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Original subtitles

Había un joven prefecto.

¡Apartaos!

Lucio Válido.

-Nadie sabe adónde se fue. -Nadie.

Es raro.

Muchos han abandonado al Veran.

Guiados hacia la oscuridad por ella misma.

Han jurado lealtad al Hombre Muerto.

Pronto se unirá a Lokka y tomará estas tierras.

Por cierto, el Hombre Muerto te saluda.

Buena jugada, hermano.

Buena jugada.

¿Sabes qué dicen de ti?

Estás maldito.

Te han echado mal de ojo.

Los druidas te han liberado para que nos destruyas.

Se equivocan.

¿Por qué no estás muerto como todos?

Me han liberado para contar la historia.

-¿Historia? -De lo que pasó.

Querían que lo supieras.

¿Qué es todo esto?

Lo hicieron ellos.

¿Sabes qué? Te queda bien.

No quise parar a bañarme.

Siempre has sido el afortunado.

Me han capturado y torturado.

Y aun así, aquí estás.

¿Qué llevas en la bolsa, afortunado?

Cada hombre caído llevaba esta marca.

Bien, Vito. Lo retiro todo.

Ahora sí que sí, joder.

¿Te preocupa algo, amigo?

¿Por qué debían morir?

-¿Los jóvenes que me trajiste? -Eran niños.

-¿No lo somos todos? -Ellos ya no.

No sabes qué es lo más importante de este mundo, ¿no?

No.

No lo sé.

En absoluto.

Porque no me dices qué es lo más importante.

Bien. Para entender este mundo, debes entender tres cosas.

Lo primero, todo lo que nace muere.

-Así no. -Así sí.

Porque todo es sacrificio.

Los árboles, las hojas, las mariposas.

Cuando lo aceptes, entenderás lo más importante.

Lo segundo es que todo,

completamente todo, es verdad.

Dijiste que tu hermana volvió para castigarte. Así fue.

Que la abandonaste. Así fue.

Que abandonaste a tus hijos. Así fue.

Que estabas confundido, perdido, que eres débil y estúpido. Así es.

¿Estoy aquí para ayudarte?

¿Para mostrarte el camino?

Sí, así es.

¿Estoy aquí para destruirte? En absoluto.

¿Te quiero?

Con toda mi alma y mi corazón.

¿Te desprecio?

-Con toda mi alma y mi corazón. -¿Qué es lo tercero?

Lo tercero...

Esto es lo tercero.

Observa atentamente.

Lo tercero y más importante.

Gracias, me ha quedado claro.

Un placer, amigo. Un placer.

Hasta que vuelva, prefecto, tendrás el mando del castro.

-¿Adónde vas? -A ver a un viejo amigo.

¡Desmontad!

¡Escuchad! ¡Dejo a Vito Aurelio al mando!

Vigila al cerdo servil del emperador.

No me fío de ese cabrón.

¡Saludad al general Aulo!

¡Ave Aulo!

¡Ave Aulo!

-¿Otro misterioso permiso? -Un importante descubrimiento.

Que deseas compartir.

Todos tenemos un papel, Domicio.

Y hablando de eso...

Mi prefecto está un poco perturbado. Vigílalo.

¿El oficial al mando perturbado?

No me fío de ese cabrón.

-¿Adónde vas? -A cazar.

Tengo algo para ti. Ven.

Laurel, manzanilla, jengibre.

Ellos cazan, ¿y yo tomo infusiones?

¿Echas de menos a tu hijo?

Fue voluntad divina.

Pero lo echas de menos.

-¿Es una prueba? -¿De qué?

Mi lealtad al Hombre Muerto.

Renunciar a un hijo es lo más duro para una mujer.

Conozco tu corazón.

Y los dioses también.

¿Has tenido un hijo?

Me gustan las mujeres.

-¿Por qué? -Besan mejor y no te dan hijos.

-¿Besan mejor? -Tendría que mostrártelo.

-Muéstramelo. -El Hombre Muerto nos empareja.

Solo he dicho besar.

-¿Es una prueba? -¿De qué?

Mi lealtad al Hombre Muerto.

-¿Quién era ese hombre? -¿Qué hombre?

En el bosque del Hombre Muerto. Alto, rubio.

Un esclavo cantii que mi tribu poseía desde niño.

No tenía porte de esclavo.

Era de alta cuna, capturado en batalla.

¿Qué le dijiste?

Haces muchas preguntas.

Tú no.

Pues aquí tienes una.

¿El plan del Hombre Muerto?

El Hombre Muerto no comparte sus planes.

Si no te fías de mí, tendré que decirle lo que hicimos.

¿Qué pasa?

-Lo que sé te causará dolor. -¿Por qué?

Veran es un fugitivo.

Hay jinetes buscándolo a él y a sus seguidores.

Cuando lo encontremos, mataremos a todos los leales a Veran.

Hombres, mujeres y niños.

-No tienes nada que temer. -Ania.

Así lo decidí al dejar a mi hijo.

¿Le cortarías el cuello a tu hijo?

Porque podría pasar eso.

Mi camino está claro.

Dile a Veran que debo hablar con él.

Mi reina, el Veran ha desaparecido.

Envía más jinetes.

Que lo busquen por todas partes.

¡Saludad al emperador Aulo!

General, tengo una pregunta.

¿Eres el diablo o solo trabajas para él?

Cuando la caza llegue, necesitaremos sal.

Iré a la costa. Volveré dentro de dos días.

-Puedo enviar a otro. -¿No te fías de mí?

Dos días.

No te preocupes. Tu secreto está a salvo.

-¿Mi secreto? -Nuestro secreto.

Apuesto a que las vistas son aún mejores desde ahí.

¡Precioso!

Prefecto, estás ahí.

¿Qué estás haciendo?

¿Un trago? Es del bueno.

-Estás borracho. -Venga.

Los dos sabemos que harías lo mismo.

Tomo nota del abandono de tus obligaciones.

Tomo nota de las obligaciones del abandono.

Tomo nona...

¿Cómo era?

Eres la desgracia de la legión.

Te ha mandado vigilarme, ¿no?

Relájate, también me ha mandado vigilarte.

"Vigílalo. No me fío de ese cabrón".

Aquí estamos, cumpliendo nuestro cometido.

Parece que tenemos algo en común.

El general no se fía de nosotros.

No he venido a espiar.

Sino a preguntar a alguien que me parecía más juicioso.

Soy todo oídos.

La decisión de avanzar hacia el oeste...

¿Cuál era el objetivo?

-Cazar fantasmas. -¿Fantasmas?

Demonios, profecías, lo que sea.

Solo había matanzas, carnicerías y magia negra.

¿Magia?

¿No lo hueles?

-¿Qué es esto? -Una invitación de los druidas.

-¿Adónde ha ido? -A visitar a un viejo amigo.

Quién sabe qué amigos tiene ahora.

¿Y este símbolo?

Nunca lo había visto.

¡Vaya!

-¿Qué es esto? -Es del general Aulo Plaucio.

Despéjate. Duerme algo. Luego ven a mis dependencias.

Es hora de que me cuentes todo lo que sabes del general.

-¿Quiénes son? -Enviados del Senado de Roma.

Creí que estaríamos solos.

¿Te has decidido?

Sí.

Están aquí para ser testigos de tu declaración.

Debemos mantener las formas si se debe juzgar ante un tribunal.

Luego ante el Senado.

Por último, ante el mismísimo emperador.

Bien, desde el principio,

cuéntanos todo lo que sabes del general Aulo Plaucio.

Harka nos hizo atacar el campamento romano.

No estaban preparados. Fue una masacre.

-No atacaban a Roma, sino a mí. -No lo entiendo.

Fue la invocación de mi hermano.

Su invitación.

-El inicio de una alianza. -¿Una alianza? ¿Entre quién?

Nuestros dos enemigos más oscuros.

Tres árboles en una colina

No hay hojas en los árboles

Dos perros y un cordero Por un mundo a sus pies

Todo el amor de este mundo Es el amor que él entregó

Todos compartimos el mismo corazón

Una madre, una tumba

Eres un pájaro difícil de encontrar,

Lucio Válido.

Muy difícil.

¿Josefo?

El Hombre Muerto ha enviado jinetes a buscarte.

Si os descubren, os matarán a todos.

¿Temes por tu hijo?

-Cumpliré la voluntad de los dioses. -Debes hacerlo.

Vuelve con el traidor y dile que nos has hallado.

-Pero te matarán. -Debes volver con algo.

Te presionarán.

Intentarán desenmascararte.

Háblales de este lugar.

Lo entiendo.

Os iréis. Pero sabrán que estuvisteis aquí.

Seguirán el rastro.

Mi camino está por decidir.

Los dioses lo revelarán.

-Pero no podemos... -Vete.

Vete.

Mientras servía a las órdenes de mi comandante,

el general Aulo Plaucio de las cuatro legiones,

lo vi participar en la brujería y religiones de Britania

para destruir su misión, su mando y Roma.

Lo primero que presencié fue cómo enterraba a un legionario vivo,

que había caído preso de la brujería.

Presencié sus reuniones con druidas

y sus viajes para ver a sus jefes.

Vi cómo le daban pociones y hechizos.

Me ordenó llevarle niñas

a las que asesinó y enterró en fosas.

Presencié un ritual donde se comió el corazón de una aliada de Roma,

la reina celta Kerra.

Presencié su relación sexual con la bruja Amena Cantibrines,

con quien vive, como marido y mujer.

Y a quien Aulo nombró reina Amena de los cantii, bajo su hechizo.

Solo yo quedo de una cohorte

enviada sin autorización al indómito oeste de esta provincia

como parte de una acción que nos aniquiló por completo.

Poseo pruebas materiales, que incluyo en esta declaración,

de hechicería y símbolos hallados en la cámara del general.

Entre ellos, tres dedos de una famosa bruja y hechicera

que guardaba con uno de los dedos del general.

Por último...

Está ahí en el fondo y me digo a mí mismo...

Oí al general presumir de haber envenenado y meado al emperador.

Yo, el tribuno Vito Aurelio de la Novena Legión Hispana,

afirmo que mi declaración es cierta por la ley de Roma.

Daré mi vida si he dicho alguna mentira.

Bueno, bien.

Maldita sea.

Pon tu marca y tu sello aquí.

-¿Cuándo iré a Roma? -Ahora mismo.

Has hecho lo correcto, prefecto.

Aulo Plaucio.

Chico malo.

-Has tardado. -Tenía cosas que hacer.

-¿Qué te ha pasado en el ojo? -Mi bebé me arañó.

-¿Tienes un bebé? -Tengo muchos.

Es que... No...

Ya veo.

Aquí estoy, ¿qué quieres?

Llévame ante él.

-¿Ante él? -Ya sabes a quién me refiero.

Dime cuánto quieres.

Sí, sé quién es.

¿Sabes qué? Invito yo.

¿Qué tal has estado, Lucio?

¿Qué tal en este agujero?

¡Como una mierda!

Pero he estado en puestos peores.

-Magdala. -Puto infierno.

-Gerasa. -Afada.

Puta Afada.

¿Recuerdas el silencio tras la matanza...?

-Ya vale. -Niños, calles cubiertas de sangre.

Era la guerra.

No luchaban, Lucio. Sin armas.

Estaban aterrados.

Si has venido a traer pesadillas, pierdes el tiempo. Nunca se han ido.

No, viejo amigo. No he venido a eso.

No tengo pesadillas. Ya no.

-Sandeces. -Es cierto.

Sufrí durante varios años.

Pero luego me perdonaron.

¿De qué hablas?

¿Sentiste alguna vez que estabas en una historia?

Es decir, ¿empuñaste la cuchilla y descubriste que tú eras la cuchilla

y que alguien o algo la empuñaba?

¿Como una espada o una lanza tal vez?

¿Recuerdas al hombre que ejecutamos en el monte Calvario? ¿Un nazareno?

Él es la razón por la que estás aquí ahogándote en tus demonios.

Porque fuiste tú quien lo mató.

Me estoy cansando de esto.

Buena suerte.

Si puedes dormir, mejor para ti.

-No me preguntaste cómo di contigo. -¡Me importa una mierda!

Sí que te importa.

Te he escuchado, ahora escúchame tú.

No estoy en ninguna puta historia.

Yo decido adónde voy.

-Lo recuerdas, Lucio. -¡No lo recuerdo!

Lo recuerdas.

Lo recuerdas.

Hola.

-Está durmiendo. -¿Sí? No tengo prisa.

Pero si me desataras, te lo agradecería mucho.

-¿Y tú eres? -No soy nada.

Es un placer conocerte.

Te ha estado esperando.

-¿Cuánto tardará el viaje por mar? -Dos o tres semanas.

Debemos ir al este, a Clausentium.

De allí seguiremos hacia Noviomagus.

Ahí embarcaremos para Roma.

En esta época, los vientos están a nuestro favor...

Yo tengo ganas de abandonar esta sombría tierra

y ver un mundo soleado otra vez.

-¿Dónde está la sal? -¿Qué sal?

-Cabalgaste hacia la costa. -Cierto.

-Te mentí. -¿Por qué?

Porque no me habrías permitido salir a cazar sola.

-No te andes con juegos. -Creí que te gustaban.

¿Dónde has estado?

-Bésame y te lo diré. -¿Dónde has estado?

No cabalgué hacia la costa porque hallé algo en el camino.

-Algo más valioso que la sal. -¿Qué?

Veran.

Recuerdo qué hice aquel día.

Recuerdo qué pasó después. He visto cosas raras.

Aún la tienes, ¿no?

La lanza, te la quedaste.

La trajiste, ¿no?

¿Qué diablos? ¿Qué importa la lanza?

La lanza tiene poder.

Me ordenaron hallar lo que guardas. Sabemos que la tienes.

Lo que pasó aquel día lo pondré

con el resto de las cosas extrañas.

Eres parte de la historia, Lucio.

-Su historia... -¡No! ¡Soy parte de mi historia!

¡Solo de esa, joder!

¿Dónde está?

Has hecho un largo camino, Josefo.

Odio decepcionarte.

Tienes que escucharme, Lucio.

Estás confuso.

Lo que hayas creído o no te ha dejado desamparado.

Solo hay un camino hacia la luz.

¿Quieres encontrar la paz, Lucio?

Entonces acéptalo.

Abre tu corazón.

-No verás la luz si no renaces. -¿Renacer?

No, gracias.

Lo que nace de la carne es carne.

Lo que nace del espíritu es espíritu.

Tal como el cuerpo cura heridas, el espíritu puede renacer.

Mira, aprecio el gesto.

Pero si conocieras mi dolor,

te darías cuenta de las pocas ganas que tengo de palabrería.

-¡También era pescador! -¿De verdad?

Pues es un puto payaso. No se lo desearía ni a un perro.

Si lo que digo son mentiras y fantasía,

entonces explícame algo y me iré.

-¿Por qué te la quedaste? -No tengo ninguna lanza.

Ahora quiero que te vayas.

-¡Abre tu mente, Lucio! -¡Lárgate!

Debes expiar tu culpa. El cielo te llama.

¡Ya basta!

¿Josefo?

Josefo, lo siento. No quería...

Tienes la lanza.

No lo entiendo. ¡Josefo!

Él te perdona.

¡No! Josefo. No.

¿Estáis contentos ahora, dioses?

¿Estáis contentos?

Por fin.

Muchas gracias.

¿Una manzana?

Gracias. Claro.

-Venga. ¿Cuánto? -¿Cuánto qué?

¿Cuánto le pagaste?

¿Cuánto se paga por un general romano?

¿Eso eres?

Dímelo. Estoy en ascuas.

Hella trabaja gratis para mí.

Qué interesante.

¿Qué tal en Britania?

-Cada vez me gusta más. -La he extrañado.

-¿Has estado fuera? -Mucho tiempo. Ya nos conocíamos.

Perdona, dame más pistas.

En el inframundo, hace algunas lunas.

Es raro, recuerdo las caras.

Hay zonas del inframundo que no puedes visitar sin mi permiso.

Hablamos un rato. No estoy seguro de que escucharas.

Qué maleducado fui.

Pero ahora me escuchas.

Ahora que te miro, me recuerdas a alguien.

¿No tendrás un hermano?

Lo tenía, hace mucho.

¿En qué puedo ayudarte?

-Creí que querías verme. -No seamos esquivos.

Tú no lo fuiste, ¿cierto?

Mataste a mi cohorte.

Me desdeñaste, incluso cuando te envié un regalo.

¿La bruja? Sí, muy útil. Un poco costosa.

Pero no me dijo lo que quería saber.

¿El qué?

¿Dónde está el Lago de las Lágrimas?

Ven conmigo.

¿Qué tiene que ver el Lago de las Lágrimas contigo?

En sí mismo, nada en especial.

Pero busco a alguien y van hacia allí.

-¿Te lo dijo la bruja? -Exacto.

Aparece en una profecía.

No soporto a los majaderos, pero, no me preguntes cómo,

esta tiene una extraña habilidad para acertar.

¿Y qué dice la profecía?

Bueno, no lo entendí todo.

Dos hermanos, uno traicionó al otro.

Luego se pone mejor.

Una doncella, hija de un padre ciego, una elegida.

Eso me llamó la atención.

-¿Qué quieres de la doncella? -Es privado.

¿Puedes ayudarme?

-¿Qué consigo yo? -Tú, al druida. Yo, a la doncella.

He arrinconado a tu hermano.

Su mundo entero, sus dioses, sus muertos, su profecía, todo...

...está a punto de desmoronarse.

La doncella es fuerte, sabia.

Ha aprendido cosas ahí fuera.

Sus poderes crecen con el paso del tiempo.

Cazarla no es como cazar una mosca o un pez.

Es como cazar humo.

Debes ser astuto, rápido como el viento.

Se dirige al Lago de las Lágrimas. ¿Dónde está?

Déjame la niña a mí.

-¿Dónde está el Lago de las Lágrimas? -Déjamela a mí.

A menos que no te fíes de mí.

Ahora te recuerdo.

-Me hablaste de tres cosas. -¿Cuáles?

Número uno: todo lo que nace muere.

Número dos.

Todo lo que ves, todo lo que oyes,

todo lo que sabes, todo lo que te rodea es una mentira.

-Dije eso. -Así es.

Creo que diste en el clavo.

Las hojas, los árboles, las manzanas, todo.

Te contaré un secreto.

Este no es el mundo real.

El mundo real...

...es el jardín de mi maestro.

Es más perfecto, más hermoso de lo que podáis imaginar.

De esto se trata todo.

Sigue, ¿qué es lo tercero?

Lo tercero que me dijiste...

Lo tercero...

Disculpa. Hace mucho que no tenía buena compañía.

¿Quieres saber dónde está?

-Sí. -¿De verdad?

De acuerdo, amigo.

El Lago de las Lágrimas...

...está aquí.

Gracias.

Traducción: Carmen López Garduño www.sdimedia.com

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