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Original subtitles

Si te ha dicho que no declararas, es porque todavía te quiere, ¿no?

Ojalá, pero no fue tan bonito, Amelia.

Me ha pedido que no lo hiciese por razones muy diferentes.

¿Qué quieres decir?

Me ha dicho que no declare porque, si alguna vez le he querido,

que no quiere reabrir esta herida, que podría matarle.

Es lo mejor para todos.

Se lo he pedido como un favor personal.

-Has hecho lo correcto, hijo.

Ya te dije que el rencor nos estaba llevando demasiado lejos.

-Sí, puede que tengas razón, pero...

No ha sido nada fácil. Vamos, sigue sin serlo.

Me voy a vivir a Toledo.

Me voy a trabajar en el hospital de Talavera.

¿Qué, que te vas?

No quiero hacer daño a nadie más.

Ana.

Os voy a echar mucho de menos.

Porque Madrid te sonríe y es la tierra de la oportunidad

para ti, ¿eh? Ya, ya, ya, ya, ya.

Ya. ¿Ya qué?

Que ya. Pues venga, vamos a por ello.

Que ya le voy pillando, que ya le voy pillando.

¿Cómo me vas pillando? Ya le voy pillando, sé por dónde va.

¿Qué quieres decir, qué?

A usted lo que le pasa es que no quiere que su hija

y yo nos vayamos a Boston, eso es lo que le pasa.

Ahora, quiero que me prometas una cosa, por favor.

Sí. Que te vas a cuidar.

Prométemelo.

Te lo prometo.

Bonita.

Ana. ¿Qué?

Que sí que te quiere.

Que se lo he oído decir en sueños y no puedo dejar

que te vayas sin saberlo.

-Que te voy a echar de menos.

-Y yo.

Cabecita loca, que no sé qué voy a hacer sin ti.

-Me había hecho a la idea de que iba a nacer aquí

y de que iba a ser su tía favorita y, ahora, me tendré que acostumbrar

a escucharlo por teléfono.

-Bueno, Luisi, a ver. El drama para mamá, ¿eh?

Además, ¿qué crees, que no me duele dejaros a todos?

-Ya, pero a ti te va a ir muy bien en Boston.

-¿Recuerdas cuando eras adolescente y solo podías pensar en una cosa?

-¿Me estás diciendo que Nieves...? -No, no, no.

No te me vayas por los cerros de Úbeda.

Lo que pasa que, bueno, que tiene la libido muy alta

por el cambio hormonal. -Pero si está embarazada.

-¿No te estoy diciendo que es por eso?

-¿Se puede? -Sí, por favor.

Mamá, déjame que te presente a Manolo, dueño de El Cascabel.

-Encantada.

-Anda que yo.

(DOÑA ASCENSIÓN RÍE HALAGADA)

-La verdad que...

Que ver ayer tan felices a Silvia y a Quintero pues...

Me ha afectado mucho.

Sí, Pelayo.

Quintero es la razón por la que necesito marcharme.

-¿Ha pensado qué pasará si sus nietos no están

por la labor de seguir con el negocio?

Por eso, a lo mejor, debería valorar nuestra oferta

y pensar en un futuro mejor para los suyos.

-¿De verdad piensan pagarme esto?

-¿Se puede saber quién ha llamado a Balsebre para decirle

que rescindimos su contrato?

-¿Balsebre, el anunciante? -Sí.

-Pero ¿qué dices? -No sé. Supuestamente,

ha recibido una llamada de parte del ¡Hasta luego!

para decirle que no contamos con su publicidad. Está que trina.

-Si eso no tiene sentido.

-Ya. No sé, voy a llamar, no entiendo nada.

-Ni te molestes, porque he sido yo.

-¿Qué ha pasado?

-Bueno, textualmente, mi representante me ha dicho

que los rumores sobre mi orientación sexual

no favorecen a mi carrera, ¿te lo puedes creer?

El problema es mío, Luisita, por confiar en la gente.

Qué desastre.

-Como comprobarás, el señor Ibarra ya ha firmado el contrato.

-Habéis conseguido que firme por dos años

y el doble de espacio de lo que suelen contratar los anunciantes.

-Y, además, recuperamos a Jon. -Ajá.

-¿Cómo habéis conseguido esta bicoca?

-Pues porque el señor Ibarra es un cliente habitual del hotel

La Estrella y... -Porque el buen trabajo de Jon

tampoco pasa desapercibido. -¡Ay!

Por fin vuelve el orden a esta redacción.

-A veces, pienso que debería olvidarme del mundo del cine

y centrarme en el King's y en Luisita, ¿sabes?

-¿Y renunciar a tu sueño?

La Amelia que yo conozco es una mujer valiente y luchadora.

¿Te vas a rendir tan fácilmente?

-No sé, Jesús, es que no sé qué hacer con mi vida.

-Pero es mi vida, mamá, y yo tengo que tomar las decisiones.

Pero no la estás tomando por ti, la estás tomando por tu marido.

Bueno, no solamente por Ignacio, mamá.

También por el niño que viene en camino o la niña.

De verdad que lo hemos pensado mucho Ignacio y yo.

Pero le tenemos que dar un buen futuro y aquí no se puede.

Solamente contamos con mi sueldo, Ignacio no puede trabajar aquí.

Y claro que os echaré de menos, una barbaridad.

Ya sabéis que estaba dispuesta a marcharme,

pero Mónica me ha hecho mantener viva la esperanza.

Y eso significa...

Que creo que puedo recuperar a Carlos.

Ay. -Entonces, ¿no te vas?

Claro que no. Si hay una mínima esperanza, me quedo.

-¡Ay! Silvia, me tengo que dar contigo.

Es que no tengo adonde ir.

Hasta que encuentre un trabajo, un lugar donde...

Te puedes quedar el tiempo que quieras.

Gracias.

# Hoy me acordé de esas tardes,

# de tanto soñarte # cantarle al amor,

# de imaginarnos el mundo

# con otra ilusión.

# Toda una vida adelante,

# podremos forjar un futuro mejor.

# Ya he comprendido el destino

# de mi corazón.

# Amar es para siempre, # haz memoria.

# Amar es para siempre, # nuestra historia

# es una historia de amor, # tú y yo,

# de amor, tú y yo, # y de luz.

# Amar es para siempre, # haz memoria.

# Amar es para siempre, # nuestra historia

# es una historia de amor, # tú y yo,

# de amor, tú y yo, # y de luz.

# Amar es para siempre, # sa, la, la, la.

# Amar es para siempre, # sa, la, la, la.

# Es una historia de amor, # tú y yo,

# de amor, tú y yo, # y de luz.

# Amar es para siempre, # sa, la, la, la.

# Amar es para siempre, # sa, la, la, la.

# Es una historia de amor, # tú y yo,

# de amor, tú y yo, # y de luz. #

Cariño.

Toma, te traigo una infusión. Gracias.

Te va a sentar bien. Cuidado, que está calentita, ¿eh?

Ay, Marce.

Pese a todo, es bonito ver a María así de ilusionada con el bebé, ¿no?

Claro. Pero si va a ser una madraza como tú.

Además, ¿sabes qué?

No sé, a mí también me da mucha pena que se vayan a ir a Boston,

pero si es donde van a ser felices y donde él tiene un trabajo.

Ay, Marce. Ahora entiendo por qué hemos tenido tantos hijos.

Porque todos se nos van antes de tiempo.

No lo dirás por Manolín.

Con esas notas que saca el desastre, no se irá de aquí en la vida.

Sigo preocupadísima, Marce,

porque a ver cómo se las van a apañar allá, en América.

Pues seguro que bien, mujer.

Hay que confiar en ellos, en María y en Ignacio.

Tú también.

Sí, sí, si confiar, confío, lo que pasa que yo creo que las madres

no nos quitamos nunca de encima la preocupación por los hijos.

Pues deberías verlo de esta manera.

Si María está decidida a volar tan alto

es porque tiene muy asentadas sus raíces.

Y sabe que nos tiene aquí cuando quiera.

Entonces, ¿a ti te parece bien que se vayan?

Si les parece bien a ellos.

Otro nieto que no vamos a ver crecer.

Oh. Ya lo sé, Manuela, ya lo he pensado.

Te voy a enseñar una cosa. Ah, ¿sí?

Mira.

¿Esto qué es?

¿Estos son unos patucos para nuestro nieto?

O nieta. O nieta.

Por eso los he hecho blancos.

Los terminé hace un par de días,

pero no me atreví a dárselos a María por miedo a incomodarla.

Pues ahora ya vas a poder.

Son muy bonitos, Manuela.

A lo mejor, yo también tendría que agarrar la madeja de nuevo

y hacerles algo, ¿no? Pues sí, claro.

Seguro que les gustará mucho.

Sí, no sé. Una bufanda.

Seguro que en la ciudad esa tiene que hacer mucho frío.

Con los colores del Atleti.

Para que la vayan enseñando por Boston.

Ay.

¿Y eso? Por guapo.

Ven aquí, anda.

(Toques en la puerta)

Adelante.

Ay.

Jesús.

¿Qué pasa? ¿Qué quieres?

-A ver, hay algo que no se me quita de la cabeza y no...

No es verte como Dios te trajo al mundo.

-Ay, Jesús, por favor, ¿eh?

-A ver, que también. -Ay. ¡Jesús, al grano, va!

-Creo que ya sé cómo hacer que ese productor te vuelva a ofrecer

ser la estrella de su película.

-Ah, ¿sí? ¿Y cómo, Jesús, cómo?

-Pues atajando el problema de raíz, ¿eh?

Hacerle creer que tú de libanesa... no tienes nada.

-O sea, que quieres que mienta. -Sí.

-Ya. -A ver, pero...

Sería una mentirijilla para demostrar lo buena actriz que eres.

Sería como hacer un papel de cara a la galería.

-Ajá. -Como cuando Luisi y tú cruzáis

los meñiques en público en lugar de darnos un beso.

-¿Tú cómo sabes eso?

-A ver, Amelia, yo, listo listo, no sé, pero observador soy un rato.

-Ya, Jesús, pero lo que pasa es que eso es diferente.

Una cosa es ocultar la verdad y la otra, directamente, mentir.

-Pero lo hacéis para que la gente no os juzgue, ¿no?

Pues esto sería lo mismo.

Mentir un poquillo para que ese productor no te juzgue

y te dé el papel. -No sé, Jesús.

No lo veo, no lo veo. -Pero vamos a ver.

¿Quiere ser la protagonista de "Desnudando a Clara", sí o no?

-Pues claro que sí, Jesús. -Entonces, olvídate de todo

y vamos a centrarnos en cómo hacer que ese productor entre en razón.

Al menos, escucha mi plan.

-Venga, dispara, pero miedo me das.

-Puedo hacerme pasar por tu novio.

(RÍE)

-¿De qué te ríes?

(RÍE)

¡Pero Amelia!

-Ay, Jesús, por favor, que ya lo intentamos una vez y no coló.

Que no. Buen intento por eso, pero no.

-Pero que no... no...

No voy a intentar besarte nunca más, te lo prometo.

-Ya. -¿Eh?

-Más te vale.

-Solo sería hacernos unas fotografías

saliendo del hotel agarraditos y mandarlas a las revistas.

-¿A quién le van a interesar esas fotos?

-Anda. ¡Pues a tus fans! -Ah.

-Ya me imagino el pie de página:

"La actriz Amelia Ledesma saliendo de un hotel con un guapísimo joven".

-Que no, Jesús, no lo veo. Es muy rebuscado, de verdad.

-Ya. Sí, lo de joven es excesivo. "Con un guapísimo hombre".

-Sí, mejor, mejor, sí. -Mucho mejor.

-Espera, espera, espera.

Que puede que no seas mi novio,

pero se me acaba de ocurrir una idea maravillosa.

¡Ah, gracias!

-¿Qué he hecho? -Tengo que hacer una llamada antes.

-Pero ¿a estas horas? ¿A quién? -A un periodista que conozco.

A ver.

-Ya, pero es que aquí, señores,

lo que se está hablando es del verdadero conflicto vasco.

Y es que hasta que las dos partes no se miren sin desconfianza,

no se arreglará nada.

-Ya, tienes razón.

Me imagino lo mucho que habréis sufrido allí arriba.

-No, no te lo imaginas. Un drama, un drama.

-Es verdad que para mí la cosa cambió cuando me vine a Madrid,

porque aquí estaba más relajado todo.

-Pero los que nos quedamos allí, tuvimos que seguir sufriéndolo.

El conflicto vasco no va a cesar nunca.

Estoy de acuerdo contigo, chaval.

Espero que este nuevo gobierno sepa capear la situación.

(RÍEN)

-No, Pelayo, si no estamos hablando de política.

¿No? Entonces, ¿de qué demonios estáis hablando?

Pues el verdadero conflicto vasco. Ah.

Que es... ligar.

Allí es ligar. Madre mía, es más difícil hablar con una chavala.

-Bueno, yo me acuerdo que hace años hablé con una chica, le pedí fuego,

no me gruñó y en mi cuadrilla todavía se recuerda

como algo especial.

Pues nada, muchachos, cambiar de tercio.

Veniros para acá y otra vendrá que mejor os hará.

-Pues eso es lo que vamos a intentar, ¿verdad, Jon?

Que, por cierto, Álvaro.

(JON CARRASPEA) A ver.

Te tenemos que pedir ayuda.

-Ayuda, ¿para qué?

-Bueno, tienes que ayudar a Jon.

A ver si le echas un capote con Carolina.

-¿Perdona?

-Hasta las trancas, macho, hasta las trancas.

¿Eh? -Bueno.

-¡Madre mía! ¿Y cómo está el asunto?

-Pues ahí estamos con una especie de tonteo,

pero es que es imposible conseguir una cita, dificilísimo.

-Carolina... -Hola, chicos.

-Hola. -Hola.

-Bueno, antes que nada, tienes razón.

Nos acabamos el café y nos vamos a trabajar.

-Sí. -No, si no venía a meteros prisa.

Eh... Bueno, Jon, que te quería proponer

si te apetece que vayamos a ver "El mago de Oz" al cine,

que la reponen aquí, en Cine España.

-¿Conmigo?

-Sí, contigo.

-Eh... Pues... Claro.

Además, te tengo que devolver un libro.

-Es verdad. Pero, bueno, que no pasa nada.

-Vale. -Cuando tú puedas.

-Vale. -Bueno, me...

Nada, ahora nos vemos. -Sí.

-¿Perdona? -No sé.

-Mírale, que ha conseguido una cita el tío.

-A ver si aquí, Miguel,

será el único que tiene problemas para ligar.

-Sí, mientras yo no sepa ligar.

-Vamos tirando para la redacción y que se queden hablando solos.

-Venga, va. Ahora pagas tú. -Sí. Lo sabía.

-Mírale ahí el macho ibérico. -Venga, tira, tira.

-Venga, ahí. -Tira.

-Hasta luego.

Nos vemos luego, guapa. -Eh...

-Oye, Carol, el cine, ¿a qué hora es?

-Pues es un poco tarde, así que...

Bueno, había pensado que si te apetece que nos veamos

en la plaza sobre las 20:00 o así. -Bueno, perfecto.

-No me des calabazas, ¿eh?

-Yo a ti no te daría calabazas nunca.

Bueno, "agur". -Adiós.

Pero ¿eso era una cita?

-No sé. Bueno, mira, llámalo como quieras, pero sí,

que vamos a ir al cine juntos. -¡Pero si lo odiabas!

-Pues me gusta ahora, no sé.

-Es que nos estamos volviendo todos locos.

Yo juraría que Álvaro me está tirando los tejos.

¿Qué pasa? Carol.

-Nieves, que lo siento, pero le he contado lo de tus hormonas.

-¿Que le has contado qué? -Sí.

-¿Sabes qué? No me arrepiento.

-Ah. -Para que se lo coman los gusanos,

lo disfruten los cristianos. (RÍE)

-Vaya, me he dejado unos papeles en la habitación,

que os quería enseñar.

Ahora mismo vuelvo. Muy bien, don Carlos.

Si hay un De la Vega bueno es él, eso es así.

Lo que no sé yo es para qué nos habrá citado a todos.

Pero ¿cómo a todos? Pues a mí no me salen las cuentas,

porque solo estamos tú y yo.

No, que también había citado a mi padre y a Manolita.

Ay. ¿Y por qué no han venido?

Pues mi padre en el bar y, Manolita, en casa con jaqueca.

No quiere venir. Ah. Por la marcha de María, ¿no?

Está disgustada. Yo también, pero habrá que apechugar, ¿no?

Oye, pues si nos ha citado a los cuatro,

yo creo que me puedo oler por dónde van los tiros.

¿En qué estás pensando?

A ver, te voy a contestar con otra pregunta, Marce.

Venga. ¿Qué tenemos en común los cuatro?

El Asturiano. Bingo.

¿Y qué interés puede tener la familia De la Vega

en reunir a los dueños de El Asturiano en su despacho?

El plan de expansión. Has dado en el clavo otra vez.

Ya, ya. Si es que antes o después

tenían que volver a la carga. Sí.

Pero con esto ellos nunca han jugado limpio, nunca.

-Eso es porque hasta ahora no me ocupaba yo de estos asuntos.

Disculpad la espera. -Seguro que es una táctica

para ablandarnos. Puede ser.

-¿Decía usted algo, Benigna? -No, no, no, nada.

No, que estos asientos son la mar de blandos.

-Los compró usted. Muy buena elección.

A mí también me gusta hacer las cosas bien.

-Sí, claro, no como a su madre y a su hermano, que en paz descanse.

-Ya le he dicho que yo soy muy distinto.

Sí. Lo que pasa, don Carlos, es que si ha venido a hablarnos

del plan de expansión, no... En eso estás en lo correcto.

Bien. Esta vez, os traigo una oferta que estoy convencido

que va a ser del agrado de todos.

-Bueno, pues usted dirá.

-Como sé lo importante que es para los Gómez y para usted este barrio,

propongo un intercambio con el que seguirán viviendo y trabajando aquí,

pero en mejores condiciones.

¿A cambio de qué?

Hombre, de vuestra casa y de El Asturiano, claro.

Ya. Estamos perdiendo el tiempo. Espera, déjame acabar.

Un momento.

Si llegamos a un acuerdo, os garantizo que tendréis

una casa más grande a estrenar y un bar de toda la vida aquí mismo.

Además de una cuantiosa compensación económica, evidentemente.

-Ya.

¿Y dónde está la trampa?

-Que no hay trampa que valga.

Esta vez me he propuesto que todos salgamos ganando.

¿Y podríamos saber... de qué bar estamos hablando?

Ahí está todo el asunto.

Creo que os va a sonar.

(AMBOS) -¿El Cascabel?

Pero eso no puede ser. Pero...

-Claro que sí, ya lo creo que sí.

Ay. ¿Y tú qué opinas, Benigna?

Pues qué voy a opinar, Marce, que me parece una oferta inmejorable.

Claro. Es que, además, nos quedaríamos sin competencia.

Ah, ya sabía yo que ese detalle os encantaría.

Lo que pasa es que estoy yo pensando que hay un problema bastante grande.

(ASIENTE) Me estás leyendo el pensamiento.

-¿Cuál?

-Pues que estoy segura que hay un socio de El Asturiano

al que esta oferta no le va a parecer tan buena como a nosotros.

¡Por encima de mi cadáver!

Pero ¿cómo se os ocurre presentarme una idea tan peregrina?

Escúcheme, padre. Es una gran oportunidad.

¿Qué oportunidad ni qué niño muerto?

¡No pongo los pies en el bar de ese berebere de Manolo!

Sebas, dile algo, ayúdame a convencerle.

Es que tiene razón.

Parece mentira que le hagas esa oferta sabiendo de sobra

que Manolo le quitó la novia. -¡Cierra el pico!

No, que siga hablando, que nos conviene.

Ah, ¿sí? Ahí está la raíz del problema.

Que usted está mezclando una vieja riña que tiene con Manolo

con un asunto que afecta a toda la familia, a los Gómez.

Incluso a mí, que soy como de la familia.

Claro, porque tú no te tienes que cambiar de casa, por eso hablas.

Con el engorro que eso significa. ¿Qué lío va a ser?

Y nos cambiamos a una casa más grande, que será una maravilla.

Hablando de cosas grandes,

si El Cascabel es mucho más pequeño que El Asturiano.

Por favor, padre, han hecho una reforma y está estupendo.

Que es más grande que el nuestro.

Pero no tiene la misma personalidad que el nuestro.

¿Qué venden allí? Hamburguesas, jobos.

Cada vez que lo pienso, se me estropea hasta el duodeno.

Que eso no hay que respetarlo.

Cambiamos las mesas, la decoración, ponemos nuestro menú.

Volvemos a ofrecer todo lo de El Asturiano,

pero en un local más grande y más bonito.

Sí. ¿Qué problema hay?

¿Que qué problema hay? Que cambiamos un corcel por un pollino.

Jo. De verdad, mire, yo...

No hay manera de hacerlo entrar en razón.

Ya nos vamos entendiendo.

Y, desgraciadamente,

si no estamos todos de acuerdo en tomar la misma decisión,

habrá que recurrir a lo que viene siendo la mayoría.

¿Cómo que la mayoría?

Pues sí, la mayoría, Pelayo.

Nuestra mayoría.

¿No quería usted democracia? Pues dos tazas.

Eso. Y sepa que Manolita también está de acuerdo con la decisión

y la oferta de don Carlos.

O sea, que me vais a hacer esa felonía.

Que ya verá como todos salimos ganando, Pelayo.

¡Y lo dices tú, precisamente, que te marcharás del barrio

de aquí a un par de días como quien dice!

Pues da igual.

Aunque Benigna no votase en este caso, ¿eh?

Aunque se abstuviese. Da igual, si somos mayoría.

Eso, eso.

Déjame hablar con tu mujer. Que no, que está todo hablado.

No enrede más, padre, por el amor de Dios.

Tenemos que ofrecerle un nuevo Asturiano al mundo

y que seamos todos juntos.

Me venceréis, pero no me convenceréis.

De momento, vencemos.

Voy a hablar con don Carlos y decirle que aceptamos.

Luego ya le iremos convenciendo.

Ponte un cohete en el culo, a ver si llegas más rápido.

Voy contigo, Marce.

Uy, por poco me empotro.

-Adiós.

Qué elegancia, qué manera de encajar la derrota.

Me acabas de dar una lección de madurez, Pelayo.

Muchas gracias, Sebas.

¿Te puedo pedir un favor?

Faltaría más.

Mira.

Por favor, llévale esta nota a Manolo, el de El Cascabel,

de mi parte.

(LEE) "Saludos, botarate,

rata de alcantarilla, mamerto de saldo.

Adivina quién se queda con tu bar."

Ya me extrañaba a mí tanta elegancia.

Adiós.

Pero, doña Concepción, ¿está segura de eso?

Sí, estoy convencidísima de que era ella.

¿Cómo iba a confundirla? Ahora, cámbiese y quítese el chal,

que se achicharrará en el cementerio.

Tienes razón, hija. Ahora vengo. Muy bien.

¿A quién ha visto?

A doña Ascensión.

Dice que la ha visto en el centro del doctor Álamo.

¿Otra vez? ¿Cuándo ha sido eso? Antes de que llegase yo.

¿No te lo ha contado hasta ahora?

No. Dice que se ha acordado ahora, al cambiarse para el cementerio.

¿Por qué estará rondando Ascensión a tu madre?

No lo sé, no lo sé, Ana. Y si son delirios, ¿qué?

Ascensión es capaz de eso y mucho más, créeme.

Ya, pero también dice que la increpó en el cementerio

y allí no vi a nadie.

¿No se pudo esconder al llegar tú? Lo he pensado, pero ahora dudo.

Mi madre no está bien

y uno de los síntomas son las segundas de memoria.

Bueno, mucho mejor así, dónde va a parar.

¿Tú no vienes? -No puedo,

debo ir a descargar camiones, pero te dejo en buena compañía.

-Lo sé. Esta muchacha es una joya.

Como no te andes con ojo, te la van a quitar de las manos.

-Por favor, qué bobadas dices. Si Ana y yo somos amigos.

-Pues mira que eres tonto.

Vámonos, no sea que se nos haga tarde.

Hala, nos vamos.

Tengo que comprarle unas flores a Salvador.

-Muy bien.

O sea, tú también piensas que tengo la cabeza muy dura

porque no quiero mudarme a El Cascabel.

Abuelo, no, no es eso.

A ver, si yo también creo que es una gran oportunidad, pero...

Pero pienso que esta es nuestra casa.

Vaya, parece ser que piensas igual que yo.

Tu padre y tu madre piensan lo contrario.

Porque ellos son de los que piensan que hay que aprovechar

las oportunidades conforme vengan.

Como, por ejemplo, lo de Amelia y lo mío con el traspaso del King's.

Ah. Estoy muy orgulloso de vosotras.

A fin de cuentas, ¿qué es la vida?

Es lucha, caer, levantarse, pelear.

(RÍE) Tiene usted toda la razón del mundo, abuelo.

Escuche, ¿le importa si le dejo un rato solo?

Tengo que ir al banco a hablar lo de traspaso.

Tranquila. Márchate, no sea que te cierren.

-Hola.

-Ay. Hola. ¿Me acompañas? Hola.

¿Dónde?

-¿Cómo que dónde?

¿Ya se te ha olvidado?

Tenemos que ir al banco para hablar del traspaso.

-Madre mía, Luisita, lo siento mucho.

Lo siento, se me había olvidado y ahora no puedo.

-Ah. ¿Dónde tienes que ir? -Tengo una entrevista en la radio.

-Ahora mismo tienes una entrevista. -Bueno, dentro de un rato.

De hecho... Si quieres, puedes venirte conmigo

y luego hacer lo del banco.

Es que hay algo que... Bueno, que quiero contarte.

-Ya, pero es que no puedo, porque lo del banco también es muy importante.

-Ya. Bueno, pues nada, hablamos luego, ¿eh?

-¿Cuándo sale la entrevista?

-Es para el programa Artista invitado y es grabado,

así que, lo podemos escuchar luego.

-Pues sí, luego lo escuchamos juntas.

Me voy. -Que vaya bien en el banco.

-Adiós, abuelo. Adiós.

¿Qué te pongo?

Un café solo, por favor.

-Vamos a ver; los artículos que quedaban por redactar, Álvaro.

-Hechos. -Perfecto.

¿Y la entrevista del preso que se queja

porque le ha tocado de compañero de celda un preso político

que no para de dar la turra con la amnistía?

-Medio hecha. -¿Qué significa eso?

-¿Hecha a medias?

(RÍE IRÓNICA) -Cómo me río, de verdad, Nieves.

Es que, vamos.

A ver, chicos, tengo que hablar con Lalo y no estoy para bromas.

Miguel, ¿cómo llevas la portada?

-Bien, ya está hecha también.

-A ver.

Eh... Ya, pero es que esto es un dibujo de Albelo.

-Pues porque Albelo se encargará de hacer todo a partir de ahora.

-A ver. ¿Qué dices? No digas bobadas.

-Miguel, ¿por qué? Si tu última portada fue un éxito.

-Porque el médico lo ha dicho, no me voy a recuperar al 100%.

Así que, ahora que tenemos dinero, de verdad,

pagamos a alguien que lo haga todo y ya está.

-Pero tú al 50% vales más que los demás juntos.

-Eso era antes, Carolina.

Además, no insistáis más, por favor os lo digo.

Ya está, se acabó.

(SUSPIRA)

Mandamos la portada de Albelo y punto.

Si quieres, te acompaño a hablar con Lalo.

Porque que no dibuje no quiere decir que no vaya a dar un palo al agua.

No, señores.

Te espero abajo.

-No sé, yo es que voy a llevar las dos.

Un chatito.

Ya estoy aquí, Pelayo. Hola, Sebas.

¿Qué, le diste mi mensaje a Manolo?

Sí, de allí vengo. Bueno, ¿y qué?

Pues si lo que pretendías era cabrearle,

lo has conseguido, porque se ha puesto hecho una hidra.

Si ya sabía yo que los De la Vega, conociendo la inquina

que nos tenemos Manolo y yo, no soltarían prenda.

Así que eso buscabas, que lo supiera.

Claro. Este no acabará vendiendo ese antro de perdición gastronómica

que tiene.

-¡Pelayo!

El de El Asturiano.

Manolo, el de El Cascabel.

Te estaba esperando.

Pues, aquí me tienes.

Ya veo que vienes acompañado.

¿Qué pasa, que te da miedo pasar solito

por la Plaza de los Frutos?

¿Miedo yo?

¿A quién?

¿A ti?

(RÍE)

No me hagas reír.

Será mejor que te largues,

porque en esta plaza no hay sitio para los dos.

Por una vez, te voy a dar la razón.

Porque esto, en vez de una plaza, parece una plazoleta.

Forastero.

¡No te pases, Manolito, que no estás en el Oeste!

-Ya está bien, ¿eh? Tranquilidad.

No, pero si aquí la sangre no llega al río.

No te preocupes, si este no es más

que un mercachifle de feria, ¿eh?

Un perdedor.

¿Yo un perdedor?

Te recuerdo que te quité a la novia.

Paloma Yanque, La Cascabela.

¡Eh, que se entere todo el mundo!

De ahí viene el nombre de mi bar.

Por mucho que grites, no te olvides que,

quien ríe el último, ríe dos veces.

¿Sabes lo primero que voy a hacer, eh, cuando me quede con tu negocio?

Lo voy a fumigar para que se le quite ese olor a garrapata

que le caracteriza.

Y, después,

para acabar de darte el cachetero,

voy a coger el cartel de El Cascabel y lo voy a colgar aquí,

en El Asturiano, como botín de guerra.

¡Para compensar, malandrín bellaco,

que me robaste a la novia con malas artes!

-¡Eh, eh, eh! Cuidado con lo que dices, Pelayo.

(MANOLO CHISTA)

-Quieto, fiera, quieto.

Que yo no he venido a discutir.

Entonces, ¿a qué has venido, Gary Cooper?

Pues a decirte que nunca vas a poner un pie en El Cascabel.

Deja de estar en venta.

¡Eso no te lo crees ni tú!

¡Porque eres un husmia, un pesetero!

¿Un husmia?

¿Qué quiere decir "husmia"? -No lo sé, Manolo, no sé.

-Algo... Algo malo será.

Vámonos, chico.

Vámonos, que, además... (OLFATEA)

Me produce urticaria este olor a fritanga

que tiene toda la plaza.

Quieto.

Quieto.

¿Qué te dije? No vende.

Sí. Estás hecho un estratega, Pelayo.

Eres el Arturito Pomar del barrio.

Sabe más el diablo por viejo que por diablo.

¡Camaradas, estáis todos invitados unas croquetas!

¡Pero esta vez, a caballo, unas encima de otras!

¡Olé! Venga. Vamos.

Nuestro amor no fue fácil.

Aunque Salvador me hacía olvidar los sinsabores de una relación

como la nuestra.

Seguro que fue una historia de amor muy bonita.

Muchas veces, me sentí culpable, no creas.

El era un hombre casado y yo era su segundo plato.

Aunque, luego, miraba a los ojos de Vicente y encontraba la paz

que tanto necesitaba.

Y eso es algo que solo sabemos tú y yo, cariño.

Qué extraño. ¿Qué extraño el qué?

Que no haya venido nadie.

Pero ¿a quién espera?

Sus amigos, la gente que le quería.

Salvador no se merece estar solo el día de su entierro.

¡El amor de mi vida se acaba de ir y no va a venir nadie!

Doña Concepción, escúcheme. El entierro no es hoy.

Salvador murió hace meses.

¿Cómo que no? No.

Igual, está cansada y por eso se confunde.

Tranquila. ¿Y qué hago yo aquí?

Pues hemos venido a traerle unos claveles.

Son bonitos, ¿verdad? Sí, son preciosos.

¿Se los dejamos y nos vamos, eh?

Antes de que se haga tarde, ¿le parece?

Venga, que ya le acompaño.

Tenga cuidado, eso es.

Ahí.

Vamos, arriba. Eso es.

Uno más.

¿Pues no va este "musumián" y me dice que El Asturiano

huele a fritanga?

Pues ni que oliera a jardín florido El Cascabel.

Ay, de verdad, abuelo, no se haga mala sangre.

Lo importante, estará contento que Manolo no va a vender

El Cascabel, ¿o no? Claro que sí, muy contento.

Lo siento mucho por mis socios, pero ya se sabe

que nunca llueve a gusto de todos. Ya.

Bueno, cambiando de tercio. ¿Cómo te ha ido por el banco?

Pues la verdad que no también como a usted.

Dicen que van a estudiar el caso,

pero que como Amelia y yo somos tan jóvenes y sin empleo fijo,

pues que dudan mucho que nos den el importe entero. Así que, no sé.

En fin. Ay, abuelo, traiga la radio, que empieza el programa de Amelia.

A ver qué dice. A ver.

"Y para terminar nuestra animada charla con la actriz Amelia Ledesma,

una última pregunta.

¿Quién es el dueño de su corazón?

-Mi corazón no tiene dueño, Abelardo.

Es un corazón libre. -Eso es imposible.

¿Cómo puede ser que una chica tan guapa

y con tanto talento esté libre? -Soy muy exigente

y aún no ha llegado el hombre que conquiste mi corazón."

-Luisita. (LUISITA CHISTA)

"¿Cómo sería su hombre ideal?

A lo mejor, nos está escuchando y llama a la radio.

(RÍE) -Pues a un hombre solo le pido que me haga reír.

Pero, bueno, a ver, tampoco te voy a mentir.

Si me quiere llamar Steve McQueen o Warren Beaty,

tampoco pasa nada porque no sean divertidos.

-¿Y algún actor español, ningún compañero...?"

-Quería avisarte, lo que pasa que había mucho tráfico

y no he podido llegar antes. -¿De qué me vas a avisar, Amelia?

¿De qué?

Me alegro mucho que estés esperando, por fin, al hombre que te haga reír.

-Tengo que vender esta imagen a los productores.

Entiéndelo. -Sí, sí.

Si lo entiendo perfectamente, Amelia.

Pero ¿entiendes tú lo humillada que me siento?

No.

(SUSPIRA)

Qué calor hace, ¿no? -Pues abre una ventana.

-¿Qué crees que podemos hacer para ayudar a Miguel?

-Pues no sé.

-Bueno, pues algo se nos ocurrirá entre los dos.

-¿Te puedes sacar las manos de los bolsillos, guarro?

-¿Te pongo nerviosa?

-Pues sí, me pones nerviosa, y sabes de sobra por qué.

Porque Carolina que ha contado mi problema. ¡Ay!

-Bueno, ¿y no se te ocurre ninguna solución?

-Ay.

Pues pegarte un repaso aquí mismo. ¿Algún inconveniente?

-Ninguno.

Así que... -Así que...

-Ya estamos aquí.

-¿Todo bien?

-Sí, bien. -Bueno.

(CAROL CARRASPEA)

Hola, Manolita.

Lo siento mucho, hija.

Siento que estés así, pero he hecho lo imposible,

pero este mamarracho se ha echado para atrás.

¿Qué quieres que yo haga? ¿Qué está hablando, suegro?

Pues de Manolo. ¿Qué Manolo.

Manolo el de El Cascabel.

Ah, ¿qué ya no vende? No, no, ya no vende.

Pensé que estabas disgustada por eso.

Bueno, suegro, no. Y, usted, ¿cómo se ha enterado?

Se ha presentado en la plaza galleando.

Ya sabes que es un hombre que no tiene palabra.

En fin, qué te voy a contar que no sepas.

Ya. Pues no, primera noticia.

No estoy así por eso, estoy así por otras cosas.

A ver, ¿qué es lo que te pasa? Ay, me pasan tantas cosas,

que no me extraña que no se me pase el dolor de cabeza.

Bueno, puedes desahogarte conmigo si quieres.

Si te puedo echar una mano, pues miel sobre hojuelas.

Si es que tampoco hay tanto que contar, suegro.

Que resulta que ahora que parecía que ya me había hecho a la idea

de lo de María, pues, ahora, pienso que Benigna, si se va,

se va por mi culpa.

Pero ¿por qué dices eso? Porque sí.

Pensaba que la aconsejaba bien y he cometido un error.

Como no te expliques, no te entiendo.

Vamos a ver; Benigna vino hace una semana, más o menos,

y me empezó a contar lo muchísimo que encajaban ella y Quintero.

Ya, ya. Y yo le quité la idea de la cabeza.

Le dije que, por favor, que no se metiera entre ellos dos

por mucho que se hubieran dado un tiempo.

Bueno, a mí me parece bien.

No veo nada malo en ello.

A fin de cuentas, Silvia y Quintero ahora mismo están a partir un piñón.

Pues no, suegro, eso no es verdad.

¿No? No.

Antes, cuando he bajado a El Asturiano a echarle una mano,

me he encontrado con Silvia y me lo ha confesado todo.

Hola. Ay, ¿qué tal?

Nada. Pasa, pasa, Silvia, hija. Estoy buscando a Ana.

Tengo un dolor de cabeza. ¡Suegro, ya estoy aquí!

¡De acuerdo, hija! Silvia, ¿cómo estás?

Eh... Bien, todo bien. Debes estar ilusionadísima, ¿no?

Con lo de Quintero, digo, que te vas a vivir con él.

Eh... Sí, sí, tú lo has dicho, estoy ilusionadísima.

¿Qué te pasa, Silvia?

¿A mí? Sí, a ti.

Nada. Bueno, es que... Silvia.

No, no.

Que no puedo más.

Que necesito desahogarme y...

Y no tengo a nadie con quien hacerlo.

Pero ¿cómo que no tienes a nadie? Me tienes a mí. Anda.

Ven, siéntate. Pero...

Siéntate aquí.

Cuéntame, ¿qué te pasa?

A ver.

Bueno, es...

Ayer estuve hablando con Benigna.

Te soltó alguna burrada. No, no, no, qué va.

Me contó la verdadera razón para marcharse del barrio.

Que es...

La necesidad que ella tiene de...

De descubrir el mundo, de vivir nuevas experiencias.

Sí, claro, las experiencias. Sí, sí, claro, claro.

Y también me dijo que la plaza se había convertido para ella en...

En una jaula dorada.

¿Y por eso estás tan mal?

No, no, no. Ah.

No, si yo casi no le di importancia.

Pero es que ayer tuve... Tuve una pesadilla horrible.

Con Benigna. No, no, no.

Soñé que....

Que estaba viviendo en un sitio maravilloso y que,

de repente, algo me cegaba y...

Y descubría que estaba encerrada en una jaula de oro.

Como Benigna. Sí.

Y...

Y siento mucha angustia.

Ay, Silvia. Pero esa angustia es por la mudanza.

Si es que las mudanzas ponen muy nerviosas.

Que sí, que te lo digo yo.

Ya verás lo bien que vas a estar cuando ya estés instalada

con Quintero. No, no, es que...

Es que no quiero vivir con Justo.

Pero ¿no estabas tan enamorada? No.

Sí, mucho, si es el hombre más maravilloso

que he conocido en mi vida.

Si...

Hay una parte de mí que quiere la vida tranquila

que me él puede ofrecer.

Pero...

Pero hay otra que no.

Es que siento que no estoy preparada.

No estoy preparada para la rutina. Es que...

Es que la estabilidad me ahoga.

Y...

¿Tú sabes todas las cosas que quiero hacer?

Pues, Silvia, las puedes hacer con él.

No, no, porque...

Porque somos muy distintos.

Él...

Bueno, yo, yo no encajo en su forma de vivir.

Bueno, y él tampoco en la mía.

¿Y si no estamos hechos el uno para el otro?

No sé qué hacer.

Es que no sé qué hacer.

(LLORA)

Bueno, ¿qué le parece?

Pues otra de las contradicciones de la vida.

Benigna quiere y desea lo que tiene Silvia

y Silvia quiere y desea lo que quiere Benigna.

Exacto, suegro, ahora me entiende.

Si yo no me hubiera metido, ahora, las cosas, seguramente,

serían diferentes. Eso no lo sabes.

Pues sí, porque Benigna se va y, al parecer, a Quintero y a Silvia

le quedan cuatro días.

Y ya no sé si quedarme quietecita o intervenir para enmendar mi error.

Manuela, Benigna ya es mayorcita para saber lo que le conviene.

Sí, pero ella confía mucho en mis consejos.

Tienes que aprender a que no debemos interferir

en las vidas de los demás porque cada palo

tiene que aguantar su vela.

Y tú eres muy dada a zurcir descosidos ajenos.

Y eso no puede ser.

Ya.

Ah. Hola, Ana. Ya estás de vuelta.

Sí, el tiempo justo de ducharme y me voy pitando al King's.

¿Dónde está mi madre? Está acostada.

¿Todo bien?

Pues no, para qué te voy a engañar.

¿Qué ha pasado?

Pues, Vicente, es que en el cementerio ha actuado

como si acabase de morir Salvador.

¿Ves? Por eso te decía lo de Ascensión.

Cada vez tengo más claro que no fue real.

Es raro, es como si mezclase el pasado con el presente,

como si confundiese los recuerdos.

Lo peor de todo es que...

Ya sabemos cómo va a terminar.

Cada vez que voy al centro y veo a alguna mujer

que está peor que mi madre, se me cae el alma a los pies.

Tienes que ser fuerte. No te hundas, por favor.

¿Cómo se llamaba la mujer esta del centro,

la que tiene el pelo casi blanco? Paloma, Paloma.

Paloma Yanque.

Es tan sonriente, ¿no? Tan agradable con todo el mundo, pero, a la vez,

se la ve tan ida, tan ausente, que...

Que cuando la ves, piensas en tu madre.

Los síntomas son parecidos, pero no tenemos un diagnóstico.

Tengamos esperanza, por favor.

Muchas gracias por el apoyo.

Lo que hay que hacer ahora es cuidarla y quererla, ¿de acuerdo?

¿Sabes?

Por primera vez, preferiría que doña Ascensión

hubiese tramado algo contra mi madre.

¿Te puedes creer?

-Bueno, tengo malas noticias.

Manolo, el dueño de El Cascabel, ha cambiado de opinión

y no vende el negocio.

-Pero ¿por qué? Si dijiste que le habíamos hecho una oferta

de lo más generosa. -Y lo era, pero, al parecer,

también es muy grande la rivalidad con los de El Asturiano.

-Imagino que se han enterado de a quién se lo íbamos a vender

luego y no quiere que su local acabe en manos de los Gómez.

-Exacto, eso es.

-Eso es culpa nuestra.

Por tratar con gentuza.

-Y ahora, ¿qué pasa con el plan de expansión?

-No lo sé, porque conozco a los de El Asturiano

y no van a soltar el bar si no es por otro en el mismo barrio.

-Deja que yo me encargue.

Yo convenceré a Manolo para que nos venda su cuchitril.

-No, mamá.

Ese hombre ha tomado una decisión y pienso respetarla.

Te recuerdo que quería hacer las cosas a mi manera.

-Tu hermano no lo hubiera permitido.

-Bueno, ya está bien.

-No, no está bien.

Si no ocurre un milagro, el sueño de tu padre se va al garete.

-Tú eres una mujer de fe.

Siempre te puedes encomendar a tus santos.

-No dudes que lo haré.

-Ahora, si me disculpáis, debo ir a cocinas,

que me tienen que enseñar el nuevo menú.

-Ah.

Para santos estoy yo.

Se me llevan los demonios cada vez que veo a Carlos

comportarse como un principiante.

Ah.

-Y supongo que no lo va a dejar a expensas de un milagro, ¿verdad?

-Supones bien, Domingo.

Estaba claro que el plan de mi hijo iba a fracasar en algún momento.

Así, que me he cubierto las espaldas.

Manolo, mañana, firmará ese maldito contrato.

-Hola. -Hola.

(RÍE)

¿Qué pasa, ya está?

¿Así recibes a una chica en la primera cita o qué?

-Ah, pues... ¿También puedo darte un beso?

-Hombre, en la mejilla, sí. -¿Sí?

-Sí. -Ah.

-Muy bien.

No sé, te suelo ver así, tan suelto, tan dicharachero, que ahora,

verte tan cortado, me impresiona, la verdad.

-No, si yo, en el fondo, soy muy tímido.

-Sí, claro, eso dicen todos. -Que no, te digo en serio.

Una cosa es el tonteo y tal y otra cuando hay que poner

la carne en el asador, que... -Oye, que vamos al cine, tampoco...

-Ah. Perdón.

Carolina, yo es que soy vasco. Estas cosas, pues no sé hacer y...

-Que sí, que estés tranquilo, de verdad.

Relájate, que te estoy tomando el pelo.

-Y más que me lo vas a tomar cuando te enteres de mi tema.

-¿Qué tema?

-Pues mi problema.

-¿Otra vez con eso de que en el País Vasco no sabéis ligar?

De verdad, ya está, no pasa nada.

-Ojalá fuera eso. Es un tema bastante más grave.

-Pero ¿qué pasa, tienes una malformación,

una tara o algo? Explícate. -A ver, el tema es que yo,

en esto del amor, no tengo mucha experiencia y...

-Con todo lo que has vivido, ¿en serio que no tienes experiencia?

Es que no me lo creo. -No quiero meter la pata.

Solo te pido que tengas paciencia.

Me gustas mucho, Carolina.

-Pues tranquilo, que voy a tener mucha paciencia,

porque tú también me gustas mucho a mí.

-¿Sí?

-Buenas, pareja.

¿Interrumpo?

-¿Qué haces tú aquí?

-Decirte a la cara que eres un "txakurra" de mierda,

eso es lo que hago aquí, ¿qué pasa?

¿Te gusta, "txakurra"? -No me hables en tu vida así.

-No me mires a la cara, que me das asco.

No solo reniegas de tu pueblo, sino que, encima,

decides quedarte lejos de tu patria.

-Venga, vámonos, no merece la pena. -Va, va.

-Ya veo que te has puesto del lado de esta gente.

Eres una vergüenza para todos nosotros. Judas.

-Ah. -Mira, como sigas hablando así,

te juro que llamo a la Policía. -Ya.

-Qué pena, Jon.

Qué pena.

Hasta dejas que te defienda una mujerzuela española.

-Eh, calla.

Calla, ¿eh?

-¿Que me calle?

Que me sueltes.

-A mí me dices lo que quieras, a ella no le dices nada.

¿Qué? ¿Qué te ríes?

¿Qué te ríes?

Sí, sí.

-¿Estás bien?

-Sí. -Es el de la pintada, ¿no?

-Sí.

-¿Qué hace fuera de la cárcel tan pronto?

Llamaremos a la Policía ahora mismo. -No, no vamos a hacer nada.

-¿Por qué?

-Porque ese chico es mi mejor amigo desde que tenía 6 años.

Por eso.

-Sabes que Boston cuenta con las universidades más prestigiosas

de los Estados Unidos, ¿no? -Sí.

-Lo pone aquí. La Atenas de América. -A ver.

Ay, muy cerquita. En Cambridge.

Mira, y está la Universidad de Harvard, ojo.

-Sí, sí, sí. -Y el Instituto de Tecnología

de Massachusetts.

Qué nivel. -Madre mía. Imagínate nuestro hijo.

-O hija. -O hija.

-Estudiando la carrera de leyes ahí, en Harvard.

-De leyes. Qué morro tienes. Tú quieres que sea abogado o...

-Que no. -Sí, con el legado de la abogacía.

-Que no. Me da igual lo que sea mientras sea feliz.

-Que no sea tabernero, hostelería no más.

He tenido El Asturiano, el King's... Estoy de la hostelería hasta aquí.

-Ya, pero imagínate que con lo mal que se come allí,

si al niño le da por abrir una taberna española allí,

se forra. -También es verdad.

Da igual, no hay que hacerse expectativas.

Que sea lo que quiera, pero que disfrute, que sea libre,

que le guste. -Eso es.

-¿Eh? -Y que sea feliz.

-Feliz. -Como tú y yo.

-Eso. -Somos felices ahora mismo.

-También te digo. -¿Qué?

-Va siendo hora de que hagamos una lista con los hombres

que más nos gustan, porque, a estas alturas,

todos los padres deben tener su lista.

-Ya, ya. -De chico, de chica.

-Ya la tengo, María.

Yo la tengo hecha. -¿Cómo que la tienes?

-La tengo, pero no te he dicho nada porque no te veía nunca

por la labor. -Pero ahora sí estoy por la labor.

-¿Ahora sí? -Ahora sí y yo le tengo que llamar

de una manera cuando hablo con él. O con ella.

-¿Que tú le hablas? -Sí.

Sí, sí. No te sabría decir cuándo empecé...

Bueno, cuando lo hiciste tú, supongo.

-¿Y qué le dices?

-Bueno, pues le digo que...

Que cómo está, que si tiene hambre, que me deje dormir,

que no me deja dormir. Nada, tontunas.

-Tontunas, no. Me parece precioso, mi amor.

-¿Sí? -Sí, me encanta.

-Al caso, a lo que yo iba.

Como no tiene nombre, le llamo Gorrión.

-¿Gorrión le llamas?

Qué bonito. Gorrión me gusta mucho. -Cariño.

Gorrión. -No me lo esperaba.

Gorrión. -¿Qué? ¿Le quieres decir algo?

-Gorrión.

Sabes que tu padre tiene muchas ganas de conocerte, ¿verdad?

-Sí, muchas.

-María, ¿eso ha sido el? -No, he sido yo,

que tengo mucha hambre. -Ah. ¿Tienes hambre?

Si tienes tú, tendrá el niño, ¿a que sí?

Te va a hacer tu padre unos huevos fritos, ¿quieres?

-No, frito no. Frito ya comerá cuando esté en Boston,

que ahí lo fríen todo. -Ahí tiene toda la razón del mundo.

Es que no me puedo creer todavía que nuestro hijo...

Que va a ser medio americano. -Bilingüe.

Ya te digo yo que hablará mejor inglés que nosotros juntos.

-Mejor que yo tampoco es difícil, la verdad.

-Cariño, si tú te adaptas a todo. En dos días, pareces uno más.

-Yo me adapto a todo siempre que esté a tu lado.

-Ya. -Y ojalá Gorrión sea

tan valiente como su madre. -Bueno, que sea feliz.

Y que tenga éxito y que cumpla sus sueños.

Y que tú yo estemos ahí para verlo. -Pues sí.

Que cumpla sus sueños, el que sea.

Ya sea de... De periodista, abogado, de lo que quiera.

-De lo que sea. -De tabernero...

-¡Ay, calla! -¿Qué?

-¿Sabes qué podemos hacer? -¿El qué?

-Que el niño tenga un perro.

-¿Un perro para el niño? -¿Por qué? Porque he leído

que es muy importante que los niños se críen con animales.

-Es verdad. Siempre quise tener un perro,

pero mi madre no me dejaba. -¿Por qué?

Porque les dan miedo. -Ya. Pues sí.

El niño tendrá un perro, dos, tres perros. Hasta un gato.

-A ver, para el carro. Lo primero, que se alimente bien.

-Importante. -Que nazca fuerte y sano,

como su padre. -Efectivamente.

Es muy importante que no le falte ni gloria...

-Eso. -...en la vida.

-Hablando de gloria. -¿Qué?

-¿Qué quieres comer? Hoy, lo que quieras.

A tus órdenes. Bueno, siempre y cuando esté en la nevera.

-No sé, sorpréndeme. No sé, lo que quieras.

-Pues prepárate. -Vale.

-Prepárate. -Sí.

-Gorriona.

(RÍE) -Gorriona.

¡Ay, madre!

¡Ay!

Ah.

Ah.

Ignacio.

-Voy.

-Ah. Ignacio, ven un segundo, por favor.

-Ya voy, mujer. -Ah.

Ah. ¡Ignacio, ven un segundo, por Dios!

-¿Qué?

Estoy viniendo. ¿Qué te pasa? -No lo sé, no sé, pero algo va mal.

-¿Cómo? ¿Qué te pasa? -Me está dando un pinchazo aquí.

Me duele mucho. -No me asustes. ¿Qué te pasa?

¿Cómo que un pinchazo? ¿Qué te pasa? -¡Que estoy manchando, por Dios!

-¿Cómo que estás manchando? -¡De sangre, de sangre,

que estoy manchando de sangre!

-No puede ser. -¡Oh, que me duele mucho!

-¿Cómo vas a sangrar? -¡Por Dios, llévame al hospital!

¡Llévame al hospital, por Dios! -Me estás asustando. ¿Estás bien?

-¡No, llévame al hospital, me duele mucho!

-Cuidado. -¡Ay!

No tengo tiempo, pero traigo buenas noticias.

Eso, lo de El Cascabel.

Que sí, que traspasan el local, nos lo quedamos.

Hay que firmar rapidito. He avisado a Manolo, viene también.

Por lo tanto, no diga nada que no deba.

Le ataré a las mesas hasta que haya que firmar.

Avisa a Benigna y a Manolita, que tengo unas alubias en el fuego.

Con Dios. Adiós.

Oye, marqués.

Voy a necesitar tu pabellón auditivo.

¿A ti no te importaría acercarte hasta El Cascabel

para sonsacar información?

Pero, claro, con discreción, con muñeca de torero.

Así, como quien no quiere la cosa. ¿Por quién me tomas?

Soy el Philippe Marlowe de Chamberí.

(Teléfono)

Sí, dígame.

¿Qué pasa, Ignacio?

Vamos a ver, Ig...

Pero... ¿Cómo que María está en el hospital?

¡Virgen santa! ¿Qué pasa ahora? A ver, tranquilo. Tranquilo, hijo.

Cuéntamelo todo. ¿Es por el embarazo?

-Ya tenía la firma de Paloma Yanque y todo lo demás fue pan comido.

-Pero ¿el marido ha firmado también?

-No fue necesario.

Con demostrarle que había estado con su mujer, era suficiente.

Ha visto que me es fácil acceder a su punto débil.

-Su mujer enferma.

-Eso es, y lo comprendió al instante.

Así, que no tuve que pedirle la firma.

Conceder los poderes a su mujer era suficiente.

Tu madre tenía razón.

Estaba en lo cierto y no la escuchamos.

¿A qué te refieres? Que vio a Ascensión en la clínica.

¿Cómo lo sabes? No sé si Ascensión fue a eso

o a qué, pero sé que se vieron.

Y lo del cementerio seguro que también fue cierto.

¿Cómo lo sabes?

Estaba en El Asturiano y me acabo de enterar.

-Que me estoy poniendo nerviosa.

-Ja. ¿Y eso por qué?

-Porque es un paso muy importante lo de irnos a vivir juntos de alquiler.

-Y muy emocionante.

Voy a seguir, que tengo mucho trabajo.

-Sí.

Ah.

-Vamos a ver. ¿Te pasa algo? Que te veo rara.

-Es que...

-Ven, ¿qué pasa? -Te seré sincera.

-Sí. Venga, hombre, ¿qué te pasa? -Hay algo en la cabeza

que me reconcome y me encantaría decírtelo.

-Menuda suerte tienes, Luisita, estando rodeada de estos personajes:

tu abuelo, Amelia... ¡Madre mía!

Qué entrevista, qué labia, qué desparpajo.

Pero ¿has escuchado la entrevista por la radio?

Pegado estuve ahí. La chica va a llegar lejos, ¿eh?

Por cierto, Luisita.

Me pareció muy bien eso que dijo de que no tenía el corazón ocupado,

así no levantáis sospechas. Escúchame, marqués.

¿No quieres que te cuente yo cómo me dio las gracias Manolo

bajándose los pulgueros en la mitad de la plaza?

En otro momento. Te pregunto a ti, Luisita,

¿crees que cuando Amelia sea una estrella,

se acordará de que fuimos vecinos? Con los famosos nunca se sabe.

-Álvaro, es que... De verdad, no quiero que haya malos entendidos.

No quiero hacerte daño.

-Pues bésame suavemente, pero sin parar, por favor.

-Álvaro, de verdad, es que esto...

Esto no significa que yo quiera volver contigo.

Esto es sexo sin compromiso, ¿sabes?

-Lo que tú digas, lo que tú digas. -Álvaro, lo digo en serio.

-Que sí. -No quiero que te sientas utilizado.

-Está todo bien, que sé que son tus hormonas.

Que soy como un muñeco para ti.

Doña Ascensión, Carlos. (DOÑA ASCENSIÓN) Hola.

Judas.

-Yo también te quiero, Pelayo.

-Bueno, bienvenidos a todos.

Que nos hemos llevado una gran alegría

cuando nos hemos enterado que se han puesto de acuerdo.

-Aquí tiene el contrato.

Así que, si lo firma cuanto antes.

¿Las otras dos socias?

Las otras dos socias, si lo dice por Benigna y Manolita,

no hace falta que vengan, porque le han dado poderes a mi padre.

Que firma mi padre y listo.

Bien.

Bueno, si el contrato tiene todos los sacramentos,

¿dónde hay que firmar? Ahí, en la última página.

-Te estaba esperando.

¿Podemos hablar? -No.

Tengo mucha prisa, tengo que subir a casa de mis padres

para cuidar de mis hermanos.

-Quiero contarte por qué dije lo que dije en la radio.

-Ya ha quedado claro, Amelia.

Estás esperando al hombre que te haga feliz, ¿no?

-Luisita, lo dije para callar los rumores

y recuperar mi trabajo en la película.

-Ya. -¿Y sabes qué?

-¿Qué? -Ha dado resultado,

porque me ha llamado el productor

y me ha dicho que escuchó la entrevista

y que fue todo un malentendido.

Vuelvo a ser la protagonista.

-Te tengo que hablar de Jon.

-Pues no sé dónde está, porque anoche no le vi y,

esta mañana, cuando me he despertado,

se había ido. ¿Por qué? -Ya. Porque ayer quedamos

para ir al cine y, al vernos, apareció Iker.

-¿Cómo?

Eh... ¿Iker está aquí, en Madrid?

-Iker es quien ha hecho la pintada, Miguel.

-No puede ser.

Que no puede ser, no puede ser. No, Jon me dijo que no.

-Que sí, pero te mintió, a todos.

-Que no sé si lo que estamos haciendo está bien.

-No, no, tienes razón, tienes razón. Puedo hacerlo muchísimo mejor.

Al final, no me he marchado.

Eh... ¿Tú cómo estás?

Pues no tan bien como tú.

¿Por qué lo dices?

¿Qué pasa, que te has quedado para pasearte

delante de mis narices con la gentuza que me ha demandado?

Ayudo a su madre porque está enferma,

como enfermera que soy. Ah.

Y es conveniente traerla a beber cerveza, ¿no?

Ya veo que estás enfadado. No, no, qué va.

Solo me pregunto por qué. ¿Por qué...?

¿Por qué no ayudaste a mi padre a ponerse una mascarilla?

Por favor, no saques eso otra vez. Te lo pido, por favor.

-Me he quedado porque necesito saber por qué lo has hecho.

-¿Por qué he hecho el qué? ¿El qué?

-Traicionarnos, dejar de luchar por nuestro pueblo.

¿Ya no te importa la opresión, la injusticia?

Todo por lo que hemos luchado desde chavales.

-Te aseguro que lo pienso cada mañana.

-¿Y cuál es tu respuesta, eh?

Que te has vendido al Estado represor.

-Sigo pensando lo mismo que cuando entré en la organización,

pero me he dado cuenta que nos metían mentiras en la cabeza.

-Si es que te vas, Benigna.

¿Quién me va a aguantar a mí, ahora, mejor mis tontunas

que mi amiga Benigna?

¿Quién me va a dar mejores consejos, con más cariño?

-Bueno, pues...

Pues tu novia, sin ir más lejos. -Que no, que no, que no.

Que no, que no es lo mismo.

Donde esté un hombro amigo, pues eso, para quejarte de la novia

o para contrastar opiniones

y mi mejor hombro es que se me va, Benigna.

-Carlos es un soberbio, no tiene un ápice de compasión.

Solo piensa en él.

Tú reaccionaste mejor, pero es normal que Carlos

actúe así con lo que hice a vuestro padre.

Nadie sabemos cómo vamos a reaccionar

hasta que no estamos en una situación límite.

No tengo justificación.

Carlos tiene razón, soy una mala persona.

Qué dices una mala persona. No digas eso.

Sí. He mentido, he fingido, he manipulado a mucha gente.

Me he dejado llevar por la rabia y he hecho cosas horribles.

¿Por qué lo hiciste?

Por tu hermano y por tu novio.

Y ahora están muertos, Ana, muertos, por culpa de Carlos y su familia.

Que no te lo quería decir, porque me dijo Ignacio que no te dijera

nada hasta que no volviera del hospital con noticias.

Del hospital con noticias. ¿Qué pasa?

Ayer, María, que empezó a manchar e Ignacio se la llevó corriendo

al hospital. Ah.

¿Y no me dices nada en todo el día? ¿Has ido al hospital?

No he ido al hospital, no, no. Me hubiera gustado, pero no.

No, he respetado lo que ha querido Ignacio

y me he quedado aquí.

Pero estoy muerta del susto y de la preocupación.

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