All language subtitles for LAS HADAS 1966

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Original subtitles

LAS HADAS

Cuidado con el perro.

LAS HADAS

El hada Sabina

¡Socorro!

¡Socorro! ¡No!

¡No, socorro!

¡Vete!

¡No! ¡Vete! ¡No!

¡Suéltame! ¡No!

¡Vete! ¡Socorro!

- ¡Ven aquí! - ¡Socorro! ¡No!

- ¡Quieta! - ¡No!

¡No! ¡Vete!

¡Socorro! ¡Socorro!

- ¡Quieta! - ¡No! ¡Socorro!

- ¡Quieta! - ¡Suéltame!

¡Socorro! ¡Socorro!

¡Deténgase! ¡Policía! ¡Deténgase!

¡Señorita!

¡Señorita!

Estoy malherida.

Señorita, ¿qué ha sucedido?

No se caiga.

- Estoy malherida. - Ánimo.

Cálmese. Ya ha pasado todo.

- ¿Por qué? ¿Qué le hice? - Yo me ocuparé de todo.

Mi pie...

Pero por qué...

Apóyese en mí. Venga al coche.

¡Mis zapatos! Quiero mis zapatos.

Ahí está... menos mal.

- Mis zapatos... me he hecho mal. - Acomódese.

Si al menos le hubiese dado algún golpe a ese...

- Parini, mucho gusto. - Encantada.

- Tengo frío. - Es la reacción. Debo tener alguna manta.

- Espere, ahora se la traigo. - Sí, por favor.

Cierta gente debería permanecer en la cárcel.

Y no pasearse libremente.

Tengo una hija de su edad,

y si le pasara algo así, palabra de honor que...

Tápese, tápese.

Esto será... el shock, el estrés.

El trauma. ¿Qué será de este estrés?

¿Cómo se encuentra? ¿Mejor?

No lo sé. Me duele todo.

Siento haberle causado tantas molestias.

- Pero no... - Yo vivo en Parioli.

Pero puede dejarme en un taxi en Roma.

No, no es eso... Pero ustedes, las muchachas, tengan más cuidado...

¿Quién era él? ¿Lo conocía al menos?

No...

Me lo encontré en la casa de unos amigos en Circeo.

Había mucha gente. Ni me lo presentaron.

- ¡Mi pierna! - Ahora la llevaré al hospital.

No, no tiene importancia.

Dígame, ¿cómo ha sucedido?

A la vuelta.

Se ofreció a llevarme a casa en el coche.

Parecía buena gente.

Parecía un embajador.

Y luego los dos juntos...

No sé lo qué le pasó.

Pero ahora cálmese. No ha pasado nada grave.

Me he hecho daño en la nariz.

Lo ve... Ahora tengo todo hinchado.

Fíjese que en la pelea se ha roto todo el...

Al menos los botones se han salvado.

Los botones se han salvado.

- ¿Quiere acompañarme al bar? - No, gracias, lo espero aquí.

Lo siento, pero debo cargar gasolina.

Dos mil. Súper.

- Tal vez... - Sí, diga.

Ya que es usted tan amable, tomaría un helado.

- ¿Un helado? - Sí.

¿A esta hora? ¿No tenía frío?

- Ya se me ha pasado. - De acuerdo.

¿Puedo encender la radio?

Todo lo que quiera.

¡Limón y fresa!

- Muy bien. - Gracias.

¿Pero no ves que me mojas?

Limón y fresa.

Gracias.

- Tenga. - Gracias.

Esto es para usted.

Gracias.

Se ha equivocado.

Esto no es limón.

Es de turrón.

Bueno, espero que esté igual de bueno.

¿Le gusta el de turrón?

¿Le gusta?

No.

El muy cerdo.

¿Qué le habrá pasado por la cabeza?

¿A quién? ¿A Julio?

- Ah, lo conocía. - No, solo oí su nombre.

¡Ya recuerdo cómo empezó! Esto me dijo...

Me dijo: "¿Dónde habrás comprado este vestido?"

Así fue.

Bueno, efectivamente...

- ¿Qué? - Pues, es un poco, digamos que...

...atrevido. - ¿Atrevido?

Un vestido así, de lana. Está bien, para usted es atrevido.

Entonces las monjas son atrevidas.

Si fuera de organdí que es muy fino y transparente.

En ese caso le daría la razón.

Pero un vestido como este. Todo abotonado.

Porque ya ve que está todo abotonado, ¿le parece atrevido?

Si es de lana...

Pues ahora nada. Se acabó.

Me pongo un uniforme hasta arriba.

Eh, sí.

Empiezan siempre así, ¿verdad? Hablando del vestido, de la lana...

Alguna pregunta íntima.

Y..

¿Luego qué le dijo, por ejemplo?

No lo sé.

Por ejemplo...

"¿Por qué no llevas corpiño? Lo haces a propósito".

- ¡Yo! - ¿Por qué no lo lleva?

Nunca lo uso porque me deja marcas.

Sí, pero sin el corpiño, en fin, se ve.

¿Qué se ve?

Ah, sí, se ve. ¡Pero se tiene que ver!

Es el modelo. ¡No por eso soy una...!

"¿Esto es de seda?".

No, es de algodón puro.

No... él me preguntó si era de seda,

y me metió la mano aquí. - ¿Así? ¿Sin más?

¿Es que lo ve desde ahí si es de seda?

Cerdo.

Tócalo en el brazo, o pregúntame si es de lana.

Yo me visto siempre de lana.

Porque siempre siento frío aquí, en la boca del estómago.

Puede que tenga alguna enfermedad.

Lo ha arruinado todo.

Me agarró, me golpeó y me arañó toda.

¿Pero qué le pasará por la cabeza?

Perdone.

¡Siempre cambiaba! ¡Segunda, tercera, tercera, cuarta!

- En la autopista. - Pero ¿no podía estar usted... así?

No es posible. Tiene corte oblicuo, se baja solo.

Entonces, si no quería taparse...

...podía haberse apartado un poco. - ¡No tuve tiempo!

De repente me puso la mano aquí.

Sentí un frío, un hielo...

¿Qué le habrá venido a la cabeza? Y se la quité.

Me la puso, se la quité, me la puso...

Cuidado. La comprendo.

Usted cree que ha sido culpa mía.

- No he dicho eso. - Me quedo aquí tranquila, sin decir nada a nadie.

Ya ha quedado claro.

El vestido no, porque voy medio desnuda.

Las piernas no, porque estoy muy descubierta.

¡Siempre tienen la razón los hombres! ¿Y qué me dice de la mordedura?

- Mire cómo me ha mordido. - ¡No veo!

- ¿La ve? - ¡Señorita, por favor, no veo la carretera!

Está bien.

La culpa es mía. Será que no soy simpática...

Pero qué cerdo.

- ¿Y luego usted qué hizo? - Me hice la dormida. Así.

Quieta, quieta. Así no me apretaba nada.

Tranquila, tranquila. Y en cierto momento siento un ruido...

Como un mosquito...

Era él. ¿Sabe lo que me dijo?

Así.

- ¿Y usted? - Nada.

Nada. Me quedé ahí, inmóvil.

Así, como un ángel.

Y ahora... pero qué pasa, esta mano...

que me atraviesa toda. ¡Esta es la mano del monstruo!

¿Adónde va? Baja...

Baja... ¿Pero qué pretende?

¿Qué tendrá en mente?

Baja. Me aferra...

¡Me agarra!

¡No! ¡Socorro!

¡Quiero bajar! ¡Socorro!

¡Quiero bajar! ¡Socorro!

¡Espera!

¿Dónde vas?

¡Espera!

- ¡Ven aquí! - ¡No! ¡No!

- ¡Ven aquí! - ¡No! ¡No!

¿Dónde vas?

¡Espera!

¡Señor!

- ¡Me escapo! - ¡Por favor! ¡Por favor!

¿Pero por qué?

¿Pero por qué? ¿Qué le he hecho yo?

Es increíble, una agresión en pleno día.

¿Cómo ha ocurrido?

No lo sé. Yo estaba ahí, una persona tan amable...

Parecía un embajador. Yo estaba contándole...

¡Ah, no! ¡No, no, no! Yo ya no cuento nada.

Está bien, no lo cuente. Como quiera.

Vamos, suba. Suba que la llevo.

¡Ah, no!

¡No pienso subir!

No. No subo. Yo me quedo aquí, en la carretera.

Ya pasará alguien.

Me ayudarán. Vendrá la policía, los guardias, alguien.

Espérelos.

Ahí veo una aguja.

Como quiera, yo me voy.

Permiso.

¡Cómo ha quedado este vestido!

Será culpa mía.

Que no me explico bien.

Será eso.

Así al menos no podrán decir que se abre...

¿Lo ve? Esto, mínimo, es un hematoma.

No, es un rasguño. Se curará enseguida.

Hasta luego.

¡Oiga! Si insiste, lléveme...

...para telefonear a alguien.

Déjeme al final de la carretera. Allí espero poder llamar.

Claro, era lo que estaba diciendo. Suba, señorita. - Lo hago sola, gracias.

Quieto, quieto.

¿Sabe por qué le ha ocurrido eso?

Sí, lo sé.

Porque no llevo nada, porque enseño las piernas,

porque mi vestido es de lana... También porque no veo bien.

No, no es por eso.

Los italianos se excitan hasta con las mujeres en las publicidades de la TV.

¿Y sabe por qué? Porque están insatisfechos. Les falta libertad.

- Yo he notado que aquí, en Italia... - ¿Es usted extranjero?

Sí, soy de San Marino.

- No se le nota por el acento. - Gracias.

Le decía que he notado que en Italia se ha convertido en una obsesión.

Cierto, no piensan en otra cosa.

Pero me dijeron que en Nueva York te puedes morir en plena calle,

que allí nadie se detiene. ¡Qué civilización!

También en Inglaterra es diferente.

Cuántas veces he estado en la cama con una chica...

...incluso con dos. - Se entiende.

Entraban, dormían, se iban y sin que yo me sintiera en el deber de...

- Y nunca pasó nada. - ¡Pues claro!

Imagínese que aquí en Italia siempre que he estado en la cama...

con un hombre, se terminó haciendo siempre lo mismo.

Con lo fácil que sería estar juntos en la cama, así...

Se ve que aquí hay otros intereses.

En Londres son más... Hay más ideas, una libertad absoluta...

Cada uno viste como quiere. Va descalzo, vestido con piel de cabra...

Como en Abruzzo. Lo sé.

Solo que hay pederastas.

Pero cuando tienes más de 12 años ya vas tranquila, no te pasará nada.

¿Por qué ha parado?

¿No quería llamar?

Ahí tiene un teléfono.

Creo que de usted me puedo fiar.

Si me permite, voy a llamar yo. Disculpe.

- Casi me da vergüenza... - ¿De qué?

Tanto hablar mal de los italianos, y ahora voy a llamar a una chica.

Pero es una relación seria, se lo juro. Perdóneme.

Claro que no.

Estoy en la carretera.

Vuelvo contigo.

Porque no puedo estar sin ti.

No puedo estar lejos.

¿Qué me importa el trabajo? Puede esperar.

Solo pienso en esta noche.

¿Y tú?

¿Qué estás haciendo?

¿Dormías?

No, no me lo digas... ya sé lo que estabas soñando.

Soñabas con hacer el amor.

- Señor. - ¿Sabes lo que me pasa?

Que el día posterior es peor que el día anterior.

Soy como la bestia de Dante, que después del banquete tiene más hambre.

No. No te levantes, espérame en la cama.

Llegaré enseguida.

Entraré despacio, sin hacer ruido.

Y serás mía.

Sabes que no puedes defenderte.

Siempre venzo yo.

Claro. Nada...

Nada podrá pararme.

De acuerdo, como quieras.

Lo haremos como aquella vez en Lugano.

Tú me desnudarás,

pondré nuestro disco...

y después...

Un poco de paciencia, amor.

Paciencia. Claro que recuerdo todo.

Todo, todo, como...

Como si fuéramos solo un cuerpo.

Eres tan...

...rosada.

Una caricia larga larga...

Sí, amor, enseguida voy...

Y estaré tan cerca de ti.

Tanto que no podrás mirarme a los ojos.

Tu cuello blanco...

...blanco, blanco.

Tendré ganas de...

Repite conmigo.

Yo te consumo...

Tú me consumes...

Nosotros nos consumamos...

Nos consumamos.

Quería decirle...

que yo también soy muy rosada.

Muy bien.

Tengo el cuello... blanco.

Y creo poder consumar perfectamente.

¡No! ¡No! ¡Deténgase!

¡Deténgase!

¡Quieto! ¡Quieto! Señor, no tema...

¡No le haré nada!

El hada Armenia

Oye, ¿dónde está Armenia Bianchini?

- Por allí. - Gracias.

¡Permiso! ¿Hay alguien?

Bueno, ¿qué tienes? ¿Cómo estás?

¡Deje a mi niño! ¿Quién es usted?

Soy el médico. He recibido una llamada urgente.

Ha sido usted, ¿no?

¿Tiene cien liras?

- ¿No querrá poner otro disco? - Sí.

Al niño le gusta mucho.

No puedo examinarlo con semejante ruido.

¿Usted es el médico al que he llamado?

Soy el doctor Spascianni.

Salud Nacional.

- Hay que desnudar al niño. - Adelante.

Pero no hace falta. Solo es un golpe en la cabeza.

Se cayó.

¿Cómo se quitará ese golpe?

Escuche, señora. Los médicos del centro de Salud Nacional...

solo visitamos a pacientes que no se mueven.

Y no es el caso de su niño.

Si quiere que lo examine, tráigamelo a la clínica mañana por la mañana.

De 9 a 12. Buenos días.

¿Pero se va? No entiendo nada.

- Tráigamelo mañana temprano. - ¿Entonces está enfermo?

No... No lo sé. Parece que está bien.

- Pero quiero asegurarme... - Dígame la verdad, doctor.

Si mi hijo se muere, me mataré.

No, ¿pero qué dice? Tranquilícese.

El niño parece estar muy bien.

La hinchazón desaparecerá en dos o tres días.

No, debe desaparecer antes. Enseguida.

Lo siento, pero eso es imposible.

Entonces haré las cosas según las reglas.

Lo llevaré mañana a la clínica.

De todas formas, le vendrá bien respirar un poco de aire fresco.

Pobrecito...

¡Doctor!

Me debe cien liras.

Mejor 200, por parar el giradiscos dos veces.

- Vamos, vamos. - Siéntese, señora.

Siéntate.

Portate bien.

¿Quiere un caramelo?

No, gracias. El niño es muy pequeño.

Señora.

Señora.

La he dejado pasar porque tiene que hacer la compra.

Yo no tengo prisa.

Todo lo que tenía lo he gastado para venir aquí.

Ha sido muy amable.

Me ha dado 500 liras por dejarla pasar.

Si es por eso, yo también le puedo dar si me deja pasar.

Está bien. Yo tengo mucho tiempo y...

¡Señora! ¡Señora!

- Pase. - Pero la señora está antes.

No, pase usted primero.

Desviste al niño.

Y dale las gracias a Dios por no llamar a la guardia.

¿Pero qué he hecho?

Lo sabes perfectamente.

Pues no lo sé.

Estás aquí desde las nueve de la mañana dándole tu turno a los demás.

- ¿Está prohibido hacer un favor? - ¡Pero si te pagan!

- Eres una estafadora. - Ojalá me hubieran pagado.

Sería rica. Pero no tengo ni para el autobús.

Ah, ¿sí?

¿Pero qué hace? ¿Está loco?

¿Y esto qué es?

¡Me ha metido mano! ¡Ayuda!

¡Me ha metido la mano en el escote!

¡Es un maníaco sexual!

Es una pobre desequilibrada.

¿Está loca?

¿Tiene miedo?

Lógico. Soy menor de edad...

Ahora llamaré a la policía para que te detengan.

Se le van a quitar las ganas de reír. Ya verás.

- ¡Es un perro! - No eres otra cosa que un desgraciado.

Nadie siente respeto por la gente pobre y honesta.

¿No te da vergüenza? Delante de esta pobre criatura.

¿Qué hace usted ahí? ¡Márchese!

Toma a tu pobre criatura.

¡Y lárguese!

¡He dicho que se vaya! ¿Ha entendido?

Le he dicho que se largue. ¡Fuera!

Te gustaría, ¿eh?

Pero para venir aquí he gastado dinero.

Examine al niño.

Toma. Llévalo adonde quieras. ¡Pero no te quiero volver a ver!

¡Vete enseguida! ¡Fuera!

Tienes miedo que te arruine la carrera, ¿eh?

- Hola, doctor. - Ahora también hay mujeres.

Tú escríbele al abogado y le haces un buen informe. Le das cinco días...

Soy la encargada del párking.

- Sigo aquí. - ¿Qué haces?

- No estoy aquí por caridad... - Lárgate.

- ¿Quiere que le cuide el coche? - Cuida, cuida.

Permiso.

Perdón. Señora, ¿me deja pasar?

El niño aún no ha comido, debía comer a las once.

Señor, ¿me deja pasar? Aún no ha comido.

Llevo toda la mañana de una ventanilla a otra.

Todo por un sello. Pobrecito, debía comer a las once.

- Perdone, ¿le importa sostenerme esto? - Pero dese prisa.

No te muevas.

¿Me lo sella?

- Ahí lo tiene. - Gracias. ¿Ha visto? Gracias.

¡Señora, su niño!

¡Ah, cierto! ¡El niño!

Gracias.

- Gracias. - De nada.

Permiso.

Aquí tiene.

Gracias.

Adiós, doctor.

¿Te acerco a casa?

No, gracias. Vine caminando para hacer un poco de ejercicio.

- En un mes he engordado tres kilos. - Vamos, hombre.

Te daré yo la dieta. Ven conmigo.

No has entendido nunca cómo son las cosas.

Sin remedio, no hay esperanzas.

Esposas o prostitutas.

A ellas les importa un comino que estés gordo.

En cuanto al resto, olvídalo.

Si consigues una cita...

en el último momento ¡tac!...

tienes una llamada urgente de alguien que se está muriendo.

Pero mira a esta.

¿Quién es?

- Espera un momento. - ¿Adónde vas?

- ¡No puedo parar aquí! - Da una vuelta. Te espero aquí dentro de cinco minutos.

- ¡Ufa! - ¡Un momento!

Estaba seguro que la encontraría algún día.

Ha hecho muy bien. ¡Bravo!

Bueno, ¿te va bien así?

Al menos tengo a alguien que me mantendrá...

si me arrestan.

Mi marido no se ocupa.

¿Pero tu marido qué hace?

No lo sé.

No es ni siquiera mi marido.

Solo lo he visto tres veces en mi vida.

La primera me dejó embarazada.

La segunda intentó quitarme al niño...

...y la tercera vez... - ¿Sí?

Mejor olvidarlo.

Pero...

Habría jurado que tenía los cabellos negros.

- Se los he teñido. - ¿Teñido?

¿Por qué? ¿Hace mal?

Se parecía demasiado a su padre.

Cierto que no es bueno.

Bien.

Buenas noches.

Aquello que le dije...

¿Cómo?

Lo que le dije no era verdad.

No he llamado a la policía.

Buenas noches.

Espere.

Ha sido muy amable conmigo.

Me habría puesto contenta si me hubiese hecho arrestar.

¡Necesito comida para mi niño!

Téngamelo un momento.

¡Spascianni!

Tenga paciencia, señora.

Usted me ha dicho que la señora Armenia vino luego de la primera llamada.

¿Le ha avisado? ¿No?

Entonces explíqueme por qué todavía no ha pasado nadie. Aquí no ve a nadie.

Está bien, entiendo.

Disculpe.

Buenas noches, señora.

Tienes hambre, ¿eh?

- Hasta pronto. - Adiós.

- Acuérdate, ¿eh? - Chau.

¿Dónde está mi niño? ¿Dónde lo has metido?

- ¿Todo en orden, doctor? - ¿Qué hora es?

- Son las tres y media. - Bien, buenas noches.

Tú me has hacho una broma.

Pero yo te denunciaré por rapto de menores.

¿Dónde está el niño?

Enseguida lo supe desde el mismo momento en que lo conocí...

¿Dónde está el niño? Supe que usted tenía malas intenciones.

Cuando me dijo que se lo llevase al ambulatorio.

Ahora lo arrestarán. ¡Lo arrestarán!

¡Y yo no haré nada para impedirlo!

- ¿Dónde está? - ¡Dejése ya de tonterías!

¡Sabe perfectamente que el niño estaba aquí!

Llovía y no tenía dinero para el taxi.

Además, estaba tranquila.

¡Aquí está!

Hola, ¿cómo estás?

¿Lloras porque tienes hambre?

¿Tienes hambre?

Está bien.

¿Quiere saber por qué no he venido enseguida?

Me entró la tentación.

Pensé: "Se lo dejo,

con el doctor será más feliz".

Después he empezado a sentirme mal.

¿Verdad que habrías sido más feliz con el doctor?

¿Verdad? Mira qué cuna tan bonita te ha comprado.

¿Estás contento?

Sabes que él tiene mucho dinero.

No se lo he comprado yo. Una clienta lo ha dejado aquí.

Puede quedárselo si quiere e irse.

También te ha cambiado.

¿Dónde ha metido su ropa?

En el baño.

Bonita casa. ¿Pero usted está solo en esta maravilla?

- Viene una señora a limpiar. - No, digo que si no tiene mujer.

¿Dónde está el baño?

Enseguida salgo, enseguida salgo.

Ya que estoy aquí, me bañaré.

No tengo ese lujo en mi casa.

No se preocupe.

No haré ningún ruido. Y lo dejaré todo en orden.

Es mejor que se acueste. Tiene que levantarse temprano mañana.

¡Y no mire por la cerradura!

¿Quién es?

He estado tanto tiempo en la bañera que me ha dado frío.

Hágame un sitio para que me caliente un poco.

Vaya.

¿Diga?

Tenía miedo de que le hubiese pasado algo.

Son las diez y media.

¿Las diez y media?

¿Porqué no me ha llamado antes?

Ya lo he llamado antes, pero no respondía nadie.

Sí, sí. Está bien, voy enseguida.

Usted tiene que saber si el doctor está en la consulta.

Sí, pero ahora no puede hablarle.

Dígale que Armenia Bianchini quiere verlo un minuto, un segundo.

Yo le diré cuando puede verlo. Ahora no puede interrumpirle.

No puedo estar esperándolo por horas.

No quiero verlo profesionalmente. Es algo personal.

Haga lo que le diga y espere.

¡Haga usted lo que le digo yo!

No pienso aguantar órdenes de nadie y menos de usted.

- Póngase en la fila como el resto. - Pero no tengo al niño.

- ¿Qué fila haré? - El doctor está ocupado. - Anúncieme.

Esta señorita insiste en verlo por asuntos personales.

Es algo muy urgente.

Un momento, señora.

¿Qué sucede?

He venido a despedirme. Me marcho.

Espera un momento que termine con la paciente.

No puedo, tengo prisa.

He dejado al niño en tu coche.

No quería que sepa lo que ha ocurrido entre nosotros.

¿Pero qué quieres que sepa si tan solo tiene siete meses?

¿Dónde has estado todo este tiempo?

Desapareciste.

¿Yo? ¿Y tú?

Primero te acuestas conmigo y ...

después te olvidas de mí. ¡Me habían dicho que todos los médicos era unos cerdos!

Y encima con una menor de edad.

Eres mayor de edad, y tú fuiste quien se ha metido en mi cama.

Solo quería un poco de calor.

Igual no he venido a culparte.

En cierto sentido me está bien.

He entendido que en esta ciudad ...

una chica de bien no puede estar.

Mi hermano ha venido a recogerme.

Me ha perdonado.

- Me marcho con él. - Pero ¿adónde va?

Espera un momento, espera un momento.

Hablemos con calma.

Yo quiero hacer algo por ti.

Sí, he pensado, yo he pensado...

¿Quiere hacer algo? ¿En qué sentido?

Bueno, yo...

quiero ayudarte a resolver tu situación.

Entonces dame 50.000 liras.

Es un préstamo, pero los quiero enseguida. Es más, ahora.

¿50.000 liras?

¿Y ahora?

Es imposible que no me hayas pedido otra cosa.

¿Por esto has venido?

Dime la verdad. Es por esto por lo que has venido.

¡Di la verdad, di la verdad!

¡Armenia!

Déjame en paz. Ya no quiero saber nada.

¡Ni aunque se arrodille!

- La chaqueta. - ¿La chaqueta?

¡Sí, la chaqueta!

¡Ayuda! ¡Policía! Se han robado a mi niño.

- ¿Está segura? - Sí. ¡Ayuda!

No es posible. Dice que su niño estaba aquí dentro.

- ¿Qué ha ocurrido con el niño? - ¿De quién es este coche?

Es mío.

Antes este coche no estaba aquí.

No, doctor, era un coche igual al suyo. Estoy seguro.

Porque un señor me ha rogado

que estuviese atento

para que nadie se ponga adelante y así pueda salir rápidamente.

Porque iban a sacarle un diente

y después se debía ir a Fiumicino

para tomarse un avión.

¿Cúanto tiempo hace?

Hace unos diez minutos.

- Pero no he visto ningún niño en el coche. - ¡Sí, dormía detrás!

- No estaba. - ¡Sí!

¡Calma! ¡Calma a todos!

Usted llame a la guardia del hospital, telefonee a todas las comisarías...

y a la policía del aeropuerto.

Haga todo en nombre mío.

- Tiene siete meses y es rubio. - ¡Moreno!

Moreno.

¿Cómo moreno? Pero si era rubio...

Ahora es moreno.

La última vez no era rubio.

He dicho que es moreno.

- Pero yo lo he visto rubio. - Lo has visto moreno.

Doctor..

¿Tal vez sea mejor que telefonee usted a la policía?

No, no, nosotros tenemos que ir con el coche al aeropuerto.

Usted vaya. La madre que venga conmigo, aprisa.

- Señor, no puede aparcar ahí. - Hemos perdido a un niño en un coche.

Yo no sé nada de un niño. No puede aparcar ahí.

Ya se lo hemos notificado a la policía. Venga, venga...

¡Oiga!

¡Atención! El propietario de un auto Fiat 500, proveniente del ambulatorio de Lina

debe presentarse en la oficina de información.

¡Atención! Empleados del servicio de parking, el que tenga noticias...

¿Ha escuchado?

Hay que apurarse. El aviso ya se ha dado al servicio del parking.

¡Vamos, joven! Revise todos los coches del aparcamiento.

¿Por qué esta indiferencia?

¡Búsquelo!

¡Hay un nene perdido! ¡Podría esta muriéndose asfixiado en un coche!

¡Esperen! Lo he encontrado.

¡Lo he encontrado!

¡Paren todos!

¡El niño ha aparecido!

Pero ahora es un chino.

¡Oh, Dios! ¿No es él?

¡Poitier!

- ¡Poitier! - ¿Sí?

- Mi hijo. - ¿Qué pasa?

- Mi hijo, mi hijo. ¡Ha desaparecido! - ¿Qué sucede?

¿Pero entonces de quién es?

No lo sé, estaba en la misma cuna que me había dado usted.

Estaba partiendo.

Vamos a reportarlo.

¡Vamos a reportarlo!

¡Madre mía!

¿Y este quién es?

¡Atención!

¡Atención!

Advertimos a la señora Armenia Bianchini, repetimos, la señora Armenia Bianchini...

que su niño ha sido encontrado.

¡Ahí está! ¡Ahí está!

Debe presentarse enseguida en el puesto de policía. Gracias.

"¡Atención! Se solicita que la señora Armenia Bianchini repito, señora Armenia Bianchini

se presente a recoger a su hijo".

Déjame a este. Ve a buscar a tu bebé y vete.

No, lo llevo yo.

¿Por qué tanto misterio?

Les diré que me he equivocado.

¿Ah, sí? ¿No sabes que acabarás en un lío mucho mayor?

¡Vete! Yo me ocuparé de todo aquí.

¡Hermoso, hermoso!

¿Pero qué haces? ¿No te vas a casa?

¿Y si es usted quien tiene el lío?

Esperemos que no.

Te espero en casa.

Total no me marcharé con mi hermano.

No tengo el dinero.

No se va.

¿Qué hará ahora?

¡Armenia!

¡Hola!

- Tu madre se ha ido... - Este es mío.

- ¿Está segura? - Sí.

Le dábamos la criatura para que lo cuide.

Nosotros trabajamos en una fábrica.

A Armenia no le gusta trabajar. Se ha ido con un joven.

Tiene un auto con un cisne encima.

Es una pena que se haya ido, créame.

Esperemos que vuelva enseguida.

El hada Elena

Hola, Elena. ¿Cómo estás?

Hola, Luigi. Bien.

- ¿Puedo? - Claro.

Disculpa, Elena, ¿tu marido ha dejado un cheque para mí?

Sí, he hablado con Alberto hace una hora.

Me ha dicho que estaba cansado y que se iba a descansar.

Pero que me habría dejado el cheque y no tendría que molestarlo.

No lo sé, tal vez se lo habrá olvidado.

Si quieres, puedo despertarlo.

No, no pasa nada. Déjalo dormir.

Lo esperaré con gusto diez minutos.

Buenos días, ingeniero.

Vamos a despedirnos de mamita.

¿No le dices adiós a Luigi?

- Chau. - Chau.

- Elena, ¿está la criada en la cocina? - No, creo que ha salido.

¿Por qué?

Disculpa, quería tomar un poco de bicarbonato. ¿Tienes?

Si esperas un poco a que acabe este hilo, yo te lo preparo.

No, no hace falta. Yo me apaño.

- ¿Sabes dónde están los medicamentos? - Sí.

No lo encuentras, ¿verdad?

- ¿No estaban aquí los medicamentos? - Lo he cambiado de sitio.

Déjamelo a mí.

Sujétame la escalera.

¡Oh, agárrame, Luigi!

Por poco.

Nunca tenemos los medicamentos al alcance de la mano.

Con los niños es peligroso.

Y el personal de servicio es peor que los niños.

Se lo dije a tu mujer un día.

Tienes razón. Eres una esposa estupenda.

La tuya también. Es una ama de casa maravillosa.

No como tú.

Qué calma que hay aquí.

Sí...

Mi dolor de estómago ha desaparecido.

Recuerdo que en fin de año te sentías mal.

¿De veras? Me había olvidado.

Estabas muy pálido.

Tal vez había bebido demasiado. Soy un pésimo bebedor.

Puede que sea el hígado.

No deberías llevar nada apretado alrededor de la cintura.

No las uso nunca.

Mírame.

No llevo cinturón.

Yo tampoco uso ningún cinturón que me oprima el vientre.

Sentada bordando como siempre estoy. No podría resistir.

¿Qué ocurre?

Nada.

¿Por qué?

Tienes una cara rara.

¿Estás mal?

¿Dónde está el vaso?

Elena, ¿qué sucede?

No sé.

Nunca lo había imaginado.

Ni yo.

¡Luigi!

¡Luigi!

¡Señor Luigi! ¿Qué hace?

¿Qué está mirando?

Miraba el jardín.

Miraba el jardín y...

- Cuidado. - No me encontraba bien. He tomado un poco de bicarbonato.

- ¿Se ha despertado el ingeniero? - No sé.

No lo he visto. Nunca veo a nadie.

Y además he entrado por la puerta del servicio.

Yo casi que me voy por la puerta de servicio.

Salude al menos a la señora, que si no, se ofende.

¿Le caliento algo?

No, gracias.

Los voy a saludar y luego me vuelvo a casa.

Ni un pelo fuera de lugar.

Sus ojos son límpidos y serenos, como si nada hubiese sucedido.

Su aspecto es completamente normal.

Hola, Luigi. ¿Dónde te habías metido?

Como estabas durmiendo no quería...

Perdona, se me olvidó dejarte el cheque.

- Te haré una factura. - Pero si nunca hemos hecho ninguna entre nosotros.

Sí, claro, es verdad. Perdóname, pero...

Tengo que irme a casa. Tengo un poco de indigestión...

¿No saludas a Elena? ¡Elena!

Luigi se va. Te quiere saludar.

Chau, Elena.

Tengo que darte una cosa para tu mujer. Espera un momento.

Hola.

¡Hola!

Buenas tardes, Gaetano. ¿Está en casa la señora?

Ah, está en la cocina.

Luigi, ¿ya conoces a las señoras?

- No. - Pero...

Si nos vimos la otra noche en su casa.

Estuvimos jugando juntos a las cartas. ¿No se acuerda?

Claro. ¿Qué tal está su marido?

¿Mi marido?

Su marido ha muerto hace unos años.

¿Qué te pasa, Luigi? ¿No te sientes bien?

No, todavía me duele el estómago.

¿Quieres un poco más de bicarbonato?

No, gracias.

Hola, Claudia. Soy Elena.

Sí, tu maridito está aquí conmigo.

Oye, querida, te mando el hilo. ¿Qué color necesitas? ¿Verde o azul?

Bien.

Sí, ahora te lo mando.

Chau, chau.

Aquí tienes el hilo.

Gracias.

No olvides que mañana por la noche saldremos los cuatro a cenar.

Chau. Buenas tardes.

Adiós.

- Adiós. - Adiós.

Gaetano, ¿dónde está mi mujer?

- En el salón. - Ahí no está.

Entonces... no lo sé.

Ni un pelo fuera de lugar.

Su mirada es límpida y serena.

Su cara es...

la imagen de la pureza.

Su aspecto es completamente normal.

El hada Marta

No, no, eso no va ahí. Ponlo más a la derecha.

A la derecha. A la derecha, he dicho.

Eso es. Perfecto.

Bravo, Andrea. Veamos...

Un poco más.

Un poco más. ¡Vamos, Andrea! Un poco más.

¡Vamos! Un poco más.

¡Alto! ¡Eh, no!

Tan alto no, hombre, que los invitados no vienen con impermeables.

Así. Perfecto. No lo toques más.

¿Dónde está Pietro que no lo veo?

Está anegando la entrada, señora condesa.

Para que no levanten polvo los coches.

Ustedes, por favor, un poco más despacio.

¡Qué barbaridad! Espanterán a todo el mundo esta noche.

¡Qué dolor de cabeza!

¿Usted no ha terminado?

Si se lo toma de esa manera cómoda, mañana temprano todavía estará ahí.

Venga, muéstreme.

Esto es de fresas. Lo sabía.

El de frambuesa no lo ha mandado.

Recuérdamelo cuando deba pagar la factura.

De acuerdo, señora, tranquila.

¿Ha llegado ya todo el personal?

Faltan los que iba a enviar la agencia.

Ya deberían estar aquí.

Avisa al electricista de que supervise todas las luces.

Será mejor que se encargue usted misma.

- Especialmente por el reflector. - No se preocupe, me ocupo yo.

¡Oh, mire!

Mire donde ponen los fuegos artificiales.

¿Pero qué haces?

¿Has enloquecido? Me está arruinando todo.

Supervise también eso.

Buenas tardes, señora condesa.

Ah, Giovanni.

- ¿Lo han mandado a usted? - Sí.

- ¿Todavía no ha conseguido un puesto fijo? - Lamentablemente no es fácil hoy en día.

Es más, si puede hablar con sus huéspedes.

Si alguno necesita un camarero o un chofer.

Usted sabe que soy de confianza. Puede garantizarlo.

Pero sí, ya veremos, Giovanni.

¿Le parece este el momento?

Si pienso lo que todavía tengo que hacer, me dan ganas de meterme en la cama y no salir.

¡Pare con esa maldita cosa! ¿Cómo se lo debo decir?

Gracias, gracias por haber venido.

- Hola, Sonia. - Hola, Carla, querida.

- Luego hablaremos un poco. - Con gusto.

- ¡Abogado! - Buenas noches, condesa.

¿Cómo está?

Me alegro de que este aquí.

Hola, querida.

Disculpa, mamá.

Victoria, tesoro.

Eres tan bella que es casi insultante.

Exagerada.

¡Oh, querido! Diviértase.

- Arquitecto Tomasini, ¿cómo está? - Me alegra mucho verla.

Gracias.

- ¡Oh! Señor Santos, ¿cómo está? - ¡Muy bien!

- ¿Dónde está su esposa? - No podía venir. Qué adorable lugar tiene aquí.

Qué pena.

¿Quiere... bailar?

Un día solo carne, un día solo queso.

¿Y el tercer día?

- Solo verdura.

¿Caviar, salmón, salame ungherese? ¿Caviar, salmón?

- ¿Salame ungherese? - Sí, gracias.

- ¿Usted? - Nada.

No, no, estoy llenísima.

- No exageremos. - Sí, reverendo, los curas con el traje...

se asemejan... no sé... a una novia en pantalones en su boda.

Cuando era niña y veía a mi padre con su uniforme de general lo encontraba muy guapo.

Pero cuando vestía de civil, lo encontraba feo y ridículo.

Sin embargo, usted debe conocer el dicho de que el hábito no hace al monje.

Sí, cierto.

Se puede hacer una revolución en pijama...

pero en su monumento el héroe es representado bien vestido.

Tal vez le parezca muy tradicionalista, reverendo...

pero le debo decir que no me molesta para nada.

Por eso...

¿Caviar, salmón, salame ungherese?

Oiga, hágase a un lado.

Discúlpeme, perdón.

- Le estaba diciendo que... - Usted, señora. ¿Caviar, salmón, salame ungherese?

Un poco de whisky, por favor.

Un poco de whisky.

- Le decía que... - ¿J&B, Ballantines, Black&White?

Black&White.

Black&White.

Como le decía, yo creo en...

la cena de Navidad, las novias de blanco y los sacerdotes con la sotana.

Sí, cierto. La fidelidad conyugal...

la Navidad...

yo como sacerdote estoy de acuerdo.

- Pero como hombre... - ¿Solo o con soda?

...como hombre... ¡Vete, vete!.. como hombre...

Disculpe, padre.

...me siento muy cómodo vestido así.

¿Solo o con soda?

- Solo, gracias. - Solo.

Usted dice como hombre y ese es el punto.

¿Está bien?

Un poco más.

- Para mi la prenda tradicional... - Usted dirá cuánto.

- Hace al cura más cura. Suficiente. - Sí, ya está.

Joven, esta está vacía.

Giovanni.

- ¿Dígame, señora? - Tráigame un vodka, por favor.

Ahora mismo, condesa.

Continúa tú.

Lo siento.

¡Pero que mierda...! Perdón, señora, no la había visto.

- ¿Le he hecho daño? - Escuche. - ¿Qué?

- Dame algo para tomar. - Sí, señora.

Por favor.

- Un poco más. - Sí.

- Un poco, poco, poco... - ¿Está bien así?

Díme...

- ¿Te diviertes? - Discretamente, señora.

¿Tú no tomas?

Nunca cuando trabajo, señora.

Escucha.

¿Pero no estás cansado?

Un poco, señora.

Entonces siéntate aquí conmigo, así hablamos.

- No puedo. - Sí que puedes.

- Siéntate al lado mío. - No puedo.

- Sí. - Ojalá, señora.

- Siéntate acá, te lo digo yo. - Lo dice usted, pero no puedo.

¿Me permite?

Por favor.

Tenlo.

No, señora, gracias.

Pero yo te lo regalo.

Gracias, señora. Haga como si lo hubiese aceptado.

Gracias.

Se han tomado 30 botellas de whisky...

y 40 de champagne.

Y dicen que han hecho la fiesta por beneficencia.

¿Entonces qué hacen cuando se quieren divertir?

La manzanilla.

- Giovanni, la manzanilla. - Listo.

- ¡Aquí está! La manzanilla, ¿adónde? - A una invitada, tercer piso, al fondo.

- Si no responde, entra lo mismo. - Muy bien.

¿Alguna borrachera?

¿Quién se ha emborrachado?

Si te lo digo, me matan.

Qué linda.

- Soy un hombre, señor. - Lo siento.

Lo siento.

- Pase. - Paso, gracias.

Señora.

Señora.

Amor.

La manzanilla, señora.

Déjala allá.

Sí.

Amor.

- Desnúdame. - Si ya está desnuda.

Hace mucho calor aquí.

Señora, se va a caer de la cama.

- Ven aquí conmigo. - ¡Oh, Dios! ¡No, no, no!

- Quédate aquí... - Señora, señora.

Usted ha tomado mucho.

Llámame Marta.

Señora, yo solo soy un camarero.

Puede venir alguien.

Apriétame fuerte, hazme mal.

Sea buena, señora.

Dí que yo soy tu esclava.

- No, no. - Sí, dímelo.

No, no.

Sí, sí. Dime que soy tu esclava.

- No. - Sí, tu esclava.

- No. - Hazme mal. - No, no. - Hazme mal.

¡Oh, Dios! ¿Pero qué hace? ¿Muerde?

Sí, sí, eres mi esclava. Eres mi esclava.

Giovanni. Giovanni, venga.

Sí, señora condesa.

Dígame, señora...

Bendito Dios, ¿dónde estaba escondido? Hace una hora que lo estoy buscando.

Es una casa muy grande, señora condesa.

- Le he encontrado un óptimo trabajo. - Ah, gracias.

- Profesor, este es Giovanni. - Soy Giovanni.

¿Usted es también chofer?

Camarero y chofer, profesor.

La señora me ha hablado muy bien de usted.

- ¿Cuándo estará disponible? - Enseguida si uested quiere, señor.

Bien.

Tengo aquí el auto.

Podemos volver a Roma juntos.

¿Y cuándo nos vamos?

El profesor es mi huésped.

Se quedará a pasar la noche.

Usted acomódese en algún cuarto.

Y mañana temprano parten a Roma.

Se lo agradezco infinitamente, señora condesa.

Hasta mañana, profesor.

¿Cuánto cobra al mes?

¿80.000?

De acuerdo.

Gracias, profesor.

Gracias, señora condesa.

Es un buen chico. Le gustará.

¿Sabe que llevo jugando al 29 toda la noche y no ha salido...?

Lo intentaré por última vez.

Muy bien, Giovanni.

¿Ya está trabajando?

Profesor, he encontrado esto en el baúl y me lo he puesto.

- ¿Puedo usarlo? - Claro que sí.

- Era del viejo chofer. - Gracias, profesor. Por favor.

- Déjalo, yo me ocupo. - Chau, Giovanni.

No, espere un momento. Debe venir mi esposa.

Ah, perdone. No sabía que estaba casado.

- Buen viaje. - Gracias. Ha sido una noche maravillosa.

Adiós.

Giovanni.

Sí, profesor.

¿Es usted el nuevo chofer?

Sí, señora.

¿Y cómo se llama?

Giovanni.

Bien, Giovanni. Procure conducir despacio...

y sea prudente.

No se preocupe, señora.

Amor.

Desnúdame.

Abrázame fuerte, hazme mal.

Dí que soy tu esclava.

Sí, sí.

Dime que soy tu esclava.

¿Tienes tú mi encendedor?

No, tesoro. No lo he visto.

Qué extraño. Ayer a la noche lo tenía.

Te lo habrás olvidado en la villa.

Sí, ¿pero dónde? ¿Por qué no lo recuerdo?

Tal vez porque anoche bebiste demasiado.

¿He tomado mucho?

Diría...

un poco mucho.

Por favor, señora.

Adiós, querida.

Esta es mi clínica.

Vuelva a buscarme sobre las ocho.

Muy bien, profesor.

Giovanni.

¿Qué está esperando?

Creía que querría hablar.

¿Hablar de qué?

De nuestra nueva relación.

¿Y le parece que este es el mejor sitio?

No.

- Entonces, ¿adónde prefiere? - Vamos directamente a casa.

Vía Appia Antica 448.

De acuerdo, señora.

Buenos días, señora.

Buenos días, Teresa.

- Hágame rápido un café. - Está bien.

Giovanni, dele la valija a Teresa y venga adentro.

Nosotros dos debemos hablar.

¿Tú eres el nuevo chofer?

Sí, el profesor me contrató anoche.

Sea duro con el sueldo porque la señora es mas bien tacaña. - Sí.

Aquí estoy, señora. Estoy a su completa disposición.

Giovanni, venga. Acomódese.

Gracias.

- Siéntese allí. - Sí.

Pues...

Yo acostumbro a ser muy clara desde el principio...

para evitar cualquier tipo de malentendidos y recriminaciones.

Sí, señora.

Yo también lo prefiero así.

Aparte de la criada que ya ha visto, Teresa, que se ocupa de la cocina...

tengo una chica a medio tiempo...

y también un jardinero.

Usted debe ayudar en la limpieza y servir la mesa.

Como chofer debe llevar...

a mi marido todos las mañanas a la clínica.

Y luego estará a mi disposición.

Ahora dígame su petición.

¿En qué sentido?

Usted, ¿cuánto quiere?

80.000.

Yo puedo darle 70.000.

Con su marido he acordado en 80.000, señora.

Mi marido no se ocupa de estas cosas. Soy yo quien decide.

¿Entonces?

Si usted quiere. Está bien, 70.

Bien.

Estamos de acuerdo en todo.

- Señora... - ¿Sí?

Si no quiere que me quede...

si... si le molesta...

me puedo ir.

¿Pero qué está diciendo?

Digo que su marido de buena fe me ha dado este trabajo.

Pero si a usted mi presencia le disgusta...

Escuche, Giovanni. Yo no le tengo ni simpatía ni antipatía.

Ocúpese de su trabajo y seguro que nos entenderemos perfectamente.

¿Y su marido?

No se preocupe por mi marido. Él no se mete en los asuntos domésticos.

Teresa, muéstrele a Giovanni su habitación...

y póngale al corriente de todo.

Vamos, Giovanni.

- Vaya, vaya con Teresa. - Voy.

- Vamos, hijo mío, que tengo la pasta. - Sí, sí.

¿Te lo ha dicho?

- ¿Qué cosa? - ¿Te ha rebajado 10.000 liras?

- ¿Cómo lo sabe? - Ella lo hace con todos.

¿Pero son buenos estos señores? ¿Cómo son?

Él es cirujano, un gran licenciado.

- Es agradable y generoso. - ¿Y ella?

Ella no es generosa.

Pero es una señora de bien, muy honesta.

Este es el cuarto del profesor...

y este es el cuarto de la señora.

¿Duermen separados?

- Sí, duermen separados. - ¿Es que no se llevan bien?

Claro que se llevan bien. Pero tienen habitaciones separadas.

Aquí arriba hay dos habitaciones donde dormimos nosotros.

¿Juntos o separados?

No diga esas cosas.

O me tendrá asustada todas las noches.

¡Estaba bromeando! ¿Qué ha entendido?

Te lo regalo.

Tenlo como mi recuerdo.

¡Amor! ¡Amor mío!

¡Desnúdame!

¡Hazme mal! ¡Hazme mal!

¡Dime que soy tu esclava!

¿Diga?

No, señora. No dormía.

¿Y cómo podría?

No, no. Estoy todavía vestido.

Sí, voy. Voy enseguida.

Lo sabía.

¡Yo lo sabía!

Que me llamaba.

¡Aquí estoy, señora!

Diga.

Ah, Giovanni. Saturno ha hecho pis sobre la alfombra.

¿Lo ha hecho?

Limpie enseguida, por favor. Sino quedará la mancha.

Sí, señora.

¡Giovanni!

- Buenos días, señora. - ¿Qué hace aquí?

Le he traído el café.

El café me lo debe traer Teresa. No usted.

A las otras señoras les servía yo.

Aquello que hacían las demás no me interesa.

Aquí es Teresa quien lo sirve. ¿Ha entendido?

Está bien, señora. Basta con saberlo.

Ahora deje eso y váyase.

¿Cuánto de azúcar?

El azúcar se lo pongo yo sola. Le he dicho que se vaya.

Váyase. ¿Entiende?

Sí, sí.

¡Deje! ¡Deje esas cosas!

El congreso empieza el jueves por la noche.

Así que en lugar de tomar el avión pueda pedirle a Giovanni que me lleve a Ginebra.

¿Pero cómo se te pueden ocurrir esas ideas?

No pienso quedarme en Roma, sola y sin Giovanni.

Además un viaje demasiado largo no sé quién lo puede hacer.

¿Y encima me tengo que quedar sin chofer por tres semanas?

Si se hubiese tratado de Teresa... paciencia.

No querrás que vaya a un congreso de cirujanos con la cocinera.

No, solo lo decía por decir.

Solo que no está bien que te lleves a Giovanni y el coche...

cuando tú te vas.

Giovanni.

¿Sí, señora?

¿Me lo enciende, por favor?

Se ha ido...

Te saludo, Giovanni.

¿Qué haces? ¿Te marchas?

Ya que no está el profesor, ahora hay menos trabajo en la casa.

La señora me ha dicho que puedo ir a ver a mi hermana.

La pobre no está nada bien.

¿Qué hace? ¿No me escuchas?

Sí, claro que te escucho. Y también lo he entendido.

Sí que lo he entendido.

¿Un poco de torta, señora?

No, gracias.

¿Desea más vino?

No, gracias.

¿Un whisky, señora?

Sí, un poco y con bastante agua, por favor.

Bien, señora.

Aquí tiene, señora.

Gracias, Giovanni.

¡Pero es mi encendedor!

Sí, señora.

¿Dónde lo ha encontrado?

Usted me lo ha regalado.

¿Yo? ¿Cuándo?

Me lo dio la primera vez que nos encontramos.

¿Pero qué dice? No es verdad.

No lo diría si no fuese verdad.

Entonces no lo diga.

No lo digo, pero trate de recordar.

En la villa, señora...

Cuando le he llevado la manzanilla.

- ¿Cuál manzanilla? - La manzanilla.

Usted estaba acostada en la cama...

estaba casi desvestida...

y me dijo:

"Desnúdeme, Giovanni, tengo tanto calor".

¡Ya basta!

Aunque fuese verdad, debería tener el buen gusto de no recordármelo.

¡Y no es verdad!

- Le aseguro, señora... - Escúcheme, Giovanni.

Si quiere seguir con este trabajo, no vuelva a repetir esas vulgaridades.

Muy bien, señora.

Como diga usted. Pero me volveré loco...

El teléfono.

¿Hola?

¿Quién habla, por favor?

Es un tal señor Giorgio. Le diré que no está.

¡Por qué no debería estar!

¿Qué tiene en mente?

¡Deme acá!

¿Hola?

Hola, Giorgio. ¿Cómo está?

No, Stefano se ha ido.

Gracias, pero no tengo ganas de salir.

Sí, vengan a tomar algo. Pero no hasta tarde.

Chau. Hasta luego.

Por favor.

No está bien. He venido con mi marido.

Sí, pero a casa te acompaño yo. Encuentra una excusa.

¿Whisky?

¿Vodka?

No, gracias.Ya he bebido demasiado. Nos debemos ir.

- A mí tráigame vino. - Enseguida, señor.

Giovanni.

¿Sí?

Dígale a mi marido que me voy. Si él quiere que se quede.

Está bien, señora.

Señor.

Su mujer dice que es hora de irse a casa.

- Señor.. - ¿Sí?

Su mujer dice...

Sí, muy bien.

Señor.

Señor.

Señor, su mujer está muy enojada. Ha dicho que se va.

He entendido.

¿Entonces?

¿Entonces qué?

¿No va?

- Tenga. - Gracias, señor.

- Por favor. - Buenas noches.

Buenas noches.

Lo siento.

Ven conmigo.

Amor mío.

Dime que soy tu esclava.

Sí. Eres mi esclava.

Hazme mal.

Yo te muerdo.

Espero dejarte marcas, así te acuerdas de mí.

Mírame, mírame bien.

Soy Giovanni.

Te tengo en mis brazos, así.

Por favor, mañana por la mañana no me niegues.

No, no. No puedo más negarme.

Soy tuya, tuya para siempre.

Sí, para siempre.

Mía.

Eres mía.

Acá está.

¡El cafecito!

¡Marta!

A la mañana...

...un buen cafecito.

Ahí está.

El cafecito.

¿Qué hace usted aquí?

El café.

¡El café!

¡Ya le he dicho que no entre a mi cuarto por ninguna razón!

Y encima se atreve a venir en pijama.

¿Ha perdido la cabeza? ¿Ha enloquecido?

¿Quién lo autorizó a tomarse esa libertad?

La próxima vez lo echaré, ¿lo ha entendido?

Ya no puedo más de sus excesos.

Váyase. ¡Cierre la puerta!

¡Déjeme dormir!

¡Márchese! ¡Márchese! ¡Márchese!

Me pregunta qué hago.

¿Cómo qué hago?

¿Por qué? ¿No sabes qué hago?

Te quieres divertir.

No me reconoces.

Entonces yo no te reconoceré.

Lo sien...

Por favor, señora.

¿Y quién se lo ha regalado esta vez?

- Nadie, lo encontré en la alfombra. - ¿Ah,sí?

Ahora Giovanni, ya no se gire, por favor.

Mire la calle y acelere que voy a llegar tarde.

Sí, señora.

Por Paula Z

FIN

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