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de mano en mano. Téngalo quien pidiere. Cual pelota entre dueñas, tómelo quien
pudiere. Y cualquiera que lo tenga, si hacer verso supiere, puede añadir y
enmendar si quisiere.
Hace mucho el dinero si se le sabe usar.
Al torpe hace discreto y de respetar.
Hará por el dinero todo lo que le pidieres, ya mucho o poco, da siempre
pudieres.
Si dinero hubierais, habréis consolación y placer.
Y alegría. Y del Papa, bendición.
Compraréis paraíso y salvación.
Donde hay mucho dinero, hay buena ración.
El dinero hace priores, obispos, abades, arzobispos, doctores, patriarcas,
potestades. A clérigos necios les da dignidades.
Hace de verdad mentira y de mentira verdades.
El dinero quebranta prisiones dañosas.
Rompe cepos, grillos y cadenas peligrosas. A otros sin dineros pone
Hace por el mundo cosas maravillosas.
Monjas y frailes que dicen a Dios servir chivarruntan que el rico está para
morir. Por llevar sus dineros comienzan a reñir.
Yo he visto a monjes en sus predicaciones despreciar el dinero y sus
tentaciones. Pero por dinero otorgan los perdones, absuelven y ofrecen
oraciones.
Aunque lo insulten por las plazas, guárdanlo en el convento, en vasijas y
tazas. Cubren con el dinero agujeros y rajas.
Más escondrijos tiene que tordos y picazas.
El dinero es alcalde y juez muy loado, alguacil, consejero y guerrero
De todos oficios, sutil abogado.
En suma os digo que el dinero es lo mejor.
Señor hace del siervo y del siervo señor.
Toda cosa del siglo se hace por su amor.
Mi bolsa, ¿dónde está mi bolsa?
La llevabais vos, señora. Yo no la tengo, respondona. Así que tú sabrás
has puesto.
Perdona que os interrumpa, señora.
Pero no puedo callar lo que han visto mis ojos.
Explicaos. Mientras cantaba, vi al ladrón que os arrebató la bolsa correr
tal rapidez que casi no pude creer lo que veía.
¿Y no habéis sido capaz de detenerlo? Hubiera sido inútil el intento.
Estos pillos son muy rápidos.
Muy escurridizos.
Pero tarde o temprano daré con él. Os lo prometo. ¿Eres tú el llamado Juan Ruiz?
El mismo para serviros, Monseñor. En el nombre de Dios nuestro Señor, daos
preso. Pero yo no he ofendido a Dios.
Ofendéis a quien lo represento.
Disculpadme, señora.
Estaréis a salvo.
enojosa, ruin y mezquina.
Porque eres añosa para mí, dañosa y falsa vecina.
Gracias, señora. Permitidme.
Es solo un momento, os lo ruego.
¿No os apena mi soledad?
Tenéis al carcelero.
No me sirve.
Con vos sería distinto.
Tendría mucho que compartir.
¿Me tomáis por moza de mesón?
Con razón el señor arzobispo está alarmado.
No respetáis nada.
¿No le habéis hablado de mi debilidad por vos?
No os hagáis el ingenioso.
Hasta Toledo han llegado vuestros atrevidos versos.
Pronto tendréis noticias suyas.
Sí. Hay en la mujer pequeña mucha razón, a pesar de su mañido y fuerte sermón.
De la mujer pequeña su predicción escucho. Lo dicho dice con el corazón.
De quien habla mucho ríen. Quien mucho ríe es loco.
Hay en la mujer chica amor grande y no poco.
Cambié grandes por chicas, pero chica no cambio.
Quien da chica por grande se arrepiente del cambio.
Siempre preferí a la chica más que a la mayor.
Escapar de un mal grande nunca fue un error.
Del mal toma el menos, dícelo el sabidor.
Por ello entre mujeres la menor es la mejor.
Seguidme. Sentaos.
Así que vos sois Juan Ruiz.
Sabéis que el señor arzobispo está muy interesado por vuestra persona.
Hasta Toledo ha llegado a la fama de vuestro ingenio. Me sorprendéis,
Don Gil de Albornoz valora en su justa medida vuestro gran
talento. Nunca pensé que mi fama llegara tan alto.
Hasta tal punto que el señor arzobispo...
Está dispuesto a ofreceros su protección y apoyo para que vuestra inspiración
se desarrolle con mayor holgura y mejores medios.
Es un gran honor para mi pobre talento.
Solo pretendo distraer al pueblo a cambio de unas monedas. Intención muy
en efecto. Al pueblo le gusta divertirse, pero no siempre sabe lo que
conviene. ¿Y cuáles son?
¿Las diversiones más apropiadas?
Este es un punto que podréis razonar con el señor arzobispo, que está dispuesto
a recibiros.
Pero, señor... Soy preso. Lo erais, Juan Ruiz.
Hoy mismo partiremos hacia Toledo.
En verdad que soy un hombre afortunado.
Pero antes me gustaría pediros permiso para recoger mis pobres pertenencias y
despedirme de los míos. Concedido.
Saldremos al amanecer y procurad no retrasaros.
No os preocupéis, monseñor.
¿Cómo os arriesgáis a darle suelta?
Es un hombre inteligente y barrunto que sabe cuál es el lado que le
conviene. Ese bribón no merece tan alta consideración. Su eminencia se ocupa
demasiado, querido amigo.
Hay semillas.
que es preferible fructifiquen en el seno de la iglesia.
Dicen que la verdad deshace las amistades, pero por no decirla, florecen
enemistades.
Entended el proverbio las sabias claridades.
Si sonja de enemigo, no guarda lealtades.
Los antiguos astrólogos dicen en su ciencia, la astrología, con buen
entendimiento, que el hombre cuando nace y tras su nacimiento, el signo en el
que nace, lo tiene por sentencia.
Esto dice Ptolomeo y lo dice Platón, y otros muchos maestros son de esta
opinión, que según sea el ascendiente y la constelación del que nace, tal es su
hado y su don.
Muchos hay que trabajan por la clerecía.
Emplean mucho tiempo y gastan gran cuantía.
Al cabo saben poco.
Su hado les guía.
No pueden desmentir a la astrología.
Unos entran en una orden por salvar sus armas.
Otros esfuerzan por usar armas.
Hay quien sirve a señores con sus manos ambas, pero muchos de estos dan en
tierra de palmas.
Pues no acaban en órdenes, ni llegan a caballeros, ni logran la merced de los
señores, ni de sus dineros.
Si tal puede suceder, creo que sean verdaderos, según la naturaleza, los
estrelleros.
Pero, ¿qué queréis de mí? Quiero hablar contigo.
¿Vos sois Juan Ruiz, el poeta?
El mismo.
Y quiero que me devuelvas la bolsa que le robaste a la dama elegante en el
mercado mientras yo recitaba.
Vi cómo se la quitabas.
Pero, mi señor... No temas.
No me interesa el dinero.
Quiero solamente la bolsa.
Ya me ocuparé de volverla a llenar.
Pero no sé, no me acuerdo dónde está. Pues haz memoria.
Me interesa mucho recuperarla.
Y sería beneficioso para ti que así fuera.
De lo contrario, haré que des con tus huesos en los calabozos del rey.
¿Qué ocurre?
Pensaba cómo escapasteis vos de los del arzobispo.
¿Dónde debo llevaros la bolsa?
No os preocupéis, seré discreto.
Me encontrarás en casa de Zubeida, la casa de los baños. ¿La conoces?
No, pero sé donuta.
En el signo de Venus nacen muchos.
Su vida es amar a las mujeres y no se les olvida.
En ellos se afanan sin tregua ni medida.
Y algunos consiguen la prenda querida.
Bajo este signo afortunado yo nací.
Procuré servir a las que conocí.
A muchas serví y nada conseguí.
A otras sus favores nunca desagradecí.
Vaya, vaya.
Soy yo, Juan Ruiz.
¿Pero cómo estás aquí?
¿Te has escapado?
Consejos dado en amor al hombre y en su favor.
Si quieres en amor triunfar, además de tu alma, tu cuerpo debes lavar.
Sé como la paloma, limpio y sosegado. Y aún con esfuerzo de buen grado, bañate
con frecuencia y relajado, ya en tinaja, río, laguna o mar salado.
Si quieres adueña amar, de la suciedad adjura, que muchas veces el amor no
por ser mezquino en restregar.
¿Os gusta así, mi señor?
Así, con suavidad, con mucha suavidad.
Os voy a dar tal masaje que no podréis olvidarme en mucho tiempo. Vamos a
¿Qué buscas?
¿Tienes dinero para pagarte el baño? Yo no gasto mis dineros en vanidades.
Pues te aseguro que te hace falta un baño. ¿Sois Borzubeida? La misma.
Y estoy dispuesta a darte un baño. Déjate de muñetas.
Tengo una cita con Juan Ruiz.
Espera.
¿Que te deje como nuevo? Sí, pero sin agua.
¡Soltadme, guarra!
Abajo hay alguien que pregunta por ti.
El mozo que esperabas.
Dile que suba.
¡Que nadie se mueva! ¿Quién es tu veida?
Soy yo, ¿qué pasa?
Sabemos que escondes al poeta Juan Ruiz en tu casa.
Dime dónde lo escondes si no queréis ir todos a una mazmorra.
Todos los hombres que hay en esta casa están ante vos.
Que yo sepa, ninguno responde a ese nombre. ¡Registrad la casa!
¿Y tú quién eres? Tu cara no me es desconocida. Yo, señoría, soy un honrado
ciudadano que ha venido a bañarse.
A juzgar por lo mal que hueles no te irá mal el agua y el estropajo.
Pero dime quién eres.
¿Tienes la bolsa? Sí, la tengo en mi ropa, pero estas vueltas tienen mi
¿Dónde escapar? Te espero fuera. Sí.
¿Podemos ver a tu señora?
Traigo algo que le pertenece.
Seguidme.
Aguardad un instante.
Procura distraer a la sirvienta mientras yo hablo con la señora.
Sí.
Bienvenido.
Aposentaos. Mi respeto, señora.
Puede seguir con tu tarea.
No creí recuperarla, la verdad.
No fue nada fácil, creedme.
¿Quieres una flor?
No. Ven.
No, mi hija, por favor.
No, no.
¿No me digáis que habéis escapado de los calabozos? No, señora. Las cosas
ocurrieron de una forma muy distinta, aunque una vez libre... No os entiendo.
Explicaos, por favor.
Adiós.
Y así me encuentro en el dilema de tener que ir a Toledo a ponerme las órdenes
de don Gil de Albornoz o arriesgarme a volver otra vez al calabozo.
Me haríais un gran favor, señora, dándome vuestra valiosa opinión.
Sí, cierto que es difícil el consejo.
Pues queriendo lo mejor para vos.
Debería aconsejaros que aceptase tan generosa oferta.
Pero como vos, parece que deseáis lo contrario.
Ciertamente no es tu opinión.
Si estuviera mi marido, quizá él podría aconsejaros.
Es mucho más entendido en estos negocios.
¿Dónde está la avispa? ¿Os ha picado? ¡Quieto! ¡Estamos quietos! Os ha picado
aquí en el escote.
Y tanto, aquí está la roja. Hay que sacar el veneno.
Estaros quietos y dejad de hacer. Podría ser peligroso.
Pero bueno.
La inteligencia y el ingenio necesitan moverse con toda libertad.
El vasallaje del artista no siempre da buenos resultados.
Pero vasallos somos todos.
Hasta los reyes.
Pues Dios está por encima de ellos.
Para Dios, mi señora Doña Mencía, somos sus hijos, no sus vasallos.
Me recordáis a mi marido.
Ayudadme, por favor.
No podemos consentir que cambien las estructuras o todo se derrumbaría.
Los que están abajo, que sigan abajo.
Y los que están arriba, arriba deberían seguir.
Pero cuando los de arriba ven guardado su poder por los hilos de la intriga,
necesitan recubrir a los de abajo.
¿Más arriba?
¿El valor en ayuda de la nobleza?
Al contrario.
La nobleza en ayuda del valor.
O sea, en la posición correcta. ¿No creéis?
No quiero discutir con vos.
Dueña ser un poco forzada.
Que ceder sin pelea, como desvergonzada.
¡Virtuosa! Ven.
Hablaré con mi marido. ¿Y creéis que lo comprenderá?
Hace mucho tiempo que nos comprendemos. Es un hombre muy sensato y muy prudente.
Además, padece de asma.
Señora.
Dile a la dueña que prepare aposento para don Juan Ruiz y acomodo para su
criado.
Luego prepara la negra vestimenta.
¿Vais a salir, señora?
Vamos a salir a confesarlos.
Celebro que hayáis acudido a nosotros, Juan Ruiz. Un hombre polémico como vos
siempre interesante.
No pretendo ser polémico.
Soy un poeta que quiere dar a conocer sus versos al pueblo.
¿Y os parece poco?
En cualquier caso, no quisiera que tuvierais problemas con la iglesia, don
Gonzalo. No os preocupéis.
Corren tiempos difíciles hasta para la iglesia.
Procuraré interceder por vos cerca del rey.
Está reorganizando su corte y siente interés especial por los ingenios
procedentes del pueblo.
Os lo agradezco mucho, don Gonzalo. Mientras podéis refugiaros en mi casa.
Mi buena esposa os atenderá.
Sin duda, mi señor.
Hace ya algún tiempo que ocupamos diferentes alcobas.
Por su asma.
Mi señor, os han traicionado. Atrevid. Vuestro esposo viene con los criados.
Atranca la puerta, vamos.
Su padre.
¡Igredio!
¡Soltadme, miserable!
¡Que soy de mujer honesta!
¡Abrir la puerta!
¡Abrir!
¡Corre, busca a mi tonelete!
¡Vamos, date prisa!
¡Por la puerta!
¡Por la ventana! ¡Por la ventana!
¡Corre!
¡Perdónese!
¡No me hayas oído! ¡Coge mi tonelete! ¡El tonelete está aquí!
¡Corre!
Por ahí.
Digo, por la ventana. Vengo que estáis ahí todavía.
Venga, daros prisa, agilidad.
Está muy oscuro.
Colonia que estaba antes de conoceros. Vamos, no sabes que la mierda trae buena
suerte. Ahí están.
Sí, puede, pero también más de un palo, que vos sois muy osado, señor Juan Ruiz.
Escúchame, Juan. Las mujeres merecen estos lances y otros más difíciles. ¡Ahí
está!
Sí,
cierto es.
Por eso no quiero alejarme de mi virtuosa.
Cuidado.
Baja de la noche aquí.
Seguro que nos encuentran.
Vamos.
Podéis partir al amanecer.
Era de un gran señor.
Toma.
Es la última que me queda.
Y quiero compartirla contigo.
No, señor puesta.
Os hará más falta vos.
Yo necesito poco.
Y me defiende muy bien, os lo aseguro.
Aguardad un instante.
Comamos algo.
En suma te digo, el dinero es lo mejor.
Señor hace del siervo y del siervo señor.
Toda cosa del siglo se hace por su amor.
Hay quien con lo bastante se da por bien pagado. Y si puede ser libre, no quiere
estar atado.
No sin inquietudes, pero en su verdad sosegado.
Y es que no siempre el hombre libre puede con oro ser comprado.
Dios os guarde, caminante.
Que él os guíe.
¿Vais a Río Frío?
Voy en busca del amor.
Allí donde se encuentre.
Buena cosa.
La misma senda seguimos nosotros, que no hay cosa mejor.
¿Sois acaso trovador?
Soy un pobre poeta, de nombre Juan Ruiz. ¿Juan Ruiz? Creo haber oído ya vuestro
nombre.
Nuestro camino también nos lleva al amor.
Mi querida Altea será mi esposa dentro de pocos días. Que Dios os dé felicidad.
No somos gente muy rica, pero nuestra pobre hacienda nos permite agarrar a un
poeta. Mi buen Pedro tiene razón.
Nuestros desposorios estarían mucho mejor si un poeta de vuestra fama
recitar en ellos algunos versos. ¿Qué decís?
El amor manda.
Y yo soy su servidor.
Vamos.
Si todas las manzanas tuvieran tal sabor por dentro, como por fuera buen color,
no habría fruta de tal valor.
Pero pudren enseguida, aunque den buen olor.
Tal ocurre en el amor con su palabra llena.
Cosa que diga, siempre parece buena.
Pero se estropea sin justificación plena. Aunque muchos creen que solo
casa ajena.
Ya es hora, hija. Anda, ayuda a tu madre.
Nos vendrá bien un poco de vino y algo de comer. Cierto. Que no solo de amor
vive el hombre.
Vamos, hijo.
No me explico cómo habéis podido tardar tanto.
Un poeta de verdad. Y además de gran fama.
Lleva esto a los sagales.
Están hambrientos.
Y les cambiaste romance al teaguara.
No intervengas en este negocio.
Tu palomita cree que puede ir por ahí insinuándose y provocando a un hombre
luego casarse con otro.
Voy a avisar a tus hermanos que están en la huerta
Podéis dormir aquí.
Dejad vuestras cosas.
Os lo ruego, acompañadme.
Necesito hablar con vos.
Acomodaos.
Vos sois un hombre ilustrado y yo necesito hablar con alguien que me
Si en algo puedo ayudaros, lo haré de buen grado.
Un momento.
Os aseguro que todo lo que dijo aquel mozo es falso. Porque yo soy virgen.
no es a mí a quien debéis dar explicaciones.
Un momento, no os escapéis. Lo sé, pero vos conocéis más el mundo y podréis
comprobarlo. Sois experto en mujeres.
Señora, para este merester no soy el más indicado, a pesar de mi experiencia.
Además, vuestro cometido yace en el lecho por defenderos.
Tenéis fama de hombre galante. No podéis rechazarme.
creara al hombre, yo supiera que creada de su carne y para compañera, la mujer
sería su mal, no se la diera.
Habéis sido muy sagaz en mandarme el recado.
Entrad.
No os sorprendáis.
Los caminos de Dios son imprevisibles.
Estaba escrito que nuestros destinos coincidirían de nuevo.
Nos habéis tenido muy preocupados. Por mí, monseñor.
Había motivos para ello.
El estado en que os encontraron no era muy lisonjero.
Justo castigo a vuestro desvío.
Pero el señor arzobispo no ha agotado su paciencia y opina que ahora os
acogeréis de mejor grado a su amparo.
Tendré que meditarlo.
Sí, hijo mío, tomaos todo el tiempo que queráis mientras se reponen vuestro
cuerpo y vuestra alma en esta santa casa.
¿Debo considerarme prisionero?
No.
Solamente un invitado.
¿No es cierto, señor Prior?
Exactamente, monseñor.
No hace falta que te reí.
No pienses capirme.
Dios, eres mi fianza.
De la gente maliciosa, cruel, mala, sobreviosa, que no entiende mi porfía.
aquel dolor que siento en prisión, sin merecer.
Dígnateme proteger.
Con todo tu valimiento.
Dios os guarde, Juan Ruiz.
Buenos días, señor Río.
¿Qué tal va vuestra convalecencia?
Ya no soy un convaleciente, señor.
Por lo menos en lo que se refiere al cuerpo.
Ya veo ya.
¿Habéis considerado vuestra situación y la oferta que se os hizo?
Quizá necesite algún tiempo más.
Por otra parte, se está bien aquí.
¿Miedo, tal vez, de salir al exterior?
¿O no acertar en mi decisión?
No comprendo cómo dudáis.
Jamás hallaréis mejor oportunidad.
Aprovechadla.
El amor hace sutil a cualquier rudo.
Convierte en elocuente...
Al que era casi mudo, quien siempre fue cobarde, por amor todo lo pudo. Al
perezoso obliga a ser presto y agudo.
Gracias, señoría.
Ahí tenéis lo que queda de un poeta trasumante.
Lástima que sus versos ya no interesen a nadie.
Su historia bien merece un poema.
Tomen ejemplo y lección cada día los que son tan soberbios y llenos de
altanería.
Fuerza, edad, honra, salud y valentía no duran siempre.
Se van con mocería.
Aunque te lo dice el santo mandamiento que vistas al desnudo, sacies al
hambriento y al pobre desposada, tanto eres avariento que nunca dijiste uno
si no pediste ciento.
Sois un descreído.
La penitencia es consecuencia lógica de nuestros pecados.
Es ley divina.
Esta ley está regida por el amor.
No, no es el miedo lo que puede abatir al pecado, sino el buen amor.
Mal eclesiástico haríais.
No estoy de acuerdo con vos.
¿Os juzgáis capaz de mejorar las enseñanzas?
Creo que está interesante conversación. Podemos seguirla en ocasión más
propicia.
Si nuestro querido prior no tiene inconveniente.
En modo alguno, señora mía.
Generosa es el ama con sus invitados. Sí, sobre todo con algunos.
Hoy acompaña al prior Juan Ruiz el poeta. Juan Galante es. Y qué hermosos
sus versos.
Dicen que va a hacerse sacerdote. No creo.
Le he oído decir a la dueña que va a ser el preceptor de Doña Gadea.
Para mí quisiera, tan apuesto, prefector.
Dejaos de parloteo y atended a vuestro trabajo.
¿Está ya listo el asado? Todavía falta un poco.
¡Llevad más vino a la mesa!
Estate atenta que no se queme.
Desde que murió mi pobre marido, mis únicas ocupaciones se reducen a la
Ayudar a nuestra Santa Madre Iglesia para mayor gloria de Dios y premiar a
amigos que por su conducta al servicio de Dios se lo merecen.
Doña Blanca es generosa con todos. Procede el digno de un buen cristiano.
La caridad es la obligación principal de aquellos que auténticamente vivimos en
Dios. Por favor, señor Prior.
Buena cosa es tener riqueza para poder ejercerla.
La caridad, claro.
Bueno, no siempre depende de ser importante.
Hay personas como vos, por ejemplo.
Que sin tener riquezas, Dios ha dotado de talento e ingenio.
Lo cual es un privilegio que implica una obligación.
Señora, me valoráis en exceso.
Yo soy solo un pobre trovador, conocedor de sus limitaciones y sus defectos.
Juan Ruiz, también la humildad puede ser un pecado.
Sé muy bien de vuestras posibilidades, de vuestro talento.
Y sería lamentable lo emplearais equivocadamente.
Señora... Decid que puedo hacer para complaceros.
Os estoy tomando en alta estima y vuestra consideración me halaga.
Permitidme, señora.
El arzobispo vería con agrado que os acogierais a la protección de Doña
Mientras, su espíritu de profunda religiosidad quizá pudiera
ayudaros a encontrar el camino.
De una verdadera vocación.
Yo os apoyaría con todo calor.
Seríais, como diría yo, mi buena obra.
Mi mejor obra.
Pasado algún tiempo, podríais ir a Toledo.
Pues estoy convencido de que hallaríais vuestro auténtico camino en la senda de
Dios y de la iglesia.
Mientras, podéis enseñar a mi hija Gadea los secretos de la lectura y de la
escritura.
Yo podría iniciaros.
En el camino de la teología.
Oh, no tenéis que contestar ahora.
Seguiremos hablando de ello.
Cuando la persona ha sido dominada, es fácil con palabras mantenerla engañada y
con falso amor su libertad limitada.
Se dará al que le manda sin más nada.
Acontece a muchos y al que se siente amo.
Prometen mucho trigo y dan paja sin grano.
Muchos con viento ciegan esperando con la mano.
¡A ninguno de ellos quiero! ¡A ninguno amo!
No suele hacer gran cosa quien es de mucho hablar.
Chica cosa es dos nueces y hacen ruido al chocar.
A veces lo mezquino se hace mucho pagar, lo ruin y despreciable.
Caro llega a acostar.
Pero cuando la tierra comienza a abramar tan hinchada, cual si fuera a estallar,
aquellas gentes comienzan a espantar. Y en su loco terror, solo aciertan a
gritar.
¡Calma! ¡Calma!
¡Calma!
Escuchad, hermanos. Atended.
Las noticias me pesan a mí tanto como a vosotros.
Pero son órdenes terminantes del Papa.
Sin apelación posible.
Las cartas lo dicen claramente.
Cualquier clérigo que mantuviese Manceba casada, viuda o soltera, será
excomulgado.
Fechada y sellada por el Papa.
Hermanos, no nos precipitemos.
Antes de tomar decisiones, sugiero que todos juntos demandemos... Ante el rey
Castilla. Estoy seguro que él se hará cargo de nuestra protesta por esta orden
que nos perjudica a todos.
Es una orden injusta.
Y vos lo sabéis.
No sois quién para juzgar. Ni siquiera el rey podría. La orden proviene del
papa. El obedecerle es cosa nuestra.
Siendo así, desde ahora estoy dispuesto a renunciar a preventas, dignidades y
hasta de mis rentas antes de abandonar a mi hola buena.
No, no podría.
Creo que la mayoría piensa igual que yo. Estoy de vuestra parte.
Tampoco yo tengo fuerzas para prescindir de mi leal compañera.
Sería injusto, después de tantos años de vida en común.
Primero, lo abandono todo.
¿Por qué habláis de abandonar?
Aquí está nuestro pasado y nuestro futuro.
No somos fugitivos.
¿No defendimos la cruz junto a nuestro rey?
¿No estuvimos en la batalla del Salado frente al Moro?
Nadie tiene por qué acusarme de mantener mujer en casa.
¿Que no es mi comadre o mi parienta?
¿Qué importa?
Desde niña la crié.
Mantener huérfana en casa es obra de piedad. Y también proteger a las viudas.
Nada malo hay en esto.
Hermanos, ninguna de estas razones son válidas. El arzobispo no las aceptará.
Comprended, él no puede decidir. Estoy seguro que sí.
Explicádselo. Nada más queda por decir.
Nuestra decisión es definitiva.
Aperaremos al rey.
Él conoce nuestra lealtad, nuestros buenos servicios.
No os debe extrañar que los buenos monjes se resistan a abandonar unos
que se han convertido en costumbre.
Pero la obediencia al papa... Estoy seguro de que no faltarán a ella.
Pero les costará.
No olvidéis que son hombres y por lo tanto están sujetos a las necesidades de
carne. Entonces estáis de acuerdo con ellos.
Que yo comprenda su actitud no significa que la pruebe.
¿No decís nada, doña Blanca?
Las órdenes del Papa son sagradas y deben acatarse.
Esto es en honor de nuestro gran poeta.
Soy su única, pero no había ninguna necesidad. Y todavía hay más.
Acompañadme.
Kalila Edimba.
Esto es demasiado.
Nunca creí tener un ejemplar en mis manos.
Es solo una copia.
La encargué especialmente para vos.
Espero que os sirva de inspiración.
Es una muestra de mi gratitud por los progresos de mi hija en la lectura y la
escritura desde que soy su preceptor.
Señora, soy yo quien debe agradeceros vuestra generosidad.
Sabéis muy bien que contáis con mi protección.
Todo aquello que emprendáis y está encaminado al bien espiritual gozará de
favor. ¿No creéis que podemos hacer mucho por los demás mostrándoles
vivencias propias?
Pero eso es inmoral.
Lo que debe propagarse es el valor del sacrificio y de la penitencia.
Y vos debéis hacerlo para demostrar vuestra gratitud.
Estoy seguro de que vuestro ejemplo me dará el valor necesario.
Lo dice Aristóteles y fácilmente se prueba.
A hombres, a aves, bestias y todo animal de cueva, la naturaleza le demanda
buena compañera. Y más al hombre que otro ser que se mueva. Sí, más al
Porque otras criaturas tan solo en una época se juntan con premuras. El hombre
en todo tiempo, siempre y sin mesuras.
Si puede, hace el amor y más locuras.
¿En qué piensas?
En el mundo que he aprendido de ti.
Debemos salir antes de que la dueña empiece a pensar cosas raras.
Yo también soy humano y como tal pecador siento por las mujeres en verdad gran
amor. Y pienso que probar de la vida no es lo peor.
Conviene conocer bien ni mal, para escoger lo mejor.
Mando que mi tienda finque en este prado.
Y si haberme viniera algún enamorado, de noche y de día me tendrá guardando.
Son palabras de don amor.
Me gusta él.
Parece mentira que estos garabatos que hace un año me era imposible descifrar.
Es presentante a belleza.
Es un mérito que hoy día está al alcance de muy pocos.
¿Por eso has puesto tus versos en boca de cómicos y copleros?
Sí.
Quiero que lleguen a todas las gentes.
Os he vuelto a ganar.
Vengan mis tres piezas.
¿Quién me mandaría a mí a jugar con mujeres? Si dura mucho la lección, me
desplumar, señora dueña. Así no os lo gastáis en vino.
Bien dicho, dueña. ¿Nos vamos ya? A menos que quieras dejar en cueros a este
infeliz. Válgame Dios. Pero habrás visto qué descarada se ha vuelto esta niña.
Vamos, vamos.
No sé cuándo vais a sentar la cabeza.
Hasta mañana, mi señor.
Hasta mañana. Y mis saludos a doña Blanca.
¿Cuánto perdiste hoy? Veinte maravedíes. Lo que me fastidia es que la vieja crea
que juega mejor que yo. Si me dejara el canal algún día... De momento me
conviene que pierdas.
Y disculpad que os lleve la contraria.
Pero considerad que el pueblo agradece más la escenificación de una historia
el hecho de que se la cuenten desde un estrado.
El pueblo no sabe lo que le conviene.
Abrir las puertas de una iglesia a una partida de cómicos de la legua no me
parece muy reverente.
Depende de lo que se represente.
Estoy de acuerdo con vos, monseñor. Silencio. ¿Cómo te atreves a opinar? Me
propongo al organizar esa función que la gente saque sus propias conclusiones.
Creí que os gustaría.
Ya que vos me recomendasteis que propagase el valor del sacrificio y de
penitencia. No, si no me opongo.
Todo puede agradar o desagradar a Dios según se exponga.
Y además, si el señor Prior está de acuerdo... Pienso que tal vez pueda
interesante si, como Juan Ruiz dice, con ello ensalzamos el valor de la
penitencia. ¡Barta!
¡Barta ya, don carnal!
¡A tu vida de pecado ponle fin!
¡La hora de penitencia ha llegado!
Basta de tu soberbia, de tu avaricia, de tu lujuria,
de tu ira, de tu gula, de tu envidia
y de tu pereza.
¿Quién eres tú que rompes en mi fiesta?
¿Quién eres tú que vienes clamando en ella la protesta? Yo soy Doña Cuaresma,
sierva del Creador, enviada por Dios a todo pecador.
al guacil de las almas que se han de salvar y tu carnal goloso que no te
a hartar, conmigo en batalla deberás entrar.
A ti en virtud y obediencia te mando firmemente, so pena de
sentencia, que por mí, por el ayuno y por la penitencia, no
desafíes mi carta de creencia.
Contigo traes siempre los pecados.
Y con mucho vicio a los hombres engañados desean siempre
más y se atreven usados contra los mandamientos que por Dios
fueron dados.
La soberbia y la ira que jamás son saciadas, avaricia y lujuria
ardiendo apasionadas, gula, envidia, pereza, cual lepra propagadas
en la codicia nacen.
Y en ella originabas.
Nada temo, vieja sardina, que de los bares pareces. Si ante mí amenazas,
lo que mereces.
Ya que en mostrarte rebelde tú porfías, la mi persona misma y las compañías
mías, lucharemos contigo, haciéndote gran daño y vertiendo sangre.
Por Dios que no te engañe.
Una burla.
Basta.
Esto no era lo acordado, señores. Si no me dieron tiempo. Es doña Cuaresma la
que debe avanzar abatiendo a sus enemigos mientras llama a sus mesladas.
Seguid. Y perdiendo sangre.
Por Dios que no te engaño.
Señores, se acabó por hoy.
Podéis descansar.
Es maravilloso.
Sí, es un espectáculo que me complace. Os felicito.
Pero es muy tarde.
Tiempo de recogerse y de mandar en conversaciones.
Sobre todo cuando la buena fama de una doncella puede quedar quebrantada o en
entredito.
Tú y yo vamos a tener una larga conversación.
Disculpadla, Juan Ruiz.
Su profundo respeto por la casa de Dios no le permite ver con agrado estas
representaciones.
¿Qué tal?
¿Estáis satisfechos con los ensayos?
Pobres diablos.
Para lo poco que saben, no lo hacen demasiado mal.
No me regañéis, mi señora.
Bien sabe Dios que no he obrado con malicia.
Pero era tanta la ilusión que tenía la niña con ver los ensayos. No te excuses.
Tienes menos cezo que ella.
¿Qué se puede esperar de una vieja tonta?
¿Y esto?
Vaya, parece que no eres tan tonta como yo pensaba. Os juro, mi señora, que no
lo he robado.
Esos dineros los he ganado honradamente. Nada de escándalos.
Calma.
Explícate.
Vamos o te entrego a la justicia.
Los he ganado con los naipes. A don Furón, el criado de Juan Ruiz.
Mientras la niña da sus lecciones, nosotros jugamos.
Y como él siempre pierde... ¿Ya es perder?
¿Lo sabe don Juan Ruiz?
¡Claro! De él partió la idea.
Siendo así, no voy a ser yo la que se oponga que sigas ganando tan
Vieja alcahueta, si no fuera por... No despotriquéis, amigo don Furón.
Hay que saber perder con dignidad. Los juegos de azar son como los del amor.
Hay unos que pierden y otros que... Vaya, tenéis visita.
¿Qué pasa?
Doña Blanca. Enseguida aviso a mi señor y mi señora.
Por favor, oídme.
Enseguida aviso a mi señor.
Señora, a mi señor no le gusta que le interrumpan durante la elección.
Mi señora, doña Blanca, qué sorpresa.
Si me hubierais anunciado vuestra visita, yo hubiera preparado... Podéis
ahorraros los cumplidos.
Seguro que os hubiera gustado asistir a la elección, pero hoy hemos terminado
antes.
No se encuentro bien, señora madre.
Sí, me ha dado un mareo.
Por ello os he venido a buscar. Vamos.
No sé cómo tenéis ánimo para reíros.
Pero si va desnuda. Tanto como desnuda, no olvides que una buena capa todo lo
tapa.
¿Qué pensáis?
Creo que ha llegado el momento de que empieces a ganar a la dueña.
Hombre que tiene estado y gran poder.
Lo que para él no quiere, no debe a otros hacer.
Pues muy deprisa puede su posición perder y lo que él hizo a otros.
Y lo que él hizo, otros le pueden devolver.
Piense que la existencia muy deprisa se muda.
El momento se pierde cuando el hombre descuida.
El bien que harás mañana es palabra desnuda.
Vestidla con la obra antes que la muerte acuda.
Don carnal, tu derrota al fin vas a sentir.
Oye pues la penitencia, te vas a arrepentir.
En el santo decreto hay gran disputación. Si se hace penitencia por
constricción... Debemos creer firme, habremos salvación. En el día del lunes,
por tu soberbia mucha, comerás de las arvejas y no salmón o trucha. Mándote
el martes comas de los espárragos y mucho no te hartes.
Espinacas comerás el miércoles y no espejas. Por tu lujuria comerás pocas
Pues nunca respetastes ni cazadas ni profesas.
Lograbas tu capricho con solo promesas.
El jueves...
Por tu ira y por lo que además mentiste y perjuraste, tan solo te darás lentejas
con sal y mucho rezarás.
Si las encuentras buenas, por Dios las dejarás.
Por tu mucha gula y tu gran golosina, el viernes pan y agua comerás, sin cocina.
Como por todo esto un poco sufrirás, tu alma pecadora así redimirás.
Quiero agradeceros el interés que demostráis en mi trabajo.
Es un espectáculo hermoso.
Debéis sentiros orgulloso de él.
También es hermoso que os ocupéis de un pobre poeta solitario como yo.
No creo en vuestra soledad.
¿A qué os referís?
Siempre os encontráis rodeado de damas, viejas o jóvenes.
Se puede estar rodeado de mucha gente y sentirse completamente solo.
No los comprendo.
Hay vacíos en el alma que no son fáciles de llenar.
Vacíos que solo el amor puede calmar.
Pero el auténtico amor, el buen amor, es muy
difícil encontrarlo.
Debemos esperar un tiempo.
Hasta que desaparezcan las sospechas de Doña Blanca.
¿Qué os pasa, señora?
¿Qué se ha hecho de vuestra clarividencia? ¿Qué clarividencia ni qué
No puede una concentrarse en el juego cuando tiene que tener los ojos en dos
sitios a la vez.
No me importa mi madre.
Voy a escaparme esta noche.
Quiero estar contigo.
¿Dobláis la apuesta?
Sois un bellaco.
Doblo.
No sería prudente.
No contraríes a tu madre o terminarás encerrada en un convento.
Estoy harta de todo esto.
Hace una semana que espero poder estar contigo como antes.
Insisto. Es preferible esperar algún tiempo a que todo se normalice. Los
acontecimientos mandan. Paciencia.
No, no puedo.
No comprendo tu indiferencia.
¿Por qué te conformas tan fácilmente?
Hay que aceptar la realidad cuando no podemos cambiarla. El tiempo resuelve
muchos problemas.
¡Sois el mismo diablo, don Curón!
¿Terminó ya la lección?
Sí, por hoy hemos terminado. Pero mañana continuaremos.
Nosotros también continuaremos.
¡Marchaos al infierno!
Señora, para vos.
¿Qué me dais aquí? Un recado de mi señor el poeta Juan Ruiz.
Pero es que yo... Léedmelo vos, que entendéis la letra de vuestro amo.
Señora, he notado que evitáis encontraros a solas conmigo.
¿A quién teméis? ¿A mí o a vos misma?
Yo lograría disipar vuestras dudas si accedierais a visitarme en mi casa esta
tarde.
¿Os parece correcto mandar ese mensaje tan imprudente?
Dios mío, qué vergüenza.
Vamos, vamos.
No hay que tomarse así las cosas.
Si hubieses estado allí mientras vuestro criado voceaba vuestras apasionadas
palabras, todo el mundo se ha enterado. Hubiera querido morirme.
Estúpido. Está bien.
Tranquilizaos.
No fue mi intención ofenderos.
Sino todo lo contrario.
¿Estáis enojados conmigo?
No puedo creerlo. Sí, me obligó a compartir su lecho con él. Vuestra buena
como vos le llamáis.
¿De dónde hemos ido a caer?
La culpa es vuestra por querer hacer un santo de un miserable... ¡Coño!
El mal está hecho.
Puesto que soy la única culpable, yo misma le pondré en juicio.
¿Qué piensa Isaacar?
Al árbol que no da buen fruto, se le arranca de raíz.
¿Sabe Dios qué a ella y a cuántas damas vi?
Bien supe apreciarlas y siempre las serví.
Si no pude ofrendarlas, nunca las ofendí.
De la mujer honesta siempre bien escribí.
Villano sería y muy torpe payés si de una mujer noble hablase de través.
Pues en mujer lozana, placentera y cortés está el bien del mundo y todo un
placer es.
Como de costumbre entre mancebos es usada el no faltarles nunca alguna
enamorada, por hallar solaz nuevo del amor con amada, tomé nueva amiga, una
dama enamorada.
¿Te he despertado?
No.
No os preocupéis por mí.
No soy importante.
¿Quién sabe lo que es importante?
Importante es la verdad.
La esperanza.
El triunfo del amor sobre la penitencia.
La comprensión sobre la intransigencia.
No podemos transigir ante tan indigno espectáculo en el interior de un templo.
Pero ¿cómo pudiste permitir que las cosas llegasen hasta ese extremo?
Recordad que vos misma fuiste quien lo recomendaste. Reconozco mi culpa, pero
ignoraba las proporciones que tomaría el asunto.
Por eso me atrevo a rectificar y apelo a vuestra autoridad para que ponga fin a
estas actividades.
Juan Ruiz ha convertido la casa de Dios en una cueva de perdición.
Mi señor, don amor, si él a mí me oyese, todo el amor del mundo tuviese.
Señor, escucha a este pobre castigado.
Si del bien algo sé, por ti... Me has mostrado.
No escuchéis a don carnal y tómade no servicio, señor.
Deja que su espalda pruebe nuestro cilicio.
No sea, pues que es arrepentido, fese su miseria.
Señor, pues me tomáis por humilde criado.
En esta vuestra fiesta ruego ser hospedado.
Quiero con libertad y justicia ser tratado, cual ser humano que de la
ha renegado.
Algunos seres no entienden, mi señor don amor.
Que el pelear entre hermanos siempre fue un error, pero si la pelea es vieja y
bastante fue el dolor, ninguno de entre ambos debe pudrirse en rencor.
Mando que mi tienda finque en estos prados y todos los que sufren serán por
escuchados.
Pues dignidad, justicia y libertad no son pecados.
No deben ser castigados.
Y si lo fueron, han de ser perdonados.
Juan Ruiz, este espectáculo debe ser suspendido inmediatamente.
Yo soy Doña Cuaresma, sierva del Creador, enviada por Dios a todo
alguacil de las almas que se han de salvar.
A ti, carnal goloso que no te llegas a hartar.
Por salvarla tu alma y redimir tu conciencia, hasta el fin de tus días
penitencia.
¿Qué pasa?
¿Pero qué os ha ocurrido, señor poeta?
Nada, mi buen amigo.
Departía con mi conciencia.
Bueno, no os preocupéis.
La limosnera os trae la comida. Creo que os hace falta. ¿La comida?
¿O la limosnera?
Siempre el mismo.
Por un momento creí que os habíais hecho daño.
tiene su fuego sin ceniza.
Es un fuego que más arde, cuanto más se atiza.
Tras el letargo, despierta, dispuesto a entrar en liza, pues su propio destino
viene por baliza.
No desoigáis la llamada que de sus sueños viene, ni le neguéis un derecho
por nacer tiene.
Dad la razón a los más y a todo el que la tiene, pues además del amor,
ser libre, Al hombre conviene.
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