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¡Tonico!
Está bien. Gracias.
– ¿Y el tocino? – ¿Dónde lo compraste?
¡Estaba podrido!
– ¿Qué dices, Mirinha? – ¿Qué cosa?
Papá, tía Doroti va a traer mi vestido.
– ¿Y el mío? – También.
Ella dijo que mi vestido está lindo.
Ahora recemos para que no aparezca otra debutante
con un vestido igual. ¿Verdad, Solange?
Lo dudo.
Pero ya me estoy poniendo nerviosa.
¿Y el nombre de Yolanda que salió mal en la invitación?
Su nombre es con Y, pero lo escribieron con I.
Si fuera yo, lo mandaba a cambiar.
¡Ay! ¡Mi techo!
Le voy a pedir a Madalena que ponga veneno
para acabar con esos gatos.
¡Irene! ¡Por Dios! ¡Qué maleducada!
¡Rascándose la cabeza en la mesa!
Sólo falta estar con piojos de nuevo.
Así tendrás que raparte la cabeza, hija.
Come, hija.
– ¿Está bueno? – Muy bueno.
VIVA LA PRIMAVERA
¡También vamos a recibir a Giovana Martins!
¡Aplausos para Giovana!
Nuestra próxima competidora: ¡Cristiane en la pasarela!
¡Simone! ¡A la pasarela! ¡Aplausos para ella!
Nuestra próxima candidata:
¡Irene! ¡En la pasarela!
¡Aplausos para Irene!
¡Linda!
Oye.
Ven, hija.
Papá, viniste. ¡Yo no sabía!
Estaba linda, tan linda. La más bonita.
¡Ya, ya! Me quitaré las botas... ¡Listo!
¡Las voy a botar a la basura!
Sólo las botas.
Sólo te pido que te quites las botas antes de entrar.
– ¡Ya! Me las voy a quitar. – Madalena está cansada, Tonico.
Tiene que cuidar la casa, limpiar el piso...
Ayuda a Madalena, también.
– ¿Por qué no trajiste el veneno? – ¿Pero qué veneno?
Yo no voy a poner veneno aquí adentro de la casa...
¡Hay que matarlos!
¡Basta, Mirinha!
¡Entra por la puerta de atrás entonces con esas botas!
¡Basta!! ¡Basta! ¡Basta!
Yo cuido de Madalena...
¿Qué pasó?
¿Qué pasó? ¿Qué?
¿Me prestas dinero?
¡Toma de allí!
Ayúdame, Irene.
¡Le contaré a mamá
y esta casa se viene abajo!
¡Irene!
No ocurrirá ni el baile de Solange.
¡Déjate de historias, chica!
¡Se viene todo abajo!
¡Déjate de historias, Irene!
¡Yo sólo quiero ver!
La tela de ese vestido, Doroti...
Valió la pena haberlo traído de fuera, ¿no?
– Es otra cosa... – Serás la más linda
de la fiesta.
La debutante más bonita, ciertamente.
Solange está tan parecida contigo, Mirinha.
Es verdad.
¿Y lo tanto que está de engreída?
Parece mamá, ¿te acuerdas?
¡Ah! ¡Tengo una sorpresa!
¡Ustedes!
¡Vengan a probar lo que es de ustedes!
¡Aquí! ¡Ven aquí, Cora! ¡Ven acá!
¡Mira qué lindo!
¡Ven aquí, voltéate!
¡Adoré, mamá!
Agradece a tu padre que fue quien lo compró.
Quiero la caja.
Ella te la dará.
¿Y tú, mamá?
¿Ya escogiste el tuyo?
– ¿Mi vestido? – Sí.
– ¡Ah! Yo voy a esperar un poco. – ¿Por qué?
Prefiero ser la última.
Para no repetir el color.
¡Ponte el vestido, Irene!
No es mi talla.
Doroti, ¿te acuerdas de mi baile?
¿Recuerdas que cuando entré,
yo puse el club de cabeza para abajo?
¿Que no había ni un solo chico
que no quisiese bailar conmigo?
Tienes una carita medio conocida.
¿Tu familia es de aquí cerca?
Nunca te vi antes.
¿Cómo te llamas?
Madalena.
¿Y usted?
Neuza.
¿Quién fue que me indicó?
¿Usted vive aquí sola ?
¿Yo? ¡Dios me libre ¡Santísimo!
Hola, hija.
Hola, mamá.
Esta es mi flor. Irene
¿Y tú?
Ella es Madalena.
¿Qué tal?
¿Bien?
¿Vas a demorar mucho, mamá?
No, mi amor. Ya casi termino.
Siéntate aquí y ayúdame.
Ven acá, siéntate aquí.
Lindo.
Cintura: 69
¿Falta mucho?
No, mi amor. Ya estoy casi acabando.
Mamita, ¿sabes dónde iré mañana?
Al cine.
¿Vas a ver de nuevo esa película?
Sí, todo el mundo irá.
Voy a llamar a papá.
¿Y tú, Madalena, irás?
No sé.
Brazo: 24
Bien, está listo ¿viste?
¡Solange!
¡Solange!
¿Me da una palomita de maíz dulce?
- ¡Gracias! - ¡De nada!
¡Miren quién está aquí!
Tres, para casar.
Madalena, ¿no?
Sí.
¿Quieres palomitas?
No.
¿No te gustan las palomitas?
¡Ni el olor!
¿Qué edad tienes?
Trece. ¿Y tú?
También.
¿Tu papá no iba a venir?
Él no pudo.
Medio bonita eres.
Podrías participar en el desfile
que hay cerca de mi barrio.
¿Por qué no?
Mis padres...
¿Qué tiene? ¿Tu padre no te deja?
No sé.
¿Así que?
Bueno, chau.
Hola, muchachos.
¿Qué tal?
Hola, Murilo.
TAQUILLA
Gracias.
¿Ella está sola?
¡Ey! ¡Siéntate aquí, a mi lado!
No vayas.
¿Por qué?
– Deja que él se siente aquí. – No.
Madalena, siéntate aquí.
¡Ven!
¿Por qué te quedas mirándome?
Eres tú quien me mira.
– Sí, lo es. – No.
¡Sí!
¡Golpe, golpe!
¡Bate, bate!
¡Dedo, dedo!
¡Arcoíris!
¡Mariposa, mariposa!
¡Batalla, batalla, batalla!
Una vez tu mamá tuvo piojos.
Se llenó de piojos.
Tu abuela no tuvo la mínima paciencia.
Cortó su cabello bien cortito.
Tu mamá lloraba,
ni salía a la calle.
Daba pena.
¿Cómo era ella?
Igualita, pero diferente.
Bá,
¿ya tuviste novio?
Sí.
Ahora estoy vieja para eso, ¿no, querida?
¿Ya te casaste?
¡Nunca!
¿Ya besaste?
Yo sí...
¿Tú, Irene?
Yo...
¿Quién? ¡Cuéntame!
Murilo.
En el cine.
¡Muchachita!
¡Irene!
¡Irene!
¡Irene!
¡Irene!
Deja de desgastar mi nombre.
No.
¡Vamos!
¿Me pasas el sombrero?
¿Te gustó aquí?
Ya había venido con mi padre.
¿Ah, sí?
¿Qué tal? ¿Todo bien?
¿Y Murilo? ¿Qué te pareció él?
¡No sé!
¡Oye!
¡Mira aquí!
¡Que chico pesado!
Él se va a sacar el bañador.
No mires.
¡Oye!
¿Con qué color quieres pintarte?
¡Ese!
Ese es color de vieja, Irene
¡En serio!
Píntate con este, ¿bueno?
Bueno, es más bonito.
¿Tú no sabías?
El problema es que después que te pintas una vez
te vas a querer pintar siempre.
Irene, no vas pintar ninguna uña.
Eres muy joven para emperifollarte.
Solange pinta.
¡Ella es mayor!
Solange, quita el esmalte de su mano, ¡anda!
Deja, papá.
¡No! ¡Y se acabó! ¡Basta de discusión!
¿Qué tiene?
¡Tonico!
¿Tonico?
¿Qué pasa? ¿Te vas a poner brava conmigo, flacucha?
Estoy haciendo eso por tu bien, ¿Está claro?
¡Aquí!
¡Papá! ¡No, no!
¡Todo el mundo a tomar baño!
Agarra tú también. Lánzalo en mí.
¡Epa! ¡Qué sorpresa!
¡Maravilla! ¡Abrí, eh?! ¡Buenísimo!
Lo necesitabas, ¿no?
¡Eres maestro en perder sombreros!
Elegantísimo Tonico.
¿Qué es eso? ¿Gatos?
¿Son tuyos, Mirinha?
No, claro que no, Doroti. Ya le pedí veneno a Madalena.
Me van a destruir el tejado.
¿Te gustó, papá?
Sí, me gustó, hija.
Es un poco caliente, pero me gustó.
Llévalo para allá. Guárdamelo.
¿Adivina que tenemos de postre?
¡Ambrosía!
¡Qué rico!
La ambrosía da Mirinha es famosa.
¡Cora! Corita, ¡hay ambrosía!
¡Un éxito!
Trae los platos y el queso, Madalena.
¿Me ayudas con el queso, Irene?
Pero ¿y la torta?
Es la ambrosía, Doroti.
¡Feliz cumpleaños! te deseamos a ti...
¡Ve, Irene! ¡Ve a cantar a tu padre!
¡Anda, Irene!
¡Vaya!
Pendular: varoncito.
– ¡Eres tú, hijo! – Lo sé.
¿Será que hay otro?
¡Ah, no sé! ¿Elpídio?
Tal vez un hermanito...
– Yo quisiera, vamos a ver... – Una niña, Doroti.
Movimiento circular.
Yo quisiera, a ver...
– No. – Paró.
¡Menos mal!
Uno ya es suficiente. ¿Verdad, hijo?
¡Imagínate yo, que tengo tres!
Hazlo conmigo, hija.
¡Yo! Soy yo.
Y ahora la próxima.
Ahora será Irene.
Este aún no lo definieron muy bien.
¡Déjate de eso, hijo!
Esta fue Irene.
¿Y ahora? ¿Quién es ahora?
¡Cora!
Haz uno más, haz uno más.
¿A lo mejor les doy un hermanito a ustedes?
¿Qué dices! ¡Epa! ¡Toco madera!
No, a esa altura...
Caramba, ¿no es que la magia de Solange funciona?
No es magia, tía.
Ahora con Tonico.
Tonico... Ahora le dio por llamarme Tonico.
No hace falta, hija.
Si tu madre lo hizo, dará lo mismo
Hazlo, Tonico. ¿Quién sabe no hay otro por ahí?
Hija, hazlo con tu tío.
Elpídio no querrá hacer...
No, no, Mirinha. Yo no creo en esas cosas.
¡Vamos, Elpídio! ¡Tienes miedo?
No le gustan estos juegos, ¿verdad, Doroti?
¿Ustedes saben que existe otra Irene?
– ¿Qué tontería es esa, hija? – Sí.
Otra Irene.
Ella vive en el otro lado del mundo.
En Japón.
¡Entonces está lejos!
Pero ella es igualita a mí.
Lo que yo hago, ella hace.
Me gusta pensar así,
porque una sola Irene es poco.
Creo que la hermana de ustedes está chiflada.
Los chicos tienen cada una, ¿no?
¿No te parece?
Solange, ¿tienes que hacer con tu propio cabello?
¿Eh, Tonico?
¡Tonterías, hija!
¿No tienes ganas de tener otra hija?
¡Para, Irene! ¡Qué fastidio!
Otra Mirinha yo sé que no existe.
¡Ah, cuñada! Me caes muy bien, pero menos mal...
¡Imagínate! ¿Tú ibas a querer a dos Mirinhas?
¡Cómo pasa el tiempo! ¿Verdad, Marluce?
El otro día Ivana nació y ya está casándose.
¡El casamiento da mucho trabajo!
La fiesta, el vestido, la familia del novio...
Me parece tan bonito, tan bonito
que la novia se case con el mismo vestido de la madre.
¡Es romántico!
Es para ver si me da suerte.
¡Está linda!
Es verdad, Madalena.
Así encontrarás un novio.
¿Te gusta algún chico?
No.
¿No? ¡Apuesto que sí!
Marluce, lo dejaré un poco flojo
en la cintura, porque seguro
hasta la boda va a crecer, ¿verdad?
Huele bien, Neuza.
Cumpleaños de mi marido.
¡Hay que prepararle una comidita mejor!
– Yo no lo conozco aún. – Verdad...
Él viaja mucho, pobrecillo.
Pero él avisó que llegará a tiempo
de pasar su cumpleaños en casa.
¿Qué cosa estás preparando?
Esta vez me voy todo.
Costillas de puerco y tocino.
¿Puedo probar?
¿Tienes hambre, cariño?
No.
Yo quiero probar.
¡Claro!
Pero tendrás que esperar un poco,
porque aún debe estar crudo.
¿Me pasas la toalla, por favor?
Te quedó muy lindo.
¡Irene!
Mira!
¡Qué linda!
¿Estoy “beautiful”?
¡Adoré!
Y entonces, Madalena. ¿Te gustó la costilla?
Come con la mano, bobita.
¡Eso!
¿Y el chicharrón? ¿Lo probaste?
Pruébalo también, está delicioso.
La costilla es bueno comerla con la mano.
¡Mi amor!
Doña Neuza,
¿cómo escogieron el nombre de Irene?
Eso fue cosa de su padre.
¿Verdad, mi amor?
Hice una ambrosía deliciosa,
¿quieres probarla? – No.
¿No te gusta?
No quiero.
¿Y por qué, Madalena?
Comiste la costilla,
ahora hay que probar la ambrosía.
No quiero.
¿Por qué? Aquí es así:
comió costilla,
come ambrosía también. Está deliciosa.
No quiero.
Oye, aquí en casa, quien come la una,
come la otra también. ¿Oíste?
Está muy buena.
¡Prueba! Te voy a traer un poco.
¡Ya le dije que no!
Todo era oscuro y no se veían las paredes.
Yo andaba y andaba
y no podía encontrar la salida.
Fue cuando vi un cajón
y me fui aproximando. Cada vez más cerca.
¿Estás oyendo, Cora?
Allá adentro había una vieja.
¿Quién es esa?
Sólo podía ser la abuela.
Mamá,
¿cuándo murió la abuelita?
¡Qué tontería, Irene!
¡Un murciélago!
La abuelita estaba en el cajón.
Pero en vez de flores, dentro había comida.
¡Qué asco!
Arroz,
frijoles,
fideos,
papas,
había hasta flan.
Y yo,
tú
y Cora estábamos allá.
Frente a ella.
Ella usaba un vestido negro.
Tenía la piel arrugada así.
– Y los ojazos... – ¡Irene!
Y tú, Solange,
comenzaste a comer todo lo que había dentro.
¡Basta! ¡Basta!
¡Ya está bien!
Ven aquí, hija. Llegó papá, vamos a comer.
¡Hola! ¡Buenas noches!
– Hola, hijita. – Hola.
¡Demoraste!
Me atrasé un poco, Mírinha.
Oye, no voy a comer nada.
Comí algo en la tarde y ahora no tengo hambre.
Hola, hija.
Hola, papá.
¡Ay! ¡Estas botas!
– Yo tampoco voy a comer. – ¡Va, sí señora!
¿Me vas a obligar?
Tú no comiste. ¡Tienes que comer, Irene!
Ya comí.
Deja ella, Mirinha.
¿Tú entendiste que estábamos esperándote para la cena
y que ella aún no comió? – ¡Está bien! ¡Ella come después!
¡Solange!
¿Puedo no comer también, mamá?
¡Vamos, Cora, vamos!
Vamos, hija, vamos. Una, sólo. Anda.
Come, mi amor. Es la sopita de mamá que te gusta.
Come, amor. Mira el avioncito, uno sólo.
¡Cora, sal!
Sí.
Pero Silmara debería conocer a la hija que tiene ¿no?
¿Qué va a estudiar fuera?
¡Y tú no sabes lo peor! ¿Sabes que respondió Silmara?
Que le parecían muy desagradables
los comentarios respecto a la hija,
que ella está bajo la tutela de la hermana
y que si la niña está haciendo alguna cosa errada
es porque la propia hermana está haciendo algo errado.
¿Puede una cosa así?
Es una caradura, ¿no? Espérame un minuto. ¿Qué?
Estoy yendo allí a estudiar.
Bueno.
¿Doroti?
No, no es nada. Era Irene que estaba aquí.
¿Tú crees eso, chica?
¡Irene!
¡Irene!
Mamá, voy a salir con Madalena, ¿bien?
¡Ay, Doña Neuza!
¿Adónde van ustedes, Madalena?
Vamos a la casa de una amiga de ella, mamá.
Yo estoy pendiente, ¿sabes Irene?
Mira lo que vas a inventar,
si no te las verás conmigo, ¿Oíste?
Vamos a bailar
- No. - Ven!
Mira a Murilo allí.
Él es lindo, ¿no?
Espérame aquí, voy allá.
¿Entonces tú me conoces?
No cien por ciento.
¿No cien por ciento?
¿Podría conocerte?
¡Ay!
¡Sinvergüenza!
"Desligó el motor y apagó los faroles.
Nos pertenecemos uno al otro.
Y tú puedes ser mía hasta el fin,
sin temer las consecuencias de nuestro acto..."
– !Ey! – "Miguel la levantó del banco
y la llevó en los brazos hasta la orilla del despeñadero.
Era en aquel local que se avistaba,
en toda su extensión,
las islas que formaban el archipiélago de las Canarias.
Trudy aún se acordaba de lo que ocurrió la primera vez,
cuando se debatiera para libertarse de sus brazos.
Ahora su cuerpo estaba sereno, confiado, tranquilo,
listo para recibirlo con los brazos abiertos."
"Era ese el momento
que los dos deseaban hacía mucho tempo.
El instante del abandono mutuo
al éxtasis sublime del amor.
Lentamente, como si saborease cada gesto
que antecedía al momento decisivo,
Miguel la estrechó con ternura
y aproximó los labios a su boca entreabierta."
"Tú eres la mujer con quien yo soñaba,
la criatura más adorable que existe en el mundo.
Murmuró a su oído, besándola en los ojos,
los oídos, la boca carmesí y húmeda de deseo.
"De esta vez fue Trudy quién murmuró
las palabras suaves en español.
Era eso lo que sentía de verdad:
un gran amor por Miguel.
¡Irene!
El sentimiento que experimentara por Derick
era algo superficial y frívolo.
¡Irene!
Ya estoy aquí, hija.
Ven, Irene.
Ven a conocer a mi padre, Madalena.
Ven, Madalena, conoce a mi padre.
¡Vamos!
Después busco mi bicicleta.
¿Adónde vas?
¡Irene!
¡Suéltame!
Era delicioso ¿no?
¡Era maravillosa! Con aquellas pasas...
¡Ay, hija, demoraste mucho!
Tienes que prestar atención a la hora, Irene.
Mira qué bella.
¿Y estos pies, Irene?
Ve a bañarte, anda.
Hoy hay merienda, tu padre no está.
¡No!
Ve a bañarte primero.
Ya te dije.
¿Dónde está él?
Viajó. Hoy no vendrá.
Ya.
¡Ve, anda, Irene! Llama a tus hermanas.
¡Solange! ¡Cora!
No te dije que gritaras.
¿Qué te pasa chica? ¿Por qué me miras así?
Estás inmunda. ¿Dónde estabas?
¿Por qué no cuidas de tu vida?
¿Qué dices?
Voy a llamarlas.
¿Ya pensaste?
Es la edad, doña Mirinha.
Ahora da la vueltita para ver tu vestido.
¡Qué lindo! ¡Ahora mira mi vueltita!
– ¿Qué tal? ¿Te gustó también? – Sí.
Entonces di: ¡Qué lindo!
¡Qué lindo!
Mira esto, ven aquí, ven acá.
¡Hola, señor Alcalde!
Vaya, qué bueno verte aquí.
¡Hola, señor Alcalde! ¡Caramba!
¿Piensas que no te vi usando ropa escotada también?
¿Y qué?
¿Y qué?
¡Vaya, cuanto tiempo!
Muchas gracias.
En serio, ¡muchas gracias!
Irene, eso no tiene gracia.
Para mí, sí.
Para mí, sí.
Tus ropitas también tienen mucha gracia, ¿sabías?
¡Lo sé!
¡Lo sé!
¡No, Cora!
¡Ven aquí!
Da una vueltita más.
Y otra vueltita
¡Irene, basta!
¡Te pedí que pares con eso!
Otra vez.
Uno, dos, tres, cuatro.
Toma,
en mi vestido también, para que me ayudes.
¡Ey! ¡Hola!
¿Dónde están mis princesas?
Estamos en medio del baile, ¡ven!
– Hola. – Papá, papá, papá!
Hola, hijita.
¡Bonita!
¡Qué vestido lindo, hija!
No, no.
Si no vas a ensuciar todo. Ve a tu cuarto.
Gracias.
¿Papá?
Volviste a llamarme papá,
¿se acabó la rabia, eh?
¿Quieres que caliente tu comida?
No, hija. Gracias, ya comí.
¿Papá?
¿A ti te gusta aquí? ¿Esta casa?
¿Qué pregunta es esa, hija? Claro que sí.
Te hago un jugo de naranja.
¡Irene! ¡Irene!
¡Para, para, para! ¡No me gusta!
¡Para!
– ¿Qué te parece? – Me gustó.
¿Irene?
¿Desde cuándo sabes?
– ¿De mi padre? – Sí.
Hace un rato.
Pero mi madre no sabe que yo sé.
¡Caramba, qué zapato caliente!
¿Será que mi madre lo sabe?
No sé, pregúntale a ella.
¿Y ese anillo?
¿Quién te dio?
Mi padre.
– No cabe en tu dedo. – Claro que sí.
¿Tú crees que nos parecemos?
Más o menos.
¿Por qué más o menos?
Irene,
¿qué piensas de todo esto?
Escucha mi corazón, Irene
¡Ay!, Don Tonico.
Un gato a menos.
¡Cobarde!
Ayúdame aquí, Irene.
¡Pobrecillo!
Hacerle esto al gatito.
Matar gato trae mala suerte.
Estoy enamorada, Irene.
¿Tú ya te enamoraste?
No.
Creo que no.
¿Es Murilo?
Sí, él es lindo, ¿verdad?
Más o menos
¿Por qué más o menos?
No sé.
Le diré que seamos novios.
Hay que ser decidida, ¿verdad?
Salí a mi madre.
Ven, deja que yo haga en ti.
¿Tú hablaste sobre mí a alguien?
No te voy a decir.
Le mandaré una carta a Murilo,
declarándome.
¿Qué te parece?
No sé.
Nunca da para saber lo que estás pensando.
Salí a mi padre.
¿Murilo besa bien?
¿Tú ya besaste?
¿Tienes ganas?
¿Quieres que te enseñe?
¡Hija!
Tu mamá te está llamando para cortarte el pelo.
Yo no iré.
Quiero dejarlo crecer.
¿Qué es? ¿Blusa nueva?
¿Tu mamá te la dio?
Es medio indecente, hija.
¿Papá?
¿Me estás viendo diferente?
¿Diferente cómo?
Otra.
No, para mí sigues igual.
Mi niñita de siempre.
Pero yo no quiero.
No quieres qué, ¿niña?
Ser tu niñita.
Ven aquí, déjame verte. Ven aquí.
Déjame verte.
¡Estás bonita!
Estás cortando mucho, mamá
Estoy de salida, mamá.
¿Qué blusa es esa, Irene?
Es nueva.
– No vas a salir así, ¿eh? – ¿Puedo ir, Irene?
– ¿Puedo ir. Irene? – ¡No, Cora!
Yo no estoy mal vestida.
Chau.
¡Irene!
Déjala, mamá. Está usando una ropa simple.
– En nuestra familia ¡no! – ¡Gran familia!
¿Qué estás diciendo?
¡Niña petulante!
¡Tú no me quieres!
¡No escupas!
¡Qué asco!
Imítalo a este.
¡Loquilla!
Ahora en ti.
¡Espera!
¡Calma!
Tú bebes, ¿eh?
¡Mira cuánto pajarito!
¿Crees que le besaré a Murilo así?
Estás maravillosa.
Suave y fino.
Es alemán.
Dos.
Gracias.
¿Dónde?
¿Quién?
Murilo.
Irene.
¿Papá?
Ven acá.
Flacucha.
Yo no me asusté.
Ven aquí.
¡Ay! ¡Bá!
– ¡Ese cinturón está horrible! – ¿Quién va mirar mi cinturón, eh?
Usa el otro y ponte el saco.
No me lo voy a poner. Hace mucho calor, nadie va con saco.
– ¡Ponte el saco, Tonico! – ¡Yo no voy con saco!
Ese vestido no está bien puesto, Irene.
¿Es este, Mirinha?
¡Es ese!
¡Atención!
– Qué linda estás, hija. – Gracias, papá.
¡Qué cosa, Dios mío!
¡Ah, no, mamá! ¡No vas a llorar, mamá!
¿Vamos?
Vamos, Cora.
¡Ven! ¡Vamos, vamos, mujer!
– Chau, Bá. – Chau.
– Chau, Madalena. – Chau.
Estás linda, querida.
Chau.
Vamos, chicas.
Vamos, Cora.
Hagamos una foto, Solange.
No, no, vamos a entrar.
¡Una foto!
¡Hola, Bá!
¿Dónde estabas, Irene?
Lávate las manos para comer.
El taco de esa chica, Madalena...
Tenías que ver a esa niña con tacones.
Todo el mundo te está esperando.
¿Don Tonico viene a almorzar?
Finalmente llegó tu hermana.
Entonces, ahora vamos a comer.
¿Le pongo sal a las papas?
Trae el arroz.
Tengo hambre.
Lo sé, mi amor. Sólo estamos esperando a tu hermana.
¡Ven, Irene!
¡Ay, hija! ¡No puedo parar de pensar
en ti entrando a aquel salón!
¡Ay, mamá!
¿Qué es esto? ¿Quién eres tú?
¡Irene!
¿Qué broma es esta?
¡Yo soy Irene!
¿Dónde está papá?
¿Irene?
¿Irene?
¡Ven a comer, hija!
¡Ven!
Irene! ¡Ven a comer!
Tu padre ya está aquí.
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