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Original subtitles

Manolo no estaba, que conste,

pero sus ayudantes me lo han confirmado.

Sí va a haber traspaso.

Me han dicho que la firma de los del Cascabel ya está,

solo queda la vuestra. No, te juego doble contra sencillo

que Manolo no lo ha firmado.

En todo caso puede haber sido traicionado por su sobrino.

No, que de eso sí me he enterado.

La que ha firmado ha sido tu antigua novia, Paloma.

¿Cómo va a haber firmado Paloma si tiene más ruidos en la cabeza

que las maracas de Machín?

Ya tenía la firma de Paloma y todo lo demás fue pan comido.

-Pero el marido ha firmado también. -No fue necesario.

Con demostrarle que había estado con su mujer era suficiente.

Ha visto que me es fácil acceder a su punto débil.

-Su mujer enferma. -Eso es.

Como no pudo convencer al dueño, el marido de Paloma,

fue a por una enferma que no rige. ¿Cómo puede ser tan miserable?

Es capaz de eso y más. A saber qué le dijo para que firmara.

¿Y el marido ha dicho que sí? Se necesitarán las dos firmas.

Según Pelayo, el traspaso va adelante, entiendo que sí.

Ya tenemos nuestro nidito de amor.

Podríamos ir a celebrarlo al King's, nos tomamos una cervecita o algo.

Te puedo decir que hoy es uno de los días más felices de mi vida.

-Ay, yo necesito ir a la calle para tomar un poco el aire.

De verdad, que no quiero que haya malos entendidos,

que yo no quiero hacerte daño. -Pues bésame suavemente.

-Álvaro, de verdad, es que esto...

Esto no significa que yo quiera volver contigo,

esto es sexo sin compromiso, ¿sabes? -Lo que tú digas, lo que tú digas.

-Álvaro, que lo digo en serio. -Que sí.

-Que no quiero que te sientas utilizado.

-Que está todo bien, que sé que son tus hormonas,

que soy como un muñeco para ti.

Esto no es la firma de Manolo, parece la firma de una colegiala.

Bueno, ha firmado su mujer como copropietaria del local.

Ya, o bien Manolo le ha dado poderes a Paloma

o Paloma no sabe escribir.

Don Manuel.

-Trae para acá.

Creo que voy a cambiar de parecer. -¿Qué está diciendo?

¿No ha tenido tiempo para pensarlo? -No tiene que pensar nada

porque ha firmado su mujer. La firma de Paloma no es válida.

Ese es el problema, que tú tienes que fingir ser quien no eres

para ser aceptada, y de esa Amelia no es de la que yo me enamoré.

-Luisita, cuando dijimos que estaríamos juntas

para lo bueno y para lo malo... -Ya, ese es el problema,

que íbamos a estar juntas, pero últimamente te gusta mucho

ir por libre y ya no puedo más. -No es verdad.

-¿Que no es verdad? Lo primero que has hecho es negarme.

¿Cómo has podido llegar a esos extremos?

-Estaba en mi mano conseguir la firma.

-Mamá, que te has aprovechado de una mujer

con una enfermedad degenerativa. -Carlos, yo no soy médico.

Esa mujer me hablaba perfectamente y tenía el pulso firme.

-No me trates como si fuera un niño.

Te has saltado la ley.

-Te han lavado el cerebro. -No.

Te aseguro que en la cárcel se tiene mucho tiempo para pensar.

Y ninguna patria, ninguna se merece lo que hacíamos.

-Lo que hacía...

Lo que hacíamos era acabar con los opresores

para que Euskal Herria pueda vivir en libertad algún día.

-Ha muerto gente inocente. Fuerzas civiles, policías,

gente de familias humildes como la tuya y como la mía.

Me ha costado, pero ya veo por dónde vas.

A ti lo que te gusta es meterte entre hermanos, ¿no?

Lo que intento es hacer bien las cosas.

Ah, ¿sí? Ya le habrás contado a esa buena mujer

que asesinaste a su amante, ¿no? ¿Cómo se lo ha tomado?

Pues no se lo he contado porque está enferma.

¿Y a él? ¿No se lo has contado a tu amiguito?

Sí se lo he contado.

El doctor me ha dicho que puede haber una anomalía en la sangre.

Ay, no puede ser. ¿Eso qué es?

No lo sé, Marcelino, solo le digo lo que me ha dicho el médico.

Pero me ha dicho que podría haber un riesgo para la madre,

un riesgo de muerte.

Pues por la misma razón por la que he decidido alejarme de vosotros

y no veros más de la manita a Silvia y a ti.

-Pues no lo pillo. -Es que no te enteras de nada,

Justo, no te enteras de nada.

Pues que hace mucho tiempo que estoy enamorada de ti,

enamoradísima.

Ana, tú y solo tú has hecho que cada vez intente ser mejor persona

y no me deje llevar por el odio.

Tú, Ana.

# Hoy me acordé de esas tardes,

# de tanto soñarte # cantarle al amor,

# de imaginarnos el mundo

# con otra ilusión.

# Toda una vida adelante,

# podremos forjar un futuro mejor.

# Ya he comprendido el destino

# de mi corazón.

# Amar es para siempre, # haz memoria.

# Amar es para siempre, # nuestra historia

# es una historia de amor, # tú y yo,

# de amor, tú y yo, # y de luz.

# Amar es para siempre, # haz memoria.

# Amar es para siempre, # nuestra historia

# es una historia de amor, # tú y yo,

# de amor, tú y yo, # y de luz.

# Amar es para siempre, # sa, la, la, la.

# Amar es para siempre, # sa, la, la, la.

# Es una historia de amor, # tú y yo,

# de amor, tú y yo, # y de luz.

# Amar es para siempre, # sa, la, la, la.

# Amar es para siempre, # sa, la, la, la.

# Es una historia de amor, # tú y yo,

# de amor, tú y yo, # y de luz. #

Pero ¿qué haces? Perdóname, perdóname,

ha sido un impulso. Te has equivocado conmigo.

No se volverá a repetir. No tenías que haberlo hecho.

Perdona, perdona. No puedes besar a una mujer

así como así. Estoy enamorado de ti.

Ana, lo siento, te pido mil disculpas.

No sé cómo actuar, ni siquiera sé cómo comportarme ahora a tu lado.

Vicente... Empezó todo cuando te conocí

y ahora ya... Escúchame.

Tú sabes que tenemos un problema muy gordo, ¿verdad?

Te has portado tan bien con mi madre y cuando estamos juntos nos reímos,

estamos tan bien que por un momen... Yo quiero a Carlos.

Vamos a ver. No, déjame que termine.

Si sigo en el barrio es porque quiero estar cerca de él.

¿Por qué sigues detrás de él? Porque es un hombre maravilloso,

aunque ahora esté enfadado conmigo. ¿Y no te ha decepcionado?

Yo siempre he estado de tu parte. Te doy las gracias por ello.

Nunca entenderé qué veis las mujeres en los hombres que os hacen sufrir.

Vicente, estoy enamorada de Carlos y lo voy a estar siempre,

eso no va a cambiar.

Así que creo que es mejor que dejemos de ser amigos.

No, no, por favor, eso no. Te he pedido disculpas

y no voy a volver... No quiero equívocos ni para ti

ni para Carlos. Vicente, tenemos que dejar de vernos.

Voy a dejar de cuidar a tu madre. Lo sabía.

Sabía que si te contaba la verdad se iba a estropear todo.

Vicente, buscaré a alguien que cuide de tu madre.

Alguien que sepa cuidar a gente mayor,

no te preocupes por eso. Parejita, lo he estado pensando

y quiero marcharme a Alicante. Este clima es muy seco para mí.

-No puede ser, mamá. -¿Qué hace una vieja

en medio de un matrimonio? La suegra ni dando azúcar es buena.

Y donde mejor está es en la tumba. -Mamá, te acompaño a la cama.

Mire, no se levante, lo que sea nos lo pide desde allí.

Pero si es verdad y además no sé ya lo que hago aquí.

-Mamá, ¿estás bien?

Mamá.

¡Mamá, mamá! Siéntala aquí.

Mamá. Ve a por un vaso de agua.

Doña Concepción, doña Concepción, por favor.

Pero, Benigna, ¿qué me estás diciendo?

-Mira qué rápido se te ha pasado el achispamiento.

Mano de santa.

-Es una broma esto que me has dicho, ¿verdad?

-Ojalá.

No sabes la de problemas que me ahorraría.

-Pero que... Que no, que tú no puedes estar enamorada de mí,

es imposible. -Pero bueno,

¿vas a saber tú lo que siento mejor que yo?

-¿No será un capricho?

Como cuando te dio por cambiar el bidé.

-¿Tú estás tonto o qué te pasa?

Vas a comparar mi enamoramiento con un bidé.

-Esto... O sea, ¿desde cuándo?

Quiero decir, ¿es algo reciente o...?

-No, qué va.

Qué va, hace tiempo ya que estoy con la calentura.

¿Tú te acuerdas cuando me empeñé en juntaros a Silvia y a ti?

-Sí, claro, ¿cómo no me voy a acordar?

-Pues precisamente cuando conseguí mi objetivo

es cuando casi me doy de cabezazos con la pared,

porque ahí me di cuenta de que estaba loca por ti.

-Vaya faena, ¿eh?

Para ti quiero decir. -Una tragedia griega.

Por eso decidí cambiar de abogado. -Claro.

Yo no entendía por qué te habías ido con...

Claro, te fuiste con otro abogado por eso,

porque estabas ahí... enamorada.

-Bueno, hice eso y muchas extravagancias más, porque...

Porque era muy duro, Justo.

Era muy duro verte y no tenerte.

-Me vas a poner rojo, Benigna, por favor.

Pero ya se te ha pasado, ¿verdad?

-¿Tú te crees que esto es un sarampión?

-Bueno, gracias por no compararme con una enfermedad.

-De nada.

O sí, porque mira,

a lo mejor si guardo una cuarentena y me alejo de ti un tiempo,

a lo mejor se me pasa todo esto.

-Espera, espera un momento,

no me digas que te vas a ir de aquí por mi culpa.

-Pues claro que sí.

Dime si no, ¿por qué voy a dejar yo todo esto?

¿Eh?

-No sé, si has aguantado hasta ahora,

no entiendo por qué vas a huir. -Pues mira, porque...

Porque hasta ahora aún albergaba una esperanza, pero...

Pero después de iros a vivir juntos Silvia y tú, pues ya...

Ya apaga y vámonos. -A ver, que no,

que te puedes apoyar en buenos amigos,

como Manolita, por ejemplo. -Que no, Justo, que no.

Que lo he intentado, pero que no puedo.

No puedo olvidarte.

Es más,

sueño mucho contigo, ¿sabes?

Sueño que paseamos juntos por la plaza y...

Y nos vamos al cine.

A ver la película que tú elijas, ¿eh?

-No me digas esas cosas, Benigna...

-Luego nos venimos al King's,

yo te sirvo tu whisky favorito

y esperas a que yo termine de hacer la caja.

Y cuando acabo, nos vamos otra vez juntitos del brazo a casa a dormir.

Bueno, o a lo que se tercie.

-A... ¿lo que se tercie?

-Sí, Justo, sí, porque...

hay veces que los sueños

se ponen verdes.

-Bueno, ya, ya, bueno, vamos a dejarlo,

que no pensaba yo que tú albergaras estos sentimientos hacia mí.

-Ni yo, Justo, ni yo.

¿Entiendes ahora por qué tengo que irme de aquí?

Pero ¿qué es lo que ocurre, hijo? A ver, padre,

siento haberle despertado, pero la situación lo requiere.

Siéntese, por favor. Me pareció escuchar a Ignacio

y la puerta de la calle, pero no le di importancia.

A ver, ¿qué ocurre, Marcelino? Es que resulta que María

está ingresada en el hospital. No será un aborto.

No, no hay ningún aborto, el niño está bien.

Es que le tienen que hacer pruebas.

¿Qué pruebas le tienen que hacer a mi charrita?

Pues no lo sé, dicen que quieren ver algo

con la circulación de la sangre.

No saben si es puntual, si es algo más grave...

¿Qué problema? Si estaba perfectamente.

No lo sé, padre, vamos a esperar a que llegue Manolita

y nos lo explique todo. ¿Se ha ido con Ignacio al hospital?

Se ha ido con Ignacio, pero ahora vuelve.

El único que hace noche allí es Ignacio.

Ya. Bueno, si le están haciendo pruebas

y todavía no le han dado el diagnóstico,

a lo mejor estamos haciendo una montaña de un grano de arena.

Eso es lo que espero yo, padre, que sea un susto simplemente.

Parece que nos ha mirado un tuerto, no ganamos para disgustos.

En fin, me voy a quedar aquí hasta que venga Manolita.

Sí, bueno, siento haberle despertado,

igual podría haberle avisado mañana, pero...

¿Qué dices? Ojalá me hubieras llamado y habría ido al hospital.

No, eso no, eso ya le digo que no,

Ignacio ha dicho que mejor no vaya nadie

porque vamos a asustar a María. Que fuese Manolita y ya.

Mira, ahí está.

Cariño.

Cuenta, ¿qué? No, está todo controlado,

he visto a María tranquila. Muy fatigada, eso sí, pero lo normal

con el susto que se ha pegado.

Ahora cuando volvía le estaban controlando la tensión

y la temperatura. ¿Has podido hablar con algún médico?

Me han dicho que esté tranquila, que estas cosas le pueden pasar

a las embarazadas, pero que van a seguir

haciéndole pruebas por si acaso. Lo mismo que os ha dicho Ignacio.

No me han dicho nada más. A lo mejor lo que pasa

es que la niña simplemente está agotada,

no puede estar corriendo como pollo sin cabeza a todas horas.

Necesita reposo. Es eso, ¿no? Sí.

¿Y qué hacemos con Quintero? Le voy a llamar ahora.

Y también a Benigna para que no cuente mañana

con María en el King's.

Y luego yo también voy a pedir el día libre,

necesito estar con María. No te preocupes,

yo por la mañana hablo con Domingo. Oye, y una cosa,

está claro que así no pueden viajar a Boston, ¿no?

Por supuesto que no.

Tendrá que guardar reposo durante una temporada y larga.

¿Cómo va a hacer un viaje así ahora? Hay que tener a la niña controlada.

Entonces me vais a tener que ayudar a quitarles la idea de la cabeza.

Por supuesto. Hacemos una cosa, tú llama a Quintero y a Benigna

y vete a la cama, yo espero a Luisita despierto.

Bueno, a la cama a ver pasar las horas, porque otra cosa...

Así que más te vale no alargar este momento tan incómodo.

(Teléfono) Vete y sigue con tu vida.

Y haz como si esto no hubiera pasado.

-Benigna, que no te quiero dejar en este estado de tristeza.

(Teléfono) Llevo mucho tiempo apechugando

con esta tristeza yo solita, así que no te vengas ahora

haciendo el salvador.

-Si es que me siento culpable, la verdad.

-Pues mira, las culpas a los curas.

Venga, arreando, que tengo que cerrar.

(Teléfono)

Qué pesadez de teléfono, hombre, ¿quién será ahora?

Ay.

King's Road Club, dígame.

Ay, Manuela, tranquila.

Tranquila, ¿qué pasa? ¿Qué?

¿María?

Pe... ¿En el hospital?

¿Y el niño?

¿Ignacio? -¿Qué pasa con Ignacio?

-No, no, dile que no se preocupe,

tengo aquí a su tío, yo se lo cuento.

Pero tú sobre todo estate tranquila y descansa, descansa,

no vamos a anticiparnos a las cosas. Mañana hablamos, sí.

Adiós, adiós. -¿Se puede saber qué pasa?

-Pues María, que está en el hospital,

parece ser que tiene problemas con el embarazo.

-¿Es grave? -No se sabe,

le están haciendo pruebas ahora para salir de dudas.

-Ay, pobrecillos, con lo mal que lo están pasando.

Como pierdan el hijo, sería un golpe... malísimo.

-Si es que no ganamos para disgustos,

no ganamos para disgustos.

Que te digo que están compinchados, Domingo,

Pelayo y Manolo el del Cascabel son tal para cual.

-No lo entiendo,

se supone que se llevan como el perro y el gato.

Su enemistad es legendaria en todo el barrio.

-Pues se han unido para hacerme la puñeta

y vaya si lo han conseguido.

Lo peor es que no les he visto venir y eso que sabía de su odio mutuo.

-¿Y don Carlos cómo ha reaccionado? -Eso es lo peor.

Ya estábamos mal y con el bochorno que nos han hecho pasar

está que se sube por las paredes.

Y, claro, toda su indignación la carga contra mí.

-Bueno, yo le recomiendo que lo deje estar.

No vuelva a intentar convencer a Manolo el del Cascabel,

puede ser contraproducente.

-Pero si ese zorro no me ha dado opción.

Se ha quedado con el contrato que firmó su mujer

y lo puede usar como prueba de intento de extorsión.

-Yo se lo advertí. -Claro, aquí todos sois muy listos.

Sí, pero la única que tira del carro soy yo.

A nadie le importa la empresa. -A don Carlos le importa,

le importa mucho,

pero tiene una idea distinta del modelo de negocio.

-No podemos dejarnos pisotear, Domingo.

Es lo último. Me las van a pagar. -Pero vamos a ver,

¿no acaba de decir que no va a hacer nada en contra de Manolo?

-No, pero contra los Gómez sí.

Domingo, estoy convencida que ellos destaparon este entuerto.

-Pero bueno, ¿entonces ahora va a tomar represalias contra ellos?

¿Contra los Gómez?

-Me lo pide el cuerpo, pero no puedo.

De momento. -Bueno.

Y yo me alegro de que sea cautelosa a este respecto.

Oiga, doña Ascensión, ahora lo más importante es recuperar la confianza

de su hijo, ¿no le parece? -No va a ser fácil.

Mi hijo últimamente se parece más a una clarisa que a un empresario.

-No, hombre, lo que pasa es que está sensible por muchos asuntos.

-No le puedo perder y menos ahora, después de la muerte de Gabriel.

Así que tengo una oferta que no podrá rechazar.

En su momento lo sabrás, Domingo.

¿No tienes nada que hacer? -Por supuesto.

El hecho es que las ofertas de ocio están funcionando perfectamente

y, bueno, el hotel de ocupación no va mal.

-¿Me puedes dejar sola?

-Claro.

Ya, bueno, pero...

Vamos a ver, mamá, es buena señal que le den el alta ya.

Claro.

Y lo de la circulación, ¿qué le han dicho?

Ya.

Escúchame, dile a María que iré a verla cuando le den el alta.

Sí.

No, ahora no puedo porque estoy medio secuestrada en el bar.

Sí. Muy bien, pues yo se lo digo.

Venga. Adiós. Un beso a María.

Hola, abuelo.

Me ha dicho mi madre que se queda en el hospital con mi hermana.

¿Y por qué? ¿No está Ignacio con ella?

Sí, pero le van a dar los resultados de unos análisis

y quiere quedarse para estar más tranquila.

Todo eso va a quedar en agua de borrajas, ya te lo digo yo.

Ya. ¿Usted cree que los problemas de circulación son graves?

¿Qué problemas de circulación? Yo estoy atascado con problemas

de circulación y aquí me tienes todos los días.

Usted no está embarazado. Y también le digo que ha llegado

en mal momento, ahora que María ya estaba...

aceptando el bebé. Escúchame, mira,

no hay nada que te aferre más a lo que quieres

que el miedo a perderlo.

Pues sí. ¿Qué ha comprado?

¿Solo esto?

¿Solo esto? Si es que el del ultramarinos

no tiene nada de nada, ni azúcar ni aceite...

Claro, es que se empeña en ir al ultramarinos teniendo el mercado,

que es mayor calidad y mejor precio. Ya, pero he preferido estar cerca

por si me necesitaba tu madre. Mira, he encontrado pilas.

Para la radio. No, no, nada de radio,

que me tiene frita con la radio. Además ayer tuve una bronca

con Amelia por el tema de la entrevista...

Te tiraste a su yugular como las panteras, me imagino.

Sí, le dije todo lo que pensaba. Y terminé más enfadada todavía,

¿sabe por qué? Porque encima intentaba justificarse conmigo.

No refunfuñes tanto. No, le voy a contar lo que le dije.

Le dije que ya no la necesitaba para absolutamente nada

y que yo solita me iba a quedar con el King's.

Lo que pasa es que luego pues... Pues estuve pensándolo

y yo el King's no me lo quiero quedar sin ella.

Muy bien, rectificar es de sabios. Hija, me parece muy bien.

Ten en cuenta una cosa, que después de lo que le ha pasado a tu hermana,

ni ella ni su marido están para viajes.

¿Usted cree que se van a quedar? Se queden o no se queden,

tu madre va a mover Roma con Santiago para que no se marchen.

Ya, no sé si me da tiempo a pensar, aunque mucho tendrían que cambiar

las cosas, mucho, mucho.

Mira. Buenos días.

¡Hola! ¿Me pone un cafelito y una porra?

-Ya te lo pongo yo. No se preocupe, ya se lo pongo.

Voy a la cocina.

Una porrita, ¿no? ¿Y un café? -Sí.

-Jesús, ¿qué te iba a preguntar?

Eh... ¿Sabes algo de Amelia?

-Ayer pasó a despedirse por el hotel,

como se mudaba a una pensión. -Ah, que ya ha dejado de gastarse

el dinero tontamente en el hotel. -Solo reservó por unos días.

-Ya, pues me encanta ser la última en enterarme de todo.

¿Y en qué pensión está si se puede saber?

-Pues la que está en Olavide.

Me dijo que se pasaría por aquí a decírtelo.

-Ya lo veo, sí.

-Estás muy enfadada, ¿no? ¿Por qué?

-¿A ti te gusta ser un cero a la izquierda?

No, ¿verdad? A mí tampoco.

Vamos a ver, no os ofendáis.

Después de lo que habéis pasado juntas,

no hay que darle importancia a las cosas que no la tienen.

Eso es una nimiedad. Que no, abuelo, que se equivoca,

esto es la guinda del pastel de muchos feos que me ha hecho

y ya estoy harta.

¡Me podré enfadar si me da la gana, digo yo! ¡Caramba!

Da mucho miedo cuando se enfada.

A veces se pone modorra como las ovejas.

Ignacio, de verdad, estás cabezota, que puedo yo sola perfectamente.

-Que te sientes aquí. -Ya está.

-Despacito. -Sí.

-Eso es. -Vale, ya está.

Hala.

Tampoco te pongas así, que Ignacio tiene toda la razón.

El médico te ha dicho que no hagas ningún esfuerzo, ni uno, María.

Así que no sé cómo lo ves tú, Ignacio,

pero yo creo que lo mejor es que María se venga a mi casa.

Yo no tengo ningún problema. -A ver,

la decisión la tendré que tomar yo. Sí, pues eso,

te vienes a casa y te atiende tu madre.

Mamá, escúchame, de verdad, aquí estoy como en ningún sitio.

-Usted no se preocupe, Manolita, que la voy a tener en palmita,

no voy a dejar que se mueva más de la cuenta.

Por muy rebelde que se ponga. ¿Me estás escuchando?

-Te estoy escuchando, pero vaya par de exagerados que sois.

A ver, ¿tú te encuentras bien ahora? Sí, estoy bien, mírame.

¿En el taxi no te has mareado? No, estoy bien, hazme caso.

Nadie me quita el susto de ayer, evidentemente, porque fue terrible,

imaginarme que podría haber perdido al...

-Calla, calla, el niño o la niña está estupendamente.

-Ya, pues sí, por suerte. -Bueno.

-Pero mira, va a ser verdad lo que dicen, ¿eh?,

que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde,

o casi lo pierde en mi caso.

Por eso te tienes que cuidar más que nunca.

Ya lo sé, mamá.

Y otra cosa que he pensado en el taxi.

Tenemos que ponerle un nombre.

Quiero decir, para que cuando hablemos de él o de ella,

pues que hablemos con propiedad, ¿no?

-Buena idea, desde luego,

pero lo que me has dicho un montón de veces, María...

-¿Qué? -¿Cómo vamos a pensar en el nombre

si no sabemos si es chico o si es chica todavía?

Es muy temprano, ¿verdad? Es temprano, es temprano.

Además, ahora te tienes que ocupar de otras cosas más importantes.

¿Como qué? Pues como...

Como, por ejemplo, que no os podéis ir a Boston.

Mamá. María, estando así no.

No podemos, María, está clarísimo. No nos podemos mover de aquí.

Y lo que voy a hacer es llamar a mi tía para decirle...

-A ver... -Voy a llamar para que le explique

a los americanos cuanto antes que no vamos a ir.

María, que lo haga cuanto antes. A ver, perdón,

¿puedo tomar yo alguna decisión? Digo, pregunto, vamos a ver.

A lo mejor la semana que viene me encuentro perfectamente

y nos podemos ir y no hay que cancelar nada.

-No nos vamos a ir a ningún sitio hasta que tú no estés perfectamente.

-Cariño, ¿y tu trabajo? -Mi trabajo.

-Con lo ilusionado que estás y la falta que nos hace.

-Que le den morcilla al trabajo, a mí lo único que me importa

es lo que hay aquí dentro y tú, ¿estamos?

Venga, María, y ahora vete a la cama a acostarte,

que necesitas descansar. Yo te voy a preparar algo de comida,

que seguro que en el hospital no has comido nada.

Bueno, está bien.

Puedo yo sola, puedo yo sola, de verdad, no me acompañéis,

que son dos pasitos. Venga.

Tranquilos. -¿Puedes tú sola?

¿Te han dicho cuándo van a entregar los resultados?

El médico me ha dicho que en cuanto los tuviera que me lo diría.

Pero bueno, yo quiero pensar que si la mandan a casa

es porque todo va bien.

Sí, yo también, Ignacio, yo también.

Hombre. -Hola.

-Qué sorpresa.

-¿No me vas a saludar o qué?

-Bueno, he dicho hola.

-Bueno, ya, claro,

pero no soy una que pasa por la calle sin más, ¿no?

-Ah, no, claro, hay que...

-Muy bien.

Madre mía, con lo que tú eres

y luego eres más casto que un guardiacivil en Semana Santa.

Venga, tómate eso que hay que trabajar.

-Tú quieres que te salude bien. -Pues sí, la verdad,

quiero que me saludes bien, sí.

-¿Así mejor?

-Bueno, vas a tener que ir entrenando un poco, pero...

-Yo por ti entreno 24 horas, vamos. -¿Sí?

-Sí. -A ver.

Lo de las carpetas.

Piensa en las carpetas, son muy importantes.

-Y chinchetas, es un tema... -Qué cabeza.

-Estáis organizando todo, ¿no? -Sí.

-Sí, de hecho, tenemos que ir a hacer ahora unos recados...

-Sí, porque... (RESOPLA) -Sí, hay que evitar la crisis

de las chinchetas como sea. -Claro. Pues que no esperen, ¿no?

Id a lo que tengáis que hacer, guardianes de las chinchetas.

-Menos cachondeíto, ¿eh? -Voy a pagar, hay que pagar un poco.

-Venga.

Pues nada. "Eutsi gogor, txapeldun".

-"Agur, bye, agur". -"Agur".

Bueno, parece que el amor ha vuelto a la redacción.

-Sí, sí, se estaban besando con todas las letras.

-Déjales que disfruten, anda. Manda narices que estos dos,

que son como el día y la noche, se gusten.

-Bueno, "Los extremeños se tocan", que decía Muñoz Seca.

-Oye, ¿y tú qué tal con tu extremeña?

-Pues Nieves es mi chincheta particular.

Pincha y no veas cómo joroba.

-Pero ¿vas a contar qué te dijo ayer?

Porque no me has dicho nada. -A ver, fue muy tajante.

Lo nuestro es exclusivamente físico.

No quiere ni oír hablar de volver a ser una pareja normal.

-¿Y tú qué le dijiste?

-Pues ayer le dije que no me importaba...

que me utilizara.

Es que me moría de ganas de volver a estar con ella,

no pude evitarlo. -Claro, ya, ¿y qué te dijo ella?

-Ella estaba entusiasmada

de que pudiéramos liarnos sin compromiso, como amigos.

-Claro. Sí, no, es el típico amigo en el que piensas cuando te levantas

y cuando te vas a ir a dormir también, sí.

-Ya. Tú crees que debería acabar con esto

antes de que sea demasiado tarde. -Álvaro,

te estás metiendo en la boca del lobo.

Lo vas a pasar muy mal. -Sí,

no creas que no le he dado vueltas.

Pero es que me encanta estar con ella.

-Claro, sabes por qué te encanta, ¿no?

Porque estás enamorado, Álvaro.

Y es que eso es incompatible, llámame loco,

con el sexo ocasional entre amigos. -Ya lo sé, tienes razón.

-¿Y qué vas a hacer?

-Pues mira, voy a cortar de raíz este desenfreno para siempre.

-Para siempre, ¿no?

Ya. -Sí, sí, para siempre.

Nos hemos divertido y ya está, fin de la historia.

-¿Qué hay del dicho al hecho, Álvaro?

-Un trecho. -Un trecho donde te vas a meter,

que la carne es muy débil. -Que no, lo tengo claro,

no se va a volver a repetir.

Le he ayudado a pasar este bache hormonal

y he cumplido con mi cometido.

Ya está. -Es que...

Fíjate que es que no me lo creo. -Que sí.

-Bueno. -Que sí, que este desenfreno sexual

se me va a girar en contra, que no, es mejor acabarlo y punto.

-Seguro, ¿no?

-Sí, te prometo que no se van a repetir estos encuentros.

Lo siento por Nieves, pero no.

¿Quieres un vaso de agua? -Sí, por favor.

Oye, para ser la última vez que nos acostamos,

¿soy yo o ha sido la mejor? -¿La última? No.

Yo bebo un poco de agua y seguimos, ¿eh?

-O sea, ¿que no te has quedado satisfecha?

-Me he quedado como nueva, Álvaro.

Y sí, definitivamente ha sido la mejor.

¿Sabes? Estos encuentros son estupendos.

Y la clave es que no tenemos ningún tipo de compromiso

ni ningún lazo sentimental. -¿Lazo sentimental?

Yo no sé qué significa eso. -No, es que el sexo sin compromiso

te quita de problemas.

Acuérdate de cuando estábamos juntos,

que era todo tensión, inseguridades, discusiones...

-Bueno, tampoco hay que pasarse. -Sí, sí, Álvaro, por eso cortamos.

Sin embargo, esta amistad desenfrenada es increíble.

-Bueno, quizá la clave está en combinar ambas cosas.

Yo tengo unos amigos en la facultad, Fabián y Mercedes,

que se pasaban el día fanfarroneando de lo bien que les iba en la cama.

-¿Sin compromisos? -Sin compromisos.

De hecho, ella tenía novio en Salamanca, creo,

porque era de allí. -Uy, chica lista.

-Estuvieron así de segundo hasta cuarto.

Y cuando llegaron a quinto... -Lo dejaron, como si lo viera.

-No, al contrario, no.

Les iba tan bien en la cama y se gustaban tanto...

que se casaron. -Ah.

Y ahí se fastidió todo, claro. -No, al contrario.

Me los encontré hace poco y son una pareja feliz.

Es más, me dijeron que siguen siendo fieras en la cama.

-¿Y te lo dijeron en medio de la calle?

Qué sueltecitos, ¿no?

-Con Beltrán teníamos mucha confianza.

-¿Beltrán? Pero ¿no se llamaba Fabián?

-Eso he dicho, Fabián Beltrán, nos reíamos de su nombre.

-Bueno, pues yo no me lo creo.

-¿Estás insinuando que me lo estoy inventando?

-No. -Tendría que tener mucha imaginación

y además Fabián Beltrán es un nombre de verdad.

-Que no, que me refiero a tu amigo, que seguro que es puro fanfarroneo.

Vamos, la pasión se va a los pocos años.

-No siempre. Mira nosotros.

Tenemos tanta pasión que seguramente no se irá nunca.

-Mientras que seamos solo dos cuerpos que se juntan, no.

Yo estoy encantada porque pensaba que podía sentir algo por ti.

-Y... -Y no, nada, ¿y tú?

-No, claro, si yo lo tengo muy claro todo.

Yo no espero nada más que sexo de esta química que tenemos.

-Y si te empiezas a confundir, hay que cortar por lo sano.

¿Sabes? A mí esto me está sirviendo para darme cuenta que...

Pues que quizá no estábamos tan enamorados.

Has hecho comida para un regimiento. Es que me ha dado por ahí, chica,

y anoche me puse a cocinar como una posesa.

-Ay, bueno, ya estoy lista para comer.

Uh, qué barbaridad de comida, ¿no?

-Lo que sobre a la nevera y para mañana.

Sí, pero tú vete a la cama, que yo ahora te preparo...

Mamá, mírame, estoy divinamente, puedo comer aquí con todo el mundo.

-A la cama ha dicho tu madre. -Bueno, está bien, pero no

me tratéis como si estuviera enferma porque solo estoy embarazada.

¿Ignacio no ha vuelto? Si no, lo tendrías a los pies

de tu cama. Sí.

-Que, Benigna, le iba a decir yo, que seguramente de aquí a dos días

yo me incorporo otra vez al King's. María.

Que estoy bien, de verdad. -Te veo aparecer por ahí

y te saco de las orejas. Tú lo que tienes que hacer

es pensar en esa personita que llevas ahí dentro.

Y dejar el King's en manos de la tita Beni.

Eso, vete, a descansar. Gracias a las dos.

Esta hija mía.

Pues, chica, yo la veo como una rosa.

No, si está estupenda y supongo que eso es buena señal,

pero hasta que no nos entreguen los resultados

no me quedo tranquila. No te pongas en lo peor.

Verdad, vamos a pensar en otra cosa. Eso está muy bien.

Por cierto. ¿Qué?

¿Qué hacías tú ayer con Quintero cuando te llamé?

¿Sabes qué estoy pensando?

Que estaría muy bien que fueras a hablar con María...

Benigna, siéntate, que te conozco como si te hubiera parido.

¿Qué pasó? Está bien, está bien.

Desembucha. Bueno.

Pues no te lo vas a creer,

pero me dio un pronto y se lo solté todo de sopetón.

Pero vamos a ver, ¿qué es todo? Pues todo.

Todo lo que siento por él.

Y no veas lo a gusto que me quedé. Pero bueno, ¿y él?

Pues te lo puedes imaginar.

Petrificado, igualito que una estatua de la Plaza de Oriente.

Hola, Ignacio, hijo. ¿Hay novedades?

No, María está bien, se ha levantado y todo,

pero la hemos mandado a la cama. Bien hecho, bien hecho.

¿Y el médico? ¿Ha llamado? -Bueno, os voy a dejar,

que necesitaréis un poco de intimidad.

Ya hablamos tú y yo. Sí.

(Teléfono) Cógelo, a ver si va a ser el médico.

Sí, diga.

Sí, soy yo.

Es el doctor Carracedo, sí.

Sí, sí, dígame, dígame.

Hola, hijo.

¿Ya te vas?

Carlos, me duele mucho que no intentes comprenderme

y que tampoco me des la oportunidad de explicarme.

-Lo que has hecho traspasa todos los límites,

no hay nada que lo justifique. -Escúchame, por favor.

-Por favor, sé breve.

-Perdóname. No era mi intención que pasaras un mal rato,

pero tienes que pensar que esos tipos...

-¿Un mal rato dices?

Ese es tu problema, que no te enteras de nada.

A mí la vergüenza me da igual, lo que no puedo concebir

es que hayas utilizado a esa mujer enferma para salirte con la tuya.

-Solo pensaba en vosotros, que es lo que realmente me importa

y no en esa pobre mujer. Mónica y tú sois lo que me queda.

Ya perdí a tu padre, a tu hermano. -En tu vida has diferenciado

lo que está bien y lo que está mal. ¿No eres tan católica y apostólica?

Pues esto es de primero de catecismo.

-Te prometo que a partir de ahora voy a anteponer

lo moralmente correcto a mi familia. -A ver si es verdad

y todos dormimos más tranquilos.

-Y para que veas que esa es mi intención,

he pensado en algo, a ver qué te parece.

-¿Esto qué es? ¿Un contrato entre tú y yo?

-A partir de ahora serás el único

que podrá tomar decisiones en el hotel.

Así te aseguras que las cosas se hacen a tu manera.

-¿Qué pretendes, que lo firme?

-Es una forma de sellar la paz entre nosotros, ¿no crees?

-No pienso hacerlo. -¿Por qué?

-Porque te conozco y no va a servir de nada.

Ese contrato sería papel mojado y tú seguirías haciendo

bajo cuerda lo que te diera la gana como has hecho hasta ahora.

-Es un contrato, te estoy dando carta blanca.

-Es que no vas a cambiar nunca, ¿eh?

Y nunca vas a recuperar la relación entre nosotros, que lo sepas.

-¿Qué piensas hacer, echarme? ¿Echarme de la casa de tu hermano?

-No. Voy a tener que seguir aguantándote por dos razones,

la primera para que Mónica no se separe de su abuela

y la segunda porque tenemos una empresa en común.

-Eso quiere decir que no vas a recuperar la confianza

de tu madre, ¿no? -Eso me parece algo imposible.

Ignacio, ¿qué te ha dicho? ¿Ya tienen los resultados?

Sí, dice que ya sabe lo que tiene, que tiene... hipertensión pulmonar.

¿Y eso qué es?

Pues es una enfermedad muy grave que afecta...

Que impide que el oxígeno llegue a la sangre y...

-Pero eso no es bueno para el bebé, ¿no?

-No, no, y sobre todo para la madre porque dice que hay riesgo

de mortalidad. Ay, Dios mío.

Dice que si se tratara de su mujer,

encontraría la manera de evitar el embarazo,

pero no me puede recomendar tal cosa porque es un profesional.

Manolita, ¿qué hacemos? -Ay, Virgen del Remedio, asístenos.

-Por favor, por favor, ni una palabra de esto a María,

por favor os lo pido, ni una palabra de esto.

Ni una palabra de esto hasta que descubramos la manera

de cómo decírselo, por favor.

Puede que tengas razón en una cosa. -¿En qué?

-En que si aún estoy en Madrid es por ti.

Porque mi amigo del alma me importa.

Y es bueno que hayamos hablado.

Porque después de oírte sé que mi amigo ya no existe.

No sé qué es lo que te habrá pasado, pero ya no eres tú.

Y no merece la pena seguir luchando para que entres en razón.

Hola. -Hola.

-Si has acabado los recados, ¿por qué no entras?

-Te estaba esperando. -Madre mía,

pues con esa cara de pena mal empezamos.

-Esa cara de pena es por otra cosa.

-¿Qué pasa? -Que me estaba acordando

de la discusión que tuve con Iker y de todos los años

que hemos sido amigos desde críos y...

-Madre mía, no sé qué tiene la infancia,

pero es todo tan intenso en esa época que se queda para siempre.

-El paraíso perdido lo llaman. -Es verdad.

-Recuerdo que lo que más nos gustaba

era quedarnos dormidos al sol en verano.

-¿Como las lagartijas? -Sí, como lagartijas.

Y luego nuestras madres venían a buscarnos

para avisarnos de que la comida estaba preparada, nos escondíamos

y al final su ama o la mía venían a buscarnos con la zapatilla.

-Y se os pasaba la rebeldía de un golpe.

-Nos la quitaban de golpe.

Y luego volvíamos a quedar, planeábamos otra fuga y...

Hombre, no íbamos a someternos a la tiranía de nuestras madres.

-Claro, rebeldes de nacimiento. -Sí.

Y, pensándolo, yo creo que por eso fue tan fácil para ETA captarnos.

Querían gente idealista, rebelde...

Ilusos, Carol, ilusos.

-Pero ¿de verdad crees que eso tuvo que ver

para que os metierais en ETA? -Sí, nos hicieron creer que...

Que íbamos a ser héroes que luchaban contra la opresión y...

-Pero tú ya no estás ahí. -Pero muchos otros sí.

Mira Iker, no he podido convencerle, a mi mejor amigo.

Le he perdido para siempre.

Si pudiera convencer a uno de esos chicos de que no entrasen en ETA...

-Bueno, lo puedes intentar, ¿no? -Si no lo he conseguido con Iker,

¿cómo lo voy a conseguir con otros? -No sé, algo se te ocurrirá.

Tú eres un chico para todo, un chico con recursos.

-Ya, sí.

O sea, que tú... ¿confías en mí?

-Bueno, pues estoy empezando a confiar, sí.

Pero sobre todo te tengo que felicitar

por empezar a pensar libremente.

-Pues muchas gracias, Carol.

¿Puedo...?

-No. -¿No?

-No, ¿no?

-Madre mía, aquí hay que hacer bastante trabajo, ¿eh?

-¿Hasta en esto vas a ser un hueso duro de roer?

-¿Cómo que hueso duro de roer?

Cuidadito, que te quedas sin sorpresa.

-¿Hay sorpresa? -Sí, tengo una sorpresa.

Es que he comprado otra vez entradas para ver "El mago de Oz"

por si acaso te apetece tener una primera cita en condiciones.

Bueno, pero lo podemos dejar para otro momento, ¿eh?

O sea, lo que tú quieras.

-Esto igual responde a tu pregunta, ¿no? Más o menos.

-Bueno, no sé si es mejor que el otro o no,

pero he comprado las entradas en la última fila

por eso de si queremos ir practicando, ¿sabes?

-Has hecho bien, porque me noto un poco flojo, así que... sí.

¿Entramos? -Vamos.

Eso es, despacio, que no hay prisa, ¿de acuerdo?

No entiendo por qué me han hecho tantas pruebas.

Qué harta estoy de médicos. Hay que ver el por qué del desmayo.

¿Qué desmayo? Sois demasiado aprensivos.

Yo ya tengo mis achaques, pero es lo que toca.

Tropecé y me caí. Y hay que ver si el achaque

es de importancia o no. ¿Y dónde está Tito?

Está acabando de firmar unos papeles en el hospital.

Salvador. ¿Salvador?

¡Salvador!

-Creo que se está usted confundiendo de persona.

Verás, ella es Concepción, la madre de Vicente.

Pero, Ana, qué tonterías dices,

¿cómo no voy a saber quién es Salvador?

Ay, pero qué alegría de verte, amor mío.

-Disculpe, tengo un poco de prisa.

-Oye, ¿y de qué conocías tú a Ana?

Porque precisamente iba a preparar una cena para presentártela.

-Nos conocemos del hospital.

-¿Verdad que ha sabido elegir muy bien nuestro Tito?

Hacen una pareja de cine.

-Ana, ¿nos vamos? No es bueno que mi madre se canse.

Yo voy enseguida, id yendo vosotros, por favor.

Vamos, mamá.

-Ya verás lo bien que te cae Salvador, ya lo verás.

Pásate luego a verme, vida mía.

Eh...

Es que venimos del hospital. Ayer tuvo un desvanecimiento

y estuvo bastante tiempo sin conocimiento.

Claro y por eso has decidido seguir cuidando de ella,

a pesar de todo lo que ha pasado.

Es que soy enfermera, por eso lo hago.

Sé que tu madre pondría el grito en el cielo, incluso se aprovecharía

de ella, pero tú no eres así.

¿Se puede saber por qué metes a mi madre en todo esto?

Porque se aprovechó de una mujer enferma

y le obligó a firmar un contrato, Carlos.

¿Estás hablando de la mujer de Manuel el del Cascabel?

¿Tú qué sabes de eso? Sé más de lo que crees.

Paloma estaba en la residencia con Concepción.

Carlos, yo se lo conté a Pelayo.

O sea, que fuiste tú.

Ahora lo entiendo todo. Porque no me gustó su método

como tampoco te gusta a ti. Y tú, en lugar de venir a avisarme,

te andas paseando con ese chantajista.

¿Sabes la cantidad de problemas que nos podías haber ahorrado?

¿Y el sufrimiento? Veo que solo hablas conmigo

para echarme cosas en cara. Eso, Ana,

tú dedícate a hacer lo correcto, pero os voy a pedir un favor,

a mí dejadme en paz de una vez.

Llamar a mudanza, organizar para final de semana.

-Hola.

-¿Por qué no me llamaste anoche?

¿Estabas enfadado conmigo? -No, qué va, qué va,

lo que pasa es que llegué tarde a casa y no te quise despertar.

Además que María ha pasado la noche en el hospital.

-¿Y qué le ha pasado?

-Parece ser que ha tenido una hemorragia.

-¿Y se le puede complicar el embarazo?

-Hasta que no le den el resultado de las pruebas no se sabe nada.

-Ojalá que no sea nada. -Ojalá, sí.

¿Y tú qué? ¿Sigues tan agobiada como ayer?

-La verdad es que ayer me agobié muchísimo, sí.

Pero no por lo que tú te crees.

Es que... Es que me afectó mucho que Benigna me contara la...

La verdadera razón de su marcha.

Ah, o sea...

O sea, ¿tú estás al tanto?

Es que a mí me lo dijo ayer y...

Y, claro, me quedé a cuadros. -Pero ¿por qué?

Yo lo entiendo perfectamente.

-Ah, ¿sí? -Sí.

Porque ella se merece ser feliz, ¿no?

Aunque para ello tenga que poner un océano por medio.

Bueno, yo, de hecho, le animé a que se marchara.

-Un poco drástico lo tuyo, ¿no? Mandarla ahí al extranjero.

-No, si yo no la he mandado a ningún sitio,

yo lo único que he hecho ha sido apoyarla en su decisión,

como una buena amiga, que además la entiende perfectamente.

-Yo, como buen amigo, lo que le he aconsejado

y le seguiré aconsejando es que asuma las cosas como son

y que se quede aquí, donde tiene que estar.

-Ya está bien, ¿no? -¿Cómo que ya está bien?

-¿Puedes dejar de frenar a la gente continuamente?

Respeta la libertad de Benigna, que es muy importante.

De verdad, ¿puedes dejar de ser egoísta?

-¿Egoísta yo? Por favor, aquí la única que está mirando

por sí misma eres tú. Anda que no te andas con chiquitas, ¿eh?

-No sé de qué se me acusa.

Yo estoy donde quiero y con quien quiero.

Y antes de que esta discusión suba de tono,

me voy a marchar, que tengo muchas cosas que hacer.

¿Te parece si luego te ayudo a organizar la mudanza?

-Estupendo, sí.

Pues sí que está pelusona, vamos.

Pelusona perdida.

Bueno, pues listo para sentencia.

Ya están puestas las pilas y la puede usar quien quiera.

Me parece una muy buena idea, ¿eh, Pelayo?

Yo porque ahora no está en antena,

pero hay un programa que intento no perderme nunca.

¿Qué programa es ese?

A mí los únicos que me gustan son los que dan noticias.

Pues este es buenísimo, se llama "Las flechas de Cupido".

Consiste en que parejas de novios mandan cartas

para que la locutora la lea en antena.

Y se evitan muchísimas rupturas, claro.

Menuda cataplasma de programa.

Últimamente los jóvenes tenéis una manía de lanzar

vuestros entresijos personales a diestro y siniestro.

Es muy interesante y se aprende mucho del género humano.

Por ejemplo, que la mayoría de las peleas

son solo malentendidos.

Solamente hay que dejar actuar a Cupido.

-Mira, Jesús, déjate de Cupidos y de gaitas,

que eso del amor es todo una mentira.

Y os voy a decir por qué. Leemos libros, escuchamos canciones,

vemos películas y nos hacemos una idea equivocada del amor.

¿Y sabéis qué? Cuando conocemos la realidad,

nos damos de frente con ella.

Dentro de un rato empezará a decir que la radio es cosa de Lucifer.

Abuelo, claro que la radio es cosa de Lucifer.

Y quítemela de mi vista que como la coja la escacharro.

-A ver, creo que estás exagerando un poco porque no entendiste

lo que Amelia quería decir en la radio.

-¿Tú qué te crees, que estoy sorda, que no lo he escuchado?

Perfectamente escuché que renegaba de mí.

-No, pero no porque lo sintiese... -Jesús, que no la justifiques.

Ya le he dicho que lo que hizo no tiene perdón de Dios.

-A ver, Luisi... Machote, deja que las chicas

arreglen sus problemas entre ellas.

Hola. Mira quién está aquí, Amelia. Hola.

Anda, vente conmigo, chaval, que tengo que decirte una cosa.

¿No me lo puede decir luego? Vamos, vamos, sal.

Hola. -Hola.

-Solo quería saber cómo estaba María, me ha dicho Benigna

que ha tenido que ir a urgencias.

-Sí, pero ya ha salido, le han dado el alta.

-Bueno, si puedo ayudar en algo.

-Ah, no te preocupes, suponemos que estarás muy liada

con tus cosas. -Bueno,

pero eso es lo más importante.

Por lo menos dale un abrazo de mi parte.

Luisita.

-Uy, qué tarde, me tengo que ir, porque hoy también tengo

que cuidar a mis hermanos, como comprenderás,

tenemos muchas cosas que hacer. -Luisita, escucha...

-No, Amelia, no tengo tiempo para hablar contigo ahora,

tengo que irme.

Amelia... -Es que no me quiere ni escuchar.

Maldito momento en que decidí decir esas cosas en la entrevista esa.

-Yo no sé si quieres un consejo, pero creo que para arreglar

lo de Luisita tengo una idea. -Ya, pero sabemos que tus ideas

no acaban de funcionar. -¿Cómo?

¿No funcionaron para conseguir el trabajo?

-Sí. -Amelia,

yo te metí en este lío, déjame que te saque de él.

-Venga, dale, ¿qué? ¿Cuál es tu idea?

-Tienes que decirle a Luisita lo mucho que la quieres.

Pero delante de toda España. -Que no, Jesús, que no.

Si no me quiere ni escuchar.

Aunque pusiera una pancarta en medio de la plaza.

-Sí, sí que te va a escuchar.

Vaya que sí.

Se ha quedado dormida, debía estar rendida.

Ha sido una semana muy intensa para ella.

Y para ti. Pero lo que importa es tu madre.

Parece que el desmayo de ayer ha sido un paso más

hacia sus delirios.

Anda que confundir a Carlos con Salvador.

Está claro que su cabeza no funciona, lo mezcla todo.

Para colmo ni siquiera sé si Carlos se parece a mi padre.

Algo tienen que tener en común.

Siento que las circunstancias hayan hecho que te tengas que quedar

más tiempo con nosotros. No pasa nada,

estoy aquí para ayudaros y porque quiero.

Nunca podré agradecértelo lo suficiente.

Además, lo haces de forma tan desinteresada.

Bueno, ¿se ha quedado más tranquila? Sí, se ha quedado dormida.

Pero antes me ha contado lo contenta que estaba

porque su madre le había dicho que Salvador había dado el paso

y que se iban a casar. Ya no es un desvarío suelto.

Esto es así, es una enfermedad degenerativa,

primero avanza despacio y de repente un día se dispara.

O a lo mejor es por el desmayo, no lo sabemos.

Nos lo dirá el doctor.

¿En qué quedaste con él? Como sabe que no puedo dejarla sola,

me ha dicho que me llamaría cuando tenga las pruebas.

Pues solo podemos esperar.

(Teléfono)

Debe ser el doctor.

Diga.

Doctor, sí.

Sí, se ha quedado dormida por fin.

La medicación le ha hecho efecto.

De acuerdo. ¿Tiene noticias?

Sí, sí.

De acuerdo, claro, claro.

Adiós.

¿Qué pasa?

Todo se complica.

No tienen las pruebas por falta de medios técnicos

y no pueden confirmar sus sospechas.

¿Es que su enfermedad va más rápido de lo que ellos pensaban?

Ya no están hablando de eso.

Teníamos razón, los delirios no son buena señal.

¿Qué motivos hay entonces? Hablan de un tumor cerebral.

Todavía no saben si es maligno o benigno, pero no se puede operar.

¿Cómo va a evolucionar esto?

Mal, muy mal.

Mi madre se podría morir en cualquier momento.

¿Y si después de trabajar nos vamos a tu casa?

-¿A mi casa? -Sí.

-¿Como si fuéramos pareja otra vez?

Álvaro, creo que te estás confundiendo

con lo que está pasando aquí. -Que no, Nieves,

que no me estoy confundiendo, que ya sé que esto es solo sexo.

A lo mejor la que te confundes eres tú.

-¿Yo? -Sí.

A ver, llámame loco, pero en tu casa hay una cama, ¿no?

Y hacerlo encima de la mesa de la redacción

no es lo más cómodo del mundo.

No vengo a despedirme, Vicente, vengo a instalarme aquí.

¿Cómo? ¿De qué estás hablando? Sé que me necesitáis,

así que si te parece bien, me quedo.

Sí. Bueno, es que pensé que no te volvería a ver

y ahora de repente... Os viene bien la ayuda.

¿Has hablado con el doctor? Estoy esperando que me llame.

Ha quedado en hablar con un colega experto en tumores cerebrales.

¿Estás segura que van a...?

Si María pierde el niño, ¿ella va a estar a salvo?

¿Estás segura de eso? ¿Lo puedes garantizar?

Marcelino, yo no, pero los médicos dicen que si lo hacen bien

y está controlada, sí.

Y hay que confiar en ellos.

No es justo.

No es justo, con la ilusión que le hacía ahora,

por fin se había hecho a la idea.

Si no estás así por mí, ¿por qué estás bebiendo a estas horas?

-Que no te importa. -Es por ella, ¿verdad? Por Ana.

-No la nombres, por favor. -Sigue haciéndote daño.

-Que lo dejes estar. -No, si no te culpo.

A mí tampoco me sería fácil verla todos los días

con ese bastardo.

Supongo que se repite lo que hizo con Gabriel.

Es que Benigna se ha enamorado de mí.

Y necesita poner un océano de por medio.

Ah, ¿sí? Lo que oyes.

Y claro, esa es la razón por la que Silvia estaba tan nerviosa,

le mataban los celos.

Pero ahora que Benigna se va, se ha relajado un poco.

¿Y tú estás seguro de todo eso?

Lo que necesito ahora es hacer el amor y no la guerra.

-Si ya lo sé.

Pero no quiero correr y echarlo todo por tierra.

-Ya, porque te gusta mucho.

Tienes una misión, Carol, tienes que reinsertar a Jon en la sociedad

en todos los sentidos. -Al final vas a tener razón

y voy a tener que lanzarme y todo. -Pues claro,

que la vida son dos días y hay que aprovecharla.

Qué silencio, ¿no? Ni que hubiera pasado un ángel.

-No, que he venido a ver qué tal estabas.

-Pues ya me ve, estupendamente.

Eso sí, con un hambre de lobo, lo que corresponde a mi situación.

Que yo creo que va a salir glotón o glotona, esto nunca se sabe,

pero yo tengo la intuición de que va a ser un pequeño Solano,

fíjese lo que le digo. -Bueno, pues yo me voy a marchar,

que no os quiero molestar más y además que tendréis que hablar.

¿Me dices de verdad lo de ese programa?

-Tú calla, que tu abuelo sabe lo que escucha.

-Ese programa es de enamorados que se escriben cartas.

-Algunas son muy bonitas, algunas hasta te hacen llorar.

-Mira, justo lo que necesita esta familia, llorar.

-Llorar de amor, Luisi. Silencio, silencio.

(RADIO) "Destacamos una en especial. La carta que un oyente, Amelio,

le escribe a su enamorada, María Luisa."

Soy el doctor Bernard, soy colega del doctor Álamo,

el que la trata a usted. -Ah, pensé que era esa amiga de Ana

con las pastillas para el dolor. -Ah, Ana.

¿Quién es Ana? -La novia de mi hijo Vicente.

Ella me cuida muy bien, como es enfermera.

-Claro, claro, la novia de su hijo. Bueno, pues el caso es que el doctor

está muy ocupado y me ha pedido que me acerque

para ver cómo estaba usted. -Pues ya lo ve, doctor.

A ratos. Unas veces mejor y otras peor, como ahora, que...

El doctor cree que puede tratarse de un tumor cerebral.

-¿Un tumor?

¿Y qué consecuencias tiene? -Habrá que esperar al diagnóstico,

pero va a condicionar su vida hasta el final.

-Vicente, pero... No sé, alguna solución habrá, digo yo.

-Me gustaría creerlo, Benigna, pero mejor ser realista

y hacerse a la idea cuanto antes. -No sabes cuánto lo siento.

-Ana, ¿has estado en el hospital? Sí. Hola, Benigna.

Hola. He estado con el doctor Álamo.

No te preocupes, Benigna está al tanto.

El doctor ha hablado con un compañero de Estados Unidos

y le ha dicho que los síntomas de tu madre son alarmantes.

Cariño, escúchame, Ignacio, lo peor ya ha pasado.

Yo estoy bien, así que no te preocupes.

No te preocupes. -Me tengo que preocupar, María.

-Bueno, pues dime por qué.

-Vas a tener que abortar, María.

Al parecer Ana se ha mudado a vivir a su casa.

Y está viviendo con ellos, con Vicente y con doña Concepción.

Y aquí viene lo más gordo.

Según ella, se van a casar.

A mí me gustaría invitarte aquí a cenar,

pero no me llega el presupuesto. Podemos ir al Asturiano...

-Que no tengo hambre, Jon. -Ah.

-Que... Bueno, no sé, podemos saltarnos la cena

e ir directamente al postre. -Algo dulce te apetece más.

-Sí, algo dulce, sí. Estoy así como golosa.

-Ah, golosa. -De hecho,

tengo una caja de bombones ahí, en la habitación.

-Ah, ¿en la habitación?

Será mejor que te marches ahora mismo,

ni son horas ni eres bienvenido. -Necesito mi dinero ahora,

no voy a esperar a que vuestros jueces comprados se pronuncien.

-Vas a decirme que lo necesita tu madre porque ha empeorado, ¿no?

-¿Quién te lo ha contado? Necesito el dinero para tratarla, sí.

-Ya, pues pensé que con una enfermera instalada en tu casa

tu madre estaría mejor. -Desgraciadamente Ana

no puede hacer nada. -No me cuentes milongas.

-Es cierto. -¿Hace cuánto que se ha ido contigo?

-No tengo que darte explicaciones. -¡Tienes que darme explicaciones...!

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