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Por todo el mundo se escuchan episodios dramáticos de la Resistencia Francesa.
Vds. conocen muy bien ese periodo heroico en la existencia de la Nación francesa.
La historia que vamos a mostrarles no les descubrirá nada nuevo. Lo sabemos.
Pero, si se la contamos, es porque es verdad.
Y porque demuestra que, en los dominios más lejanos del imperio francés,
más allá de los mares, el mismo espíritu animaba a los seres humanos.
AVENTURA MALGACHE
Dirigida por Alfred Hitchcock.
Rodada en los estudios de Welwyn, Inglaterra, en colaboración con
autores, artistas y técnicos de lengua francesa de servicio en Gran Bretaña.
Londres. 1944. Las autoridades francesas encargaron a un grupo de actores
formar una compañía que representara espectáculos para los soldados,
los civiles y para los muchos ingleses que amaban a Francia y la conocían.
Uno de los actores de este grupo
trabajó hasta que empezó la guerra como abogado en Madagascar.
El 28 de junio de 1940... Pero será mejor que se lo cuente él.
TEATRO MOLIERE. REPRESENTAClONES EN FRANCÉS.
-¿Qué te pasa? -No entiendo nada. Nada en absoluto.
-¿A qué te refieres?
El personaje que me han dado para la
nueva obra es un oficial alemán y no les gusta cómo lo hago.
Te diré que eres un gran actor... pero interpretas un papel que no es ése.
Gracias por nada.
De nada. Pero yo tengo un buen modelo para ti.
Si hubieras conocido a mi viejo amigo, Michel.
¿Michel Simón?
Pero ése no es un papel que cuadre con Michel Simón.
Hablo de Jean-Michel, director de Seguridad General de Madagascar.
Pero no hablamos de un policía. Se trata de un gángster y de los gordos.
Bueno...
Y además, no conozco Madagascar ni a tu amigo Michel.
Eso no quita que yo pueda hablarte de él.
Lo gracioso es que te pareces mucho a él.
La primera vez que te vi, me dije a mí mismo. ¡Mira, es Michel!
Se os puede confundir fácilmente, muy, muy fácilmente.
Y tú me darías la razón si hubieras estado en el Palacio de Justicia
de Madagascar en abril de 1940.
Insisto en que mi cliente es inocente.
Cualquier persona en su lugar
no tendría ninguna razón para cometer un delito arancelario.
Es cierto que la seda
que se puso bajo su cargo ha desaparecido del almacén. ¡Pero es seda!
Y yo estoy seguro de que mi cliente no sabría que hacer con ella.
Entonces ¿quién, aparte de él, podría estar implicado en la desaparición?
Quien tuviera interés en que se perdiera.
-¿Quién entonces? -Este señor de la Seguridad General,
por ejemplo,
a quien yo acuso de haber tramado, urdido y maquinado todo este asunto.
Señoría, no entiendo a qué viene esto. Espero que tenga pruebas.
Las pruebas que tengo es lo que han descrito esos dos detectives.
Le ruego que evite cualquier polémica con el testigo.
Soy yo quien debe llegar a esas conclusiones.
Muy bien. Acuso, en primer lugar, al Servicio de la Seguridad General
de haber querido repartirse el veinte por ciento
que se paga oficialmente a aquellos que descubren delitos arancelarios.
El Sr. fiscal ha reclamado una cantidad de 200.000 francos que,
con las tasas y los gastos, sube a más de 650.000 francos.
De los que la Seguridad General se llevará más de 100.000 francos,
y el señor director también se beneficiará.
Esto es demasiado, ¿por quién nos toma, señor?
Por policías que han convertido Madagascar en un feudo de explotación.
-Señoría, protesto. -Letrado, mida sus palabras.
¿Le importaría a su Señoría preguntarle al testigo Michel si,
aparte del interés pecuniario que tiene en este asunto,
no tiene otros intereses más directos y personales?
-Tonterías, eso son sólo divagaciones novelescas.
¿Ah, sí? Le importaría al Sr. taquígrafo anotar la siguiente pregunta.
Michel, ¿qué ha intentado con la esposa de mi cliente?
Señoría, protesto.
Si continúa con ataques personales contra el testigo,
le retiraré la palabra, señor letrado.
Me reservo el derecho a tomar medidas contra una acusación así
y a defender mi honor.
¿Honor? Venga, hombre,
eso no me impedirá decirle a la cara que es usted un gángster, Michel.
-Letrado, eso es intolerable.
El tribunal tomará medidas al respecto. Se suspende la sesión.
Hasta pronto, señor Michel. Hasta pronto.
Vaya con mucho cuidado.
-¿Sí? Descuide que lo haré. Hasta pronto, Michel.
¿Me ves como un gordo, repulsivo, un pequeño canalla sinvergüenza?
No, tú das una falsa impresión. Eres más bien grande.
Grande, entonces es totalmente diferente.
Pero, cuando denunciaste las maquinaciones de Michel,
-¿no tenías ninguna prueba? -Ninguna prueba, amigo.
Yo había decidido acabar con ellos y lo hubiera hecho,
pero un pequeño anuncio en la radio...
Le pedimos, si está preparado a buscar conmigo, por los soldados, por la lucha
y por el honor, la forma de acabar con las hostilidades.
Armisticio con Londres. Hay que hacer algo.
Dios mío. Nos proponen una tregua para luchar juntos.
¿Cuándo han aceptado los combatientes de Madagascar una capitulación así?
- ¡Jamás! - ¡Jamás!
-¡Cállate! -¡No nos rendiremos!
Un momento, amigos. Hay que hacer algo ya.
-Sí, tiene razón, Clarusse. -Pero ¿qué quiere que hagamos?
Contactarán con las otras secciones de la isla.
Lo harán enseguida, mañana, quizá ya.
-Hay que continuar la lucha. -Inglaterra todavía puede aguantar.
Y nosotros, también podemos continuar.
-Estamos hartos. -Hay que defender la isla.
Hay que seguir adelante.
Un momento, amigos míos. Hay que mantener la calma y la sangre fría.
Nos pondremos a la disposición de la autoridad militar.
Esta dama, estos caballeros y yo mismo
constituimos un comité único creado
por todos los grupos combatientes de Madagascar, en otro tiempo enemigos.
Nos presentamos como amigos y camaradas.
Y nos ponemos a su disposición, mi general.
Gracias, por haberse unido al fin.
¿Cuáles son sus intenciones?
-Continuar la guerra. -Junto a Inglaterra.
Mantener Madagascar como parte de Francia.
A pesar del hundimiento de la metrópoli.
Ayudar a nuestros aliados a conseguir la libertad de Francia.
Nuestro primer objetivo es organizar la defensa de la isla
contra cualquier tentativa de invasión.
Si Japón entra pronto en guerra,
nuestra base militar de Diego Suárez
será muy tentadora para ellos.
Permítame, mi general, pero, sin querer parecer demasiado pesimista,
para defendernos necesitaremos armas, cañones, aviones, tanques, submarinos.
¿Dónde encontraremos todas esas baratijas?
Yo le digo que
sólo hace falta aliarse a aquellos que tienen la voluntad de luchar.
No se preocupe, encontraremos una forma de hacerlo.
-Inglaterra nos ayudará. -Francia también.
Y con la excusa de ayudarnos, sus tropas ocuparán la isla y la vigilarán.
Repasen la historia.
Inglaterra ya nos ha robado los Alpes, Canadá
y hace tiempo que Sudáfrica desea a Madagascar y a sus riquezas mineras.
Seamos realistas,
sus amigos británicos podrían convertirse un día en sus amos.
Sí, seamos realistas.
Escuchen bien, amigos míos.
Sí, he dicho amigos.
Reconocerán, supongo, que aquí en Madagascar sólo tenemos tres soluciones:
Ser esclavos de los nazis,
caer ante los japoneses
u olvidar las diferencias con los ingleses.
Yo personalmente prefiero la última opción.
(VARIOS) -Sí, sí. Tiene razón.
Estamos todos de acuerdo.
Mi general, supongo que es su opinión personal
pero, en Francia, hay un jefe, el mariscal Pétain.
Usted debe obedecerle y esperar sus órdenes.
En efecto.
Tenemos que reflexionar.
Veamos, amigos,
si no hago nada,
me pesará la conciencia.
Y si actúo siguiendo una estrategia,
seré un rebelde.
Exactamente, un rebelde.
No olvide que, por encima de usted, hay un gobernador general.
¿Lo hará prisionero, acaso?
No hay que apresurarse.
Tenemos que estar seguros de lo que hacemos.
El general empezó muy decidido, pero no le dejaron muchas opciones.
¿Por qué no te largaste en el primer barco que zarpó?
Seguro que Michel ya había pensado en eso.
Seguro que había anulado todos los permisos para salir de la isla, ¿eh?
Por supuesto. Ya no había servicio marítimo.
Pero estaba todo organizado, ya habíamos arreglado nuestros asuntillos
de forma que como quien no quiere la cosa y sin que nadie se enterara...
Y tú, ¿por qué te quedaste? ¿Para estar cerca de Michel?
Yo me quedé por la Resistencia.
Mis compañeros me necesitaban para organizar más salidas.
Como era abogado todos me respetaban y esto facilitaba mucho las cosas.
Pero, Michel, no era un estúpido. ¿No sospechaba nada?
Bueno, claro, pero yo tampoco era estúpido.
Permíteme que te diga que yo me convertí en el mejor actor de todos.
Interpreté muy bien mi papel.
Ni siquiera Michel tenía claro de qué parte estaba.
¿Y el gobernador?
Él tampoco se enteraba de nada.
Naturalmente, los tres nos lamentábamos juntos de los hechos que ocurrían.
También hemos recibido por telégrafo un nuevo decreto ley.
¿Otro?
Decreto ley, orden, contraorden... acabarán haciéndonos explotar la cabeza.
Prohibido que
todo francés o súbdito francés
abandone el territorio francés metropolitano o colonial
para ponerse al servicio de un ejército extranjero.
Del ejército alemán, por ejemplo.
Abandonar el territorio francés... yo me pregunto
qué posibilidades hay de salir de Madagascar,
una isla sin barcos en servicio ni comunicación con el exterior.
Es imposible abandonar este lugar.
Otra cosa, Clarusse,
conozco la influencia que tiene entre los indígenas y los antiguos combatientes.
Pues bien,
utilicé esa influencia para cuidar nuestra imagen pública.
Es totalmente necesario que hagamos frente, con todos los medios disponibles,
la propaganda subversiva que empiezan a hacer los gaullistas.
-Sí, sé que va aumentando cada vez más. -Sí.
Señor gobernador, cuente conmigo.
Usted sabe juzgar a los hombres.
También quería decirle que es usted un experto en puros.
Estos son excelentes. Se lo agradezco.
Señor.
La verdad es que no parece un mal tipo.
Discúlpeme, gobernador general, pero yo no opino lo mismo.
No, no, no. Es un buen hombre. Sí, un buen hombre.
Y bien, señor Guillot, ¿algo nuevo?
Nueva evasión gaullista con diecinueve oficiales y suboficiales especialistas,
cinco civiles, dos damas y una niña de nueve años.
Han abandonado la base y los acompaña el capitán Oloncor Abricur,
que dirige la expedición con el señor Gabard Emla.
¿Lo ve? Estaba seguro.
Ya le dije que él está al corriente de todo.
Conoce todo lo referente a la organización de la Resistencia,
si es que no es el jefe.
Ordene que sigan a Clarusse
e infórmenme de todos sus movimientos. Necesito pruebas sea como sea.
Yo estoy convencido.
Sí, pero nada de acusaciones sin pruebas, Michel.
Las enemistades personales no me interesan.
El día que me traiga pruebas, yo le escucharé, pero no antes.
Bien, se las traeré.
Una sola prueba y haré que lo juzguen según la ley marcial.
Pero, escúcheme bien,
esa prueba debe ser irrefutable, i-rre-fu-ta-ble,
¿comprendido?
No se preocupe.
Tendrá esa prueba, yo me encargaré y la tendrá muy pronto.
La cosa se complicaba y, aún así, ¿pudiste continuar
con ese hombre pisándote los talones?
Nada más fácil,
ni más sencillo...
con un poco de prudencia, disciplina y guardando un secreto absoluto.
Buenas noches, Louis. Disculpad nuestro retraso
pero hay noticias nuevas y un cambio de planes.
Buenas noches a todos.
Tenéis que estar preparados para salir el domingo por la noche,
¿qué decís?
Podemos estar listos ahora mismo, inmediatamente.
Perfecto. Partiréis esta noche en lugar del domingo.
Michel cada vez sospecha más y desconfía incluso de sus amigos.
Sería el colmo. El cazador cazado.
Ya lo sabéis.
El embarque será a las dos de la mañana.
Muy bien. Me iré con ellos. Quiero ayudar.
Todos queremos hacerlo,
pero Armand el trabajo que haces aquí es vital.
¿Supervisar la mercancía que enviamos en los barcos?
¿A eso le llama un trabajo de una importancia vital?
Nuestros amigos ingleses opinan lo mismo.
Tus informes tienen prioridad en nuestras emisiones clandestinas
para nuestros amigos del exterior.
Tu trabajo te permite llevar a cabo esa tarea sin que nadie sospeche.
Lo entiendo. Me quedo.
Entonces, amigos míos, ¿está claro? No os mováis bajo ningún concepto.
Nos ocuparemos de vuestro equipaje. Alguien vendrá a recogeros a...
A medianoche.
¿Comprendido? ¿Está claro?
No os mováis de aquí. Me tengo que ir. Buenas noches a todos.
Buenas noches, Clarusse. Guillot, gracias por lo que ha hecho.
Lo hago encantado, de verdad.
Adiós, muchacho.
Adiós, Pierre. Suerte. Adiós.
Tenéis suerte de poder iros. Os envidio.
Señor Clarusse,
querría despedirme de alguien, de mi prometida.
Está aquí al lado. Será un instante.
No, es imposible.
Venga, ve. Ve. Y rápido.
Era todo un sentimental. Si hubiera sabido que permitir a Pierre
despedirse iba a cambiar todo el curso de nuestra aventura...
Cariño, al fin. Creía que ya no vendrías.
¿Qué ocurre?
Tenía que venir, pero no debería. Necesitaba verte y Clarusse...
¿Clarusse? Pero, ¿qué me estás contando?
Ivonne, cariño, escúchame. Tú sabes que los camaradas se escapan de la isla
para unirse a los aliados y es Clarusse quien se ocupa de ese movimiento.
Y yo no te lo he dicho antes porque no quería hacerte sufrir.
Pierrot.
Sí, cariño. Debo partir. Es necesario.
Pero, ¿y nuestra boda? Todo está arreglado y ¿cuándo volverás?
Puede que tardes años.
Pierrot, reflexiona,
piensa en nuestro futuro,
en nuestra felicidad, en nuestra vida.
No puedes hacerme esto.
No tienes derecho.
Ivonne, cariño, te quiero, te quiero. Tú lo sabes. Nuestro amor es mi vida.
Pero no somos libres,
debemos hacerlo por el valor y el alma de esos hombres y de sus mujeres, Ivonne.
Yo sé que tú eres valiente. Por eso te quiero y confío en ti.
Debo de irme ya. Me esperan.
No te dejaré. No puedes irte.
No te abandono. Nada nos separará,
volveré y viviremos felices y en paz.
Bésame, Ivonne. Dime adiós.
Adiós.
¿Hola?
¿Hola, señorita?
Póngame
con la Seguridad General.
Dos horas después de esa pequeña comunicación telefónica,
yo me encontraba en una celda. Allí estuve 36 días en secreto.
Hasta que, después de ese tiempo, con esta sonrisa que me caracteriza,
tuve que recibir a una mosquita muerta que era uno de sus chivatos.
-Vaya, señor Panisse. -Aquí me tiene.
Buenos días, mi querido maestro, mi querido colega.
Si pudiera saber la emoción que me produce verle,
es usted el primer contacto con el mundo exterior.
Querido maestro. Toda la colonia está indignada por su arresto.
Y todos los abogados también.
¿Todos? Lo dudo.
Siempre me ha demostrado su simpatía
y he decidido venir para ponerme a su servicio.
Es usted muy amable.
Bueno, debo admitir que la idea de defender una causa célebre...
-Evidentemente. -Y, ¿de qué se le acusa oficialmente?
No lo sé. Ni siquiera me han interrogado una sola vez.
¿De qué se habla en la ciudad?
De la Resistencia, creo, de colaboración en evasiones.
¿De verdad?
¿Y aceptaría defenderme de unos cargos tan comprometedores? Es Vd. muy amable.
Han constituido un tribunal marcial. El primero en Madagascar. Es muy grave.
Vaya por donde. Michel, está decidido a acabar conmigo.
No podrá con nosotros, créame. Nosotros... si yo le defiendo.
¿Cree que podemos tener alguna posibilidad de vencer a Michel?
Pero, ¿qué prueba puede haber conseguido Michel contra usted?
Eso es lo que yo me pregunto.
Habrá tenido la precaución de quemar todos los documentos comprometedores.
Querido Panisse, yo no tengo documentos comprometedores.
Mejor. Por otro lado, deberá contarme todos los detalles de su historia.
Todos los detalles más mínimos, debo conocer todos sus puntos débiles
para poder evitar que se aborden.
Claro.
A lo mejor
puede que tenga en su poder alguna carta, algún telegrama...
¿Telegramas? He enviado muchos, pero por cuestiones de trabajo, desde luego.
Pueden utilizarlos en su contra, afirmando que tienen doble sentido.
Sí, son capaces de todo. ¿Así que necesitará todos los detalles?
Aunque aquí sólo tengo mi memoria para ayudarle.
¿Para cuándo necesitará la información?
Enseguida. Le he traído todo lo que necesita.
-Tenga. -Gracias.
Perdón. No tengo nada para escribir.
Vuelva mañana por la mañana. Trabajaré sin descanso.
Perfecto.
Adiós, mi querido maestro.
Adiós, "querido" colega.
Bastardo. Sucio chivato. Pelele.
Pensaba que Michel sería más inteligente como para creer que caerías en la trampa
porque ahora lo entiendo perfectamente.
Lo veo... muy claro.
Sí, yo también,
pero lo que también tenía claro es que Michel estaba muy enfadado.
Primer telegrama. Éste es para su hermana.
Está claro.
Las castañas madurarán el 35 de abril.
Pero no hay castañas en Madagascar.
-Ni existe el 35 de abril. -¿Es todo lo que ha encontrado?
Sr. director, he trabajado 10 años en el ministerio en París. Conozco mi trabajo.
Ya veo.
¿Puedo sugerirles una explicación?
¿Una explicación? Adelante.
Con los telegramas, hay dos fases.
Cuando los descifren, entenderán el sentido. Siempre que descubran el código.
Mi papel se limita a la primera fase, señor director.
Sí. Entonces, falta encontrar el código.
Por eso, no hay problema. Por cierto, ¿ha averiguado algo?
Sí, como me pidió he contactado con todos los libreros.
Imposible encontrar un ejemplar de las Fábulas de La Fontaine.
¿Han desaparecido todos?
Sí. Se agotaron todos hace tres meses. No sabemos por qué.
No recuerdan a quién, pero, sobre todo, a niños y a jóvenes.
Alguien debió ordenárselo.
Me dan la misma información en todas las ciudades de la colonia.
Creo que ya lo tengo. La clave está en La Fontaine.
O sea que pudo descifrar todos los telegramas codificados.
Sí. Reconozco que yo era un conspirador poco experimentado en esa época.
Ahora no cometería un error así.
Supongo que ese rufián de Michel se
pasaría todo el juicio sonriente, triunfante, hinchado por su éxito.
No, no te creas. En realidad... Bueno, ¿cómo te lo diría...?
Señores, les hemos presentado los 130 telegramas descifrados que envió o recibió
el acusado.
Y prueban de forma irrefutable que Clarusse no sólo era el organizador,
sino que era el jefe de la Resistencia.
En ese caso,
tengo el honor de pedir a este tribunal la pena capital contra Clarusse.
¿La defensa tiene alguna declaración que hacer?
El tribunal apreciará la franqueza de mi cliente.
Él le dirá: "Sí, he recibido esos telegramas",
"Sí, estaba al corriente de las evasiones".
"Pero no creo que nadie pueda demostrar que durante estos tres últimos meses
he participado de alguna forma en el movimiento de la Resistencia".
Por lo tanto, deberán probar esta acusación,
si no
deberán pagar a mi cliente los daños y perjuicios que le hayan causado.
Por tanto, el tribunal marcial condena a Paul Clarusse a la pena de muerte.
Y ordena que la presente sentencia se ejecutará
24 horas después de haberse pronunciado.
Entonces, te mataron.
Afortunadamente, algunos amigos consiguieron mandar un cable al
mariscal Pétain para que permutara mi sentencia.
Pétain, qué dulce ironía. Tuviste suerte.
-Bueno, pero mi cólera se reforzó. -Y, ¿mientras, la resistencia?
¿La resistencia? Seguía en contacto con ellos.
-¿En serio? -Sí, incluso en mi pequeña celda,
mantenía mi querido despertador pegado a la oreja.
Sí, el pequeño truco del despertador Michel no lo descubrió.
Maldito estúpido.
Sólo era un receptor de radio, pero lo quería mucho.
Lo quería más que a una amante.
¿Y Jean-Michel ya no se interesó más por ti?
Imagínate. Intentó embaucarme para conseguir averiguar algo.
Quítenle las esposas.
Déjennos solos. Acérquese Clarusse.
Como verá, confío en usted.
Ésta puede que sea la última vez que nos veamos, Clarusse.
y tenemos que hablar de hombre a hombre.
Beba un poco.
Le irá bien.
Tengo una mala noticia que darle.
Se marcha.
Sí, está decidido, se va al exilio.
Es una verdadera pena, Clarusse.
Un hombre como usted,
que lo pierde todo en esta aventura.
Ha luchado contra molinos
y acaba solo y vencido.
En fin, me da pena, no por Vd., sino por los suyos, por todo lo que quería cambiar
y lo que va a sacrificar.
Si no me cree, me da igual, pero le daré una última oportunidad.
Puedo evitar su marcha, mantenerlo en Madagascar,
hacer su sentencia más soportable.
Verá a su familia más a menudo y estará en contacto con ellos.
Beba un poco.
Hablemos claro, puedo evitar su marcha
si llegamos a un pequeño acuerdo aquí.
Si me dices dónde está vuestro transmisor secreto,
el nombre del operador y el código que usáis.
Y bien, ¿aceptas el trato?,
¿cumplirás tu parte?
Venga, bebe. No seas terco.
Por el futuro y a tu salud,
hipócrita asqueroso.
Un melodrama muy malo. Mi personaje no hubiera actuado así.
-¿Tu personaje? ¿De qué hablas? -Yo hablo de mi papel, de mí.
Te ha birlado a tu Michel, cuando quieras saber de él...
Me dirigiré a él.
Por lo que veo tu única posibilidad era que la resistencia te salvara.
O uno de los barcos que transportaban contrabando de guerra.
La posibilidad de que la Marina Británica
interceptara vuestro convoy era una entre un millón.
Una entre un millón.
Ven a verlo con tus propios ojos. Veo humo por encima de la pasarela.
¿Qué ves?
Puedo verlo a lo lejos, en el horizonte.
Dios mío. Veo el humo.
Sí, pero eso no significa nada.
Al fin, ya está. Están enviando un mensaje.
Sí, sí.
Ven a verlo. ¡Ven a ver las señales!
¡Rápido! Míralo bien. ¿Lo ves?
Es la libertad que llega. Estoy seguro de que son navíos ingleses.
Y se produjo el gran milagro.
La vida del Paul Clarusse, noveno episodio.
Convencí a los aliados para que me ayudaran a crear un puesto de radiodifusión
para hacer que Madagascar se decidiera a ponerse de su lado.
Desde su puesto clave en el Índico, Madagascar recibiría a todos sus amigos.
Había que hablar con los franceses,
pero también con los malgaches, los indios, los chinos
en un lenguaje que pudieran entender.
Eso requería mucho personal.
(HABLA LENGUA EXTRANJERA)
Hola, hola Madagascar.
Aquí Madagascar Libre que os habla cada noche.
(HABLA LENGUA EXTRANJERA)
Hola, a todos.
Proclamad la autonomía política y económica de Madagascar
y apoyad a los aliados.
Escuchadme bien, todos. Tú, tú también, Michel,
asqueroso hipócrita,
maldito bastardo criminal. Marioneta de Pétain.
Vichy dejará que los japoneses se instalen en Madagascar,
pero esperamos que los aliados se adelanten a ellos.
Cuando lleguen, acogedlos como a libertadores y no como al enemigo.
No luchéis contra ellos a pesar de las órdenes de Vichy.
Buenas noches y hasta mañana.
El tribunal especial del Imperio ha condenado a muerte al rebelde Clarusse
por hacer propaganda radiofónica sediciosa y anti francesa.
Y mis predicciones se cumplieron.
En 1942, los británicos desembarcaron en Diego Suárez.
Desde Vichy, se dio orden de luchar.
Los ingleses ocuparon la ciudad militarmente,
pero quince días después,
el general inglés Storch declaró solemnemente
que la única bandera que debía hondear sobre el ayuntamiento francés
de la ciudad francesa de Diego Suárez era la bandera francesa.
¿Y Michel? Seguro que comprendió tus avisos y escapó.
Querido amigo, creo que todavía no has captado el verdadero carácter de Michel.
La verdad es que desde que se le informó del desembarco aliado...
Pero, hombre, nos tomas el pelo.
No irás a decirme que los ingleses no lo procesaron.
-Por supuesto. -¿Lo detuvieron?
Pues claro y lo encarcelaron. Era lo que se merecía.
Y dices, Clarusse, ¿que la naturaleza me ha dotado física e intelectualmente
para hacer el papel del infame y execrable Michel?
Escucha, yo lo único que he hecho es
intentar describirte al personaje que debes interpretar.
Pues yo digo que es un insulto,
y una ofensa por parte de una persona detestable. Bastardo asqueroso.
-Serás desgraciado. -Venga, compañeros.
¿Qué pasa ahí dentro?
Ensayamos, agente, ensayamos. ¿Verdad, compadre?
Sí, sí.
A escena, señores.
-¿Qué ha dicho? -Te toca salir.
-Olvida lo que te he dicho. -Tranquilo.
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