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Un brindis. Por tu divina victoria.
Por mi divina victoria.
Verás, no es tu victoria.
No es tu victoria porque no es tu guerra.
No sabes a qué juegas,
dónde estás ni quién eres.
Las fuerzas que participan aquí.
Impuestos, desfiles de la victoria. ¿Crees que me mueve eso?
Yo lucho otra guerra.
La Última Guerra.
Y en esa guerra, mando yo.
Siempre mandé.
El viaje que se avecina es un viaje a la oscuridad.
Quizá no sobrevivan los druidas.
¿Me has echado de menos, hermano?
Yo la encontraré.
-¿Dudas de Veran? -¿Tú nunca dudas de Veran?
¿Puedo interrumpirte? ¿Es el mismo Veran que sacrificó a mi padre
y me descartó como rey de mi tribu?
¡Arrodillaos!
Tú eres la reina Kerra de los cantii.
Deberíamos habérnosla quedado.
Solo es un corderillo. Aún no está lista.
¡Sí! ¡No!
Mierda.
¿Tienes hambre?
Son deliciosas.
No como con los muertos.
¿No te encanta la lluvia?
Cuando hayas visto tantas tormentas como yo, aprenderás a leerlas.
Cuándo empiezan o terminan.
Mira eso.
¿No te parece maravilloso?
Es delicioso. ¿Qué quieres?
Quiero que busques a alguien.
Bébete esto.
Ayúdame, Nodens.
Báñala en luz sanadora.
Y esto.
Bébetelo.
Frótate esto en la tripa.
Espera. Es al revés.
NORTE DE BRITANIA
-Buenos días, Bridget. -Buenos días, Rolf.
Deberías levantarte.
Tienes mucho que hacer hoy.
O podríamos quedarnos un poco más.
Rolf...
Para.
¿Cómo te hiciste esa cicatriz?
No es una cicatriz, es una quemadura.
¿Qué te pasó?
Mi padre era herrero y me di con un hierro candente.
¿Eras un niño solitario?
No especialmente, no.
-Tenía una hermana. -No me lo habías dicho.
Perdimos el contacto hace unos años, tras la invasión.
¿Crees que los romanos vendrán aquí, al norte?
Quizá algún día.
Por ahora, estamos a salvo.
¿Cómo se llama? Tu hermana.
Se llama Kerra.
¿Estás preocupado por ella?
Kerra es mucho más fuerte que yo.
Es una superviviente.
No te preocupes. Tu pequeñín no está listo para saludar aún.
-Podría ser una niña. - Créeme, es un niño.
Alto y guapo, como su padre.
-Buenos días, Rolf. -Buenos días, Nyle.
-Buenos días, Ewan. -Buenas.
-Buenos días, Holt. -¿Preparado para el gran día?
¿Necesitas ayuda, Rolf?
Tranquilos, chicos. De este me encargo yo.
¡Vamos! ¡Joder!
¡Vamos!
-¿Qué hace? -No tiene ni idea. Míralo.
Se porta bien con nuestra hermana, eso me basta.
De verdad, ya me ocupo.
¿Quieres atraparlo antes del invierno?
Vamos, hermanos. A un lado.
-Repíteme el plan. -Diez piezas, no menos de cinco.
-¿Seguro que estarás bien? -Deja de preocuparte, Rolf.
-La puja empieza en tres... -Cinco.
-Cinco. -Seis.
Seis. ¿Alguien da seis?
Vamos, es un ejemplar fantástico. Habla siete lenguas.
Donde caga, crece un árbol frutal.
-¡Diez! -Diez. Once. Doce.
-Trece. -Trece. ¿Alguien da más de 13?
-¡Catorce! Quince. Dieciséis. -Diecisiete.
-Diecisiete. Dieciocho. -¡Veinte!
-¡Una mierda! -Por mi vida.
Nunca saqué más de 15.
Hay que saber lo que se hace.
Parece que Rolf paga las copas.
-Hasta el fondo. -Rolf, será un buen invierno.
-¿Te llevo a casa? -No, podéis iros.
Voy a tomarme otra.
Estoy orgulloso de ti, Rolf. De veras.
Estos dos años han sido duros, pero por fin tengo un hogar.
-No te beses con ninguna. -Vete.
-¿Me has oído? -Vete.
-Vamos. -No, tengo que ir a casa.
-Tengo que ir a casa. -Vamos, guapo.
Vale, solo un baile. De verdad.
Buenas tardes.
Por fin, esta noche, unas reliquias de las Guerras del Sur.
Para empezar...
Una antigua reina de una tribu poderosa.
Llevaba oro en el pelo y los ríos fluían.
Su pueblo era rico y venerable.
Luego ella compartió pan con los romanos.
Ahora su reino es esta sucia jaula y chupa pollas por algo de beicon.
Se llama reina Antedia, la Chupapollas.
¡Vosotros sois los putos chupapollas!
Dime, señor, ¿te has follado a alguna reina?
Dame algo y es toda tuya.
¿Quién me da tres piezas de plata?
-¡Tres! -Gracias, señor. Tengo tres piezas.
Vamos, chicos, aún tiene carne.
Si no queréis follárosla, se la dais de comer a los cerdos.
-¡Cuatro! -¿Cuatro piezas de plata?
¡A ver, chicos! ¡Mirad esto!
¿Tienes sed, tesoro?
Delicioso. Como dulce vino de cebada.
-¡Cinco piezas! -Ofrecen cinco piezas.
¡Cinco a la de una! A la de dos.
¡Vendida! Al caballero a mi derecha.
Buena suerte, amor, la vas a necesitar.
¡Los dioses están muertos!
A continuación, un artículo excepcional.
Del mismo lote, una reliquia sagrada.
Hija de un noble rey, elegida por el poderoso Veran.
Reinó, pero solo pocas lunas,
hasta que ella también traicionó a su tribu por los romanos.
Pues bien...
La reina Kerra está aquí.
Lo que queda de ella.
¿Quién me da cinco piezas?
Vamos, capullos. Podéis guardar monedas dentro.
-O ayudaros a dormir por la noche. -¡Seis!
-Ofrecen seis por aquí. -¡Siete!
-Ven, amor. ¿Tienes sed? -No vale la pena.
¡Diez!
Hola. ¿Qué es esto?
Tenemos un nuevo postor.
Diez piezas del delgaducho a mi derecha.
-¡Once! -¡Quince!
-¡Dieciséis! -¡Veinte!
Veinte monedas de plata, a la una.
A las dos.
Vendida al caballero.
Que la disfrutes.
¿Qué hará con eso?
Ha llegado la hora de dividir nuestras fuerzas.
Drust, Bradan, Morac, al norte, a los pueblos de montaña.
Morcant, Raven, al este, a las amplias llanuras.
Rork, al sur, a las tribus costeras.
Festle, Haran, al oeste, a los valles.
¿Y adónde irás tú, Veran?
Iré adonde me manden los dioses.
Si tienes una estrategia, deberíamos conocerla.
Viajad de noche. No dejéis rastro de vuestro paso.
Las tribus están asustadas. Tienen miedo del futuro.
Dad testimonio del mandamiento de los dioses.
Encended el fuego, alimentad las llamas.
¿Daréis vuestra sangre para derrotar a los romanos?
Sí, Veran.
Sí, Veran.
Al amanecer.
-No puedo acudir a él otra vez. -Debes.
Veran los envía a luchar, pero no saben a quién se enfrentan.
El Hombre Muerto ha despertado. Y solo Veran conoce la verdad.
-Necesitamos tiempo. -No hay tiempo.
El Hombre Muerto no esperará.
Me alegra verte totalmente recuperado, emperador.
Me dicen que te debo la vida.
El esclavo culpable ha confesado.
Se ve que lo capturaron los druidas y le corrompieron la mente.
Ha pasado más veces.
Tienes la gratitud del emperador.
En compensación, emito la siguiente orden.
Te quedarás en Britania, buscarás a los druidas y los exterminarás.
-¿Lo has entendido? -Perfectamente.
Domicio se quedará.
Verás que es muy diligente.
Buen viaje, comandante.
-El emperador se salvó por los pelos. -Eso parece.
Esta es Ania. Ha librado muchas batallas por los regni.
Ha sacrificado mucho por su tribu. Viajará contigo.
Bienvenida.
¡Lord Veran!
Viajaste durante cinco lunas por los 13 planos
para traernos la voluntad de los dioses.
Pero viste algo.
Algo que decidiste no mencionar.
¿Por qué no nos cuentas ahora a todos lo que encontraste?
-Cuidado, Rork. -¿Lo has olvidado?
-¿Se te ha pasado? -Te lo advierto.
-Si sigues este camino, no volverás. -Pues sálvate tú.
Cuéntanos a todos lo que te dijeron los dioses del Hombre Muerto.
El Hombre Muerto.
Willa.
Diles a tus hermanos y hermanas lo que sabes.
¡Quane! Tú también lo sabes, ¡habla!
Vamos ya.
¿Dónde está tu lealtad a tus hermanos y hermanas?
Si miento, dilo.
Vi la señal del Hombre Muerto.
-¡Dice la verdad! -¿Estás seguro?
Lo juro.
Bien, segundo hombre, dinos.
¿El Hombre Muerto no está despierto?
-No me cuestiones. -Contéstame.
¡No cuestiones mis métodos!
-¿No estás confabulado con Lokka? -No.
¿No llevaste al general romano a ver a nuestros muertos?
Lo llevé.
¿No eres tú Lokka?
-Yo soy el Veran. -¡Mientes!
¡Soy el Veran! ¡Moriré siendo el Veran!
En nombre de la tribu de Ludocus y del Cráneo Negro,
yo, Rork, desafío al Veran.
Así sea.
Mi opinión es que tuviste suerte.
Cuando me tocó andar por el viento sagrado de Nuada,
me partí las piernas, el tobillo, la mandíbula y cuatro dedos.
Estuve un mes meando sangre.
Veo que decidiste no mencionar eso.
No se trata del vuelo.
Se trata de la fe. Rendirse. Afrontar lo imposible.
Eso explica por qué tengo una sensación abrumadora de logro.
¿Qué estás mirando?
Vale, lo entiendo.
Llevo dos putas lunas sin comer.
¿Cuántas veces debo decírtelo? No jures en la Hondonada Sagrada.
La iniciada debe cruzar el aire, el fuego, el agua y la tierra.
Ayuna dos lunas antes de cada viaje. Solo así recibirá la Gran Visión.
¿Tú has recibido grandes visiones últimamente? ¿Alguna visión? ¿No?
Mientras tanto, las legiones de los muertos aguardan.
-Pero no te presiones. Tómate tiempo. -Por favor.
Repite después de mí: "Aguardo la Gran Visión". Dilo.
-Aguardo la Gran Visión. -Eso es.
Ya conoces las reglas.
Con luna llena, iremos a los juncales sagrados
y cortaremos los juncos con una hoz de plata
para el lecho de la virgen en la próxima luna.
Luego podrás comer.
Oye.
Lo entiendo. Yo lo hice hace años.
-Fui druida antes de que nacieras. -Brevemente.
La profecía de Veran es la más importante de esta tierra.
¿Y a quién se la confió Veran?
Este es tu camino y debes recorrerlo, solo tú.
¿Bridget?
Rolf, ¿dónde estabas?
Llevamos esperando toda la noche para sorprenderte.
Es un niño.
¡Tres vivas por Rolf!
¿Qué te ha retrasado?
-Yo... -Da igual. Papá ya está en casa.
Sí. Lo sé.
No tengo palabras para expresar lo que siento ahora.
El primogénito es un hijo sagrado.
El primogénito es un hijo sagrado.
Que viva en la tierra con la protección de los dioses.
Que viva en la tierra con la protección de los dioses.
A partir de este día, Rolf, este niño es tu flecha.
Que vuele sobre el bosque y en el cielo abierto.
Dale un nombre. Cuando los druidas vengan a bendecirlo,
será conocido en los lagos, las montañas y el poderoso cielo.
Este es un día bendito para ti, Rolf. Mucha abundancia.
Quiero que mi hijo lleve el nombre de alguien bueno, fuerte y noble,
apuesto, divertido y honrado.
Se llamará Rolf.
¡Salve a los druidas!
¡Los druidas!
Salve a los druidas.
Veran.
Por favor, perdóname.
Yo no...
-Quane... -Quane ha huido.
-Y tú también debes irte. -Pero yo...
Me has traicionado.
Cuando esto termine, abandonarás a los druidas.
-Estás proscrita. -¡No, por favor, Veran!
-¿Por qué nos has mentido? -¡No!
Los dioses decretan que si uno de los 12 desafía a Veran,
habrá un combate mortal.
El verdadero Veran le cortará la cabeza al otro.
No podría ser más feliz.
-Bridget, tengo que decirte algo. -¿Qué pasa?
Mi nombre...
...no es Rolf.
Me llamo Phelan.
-Phelan de los cantii. -¿Qué?
Hijo de Pellenor. Soy un príncipe.
No lo entiendo.
Es una larga historia.
Nací en la realeza.
Mi padre, el rey Pellenor, era un buen hombre.
Pero era frío y reinaba sin piedad.
A los 9 años, mi padre sacrificó a mi madre a petición de los druidas.
Ella tenía sangre romana.
Al volver los romanos, los druidas decidieron que lo sacrificaran a él.
A Pellenor, quiero decir.
Los druidas eligieron a mi hermana y no a mí para reinar en su lugar.
Yo me creía parte de una profecía de Brenna, la diosa de la guerra,
y como eso no dio resultado, decidí volver a empezar.
Hui. Me cambié el nombre. Vine aquí.
Te conocí en el bosque.
Pero ¿qué coño dices?
No soy Rolf. No soy campesino. No sé nada del campo.
-No te creo. -Es verdad.
¿No sabes nada del campo?
¿Y cómo vendiste ayer un novillo que criaste por 20 piezas de plata?
Bien, eso es lo otro.
-No entiendo. -Las 20 piezas de plata...
-No las tengo. -¿Qué?
-¿Dónde están? -Me las gasté.
¿Te las gastaste?
-Anoche hubo una subasta. -¿Qué vendían?
La cabeza de mi hermana. Y la compré.
-¿Compraste la cabeza de tu hermana? -Sí.
¿Cuánto pagaste por ella?
Veinte piezas de plata.
-¿Y nuestro hijo? -Lo siento mucho, Bridget.
Lo siento mucho.
Intenté huir, escapar de mi destino.
Pero anoche, en el mercado, comprendí algo por primera vez.
¿Qué comprendiste?
Los druidas me dijeron que todos tenemos un destino,
que debo buscar el mío, que hay una luz
y debía buscarla para protegerla y ayudarla a ser un fuego ardiente.
Pero anoche tuve otra oportunidad. No fue eso, fue el destino.
Mi hermana o los dioses me dijeron que había algo que debía hacer.
¡Holt! ¡Ven aquí!
Compró la cabeza de su hermana y la tiene ahí en una bolsa.
Ay, no...
Escúchame bien. Te llamas Rolf. Eres el marido de Bridget.
Padre del pequeño Rolf. No eres un príncipe, no buscas nada.
Eres Rolf, el puto campesino.
-¿Cómo te llamas, chico? -Phelan.
-¿Cómo te llamas? -¡Soy Phelan!
¿Cómo te llamas?
¡Soy Phelan de los cantii!
-¿Cómo te llamas? -Soy Phelan.
¡Esperad!
Buenas noches, Rolf.
Buenas noches, Bridget.
Como Veran, tú eres el roble.
Como aspirante, tú eres el río.
¡Que hablen los dioses!
¡El aspirante ataca primero!
¡Que hablen los dioses!
La paz sea contigo, druida.
¡Soy el Veran!
¡Yo os enseñaré el camino!
¡Desafío!
¡Veran!
Adiós, principito.
Oh, hermana mía.
Ojalá tuviera la mitad de tu fuerza.
Pero no te fallaré, te lo prometo.
Haré lo que haga falta. Porque sé que hay una luz en este mundo.
Hay una luz...
¿Qué dicen?
-Dicen que eres el Veran. -¿Nada más?
Di la verdad.
Algún murmullo de artimañas.
De magia negra.
¿Y qué dices tú?
Yo digo que los dioses han hablado.
Déjame.
Buscamos historias, fábulas, milagros.
Se extienden rápido. Llevad plata, aflojad lenguas.
¿Una niña solitaria?
Quizá vaya con un maestro, un mentor, un grupo pequeño, seguidores.
¿Seguidores o discípulos?
Hombre.
No nos adelantemos a los acontecimientos.
Come una manzana.
Son deliciosas.
Eso es. Está buena, ¿no? Zampa.
-¿Quién eres? -El hombre de la manzana.
El hombre de las manzanas, el rey de las manzanas.
Me como las manzanas, caen las pepitas y crecen árboles.
Florecen y dan más manzanas.
Y yo te doy la manzana y tú te la zampas.
Zampa.
Despacio. No tan rápido o te ahogarás.
Eres el hijo del rey Pellenor.
Tu hermana, Kerra, ha acudido a ti esta luna, te ha encontrado.
¿Conoces al druida Veran? El que habla en nombre de los dioses.
-Sí. -Bien.
Quiero que hagas una cosa.
¿Cómo te llamas?
Perdona, he sido un grosero.
Llevo solo tanto tiempo que mis modales...
¿Cómo me llamo?
Me llamo Harka.
¿Y cómo encajas tú, Harka, exactamente en todo esto?
Soy todo esto.
Traducción: Raquel Pereda www.sdimedia.com
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