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Frágil Como el Mundo
“En breves pasos cambió todo aquello que durante largo tiempo se buscó
y que hacía largo tiempo se buscaba.”
Esto, ¿sabes?, era antes de mi matrimonio, cuando yo estaba en Roma.
¿Quieres quedarte con ellos?
¿Mamá solía ponerse esto?
Primero los cuatro dedos,
después el pulgar,
seguido por el lento alisamiento del guante
hasta que se adhiere como otra piel.
Hasta la muñeca.
La muñeca tiene que permanecer descubierta.
La muñeca...
... es para llevar el reloj
y para agarrar las compras.
Es mucho más que eso.
Un día, le dije a ella, “Cuando tengas la edad suficiente...”
Ese día ha llegado y ya no sé que decir.
¿Cuál es el punto de la experiencia de una madre?
La experiencia, ¿cuál es el punto?
¿Por qué te amo tanto, Vera?
Es tan bello cómo tú estás presente en todo.
Ya nada es lo mismo, simplemente porque te amo tanto.
Quiero verte y hasta entonces, te amaré más y más.
Siempre, siempre y siempre. João mío.
João mío. João mío.
Amor.
Tanto.
Todo.
¡João mío!
Tal vez ya hayan visto el corazón de un ternero en la carnicería.
El nuestro se le parece mucho.
En realidad es una especie de bolsa,
la bolsa es un músculo que envuelve cuatro compartimentos.
Una bomba que trabaja ininterrumpidamente 70 años o más,
y sólo para cuando morimos.
Cuando el corazón trabaja, sus gruesas paredes se contraen
con una frecuencia de 70 veces por minuto.
Este latido regular mueve la sangre por todo el cuerpo.
El corazón es un músculo,
un músculo sobre el cual el control no es posible.
Son llamados músculos involuntarios.
Los ventrículos bombean sangre a las arterias en chorros,
y las paredes de las arterias, que son elásticas, se estiran.
Entre los latidos ellas se estiran.
El corazón es un órgano noble del cual depende totalmente nuestra vida.
Pero a veces para de latir y hay momentos
en los que la única manera de...
Los dos, enamorados,
Hemos bailado
En las rosas de este tiempo.
Me gusta la niebla.
La niebla.
Me hace acordar de tantas cosas.
No deben tardar.
Cuando vienen las primeras lluvias,
cuando el viento del norte se levanta,
es entonces cuando siento cómo pasa el tiempo.
Me gusta la niebla.
Parece que tengo un especie de miedo de lo que ya olvidé.
Lo que olvidamos puede ser lo más importante.
Vera me dijo que venía temprano.
Luzinha, tienes que dormir. Ni siquiera acostaste a la niña.
Después tendrás malos sueños.
¿Vas al pueblo? Voy contigo.
Hay algo de lo que Vera no habla.
Secreto.
Hay cosas de las que no podemos hablar.
¿Nunca tienes miedo de equivocarte?
Cuando era joven debía tener razones para tener miedo,
y en ese momento no sabía que tenía razones para tener miedo.
Todo está cubierto.
No podemos ver nada.
No consigo estar bien en ningún lado.
Mucho menos en casa.
Estar con personas
es como si estuviese siempre en la víspera de algo que está por suceder,
pero nunca sucede.
Nunca llega.
Sólo quiero estar contigo.
Déjalo, debe haber un sitio sólo para nosotros.
¿Le contaste a alguien sobre nosotros?
No, no soy capaz.
Yo tampoco. No lo podrían entender.
¿Gustas de mí?
¿Si gusto de ti?
Dímelo. Dímelo otra vez.
No sé por cuántos días no podré verte.
Si al menos vivieras más cerca o fueras a mi liceo.
Así no es posible.
Ahí viene tu hermano.
Dile a tu abuela que no te envíe afuera el año que viene, João.
Si te vas, ¿qué pasará...
..con nosotros?
Oh, amor, amor.
¿Qué haremos contigo?
¿Qué harás tú con nosotros?
TE AMO
¿Ya estás despierto?
Sí, abuela.
¿Bajas para el desayuno?
Sí, abuela.
¿Vas a ver si hay huevos?
Sí, abuela.
No importa cuán bueno empiece el día, siempre tiene que terminar.
Hoy el sol me hizo olvidar el invierno,
incluso mis piernas tienen ganas de bailar.
Aún tenemos que chequear los conejos.
Sí, abuela.
Es bueno que el próximo año vas a ir a estudiar a la ciudad, pero te voy a echar mucho de menos.
Olvídalo, estaré bien.
No sé si quiero ir.
Ya no lo sé.
Quizás no valga nada.
Todo lo que me interesa está aquí. Estudiar...
En el corazón del hombre
hay sitios que aún no existen,
hasta que los dolores...
¿Ya no quieres ir?
Me siento un tonto siempre que voy a hacer una cosa
sólo porque creo que los otros quieren que lo haga.
Tú querías tanto ir.
Irás a la casa de tu hermano. Ustedes son tan amigos, Dios nos valga.
Abuela...
¿Nunca tienes miedo en un momento de gran felicidad,
por saber que no puede durar siempre,
que un día va a pasar y nunca más volverá a suceder?
Dios viene donde no es mencionado.
Es la vida.
Así es la vida, João.
No sé si tengo tu fe.
Entonces la vida es así.
Sí.
Los inocentes y los bellos no tienen enemigos,
más que el tiempo.
Y tú, ¿qué piensas de la vida?
Diciendo que este aire parece anticuado para nosotros
Hoy me parece nuevo
A veces pienso,
¿nunca te arrepientes de cambiar tanto tu vida?
Pero es aquí que quiero estar.
Aquí.
Estos cerros...
Parece que el mundo fue creado a partir de aquí.
Aquí el apego me parece ridículo.
Ahora he puesto a un lado tantas cosas mías que ya no me interesan.
¿Ya te diste cuenta cuán grande está Vera?
¿Ella te preocupa?
De aquí a mil años, no sé cómo será el amor.
¿Crees que soy bonita?
A veces eres bonita, otras veces no.
¿Sabes lo que pienso?
No eres un apreciador de mujeres.
No me interesan las veces que no me encuentras bonita.
Quiero que me encuentres bonita y digas que soy como nadie.
Estos cerros...
“Peligrosa como una mujer”, dice tu padre.
No deberías preocuparte por Vera. Es natural.
Las chicas de hoy no piensan en casarse.
Los jóvenes no tienen educación.
El casamiento es parte de la educación.
Es un servicio cívico como el ejército.
Aprendes el casamiento como se aprende a comer fruta.
A una le sacas la cáscara. A la otra no.
No se escupen los carozos ni se tragan.
Ese es el trato del casamiento.
Pero, ¿qué quieren ellas?
Y ellos, a los 39 años diciendo “Nosotros los jóvenes”...
Es por eso que gusto de ti. Me haces reír.
Pero sabes que los que hacen reír a las mujeres
no las aman verdaderamente.
¿Piensas que tengo pena de haber cambiado mi vida?
¿Después de tantos años?
- A veces tengo miedo... - No se ama si no se tiene miedo.
¿Vienes?
Vamos al final del camino. ¿Quieres?
- Es una noche tan calma. - Bueno.
La bruma se asienta.
Más seria, más peligrosa, como los cerros.
Es verdad que me haces reír.
- Eso es. - Es mucho más que eso.
¡Vera!
Hora de fumar la pipa.
Vas muy rápido.
Te voy a contar un secreto.
Tengo que ir a un sitio antes de la escuela.
No le digas nada a nadie. ¿Somos amigas?
¿Sabes el camino, no? Hasta luego.
Vera.
¡Vera!
Río Guadiana.
Río Tagus.
- Río Douro. - ¿Y el Mondego?
Arteria.
¿Vera?
Río Cávado.
Arteria cava.
¿Vera?
Corazón.
Hombro.
¿Alguna vez acampaste, abuelo?
Cuando fue necesario. En la caza, en la guerra...
Vamos a acampar la semana que viene, ¿sabías?
Yo sólo voy porque mi hermano también va.
Yo nunca cuento.
- Pero como vamos todos. - ¿Quién?
- Todos. - ¡Hum! ¿Nadie especial?
Me gustaría tanto ver el mar.
Llévame a ver el mar.
Si pudiera.
Cuando quisieras.
Abuelo, ¿crees que alguien puede realmente morir de amor?
Se cuenta que un día, hace muchos, muchos años,
había una princesa mora que vivía más allá de aquellos montes.
Se apasionó por un príncipe muy joven y muy bello
de un reino cercano.
Pero ellos no pudieron casarse nunca,
porque aunque fuera una princesa, era una princesa mora.
Vivieron así un amor imposible.
Hasta que un día decidieron huir.
Cuando el rey supo de esto, ordenó perseguirlos,
y ellos, cuando se vieron perdidos,
saltaron al río, los dos.
Y se cuenta que en las mañanas de neblina,
aún se pueden ver las ropas de la mora a la deriva,
llevadas por la corriente del río.
Es lo que dice la leyenda.
- Aún la tienes. - Desde que era muy niña
Cuando me la diste. Nunca me la saco.
- Es tu ángel guardián. - Sí. Es mi ángel guardián.
Y abuelo, ¿crees en la leyenda?
Las leyendas son hechas a partir de nuestros miedos.
Del miedo de que la vida no nos diga nada.
Del miedo de la aridez de nuestras vidas.
Bueno.
¿Dónde está mi pipa?
Uno, dos, tres, cuatro,
cinco. Estás vivo.
“Algo, no sé qué, que nace no sé dónde,
viene no sé cómo,
y duele no sé por qué.”
Comenzó entonces a irse la calma,
se fueron los dos para mejores sombras,
y así se dieron la vuelta, y se alejaron de todo.
No se sabe lo que se dijeron,
lo que recordaron o no recordaron.
Solo que no volvieron más.
¿Tienes miedo?
Nunca me sentí tan importante en mi vida.
Parece que se juntaron allí todas las perfecciones
que no habrían de juntarse más.
Aquí se despertó ella,
y viendo la mañana clara,
pensó que, delicada como vino,
parecía estar allí ante otras muchas cosas infinitas,
que se le fueron.
Y aún despierta,
sus ojos se llenaban de agua.
João, jura que no me vas a volver a dejar. Jura.
Pero no te dejé.
No me vuelvas a dejar.
Ni por un solo segundo, por nada de este mundo.
Por nada de este mundo. Lo juro.
¿Y ahora?
- Solo volveremos cuando... - No hables ahora de volver.
Ella comenzó a tener miedo,
porque el verdadero bien querer no puede estar mucho sin miedos.
En esto y otras cosas pasaron aquel día,
en cuanto al sol,
había un poco más de placer al ponerse que al salir,
como verán.
¿Y si nos quedáramos siempre aquí?
¿Sabes lo que estás diciendo?
Me hace acordar a un sitio donde ya estuve,
un sitio donde solía huir cuando era pequeñita.
Mi sitio.
Hay cosas que realmente nunca dije a nadie.
Si te dijera un secreto,
¿sabrías guardarlo?
Sabría.
Un día escapé de mi casa como acostumbraba hacer,
para ir a jugar al bosque.
Era lo que más me gustaba.
Me sucedió una cosa espantosa.
Le conté a mi madre. Lo encontraron gracioso.
Solo mi abuelo no dijo nada.
Yo percibí cómo debía guardar para mí lo que tenía conciencia de guardar.
¡Madre!
Sálvame, sálvame.
Una piedra del tamaño de una casa
se movió sola, para que yo pudiera pasar.
Bzzz, bzzz, bzzz, y se va volando,
bzzz, bzzz, bzzz, zumba la pequeña abeja, zumba la abeja reina. Bzzz, bzzz...
Siempre quise pero nunca fui capaz de hablar de esto.
Tenía miedo que nadie me creyese.
Fui salvada, eso es lo que sé.
Hubiera perdido su sentido si lo contaba.
Contigo es diferente.
Es como si estuviese dentro tuyo.
Sé que tú crees en mí.
Contigo todo es posible, es por eso que gusto de ti.
¿Y qué sentiste?
Me sentí ligera.
Muy ligera.
Fue como si me alzaran en brazos.
- João, nunca... - Nunca te voy a dejar.
¿Por nada, realmente nada de este mundo?
¿Ni un solo minuto?
Por nada de este mundo, ni un solo segundo.
- ¿Me das una? - No.
¿A ver?
- Voy a bajar. - Voy contigo.
João. João.
No te separes de mí.
Todo es posible.
Ya estoy bien.
Conmigo todo es posible.
Fuiste tú quien lo dijo. ¿Te acuerdas?
El amor todo lo puede.
Si nos separamos, nos van a encontrar
y separar definitivamente.
Ya va a pasar. Estoy aquí.
Voy a cuidarte.
Vas a ver, estarás bien.
El amor...
... puede...
Llévame al mar.
João mío...
... cree...
João mío...
... llévame.
“Terror de amarte en un sitio tan frágil como el mundo.”
¿Oyes?
Cazadores.
No tardo.
Ya vuelvo.
¡Qué gran sosiego
sin hablas humanas,
sin el labio de los rostros del lobo,
sin odio, sin amor,
sin nada!
Fuertes preguntas,
vastas pausas,
estaremos en la muerte,
con aquel suave contorno
de una concha dentro del agua.
Ven y descansa, padre. Ven.
¿Quedará en los espacios en que nos disolvemos nuestro sabor?
Los ángeles apenas toman lo que es suyo,
lo que ellos irradian,
¿o de vez en cuando, como por engaño,
algo de nosotros se queda con ellos?
Habrá en sus trazos un poco de nosotros.
Nadie entenderá nunca.
Se acabó. Está muerta.
¡Si te atrapo, ladrón! Querías robarme mi caza.
João mío.
João mío.
Mío.
João, perdido en el camino,
no recordaba sino la pérdida de los lugares que había,
y los imaginaba consigo en aquél por donde se conducía.
Y algunos le parecían otros,
algunos por los que fuera de sí fue muchas veces.
Por lo que no llegó a donde había partido sino tarde la otra noche,
con tanto que anduvo todo el día.
Había perdido más que el camino.
Pasados muchos, muchos años,
una niña, al entrar al agua,
dijo que vio un bote con dos cuerpos degollados.
No se sabe más qué fue de ellos ni se pueden hallar noticias.
Se sospecha que estaban muertos,
pero no se puede afirmar,
por la rivera de un río, que lleva las aguas al mar.
¿Estás escuchando, madre?
Los vi a los dos en las aguas tranquilas.
Duerme, mi ángel. Duerme.
“Cuando mi cuerpo se pudra y yo esté muerta
continuará el jardín, el cielo y el mar.
Y como hoy igualmente han de bailar,
las cuatro estaciones a mi puerta.
Otros en abril pasarán por el huerto
por el que tantas veces pasé.
Habrá largos crepúsculos sobre el mar,
otros amarán las cosas que yo amé.
Será el mismo brillo, la misma fiesta,
será el mismo jardín a mi puerta.
Y los cabellos dorados del bosque,
como si no estuviese muerta.”
Terror de amarte en un sitio tan frágil como el mundo.
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