All language subtitles for Oklahoma John (Il ranch degli spietati, Der Sheriff von Rio Rojo) 1965 ESP

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Original subtitles

¡- ¿Qué nos dices ahora, sheriff?

Debéis...

Debéis de comprenderlo...

Debía hacerlo, o todo el país se hubiera reído de mí.

Hasta tu madre se reiría de ti si te viera así,

¡asqueroso borracho!

¡- ¡Traidor!

¿Nos robas el dinero y arrestas a uno de los nuestros?

Déjalo. Pero no lo volverás a hacer, ¿verdad?

Libera a Vic.

Date prisa.

¡- ¡Vamos, carroña!

Recuerda esto: Procura estar lejos de donde pasemos nosotros, ¿vale?

¿Lo has entendido, sheriff?

¡Ja!

¡- ¡Pobrecito!

Cállate, niña.

Déjale que se largue.

¿Qué quieres tú? No te inmiscuyas.

Cuando ha bebido no sabe lo que se hace.

¿Qué placer encuentras en meterte con él?

Te he dicho que no te inmiscuyas

y, por si acaso eres sordo, mejor que te destapes las orejas.

No quisiera que, al no irme,

te sucediera un accidente poco agradable.

¿Sabes? Podría suceder.

De todos modos, una lección te la has ganado.

¿Verdad que te la has ganado?

¿Qué?

¿Os habéis quedado mudos, muchachos?

¿Te molestaría decirnos quién eres, qué quieres

y por qué no te vas lo antes posible

que será lo mejor para ti?

¿Quieres saber quién soy, gran hombre?

Este es el nombramiento del Gobierno.

Y la estrella que le acompaña.

Por si te interesa, soy el nuevo sheriff

y confío mucho en que iremos de acuerdo

o, al menos, confío por ti.

¿Dónde está mi oficina?

Me han dicho que debe haber una por alguna parte.

Está allí, al final de la calle.

Bienvenido, sheriff, y váyase preparando

un lugar en el monte, en el cementerio.

No pierdas el tiempo, predicar aquí es como predicar en el desierto.

A propósito, ¿qué haces tú aquí?

Soy el nuevo sheriff. ¿Y tú, quién eres?

Benjamín Franklin Everett, pero los habitantes de la ciudad

me llaman sencillamente Chuck.

¡Cabo de caballería y ordenanza del general Custerd

y único superviviente de la matanza del Séptimo de Caballería.

¡Muerte a los indios!

De veras que no está nada mal para un hombrecillo de tu estatura.

¿Presides aquí? Formo parte del mobiliario.

¿Pero tú no eres...? Soy John.

Recuérdalo, nada más que John.

Y vengo de Oklahoma, eso es todo. No lo olvides.

Vamos, ahí fuera tengo un borracho

que hemos de poner al fresco, ven. Sí, John.

Me echarás una mano.

Oklahoma John.

Es por todo esto que te he hablado de los sheriffs de pega.

El que manda aquí es Edwards, naturalmente.

Tiene una cincuentena de hombres

y todos son parecidos a ese Hondo que ya conoces.

Y así Edwards, cuando necesita nuevos pastos para sus rebaños,

desaloja, por las buenas o por las malas,

a los colonos de sus tierras.

Luego, está su hijo Jim, no cuenta para nada,

pero es un bobo y un villano capaz únicamente de emborracharse

y de hacer todo lo que diga Hondo.

Por fin nos han mandado un sheriff guapo.

Ya estábamos hartos de borrachos y maleantes.

¿Te gustaría que te arrestara este?

¡Cállate, lengua larga!

¡Hey, hey, hey!

¡Hey!

Buenas noches. ¿Permite?

Gracias.

Nuestra familia hace tiempo que renunció a la ayuda del sheriff.

¿Quién es? Georgina White.

Yo era amigo de su padre.

Es propietaria de unos magníficos terrenos

en esta región. Y él es Watson.

Ha hecho una gran fortuna con el salón, ¿y sabes lo que dicen?

¡Que los dos se quieren!

Te gustó la rubia, ¿

Bueno... Escucha, ¿y si diéramos una vuelta

y bebiéramos algo, qué dirías?

Diría que estoy de acuerdo contigo, vamos.

¿Pero qué necesidad tenía de tratarme de ese modo?

No lo entiendo. Tiene un carácter algo difícil.

Además, hace un año, más o menos, que a su padre lo mataron

en un ataque a la diligencia cuando venía hacia aquí.

Desde entonces, todos los sheriffs que han pasado por aquí

le han prometido solemnemente que arrestarían a los culpables.

Pero luego ya sabes lo que ocurre, llega el momento y no hacen nada.

¿Ajá.

¿Comprendido? ¿Qué estamos esperando?

¿Nos limpiamos el polvo de los dientes?

Hola. Hola.

Sírvenos un whisky.

¿Tú también quieres whisky?

Claro, ¿qué creías, que yo bebía leche?

Dos.

Aquel de allí al fondo es Jim, el hijo de Edwards.

Tesoro...

¿Qué quieres? - Ahí está, aquel es el sheriff.

¿Lo dices en serio?

¡Bienvenido, sheriff! ¡Nos vamos a reír!

- ¡Estás borracho! - ¡Tú a mí no me empujes!

¡Bebe! Así también tú estarás borracha.

- Déjalo, te lo ruego, Jim. - ¡Vamos, bebe!

- ¡Déjame en paz! - ¡Te he dicho que bebas!

- ¡Toma! - ¡

Así no se ofrece una copa a las señoras.

Dele excusas y no lo vuelva a hacer, ¿entendido?

¿Quién le ha llamado a usted?

¡Quítese de en medio!

Vamos, no sea chiquillo, haga lo que le he dicho.

¡Será mejor que te largues!

Eres un estúpido y un borracho.

Puedes hacerte daño con esa herramienta.

Será mejor que me la entregues.

Vamos, dame el revólver.

¡Te he dicho que te vayas de aquí!

¡Así no conseguirás nada! ¡Dame el revólver!

¡Devuélveme el revólver!

¿Me oyes? ¡Devuélvemelo ahora mismo!

Cállate.

Lo recuperarás mañana.

¡Tú!

Escucha, es solo un muchacho.

¿Quieres dejarlo en paz?

Te conviene.

Llévatelo a su casa.

Cuidado.

Es una obra humanitaria.

Créeme, John, que me has gustado.

Y debo decirte que estoy muy orgulloso de ti,

aún cuando por esto tenga que perderte.

Sí... ¿Qué quieres decir?

¿Has comprendido ahora lo que quería decir?

¿Qué piensas hacer? Podemos seguirles.

No.

No serviría de nada.

Sabemos quién ha disparado,

y eso es lo importante. Ya.

¡Señor!

¡Señor!

Señor. - ¿Quieres largarte?

Estoy en la cárcel, no puedo hablar con nadie.

¿Has comprendido? ¡Con nadie!

¿Con nadie?

¡Vete! ¡Márchate!

Está bueno.

¿Y tú quién diablos eres?

Estaba pensando qué hacer contigo.

Sí, ahora recuerdo.

Eres el nuevo sheriff y tuviste la gran ocurrencia

de encerrarme aquí dentro, ¿verdad? Si no lo hubiera hecho, amigo mío,

puedes estar seguro de que Hondo te hubiese apaleado otra vez.

Tus sermones no me sirven.

¡Ahórrate las palabras!

No le hagas caso, jefe.

Solo es tonto, no es malo.

Está bien.

Te condenaré a cinco días de prisión.

No es mucho por una borrachera escandalosa.

Excelente. Cinco hermosos días de reposos absoluto

y comida y alojamiento gratis.

¡Chuck, tráeme el rancho!

Sí, es cierto, sírvele la comida,

pero solo después de haber trabajado un poco.

Esta oficina parece un almacén de basura, hay que limpiarla.

Sí.

¡Me parece que te has equivocado, jovencito!

¿Has entendido bien, Chuck?

Sí, jefe.

Y tú no te hagas ilusiones, vejestorio, no moveré un solo dedo.

No querrás darle un disgusto, ¿ - ¡Bah!

¿De qué se lamenta? Tiene el dinero, ¿qué más quiere?

Ve y dile que mañana tiene que desalojar

la casa y las tierras, anda. Bien, jefe.

No es nada, pero mejor que repose durante unos días.

Le tengo aprecio a ese caballo. Bien.

¿Está listo el ganado para Osegner? 525 cabezas.

¿Quién diablos es ese?

El nuevo sheriff.

¿Es usted Rod Edwards?

Sí.

Es de su hijo.

No le pierda de vista, podría lastimarse.

Oiga, no sé para qué le pago a usted, pero no es

para que me dé lecciones.

De modo que procure no abusar de su autoridad.

Y yo le contesto: Procure frenar a su hijo

y a sus hombres, de lo contrario... ¿De lo contrario qué?

Pues que me vería obligado a arrestarle o a expulsarle.

Y sería desagradable.

Hasta la vista y suerte.

No tema, sheriff.

Hondo es difícil que yerre el blanco.

Tampoco yo suelo fallar.

¡Quieto, no seas idiota!

Eres un imbécil.

No entiendo. Hablo de tu estúpido comportamiento

con el sheriff. ¡Me ha faltado al respeto!

Al respeto, ¿¿Y quién quieres que te tenga respeto?

Debías estar borracho, como de costumbre.

No deberías beber si no sabes parar a tiempo.

Y no te hagas el valiente

si luego no sabes ir hasta el fin.

Eres un imbécil que olvida que el jefe soy yo.

Y que también tú has de obedecer

como todos los demás.

¡Déjame, padre! ¡Déjame que me vaya!

Sí, vete, no quiero decirte lo que pienso de ti.

Pero recuerda bien esto,

no quiero otras órdenes que las mías. ¿Comprendido?

Jim es un chiquillo aún.

¿Qué chiquillo ni qué...? Es un débil y un estúpido.

El Cielo sabe que le quiero mucho.

Pero he de ser duro con él o acabará mal.

¿Quiere que la ayude?

No, gracias, puedo arreglarme sola.

¡Un momento!

Bueno, veamos qué es lo que tiene.

Supongo que he de darle las gracias, ¿verdad?

Haga lo que mejor le parezca,

pero me gustaría saber qué le pasa conmigo.

No, con usted no, pero sí con lo que representa,

una ley que no sabe hacerse respetar.

Y menos aún por Rod Edwards.

Perdone, pero sé todo lo que le ha sucedido

y también lo que piensa de los sheriffs.

Está usted en un error.

Estaría contenta que fuese usted diferente a los otros.

Pero sé muy bien cómo acabará también usted.

Edwards le comprará

como ha comprado a todos sus predecesores.

¿Sabe?, por el momento lo que piensa de mí

no tiene importancia.

¿Y si me contara cómo murió su padre,

quién estaba con él aquel día

y por qué odia a Edwards?

Le odio porque no se ha podido comprobar

que él lo mandó matar.

En las afueras del pueblo

vive un hombre, un tal Ken Hogg.

Seguramente él podrá contarle algo.

Está bien, iré a verle.

Sí, vaya, confío que tenga valor para quedarse aquí

después que se sepa que usted ha hablado con él.

Ken Hogg.

¿Y qué gano siguiéndote en tus estúpidas empresas?

¡Mi padre me odia y me trata peor que a un siervo,

y las muchachas del salón parecen despreciarme!

¡Ya estoy harto! ¿Qué pretendes hacer?

¿Abandonar nuestra sociedad? Navegamos juntos.

Sobre todo después del asunto de la diligencia.

Otra de tus maravillosas ideas.

Hacernos correr un riesgo tan grande

por unos centenares de dólares.

Aunque según tú todos nos haríamos ricos.

Eras tú quien tenía necesidad de dinero si mal no recuerdo.

Está bien, haremos lo que quieras.

Pero recuérdalo, no estamos para bromas.

El nuevo sheriff no es como los otros.

Deja de mi cuenta al sheriff.

No, por el momento conviene que no hagas nada.

¡A ese si no lo asustamos

acabará por colgarnos a los tres, te lo digo yo!

Síguele, Hondo, y vigila

que no cometa ninguna estupidez.

Perdón, busco al señor Ken Hogg.

Deseo hablar con él.

Por favor, entre, señor.

Ken, escucha, un señor quiere hablarte.

¡Que se vaya al Infierno! ¡Déjame en paz!

¿Quién es usted?

¿Qué quiere de mí? - Cálmate.

¿Por qué le has dejado entrar?

¡- ¡Deme eso!

Vamos, lárguese.

Pulque, ¿

Algo que mata a los hombres

como si fuera disparos de revólver.

Vamos, siéntese, Ken.

Deme, luego seguirá bebiendo.

¿Quiere dejarme ya? ¿A quién cree impresionar?

¡Estoy en mi casa y bebo todo cuanto me place!

¿Qué es lo que intenta olvidar, Hogg?

A pesar de todo lo que tome...

Tal vez está en lo cierto y puede ser que cuando

haya bebido demasiado no le vea más.

No verá al fantasma de White que ahora le obsesiona.

Fue un gran amigo suyo aquel desgraciado, ¿verdad?

Váyase de aquí.

He dicho que se vaya de aquí.

¡Déjeme en paz! - ¡

Cobarde.

Es un cobarde que prefiere vivir aterrado

como un animal acorralado. ¿Acaso cree que no lo sé?

Desde que mataron a White se encerró en su casa

y no hace otra cosa que beber y beber.

¿Quién le da el dinero para comprar el pulque?

Está bien, haga lo que quiera.

Por miedo le matarán los otros

o acabará por matarse con su propio miedo.

Recuérdelo, Hogg.

Ken, por favor...

¿Qué pasa, has visto un fantasma?

¡El sheriff ha estado en casa de Hogg!

Cállate. ¿Estás loco al gritar así?

¿Quieres que todos te oigan?

¡No me importa, gritaré lo que quiera!

Silencio, ahí viene.

¿Se te ha pasado la borrachera, Jim?

Por lo visto sólo te metes con los chiquillos, ¿

Querrás decir sólo con los imbéciles, ¿no?

¡Cuidado con Jim, sheriff!

Creo que comprenderéis

que empiezan a cansarme vuestras tonterías.

Estás contenta, ¿ - Claro.

Un whisky.

Vete ahora.

Dicen que es usted un hombre muy decidido.

Hoy en la ciudad sólo se habla de usted.

¿Desde cuándo vive usted en Río Rojo, Watson?

Hará una decena de años.

¿Conoció a White? Sí.

Y, dígame, ¿tiene usted alguna idea

de por qué le mataron?

Creo que para robarle.

No llevaba dinero encima.

Me lo ha dicho la hija de White.

Le prevengo que esa muchacha también me gusta a mí.

Lo sé, pero lo único que a mí

me interesa es saber quién mató a su padre.

¿Está claro?

Le voy a decir una cosa, sheriff.

Y puesto que es usted inteligente

creo que esto le explicará la situación.

Las tierras de White limitan con la de Edwards.

Y sus pastos son muchos mejores,

hasta el punto de que su ganado es más apreciado.

¿Qué quiere decir con eso?

Sólo lo que he dicho.

Edwards tiene a sus órdenes hombres como Hondo,

gente violenta, cruel y sin piedad.

Y cuando desea apoderarse de alguna cosa...

En fin, no creo que hile muy fino, esa es la verdad.

Y por eso hago todo lo que está

en mi mano para proteger a Georgina.

Pero lo malo del caso es que estoy solo.

Comprendo.

Y ahora me toca a mí hacer una pregunta,

si me lo permite.

Mire, sheriff, tengo la extraña impresión

de que ya nos conocemos.

¿Cómo se llama usted?

No me lo ha dicho aún.

¿no se lo había dicho?

¿Y tiene importancia?

Pues sí.

Hemos hecho un buen trabajo. ¿Jefe?

Sí, diría que sí. ¿Te ha ayudado Mike?

Pues en cuanto a eso he sido yo quien le ha ayudado a él.

Dame las llaves, Chuck.

Gracias.

Mike.

¡Mike!

¡Despierta!

¿Qué le has hecho?

Este no despega los ojos aunque nos pongamos a disparar.

Es la hora de la comida.

Está como muerto.

Compréndelo, cuando se está cansado...

Recuerdo que yo también durante la guerra

cuando los cañones... No, no empecemos de nuevo.

¡Señor! ¡Señor!

¿Qué quieres?

¿Y ahora?

¡Vete, vete!

Pero, señor...

¿Quieres largarte?

¿Se puede saber quién es ese?

Hace varias semanas que le dio 100 pesos a Mike

para que se casara con su hija.

Mike estaba bebido cuando firmó el contrato.

Pero desde que cogió el dinero

no se le ha pasado la borrachera.

José quiere que haga honor a su promesa.

Pero Mike no quiere casarse

con una mexicana gorda y con bigote.

Escúchame bien, dile de mi parte a esta esponja

cuando se despierte que cuidado con hacerme una mala jugada

si no quiere que le eche a puntapiés de la ciudad.

Y cuando a puntapiés quiero decir que no podrá

volver a montar a caballo durante un mes.

Y en cuanto a ti, aunque yo no sea Toro Sentado,

te aseguro que te arrancaré la barba y el pelo.

Tan pronto Mike salga de su letargo

dile de mi parte que vaya a tomar un baño.

Tengo la impresión de que le hace mucha falta.

Así al menos no molestará.

¿Un baño?

John, este como yo si toca el agua se muere.

¿Y bien? - Le ha interrogado.

Pero no ha dicho absolutamente nada.

Ken Hogg hablará.

Lo sé.

¡Se que hablará!

A fin de cuenta, ¿él qué sabe?

El día que matamos a White Ken Hogg me reconoció.

El pañuelo se me calló un poco de la cara.

Sólo unos instantes, pero sé que me reconoció.

Me vio, ¿oyes? ¡Me vio!

Olvídalo, muchacho.

Eso ya no tiene remedio.

A ti no te importa, ¿verdad?

Pero el sheriff se lo hará contar todo a Ken Hogg.

Y entonces también yo hablaré.

¡Ja, también yo hablaré!

¡Y diré lo que sé de ti y de los otros! ¡Sí, hablaré!

Cuidado, Jim, otro discurso como este

y te cerraré para siempre la boca.

Para siempre.

Tienes razón.

Perdona.

He perdido la cabeza.

No pretendía amenazarte.

No volverá a suceder, ya lo verás.

¿cómo está el café?

¿De modo que esto es café?

Pues claro, lo he hecho yo.

Deberías haber probado el que nos daban en el ejército.

No, alto, para el carro. Me lo contarás otro día.

Y ahora llévate esa horrible mezcla que llamas café

y pon en libertad a Mike lo antes posible. Apresúrate.

Sal.

Ven, acércate.

¿No te lo ha dicho Chuck? Puedes irte.

Bien.

¿Puedo hacer algo por ti?

No, no.

Bien, entonces hasta la vista.

Mike.

¿Sí?

Un momento.

¿Qué vas a hacer?

Quiero decir, ¿cuáles son tus proyectos?

¿Tienes ya trabajo o alguna idea?

Algo haré.

Dime,...

¿qué dirías si te ofreciera quedarte aquí

y echarme una mano a mí y a Chuck?

¿Te gustaría?

¿Acaso bromeas?

¿Crees que es un hombre que bromea?

Bueno, decídete, vamos. ¿Quieres quedarte sí o no?

¿Sí o no?, no tenemos tiempo que perder.

O lo tomas, o lo dejas.

¿Pero cómo puedes confiar?

Vamos, decídete.

A menos que no le tengas miedo a Edwards.

De acuerdo, me quedo.

Y verás que no le tengo miedo a nadie.

Muy bien.

Perdona, ¿podrías darme algo de dinero?

Si es para volver a beber, desde luego, no.

No. Tengo que restituir unos dólares a alguien.

De acuerdo.

Toma.

Gracias. Gracias a los dos.

Querrá pagarle la deuda al mejicano

para librarse de la hija.

Adelante. Bien.

El patrón está ahí fuera. Quiere hablarle.

Pues hazle pasar.

Hola, sheriff. ¿Puedo serle útil en algo?

No, exactamente. Solo vine a devolverle la visita.

A pesar de todo, me es usted simpático.

Me gustan los hombres valientes.

También usted me resulta simpático.

Es, precisamente, por eso, por lo que quisiera

que tuviera presente una cosa. ¿Qué es?

Que he venido aquí con una misión.

Con una misión que pienso cumplir.

Que cumpliré por encima de todo.

Hablemos claro, sheriff.

No tengo nada en contra de usted, por el momento.

Y es justo que haga usted su trabajo.

Pero creo que necesita usted emplear un poco más de diplomacia.

No le comprendo.

Apenas llegó, atacó a uno de mis hombres.

Insultó a mi hijo delante de todo el mundo.

Y fue a mi rancho tratándome de imbécil.

¿No cree que todo esto sumado, sería mejor

que fuésemos buenos amigos?

¿Para terminar como los otros sheriffs que creyeron en usted?

¿O piensa que no sé cuál es

la suerte que les espera a sus amigos?

Y también sé lo ocurrido con Mike,

una vez que quiso cumplir con su deber.

Escúchame bien, Edwards. Hondo y sus hombres siempre

supieron reducir a la obediencia a aquellos

que osaban revelarse contra sus órdenes despiadadas.

Ahora todo eso se terminó.

Le garantizo que sabré impedir

toda clase de abusos de usted o de quien sea

por todos los medios. Yo...

Cálmese.

En cuanto a Jim, si no impide que Hondo le lleve de la mano

y se emborrache todo el santo día como hace ahora,

acabará muy mal.

Eso se lo garantizo yo, Edwards.

Usted debe estar loco para hablarme de ese modo.

Y espero se dé cuenta de ello. No. En absoluto.

Y le aseguro que no llego a comprender

cómo puede infundir tanto miedo a los demás.

¿Quiere tomar algo? Chuck.

A las órdenes del señor sheriff.

Dame unos vasos.

Gracias.

Muy bueno su whisky. Sí. No está mal.

De acuerdo, sheriff.

Vigilaré a Jim y seré un ciudadano respetuoso con la ley.

Trataré de complacerle, aunque, de momento,

siento muchos deseos de retorcerle el pescuezo.

Venga a verme mañana por la noche al rancho.

Allí continuaremos esta charla.

Ahora tengo trabajo. Perdone, Edwards.

Deseaba hacerle una pregunta.

¿Acaso le interesan los terrenos de la señorita White?

Todos los terrenos me interesan. Los necesito para pastos.

Si la ella quiere vender... ¿Por qué me lo pregunta?

Era una pregunta como otra cualquiera.

Ya volveremos a hablar de esto.

No se olvide de ir a verme, sheriff.

Lo haré, puesto que insiste. Insisto.

Tenemos que hablar de muchas cosas.

Se dará cuenta de que ha cometido

un grave error conmigo. Se lo demostraré.

Adiós.

¡So, caballo!

Buenos días. ¿Puedo serle útil en algo?

Ya le dije que acabaría usted como todos.

¿Cómo?

Explíquese. ¿Cómo? Pues que Edwards

lograría comprarle también a usted. Déjeme pasar, se lo ruego.

Gracias, Sam. De nada.

Buenos días, señorita. El señor Watson la está esperando.

Buenos días, Watson.

Buenos días.

Tienes aspecto de estar muy nerviosa. ¿Qué te ha sucedido?

El sheriff. He visto hace un momento con mis propios ojos

cómo Edwards ha ido a visitarle.

Se estaban despidiendo y parecían dos amigos.

Y yo que creía poder contar con él.

No esperaba esta desilusión.

Parecía que estaba decidido a ayudarme.

Y yo le conté todo lo de mi padre.

No podemos fiarnos de nadie. Vamos.

No debes tomártelo así.

Lo malo es que has sido demasiado impulsiva.

Sí. Tienes razón. No sé cómo he podido confiar en él.

Si ni siquiera conozco su nombre. A propósito.

Si es lo que te interesa, puedo satisfacerte.

Se llama Johnny Christ. Un hombre que antes de venir aquí,

mató a cuatro personas en Arizona.

¿Quieres decir que es un asesino?

Solo digo lo que has oído.

Si sientes alguna cosa por él, no es el hombre adecuado.

Y no creas que te digo todo esto porque me rechazas.

Te amo profundamente, querida.

Y aun sabiendo que no me correspondes,

nunca haría una bajeza semejante.

Pero, no obstante, mi amor, te aconsejo que te vayas.

Aquel grupo financiero ha hecho una nueva oferta por tus terrenos.

Se trata de 30 000 dólares.

Acéptala. Me parece conveniente.

Y me sentiría más tranquilo sabiéndote a seguro

de las insidias de Edwards.

Tienes razón, Watson.

Venderé mis tierras. Te ruego

que te ocupes de ellas. Bien.

Sabía que, al final, te decidirías.

Esto es un compromiso de venta. ¿Quieres leerlo?

No, no. Me fío de ti, Watson. No me interesan los detalles.

Dime. ¿Dónde he de firmar?

Aquí.

¿Sabes, John?

Estaba pensando en la señorita White.

¿Y desde cuándo piensas, Chuck?

Una hermosa chica, pero astuta

como una gata salvaje.

Porque... ¡No! Basta. Ni una palabra más.

Está bien, está bien. Como quieras.

Pero si ella supiera la verdad...

¿No sería mejor que le dijeras quién eres?

Escucha, Chuck. ¿Quieres un consejo de amigo?

Mantén la boca cerrada. ¿Comprendido?

Buenas noches, señor. ¿Me buscaba?

Sí, señor.

Adelante. Vamos, ánimo.

No esperaba verla tan pronto.

Podéis marcharos.

Siéntese.

¿Qué tiene que decirme? Es con respecto a Ken.

Le he convencido de que hable.

¿Y por qué no ha venido él, si tiene esa intención?

Porque tiene miedo, señor.

Entonces, yo iré a verle.

Vamos. ¡Mike! ¡Chuck! ¡Señor!

No le hará ningún daño, ¿verdad?

Le garantizo que no le pasará nada, si me dice la verdad.

Esté tranquila. ¿Vamos?

¡No! ¡Ken, no! ¡Ken!

¡Ken! ¡Ken!

¡No!

¡Ken! Vamos.

¡Ken, no! Cálmese.

¡No! ¡No! ¡No, no, no!

¡No! ¡No!

Tiene que ayudarnos a descubrir a los culpables.

Sí. Tiene razón, señor. Sí. Debo ayudarle.

Como quería hacerlo él.

Y por eso ha muerto.

La culpa es mía. ¡Mía!

Yo le persuadí.

Yo. Yo. Cálmese.

La culpa no es de usted.

No tenga remordimientos.

Haga un esfuerzo por recordar.

¿Ha visto hoy a alguien rondar la casa?

Mandaré a una mujer para que le haga compañía.

Yo me ocuparé de todo.

Mira esta espuela, John.

Vamos.

Hace, escasamente, una hora que Hogg ha sido asesinado.

¿Alguno de vosotros sabe algo?

Dame un whisky. Enseguida, sheriff.

Dime, Jim. ¿Dónde has perdido esto?

¿Y yo qué sé?

¡Déjeme en paz! - Si tiene alguna acusación

que hacer, vomítela. - No haga cumplidos, sheriff.

Apriétele los tornillos.

Creo que me veré obligado a darle otra lección.

Vamos. Adelante, fanfarrón. Te espero.

¿Hay algún otro que quiera probar?

Lo digo a los amigos de Hondo.

Mike. Échalos.

Fuera, caballeros. Adelante. Rápido. ¡Muévanse!

Corre al lado de tu padre y dile de mi parte

que esta es mi última advertencia.

No lo olvides. ¿Comprendido?

No creas que podrás salirte con la tuya.

¡Acabarás pagando esta insolencia! ¡Jim! Espera.

Y recuerda otra cosa. Tarde o temprano, descubriré

quién mató a Ken Hogg y también a quién asesinó a White.

Y los culpables serán castigados, sean quienes fueren.

Un día u otro, acabará por destruirme el local.

Podrá reconstruirlo, cargándolo a la cuenta del señor Edwards.

¿Puedo hacerle una pregunta, sheriff?

Usted, si no me equivoco, acusó a Jim de haber matado

a Ken Hogg. ¿Por qué no lo ha detenido?

¿En qué iba a basarme?

Esa ruedecilla de la espuela no es suficiente

para mandarle a la horca.

Además, Jim me es más valioso vivo

que colgado de la soga. Debe saber mucho.

Voy a echar un vistazo a la casa de Hogg.

Buenas noches, Watson.

Buenas noches, sheriff.

¡Rodney! Procura despertar a ese idiota.

-Bien.

Sheriff.

Ya sé todo con respecto a usted.

Se llama John Christ. Y tiene sobre su conciencia

la vida de muchas personas.

Escuche un momento. No. Escúcheme a mí.

Creí durante varios que era diferente a los demás.

Y, por el contrario, se ha hecho usted amigo de Edwards.

Ha asesinado a Ken Hogg para impedir que pudiera hablar.

Pero ahora yo... ¡Basta! Es usted una tonta.

Y nada más que una tonta.

Y no vale la pena que pierda

el tiempo con usted. ¡Suélteme!

John.

John.

Mira lo que hemos encontrado en el fondo de un cajón.

Esta carta está dirigida a White.

Mike dice que se trata de un análisis

y que habla de petróleo. - Sí.

Petróleo. Eso es lo que querían de White.

En este caso, no puede haber sido Jim.

Tenemos que liberarnos de Jim.

Y más, tras cometer la locura

de matar a Ken. - Tú quisiste

que trabajara con nosotros. - ¡Cállate!

Es un Edwards y tuvimos las espaldas cubiertas

porque la gente teme a su padre.

¿Tan difícil se te hace comprenderlo?

A nosotros nos conviene que la gente crea

que todo eso es obra suya. - ¿Y qué piensas hacer?

Presta atención, Hondo.

¿Qué haces aquí? Quiero hablar contigo.

¿sí? Adelante.

Pues se trata de Ken Hogg.

Yo... En fin, quiero decir...

¿Quieres decir que lo has matado?

Dime. ¿Estás loco? ¿Has perdido el juicio?

Solo esto podría justificar una cosa parecida.

¡Vamos, habla, imbécil!

¿Por qué lo has hecho?

Porque se lo iba a contar todo al sheriff.

¿Todo?

Es verdad.

Por fin comprendo.

Le hubiese contado lo referente al asalto de la diligencia

y el asesinato de White. Otro trabajo tuyo, ¿verdad?

Pero aquella vez los bandidos eran dos.

Vamos, habla. ¿Quién era el otro?

Hondo... ¿Hondo?

Te lo explicaré todo. Espera.

¿Y qué quieres explicarme? Lo hiciste por dinero,

como si no te diera bastante. ¿O lo hiciste por ser alguien?

¡Vamos, contesta, idiota!

¡Sí! Es verdad. Porque desde que nací

no soy otra cosa que tu hijo y nunca nadie

me ha tomado en serio. Estoy harto de vivir

a tu sombra.

Si tengo amigos es porque soy tu hijo.

Y si me halagan o me temen es sola y únicamente

porque soy tu hijo.

¡Sí, es por esto que te odio!

Vete. Y esta vez procura arreglártelas solo.

Así veremos si eres un hombre. Y recuérdalo bien:

de ahora en adelante todos los líos en que te metas

serán tuyos. Solamente tuyos.

¡Fuera de aquí!

Te he dicho que no puedes verla ahora.

Cálmate, Paloma, y deja que lo averigüe yo.

¡Que no! ¿Adónde vas?

Se trata de algo muy urgente. - La señorita está indispuesta.

¡No te muevas de aquí! ¡Que no!

Déjanos, Concepción. ¿Qué deseas, Chuck?

Pasa, por favor. Gracias.

Bien, ¿qué es lo que quieres?

Pues se trata del sheriff.

No me interesa nada con respecto a él.

Ahora sé quién es. ¿Sabe quién es?

Sí, un asesino.

Que ha dado muerte a varias personas

y que no dudaría en volver a hacerlo.

Debería estar en la cárcel.

No quiero ni oír hablar de él.

Vete, Chuck, por favor.

Pero escuche, señorita.

¡Es usted una muchacha muy testaruda!

Bien, lea esto.

Yo no sé leer pero me han dicho que aquí consta

toda la historia de John.

Aquí debe constar lo sucedido en Bichita, en donde mandó

a Allison al otro mundo, un bandido que había dado

muerte por lo menos a 10 personas.

Aquí cuando fue a Barton City.

Por favor, tengo cuidado en no mezclarlos.

Ya le he dicho que no sé leer y si no lo encuentro

en el mismo orden, no sé de qué hablan.

¿Y estás seguro de que dice la verdad?

Letra impresa, señorita. No hay quien pueda ponerlo

en duda Yo he visto la cicatriz que John tiene en la espalda,

que también está descrita aquí. Y además, por si le interesa,

le ha dado una paliza a Hondo teniendo en jaque

a todos los hombres de Edwards que estaban en el salón.

No, no, no. En la frente porque la barba pincha.

Entonces estaba en un error al sospechar de él.

No estaba confabulado con Edwards.

¿Confabularse con Edwards? Ese, por lo que yo sé,

solamente se confabula con el diablo.

¿Dónde está ahora? Es preferible dejarle

en estos momentos. Es mucho mejor.

Pero si desea verle le diré lo que ha de hacer.

Veamos...

John.

Tengo necesidad de hablar con usted

y le ruego que me escuche.

¿Cree que vale la pena? Me habló muy claramente

la última vez que nos vimos, ¿no lo recuerda?

John, Chuck me ha contado toda la verdad sobre usted.

¿Chuck? Ajá.

Ya entiendo.

¿Y estás satisfecha ahora que lo sabe todo,

señorita White?

Le ha costado mucho dar este paso, ¿verdad?

He sido injusta con usted, John.

Mis estúpidas sospechas. No sé cómo excusarme.

Estaba ciega, obcecada.

Pero nunca me podrá perdonar, lo sé.

Vamos a intentarlo, no podemos hacer

otra cosa mejor.

Luego con el dinero podremos huir a Méjico,

lejos de todos Incluso de tu padre.

Sabes que me ha despedido, ¿verdad?

No nos queda otra alternativa.

Nuestra situación es desesperada.

Es inútil hacernos ilusiones

Tarde o temprano el sheriff nos acorralará

y esto quiere decir... - ¡Olvida a ese idiota!

¡Enfurecerse no vale de nada! Es mejor resignarse.

Daremos ese golpe.

Y lo daremos juntos porque tengo necesidad

de que me guardes la espalda.

No te arrepentirás.

Y ahora, vamos. No quisiera encontrarme con tu padre.

¿Qué haces?

Una vez mi padre encontró unas cabezas de ganado aquí

y también más al Sur.

Lo que me imaginaba.

¿Qué? Un yacimiento de petróleo.

Los dos frascos que encontramos contenían las muestras

que constituyen el motivo del delito.

¿Sabes? Si esto aflora así puede producir

millones de barriles. ¿Entonces?

Eres la propietaria de uno de los yacimientos

petrolíferos más grandes del país.

Tu padre lo pagó con la vida, pero eso no te sucederá a ti.

¡Levante las manos!

Las llaves de la caja fuerte. - No las tengo.

Adelante, ábrela.

No tengo las llaves. - ¡Maldito!

Hondo, larguémonos.

¡Te ha oído, imbécil!

¡Vamos, date prisa! No te quedes ahí parado.

Rápido.

¿Qué ha pasado? - ¡Han asaltado el banco!

¿Está herido? - No es nada, no es nada.

¿Qué ha sucedido? Asaltaron el banco y huyeron.

¡Chuck! No hay nada que hacer, John.

Ha muerto y la caja fuerte está vacía.

¿Quién le ha disparado?

¿Le ha reconocido? No.

He oído los disparos y he salido. Pero era tarde.

¿Cómo eran? Llevaban la cara enmascarada.

Lo siento pero no creo poder serle útil.

Watson,

¿qué razón le impulsa a encubrir a esos delincuentes?

No es bueno hablar.

Le tengo aprecio a mi piel y esos hombres no bromean.

¿Quiénes eran?

Está bien.

Pero espero que sepa protegerme.

Uno era Hondo.

¿Y el otro quién era?

No he podido verlo.

Vaya a que le curen. Por suerte no es nada.

Mike, ensilla los caballos.

Y vosotros, regresad a vuestras casas.

Aquí todo ha terminado.

Han pasado por aquí. Vamos.

¡Nos están siguiendo! No nos alcanzarán. Ya lo verás.

No se ve nada. Por allá.

Detengámonos un momento.

¿Qué sucede?

¡Maldita sea! Qué desgracia, se ha roto una pata.

Mátalo y vámonos.

¿Estás loco? Oirían el disparo y sabrían dónde estamos.

¿Entonces qué hacemos? - Acamparemos aquí.

No nos encontrarán. - ¿Cómo se te ocurre eso?

Esta es una buena posición. Y aunque nos descubran

podremos dispararles. Vamos.

Por aquel sendero.

No deben estar lejos. ¿Qué me dices?

Sí, por aquí no es posible que puedan continuar de noche.

No, no es posible.

Pongámonos a cubierto en esas rocas.

Es mejor que acampemos aquí a esperar el amanecer.

¡Hondo!

¡Sal de ahí!

No tienes posibilidad de escapar.

¡Escuchad!

No dispares, oigamos lo que dice.

Os aconsejo que os larguéis. El culpable, Jim, ya ha huido.

Os mataré como a perros si no me dejáis tranquilo.

Escucha, Hondo. Si eres inocente,

¿por qué huyes?

Sal de ahí.

No seas tonto. No puedes escapar.

Mike, mantenle ocupado.

Ten cuidado. Puede que Jim esté con él.

¡Hondo!

¡Escucha, Mike.

Quiero hablar con el sheriff.

¡Sheriff! Contéstame, quiero hablar contigo.

¡Hondo!

Por allí hay huellas de sangre, Jim debe estar herido.

Deseaba, con toda mi alma, apresarle vivo.

Sí.

Lo siento, sabía muchas cosas.

Paciencia.

Llévate a Hondo y el dinero y cuenta lo sucedido.

Iré a buscar a Jim confío en encontrarle vivo.

Yo no sé nada, Sr. Watson,

pero, ya verá como John y Mike dieron con ellos.

Tengo miedo.

¿Quién es, Mike? - Es Hondo.

¿Y el otro, habéis podido apresarlo?

¿Quién era? Vamos, habla.

John lo está buscando, ya no podrá hacer ningún daño.

Era Jim, los buitres darán buena cuenta de él.

Patrón. Quién te llamó, no me molestes.

Dame otra botella.

No debería beber tanto, le hará daño

Déjame en paz, vete. Todo irá bien,

estoy seguro de ello, no puede haber sido Jim.

No, nada irá bien, es el fin de mis esperanzas,

cuanto a Jim, debe haberse vuelto loco.

Pero, podría... ¡Márchate!

Adelante.

Buenas tardes.

Qué quiere. El Sr. Watson quiere hablarle.

Que pase.

Siéntese.

Qué quiere.

¿Qué le ha pasado en el brazo?

He venido a hablarle a propósito de esto, por esto, precisamente.

Mire...

No he podido hacer otra cosa, créame.

Qué trata de insinuar, explíquese.

Esta noche, después del asalto al banco, al herirme,

he sido interrogado por el sheriff,

pero, yo solo he hablado de Hondo.

Sí, le he hablado, solamente,

de Hondo, debe creerme, no le he hablado de Jim.

Pero, el sheriff... Vamos, Watson, dígame,

¿qué ha sucedido? Hable. El sheriff le ha seguido

y le ha dado alcance y Jim, el pobre...

No, no es verdad, ¡no, no!

No ha sido culpa mía, Edward, se lo juro, no fue mi culpa.

¡Váyase al diablo!

Tiene que creerme, digo la verdad.

Márchese, víbora.

¿Cómo te las arreglarás con Watson,

estás seguro que es el jefe de la banda?

¿Y qué puedo hacer yo?

No, no, ningún jurado lo condenaría sin el testimonio

de Hondo o de Jim, de eso no cabe la menor duda.

Déjalo de mi cuenta, yo lo resolveré.

Sí, y, luego, tendré que encerrarte por homicidio.

Es inútil, ¿sabéis qué podemos hacer

por el momento? Tomar un buen trago de güisqui.

Una idea estupenda.

Hola, sheriff. Hola.

¿Qué quieres, me buscabas? Sí, me manda Rod Edwards.

¿Quiere hablarme? Sí.

Está bien.

Ha dicho que te espera a la entrada de la ciudad.

Quiere saber noticias de su hijo.

¿De Jim? No sé, absolutamente, nada.

Y dile a tu patrón de mi parte

que tenga cuidado y no haga tonterías.

¿Tienes miedo? Él ya lo ha decidido,

quiere tu piel por la de Jim.

Avisa a tus amigos para que te echen una mano.

¿Entendidos? Y procura no faltar a la cita

porque, de todos modos, te encontraremos.

Di a tu patrón que no le rehúyo.

Pero, el sheriff soy yo, y si tiene necesidad de hablarme,

será aquí, en la ciudad donde le espere.

Bien, se ha hecho tarde.

Tengo que irme. - Hasta mañana.

Basta por esta noche.

Hasta mañana. Adiós, Jimmy.

Me voy. - Yo, también, tengo que irme,

le dije a Frederick que pasaría por su casa.

Marranos, todos se largan, vaya gentuza.

Nos bastamos nosotros.

Adelante.

Ahg.

Están llegando.

¿Estáis locos? No os he llamado.

Vamos, iros a casa, rápido, marchaos.

¿Estás bromeando? Los ha mandado la providencia.

Tus hombres y los míos no tienen

nada que ver en este asunto, sería una matanza inútil.

Como te parezca, sheriff, solo te quiero a ti.

Sabes lo que te espera, ¿verdad?

Sé que vienes con la intención de matarme, pero, no sé por qué.

Porque has matado a mi hijo.

No has parado hasta que le has dado muerte.

No, no he sido yo, tienes que creerme, Edwards.

Ni siquiera sé dónde puede estar tu hijo.

Estaba con Hondo y desapareció.

Quieto, no lo hagas o tendré que defenderme.

¡Ha llegado Jim!

Está herido.

Jim, hijo mío, dime quién ha sido, habla, habla.

Dime quién ha sido. Fue Hondo quien me obligó

a asaltar el banco y, luego, se ensañó conmigo.

¿Hondo? ¿No es verdad que te odio?

Nunca te he odiado, padre, no sé por qué he hecho todo esto.

Estaba como enloquecido, perdona.

¡Jim, Jim!

¡Hijo mío, Jim!

¡Jim!

Ponedlo sobre un caballo.

Lo de costumbre. - Bien.

Adiós. - Adiós.

Yo cerraré, puedes irte.

Bien, finalmente, todo se arregló, ¿sheriff?

Sí, y ha hecho usted un buen trabajo.

Los únicos que podían acusarle, han muerto.

En verdad, lo ha arreglado todo muy bien.

Un final previsto desde hacía tiempo.

¿El que formaba parte? El miedo que ha pasado esta tarde

cuando ha visto llegar a Jim herido.

Yo, en su lugar, no insistiría en el argumento.

Tal vez, insistiendo demasiado llegue a arruinar su carrera.

John.

John. Buenas noches, Srta. White,

aprovecho la ocasión para saludarla.

Mañana por la mañana he de ir

a la ciudad para arreglar ciertos asuntos.

¿Y tú, le dejarás ir? No puedo hacer otra cosa,

nunca, como ahora, esta estrella me había pesado tanto.

Mis sentimientos no pueden prevalecer sobre la ley.

Es usted un puerco asesino, Watson.

Ha hecho todo esto con la esperanza de apropiarse

de todos mis terrenos,

después de saber por mi padre, las riquezas que contiene.

Le aconsejo que preste atención a lo que dice, señorita.

No existe ninguna prueba contra mí y el sheriff se lo puede confirmar.

Y por lo que respecta a sus tierras

ha firmado usted un compromiso legal.

Un momento, Watson, no se haga demasiadas ilusiones,

no podrá escapar de la justicia.

Al final, le encerraré. Pero, hasta que llegue ese día,

le sugiero que contenga sus nervios.

Vamos, Georgina.

A su salud, mi querido sheriff. ¡Watson!

Es una carta de Jim, me la dejó antes de marcharse,

pero, la he encontrado demasiado tarde.

Sheriff, si tiene necesidad de mí, ya sabe dónde encontrarme.

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