All language subtitles for El Angel de Budapest (2011)_spa_unicode

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Original subtitles

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

(VOZ EN OFF) A comienzos de 1944, Hungría era un país que mantenía

estrechos lazos con la Alemania nazi.

El almirante Horthy conservaba el poder,

aunque siempre bajo la supervisión del Führer Adolf Hitler.

con el Ejército soviético a las puertas de Budapest

y el terror nazi instalado en la capital húngara,

los judíos sufrían la deportación a los campos de concentración

para su posterior exterminio.

en este contexto, la diplomacia española

se desenvolvía en un estatus de teórica neutralidad.

Música clásica y gente hablando.

-Parece que el regente no está de acuerdo

con la situación en el norte...

-Y entonces, va el Caudillo y le dice:

''Vamos, jordana, que no se diga

que le temes más a tu mujer, que a los moros

que combatimos en Marruecos''. (RÍEN)

-¿Adela? -No, no, por favor;

creo que, por hoy, ya he tenido suficiente.

¿Te encuentras bien, cariño?

Apenas has probado la cena y el champán te encanta.

-No te molestes, Ángel... (RÍE)

Cuando se llevan tantos años casado como yo,

ya no se hacen preguntas... (RÍE)

-Los caminos de la mujer son inescrutables.

(RÍEN) -Hijo mío.

-Chis, que no te oiga monseñor Rotta.

en serio, Adela, hace un par de días

que me tienes preocupado.

-No pasa nada.

¿No? -De verdad.

-A estas alturas, ya deberías saber

que las mujeres valemos más por lo que callamos

que por lo que decimos. (RÍEN)

¿No estarás...?

Golpes de bastón sobre el suelo.

-¡Su Alteza Serenísima, el regente del reino de Hungría,

Aplauso. almirante Horthy!

-Queridos amigos:

en primer lugar, quiero agradecer su presencia

en mi casa que, como ya saben sobradamente,

es también la suya.

Sophie,

tengo que irme; si me cogen en pleno toque de queda,

no tardarán en fusilarme. Siento lo que está pasando,

Antal; estoy avergonzada. -Calla, Sophie.

¿Cómo hemos podido llegar a esto?

-Esta pesadilla terminará

muy pronto, ya lo verás. Sí.

-tengo que irme.

Espera. -¿Qué...? Sophie, no. ¿Estás loca?

Es peligroso; te daré otra. Quiero esta;

así te llevaré siempre conmigo.

No te preocupes; ahora, márchate. -Sí.

Pero... El próximo martes.

-Sí, aquí estaré. A la misma hora.

-Adiós.

Te quiero.

Y por todo ello, propongo un brindis: Por la ansiada paz;

por el mejor futuro para nuestros pueblos.

Golpes de bastón sobre el suelo.

-¡El plenipotenciario del Reich, su excelencia Edmund Veesenmayer!

Murmullo. ¡Y el teniente coronel de las SS

Adolf Eichmann!

-Querido almirante,

me sumo a sus deseos.

Por el mejor futuro para Alemania y sus fieles aliados.

¡Por el Reich de los 1000 años!

(VOZ BAJA) -Me gustaría que alguien me explicara

cómo se puede ser almirante,

en un país sin armada

y sin ninguna salida al mar. (RÍEN)

Risas. -Y pretendía

que le pagara por la cerveza.

¿Pero qué se ha creído ese viejo?

(RÍEN ERIOS)

-Vaya, vaya, mirad por dónde;

nos hemos encontrado un urinario público.

(RÍEN ERIOS)

¿Tenéis sed?

(SE CARCAJEAN)

(RÍEN)

(LOS TRES) Heil, Hitler.

-son un poquito estirados, ¿no?

-Disciplina, Ferenc, disciplina;

eso es lo que yo llamo un ejército como Dios manda.

(RÍEN)

Las risas se oyen lejos. -Vamos a tomar otra.

(TIENE ARCADAS)

Así que usted es el embajador de España en Budapest.

(RÍE)

-Arriba España.

Viva Franco.

-Será un placer compartir una copa con nuestro compañero de cruzada;

tengo entendido que usted combatió

a los comunistas en su país, ¿no es cierto?

-Gracias a Dios y a nuestro amado Führer;

reconózcalo, amigo Sanz.

¿no les parece? -Y dígame:

¿Su gobierno está haciendo algo

para liberar al continente de la lacra judía?

Nosotros no tenemos ningún problema con los judíos;

les expulsamos hace más de 500 años.

(AMBOS RÍEN)

-Muy bueno. (AMBOS RÍEN)

Estabas aquí; por fin te encuentro.

-¿Te diviertes?

Lo digo por la compañía.

¿Qué ocurre, Miguel? Por el amor de Dios;

sabes que, para mí, tampoco es plato de buen gusto.

Pero te recuerdo que Alemania es un país amigo.

-Perdóname, chico,

pero es que a mí estos pavos reales me sacan de quico.

Me largan, Ángel;

pronto regresaré a casa a esperar destino.

Pero... ¿Así, por las buenas?

-El escrito es muy diplomático,

pero tú y yo sabemos cuál es el auténtico motivo.

Tiene gracia, ¿no?

Nuestro jefe es un hombre de misa diaria,

pero, eso sí, a la hora de la verdad,

se lava las mazos,

como Poncio Pilatos.

¿Y qué va a pasar conmigo?

-De momento, te quedas como máximo responsable;

los rusos llegarán a esta ciudad,

más pronto que tarde, y entonces... ¿Tú crees?

-La guerra está perdida para los alemanes.

Supongo que, en Madrid, no tardarán en cerrar

la legación diplomática de Budapest;

el Generalísimo tratará de reforzar nuestra neutralidad

para congratularse con los aliados.

Ángel,

confío en ti; tú debes acabar lo que yo dejo a medias.

Escucha, Miguel, ese es un tema muy delicado;

a veces, es mejor no meterse

en camisas de once varas. -Te equivocas;

en ocasiones como esta, la conciencia te obliga

a tomar partido; lo sabrás

cuando no puedas dormir por las noches.

Te agradecería que, mañana temprano,

me acompañaras a una cita;

antes de marcharme de Budapest,

me gustaría mostrarte algo.

Por supuesto, Miguel, por supuesto.

Claxon.

Buenos días. Buenos días.

¿Está todo en orden, señora Tourné? Sí, don Ángel;

el señor Muguiro preguntó por usted a primera hora.

¿Está en su despacho? No, creía que irían

a la residencia infantil. Oh, Dios mío,

se me olvidó por completo.

Mi mujer no estaba bien esta mañana...

Lo siento, pero si quiere ir, llamaremos al conductor.

Muchas gracias, señora Tourné; no sé qué haríamos aquí sin usted.

Don Ángel, el señor Farkas y yo le damos la enhorabuena

por su ascenso. Supongo que el señor Muguiro

les habrá puesto al corriente de todo.

Miren, yo le voy a echar tanto de menos como ustedes,

pero quiero que estén tranquilos;

las cosas aquí se seguirán haciendo igual que hasta ahora.

-No le habríamos comprometido de no ser un asunto

de tal magnitud y urgencia; nosotros somos su única esperanza

y tal y como se están poniendo las cosas...

-Los nazis no tardarán mucho en reparar en ellos

y enviarles a Polonia, igual que hicieron con sus padres.

(MIGUEL) ¿Y dicen que son 500? -Más o menos.

Y todos huérfanos.

(MIGUEL) Me puse en contacto con mi gobierno en Madrid

en cuanto vinieron a verme.

-Ustedes son un país neutral; seguro que pueden hacer algo.

-No es tan fácil,

pero yo ya he solicitado a España extender un visado

para poder trasladarles a todos a Tánger.

No se preocupen; mi gobierno no les dejará en la estacada.

De hecho, yo mismo estoy tramitando la salida de Hungría

de algunos conciudadanos suyos.

Ángel.

¡Ángel!

Disculpa.

-Les presento a don Ángel Sanz Briz,

que es mi más estrecho colaborador en la legación española.

Señores, un verdadero placer.

-Le aseguro, Farkas, que, en ese aspecto,

no tiene nada por lo que preocuparse;

la legación queda en buenas mazos.

Bueno, yo no estoy tan seguro;

mucho me temo que don Ángel no tiene la misma determinación

que usted respecto a nosotros.

Los nazis haz comenzado ya con las deportaciones

y, ahora más que nunca, necesitamos de su protección.

-Yo respondo por él, Farkas;

es un aragonés, serio y cabezón,

pero noble como el que más de sus paisanos.

Como el que más de los españoles. Hum.

Los expedientes que me pidió don Ángel están sobre la mesa.

-Venga, ya tendrás tiempo de leer los periódicos;

ahora, come esto. Ah, y date prisa; el conductor te espera.

Adela, cariño, ¿me dices para qué

tenemos servicio en casa? Dígale algo, doctor Elec;

es como hablarle a una pared. -Don Ángel tiene razón;

en el estado en que se encuentra, le conviene descansar.

(RÍE) -Venga, y tú también,

que a este paso, tu leche se la va a tomar el bebé.

(LA NIÑA RÍE) -Usted me ha dicho

que estoy como una rosa después de reconocerme

y aquí hay muchas cosas que hacer.

-No me gusta, papá; esta leche sabe muy mal.

Yo prefiero la del abuelo.

Adela, cariño, te vas a tomar toda esa leche

y no quiero que quede ni una gota, ¿eh?

No vayas a enfadar a mamá.

-No quiero. ¿Es que no hay galletas?

Verás, aquí y en muchas partes del mundo,

hay niños que no tienen comida

y tienes la suerte de estar en una casa donde hay

algo que llevarse a la boca. ¿No es así, doctor Elec?

-Por supuesto; conozco a muchos niños que darían

una pierna por apurar ese vaso. (LOS TRES RÍEN)

-Odio esta leche, papá,

¿por qué no podemos ir a casa de los abuelos?

Las niñas buenas no odian, ¿eh?

Y para ir a casa de los abuelos,

a ver si me ayudas a convencer a tu madre,

que no sé cuál de las dos es más testaruda.

-Que os estoy oyendo. Ya. (RÍE)

Sirena de ataque aéreo.

-¡Dios mío! -¿Qué ocurre, papá?

Vamos, todos al refugio. Yo la llevo; ven conmigo, cariño.

A ver, vamos, rápido.

Explosiones y disparos.

Explosiones y disparos.

(LA GENTE GRITA ASUSTADA)

Gritos de pánico.

Explosiones y gritos.

(EL BEBÉ LLORA)

Explosiones.

Gritos de pánico.

Llanto de bebé.

¿Y eso es todo lo que saben hacer?

¡Cuatro bombas de nada

nunca podrán doblegar al pueblo húngaro!

Eres un estúpido, Lajos.

Tú y los tuyos vais a conseguir que nos maten a todos.

-¿Los míos, dices?

¿Quiénes son los míos, eh?

Los míos también son los tuyos, hermanita.

¡Nosotros, los patriotas húngaros!

Murmullo. (INDIFERENTE) -Sí.

Llanto de mujer. -¿Eh?

-Tenga cuidado con esas cajas.

¿están todos bien? Sí, sólo ha afectado a esta zona,

por suerte. Gracias a Dios.

-una bomba ha caído cerca;

nos hemos debido de librar por poco.

Es extraño; hasta ahora, nunca habían bombardeado

Por supuesto. ¿De qué se trata? -Hay que pedir ayuda

para reparar todo esto. Bueno...

No sé cómo explicárselo.

Verá, hace días que quiero hablar con usted, pero...

Tranquila, señora Tourné, ¿qué ocurre?

Como supongo, sabrá que yo soy judía,

francesa, pero judía.

No se preocupe, señora Tourné;

los españoles no hacemos distinciones

entre judíos y cristianos,

no tiene por qué alarmarse. (EN FRANCÉS) Sí.

Eso mismo me dijo el señor Muguiro.

Pero como los alemanes les ayudaron a ustedes

a ganar su guerra, yo he pensado que quizá...

La situación empieza a ser terrible, don Ángel.

Lo sé, ya han deportado

a más de 300 000 y no piensan parar.

Pero que yo no apruebe esa inhumana conducta,

no quiere decir que pueda evitarla. No sé si sabe que tengo un hijo;

se llama Gastón.

Apenas tiene 16 años; yo, al menos, trabajo

en una legación extranjera...

Los alemanes respetan a España y a Franco,

pero mi hijo no tiene protección ninguna.

(LLORA) Y en Francia...

Ya me dirá.

Está bien. Tráigale el lunes,

que trabaje con usted, que le ayude en algo.

Por lo menos, aquí está más protegido.

Gracias.

¿''Antal Godman''? No lo conozco.

Y si no lo conozco, no vale mucho.

-Lo he pintado yo;

soy estudiante de Bellas Artes.

Bueno, lo era, hasta que el gobierno

cerró la escuela. -No vale nada.

-Señor Hoffman, vamos,

he visto cómo se le iluminaban los ojos con la pintura.

-Escucha, Godman, tal vez no seas mal artista, pero, a día de hoy,

tu cuadro no sirve ni para decorar un retrete.

-Eso no es así

y usted lo sabe.

Deme unos pengos para llevar algo de comer a mi familia.

-¿Acaso ves aquí un ejército de vírgenes vestales?

-¿Cómo? -Te doy 20 pengos.

-Señor Hoffman, escuche, usted sacará 20 veces más;

es un buen cuadro. (INDIFERENTE) -Oh.

Llévate esa bicicleta; a mí no me sirve para nada.

Eso es todo; es mi última oferta.

(ANTAL SUSPIRA)

-Buenos días.

Buenos días, ¿en qué puedo servirles?

(UNO HABLA EN ALEMÁN Y EL OTRO RÍE) -¿Cómo dice?

Perdone, pero no he entendido lo que ha dicho.

(HABLA EN ALEMÁN Y ELLOS RÍEN)

(HABLA EN ALEMÁN Y RÍEN)

-Lo siento, no le entiendo.

(GRITA DE DOLOR)

-¡Lárgate de aquí! -¿Y usted?

-Ya me las arreglaré;

vete y llévate la bicicleta. -Sí.

¿Ya se ha enterado? ¿Qué ocurre?

Farkas, le recuerdo que yo apenas se leer húngaro.

Los rusos avanzan más rápido de lo que pensábamos;

los alemanes se resisten, pero el empuje es demasiado fuerte.

pronto será el fin para esos cerdos.

entonces, ¿pronto estarán a las puertas de la ciudad?

Lo quiero todo traducido esta tarde.

Sí, por supuesto, señor.

Perdón.

(RESPIRA HONDO)

Gracias.

¿Pasa algo? (VOZ BAJA) -Tuvo una pesadilla;

la ha asustado mucho el bombardeo.

Adela, mañana os volvéis a España;

los bombardeos aquí son ya a diario y tenéis que cruzar Francia

antes de que se convierta en otro caos.

-La verdad, Ángel, me parece un poco precipitado;

ya lo hemos discutido otras veces

y no creo que la solución sea separarnos.

De verdad, cariño, no insistas, créeme; las dos...

Las tres estaréis mejor en Santander, con tu familia.

(SOLLOZA)

(TRISTE) -¿Pero y tú?

Yo os acompañaré hasta Hendaya;

allí os recogerá tu padre y me volveré en el mismo tren.

Mi puesto está ahora aquí; lo entiendes, ¿verdad?

(LLORA)

(LLORA)

(HABLAN EN ALEMÁN)

Timbre de bicicleta.

(LAJOS) Mirad lo que viene por ahí.

-Dile algo a esa judía. -¡Alto!

(RÍE)

Dime, ¿qué llevas ahí, judía? -Patatas.

-¿Haces contrabando? -No, las he comprado.

(RÍE URLÁNDOSE) -¿Comprado?

¿Y con qué, prostituyéndote?

Al fin y al cabo, todas las judías sois iguales.

Campanadas. -¿Lajos?

¿Lajos Szálasi? -¿Eh?

-Soy Eva, Eva Lang; fuimos vecinos,

jugábamos juntos cuando éramos críos.

-Eso es imposible; yo jamás he jugado con ninguna judía.

-¿Tampoco recuerdas a Pal? Os sentabais juntos en la escuela.

Nos casamos en abril, pero se lo llevaron

a las 24 horas a un campo de trabajo.

Veo que tú eres un hombre importante,

¿podrías hacer algo por él?

-¿Cómo? ¿Ayudar yo a un perro judío?

Además, no tengo ni idea de lo que hablas.

-una vez, nos cogieron a ti y a mí robando pasteles

en la confitería del señor Cheremic;

recuerdo que a mí me castigaron y a ti te azotaron de lo lindo.

-¿Me estás llamando ladrón?

-No. -Sí, me has tachado de ratero

y como yo no he robado en mi vida,

te devuelvo tus mugrientas patatas llenas de gusanos. ¡Vamos, andando!

¡Lárgate de una vez!

(CON DESPRECIO) Judíos...

-¿Qué ha ocurrido?

-Deje que yo lo lleve al coche. Gracias.

-¿Ha hecho un buen viaje, don Ángel?

Sí, pero pudo haber sido mejor, gracias.

-Al menos, pasó unas horas en España.

(SOLDADO) ¡Nadie se mueve de la fila!

¡Dejen todas las maletas en el suelo!

Megafonía en alemán.

Megafonía en alemán.

(SOLDADO) ¡Vamos, rápido!

¡Empujad más fuerte! ¡Vamos, judíos!

Ladridos.

-¡Eh! ¿Qué estás haciendo?

¡Dame eso!

Imbécil, lárgate ahora mismo

o te meto en el próximo tren. (ASUSTADO) Sí.

-¿No has oído? ¡Largo!

(GRITAN FURIOSOS)

-¡Todos los libros judías al fuego!

(RÍEN)

(HABLAN EN ALEMÁN Y SE CARCAJEAN)

(RECUERDA A MUGUIRO) en ocasiones como esta,

la conciencia te obliga a tomar partido;

lo sabrás cuando no puedas dormir por las noches.

Estúdielo, Farkas; los sefardíes son ciudadanos españoles

y, como tales, deben gozar de nuestra protección.

Pero no dejan de ser judíos, don Ángel

y llevan fuera de España más de 400 años,

así que no sé qué vamos a poder hacer por ellos.

un español es un español, Farkas, ya sea judío,

cristiano, trapecista o del Atlético Aviación... (RÍE)

Espere, no se vaya.

El gobierno del general Primo de Rivera promulgó

un Real Decreto, en 1924, mediante el cual se reconoce

la nacionalidad española a todos los judíos descendientes

de los expulsados por los Reyes Católicos en 1492.

Aquí está.

entonces, eso significa que... Eso significa que tenemos

que localizar a los sefardíes que vivan en Budapest,

para ponerles en orden su pasaporte.

Haré correr la voz, don Ángel. Ya está tardando, Farkas.

Música clásica. (LO HUELE CON GUSTO) Hum...

Temo que está sobrevalorando

a este humilde funcionario, señor Sanz.

Además, el futuro hoy es más incierto que nunca.

(RÍE) -Pero le veo venir, señor Sanz;

tenga en cuenta que yo he sido embajador de Hungría

en diversos países y me conozco todos los trucos de la diplomacia.

-Muy amable. Le diré una cosa:

Admiro al pueblo español; estuve en su país más de una vez...

-Sí. De ahí que tenga tanta admiración por su patria.

Vamos, hija, vamos.

-Madre.

(REZA EN HEBREO CON TRISTEZA)

-Madre.

(ELLA SOLLOZA)

-tenemos que empaquetar lo imprescindible

y dejar la casa antes del mediodía.

-¿Pero por qué nos echan de nuestra casa?

-Tranquila, todo va a salir bien.

-¿Ya no volveremos nunca?

Aquí naciste tú, aquí murió tu padre...

-De momento, no nos van a deportar;

nos envían a unas casas para judíos aquí, en Budapest.

(PREOCUPADA) -Dios mío.

¿Cuándo va a terminar todo esto?

¿Por qué nadie hace nada?

-No todo el mundo es igual, madre;

hay algunos que se juegan la vida cada día por nosotros.

(ELLA SOLLOZA)

Corpus Christi.

Corpus Christi.

Corpus Christi.

Corpus Christi.

Corpus Christi. Amén.

Avíseme en cuanto nazca su hijo, para tenerle presente

en mis oraciones, aunque eso ya lo hago,

desde ahora, para que todo salga bien.

Todavía queda algún tiempo para el parto,

me tranquiliza que interceda por nosotros ante el Altísimo.

-No merecen menos; son una familia ejemplar.

Y dígame, ¿qué tal lleva su nuevo cometido?

son unos momentos muy difíciles

para asumir una carga tan importante.

Soy consciente de ello, monseñor;

la situación es tremendamente delicada.

-Mucho. Alemania tiene perdida la guerra;

la implicación de los Estados Unidos es decisiva.

Fíjese que están avanzando

en todos los frentes. Cierto.

-Y aquí, el problema que tenemos ahora es el de los judíos;

los soviéticos ocupan ya media Hungría

y los nazis siguen empeñados con las deportaciones.

Enseguida van a empezar a deportar a los de Budapest.

entonces, ¿usted también cree esos terribles rumores

sobre el destino que les espera en los campos a esos desgraciados?

-Me temo lo peor, don Ángel;

necesitarán a algunos miles como mano de obra,

pero al resto se los llevan para matarles.

De eso estoy seguro, créame, lo sé de buena tinta.

He hablado con personas que haz estado en Polonia;

la barbarie humaza nunca dejará de sorprendernos.

¿Lo saben en Roma?

-Lo saben en Roma y lo sabe todo el mundo;

en todas partes están mucho más preocupados

por la marcha de la guerra que por cualquier otra cosa.

¿Cree que nadie se ha parado a pensar dónde están

todos los judíos que haz sido deportados

durante los últimos cuatro años?

Aquí ya no sabemos qué idear, qué hacer para protegerles;

a algunos les hemos empleado en la nunciatura,

pero no podemos hacer mucho más.

No obstante, los obispos húngaros están siendo muy valientes;

llevan semanas realizando gestiones para detener

las deportaciones, ante el regente y el gobierno.

La mayoría de los ministros húngaros

son católicos. -Católicos, sí,

pero también fascistas, como...

No me ofende; le aseguro que la mentalidad en mi país

es completamente distinta. -Sí, no tengo dudas

acerca de la mentalidad de su gobierno,

pero sabe que ''el movimiento se demuestra andando''.

Ustedes, nosotros, todos podemos ayudar a frenar

esta locura y dar un paso al frente con todas las consecuencias.

Lo dicho, Gastón: Ahora te pones a las órdenes de Farkas.

Y recuerda siempre: Confidencialidad y discreción.

Ahora, tu madre te enseñará

todas las dependencias de la legación.

-Muchas gracias, señor. Gracias. Ven por aquí.

Perdone, le estaba traduciendo este artículo de Goebbels

que imaginé de su interés.

Ya. ¿Algo más de interés

en la prensa? Sí.

Las nuevas normas, dictadas por el Ministerio del Interior,

sobre el confinamiento de los judíos.

¿Más normas? Si sólo falta prohibirles respirar.

Sólo podremos salir a la calle entre 14:00 y las 17:00.

Se nos prohíbe visitar los parques

y ocupar los asientos de los transportes públicos,

salvo en los espacios o vagones reservados.

Eso es como enterrarles en vida.

No podremos hablarnos por las ventanas,

ni visitar a personas o familiares de otras religiones...

Pero lo peor es que nos retiran

las cartillas de racionamiento. No sé qué vamos a comer.

Está bien, Farkas, pase las disposiciones a máquina;

las enviaré a Madrid junto al documento que aclara

las gestiones que hacen los obispos con el gobierno húngaro

para evitar las deportaciones. ¿La iglesia? Como ustedes dicen:

''Siempre se arrima al árbol que más sombra da''.

¿No oyó lo que le dije a Gastón?

discreción, Farkas, discreción y prudencia.

Mi gobierno es sensible a las iniciativas del clero

y ese documento puede despertar más interés

que 100 despachos nuestros juntos.

(HOMRE) Ya no me queda dinero ni nada que comer.

(NIÑO) Tonto el último. -Ya vale.

(HOMRE) Casi es mejor no salir de las casas.

-Hiciste un buen negocio con la bicicleta.

-Señor Hoffman. (RÍE)

¿Cómo se encuentra? -Oh...

-¿Ha venido a por otro de mis cuadros?

-Ya te dije que tus cuadros no valen mucho.

-¿No pensará que iba a darle mi mejor obra?

(LOS NIÑOS GRITAN) (NIÑO) ¡Cuidado!

-¿Podemos hablar en otro sitio

menos concurrido? -Por supuesto, señor.

(VOZ EN OFF) Las fuerzas alemazas tratan de contener

el avance soviético por el Este;

su ejército pelea aldea por aldea, casa por casa,

ante el empuje ya imparable de las tropas de Stalin.

(MEGAFONÍA) Toque de queda, a partir de las seis horas.

Nadie podrá caminar por las calles, a partir de este momento.

(MEGAFONÍA) Cualquier ciudadano sorprendido en la calle...

(RÍE)

Me preocupa lo que has contado antes

sobre ese hombre; tú no le conoces de nada.

¿Quién te dice que no es un espía?

-Oh, no es nada de eso, Sophie; no tienes por qué preocuparte.

Créeme, nos une un vínculo muy especial;

tenemos un par de amigos comunes.

Otra vez tú y tus enigmas.

Tal vez, ese hombre pueda ponerte en peligro.

-¿''en peligro''?

Sophie, ahora mismo, cada minuto de mi vida es un regalo, ¿sabes?

Ni siquiera sé si veré amanecer mañana.

Y no voy a quedarme quieto,

esperando a que nos aniquilen esos malditos.

Sophie, quieta.

Sophie, tengo que irme.

Sophie...

Espera, espera. (RÍE)

-¿Y tus padres? Tranquilo, aún tardarán.

alguien abre una puerta. (HOMBRE) ¿Hay alguien casa?

(LAJOS, ERIO) Maldita sea, ¿quién ha puesto esto aquí?

-¿Quién demonios ha puesto ese jarrón ahí?

a llamar antes de entrar? -Chis.

Prepárame la cena.

Necesito vitaminas; lo ha dicho el doctor Goebbels, hermanita.

¡Lárgate de aquí!

(CON DESPRECIO) -ah.

Sirena de policía.

Documentación.

¿Qué sucede?

¿Ocurre algo, señor? Todos nosotros trabajamos para legación española.

-Llévenselos. -¡Venga, andando!

-Cometen un error; están equivocados.

-Vamos, rápido, moveos. No hemos hecho nada;

tenemos los papeles en regla.

-Subid al camión. Suélteme.

No... No pueden llevárselos; esto es un atropello.

-son judíos y tenemos órdenes de llevarles a declarar.

No puede hacerlo; este lugar es territorio español.

-Esto es territorio húngaro y ninguna bastarda francesa

va a decirnos lo que tenemos que hacer.

Sirena de policía.

¡Vamos! ¡Vamos!

(ENFADADO) ¿Cómo es posible?

No pueden llevárselos por las buenas.

Si entran sin permiso en la legación,

es como si invadieran España.

Estábamos en la calle; ahí se los llevaron.

A ustedes, ¿no les abordaron? No sabrán que somos judíos

por el pasaporte francés. ¿Qué haremos?

Mandaremos un telegrama al Ministerio

de Asuntos Exteriores español,

para que me autoricen a negociar su liberación.

Música clásica de ópera.

-Heil, Hitler.

-Anticípeme la información; no tengo tiempo para lecturas.

-con su permiso, señor, le diré que las cosas marchan

según las órdenes establecidas:

en menos de un mes, más de 437 000 judíos

haz sido ejecutados in situ o deportados a los campos

de Auschwitz, Birkenau, Mauthausen, Bergen-Belsen,

Sobibor o Dachau. -Excelente, teniente.

Excelente.

Ya queda menos para erradicar por completo el problema.

-Además, todos los judíos de la ciudad

ya ocupan sus nuevos hogares en las casas estrelladas;

el Ayuntamiento y el gobierno húngaro

colaboran sin fisuras con las órdenes del Reich.

(HABLAN EN ALEMÁN)

(GRITAN EN ALEMÁN)

-¡Calla, cabrón! (GRITA)

(LOS ALEMANES SE QUEJAN DE DOLOR) -Muere, maldito.

(GRITA DE DOLOR)

-Coged las armas. -Coge tú esa.

-Larguémonos de aquí, deprisa.

Rápido.

Por el pasadizo.

Ladridos.

Les aseguro que hago lo posible

para que se solucione el asunto de los niños con destino a Tánger.

-Como miembros del comité judío, conocemos su labor,

señor Sanz, pero si no actuamos rápido,

es posible que esos 500 niños no salgan del país.

Lo sé, y quiero que sepa que me preocupa.

Pero el traslado ahora, supondría

que pasaran por Alemania o por un país ocupado

y eso complica las cosas en exceso.

-Eso sería como llevarles directamente al matadero.

¿No hay otra solución? Nuestra embajada en Berlín

está realizando las gestiones oportunas

para que se pueda llevar a cabo el viaje.

-Queríamos darle las gracias por lo que hacen por ellos,

pero tiene que entendernos: Tememos mucho por su situación.

Le prometo que haré todo lo que esté en mi mazo

y mi gobierno, también. No lo duden.

Señores.

Acaba de llegar. Es urgente.

(CONTENTO) ¡Sí! ¿Buenas noticias?

El propio ministro me autoriza a negociar

la liberación de Farkas y los demás.

Vengo a ver al subsecretario; tengo una cita con él.

Excelente. -Gracias.

Y dígame, amigo Sanz,

¿son judíos sus empleados que haz sido arrestados?

No lo sé, nunca se lo hemos preguntado.

-¿Contratan ustedes a personas sin saber su...?

(RÍE) Por supuesto, lo importante

es que hagan bien su trabajo y sean honrados;

y todos ellos cumplen estos requisitos.

-¿Y quién les ha detenido? ¿La Gestapo?

No, la policía húngara. -Ah.

Si hubiese sido la Gestapo, seguramente ya estarían libres;

usted conoce la buena relación que tiene mi gobierno con el Reich.

Si fuera necesario, acudiríamos a ellos,

pero España reconoce la soberanía de Hungría.

-Hum... -Y por eso he venido a verle,

de forma extraoficial.

-Veremos qué se puede hacer.

(RÍE) Lo importante es que no les hayan metido ya

en los trenes; le pido paciencia.

Está bien, señor subsecretario, pero no me pida mucha;

recuerde que el tiempo corre en contra de mis empleados.

-Le admiro, amigo Sanz; es usted

un ejemplo de la tenacidad española. (RÍE)

Muchas gracias. Y ya sabe, el tiempo corre.

confío en su diligencia, pero espero no tener que acudir

a mis amigos del cuartel general alemán.

-Buenos días, señor embajador, espero no molestarle.

La señora Tourné me dijo que esperara aquí.

Cuánto tiempo, amigo Perlasca; le creía en Italia,

tras abandonar a sus amigos españoles.

-No, eso nunca, señor embajador, nunca.

Yo, la Spagna la llevo en el mío cuore.

¿Y cómo está nuestro caudillo?

Por cierto, cuando le vea, le dice que un italiano admirador suyo,

ex combatiente de la guerra, le exclama: ¡Forza!

(RÍEN) No ceno cada noche con él,

pero si le veo, se lo diré. Y no exagere, sólo soy

el encargado de negocios de la legación.

Y dígame, amigo Giorgio, ¿cómo le va la vida

con lo que está pasando?

-Vengo a pedirle ayuda; necesito un pasaporte.

He tenido que salir huyendo de mi casa;

la portera es una confidente nazi

y la embajada italiana, un completo caos.

un pasaporte, ¿eh?

Eso no es tan sencillo en estos momentos.

¿en qué lío anda metido, Giorgio?

-Compro carne para Italia y los alemanes quieren

mis trenes de ganado para transportar

otro tipo de cargamento, ¿capisci?

Vaya a hacerse un par de fotos;

pague lo que sea por que se las den hoy

y, cuando las tenga, vuelva aquí con ellas.

Veo que venía preparado, amigo Giorgio.

-Y, don Ángel, si no es mucho pedir,

me gustaría llamarme, desde ahora, Jorge.

A pasaporte español, nombre español: Jorge Perlasca.

¿A que suena bien? (RÍE) suena muy bien, amigo Jorge.

-Desde luego. -Pruebe usted estos pastelillos;

son deliciosos. No, gracias, prefiero

los cigarrillos. (LOS TRES RÍEN)

Disculpen un momento. -Cómo no.

¿Alguna novedad? -Estamos tratando de localizarles

a todos; ya le dije que tuviera paciencia.

(EDMUND) Tienen un buen champán, ¿no crees?

(ADOLF) Sí, muy bueno.

paciencia, ¿eh? -Ajá.

Espere.

Timbre.

(MEGAFONÍA) Número 25 437.

Ladridos. Número 25 437.

Repito: Número 25 437.

Preséntese inmediatamente.

25 437.

-¡en fila, suban a esos camiones! ¡Deprisa, muévanse!

¿van a deportarme? -¿Es que no me haz oído?

¡en fila de a uno! ¡Rápido! -Vamos, fuera.

-¡No rompan la fila! -¡Vamos!

Llantos de mujer.

alguien abre el pestillo.

-¡Siéntate ahí, zorra!

(MUJER) ¿Qué te han hecho?

-¡Tú! Levanta y sígueme.

¡Que te levantes!

(LA CHICA LLORA)

-¡Deja de quejarte! -¿A qué esperas?

Quítala de mi vista. (LLORA)

-Largo de aquí, perra judía. (LOS HOMBRES RÍEN)

Aun así, creo que he sido el que tuvo más suerte de todos;

anotaron mi nombre al entrar

y me dieron un número. Eso fue todo.

¿Y qué hacían allí durante todo el día?

Nada, imagínese, desesperarnos y temer lo peor.

en dos días, sacaron a varios grupos;

no sé si para liberarles o para ejecutarles.

(RESPIRA HONDO)

Y a usted, señor Berki, ¿cómo le ha ido?

-Me dejaron libre por la noche en una granja de las afueras;

estaba desorientado. Encontré un cobertizo abandonado

y, en cuanto amaneció, me desperté y me puse en marcha.

Queremos darle las gracias a usted y a su gobierno, don Ángel,

por las gestiones realizadas ante las autoridades húngaras,

para poder llevar a cabo nuestra liberación.

Estoy muy contento de que volvamos a estar otra vez juntos;

sólo falta que liberen al doctor Elec.

¿Sí? (TELÉFONO) ¿Señor Sanz?

¿monseñor Rotta? -Transmítales a todos ellos

mi alegría por su liberación, pero escuche,

yo le llamaba por otra cosa: Hay nuevas noticias;

al parecer, han atentado contra la vida del Führer.

¿un atentado? (ROTTA) Sí, una bomba.

Pero todavía no se ha confirmado su muerte.

(RÍE)

-Toma, Sophie, muchas gracias.

Que pase un buen día. Gracias. -Adiós.

-¿No te has enterado? ¡Hitler ha muerto!

Chis. -Igual que esa gallina;

los alemanes firmarán un armisticio y todo habrá acabado.

-¿Qué pasa? -Preguntaba a la señorita

por la dirección de un zapatero que vive por aquí.

Vengo del campo y me haz dicho que él puede darme trabajo.

Debe referirse al señor Bosic. -Bosic.

Sí, a su taller. -¿El señor Bosic?

-Sí. Ajá.

-No le conozco... -Oh.

-Ah, sí, vive unas calles más arriba,

pero que yo sepa, no tiene

ningún taller de zapatería. -Vaya.

Supongo que, en estos tiempos,

cada uno se apaña como puede. (RÍE NERVIOSA) Enseguida vuelvo,

padre, voy a indicarle la dirección.

-Adiós. Y gracias.

-¡Alto!

¿Quién eres tú y qué haces con mi hermana?

Me estaba preguntando por un taller de zapatería.

-Estoy buscando trabajo; acabo de venir del campo.

Yo a ti te conozco;

tú eres judío. Te equivocas, Lajos,

sólo es un pobre hombre en busca... -¡Aparta!

¡Chicos, basta, por favor!

-Lajos, ¿estás bien?

(RADIO) El cuartel general alemán acaba de confirmar el atentado

contra Adolf Hitler; al parecer, una bomba de efecto retardado

estalló a pocos metros de donde se encontraba

el canciller que, según las mismas fuentes,

ha salido milagrosamente ileso del atentado.

Asimismo, varios militares alemanes,

encabezados por el coronel Stauffenberg

se hayan detenidos a la espera de ser sometidos

a un consejo de guerra... -Hijo mío...

Trueno. (RADIO) en las próximas horas.

-¿Adónde vas? ¡No salgas! -¡Déjeme, madre, por favor!

-¡No salgas a la calle, por Dios!

¿Es que no ves que te van a matar?

-Apártese, madre. ¡Déjeme! -No lo hagas. ¡No!

(LLORA) -Dios mío...

(LLORA)

-Y resulta intolerable que, cuando esta maldita guerra

está llegando a su fin, los alemanes y sus colaboradores

sigan empeñados en masacrar a esa pobre gente.

-Es comprensible el ímpetu del joven Wallenberg,

pero creo que todos estarán de acuerdo en que Hungría

es un país soberano y, por tanto, la diplomacia siempre

ha de mostrarse atinada y prudente en estos casos.

-El regente vive encerrado en su palacio;

medio país está invadido por los bolcheviques

y el resto, ocupado por los nazis.

no encontrarán a ningún judío. -Eso seguro.

Estuve hablando con Eichmann y tiene a mucha gente dedicada

a agilizar las deportaciones de los judíos de Budapest.

-Eichmann es un fanático, un loco.

Y no parará hasta exterminarles a todos.

-Aun así, le dije que el gobierno sueco

está trabajando para salvar

al mayor número de personas posible,

porque, en nuestro país, no distinguimos a nadie

por su raza o por su religión. -Los españoles también

están haciendo muchas gestiones, en varios países,

para la liberación de personas inocentes.

tengo entendido que existe una rama de judíos españoles

conocidos como... Sefardíes. Judíos sefardíes.

Hablan nuestra lengua y mantienen gran parte

de la cultura española; además, sienten un gran amor por España.

-¿Y cuál es el amor de España hacia ellos?

Ahora que los nazis les masacran, ¿ustedes les defienden?

Por supuesto que sí; en países como Grecia, Bulgaria,

Francia y la propia Alemania, muchos se haz salvado

de los campos de concentración,

gracias a su condición de españoles.

-Me temo que haya pocos sefardíes en Hungría.

Cierto, pero eso no nos va a detener;

como un día me dijo monseñor Rotta:

''El movimiento se demuestra andando''.

-España es un país de gran generosidad,

de los pocos que quedan dispuestos a hacer estas cosas.

-¿Franco trabajando contra Hitler?

Perdóneme, señor Sanz, pero no me lo creo.

aunque, tal vez, llegue a reconocer

que usted pueda ser una gota de agua en el desierto.

Le aseguro que informo a mi gobierno de las gestiones

que se llevan a cabo en la legación española.

-Nosotros ya estamos emitiendo cartas de protección.

-¿''Cartas de protección''?

-Ajá, sí. Salvoconductos.

-Les propongo que aguardemos unos días para reflexionar

y, en cuanto se clarifique un poco la situación,

les convocaré a una reunión en la que podremos afrontar

las medidas que debamos tomar.

¡Oiga!

¡¿Hay alguien?!

¡¿Oiga?! ¿Hay alguien?

-¡Que todo el mundo baje del camión! ¡Vamos, rápido!

-¡Venga, rápido, todo el mundo en fila!

-¡contra la pared!

-¡Moveos! ¡Moveos!

Gritos en alemán y ladridos.

-¡Rápido, bajad!

¡Venga, venga!

Gritos en alemán. -¡Vamos, bajen!

¡contra la pared!

Gritos en alemán. -¡Vamos, todos contra la pared!

-con cuidado, cariño. -Tú, quieto.

-¡Venga, daos prisa! -¡Aparta!

-¡Rápido, rápido! ¡Vamos, vamos! (PREOCUPADO) -Mi nieta...

-¡Vamos, rápido! -¡Vamos, vamos!

Don Ángel, hay un señor que quiere verle; parece nervioso.

Me asegura que es urgente.

¿No ha dicho quién es? -No, señor.

Dice que se lo explicará a usted. Está bien, hágale... pasar.

-Buenas noches. Perdone mi atrevimiento;

sé que es muy tarde. Me llamo Albert Hoffman

y he venido a agradecerle sus gestiones

para la protección de los niños judíos

y de los judíos sefardíes.

¿Le busca la policía?

-Y también los nazis, aunque, en realidad, son la misma cosa.

Ladridos.

Tranquilo, viene conmigo.

¿Quiénes son? ¿Qué es lo que quieren de mí?

-Ha sido una agradable sorpresa para nosotros que España,

a pesar de tener una deuda de guerra con Hitler,

no sólo no haya colaborado en el exterminio de los judíos,

sino que, además, les está ayudando a sobrevivir.

¿Ha oído hablar del campo de Sobibor, en Polonia?

Vagamente. conocemos la existencia de campos de concentración,

pero poco más. -Sobibor es un campo de exterminio;

uno de los muchos que Hitler ha implantado en Europa.

El año pasado, hubo una fuga masiva de judíos y yo fui uno de ellos.

Más de 300, logramos escapar.

Comprendo por lo que ha pasado y el sufrimiento de su pueblo,

pero el hecho de que haya venido hoy aquí es un...

-Hace cuatro meses, había 800 000 judíos en Hungría;

hoy, tan sólo quedamos 200 000 en Budapest.

De seguir así, para Navidad, habremos desaparecido todos.

¿Usted tiene constancia de lo que está diciendo es cierto?

Es demasiado brutal como para... -Lo he visto con mis propios ojos.

Las cámaras de gas son reales

y funcionan a pleno rendimiento cada día.

Su amigo Eichmann sabe lo que se hace.

Eichmann no es mi amigo; mi gobierno y el suyo, sí,

pero cada vez menos.

-No he venido aquí a reprocharle nada;

le repito que estamos muy agradecidos

por salvar a parte de nuestro pueblo.

Sólo le he hecho lo que haría un buen cristiano.

-Aquí tiene un informe completo sobre lo que está ocurriendo

en los campos de exterminio;

le quedaríamos tremendamente agradecidos,

si usted pudiera enviárselo a su gobierno.

Es hora de que el mundo deje de mirar ya hacia otra parte.

Todas las semanas, envía un informe

sobre la situación de los judíos en Budapest;

parece desesperado, pero quizá se está extralimitando.

Exceso de celo, diría yo.

-De momento, siga dándole largas y recuérdele al secretario

de la legación que la diplomacia es el arte de contentar a todos.

-según sus informes, el país es un caos;

los alemanes han invadido Hungría por las malas

y las horas del regente parecen contadas.

-Como usted sabe, acabo de llegar al Ministerio,

así que póngame al día, por favor.

-El regente Horthy destituyó a su primer ministro,

porque este se negaba a detener las deportaciones de judíos.

-Y claro, el Führer se lo tomó a mal.

(RÍE) Total, para lo que le queda en el convento.

Gritos en alemán.

(HABLAN EN ALEMÁN)

(HABLAN EN ALEMÁN)

Como era de esperar, nos encontramos

con muchas dificultades: Los alemanes siguen sin contestar,

así que, por el momento, es inviable el traslado

de los niños a Tánger. -¿Y su gobierno no dice nada?

Hoy vamos a emitir cartas de protección colectiva,

para mantenerles documentados. -Me temo que no bastará.

Nos ocuparemos de que estén bien alimentados

y de que no les falte la asistencia médica.

Créanme, la legación española hace todo lo que puede.

-Oh... Ya, pero... No les vamos a dejar solos,

se lo aseguro. (ASIENTEN)

¿Y qué quieren que haga yo? en Madrid no dicen nada.

Les mando informes, documentos

y siguen sin darme instrucciones precisas.

Y el nuevo ministro acaba de subir al cargo.

Mejor eso que una negativa.

A veces, el silencio administrativo tiene su lado positivo.

Que no les falte de nada a los niños;

que Gastón se ocupe de traerles algo para jugar.

¿Podemos conseguir juguetes? Lo intentaremos,

pero no sé cómo pagaremos esto;

las cuentas de la legación están casi vacías.

Yo mismo correré con los gastos con mi cuenta personal.

¡Vamos, rápido!

(GRITA DE DOLOR)

Gritos, ladridos y silbatos.

-¡Vamos, judíos!

-¡Fuera!

(MUJER) ¡No!

Gritos, ladridos y silbatos.

-¡Vamos, venga, venga!

-¡Rápido, todos abajo!

-¡Venga, seguid moviéndoos!

-¡No os detengáis!

Gritos de mujeres. -¡Eh! ¿Qué haces tú ahí?

(LADRA)

Gritos y ladridos. -¡Todo el mundo fuera!

Gritos en alemán. -¡Fuera de ahí!

-¡No os llevéis nada! ¡Sólo vosotros, vamos!

Gritos en alemán. -¡Vamos, vamos!

-¡Oh!

Oh. -¡Todos a un lado!

-¿Qué quieren? -¡Aparta, viejo estúpido!

-Quita de aquí, zorra. -Vosotros, ¿qué hacéis aquí?

¡Vamos, basura, fuera!

¡Fuera!

¡Vamos, vosotros también!

-Si no queréis problemas, basta con que nos digáis

dónde está el dinero y dónde escondéis las armas.

-Sabes que no tenemos nada; nos lo habéis quitado todo.

-¿Y cómo compráis esto?

¡Eh! ¡Dime!

¡Dime!

Quizá, otro día, no tengáis tanta suerte.

Vámonos.

(SOLLOZAN)

¿Y ha estado receptivo? Sí.

Pero hemos llegado a un acuerdo absurdo:

Sólo nos permite extender 100 pasaportes para sefardíes.

Sobran, no hay tantos. Eso no lo sabemos;

puede que nos encontremos

con muchos más de los que esperamos.

(RESPIRA HONDO)

Podríamos emitir pasaportes familiares;

el ministro no lo precisó y nosotros podemos interpretarlo

el acuerdo según nos conviene. Ya vinieron algunos,

cuatro o cinco; hemos actualizado sus pasaportes.

¿Les ha dicho que avisen a sus conocidos?

Bueno, si se corre la voz... Mejor será emitir

un par de pasaportes indebidos que abandonarles a su suerte.

Y por fin contestaron desde Madrid:

Los sefardíes que quieran, pueden viajar por España,

corriendo ellos con sus gastos y siempre en tránsito.

Los informes de Budapest son devastadores;

los rusos están a sólo 30 kilómetros de la ciudad.

-No quisiera estar en la piel del regente Horthy;

aún no me explico cómo él y su familia siguen vivos todavía,

después de todo. -según las últimas noticias,

está confirmado: intentó negociar por su cuenta la rendición

a los comunistas; con Tito, por una parte,

y con los rusos, por otra. -Creo que sorprendieron

al propio hijo del regente ''con las manos en la masa''.

Acudió a entrevistarse con los rojos

y se topó de frente con un comando capitaneado por el gran Skorzeny,

el libertador de Mussolini en su prisión del gran Sasso.

-Y dígame, ¿a quién cree usted

que el Führer va a poner al mando de la nación?

(HABLA EN HÚNGARO)

(VOZ EN OFF) en octubre de 1944, Ferenc Szálasi,

líder del partido nazi-húngaro de la Cruz Flechada,

asume los cargos de primer ministro y jefe del estado húngaro.

(SINTONIZA LA RADIO)

(RADIO) Su Alteza, el regente ha violado la constitución

y el honor de la patria húngara;

ante esta situación, el movimiento cruzflechado,

siempre vigilante en la defensa de la patria,

ha tomado la decisión extrema de asumir el poder.

Ahora sí que estamos perdidos.

(RADIO) Desde ahora... -Que Dios nos coja confesados.

Apague la radio. (APAGA LA RADIO)

Nos pondremos a trabajar: Haremos muchos salvoconductos.

El anterior gobierno nos concedió 100 pasaportes

para sefardíes; y junto al número,

habrá una letra. Empezaremos con la A;

luego, la ; la C... Hasta acabar el alfabeto.

-Perfecto. Así, si agotamos las 28 letras,

podremos emitir, por lo menos, 2800 pasaportes.

Ah, otra cosa: Hasta ahora, sólo estamos dando pasaportes

a ciudadanos sefardíes; a partir de ahora,

ampliamos el campo de actuación. Eso sería fantástico,

pero no sé si... Vamos a ver qué pasa.

-un momento.

Perdone, don Ángel; este joven dice llamarse

Javier Barrueta y ser español. viene pidiendo ayuda.

Adelante, adelante.

-Buenos días. Buenos días.

-Soy vasco y pertenezco a un batallón desmovilizado

de la División Azul; llevo varios días en Budapest

y no sé qué hacer, porque esta situación es un caos

y yo me encuentro en tierra de nadie.

Comprendo. Si le cogen los alemanes,

le acusarán de desertor; y si le encuentran los rusos,

le acusarán por nazi. Entiéndame, es una forma de hablar.

aunque usted no sea nazi, ha peleado con el Ejército alemán.

-Ya. Y como me he quedado descolgado de mi batallón,

si regreso a España, pueden considerarme un prófugo.

Está en la legación de su país; arreglaremos su situación.

Le haremos un salvoconducto para andar por las calles.

Tenga cuidado y no se meta en líos.

Si tiene problemas con la policía,

avísenos. -Muchas gracias.

Quizá podría ayudarnos.

(HABLAN A LA VEZ) -¿Ahora qué quieren de nosotros?

-Ay, Dios mío, y ahora, nos mandan a un gueto.

-Lo importante es que continuemos juntos.

(HABLA EN OTRO IDIOMA) -Tía, repita eso.

Repita la frase que acaba de decir.

(HALA EN OTRO IDIOMA) -''El cerebro de un hombre

es una tela de cebolla'', tu abuela lo decía continuamente;

le gustaba hablar en la lengua de nuestros antepasados sefardíes.

-Espere, madre, los sefardíes eran españoles, ¿verdad?

-Así es. Mis padres siempre quisieron llevarnos

a visitar aquella tierra, pero no encontraron la ocasión.

(RÍE)

sin duda, debe usted haberse vuelto loco.

¿200 pasaportes? Desvaría, amigo Sanz.

El límite de 100 pasaportes es insuficiente;

necesitamos bastante más. (IRÓNICO) -Claro...

(ENFADADO) ¡Lo primero que tienen que hacer en España

es reconocer al nuevo gobierno,

al que me honro también de pertenecer!

Está bien. Si me autoriza a emitir 200 pasaportes,

hablaré con Madrid, para que exprese su reconocimiento

a los nuevos mandatarios.

Y seguimos sin saber nada del médico de nuestra legación

y eso es intolerable. Exijo su vuelta ya.

-Huele. ¿Qué, está bueno? -Sí, señora.

-¿Qué, se llevarán velas? -Sí, estas.

(ROTTA) Nos sentimos obligados

a elevar una enérgica protesta contra tal proceder.

Es absolutamente inadmisible

que los hombres sean perseguidos y puestos ante la muerte

por el simple hecho de su origen racial.

El texto es duro, pero creo

que ya no podemos andarnos con paños calientes.

-Yo lo encuentro excesivo; convendría suavizarlo un poco.

Además, debería suprimirse la amenaza de nuestros gobiernos

respecto a revisar su actitud con Hungría.

-De ninguna manera. Los judíos ya han recibido

la orden de trasladarse al gueto

y todos sabemos cuál será el próximo paso.

-¡Eso es intolerable; mi país no va a permitirlo de ningún modo!

en nuestros países no tienen ni idea de lo que hacemos,

por mucho que intentemos abrirles los ojos.

-Pues leí en la prensa que España va a reconocer

al nuevo gobierno nazi de Szálasi.

¡Eso no es cierto! Lo único que estamos haciendo es negociar,

para conseguir el mayor número de pasaportes posibles.

-en la situación actual, hay algunas puertas

a las que no se puede llamar. -Señores, por favor, siéntense.

Es imprescindible que mantengamos la unidad;

si acudimos juntos al gobierno húngaro,

tendremos mucha más fuerza que si nos mostramos divididos.

Si les parece, concertaré una cita con el ministro

de Negocios Extranjeros para entregarle

nuestra nota de condena conjunta.

Ahí es donde debemos ''poner toda la carne en el asador''

y no en rencillas estériles.

Gracias por quedarse, don Ángel;

usted es una de las pocas personas en que puedo confiar.

¿Se puede saber adónde vamos, monseñor?

-La historia se repite, don Ángel;

he aquí las catacumbas del siglo XX.

Me muero por conocer a la niña;

daría lo que fuera por estar ahora con vosotras.

Y Adelita, ¿qué tal está?

-Bueno, ya sabes cómo es; tiene un poco de pelusilla,

pero está bien, deseando verte.

Dale un beso muy fuerte de su papá

y dile que no paso ni un minuto de mi vida sin que piense en ella,

sin que piense en ti y... -Escúchame, amor,

tienes que salir de ahí; tienes que abandonar ese infierno.

Adela, ahora no puedo, pero te prometo

que pronto volveremos a estar juntos.

-en España, todo el mundo dice que la guerra acabará pronto,

pero yo temo que te pueda pasar algo.

¿Tú no tienes miedo? Pues claro que tengo miedo,

Adela, pues claro, pero sabes que, tras un largo sacrificio,

viene una recompensa y mi recompensa sois vosotras.

Las tres.

-Sé lo que estás haciendo, Ángel,

pero, a veces, en la vida, hay que tomar decisiones difíciles.

Yo ya he tomado la mía, Adela.

-Ángel, creo que va a cortarse... ¿Adela?

¡Adela! -¿Ángel?

¿Oiga? ¡Oiga!

-¿Ángel? ¿Estás ahí?

¿Adela? (LLORA)

El teléfono comunica.

(SUSPIRA)

(SOLLOZA)

-Vamos, viejo, muévete. -¡Soltadme, dejadme en paz!

-¡Vamos, camina! -¡Dejadme! ¡Dejadme!

(ELLOS RÍEN) -¡Venga, andando!

-¡Déjenme pasar, por favor!

¡Don Ángel! ¡don Ángel!

Don Ángel. ¿Qué ocurre, Gastón?

-Los cruzflechados quieren llevarse a un rabino.

¿en la legación? -No, señor, de la cola.

¿Estaba en la fila? -con precisión, no lo sé.

Es posible que le hayan cogido antes de que se incorporase.

Vamos.

(LOS TRES SE CARCAJEAN)

(LAJOS) ¿Queréis ver cómo arde?

Risas de los cruzflechados.

¿Qué ocurrió? -Pasaron unos oficiales de las SS

en moto; seguro que fueron

quienes llamaron a estos miserables.

(ELLOS SE CARCAJEAN) (ENFADADO) ¡Basta!

¡Cometen un acto hostil contra un país amigo!

¡Las personas que se hallan en el recinto de la legación

gozan de la protección de España!

-Es judío y nos ha insultado.

Y yo le repito que es un ciudadano bajo protección española.

Lo que haga fuera no es de mi incumbencia,

sino de los tribunales de justicia;

exijo que le suelten y me lo den,

si no, pondré una queja diplomática

ante su ministro de Negocios Exteriores

y mi caudillo, el Generalísimo.

Suéltele de inmediato y me comprometo a que,

por mi parte, este incidente quede en un simple malentendido.

-Está bien, España está con nuestro movimiento;

Franco también es nuestro caudillo. ¡Perseverancia!

¡Viva Szálasi!

(LOS TRES RÍEN)

-¡Perseverancia! (AMBOS) ¡Viva Szálasi!

(LOS TRES RÍEN)

(LAJOS) Vámonos de aquí. -Deje que le ayude.

-¿Cómo está? ¿Se encuentra bien? -Sí, sí, estoy bien.

Dígame su nombre. -Rebecca Sadni.

¿Y el tuyo? -Chilard.

(HABLAN A LA VEZ)

Aquí lo tienen. Y si tienen algún problema,

no duden en avisarnos. -Gracias.

Lugar. -en Budapest.

¿Y tú? -también, en Budapest.

-Muy bien, hija. -Disculpe, señora;

ayer me extendieron aquí este documento.

Sí, la recuerdo; su familia es sefardí de pleno derecho.

¿algún problema?

-Verá,

no quisiera abusar de su amabilidad,

pero me preguntaba si podrían incluir

en el documento a mi marido. Claro, sería lo lógico.

¿Por qué no lo dijo antes?

-Está en un campo de trabajo.

Comprendo.

¿Tiene una fotografía? -Sí, aquí traigo una.

-El problema es que, como está en un campo de trabajo,

¿usted cree que...? Espere un momento.

Señor Farkas, ella necesita un pasaporte para su marido.

Mejor uno familiar.

Podemos hacerle un salvoconducto

conjuntamente con el suyo, familiar.

Aparte, extenderemos un certificado reclamando que sea eximido

de los trabajos forzados. (RÍE)

-¿Y podrían tener una carta así mis padres, mi hermano y mi tía?

Tienen miedo de salir a la calle y venir hasta aquí.

Por supuesto; tráigame las fotos cuanto antes.

Haremos salvoconductos para todos. -Muchísimas gracias.

¿Sabe quién estuvo cenando en mi casa ayer por la noche?

El mismísimo Adolf Eichmann.

Perdóneme, Sir Wallenberg,

pero yo le hacía más en el otro bando.

(AMBOS RÍEN) -Y lo estoy, amigo Sanz,

pero conseguiremos más entendiéndonos con él.

aunque nos repela a ambos.

Yo hace tiempo que ''no piso ese jardín''; como comprobará,

es una pérdida de tiempo. -Le comprendo.

Está claro que es muy difícil luchar contra la sinrazón.

Ahora expedimos cartas de protección

que están muy bien, pero, muy pronto,

no servirán para nada, se lo aseguro.

¿Y qué haremos, eh?

¿Cuál va a ser el paso siguiente?

¿Querrán darlo entonces nuestros gobiernos?

tendremos que estar preparados para ese momento.

Lo más importante es que ninguno de nosotros

deje de apoyar a esa gente. -Ajá.

Prefiero emitir menos salvoconductos

y después, defenderles con energía.

-No, tenemos que actuar ya;

Eichmann tiene previsto liquidar el asunto

en tres o cuatro semanas, apenas hay tiempo.

(SUSPIRA)

¿Cuántos llevamos? Hoy, entre 700 y 800;

eso sin contar los niños de la residencia infantil.

Por cierto, sefardíes, ninguno; yo creo que no hay más.

No importa, si no son sefardíes, digamos que son sus familiares.

¿algún problema más? ¿''Problemas''? Todos.

Por ejemplo, una máquina de escribir no funciona;

el señor Farkas quería ir a su casa a por la suya,

pero no se lo he permitido. Está bien, que manden un conductor.

No hay cintas en ninguna parte.

Ni papel carbón, para las copias, tampoco hay.

Hable con Perlasca, que busque

en el mercado negro de estraperlo. Cueste lo que cueste.

Sanz Briz es un chico muy valioso; no le pierda de vista.

-Está trabajando mucho. Y bien.

Aunque creo que, en sus informes, se preocupa demasiado

por cuestiones externas; lo importante es que, en breve,

el nuevo gobierno húngaro va a trasladarse

a la ciudad de Sopron, cerca de la frontera con Austria.

están empeñados en que nuestra legación

se instale allí también. -El traslado de nuestra legación

es del todo inviable; sería una forma de reconocer

oficialmente al nuevo gobierno y eso no nos conviene.

Creo que mantener allí nuestra legación diplomática

ya no tiene ningún sentido.

(HABLAN EN ALEMÁN)

(EL ARMA NO DISPARA) Oh, mierda.

¡Ah! -¡Hoffman!

-¡Ah!

(JADEA) -¡Hoffman!

Sirena de policía acercándose.

-Tantal Zoltan. -Aquí.

-Denesis Bant. -Soy yo.

-Emil Janos. -Aquí.

-María Laszvio. -Yo.

-Medraza Thomas. -Muchas gracias.

-Eso es todo por hoy. Y recuerden:

Si tienen algún problema con las autoridades,

con la Gestapo con los cruzflechados,

vengan, que les ayudaremos. ¿De acuerdo?

(TODOS) Muy bien. Sí. Sí. Perfecto.

¿Cuántos llevamos emitidos? 45 sefardíes,

239 pasaportes provisionales y unas 1650 cartas de protección.

Está bien, reúnales a todos; tengo que decirles algo.

El gobierno húngaro decidió que los judíos

que aún no fueron deportados serán trasladados

a un gueto que tienen preparado.

Los que tengan documentación de un país neutral

tendrán que abandonar el país antes de fin de año;

después, ningún documento se respetará.

Los que no hayan iniciado el viaje, pasarán al régimen general.

¿Y cómo vamos a salir de aquí? Las calles están llenas de muertos;

la gente está aterrorizada.

La buena noticia es que dejan a las legaciones protegerles

mientras estén en Hungría. ¿Y cómo será esa protección?

Las legaciones podrán alojarles en casas especiales.

Saldrán a la calle entre ocho y nueve de la mañana,

alrededor de las casas protegidas.

Esta legación tiene que alojar a 1500 personas

en el plazo de cuatro días; tenemos que buscarles un techo.

-¿Qué hacemos? Díganos, que nos ponemos

en seguida a trabajar. -Sí.

Debemos realojar también a los niños de la residencia;

allí no les protegeremos. Está bien, mañana empezaremos

a buscar casas; cuanto más grandes, mejor.

Y a ser posible, cercanas. Empezarán a convivir como puedan;

después, montaremos una logística para llevar alimentos

y artículos de primera necesidad. ¿Está claro?

Pues todo el mundo a trabajar.

Ajá.

Está bien, págale. -Muy bien, pues aquí está todo.

-Toma, aquí tienes la tela que pediste.

(PERLASCA) ¡A la derecha!

Muy bien, aquí está la otra casa.

-¿Cuál nos queda?

Así, calentita. Bien.

Toma. -¿A que ahora está mejor?

-Esta para ti. -Gracias.

-en cuanto los niños vieron que se habían quedado solos

en el bosque, se asustaron mucho, pero Pulgarcito...

-Qué bien huele este pan.

-Pan calentito.

Tome, señora.

Muy bien, chicos, venga.

-¿siguiente?

Aquí tienes. ¿siguiente?

-con cuidado. No tan deprisa.

-Espere.

-Muchas gracias, señor; le regalo mi osito.

Don Ángel.

Don Ángel, el doctor Elec...

Silbato del tren.

Compruebe que todos los vagones estén precintados.

Buenas tardes.

-Heil, Hitler. Heil.

Soy el encargado de negocios de la legación española;

hay un error: Los húngaros detuvieron

a un hombre que goza de protección diplomática española

y que pronto emigrará a España. Es una suerte hallar

a una autoridad alemana; los alemanes

saben mejor que los húngaros las leyes internacionales

y el afecto que les profesa su Führer a nuestro caudillo,

el Generalísimo Franco. -Por supuesto.

¿Cómo se llama ese ciudadano español?

¿Tiene usted los papeles?

Debe tenerlos él, pero, si no, yo respondo.

Se llama Yuri Elec y es médico.

-Sí, está aquí.

Pero está embarcado y esos vagones ya están precintados.

-Saquen a ese hombre

de los vagones. Gracias.

Muchas gracias.

¡Elec! ¡Doctor Elec!

¡Yuri! ¡Yuri Elec!

¡Yuri Elec!

¡Elec!

¡Doctor Elec! -Es a mí a quien llaman.

Déjenme pasar. ¡Doctor Elec!

¡Yuri Elec!

-¡Sí, estoy aquí! ¡Yuri Elec!

-¡Aquí! ¡Estoy aquí! ¿dónde está, doctor Elec?

-Déjenme pasar, soy yo. ¡Elec!

-¡Don Ángel, estoy aquí! ¡Estoy aquí!

(GRITANDO) ¡Don Ángel!

¡Don Ángel, aquí! ¡Aquí! Elec. Doctor Elec.

(GRITANDO) -¡don Ángel, estoy aquí!

¡Por favor, estoy aquí! ¡Doctor Elec!

-¡Don Ángel! ¡don Ángel!

¡Elec! Está aquí, en este vagón. Abran esta puerta inmediatamente.

-¡Abrid la puerta, vamos a bajar a uno!

¡Que no se mueva el tren!

alguien reza en hebreo.

(ARRUETA) Vamos a ver dónde le puedo acomodar.

alguien reza en hebreo.

Perdón. Doctor, venga.

Ven aquí.

alguien reza en hebreo.

(YURI SE QUEJA AL SENTARSE)

-¿Se encuentra bien? -Sí.

(REZA EN HEREO)

El rabino reza en hebreo.

El rabino reza en hebreo.

-Ahora mismo le traigo unas mantas

y algo de comer. -Gracias.

El rabino reza en hebreo.

El león, rey de los animales, se aderezó a sus sujetos:

''Hermanos y hermanas, una gran aparición

volará sobre los cielos,

antes de que todos seamos víctimas;

debemos apartar a los pecadores de entre vosotros''.

-¿Sabéis qué es? -No lo sé.

-¿Qué es eso?

-Acaban de ponerlo. -No entiendo nada.

-¿Qué va a pasar con nosotros?

(EL SOLDADO HABLA EN ALEMÁN)

(EL SOLDADO HABLA EN ALEMÁN)

-No te detengas, en marcha.

-Muchacho, sigue tu camino.

Megafonía en alemán. (SOLDADO) ¡Caminen, caminen!

¡Vamos, colóquense tras ese grupo!

-Vayan dejando todo lo de valor encima de la mesa.

¡Rápido, rápido!

-Me parece que hay un error; mi familia y yo tenemos

documentación española. Mi marido está a punto de salir

de un campo de trabajo y... -Trae aquí.

(RÍE)

-Vamos, Eva, déjalo.

Que vengas, te digo.

(LOS CRUZFLECHADOS) ¡Viva Szálasi!

Marcha militar por megafonía. ¡Muerte a Stalin! ¡Perseverancia!

¡Viva Hungría! ¡Viva Szálasi!

¡Muerte a Stalin!

¡Viva Szálasi! ¡Viva Hungría! ¡Muerte a los jodidos rusos!

-¡Viva Szálasi! -¡Muerte a Stalin!

-Es mucho, Sophie; esto, para nosotros, es un manjar.

Aunque ya resulta demasiado peligroso.

-Cuídate.

Disparo. -¡Ah!

¡Antal! -¡Ah!

¡Antal! ¡Antal! -Sophie...

Oh. -Perro judío, se te acabaron

las ganas de perseguir a mi hermana.

(LLORA) ¡Antal!

¡Antal!

(LLORA) ¡Amor mío!

(CHILLANDO) ¡Asesino!

(LLORA) ¡Asesino!

(LLORA CON FUERZA)

-¿Qué está pasando aquí? (LLORA)

¡Cobardes hijos de perra! -¿Qué llevas ahí?

¡Sois todos unos malditos asesinos! -Tranquilo, es mi hermana;

ella no es judía, es mi hermana.

No sé de dónde ha podido sacar eso.

(LLORA)

-¡Cabrones!

Le repito que es intolerable; han secuestrado

a personas protegidas por la legación española

y exijo su liberación inmediata.

-Y yo le recuerdo que su querido país

no da ni una muestra de reconocimiento

al nuevo gobierno de Szálasi, a pesar de que usted

me lo prometió en varias ocasiones.

Le aseguro que, en Madrid, redactan

ese documento, pero me piden una prueba de amistad

del pueblo húngaro; por ejemplo,

que libere a esas personas secuestradas ilegalmente.

-Todas esas personas que pretende usted que liberemos

se encuentran retenidas en la ciudad,

¡esperando a que llegue su turno de transporte!

Acelere usted el reconocimiento oficial

de nuestro gobierno por parte de su país

y nosotros haremos lo posible por retrasar

un par de días su marcha.

Es voluntad del gobierno español

mantener las relaciones de amistad con el pueblo húngaro.

Silbato del tren.

(MEGAFONÍA) Nadie se moverá de su sitio hasta nueva orden.

Guarden las filas y obedezcan inmediatamente

cualquier indicación de los guardias.

Nadie se moverá de su sitio hasta nueva orden.

Guarden las filas y obedezcan inmediatamente

cualquier indicación de los guardias.

(LLORA)

(HABLAN EN ALEMÁN)

Ladridos.

-Eva... Eva, esa bandera, ¿no es la de tus amigos españoles?

-¡Eva Lang!

¡Eva Lang!

¡Eva Lang! ¿Está aquí la familia de Eva Lang?

¡Eva Lang! -¡Eva Lang!

¿Está aquí la familia de Eva Lang?

¡Eva Lang! -¡Aquí! ¡Estamos aquí!

Eva...

Eva, ha habido un error, pero estos señores han entendido

que ustedes, en su condición, de sefardíes son españoles.

(RÍEN) Gracias, muy amables.

vengan por aquí, por favor. -Gracias. Vamos.

Vamos, vayan. -Vamos, rápido.

Vamos, rápido. (EVA) Vamos, mamá.

-Acompáñenme, rápido.

Vamos, al camión. -Sí, sí.

-Ya están en el camión todos los que teníamos en la lista.

-Ayúdenles a subir. Venga, vamos.

Silbato del tren.

Gritos en alemán.

Gritos en alemán.

Gritos en alemán.

Ladridos. -¡Venga, vamos, no os paréis!

-¡Arriba! -¡No os detengáis, arriba, arriba!

-¡Muévete, vamos!

-¡Arriba, estúpidos!

-¡Vamos! ¿Estáis sordos o qué?

-¡Vamos, rápido!

(UNA MUJER) ¡Viva España! ¡Viva España!

¡España! -¡Aquí! ¡Aquí!

¿alguien es de España? -Sí.

¿Española? -Sí.

Española... Es española.

Ahora no tengo su documentación aquí; se la traeremos hoy mismo.

-¡Deprisa, arriba, judíos! Vámonos.

-Vámonos. Venga, venid con nosotros.

-Vayan al camión. son españolas, son españolas.

No son suficientes; tenemos que salvar

a todos los que podamos. -Bien.

¡Todos los que tengan familia española, suban al camión!

¡Por favor, suban al camión!

¡Españoles, sefardíes, al camión! -Ayúdales.

(GRITAN EN ALEMÁN)

¡Eh, pequeña!

Gritos en alemán. -Mire, madre.

-¡Si hay algún ciudadano español

que haya perdido el salvoconducto, que suba al camión!

Súbela al camión. -¡Españoles, sefardíes!

¡Vayan hacia el camión!

-¡Sefardíes! ¡son españoles! ¡Al camión!

¡Al camión! Vamos, vamos.

Rápido, rápido.

-¡Sefardíes! ¿No hay nadie más español?

Usted también es sefardí.

Venga.

-¡Cerrad las puertas!

-¡ld sellándolas!

(ENFADADO) -¿Se puede saber qué hace?

¡Tiene a sus judíos, márchense antes de que me arrepienta

y vuelva a subirles a los trenes!

El gobierno me autorizó a llevarme a los españoles

y eso hago. -¡Se me acaba la paciencia!

¡Váyanse! ¡Le repito que me autorizó

el gobierno a llevarme a los españoles! ¡Aquí lo dice!

-Me temo que les subiré de nuevo.

-Le va a matar.

¿Sabe una cosa? Los rusos están a las puertas de la ciudad

y pronto va a necesitar de nuevos amigos.

Sí, excelencia, le aseguro que, hoy mismo, yo...

No, no, no, no, no se preocupe;

voy a ocuparme personalmente del asunto.

Asumo toda la responsabilidad, excelencia.

El teléfono comunica. excelencia...

-¿Pasa algo?

(VOZ EN OFF) El 13 de febrero de 1945,

las tropas del Ejército Rojo tomaron Budapest.

De los 825 000 judíos que había en Hungría

al comienzo de la guerra,

apenas sobrevivieron al exterminio 260 000.

según los cálculos oficiales, entre 5000 y 6000 judíos

se salvaron gracias a la actuación

del encargado de negocios español Ángel Sanz Briz,

el Ángel de Budapest.

durante 35 años, Ángel Sanz Briz continuó su carrera diplomática

representando a nuestro país por medio mundo.

Murió en 1980, como embajador de España en el Vaticano.

en 1991, el Parlamento de Israel

le concedió el título de Justo entre las Naciones.

Giorgio Perlasca asumió la responsabilidad

de proteger a los judíos, hasta el extremo de hacerse pasar

por el nuevo encargado de negocios de la legación española.

Murió en Padua, con 82 años, sumido en la más absoluta pobreza.

Al igual que a Ángel Sanz Briz, Perlasca fue reconocido

con el título de Justo entre las Naciones.

Raoul Wallenberg desapareció en Budapest al final de la guerra;

se sospecha que fue hecho prisionero por los soviéticos

y acusado de espionaje hasta su ejecución en 1957.

monseñor Ángelo Rotta permaneció en Budapest

hasta el final de la guerra;

regresó al Vaticano y pasó el resto de su vida activa

en un oscuro puesto burocrático de la Secretaría de Estado.

El almirante Horthy fue confinado por los alemanes

junto con su familia en Baviera hasta el final de la guerra.

Juzgado en Nuremberg por los aliados,

salió libre de cargos.

Zoltan Farkas fue alcanzado por una bala perdida

a finales de enero de 1945,

cuando cruzaba una plaza de Budapest.

Adolf Eichmann huyó de Alemania al final de la guerra

y se refugió en Argentina, donde fue secuestrado, en 1960,

por un comando de los Servicios Secretos israelíes.

Fue trasladado clandestinamente a Tel Aviv,

juzgado con una gran expectación internacional

y ejecutado en 1962.

Edmund Veesenmayer fue juzgado en Nuremberg

y condenado a 20 años de prisión.

apenas cumplió siete.

De los restantes miembros de la legación española:

la señora Tourné, Gastón y Barrueta

no existe noticia alguna.

La familia de Eva Lang se salvó al completo;

actualmente, viven en Budapest.

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