All language subtitles for El libro del buen amor xx

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
da Danish
nl Dutch
en English
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

y la mano

Impaciente el momento de sellar el compromiso que unirá a nuestra familia.

Gracias, amigo Ruiz. Mi impaciencia no es menor por ver a esta inocente

bajo la protección de vuestro hijo. Vamos.

Ahora no, no ves que tengo presa.

¡Va!

Pero, señor, ¿de qué tenéis miedo ahora? De mi señor padre y sobre todo de la

hija de Pepión.

Vuestro padre os reclama.

Acaba de llegar el señor Don Pepión con su hija a concertarlo de vuestra boda.

Señor, por piedad, déjame ir con los demás criados. Mi destino ya lo he

concertado yo.

Y por ahora no es la hija de Pepión.

Entonces, ¿qué le digo yo a vuestro padre?

Puedes decirle que la dama más reiquilofana de Guadalajara me aguarda y

a casarme con ella, lo cual no es ningún secreto.

Excepto para Pepión, claro.

Señor, sois un bellazo. mentiroso. Vos me prometiste... Señor, déjadme

acompañaros. Siempre he estado muy gustoso de serviros y puedo seros de

ayuda. No olvidéis que siempre he intercedido acerca de vos.

Parece que vuestro hijo tarda.

A ver, ¿qué significa este retraso?

No, será mejor que vaya yo mismo.

Hijo, hijo mío, ¿estás ahí?

Juan Rey, te ordeno que te presentes. Se ha marchado. ¿Dónde?

A casarse con una viuda local y rica. ¿Qué haces tú ahí?

Vamos, sal de ahí inmediatamente.

¿Es así como vigilas tu casa?

Ya hablaremos tú y yo luego.

Ya veis.

Se ha marchado.

Desde hoy, Juan Ruiz ya no es mi hijo.

Rufián.

Ya no.

Sosegaos, doña Cruz.

¿Sosegarme? Después de lo que me habéis contado, oíd esto.

Cuando a doña Cruz veía, yo siempre me humillaba.

Santiguadamente ella, doquiera que la hallaba.

Del mal de la cruzada, yo no me resguardaba.

Buenas son las drogas.

Palabras, solo eso. Pero se casa con otra.

Lo malo es eso, de loarse de vos por toda la ciudad, presumiendo de buena

Un verdadero hombre, ¿no? Los hombres, cuando quieren juntar con dueña rica y

honrada, son lisonjeros hasta que la enamoran.

Luego, de lo prometido, o dan poco, o nada.

Guardios Dios de tales pretendientes.

Pero no nos juzguéis a todos los hombres por igual.

Todavía hay quien está dispuesto a amaros por vos misma.

Parlero, el hombre que mucho habla, poco es desviar.

Vuestro recelo es comprensible.

Sois tan...

Inocente. Pero afortunadamente sos letrada y sutil.

Y entendida.

Y habéis rectificado a tiempo.

Ahí está.

Despedidlo desde aquí.

Señora, ¿no me abrís la puerta?

Vengo a quedarme con vos para siempre.

Idos de aquí en hora mala.

¡Falsario! Corazón duro, ¿de qué me acusáis?

¿Qué habéis hecho de mi fama, bellaco?

Sabed bien que vuestra fama es la mía.

Toda la ciudad sabe que me cortejáis.

Sabe Dios con qué intención. ¿De qué habláis?

Jamás yo.

Comprendo.

Quien matar quiere su canacha que le levanta para no darle ropa.

¡Villano!

¿Qué hacemos?

Querer, dono, me quieren es lucha denodada.

Responder, dono, nos llaman vanidad probada.

Bien sabe Dios que a esta dueña y a cuantas yo serví, siempre quise

Nunca las deserví.

Pues de dueña amada y noble siempre bien escribí.

¿Por qué trato tan duro que no merecí?

No te quiero, amor, ni al suspiro, tu hijo.

Tanto más me acosas, cuanto más me humillo.

Hacesme penar en balde, mas no acepto tu castigo.

No vale tu vanagloria ni un vil grano de miro.

¡Detente, ladrón!

¡Soltadme, malandrante! ¡No soy un ladrón!

¡Ah, no!

¡No, soltadme de un lado!

¡Dadle fuerte, señor!

¡Señora Teresa, acorredme, por favor!

Consiguió escapar, señora.

Pero no paséis cuidado.

Ese ya no vuelve.

¿A qué viene ese llanto?

Vamos, volved a casa. No podéis permanecer aquí con este frío.

Ya pasó todo.

Nada tenéis que temer.

No, ¿eh?

¿Vos sois letrado?

Leed esta carta que he recibido de mi marido, don Pitas Payas.

Madonna, habiendo concluido con gran fortuna los trabajos que me trajeron a

pintar a estas tierras para dos años más, emprendo el regreso a vuestro lado.

Teniendo prevista mi arribada ahí en la tercera semana del mes de septiembre del

año del nacimiento de nuestro señor de mil y trescientos y treinta y nueve

vuestro amantísimo esposo Pitas Payas.

¿O sea que vuestro esposo está al llegar?

¿También eso se congoja?

Vos, creyendo obrar de buena fe, me habéis puesto en un gran aprieto.

Señora, no os entiendo.

Preciso será que os cuente la historia desde el principio.

Mi bien amado esposo, antes de partir a otras tierras a causa de su oficio,

decidió pintar sobre mí una hermosa figura que me lo recordará siempre.

evitándome así cometer cualquier locura.

¿Una pintura sobre vos?

Aquí, sobre mi ombligo. Un pequeño cordero.

Pero el tiempo, como los acontecimientos, no pasan en balde.

Ya sabéis, el miedo, la soledad... En fin, que fue

borrándose el cordero.

Comprendo. Ese hombre al que habéis hecho huir es un pintor que tenía que

a pintar.

Lo que sin duda mi bien amado esposo echará en falta.

¿Qué voy a hacer ahora, cuitada de mí?

Señora, permitidme que os ayude, ya que he sido el culpable involuntario de

vuestra congoja.

¿Vos sabéis pintar?

Mi señor es un artista.

Nadie como él para ilustrar un pergamino.

Pero... Ya sé que no es lo mismo.

Pero no me resultará difícil pintar sobre vuestro ombligo. ¿Me permitís?

Quería mejor arriba.

Tenías razón.

¿Queréis guiarme?

No hay tiempo que perder.

¿Tendráis suficiente luz?

No necesito más.

Esta noche me siento inspirado, señora.

Hermoso cuero para ejecutar una obra de arte.

Ya está casi seco.

¿Dónde está?

¿Qué dices?

¿No recuerdas el cordero que te dejé de recuerdo?

Ah, sí.

Sigue en su sitio.

Ardo en deseos de verlo.

¿A dónde vas?

Arriba. En el aposento hay más luz.

Podrás admirarlo con más detenimiento.

Aquí está.

¿Qué?

Señora, ¿cómo encuentro esto donde yo pinté un cordero?

¿Cómo, señor?

¿Tardas dos largos años en volver y esperabas encontrar cordero?

¿No te parece que dejaste correr demasiado tiempo?

¡Mucho menos conviertes el cordero en cabrón!

Aristóteles, cosa es verdadera,

cuando por dos cosas trabaja la primera,

por tener su mantenencia la otra cosa era,

por tener juntamiento con hembras placentes.

Buen servicio vente en Hidalgos de España.

Sentarse una dueña no es cosa

tamaña.

Nunca avisas cristal, te avisarás mejor caña.

Todos los instrumentos tocan con...

¡Suscríbete al canal!

Sigamos.

Esta es una pieza que un hombre casadero no debe dejar perder.

¿Parece rico?

Sería una hermosa manera de combinar lo bello con lo práctico.

Si la madre no le impide, la viuda pronto tendrá un pretendiente.

¿Qué provecho os tiene vestir de negro paño, andar avergonzada y con mucho

recato? Señora, dejad duelos y hacer cabo de año. Este es mi consejo, por

que no os engaño.

Es la viuda sola, triste, cual vaca corrida. Por tanto, este que os ama, os

tendrá defendida.

¿Qué te parece?

Si este poema no ablanda su pecho, me meto fraile.

¿Creéis que ella consentirá en casarse con un poeta sin fortuna como vos?

¿Qué importa eso?

Ella ya tiene bienes propios, aunque eso no basta a una mujer.

Ya conoces el refrán.

A ver, sola ni canta ni llora.

Yo le ofrezco algo que casi nadie ofrece a las viudas.

Aunque sean ricas.

Amor, matrimonio, protección.

Anda, confío que sepas cumplir con su altura tu embajada.

Dejadlo en mis manos, que eso es cosa hecha.

¿Quieres pagar impaciente?

Sí.

¡En la plaza!

¡Que sí!

¡Por favor, señor!

¡Quieto, Rosso!

Tranquila.

¿Os hizo daño?

Si no es por vos para llegar al providencial, me descuartiza esta fiera.

pasa por introduciros en las casas y ser llamado. Calma. ¿Qué buscáis aquí?

Traigo un importante recado de mi señor para vuestra hija. ¿Qué decir?

¿Tengo yo edad para tener una hija tan crecida?

¿Soy su dueña y acompañante?

Disimulad mi error, señora dueña.

Además, yo...

Soy mocita.

Dadme el recado. No, no, no, es en mano.

¿Qué pasa con el perro? Este pícaro que se ha colado sin permiso en terreno

vedado. Y si no llegó a tiempo, el roso hubiese dado buena cuenta de él. ¿Os he

dicho? No, no, sí.

Acompañadme, pobre mancebo.

No os quedéis ahí.

Dios mío, ¿cómo os ha dejado?

Menos mal que puede remediarse.

¿No tienes nada que hacer en la cocina, dueña?

No, señora.

Pues ve a cuidar al perro.

Yo... Yo venía a traeros este madrigal de parte de mi señor, don Juan Ruiz. ¿El

probador que os acompañaba?

El mismo.

Él sería muy feliz esposándoos.

Sois... Sois tan hermosa. ¡Oh, qué galante!

Son palabras de mi señor. Yo solo soy un portavoz. Tomad la carta.

Léedmela vos mismo mientras arreglo esto. Así podrá decirse que matamos dos

pájaros de una pedrada.

Mi señor dice así.

¿Qué provecho os tiene vestir de paño negro?

Andar avergonzada y con mucho recato.

Estáos quietos.

¿No veis que os puedo pinchar?

Vamos, seguid.

Señora, dejad el duelo y haced cabo de año.

Es decir, que es un buen consejo, digno de tenerse en cuenta.

Pobrecito. Os he lastimado.

Sigo.

Yo seguiré por vos.

¿Qué le respondo yo a mi señor?

El que al lobo envía, la carne espera.

Aquí la hay de sol.

Tomad vuestra ración, que esta noche él tendrá la suya.

Pero... Ya le mandaremos una nota, citándole para más tarde.

Al fin.

Tomadme, soy vuestra para siempre.

Perdonadme, señora, pero... No os disculpéis. Adoro a los hombres osados.

¡Volved aquí!

¡Os lo exijo!

¡No os escapéis!

¡Desalmado! ¡A mí la justicia!

¡Detenedlo!

¡Estoy mancillada! ¡A mí la justicia! ¿Así dejáis escapar un posible marido?

Querido Fernan, más vale a la viuda estar suelta que va al casar.

¡Y de puta si te salgan unos cuernos más grandes que los de tu padre!

A ver si dejáis dormir.

Todas las noches lo mismo.

Tomar de todas cosas el apóstol manda.

Probé yo la sierra, hice lo que demanda.

Perdido mi equipaje y sin hallar vil vianda.

Quien más que pan de trigo busca, sin seso anda.

Siempre a mala manera la sierra y la altura.

O nieva o hiela, pero nunca haya calentura.

Encima de ese puerto la vida era muy dura. Viento con gran helada, rocío con

gran friuda.

Lunes antes del alba comencé mi camino.

Allí cerca el cornejo dotaba a un pino una serrana lorta.

Diremos que me ha vino.

¡Adeduro! ¿Qué buscas por aquí?

¿Fue bien para nosotros algo?

Irás y me prometes algo.

Mujer, mi bolsa está vacía.

Pues ve por el camino dando un rodeo. Este atajo es de mi propiedad y por él

cobro soldada. Por Dios, hermosa, la me paso, el camino está cortado. De aquí no

me muevo hasta que me prometas darme algo. Que Santillán te confunda, pasaré

que te pese.

¡Hala, eh!

Por el padre verdadero que me pagarás.

Vaya si me pagarás.

¿Os duele?

¿Tenéis hambre?

Antes tomaréis un buen baño. Adiós, hermana.

Esto os quitará el frío.

Quieto, parada.

Rascó la estribillación.

Ya me lo agradeceréis, Sandio.

¡Dame si no querés!

Anda, que ya ha amanecido.

Vamos, holgazán.

Levántate.

El camino para Sotosalvos es largo.

Y ya está bien entrado el día.

¿Tanta prisa tienes por echarme?

Tengo muchas cosas que hacer.

Y un hombre en casa siempre es un esposo.

Anoche no decías eso.

Anoche me atacaste a traición.

O quizás no debí medir mis fuerzas contigo.

Este que desciende es tu camino.

Ahora te será más fácil.

Toma, pastora.

En la ciudad te lo pagarán bien.

Consérvalo. Tú eres hombre de letras y lucirá mejor en tu mano.

Además, recuerda que tú me vendrías.

Sí, Alda.

Yo te vencí.

Pero tú eres la más fuerte.

Cerca de Tablada.

La fiarra pasada halléme con alda a la madrugada.

Dije yo, frío tengo y por eso vengo a vos, hermosura.

Quedad con mesura hoy darme posada.

Diz, tú que bien corres aquí no te engorres.

Anda tu jornada.

Y he aquí el epitafio de mi vulgar y triste historia.

Gran error fue enviar como mensajero de amores a un mancebo apuesto y avifado.

Si era un chicuelo. Un chicuelo. Pues lo que es la viuda debió de mirar más a

fondo que tú.

Mira que mandara un posible rival como tercero.

Un hombre como tú, letrado, debería saberlo.

Busca, mujer vieja, que te sea leal.

Amiga, no sirviente.

De esas que usan mucho los frailes, las monjas y las beatas.

Que andan las iglesias y suben las callejas.

Y son recibidas, aunque con algún recelo, en altas casas,

donde algún enfermo espera de sus pócimas o de sus naipes.

Ver sonreír su futuro.

Procura, ante todo, que tu mensajera sea bien razonada, sutil y

zalamera. Que sepa mentir hermoso a todos, menos a ti.

De todas las correderas, esa, esa es la mejor.

Protégela.

A cambio, ella te servirá con creces.

No le mientas nunca.

Dale buen amor, que si cumples jamás te habrás de arrepentir.

Y a todo esto, aunque mi nombre es Urraca, todos me conocen como

quizá porque de moza serví en un convento.

Amén.

Para evitar la maledicencia, tú ocuparás...

aquella parte de la casa.

Ante todo, seriedad.

Acerca esos platos.

Allí podrás desarrollar tus actividades con cierta independencia. Un hombre que

sepa de escritura no tiene precio en estos tiempos.

Pero... Antes aclaremos la situación para evitar futuras discusiones.

¿Cuál es mi participación?

Mira, juntamos las respectivas ganancias, sea cual sea su cuantía, y

en partes iguales lo que ganemos.

¿Y cuando uno de los dos no tenga trabajo?

Mientras dura esa situación, que no puede ser eterna, las ganancias seguirán

dividiéndose en partes iguales.

¿Te parece?

Hoy por ti, mañana por mí.

De acuerdo.

Más fuerte queda el fuego escondido, encubierto, que no cuando se

derrama esparcido, descubierto.

Pues siendo vos el camino más seguro y más cierto, en vuestras manos pongo mi

corazón abierto.

Perfecto.

Trotaconventos tenía razón hablándome de vos como lo hizo.

Firmad en mi nombre, Leonor.

Pero si no habéis firmado. Mejor.

Vuestro amado no debe saber de momento el nombre de la dama que le escribe tan

apasionadas palabras.

No sería prudente.

Pero si son palabras vuestras.

No hace falta que me dictárais.

Vuestros ojos me han revelado todo lo que he puesto en verso.

Doña Endrina.

Que mora aquí, en mi vecindad.

De hermosura, don aire.

De gracia y de beldad.

Salva y vence a todas las que hay en la ciudad.

Si amor no me engaña, os lo digo de verdad.

La hermosa viene, doña Andrina, por la plaza.

¡Qué talle!

¡Qué don aire!

¡Qué alto cuello de garza!

¡Qué cabello!

¡Qué boquilla!

¡Qué color!

¡Qué buena andanza!

Con saetas de amor hiere cuando los ojos alzan.

A persona como ella...

Yo no le oso hablar, porque es de gran linaje y tiene

buen solar.

De mejores parientes que yo, de tan gran lugar, que a decirle lo que siento

no me oso aventurar.

Nada, Ulises.

No me encontréis mal.

¿Puedo ayudar?

¿Qué hacéis aquí dejando la mujer?

Volved adentro.

¿Y perder la ocasión de hablar con vos?

Dios es lo más importante.

Pero yo os amo más a vos que a él.

Sois el mismo diablo.

Pues el diablo amado.

No quiero escucharos.

¿Por qué?

Nuestras miradas han cruzado más de una vez en la vecindad.

Ya es hora de que conversemos.

Pero yo no os conozco.

Por el habla se conocen los corazones.

Por el habla se pierden las razones.

La conversación despeja el pensamiento y no compromete a nada.

Que yo sepa.

Al contrario, rompe la fascinación de lo desconocido, de lo encubierto.

Hablaros podré un día, pero ante testigos que vean. Y no es solas con vos

Eso acarrearía mala fama para mí y disgusto para los míos.

Mi madre está por salir de misa.

Dejadme. ¿No me habéis respondido?

El verano se acerca. Entonces será tiempo de hablarnos y conocernos.

¿Dónde estás, vieja buena?

Al fin apareces.

¿Quién tal te ha ido por esos caminos? ¿Con quién crees que te has asociado?

Rosaconventos nunca viene de vacío a casa.

No está mal.

A ver qué te parece esto otro.

en vinillo.

Me lo dio una viuda rica y hermosa que está necesitando un hombre a toda prisa.

Así es que he pensado... Bájate de viudas.

Ya hablaremos de eso. Vamos a hacer cuentas ahora.

Tienes razón.

El negocio es tu primero.

Solo tú puedes ayudarme.

Cada día que pasa, más nos separa.

Doña Endrina, ¿dónde has puesto los ojos con los vuelos que tiene la dueña? ¿Por

qué dices eso?

La hija del Endrino, que en paz descanse, es la moza más solicitada del

contorno.

Pretendientes de buen linaje merodean a su alrededor al olor de la heredad que

nos chica. Al suelo la heredad.

Uy, uy, uy.

Cuidado con la cordura.

Ninguna mozuela merece que el ceso de un hombre de tus cualidades... ¿Hablarás

con ella?

Vamos a hablar.

Déjame pensar.

Esto me abrirá sus puertas.

Ya es algo. Si logro vencer su desconfianza.

Lo conseguirás.

Bien.

Tú eres poeta y sabes conmover el corazón de las mujeres.

Escríbele algo para que yo se lo lleve.

Algo vehemente apasionado. Ya sabes.

El resto es cuenta mía.

Dios bendiga vuestra cortesía. ¿Puedo pasar?

No queremos nada, buhonera.

Lo vengo para negocios.

Es con tu señora con quien necesito hablar en persona.

Traigo algo para ella.

¿Conocéis esto?

No quiero comprar nada.

Dale unas monedas y que se vaya.

Madre señora, no receleis. No me trae a vuestra casa intención ninguna de

venderos mis medicinas ni mis baratijas.

¿Lo conocéis?

Déjanos solas.

¿Dónde lo encontrasteis? En la iglesia.

Os lo juro.

Loca, descuidada, ven aquí.

¿Cómo lo perdiste?

¿No respondes?

Yo... Mi señora Doña Rama, no sea incedera con la pobre niña. Ella pensaba

lo recuperaría, ¿verdad?

No la regañéis.

Y perdonad que interceda.

Eres una buena defensora.

Después de todo, nada se ha perdido, pues la joya ha vuelto a su dueña. Está

bien, está bien.

Ahora, muéstrame algo, por si puedo comprarlo. Mi señora, no tenéis que

demostrarme vuestro agradecimiento.

Además, nada tengo aquí que esté a la altura de vuestra importancia.

Sin embargo, si de veras lo deseáis... Puedo procuraros un paño de rico tejido

que bien podría servir para un traje de novia.

Me gusta esa idea.

Tráela cuando la tengas y hablaremos.

Y ahora vete.

Ya te hemos hecho perder bastante tiempo.

Llama para que la acompañe. Yo misma la acompaño, señora madre.

Quedar con Dios, mi señora.

¿Decíais algo?

Debo agradeceros que recuperaréis mi rosario. Otra persona no lo hubiera

devuelto. Señora hija, el mérito no es mío y lo sabéis.

Yo solo soy instrumento de cierto galán mancebo y poeta al que conocéis porque

habita en vuestra vecindad. Él lo encontró y me pidió que os lo entregara.

también esto.

Sota conventos, ¿qué me dais aquí?

¿Quién sabe si vuestro destino de chica centella nace gran llama y gran fuego?

¿Todavía estáis a tiempo de romper ese billete?

Buena mujer, dime.

¿Cuál es ese de quien eres mensajera?

¿Qué quiere de mí? ¿Me concierne? Muchas preguntas son esas.

Las cartas que conocen el porvenir quizás satisfagan vuestra natural

Si acaso me decidiera, ¿cuándo puedo hablarte a solas? A la hora de la

señora hija. ¿Os parece bien?

de la mar, puerto de holgura.

De dolor y de tristura venme a librar, pues que de amor hoy

conozco la fortuna.

Parecéis arrepentida, hija señora.

Perded el miedo.

No hay razón para tenerlo.

Estamos solas. He tenido que mentir a la dueña. Si mi madre se enterara...

Vamos, vamos, vamos.

Pensad por vos misma, doña Endrina.

Ah, el diablo. El amor quiebra claustros y puertas, vence las guardas,

deja el miedo vano y abre las más fuertes cerraduras.

¿Hablan de amor las cartas?

¿Qué ves?

Mejor lo dejamos para luego.

Ahora podríamos tomar algo. Es tarde.

Es que has visto algo malo. ¿Algo que no quieres decirme?

No, al contrario.

Hay en vos un irresistible atractivo que es correspondido.

El emperador invertido revela un carácter obstinado de alguien que quiere

impedir la realización de vuestros deseos.

Vuestra madre.

Sin embargo, hay en vos una gran fuerza y una agudeza que anulará toda

oposición.

Que traerán un buen amor resplandeciente y feliz, regido por la sabiduría y el

espíritu.

¿Y eso es todo? ¿Todo?

¿Y esta horrible figura?

¿Quién puede ser?

¿A quién esperáis?

Es el poeta, mi protegido. No recelé. Vieja cagüeta, me has vendido.

No perdáis la calma, por Dios.

Permaneced silenciosas hasta que él se haya marchado.

Os juro, mi señora doña Endrina, que no lo esperaba. Sin duda os vio entrar y

como su amor por vos es tan... El muy bruto es capaz de convertirme en

a puerta.

Y que había fallado.

¿Dónde la has ocultado?

¿No la has dejado escapar?

Escondida la tienes en mi alcoba.

En mano de vieja nunca di mejor beso.

Pero...

Yo en tu lugar me alejaría de ella.

Olvídala, Juan Ruiz.

Tengo un mal presagio.

Tonterías. Ámela y una vez y muera.

Espera.

Si la amas, guárdate.

No la tengas la primera vez.

Así será tuya para siempre.

Y procura que nadie interrumpa mi siesta.

¿Ya es tuya la paloma?

Soy yo quien le pertenece, pero ella ha huido.

Hay otras mujeres en el mundo.

Ya he pensado en otra para ti.

Ya verás, pronto vendrá a visitarnos.

Mi leal hurraca.

Haces como la madre cuando llora el mozuelo.

Escucha, aunque no lo creas, doña Endrina ya es nuestra y hará lo que tú

quieras. Pero se casará con otro.

¿Qué quieres?

Conozco a su madre.

Ámala si quieres.

Diviértete con ella.

Luego, olvídala.

Pero no pidas más.

No es para ti.

los mis ojos porque os fuisteis a poner en dueña que no os quiere desposar ni

ver os por vuestra vista me habéis llegado a perder

penaredes mis ojos penad y amorteced

hay lengua sin ventura ¿por qué quieres decir?

¿por qué quieres hablar?

¿Por qué quieres departir con dueña que no te quiere escuchar ni oír?

Ay, cuerpo tan penado, ¿cómo te vas a morir?

Ay, corazón cajoso, cosa desavisada, ¿por qué matas el cuerpo donde tienes

tu morada?

¿Por qué amas la dueña que no te precia nada?

Corazón, por tu culpa vivirás vida penada.

Sé que estás despierta, hija mía.

No voy a exigirte razones por tu escapada y tu regreso a Octavillas.

No abras los ojos si no quieres.

Sé que estás avergonzada, pero eso no basta.

Aunque debiera hacerlo tu hermano, voy a ser yo quien apalabre tu boda lo antes

posible.

Hasta entonces, permanecerás en la casa.

Amigos, oídme un poco.

Supongo que todos adivináis qué es lo que nos ha reunido aquí.

Doña Endrina, la hija de Doña Rama, queda comprometida en el día de hoy para

casar con mi hijo aquí presente, con el consentimiento de la mencionada Doña

Rama y con el de su hijo ausente, Don Nuño.

Respecto a mi hijo, cuenta con el nuestro.

y con el beneplácito del Señor canónigo para ambos.

Queda dicho ante testigos, hasta el día de las bodas, que será, si Dios nuestro

Señor lo quiere, cuando acabe la cosecha.

Amén.

¡Ay, Dios mío! ¡Mi niña!

Alegraos, don Ortoño, que no es ocasión de estar triste.

Permitid esta debilidad.

¿También está triste vuestra hija, señora?

Es natural.

Echa de menos a su hermano que, a pesar suyo, no ha podido dejar el servicio de

nuestro rey y señor para esta ocasión.

Anímate, hija. Vamos, sonríe. Espero que no falte al casorio.

Dios te bendiga. Para tal acontecimiento, el rey y nuestro señor

del servicio.

¿Puede comenzar la danza?

¡Que empiece el baile!

Todavía no se ha casado.

Doña Endrina es tuya.

Pero... ¿Qué puedo ofrecerla yo?

Amor, felicidad.

Pero no estaría de más hacerla sufrir un poco.

Provocar sus celos.

¿Recuerdas la amiga de que te hablé?

¿Qué os parecen estos primores para vuestro vestido de novia?

Ama, ¿tú crees en lo que dicen las cartas?

Sí que no, eres de brujas.

¿Viejas pitofleras?

Hija, ¿por qué te empeñas en estar siempre encerrada?

En el patio, el sol es una bendición.

Estás tan descolorida.

Sin duda echa de menos a su prometido.

Pobre niña.

Los hombres andan siempre tan ocupados. Es lo natural.

Dios no es libre del hombre ocioso.

El amor no le excluye de vigilar la hacienda de su padre, que algún día será

suya.

Y como esta es la época de más trabajo, ¿por qué no le mandas una carta?

Así se te haría más corta la espera.

Heme aguardando de tu corazón amada.

Lozana y bien hermosa y de muchos deseada.

Solo por vos espero, encerrada y guardada.

Cualquiera que espere algo de mí, tiene nada.

Quieren casarme bien como las otras gentes.

Escribid, por honrar a mi madre y mis pendientes.

Di, amor, que tengas voluntad de lo que me dices.

Vamos, hija. ¿Ya está todo?

No doy con el último ver.

Pon cualquier cosa y acabemos. Cualquier cosa estropearía el madrigal.

¿Puedo ayudaros?

¿Cómo lo acabaríais vos?

A ver.

Di amor que tan lejos estás.

No me presientes.

El torrente ya es río.

Tú y yo sus fuentes.

Pasadlo a limpio, poned una hermosa orla y mandadlo a casa.

No os molestéis.

Lo mandaremos a buscar.

¿Es suficiente?

Es demasiado.

Y ahora, quedad con Dios.

¡Es que nos vas a doñar a las dos! ¡Aquí está

Salamero, que ahora no está ella!

¿Qué se oculta tras esa algazara? ¿No lo adivinas?

Gracias a ti y a mis autoconventos.

Y a ti, Águeda, y a tus fingimientos que la encelaron.

Celos de ti.

¿Qué le pasa a Águeda?

Hombre, ¿cuándo entenderéis a las mujeres?

¿Pero ella?

Siempre hay un hueco para el amor.

No cantes alabanzas de otra delante de ella.

No ves que la lastimas.

¿No se te olvida nada?

Todo está.

Si algo me olvido, ya me lo traerás cuando vengas a visitarme.

No te despides.

Es tarde ya y el camino es largo.

Además, ya sabes que me disgustan las despedidas.

Como quieras.

Cualquier día voy a haceros una visita.

Adiós. Ve con Dios, mujer.

Ah, y no te olvides del ungüento para los granos, que le sienta muy bien a las

chicas. Ve tranquila.

Doña Endrina me hirió de saeta enarmolada.

Atravesó el corazón.

En él la traigo clavada.

Con toda mi gran fuerza no puede ser arrancada.

La llaga más va creciendo.

Del dolor no vengo a nada.

Detalle muy apuesta.

De gestos, amorosa.

Doña Gil, muy rozada.

Placentera.

Cortés y mesurada.

Alaguer, donosa.

Graciosa y resueña.

Amor de toda cosa.

Todas estas noblezas me la hacen querer, mas acercarme a ella no me puedo

atrever.

Solución ya no hallo que me pueda correr.

Solo vos, Doña Bel, lo podré deshacer.

Ya puede disponerse todo. Niñas, no os alejéis mucho, que no tardaremos en

comer. No os preocupéis, madre. Solo vamos a buscar berros para la ensalada.

quiero ver si encuentros pliego.

¡Esperadme!

¿Habrá cangrejos ya?

Acerquémonos al río.

Pero, si se enteran ellas, no se enterarán a menos que alguna de nosotras

diga. ¡A ver quién llega!

con este calor.

Pero bueno, ¿qué vas a hacer?

¿No os apetece bañaros? Si nos bañamos notarán que hemos venido hasta aquí.

El sol es fuerte y secará nuestras ropas. A mí no me importa que me

voy a bañarme también.

Vamos, vamos, no seáis miedosas.

Están desofocadas, es malo bañarse.

Dios mío, debemos irnos. Es tarde ya.

No quiero irme.

Es que no lo entiendes.

Tu madre debe estar desesperada, creyéndote muerta.

Estás temblando.

Llévame contigo.

¡Mirad, la han encontrado! ¡Vamos!

¿Cómo está?

Está tranquila, mi señora.

No ha muerto. ¡Está viva!

Está parida como una muerta. Hay que llevarla a casa enseguida.

¿Se ha enviado la noticia a mi hijo?

Sí, señora. Y al prometido de la niña también.

No me dejes.

Juan.

¿Juan? El protegido de la Tota Conventos.

Es el quien la ha matado.

Aún está viva, señora.

Tienes razón.

Llama al curandero.

O llévame a mí también.

Pero a ella no.

Aunque me vuelva a morir.

Ya te advertí, el amor no trae nada bueno.

¿Recuerdas?

Vamos, no puedes quedarte aquí.

Mírate cómo estás.

¿Quién habla de morir? Lo que tienes que hacer es meterte en la cama y sudar.

Amén.

Vos, ¿cómo os atrevéis?

Dios, dejadme entrar.

Convadeceos de él.

Estáis locos.

Marchaos.

Y aún haríais mucho mejor desapareciendo de la ciudad antes de que venga el

hermano de doña Endrina.

Vuestras vidas no valen un suspiro.

No, no te olvides.

¡Tenemos que huir!

Quieren vengar en ti la muerte de doña Andrina.

¡No te cometas! ¿Dónde me has traído?

¡Pero qué escándalo es este!

¡Vamos, volved a la cama! ¡Aún no estáis buenos! ¡Estoy mejor que tú! ¡Y en

cuanto a ti, grandísima zorra!

¡Zorra yo!

¡Gracias debías de dar a que te preste mi cama!

¡De que si lo llego a saber!

¡Eh!

¡Calma tu genio, Juan Ruiz! ¡No me alborotes el gallinero!

Águeda.

Ahora lo entiendo.

Sí. Estás en mi casa desde hace una semana.

Y por lo visto ya has levantado cabeza.

Y trate con Ventos.

Tranquilízate. Este es un negocio, ya sabes.

Anda, vístete mientras me avío. Y luego hablamos.

¡Oye, mira!

¡Déjame! ¡El dinero!

¡Dame el dinero!

Y gracias a tratar con Ventos, que es una mujer de recursos, llegasteis hasta

aquí, escapando de una buena.

Aquí nadie os conoce. Y en esta casa podéis consideraros a salvo. ¿A salvo?

Mejor hubiera sido acabar de una vez.

Quiere callarte.

Siempre es tiempo de comenzar de nuevo.

El vino te pone pesimista.

Levántese ánimo.

Si Dios ha querido que vivas, no le lleves tú la contraria.

¡Fuera! ¡Fuera!

¡Aquí no se viene sin dinero!

¡Vete! ¡Vete!

Ya te acostumbrarás.

¿Qué te ha pasado con él? ¡Déjame en paz!

A los primeros.

Oye, yo no soy un inocente paloma, ¿de acuerdo?

Pero cuando uno se cree en nada ni en nadie, ¿qué nos queda?

Soy un imbécil.

En vez de estar...

Es que no vais a terminar nunca.

Eso no es cuenta tuya.

La habitación es mía, ¿recuerdas?

Pero bueno, es que no se puede estar tranquilo en esta casa.

Ahí os quedáis. No le hagas caso, está borracho.

¿No lo ves?

¡Sal de aquí, zandio!

¡Bestia!

Escucha, ¿quieres marcarte ya y dejarnos sin padre una vez?

Déjalo, ya se irá.

No hagas caso.

Como si no estuviera.

Anda, amor mío.

Mujer, toca algo más alegre.

Decididamente el vino te deprime.

¿O es que yo no soy lo suficiente para ti?

Sí, debe ser eso.

Solo soy una puta.

¡Eh, venid aquí, compañeras, que estoy en un apuro!

¡Tengo un cliente helado! ¡A ver si entre todas le podemos calentar!

¡Vamos! ¡Venid aquí!

del que usan las propias sultanas.

¿Y no será pecado? Pecado, pecado.

No es eso lo que buscáis.

Has vuelto a beber.

Así no se consigue nada.

Espera. ¿Qué vale, buhonera? Seis maravedís.

Llévatelo por cinco.

Y no le quites el capricho a tu mozo. Cuatro.

Algo te bulla en la cabeza que no te deja sosegar. Y yo sé lo que es.

Pero esas son cosas que el tiempo, el tiempo y otro amor curan.

¿Como el de la águeda, acaso?

¿O tienes algo mejor por ahí?

No.

Voy a marcharme. A eso he venido.

A despedirme.

¿Y qué esperas encontrar en otra parte que no puedas hallar aquí?

La felicidad.

Al menos la paz.

El olvido.

La felicidad.

¿Crees que es algo gratuito?

Pobre Juan.

¿Dónde vas a ir?

No sé.

Me uniré a las huestes del rey. Al menos peleando olvidaré. Si es que puedo.

Una limosna, hermano. Dios ampare.

Que Dios te bendiga y te conserve la luz.

Ya ves.

Tú te quejas y tienes dos ojos y dos brazos y una cabeza capaz de pensar y de

razonar. ¿Crees que todo el mundo es feliz menos tú?

No ofendas a Dios.

Abre tus ojos y mira a tu alrededor.

Míralos bien.

¿Los ves?

Pues no olvides sus tribulaciones cuando estés combatiendo contra el infiel. Y

hasta puede que al final, maltrecho y sin esperanzas, Vengas aquí a lamentarte

de verdad, como ellos.

Son buenos sus versos. Podría componernos algún cantar.

¡A diez maravedís el verso!

¿No decíais que era desinteresado?

Sí, pero no dije nada acerca de mí.

¿Cuál es su nombre?

Aún no es conocido, pero muy pronto todo el mundo conocerá y cantará.

Es hermosa la cántica.

Es perfecta, muy ligera, casi musical.

¿Qué decís vos?

No está mal.

Reconozco que es algo fuera de lo común.

Casi suena como un madrigal a una enamorada.

Sí, no es muy reverente.

Demasiado humana, diría yo.

Pero el verso es gracioso. Y seguro que los fieles lo aprenden de mejor grado.

que los latines del pasado año.

Este año llenaréis la iglesia.

El nombre de Juan Ruiz es harto conocido, popular y admirado por todas

gentes. Ricas, pobres, nobles, plebeyas... Bueno, bueno.

Toma, buena mujer, dáselo a tu poeta y que lo administre con mesura.

Ah, y que no se olvide de los necesitados ahora que la fortuna le

Ave María Purísima. Sin pecado concedida.

¡Doña Garosa!

¡Hurrata!

¿Cómo estás aquí?

¿Es que vas a ingresar en la casa? ¡No!

He venido a traer unos versos que vuestra comunidad encargó al poeta a

sirvo de un tiempo a esta parte.

¿Cómo? ¿Has dejado tus negocios? No, sigo siendo libre, ya me conocéis. Pero

vieja como yo es como un perro vagabundo y ha de apegarse a alguien.

La soledad no es buena.

Y servir a un hombre es lo mejor que puede hacer toda mujer.

¿Pero tú?

Todavía. ¡A mi edad!

Y con un hombre joven, me apuesto.

Simplemente le sirvo bien.

Y me voy, que me aguarda. Os acompaño.

Ya veis.

Dios ha trastocado los papeles.

Debería ser vuestra juventud la que saliera. Y mi vejez la que quedará entre

estas paredes. No habléis así.

Seis más feliz aquí.

Nadie lo diría. Estáis flaca y magrilla.

Si algún día os decidís a colgar las tocas... Que Dios os guarde, mi buena

Garosa. Que él os guíe y os ilumine.

¿Con una monja? Rueba ello, ¿por qué no?

Estás loca.

Quien a monjas no ama no vale un maravedí. Te lo digo yo que las servilas

conozco bien.

Son buenas, placenteras, dulces. No quiero complicaciones.

Solo triste y desasosegado.

Si hubieses visto cómo te miraba... Inténtalo.

Yo te allanaré el camino.

Quien hizo la canasta hará el canastillo.

Válgame, Santa María, mis manos me aprieto.

¿Quién dio a Blanca Rosa hábito y velo prieto?

Más valdría la hermosa tener hijos y nietos que tal velo prieto ni que

siento.

No es cosa segura creer dulce lisonja.

De este dulzor suele venir amarga lonja.

Jugar con amor no conviene a una monja.

Religiosa no casta, es podrida por honja.

Señora, mi señora.

Tal miedo no guardéis, al hombre que os ama nunca lo esquivéis.

Toda mujer teme lo que vos teméis, mas el miedo no os impide ver lo que

Tened buena esperanza, dejad vano temor y amad al buen amigo, tomad su buen

amor.

Hija mía, acudir al refector.

Se ha declarado la peste en la ciudad.

Hay que abrir las puertas de esta caja para recibir a los que necesiten de

nuestra caja.

¿Estás loca? Tú te vienes con nosotras.

Daos prisa en un poco de calma, mujer.

Mira, quédate aquí mientras nosotras acercamos el carro. Aguanta un poco.

¿Qué haces en ti, vieja bruja?

Llego al convento.

Allí me conocen y me atreven.

Solo esperaré. Rezar.

Rezar. Eso no nos salvará.

Hay que hacer algo.

Un poco.

Confía en mí.

Hermana, vení.

Necesito su reverencia.

Luego volveré.

Entre tanto, cuida de ella.

Si tiene fe, dame un poco de vida.

Procurad que no se destape y creedme.

Rezar.

Quizá no es útil, pero conforta.

Esta epidemia no es solamente local. Toda Europa la sufre. Dios nos ha

abandonado.

Juan, Juan.

Déjame aquí, márchate ahora. Estás a tiempo.

¿A tiempo de qué?

Dios, músico.

vuelvo enseguida

Una tarea muy pesada para una monja.

No es hora de andarse con Melinda.

El contagio nos amenaza a todos por igual.

¿Y usted?

No sé.

A veces... A veces me muerto.

Si no fuera por la fiebre, claro.

Cuidado con esto.

Javier.

Eres una santa.

No soy santa.

Cuando yo me vaya, ¿quién va a cuidar de él?

Si vos no fueseis tan terca.

Te he dicho que no soy santa.

Por el amor de Dios, no quebrantes más mis fuerzas.

Es que no puedes olvidar por un momento tu oficio y pensar en ti misma.

Yo ya no necesito nada para que voy a pensar en mí misma.

Él es quien se queda. No dejéis que se pierda.

Déjame pensarlo. A desde esta noche. Tranquilízate.

Si queréis que se salve, no se partáis de su lado.

Ya es tuya, Juan Ruiz.

Ella te espera.

¿Y qué?

Simple.

No te apures por mí. Ya me encuentro mejor.

¿Crees que una epidemia puede acabar con tratar con ventas?

Ahora piensa en ti y en ella.

Anda.

Esta también ha caído. Ya no hay nada que hacer, hay que llevársela.

No la toquéis.

Hay que sacarla de aquí, pronto.

Yo mismo la llevaré.

Bueno, llévatela lejos.

Muerta seas, muerta y malandante.

Me mataste, mi vieja, mi fiel acompañante.

Enemiga del mundo no tienes semejante. De tu memoria amarga no sé quién nos

espante.

Ay, mi trotaconventos, mi leal verdadera.

Muchos te seguían viva.

Muerta sigues primera.

¿Dónde te han llevado?

No sé cosa certera.

Nunca vuelve con nuevo a quien ande esta carrera.

A Dios merced le pido que te dé la su gloria. Que más leal trotera no será en

memoria.

Hacerte un epitacio escrito con historia.

Y quien a ti no viere sabrá tu triste historia.

Urraca soy que llago bajo esta sepultura.

Cuando anduve solo fue vicio y aventura.

Aunque a muchos uní, yo no quise locura.

Caí en una hora en tierra de la altura.

El que aquí llegare, que Dios le bendiga. Y que le dé buen amor y placer

amiga. Que por mí, pecadora, un paternoster diga.

Mas si decirlo no quiere, que no me maldiga.

Era de mil y trescientos y ochenta y un años.

Para mostraros fábulas y versos extraños fue compuesto el romance, con los males

y daños que hacen muchos y muchas a otros con sus engaños.

Señores, os he servido con poca sabiduría, mas por daros solaz a todos

juglaría. Yo un galardón os pido, que a Dios en romería digáis un paternoster

por mí y Ave María.

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.