Mi hijo será rico.

-Bueno, superada la prueba.

Podemos confiar en él.

-¿Sabe usted a qué hora abren las taquillas para el concierto?

-No hay concierto, el violinista está enfermo.

-¿Cuáles son las instrucciones? -Se suspende el plan,

al parecer, os han descubierto. Se ha recibido información

de que ese joven os ha delatado. -¿Qué tenemos que hacer?

-Ir ahora mismo al punto de cita 24, allí estará un coche rojo

matrícula de Suiza, el conductor os dará las instrucciones.

-De acuerdo.

Atención, atención, todo dispuesto para la operación

"Tres liberados". Repito, todo dispuesto

para la operación "Tres liberados". Cambio.

-Entendido, corto.

-Atención, atención,

operación "Tres liberados", concluida positivamente,

repito, operación "Tres liberados", concluida positivamente, corto.

(Sirenas)

¿Le reconoces? -Sí.

-Saque los otros.

¿Y a estos? -También, son los otros dos.

¿Los han matado ustedes? -No.

Ha debido de ser un ajuste de cuentas dentro de su propia organización.

Seguramente estaban trabajando fuera del control de sus jefes.

Ya puede usted cerrar, gracias. Vamos, tranquilo, hombre,

lo más probable es que te olvides de esto enseguida.

-¿Usted cree? -Eso espero. Vamos.

¿Y dónde está este palacete?

-Justo detrás de la finca del ministro Fernández Herrador.

-¿Lo han investigado bien? -Al parecer, sí.

Cuando el inspector Lara estaba al mando de la escolta del ministro,

registró minuciosamente todos los alrededores de la casa,

y no encontró nada sospechoso.

-De todos modos, no estaría mal que nosotros le echáramos un vistazo.

(Pitido continuo)

Aunque no...

Será mejor que yo mismo hable con Lara.

-Sí, dígame. -"Hola, Lara.

¿Cómo estás? Soy Romero".

-Hola, Romero, cuánto tiempo sin verte.

No me extraña, como ahora eres tan importante...

-"Mira, me gustaría que me dieras algunos informes

de cuando estabas al mando de la escolta

del ministro Fernández Herrador".

(DUDA) -Ya sabes que me han destinado a la Brigada de Estupefacientes.

No, ahora ya no me ocupo de eso. -"Sí, sí, sé que pediste el traslado,

pero nunca está demás que dos viejos amigos

se vuelvan a encontrar, ¿no te parece?

¿Por qué no quedamos a tomar una copa?".

-Muy bien, como quieras.

Al salir de la comisaría, siempre paso por el bar La Estrella.

-"Estupendo.

Entonces, dentro de dos horas quedamos allí, ¿eh?

En la terraza". -De acuerdo.

-"Tenemos muchas cosas de qué hablar, Lara.

Muchas cosas. Hasta luego entonces, ¿eh?".

-Hasta luego.

(SUSPIRA)

(Bullicio)

¡Hola! -¡Hola, hombre! ¿Cómo estás?

-No tan bien como tú, pero en fin...

-¿Qué vas a tomar? -Un whisky, como siempre.

-Siéntate. Rogelio. -¿Sí?

-Tráenos un café y un whisky, por favor.

-Ahora mismo, señor, ahora mismo.

-Bien, Romero, tú dirás.

-Me gustaría que me hablaras de ese palacete en ruinas

que hay detrás de la finca de Fernández Herrador.

-Bueno...

En su día hice un informe, no encontré nada sospechoso allí.

(Gritos de niños)

¿No encontraste nada? ¿Estás seguro?

-Seguro.

-Le llaman por teléfono, señor Romero.

-¿A mí? -Sí, señor.

Dicen que es muy urgente. -Gracias.

Perdona, vuelvo enseguida.

(Bullicio)

Ya no lleves el whisky, Rogelio.

(Ladridos)

(Pasos)

(Puerta)

Estoy mucho más tranquilo.

Ese policía, o lo que sea, me ha dicho que, seguramente,

ya no tendré ningún problema.

¿Estás seguro, Rafael?

Bueno, esos tres hombres están muertos.

Claro. ¿Entonces?

En todo caso, lo que sí es cierto

es que te queda muy poco tiempo para tener problemas.

Deja eso ahí.

Déjalo.

No hagas ningún movimiento extraño.

Vas a hacer todo lo que te diga.

Vamos a salir con naturalidad por la puerta trasera del jardín.

(Grillos)

Sigue.

¿Dónde me lleva?

Al palacete que hay al otro lado del pinar.

(TITUBEA) Si... Si ahí no vive nadie.

Eso es lo que tú te creías.

Ese es el lugar secreto al que te llevaban

con los ojos tapados. Abre.

(Ladridos)

Así que era aquí mismo...

(Chirrido)

En el chalé de al lado.

No te preocupes,

esta noche, por fin, vas a entenderlo todo.

Vamos.

(Chirrido)

(Ladridos)

¡Mamá, mamá! -¿Qué quieres, niño?

-Hay que avisar a los señores. -¿A los señores?

-Sí, mamá, es que he visto a la secre,

que estaba apuntando con una pistola a Rafael.

-¿Qué dices, niño? ¿Has vuelto a tomar drogas de esas?

-¡Que no, mamá!

Le apuntaba con una pistola y se lo llevaba hacia el caserón.

-Vamos a ver, muchacho, cuéntame todo lo que has visto.

(Grillos)

Ya no te vamos a molestar más.

Créeme que lo siento, Rafael, pero tenemos que acabar contigo.

Pero ¿usted es terrorista? Aquí nadie es terrorista.

Nuestro plan se debe a otro tipo de motivaciones.

¿Para qué me han utilizado a mí?

Usted sabía muchas más cosas del ministro

de las que yo pudiera contarles. Tú nos servías únicamente

para correr el rumor de que un grupo terrorista

pretendía secuestrar a Fernández Herrador.

No creas que ha sido solamente a ti a quien hemos tenido que engañar,

ha habido que barajar... muchos elementos.

Pero ya está todo a punto. (RESOPLA)

Este fin de semana, el ministro va a ser secuestrado,

tal y como estaba previsto,

y todos, el presidente del Gobierno, los servicios de seguridad

y, por supuesto, también los medios de comunicación

estarán convencidos de que el responsable

ha sido un grupo terrorista.

En fin, ya has informado al chico de todo.

¿Ahora qué hacemos? Pon el silenciador...

Y dispárale en la nuca.

(Ladridos)

Levante las manos y estese quieta, señorita.

(Ladridos)

Le felicito, Romero, ha sido un gran servicio.

En realidad, fue gracias a ese chiquillo,

que nos avisó a tiempo.

Bueno, ahora,

solo nos queda avisar a la Policía y al juez de guardia.

Todavía no. Pero, señor ministro,

la Policía tiene que hacerse cargo de la secretaria

y el juzgado tendrá que levantar el cadáver de ese individuo.

Romero, ya sabe que esto es un servicio especial.

Antes que nada, hay que informar al presidente.

De acuerdo, señor ministro.

Diga a sus hombres que hagan pasar a la secretaria.

Como usted diga.

Traed a la señorita.

Por favor, déjenos a solas con ella.

Pero, señor ministro... No se preocupe,

le he dicho que nos deje a solas.

Vamos. (ASIENTE)

Marta, ¿cómo es posible?

(Música emotiva)

(Chasquido)

Hace días que le quité las balas.

Temía que perdieses los nervios.

No me queda otra solución, Marta, ha fallado todo.

No, Antonio, todavía puede haber soluciones.

Hay que hablar con ellos.

Señor ministro, necesito hablar con usted.

De acuerdo. Acompáñeme a la biblioteca.

Bien, usted dirá.

Hace unos días, señor ministro,

hemos detectado que ese comando terrorista

estaba siendo manejado por elementos ajenos

a su organización.

¿Qué quiere decir?

Lo que usted sabe de sobra.

Es falso que lo quieran secuestrar.

Usted se lo ha inventado todo.

¿Cómo se atreve a...? Mire, señor ministro,...

(CARRASPEA)

Pongamos las cartas boca arriba.

También hemos detectado que la oposición parlamentaria

está preparando un informe en el cual se le acusa a usted

de haber aceptado un soborno de 3000 millones

a cambio de la concesión que su Ministerio ha dado ya

a una empresa multinacional

para construir cinco centrales nucleares.

Está bien.

Vamos a poner las cartas boca arriba.

Todo eso es cierto.

Pero el problema es mucho más complejo.

Siéntese, Romero, por favor.

Todo estaba perfectamente planeado.

A mí me iban a secuestrar estos supuestos terroristas

y después plantearían al Gobierno

unas condiciones totalmente inaceptables.

¿Y qué iba a ocurrir

cuando el Gobierno se negara a pactar con ellos?

Que mi cadáver aparecería en un coche abandonado.

¿Su cadáver?

Pero ¿estaba usted dispuesto a dejarse matar?

(RÍE) Naturalmente que no.

Se trataría de un cadáver irreconocible,

con mi ropa y con mi documentación.

¿Y a dónde pensaba ir usted?

Tenía prevista la huida a un país sudamericano.

Entiendo.

Y después de algún tiempo usted volvería

con el rostro hábilmente cambiado por la cirugía,

con una nueva identidad, con miles de millones y...

Y con lo que es más importante, con el apoyo incondicional

de una organización tan poderosa

como para manejar los resortes del poder,

tanto aquí como en cualquier parte.

¿Tanta fuerza tiene esa multinacional?

De sobra sabe usted, Romero,

lo que hay detrás de esas multinacionales,

sobre todo cuando se trata de controlar

una energía tan poderosa como la nuclear.

3000 millones.

Es mucho dinero, ¿verdad?

No se crea.

(RÍE) Tal y como está la vida.

Recuérdelo, Romero, no se trata de una simple multinacional

que corrompa a altos funcionarios, como en el caso de la Loquet.

¿De qué se trata entonces?

Ellos quieren controlar la energía nuclear

porque eso les supone seguir siendo los dueños

de la economía occidental.

Y en estos casos, amigo Romero, no se repara en gastos.

Usted lo ha dicho, señor ministro,

la vida está muy cara.

Desde luego.

Y su trabajo muy mal pagado,

sobre todo para lo arriesgado que es.

Sería terrible, pero usted puede acabar asesinado cualquier día

por uno de esos comandos terroristas.

Seguro que está usted deseando cambiar de empleo.

Se olvida usted de una cosa, señor ministro,

yo soy un hombre de confianza del presidente del Gobierno.

Yo también, Romero.

Yo también.

(Música suave)

No me extraña que aceptara el soborno.

Lo que no acabo de entender

es dónde está el fondo de toda esta mentira.

Antonio, oficialmente, habría muerto.

Y, además, de una forma gloriosa,

como una víctima más del terrorismo.

Pasaría a ser intocable.

Su nombre merecería el respeto de todos, de todos.

Porque atacarle a él sería tanto como defender al terrorismo

y la oposición nunca se atrevería a hacerlo.

¿Y tú por qué te prestaste a ayudarle?

¿Por dinero? No solo por eso.

Yo sé lo mucho que tú le aborreces,

casi tanto como yo.

Le ayudaba porque quería que él desapareciese.

Tú y yo tendríamos todo solucionado para siempre.

Las dos juntas empezaríamos de nuevo la vida.

¿Y qué va a pasar ahora con Rafael?

Romero le ha ordenado que no salga de la casa

hasta que él le avise.

Rafael ha sido la víctima de todos.

Tú estabas dispuesta a matarle.

Asesinos.

Asesinos.

Sois todos unos asesinos.

(Sirenas)

Escápate, Rafael, escápate.

Aquí son todos unos asesinos.

Pero tú tienes que salvarte.

Tienes que salvarte.

(Sirenas)

(TV) "Se sigue sin noticias sobre el paradero

del ministro don Antonio Fernández Herrador,

secuestrado ayer al mediodía por un comando terrorista.

Esta mañana el Gobierno ha hecho pública una nota

en la que comunica su firme decisión

de no entablar ningún tipo de negociaciones

con los secuestradores.

Asimismo, el partido del Gobierno y los partidos de la oposición,

han emitido un comunicado conjunto condenando sin paliativos

este nuevo acto terrorista que atenta directamente

contra la libertad y la democracia,

a la vez que exigen la inmediata liberación

del señor Fernández Herrador".

Deme un billete, por favor.

-¿Para dónde?

¿Para dónde?

Que para dónde, que dónde quiere ir.

Pero ¿qué pasa? No sabe a dónde quiere ir, ¿eh?

¿No sabe?

-No, no lo sabe.

Por eso se va a quedar.

Venga, vamos.

-A mí la cara de este pollo me suena, habrase visto.

Pues ya puede ir a tomarle el pelo

a su puñetera madre, no te digo. Vamos.

(Música)

Pero...

(BALBUCEA) ¿Qué quieren... de mí?

-Tranquilo, hombre. Vengo a proponerte un trabajo.

(Continúa música)

Siento yo dentro de mí

que mi vida se está agotando,

que mis ojos están llorando,

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