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YOLANDA LA HIJA DEL CORSARIO NEGRO
�Eh, venid!
�Qu� pasa?
Creo haber o�do llorar a un ni�o.
- �D�nde? - Entre esos �rboles.
No se oye nada.
Espera.
Respira.
Est� vivo. Llevadlo enseguida a la carreta.
Venga, �chame una mano.
Dijo que hab�a o�do llorar a un ni�o, pero yo no veo nada.
�Cu-c�!
Estoy aqu�.
�Mira!
Ven, baja, no tengas miedo. No te haremos da�o.
Ven, querida, ven.
�Qu� hac�as ah� arriba, eh?
- �Te gusta? - Mira, Rovira.
Mira qu� hermoso brazalete de oro.
Qu� guapa, qu� mona. Tiene que ser hija de un gran se�or.
Estar�s siempre con nosotros, �sabes? Siempre... as�.
Pero...
- �D�nde estoy? - Entre amigos.
Somos saltimbanquis.
�Y la ni�a? �D�nde est� la ni�a?
Calma, est� bien. Si sigues vivo, es gracias a ella.
Pedro se ha parado porque la oy� llorar.
Quiero verla. Tra�dmela.
�Yoli! �Yoli!
Yoli,... pero �d�nde est� Yoli?
�Yoli!
Aqu� est� la ni�a, pero tranquil�zate
- o la vas a asustar. - Querida Yoli.
Pero t� �qui�n eres? �de d�nde vienes?
No importa de d�nde vengo.
- �Podemos quedarnos con vosotros? - Con tal de que os gan�is el pan.
S�, s�, no lo dud�is.
Ni ella ni yo seremos una carga.
Tesoro m�o, ya no sabr�a vivir sin ti.
�Corre!
�Bien!
�Falta mucho todav�a?
- No, no, sigue todav�a. - No puedo m�s.
�C�mo que no puedes m�s? �Venga, �nimo!
�Vamos, adelante!
�Venga, vamos! �Adelante, Yoli adelante! �Galopa!
- No puedo m�s. - �Cabalga, Yoli!
�Cabalga, holgazana!
�Ah, no, no!
�No!
Vuelve a intentarlo. Adelante.
Otro. Venga.
Eso es. Perfecto.
Bien.
Bien.
S�, s�, as�.
Ah, as�, magn�fico golpe de arresto. Estoy satisfecho del todo.
Ahora es cuando empezamos a avanzar.
Venga, desde el principio.
No puedo m�s. Te lo juro.
En guardia, Yoli. Un d�a me lo agradecer�s.
Medio c�rculo. Bloqu�ame, Yoli, bloqu�ame.
Los caballos est�n cansados. Ser�a mejor parar.
Ya estamos cerca de Maracaibo.
Tendr�n tiempo de descansar en los pr�ximos d�as.
�C�mo se te ha ocurrido venir a Maracaibo, justo en el epicentro de la guerra?
Te lo dir� a su debido tiempo.
Antes quiero que veas la ciudad.
Es interesante desde cualquier punto de vista.
Yo habr�a esperado a que dejasen de llover ca�onazos.
�Por qu�? �No te apetece conocer la capital del Caribe?
Para m� estos sitios son todos iguales.
Maracaibo, Santa Fe, Asunci�n,
ya llevamos veinte a�os pasando de una ciudad a otra.
Al�grate, porque puede que esta vida haya acabado para siempre.
�Y c�mo es eso? �Acaso ha sucedido alg�n milagro?
Seguro. El milagro de que tengas veinte a�os y est�s fuerte como un hombre.
Eres fuerte y decidida como pocos hombres lo son.
- �Eso qu� es? - Tonter�as.
Alguna escaramuza entre ingleses y espa�oles.
Pero no es en tierra donde se puede resolver este conflicto.
Esta, querida m�a, es ante todo una guerra naval.
Y hasta que Inglaterra tenga a los corsarios de su parte... hummm
As� que entiendes de corsarios, �eh?
He visto mucho mundo, Yoli.
�Qu� es eso?
Tienen que ser bandidos que asaltan una carroza.
�Qu� haces, Yoli?
�No vayas! �No te inmiscuyas!
�Yoli, esp�rame!
�Yoli!
�Yoli!
�Cuidado, agachaos, se�oritas!
�Salud, se�orita!
�Gracias, caballero!
- �Qui�n es ese caballero? �Lo conoces? - No le he visto nunca.
- �Bravo, gracias! - Y esto no es nada. Lo bueno viene ahora.
�Cuidado!
�Bellacos!
Escapan. Dejemos que se vayan, ser� mejor.
Bravo, Yoli. Has luchado bien.
- Gracias, amigos. - Era nuestro deber.
Yo tambi�n tengo que daros las gracias. Hab�is sido generoso y valiente.
La mejor espada que jam�s he visto.
- No exager�is, caballero. - No exagero. He visto muchas espadas.
- �Qu� pasa? - �Qu� tienes, Sam?
Nada, nada.
S�lo es una herida.
Pero no es nada. Ni me hab�a dado cuenta.
Es la herida n�mero 17
de mi vida.
Sam.
Ma�ana... estaremos... en Maracaibo.
�Sam!
- No es muy grave, entonces. - Una herida superficial, parece.
Ha dicho que no es nada y que prefiere curarse solo.
Esperemos que se cure pronto.
Como �l dice, ma�ana en Maracaibo, deber�a estar ya en pie.
�C�mo os llam�is?
Yoli.
Un nombre extra�o para un hombre.
Ya.
�Vos c�mo os llam�is?
- Consuelo. - Es un nombre muy bonito.
- �Lo dec�s de veras? - En cualquier caso, no m�s bonito que vos.
Sois un adulador.
Quien dice la verdad no es un adulador.
No me hab�is dicho de d�nde ven�s.
Del mundo. Viajo como saltimbanqui.
Es verdaderamente maravilloso, Yoli, que hay�is venido del mundo para salvarme.
Por desgracia, muy pronto deberemos separarnos.
No para siempre, Yoli.
A menudo los destinos de un hombre y una mujer nacen en un camino
por un encuentro fortuito.
Os expres�is muy bien, se�orita.
Demasiado bien para m�.
Es absolutamente necesario que no volv�is a verme nunca m�s.
�Y por qu�?
Porque podr�ais llevaros una sorpresa desagradable.
Cualquier cosa que hay�is hecho y a pesar de vuestros pecados como z�ngaro,
os he reservado un puesto de honor en mi coraz�n.
En el momento que quer�is volver conmigo,
hacedlo. Os esperar�.
�Alto ah�!
�Para! �Para!
No se puede pasar.
No se puede pasar.
�Ten�is permiso?
Dejadnos pasar. Son �rdenes del gobernador.
- La se�ora �qui�n es? - Es la hija del gobernador.
Entonces, que pase s�lo la carroza.
- Est� bien. Enseguida. - �Y eso por qu�?
�Y nosotros? �Nosotros no podemos pasar?
No entra nadie sin el pase del gobernador.
Ten�is miedo de que seamos corsarios.
Tenemos miedo de lo que nos da la gana.
Si quer�is pasar ten�is que ense�ar vuestros pases.
�Realmente tiene miedo su muy cat�lica majestad!
�Cuidado con lo que dices, z�ngaro!
�Deteneos! Os ordeno que lo dej�is pasar. Ha salvado mi vida y la de mi guardia.
Tomad.
Este anillo os servir� si quer�is entrar en Maracaibo y en mi casa.
- �Yoli! - �Qu� pasa?
Ven. R�pido.
- �Qu� ocurre? - Sam se encuentra mal.
Sam.
Estoy aqu�.
No quiero morir, Yoli.
No puedo morirme ahora.
He esperado casi veinte a�os.
�Yoli!
�Yoli!
No te excites, Sam. Ver�s como te curas.
�Es muy grave?
S�, es muy grave. No ha dejado que lo curasen.
Me temo que no hay nada que hacer.
�Yoli! �Yoli, no!
No quiero morir, Yoli. �Yoli, no!
�chalos. Quieren robarme.
Quieren matarme. ��chalos!
Calma, Sam. Ya les he dicho que salgan.
S�lo estoy yo aqu�.
Y me quedar� contigo
hasta que te pongas bien.
Se acab�, Yoli.
Se acab�.
He esperado tanto
para volver
a Maracaibo.
Esper� a que crecieras
y pudieras ayudarme,
pero ahora todo se me escapa.
Pero al menos t�...
Siento que la vida me abandona.
No hay...
no hay ya esperanza.
�Yoli!
�Esc�chame!
Dime. Dime, Sam.
Hab�a vuelto a Maracaibo para buscar un tesoro.
Un tesoro que nos habr�a hecho ricos.
Pero ahora...
Toma.
Este mapa es tuyo.
Es el mapa de un tesoro que te pertenece.
Por tus venas
corre sangre noble.
Tu padre era el conde de Ventimiglia.
Hace dieciocho a�os, cuando fue asesinado,
me encargaron que te suprimiese.
Habla, habla.
Quise que crecieras fuerte como un hombre,
precisamente para esto.
Para que un d�a pudieses
recuperar tus riquezas
y el rango que te pertenece.
Yoli no es tu verdadero nombre.
T� eres Yolanda. Yolanda de Ventimiglia.
No puede ser verdad.
S�. Yolanda. Pero no s� nada m�s de ti.
Hay un hombre que quiz� pueda cont�rtelo todo.
O� pronunciar el nombre aquella noche tr�gica:
Van Stiller.
- Van Stiller. - S�.
S� que vive en Santa Fe.
Ve a buscarle.
Pero antes de haber hablado
con �l
no te f�es de nadie.
Ten cuidado en Maracaibo.
Adi�s, Yolanda.
Perd�name.
Hasta ahora lo he callado todo
esperando poder recuperar
el tesoro contigo.
Quiz�
me he equivocado.
Que Dios
me perdone.
�Sam!
�Sam!
No, Pedro, no vayas. D�jales.
D�jales solos.
�Sam! �Sam!
�Qu� dese�is, hermano?
- �Sois vos Van Stiller? - S�, hermano.
Es verdad que fuisteis uno de los amigos m�s fieles del Corsario Negro.
Han pasado muchos a�os desde entonces.
Pero, �t� que quieres, extranjero?
Quiero saber c�mo muri� Enrico de Ventimiglia.
�Por qu� quieres que recuerde un d�a tan doloroso de mi vida?
Y, adem�s, �qui�n eres para ni siquiera pretenderlo?
Tomad, leed.
�C�mo has conseguido este papel? �Qui�n te lo ha entregado?
Me lo ha dado un viejo z�ngaro a punto de morir.
Era el hombre encargado de matarme cuando ten�a dos a�os.
Pero entonces t�...
No os dej�is enga�ar por mis ropas.
Soy una mujer, Van Stiller.
El z�ngaro me dijo que me llamaba Yolanda.
Soy la hija del hombre al que dedicasteis toda vuestra vida.
El Corsario Negro fue asesinado a traici�n en su nave
por el hijo de su peor enemigo, Van Gould.
El hombre que hoy
es gobernador
de Maracaibo,
bajo el t�tulo de conde de Medina.
El Corsario Negro ten�a una hija.
Una ni�a de dos a�os que desapareci� aquella tr�gica noche.
Y yo la acunaba cada noche.
Y le contaba historias.
Historias de corsarios.
Hab�a tres hermanos llegados de Ventimiglia...
Van Stiller.
Desde ni�a he llevado este brazalete de oro en el brazo. �Lo conoc�is?
S�.
Te lo di yo, Yolanda,
el d�a en que fuiste bautizada.
Te lo di aquel d�a en la iglesia de Maracaibo
y t� llorabas por culpa de la sal
que el cura te pon�a en los labios.
Es justo que vengues la memoria de tu padre.
En su tumba, en el fondo del mar, habr� esperado con ansia este d�a.
Pero estoy sola, Van Stiller.
No, yo estar� contigo.
- Pero vos no... - Todav�a soy un laico. No tengas miedo.
A pesar de la edad, todav�a me llamo Van Stiller. �En guardia!
Silencio.
- Viejo bandido. - Eres t�, viejo am�go.�Qu� broma es esta?
Te he asustado.
Un poco s�, con esa cosa, con estos tiempos que corren...
Con los pecados que tienes sobre la conciencia.
�Pecados yo? Si soy puro como un �ngel. �Qu� pecados?
Echa a tu clientela y cierra la tienda.
- �Qu� ha pasado, maestro? - Haz lo que te digo.
A la orden, contramaestre.
- �Fuera! - �C�mo que fuera?
- �Fuera! - �He venido a raparme la cabeza!
- �Iros, fuera! �Largo de aqu�! - No volver� por aqu�.
Perdonad, contramaestre, pero �no ser� una broma?
Nada de bromas, Agon�a.
Esta de aqu� es Yolanda, la hija del Corsario Negro.
�Qui�n? �Esta?
�Caramba!
Contramaestre, sab�is que siempre estoy a vuestras �rdenes.
Bravo, Agon�a,
nunca lo he dudado.
Y ahora que estamos todos reunidos, a La Tortuga.
S�lo Morgan podr� proporcionarnos una verdadera ayuda.
Un momento, jefe. Una mujer no puede mezclarse con piratas. Puede ser peligroso.
No temas, Agon�a. Practico la esgrima como un hombre.
Formidable, por fin tendremos un verdadero jefe.
- �Satisfecho? - Ahora, todos a La Tortuga.
�Eh, Van Stiller!
�Qu� tal, Van Stiller?
�Maestro Infierno! �Qu� tal, viejo amigo?
Yo tambi�n quiero apostar.
Pero ya est�n cerradas las apuestas.
Yo acepto si apuestas 50 piastras por Cornio.
Est� bien. Hecho.
Adelante. Yo anoto los puntos.
No es necesario. Aqu� en La Tortuga todos somos amigos.
�Bravo! Es cierto.
Entonces tengo vuestra palabra.
- S�. - Gracias por la confianza, caballero.
Yo soy Cornio.
Y yo soy Taibul.
Prep�rate a perder tus 50 piastras, caballero.
�Bravo, Taibul! Demuestra qui�n eres.
- �Adelante! - �Empezad!
- �Adelante! ��nimo! - �Valor!
-Venga Cornio, demu�strales qui�n eres. - �Vamos, Cornio!
�As�, as�! �Muy bien!
�Arriba! �Lev�ntate!
�Lev�ntate, haz un esfuerzo!
�Arriba, Cornio! ��nimo! �As�!
�Venga!
�As�!
�Venga, Cornio, venga! ��nimo, que vences! ��nimo!
��nimo! �Bravo!
Eso es.
�Muy bien! �Bravo!
�Bravo, Cornio!
�Bravo! �Dale as�! ��nimo!
�Bravo! �Bravo!
�Bravo! �Bravo!
�Ha ganado Cornio! �Ha ganado Cornio!
�Bravo, Cornio, bravo!
Has estado grande, Cornio. Has estado grande.
Entonces me debes 50 piastras.
Las apuestas estaban cerradas.
Aceptaste.
No me acuerdo.
Palabrer�as, dame mis 50 piastras.
Valor. Ven a cogerlas.
Por supuesto.
�Cuidado, Yoli!
Dale las piastras.
Venga, d�selas.
�Bravo!
�Bravo, extranjero!
Has estado realmente bien, magn�fico.
Deja que me presente.
Ralph Morgan.
�El hijo de Henry Morgan?
- S�, �por qu�? - Hemos venido buscando a tu padre.
�Quienes sois vosotros?
Dile que Van Stiller quiere verle.
Van Stiller es �l.
Y �l es Agon�a.
�Y por qu� est�is aqu�?
Tenemos que hablarle de este extranjero.
Amigos,
hoy es un gran d�a para m�.
Nunca habr�a imaginado que pudiesen volver al filibusterismo
las espadas de Van Stiller, de Agon�a y de todos vosotros.
que fuisteis compa�eros en los primeros combates.
Os cre�a perdidos.
Como cre�a perdida a Yolanda.
Ahora que estamos todos reunidos,
os juro,
como que me llamo Henry Morgan,
que perseguiremos al conde de Medina
hasta su final.
�Hurra! �Hurra!
�Hurra!
Si lo permites, padre, querr�a embarcar con Yolanda.
La he visto combatir hace poco y estar�a orgulloso de formar parte de su tripulaci�n.
Por supuesto, Ralph.
Jugabais juntos en Maracaibo
cuando viv�a Enrico de Ventimiglia.
Van Stiller y Agon�a os protegieron siendo unos muchachos,
y lo seguir�n haciendo ahora que sois hombres.
Yolanda es un aut�ntico hombre.
Esperemos que s�lo lo sea bajo la insignia del Jolly Rogers
y sobre el puente de nuestra nave.
Vas demasiado r�pido, jovencito.
Ni siquiera le has preguntado a Yolanda si te acepta en su barco.
�Me acept�is, capit�n?
Por supuesto, Ralph.
Trato hecho, entonces.
Un momento, amigos. Tengo que advertiros de una cosa.
Han pasado muchos a�os desde la muerte del Corsario Negro.
Hoy mis hombres no practican la guerra de corsarios como antes.
El Jolly Rogers navega bajo la protecci�n de la bandera de Su Majestad Brit�nica.
Est� bien, Morgan. A fin de que el Jolly Rogers nos gu�e
a combatir contra el conde de Medina para vengar a mi padre.
De acuerdo.
�Seguidme!
�Fuego!
�Adelante!
�Victoria!
Yolanda, �Hab�as navegado ya antes?
No.
Parece que no hayas hecho otra cosa.
Mi sangre es sangre de marineros.
Ventimiglia es un viejo castillo a la orilla del mar.
Mar que mis antepasados surcaron con sus naves durante siglos.
Sam, el z�ngaro que me educ�, me ense�� s�lo la esgrima y a cabalgar.
Pero cuando sub� a bordo me pareci�...
no s� explic�rtelo,
como si ya hubiese vivido todo esto,
en otra vida.
El mar es algo grande y terrible,
pero yo en el mar me siento feliz.
�Aunque yo no estuviese aqu� contigo?
No, Ralph, te lo ruego, el momento es encantador, no lo estropees.
Est� cambiando la guardia.
�Oyes el rumor del mar?
El viento que sopla entre las jarcias.
Me parece haber o�do antes estos sonidos,
haberlos olvidado durante mucho tiempo y
ahora reconocerlos.
Por eso soy tan feliz.
�Por qu� est�s triste, Ralph?
T� para mi eres una cosa sola, con el mar, con mi vida, con mi destino
pero hasta que el destino no se cumpla no puedo pensar en otra cosa.
Tenemos que ser fuertes y saber esperar.
No tengas prisa, Ralph.
Yo tambi�n te amo desde el mismo instante en que mis ojos se posaron en ti.
Pero es necesario esperar.
Realmente es algo incre�ble.
�Inaudito!
Una flota de in�tiles perdedores, un mont�n de miserables.
Son los filibusteros de La Tortuga, se�or gobernador.
Los conduce Morgan.
Y adem�s est� Yolanda, la hija del Corsario Negro.
Esto les ha vuelto a dar valor a los corsarios.
Los ha hecho m�s audaces y m�s decididos.
Tambi�n porque tienen una venganza que cumplir.
Y tienen la protecci�n de Inglaterra.
�Qu� puede importar una mujer y su sed de venganza?
Y sin embargo, excelencia, deber�ais conocer bien la fuerza
que puede dar el deseo de redimir una ofensa sufrida.
�Qu� quer�is decir?
Mirad que no quiero saber lo que se esconde detras de vuestras insinuaciones.
Si he cometido alg�n error, es el de haberos hecho caso hace veinte a�os.
Tendr�a que haber matado tambi�n a la ni�a.
No es con la crueldad con lo que se obtienen las victorias.
Cada uno tiene sus m�todos.
No puedo permitir a los piratas que contin�en con esta...
agresi�n....
tropel�a.
Desde hace meses y meses ning�n gale�n espa�ol
cargado de oro, especias o armas pasa por aqu�.
No, ni un perro trabaja ya en las plantaciones.
Los de la costa meridional viven aislados en sus ciudades, incluso asediados.
Por culpa del miedo, cada d�a miles de personas piden la repatriaci�n.
Tenemos que limpiar nuestros mares de estos piratas.
�Por qu� no asum�s vos mismo el mando de la flota?
No va a ser necesario, Don Ram�n.
En absoluto.
Si consigo llevar a cabo lo que tengo en mente,
resolveremos las cosas
de forma mucho m�s r�pida.
Como sab�is el gobierno de su muy cat�lica majestad e Inglaterra
est�n negociando la paz.
He pedido poder hacer las cl�usulas que afectan a nuestra zona.
Esta ma�ana he recibido la respuesta.
Si se firma la paz, se me asignar� la tarea.
Y, en consecuencia, las cl�usulas ser� yo quien
las establezca.
Ver�is, Don Ram�n, c�mo consigo llenar nuestras plazas
de horcas y de ahorcados.
Y esto no es m�s que un peque�o entrante o, si quer�is, una primicia.
Con poca corte, ahorrar� barcos y batallones.
Peque�os gastos y grandes beneficios.
No es posible, amigos.
Ser�a una traici�n demasiado grande.
Cuidado, que parece que la noticia es verdadera.
Entonces que Inglaterra sea maldita con todas sus naves.
No pueden abandonarnos. Hemos combatido por ellos.
Miles de los nuestros han acabado en la horca para comodidad de Su Majestad Brit�nica.
Ahora no puede abandonarnos.
Y, sin embargo, ha firmado la paz con Espa�a.
�Y nosotros?
Nosotros somos carne de ca��n.
He o�do decir que nos llevar�n a todos a Europa.
�Y qui�n quiere volver? En Europa est� mi mujer.
O la horca.
�O la horca o mi mujer?
Realmente no s� cu�l de las dos es mejor.
Agon�a tiene raz�n.
No se puede cambiar todo en un d�a.
A menos que el rey de Inglaterra nos conceda una pensi�n.
Pensionistas en la c�rcel.
�T� c�mo lo ves, Ralph?
Hasta que no llegue la noticia oficialmente, no quiero creerla.
Pues que sepas que nuestro vig�a ha avistado
un grupo de naves inglesas que se dirigen a La Tortuga.
Una completa traici�n, entonces.
Ll�malo como quieras.
En Europa lo llaman pol�tica.
Pero esta vez se han equivocado de lleno.
Con el filibusterismo no se bromea. Puede ser peligroso, incluso para Inglaterra.
Cierto. Escucha, Ralph,
- escucha lo que piensan. - Es in�til que neguemos la evidencia.
Hemos sido traicionados.
Pero no tenemos que preocuparnos.
�Han firmado la paz? Pues bien. Nosotros seguiremos combatiendo.
Incluso contra la voluntad del rey de Inglaterra.
Decidle al rey de Inglaterra
aunque seamos nosotros los art�fices,
porque el mar ha ganado la guerra
gracias a nuestros h�roes.
Sobre las olas, sobre las olas,
la vida de los corsarios es toda libertad.
La muerte sobre las olas a todos nos llegar�.
Decidle al rey de Inglaterra
dec�dselo en nombre nuestro
que, aunque �l es el rey de la tierra,
de la mar lo somos nosotros.
Sobre las olas,
sobre las olas,
la vida de los corsarios es toda libertad.
La muerte
sobre las olas
a todos nos llegar�.
Decidle al rey de Inglaterra...
�Os hab�is vuelto loco?
�Por qu� le hab�is disparado a ese hombre?
No temas, Yolanda. No he enloquecido.
No tengo nada contra el Maestro Infierno.
S�lo he querido hacerle una caricia, para que todos entiendan.
�A esto le llam�is caricia?
Para un pirata como t�, una herida m�s o menos.
Gracias.
Escuchadme bien.
El que haya aceptado enrolarse en mi nave, ha aceptado la nueva bandera.
�Lo vais a negar?
Pues entonces,
si hoy Inglaterra exige que abandonemos las armas, tendremos que abandonarlas.
Para entrar en la legalidad
y en el orden.
�Pero no entend�is a qu� ata�d est�is arrojando a la pirater�a y a vos mismo?
Los hombres libres, audaces y amantes de la aventura,
transformados en un regimiento de soldados.
v�ctimas de la pol�tica y las intrigas de la corte inglesa.
No importa.
Lo que cuenta es la palabra de honor.
Es verdad, Morgan.
Yo tambi�n estoy ligada a una promesa
y para m� m�s sagrada que la hecha al rey de Inglaterra,
al que no conozco ni quiero conocer.
Por eso continuar� por mi camino hasta la muerte del conde de Medina.
Y vengar� la memoria de mi padre.
Haz lo que quieras, Yolanda, pero te advierto que te pones fuera de la ley.
S�lo conozco la ley del filibusterismo.
�Bien, Yolanda! �Viva Yolanda de Ventimiglia!
�Viva! �Viva el filibusterismo! �Abajo Inglaterra!
�Bien dicho! �Bravo, Yolanda!
�Capit�n!
�Capit�n!
Una lancha viene hacia aqu�.
Escuchadme, los barcos ingleses navegan hacia La Tortuga.
Estar�n aqu� de un momento a otro.
Es ahora cuando ten�is que decidir.
Los que quieran seguir a Yolanda, que salgan y esperen en la playa.
Y que sepan que repartir� con ellos el m�s fabuloso de los tesoros.
El tesoro del Corsario Negro.
�Amigos, escuchadme tambi�n a m�!
Recordad que si segu�s a Yolanda no tendr�is un puerto d�nde refugiaros.
Una casa que os acoja.
Ni un barco en el que poder huir de las flotas espa�ola e inglesa.
Ser�is acorralados como perros rabiosos,
hasta morir.
�Y si nos quedamos contigo?
�Ten�is que quedaros conmigo!
Vuestra deuda es con Henry Morgan,
no con Yolanda de Ventimiglia.
Capit�n, los ingleses han tocado fondo. La lancha se dirige hacia aqu�.
Bien, voy enseguida.
Adi�s, quien quiera seguirme todav�a est� a tiempo.
Voy contigo, Yolanda.
No, Ralph.
Te acept� en mi nave la primera vez, pero ahora no puedo... hacerlo.
Tienes que quedarte con tu padre.
Mi venganza no conoce obst�culos y podr�as encontrarte enfrentado a �l.
Si el destino lo quiere, volveremos a encontrarnos.
Cuando ya no estemos ligados a un juramento.
No me importa, Yolanda. Te seguir� igualmente.
- �Ralph! - No tem�is, Morgan.
Ralph se quedara con vos.
No te quiero conmigo, Ralph.
La sombra de tu padre y de su voluntad estar�a siempre entre nosotros.
Ser�a el fin de un amor y, quiz�, el comienzo de un odio.
Y no quiero que eso suceda.
Adi�s, Ralph.
Adi�s.
S�lo dos.
Est� bien, vamos.
�Ralph!
Te comprendo y por eso te lo agradezco.
�Los de tierra!
�Qu� quer�is? �A qui�n busc�is?
�Al capit�n Henry Morgan!
�Soy yo!
�Os espera el almirante
a bordo de la nave de su majestad brit�nica!
�Est� bien!
Han preparado una gran fiesta, �eh?
Esto no pasa todos los d�as, amigo m�o.
Y as�, gracias a Dios, ha pasado el peligro de ser atravesados por la daga de un corsario.
- �Qui�n est� ah�? - �Qu� te pasa?
Algo se mueve ah�.
Por favor, s�lo son las barcas, �no lo ves?
No haces m�s que ver corsarios en cada esquina.
�Agon�a!
�Agon�a!
�Date prisa! �Vamos!
�Deprisa!
�R�pido! �R�pido!
- �Levanta! - �Cuidado!
�Por qu� no ven�as?
Me hab�a dormido.
Caramba,
vaya una suerte, que cada veinte a�os
tenga que venir a Maracaibo.
Hace veinte a�os vine a pie.
Ahora por mar.
�Qui�n sabe si dentro de veinte a�os podr� volver?
Recuerda que no tenemos suficiente fuerza, que s�lo somos tres.
Ser� necesario utilizar la astucia.
Para el uso de la astucia, contad conmigo.
�C�mo piensas organizarlo?
Esta noche dormiremos aqu�
Ma�ana estudiaremos todos los detalles del plan.
Este anillo har� que seamos recibidos con todos los honores por el conde de Medina.
�C�mo lo has conseguido?
Es una larga historia. Pero sab�a que alg�n d�a me servir�a.
Bravo, y ese d�a ha llegado.
�Qu� sucede, don Fernando?
- Diga, se�ora. - �Qu� son esos disparos?
Es el d�a de la firma de la paz, se�orita. Son disparos al aire en se�al de alegr�a.
�Quiere salir, se�orita? �Quiere que la acompa�e?
No, gracias.
La paz. La paz. Esperemos que esta paz tambi�n me llegue a m�.
Ninguna noticia, �verdad?
Ninguna, Mar�a.
Recuerdo que me dijo:
Ir� una noche a veros.
Una noche cualquiera.
�Entiendes, Mar�a?
Una noche cualquiera.
�Qui�n sabe qui�n se escond�a tras esas ropas de z�ngaro?
Un gentilhombre.
Un corsario, quiz�.
�Sabes lo que le dir� cuando le vea?
Le dir�: Vos... vos s�lo hab�is sido un rayo en mi vida, pero lo hab�is iluminado todo.
No lo pens�is m�s, se�orita.
Ya han pasado seis meses.
Con tantos oficiales de la guardia,
chicos joviales, inteligentes,
por ejemplo, don Fernando.
S�lo espera una palabra de vos.
No digas eso, Mar�a. No quiero o�rte hablar as�.
�Qu� vas a saber t� que nunca has amado?
�Qu� entiendes t� del amor?
�Permites que, al menos yo, entienda algo?
Perd�name, pap�. No te hab�a o�do.
Mi querida Consuelo, esta ma�ana est�s espl�ndida de verdad.
Digna de recibir a todos los representantes de Inglaterra.
Gracias, pap�.
Pienso en el baile de ma�ana. Las mujeres inglesas palidecer�n frente a ti.
Por supuesto.
Bravo.
Ahora, vamos.
Vamos.
- �Pablo! - Estoy aqu�.
- �Todo listo? - S�, excelencia.
Est� bien.
Hoy es d�a de fiesta, don Ram�n.
No pong�is esa cara porque esta noche recibir�is una buena noticia.
Buena noticia ser�a para m� el no aceptar las cl�usulas impuestas por Inglaterra.
La noticia de la que os hablo ser� mejor todav�a.
Los ingleses han tocado fondo. En menos de una hora, la paz estar� firmada.
Una paz ventajosa para nosotros.
Muy ventajosa, don Ram�n.
- Mira, es Ralph. - �Nos ha visto? - S�.
Mira en qu� los ha convertido Morgan.
Estar�a avergonzado para toda la vida si me hubiesen hecho desfilar as�.
Vamos, cuanta menos gente sepa que estamos en Maracaibo, mejor.
Ralph no nos traicionar�.
Estoy tan segura como de m� misma.
Bienvenidos, representantes de la gran Inglaterra.
Vuestra acogida ha superado a lo mejor que hubi�semos imaginado.
Esperemos que nuestras conversaciones tengan un final satisfactorio para todos.
No me cabe duda.
Acomodaos.
- Escucha. - �S�, Excelencia? - Atento a la se�al.
Se�ores.
Perdonadme.
Ya estoy con ustedes.
Entonces, �comenzamos?
Si no me equivoco, vuestro almirante...
era el famoso Henry Morgan.
S�... y el rey de Inglaterra lo ha nombrado comandante de la flota del mar del Caribe
para recompensarlo por los servicios prestados
al servicio de la corona y al reino de Inglaterra.
Parece que est�is verdaderamente contrariado. �Os fastidia mi presencia...
Sr. Van Gould?
En absoluto.
Yo...
acostumbro a respetar todas las opiniones.
Sin excluir aquellas del
rey de Inglaterra, sean justas o no.
Solamente, querido almirante, querr�a ser llamado por mi titulo,
conde de Medina.
�Conde de Medina!
Por la voluntad de su muy cat�lica majestad y rey de Espa�a.
Perdonad, se�ores.
Me temo que, si no abandonamos nuestros resentimientos personales,
dif�cilmente podremos llegar a un acuerdo
en todos los puntos.
Estoy dispuesto a olvidar.
Si...
es necesario, yo tambi�n lo har�.
Bien. Y ahora, �est�is dispuestos a aceptar todas las cl�usulas del tratado?
Me permito se�alar que la cl�usula relativa al pago de los da�os de guerra
y al resarcimiento de los gastos efectuados
me parece excesiva e inaceptable por parte nuestra.
Olvidadlo. No importa. Son detalles insignificantes.
Lo m�s importante es la cuesti�n de la pirater�a.
�La verdadera plaga de nuestras colonias!
Leed el art�culo. Leedlo.
Con vuestro permiso, por supuesto, almirante Morgan.
Art�culo 22.
Queda entendido que cada nueva asociaci�n
que se formase con el fin de cometer actos de pirater�a
ser� inmediatamente excomulgada y perseguida
hasta la muerte de todos sus miembros
por las fuerzas navales y terrestres unidas de Inglaterra y de Espa�a.
Y, adem�s,
todos los corsarios que no se adhieran a la invitaci�n del gobierno brit�nico
de vestir uniforme ingl�s,
ser�n arrestados y procesados.
�Est�is de acuerdo, almirante?
Firmad, entonces.
S�.
Hablar� a mis hombres.
Nunca he faltado a la palabra dada.
�Y acept�is incluso formar parte de un tribunal anglo-espa�ol
para juzgar a los piratas rebeldes?
Claro.
Firmad esto, entonces.
Estoy completamente satisfecho.
Despu�s de diez a�os de guerra,
por fin vuelve la paz a los mares del Caribe.
Y a�n estoy m�s contento de poder iniciar esta nueva era de colaboraci�n
con un gran proyecto.
El proceso que limpiar� de una vez por todas el mar del Caribe.
Adelante.
�Qu� ocurre?
�Ralph!
�Has visto qu� broma?
Sir Bendix.
�Qu� significa �sto?
La aplicaci�n de los pactos que acab�is de firmar.
Estos hombres, interrogados
han declarado no formar parte de las fuerzas armadas brit�nicas.
Son piratas y, por tanto, gente que tiene que ser depurada
por todos los delitos cometidos.
- �est� claro? - Esto es imposible.
Es monstruoso.
Sir Bendix, ten�is que hacer algo.
Nosotros mismos hemos firmado ese documento, Morgan.
Ha sido una traici�n infame.
Le agradecer�a al embajador de Inglaterra que moderase los t�rminos.
�Es una sucia traici�n!
Llamadlo como quer�is, almirante. Pero seg�n el tratado firmado
os invito a formar parte ma�ana del tribunal que, antes de los festejos,
juzgar� a estos forajidos y vos pod�is ayudarme a identificarlos uno por uno.
�Qui�n los conoce mejor que vos?
Estoy verdaderamente ansioso por ver
el aspecto que tiene Yolanda.
La hija del Corsario Negro.
No lo sabr�is nunca.
Yolanda, gracias a Dios.
est� libre.
�Libre?
Libre.
Contra los hombres aqu� presentes,
y contra los ausentes,
Yolanda de Ventimiglia,
Van Stiller y Agon�a
por todas las susodichas imputaciones de robo a mano armada,
violencia, estupro, asesinato, saqueo,
organizaci�n de bandas irregulares,
por ofensa a las ense�anzas de la Santa Madre Iglesia,
por todos los da�os ocasionados a cosas y personas,
el conde de Medina,
en su calidad de acusador p�blico,
en nombre de su muy cat�lica majestad
y el rey de Espa�a,
ordena, seguro de obtenerlo,
un veredicto que confirme el renovado esp�ritu de paz.
Sea dado al pueblo de Maracaibo,
como tambi�n al de toda Espa�a,
de la existencia de un esp�ritu
de iluminada decisi�n.
En conclusi�n, d� un veredicto de deportaci�n por vida
a todos los imputados.
Atenci�n, Yolanda.
Ahora sale la sentencia.
Venid.
Haced lo que os he dicho.
Adelante.
La sentencia es conforme a lo requerido
por el fiscal p�blico.
Deportaci�n de por vida.
para todos los imputados.
�Pido la palabra!
Mira. Ahora habla el gran payaso.
Oigamos lo que dice.
Mi conciencia me impone decir al final de este proceso
que una de las intrigas m�s sucias de estas tierras
conduce hoy a la muerte a hombres
que no la merecen.
Hombres que, hasta hoy, han combatido valerosamente.
Que han dado su sangre por Inglaterra,
que ahora les recompensa con este veredicto injusto.
Y es por esto
que mi esp�ritu de combatiente leal
no soporta el uniforme que llevo.
Sir Bendix.
Fiel a la palabra que he dado al rey de Inglaterra,
no tomar� las armas
contra el hombre despreciable
que se esconde tras el nombre de conde de Medina.
Renuncio a las insignias de mi grado y al mismo grado.
Seguir� la suerte de estos hombres
que han confiado en m�.
�Arrestadlo!
�Es un pirata!
No pod�is, Medina.
Es un ciudadano brit�nico y tengo el deber de protegerlo.
�Y dejar�is que se levante en armas contra nosotros?
No teng�is miedo, Medina.
Morgan quedar� asignado a nuestras naves.
- �Palabras! - Y vendr� conmigo a Inglaterra y s�lo all�,
si es necesario, ser� procesado.
�Esto es inaudito!
�Inaudito!
Se necesitar�a un puro en la boca.
De los que fabrican en mis plantaciones.
Acu�rdate de agitar los guantes con indiferencia.
Como si fuesen un abanico.
Lo vi hacer siempre a los se�ores que ven�an a confesarse al convento.
Est�s perfecto.
- No digas tonter�as. - Un perfecto caballero. Agon�a tiene raz�n.
Caramba, si fuese una mujer, esta noche en el baile, me enamorar�a de ti en un minuto.
Bueno, repasemos un poco el plan.
T�, Van Stiller, har�s guardia delante de esta salida.
Agon�a, por el contrario, me esperar� en la salida norte con la carroza.
Yo entrar� en los subterr�neos del castillo sobre las once, m�s o menos.
Y cuento con encontraros en el exterior a las once y cuarto.
�Y el tesoro?
Lo cogeremos en otra ocasi�n.
Ahora tenemos que pensar en nuestros compa�eros.
- S�, lo entiendo, pero tambi�n el tesoro... - Anda, est�pido.
S�, porque creo que el tesoro tambi�n tiene importancia.
- �Qui�n va? - Amigos.
�Amigos de qui�n?
Del conde de Medina.
Mostrad vuestros papeles.
�Qu� papeles?
Los que dan derecho a salir por la noche en Maracaibo.
D�janos pasar, amigo.
Vamos a una aventura con una mujer.
�Los tres?
Es una aventura colectiva.
�Aquel tambi�n?
�Por qu�? �Yo qu� soy?
Mujer o no mujer, si no me dej�is que vea vuestros papeles, os encierro a todos.
Pero �por qu�? �De qu� tienes miedo? �De que seamos piratas?
A estas horas, los piratas est�n todos durmiendo.
En la c�rcel, pero durmiendo.
En conclusi�n, sacad los papeles.
No tenemos.
Veamos que es lo que ocult�is.
- No, no. Quietas las manos. - �Es una mujer! �Arrestadlos!
Sab�is lo que ten�is que hacer. Ahora, separ�monos.
Ahora, separ�monos.
Bravo, hab�is dado un buen salto. Felicidades. Yo entiendo much�simo. Muy bien.
Muy bien. Un salto perfecto.
Mirad �sto.
- �Cogedlo! �Cogedlo! - Bravo. �Qu� saltar�n!
Bravo. Un magn�fico salto. Maravilloso.
Nunca he visto un salto igual.
Es in�til, sir Bendix. Los nobles siempre satisfacen.
Mirad c�mo baila Consuelo.
C�mo siente el ritmo de la m�sica.
Si hoy no os hubiese visto en el proceso,
dudar�a de vuestra sensibilidad.
Cosas pasadas, excelencia. Historia antigua ya.
Es muy raro que por la noche yo piense en lo que he hecho por la ma�ana.
Por otra parte, es mejor para todos.
Tendremos menos problemas en el futuro
y m�s probabilidades de que la paz sea duradera.
- Lo espero de todo coraz�n. - �Lo dud�is?
Yo no. Y en cuanto a Morgan, antes o despu�s, ser� castigado como se merece.
�Y Yolanda de Ventimiglia?
Es una mujer, excelencia.
Y sola.
Antes o despu�s, tambi�n ella caer� en nuestras manos.
Me han dicho que es muy valiente.
S�. Puede ser.
Pero las fuerzas aunadas de Inglaterra y Espa�a
seguramente son m�s fuertes que ella y sus secuaces.
No tem�is, excelencia.
Pronto recibir�is la invitaci�n para asistir a su ahorcamiento.
- Vuestra invitaci�n, se�or. - M�rala.
�Vuestro nombre?
Seguro que conoc�is a quien me ha dado este anillo. Consuelo de Medina.
Por favor.
- �Vos! - Como veis, mantengo la promesa.
Os he esperado durante largos meses.
- Empezaba a perder la esperanza. - Entonces tengo un lugar en vuestro coraz�n.
Yo no he dicho eso.
Ansiaba volver a verte.
Hab�is sido s�lo un rayo en mi vida, pero la hab�is iluminado toda.
Sois una aduladora. Recuerdo que aquel d�a dijisteis que nunca me olvidar�ais.
Quer�a ver si las palabras de las mujeres merecen ser cre�das,
o est�n escritas sobre el agua del mar.
�Bravo!
Un joven lleno de esp�ritu y buen sentido.
�Me lo quieres presentar?
Mira, padre, este es el caballero... Ya os habl� de �l hace unos meses.
Fue �l quien nos salv� la vida cuando nos atacaron los bandidos.
�Ah! Y tambi�n valiente, entonces.
�Por qu� hab�is esperado tanto para venir?
Esperaba la ocasi�n propicia, excelencia.
Quer�a que nuestro encuentro se diese bajo las condiciones m�s favorables.
�Y cu�l es vuestra profesi�n?
Va por el mundo. Viaja mucho.
�Va por el mundo?
�Y qu� significa?
Vuestra hija tiene miedo de deciros que me ha conocido como saltimbanqui.
�Saltimbanqui!
Una profesi�n un poco complicada.
S�, pero que permite a un hombre estar siempre fuerte y afrontar el peligro.
- S�, naturalmente. Lo dec�a por decir algo. - Es verdad, excelencia.
Se aprenden muchas cosas en los carros de los gitanos y muy �tiles.
S�, s�, es cierto.
Pero ahora, si no me equivoco, hab�is abandonado esa profesi�n.
�Por qu�? �Porque llevo puesto un brocado?
Pero...
puede que teng�is raz�n y que ya no sea un saltimbanqui.
- �Lo dec�s de veras? - S�. He recuperado mi verdadero nombre.
Bien,
y si no soy indiscreto, �cu�l es vuestro nombre?
Enrico de Montenero,
para serviros.
- �Montenero? No es un nombre espa�ol. - Es un nombre italiano, excelencia.
- �Me permit�s, se�orita? - Encantada. - Perdonadme.
�Montenero?
�Montenero!
�Don Ram�n!
�Sab�is si entre la aristocracia italiana existe la familia Montenero?
Lo dudo, excelencia.
Y, sin embargo,
tiene el perfil de un noble.
�De qui�n habl�is?
De aquel joven,
el salvador de mi hija.
Tenemos que hablar con el gobernador. Es muy urgente.
- Ahora es imposible. - Haced el favor de anunciarme igualmente.
Excelencia,
- �Qu� pasa? - Un oficial de la guardia desea hablaros.
Que espere. En este momento estoy muy ocupado.
Vamos a hacerle un par de halagos a sir Bendix.
Bien, �qu� tal, excelencia?
Excelencia, tengo el placer de presentaros al coronel McMaren.
Adivin� que no erais un saltimbanqui por vuestra sonrisa.
No exager�is.
Pero os prefiero as�.
Aunque antes resultaseis m�s heroico.
�Por qu�?
Porque me sois m�s cercano.
�Quer�is continuar esta danza?
Si quer�is vos.
�Tengo que buscar una excusa para rogaros que veng�is a la veranda?
No es necesario.
Qu�date aqu�. No te muevas.
Y ahora, qui�n sabe cuando volveremos a encontrarnos.
- S�lo depende de vos. - Lo dec�s para consolarme.
Vuestra vida os llevar� lejos de m�.
Quiz� meses y meses
y puede que nunca volv�is a Maracaibo.
�Cre�is de verdad que soy tan indiferente a vuestra belleza?
�No imagin�is por qu� estoy aqu�?
S�, me lo imagino.
Una vez le� en un libro que es necesario ser decidido en la vida.
Y que es necesario seguir los impulsos del propio coraz�n.
No, Consuelo, somos muy distintos. Est�is acostumbrada a vivir en un castillo.
Pero, �qu� importa?
Mi padre sabr� comprender y el castillo no es nuestro.
�Por qu� lo habit�is?
Era de un hombre que nuestra familia siempre ha odiado.
Aquel que mat� a mi abuelo.
Enrico de Ventimiglia.
�Callad! Esos temas no deben salir de vuestros labios.
Es verdad.
Y adem�s, �por qu� pensar en el pasado?
Especialmente cuando es tan triste.
Pensemos en nosotros.
En el presente. Besadme.
Aqu� no, Consuelo. Alguien podr�a vernos.
Venid conmigo, fuera del castillo.
- No es posible. - No os fiais de m�.
Habr�a sido mejor no venir. Quedarme s�lo con vuestro recuerdo.
- Yoli. - No volveremos a vernos.
Yoli, ten�is raz�n.
- Yoli, escapemos, como en los cuentos. - S�, el cuento de la bella raptada en la fiesta.
Y ahora, para nosotros, se hace realidad.
�Ad�nde me llev�is? All� est� el estudio de mi padre.
Debo haber habitado en esta casa en otra vida,
porque conozco todos sus secretos.
Venid.
Perdonad, excelencia.
Excelencia.
Excelencia.
- �Qu� pasa? - Tengo que hablaros.
Es muy urgente.
- �No os han dicho que esper�is? - Me veo obligado a insistir.
Perdonadme.
Eh, don Miguel.
- S�, excelencia. - Por favor, continuad con esta danza.
Venid.
Bien, �qu� ocurre?
Esta noche, en la plaza de la Sant�sima Virgen un hombre ha matado a un oficial.
�Y hab�is venido a molestarme para decirme eso?
Hay algo m�s, se�or gobernador.
El hombre que ha matado a nuestro oficial est� en este sal�n.
�Aqu�? Imposible. �Imposible!
Lo he visto con mis propios ojos. Lo he visto en la plaza bajo la luz de una antorcha.
�Qui�n es?
Un desconocido, se�or. Hablaba con vuestra hija en la verenda.
- �D�nde est�n ahora? - All�, en el estudio.
- �Por qu� no le hab�is arrestado? - Tem�a por la fiesta.
Bloquead todas las salidas. Venid.
Un piquete en la antec�mara y que nadie perciba nada. �R�pido!
�Para! �Para!
�Guardias! �Guardias!
�Guardias!
�Maldici�n!
�A qu� esperan?
�Por qu� no viene nadie?
�Ad�nde se la habr� llevado?
�Maldici�n!
�Ad�nde vamos?
Acaso ten�is miedo.
- Con vos, no. - Bravo.
Por fin.
Aqu�.
Abrid. Abrid.
Dad la alarma. Que rodeen todo el castillo.
Deprisa.
- Mirad, Yoli. - No tem�is. Son amigos.
�Van Stiller!
Estoy aqu�.
Vamos.
- Van Stiller, aqu� est� la chica. -Bien, jefe.
- �Est� lista la carroza? - Todo listo.
- �D�nde has dejado a Agon�a? - Cerca de la carroza.
�Que pasa, Yoli?
Alguien nos ha descubierto, peque�a m�a. Hay que moverse r�pido.
Lleva contigo a la chica. Nos veremos en la orilla de la laguna.
- �Y vos? - Os encontrar�, no lo dud�is. Me resultar� m�s f�cil escapar sola.
- Pero yo no quiero dejaros. - Es necesario.
Id. Tranquila.
Os conviene rendiros, se�or. No ten�is escapatoria.
- �Est�is seguro, excelencia? - Los guardias rodean el castillo.
- Se ha acabado. - Har�ais bien en pensar en vuestras cosas.
�D�nde est� mi hija?
No os preocup�is. Vuestra hija est� en lugar seguro.
S�is un bellaco al escudaros en una mujer.
Como v�is no me escudo siempre en las mujeres.
Y si alguna vez lo hago, es porque lo requiere la salvaci�n de muchas vidas.
Como esta vez.
�Qu� quer�is decir?
Vuestra hija est� en lugar seguro.
Os ser� devuelta s�lo a cambio de los hombres
que hab�is arrestado por traici�n y procesado hoy.
Eso no suceder�... �nunca!
Eso quiere decir que tambi�n vuestra hija se le dar� a un gitano para que la mate.
�Qu� dec�s?
�Qu� quer�is decir?
�Olvid�is lo que hicisteis hace 20 a�os con la hija del Corsario Negro?
�Qui�n sois?
�C�mo conoc�is las salidas secretas de mi casa?
De la casa de los Ventimiglia, Sr. Van Gould.
�Qu�?
Y ahora, adi�s.
Puede que un d�a un diga mi nombre, pero recordad que ma�ana al amanecer
os espero en el convento de Santa Esperanza.
A la orilla de la laguna. Llevad a los prisioneros.
De otro modo, a Consuelo correr� la suerte que vos reservasteis a Yolanda.
�Excelencia! �Excelencia!
�Guardias! �Guardias! �Se ha escapado!
�Disparad!
�Est� ah�! �Mirad!
�Van Stiller!
�Van Stiller!
- �Es Yoli! - �D�nde? - �All�!
�Yoli!
- Vamos, Agon�a. - �Arre! �Arre!
�Ad�nde vamos?
Entre amigos. No os preocup�is.
- �Y mi padre? - Vuestro padre est� avisado.
�Y cre�is que dar� su consentimiento?
Claro que s�, Consuelo. Vuestro padre os quiere demasiado para neg�roslo.
Buena, buena.
�Ad�nde vamos?
Calla. �Es este el convento de Santa Esperanza?
S�, la capilla abandonada est� all�.
Est� bien. Vamos.
�Qui�nes son, Yoli?
- Los leprosos. - �Leprosos?
S�, leprosos que las monjas del convento tienen que transportar en un lazareto.
Entrad. Entrad.
- Haz la guardia. - S�, s�, yo hago la guardia.
- �No habr�n venido con los soldados? - No, a menos que est�n escondidos.
�Calla, calla!
No lo comprendo, Yoli. �Por qu� permit�s que me trate as�?
Dentro de poco, todo habr� acabado, Consuelo.
- Vamos a saludar al conde de Medina. - Mi padre.
Cierto. Tengo que pedirle vuestra mano.
Atenta, de todas maneras.
- No nos perd�is de vista ni un momento. - Tranquilo.
Como veis, hab�is ganado.
Espero tomarme pronto la revancha.
No habl�is por hablar, Medina.
Ordenad que desaten a los prisioneros.
�Y mi hija?
La retendr� hasta que los m�os est�n en lugar seguro.
�Por qu�? �No os fi�is?
No, en absoluto.
�Adelante!
Procedamos con el intercambio.
�Y mi mano?
La pedir� en otra ocasi�n. Hoy vuestro padre est� de un humor p�simo.
- �Yoli! - �Ralph!
�Yoli!
No pod�is hacerlo, Medina.
No pod�is traicionar la palabra dada.
�R�pido, muchachos! �Venga!
�R�pido, al convento!
�Abrid! �Abrid!
�Deprisa, deprisa!
No pod�is entrar. Este es un lugar sagrado.
Lo siento, hermana, pero no podemos perder tiempo.
Nuestra vida est� en peligro.
�Venga! �Moveros! �Adelante! �Adelante!
�Entrad! �Entrad!
�Deprisa!
�Sube! �Sube! �Venga! �R�pido!
- Se�or Dios, ay�danos. - Calma, calma.
Tenemos poca munici�n. S�lo tengo para siete u ocho disparos.
�Y Yolanda?
Es precisamente por ella por lo que tenemos que resistir, Ralph.
No podemos dejarla en manos de aquel monstruo.
De todas maneras, antes o despu�s, la muerte llegar�.
S�, pero...
c�mo vamos a resistir sin municiones.
�Qu� haces?
No puedes quedarte aqu�. Es peligroso. Vete.
Ve. Ve a rezar. Ve.
�Ralph! �Ven! �Venid!
Preparad el ca��n. Fuera los fusiles.
�C�mo es posible que todo esto se encuentre aqu�?
�No lo sab�is?
Estas armas fueron dadas a la Virgen de la Santa Esperanza por el venerable Carmeau.
�Santo Cielo!
Carmeau, el pirata que se convirti� en santo.
- Que sea bendecido el venerable Carmeau. - Aprisa, aprisa, aprisa.
Necesitamos algo para levantarlo.
�Cogedlos!
Todos atentos, muchachos.
�Cogedlos!
Atentos, �eh?
�Fuego!
Ahora, por un tiempo, podr�is resistir.
Yo intentar� salir.
�Solo?
- �Est�s loco? - No estoy loco, Ralph.
He tenido una idea. Pedir� ayuda.
- Basta de historias, Consuelo. - Pap� no quiero... - Ve, como te he dicho.
�Yoli!
S�, Yoli.
T� conoc�as el pasaje secreto
as� que sabes lo del tesoro.
Me lo tendr�s que decir.
�Cre�is que lo pod�is todo, porque estoy en vuestras manos?
- Me lo dir�s. - �Por qu� motivo?
Mi suerte est� echada.
Eres listo.
S�.
S�, s�.
Muy listo.
Bien, te propongo un negocio.
Te perdono la vida si me dices d�nde est� escondido el tesoro.
C�mo quer�is que os crea,
despu�s de lo que hab�is hecho hoy.
�Az�tale!
Ahora por el otro lado.
�Alto ah�!
Tengo que hablar con el capit�n Morgan.
�Teniente!
�Qu� pasa?
Tengo que hablar con el capit�n Morgan.
Es imposible. Est� prohibido por el embajador ingl�s.
Es una cuesti�n de vida o muerte.
Esas son las �rdenes.
Al menos d�jame subir a bordo.
Lo siento, pero es imposible. Ning�n burgu�s puede cruzar este puesto.
Paciencia, gracias.
�Eh, muchacha! �Eh, muchacha!
�Eh, muchacha! Te pillo...
�Vete al infierno!
Van Stiller.
�C�mo es posible?
�Por qu� te has disfrazado de ingl�s?
Para subir a bordo.
El filibusterismo todav�a os necesita, almirante.
Medina ha cometido otra traici�n.
Vuestro hijo, con sus compa�eros,
est� asediado por los espa�oles en el convento de Santa Esperanza.
Yolanda, que lo ha liberado, con riesgo de su vida,
est� ahora en manos de Medina,
condenada a una muerte segura si vos no la salv�is.
�Qu� puedo hacer yo? Estoy ligado a un juramento.
Los juramentos se rompen ante la traici�n.
He dado mi palabra a Sir Bendix.
Os hab�is empe�ado en no retomar la guerra contra Espa�a.
Pero se trata de un villano,
que ha pisoteado todas las leyes del honor y de la moral
y a quien es necesario dar el justo castigo.
�Y los hombres?
Ya he hablado con ellos. Est�n todos listos y s�lo esperan vuestra orden.
�D�nde est�n asediados?
En el convento de Santa Esperanza.
Est� bien, Van Stiller.
Llegaremos por mar y por tierra.
T�, con un grupo de fiar, atravesar�s la ciudad para coger a Medina por la espalda.
Mientras tanto, yo preparo los barcos.
Amigos, zarpamos.
Marchad al puesto de maniobras.
Espera.
- �Cu�ntos disparos quedan? - El �ltimo, Ralph.
�Y vosotros?
Dos. Dos cada uno.
Mira si vienen.
Tenemos que intentar una salida.
Hay que salvar a Yolanda.
�M�ralos!
�Fuego!
�chale agua en la cara.
Entonces, �te decides a hablar
o quieres m�s azotes?
Tambi�n con ellos se acaba muriendo.
�Aqu� est�n!
Rend�os. Van Stiller. Hurra.
�Hurra! �Hurra!
�Qu� pasa?
Por qu� tienen todav�a munici�n?
Ve a ver.
No lo mates, padre. Ten piedad de �l. Yo lo amo.
S�lvalo por m� Perd�nale la vida.
Ven. Ven.
Ven a ver al hombre que amas.
M�ralo.
- �Es una mujer! - No.
- No es posible. - S�, es Yolanda de Ventimiglia.
Tendr� el mismo fin que su padre.
El mismo final.
La matar� con mis manos.
�As�!
�Van Stiller!
- �Yolanda! - �Ralph!
- Yolanda. - Cre�a que no iba a volver a verte.
Ni yo.
Moveos, perezosos. A los remos, a las velas.
�A qu� esper�is?
Moveos.
Es el gobernador de Maracaibo quien lo ordena.
�Por qu� no os mov�is?
Si me obedec�is
os har� ricos.
�La lepra!
�La lepra!
�Salvadme!
�Socorro!
�No me dej�is aqu�!
�Piedad!
�Piedad!
�Piedad!
�Piedad, piedad!
�Salvadme!
�Pi... piedad!
�No!
�Canallas!
�Canallas!
�Canallas!
�Canallas!
Quietos todos. No os acerqu�is a Yolanda.
Es el dios Helsilopopi.
Quien lo toca est� perdido.
No temas, Agon�a. Es una leyenda inventada a prop�sito por mi padre.
Mira. Es un mascar�n de arcilla.
El tesoro de los Ventimiglia.
�Vamos, muchachos!
Para el convento.
Para los pobres del convento.
Para los piratas en paro.
FIN
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