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Original subtitles

¿Quién será el primero?

Britania es una tierra maldita...

...gobernada por los muertos.

Dentro de unas horas...

...veinte mil hombres...

...zarparán hacia Britania.

¿Venís a ocuparnos?

A trabajar con vosotros.

No se lucha contra sus guerreros...

...sino contra sus dioses para derrotarlos.

¿Amenazas a los druidas?

¡Dioses de Britania, soy Roma!

Y por donde yo camino es Roma.

No os necesitamos.

No os queremos.

Retirarás tu ejército.

-¡Ve! -¡No!

Cómeme la raja.

¿Qué es un romano?

Son demonios. La infantería de Lokka.

El gran demonio de la Tierra.

Da miedo, ¿no?

-¿Cuál es la misión? -¿No es obvio?

Detener a los romanos. Enviarlos a su casa.

Matar al general.

Qué pregunta más tonta.

¡Fuego!

-Poderoso Lokka. -¡Avanzad!

Estamos creciendo.

¿Tienes idea...

-...del poder al que te enfrentas? -¡No!

¡Ven a buscarme, puta serpiente!

¡Cogedlos!

Los dioses no hacen tratos, Roma.

Los dioses no hacen tratos.

Es ella.

Espero que sea hija de un padre ciego.

Resulta que no eres un puto incordio de mierda.

Parece que estaba eq...

Que me equi...

¿Que te... equivocabas?

-Cierra la boca. -Gracias.

¡Apartaos de mi camino! ¡Fuera!

-¿Ya se ha muerto? -Aún aguanta.

-Atrae a una multitud. -No sé tú, yo me muero de hambre.

¿Lo rematamos y nos vamos a cenar?

Muerte en la cruz, son las órdenes.

-¿Y mis órdenes? -Ha pasado pronto.

-¿El qué? -Lo acordamos.

El que fuera tribuno no sería un capullo.

Sí. Vamos.

Hazle un favor al pobre.

¿Por qué seguís aquí?

¡No hay nada que ver! ¡Largaos!

¿Os gusta cómo ha quedado?

Todo piedra de la zona.

Lo mejor es que vengo aquí, me tumbo

y el mundo exterior desaparece.

Me encanta bañarme.

Este lugar era sagrado.

Estas aguas las calienta la poderosa Sulis.

Hace un trabajo excelente.

Es un día bendito, jefes.

Nuestro emperador, vuestro emperador, visita la provincia hoy.

-Confío en que vosotros... -Antes de hablar de tu emperador,

tenemos agravios que exponer, agravios importantes.

Desde luego.

Huelo a la vieja zorra desde aquí.

-Soy la reina Amena de los cantii... -Lo sabemos.

¿Qué quieres?

Honrar a tu madre, la reina.

Mi madre odiaba a los cantii. A ti a la que más.

Ha pasado una luna.

-Y sigue insepulta. -Esperamos a los druidas.

No os habéis enterado.

Los druidas nos han abandonado.

-Esfumado, dispersado en el viento. -Mientes.

-Te dije... -Cierra la boca.

Si no, ¿dónde están?

¿Por qué habla mal de los druidas la reina Amena?

¿Porque los dioses, ni en mil lunas, pondrían una corona sobre su cabeza?

Y si no fueron ellos, ¿quién la puso?

Un demonio romano. De seis metros de altura.

Que escupe fuego. Con una gran verga con escamas.

Un arenque para cada uno.

Y luego os vais.

Empezarán con los impuestos y luego os dejarán sin sangre.

Cierto, el impuesto de los romanos. Pero está pactado y negociado.

Que vengan. Adornaremos las murallas con su cabeza.

-Derog. -Mírate.

-Escuchando a una puta romana. -Se trata de nuestro futuro.

¡A la mierda el futuro!

Esta es buena tumbada bocarriba y nada más.

Cómete el pescado y vete. Tus mentiras me revuelven las tripas.

Nunca es fácil. Hermanos.

Soy como mi hermano.

¿Lo afirmarían los druidas?

Cuando llegue el momento. Que no llegará porque no vendrán.

No importa quién tire a mamá al mar.

Sino qué pasará luego, contigo, con tu tribu.

¿Quién harás que lo decida?

¿Un dios? ¿Un druida? ¿O tú?

¿Quién será el rey, Halwyn?

-Lo decidirán los dioses. -Halwyn.

¿Quién será el rey?

Tus soldados mataron a tres familias.

Estaban adorando a nuestro dios, Taranis.

Un asunto feo, gracias por sacarlo.

Para evitar esas confusiones, os he invitado.

Estas son nuestras tierras, nuestros dioses.

Ahora sois parte del imperio.

Sois libres de adorar a vuestros dioses como queráis.

Solo os pedimos que les pongáis un nombre romano, para reconocerlos.

Los nombres de los dioses son sagrados.

-¿Cómo se llama tu esposa? -Tiene cinco esposas.

-Con una me sirve. -Vanna.

Vanna.

Vanna llega una noche y te dice que ahora quiere llamarse Dudunda.

Sigue con la cara de Vanna, habla como Vanna

y te calienta la cama.

Este Taranis, ¿es el rey de los dioses?

Nuestro rey de los dioses es Júpiter.

¿Cuántos brazos tiene ese Júpiter?

Taranis tiene ocho. Y seis pollas.

¿Y Vulcano? Es digno de ver.

Feroz, muchos brazos. Equivaldría a Taranis.

-¿Tiene seis pollas? -Un momento, parad.

-¿Os estáis meando en mi baño? -No.

Tú sí, por la cara.

No.

Nadie se mea en mi baño.

Nadie.

-Lo juro por Taranis. -Dirás por Vulcano.

Lo juro por... Vulcano.

Eso es. No ha sido tan difícil, ¿no?

Perdóname, madre.

Idiota.

Rey Halwyn.

Bienvenido al futuro.

¿General?

Así no hallaremos a la niña.

Ampliaremos la búsqueda.

-Viene la caravana del emperador. -Gracias, decano.

Id a las aldeas, a todos los asentamientos del territorio.

Llamad a las puertas.

-¿Qué hago con las cautivas? -Líbrate de ellas.

-Reina Amena. -Prefecto.

Quiero cien jinetes al caer la noche.

Sí, general.

-Tienes un nuevo aliado. -¿Defed?

No, Derog. Derog de los démetas.

Halwyn de los démetas.

-¿No es el hermano tonto? -Ahora es el hermano útil.

Creí que íbamos a por Derog.

-Derog no servía para rey. -Es un guerrero, una leyenda.

Derog está muerto.

Eso inclina la balanza a favor de Halwyn.

Lo hará de maravilla.

¿Cien jinetes?

¿Perdona?

No he podido evitar oírlo.

Emocionante. ¿Hay algo en marcha?

Solo porque compartamos cama...

No estaba husmeando.

Solo lo digo como aliada tuya. ¿Te ha disgustado alguien?

¿Cabalgarás para quemar su aldea?

¿Quién, yo?

Me malinterpretas, majestad.

Busco algo.

Algo que me pertenece.

Algo que quiero desesperadamente.

¿Y qué quieres desesperadamente?

Te diré lo que no quiero ahora.

Emperador Claudio, bienvenido a Britania.

Espero que el viaje haya sido bueno.

El país entero es un retrete.

-¿Y tu médico? -¿Médico, señor?

Sí, hombre. Un doctor.

-¿Se siente mal mi emperador? -Digno de un dios, dijeron.

Esa bestia gorda tiene un espinazo como un ariete.

He subido cinco putos minutos.

Tengo temblores, voces, la cabeza ardiendo

y almorranas hasta los pies.

¡Comandante! ¡Un médico! ¡Ya!

¡Puto Júpiter!

-Ten cuidado. -Hago todo lo que puedo.

Vamos, ¿qué me he perdido?

Los cantii y los icenos están pacificados.

Los rebeldes huyeron al norte, la novena se anexionó tribus afines.

Mis disculpas, César.

El control de Britania se extiende de la costa sur

a Lindum Colonia al norte y montes occidentales.

-Entretanto, los atrebates... -¡Joder!

Este culo está acabado.

Me planteo cerrarlo y abrir uno nuevo cerca.

Casi dos mil kilómetros, una puta provincia tras otra.

No creí que las cambiaría todas por este lugar.

En el panteón de Agujeros de Mierda, Britania está en lo alto.

Britania es extraña, señor.

Al principio piensas: "Es un poco rara".

Pero poco a poco, muy despacio, le coges el gusto. Paciencia.

A tomar por culo.

¿Qué es esto?

Los lugareños desean consagrar un templo en tu honor.

-¿Eso es todo? -De momento sí.

Domicio, apunta esto.

El templo, labrado en mármol,

400 por 800 putos codos de los cojones,

-adornados con plata y alabastro. -Sí, César.

¿Por qué no está terminado? Llevas aquí dos años.

La invasión es más ardua de lo previsto.

El camino a la gloria es largo.

Hablando de caminos largos, vuelves a casa.

¿Señor?

Quiero mostrar mi triunfo: la conquista de Britania.

Tú eres mi mascota, el chico de oro. Un buen espectáculo, lo disfrutarás.

-¿Debo volver a Roma? -No pareces agradecido.

Desde luego que sí, César, pero...

-La resistencia aquí aún... -Sin peros.

Tu trabajo aquí ha terminado.

Felicidades. Vuelves a casa.

¿Quién es?

La reina Amena de los cantii.

Una de las aliadas más leales y obedientes.

César, mi señor.

Es un honor.

Ahí está. Mi casa de plata.

Al menos hay algo acabado.

-¿Cómo estoy? -Imperial.

Divino, mi señor.

Vamos, reina Amena. Divino es un poco fuerte.

-¿No eres un dios, César? -Claro que soy un puto dios.

Ya me has visto. Estaba en un elefante.

Parecías celestial.

El emperador debe entender que debo quedarme cuando él se vaya.

El emperador es firme.

Eres vital para su triunfo, la joya de la corona.

Muy halagador, pero no habrá triunfo si no me quedo aquí.

-¿Y por qué? -Por los druidas.

¿Los druidas?

-Los druidas, señor... -Son la fuerza de esta tierra.

-Controlan corazones y mentes. -¿Cómo?

-Con magia. -¿Magia?

Da igual que no sea real.

La gente lo cree y matará por ello.

-He entablado relaciones... -¿Quieres ver magia?

¿Ves esto? Solo es un metal brillante.

Pero todos creen en él.

Se matarán a trabajar.

Traicionarán a amigos. Matarán.

Tengo más legiones que ningún otro emperador.

Pero mi mejor arma...

Habla de magia en el Senado.

Le añadirá emoción a mi triunfo.

Nada.

Se queda ahí sentado.

Vamos, no hay que molestarlo.

Bailamos para que Veran oiga la voluntad de los dioses, y nada.

Debemos esperar a que violen los bosques, la tierra, el desierto.

-¿Cuándo le hablarán? -¿Dudas de Veran?

¿Tú nunca dudas de Veran?

¿Por qué liberó a la niña?

La teníamos.

Podríamos haberla protegido, educado.

Habría crecido fuerte. Y ahora ¿dónde está?

Ahí fuera, sola con un loco, con Pwykka.

Hice recorrer a mi gente más de 300 kilómetros.

¿Por qué soltó a la niña, Willa? ¿Por qué?

Me odiaste cuando llegué.

Eras un incordio, una cría mimada.

-¿Eras una diosa o una princesa? -Estaba confundida.

Sigues confundida.

Estas no avanzan. Van hacia atrás.

Puedes hacerlo mejor. Concéntrate.

El segundo hombre ha vuelto.

Durante cinco lunas, nos reunimos para saber la voluntad de los dioses.

¡Es la hora!

Hora de que los árboles se conviertan en flechas.

Las piedras, en puntas de lanza.

Las praderas, en lagos de fuego.

La luna encontrará a Lokka donde se oculte.

Y el sol le abrasará los ojos.

He llegado la hora

de que luchen los druidas.

Hay alguien que recorre esta tierra enviado por los dioses. Una niña.

Esta tierra solo se salvará gracias a ella.

Debe superar muchas pruebas.

Pero si ella es la niña de los dioses,

será más fuerte que los reyes,

más sabia que los druidas,

y nos llevará a la luz.

Se ha recompensado nuestra fe.

Vemos el camino verdadero.

La verdad es...

...que nunca sentí tanto miedo.

Antes he entrado en la cueva de Veran.

Ahí, en el suelo...

...he visto algo.

¿Qué has visto?

Estaba dibujado en el polvo.

¿Quane?

Quane, dímelo.

Una serpiente.

Con la señal del Hombre Muerto.

Ya están los jinetes.

Los cien.

Que se retiren hasta la mañana.

Tengo problemas mayores.

Reina Amena,

¿por qué no nos cuentas más de los druidas?

-Los que tanto teme el general. -Los druidas son putas.

-Su tiempo se acabó. -¿Ves, general?

-Y ella sabe de qué habla. -Ejercen poder sobre los rebeldes.

Si ese poder encuentra un objetivo, Domicio escribirá otra historia.

¿Me tomas por un escribano, general?

No soy escribano.

Entonces ¿qué eres, Domicio?

Su padre es un senador muy poderoso.

-Acabo de ganar una apuesta. -Hombre, general.

Él es mis ojos y mis oídos.

Ten cuidado con él.

Míralo. Retorciéndose como un calamar.

A mis generales les encanta creerse especiales.

Como toros premiados.

Pero tienen anillos en la nariz, para que tire de ellos.

¿Qué te parece mi toro premiado, Amena?

Aulo es un gran hombre.

Pero no un dios, ¿eh?

César, te ruego que reconsideres mi destino.

La suerte de la ocupación está en juego.

He librado muchas batallas por el imperio.

La auténtica batalla no siempre se entabla en el campo.

Derrota cien ejércitos. Somete un continente.

A veces,

solo hay que temer a un hombre.

El que puede revolver a los muertos,

derrumbar templos,

desplazar los pilares del tiempo.

Ahí está el auténtico peligro.

Créeme, sé de lo que hablo.

¿Recuerdas el Gólgota, general?

El lugar de los cráneos.

Hace diez o quince años.

Lo recuerdo.

¿Por qué?

Debo decir, general, que eres todo un misterio.

Estamos en un pozo húmedo y gris del infierno, en el fin del mundo...

-Sin ofender. -Nada.

Y luchas como un poseso por quedarte.

¿Qué le retendrá aquí, Amena?

Por volver a casa, general.

-Por volver a casa. -Por casa, César.

Te mostraré un poco de casa.

Siéntate, niña.

Debemos prepararnos para dejar este lugar.

Ahora que los dioses han hablado, no hay tiempo que perder.

-Deberías dormir algo. -Llevo meses dormido.

Me gusta oler el aire. La brisa.

El viaje que se avecina es un viaje a la oscuridad.

Quizá no sobrevivan los druidas.

Pero debemos lograr que prevalezca la luz.

Veran...

¿Viste algo más?

¿Qué quieres decir?

Otras visiones, otras...

...señales.

El camino solo se le revela a Veran.

-Y Veran revela el camino. -Sí, claro.

¡No hay camino de vuelta! ¡Habla, niña!

Quane ha dicho que vio algo

dibujado en la tierra.

Una señal.

Quane se equivoca.

No había ninguna señal.

¿Digno de un emperador?

Desde luego que sí.

-¿Y de un dios? -Anda, ya conoces las nuevas reglas.

El Senado no nos puede oír aquí.

Yo lo sé, tú lo sabes. Los dioses lo saben.

Eres divino.

Sigue, te reto.

De acuerdo, pues.

Soy un dios.

Más alto.

¡Soy un dios!

Los cojones.

-¿Perdona? -Un brindis.

Por tu divina victoria.

Por mi divina victoria.

Pero, verás, no es tu victoria.

No es tu victoria porque no es tu guerra.

¿Qué has dicho?

¿Problemas de oído?

-¿De vista? -He bebido mucho, me ha sentado mal.

Te he envenenado el vino.

Tranquilo.

No te asustes.

Pronto caerás dormido.

Pero antes, que sepas esto.

No eres un dios.

Eres un gordo baboso e incapaz.

Un suplente.

No me siento bien.

No sabes a qué juegas,

dónde estás ni quién eres.

Las fuerzas que participan aquí. Impuestos, desfiles de la victoria.

¿Crees que me mueve eso?

Yo lucho otra guerra.

La Última Guerra.

Y en esa guerra, mando yo.

Y siempre mandé.

Me voy a presentar.

Soy el infierno.

Por donde yo camino, es el infierno.

¡Guardias!

-¡Dejadlo así! -Sí, general.

-Cerrad el perímetro, nadie saldrá. -Sí, general.

-¿Qué pasa? -Han envenenado al emperador.

Para. ¡Lo matarás!

La señal de la serpiente.

Hace diez mil años que no se ve.

No lo entiendo.

¿Por qué mentiría Veran?

¿Me oyes?

¿Me oyes, hermano?

¿Me echabas de menos?

Pues he vuelto. Y ahora escucha con mucha atención.

Yo la encontraré.

Deberíamos habérnosla quedado.

La habríamos protegido.

Solo es un corderillo.

Aún no está lista.

Nuada, diosa del cielo, reina del viento.

Tu humilde novicia está ante ti.

Después de observar los 99 ritos.

Las siete libaciones.

Susurró con la brisa.

Llévala al aire Sería como los pájaros

Caminaría por el viento

Admítela, Nuada

Es para hoy.

¡No!

¡No!

Mierda.

Traducción: Raquel Pereda www.sdimedia.com

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