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Subt�tulos: ignacio gonzalez para cine-forum clasico.org
En Rusia, a principios del siglo XIX, en una regi�n distante de Petersburgo.
Ivan.
- �Ivan! - Estoy listo.
En cuanto llegues a Petersburgo buscar�s al hijo de nuestro se�or.
- En el c�rculo de oficiales. - El 4� de cosacos de la guardia.
Te lo encargo, cu�ntale lo del proceso. Toda una infamia, de arriba a abajo.
Jueces comprados, documentos quemados. El pobre Alexei, muerto.
Que venga. Que parta enseguida, antes de que sea demasiado tarde.
Hace tantos a�os que se fue que qui�n sabe si querr� volver.
Ve por detr�s de la casa y atraviesa el campo.
Mantente siempre fuera del camino.
Sabes lo que te espera si te prenden los hombres de Kirila.
Que la peste lo coja donde se encuentre.
Que Dios te acompa�e, Ivan.
Todos evitan esta casa.
Todos tienen miedo.
E Ivan, �d�nde est�?
Se ha ido.
- A Petersburgo. - �Por qu�?
Vladimir es demasiado impulsivo y reaccionar�a a la violencia con la violencia.
Nuestros enemigos son poderosos y correr�a el riesgo de poner en peligro
su carrera.
�Es �l!
No, se�or... Voy yo.
T�, comisario, ven conmigo.
Comisario, comprueba que no se ha tocado nada.
Y no pierdas de vista a estos villanos ni por un minuto.
Ya me encargo yo, Kirila Petrovitch.
S� que ser�an capaces de robarme los dientes de la boca mientras hablo.
T�, ven aqu�.
�D�nde est� Andrei Dubrovsky? Que venga aqu�.
El se�or est�...
Aprende qui�n es ahora el se�or.
Te lo suplico, Excelencia.
Andrei Dubrovsky est� muy enfermo.
�Enfermo o no, que venga!
Se ha enfrentado conmigo y ahora paga.
Y me las arreglar� para echarlo fuera.
�Qu� m�s quieres?
Lo que es m�o: la casa.
Entre estos muros he pasado 70 a�os de mi vida.
Y aqu� vivieron mi padre y el padre de mi padre.
Y, Kirila Petrovitch, deber�as saberlo mejor que nadie.
Palabras. Lo que importa es la ley. Y el derecho est� de mi lado.
- �Verdad, comisario? - Sagrado, Excelencia.
Maldito seas, Kirila Petrovitch Troekurov.
Por tu loca sed de la riqueza,
te has inventado la estratagema para arrancarme mi casa y mis tierras.
- A m�, un viejo amigo tuyo. - Te hice una propuesta generosa.
Pudiste aceptar convertirte en guardi�n de mis perros.
Habr�as acabado tus d�as aqu�, en vez de morir qui�n sabe d�nde, abandonado por todos.
�C�mo tienes valor para ofenderme as�?
�Fuera! �Fuera de aqu�!
Antes de que te haga (...) por mis siervos, como el ladr�n que eres.
Se�ores oficiales,
estoy orgulloso de anunciarles
que una vez m�s
nuestro regimiento ha conseguido la victoria en las pruebas de la guarnici�n.
Y eso gracias a la excepcional capacidad como tirador
del Teniente Vladimir Dubrovsky.
Tambi�n me complace poder comunicarles
que tambi�n este a�o nuestra emperatriz
se ha dignado ofrecer graciosamente
como premio de la prueba al teniente Dubrovsky, el presente
que seg�n la tradici�n le ser� entregado
por el campe�n del a�o pasado, el pr�ncipe Sergei Ivanov.
Puesto que es tradici�n, no ser� yo el primero en romperla.
Ha sido declarado ganador,
y yo me inclino al juicio...
de estos se�ores.
Querido Dubrovsky, es usted un oficial brillante, sin duda.
Pero perm�tame dudar de la precisi�n con la que se lleva a cabo la prueba.
�Quiere poner en duda mi imparcialidad como juez?
Est� ligado por una estrecha amistad con el Teniente Dubrovsky.
�Y bien?
La amistad, como el amor, a menudo hace ver...
lo que no es.
�Debo pensar que no me considera digno de este presente?
Hasta ahora, amigo m�o, no me ha dado pruebas.
S�lo tengo un deseo, por lo dem�s.
Que se presente pronto la ocasi�n de demostrarme su habilidad.
Sus deseos son �rdenes para m�.
�Se ha comportado como un tabernero, Teniente!
- Lo entiendo (...), pr�ncipe. - S�lo los taberneros vierten vino.
Entre caballeros se vierte sangre.
En este caso puedo empezar con la suya.
Ser�a curioso saber c�mo.
Encontr�ndonos por la ma�ana en el parque de los ciervos.
- �Cu�ndo? - Por la ma�ana al amanecer.
La distancia ser� de 10 pasos.
Bien, es la distancia a la que nos odiamos.
- Estoy a tu disposici�n. - Gracias.
Teniente Dubrovsky, en la sala de los espejos hay un hombre que insiste en verle.
�Ivan!
Ivan, �c�mo aqu�?
Me dijeron en tu casa que estabas en el c�rculo.
�Qu� sucede?
Terribles noticias, Vladimir. Hay que salir de inmediato.
He preparado caballos de repuesto.
Si no partimos ahora, no podremos encontrar otros.
Y no llegaremos a tiempo.
�A tiempo? �Pero habla!
�Y bien?
He dado la vuelta a un nueve y le he quitado 10.000 rublos.
Perdone, Pr�ncipe. El Conde Vladimir Dubrovsky.
�Otra vez? Hazlo entrar.
Lamento mucho este contratiempo.
�Nos deja solos?
Pido disculpas.
No s� si se da cuenta...
Se sorprender� de que venga directamente a usted,
pero he buscado en vano a mis padrinos.
Por otra parte, no le habr�a molestado si no fuera por un motivo muy grave.
�Que ser�a?
Tengo que irme de inmediato de Petersburgo.
- �De inmediato? - S�.
As� que, si no me equivoco, por la ma�ana no se batir� conmigo.
As� es. Y es por eso...
Entiendo. Su actitud es muy clara, (...) si no demasiado...
Sergei Ivanovitch,
espero que Dios me permita batirme pronto con usted.
No se lo deseo.
S� que puedo contar con usted,
como caballero y como oficial.
Le pedir�a que entregara estas dos cartas:
una licencia que le pido al coronel, una excusa dirigida a sus padrinos.
- Lo har�. - Gracias, Pr�ncipe.
(...) tambi�n.
Se ve que no conoce bien a los hombres, querido doctor.
A m�, en cambio, me habr�a sorprendido lo contrario.
No, no, tesoro. Mientes.
Lo que dir� tu madre al saber...
que has jurado en falso.
C�lmate, intenta dormir.
Vladimir Andr�ievich, sab�a que vendr�as.
Padre.
Soy Vladimir.
Su hijo.
Vladimir...
- "Volodia"! - �nimo.
Un oficial de la Guardia Imperial
no debe ser recibido en un establo.
Es necesario que en Petersburgo no se sepa que esta
es la nueva casa de los Dubrovsky.
Ahora estoy yo aqu� y veremos...
Vladimir, esc�chame.
Faltas de casa hace bastantes a�os y no puedes saber.
Troekurov se ha convertido en se�or de toda la regi�n.
Y t� sabes lo que significa
ser el se�or aqu�.
El se�or de nuestras almas siempre has sido t�.
Y despu�s de ti, lo ser� tu hijo Vladimir.
Kolia...
T�... tienes que... tienes que volver a los campos,
para seguir al menos un poco (...) y que tus hijos no mueran de hambre.
Mi...
Mi fin no debe ser el de todos vosotros.
Siempre he cre�do en Dios.
- Y no tengo miedo. - Tambi�n yo he cre�do siempre.
Pero a veces se puede matar a alguien rezando una oraci�n.
Coge este anillo, no tengo m�s.
Me niego a creer que se pueda cometer una injusticia tan monstruosa.
Ir� al presidente del tribunal, al gobernador.
Apelar� a la emperatriz en Petersburgo, si hace falta...
Pero...
Has muerto aqu� como un vagabundo.
No bastar� toda la sangre de Kirila y de los suyos para olvidar
las l�grimas que has derramado.
�Por qu� no he estado siempre cerca?
Te habr�a defendido. Te habr�a salvado.
�Por qu� no me avisaste antes?!
Nunca quiso.
Tienes que vengarlo, Vladimir Andr�ievich,
�De lo contrario, tu alma no tendr� paz!
�Que sea condenado si no lo hago!
T�, juez, eres el m�s glot�n de mis perros.
Tienes el molino detr�s de la iglesia. �Qu� m�s quieres?
Me he deshecho de los documentos sobre la propiedad de Andrei Dubrovsky.
He encontrado el testimonio falso
y asumido la responsabilidad de dictar sentencia en tu favor.
�Te parece poco?
Bien, la propiedad y la finca de Dubrovsky son tuyas.
Con los derechos de caza hasta el r�o y 130 almas.
Que Dios siempre te ilumine, Kirila.
Y contenga tus apetitos.
Tengo otro ruego que hacerte.
- �Otro m�s? - El �ltimo.
Hay entre tus mujeres una circasiana. Una tal Natalia Andreievna.
Te agradecer�a que la pasaras a mi servicio.
Cuidado, es un peque�o tigre que no se deja arrimar.
Las mujeres que me gustan son aquellas que hay que domar.
Nuestro presidente del tribunal es un gastr�nomo.
Te dar�s cuenta...
Pondr�is el m�o (...) desde ahora.
De ahora en adelante, ser� vuestro nuevo se�or.
Se�or de vuestras almas y de vuestros cuerpos.
Y si alguno recordase alguna vez al viejo,
le ayudar� a olvidarlo.
Y para siempre.
�Maldito escudo!
Lo quitar� de todas partes.
�Qu� haces aqu�, as�?
Muerto mi padre y mi hermano encarcelado.
Kirila Petrovitch me ha regalado a ti como uno de sus muchos perros bastardos.
Y pretendes mi amor...
- Yo (...) - (...) hermano
S�lo falta mi firma.
Me obligar�s a ponerla.
Traedme de comer.
�Traedme otro plato que no tenga el escudo del demonio!
Pero son nuestros platos, se�or presidente.
Nunca hemos conocido otros, ni nosotros ni nuestros padres.
�C�llate, granuja!
�Y t� qu� miras?
(...) cuadro.
�Hab�is entendido lo que he dicho?
Lo har� yo. Es mejor.
Tal vez ni siquiera sospechabas mi existencia.
Parece que todos aqu� la hab�an olvidado.
Pero es culpa m�a, que os permit� que mataseis a mi padre.
Soy Vladimir Dubrovsky.
S�lo t� me conoces ahora, adem�s de ellos.
Pero ninguno hablar�.
Ellos porque me seguir�n. T�... porque te voy a matar.
No tienes derecho. No puedes matarme as�.
No te matar� sin haberte juzgado.
Ser� la �ltima vez que asistir�s a un juicio.
Pero no como juez, sino como acusado.
Pero yo no he hecho nada, soy inocente.
Mi hermano es inocente. Pero fue condenado.
Si no firmas ese documento, morir� seguro.
Firmar�. Firmar� todo lo que quieras.
Pero ahora dejadme ir.
- �No me mates. Te lo suplico! - Ellos te juzgar�n.
Cada moneda lanzada sobre esta mesa ser� la respuesta positiva de uno de vosotros.
Esta es la m�a.
Arpad. Arkip
Stenka. Kolia.
Cuatro rublos.
Todos mis ahorros, salvados de sus manos.
Servir�n para su sepultura.
Eres juzgado. �Qu� tienes que decir?
Soy inocente. No soy yo el que mat� a su padre.
Fue Kirila Petrovitch, de acuerdo con el gobernador y el comisario.
�Y contigo, por lo m�s sagrado!
Morir�is todos. Uno por uno.
Y por �ltimo, Kirila Petrovitch.
Quiero que sienta la muerte apretarle la garganta, poco a poco,
como en una pesadilla.
�No!
�No!
No...
- �Y cu�ntos son? - No se sabe.
S�lo sabemos que todos los d�as aumenta la banda.
Y es cierto que se trata de campesinos.
�C�mo pueden los campesinos actuar de una forma tan precisa y astuta?
Tienen un cabecilla al que todo el mundo llama "�guila Negra".
Y todos, incluyendo los nuestros, est�n asustados.
Si contin�a as�, acabar� por convertirse en el se�or de la regi�n.
Aqu� habr� siempre un solo se�or: yo.
Y ese bandido se dar� cuenta
cuando nos encontremos de frente, en un momento u otro.
Es un momento que yo evitar�a con cuidado, si fuese t�, se�or.
Parece que ese hombre es un tirador excepcional.
Ve, t�.
Sin embargo, creo que la suerte no siempre tiene los ojos vendados.
No entiendo.
Este bandido, este �guila Negra, como le llaman los campesinos,
es sin duda un peligro para la regi�n.
La muerte del comisario, a continuaci�n, la del presidente,
son p�rdidas dolorosas.
Pero tal vez oportunas.
S�.
(...) el uso de la palabra.
Y es, por tanto, imprudente confiarles secretos.
Pero la infinita sabidur�a de Dios
se ha ocupado tambi�n de esto.
Y ha hecho que la muerte volviese a los hombres... mudos.
As� es.
Hasta hace poco tiempo, �ramos...
muchos perros alrededor de un hueso.
Ahora tres de ellos han desaparecido.
Y creo que ser�a apropiado dar un bocado al �nico que queda.
- �Por qu�? - Qui�n tiene la boca llena no habla.
- Lo entiendo. - Te voy a dar otro consejo.
Ten siempre a tus perros
sueltos en el patio, se�or.
Nadie podr� atravesarlo vivo.
Creo que es una precauci�n innecesaria.
Este castillo es el mejor defendido de la fortaleza.
Ni siquiera podr�a entrar... un fantasma.
Sin embargo, a veces los muertos regresan.
�Qu� quieres decir?
Nada.
�Qu� piensas?
Pienso que es una suerte tener un secretario como t�, Spitsyn.
La suerte es m�a.
S�lo Dios, en su infinita sabidur�a, como t� dices,
puede juzgar la suerte de los hombres.
Eso es cierto.
Buenas noches, Excelencia.
Y est� en guardia.
No conf�es en nadie.
No lo dudes.
Ya no me f�o de nadie.
Dentro de poco veremos despuntar la torre de San Estanislao
y volar en el cielo nuestras palomas.
�No sientes nostalgia de la ciudad?
No. Tengo tantas ganas de ver a mi padre.
Por eso he querido salir temprano.
�Nostalgia de la ciudad?
�Y por qu�? �Deber�a quiz�s a�orar aquellos salones?
Pobre pr�ncipe Maratiev, tan orgulloso de sus ropajes.
Y de su franc�s "du Paris".
A prop�sito de franceses.
Qui�n sabe si habr� llegado ya el profesor que tu padre ha llamado de Par�s.
�Ah, s�! Me olvidaba del profesor de franc�s.
Que ser�, naturalmente, viejo.
Y, por supuesto, feo y est�pido.
�Es esa forma de parar?
Si las se�oras quieren bajar.
�Qu� quieres?
- Todav�a no hemos llegado. - Por hoy me temo que s�.
�Y se ver� obligada a continuar el viaje a pie!
Necesitamos sus caballos.
Y sus joyas.
Tambi�n esta, dulce paloma. Sirve para los pobres, pobrecillos.
- Y nosotros somos pobres. - �Eh, dejad en paz a esas mujeres!
No se moleste, coja su collar.
Devolved tambi�n los anillos.
Arkip, no te hagas el tonto con esas cosas.
Poned todo en el carruaje. �Vamos!
Pido excusas. Est�n acostumbrados a seguir mis �rdenes escrupulosamente.
Y usted, evidentemente, est� acostumbrado a darles �rdenes...
- por lo menos extra�as. - �Usted cree?
No se da cuenta de la suerte que tiene.
Si se puede decir eso de un encuentro con los...
Bandidos. Yo dir�a bandidos.
De hecho, las personas de su rango, en estos casos, arrugan la nariz y a�aden:
vulgares bandidos.
Pero me refer�a a otra clase de suerte.
- �Cu�l? - La de ser una mujer.
- Y adem�s atractiva. - Me conmueve, se�or.
Sin embargo, en este caso, me permito hacerle observar que la suerte es la suya.
Esta vez, atractiva e ir�nica se�orita,
- soy yo el que no entiende. - Sin embargo, es muy sencillo.
La suerte de haberse encontrado s�lo en su camino...
unas atractivas e indefensas se�oritas.
- �Es nueva aqu�? - En realidad, no.
No hablar�a de esa manera.
Sin embargo, si quisiera indicarme cu�l es su propiedad...
�Y si lo hiciera?
Ir�a a hacerle una visita a su casa. Por muy defendida que estuviese.
�Aunque fuese la casa de Kirila Petrovitch?
Incluso as�.
Especialmente si lo fuera. Si quiere subir...
�Tiene prisa por asaltar alg�n otro carruaje?
Vamos, Irina.
Su pa�uelo.
Hoy, a media noche, entrar� en la casa de Kirila Petrovitch.
Y le devolver� su pa�uelo personalmente.
Bienvenido de vuelta a la casa de tu padre, Masha.
Pero �por qu� no me avisaste de que llegabas hoy?
Ten�a tantas ganas de verte, que he decidido partir de repente.
Deja que te mire.
Te has convertido en una se�orita. Habr� que presentarte ya en la corte.
Por ahora lo �nico que quiero es quedarme aqu� contigo.
Oh, querida Sonia.
�Marica!
- Bienvenida, se�ora. - Y mi vieja Tanuscia.
- Que Dios te guarde. - �Y tambi�n Misha!
- Gracias, Tanuscia. - El sol ha entrado en nuestra casa.
Oh, qu� buena eres, Tanuscia.
- �C�mo ha estado el viaje? - Muy bien.
S�, verdaderamente maravilloso.
�Eh, con ese encuentro! Nos han detenido los bandidos.
Pero no nos han tocado ni un pelo.
- �Cu�ntos eran? - Un mont�n. Todo el bosque estaba lleno.
Cada arbusto, un fusil. Cada �rbol, un pu�al.
Unas caras...
Luego, subieron a sus caballos y se fueron, despu�s de haber amenazado.
- �Qu� amenazas? - Tonter�as.
La pobre Irina estaba aterrorizada.
Dame de beber.
- Me voy a mi habitaci�n. - �No te quedas un poco conmigo?
Bajar� enseguida.
�A qu� esperas? �Echa!
Te tiembla la mano como a un paral�tico.
Te est�s volviendo peor que nuestro nuevo comisario que siempre est� temblando.
Todos tiemblan aqu�. �Y por qu�?
Por una veintena de piojosos desharrapados.
Tengo que hacerme a la idea de ir yo al bosque y acabar de una vez.
Porque nadie debe temblar m�s.
Y porque mi (...)
la hija de Kirila Petrovitch, pueda volver a viajar libremente.
- �No quieres bajar? - No, Irina, no me siento bien.
Es incre�ble la cantidad de cosas que pasan en una aldea en s�lo (...) meses.
Han hecho falta siete horas para que Nadia Veneevna me lo cuente todo.
Y todav�a no ha terminado.
La mujer del jefe de correos ha enga�ado a su marido 14 veces.
Y lo que es el colmo,...
siempre con la misma persona.
Slopov, el inspector, ha empezado a fumar puros de 100 rublos el paquete.
Y Andrei, en cuanto pone el pie fuera de casa, el juez que entra.
He visto a los ni�os.
Ni uno solo se parece a Andrei.
Todos, hasta la m�s peque�a, son el retrato del juez.
�Y Artemio Filipovitch?
- Debes saber... - Me lo contar�s en otra ocasi�n.
- �Quieres decir que debo irme? - Buenas noches, Irina.
�No te interesa saber de Artemio Filipovitch?
- Nada. - L�stima.
Buenas noches.
Bueno, soy Fauchelevent.
Profesor de franc�s, vengo de Par�s.
Oh, �por fin! Hace un mes que le esperaba.
- �De veras? - S�.
Tambi�n yo esperaba hace tiempo conocerle.
M�s vale tarde que nunca.
S�, m�s vale tarde que nunca.
- �Quiere sentarse, monsieur... - Fauchelevent.
S�, tiene un nombre bastante complicado, al menos para m�.
Tal vez un poco menos que el suyo.
Se�ores, tengo el placer de presentarles a monsieur...
- Fauchelevent. - S�.
Viene de Par�s. Es profesor.
Es un verdadero profesor que habla franc�s como nosotros hablamos ruso.
Ha venido a darle lecciones a mi hija Masha.
No es exacto.
Es, sobre todo, por tener el placer, cr�ame, de conocerle.
Espero que entre una lecci�n y otra, encontrar� una forma... de no aburrirse.
No se preocupe. No he venido a divertirme.
Ahora, con su permiso, me gustar�a retirarse.
Oh, no, mi querido monsieur. Eso nunca lo permitir�a.
Beba con nosotros.
Es la costumbre de la casa.
A su salud.
- �No bebe? - No bebo nunca.
�Por qu� no lo preguntas?
Perdone, �por qu� camino ha venido?
No lo s�, s�lo recuerdo haber atravesado un bosque.
Y �l, por no venir por el atajo, a trav�s del bosque, se ha retrasado 3 horas.
Tengo aprecio a mi piel.
No quiero caer en las garras de esos bandidos.
No respetan a nadie.
�Pero por qu� hay bandidos en la regi�n?
�Oh-la-l�! Es molesto.
Eso no me lo escribi�.
Si sigue habiendo comisarios como este de aqu�...
Sabes, Excelencia, que estamos haciendo todo lo posible.
S�, hace tiempo que me lo dices.
Adem�s, �con qu� objetivo arrestarlos?
Sus saqueos son el man� para los comisarios.
Viajes de inspecci�n, encuestas, indemnizaci�n,...
�Por qu� deshacerse de benefactores similares?
As� es, Excelencia.
Me gustas por tu sinceridad.
Antes s� que hab�a un verdadero comisario: Zarek Aleks�ievich.
�Por qu�? �No est� ya?
Lo mataron.
�No! Es espantoso.
Pero, �qui�n es el cabecilla de esos bandidos?
Estoy seguro de que es cierto... cierto Dubrovsky.
�Por Dios! Qu� fijaci�n tienes.
�Por qu� se enfada tanto? �No podr�a tener raz�n?
�Qu� raz�n? Imag�nese...
Se tratar�a de uno que se fue de aqu� hace muchos a�os.
Lo recuerdo muy bien. Con rizos, insignificante. Una verdadera doncella.
Y esa doncella con rizos ser�a el cabecilla de los bandidos...
seg�n el comisario.
Por lo dem�s, tendr� las se�as personales de ese bandido.
�Por supuesto! Aqu� est�n.
Se�as personales del bandido llamado �guila Negra.
�Dame eso!
Escuche. Estatura media.
Edad: de 25 a 35 a�os.
Rostro limpio, barba afeitada, rubicundo.
Nariz recta, ojos...
nada, porque est� siempre enmascarado.
Felicidades, se�or comisario.
Creo que con estos datos no ser� dif�cil identificarlo.
Ahora, con su permiso, me voy a mi habitaci�n.
- Estoy molido del viaje. - Como quiera.
�Me devuelve el documento?
El documento... Esto es lo que hago con tu documento.
Perdone.
Le parecer� extra�o, pero he olvidado pedirle los documentos.
Ah, comprendo. Teme que...
Es gracioso. Muy gracioso.
Aqu� est�n, monsieur Kirila.
Este es el pasaporte.
Esta, su carta.
El sello de la aduana. Todo en orden.
Todo. Gracias y perdone por la molestia.
�Perdonar? �Yo, a usted?
Usted es aqu�... el se�or, de todo.
Buena noche, monsieur Kirila.
Que sean muchas.
Desde que lo capturamos est� as�.
Parece disecado.
No dice ni una palabra. Y pensar que es profesor de franc�s.
Prueba a darle un latigazo.
No empecemos. �guila Negra dijo de no tocarlo.
- Para m� que es falso. - �C�mo que es falso?
S�, es falso.
Ayer, cuando lo capturamos,
en cierto momento lo agarr� por el pelo.
Se me qued� en la mano, como el de un fantoche. Aqu� est�.
Qu� idiota. �No sabes que los se�ores llevan pelo falso?
- �Por qu�? - Porque cuesta mucho y es m�s bonito.
Te da verg�enza llevar el tuyo.
- �Qu� tal? - Pareces un ahogado.
Cuida m�s bien de no dejar escapar el profesor.
- Buenos d�as, Kola Masha. - Buenos d�as.
- Es un d�a maravilloso. - �S�?
Se ha hecho un poco tarde porque no me hab�an preparado el desayuno.
Han perdido todos la cabeza en el castillo.
Y para aumentar la confusi�n, ha llegado tu profesor de franc�s.
Me lo he encontrado ahora, en el corredor.
No es feo y tampoco viejo. Pero es antip�tico.
Bueno, ahora hay que pensar en tu arreglo.
Deber�as llevar el vestido azul celeste con flecos.
Justo el que detesto.
Ah, la hija de Triapkin va siempre de azul celeste.
- �Te acostaste tarde anoche? - Bastante, no pod�a dormir.
Toda la culpa es de aquel encuentro.
Y de la est�pida amenaza de ese ladr�n
que afirm� que te devolver�a el pa�uelo a medianoche.
�No es as�?
No exactamente.
�Por qu� no me cuentas la historia de Artemio Filipovitch.
Ah, te interesa, �eh?
Lo sab�a. Me la ten�a guardada desde anoche
Bueno, debes saber que Artemio Filipovitch...
�Qu� pasa?
Irina. �Mi pa�uelo!
�Le interesa mucho ese pu�al?
Me parece espl�ndido.
Pero siempre es mejor una buena pistola.
Depende.
El pu�al es menos ruidoso,
pero igualmente eficaz.
Para lo que me va a servir,...
no podr�a encontrar nada mejor.
�Puedo hacerle una pregunta?
Diga.
(...) esta noche, los pasos resonaban en el silencio.
Francamente, despu�s de lo que se habl� anoche, no me sent�a muy tranquilo.
Era yo. Intentaba coger el sue�o.
- �Se acuesta siempre tan tarde? - No, al contrario. �Por qu�?
- Para planificarme. - No entiendo.
Ah, ahora que lo s�, si escucho pasos, sabr� de qu� se trata.
Tiene los nervios flojos, querido m�o.
All� est�, ve.
- Buenos d�as. - Buenos d�as.
Mi padre me ha dicho que me esperaba aqu�.
- Ha llegado esta noche, �verdad? - S�.
Y recibido a golpes de fusil.
Extra�as bienvenidas las de este castillo.
�La se�ora ha venido a la lecci�n?
Se�orita, por favor.
La-l�... Mademoiselle, entonces.
Perd�neme.
- La se�orita es mi ama de llaves. - �S�?
Tenga, vuelva a poner los libros en la biblioteca y v�yase.
Ve.
Si�ntese.
He encontrado un libro muy interesante.
Una historia del siglo pasado sobre este castillo.
Ah, es uno de mis libros favoritos.
- �Se interesa por el tesoro de la familia? - No. Curiosidad rom�ntica.
Es una historia fascinante como una novela.
Una historia de (...), de asedios sin fin,
de amores tempestuosos y primitivos.
- Y de sangre, tambi�n. - S�, tambi�n de sangre, por desgracia.
Se siente triste por mis palabras.
No, pienso en mi pobre viejo siervo, Oleynin.
Cuando era ni�a, era �l quien me la contaba durante horas, sin cansarse.
Ahora, no podr� nunca cont�rsela a nadie.
Tambi�n hay una planta.
Lo extra�o es que no se encuentra en absoluto.
Ah, s�. El castillo est� muy cambiado.
Se puede decir, casi, que toda huella del pasado ha desaparecido para siempre.
Lo que no ha cambiado es s�lamente esta parte.
Donde est�, si no me equivoco, la habitaci�n de su padre.
No, esa es la m�a.
(...) se encuentra donde antes hab�a una torre de vigilancia,
contra (...) los mongoles y los bandidos.
Hoy no servir�a.
Esperemos.
�Se refiere a los bandidos de los que he o�do hablar?
Ah, tranquil�cese,
son sin duda ladrones vulgares que jam�s tendr�an
el valor de intentar una empresa de este tipo.
- �Est� convencido? - Absolutamente.
Yo mismo he probado... y no soy un bandido...
lo que significa querer entrar aqu�.
Ah, cr�ame, mademoiselle,
el valor de los bandidos es materia para las novelas malas.
�C�mo se calienta!
Se dir�a que tiene una cuesti�n personal con los bandidos.
Tal vez.
- �Empezamos nuestra lecci�n? - Antes me gustar�a acabar la conversaci�n.
Pues bien, ayer, como quiz�s sabr�,
uno de esos hombres me prometi� que entrar�a aqu� esta noche,
a pesar de todas las defensas del castillo.
- �Y lo hizo? - S�.
Me ha hecho llegar el pa�uelo que me retuvo
como prenda y prueba del desaf�o.
- Ah, no... - �Por qu� se r�e?
Por no pensar que hasta el m�s tonto de los bandidos puede tener un c�mplice.
Alguien que est� en el castillo.
Ah, �seg�n usted se tratar�a de una est�pida galanter�a barata?
Seguro.
En tales casos se dice "cherchez la femme".
Siempre est� la complicidad de una mujer,
que podr�a ser, por ejemplo, su ama de llaves.
- �Quiere un consejo? - De usted... siempre.
Le dar� dos, entonces.
No hablar mal de mi ama de llaves.
Y tratar de salir lo menos posible del castillo.
Que los caballos y hombres armados est�n dispuestos al amanecer.
Voy a estar fuera todo el d�a.
T� tambi�n vendr�s, Spitsyn.
Hace bien en cerrar.
Odio las corrientes de aire.
- �Usted? - �No me esperaba?
�No ha entendido, al ver el pa�uelo,
que yo siempre cumplo lo prometido?
�Qu� quiere? Mis joyas est�n sobre la mesa.
Si quiere tambi�n esto...
Si fuese ese mi objetivo, pod�a haberlas cogido el otro d�a.
Es un bandido rom�ntico,
o prefiere dar el golpe solo, en lugar de dividirlo con sus...
compa�eros.
Soy consciente de que entrar en este castillo de brujas
es mucho m�s f�cil que salir.
Pero veo, sobre todo, por su cara
que os est�is preguntando c�mo puedo haber (...)
Lo que yo me pregunto es c�mo es posible que a�n no he llamado a nadie.
Porque es un espect�culo lamentable
ver a un hombre acribillado por una descarga de fusiles.
Desagradable, especialmente para m�.
- En fin, �qui�n es y qu� quiere? - �Qui�n quiere que sea?
�Un bandido? Ahora est�n todos convencidos.
- Acabar� por convencerme yo mismo. - No es dif�cil convencerse.
Cuando se asaltan los carruajes, se entra en las casas de noche...
�Se dispara, se hace huir a la gente. A veces tambi�n se utiliza el l�tigo!
�De veras piensa que s�lo por eso un hombre puede ser llamado un bandido?
Muchas de esas cosas las hace cualquier noble ruso.
- Incluido su padre. - �Qu� quiere decir?
- Nada. - Es usted enigm�tico, Sr. �guila Negra.
- As� le llaman, �verdad? - En efecto.
Es un nombre que inspira terror.
Pero tal vez le sorprenda saber,
que, aqu� en el castillo, hay un hombre que no le teme en absoluto.
No creo que sea Kirila Petrovitch.
Nunca lo adivinar�a.
Mi profesor de franc�s.
No apostar�a medio rublo por su valor.
- Acons�jele que no apueste. - �Tan seguro est� de si?
�Sabe lo que significa tener una idea fija
que no te abandona ni de noche ni de d�a?
Un recuerdo que no se borra.
Un �nico prop�sito en nuestra vida que la hace parecer in�til e insignificante
m�s que cualquier otra cosa.
- �Una misi�n? - Una venganza.
S�, y la venganza llama a venganza.
Y la sangre, a sangre.
Siempre es as�.
No tengo otra opci�n.
- �Y dice que tiene valor? - �Por qu�?
Porque a veces se necesita m�s valor para perdonar.
Qu� poco se parece a su padre.
Parece imposible que sea su hija.
No sabe cu�ndo me gustar�a que no lo fuera realmente.
Espero que no se tomar� demasiado en serio mis palabras.
A cualquier bandido que se respete, le gusta parecer rom�ntico, interesante.
Ser� mejor que salga por la ventana,
como cualquier bandido que se respete.
Demasiado bueno.
Pero ya ve, tengo un defecto: no me gustan los caminos inc�modos.
En cuanto al profesor de franc�s, d�gale (...)
(...) por fin tiene su castigo.
Todav�a no, Mar�a. La casa est� llena de gente armada y est� en guardia.
Apenas si he podido con una excusa conseguir el permiso para salir.
Traedme al profesor.
�Eh, t�! Sal.
�Camina!
Dejadle.
Siento mucho lo que ha sucedido.
Pero, no hay nada que hacer.
Y, por desgracia para usted...
tengo que seguir representando su papel.
Me ha arruinado completamente. Habr�a ganado 3.000 rublos al mes.
Tengo a mi vieja madre enferma. Yo (...) peque�o capital,
volver a Par�s y dedicarme al comercio.
Le dar� 10.000 rublos al contado, a condici�n de que regrese a Par�s enseguida.
�10.000 rublos? �Pero es incre�ble!
Dale el dinero, Erkap.
�10.000 rublos?
10.000 rublos.
�10.000?
�Y mi documentaci�n? �Qu� voy a hacer sin ella?
Al llegar a la primera ciudad, diga que (...). Adi�s.
Que el Se�or le conceda llegar pronto a Par�s
y encuentre bien de salud a su madre.
Kolia, acomp��alo a la carretera principal.
Gracias. Muchas gracias.
No s� c�mo expresarle mi reconocimiento.
Amigos, hemos devastado muchas tierras,
muchos culpables castigados, muchos venganzas llevadas a cabo.
�Quer�is derramar m�s sangre?
Vladimir Andreievich Dubrovsky,
�ramos todos pobres, dispersados y humillados.
A cada uno de nosotros, Kirila Petrovitch nos quit� el bien m�s preciado.
A uno la mujer, a otro la hija.
A m� el hijo, a ti el padre.
S�lo qued� un odio desesperado e inextinguible, sin l�grimas.
Nos llamaste
y preguntaste si est�bamos dispuestos a morir y asentimos con alegr�a,
porque no ten�amos miedo a morir, sino a vivir,
como hab�amos vivido hasta entonces.
Contigo hemos saboreado el placer de la venganza
y te damos las gracias de rodillas.
Pero si quieres que tu padre descanse en paz,
si quieres que mi hijo no maldiga desde la tumba estos cabellos blancos,
Kirila Petrovitch tiene que morir.
Est� bien.
El amanecer de ma�ana no ver� vivo a Kirila Petrovitch.
�Y bien?
- Diga. - Es usted quien debe hablar.
Hace media hora que espero para saber qui�n gan� la Guerra de los Cien A�os.
Ah, lo siento. �D�nde est�bamos?
En el tercer a�o. Nos quedan todav�a 97.
A este ritmo, creo que acabar� envejeciendo en esta casa.
No, no, tranquila. Pienso acabarla pronto.
Uhhh, muy amable de su parte.
Veo que ha vuelto de mal humor de su paseo.
�Sabe lo que dicen en el pueblo?
Que ese bandido ha conseguido introducirse en el castillo.
- Contin�e, por favor. - Pero lo cierto es que no ha llevado a cabo...
lo que ten�a pensado hacer.
Es extra�o o�rle hablar as�.
Hace d�as se expresaba de forma distinta.
Y estaba equivocado.
�Y si es cierto que ese hombre entr� aqu�?
�Y si fuese verdad?
�Cree que ese hombre
correr�a un peligro tan grave por una est�pida galanter�a?
Ser�a un bandido de �pera c�mica.
Todo el mundo tendr�a derecho a despreciarlo.
Porque ha jurado matar a alguien.
�Sabe, monsieur, que casi me da miedo?
Ha hablado en un ruso perfecto.
D�game, �c�mo juzgar�a a ese hombre
si lo hiciera?
Creo que cometer�a un asesinato.
- Y no le creo capaz. - �Se fiar�a entonces de un bandido?
Creo que est� equivocada.
Buenas noches.
Imagino que... por supuesto, se ve muy bien.
�Quiere devolverme mis anteojos?
Veo que se muere de ganas de decirme
que ha notado que son vidrios y no lentes.
�Verdad?
Siempre me he sorprendido de eso.
"Mais, rien � faire", dir�a...
Dir�a...
Su profesor de franc�s.
Es decir...
Yo.
Buenas noches.
�Es Spitsyn?
Ha sido una desgracia.
Saliendo del bosque, ha resbalado del caballo y ca�do por un barranco.
Vete.
�Qui�n es? �Qui�n es?
Ah, es usted.
En la oscuridad no le hab�a reconocido.
- Siento molestarle. - No, no me molesta en absoluto.
De hecho, �le importar�a quedarse un poco conmigo?
Si lo desea.
Si�ntese.
Estos perros... No callan nunca.
�Ha notado c�mo ladran esta noche?
Parecen hombres.
Hombres asesinados.
No me haga caso.
Tal vez sea a causa de su presencia.
A nadie m�s le hablar�a as�.
Aqu� todos me evitan, huyen. Porque me temen.
Todos tienen miedo de m�. Incluso mi hija.
Pero usted... no.
Se equivoca al confiar en m�.
Tambi�n podr�a ser un enemigo.
Y usted no saberlo.
�Enemigo, usted? Tal vez.
No tendr�a miedo porque ser�a algo vivo.
Que se pudiera tocar. Con el que luchar.
Es lo desconocido lo que me asusta.
El enemigo que no se ve.
Una sombra, un nombre.
��guila Negra?
�Si tan s�lo pudiera encontrarme cara a cara con �l!
�As�? �Al otro lado de la mesa, como estoy yo?
Monsieur, no se lo aconsejar�a.
�Pero si yo fuera armado y usted no?
Mire, profesor.
Estas son las dos medicinas que utilizo para tener alejada a la muerte.
Tenga.
�Alguna vez ha visto una pistola?
Si no sabe beber, al menos aprenda a manejar un arma, como un verdadero hombre.
Le har� bien.
Vamos, �nimo.
�Apunte a esta vela y dispare!
Pero...
No s� disparar. Y apuntando a la vela podr�a darle a usted.
Y matarlo.
�Usted? Usted...
No me da miedo.
Y si tiene miedo de equivocarse y quiere dar en el blanco,
ap�nteme a m�.
Como quiera.
�Profesor, monsieur!
Vuelva aqu�. Ha acertado en la vela.
(...) el disparo en la mano. Pobre monsieur.
�Qu� quer�is?
�(...) mir�is as�?
�Se os doblan las piernas por un disparo de pistola?
�Fuera!
�Por qu� no cierra la ventana?
Yo tambi�n odio las corrientes de aire.
Soy realmente un bandido de �pera c�mica.
Tal vez sea mejor...
que conozcas la verdad.
Que el pedante profesor de franc�s y el bandido despreciable, son la misma persona.
No pod�a seguir fingiendo contigo.
Pero adem�s de estas dos personas hay alguien...
que para tu padre es tal vez m�s engorroso
de lo que es para ti el profesor de franc�s.
Alguien llamado Vladimir Dubrovsky.
�Alguna vez has o�do ese nombre?
Nadie se atreve a pronunciarlo.
Sin embargo, hubo un tiempo en que quien lo pronunciaba no era azotado.
Estas tierras eran todav�a de mi padre.
Y el emblema del �guila negra no significaba venganza.
�Hay un demonio que protege a los malvados!
Jur� que Kirila Petrovitch ten�a que pagar.
(...) puesto entre nosotros: t�.
Calla, por favor.
El destino ha sido cruel conmigo,
ofreci�ndome al mismo (...)
y un odio sin fin.
No puedo elegir, pero (...)
no tengo el valor.
Ten�as raz�n en hablar del destino.
A veces te sientes tan impotente.
Desde el primer momento sospech� qui�n eras.
Pero call� porque no sab�a con qu� horrible prop�sito actuabas.
Entonces, me invadi� un sentimiento
contra el que era in�til luchar.
Masha, ma�ana dejar� el castillo
como un insignificante profesor de franc�s
que todos olvidar�n.
Pero tengo que volver a verte.
Quiero volver a verte.
�Como profesor de franc�s, o como un bandido?
Como el conde Dubrovsky.
Pero ahora tienes que irte.
Toma este anillo.
Es lo m�s sagrado que tengo.
Cuando necesites mi ayuda,
ponlo en el hueco del gran roble, en el bosque de Kisteniovska.
Y la misma noche, aunque me cueste la vida,
estar� contigo.
Tienes que irte.
Perdona, Kirila Petrovitch,
pero hay un oficial de la Guardia Imperial que desea ser recibido.
Deber�as saber ya que a esta hora no quiero ver a nadie.
�A nadie?
�Y si ese nadie fuese el Pr�ncipe Sergei Ivanov
del 4� de H�sares de la Guardia Imperial?
Nieva afuera y no veo motivo para que la posadera te d�
la �nica habitaci�n disponible.
No veo por qu� te la dar�a a ti.
- �Eres un vulgar cosaco! - �Y t� un campesino granuja!
Siempre que cuento c�mo conoc� al pr�ncipe Ivanov,
no bastan las risas de toda una noche.
�Eres t� el hombre que tiene un castillo para recibirme?
Cuando me lo dijo el gobernador, casi no pod�a creerlo.
Felicidades, Kirila Petrovitch.
�No te has dormido en estos cinco a�os!
�Y... Masha?
�La peque�a Masha sigue tan hermosa?
Acabas de llegar y ya busc�ndola.
Era una ni�a entonces, pero parece que no la has olvidado.
Las mujeres hermosas y los enemigos no se olvidan jam�s.
Pero no me has contestado. �Sigue tan hermosa?
Todos siguen diciendo que no parece hija m�a.
Estar� contenta de volver a verte.
Vamos, ven, pr�ncipe, te acompa�ar� a tu habitaci�n y mientras me contar�s...
No he venido a dormir.
Hay algo que primero debo dejar claro.
Me han enviado de Petersburgo con el encargo de liberar la regi�n.
Lo entiendo.
En Rusia las historias m�s est�pidas est�n prestas a superar la estepa.
Y ese �guila Negra se est� haciendo m�s famoso que Pedro el Grande.
- Est� aqu� cierto profesor de franc�s... - Monsieur Fauchelevent.
Exactamente.
Hace dos horas que este hombre se present� al gobernador
y cont� una larga historia.
Dice que es profesor de franc�s y que se llama Fauchelevent.
�D�nde ha estado estos d�as?
Kirila Petrovitch, no habla ruso.
S�lo dice que consigui� escapar despu�s de ser capturado.
�As� es! �Esos miserables bandidos me lo robaron todo!
�Todo!
- �Cuando fue capturado? - Hace unos d�as.
- �Por qui�n? - Por la banda de �guila Negra.
Que nadie salga del castillo sin una orden m�a.
Que se ponga un hombre de guardia en todas las puertas.
- Y soltad a los perros. - Vamos.
�D�nde est� ese Fauchelevent?
Oh, no, un momento, pr�ncipe.
�Quieres romper mi mejor juguete en mis propias manos.
Este hombre se ha divertido de lo lindo a mi costa.
�Por qu� no concederle ese placer tambi�n a tu viejo amigo?
�Sabes qui�n es tu profesor de franc�s?
- No. - Vladimir Dubrovsky.
Se ha hecho esperar, profesor.
Perd�neme, Kirila Petrovitch.
No imaginaba que a estas horas de la noche (...)
Cualquier hora es buena para darle un buen recibimiento a un amigo...
y tambi�n a un enemigo.
En ese caso, monsieur, es un placer ser su enemigo.
(...) no tengo el placer.
Es extra�o, pero su fisonom�a no me es desconocida.
Pero no acierto a recordar d�nde podemos habernos visto antes.
- �Tal vez, en Par�s? - No, no lo creo, mademoiselle.
Nunca he estado en esa ciudad.
Profesor, creo que a su llegada dijo que ven�a (...)
Pr�ncipe, �d�nde aprendi� ese juego?
Tal vez en Petersburgo.
- �Lo conoce usted tambi�n? - Conoc� a alguien...
alguien que lo hac�a muy a menudo.
�Le pon�a nervioso?
No el juego, la persona.
�Se detendr� mucho tiempo, pr�ncipe?
El tiempo suficiente para enamorarme locamente de usted.
Y para liquidar a un individuo.
Un bandido. Parece tratarse de un desertor.
- Un tal Dubrovsky. - �Pero qu� Dubrovsky!
Pero si eras t� el que m�s convencido estaba.
S�, pero he cambiado de opini�n.
(...) bromaba. Conozco a Dubrovsky
y nunca podr�a llegar a creer que un hombre como �l sea capaz de tanto.
�Por qu�?
Es decir, �pourquoi?
�guila Negra es un vulgar (...) despu�s de haberme provocado.
�Y por qu� le desafi�?
Por una broma est�pida que os� hacerme.
Pero aqu� est� nuestro invitado.
Se�ores, les presento al...
profesor Fauchelevent.
Pero si este se�or es el profesor de franc�s, �qui�n es usted?
�Todav�a no lo has entendido?
Sin embargo, hace una hora que estos se�ores se esfuerzan en hacerlo entender.
Soy Vladimir Dubrovsky.
�Al que los miserables y canallas llaman �guila Negra!
�Prended a ese hombre!
No te bastar� con una vida entera de rezar
para pedir a Dios perd�n por tu pecado.
�De qu� pecado hablas?
Yo te he engendrado, he cuidado de ti. Nada te ha faltado.
Y has intentado hacerme da�o.
- No puedes decir eso de m�. - �S�!
Eres c�mplice de mi enemigo mortal.
Y le has introducido en esta casa para que me matara.
�No es cierto!
Sab�as que era Dubrovsky, el bandido que quer�a mi muerte.
Sabes que me odia y sin embargo lo amas.
�Es verdad, dime? �Es verdad?
S�.
�S�!
S�lo por eso, ayer no te mat�.
Porque me ama.
No quer�a mancharse las manos con tu sangre.
Por lo tanto, debo agradecer a mi hija que no me matara.
�Y si as� fuese? (...) Ahora estamos aqu�!
Te di la vida hace 18 a�os. Y t� me la has dado ahora.
Has pagado tu deuda. Ahora puedes odiarme.
Eres mi padre y no puedo odiarte.
Pero puedo decirte lo distinto que eres de c�mo siempre te he so�ado y amado
Volv� del colegio
creyendo volver a encontrar la casa que hab�a dejado de ni�a.
La casa, el jard�n... t�.
En cambio, me encontr� en medio de odios,
venganzas, juramentos, abusos.
En lugar de mi padre, he encontrado un hombre despiadado, detestado por todos.
Con el coraz�n lleno de odio.
Un hombre... que me asusta.
No me importa lo que piensas de m�,
s�lo me importa que hagas lo que yo quiero.
El pr�ncipe Sergei Ivanovitch ha pedido tu mano,
y he aceptado. �Calla!
Permanecer�s encerrada aqu� dentro hasta tu boda.
No ser� por mucho tiempo.
�Qu� est� haciendo?
Nada. Se queda ah� con la mirada fija, sentado,
como un ni�o est�pido.
Sin embargo, habr� que decidir hacer algo.
Cierto.
Yo ya lo he decidido. Me voy.
Una hogaza de pan, sin correr el riesgo de recibir un disparo,
lo encontrar� siempre.
�Te quedar�s aqu�, si no quieres que te rompa esa nariz de jabal� sarnoso!
No sabes por qu�.
Ha tenido el valor de decir que est� cansado, que se quiere ir.
Tiene raz�n, Ivan.
(...) he vuelto del castillo. que leo en vuestros ojos
una pregunta que no puedo responder.
La suerte puso en mis manos a Kirila Petrovitch.
(...) un solo gesto imperceptible, habr�a completado nuestra venganza.
Pero la mano me fall�. No soy digno de dirigiros.
En este momento, os ordeno...
mejor dicho, os ruego que volv�is a vuestras tierras.
T�, Ivan, todav�a no has visto al hijo que ha nacido y...
si todav�a tienes intenci�n de llamarlo Vladimir... pi�nsalo bien.
No creo que valga la pena.
- Irina. - �Oh! Oh, me has asustado.
- T� me quieres, �verdad? - �Por qu� lo preguntas?
Prom�teme no hacer preguntas.
- �Conoces el gran roble? - S�, �por qu�?
Irina, prometiste no hacer preguntas.
Coge este anillo.
Esta noche ir�s al bosque
y pondr�s este anillo en el hueco del roble.
- �De noche? - Irina, �ir�s?
Ir�.
- Nada. - �Qu� pensabas?
Esa es una raza de v�boras. Cuando muerden, envenenan.
- Y ahora... - �Por qu� ahora?
- �Me prometes no hacer locuras? - Habla.
�Quieres saber por qu� no has encontrado el anillo en el roble?
No lo s�. �Y por qu� iba a encontrarlo?
- Soy un tonto al enga�arme otra vez. - As� es.
La hija de Kirila Petrovitch, Masha,
a la que amas, se casa (...).
- �Mientes! - �Por qu� voy a hacerlo?
Todo el pueblo habla, desde que lleg� la noticia esta ma�ana.
�Qu� haces ahora? �Qu� haces, Vladimir?
Ve con �l, Erkap. No lo dejes solo.
Todo el mundo lo sabe,
y no son pocos los carruajes que han pasado llenos de invitados.
Tambi�n han pasado los h�sares de la guardia.
Parece que han venido expresamente de la capital.
Y Kirila Petrovitch ha abierto su castillo a todos.
Ahora el camino est� lleno de gente que espera al gobernador.
Vamos. V�monos ya. Alguien podr�a reconocerte.
�Te lo ruego!
Esta noche, la suerte me ha besado en la frente.
Justo aqu�. A m�, Iparv, el tullido.
�Vete, vete, vete!
Hoy quiero pasar por lo menos un d�a sin piojos.
C�rtate la cabeza para estar m�s seguro.
Esta es la primera vez que no me echan.
�No os dan asco los vagabundos?
A todo les dan asco y no saben cu�nto me dan ellos a m�.
Especialmente hoy, que soy rico, me mofo, porque nadie lo cree.
Mira c�mo brilla. Debe ser de oro.
Ah, no lo s�, porque nunca lo he visto en mi vida.
�Por qu� no lo compras?
Necesito tanto vino como agua fluye por el Don.
L�stima.
�Por qu� me miras as�?
�Qui�n te ha dado este anillo?
- �Habla! - Nadie.
Ha llovido esta noche en el gran roble. Desde el cielo.
Qu� imb�cil...
Hab�a dudado.
Las malas lenguas dicen: qui�n se emparenta con un ruso de la guardia,
en cierto modo, se emparenta tambi�n con la Emperatriz.
No me sorprender�a verte bailar un (...) en la corte este invierno.
Dios te oiga, gobernador.
Ah, extra�o tono.
Si no te conociera bien, dir�a que tienes miedo de algo.
�Miedo yo?
�De qu� iba a tener miedo, precisamente ahora?
Es una tela asombrosa.
La he guardado yo misma, desde que se la puso tu madre para su boda.
Es ligera como el aire.
No es como lo que se hace hoy. La hace Artemio Filipovitch.
Ah, por cierto...
Nunca he podido contarte su historia.
Imag�nate, la primera noche de bodas
escondi� a su amante Grinka en la bodega.
Por la ma�ana Artemio descubri� a Grinka borracho en la bodega,
y quiso matarlo.
No por su mujer, sino por todo el vino que se hab�a bebido.
Imag�nate Masha, que incluso hab�a vaciado la bodega.
�Qu� t�o Artemio!
Parece que le dijo a su esposa: coge amantes,
pero, por amor de Dios, que sean abstemios.
�Por qu� no te r�es?
Sonr�e al menos, Masha, no hagas eso.
Me asustas.
En cambio, yo tengo hoy tantas ganas de re�r.
Ma�ana es un gran d�a.
Un d�a en el que todos seremos felices. Mucho.
Como yo... y como t�.
No llores, Irina. No debes.
Vete ahora. Me quitar� la ropa sola.
Perd�neme, pero quiero estar sola.
�No bebe?
Hace mal.
Este champagne es realmente bueno.
Hay que probar una cosa antes de rechazarla.
�Qu� quiere decir?
Tal vez no nos hemos entendido.
A m� me parece todo muy claro.
Me veo obligada a casarme.
Usted mismo dijo que el matrimonio
y el amor son dos cosas completamente diferentes.
Estaba equivocado.
Al creer que se puede vivir cerca de una mujer...
como usted, sin quedar fascinado.
�Quiere dejarme ahora? �Fuera!
No hasta que le haya dicho todo lo que pienso de usted.
�Por qu� huye de m�?
Est� a�n m�s deliciosa cuando lo hace.
Por favor, v�yase. �V�yase ya!
Me trata como a un extra�o y no como a su marido.
- Todav�a no lo es. - Est� a punto de amanecer.
Qu� hermosa est� esta noche.
Y este aire fr�o la pone m�s atractiva.
Todo esto me repugna.
�Qu� me importa lo que piense? As� es como me gusta.
�D�jeme!
Pr�ncipe Sergei, debe perdonarme,
pero tengo una memoria penosa.
Me acabo de acordar de que esperaba hace casi tres meses
en el parque de los ciervos.
Decididamente, el sentido de oportunidad no es su fuerte.
Siento contradecirle.
Nunca como esta vez he tenido la sensaci�n
de llegar justo en el momento oportuno.
�Usted cree?
- �(...) que te ha dicho? �Ad�nde ha ido? - No recuerdo.
S�lo s� que hablaba del castillo.
�Del castillo? �Habla, idiota!
Y que... �es culpa m�a que quisiera ir a la fiesta y se haya ido solo?
�Qu� quer�is ahora?
�No hab�is entendido que ha ido al castillo para hacerse matar?
�Qu� esperamos entonces, que lo maten?
�Cosacos de pega!
�Socorro! �Socorro!
Lo sabemos todo, Teniente.
Y con clemencia, hemos querido perdonarlo todo.
Partir� (...).
Alcanzar� el campo de batalla.
Esperamos que sabr� mostrarse valiente contra los enemigos de su patria
Vladimir.
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