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ESPADAS CRUZADAS
No me voy a dejar atrapar en este pueblo arrogante, chismoso y cretino.
- �Has dicho cretino? - S�.
Cretino, provinciano, santurr�n, como un pueblo fantasma.
Me marchar� lo antes posible.
�Y ahora, querido maestro?
Ante la duda, ataca.
�Fulvia, amor m�o!
�Fulvia!
Pero, tesoro...
�A qu� es debido este torneo?
Me sorprende. No sab�a que me amabas tanto.
Las cenizas nunca arden dos veces.
Mis brazos no estrechaban cenizas.
He estado en Venecia y he comprado algunas joyas para poder romperle
el coraz�n a mi marido. Esta noche dormir� en su granja.
Me espera en Sidona dentro de s�lo dos d�as.
Esta noche os espero...
para cenar.
Para cenar.
Habr� un leve retraso.
Y ahora, cojan el pulm�n de un zorro,
b��enlo con vino, m�zclenlo con la yema de un huevo de gallina,
y cuando ya hayan a�adido 33 gramos de mostaza,
tendr�n un remedio infalible contra los estornudos del resfriado com�n.
�Qu� ciencia tan prodigiosa!
�Milagrosa!
Se�ores. Se�ores.
�Se�ores!
Pavoncello.
Ilustr�simos y estimad�simos caballeros.
Es muy cierto que no he nacido en esta sublime ciudad
y que la generosa tierra de Sidona no ha alimentado mis ra�ces,
pero nadie puede jactarse de amar Sidona m�s que yo.
Y con m�s pasi�n.
Debemos informar que el n�mero de nacimientos ha disminuido mucho.
El futuro de una naci�n depende de sus hijos
y si en una ciudad no existen hijos, no existe un futuro.
Ma�ana un monarca megal�mano podr�a meternos en un crisol com�n
y hacer de nuestro condado una �nica naci�n.
Este es el futuro y debemos aceptarlo. Debemos tener hijos. Muchos hijos.
- Debemos... - Concluid de una vez, Pavoncello.
�Qu� propon�is?
Propongo que, en defensa del futuro de nuestra ciudad,
se emita un edicto, dictado por nuestro se�or duque,
que declare a los ciudadanos varones mayores de edad
que permanezcan c�libes, culpables de un delito contra la patria
y se les ordene el m�s severo de los castigos.
�Bravo, Pavoncello! Nunca me hab�a re�do tanto.
Una excelente broma. Qu� risa.
No estoy bromeando.
Entonces deb�is estar loco.
Las mujeres han sabido arregl�rselas solas, sin ayuda de la ley.
En tres a�os, los matrimonios han disminuido un 60 por ciento.
�Qu� tienen que ver los matrimonios con la natalidad?
Viejo brib�n.
Est�is completamente loco.
Ahora me voy a mi granja a hablar con mis cabras.
Ellas tienen m�s juicio que vos. Buenos d�as.
El edicto est� listo. Propongo a Vuestra Excelencia que lo firme.
Debo estar convencido de que el pueblo lo acepta.
Vuestra autoridad puede obligar al pueblo a aceptarlo.
Mi autoridad es heredada y debo intentar ser merecedor de ella.
Me lo pensar�.
Me sorprende que sigas con inter�s los aburridos asuntos pol�ticos.
Ninguno de los asuntos tratados hoy es aburrido.
Monstruosos, que no aburridos.
Ese edicto har� que huyan todos los solteros de la provincia.
- Ser� una ventaja. - Ni hablar.
Es mejor tenerlos entre nosotros, a pesar de su condici�n actual.
Perd�n, padre, pero he llegado a la conclusi�n
de que los hombres son tontos.
Naturalmente excluy�ndoos a vos y a Raniero.
- �Nos acompa��is a cenar? - Ser� mejor que cene solo.
Me siento muy cansado.
Ser� muy feliz cuando Raniero haya vuelto
y se reparta con vos el peso del gobierno.
Que descans�is.
�Ladr�n de esposas, ladr�n de esposas!
�Somos viejos amigos recordando viejos tiempos!
�Conozco muy bien vuestros viejos tiempos! �Debo mataros!
Gennarelli, deber�ais tener m�s confianza en Fulvia.
No cuando est� con vos.
�Estoy muerto, estoy muerto! �Me han asesinado!
�Mirad qui�n llega!
- �Es Renzo! - �Viva Renzo!
Vamos, entra.
Hijo m�o. �Hijo m�o!
Bienvenido.
- Todo lo que ves ahora es tuyo. - Con permiso, padre m�o.
- �Hab�is visto a Renzo? - �Hab�is visto a Francesca?
Os consideran hermoso y robusto y es posible que tengan raz�n.
La leyenda de Renzo dice que sois h�bil con las palabras
y r�pido de mente. Y se dice que ten�is una gran agilidad,
sobre todo para saltar por las ventanas de casas ajenas.
Tienes una naricilla adorable.
Parec�is un hombre valeroso, sin embargo sois un inconsciente,
un alborotador, una deshonra para vuestro nombre
y ejerc�is una p�sima influencia sobre mi hermano.
Tus ojos se oscurecen cada vez que te enojas.
No os he pedido ning�n cumplido de esos viejos y manidos que hac�is.
Si quieres puedo inventarme un idioma nuevo, Francesca.
�Cu�ndo fue la �ltima vez que dijisteis eso?
No lo recuerdo. Ah, s�, lo dije hace dos a�os en Venecia.
- �Qu� bella era! - Monstruo.
Le pedir� a mi padre que no permita a Raniero volver a veros.
Entonces que le proh�ba tambi�n el aire que respira.
Raniero es independiente, hay que darle libertad.
Alejado de vos, podr� reinar con la misma sabidur�a que su padre.
�Qui�n sabe qu� ser� de �l con o sin m�?
Un poeta, quiz�s. Un gran soldado, un capit�n.
Raniero no tolera las barreras. Siempre quiere ver lo que hay al otro lado.
- Lo estim�is mucho. - Much�simo.
Quiz� os he juzgado mal.
No. Soy todo lo que has dicho. Y peor.
- �Por qu�? - No tengo ambiciones.
- Un hombre debe tenerlas. - No es preciso.
- Es importante ser alguien. - Me conoce todo el mundo.
Os conocen como un Don Juan de poca monta. Menuda fama.
Sin embargo me satisface. Vivo la vida que he elegido.
�Qu� m�s hay en la vida que rompa la monoton�a aparte de los problemas
que generan tanto las reyertas como las mujeres? Nada.
Francesca, eres demasiado peligrosa. Me obligas a pensar.
Con tu permiso, me marcho.
- �Hab�is visto a Francesca? - S�.
Estaba diciendo que se alegraba mucho de mi regreso.
- �Est�s bien, Francesca? - Tonta.
�Hab�is tenido ocasi�n de ver la nueva danza?
- �Podemos bailarla tambi�n nosotras? - �Quer�is bailar conmigo?
- Vamos a bailar. - Vamos.
De una en una, bellas mujeres. De una en una.
�Renzo, Renzo!
Un momento, se�oritas. Un momento...
Sois indisciplinado hasta cuando bail�is.
Os pido disculpas, se�or.
Embustero vividor.
Os doy las gracias, se�ora. Buenas noches.
Disculpad.
�Qu� ha pasado?
Quiz� alg�n d�a tendr� que matarlo.
- �A qui�n? - A Pavoncello.
Es la noche id�nea para hacerlo.
�En tu casa? No ser�a respetuoso.
Es cierto.
Una l�stima.
- Renzo, te toca a ti. - Un �nico asalto, Renzo.
No. En Sidona soy un hombre pac�fico.
Pavoncello.
Pavoncello, os han desafiado.
- �Qui�n y a qu�? - Renzo, a lucha sarracena.
- Ya le he vencido una vez. - Quiere volver a intentarlo.
No me gustan los juegos de ni�os que acaban con los ojos colgando
y la cabeza sangrando.
No hay nada que sugiera que uno acabar� peor que el otro.
Es muy alentador teneros de mi parte.
- Vamos, Renzo. - No, no...
�Entonces por qu� me hab�is desafiado?
�Que yo os he desafiado?
Qu� olvidadizo. Yo he sido quien le ha comunicado el desaf�o.
La revancha, seg�n ha dicho.
�Acaso os hab�is olvidado ya de la derrota de la �ltima vez?
La recuerdo.
Se�ores...
Ya basta, se�ores.
Un espect�culo admirable, uno de los mejores,
pero no demasiado entusiasta.
La pelea termina en empate.
No me es posible protestar contra una sabia,
pero quiz� injusta decisi�n.
No ha ido tan mal.
- �Qui�n es? - Gennarelli.
Adelante.
- �Qu� es lo que quer�is? - Renzo.
�Cre�is que me concierne?
- Sois un viejo petulante... - Pero astuto,
que mira alrededor para ver qu� le conviene m�s.
- �Qu� hab�is visto esta noche? - Ambici�n.
- �De qui�n? - Vuestra.
- �A qu� os refer�s? - Quer�is casaros con Francesca.
- �Nada m�s? - �Nada m�s?
Poder ocupar alg�n d�a el lugar del duque
si Raniero no quisiera estar en casa.
No sois s�lo astuto, sino h�bil tambi�n.
Lo s�.
Os digo otra cosa.
El �nico obst�culo que ten�is es Renzo.
- A Francesca no le gusta. - Francesca es una mujer.
Ninguna mujer est� a salvo mientras �l est� cerca.
Pues libr�monos de �l. �Pu�al de asesino?
Mucho mejor que eso.
- La ley del celibato. - Pero os hab�is opuesto a ella.
Una vez, pero obligar� a Renzo a marcharse de Sidona para siempre.
Convencer� a los miembros del consejo para que la aprueben.
- �C�mo? - Con dinero.
El dinero puede m�s que la conciencia o la l�gica.
Debemos unir fuerzas, amigo m�o. Necesito vuestra habilidad.
Hemos llegado al 60 por ciento, no al 50 ni al 40. �Y saben por qu�?
�Saben ustedes que si no hay ni�os, una comunidad est�...?
�Y qui�n tiene la culpa?
Nuestros progenitores por supuesto que no.
Yo digo que con ellos iba bien. Con nosotros tambi�n.
�Qui�nes son, si no los solteros, los que creen poder venir a casa,
a mi casa, sin responsabilidad alguna?
La responsabilidad es lo que cuenta.
Un ladr�n que salta por las ventanas como si fuera un mono
es muy cobarde para aceptar la responsabilidad del matrimonio.
Y me pregunto a d�nde nos lleva esto.
- Espero que a la conclusi�n. - Exacto.
�Y si te dijera que te amo?
- Creer�a en los milagros. - Yo s� creo a menudo.
No cuando la historia empieza: "Erase una vez un tal Renzo..."
Cambia el nombre, porque ese hombre ha cambiado.
Mejor cambiar de historia y volver a la realidad.
Se�is quien se�is, no es mucho.
Aunque sean insultos, suenan como una poes�a.
- Pues que os destapen los o�dos. - Francesca...
B�sicamente soy un incomprendido.
Soy un hombre solitario que busca a una mujer completa
para colmarle la vida de todo aquello que desee.
Si dispusiera de esa mujer, jam�s volver�a la mirada hacia atr�s.
Est�is aqu�.
No pierdas el tiempo con �l, Francesca. Nada puede cambiarlo.
No puedo resistir estar mucho tiempo encerrado en estos muros,
mientras el consejo est� discutiendo...
�Lo hab�a olvidado!
Siempre se entromete en los asuntos de los hombres.
Sidona estar�a mucho mejor si Francesca sucediera a mi padre.
En el fondo tiene todas las cualidades de una mujer extraordinaria.
Muy en el fondo. Acabar� soltera la pobre.
�Sabes qu� se han propuesto hacer esos idiotas?
No. No me interesa.
Discuten sobre c�mo obligar a los hombres mayores de 20 a�os a casarse.
- �C�mo? �En serio? - En serio.
Es rid�culo. Jam�s podr� volver a Sidona. Tendr� que dejar mi casa,
mis bienes, todo. No, eso no. No pueden obligar a un hombre a...
Hay que hacer algo al respecto.
Si Ad�n hubiese decidido a permanecer siempre soltero,
- �d�nde estar�amos hoy? - �l s�lo ten�a una mujer donde elegir.
Hoy el mundo est� lleno de mujeres hermosas.
Para el hombre, la elecci�n supone un grave problema.
- �Esta es mi palabra! - �No hay nadie que os la quite!
�D�nde est� la libertad e independencia, la virilidad?
No se puede privar a un hombre del derecho de intentar
- Y encontrarse... - En nombre de las j�venes casaderas,
digo que no pueden pasarse la vida intent�ndolo.
- Nos arriesgamos a que... - En nombre de las mujeres casadas
digo que se puede empujar a un caballo al agua, pero no a que beba.
Me permito decir en nombre de los solteros
qui�n decide cuando un hombre debe o no debe casarse.
- �En nombre de las familias! - �En nombre de todos nosotros!
- En nombre de los soldados. - En nombre de todos los soldados.
En nombre de todas las mujeres.
En nombre de los campesinos, pregunto �d�nde han acabado los cerdos robados?
Esa cuesti�n no importa. A una mujer siempre se la toma, se quiera o no.
�Alguien tiene que decir algo sobre esto?
�T� de qu� protestas? Ya tienes esposa.
�Acaso no est�is viendo que el pueblo se rebela?
�Qu� est�is haciendo? �Qu� clase de consejeros sois?
�Vais a dejarles hacer todo lo que quieran?
"Esta proclama de la nueva ley, emitida en la ciudad de Sidona,
ser� le�da en todos los lugares p�blicos y calles,
a fin de que el pueblo se someta a la nueva medida.
Se le otorgar� clemencia sobre el castigo descrito a continuaci�n
s�lo a aquellos que demuestren no haberla o�do e ignoren, por tanto,
su contenido exacto y oficial".
No dejes en paz a Renzo hasta que haya o�do la proclama
- O haya abandonado Sidona. - S�, se�or.
Francesca.
Con tu permiso, voy a ir en busca de alguien que sepa leer.
�Has visto c�mo acab� la otra noche?
Yo trataba de convencer a aquella mujer de que no atacara.
Pero t�, en vez de haber aprovechado para aprender alguna cosa,
te fuiste corriendo tras una sirvienta lloriqueante.
Bravo. Imperdonable, vulgar, nauseabundo, corruptor de menores.
Por favor, vete. Esto es asunto de hombres.
�Y puedes decirme desde cu�ndo te consideras un hombre?
Te lo suplico, Francesca.
No le dec�s a mi hermano que se quede en casa para ayudar a su padre.
Ni tampoco quer�is que vaya con vos porque no ten�is la sucia habilidad
que os hace falta para protegeros cuando...
Qu� maravilla ver c�mo se oscurecen tus ojos cuando te enojas.
No me interesa el color de mis ojos. Y en absoluto estoy enojada.
Estoy muy indignada por la degradante influencia
que ejerc�is sobre �l. Si fuera un hombre, os azotar�a.
- Y con gusto. - �Y entonces...?
- �Qu� har�ais? - Ponerte sobre mis rodillas
- Y darte un azote. - Qu� gesto tan bello y viril.
- Te hace falta un azote. - A ti tambi�n.
Tu lugar est� aqu�, cerca de tu padre y no...
"Esta proclama de la nueva ley, emitida en la ciudad de Sidona,
ser� le�da en todos los lugares p�blicos y calles,
a fin de que el pueblo se someta a la nueva medida.
Se le otorgar� cleme..."
Habr� que encerrarlo en una casa sin ventanas.
�T� tambi�n?
Por el bien de Raniero...
debemos actuar seriamente.
Antonio.
Busca al Sr. Gennarelli y dile que venga inmediatamente.
Dile a Lenzi que pase.
Paciencia.
Lenzi, �cu�nto tiempo hace que no matas a nadie?
Hace mucho, Excelencia.
�Acaso quieres decir que te falta pr�ctica?
No me tomo este trabajo a la ligera. Soy un artista.
Ejerzo esta profesi�n desde que ten�a once a�os.
Tranquilo. No quer�a ofenderte.
- �Y tus ayudantes? - Esta vez dos menos.
- �Desertores? - Muertos.
Eran una raza inferior, no val�an para este trabajo.
Pr�cticamente cometieron un suicidio.
Finalmente tengo un trabajo que encomendarte.
En primer lugar debes matar, desagradable palabra,
matar a Renzo y a Raniero de Sidona.
Una vez hecho esto, contratar�s a 200 mercenarios y los traer�s aqu�.
Lo har�s todo lo m�s r�pido posible.
- Los mercenarios cuestan dinero. - Les pagaremos bien.
Adelante.
Saludos.
Qu� hombre m�s simp�tico. Siempre tan cort�s.
Es uno de los asesinos m�s h�biles de estos tiempos.
Y sus honorarios son muy elevados.
- �De qu� est�is hablando? - De dinero.
Debo pediros mucho dinero.
- �Con qu� raz�n? - Para hacer de vos un gran hombre.
- �De m�? - El poder detr�s del trono.
Pues conseguir� el trono. Y vos ser�is quien me lo procure.
Pavoncello, est�is loco.
�Por qu� no? Lo sabios saben vivir su vida en la sombra y en la oscuridad.
Parte de un colectivo definido sentimentalmente como la hez.
�Sois vos ese tipo de persona, Gennarelli?
�Una mota de polvo sobre un mill�n de motas semejantes, movidas
- Al capricho de una hormiga? - No lo hab�a pensado.
Pues pensadlo, porque debemos construir un imperio.
- No dig�is que... - Primero Sidona.
Luego Grinola, luego Marinola, luego Marcelo, Tequi...
Nunca hab�a o�do tales nombres.
Al igual que nunca hab�an o�do hablar de la fama y la gloria
de nuestra Sidona. Nuestra fama. Nuestra gloria.
- �Y a qui�n saqueamos? - A los hombres m�s ricos del mundo.
Vos dese�is la fama y la gloria. A m� me basta con el bot�n.
Ahora que nos hemos re�do, decidme, �qu� ten�is en mente?
No estoy bromeando, Gennarelli.
No sab�a que Sidona te gustara tanto.
Raniero,
- Deber�as volver. - �Para casarme?
Bueno, no siempre es un infierno.
Sobre todo para los que empiezan j�venes.
Hay que acostumbrarse, pero hay que intentarlo.
Es como aprender a comer aceitunas.
C�mo has cambiado, Renzo.
No, no, no.
Soy el Don Juan de poca monta de siempre.
De verdad, Raniero, debes volver pronto a casa.
Al menos para cuidar de tu hermana.
Ella sabe muy bien cuidarse sola.
S�, lo mismo digo.
�Qui�nes son?
No deber�as andar sola por ah�, Francesca.
Quer�a encontraros antes de que os alejarais demasiado.
Estoy muy contenta.
- �Le ha pasado algo a nuestro padre? - No. Nada.
Si eres un buen hermano, debes dejarme a solas con �l.
- Es una p�rdida de tiempo. - Te lo suplico.
Est� bien.
- Perdonadme, Renzo, perdonadme. - �Por qu�?
Os he dicho tantas cosas desagradables.
Pero las merec�a seg�n tu parecer.
Puede que tambi�n mi parecer sea discutible.
Por desgracia tengo poco tiempo para discutirlo.
Me est�n preparando una encerrona muy est�pida.
- �Tan terrible es casarse? - No lo s�. Nunca lo he probado.
Pero estar�a m�s seguro luchando contra una carga de caballer�a
que contra una bella mujer.
- No quiero que os vay�is. - No, Francesca, debo irme.
Esos est�pidos est�n jugando con los dem�s como al gato y al rat�n.
Si vuelvo y no me caso, perder� mi bienestar, mi casa y mi libertad.
No, Francesca, de verdad, soy todo cuanto has dicho.
Un p�simo consejero, un Don Juan de poca monta.
Llevas raz�n. S�lo me divierto, no me enamoro nunca.
No me quiero casar. Quiero ser libre.
Buio.
�Cobarde! Deber�a daros verg�enza.
�Te ha hecho da�o? �Eres un monstruo!
�Qu� est� sucediendo aqu�? �De d�nde hab�is salido?
Tomassina, �qu� le ha pasado a Francesca?
- �Qu� os pasa a todos? - Todo ha sido idea de Francesca.
Quer�a atrapara a Renzo. Ten�amos que hacerle escuchar toda la proclama.
Pero hemos perdido a Buio. Hemos perdido a Buio.
Por un momento pensaba que el juego hab�a acabado,
por una vez, y mientras duraba un beso.
Pero ahora Renzo, el libertino, el mejor saltador de ventanas
se acuerda de que prometi� estar con una verdadera mujer.
�Por qu� no intentas serlo?
Ahora me da pena. Pobrecillo.
Lo mataremos esta noche.
No debo decirte lo que debes hacer con tu vida.
Porque tu vida es tuya, pero mantente al margen de la vida de mi hermana.
S� c�mo eres y qu� les haces a las mujeres.
Vete de aqu�, vete.
Si crees que no te matar�a, te aseguro que te equivocas.
Raniero, cr�eme, no quiero volver a ver jam�s a tu hermana.
No es cierto.
Est� bien, no es cierto, pero qu� m�s deber�a hacer.
Casarte con ella.
Podr�as intentarlo. Es como volver a comer aceitunas. T� mismo lo has dicho.
- Hablo demasiado. - Renzo, eres un cobarde.
- Soy un cobarde. - Eres un est�pido.
Soy un est�pido.
- Est�s colado. - �Colado?
A�n no. Y no vuelvas a hablarme m�s de ese tema.
Amo a tu hermana, es verdad.
Y har� todo lo posible para no caer en la trampa.
Y si te propasas, le dir� a todo marido, o padre, o hermano
mancillado que... Pero si ni siquiera eres capaz de valerte por ti mismo.
Toma. Buenas noches.
Uno se ha enfadado con el otro y se ha ido a dormir.
�Qui�n era el uno y qui�n era el otro?
- El joven. - �Y qui�n era?
El otro.
Ahora tengo que ir a buscar y reclutar a los mercenarios.
Tengo total confianza en vosotros. Sab�is vuestro deber.
Id a realizarlo orgullosos y haced vuestro trabajo.
Cuando est� de vuelta en unos d�as espero que me dig�is que el trabajo
se ha realizado con �xito.
- Buenas noches. - Un gran l�der.
- Vamos. - No trabajar�a jam�s para otro.
- Han discutido. - Bien.
- No me gusta. - Qu� maravilla.
Qu� maravilla...
- �Sois Raniero de Sidonia? - �Y a vos qu� os importa?
Es parte de nuestro trabajo evitar innecesarios y, a veces, tr�gicos
errores, por lo que nos aseguramos de realizar una identificaci�n.
Excelente idea. Soy Raniero de Sidona,
pero no me siento muy hospitalario en estos momentos.
- Ahora, si me disculpan... - Lamento tener que molestaros,
pero resolveremos nuestro cometido con gran rapidez.
Espera.
Disculpa, Renzo.
Muy bien, v�monos, r�pido. Vamos.
- �Por qu� hab�is hecho esto? - Como hablaba tan bien...
- �Qui�n os ha enviado? - Por el imperio...
- �El imperio de qui�n? - Qu� l�stima...
- �El imperio de qui�n? - Pavoncello...
Regreso a Sidona.
Los dos regresamos a Sidona.
No me siento muy disfrazado con esta vestimenta.
Debo aconsejarle a mi criado que se ba�e m�s a menudo.
Es un misterio, Renzo. �Por qu� Pavoncello nos quiere muertos?
Desde ayer me has hecho esa pregunta 740 veces.
Porque todav�a no he podido encontrar la respuesta.
Tiene algo contra ti, lo s�, pero �por qu� contra m�?
Eras demasiado alto como para escaparte, Renzo.
Fulvia, te lo suplico, no digas a nadie que nos has visto.
- Pues m�rchate de Sidona. - No te lo pido por m�,
hazlo por Raniero, por el duque, por Francesca.
Unos asesinos quisieron matarnos anoche.
- �Qui�n encarg� el asesinato? - Pavoncello.
�Por qu�?
Por eso hemos vuelto. Para saber por qu�.
Pues mejor poneos una barba o cortaos una pierna
para que no os reconozcan.
S� que te encantan los chismes, pero ponlos al servicio de una causa justa.
- Estamos en grandes apuros. - Me encantan los apuros.
Vayamos a la granja.
No... no te esperaba esta noche, amor m�o.
- Ard�a en deseos de verte. - Esta es la tercera sorpresa.
- �Cu�l es la segunda? - El beso.
Eres mi marido.
S�, pero no me das muchos mimos, recon�celo.
La vida no es f�cil para m�, Humberto, siempre est�s trabajando.
Siempre preocupado por el dinero, las ganancias, los intereses.
Provengo de una familia noble. No estoy acostumbrada a estas cosas.
- Me parecen detestables. - Soy el hombre m�s rico de Sidona.
El dinero no lo es todo, �no crees?
Con tal de que sea bastante para ti.
Humberto, no quiero que te enfades. Te quiero.
Solo pensaba en que con todo lo inteligente que eres, podr�as
hacer una estupenda carrera como ministro.
�Qu� diablos se te ha metido en la cabeza?
Quiz�s Sidona necesita otro duque.
�Est�s tramando algo? �No me lo puedo creer!
�Eres maravilloso! �Un hombre maravilloso!
Yo me convertir� en duquesa y juntos gobernaremos Sidona.
- Te quiero, te quiero... - Gracias.
Y me amar�s m�s cuando hayamos tomado Brindola, Sardeli, Cherchi,
Parchi, Barchi... Y yo qu� s�.
- �El qu�? - Lugares.
En el camino que lleva hacia la fama y la gloria.
Humberto, me asombras. Est�s teniendo grandes sue�os.
En cuanto a Pavoncello, har� que se encargue de los asuntos
m�s sucios y luego le cortar� la cabeza.
- �Y c�mo? - Pagando, amor m�o. Pagando.
�Qui�n crees que ha pagado a los asesinos?
�Qui�n crees que paga a los mercenarios?
Gennarelli es quien paga. Es el poder detr�s del trono.
El muy cerdo gordinfl�n, fl�ccido, obeso, viejo, sucio, fl�ccido...
C�lmate, te repites. Los insultos no resuelven los problemas.
- Lo matar�. - Tiene m�s valor vivo.
Pavoncello es nuestro hombre. Utiliza mejor la cabeza.
- Tambi�n lo matar�. - Te vuelves muy violento.
Y t� te est�s volviendo muy listo.
No. Lo que sugiero es que usemos el cerebro
hasta que sea indispensable usar la espada.
- Ahora es indispensable. - Pruebas, amigo m�o.
Sin pruebas la espada se convierte en el pu�al de un asesino.
- Las pruebas se acercan. - No me alegra tanto como a ti.
Me estoy volviendo un hombre de gustos sencillos.
Hemos visto que estaban espiando detr�s de la ventana.
Los hemos capturado h�bilmente.
�Por qu� no est�n muertos todav�a? He pagado una gran suma de dinero
- Para que los asesinaran. - Una lamentable ineptitud.
Traed a los sicarios.
- Gordinfl�n, fl�ccido, obeso, viejo. - Basta, Raniero.
Voy a matarles. Est�n tranquilos.
Pero yo... Quiz� antes les torturar� un poco.
Ser� como cobrarse los intereses de un viejo pr�stamo.
- No te comportas como un caballero. - Ni como un buen asesino.
�Qu� tipo de hombre sois, si no sois ni un asesino ni un caballero?
No tengo tiempo que perder.
Estoy seguro de que jam�s hab�is matado a nadie.
No, pero tengo intenci�n de empezar con vos.
- �Y por qu� no conmigo? - Lo reflexionar�.
Si fuerais hijo de otra persona, entonces...
Gennarelli, que empiece la ejecuci�n. Desenvainad la espada.
�Para manchar de sangre mi casa? �Llevadles al establo!
�Atadlos y vigiladlos!
Me encargar� de ustedes en muy poco tiempo.
200. Luego 2.000, luego 20.000 y luego m�s.
El principio, el principio...
Los traer�s a la ciudad inmediatamente.
- �Hay nuevas instrucciones? - Seguimos el plan establecido.
Tocad para reunir a los hombres.
- �Qui�nes son? - No lo s�, pero lo averiguar�.
�Dejadme pasar!
�No, padre m�o! No, os lo suplico.
Debemos conocer el motivo de esto.
- Tened paciencia, padre. - �No puedo permanecer aqu�!
Estoy segura que no nos quedaremos sin ayuda.
�Paciencia, os lo ruego!
El duque est� prisionero en sus aposentos.
Bien.
Le haremos esperar unas horas y luego...
�sta est� bien. Un buen movimiento y seguro que corta la cabeza.
Me parece que es un tanto demasiado pesada.
- �Te gusta esta? - Tambi�n es pesada.
No puedes hacerles esperar tanto. Dec�dete.
Reflexionar es bueno. Hace comprender muchas cosas.
No te creo lo bastante hombre como para matarlos t� solo.
Soy m�s sanguinario que cualquier otro.
En mi juventud derramaba sangre a diestro y siniestro como si fuera vino.
Me bat� en muchos duelos y mat� a muchos hombres.
- �Por eso eres tan remilgado? - No soy remilgado.
Me siento un poco viejo, eso es todo.
Estoy desentrenado.
�Por qu� no pensaste eso antes de aliarte con Pavoncello?
No se puede pensar en todo. Nunca pude imaginar que
despu�s de haber pagado a los asesinos,
tendr�a que hacer el trabajo yo mismo y sin obtener...
- �D�nde est� mi amo? - �D�nde est� mi amo?
No es motivo de risa, se�ora.
Vamos, venid.
�Tambi�n t� est�s con los mercenarios?
No seas tan arisca.
Sabes que el duque est� preso. Necesitamos ayuda.
�D�nde est� Renzo y d�nde Raniero?
O cualquiera que pueda ayudar. Todos han desaparecido.
Pero yo estoy aqu�, querida.
Ni siquiera t� puedes hacer frente a esos mercenarios.
- Ya veremos. Vamos. - �D�nde?
Esta vez vienes conmigo sin rechistar.
En mi propia casa, como si fuera un ladr�n.
Te aseguro que nunca antes me hab�a alegrado tanto de ver a alguien.
Ay�dame a quitarme esto de la ropa. �La situaci�n?
El duque y Francesca est�n presos en los aposentos del duque.
- �Podemos llegar hasta ellos? - El pasillo est� muy vigilado.
Le avisar� de que estamos aqu� y los dos con vida.
- A m� no me dejan entrar, aunque... - Debemos luchar contra ellos.
Habr� hombres dispuestos a aliarse con nosotros.
Si luchamos, que sea para vencer, no para que nos maten.
�Qu� podemos hacer entonces?
De momento no tengo la menor idea.
Estamos apa�ados.
Fulvia, espera con Tommasina en su cuarto.
- Llamar� en cuanto os necesite. - �C�mo?
Yo siempre puedo saltar de la ventana.
Vamos, ven conmigo.
�Soltadme, soltadme! �Os digo que me solt�is!
Atadle los pies.
Ahora busquemos al enemigo, pero nada de ataques.
S�lo reconocimiento.
- Conocen su labor. - S�.
Pero por suerte no nos conocen a nosotros.
"Esta proclama de la nueva ley, emitida en la ciudad de Sidona..."
- La proclama de abdicaci�n. - Necesitamos m�s hombres.
Yo los conseguir�.
Escucha esto. "Ya que no hay ning�n heredero var�n
tras la desafortunada muerte de mi hijo, quiero que..."
�Calla! �Qu� buena noticia!
No saben que nos hemos librado de la masacre.
No te muevas de aqu�, �vale?
�A d�nde vas?
Voy a probar algo nuevo. Entrar por una ventana, en vez de salir.
No tenemos tiempo.
- �Y Raniero? - Est� vivo, en el castillo.
- B�same, Renzo. - �Francesca!
Ha vuelto. Se merece un beso.
Tenemos ya bastantes problemas. �Cu�ntos hombres tiene Pavoncello?
No voy a seguir fingiendo, amor m�o.
Me he convertido en la mujer que t� quer�as que fuera.
S�lo un beso no basta.
No cuando un beso es como la lluvia que limpia el aire.
- Te amo desde hace tanto... - Siempre has huido lejos de m�.
No me parece que sea �ste el momento m�s adecuado para...
Ceder�a Sidona a Pavoncello antes que permitir que te casaras con mi hija.
- �Casarme? - Qu� palabra tan horrible.
- Cre�a que quer�as casarte con �l. - Ahora lo hab�is espantado.
Te lo ruego, amor m�o, no te dejes impresionar por mi padre.
- Deja de mirar la ventana. - Aqu� hace calor.
Jam�s en mi vida hab�a presenciado semejante esc�ndalo.
- Mi propia hija en mi presencia... - Pensad en Pavoncello primero.
S� que no has venido para hacerme el amor.
- He venido para matar a Pavoncello. - �Pues no te demores!
Pero dime que me amas.
- �Y bien? - He enviado a Miele a buscar
m�s hombres. Debemos esperar de todos modos.
�Es que no tienes verg�enza?
Siempre que le he besado ha sido en p�blico.
Pavoncello ni siquiera es de nuestra ciudad.
Sin embargo, est� conspirando para arrebat�rnosla.
Porque tiene la loca pretensi�n de convertirse en emperador.
Quiere fundar su imperio a costa de la esclavitud de todos nosotros.
Pero defenderemos nuestra libertad al precio de la vida.
Somos libres y debemos luchar por seguir siendo libres.
No se permitir� ning�n abuso, pues nuestra hermosa Sidona
est� y estar� siempre gobernada por un �nico poder,
el poder de la justicia y de la libertad.
�D�nde ha ido?
No lo s�. Ha dicho que entrar�a por la ventana.
Eres el hombre menos indicado para ser el marido de mi querida hija.
Estoy de acuerdo con vos.
Me he equivocado y vos ten�is la raz�n.
Es absurdo que en este momento estemos discutiendo
sobre qui�n tiene raz�n y qui�n est� equivocado.
Francesca, escucha, tienes que razonar.
Entraremos por la puerta.
Si no hacemos ruido, no se dar�n cuenta.
Nadie debe resultar herido, si es posible.
Y evitad que Renzo se acerque a la ventana.
- Hay problemas mucho m�s serios. - S�, mucho m�s.
La nueva generaci�n. En mis tiempos no pasaban estas cosas.
Preferir�a no matar al buen duque.
Mi instinto me dice que deb�a haberos matado a mi regreso.
Hubiera sido mucho m�s �til de haberos dicho que no volvierais.
- No quer�a contrariar a mi instinto. - Est� bien, Renzo.
Llev�oslo, debo hablar a solas con �l.
- �De qu�? - De vuestro futuro.
Gracias. Por primera vez en mi vida mi futuro me parece muy interesante.
Encontraremos una salida, la encontraremos.
Me has decepcionado, Francesca.
Siempre he cre�do que ten�as m�s gusto que las otras mujeres.
Estar�s m�s c�moda en tus aposentos.
�C�mo han podido encontrarnos?
Buio, ha sido �l.
- �Cu�ndo se ha escapado? - Soltadme y os dejar� libre.
�Yo soy el poder que protege el trono!
�No me toqu�is, no me toqu�is! �Soltadme!
�No! �Qu� hac�is? �Est�is locos?
Podr�a sernos �til.
�Lo han cogido?
- Lo amo. - Ahora no, por Dios.
Hay que liberarlo antes de que Pavoncello lo mate.
- Matemos a Pavoncello. - Lo har� yo misma.
- Siempre est�s dispuesta a todo. - Francesca, no es momento para bromas.
Nunca en mi vida he hablado tan en serio.
- �Est�s loca? - Deja que lo haga Fulvia,
se le ha ocurrido a ella.
Le ofrecer� lo que sea para salvar a mi padre y a Renzo.
Como se niegue, lo mato. Lo mato aunque llegue a aceptarlo.
Deja que me ocupe yo. En el fondo, esto lo he provocado yo.
Deber�a haber acabado con el est�pido de mi marido hace tiempo.
- �D�jame a m�! - �No hagas tonter�as!
�Qu� m�s podemos hacer?
- �Ya no sabes coquetear, Tomassina? - Yo nunca he...
- �Por qu�? - Los mercenarios tambi�n son hombres.
�Por qu� no vamos a averiguarlo?
Ven con nosotras, tesoro, algo podr�s aprender.
Debemos empezar a hacer cambios en el cuartel de los hombres.
Nunca antes hab�a visto un cofre tan maravilloso como este.
Os confieso que siempre he tenido debilidad por los soldados.
Y qu� bonitos m�sculos tienen.
Apuesto a que tambi�n saben ser amables con una mujer d�bil.
Francesca...
�C�mo has entrado?
A�n me queda mucho por aprender sobre el poder de las mujeres.
�De esas dos?
Han sabido c�mo hechizar a un grupo de mercenarios empalagosos.
- �Y t�? - S�lo a alguno.
- �S�lo a alguno? - Es un arte que desconozco.
No quer�a tardar mucho tiempo en venir a verte.
- Esto no me gusta. - Es maravilloso. No debe gustarte.
Quiero que odies a cualquier hombre que se atreva a mirarme.
Te has convertido en una aut�ntica mujer.
Por ti, amor m�o. Por ti.
Desear�a disfrutar de esto durante muchos a�os,
pero me temo que no tengo un futuro prometedor.
- �Pavoncello ya ha estado aqu�? - No, a�n no.
�Tienes miedo?
�Responde!
Claro que lo tengo. �C�mo voy a luchar contra �l?
Los mercenarios har�n cualquier cosa para ayudarlo.
Gracias, amor. Es muy bonito.
Con esto deber� matar a 200 mercenarios.
Francesca,
�a cu�ntas mujeres puedes reunir en la plaza al mediod�a?
- A todas las de Sidona, �por qu�? - Bien.
Deben hacer lo que est�n haciendo Fulvia y Tomassina.
Deben estar todas hermos�simas, y llevar frutas y vino.
Igual que si fuera una fiesta.
En ning�n momento deben permitir que nadie cruce la plaza.
- �Y t� qu� har�s? - Pensar� en mi futuro. Vamos.
Y dile a las dos sirenas que mantengan ocupados a los guardias un rato m�s.
Adi�s.
�Guardias!
Cada vez eres menos infalible, Lenzi.
- No entiendo. - �Hasta la puerta est� abierta!
Podr�ais haberos escapado, Renzo.
Los guardias no est�n y la puerta est� abierta.
Deber�a ahorcarle a �l y no a vos. En pie. Debo deciros algo.
A vuestras �rdenes, Excelencia.
- Ten�is otro tono de voz. - La situaci�n es nueva para m�.
Y os da miedo.
No estoy preparado. Mis objetivos nunca han sido pol�ticos.
Decidme, �qu� ha sido de vuestra arrogancia?
A m� tambi�n me gustar�a saberlo. Todo aquello del h�roe legendario
que no se desanima, que tiene vista de lince y que sonr�e ante la muerte,
todo eso ha desaparecido. Tengo miedo.
�Perdonadme la vida, Excelencia, os lo suplico!
Siempre he dicho que erais un impostor.
Os doy las gracias, por haberme revelado a m� mismo.
- Si quisierais ponerme en libertad. - En pie.
- Hab�is firmado vuestra sentencia. - �Por qu�?
Cre�a que pod�ais servirme a cambio de vuestra vida.
Pero no ten�is nada, ni siquiera valor, para ofrecerme.
Ser�is ahorcado esta tarde.
Haz guardia hasta que venga yo mismo a llevarlo a la horca.
�Hoy es fiesta?
Ve a averiguar qu� hacen las mujeres.
�Qu� hacen aqu�?
�Qu� hacen aqu�? Vamos, vamos.
�Guardias!
Vosotros, volved a vuestros puestos.
Quiero ver el cuerpo de Renzo colgando del castillo dentro de media hora.
As� las mujeres tendr�n un motivo para divertirse.
Me hab�is ocasionado muchas molestias, se�or.
Como jam�s lo hab�a hecho nadie. Ahora no tengo otra opci�n que mataros.
De lo contrario mi reputaci�n estar� arruinada.
- �Alguna novedad? - No, se�or.
- �Las puertas est�n cerradas? - S�, se�or.
Muy bien. Id a la fiesta que las mujeres de Sidona
dan en vuestro honor. Yo me quedo aqu�.
S�, se�or. Muy amable, se�or.
�D�nde vais?
Nos han dicho que pod�amos ir a la fiesta.
- �Qui�n ha sido? - Uno de vuestros amigos, supongo.
- Era alto, con... - �Bigote?
Dile a vuestro jefe que despeje la plaza y rodee el castillo.
Nadie debe salir, �entendido?
Los dem�s, seguidme.
�Cogedlo!
"Esta proclama de la nueva ley, emitida en la ciudad de Sidona..."
"Esta proclama de la nueva ley, emitida en la ciudad de Sidona..."
- �Yo me ocupo de �l! - �No! �T� m�rchate!
�No hay escapatoria!
"Todo aquel que se atreva a desobedecer esta ley
deber� elegir entre la c�rcel y la confiscaci�n de todos
- Sus bienes o..." - Adelante, contin�a, traidor.
"O tendr� que casarse con la mujer que lo elija como marido".
Bien. Estoy esperando.
Incalificable, presuntuoso, impertinente, desvergonzado.
Si crees que voy a pedirte que nos casemos...
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