All language subtitles for 1981 - Las 7 Cucas

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Original subtitles

¿Qué pasó?

Nada, yo nomás fui a la tienda de Maimón.

¿Cuántas veces les he dicho que no quiero que vayan a comprar nada en la

de ese... Maimón?

Yo la mandé por un listón.

Además, Maimón es el menos peligroso de los hombres.

¿Qué más?

Pues entonces llegaron los hermanos Ávila y me empezaron a molestar.

¿Se hicieron algo?

Nomás de palabra, porque Maimón empezó a darte gritos y yo, Jaime, el policía

ese, lo cogeó por un garrotazo.

¿A Maimón?

Sí.

¿Y qué hacía Maimón en calzoncillos delante de ti?

Es que se estaban viviendo unos vestidos porque dijo... ¡No quiero saber más!

Ah, mi hijo me abrazó por atrás.

Quizás. Que me echó para atrás y que lo aplastó contra la pared.

Quizás. Que le truenan todos los huesos.

Quizás. Que se desmorona como los polvorones de Tomás.

Faltaba más.

Y yo me tuve que...

¿Te deshonraron o no?

No.

Dios mío, ya no puedo aguantar tanto. María, he perdido el sueño.

Ay, papá, nadie nos va a hacer cosas que nosotras no queramos. Además, te hemos

dado pruebas de que sabemos defendernos. Nunca se nos ha metido ni siquiera una

basurita en los ojos. Sí, pero cinco minutos de flaqueza los tiene

Y ese es mi temor.

En cualquier momento me van a hacer cornudo y me van a convertir en el

de San Loreto el Bajo.

Por Dios.

¿Cornudo solamente te puedo hacer yo, pero tus hijas?

Yo lo he dicho tres mil setecientas veinte veces con esta.

Si mis hijas pierden la virginidad antes del matrimonio, hacen cornudo a su

padre y ahí le siguen.

Ya deje de dudar de nosotros, papá. Que nosotros nunca hemos dudado de usted,

¿eh? Estás amargando la existencia y de paso nos... Ah, sí.

Seis atentados diarios.

Multiplicados por siete días de la semana nos dan cincuenta y seis

en contra. Que multiplicadas por cuatro se convierten en doscientas

veinticuatro tentaciones constantes. Y no hay mujer que resista tanto.

No, no, no. No sueltes popó. Podemos... ¿Y qué piensas?

¿Encerrarnos a pan y agua? No me entienden. No me entienden.

Lo que yo busco es la felicidad.

Quiero ver a mis hijas, a mis tesoros, bien casadas y bien comidas.

Pues eso no lo va a hacer el pueblo.

El único que queda es don Gaspar y camina todo torcido.

Tenemos que irnos de aquí, María.

En la ciudad yo podría conseguir un trabajo y mantenerla sin la mente.

Todo el mundo la respetaría.

Mis hijas podrían casarse decorosamente.

¿Y con qué dinero, si no lo tenemos?

¿Con qué dinero nos vamos a ir de este desgraciado? Pues no sé cómo, pero

tenemos que hacerlo. Sí, tenemos que hacerlo.

Tenemos que hacerlo porque yo creo que esta ya no aguanta mucho.

Pues yo veo que no queda otra que soportarla. tentaciones y... ¡Pues no,

señor asignado!

Tengo que conseguir ese dinoráculo del lugar. ¡Y lo voy a conseguir!

Porque...

¿Te das cuenta que estoy viva?

A ver si así me paga las dos semanas que me debe atrasada, señor alcalde. Pensar

que fue amasado por tus propias manos y que tal vez le ha caído una gotita de tu

sudor. ¿Por qué nunca me paga tiempo, eh?

Siempre me trae a las vueltas. Anda, dame tu brazo a torcer. Te juro que no

arrepentirás. Por favor, tío Vareta.

Yo soy mujer de un solo hombre. Ay, ese no es un hombre.

Cuco es una bestia de trabajo.

Pero muy honrado y trabajador.

Y ya deje de hablar como gachupín, que no se le entiende.

Ay, hija, después de pasear tres meses por España, algo sí me tenía que pegar.

¿Algo? Si es todo lo que nos faltaba.

Tener un alcalde catalán. No, rica, no. Yo soy mucho más mexicano que tú.

Pero siento que al hablar así, me da un aire mucho más mundano, ¿no?

Cuidado, que ahorita le puede dar un aire y se queda torcido.

Oiga, y apágueme para irme, ¿no? Es que tengo mucho trabajo.

Anda, dime que sí.

Suélteme. Déjame hacer un error en tu vida.

Mire, tío Valletas, usted no sería un error.

Sería una tragedia.

Y ya, póngaselo en la mente. Las cucas somos mujeres de una sola pieza.

Primero muertas que mancharnos.

Un besito.

Un besito, anda, un besito.

Usted no vaya al diablo y vuelva Jesús.

Nada más para ti.

Estoy loco, pero estoy loco por ti.

Te huele muy mal la boca.

Es que traigo el diablo adentro. Pues sácatelo. Es lo que quiero. No, no, eso

no. Grito, ¿eh?

Grito. ¿Por qué vas a gritar si no te va a doler?

Señor cura. Cura la que te voy a dar. No detente en el nombre de Dios.

¿Cómo es posible que le faltes el respeto a este sagrado recinto?

Es que no tiene temor.

Perdóneme, señor cura.

No sabía lo que hacía.

Sí, sí sabía, señor cura.

Yo vine en busca de usted para confesarme, pero como no estaba, pues me

esperarlo. Y entonces Coquilis me dijo que podía confesarme con él. Y no bien

empecé a contarle cuando él empezó a querer levantarme la falda.

¡Coquilis! Yo solo quería exorcizarla, padre.

Aparte, ella tuvo la culpa y empezó todo.

¿Yo? Sí, tú.

¿No me dijiste que estabas llena de ardores?

¿Consecuencias de la castidad?

¿No me dijiste que también tenías ganas de que te ayudara a quitarte ese peso de

encima? Momentos de debilidad.

Pero sépase, señor cura, que nunca he pasado de los malos pensamientos. Porque

nosotras somos honradas y decentes. ¡Pero vas allá!

Si me das a casa y rezas cinco abemarías y tres padres nuestros.

Si me das baños de agua fría y te pones ceniza en la planta de los pies.

¡Ahora vete!

¿Y tú?

¿Y yo?

Yo estoy todo lleno de barro, padre.

No, Serapio, aquí no.

¿Entonces dónde?

En ninguna parte.

Pero si tienes tantas ganas como yo.

Pues sí, pero me las aguanto. No te las aguantes.

Te digo que no, Serapio, por favor, no.

¿Por qué no? Si nomás es la puntita.

Te digo que no.

Sí, sí. No, no.

Juré a mi padre que llegaría virgen al matrimonio. Y lo he de cumplir, pase lo

que pase.

Entonces, ¿por qué te mueves tanto al caminar?

¿Por qué se te ven las ganas en los ojos?

¿Por qué te dejas besar?

Si camino así, es porque no tengo otra forma. Y si las ganas se me ven, no lo

puedo remediar.

Y si me dejo besar, es porque me gustas.

Pero de eso a que me deje más, me voy a perjudicar.

Pues entonces vámonos a casar.

Mentiroso. Tú de mí nada más quieres eso, pero te va a fallar.

Maldita sea.

Pues entonces, ¿qué diablos quieres de mí?

Un hombre honrado y decente que me quiera.

Y que me dé un hogar.

Entonces, ¿me desprecias? Lo nuestro no tiene lugar.

Sí tiene.

Anda, vete y déjame en paz.

¿Te vas a arrepentir?

Esa es cosa mía.

Ojalá y se te echa a perder.

¿O Matita?

¿Chechita?

Medio kilo de aguayón. Y por favor, no me llame Chechita, sino Crescencia. Así

me pusieron mis padres.

Pero si te digo así, de cariño.

Bueno, ¿me despacha o no?

Que más quisiera, encanto.

¿Vendrás a verme esta tarde?

Ya le dije que no.

¿Tú eres de esas muchachas que aunque el diablo les pida que amen a Dios, no lo

quieren hacer?

Apúrese, purita, que tengo prisa. Yo también. Ven a verme.

¿No? No.

Yo puedo hacerte inmensamente feliz.

Más que ningún hombre.

No me interesan los hombres.

Ni a mí.

Déjame que te enseñe lo que es ternura.

Déjame descubrirte un mundo raro, chicha.

Chichita mía. Déjeme en paz en el mundo de donde vivo.

No me interesa descubrir nada.

Te juro que jamás te faltaría el filete. Si me sigues diciendo esas cosas, mejor

me voy a la canetería y a don Epidio.

Ese vende pura carne de burro.

Además...

¿Se teme yo el cuchillo o qué?

¿Vas a llevar algo más?

Esto.

¿Cómo le va, Julita?

Usted diría que la despachen, ¿verdad?

¿Qué tiene esta que no tenga yo?

Julica, amor mío.

¿De qué estás hablando?

Tú que me haces una de las tuyas y yo que te mato.

Son figuraciones tuyas.

Esa cuca no quiere ni con hombres ni con hembras.

¿Oíste lo que me dijo?

¿En el tono en que me habló?

Y la culpa la tienes tú por andarme mandando cartas con ella.

Aleguas se te nota las ganas que le traes a esa.

¿Qué se le antoja para cenar hoy, señora?

Unos machitos en chile verde.

No se le vaya a derramar la leche, Cuco.

Qué bueno que la veo, patrona.

Necesito que me haga un favor.

Con esos modos de sacar la leche no te puedo negar nada, Cuco.

Nomás que... el cuartón de dinero.

Mañana domingo, antes de la misa, te espero en mi casa.

Estaré solita.

Y ya buscaré algo para que distraigas esos dedos tan toscos y tan hábiles.

Quítamelo.

Quítamelo.

Quítamelo.

¿Sí? Un poquito, nada más, un poquito.

Papá. ¿Qué te están poniendo, infeliz?

¿En dónde, papi?

¿Con quién estás soñando?

Me duele. Me duele.

Me duele.

Me duele, me duele. ¿Y tú con quién?

¿Con quién qué?

Vos. Ay, papi. Es que se me estaba encajando el osito. Mío, oso.

Dámelo, papá. No puedo dormir sin él.

¿Con quién quieren dormir?

Cuja Marcela.

Nos vamos a casar, papá, nos vamos a... Todo lo que quiero es que duermas con

las manos fuera de las cobijas.

jamás me pondrán los cuernos.

¿Y por qué me dices eso ahora?

¿Crees que no me he dado cuenta cómo todos en el pueblo se te quedan mirando,

cómo te desean y cómo te... ¿Y tú sabes que en 24 años no te he

engañado ni con el pensamiento?

Pues sí, pero ya pronto vamos a cumplir los 25 y... pues uno nunca sabe.

Yo primero muerta que serte infiel.

De veras.

¿Y tú?

¿Yo qué? ¿Tú me eres fiel?

Te lo juré hace 24 años, 11 meses, 3 semanas menos un día

y... y lo he cumplido.

¿Y sabes lo que te pasa si no cumples?

Te corto la conciencia.

No, no hables de eso.

¿Están tocando, Mireia?

Ya oí.

Vamos a llegar tarde a la comunión, Benita.

Vete tú, Julita. Yo te alcanzo más tarde. ¿Es que no vas a comulgar?

Sí, pero es que hoy viene Dios aquí.

¿Qué dices?

Yo te alcanzo más tarde.

Bueno.

Y tú no me vuelvas a faltar al catecismo, ¿eh?

Hasta luego, Benita. Hasta luego.

a pasear?

¿De veras quiere que me vaya?

Claro que sí, ándale. ¿O se quiere quedar sola?

Sí, vete.

Como la señora no me deja salir ni en año nuevo.

Bueno, pero ahora sí, ándale. No sé que te vaya a llover.

¿Me puedo tomar dos días?

Los que quieras, pero vete ya.

para que entremos en confianza.

Doña Benita, ¿y yo venía... Sin formulismos, Benita Secas.

¿Usted sabe qué?

Pues un padre siempre quiere lo mejor para sus hijas y... Así lo sabré yo.

Mi pobre difunto marido siempre me lo decía.

Pero nunca llegamos a tenerlos.

Pero no es tiempo de hablar de muertos, sino de vivos.

Salud, hija.

Venía yo a... a ver si me podía hacer un préstamo.

Y a ti te presto lo que quieras, hijo.

Con estos brazos, estos hombros tan fuertes.

Estas manos.

Estoy segura que en cualquier momento le responderías.

Es que... con ese dinero pues yo podría mandar a mis hijas lejos y... pero yo

las alcanzaría en cuanto le liquide a usted.

Liquídame, Cuco, liquídame.

Por favor.

Mis hijas, mi señora.

Dime que te gusta.

Dime que te llena.

Es que...

Yo soy un hombre fiel, ¿eh?

De una sola mujer.

¿Y qué tiene la cuca María que no tenga yo?

Doble.

Pues sí, pero es que yo sería incapaz de engañarlas.

Compréname. Yo me encargo de que se te facilite.

Ven.

Ven.

Tú necesitas dinero.

Yo necesito amor.

¿Te pasa algo?

Solo hay una forma de ponerle los cuernos.

La canallita con que buscando pretextos para hacer monedías, ¿eh?

Hazme lo que quieras, cuquito.

Vas a sentir muy bonito.

Pero qué locura pruneza, ¿eh?

¿Algo? Estás tomando como si acabaras de matar a alguien.

No, señor juez, mire. No, no, nada más fue un decir.

¿Cómo están tus hijas?

Pues ya lo sabe, pa.

Pa que me lo pregunte.

Por lo que veo hubo líos en casa, ¿no?

Pues, espero que no sea nada grave.

Quiero decir, algo irreparable.

Si por lo de irreparable se refiere usted a mi dignidad.

Le diré que no la he perdido.

Me alegro.

Eso quisiera usted.

Si ya sé que mi cuca Lupita le rompió las costillas por querer abusar de ella.

Y sé también que ustedes querían despostillar a mi cuca Filipa.

Y sé también que todo el pueblo quiere romper la dignidad de mis hijas.

Pero el refugio de aquí a Paredes está vivo y nadie lo va a perjudicar.

Ni usted.

¡Viejo hueco!

¡Desgraciado! ¡Infeliz!

¿Y dónde estuviste todo el día?

Pues esta, que andaba por ahí.

¿Por ahí?

¿Y esta pintura?

Ah, pues yo, yo qué sé.

A lo mejor pasé por ahí, me embarré con algo. Y ahora tú crees que yo... Sí,

Cuco.

Dime que no es verdad lo que estoy pensando.

Pues es que... Dime.

Dime.

Pues claro que no es cierto, mamá. Pues si yo no te engañé con nadie.

¿Y nadie ha dicho que me has engañado?

Pero mira, aquí está la salvación.

¿De dónde sacaste eso, Coco?

Pues es que le vendí mi alma al diablo.

Y no te me quedes.

No te lo quedes viendo así. Empaca todo lo que puedas y vámonos.

Cuco, ¿de dónde sacaste eso? ¿De dónde?

Si es que... Ah, ¿no me vas a decir la verdad?

Pues... Ahora verás.

A ver, ¿qué a ustedes les dice la verdad?

No, hombre, ¿cómo creen? ¿Quién te pintó el cuello de la camisa? ¿Por qué no

piste camisa con nosotros, papá? ¿Y por qué llegas saliendo borracho?

¿Le pusiste los cuernos a todas, verdad?

¿Te metiste con una mujer?

No, no, no, no, no.

La maté.

La maté.

Yo no te veo.

La maté.

La maté.

Grave.

Muy grave.

El pobrecito debe haberlo hecho pensando en nosotras.

Ay, mujer.

Locuras se cometen en tu nombre.

Pongo que has venido a contarme todo esto esperando que interceda.

No.

He venido a pedirle que se cumpla la justicia.

Entonces es que no has venido a proponerme ningún tipo de intercambio.

Ninguno.

Pues eso es una idiotez.

Mira, yo puedo hacerme un poco de la vista gorda, ¿sabes? Y dar tiempo a que

huya. Entonces tú y yo, ya sabes...

¿Comprendes?

Primero está el honor de mi marido.

¿Te das cuenta de que vas a descabezar a tu cónyuge?

¿Cómo es posible que tú, su propia mujer, hayas venido aquí a debatarlo?

Cuestión de principios.

Y ya déjese de tanta paladería y vámonos, que nos está esperando.

Mira... Deja que permita que hoy, ya sabes, pues acaso...

¿No quieres deberme este tipo de favor?

Ni este ni ninguno.

Bienvenido, señor. Está usted en su casa.

Llegó la justicia.

¿Pero qué clase de broma es esta? No, no, no, broma, ninguna broma, señor.

Estamos celebrando mi despedida y queremos invitarle muy cordialmente a

compartir.

Los últimos instantes que me quedan.

Están completamente locos. No, no, no, nada de locos.

Estamos contentos porque nuestro padre es un hombre fiel y honrado.

Mi padre ha cometido un error, pero va a pagar por él.

Bueno, ¿una copa para el tío Barretas? Claro, claro. Sí, sí, sí, sí.

Una copita, prepárenla. Paso conmigo, señora.

Venga, voy a...

la confesión de mi crimen, señor alcalde.

Pero, ¿será posible que después de que tu mujer te entregue a la justicia, le

hagas una amistad?

¿No le hubiera perdonado nunca?

No le hubiera perdonado nunca que no me denunciara, ni en este mundo, ni en el

otro. Solo que hay una cosa que me llena de tristeza, y que usted puede

ayudarle, y ya que somos amigos desde hace muchos años.

Hombre, ¿eh?

¿Después de esta prueba de honradez cabal que han dado?

Anda, pide, pide.

Bueno, no quisiera morir solo y alejado de la familia en una cárcel fría y

tenebrosa.

¿Y qué es lo que propones?

Que me deje usted como última voluntad disfrutar a mis hijas y a mi mujer hasta

el amanecer.

Bueno, por mí no hay inconveniente, pero ¿y luego?

Me ahorcaré yo mismo en mi propia casa.

Nadie podrá decir nunca que no supiste morir en la raya.

Dios te salve María, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre

todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora

nuestra muerte.

Dios te salve María, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre

todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora

nuestra muerte.

Padre nuestro, Padre nuestro que estás en los cielos santificados, diga tu

nombre.

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El pueblo de San Loreto ha perdido al más honrado de sus hijos.

Me he perdido al miembro más querido de mi familia.

La sociedad sanloretense está de luto.

En su desarrollo cultural ha perdido uno de sus más grandes y destacadas

personalidades.

Generosa en carnes como en acciones.

La llevaremos como un dichoso estigma... ...en nuestros corazones.

Le rogamos, señor... ...la recibas en tu seno.

¡La carcasa! ¡Estás... ...cerada!

La quieren quitar.

Sí.

Pero no va a ser tan fácil.

Ahí está el oro. Y mi marido enterrado.

¿Qué más quiere de nosotras? Es que ya te cogió mala voluntad. ¿Este?

Si no coge ni catarros.

Díganos una vez por todas. Si todo esto se debe a lo que estoy pensando.

Les juro que esta vez, aunque quisiera, no puedo hacer nada por ustedes.

Pero si no se trata de sus cosas personales, señor, sino de nuestra casa.

Me quiere explicar qué significan esos sellos que pusieron en la puerta.

Pues significa que ha sido clausurada en nombre de la autoridad. Usted es la

autoridad. Y esas órdenes son de usted.

Yo no hago otra cosa más que cumplir con la voluntad popular.

Así que será mejor.

Aunque me duela.

Que abandonen San Loreto el Bajo esta misma noche.

¿Y a honras de qué, si se puede saber?

A causa de las honras, precisamente, de las mujeres que forma la sociedad de

este pueblo, que ven en ustedes una amenaza para su seguridad.

A causa de la bola de viejas, esas beatas hipócritas que no saben menear el

chocolate, nos echan de San Loreto y nos quitan lo que es nuestro.

Que en lugar de pensar cómo se hace, que lo hagan sin pensar. Que se pongan a

practicar, subiendo y bajando cueros.

Niñas. Niñas madre.

Mujeres. Y decentes. Y todavía vírgenes. De la cabeza a los pies.

Y déjese de estar mirándome.

Sepa si una cosa, señor.

Así nos corren de la casa. Nos muramos de hambre.

Nosotras no nos vamos de San Loreto el Bajo.

¿Está claro?

A pesar de tan tremendo desperdicio.

Tendrán que atenerse a las consecuencias.

Y nos vamos a dar por vencidas.

Ya duérmete, hijo.

Dormir, sí.

Pero mañana será otro día.

Y yo siento que todas ustedes no tienen ganas de que amanezca.

Lo mejor sería que nos paramos de este pueblo.

¿Y darles gusto a todos esos hijos de puta?

Crescencia.

¿Qué palabras son esas?

La que todas sabemos.

Pero que delante de nuestro padre no nos atrevíamos a decirlas.

Sépanse que yo no me voy de este pueblo.

Porque aquí nació y murió mi padre.

¿Y quién ha dicho que nos vamos?

Felipa lo acaba de decir.

Bueno, fue por decir algo.

Mañana nos vamos todas al trabajo.

Como todos los días.

Y si es necesario nos venimos a vivir aquí.

¿Pero qué hay que darles pelea?

Se la damos.

Hay que darle.

Digo, hay que darle.

Un día se darán cuenta.

Todos estos de la injusticia que están cometiendo con nosotras.

Júrame que jamás nos iremos de aquí.

Te lo juro.

Bueno, y ya a dormir, ¿no?

Que mañana después de un buen baño nos vamos a trabajar como todos los días.

Buenas noches, mamá.

La vida mejor que se larguen de aquí a ensuciar el agua a otro lado.

¡Ves tan ahorcado!

A ver, ven a decírmelo aquí. Yo te voy a engañar.

¿Qué me vas a enseñar tú a mí, marimacha de mierda?

Se puede saber qué es lo que pensabas hacer.

Porque no me dejaste hacer nada.

Ni lo harás.

Ah, y tú, doña Atlanta, te largas de mi casa con cargomedios. Pero si yo no he

hecho nada.

¿Qué no has hecho nada?

¿Se te hace poco agitarte en la forma como lo haces a la hora de estar

el piso?

¿Agitarme o menearme?

Bueno, no estoy dispuesto a entrar en polémicas. Te largas y ya. ¿Por qué me

quiere quitar mi trabajo?

¿Y preguntas que por qué todavía?

¿Se te hace poco?

Tu padre resulta un loatero, un libidinoso. Y no conforme con eso,

quita la vida.

Faltando así a los sagrados preceptos que marca la iglesia católica.

viejo cínico!

¿Qué? Que yo también estoy ya hasta que por las mañanas cuando llego a trabajar.

Si habrá la bata, pa' que le vea sus indecencias.

Papá, yo también.

¿Indecencias? ¿De qué otra forma se le puede llamar a ese moco de guajolote

asustado que tiene?

¡Fuera de mi casa!

Se te está saliendo tu mejor amigo.

Indecencias.

Indecencias.

Pero, Cuca Lupita, date cuenta.

A ver, si tanto le gusta, ¿por qué me quiere quitar el trabajo?

No soy yo, es la voz del pueblo, comprende.

Pero si quieres, yo te puedo poner una casita a las afueras de San Loreto.

¿Sí? Dime que sí.

Yo no podría entregarme a un hombre que no sabe responder.

Amor, yo te respondo.

Bueno, puede ser que falle yo en el primer intento, pero soy de carrera

Es usted un viejo sucio, pútrido y degenerado.

Le pasa lo que a los toros viejos. Nada más ve una novillita y se le empañan los

ojos. Pero usted y todos en este pinche pueblo se van a arrepentir.

Nena, compréndeme.

¿Qué más quisiera yo que ayudarte? Pero imagínate, se enteran las mendigas

viejas de este agujero llamado San Loreto y... me retiran el trabajo.

Si se gana uno por ser honrada.

Deja tú lo que te ganas.

Lo que te pierdes.

¡Celipa!

¡Mi amor!

Lo que pasa es que hay que aprender a darla.

¿Es que mi dinero no vale?

No quiero atender a gente como ustedes en mi carnicería.

No te estoy pidiendo nada regalado.

Pura la puritana.

Pero si supieran todas las cosas que haces con... ¡Cállate!

O me despachas lo que quiero, o les cuento todas las cartas que le he

tu querida Julita.

¿Te atreverías, desgraciada?

¿Que no me atrevería?

O me despachas, o les cuento todas tus narranadas. No le hagas caso.

¿Qué es lo que quieres?

Anda.

¿Tocino?

Jamón. Chorizo.

Lo pica, ¿verdad?

¡Hombres míos! ¡Nos hacen cacacazo!

Dios es muy grande, hija.

Dios nos ha de proveer.

Lo único que yo digo es que si no nos quieren, ¿para qué nos quedamos a vivir

aquí? ¡Me lleva la ch... ¡Muchachas!

¿Y este?

¿También ustedes vienen a pedirnos que nos larguemos?

Nosotras estamos con ustedes.

No queremos ser cómplices de una injusticia.

Aquí podrán quedarse todo el tiempo que sea necesario.

Hasta que las cosas se calmen.

Digo, si no les molesta mi reputación.

¿Molestarnos? ¿Qué va?

Si no hayamos cómo agradecerte tanta bondad.

De todas maneras, y aunque Crescense se oponga, lo mejor sería que nos fuéramos

lo más pronto posible.

Todos nos tratan como si estuviéramos apestadas.

A mí es que me gritaron.

Hija de la justicia.

No sé si valga la pena que aguantemos tanto.

¿Y irnos así como así?

Pues no creas.

A mí me duele mucho dejar a tu padre.

No hablen así, por Dios.

Tenemos un techo que esta buena mujer nos va a ofrecer.

Calma, calma.

Lo que necesitan es dormir y luego meditar bien las cosas que no son tan

como parecen.

Ay, virgencita de la soledad.

No nos abandones.

¿Más?

¿Cómo es posible?

Se atreven a mancillar la casa de Dios.

¡Fuera del templo!

La casa de Dios es de todos.

De caminosas.

Viejas podridas.

Lo que necesitan es una fumigada.

Viejas putridas.

¡Silencio! ¿Se olvidan del sitio en donde están?

Son estas.

Las que han venido a robar la paz del Señor. ¡Que se vayan!

Son sacrílegas. ¡Deberían descomundarlas!

¡Silencio! Todos somos hijos de Dios.

Y esas son unas hijas de... Si dejas de entrar esas mujeres suelas aquí,

nosotros iremos a ver a los hijos. No sabíamos que usted practicara ideas

exóticas. Esto se sabrá en todo San Loreto y aún en la capital.

¿Qué hijas, por el amor de Dios?

O ella con nosotros.

Todavía hay clases.

Hijas mías. ¿Quiere decir esto que ni la iglesia nos vaya a apoyar?

Compréndame, mi rebaño es primero. Yo podría... ¿Usted?

Usted ya no puede ni toser.

Vámonos. ¡Eso!

Váyanse de San Loreto.

No importa.

Dios está en todas partes.

Ah, no, señor.

Aquí no.

¿Y van a dejar que la gente se salga con la suya?

¿Se dan cuenta de que quienes ahora las desprecian fueron los causantes de la

muerte de Cuco Paredes?

¿Los van a dejar sin castigo?

Es la risa que les va a dar.

No nos vamos.

Antes me vuelvo puta.

Tienes razón, hija.

Antes, putas.

No nos quisieron honradas, ahora tendrán que aguantarnos de putas.

Ya vendrán a buscarnos los mismos que tanto los han despreciado y humillado.

La hora de la venganza ha llegado. ¿Cuándo empezamos?

No, mira, no.

Primero yo. No, no, por favor.

Es que me estaban abrochando las agujetas.

Quiero que dispongas siete de los corsets más escotados y más vistosos que

tengas.

¿Son para ti?

Para mí no, idiota. Para las cucas que se quedan en el pueblo.

¿Se quedan?

Pero ellas no visten así.

Claro que sí. ¿No ves que se quedan de puta?

Jesús.

¡Estucas de puta! ¡Santa!

Bueno,

tenme listo eso. No te me quedes viendo así.

Vea que te abrochen bien los zapatos.

Aunque muy entusiasmado, ¿no? Muy entusiasmado, ya te vi.

Toma, pero a sus horas.

¿Es verdad lo que me has dicho? Tan cierto es que he venido a pedir las

de su casa.

¿De mi casa?

De la casa de ellas, que por justicia les pertenece. Pero eso es imposible, la

orden ya fue jurada.

O me da usted las llaves, o soy capaz de enterar al pueblo de cómo se las gasta

su alcalde en la cama.

¿Tú no harías eso?

¿Qué pasaría si supieran que a usted le gusta... Basta.

Cuente con ellas.

Gracias. Y lo invito cordialmente a la inauguración. De la casa. De las

muchachas.

¡Madre! ¡Cola, cola, cola!

¡Cola,

cola, cola!

Su atención, por favor.

Todos tendrán que respetar las reglas de esta casa.

Se

pagará por

adelantado.

Les guste o no les guste.

Cada vez que alguno suba a la recámara, tendrán por fuerza que hacer una

reverencia respetuosa ante el recuerdo de este hombre modelo de honradez.

homenaje póstumo al difunto pasarán con Martina, quien les va a vender unas

veladoras que por favor, con mucho respeto, van a encender y poner sobre

repisa.

¡Ya no más!

Junto con la veladora tendrán que comprar un cabito de vela que ya después

descubrir para qué les va a servir.

Las mujeres que se reprimen sexualmente tanto tiempo, después cuando se

desbocan, son terribles.

Si

alguien

le pone peros a las órdenes de esta casa, ya se puede largar.

¡Abran paso!

¡Abran paso!

¡Abran!

Vengo muy seguido a esta clase de lugares.

Oiga, ¿no sobraron mis teléfonos?

Pues no vas a notar mucho la diferencia.

Se te va a acabar el tiempo.

¿Es lo que dura el cabito?

Ni más ni menos.

Voy con mi hacha.

¿Qué pasa?

¡Se me rompió!

¡Se me rompió!

Hostia. Con esa oscuridad, ¿cómo quieres que encuentre?

Se te va a acabar el cabito.

Maldita sea.

Enciende la luz.

No, no puedo quebrantar las reglas.

Ya sabes lo que dura el cabito. ¿Lo tomas o lo dejas? ¿Lo tomo? Si lo

No sigas hablando ya, lo tuyo.

Dios.

¿Y si estás nervioso? Menos.

Uno no es ninguno.

Tú te aguantas las ganas.

Quedamos en que serías la única que llegaría inmaculada al matrimonio.

Tal y como lo quería nuestro padre.

Ah, claro.

¿Cómo, a ti te van a inaugurar la tienda hoy?

Ya me lavé el hocico.

¿Y la peste de las patas?

Una vez terminado el gavito, nos admite reclamación.

Cualquiera falla en el primer intento.

Pues nada más que si quieres repetir, tienes que bajar y pagar otro boleto.

Tanto tiempo esperando este momento para que me suceda esto.

No dejes que se me sebe. Eso te pasa por estar oliendo incienso todo el día.

Es que ni siquiera estuve cerquita del área.

Vete a comulgar y mañana regresas.

Pégame más, más. ¿Otra vez? Sí, por favor.

¡Ay,

Dios mío!

¡Bendita sea la memoria de tu padre!

¿Y qué, nos vamos a pasar así toda la noche?

No, mi vida, no. Nada más que sacar este cabito, bajamos y nos echamos otro.

¡Pero pégame fuerte, que duela!

¡Venga! ¡A ti, dame!

¡Qué loco que me fue!

¡Loco de placer!

¡Dame!

¿Duele?

Como un dolor de muelas. No, no.

¿Te duele pero no quieres que te la saquen?

Damas Josefitas.

¿Las qué?

El grupo de Damas Josefitas.

Ustedes dirán en qué puedo servirles.

Cumpliendo con su deber. Es decir, vigilando la decencia en San Loreto.

¿De qué está usted hablando?

De la casa. Si se puede llamar casa a un antro de prostitución y vicio.

¿Antro? ¿Cuál antro? El de las cucas. Mi marido lleva 15 días metido en ese

centro de perdición.

Exigimos inmediatamente la liberación de nuestros maridos, hermanos e hijos, así

como la clausura de ese muladar.

Señoras, vivimos en un régimen democrático, pluralista.

Nosotros no podemos impedir que en casa de las cucas se hagan fiestas.

¡Bacanales!

Señora, ¿tiene usted pruebas de que en esa casa se comercia con el sexo?

Dios me libre.

Entonces no puedo hacer nada.

Solamente que el señor alcalde me lo ordene. Pues, iremos a ver al señor

alcalde.

Puesto a prender cabitos.

¿A dónde lleváis?

¿A dónde? Si no a la casa de las cucas. ¿Y el señor alcalde? De ahora en

adelante va a despachar allá.

Habrá servido semejante atrocidad. ¿A dónde iremos a parar?

Estas mujeres llevan el demonio adentro.

Lo que tienen se llama de otro modo.

Pues ya te dije, yo contigo no me caso.

¿Qué tengo yo de malo?

Bueno, de eso te encargas tú muy bien.

Armando, es por eso.

Que no podría ser infiel a Cuco.

Pues si tomar jugo de hombre todos los días no es serle infiel. No confundas.

Una cosa son los cuernos y otra el negocio.

A mí se me hace que lo que quieres es ahorrarte el vicio.

Tú sabes que no es por eso.

Es que no soporto verte en brazos de otro hombre, ¿sabes? Y estoy loco por

Coca María, loco por ti.

Loco, pero no para mi manicomio.

Estamos en lo dicho. Si quieres, vente a vivir al granero.

Pero ella ha sido mujer de un solo hombre y quiero seguir siéndolo.

¡Sal, desgraciado! ¡Ya sé que estás ahí!

¿Sal o entro yo por ti?

¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal!

¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal!

¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal!

¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal!

¡Sal! ¡Sal!

¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal!

¡Sal!

¡Sal!

¡Sal!

¡Que te faltaba conmigo, por Dios!

Bueno, no seas payaso, ¿eh?

Ándale, vente conmigo.

Que salga él.

Ándale, vamos.

No, tío.

De veras, no, tío.

Ven. Mira.

Me están sudando las manos.

Es por eso, vamos.

Bueno, qué tango. Ándale, vamos.

Me enojo contigo, ¿eh, Mañón?

Ay, sí, muy macho, ¿no?

Sí.

A mí se me hace que eres macho calado.

Lo siento, Maimón.

No te preocupes.

Ojalá y no te arrepientas.

¿Y por qué no haces la prueba?

No comprendan.

Yo cometiendo ese semejante sacrilegio. Una vez.

Solo una vez.

Sí.

Tú no vas a pagar.

Pero ¿qué tal si me da un aire colado?

Lo peor que te puede pasar es volverte hombre.

lo agradezco, pero la verdad es que no puedo negar la cruz de mi parroquia.

¿Qué pasa?

¿Nada de nada?

Bueno, algo sí siento. ¿Qué?

Siento unas ganas inmensas de enseñarte cómo se hace.

Pero hijas mías, yo no puedo hacer lo que me piden.

Comprendan que después de haberlas expulsado de la iglesia... Si usted no

intercede por nosotras, padre, ¿quién?

Para estos casos están las autoridades civiles. Si no salen de esa casa.

Nosotras lo que queremos es que nos devuelvan a nuestros hombres. Si sus

y sus hijos están allí, es porque les ha de faltar algo en casa.

Regresen a sus hogares y mediten sobre su comportamiento.

Es intachable e inmaculado.

¿Nos va a decir ahora que esas pirujas tienen razón?

Exigimos una solución.

La única solución es que vayan a ver directamente al gobernador.

Don Ubaldo Zamacona dijo que él, pues luego la revolución y los agraristas se

los pasa por los huevos.

Con su perdón, señor gobernador, así dijo.

Caramba.

¿Qué pasa? No, no se vaya. El gobierno del pueblo no tiene secretos para nadie.

Y no solo han convertido a Loreto en Sodoma y Gomorra.

Es que si no interviene usted rápidamente, lo van a convertir en

privada. Ya compraron la farmacia, la panadería, la tienda de Pachita. Y hasta

corre el rumor de que van a poner una financiera.

¿Y las autoridades?

Como siempre, haciéndose de la vista gorda. Y no solo eso, sino que ya

ahí.

Es necesario que haga usted algo, señor gobernador. Mande usted a alguien de sus

confianzas. Nada de eso.

Iré yo personalmente a clausurar ese andro de vicio.

Es más, haré que todos renuncien.

Cuando un pueblo pierde la moral, lo ha perdido todo.

Tuve una tienda en mi pueblo.

Precioso.

Un camote de puebla, un milagro a San Bustó.

Pa' tu cruda, una panza, o te inflaba una llanta al minuto.

Aros, argollas, medallas, podía usted adquirir.

Anillo, salado, taladro, petacas, un

cincho de puerro.

lo que quiera.

Permítanme, permítanme, permítanme pasar al maestro.

Y con un zapapico de abierto agujero...

Ay, qué mal te huele la boca, tío Vareta.

Es la muerte que se me viene encima.

Te has vuelto muy degenerado.

Sí, pero muy feliz.

Y por lo tanto, lee.

Oye, ¿pero estás loco?

¿Cómo crees que voy a aceptar quedarme con tus bienes?

¿Y a quién más se los iba a dejar sino a la mujer que me ha llevado más allá de

la felicidad?

Pero estás hablando de una verdadera fortuna.

Fortuna que haya tropezado con una mujer como tú.

Ay, nunca creí que fueras un alma tan generosa, tío Vareta.

No me lo agradezcas con palabras.

¿Qué diablos es ese escándalo?

Son las damas Josefitas.

El canibalismo presenta una análoga motivación sublimada.

Y absorbiendo por ingestión parte del cuerpo de un hombre, se apropia

uno de la mente y de la voluntad de dicha persona.

¿Qué fue eso?

Deben ser las damas Josefitas. Las damas Josefitas.

Coño, que no me encuentren aquí.

Usted siempre ha dicho que le vienen guangas. Guangas sí, pero no

Que un lugar como este es necesario para el desahogo de los oprimidos.

La demagogia, hijita, la demagogia.

De todos modos, no se preocupe.

Que este lugarcito no me lo clausura nadie.

y aquí me hundo. Si todo el mundo lo sabe. Sí, pero mi mujer no.

Dios mío, yo me mato. Sí, pero en su casa. No en la de mi madre.

Que la señora solo hablará con las principales de ustedes y dentro de la

¿Y a

usted no le

gustaría un trabajo de masajista?

He venido en el nombre de... Sí, en el nombre de las damas que forman la gran

sociedad de San Loreto. Así es.

Bonita sociedad.

Usted no tiene ningún derecho a... ¿Qué no?

Después de que ustedes nos han condenado y humillado.

Después de que gracias a damas como ustedes hemos venido a parar en putas.

Bueno, no sé qué quiera decir eso.

¿Lo de putas o lo de damas?

Porque usted es una de las principales.

Damas, hijo, no putas.

Solo hemos venido aquí para decirles a ustedes que dejen en paz a los hombres.

Eso es lo que usted necesita.

Un hombre.

Les vamos a dar la oportunidad que ustedes nos negaron.

¿Y cuánto es lo que quieren?

Pasó, Julita.

La honra no se vende. Ni se compra.

Ni se lleva entre las piernas.

Basta ya de tanta humillación.

Y apenas vamos empezando.

¿Qué quiere decir con eso?

Quiero decir que una vez que les hemos demostrado que todos son unas mierdas,

nos vamos a ir.

¿Y el negocio?

Pues ahí te quedas tú, porque tiene que haber alguien que les dé a los hombres

de San Loreto lo que en su casa no encuentran.

¿Y a cambio de qué se irían de aquí?

A cambio de un desagravio público para mi marido.

Queremos para el cuco el día que se vaya definitivamente de este pinche pueblo,

un funeral igual al que le hicieron a la gorda Benita.

Estoy completamente de acuerdo.

Instrumentaré en este mismo momento una comisión para que a nuestras queridas

cucas se les restituya... lo restituible.

Le juro, padre, que no muchos tienen la fortuna de morir así.

Tome usted.

Yo no podría hacer uso de esa fortuna.

¿Entonces?

Quiero que destine la herencia del tío Varetas en hacer obras de caridad.

Hágalas en nombre de Nuestra Señora de la Soledad.

Eso sí, padre, que quede entre nosotros.

Cuánto me apena no haberlas defendido cuando era necesario.

De los arrepentidos se sirve Dios, ¿no es así?

Sí, hija mía.

Tu voluntad será cumplida, Cuco.

Una de tus hijas llegará virgen al matrimonio.

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