All language subtitles for La diligencia de los condenados 1970

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Original subtitles

Buenos días. Hola, preciosas.

-¿Qué desean?

Solo queremos un poco de agua para los caballos y whisky para nosotros.

No tengáis miedo.

-¡Ah!

-¡Ven acá!

(Risas)

(Forcejeos)

-¿A dónde vas?

(FORCEJEAN)

-No... (FORCEJEAN)

-¡Suéltenlas!

(Disparos)

(Forcejeos)

(Caballo)

-Son ellos, ¿verdad?

-El gran Stevens, acompañado de Wiseman y Hudson.

(Música cabaret)

-Tendrán que dejar las armas. ¿Nosotros?

Ahí lo pone bien claro.

(Gritos y silbidos)

Imposible, no pueden entrar.

Te obedeceremos porque eres bonita, ¿verdad, muchachos?

-Os he llamado para que colaboréis con la ley

pero no estáis obligados a exponer vuestras vidas.

Si alguno desea volverse atrás aún está a tiempo.

Nadie se lo reprochará a quien lo haga.

¿Habéis comprendido?

-Estamos aquí para ayudarte.

-Adelante, Loots. -Bien, sheriff.

(Música cabaret)

Bien. Veamos.

-Tres Reyes.

En esta pareja hay cinco reyes entonces, ¡eres un tramposo!

(Golpe)

(Pelea)

(Piano)

(PELEAN)

¡Cerdo!

(Música y pelea)

Arriba.

(Golpes)

(Golpe)

(Piano)

(Música y pelea)

(PELEAN)

-Quietos todos.

Suéltalo, ¿me oyes?

Es un tramposo.

Y tú eres un asesino. Igual les digo a los otros,

Wiseman y Hudson, pagaréis caro lo que hicisteis

en el rancho de los Crickart.

Eso lo tendrá que demostrar.

-¡Eh! -¿Qué diablos ocurre?

-Sigue durmiendo si conseguirás que tu sueño sea eterno.

-Estaba vigilando, sheriff.

-¡Vamos, arriba, Stevens, ya no es hora de dormir!

¿Nos van a soltar ya?

El juicio se celebrará mañana. Solo venía a decirte eso.

¿Entonces no van a lincharnos?

Se os ahorcará, que es más legal.

Pero para eso hacen falta pruebas.

Cuenta con ellas. Hay un testigo que os vio asesinar a los Crickart.

Eso ya nos lo dijo ayer, sheriff. ¿Verdad, muchachos?

¿Por qué no cavila un poco y nos cuenta algo nuevo que sea divertido?

Ese testigo llegará mañana en la dirigencia

y declarará contra vosotros y después seréis colgados.

¿Sigues teniendo ganas de reír?

¿Por qué no? El testigo aún no ha llegado.

Pero llegará, Stevens, ya lo verás.

Te aseguro que si de mí dependiera no perdería el tiempo en un juicio.

Malditos asesinos. Ladrones.

¿Es que nos va a acusar también de robo, sheriff?

¿No robasteis?

Eso ya lo dirá el testigo, supongo que se van a repartir la recompensa.

Lástima que Wen Sony fallara en aquella ocasión.

Yo soy más rápido.

Conmigo no ha podido ningún pistolero.

Ya, ya.

Y ese Sony se llevó un buen recuerdo mío.

Precisamente por tantas hazañas

la ley te tiene reservada una fuerte soga, Stevens.

(RÍE) Piense que llevamos dos días aquí, sheriff.

Puedo haberme comunicado con el exterior, tengo muchos amigos.

Yo en su lugar tendría miedo, se lo aseguro.

(RÍE)

(Caballos)

(Caballos)

¡Vamos!

(Música)

(Disparos)

-Aprisa.

¡Jia!

(Disparos)

¡Jia!

(Disparos)

(Disparos)

(Disparos)

-Sigue. -Quieto aquí, nos matarán a todos.

Buenos días, señores.

Ramón Sartana les da la bienvenida

y les ruega que bajen de su asiento tirando las armas.

Ustedes también.

Pedro. Sí, patrón.

Vamos. ¿No oyeron? -Abajo todos.

No teman, señores. Esto es un asalto amistoso.

-Venga, ponte allá.

Y tú también.

Pues bien, amigos. ¿Quién conoce a Tony Stevens?

Contesten.

Lo voy a repetir.

¿Quién de ustedes conoce a Tony Stevens?

¡Mestizo! Sí.

Ándele, compadre. A ver cómo te las arreglas

y le das la buena noticia a mi amigo Stevens.

Descuida.

Date prisa, Danny. Ya voy, papá.

¿Vas a salir? Veo que coges el sombrero.

Sí, solo un momento.

Temes que a Frederic le haya sucedido algo, ¿verdad?

Es un buen conductor pero hoy se retrasa demasiado.

Y en él eso no es normal.

Sal a su encuentro si eso te tranquiliza.

Marta, han pasado ya ocho años. ¿Quieres que nos vayamos de aquí?

Estoy dispuesta a hacer lo que tú prefieras.

Creo que ya te has sacrificado demasiado por mí.

No es esta la vida que tú mereces.

¿Pero a qué viene ahora el hablar de eso?

¿Qué es lo que te ocurre en realidad?

Nada.

Me parece que te estás preocupando sin motivo.

Es posible, pero quiero salir cuanto antes.

Dentro de dos horas ya habrá anochecido.

Sigue hasta la casa de postas.

¡En marcha!

(Disparo)

(Disparos)

¿Puedo ir contigo, papá? No, tú te quedas aquí.

Volveré enseguida.

(Caballo)

(Trote de caballos)

¿Qué le pasa a papá? Nunca me había hablado así.

Está preocupado porque es ya muy tarde

y la dirigencia no ha llegado todavía.

Eso le ha puesto de mal humor.

Anda, ve a acabar tu trabajo y espera allí.

¿Pero no está enfadado conmigo? No. Tiene muchas preocupaciones.

Con quien está enfadado de verdad es consigo mismo. Anda, hijo.

(Caballos)

¡Alto!

(Relincho)

Suelta ese rifle. Pedro, ve a buscarlo.

El rifle. ¡Pronto!

¿Quién eres? El encargado de la casa de postas.

Sabías que venía gente importante y viniste a recibirnos.

Pues levanta las manos y llévanos para tu casa.

¿Has oído? ¡Andando!

(Caballos)

(Galope de caballos)

Ve adentro, Danny. No, mamá, quiero saber lo que pasa.

No pasa nada, hijo, anda, ve adentro. Corre.

Después yo te llamaré.

Buenos días, señorita. ¿Es que no me quiere saludar?

Es mi esposa. Enhorabuena.

Pedro, acompáñales adentro y que no se las den de listos.

Y que preparen cena solo para nosotros

y recoge todas las armas. Sí, patrón. Andando.

Vamos.

(Golpes)

¿Qué haces, compadre?

William y Ricky han caído abajo gracias a su rifle.

Ya lo pagará. Pero ahora no, hombre.

¿No ves que asustas a estas lindas palomitas?

¿Dónde tenéis las armas? Detrás del mostrador hay dos rifles.

¡Ah!

Huelo a comida y muy buena comida.

¿La ha preparado usted, señora? Sí.

Pues siga preparándola, y que sea mucha,

que yo como más que cuatro hombres juntos.

¡Para adentro, aprisa!

Les espera una noche muy movidita en nuestra compañía.

¡Vamos, vamos! Ya lo habéis oído.

Deja, yo lo haré.

Vete.

-¡Eh, tú! Tráeme una botella de whisky.

¡Vamos, vayan entrando!

Las dos señoritas para aquel rincón.

Usted, apártese de la señorita y pase.

¡Adentro, vamos!

¡Adentro he dicho! ¡Va!

-Señora, ¿por qué no es más amable conmigo?

¡Suélteme! -¡Mamá!

-No tema nada, señora, yo sé bien cómo tratar a las mujeres.

(FORCEJEAN) ¡Deje en paz a mi mujer, cerdo!

¿Cerdo?

¿Me has llamado cerdo?

Has oído perfectamente. Te voy a matar.

(PELEAN)

(Golpes)

¡No!

Quieto, levántate.

Y pronto.

Bueno, ¿qué pasó?

Me ha atacado a traición.

Pues ten mucho cuidado conmigo porque te juegas

ese asqueroso pellejo.

(Bofetada)

¡Papá, no te dejes pegar!

¡Qué bueno, hombre! Tienes un cachorro muy valiente.

Señor, piense que mi hijo ha visto cómo ese hombre

me ponía las manos encima y... ¿De veras?

Te dije que no te metieras con la señora.

Como vuelvas a hacerlo, te hoy a levantar los sesos.

Le prometo que no volverá a ocurrir porque ahorita yo la voy a proteger.

Mis compadres tienen sed,

pero tu mujer y tu hijo se van a quedar aquí conmigo.

Mucho cuidado con lo que haces.

¡Andando! ¡Pedro, acompáñale! Sí, patrón.

¡Oye, gringo! ¿Cómo te llamas?

Robert Walton.

Pues te diré, Walton, contigo siento la necesidad de apretar el gatillo,

porque tienes una forma de mirar que no me gusta nada.

Tú no eres tan cobarde como pareces, ¿o es que me quieres engañar?

¿No usas revolver? No.

¡Ah! ¿Prefiere los rifles?

El director de la compañía me obliga a tenerlos.

¡Llévatelo!

No pueden retener la diligencia por puro capricho.

Esto les costará caro.

¡Siéntate!

¡Y no abra la boca sin mi permiso, imbécil!

-(GIME)

-¿A dónde vas, viejo?

-Voy al mostrador a beber algo, ¿te molesta?

-Claro que no. Era solo curiosidad.

-Pues debieras saber que la curiosidad

es más bien cosa de mujeres.

¿He dicho algo?

Largo.

-¿Por qué? -Porque hueles a caballo, amigo,

y esto no es una cuadra.

¿Qué tal, Wayne?

Se confunde usted.

¡Oh, claro que sí! Wayne no llevaba ese bigote.

Mi nombre es Robert Walton.

¿De veras?

Por momento le confundí con un viejo amigo, Wayne Saunier.

No tiene importancia.

Claro que no.

Wayne Saunier fue hace ya algunos años el mejor revólver de Texas.

¿No oyó nunca hablar de él?

Por supuesto, fue muy popular.

Sí, un gran tipo.

Solo Anthony Stevens se atrevió a hacerle frente.

La pelea fue sonada allá, en Amarillo.

Los dos resultaron heridos.

Luego, Anthony Stevens se dedicó a buscarlo

pero circuló el rumor de que había muerto

o que estaba muerto de miedo.

Eso, para los niños, sería una historia muy interesante.

Si le parece se la contaré a su hijo,

que ya debe de tener ocho años.

Una pregunta, ¿es su esposa esa pelirroja

que estaba con usted en el porche? Sí.

Tiene gracia, por un instante me recordó a la joven Marta,

la mujer de Wayne.

¿Cómo se llama su mujer, señor Walton?

Marta. ¡Vaya!

Luego dicen que no existen las casualidades.

¿Está su mujer en la cocina, Walton?

Sí, con Sartana.

¿Ramón Sartana? Mal bicho.

Se compró una medalla

cuando consiguió su primera docena de muertos

y ya luce tres...

Voy a darme una vuelta por la cocina.

¿Qué tal si en vez de ir yo fuera usted con esto?

(Música tensión)

¡Bah! ¡Será verdad que me he equivocado!

El Wayne Saunier que yo conocí no sabía lo que es el miedo.

Bien, ahorita que habrán descansado ya,

supongo no tendrán inconveniente en contestar.

¿Quién de ustedes se dirigía a Marfa a declarar contra Tony Steven?

¿No sale esa persona?

¿No quiere que la conozcamos?

Les voy a advertir una cosa a todos.

Si creen que estamos aquí para perder el tiempo se equivocan

y lo van a pasar bastante mal.

¿Qué ocurre? La cena está preparada.

¡Qué bueno, señora!

Pase, pase y también el chico.

Quiero que todos oigan lo que voy a decir.

Hace algún tiempo

tres amigos nuestros pasaron por un ranchito

que hay cerca de la casa de piedra.

Ustedes les habrán oído nombrar, seguro.

Hudson, Wiseman y mi compadre Tony Stevens.

Tres muchachos estupendos.

Pues bien, ¿saben por qué se detuvieron en el rancho?

Porque vieron dos chamacas guapísimas

y como eran muy coquetas estuvieron bromeando con ellas.

Que nadie vaya ahora a interpretarlo mal.

Bromas inofensivas, ya se sabe.

(Risas) ¡Mentira!

¿He oído mentira?

Eso he dicho, mentira.

Lo que hicieron con esas muchachas pueden destrozarlas, matarlas.

Y también mataron a Leo Crickart, el padre.

Y luego se marcharon de ahí con todo lo que encontraron de valor.

Si yo fuera esa persona que se dirige a Marfa a declarar

contra esa pandilla de asesinos, nada ni nadie podría detenerme.

¿Tampoco nosotros? Tampoco ustedes.

¡Pues qué bueno!

¿Y cuál es tu nombre, valiente? Martin LeRoy.

Está bien.

Ya que explicó a su manera la mitad de la historia,

déjeme que la termine yo ahora.

El caso es que una persona que vio salir del rancho a nuestros amigos

denunció el hecho.

Ofrecieron una recompensa y mi amigo Anthony Stevens

cayó en una encerrona.

Mañana lo van a juzgar, pero solo una persona

puede llevarlo a la horca y esa persona seguro,

segurísimo que está entre ustedes.

¡Por favor, señores!

Que se dé a conocer la persona que sea

y yo le aseguro que no le va a ocurrir nada,

solo le vamos a retener hasta que el juicio sea suspendido

por falta de pruebas y Tony Stevens sea puesto en libertad.

¡Se lo juro, señores!

Espero que no lo consigan.

Puede que no lo consigamos, señor,

pero si esto ocurre serán ustedes los primeros en lamentarlo.

¿Las mujeres también?

¿Por qué no deja que se marchen?

Es que tenemos una pequeña duda, LeRoy.

No sabemos

si la persona que buscamos puede ser una mujer.

Ustedes, ¿cómo se llaman?

Elizabeth y Joanna Patricks.

Elisabeth es mi tía, vino a buscarme.

¿Van a Marfa?

Sí, señor.

¿Puede saberse a que van allá? No, señor.

No quiero decirlo.

La rubita no quiere hablar.

¡Eso sí que es bueno!

Y usted, señorita, ¿me lo dice?

Toda mi familia vive en Marfa.

Ella viene a pasar unos días con nosotros.

¿Vivía cerca de la casa de piedra? Sí, en un rancho.

¡Así conocía a las víctimas!

Las conocía.

Pero yo no soy la persona que busca, ni mi tía Elisabeth tampoco lo es.

Así tiene que ser uno de estos cinco.

Usted, pastor de las almas, ¿cómo se llama?

Mi nombre es Herbert Green y no podría declarar

en esa clase de juicio.

No lo comprendería.

¿Me cree un idiota?

Yo no mando hombres a la horca. Bien contestado, curita.

(RÍE) Pero si yo fuera ese testigo,

tampoco lo diría.

¿Por qué?

Porque sus promesas de dejar en libertad a los demás son falsas.

Y sé que la mejor manera de librarnos de ustedes

es callar todos.

-Amigo, menudo sermón te ha colocado.

Cierra el pico, cucaracha, y no hables hasta que yo lo diga.

Vosotros, ¿a qué ibais a Marfa? A buscar trabajo.

¿No lo teníais en Chester?

No nos gustaba aquel sitio.

¿Dónde trabajábais?

En el rancho de Mathews.

¿Cerca de la casa de piedra?

Entre Shafter y la casa de piedra.

¿Y no seréis vosotros los que fuisteis a buscar trabajo

al rancho de los Crickart?

¡Contestadme! Nunca estuvimos ahí.

¿Seguro? Seguro.

¿Y tú qué dices?

Ni siquiera sé dónde está ese rancho.

¡Malditos!

Yo creo que lo mejor será meteros en un agujero

y echar tierra encima ¡a todos!

Y tú, renacuajo, ¿cómo te llamas?

Me llamo Jeremy Foster, señor Sartana.

Le juro que no sé nada.

Pero sabrás a qué vas a Marfa, ¿no?

Claro que sí. Voy a vender relojes.

Yo vendo los mejores relojes de todo Texas,

las mejores marcas inglesas, de calidad.

Bien comerciante.

Pues muéstralos, a ver si son tan buenos como dices.

(RÍE)

¡Déjeme a mí, hombre!

Acercaos, muchachos.

¿Son mejores que los nuestros?

Yo no entiendo de relojes, patrón.

Pero me gustaría tener uno.

Pues te tocó en suerte. (RÍE)

Dejad los viejos sobre la mesa.

Tendríamos que guardar uno para Stevens,

para cuando salga de la cárcel.

-Y otros dos para Hudson y Wiseman.

Tú te encargas de eso.

Y ahora vais a ver lo que hago yo con esta chatarra.

(RÍE)

(Disparos)

Tú eres el último sospechoso. ¿Cómo te llamas?

Dan Olivet.

Levántate.

Estoy bien así.

¿Cómo has dicho?

He dicho que prefiero estar sentado.

Caramba, el tahúr del grupo nos salió bravo.

Vamos a ver, fulero, ¿a qué vas a Marfa?

Te pregunté, responde.

A jugar. ¿Y haces trampas?

Siempre que puedo.

Por lo que veo tú no eres la persona que buscamos.

Adivínalo.

¿Te atreves a tutearme?

Tú lo estás haciendo conmigo, ¿no?

De modo que no quieres ponerte de pie.

No. Pedro, hay que enseñarle modales.

Ahora verá.

-(GIME)

-Quieto, ¿quieres que hagan lo mismo contigo?

¿Te das cuenta?

Estúpido engreído, ahora ya estás de pie.

Pedro, suéltalo.

Supongo que la señora Walton nos habrá preparado una buena cena.

Sírvala, señora. ¡No, mamá, no lo hagas!

Mi esposa le servirá enseguida.

Eso es lo que quiero, hombre.

(RÍE)

¿A dónde vas?

A llevar los caballos a la cuadra. También tienen que comer.

Tú no te mueves de aquí. Déjale que se vaya, compadre.

Mientras tengamos a la mujer y al hijo,

él no va a intentar nada, ¿me equivoco?

(RÍE)

Además, hay que cuidar los caballos.

Valen más que todos estos tipos juntos.

¿Por qué me miras así?

¿Te doy miedo?

¿Por qué he de tenerle miedo?

-Tiene usted un digno hijo de Wayne, señora Saunier.

Siento decirle que se equivoca.

Oh.

Mi nombre es John McCandy, señora, pistolero de oficio.

He matado a algunos hombres.

Creo que soy bastante canalla.

Ladrón, cuatrero si se presenta la ocasión...

Sí, soy todo eso y muchas cosas más.

Pero siempre admiré a Wayne Saunier, a mi manera, claro.

No entiendo nada de lo que dice.

Pero había oído usted hablar de Wayne Saunier, ¿no es así?

Creo que sí, era un pistolero.

¿Un pistolero? ¡El mejor, señora!

¿Y ahora qué piensa usted hacer?

¿Salir y decirles a todos que mi marido es Wayne Saunier?

No, tenía curiosidad por saber qué es lo que le ocurre exactamente

a Wayne. Le sometí a una prueba para ver si tenía miedo

y me ha demostrado que sí lo tiene.

¿Sabe preparar tarta de manzana, señora?

Sí. Pues hágame una

y no se preocupe por nada. Yo la ayudaré.

¿De verdad nos ayudará usted?

A mi manera.

Claro, que no sé si será muy eficaz porque ya no tengo en mis manos

la rapidez ni la fuerza de antes.

En fin, esperemos que mi astucia de viejo lobo

pueda servirle de algo.

-¡Mamá! ¿Yo soy hijo de Wayne Saunier?

Sí, Danny. ¿El que peleó con Anthony Stevens

y luego desapareció para no pelear más?

Danny, ¿cómo sabes tú eso? ¿Quién te lo ha dicho?

He oído muchas veces la historia.

Yo he admirado a Wayne Saunier,

pero pienso que si era tan valiente como dicen,

hubiera vuelto a enfrentarse a Stevens.

¡Hijo! Tu padre ha sido el hombre más valiente de Texas.

¿Y por qué ahora se deja pegar por esos hombres?

Eres un niño todavía y no puedes comprender ciertas cosas.

No vuelvas a cruzarte en mi camino o tendré que matarte.

¡Largo de aquí!

Solo me marcharé después de haberte mandado al infierno.

(Disparos)

Nunca más volverás a disparar con esta mano, Wayne.

¿Por qué? ¿Qué ocurre?

Tienes el codo destrozado, muchacho.

Esto se acabó.

No es posible, está mintiendo.

Lo siento.

No le des más importancia de la que tiene.

Un hombre puede seguir viviendo sin ser el primer revolver de Texas.

Y también por haberlo sido puede estar huyendo toda la vida.

Walton, ¿has comido paja?

(Risas)

Y a propósito,

trae un cubo de agua para despertar al valiente jugador.

Sí, señor.

Cariño,

he pasado mucho miedo.

Pensé que habías ido a buscar tu revólver.

¿Mi revólver?

¿Qué revólver?

Sé que todavía lo guardas,

y sé también que vas a practicar lejos de aquí.

Además, me he dado cuenta de cómo cuidas tu mano izquierda.

Has superado tu defecto, estoy segura.

Sí, Marta, he practicado algo,

pero he perdido toda la seguridad en mí

y temo no ser ya lo bastante rápido.

No te tortures más, por favor.

He tenido el revólver en mi mano y lo he vuelto a esconder.

Tengo miedo, Marta.

Cariño, ten confianza. Tú eres fuerte.

Oiga, amigo.

La próxima vez seré yo quien venga a buscar el agua

si ese ha de ser el premio.

Marta es mi mujer. Procure no olvidarlo.

Walton, ya te dije antes que no me gustaba nada tu forma de mirar.

No sé de lo que está usted hablando.

Sí que lo sabes.

Y ahora, cada vez que salgas, tu mujer se quedará conmigo.

Y entonces, si haces una cosa que me fastidie,

te juro que me divertiré con ella.

¿Lo has comprendido bien?

Perfectamente.

Ahora, ve a por el agua.

Deja eso y lárgate.

¿Vas a matarme por la espalda?

Pues claro que sí, gringo.

Ellos creerán que escapabas, ¿comprendes?

¡Ándele!

(JADEAN)

(Puñetazos)

(Golpes)

(Puñetazos)

(Caballo)

(CHISTA) Sartana ha cumplido.

A todos los viajeros que venían en la diligencia los tiene en su poder.

-Ya no hay ningún peligro.

Necesito un arma, mestizo.

¿Y cómo te la hago llegar?

Eso es cosa tuya, pero yo la necesito.

Veré cómo me las arreglo.

-Se ha portado bien el amigo Sartana, ¿eh?

El año pasado yo corté la soga con la que le estaban ahorcando.

No hace más que devolverme el favor.

(BOSTEZA)

¿Qué pasa, Stevens?

¿La conciencia no se deja dormir? No, son las chinches.

(JADEA)

Mataste a dos porque te venían de cara, inútil.

Acepte un duelo ya que es tan valiente.

A mí no me gusta matar a principiantes, ¿sabes?

¡Tú! ¡Trae relojes!

¡No! Mis relojes es lo único que...

-¡Tines algo más estúpido, la vida!

Si te la quitamos, ¿de qué te sirve toda esta chatarra?

Los relojes, tres balas para tres relojes.

Si intentas alguna tontería,

este va a disparar contra esa jovencita que miras con buenos ojos.

¡Quieta! -¿Qué tiene que ver ella?

Quiero estar seguro que no vas a traicionarme.

Cuando quieras.

(Disparos)

Está bueno, LeRoy, pero solo le pegaste a dos.

Ha sido mala suerte.

Desde luego, pero me has demostrado que eres bastante buen tirador

y puedes pelear conmigo. Adelante.

¿Adelante? Pues claro,

tienes un revólver en las manos y estás frente de mí.

¡Dispara!

Ese revólver está descargado. Calla, Danny.

¿Peleas? ¿O no peleas? ¡Váyase al diablo!

¡Máteme si quiere pero no va a jugar conmigo!

No pienso hacer nada. Como quieras.

¡Basta, Sartana!

¿O es que te falta la vida de otro inocente para ponerte otra medalla?

-¡Tú te callas!

-No, no.

(Disparo) (GRITA)

(Disparos)

¿Ha terminado las balas?

No, no las terminé pero tengo una cosa mejor para ti.

¿Dónde está Pedro?

¿Para qué lo quieres? Trae una cuerda.

Yo la traeré. Hay una en la cuadra.

Tú no te muevas de aquí.

Yo tengo cuerdas para todos en mis caballos.

Ve a por una. Por cierto, ¿llevaste todo el ganado a la cuadra?

Sus caballos no, creí que los querían cerca del parador

por si tienen que salir corriendo.

¿Y quién nos va a hacer correr? ¿Tú?

¿Te has creído que tu mirada me da miedo, imbécil?

Caramba. Con lo fácil que sería evitar estas violencias.

Bastaría que el testigo se diera a conocer

y todos los demás quedarían en libertad. Pero no, no quieren.

Si no hacemos algo enseguida este pobre chico va a morir.

Creo que no merece la pena. Va a morir.

Tenemos que intentarlo. Tal vez no sean heridas mortales.

Oh no, señora, yo no digo que vaya morir de esas heridas.

(RÍE)

(Música)

Tal vez pueda serles útil aunque no soy un experto.

Necesitaré más vendas.

En mi habitación hay. Voy por ellas.

Está bueno, señora, yo la voy a acompañar.

Sujétele, por favor.

(Música suspense)

Me gusta este sitio.

Se nota que aquí vive una mujer joven y bonita.

Déjeme pasar. Yo no tengo prisa.

Están esperando esto.

¿La palomita está asustada?

¿Por qué voy a estar asustada? No tiene nada contra nosotros.

Contra usted no y pienso demostrárselo.

¡No, no, no!

Déjeme marchar.

Si en vez de usted es otra persona, la mato aquí mismo.

Pero siento debilidad por usted y trataré de olvidarlo.

Ya sabe, este sitio me gusta. Y ahorita, ¡váyase!

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Sujételo, voy a intentarlo otra vez.

Ánimo. -Patrón.

¿Qué ocurre? He buscado por todas partes

y no encuentro a Pedro.

-¿Alguna novedad?

¡¿Dónde están los vaqueros?! ¡Sois un atajo de imbéciles!

¡Buscadlos! ¡Se escaparon delante de vuestras narices! ¡Malditos!

Carne de horca. Partida de vagabundos.

Eso es lo que sois. Los quiero vivos o muertos.

No te preocupes, los cazaremos.

(Disparo)

(Disparos)

¡Ia!

¡Ia!

(RÍE)

No, no, no.

(Disparos)

¡Albis!

-Hay que avisar al patrón.

¡Sartana! ¡Sartana!

Esto me huele mal, ¿sabes? No los pierdas de vista.

¿Qué ocurre, Patterson? -¿Crees que soy adivino?

¿Te falta mucho? Ya casi he terminado.

Acaba de una vez y ve allí con los otros.

¡Quieto, McCandy! No te muevas. Levanta las manos.

De espaldas a la pared. Llévalo allí.

Andando.

Y tú también.

Átalos a las sillas.

¿Qué puedo hacer? Dime. Lleva a Danny y a las mujeres arriba

y no os mováis hasta que todo haya terminado.

¡Maldito gringo! Ya dije que no me gustaba su mirada.

Te juro que se va a arrepentir de haber nacido.

Mira lo que he encontrado, dinero. ¿Dónde estaba?

El vaquero lo sacó de la diligencia.

Que me maten si aquí no hay más de 20.000 dólares.

Supongo que lo repartirás.

Claro, pero este no es el momento. Andando.

Allí pasó algo. Rodear la casa y entrar por detrás.

¡Vamos!

(Disparos)

Tenemos poca munición. Dispara solo se si se acercan a la puerta.

De acuerdo, Robert.

-Esto es una locura.

Nos van a matar a todos por su culpa.

Nos ha puesto en peligro sin consultarnos nada.

No tiene derecho. -¡Cállese Foster!

¿No comprende que solo intentan salvar nuestras vidas?

Si quiere usted irse con ellos le abriré la puerta.

No.

(Disparos)

(Disparos)

(Disparos)

¡Atrás! Atrás o mataré a quien se me ponga por delante.

¡Atrás! Walton, tira las armas.

(Disparos)

Buchanan está con las mujeres. Si no quieres que mueran, entrégate.

Tenemos que rendirnos, Walton. Es lo más prudente.

-Creo que tiene razón, Robert.

¡Walton, ríndete o daré orden a Buchanan que dispare!

¡Suelta a mis hombres y dale las armas!

Pero Walton... No podemos hacer otra cosa.

Desata al viejo y dame mi revólver, valiente.

Tú allá. Adelante, Fox.

-Lo siento, amigo, hay que saber perder.

-Yo no he hecho nada, señor.

Con Ramón Sartana no se juega, gringo. ¡¿Te enteras?!

(Golpes)

(Bullicio)

(RÍE Y DISPARA BORRACHO)

(Disparo)

(Disparos)

(BORRACHO) No tire por favor, no tire que estoy alegre y nada más.

Solo he bebido un poquito. No perjudico a nadie.

-Trae esa botella.

-No me la quite, señor, que es tequila del bueno.

Además, no estoy borracho. Mire, se lo voy a demostrar.

-¡Ya es suficiente!

Basta de gentilezas y vuelva con los demás.

Tanta contemplación...

Y todavía otra cosa. Si dentro de una hora

no aparece el testigo que buscamos me voy a divertir

abriéndoles en canal ¡como cerdos! Y tú, ¿qué buscas?

Ya que tenéis mis cartas, ¿por qué no me dejáis jugar?

Nosotros hoy somos ricos. ¿Tú tienes dinero?

2000 dólares aquí.

¡2000 dólares! ¿Y cómo no los vimos cuando te registramos?

Por la virgen de Guadalupe. Siempre se aprende algo nuevo.

Bueno, siéntate.

A ti te toca dar.

Le juro que no estoy borracho, no, señor.

No lo estoy.

-¡Apártate! -(RÍE)

-Adentro. Venga, dentro.

-¿Qué voy a estar yo borracho?

-Si te oigo alborotar te refrescaré con un cubo de agua.

-Agua no, por favor, tequila. -Vete al cuerno.

300.

Voy. -No.

-300 y 600 más.

El doble.

Paso.

-Voy.

Yo, tres damas. Tres reyes.

Maldita seas, Olivet. Cómo te coja la trampa...

Si quieres lo dejamos.

¿Cómo? ¡No, seguimos!

Trata de descansar.

No, quiero estar a tu lado, alguien tiene que defenderte.

Tu padre lo hará. No, él no.

Ha tenido un revólver en sus manos y se ha entregado.

Lo ha hecho por nosotros.

Déjame estar contigo, mamá.

Yo no me rendiría ni me dejaría pegar por él.

Ya basta, Danny, duérmete y no hables más, ¿comprendido?

Tiene a quién parecerse el chico.

Dicen que Wayne Sounier a su edad ya disparaba como un diablo.

Usted me había prometido ayuda.

Las cosas se han puesto difíciles.

Lo que veo es que me ha engañado. No es más que un embustero.

Sí, señora, un viejo y maldito embustero.

-Nos habíamos visto alguna vez en Shafter. ¿Recuerda?

-Sí, en la tienda del señor Ray.

-Si mis heridas han de servir para que se interese por mí,

estoy contento de lo ocurrido. -No diga eso, se lo ruego.

¡Basta de palabrerías!

¡Quiero que cierran esas bocas!

Has tenido mucha suerte pero yo creo que para ganar tanto dinero

hace falta hacer trampas, ¿no es así?

Tiene razón.

Nunca había hecho tantas trampas como esta noche.

¿Qué te propones? Ya nada.

He conseguido lo que pretendía. Burlarme de vosotros.

Esto puede costarte caro, Olivet.

Qué importa. Sé que de todas formas vais a matarnos.

Está bueno. Como tú quieras. Además es cierto, hombre,

ya terminó el plazo que os di. Y vamos a empezar contigo, ¿sabes?

Arráncale la cabellera como sabes hacerlo.

Vamos, Buchanan, luego lo dejaremos marchar vivo.

¡Ándele! A ver si consigues que hable. Vamos.

Vamos, valiente.

(Cristal)

(Lucha)

(Disparo)

¿Por qué le matastes?

-Porque he visto hacer eso otras veces y no me gusta.

¡Viejo estúpido! Tú, desata a ese y que se lleve esta carroña.

(Gallo)

Vamos, muévete.

(Música)

(Disparos) ¡Danny!

¿Qué pasó? El niño se ha escapado.

Patterson, ve a por él.

(Música)

¡Ah!

(Música)

Necesitaré su ayuda. Diré que soy la persona que buscan.

-¿No ves que te matarán? -Lo harán de todos modos.

Y yo desearía que mi muerte sirviera para algo,

antes pediré que les dejen marchar.

-Sartana no te creería. -Pero a usted sí.

Diga que yo soy el testigo que buscan.

-Todo esto es un absurdo, muchacho,

aunque demuestras una gran generosidad.

¿Qué, curita? ¿Preparándole para el otro mundo?

Pues dese prisa, hombre, que ya está en camino.

Stevens.

No grites. Tienes tan solo dos caminos:

Abrir la puerta o irte derechito al cielo.

Las llaves están encima de la mesa. Las estoy viendo. ¡Tráelas!

¡Date prisa!

(GRITA) ¡Rápido!

(Disparo)

Échame el revólver. Empújalo con el pie.

Buenos días, sheriff.

Loots, cierra.

Toma.

Fuí un estúpido Stevens, tendría que haberte disparado a los sesos.

Por favor, sheriff, ¿no irá a culparme de esto, verdad?

Ha sido solo una broma.

El revólver estaba descargado. Mira.

La diligencia de Shafter aún no ha llegado, ¿sabes algo?

¿Cómo voy a saberlo si me tiene usted enjaulado, sheriff? (RÍE)

Bebe un poco.

-Johnny, a Sartana no le va a gustar lo que haces.

-Le guste o no me importa un pimiento.

No hay mejor medicina que el alcohol.

¿Qué te pasa a ti, relojero?

-Nada, señor, que no puedo ver sangre me pongo nervioso.

-Pues en buen sitio has ido a caer.

-Johnny ahí llega Patterson.

-Tú quédate vigilando.

-Llega Patterson.

-¡Quieto! ¡Bah!

Es más astuto de lo que puedes imaginar.

¿Dónde está mi hijo?

¡¿Dónde está?!

Eso es lo que me gustaría saber.

Si quieres cazarlo, tendremos que salir todos a caballo

y recorrer esos montes. Parece que se lo haya tragado la tierra.

Bah, cuando ese crío consiga avisar a alguien,

ya estaremos lejos de aquí.

¿Y a estos vas a dejarlos vivos?

¿Tienes tú alguna otra idea? Pues claro que sí.

¿Y no sientes curiosidad por saber cuál es el testigo?

¿Y a mí qué me importa todo eso?

Yo lo que quiero es terminar cuanto antes.

Pues adelante, hombre. Yo no te voy a detener.

¡Espere, no dispare!

Un momento, compadre. ¿Qué ocurre, Foster?

Usted prometió que si salía el testigo

solo lo retendrían hasta que terminase el juicio.

Y así es, mi amigo relojero. Señor Sartana, yo soy ese testigo...

¡Caramba! Eso sí que está bien, amigo Foster.

No me harán nada, ¿verdad?

Según ha dicho, solo me retendrán algunos días

y luego me dejaran en libertad, ¿no?

Seguro, pero hay algo que quiero aclarar.

¿Dónde están los dólares que te llevaste del rancho?

No comprendo.

Nuestros amigos no tocaron ni un solo centavo,

¡ni siquiera entraron en la casa! ¿Quién es el ladrón, Foster?

Bueno, sabe usted...

Yo vendo muchos relojes a los campesinos.

Relojes de pared y de bolsillo, ¿sabe usted?

Cuando me acercaba a la casa de los Crickart oí unos gritos.

Me escondí y lo presencié todo.

¿Y los dólares? Bueno... Yo pensé que,

como estaban muertos, de poco les iba a servir el dinero.

Me parece que tú eres más granuja que nosotros.

Primero robaste el dinero.

Luego fuiste al sheriff para denunciar a Stevens

y llevarte toda la recompensa, ¿no es cierto?

¡Bueno, hombre! Acabas de conseguir tu libertad.

Puedes marcharte. ¿De veras?

¿Cómo no? Sartana solo tiene una palabra.

Sí, señor.

Pero deja aquí los relojes, hombre. Y vete ya, maldito gringo.

¿No teme que vaya a declarar? Lárgate.

Gracias, señor Sartana, le estoy muy...

(GRITA) ¡Largo!

(Disparos)

¡Silencio!

Que se levanten los acusados. Descúbranse.

Ruego al presidente del jurado que nos comunique el veredicto.

-Este jurado considera insuficientes las pruebas contra los acusados

y los declara inocentes.

(RÍEN)

Señor juez. -¡Silencio!

-No me es posible aportar pruebas contra Stevens y Hudson,

pero sí contra este hombre,

que les pasó un revólver a los acusados

para facilitarles la fuga. Pido que sea debidamente castigado.

-Maldita sea.

-Stephen, te quedarás tres meses en esta misma cárcel.

-¿Tres meses de cárcel?

-No te preocupes, te mandaremos chicas

y unas cuantas botellas de whisky.

¿Nos devuelve usted las armas, sheriff?

Y ahorita nos marchamos enseguida

tan pronto como Walton haya alimentado a los caballos.

¿Has oído, Walton? Patterson, acompáñele.

Acercaros.

Coged. ¿Para qué?

La carta más alta se queda con la rubita

y la más baja con la tía.

Y tú, ¿no juegas? No, yo ya escogí hace rato.

Un siete. -Un 10, lo siento.

-Bueno, la señorita Davis me gusta y sin sombrero mucho más.

-¡Ah!

Ándele, compadre. No la desperdicies, que ya es tuya.

¡Descuida!

(GRITA Y LLORA) -¡Ah! ¡Canalla, canalla!

¡Suélteme! ¡Déjeme!

(RÍE) ¡Qué bueno!

¿A dónde vas? Los caballos tienen que comer, ¿no?

Muy bien, sube, pero mucho cuidado con intentar ninguna jugarreta.

(FORCEJEAN)

(RELINCHA)

(FORCEJEAN)

¡Venga, para arriba! ¡No!

¡He dicho que para arriba! (LLORA) ¡No!

(GRITA) ¡Venga! Para adentro.

(Disparos)

Patterson ya está haciendo de las suyas.

No es Patterson el que ha disparado, es mi marido.

Wayne Saunier.

(Música de suspense)

¿Wayne Saunier?

Sí, ese es el verdadero nombre de mi marido.

De modo que él es Wayne Saunier. ¡Ahora caigo!

¿Y tú crees que le temo? Ahora te lo voy a demostrar.

Ven conmigo.

¡Tú! Walton es Wayne Saunier, ¡vamos a buscarlo!

Volveré a por ti.

-Yo no hice trampas, saqué la carta más baja.

¡Suéltala! Walton...

¡Cuida de ella!

¿Qué ocurre? Walton ha matado a Voss.

(RÍE)

¿De qué te ríes, casi muerto? De vosotros.

Hala, valientes, por ahí fuera anda suelta una buena pieza.

Cazadla.

(GRITA) ¡Calla, si no quieres que acabe contigo!

Me río de ti, cobarde charlatán.

(Disparos)

(MALHERIDO) ¡Ah!

¡Quietos!

Siga así. Ya le quedan menos para matar.

Parece que la situación ha cambiado, ¿verdad?

Ahora mi marido tiene también un revólver,

¿por qué no sale a enfrentarse con él?

Pero bueno, ¿me estás incitando para pelear con tu marido?

Sí, porque sé que él le matará.

Te dije que sentía debilidad por ti, pero todo tiene su límite.

Déjala tranquila.

Si tienes ganas de pelea, sal ahí fuera.

Hay un revólver que te espera. ¿Por qué te metes en esto?

Después de tanto fanfarronear,

vamos a ver qué tal te portas con Wayne Saunier.

¡Sal fuera, vamos!

(Disparos)

El muy idiota.

Se pone a complicar las cosas cuando más apurados estamos.

Ella nos ayudará a salir de aquí.

(Disparos)

(Música de acción)

(Música de acción)

(GRITA) ¡Sartana!

(GRITA) ¡Sartana!

Es inútil que te escondas.

(Música)

(Disparos)

(GRITA) ¡Sartana! ¡Corres como un cobarde!

Saunier, no dispares, no me quedan balas.

(Disparos)

Buenos días, señora Walton.

El señor Mathius y Vincent, su capataz.

¿Les ha avisado mi hijo para que vinieran?

No, nadie nos ha avisado, señora.

Buscamos a dos vaqueros que le robaron 20.000 dólares

al señor Mathius

y pensé que pudieron escapar en la diligencia.

(GRITA NERVIOSA) ¡Robert, Robert!

¿Sabes ya algo de Danny? No.

Saldremos a buscarle enseguida.

¿Quién es ese individuo, Walton?

Era un asesino.

Lo siento mucho por usted, Meredith.

Tampoco esta vez nos ha podido colgar.

Lo siento de veras. -Largo de aquí.

-Sí, nos iremos, pero volveremos a vernos, Meredith.

Quizá muy pronto.

(GRITA ENFADADO) -¡Marchaos de una vez!

-Hasta la vista, mestizo. -Sacadme pronto de aquí, por favor.

-No te preocupes.

-Quietos.

-Que nadie se acerque. Atrás.

(Gritos)

¿Quién los ha matado?

-Walton, el encargado de la casa,

que ha resultado ser el mismísimo Wayne Saunier.

(Disparos)

(Caballos)

(RELINCHO)

¡Stevens!

¡Stevens, aquí no hay nadie!

-Se ha largado Stevens, ¿qué hacemos?

¡Debo encontrarle aunque esté en el infierno!

(Música)

¡Danny!

(Eco)

¡Danny! Es inútil buscarlo por aquí,

estoy seguro de que se ha ido a Shafter.

Tengo miedo.

¡Jía!

¡Jía, jía!

(Viento)

(Carro de caballos)

¡So!

¡Allí está!

Pero que hijo más cabezota tienes.

Ha salido a su padre, ya lo sabes.

Espera aquí.

(Música)

¡Danny, espera Danny!

¡Danny!

(Trote)

(Viento)

(Caballos)

¡No te acerques, no me toques!

Ven aquí enseguida, o te voy a dar...

Conmigo eres muy valiente, ¿verdad? Pégame si quieres.

Soy menos peligroso que Ramón Sartana, ¿no?

(Caballos)

(Música)

Me rejuvenece el verte, Wayne.

Han pasado ocho años.

¿Qué te ocurre?

Wiseman, trae aquí la carreta.

Si lo intentas, tendré que matarte.

No seas imprudente Wiseman, un hombre que tiembla de miedo

resulta siempre peligroso.

(Disparo)

Debiste venir solo Stevens, hubieras ahorrado dos vidas.

Ya lo has oído.

Wayne, te da por muerto.

¡Wiseman, desmonta!

(Disparos)

(Disparos)

(Disparos)

(Música)

(Música)

Papá.

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