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REVUELTA EN HAIT�

En 1802, la rep�blica de Hait� que contaba con 1 a�o, se tambaleaba.

Hab�a ganado su independencia mientras Napole�n se ocupaba

de otros asuntos.

Pero ahora el conquistador de Europa hab�a vuelto su vista

y su fuerza contra ella.

La �nica fuerza que se opon�a a Napole�n

era la del ex esclavo Toussaint L 'Overture

en una peque�a naci�n dividida por las facciones

y llevada a la histeria por el redoble de los tambores de la jungla.

Sus papeles de desembarco, se�or. Para el capit�n Francis.

- �Entiende los tambores? - No.

Pero yo que usted me dar�a prisa con mis asuntos y volver�a al barco.

No pienso darme prisa. Nac� en Baltimore. Y es bastante aburrido.

Como quiera. Pero no quisiera perder un pasajero de pago.

Yo ser Nero y buen chico.

�Sabes d�nde est� el Hotel de la Place?

Nero saberlo todo.

- �Y el consulado americano? - Saber todo.

CONSULADO DE LOS EE. UU.

- Qu�date y vigila el equipaje. - Vigilar bien. Ser buen chico.

Disculpe, �es usted el c�nsul americano?

S�. Vaya al muelle. Encontrar� una lancha que lo llevar� al barco.

- Diga que yo lo env�o. - No busco un barco. Acabo de llegar.

Les dije que no permitieran que desembarcase nadie despu�s de...

- �Qui�n es usted? - Albion Hamlim, de Baltimore.

He desembarcado del paquebote de Charlestone.

Si puede embarque de nuevo.

�Qu� ocurre?

Vengo en representaci�n de un bufete para que firmen un documento...

Sr. Hamlim, este no es el momento de firmas ni de documentos.

- La �ltima lancha sale en 1 hora... - Perm�tame terminar, se�or.

El asunto concierne al gobierno de los EE. UU.

Yo soy el gobierno de los EE. UU. aqu�, y mi obligaci�n es conseguir

que los americanos salgan de la isla. Ll�vense aquella.

�Cu�l es la raz�n?

Esta es la isla de Hait� que antes fue francesa.

Napole�n quiere recuperarla. Viene una flota para eso.

Cuando esa flota llegue, tendremos una sangrienta guerra.

- �Est� claro? - Lo est�.

�Pero no concierne s�lo a los nativos?

Concierne a todos cuantos est�n en la isla.

Si se dirige al muelle, cerrar� el consulado.

No estamos en guerra con Francia, y no veo l�gico que el c�nsul...

No le parecer� l�gico que me siente en un barril de p�lvora

y que espere a que explote. Traslado el consulado a un buque americano

de la bah�a. Cuando todo se calme, volveremos.

- �Quiere hacerme otra pregunta? - S�.

�D�nde puedo encontrar a la Srta. Lydia Bailey?

- �Por qu�? - Necesito su firma.

�Puedo preguntar para qu�?

El gobierno de los EE. UU. Quiere cobrar la herencia de su padre.

Bien.

- �Y no puede esperar? - Puede.

Pero hay tropas en la frontera que llevan sin cobrar m�s de 3 meses.

Creo que la Srta. Bailey est� bajo la custodia del coronel D'autremont.

�Bajo custodia? Lo estaba.

- Ahora es su prometida. - �Abandonar�n la isla tambi�n?

�D'autremont? Entre otras cosas es el s�bdito franc�s con m�s

propiedades en Hait�. No tiene por qu�...

Es un hombre blanco. �Estar� a salvo?

Sr. Hamlim, si insiste en quedarse me apuesto mi peque�a fortuna

a que dentro de una hora estar� usted con la cabeza rota.

Vengo de lejos con una obligaci�n. Y pienso cumplirla.

Muy bien. Si el coronel est� en la ciudad, puede que encuentre

a la Srta. Bailey en la calle Napole�n, 22.

Calle Napole�n, n�mero 22. Gracias, se�or.

�No me desea buena suerte?

Si pensara que la va a tener, le dir�a que el buque de guerra

va a estar cerca de la isla, pero creo que ser� perder el tiempo.

S� nadar como un pez. Buenos d�as.

Ahora aquella.

Pardon, monsieur. �Se acuerda de m�?

- �Nos conocemos? - De Am�rica. �Qu� le ha tra�do aqu�?

- Un barco. - Sigue tan bromista.

- Vamos a tomar algo. - Lo siento, ahora no.

- �A qui�n busca? - A mi peque�o criado.

- �C�mo est� el chico? - Ha perdido mucha sangre.

�D�nde vives?

No hables, hijo.

- Tiene que verlo un m�dico. - �De qu� color?

�Uno negro que lo untar� con v�mito de cabra?

�O uno blanco que lo sangrar� a�n m�s?

Ya da igual. No necesita ninguno.

- Hay que hacer algo. - Lo que hay que hacer, lo har� yo.

- Qu� voulez vous? - �Es la casa de D'outremont?

- �Est� la Srta. Bailey? - Non, elle est partie.

- Lydia Bailey habit� plus ici. - �D�nde...? Ou est elle?

Chateau. Chateau D'autremont.

�D�nde est� el castillo?

Mi querido Sr. Hamlim, rel�jese y consid�rese mi invitado.

Me llamo Rey Dick. Haga el favor de sentarse, se�or.

No lo har�. Creo estar en presencia de la nobleza.

Si�ntese, por favor.

Se llama Albion Hamlim, seg�n los papeles que todos hemos le�do.

Estoy en Hait� procedente de EE. UU. Para ver a Lydia Bailey.

Se trata de algo legal y privado que no le afecta.

�Conoce bien a Lydia Bailey?

Conoc�a a su padre. A ella no la he visto nunca.

- Vive en casa del Sr. D'autremont. - Me lo han dicho.

D'autremont conspira con Napole�n. Lydia Bailey comparte sus simpat�as.

Por favor, Sr. Hamlim, su misi�n no es tan inocente como parece.

Puede confes�rmelo todo.

No conozco a D'autremont ni s� con qui�n conspira.

Respecto a Lydia Bailey, lo �nico que espero es que sepa escribir su nombre.

Tengo documentos que necesito que firme.

Hait� no es Baltimore.

El castillo D'autremont no est� a la vuelta de la esquina.

Si pretende ir solo, dentro de 24 horas nuestras hormigas carn�voras

estar�n haciendo un banquete con sus ojos.

Eso me recuerda que tengo hambre. Comamos juntos.

Luego decidir� acerca de usted.

El castillo D'autremont est� a dos d�as en la parte m�s salvaje de Hait�.

El territorio de Mirabeau. Y sus forajidos negros.

Los llamamos los cimarrones.

Les encanta encontrar una gacela blanca como usted

y comprobar cu�nto tiempo aguanta la tortura antes de morir.

- �Le sirvo m�s? - No, gracias.

- Correr� el riesgo. - Est� dispuesto a todo.

�Dispuesto a todo? Al desembarcar s�lo quer�a hacer un simple trabajo.

Tras media hora era responsable en parte de la muerte de un ni�o,

me han secuestrado, amenazado, registrado y golpeado en la cabeza.

Golpeado no, amigo m�o. S�lo acariciado.

No subestime la fuerza de un buen Cocumacate.

�No le parece que es usted quien la subestima?

Me ocupar� de que vuelva sano y salvo y a bordo del barco americano.

Y respecto a sus documentos, no ser�n m�s valiosos que su vida.

- �Me equivoco? - Eso es cosa m�a.

- Soy ciudadano americano. - Calle un segundo.

Se me acaba de ocurrir algo.

Le ayudar� a llegar al castillo D'autremont pero con una condici�n.

Que me considere su sirviente personal y que me lleve a casa de D'autremont.

- �Tengo otra opci�n? - No, desgraciadamente no.

- Ser� un sirviente muy eficaz. - Muy bien. Acepto. Organ�celo.

Silence, silence. Mis esposas.

Se�oras, es un honor.

Aqu� est� Ametise, la mejor cocinera del mundo.

Aqu� tengo a Roside.

Todos los hijos que me ha dado son varones.

Ella es Marmeline. Habla correctamente doce idiomas.

Es mi intelectual.

Y aqu� est� Attenaire. Es...

Es una mujer de gran talento.

Y aqu� est� Floreal. No, Clairiene. Es una "mambo". Sacerdotisa del vud�.

Yo no creo en eso.

Ah, Floreal. Se ocupa de mi ropa.

Sus antepasados eran reyes en �frica.

- �Y t� eres...? - Aspodelle.

T� eres nueva.

Aspodelle. La vieja Cloryphene. Estamos casados hace tiempo.

No es la m�s bella, pero entre nosotros no hay secretos.

Oiga, Rey Dick, �ocho esposas no son demasiadas?

Una es demasiado, dos es tolerable. Pero con ocho,

un hombre siempre est� seguro de mantener su libertad.

Se�oras, voy de viaje con el Sr. Hamlim al territorio de Mirabeau.

Preparadlo. Vuelvo enseguida.

- �Qu� van a hacer? - Desnudarle.

�No! �Por favor! �Se�oras, por favor!

Mes enfants, mes enfants...

Hijos, traedme ropa vieja y ensillad dos caballos.

Se�oras, por favor, soy de Baltimore.

Cloryphene.

Toma y embadurnadlo bien.

Disculpe. Si tengo que embadurnarme puedo hacerlo yo mismo.

No podemos perder tiempo. 16 manos van m�s deprisa.

�Por favor, se�oras! �Por favor, d�jenme!

- Bien. Muy bien. �Por todas parte? - Por todas partes.

La bolsa de tinte que le han dado, gu�rdela bien.

Cuando sude, no se frote la cara. Se desenmascarar�a.

No olvide que yo me juego el pellejo tanto como usted.

Bien, dame el machete.

�Tiene los documentos? Escuche atentamente.

Usted es un campesino mulato. Lo podr�a hacer general,

pero tendr�a que responder a preguntas.

Si le preguntan algo, comp�rtese como si tuviera p�jaros en la cabeza.

�P�jaros en la cabeza?

Se sospecha de los hombre listos y se conf�a en los tontos.

Yo ir� por delante y usted s�game detr�s unos pasos.

- �No es usted el sirviente? - Cuando lleguemos al castillo,

fingir� ser analfabeto, rudo y obediente.

Hasta entonces, como Plat�n dec�a,

El verdadero coraje es obedecer al sabio.

�Montamos, Plat�n?

Adi�s, se�oras. Cloryphene se ocupar� de todo.

- �Quiere, amigo m�o? - No, gracias. Bonito paisaje.

Me siento responsable de usted. Tenga.

Si por alguna raz�n nos separamos, puede que esto le proteja.

Cu�lgueselo al cuello.

- �Qu� es? - Un potente amuleto.

Un sacerdote me lo dio. Claro que yo no creo en el vud�.

- L�gico. Es usted un hombre culto. - Naturalmente.

Pero, si los dioses existen, ir� al cielo. Si no, �qu� pierdo?

Adem�s, llevo siempre conmigo uno mejor. Este amuleto nunca me falla.

- Gracias, Rey Dick. - Ll�mame Dick.

Mis antepasados eran reyes en �frica. Pero me parece m�s importante

recordar que tambi�n un d�a fueron esclavos.

Quieto.

No me gusta. Podr�a ser Mirabeau y sus cimarrones.

Hablas de libertad, pero parece que nadie est� a salvo en tu pa�s.

A Mirabeau no le gustan los blancos,

pero tampoco los negros amigos de los blancos.

Le salv� la vida una vez. Fue un grave error.

Rey Dick. El perro mensajero de Toussaint. Da la se�al.

Pase lo que pase no te muevas. Si tenemos que separarnos

sigue hacia el norte, hasta el castillo.

General Mirabeau...

- Ac�rcate. - Tiene p�jaros en la cabeza.

�Detenedlo! �Disparad!

Est� mal de la cabeza. Lo hab�is asustado.

Seguro que no has olvidado que te salv� la vida en una ocasi�n.

Me enfrent� a Toussaint porque no quer�a matar a todos los blancos

antes de la llegada de la flota. Y t� votaste en contra.

Toussaint tiene en ti a un perro. Eres desleal a tu gente.

�C�mo puedes servir a un blanco?

Que me salvases la vida no es suficiente.

S�gueme.

Ya est� bien. Volved al trabajo.

He dicho que volv�is al trabajo.

- Usted es blanco. - Albion Hamlim, de Baltimore.

�Por qu� se ha disfrazado de campesino?

Busco la plantaci�n del Sr. D'autremont.

La ha encontrado.

�Sabe d�nde puedo encontrar a Lydia Bailey?

Yo soy Lydia Bailey. �Qu� quiere?

Tengo un mensaje para usted. Vengo de muy lejos.

�Cu�l es el mensaje?

Espere que respire un minuto.

Debo hablarle de la herencia de su padre.

- No me interesa. - No me importa si le interesa o no.

Querr�a cont�rselo, si me lo permite.

C�sar...

Lleva este hombre al castillo.

Cuando se haya ba�ado y cambiado, puede entregarme su mensaje.

Me est� un poco ancha. Claro que podr�a sentarme peor.

El Sr. D'autremont lo prefiere as� para la esgrima, se�or.

Si es un experto no se me ocurrir� competir con �l.

�Hab�a pensado hacerlo?

Gabriel D'autremont. A su servicio para lo que guste.

No me interprete mal. S�lo era un comentario.

Soy americano. Albion Hamlim, de Baltimore.

Me han dicho que lleg� vestido con harapos y con la cara te�ida.

- El pa�s est� agitado, Sr. Hamlim. - Me lo han dicho.

El truco fue sugerido por m� sirviente para burlar a Mirabeau.

- �Sirviente? - Nos tendieron una emboscada.

- Yo escap� pero a �l lo cogieron. - Una pena.

Mirabeau es un hombre violento. D�game, �est� usted c�modo?

S�, muchas gracias. Me sienta muy bien.

Parece un poco ancha. Pru�bese esta. Le sentar� mejor.

�Puedo preguntar la raz�n de su visita?

- Ten�a que ver a la Srta. Bailey. - Eso ya lo s�. �Por qu�?

Es un asunto legal entre la Srta. Bailey y yo.

Me ocupo de todos sus asuntos legales.

�Es usted su marido?

No me molesta la pregunta. Me molesta el tono, Sr. Hamlim.

Le ruego que se explique.

Le ruego que disculpe mis modales. Necesito que firme un documento.

De no ser su esposo, no puede firmar por ella.

No estamos a�n casados.

Entonces me temo que debo hablar con la Srta. Bailey.

Es usted muy persistente. Incluso para ser americano.

Soy su anfitri�n y me he comportado con rudeza.

Ha tenido el valor de cruzar el territorio de Mirabeau y...

Venga, ahora puede verla.

- Mi madre, Sr. Hamlim. - Encantado, se�ora.

Es un placer tener a un americano aqu�.

Nunca he olvidado lo encantador que era su embajador, Benjamin Franklin.

Eso me han dicho. Creo que era el favorito de las mujeres.

Ya conoce a la Srta. Bailey.

Quisiera tener la mitad del encanto de Franklin.

O, tal vez, su sutileza.

Aqu� tenemos a mi hijo Paul. Su madre muri� al nacer.

Lydia lo ha cuidado desde entonces.

- Hola, Paul. - Hola.

Tenemos un refr�n, Sr. Hamlim.

Quien lo da todo por su hijo, ser� recompensado con el para�so.

Jam�s le temo al futuro.

- �Te has entrenado lo suficiente? - S�, padre. �Me disculpa?

Ahora, mi querida Lydia, nuestro invitado insiste en hablar contigo.

Puedes utilizar mi estudio.

S� por qu� ha venido. Puede hablar aqu�.

- Srta. Bailey... - Sr. Hamlim, llevo dos a�os

recibiendo cartas del abogado de mi padre.

Si no he contestado es porque no pienso firmar.

Desapruebo a mi padre y su testamento. No cambio de opini�n.

Un momento. Mi inter�s no es s�lo por ser abogado.

Tuve una ni�ez triste. Nac� muy pobre en un pueblo entre monta�as.

Su padre fue el primer hombre que me ayud�.

Me pag� la matr�cula cuando quise estudiar derecho.

A la vez, me dej� trabajar en su bufete.

Lo respetaba y lo quer�a.

Ahora que ha muerto, he venido para que se cumpla su �ltima voluntad.

Tiene mucho m�s que agradecerle que yo.

No se trata de su voluntad, ni de la m�a.

Su padre dej� su herencia a su gobierno.

Es un gobierno a�n pobre. Necesita sus tierras y su enorme riqueza.

�Sabe que hay soldados que llevan tres meses sin cobrar?

- Y que el presidente Jefferson... - No me interesa aumentar

la riqueza de Thomas Jefferson ni de su gobierno.

- "Su" gobierno. - No es el m�o, Sr. Hamlim.

Si no puede ser leal a su pa�s, �por qu� no a su padre?

Mi padre era un obstinado.

Se divorci� de mi madre y nos mand� a Francia siendo yo una ni�a.

Desde entonces, lo considero mi pa�s.

No me siento americana, ni tampoco hija de mi padre.

A m� me gustan las ideas del Sr. Jefferson, Lydia.

�Por qu� no quieres hacer lo que te pide este joven?

- Firma los documentos y se acab�. - No rega�es a Lydia, mam�.

Puede que seas t� quien lo merezca.

Tal vez debas ir a ver qu� es lo que ocurre.

Disculpa.

Disc�lpeme, se�ora. Debo hablar con franqueza a una ex americana.

Soy mayor. A mi edad, lo �nico que nos convence es la franqueza.

M� querida, Srta. Bailey, es usted americana, lo quiera o no.

Tiene la oportunidad de ayudar a su pa�s. Se niega s�lo por rencor.

Si tuvi�semos la suerte de estar en Baltimore, la pondr�a sobre

- Mis rodillas y le dar�a una paliza. - Incre�ble.

Habr�a algunas mujeres que podr�an sentirse atra�das por un hombre

que hablase as�. Yo, en cambio, odio la violencia y el mal gusto.

Traedlo aqu�.

Buenas noches, se�or. �Qu� perros tan fant�sticos!

Ese hombre es mi sirviente.

- �C�mo escapaste de Mirabeau? - �Yo? �Dios m�o!

Mirabeau ser un gran general. Yo ser un gran nada.

�l mirar y decir "esf�mate". Y yo esfumar.

Entiendo. �No te he visto en Cap Fran�ois?

�A m�, se�or? Yo ir a todos los sitios. �Me conoce, se�or?

- No. �Qui�nes son tus amigos? - Un amigo es como un enemigo.

Cinco amigos, cinco enemigos. Tener un s�lo amigo que ser yo mismo.

As� hablan los ni�os y los necios. Dadle ropa y comida.

�Lo encontr� usted en el muelle? Tiene aspecto de campesino.

- O de soldado. - Dijo que era gu�a. �l me trajo.

S�. Cruzar el territorio de Mirabeau no es f�cil.

- Sospecha que me ha mentido. - Aqu� se sospecha de todo.

Lo siento, pero es lo l�gico. No podemos confiar en nadie.

Como anfitri�n, le ruego se responsabilice de ese hombre.

Asumir� con placer la responsabilidad.

Gracias.

�Oye eso? Se dispone a visitar a mis negros un sacerdote del vud�.

Danzar�n para nosotros. Es muy interesante.

�Hay algo que les guste a los americanos?

Yo creo que algunas cosas. Claro que depende.

Gabriel...

Han cambiado la danza, Gabriel. Est�n llamando a su dios de la guerra.

No tiene importancia, madre. Siempre llaman a un dios o a otro.

No los subestimes. Cuando danzaron hace 10 a�os al dios de la guerra...

Todo es distinto. Toussaint no se saldr� con la suya. Impondremos orden.

Cualquier amenaza que veas en su danza, no podr� hacerse realidad.

Le ruego que me disculpe.

Lydia, te lo suplico, coge a Paul y vete antes de que sea tarde.

Gabriel no permitir� que nos ocurra nada malo.

No va a poder impedirlo. Estoy muy cansada. Muy cansada.

- Marie, lleva a tu ni�a a la cama. - Buenas noches.

Buenas noches, se�ora.

- Puede que sepa de lo que habla. - No se le ha perdido nada aqu�.

�O s�?

Su firma, nada m�s.

- �D�nde est� el general LaPlume? - Ah�. Est� muy asustado.

Quiere su dinero y marcharse.

�Por qu� no me informaron acerca del Sr. Hamlim?

- Me culpo de ello. - S� m�s eficiente la pr�xima vez.

Quiero estar informado de todo.

- Monsieur D'autremont. - General, me alegro de verle.

El Sr. Millet dice que desea usted irse inmediatamente.

No tengo nada en contra de su hospitalidad, se�or.

Pero no me siento c�modo aqu�. �Me comprende?

�Qu� planes ha hecho para entregar los puertos al general LeClerc?

Voy a llevar hasta ah� mis tropas. Las bater�as estar�n abandonadas.

- Puede contar con ello. - Me parece bien.

Encontrar� un caballo al final del sendero.

- �Sigo contando con su amistad? - Naturalmente.

- He pensado en esos documentos. - �S�?

A pesar de mis sentimientos hacia Am�rica, los firmar�.

- Con una condici�n. - �Con qu� condici�n?

Hace 2 a�os, una pareja se iba a casar. �l tuvo problemas y escap� a su pa�s.

Pero la novia sigue aqu�. Quiero que sean felices de nuevo.

- La llevar� a Am�rica con usted. - �Es amiga suya?

- S�. - �Por qu� me necesita?

- Que venda sus joyas y esclavos y... - Es Marie, mi sirvienta. Ah� est�.

�Lo har�?

Me asombra. Debe disculparme por lo que he pensado de usted.

El Sr. D'autremont no debe enterarse. No lo entender�a.

- Es usted muy valiente. - �La llevar�?

Si estuviera alg�n tiempo entre buena gente, no se reconocer�a.

Si la lleva consigo, su opini�n no me importa.

- Por favor, ella est� muy enamorada. - De acuerdo. La llevar�.

Suelta los perros. Que huelan el sendero.

No estoy seguro, pero puede haber sido su sirviente.

Si me lo permite, me unir� a la b�squeda.

Como le he dicho, le hago responsable de su conducta.

Seguid por la izquierda. Vamos.

�Por ah�, por ah�!

- �Qu� pasa? - El asesino ha escapado.

Hay cambio de planes. Debo ir a Cap Fran�ois. Adi�s.

- �Aqu� estamos a salvo? - No hay lugar m�s seguro.

Dejar� guardias. Tu bendici�n.

Es dif�cil para una madre desear que los planes de un hijo fracasen.

Pero s�lo por ti, hijo, recibe mi bendici�n.

- �Tienes que irte, pap�? - Lo que hago es por tu futuro.

Cuando vuelva, dragones y h�sares franceses me acompa�ar�n.

Tal vez el mismo Napole�n me d� una medalla.

- �Me la dejar�s? - Te la pondr� yo mismo.

- Querida Lydia. - No te preocupes por nosotros.

En cuanto LeClerc haya pacificado el pa�s, te vendr� a buscar.

Los hermanos de Napole�n ser�n testigos de nuestra boda.

- Buena suerte, pap�. - Gracias, Paul. Madre.

- Otra cosa, tu amigo, el americano... - No es amigo m�o.

Si vuelve, ordena que lo fusilen. Ayud� a escapar al asesino.

Pero es incre�ble. Bueno, puede ser. Los americanos no piensan lo que hacen.

Estoy convencido que es un esp�a de Toissaint.

El hombre que vino como su sirviente es un general del ej�rcito negro.

�No es una prueba suficiente? M� querida Lydia...

El 6 de febrero de 1802, la flota de Napole�n bajo el mando

del general LeClerc, entr� en Cap Fran�ois.

El volc�n de Hait� estuvo controlado durante meses,

pero por fin entr� en erupci�n.

�Asesinad! �Asesinad! �Asesinad!

�Asesinad! �Asesinad! �Asesinad! �Asesinad!

�Son �rdenes?

De retirarnos. N�mero superior.

Hay que quemar el pueblo.

- �No los ten�amos controlados? - Son �rdenes de Toussaint.

�Sabe lo que hace? �Tiene alguna experiencia militar?

�l es Toussaint y �l sabe.

No parece un pueblo especial. No merec�a una batalla.

No, no mucho. Yo nac� en ese pueblo.

Lo siento.

- �Qu� dicen? - Se trata de Mirabeau.

Toussaint tem�a que atacaran por el flanco.

A Mirabeau s�lo le interesa quemar y saquear pueblos.

Se retiran hacia el sur.

Al sur. Son las tierras de D'autremont.

�No tocar�n el castillo? D'autremont le ha estado pagando.

Dinero sucio. �A d�nde vas?

- Al castillo. - �Y encontrarte con Mirabeau?

- Tengo que conseguir una firma. - �No es por ella?

Su firma es lo �nico que quiero.

�Crees que estoy loco?

Estoy en un poderoso ej�rcito de 2.000 esclavos harapientos

que se opone al conquistador de Europa.

A saber qui�n est� loco, Sr. Hamlim.

�Tiene serpiente? �Y el amuleto?

Ojal� pudiera acompa�arte, pero...

Ten, ll�vate esto. Puede que te sirva mejor.

- Suerte a ti y a tu ej�rcito. - Igualmente, Sr. Hamlim.

�C�mo est�? La institutriz se ha ido.

- Todos se van. - �Por qu�? �A d�nde?

Algunos al ej�rcito de Toussaint. Otros temen a Mirabeau.

Nos matar� a todos, blancos o negros.

No se atrever� a tocarnos.

Ve a ver a Paul. Est� asustado.

�Lydia!

Quiere que vengan todos.

- He venido para ayudarla a escapar. - Sr. Hamlim.

�D�nde est�n Paul y la Sra. D'autremont?

- En sus habitaciones. - Lleve al chico con la se�ora.

Sra. D'autremont...

El yanqui. Ten�a la sensaci�n de que volver�a.

- Hay que darse prisa. - No, no. Ser�a un estorbo.

- Sin m�, quiz� lo consigan. - No podemos dejarla aqu�.

- �Quiere acompa�arnos? - No pod�is llevarme en brazos.

Yo... morir� en cualquier caso. Estoy cansada y tambi�n lista.

Morir� aqu�, en mi propia cama.

Por favor, Antoinette, Sr. Hamlim, c�jala...

Salve a Lydia y al peque�o. No es momento para ser sentimental.

Es usted una mujer fuerte.

�Abuela, abuela, abuela...!

- Tu abuela tiene raz�n. - Adi�s, Antoinette.

Adi�s, adi�s.

Deprisa.

Tienes que ayudarnos, Paul. Debes ser valiente.

- �Es un juego? - S�, pero no hay que dejar de jugar.

Tienes que hacer todo lo que har�a un ni�o negro. �Sabes lo que hacen?

Oh, s�. Se divierten todo el tiempo. Van descalzos y comen ca�a de az�car.

Yo lo tengo prohibido.

Vienen hacia aqu�. Tenemos que irnos.

General.

Lydia Bailey. La mujer de D'autremont. B�scala.

Una mujer y un ni�o pintados. B�scalos.

D�me un trozo de tela.

- �D�nde ha sido? - En las rocas. Al cruzar el r�o.

- �Por qu� no lo ha dicho? - �Pod�amos pararnos?

No.

- �Est� bien? - Bien.

Son refugiados. Supongo que de Cap Fran�ois.

Nadie parece ver las buenas intenciones de los franceses.

- Vay�monos de aqu�. - No creo que sean un peligro.

Si yo fuera un nativo y sintiera mi libertad amenazada por

las tropas de Napole�n, matar�a a todos los blancos que encontrase.

Dice que Mirabeau est� cerca. Que viene hacia aqu�.

Habr� que unirse a ellos.

No, estoy bien. Yo...

- Tengo sed. - No tenemos agua, Paul.

Es Mirabeau. Debemos separarnos. Si vienen por nosotros,

lo que buscar�n es a una mujer y un hombre con un ni�o.

Qu�date con Paul, Marie.

Se han ido, pero pueden volver. Ahora podemos marcharnos.

- �Sabr� encontrar el camino? - S�, puedo hacerlo.

�Srta. Lydia!

- He tropezado. - No pasa nada.

- �Cree que podr� andar? - Claro que s�. V�monos.

Buscaremos un sitio para acampar.

- Si seguimos hacia el oeste... - �Albion!

Por ah� abajo. El puente.

- All�, hacia el norte. - �R�pido!

Srta. Lydia.

Srta. Lydia...

�Paul, Paul, Paul...!

Lydia, Lydia, Lydia... �Lydia!

El puerto est� cortado por aqu�. Una compa��a de hombres est� aqu�.

Y no pueden cruzar el r�o.

- Con dos ca�ones podr�amos resistir. - Pero no tenemos dos ca�ones.

Entonces iremos aqu�, luego aqu�.

No s�lo han resistido sino que los han rechazado.

�Toussaint, Toussaint! Toussaint.

- �Qu� es lo que ocurre? - Buenas noticias, se�or.

Hemos detenido a las tropas francesas.

�No lo entiende? Los hemos detenido, se�or.

Lo entiendo.

Los han repelido. Con 200 hombres podemos volver a tomar el pueblo.

Estamos aqu�, no se han movido. �Ordena su traslado, se�or?

Que se retiren lentamente y que quemen el pueblo.

- �Que se retiren? - �Quemar el pueblo?

- 200 hombres pueden ganarlo. - �Cu�ntos se perder�an?

40, 50... �qu� importa? Esto es una fortaleza.

40, 50... Los muertos no levantar�n el pa�s cuando se vayan los franceses.

Los necesitamos, se�ores. Ret�rense y quemen el pueblo.

Retirarse. Pronto estaremos en las monta�as.

Los franceses escalar�n m�s monta�as que nosotros.

No podr�n encontrar nada en nuestros pueblos y campos quemados.

Gracias.

Llevar� tiempo pero los pueblos se pueden reconstruir.

- �Qu�? - Encontramos esto.

- �D�nde? - Lo ten�a un blanco.

- �Muerto? - Casi, se�or.

Ah� lo traen.

Cuidadlo bien. Salvadlo si pod�is. Es un amigo.

Durante las siguientes semanas, Toussaint y sus hombres se retiraron

a las monta�as, regando los campos quemados de su pa�s

con la sangre del ej�rcito del emperador.

Pero mientras sus tropas persegu�an a un enemigo peligroso y evasivo,

la bella Pauline, hermana de Napole�n y su consorte LeClerc

intentaban crear un nuevo Par�s en Cap Fran�ois.

Mi querido D'autremont, �ha o�do la gran noticia?

El general Gude� ha entrado en Puerto Pr�ncipe.

�Crees que deber�as hablar de la toma de esos apestosos pueblos

como si se tratara de otro Marengo?

S�lo soy un humilde servidor de tu hermano y seguro que a Napole�n

le encantar� esa noticia. Se lo debemos al gran D'autremont.

Excelencia, madame, perm�tanme presentarles a la Srta. Bailey.

�Es usted la belleza americana de la que tanto se habla?

- Me mor�a de curiosidad. - Me halaga que haya o�do hablar de m�.

�Hablar de usted? En Cap Fran�ois todos hablan sobre su aventura.

�Es cierto que se pint� de negro por completo y

que vag� por la selva con un americano?

S�, madame. El Sr. Hamlim perdi� la vida por protegerme. Era muy valiente.

- D�game, �tambi�n era atractivo? - Mucho.

�Sabe que Toussaint se reunir� con nosotros?

Cuando supe que estaba escondido cerca, le hice llegar que quer�a verlo

- Para discutir un acuerdo. - �Ello significa la paz, excelencia?

Admiro a las mujeres que se interesan por la pol�tica.

Napole�n me orden� dividir la conquista de Hait� en tres fases.

Primera, desembarcar en la costa y cultivar la amistad de Toussaint.

Eso ya lo he hecho.

Segunda, adentrarnos hacia el interior.

Desarmar a los campesinos y jurar un profundo afecto a Toussaint.

Fase tambi�n superada.

S�lo tengo pendiente la tercera fase.

Detener a Toussaint y enviarlo a Francia.

Pero si viene en son de paz no me parece justo.

Est� claro que las mujeres no entienden de pol�tica.

Excelencia, �me da su permiso para bailar con mi prometida?

Por supuesto que se lo damos. Ser� usted muy envidiado.

Gabriel, no me siento bien. Me gustar�a marcharme.

Pauline lo considerar�a imperdonable. No olvides que es hermana de Napole�n.

Que no naci� en Francia es algo muy evidente.

- �Te gusta D'autremont, querida? - "No me parece justo", �lo has o�do?

�Qu� importancia tiene la justicia cuando se trata de un hombre

cuyo padre fue un can�bal en alguna parte de �frica?

Quiz�, pero he o�do que Toussaint es un hombre extraordinario.

�Bailamos?

Ciudadano Toussaint, �qu� hay de la oferta de LeCrec para un acuerdo?

�Se retirar� de Hait�?

�Abandonar� el sue�o que tiene su amo de conquista?

�Ser� Napole�n capaz de reconocer que nuestro pueblo negro,

que ayer fue esclavo, hoy le ha vencido?

�Reconocer� Napole�n y ese lacayo que ha mandado

que hemos hecho por la libertad mucho m�s de lo que imaginan?

No creo que lo admitan jam�s.

Soy de la opini�n de que su oferta de hablar s�lo es una trampa.

Opino que las lenguas de los blancos est�n llenas de mentiras.

Y opino que la paz de los blancos es la paz de la muerte.

�Blancos, negros? T� no eres as�, amigo m�o.

�Has olvidado que tenemos enemigos negros y amigos blancos?

- �Se me permite hablar? - Rey Dick no tiene inconveniente.

Gracias.

Soy extranjero en su pa�s. Cuando llegu�, hace tres meses,

no sab�a nada de su causa.

- Debo confesar que no me importaba. - �Y ahora, Sr. Hamlim?

Ahora conozco este pueblo. Sus gentes me curaron.

Fui uno de ellos, conviviendo, hablando y luchando.

Ahora s� la raz�n por la que luchan.

Veo que los hombres de mi pa�s lucharon por lo mismo.

Usted ya no es extranjero. Por favor, contin�e.

Conozco tambi�n un poco a los franceses, Sr. Toussaint.

Son traicioneros y c�nicos. Estoy de acuerdo con Rey Dick.

Si hace lo que quiere LeClerc es muy posible que no lo pueda contar.

Suponiendo que tenga raz�n, yo no lo tengo muy claro,

- �qu� har�a usted? - Env�e un emisario en su lugar.

Imposible. LeClerc se niega a hablar de paz con alguien que no sea yo.

Y s�lo con la paz podremos levantar nuestro pa�s.

Si me mata, matar� s�lo a un hombre. Habr� otros que continuar�n.

No estoy de acuerdo.

Es su esp�ritu el que mueve este pa�s y da fe al pueblo.

Si usted, abandonar�n y la causa se perder�.

- Vamos a votar. - S�, votemos.

Lo siento, se�ores. No me persuadir�n ni sus voces ni sus votos.

Si lo considerase un extranjero, podr�a creerle.

Pero sabe, tan bien como nosotros, que el esp�ritu de la libertad

no reside en un hombre, sino en un pueblo.

Voy a ir y espero que me ayude Dios.

Por favor, debo ver al ciudadano Toussaint en seguida.

Lo siento, pero no es posible. Est� muy lejos de aqu�.

Conf�e en m�. S� que est� aqu�. El sacerdote del vud� me lo dijo.

Entonces sabe m�s que yo. V�yase.

Es mucho m�s obstinado que un yanqui.

Entiendo por qu� lo consider�is vuestro George Washington.

�Sr. Hamlim!

- �Marie! - �a va, �a va.

�Puede llevarme hasta el ciudadano Toussaint?

- �Est� a salvo la Srta. Bailey? - S�, monsieur.

- �Por qu� quieres ver a Toussaint? - Tengo un mensaje para �l.

�l va a ser traicionado. LeClerc le arrestar� esta noche.

Trae los caballos. Cu�ntame todo lo que sepas.

Yo estaba en la fiesta. La Srta. Bailey oy� lo que planeaban.

�Atenci�n! El carruaje del general Toussaint.

Nuestro distinguido visitante ha llegado.

Coronel, que dejen de tocar y que nuestros invitados lo reciban en pie.

De momento le ofreceremos todas las muestras de deferencia y respeto.

- �General LeClerc? - Identif�quese.

Me llamo Albion Hamlim. Soy ciudadano americano.

He venido como representante de su excelencia Toussaint L'Overture.

Conozco a este hombre, excelencia. Es un forajido.

Y el socio de un asesino.

Seguro que es el fabuloso americano que acompa�� a su prometida.

Creo que D'autremont est� celoso.

Sea quien sea, �no ha entendido Toussaint mis condiciones?

- Pactar� con �l o con nadie. - Puede pactar con �l en su terreno.

Vaya insolencia. Mi hermano Napole�n lo nombrar�a secretario de estado

- O lo ahorcar�a. - Todo honor ser�a mucho para m�.

He sido autorizado para hablar en nombre de Toussaint.

Hable entonces.

Toussaint est� ansioso de dejar esta guerra contra un pueblo que s�lo

quiere vivir en paz.

Si �l representa un estorbo para alcanzarla,

est� dispuesto a renunciar al poder y a ponerse en sus manos,

con las siguientes condiciones.

- �Qu� condiciones? - Que retire su ej�rcito de los campos.

Que abandone las ciudades y que zarpe para Francia con todas sus fuerzas.

Si acepta, ir� con usted para negociar con Napole�n.

�No acepto! �Ese hombre est� loco! �C�mo se atreve a dar �rdenes?

Le advierto que si no abandona la isla, s�lo habr� muerte y fuego.

�Oye esos tambores?

Si no vuelvo con su respuesta dentro de diez minutos,

la ciudad quedar� tan destruida que nadie la reconocer�.

Ni me asusta ni me divierte. �Qu� pasa si vuelve muerto?

Es un esp�a enviado por su gobierno para ayudar a Toussaint.

- Eso no es cierto. - �C�mo lleg� a conocer a Toussaint

y tener tanto afecto por �l?

Iba camino de Cap Fran�ois con una mujer y un ni�o.

No separamos, fui herido y me dieron por muerto.

Sus hombres me encontraron y me curaron.

- Tiene que creerle, se lo suplico. - No puedo correr riesgos.

Lo que cuenta es demasiado fant�stico para creerle.

Fusilarle estropear�a un tri�ngulo encantador. No lo hagas.

- Pero Pauline... - Te lo exijo.

D'autremont, �hay un barco americano en la bah�a?

D�gale a su capit�n que env�e un bote. Vig�lelo hasta que embarque.

S�, excelencia. �Guardia!

- No llegar� a ese barco con vida. - Calma, querida.

Est� bajo la protecci�n de la hermana del emperador.

Y debo decir que estoy de acuerdo con usted. Es muy atractivo.

D'autremont, le hago personalmente responsable de su seguridad.

Bien, excelencia.

Si intentas algo para comunicarte con �l, mandar� que lo fusilen.

A pesar de la hermana de Napole�n.

- Alto, �qui�n va ah�? - Coronel D'autremont.

- Alto, identif�quese. La contrase�a. - Libert�, egalit�, fraternit�.

- Esa no es la contrase�a. - Lo s�. Pero deber�a serlo.

- Los diez minutos ya han pasado. - Esperemos un poco m�s. Puede que...

El americano, los franceses lo han arrestado, se�or.

- �Doy la se�al, se�or? - No hay otro remedio.

El barco yanqui est� al otro lado del muelle. Te est�n esperando.

- No me voy sin ella. - �Se trata de eso?

- As� es. - Bien, no discutir� contigo.

Pero ocho esposas dan menos problemas que una.

Necesito que me ayudes de nuevo. �Lo har�s?

No tengo opci�n. Eres mi amigo. La se�orita est� en casa de D'autremont.

- �Sabes d�nde est�? - S�.

Date prisa. Tendr� un bote esperando en el muelle.

- Se�orita, �qu� hay que llevarse? - Tenemos que darnos prisa.

Nada, Marie, nada.

Rey Dick nos espera en el muelle. Tendr� un bote preparado.

�Por aqu�!

- �Ah� est� el bote! - Venga con nosotros, Rey Dick.

- Gracias, pero no puedo. - Tiene mucho que hacer aqu�.

- La marea est� cambiando. - No quisiera daros la espalda.

S�lo se va un hombre. Ya o�ste lo que dijo Toussaint sobre un s�lo hombre.

Adem�s tienes que hacer algo importante.

Cuando esto termine, ven a vernos.

- Puede que necesite tus consejos. - Alg�n d�a volver�is.

No tendremos mucho. Pero tendremos libertad.

- Adi�s, Rey Dick. - Adi�s, Sr. Hamlim.

- Gracias. - Adi�s, mademoiselle.

Subt�tulos adaptados por Juan Antonio Ribas.

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