All language subtitles for La muchacha de la quinta avenida.(1939).(DvdRip.Xvid.Dual).(Subs.Es).mercedes

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Original subtitles

LA MUCHACHA DE LA QUINTA AVENIDA

Se equivocan.

Ya no somos una empresa de 10 millones de dólares.

Somos una empresa de 10 millones que se hunde.

Ya lo hemos hablado. Estamos al borde de la bancarrota.

He hablado con los trabajadores y quieren evitar la huelga.

Si pueden. ¿verdad, Joe?

No les quedará otro remedio si los sindicatos no se unen.

-Eso es. -Stanton no debe entrometerse.

¿Por qué no lo someten a votación?

-Nosotros llegamos antes. -venceremos.

Eso cree usted.

-Nos quiere atar a un sindicato. -El contrato lo impide.

Ya le hemos concedido a su grupo las 44 horas

Stanton también quiere las 44 horas.

-Exacto. -¿Y eso nos arruinaría?

Nos llevará a la antigua escala salarial.

No lo aceptaremos.

Al final, nos faltará capital operativo.

Ya lo ganaron el año pasado.

-Casi todo se gastó en impuestos. -No es nuestro problema.

El Sr. Borden desea mantener la fábrica a flote.

Algunos empleados llevan aquí 20 años.

O conseguimos capital o nos hundimos.

No tenemos superávit.

¿Y si emitiéramos bonos?

La Comisión de valores nos lo impediría.

O los accionistas.

Escuchen, estoy abatido y confuso. La Comisión, resquemores...

Por hoy he tenido bastante. Nos vemos la semana que viene.

Presentaré su informe, pero no creo que logremos nada.

No pretendemos apropiarnos de su negocio.

Ya, pero tampoco dejan que yo me haga cargo de él.

Que tengan ustedes una buena noche.

Joe, diles a los chicos que seguiremos luchando.

No sé cómo, pero bueno. ¿La señora bien?

Sí. Cuando los chicos terminen el colegio, nos iremos de pesca.

-Dales recuerdos. -Gracias.

¿Algo más antes de irme?

-¿Puedes aguantar otra mala noticia? -Adelante.

Hacienda ha rechazado nuestra solicitud de devolución.

Qué alegría. Por lo menos nos queda la cuenta de Hershey.

-¿Tenemos ya sus contratos? -Su hijo se encarga.

Es una cuenta segura. La tenemos hace 20 años.

-Ya no. -¿Qué? ¿Cómo ha dicho?

Es que pidieron un presupuesto,

y como su hijo no estaba, se lo dieron a Acme.

-¿Y no hiciste nada? -Dijo que nos desentendiéramos.

¿Está mi hijo aquí?

No ha venido en toda la semana. Ha estado jugando al polo.

¡Al polo! Por hoy hemos terminado. Estos nervios... Debo irme a casa.

-¿Srta. Watson, está aquí mi coche? -Sí, señor.

-Gracias. Buenas noches. -Buenas noches, Sr. Borden.

Buenas noches.

¿Tiene un momento, señor?

Si tiene algo que ver con la empresa, ahórreselo.

Es por su cumpleaños. Es un pequeño detalle.

vaya, muy amable de su parte. ¿Le importa si lo abro?

-Si usted quiere... -Caramba, qué detalle.

-No es para tanto. -Es preciosa.

vaya, es una nota de color en un día negro.

-Espero que no sea muy llamativa. -No, no quería decir eso.

Es formal y se lo agradezco. Buenas noches.

-Buenas noches. -Buenas noches.

vaya, Michael, huele a primavera.

Sí, señor. Eso lo podemos disfrutar hasta los pobres.

Cumpleaños feliz, cumpleaños para mí. . .

-Buenas noches, Higgins. -Buenas noches.

-Hoy llega antes, señor. -Bueno, una vez al año no hace daño.

Cierto, señor.

-Hoy cenaremos todos juntos, ¿no? -Me temo que no, señor.

La señora hoy cena fuera, su hija en una fiesta y necesita el coche.

-Y del señorito no sé nada. -Yo sí. Está jugando al polo.

-¿Está usted bien, señor? -Sí, eso creo.

-Será la fiebre primaveral. -Quién sabe.

-Esta tarde, en el parque, la sentí. -¿Qué parque?

-El Central Park. -Ah, sí, el de aquí al lado.

Ha llegado una carta para usted.

Hoy hacía un día estupendo. Ya empiezan a brotar los arces.

¿A qué?

A brotar. Salen los... capullos. Es divertido observar la naturaleza.

-¿Ah, sí? -Sí, yo lo disfruto.

-¿Y tú ves salir las flores? -Algo así.

Pero no explotan delante de ti como las palomitas, ¿no?

Qué va.

-¿vas a menudo? -Siempre que puedo.

Hay gente que va a ver a los animales,

otros a remar al lago, pero yo prefiero las plantas.

Si a ti te gustan, deben de ser bonitas.

OFICINA DE RECORTES DE PRENSA NUEVA YORK

10 DE ABRIL DE 1939

¿Qué señorona de la 5ª Avenida va camino de Reno con un playboy

mientras su marido mantiene los surtidores a flote?

Estimado Señor: Le invitamos a suscribirse.

¿Malas noticias, señor?

-¿Seguro que está bien? -Siéntate, Higgins.

Pero señor, tengo que...

-¿Soy una mala persona? -No, señor. No que yo sepa.

-No doy miedo, ¿verdad? -No, para nada.

¿Crees que mi familia me tiene miedo?

-¿Qué dice, señor? -Siéntate.

Higgins, me preguntó por qué y para qué trabaja la gente.

-Yo también, señor. -vaya, ¿tú también?

Sí, señor. Al fin y al cabo, ¿qué se obtiene a cambio?

Eso es. Siéntate.

-Pero no estoy cómodo. -Tú siéntate. Yo estoy incómodo.

¿Y eres feliz con sólo mirar a las plantas?

No, no sólo eso. Mi trabajo aquí es muy gratificante.

-¿Por qué? -Si le soy sincero... ¿Puedo?

Por supuesto.

Pues los sirvientes disfrutamos de los lujos de los ricos,

pero sin responsabilidades.

Ya veo. ¿Cómo se llama el árbol ese del... ?

El arce. Hay varios alrededor del estanque de las focas.

-¿Qué mira ese señor? -Qué más da. venga.

-¿Y si es una ardilla? -Ya has visto bastantes.

Mira esas aletas. Hace siglos eran manos.

Después se convirtieron en aletas, porque estaban siempre en el agua.

-Tienen un aspecto peculiar. -Quizás ellas opinan lo mismo.

Sí, quizás nosotros somos los peculiares.

No se equivoque, señora. Son muy inteligentes.

-¿De veras? -Parece que lo están pasando bien.

¿Siempre nadando en círculos con su abrigo de piel?

La piel de estas focas no se usa.

-¿Ah, no? -Son un género distinto.

-¿Y qué más? -Ese de allí es un macho.

-Es más grande. -Así que la hembra es más pequeña.

Eso es. Y su color es más claro.

Ya, así que los machos son más oscuros...

y ruidosos.

Las focas se encuentran sólo en determinadas islas.

Su ladrido es un estruendo incesante.

¡Caramba, y yo sin saberlo!

Quizá salte si le tiro una galleta.

No, señora. Se alimentan de peces, moluscos y crustáceos.

-¿Tiene un arenque? -No, me ha pillado de improviso.

Me alegro de que me lo haya contado. Ahora ya sé cómo vive la otra mitad.

-Gracias por la información. -No hay de qué.

No se lo he podido decir en presencia de la dama,

pero mientras que la foca común es monógama,

las morsas y otros fócidos son polígamos.

-Está bien saberlo. -Pocos conocen ese dato.

Me alegro de ser uno de ellos.

-¿Tiene algo para las palomas? -Marchando. ¿Una? ¿Dos?

-Dos. -20 centavos.

-Quédese el cambio. -Gracias.

-¿Le importa si me siento? -Es un banco público.

El amigo parecía entender de focas.

-Son simpáticas las palomas, ¿eh? -Es que tienen hambre.

Yo tenía palomas de pequeño. Incluso llegué a tener dos tórtolas.

Son muy divertidas. No guardan el equilibrio.

vaya, qué pena.

-Oiga, ¿no creerá que la he seguido? -¿Por? ¿Acaso va usted de paisano?

¿Que si voy de... ? ¡Ah, que si soy policía!

-Si lo es, yo no he hecho nada. -¿Es que lo parezco?

Podría serlo.

-¿Conoce Surtidores Asociados? -¿Surtidores qué?

Asociados. Bueno, no sé por qué lo he mencionado. No es agradable.

-¿Y por qué habla de ello? -Es verdad, ¿por qué?

Ya he tenido bastante con las focas.

Le hablaré con franqueza. Confieso que la he seguido.

Me sentía solo, usted habló conmigo junto al estanque...

-¿Sabe? Hoy es mi cumpleaños. -El primero siempre es el mejor.

-¿No va a estropear su cena? -Esta es mi cena.

-¿Está a dieta? -Sí, pero contra mi voluntad.

No creo que eso la sacie.

Si me meto en el estanque, a lo mejor alguien me tira un pez.

-¿Tiene trabajo? -¿Y quién lo tiene?

-No parece preocuparla. -Es que no me preocupa.

Tengo 5 dólares en el bolsillo y el alquiler de la semana pagado.

-Y después, ¿qué? -No sé. Ya saldrá algo.

-¿Y si no sale? -Siempre me queda el parque.

-¿Sería capaz de dormir aquí? -¿Qué tiene de malo?

-¿Y dormiría tan tranquila? -Parece una momia de la 5ª Avenida.

-¿Que parezco qué? -Esa gente de allí, los millonarios.

¿Y cómo hablan ellos?

Se pasan el día graznando mientras el país se va a pique.

-Ellos también tienen sus problemas. -¿Qué problemas?

Cuando pasan por el Plaza parecen muñecos de cera

con un empacho de pepinillos.

¿No está siendo un poquito cruel?

-¡Me revuelven las tripas! -A mí tampoco me caen bien.

Oiga, tengo una idea. Ya le he dicho que hoy es mi cumpleaños.

No es el mío.

¿Le parecería una osadía que le pidiera que me ayudara

-a celebrar mi cumpleaños? -¿Celebrarlo, cómo?

-Podríamos ir a cenar. -¿Adónde?

-Al Club Flamingo, por ejemplo. -Al Club Flam... ¿Ese tan elegante?

La gente que va se lo pasa bien. Es bastante caro.

-Se burla de mí, ¿verdad? -En absoluto. Quisiera ir con usted.

Y a mí, pero me conformo con coger algo en la expendedora.

¡Por favor, hoy es mi cumpleaños! Podríamos insultar a los ricos.

¿Seguro que no se irá y me dejará con la cuenta?

No, tengo dinero. Mucho dinero.

Una vez que salí con un extraño se fue a llamar y no volvió.

Tenga. Quédese usted con el dinero.

-No quiero que piense que yo... -No, ni mucho menos.

¿No querría que alguien me vigilara?

-Creo que puedo fiarme de usted. -Pues gracias.

Fantástico. vamos a cenar.

Creo que moriré si ceno comida de verdad.

Aunque mejor intoxicarme de comida que de otra cosa.

-Caballero, ¿qué miran en ese árbol? -No lo sé. Yo no logro ver nada.

-¿Qué mira esta gente? -No tengo ni idea.

Escucha mi canción de amor, cielo, te lo ruego.

La noche cae, el amor nos llama al son del romanticismo.

Una pareja de estirados.

Buenas noches, señores. ¿Tienen reserva?

-No, pero... -¿Y esas mesas de ahí?

Están reservadas, señora. ¿Podrían aguardar en la barra?

-No, queremos comer algo. -Lo siento, señor. No tenemos mesas.

-Buenas noches, Pierre. -Buenas noches, Sr. Pape.

-¿Hay mesa cerca del escenario? -Por supuesto.

Magnífico. Tenemos una mesa cerca del escenario.

Deberíamos ir a casa y vestirnos de domingo.

Le sugiero que pruebe a darle 10 dólares.

-¿Para qué? -Al caballero le ha dado resultado.

Es su dinero... ¿Es que los cultiva?

-¿Nos dará una mesa ahora? -Gracias.

Creo que puedo conseguirles una.

Casi se me lleva el brazo.

Acaban de cancelar una reserva para la mesa 4.

Ah, muy bien. Por aquí, por favor. Una de las mejores mesas, sin duda.

Esto le va mal a mi sangre escocesa. Deberíamos poder llevarnos

la mesa, las sillas a casa y quizá hasta los cubiertos.

-Hay bastantes momias de las suyas. -Están vestidas para un velatorio.

-¿Todo a su gusto? -Sí, perfecto.

Oiga, queremos lo mejor. Hoy es mi cumpleaños.

Muchas felicidades. ¿La carta de vinos?

-¿Qué desea como refrigerio? -¿Cuánto va a costar?

-No se preocupe por eso. -¿Puedo sugerirles un Monet del 28?

-¿Y eso qué es? -Es un Cheviot del 26.

-¿Quiere probarlo? -Seguro que es carísimo.

Es mi cumpleaños. Traiga champán para todos.

-¿Para todos los presentes? -No lo dice en serio.

Pues claro que sí.

No seré yo quien se lo impida.

-Hay mucha gente en el local. -Tenemos dinero.

-No he querido ponerlo en duda. -No habrá querido, pero lo ha hecho.

Que sirvan a los que ya están aquí. A los que lleguen, nada.

Como usted guste, señora.

-Le diré cuatro cosas antes de irme. -No insulte con el estómago vacío.

-¡Qué bueno está! -Delicioso, ¿verdad?

-va muy bien con las manzanas. -Tome otra copa.

¿Por qué no? Cada sorbito es como beber seis pares de media de seda.

¡Pero las medias no se beben!

¿Sólo es su cumpleaños o también celebramos la Navidad?

Sólo es mi cumpleaños, pero lo pasaremos de maravilla.

¡Por descontado!

-¿Y los 1 5 millones de desempleados? -Querida, no podemos hacer nada.

O el gobierno se ha entrometido demasiado en los negocios

o los negocios en el gobierno.

-Wall Street ha hablado. -¡Usted! Deje en paz al gobierno.

-Perdón, ¿cómo dice? -No le hagas caso.

Cállese, vejestorio. vejestorio de la Guerra Civil.

-¿va todo bien? -Dígale que deje en paz al gobierno.

Si le doy en la nuca, ¿le saldrán murciélagos del bigote?

-La gente me molesta. -A mí también.

A mí también. ¿A quién molesta? ¿A usted o a mí?

-Supongo que a los dos. -Pues bailemos.

Muy bien. vamos a bailar.

-¿Y esto? No hemos pedido champán. -Gentileza de aquel caballero.

-Creo que celebra su cumpleaños. -Pues vamos a ayudarle.

-¡Qué detalle! ¿Qué caballero es? -Aquel de allí.

-¿Algún problema? -No, ninguno.

-¿A quién saluda? -A una amiga. Perdone, ahora vuelvo.

-¿Quién va a pagar todo esto? -EI caballero de allí invita, señor.

-¿Qué haces aquí? -Celebro mi cumpleaños.

-Vete, por favor. La gente nos mira. -Quiero conocer a tu acompañante.

-Sr. Hopkins, mi marido. -Encantado.

-Sale mucho en los periódicos. -No seas grosero.

-Enhorabuena, tiene muy buen gusto. -Siento no poder decir lo mismo.

Si lo desean, pueden unirse a nosotros. Lo pasaremos bien.

Ojalá hubiera estado conmigo.

Quería insultar a cierto caballero y no se me ocurría nada.

No sé por qué, pero ya me cae bien todo el mundo, incluso él.

Gracias. Gracias.

¡Le deseamos todos, cumpleaños feliz!

Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz,

le deseamos todos. . .

-Buenos días. -Buenos días, querida.

¿Estás como para hablar de unos asuntos de suma importancia?

Es que ahora tengo que ocuparme de unas cosillas...

-Ya me imagino. Tu ojo, por ejemplo. -Un pequeño incidente.

El periódico da todo lujo de detalles.

Bueno, es que era mi cumpleaños.

¿Y es eso excusa para pelearse en una sala de fiestas?

¿Cómo voy a mirar a mis amigas tras esto?

-¿Quién era esa mujer? -¿Qué mujer?

-Que quién era. -Una chica muy agradable.

-La conocí en el parque. -Me imagino qué clase de chica es.

No entiendo a qué viene el revuelo. Fue algo inocente.

-¿Inocente? ¿Hace cuánto la conoces? -¿A la Srta. Grey?

Te lo explicaré en pocas palabras. Ayer era mi cumpleaños...

-Ya, eso ya me lo has contado. -Y me sentía muy solo.

La encontré en el parque. No la había visto nunca,

y probablemente no la vuelva a ver jamás...

Buenos días. Menos mal que sigue aquí.

Ya pensaba que no le vería.

Srta. Grey, esta es mi mujer, la Sra. Borden.

Me alegro de conocerla.

-Pero ¿de dónde ha salido? -He bajado las escaleras.

-Ya, pero ¿cómo llegó a subirlas? -¿En serio que no se acuerda?

-Sólo de algunas cosas. -¿Está enfadada la Sra. Borden?

-Eso parece. -¿Conmigo?

-Creo que con los dos. -Entonces será mejor que me marche.

-No. No se vaya ahora. -No veo mejor momento.

Es que me gustaría saber cómo llegó usted aquí.

-Y cómo llegué yo. -Pues es todo muy borroso.

-Tal vez Higgins pueda ayudarnos. -No sé cómo no puedo acordarme.

Este lugar tiene ese efecto. Cuanto menos lo ves, más te gusta.

A mí me asusta.

veamos, Higgins, ¿estabas despierto cuando llegamos anoche?

Completamente, señor.

¡Él también tiene uno! Pero el suyo tiene un color más bonito.

-Le ruego disculpe mi aspecto. -¿Cómo te lo hiciste?

-Es igual. ¿Y el desayuno? -Ya está listo, señor.

Ayer fue una velada estupenda. Pero ahora tengo que marcharme.

No, antes debe desayunar algo. Además, necesito su consejo.

Yo me aconsejo largarme ya.

-Siéntese. -Tiene usted familia numerosa.

La verdad es que no tengo familia.

Si no celebro otro cumpleaños en años, no me importará.

Lo pasamos muy bien. Hasta puse un dólar de mi bolsillo.

-No tenía por qué hacerlo. -Por eso discutimos con el taxista.

-¿Se acuerda? -¡Cómo olvidarlo!

¿Qué pasó con el taxista?

-Fue mejor que con el policía. -¿Qué policía?

Se calmó cuando usted dijo que defendería

-a Miss América con su vida. -¿A quién?

-A Miss América. -¿Y no ocurrió nada más?

Usted se quedó muy callado cuando se cayó por las escaleras.

Pidió que acomodaran a Miss América en la habitación de invitados.

-¿Miss América? ¿Había alguien más? -No, yo era Miss América.

Disculpa si te puse en una situación incómoda, Higgins.

En absoluto, señor. Me agradó verle de buen humor para variar.

El hematoma es lo de menos.

Bueno, anoche ya pasó. Esta mañana ha sucedido algo.

Es la primera vez en años que mi mujer me presta

la más mínima atención y usted tiene que ver en ello.

-Ya me imagino. -Usted dijo que algo saldría, ¿no?

Bien, pues ¿qué opina si le ofrezco un trabajo en esta casa?

-¿Qué trabajo? -Ya se nos ocurrirá algo.

Sé que los ricos no le caen bien, pero yo no soy capitalista.

Soy una víctima del capitalismo.

-Si usted lo dice... -Yo jamás deseé todo esto.

No tengo la culpa de haber inventado un surtidor.

Sólo le pedía a la vida pasarlo bien y tener una familia.

Y ahora no tengo familia y no lo he pasado muy bien.

Hasta anoche.

-¡Adelante! -¡Este lugar es fantástico!

Katherine, ¿de veras que aquí vive gente?

-Yo vivo aquí. -¡Parece el Palacio de Buckingham!

-¿No nos echarán? -No.

¡Qué frío! ¿Y los licores?

No tenías que haberte tirado a la piscina.

-Me han empujado. -vale, Skippy. Ahora te secamos.

Lo des vestiremos para que se seque.

Dejadlo, hay gente delante.

Tranquilo, es mi padre... con alguien más.

Le tiraron a la piscina en la fiesta de Wanda.

Skippy se ha tragado un pez.

-¿Qué va a pensar tu padre? -A nadie le importa.

No te preocupes. Como si estuvieras en tu casa.

Te secarán y plancharán esto.

-¿Estaba sabroso el pez? -No mucho..

Usted también haría locuras en la universidad.

Una vez comí anguilas vivas.

¿Cómo es posible? 50 mil dólares por una puesta de largo.

50 mil para presentar a una mema en una sociedad de memos.

-¿Habláis de Wanda? -No, no.

Es tonta. ¿Secarás y plancharás esto?

Nunca he planchado unos pantalones.

-Ya aprenderás. Y esto también. -Esto ya es el colmo...

Michael, ¿me traes dos botellas de champán?

-Estoy desayunando. Tengo derecho. -Por favor, siéntate.

No se me permite sentarme en presencia de...

En presencia de escoria capitalista.

-Yo no he dicho eso. -Pero lo piensas.

No se me permite pensar. Paso la noche en la puerta de un hotel

mientras los capitalistas se emborrachan.

¡Cállate, Michael! ¡Siéntate y come! Él y sus palabrejas. Siéntate.

-Quizás si duermes un ratito... -No se me permite dormir.

Tú sólo dame cuerda, como a un juguete.

-No pretendía ofenderte. -Los ricos se lo pueden permitir.

Un día se alzará el Sansón del proletariado

y derribará las columnas del templo, y sus muros se desplomarán.

Eres maravilloso.

Michael habla demasiado.

-A mí me gusta escucharle. -No dejes ni gota.

No son para mí. Es una medicina para Skippy.

-Se ha tragado un pez. -¿Medicina?

¿Sabes que en EE. UU. hay 40 millones de personas cuyos ingresos

no llegan a 12 cajas de esto?

El 78% percibe menos de 25 cajas y el 67% de ese 78 debe pagar

sus medicinas prescindiendo de sus necesidades básicas.

Gracias. Intentaré recordarlo.

-Mirad lo que traigo. -¿Qué haréis con eso?

Se lo voy a dar al pez de Skippy. vamos a mi habitación.

Seguidme al ascensor.

¿Siempre se encuentra con cosas así?

Esto le dará una idea de cómo afecta el desempleo a la clase alta.

-Le llaman de la oficina. -Maldita oficina.

-Yo creo que me voy a ir... -No, no se vaya.

vuelvo enseguida.

-Hola, mamá. ¿Qué sucede? -Lee, segunda columna.

¿No te han llegado rumores de tu padre?

Rumores, sí. Pero no acerca de papá.

Eso resultaba innecesario.

Parece que lo pasó en grande. Qué pena habérmelo perdido.

-¿Salió sano y salvo? -Sólo un ojo morado.

Pero no tiene gracia.

-¿Y esta rubia de la que hablan? -Ha pasado la noche aquí.

-¡venga ya! -En la habitación de invitados.

Pero ha pasado la noche aquí. Échala.

-¿Y por qué yo? -Tú tratas con este tipo de mujeres.

Bueno, haré lo que pueda. Pero igual me suelta un puñetazo.

Y dile a tu padre que quiero verle en el estudio ahora mismo.

-Buenos días. -Buenos días.

-Soy el hijo del Sr. Borden. -Ya, su padre me habló de usted.

Bien, vayamos al grano. ¿Hace cuánto que conoce a mi padre?

Hace mucho. Desde ayer por la tarde.

-¿Le conoció ayer mismo? -En el parque.

-Una dama de compañía. -Nada más lejos de la realidad.

-¿Y cuál es la realidad? -Amor a primera vista.

No me haga reír. Mi padre es un hombre mayor.

La edad no importa si los sentimientos son sinceros.

¿Y el dinero? ¿Importa?

-Bueno, ayuda. -Por fin nos entendemos.

Mire, ¿sabe usted lo que es esto?

-Un billete de 50, ¿no? -Exacto, de 50.

Es auténtico. Se ven las venitas y todo.

Le apuesto esos 50 a que sale por la puerta antes de que cuente 10.

-Está bastante lejos. -Puedo contar hasta 20.

No, no creo que pueda. Mi reuma me está dando guerra.

-Dicen que juega al polo... -¿Y eso qué tiene que ver?

-Nada, pero me sorprende. -¿Qué le sorprende?

Que los caballos tengan más modales que las personas que los montan.

-¿Ha tomado ya una decisión? -Me han hecho alguna otra oferta.

-Pero me quedo con la suya. -Estupendo. Se instalará enseguida.

vamos a concretar los detalles.

-¿va a vivir aquí? -Ah, hola.

¿Quién ganó el partido de polo?

¿QUÉ SE ESTÁ COCIENDO EN LA QUINTA AVENIDA?

Aquí tiene un informe completo sobre el estado del negocio.

No es nada alentador. ¿Quiere echarle un vistazo?

Me da escalofríos. Tim, léelo tú.

-Yo no entiendo de surtidores. -Tienes un despacho a tu nombre.

Los surtidores le han vuelto majara.

-No quiero ser el siguiente. -Pues algo hay que hacer.

Los empleados se fundirán el excedente.

-¿Cuándo hablasteis por última vez? -El miércoles.

Al día siguiente de indisponerse.

Se negó a cerrar la fábrica.

Dijo que debía compartir su fortuna con sus empleados.

-Muestra de su trastorno. -El fin del capitalismo.

-No sabes lo que dices. -¿Y qué?

El fin se acerca.

-Siéntate. -Puede que no sea el fin,

pero si el Sr. Borden no retoma las riendas,

será el fin de Surtidores Asociados.

¿Por qué los hombres tienen que pasar de los 50?

Michael dice que eso no tiene cura.

-Deja de burlarte. -Lo digo en serio.

A su tío se le agrió el carácter a los 50.

Haberle pegado un tiro.

Le daban baños calientes y bicarbonato de soda.

Dejad de discutir bobadas.

Quiero que me apoyéis en los momentos de crisis.

No habría pasado

por la humillación de ser prisionera en mi casa si no fuera por vosotros.

No te hagas la mártir. Yo he pasado de cuatro goles a cero.

El cero va mucho contigo.

Deja de aporrear el piano. ¡Así no hay quien se concentre!

Algún día te gustará lo que toco.

-Hugo, gracias por venir. -Hola, Martha. ¿Qué tal?

-Hola, Tim. -Doctor.

Sr. Terwilliger, el Dr. Kessler.

-¿Cómo está? -Un placer.

El Sr. Terwilliger es nuestro abogado.

El Dr. Kessler... es siquiatra.

ven, Katherine. Estaremos mejor en la biblioteca.

Acompáñenos también, Sr. Terwilliger.

-¿Y cómo marcha el negocio? -Es eso de lo que quiere hablar.

-Presumo que no muy bien. -Ahora lo comprendo.

-Hugo, por favor. -va a volver a montar una escenita.

Tim, ¿podrías cerrar las puertas?

No fui del todo sincera con usted, pero ahora que está el Dr. Kessler

y ya que todos confiamos en usted, merece saber la verdad.

Parece grave.

No sé por dónde empezar. Han pasado tantas cosas...

En definitiva, hay una mujer.

Es una chica. Y muy guapa, por cierto.

No es guapa. Al menos no según mi concepto de belleza.

Papá se está divirtiendo por una vez en su vida.

¿Muestra síntomas de histeria?

No, eso es lo más terrible. Está demasiado tranquilo.

Sonríe y no nos dirige la palabra.

A veces parece normal, pero no podemos acercarnos a él.

Esa mujer le sigue a todas partes.

Pasa las noches fuera y duerme casi todo el día.

¡vamos, lo mismito que yo!

Hugo, tú sabes que el Sr. Borden es un hombre decente.

Su única obsesión son los surtidores. No pensaba en nada más.

Me supera en edad, eso es obvio. Pero ha sido así siempre.

Es un padre excepcional, todo lo que una esposa desearía.

¿Y tú eres todo lo que un marido desearía?

Y en el peor momento, ha desbaratado mis planes.

¡Con la de sacrificios que he hecho yo!

Tim, llama a Higgins.

Hugo, debes saber que he decidido marcharme a Reno.

-Ya entiendo. -Pero ahora no puedo abandonarle.

-¿Qué pensarían mis amigas? -¿Esa es tu preocupación?

Deja ya de ser tan frívola. Tu padre ha perdido el norte.

Seguro que puedes convencerle para que pase una temporadita

en un bonito siquiátrico.

Descanso, buena alimentación... Y de vuelta al trabajo.

Antes debo hablar con él. ¿Está en casa?

-¿Han llamado? -¿Está el señor en su habitación?

-Está en la azotea. -¿Quiere saltar al vacío?

No que yo sepa.

va a saltar. ¡Y todo por llamar la atención!

Niños, quedaos aquí. Puede que os necesite.

vamos, Hugo.

-¿Quiere tomar algo? -No, gracias. Tengo que irme.

Ojalá mamá dejara de dramatizar.

Si yo fuera papá, ya habría saltado hace mucho.

-¡venid! ¡Es hora de comer! -¡vamos! ¿Tenéis hambre?

¡vamos! ¡vamos, bonitas!

¿Y si les dejamos que estiren un poco las alas?

-¿Y las de este lado? -Ya han volado esta mañana.

-¿Preparada? -Contacto.

-Calentando motores. -¡Despegue!

-¡A volar! -¡vamos! ¡Fuera, fuera! venga.

-¡A volar! Todas fuera. -¡venga! ¡volad lejos, palomitas!

vamos, vamos.

Timothy, ha venido el Dr. Kessler y he pensado que te gustaría verle.

Siempre es un placer, doctor. Esta es la Srta. Grey, Dr. Kessler.

-Mucho gusto. -Encantada.

-¿Esta es una de sus aficiones? -Sí. Nos gustaría volar con ellas.

-No veo por qué no. -No se lo recomendaría.

Con un poco de esfuerzo, todo es posible.

-¿verdad, Mary? -Claro que sí.

¡Hugo!

Esperaré abajo.

Diría que a la Sra. Borden no le entusiasman las palomas.

Me temo que no.

Pues parece divertido. ¿Les importa que me una?

Será un honor. Coja ese mástil.

Podemos hacer que estas vuelen también.

-¿Preparados? -Contacto.

-¡Fuera! -¡Allá van! ¡Se marchan!

Llevan ya un rato. ¿Se habrá puesto tu padre agresivo?

No me imagino a papá agresivo.

No entiendo qué ha ocurrido en esta casa.

Incluso las palomas han perdido el juicio.

El Dr. Kessler.

Hugo, no tengas reparos en decirlo.

No hay mucho que contar. Tu marido está perfectamente.

-¿Cómo? -Está en sus cabales.

¡Ha abandonado su negocio para mover un palo

frente a unas palomas!

Martha, eres tú la que necesita ayuda.

-¿Yo? ¿Me estás llamando neurótica? -Sólo digo que te enfadas por nada.

¡Y yo pensaba que eras competente! ¡Hasta te recomendé!

Tengo pacientes esperándome. Pasaré dentro de unos días a verte.

¿Lo habéis oído?

-vuestro padre no está loco. -¿Preferirías lo contrario?

Todo el día paseándose con esa mujer delante de mis narices.

¡No aguanto ni un minuto más! ¡Me voy a un hotel!

Y mañana leeremos:

"¿Qué señorona se ha visto obligada a dejar su hogar?".

-Soy una señora. -¿Y si se casan?

-¿Y qué? Es joven y guapa. -¿Acaso yo soy vieja y fea?

¿Y el negocio?

¿Por qué no haces algo al respecto?

Deberías hacerle más caso a tu padre.

Muchos hijos juegan al golf con sus padres.

¿Con el mango de un surtidor?

-Y si tú no salieras tanto... -Me querías en la alta sociedad.

Todo empezó por lo tuyo con Hopkins.

De ningún modo. ¿No tengo derecho a vivir mi vida? No soy una niña.

Eres tan mayor como para ser mi madre.

Me voy a desmayar. Me va a dar una crisis nerviosa.

Llamad al Dr. Kessler. Que regrese.

Sí, mamá. Hazte cargo de ella.

-Manda, ¿cómo está mi madre? -Mejor. El doctor está con ella.

Estupendo. ¿Has dejado tú esto en mi habitación?

No, señor.

-Entonces, ¿quién? -No lo sé, señor.

Nadie debe entrar en mi cuarto sin permiso.

-¿Lo dice por mí? -Así que ha sido usted...

Si quiero una foto de mi padre, ya la pediré.

¿Qué ocurre con su padre?

¡Esa no es la cuestión! ¿Y estos informes?

Su padre está mayor para trabajar.

Tan mayor como hace dos semanas.

-Es así como se siente. -¿Me toma por tonto?

¿Qué insinúa?

Alguien debe ocupar el lugar de su padre. Quizá le vaya grande...

-¿Insinúa que no soy un hombre? -Lleva pantalones.

Dejemos las cosas claras. ¿Pretende desbaratar a esta familia?

-Yo no he hecho nada. -Por ahora. ¿Cuál es su plan?

Aún no lo he decidido.

¿Cree que mi madre le dejará vía libre?

-Eso parece. -Pues se equivoca.

Una lástima.

Así que cree que se casará con mi padre, ¿no?

Sería su madrastra. Odiaría ser su madre.

-¡Deje a mi madre! -No he dicho nada de su madre.

Conozco sus intenciones. Usted es una cazafortunas.

-¿Y eso qué significa? -Ya lo sabe.

¿Y qué ha hecho usted para merecerse todo esto?

-¿Y usted? ¿Qué espera conseguir? -Me gusta el lujo.

El negocio se va a pique. No quedará mucho lujo.

El suficiente para mí.

Te estaba buscando. Este amiguito se ha hecho daño en la pata.

-¿Es Archie? -Yo diría que es Eloise.

Al menos eso parece.

-Papá. -Ah, hola, hijo.

-¿Podemos hablar en privado? -Pídele cita a la Srta. Grey.

-¿Le importa si hablo con mi padre? -No.

Pues entonces márchese.

¿Le une a él una soga que le impide separarse?

Papá, mamá ha tenido un ataque de nervios.

No tenía ni idea. Pobrecilla.

No opinaré sobre lo de mamá, es cosa tuya;

pero no debes desatender el negocio.

-¿Qué negocio? -¡El de los surtidores!

-¿Has leído estos informes? -Le pedí que los tirara.

-Lo siento. -¡Quieta!

¿Les has echado un vistazo?

Sí, y la situación es desesperada.

-¿Tratarás de resolverla? -No entiendo de surtidores.

Ya aprenderás. No es gran cosa. ¿Intentamos curar a Eloise?

Sí, será lo mejor. Tiene pinta de ser un esguince, ¿no cree?

-¿Le traigo más caldo? -No, gracias, Manda.

-No se olvide de la pastilla. -Descuida. Llama a Michael.

-¡Uy, el hombre de negocios! -Cállate.

¿Te has divertido, cielo?

Como alguien diga "surtidor", juro que le mato.

Les debemos muchísimo.

Ese despacho está lleno de carcamales.

-Lo importante es vender surtidores. -Lo importante es que te calles.

¡Dejad de reñir, niños!

He hablado con el Dr. Kessler y dice que cambiemos de táctica.

No se cazan moscas con vinagre.

Estoy harto de metáforas. Habla claro.

Nuestra actitud hacia esa chica es errónea.

Yo le retorcería el cuello.

-¡Caramba, qué machote! -Mantengamos la calma.

El doctor dice que si logramos que papá se sienta bien en casa,

se olvidará de esa chica y ella desaparecerá de su sicosis.

-Pero ¿esto qué es? ¿Magia negra? -No, es sicología.

Montemos un espectáculo en casa y así no saldrá de noche.

¡Basta, Tim! Lo importante es que tenemos que cambiar de actitud.

Debemos ser amables con ella. Eso desarmará a papá, ¿no lo veis?

-Yo no. -Conquístala.

Cállate.

Tus ojazos castaños la pondrán a tus pies.

Cierra el pico.

Pelearse no sirve de nada.

Tampoco saldría contigo.

¿Y tú qué has hecho para reconquistar a papá? ¿Babear por ese idiota?

-¿Michael? -Estás celoso.

Lo que pasa es que no entiendes de lo que habla.

No se entiende ni él.

-¿A qué os referís? -¡Deja en paz a Michael!

-Hola, Michael. -Pasa.

Nos gustaría saber adónde va por las noches el Sr. Borden.

Soy un autómata, no un espía.

Te pagamos y tengo derecho a...

¿A qué derechos se refiere? ¿A la justicia? ¿Al trabajo digno?

-¿De qué habla? -Sólo queremos saber qué hace papá.

Me trae sin cuidado por dónde deambule.

-Al menos sé educado. -¿Tengo derecho a serlo?

No sé de qué hablas. Puedes irte.

¿Esa es su manera de decirme que estoy despedido?

Si echas a Michael, me voy de casa.

Nadie ha dicho eso. vuelve a la cocina, o al garaje.

Y gracias por venir.

Bueno, ¿por dónde íbamos?

Debemos ser muy amables, así veremos sus intenciones

y vuestro padre se deshará de ella. Es muy simple.

Parece fácil.

¿Pero tú no te ibas a Reno?

-Reno puede esperar. -Tommy Hopkins esperará a mamá.

Está siendo discreto y prudente. Evitaremos que papá se vuelva loco.

Luego viviremos nuestras vidas.

Pero quedémonos con algo de dinero.

Ni lo sueñes.

Tim, sé que puedes ser encantador si te lo propones.

¿Esperas que compita con mi padre?

¿No puedes ni con él?

Debéis sacrificaros como hago yo.

Ya me sacrifico yendo al despacho.

No conquistaré a esa mujer, la detesto.

¿No ves lo mucho que sufro?

He dejado de lado a mis amigas.

-O ellas a ti. -¡Ya me has atacado bastante!

Sólo lo lograremos si nos mantenemos unidos.

-Michael diría: "El frente unido". -Arropadme por última vez.

Pareces la Estatua de la Libertad.

El Sr. Borden se sentará aquí, y la Srta. Grey junto a Tim.

La Srta. Katherine a mi lado.

¿Han preparado sus platos favoritos?

Menos el estofado. No tienen la receta.

No sabía que requería receta. ¿Y de plato principal?

Un delicioso pichón con arroz salvaje.

Todo un acierto... ¿Un delicioso qué?

-Pichón con arroz. -¿De dónde ha salido eso?

Del mercado.

Qué susto. Fuera el pichón. Al señor podría darle aprensión.

Que la cocinera prepare otra cosa.

Buenas noches, Srta. Grey.

Está usted bellísima.

Niños, venid a verla. ¿Nos acompaña al salón?

-El Sr. Borden me espera. -No ha bajado aún.

Hoy celebramos una cena improvisada, ¿les gustaría unirse?

-Timothy, ¿verdad que está preciosa? -Pues... sí, la verdad.

-¿Es un vestido nuevo? -Sí.

-Es divino. ¿Dónde lo ha comprado? -¿Dónde? No lo recuerdo.

No seas entrometida. Lamento no haberla tratado más.

Mi trastorno lo ha complicado todo.

-Sí, mamá tenía un pie en la tumba. -¡Qué espanto! No soy tan mayor.

Todos hemos metido un poco la pata.

Siento haber sido brusco.

Tanto como brusco, no. ¡Ya está aquí!

Siento el retraso.

-Practicaba la rumba. -Estaba hablando con su esposa.

Me gustaría que cenarais con nosotros.

-Es que ya tenemos... -Han preparado lo que más te gusta.

¿Y por qué no me habías comentado nada?

-Es una especie de sorpresa. -¿Qué opina, Srta. Grey?

El problema es que nos están esperando...

No estaría bien dejarles plantados.

Desde luego que no.

-¿Podemos aplazarlo para otro día? -Como quieras, Timothy.

Será mejor que nos vayamos. No me gusta hacerles esperar.

Creo que ya he cogido el nuevo paso de rumba.

Ahí van 5 millones vestidos de chaqué y nosotros sin poder evitarlo.

Papá está guapo.

Era muy atractivo de joven.

-¿Y ahora qué hacemos? -Llamar al Dr. Kessler.

-¿Le ha gustado mi rumba? -No se le da nada mal.

Lamento tener que seguir engañando a mi familia.

Ahora no se eche atrás.

Usted manda. Michael, hoy también iremos al parque.

Ya te diré cuándo queremos volver a casa.

¿Cómo se pueden poner esto para estar en sociedad?

No me pregunte a mí...

Lo que no me explico es lo del champán noche tras noche.

Aún siento las consecuencias de su cumpleaños.

Mi familia estaba siendo muy amable con usted.

-Casi me da un pasmo. -Últimamente, lo son hasta conmigo.

Es sencillo: priva a alguien de algo y lo querrá más que nunca.

-Tiene mucho sentido común. -Usted lo ha perdido, pero volverá.

Yo diría que tiene algo más que sentido común.

Es imprescindible estando a este lado de la valla.

Hay mucha gente de bien en el lado que está usted.

La hierba del vecino siempre es más verde.

¿Y ha cambiado su opinión sobre el lado en que estoy yo?

-Todo para usted. -Ahora siente pena por los ricos.

Supongo que los ricos son pobre gente con dinero.

¡Ah, tengo que quitarme esto!

Esta vida nocturna que llevamos acabará conmigo.

No soy buena fingiendo. Para hacer algo, tengo que sentirlo.

Ya es hora de que yo desaparezca.

Ni hablar.

-Antes de que esta vida me atrape. -No puede, incumpliría el contrato.

¿Qué bien les estoy haciendo?

Me estoy metiendo en un lío.

Pues parece que está funcionando.

¿Y por qué quiere seguir viviendo con una tropa así?

-Me caen bien. -¿Lo dice en serio?

Sí, son una buena familia, si no recuerdo mal.

Cada cual se busca su suerte.

Es como tener un coche viejo, al que ya te has acostumbrado.

O lo llevas al desguace o lo intentas arreglar.

Sigue enamorado de su mujer, ¿no?

No. verá, al cabo de un tiempo el amor acaba despareciendo,

y después pasa a ser algo diferente, incluso más importante.

Si para usted está bien así, para mí también. Es mi trabajo.

Pero dejemos ya de hablar de mí. Tenemos que pensar en su futuro.

No se preocupe. Yo no lo hago. Ningún ricachón me está esperando.

-¡Qué bueno estar en casa! -Sobre todo en una como esta.

Estos zapatos me están matando. ¿Quién demonios los inventaría?

Si el mundo estuviera cubierto de pieles, podríamos ir descalzos.

Ojalá nos hubiésemos quedado. Creo que había estofado de ternera.

-No me gustan nada los estofados. -¿No?

¡Ni que se arme tanto jaleo!

¡Pensaba que iba a pelearse! ¡Menos mal que le han echado!

-¿Qué dice? -¡Mira que insistir

en que volvía a ser su cumpleaños!

-¿Qué cumpleaños? -Su cumpleaños.

-¡Oh, mi cumpleaños! -Sí.

Su cumpleaños.

¡Mi cumpleaños es todos los días!

-Por supuesto que sí. -Cumpleaños feliz. . .

-Eso. Cumpleaños feliz. -Cumpleaños feliz. . .

Ahora a dormir y mañana estarás como nuevo.

-Felices sueños. -Gracias.

Quiero hablar contigo.

Pasa y siéntate. Necesito que me aconsejes.

-Claro. ¿Qué ocurre? -Tengo un problema.

-¿Y quién no? -Es por Michael.

-¿Qué le pasa? -Que no reacciona.

-¿Qué? -Sé que soy una capitalista y eso,

pero no es culpa mía. Me esfuerzo por entenderle, aunque muchas veces

no sepa de qué habla.

-¿Y tú de qué estás hablando? -verás, yo tengo una mente abierta.

-Entiendo lo que hay entre papá y tú. -Tienes demasiada imaginación.

¿Por qué una joven no debe casarse con un viejo?

Gordas se casan con delgados y altas con bajos.

No lo acabas de entender.

No soy una cría.

Tú eres joven y papá es viejo. Michael es pobre y yo soy rica.

Yo le quiero mucho pero no puedo esperar más a que llegue el día.

-¿Qué día? -Cuando todos seamos camaradas.

-Materialismo dialéctico. -¿Y qué significa?

Creo que será cuando todos seamos más o menos como Michael.

Estoy un poco cansada y creo que tú también lo estás.

-Pero ¿qué puedo hacer al respecto? -¿A qué respecto?

-Respecto a Michael. -Deberías hablar con tu madre.

-Mamá no entiende estas cosas. -Y no es la única.

Tal vez si trabajo la cosa cambie.

-Puede. -Buscaré un empleo.

Si soy una de ellos, ya no me ignorará.

-No sé. -Eres maravillosa.

-¿Por qué? -Por tus consejos.

Yo no he abierto la boca.

Me pregunto si seguirá abajo.

-¿Quién? -Estará abajo.

Le contaré mis planes.

Eres maravillosa.

-Buenas noches. -¿No puede estar uno tranquilo?

-¿Qué haces? -Trabajo en un proyecto.

-¿Puedo ayudarte? -No.

Me interesa todo lo que haces.

Tengo una sorpresa para ti.

-A ver, ¿qué? -Necesitaré el coche temprano.

Por la mañana y luego por la noche.

vamos, que mañana no pegaré ojo.

No, no voy a ir al baile de la Junior League.

Nunca más voy a ir a fiestas. Eso se acabó.

-No deberías bajar aquí con esa ropa. -¿No te gusta?

-No. -Es carísimo.

-¿Qué diría tu madre? -Ella tiene sus propios problemas.

Está bien. El coche a las ocho.

-Ahora vete a la cama. -No estoy cansada.

¿Por qué me persigues?

-¿No lo sabes? -vuelve a donde te corresponde.

-Aún no te he contado la sorpresa. -A ver, cuéntamela.

-voy a trabajar. -¿Cómo?

Estoy harta de las frivolidades que tanto detestas.

Tendré un empleo.

O sea, hay 15 millones de desempleados,

¿y tú privarás a alguien de su único medio para subsistir?

Michael...

Nada de lo que hago te complace.

Sólo soy un sirviente. A los sirvientes no se les complace.

¡Nada, nada de lo que hago!

Así que el chico lo lleva bien, ¿eh?

-Sí, ha aportado algunas ideas. -Bueno, es mi hijo.

-Quiere lanzar una nueva oferta. -¡Eso sí que no!

La idea no es tan descabellada.

El chico entiende muy bien el sistema de créditos.

Ampliando los créditos, los agricultores de la zona

de la gran sequía y de Sudamérica podrán comprarnos surtidores.

Y nuestras fábricas mantendrán su actividad.

Ahora nadie se atreve a dar el primer paso.

Parece razonable. ¿Por qué no se nos ocurrió?

Bueno, no lo pensamos.

va a resultar que los novatos tienen razón.

-¿Interrumpo algo? -No.

El Sr. Terwilliger y yo hablábamos de unos asuntos personales.

Muchas gracias por venir.

-Buenas noches -Buenas noches.

-Mañana hablaré con el palomero. -El palome... Dile...

que le compraría esa bandada pero que no puedo.

¿Qué es eso de ampliar créditos y un surtidor más barato?

Tus surtidores acumulan polvo y tus ideas también.

Surtidores Asociados sentó un hito hace 25 años...

Si seguimos como hasta ahora, nos vamos a pique.

Debemos probar nuevas ideas.

El negocio está en tus manos. Haz lo que quieras.

No he venido para hablar de eso. Me preocupa mamá.

-No está bien. -Yo no le he hecho nada.

Para mamá no es fácil vivir con otra mujer.

¿Con qué mujer? Ah...

No entendemos esta situación. ¿Te casarás con... ?

Yo no me meto en tus asuntos, no te metas tú en los míos.

¿No aprecias a mamá?

-Es una gran mujer. -Pues dale un respiro.

-Habla con ella. -¿Acaso quiere hablar conmigo?

Pues sí. Acabo de verla. Está arriba...

¿Y si os dejáramos solos? Quizá arregléis las cosas.

-Hola, Mary. -Hola.

Siento el retraso. Hablábamos de negocios. Bajo enseguida.

-No hay prisa. -Será un placer acompañarla.

No. Me vendrá bien quedarme en casa.

¿Cuál es el problema? ¿Tengo caspa o algo peor?

Mary, odio preguntarte esto, pero ¿te importa ir al concierto con Tim?

Pues no sé. No me apetece demasiado, así que no...

Tonterías, claro que te apetece.

Y la Sra. Borden y yo tenemos mucho de qué hablar.

¡Que lo paséis bien!

-Pues si no te importa llevarme... -¿Importarme? ¡Será un placer!

¿Está el coche fuera?

Pues, venga. ¿A qué estamos esperando?

Buenas noches, Michael.

Por cierto, ¿adónde vamos?

El caso es que no me apetece ir a ninguna parte.

-¿Por qué no? -De repente no me encuentro bien.

¿Ibas a algún lugar del que te avergüenzas?

Tanto como avergonzarme... Si sólo íbamos al parque.

¿Os vestís así para ir al parque?

-Yo lo hago mucho. -¿Y pedís el coche?

No, sólo íbamos a escuchar a la banda.

Y es normal que te vistas así.

No me vas a someter a un tercer grado.

No debes ir sola al parque.

No me acompañes si te da miedo la oscuridad.

-¿A cuánto están las manzanas? -A 5 la unidad.

Cojo dos.

-¿Quieres una? -Gracias. ¿Es la cena?

-Esta noche invito yo. -¿Y dónde dan la carne?

Aquí en el zoo la dan poco hecha.

Hay que darse prisa para sentarse aquí.

¿Tiene diez centavos para un café, señorita?

-Claro. Tenga. -Gracias.

-¿Es amigo tuyo? -Un pariente.

¿Le importa echarse a un lado?

-¿Es el único banco en el parque? -Conocí a tu padre en este banco.

Imposible no hacerlo en un banco así.

Yo estaba aquí sentada y él justo donde estás tú.

Eso hace del banco una pieza de museo.

¿Aquí vienes con papá todas las noches?

No todas.

¿Tenía que estar tan cerca de las focas?

-Si te interesan, yo lo sé todo. -Me basta con olerlas.

Comen ostras frescas un día tras otro.

Qué pena que no les gusten las rubias, así me libraría de ti.

Una vez me metí en el estanque, pero me echaron.

Son listas.

¿Por qué no se pelean en su casa?

¿ves? Asustas a la gente.

Perdone, amigo. Siéntate, muñeca.

En cada puerto hay una chica. En Suecia está Hilda.

El beso del capitán la dejó fría,

pero el del marinero casi la mata.

-¿Por qué no te vas a casa? -Puedo estar aquí si quiero.

Alguno te puede dar un golpe en la cabeza.

-¡Qué más quisieras! -Hacerlo yo mismo.

¿Puedes callarte? La señorita quiere oír a la banda.

¿Qué hago de malo?

Y puede que tengas una tropa. No hay nada más grandioso.

Guarda eso o te lo pongo por sombrero.

Oiga, amigo, yo lucho en la Marina. Esta es una noche para el amor.

Una doncella india vendía cuentas.

Decoraban las camisas de los marines.

En 40 minutos de reloj ganó diez de los grandes.

La chica india cayó por la borda. Los tiburones saltaban y retozaban.

Se la comieron con gran deleite,

pero después murieron de un cólico.

¡Cállate ya!

Me está empezando a asustar. ¿Es un uniforme de boy scout?

-Puedo aclarárselo ahí detrás. -Bueno, si hay que ir, pues se va.

Dale un tranquilizante a tu novio.

Y tú cierra el pico.

¿Quieren arreglarlo por la fuerza?

vámonos de aquí, Minnesota.

¡Qué vulgares! Seguro que son un camarero y su ramera.

¿Has venido aquí a pelearte o qué?

Ni sé por qué he venido.

A mí me gustaría escuchar la música. Es mi pieza favorita.

¿Serían tan amables de echarse a un lado?

-Te quiero. -Yo también te quiero.

Hola, Mary. ¿Lo habéis pasado bien?

¿Qué sucede? ¿Ha ocurrido algo?

-Te estaba esperando. -Esta noche no, por favor.

-No me extraña que no quieras hablar. -Ahora mismo ni contigo ni con nadie.

Sólo quería decirte lo que pienso de ti.

He conocido a mucha gente embustera en mi vida pero tú eres la peor.

-¿Qué te he hecho? -Ya lo sabes.

-Pues no. -Tú... me has hecho hacer el ridículo.

-Cálmate, cariño. -¡No, no me toques!

¿Qué es lo que crees que te he hecho?

Le dije a Michael que buscaría un empleo y casi me pega.

Ahora sé que no me quiere. Un día te pasará a ti y sabrás lo que es.

-Así es como funciona. -¿Por qué me dejaste hacerlo?

Fue idea tuya.

Pero pudiste impedírmelo. Confiaba en ti.

Tenía fe en ti. Eras la única a la que podía acudir.

-Algo haremos. -¡Tú ya has hecho bastante!

Papá te importa un bledo. ¡Sales con él para estar con Michael!

-¡Por el amor de Dios! -¡Pero no le conseguirás!

¡Si no es mío, no será de nadie! ¡Te odio! ¡Cómo te odio!

No, no, no lo entiendes.

¿Cómo tener igualdad de derechos si la riqueza está mal repartida?

No lo sé.

Tampoco te creas que él lo sepa.

Si la renta per cápita estuviera bien distribuida,

tocaríamos a 533 dólares con 87 centavos.

¡Pues a mí me han estafado!

¡Escucha, chico, entérate bien! Tengo 2.000 dólares en el banco.

Me paso el día trabajando, y ni tú ni nadie en este mundo

va a quitarme ese dinero, ¿me oyes?

-Buenos días. -Buenos días.

¿Puedo tomarme un café?

-Pues claro. Siéntate. -Gracias.

¿Cambias de clase?

-No pertenezco a ninguna. -Nos intrigas.

-¿Qué pintas tú en esta casa? -Ni idea.

-¿Eres espía? -No que yo sepa.

-Pues hablaré sin tapujos. -Bien.

La señora le dijo a Higgins que eras una amiga.

Los buenos sirvientes son sordos.

¿Sirvientes? ¡Esclavos marginados por los señorones capitalistas!

-No sueltes discursos en la cocina. -Pronto seré libre.

Bla, bla, bla, bla.

¡Esclavos que alimentan su propia desdicha!

-¿Tú no haces desdichado a nadie? -¿Qué?

Deja de soltar bobadas.

Si no hubiera gente como esa, no habría gente como yo.

Como tú, habrá siempre.

-El contacto con el lujo te afecta. -Quédate con mi parte.

¡Tras esas puertas reside la raíz de la decadencia de la civilización!

Tras esas puertas hay mucha gente que sufre, y en parte por ti.

-¿Me estás culpando? -Te culpo de ser un bocazas.

¡Bien dicho!

Estás enamorado pero te faltan agallas.

¡Basta de tonterías!

Provocas desdicha diciendo cosas que ni tú mismo crees.

-Piensas que me conoces. -Eres como el cristal.

No tienes el valor de ser capitalista.

-Eres un títere capitalista. -¿Qué?

-Has renegado de tu clase. -¿Ah, sí?

¡Michael!

A mí no me hables de esa manera.

¡Te voy a arrancar... !

¡Esta familia me va a volver loca! ¡Hablas demasiado!

A ella déjala en paz.

¿En qué estaba pensando? ¿Qué me está pasando?

Pobrecilla, se ha desmayado.

Despierta, querida... La pobre se ha desmayado.

Higgins, vaya a la cocina. Se ha desatado una revolución o casi.

-Buenos días. -Buenos días.

-Espero no molestarla. -No, ¿por qué iba a hacerlo?

Sé reconocer mis derrotas. Seamos amigas.

Claro, claro.

No he sido muy honesta con usted. Pero ahora quiero serle sincera.

-Eso es bueno. -Admito que al principio la odié.

Y lo comprendo.

Empleé todos mis trucos de mujer para echarla de esta casa.

Pero no dieron resultado. La belleza y la juventud están de su parte.

-Yo no diría tanto. -Sea sincera usted también.

No soy muy guapa. Me lleva tiempo arreglarme.

Nadie parece feliz. Mi marido ya ha tomado su decisión

y su felicidad es lo primero. Por esa razón me voy a retirar.

-Oh, no... haga eso. -Discúlpeme.

Pero es una pena que no se haya enamorado

de uno más joven. Aunque eso ya no importa.

Todos los que conozco están sin blanca.

No será el dinero de mi...

No exactamente. Pero tiene una buena suma.

Habrá suficiente para las dos.

Merece una compensación por todos estos años.

¿Piensa que mi marido es una carga?

Bueno, estoy un poco decepcionada.

Lo pasaba bien con él al principio, pero no sé que le está ocurriendo.

-Se está desinflando. -No entiendo lo que quiere decir.

Es un viejo nostálgico, siempre hablando del pasado...

Me llevó a cenar estofado de ternera y odio el estofado de ternera.

Es un hombre sencillo, chapado a la antigua.

Estaba pensando en irme a cenar sola. ¿Cree que le molestará?

Pues no tengo ni idea.

Todos debemos sacrificarnos. Quizá vuelva a comer estofado.

Sólo quiero que sepa que soy su amiga.

Me alegra saberlo. Esto se estaba volviendo un poco caótico.

Sí, un poco.

-Me alegra que estés de mi parte. -Claro.

Ya charlaremos antes de que te vayas.

Sí, será un placer.

Sí. Lo entiendo perfectamente. Al chico se le da bastante bien.

Perfecto, dejadle a su aire.

Adelante.

Y dile a Terwilliger que nos veremos la semana que viene.

Tendré más tiempo. Gracias. Adiós.

-Hola, Mary. -Hola.

Justo a tiempo para que me ayudes.

No te he visto en todo el día.

He estado ocupándome de unas cosillas.

ven, más vale que te sientes... O no podré anudarla bien.

-Yo he pasado el día durmiendo. -No salgas esta noche.

¡Ojalá! Pero hay que llegar hasta el final.

-¿No hemos ido muy lejos? -Tú no conoces a Martha.

-Ya se ha curado. -¿Ha hablado contigo?

-Sólo para saludarme. -ve con cuidado.

Es muy convincente, sobre todo cuando llora.

Si me quedo en esta casa, vas a perder tu familia;

y yo perderé la cordura.

-No irás a dejarme solo, ¿verdad? -No exactamente.

Te delataré cuando sea el momento.

Pero si sospecha algo, habrá que empezar de nuevo.

Pero tengo la sensación...

Ahora eso no importa. ve a vestirte, destrozahogares,

embaucadora, vampiresa...

-Supongo que soy una mala persona. -Desde luego.

-Te veré abajo dentro de media hora. -De acuerdo.

-Buenas noches. -Buenas noches.

-¿Hoy también toca ronda? -Tal vez.

-¿Alguna víctima en especial? -No.

¿Hoy no hay concierto?

Si te callas, quizá lo oiga desde aquí.

Ha llegado la flota. Hoy habrá miles de marineros.

Nos ayudaron a ganar la guerra.

Y son grandes amantes.

Pero esto es mejor. Merodea por aquí mucho ricachón.

Lo tendré en cuenta.

-Me sacas de quicio. -Pero ¿has entrado alguna vez?

-¿Te importa que me siente aquí? -Es tu porche.

-¿Sólo te dedicas a sentarte? -Me gusta.

-Buenas noches, Timothy. -Buenas noches, Martha.

-¿Sales solo esta noche? -No, con la Srta. Grey.

-Pues... se ha marchado. -¿Cómo que se ha... ? ¿Y va a volver?

Ha dicho que iba a salir a cenar.

¡Qué falta de consideración!

Yo voy a picar algo en casa. ¿Me acompañas?

Me ha llegado cierto olor...

Seguro que es por la cebolla.

Era un olor penetrante... ¿Estás segura de que no volverá?

-Se ha ido hace media hora. -Es que no me lo puedo creer.

-Me apetece estofado de ternera. -¿Hay suficiente?

¡Más que suficiente! Iré a echarle un vistazo.

De acuerdo.

¿Dónde están los sirvientes?

No quiero hablar de ello ahora.

-¿Qué quieres decir? -Pues... la cocinera ha dimitido.

Esto parecía la guerra esta mañana.

Alguien perseguía a no sé quién con un cuchillo.

-¿Cenamos aquí? -¿Quién llevaba un cuchillo?

Prefiero no darte nombres. Le tienes tanto aprecio a la Srta...

-A ciertas cosas. -Pues ahora estoy muy disgustado.

Es mejor que la gente descubra las cosas por sí misma.

¿Tiene algún problema sicológico?

-Prefiero no opinar. -¡Qué decepción me he llevado!

Pensaba que tenía los pies en la tierra.

Los jóvenes son muy irresponsables.

Siéntate, estará listo enseguida.

-¿Te ayudo? -No. Tú estate quietecito.

-Oye, si tenías planes... -No. Pensaba quedarme en casa.

-Como te has puesto ese vestido... -¿Este? Es para estar por casa.

-Es muy bonito. -Realza mi figura, ¿a que sí?

Deja ver gran parte de ella, sí.

venga, Timothy, siéntate ya.

Aquí lo tienes. No me esperes. Empieza.

-¡Qué bien huele! ¿Quién lo preparó? -¡Timothy!

¿Lo has hecho tú? Pensaba que ya no te acordarías.

Con el estofado, no dejo que nadie se entrometa.

¡Exquisito! Hacía mucho tiempo que no comía en la cocina.

Sí. Agrada saber que no tenemos que comer aquí si no queremos.

Lo siento. No quería rescatar viejos recuerdos.

Rescata todos los que quieras. Son muy gratos.

Ese cuello parece muy incómodo. ¿Por qué no te lo quitas?

No, no, es igual. La elegancia es importante.

-Los chaqués te sientan de maravilla. -Nunca aprenderé.

-¿A qué viene eso? -Mary ya se me escapó una vez.

No pensé que lo convertiría en una costumbre.

¿Y tu sentido del humor?

No es muy divertido verse solo y abandonado a mi edad.

No tienes por qué estar solo si no quieres.

-No necesito tu compasión. -No es compasión.

Eres mi marido. Hemos pasado buenos momentos.

Tal y como apunta el negocio, terminaré sin un centavo.

Podemos volver a empezar.

Después de lo que he hecho, ¿cómo iba a pedirte eso?

Tampoco yo he sido una maravilla. Ambos tenemos la culpa.

-Me siento el único responsable. -La culpa es de los dos.

Esos flirteos tuyos, ¿no fueron nada?

Por supuesto que no. Todas tenemos acompañantes.

Son los periódicos los que arruinan matrimonios sin ton ni son.

Pero hablemos de nosotros. ¿Sabes a qué me he dedicado?

-¿A qué? -He aprendido a bailar rumba.

Sabía que te gustaría.

Eso es fantástico.

Hablemos claro. Has puesto esta casa patas arriba.

Pero puede que nos haya ido bien.

Ahora basta de misterios.

-Bien. -Eres una chica agradable.

-¿Eso crees? -¿No lo eres?

¿Qué más te da?

volviste loco a mi padre y me estás volviendo loco a mí.

Yo no he hecho nada.

-No, claro. -Pues claro que no.

-A mí sí. -¿Qué te he hecho?

-¿Qué? -Sí, ¿qué?

-Eso, ¿qué? -Oye, ¿por qué no te largas?

-Me quedaré hasta que confieses. -Pues tienes para rato.

-¡Qué rico estaba! -Me encanta verte comer así.

-¿Quieres un poquito de bicarbonato? -No podría tragar nada más.

-¿Enciendo la radio? -Como quieras.

Aunque mejor no. No me apetece escuchar música ahora.

Como prefieras.

He estado rebuscando en el desván y había algo que te va a encantar.

Esto sí nos traerá recuerdos. Siéntate.

Pero te lo advierto: te va a impactar.

¿Y estos jóvenes tan elegantes?

-Él parece bastante asustado. -Lo estaba.

Estás más guapa ahora.

Deberías comer estofado más a menudo.

Si la gente mirara más sus álbumes, no se tomaría las cosas tan en serio.

Esta nos la saltamos.

-¿Te acuerdas de aquel hombrecito? -Timothy Borden Junior al desnudo.

Cuesta creer que aquel querubín dirija ahora la empresa.

Lástima que esté con el agua al cuello.

-No me gusta esa brusquedad. -No te engañes.

Te crees muy hombre. ¿Por qué no me dejas en paz?

-¿Es que tienes miedo? -No.

-¿De ti misma? -Tú mantente alejado o te arrearé.

-¿Algún problema, señorita? -No, ninguno.

Ahora tendría los 18.

Entonces vino Katherine y nos alegró la vida.

Es un encanto.

-¡Mi princesita! -Era un bebé tan adorable...

Tiene tus mismos ojos.

Siempre he pensado que había salido a ti.

-¡Cómo ha crecido! -Sigue siendo una niña.

-Mamá. -Hola, cariño. De ti hablábamos.

¿Habéis tenido un accidente?

-Díselo tú. -No, tú.

-Michael y yo somos marido y mujer. -¿Que sois qué?

-Nos hemos casado. -¡Bobadas!

-No. -A ver tu dedo.

¡Casada con un chófer!

-Ya no es chófer. -Renuncio.

No me des eso. ¡A la cocina, Michael!

-No nos separaremos. -¡Y tú a tu cuarto!

¡Quieta aquí!

¡Qué insolente! ¡Timothy, échale!

-Debes irte, Michael. -Me llevaré a Katherine.

-Claro. Es tu esposa. -¡Papá!

-Felicidades. -Pero Timothy...

venga, Martha, déjalo ya.

¿No nos deseas que seamos felices?

Esto es demasiado. ¡Casada con un chófer!

-Como yo cuando nos casamos. -¡Pero ella es una cría!

Tiene casi la misma edad que tenías tú.

Está bien.

Felicidades, cariño. Espero que seáis muy felices.

Felicidades, Michael... ¿cómo te apellidas?

Farnsbother.

¡Ahí está la Srta. Grey!

-Eres maravillosa. -¿Y ahora qué he hecho?

De no ser por ti, seguiría soltera.

-¿Qué dices? -Nos hemos casado, listillo.

-¿Y de qué viviréis? -No seremos parásitos capitalistas.

Claro que no.

-¿Y qué vais a ser? -Michael tiene un taller.

¿Y eso no te hace capitalista?

Pero no olvidaré mis comienzos proletarios.

vamos, nena.

¿No deberías hablar con ella?

Sí. Un momentito, Srta. Grey.

Y bien, ¿qué explicación tiene?

-Ninguna. -¿Ninguna?

¿Usted le aconsejó a mi hija que se fugara con el chófer?

-Supongo que sí. -¿Supone que sí?

Quiero que sepa que esto se ha terminado.

No se entrometerá más en mis asuntos.

-¿No estás siendo un poco severo? -¿Severo?

¿Después de todo lo que nos ha hecho?

Tu madre ha estado al borde de un ataque de nervios.

Tu hermana, mira lo que ha hecho.

¡Es una mujer malvada!

¡Es usted una cazafortunas, una vampiresa, una embaucadora!

Me tuvo hipnotizado. Ha desbaratado mi hogar.

Debo pedirle que se marche de esta casa.

¡No puedo seguir con esto!

Yo no le he hecho nada a nadie.

Sólo estaba sentada en el parque...

Yo no le pedí este empleo. Usted se empeñó...

Lamento haberle conocido.

Y haber pisado esta casa. ¡Ya no puedo más!

-¿Qué es eso del empleo? -¿Empleo?

-Papá, ¿estaba trabajando aquí? -Trabajan... No lo sé...

-¿Estaba trabajando aquí? -No sé de qué habla.

¡Estaba trabajando aquí! ¡Mary! ¡Mary Grey! ¡Mary!

¡Mary, no te vayas!

Tenían que acabar saliendo los trapos sucios.

-Timothy. -¿Sí, querida?

Mírame a la cara. Timothy Borden, eres un fiasco.

Supongo que se veía venir.

¿Qué se puede esperar de un cabeza de chorlito?

Timothy...

Mary.

-¿Adónde vas? -¿Y a ti qué te importa?

-Me importa. -vuelvo a mi sitio.

-Eso me parecía. -¡Suéltame! ¡Suéltame!

¡No puedes obligarme!

-¿Qué ocurre aquí? -Métase en sus asuntos.

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