All language subtitles for Alessia un vulcano sotto la pelle xx

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew Download
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

¡Es una calumnia!

¡No! ¡No!

¡No! ¡Alesia!

¡Alesia! ¡Cálmate! ¡Cálmate, pequeña! ¡Basta!

¡Basta! ¡Ya ha terminado! ¡Cálmate! ¡Soy yo! ¡Alesia!

¡Alesia! ¡Cálmate!

¡Cálmate! ¡Soy yo! ¡Soy yo! ¡Todo ha terminado!

¡Tranquilízate, pequeña!

Vamos.

Basta, ya está bien.

Acaben con esa cantinela. Me está entrando dolor de cabeza.

Déjalas, mujer, eso es alegría.

Como tú no las tienes que aguantar.

Piacho, dense prisa con esos sacos o llegaré tarde a la estación. Dense

que si la princesa tiene que esperar diez minutos, le saldrán llagas en los

pies. ¿Todavía con eso? Todavía, sí. Si te has perdido la cabeza, yo no.

A ti esa sobrina te ha sorbido el peso.

Vayan, vayan al gallinero, que ya es hora de echarle de comer a las gallinas.

En cuanto a ti, no permito que vuelvas a hablarme así delante de extraños, ¿está

claro? Si te preocupan tanto los extraños, ¿por qué las has hecho venir?

Es la hija de mi difunto hermano.

Pues por eso. ¿No piensas en las habladurías que habrá? Han sido

años, doce, para hacer callar a la gente. Y ahora volvemos al principio.

No tenemos de qué avergonzarnos.

Fue una desgracia, una tremenda desgracia y basta.

Sí, una desgracia tremenda. Pero nosotros, después de tanto tiempo,

pagar las consecuencias cargándonos con esa.

Podía haberse quedado en el convento. ¿No quería hacerse monja? Pues ¿por qué

lo ha hecho?

Antes de vivir, te debes conocer el mundo. Ahora eres mayor y debes saber a

lo que renuncias si te ofreces al Nuestro Señor.

La regla sí lo exige.

¿No es cierto?

Dígaselo usted, Sor Cádmida.

Así es, Alicia.

Nosotros te queremos mucho. No pienses que vamos a olvidarnos de ti. ¿Y qué

quiere decir conocer el mundo?

Ya lo sabrás, pequeña.

Lo sabrás a su debido tiempo.

Es muy bonito el mundo. ¿Y es realmente necesario conocerlo?

Y encima tonta.

Tendremos que ocuparnos de ella como si fuera una criatura. No, es verdad.

¿Ah, no? ¿Es que te has olvidado de lo que te dijo el médico del convento? El

médico solo dijo que necesitaba el calor de una familia para superar... Para

superar qué, Nicola? Pero, mujer, compadécete de ella.

¡Pobrecilla! ¡Es muy tímida!

¡Tiene solo un ligero retraso mental!

Además, si se le ayuda.

Y si tú te esforzaras por ser algo más amable... Escucha, Piachio, ¿ya está

todo? Casi hemos terminado.

Debemos estar llegando. Espero que tu tío haya ido a buscarte. No tenemos

tiempo para regresar.

Mira qué bonito, Alesia. Yo creo que ahí te encontrarás bien.

¿Entonces el mundo es esto? No, no solo esto, Alesia. El Señor ha creado muchas

otras cosas. La naturaleza, los hombres, la vida que continúa. Y tú debes, debes

intentar comprender todo lo que tu cabeza se ha resistido a comprender

ahora.

Pero... Después de que haya conocido y comprendido todo eso, ¿verdad que

vendréis a buscarme, hermana?

Claro, Alicia.

Como quieras. Si lo sigues deseando, dentro de seis meses volverás.

¡Señor Nicolás!

¡Qué invadido!

Señora, se tendría que pagar a los hombres y firmar los recibos. ¿Y por qué

se lo has dicho a mi marido? ¿Cómo se ha ido tan deprisa?

Claro, él tiene prisa y todos los líos me los deja a mí.

Continúen ustedes.

Vuelvo enseguida. Vamos.

Si quiere comprobarlo... ¿Y qué sé yo de todo eso?

Y yo que buscaba una niña cuando llegó el autobús.

Si no te hubiera visto con las monjas, no te habría reconocido.

Oh, muy bien, así me gusta ver.

Y pensar que ya tienes 17 años.

Parece que no pasa el tiempo.

Ya verás, Alesia, qué bien te sienta el campo.

Aquí el aire es bueno, la comida es sana y seguro que te pondrás más guapa.

Además, está tu tía Inés, ¿verás?

Yo... yo no me acuerdo de la tía Inés.

Naturalmente no la puedes recordar. Eras demasiado pequeña cuando te marchaste.

Y además todavía no estábamos casados.

¿Por qué no ha venido nunca a verme al convento? Siempre has sido tú solo.

Era necesario que alguien se cuidara en la granja, ¿sabes?

Hay tanto trabajo, pero ahora la conocerás. Verás que contenta se pone.

Aquí está nuestra Alicia.

¿Has visto qué guapa es?

Ya.

Alicia tendrá ganas de cambiar, de descansar. Enséñale su habitación.

Ven conmigo.

¿Pero a dónde vas?

Es que no es aquella mi habitación.

¿Y por qué tenía que serlo?

No sé por qué, me lo había parecido.

Estás equivocada.

Tu habitación está al fondo del pasillo.

Venga, vamos, date prisa.

Huele a cerrado.

No hemos tenido tiempo de limpiarla bien.

Lo harás tú, naturalmente. Las sábanas y la almohada están en el armario.

Ah, y dentro hay un poco de ropa.

Vestidos, blusas... Te lo ha comprado tu tío.

Eso es tirar el dinero.

Yo creo que podías haberte arreglado con algunas cosas mías.

Va.

¿Alecia?

¡Alecia!

¡Alecia!

Y Nicola dice que no es tonta.

Haz como mamá, Alicia.

Mira a la Virgen y a su hijo. En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu

Santo.

Amén. En nombre de papá.

¿Qué cosas dices, Alecia?

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo.

Amén.

Date prisa.

En el tiempo que tú llenas una botella, yo lleno tres.

Inés.

¿Qué quieres?

Ven un momento.

No has perdido el tiempo, ¿verdad?

¿Por qué?

Tan solo llegó ayer y ya... ¿Y ya qué?

Tiene manos igual que yo.

¿O pensabas quizá que yo iba a ser su criada?

Alicia, sécalos y ponlos en su sitio. Y cuidado con romperlos. Sí, tía.

Así no.

Da gracias a Dios de que no te ha visto tu tía. Menuda bronca.

¿Ves? Se hace así.

¿Qué pasa?

¿De qué te ríes? No lo sé.

¿Soy tan gracioso?

No.

Eres bueno.

Adiós, tíos. Voy a dar un paseo.

Hasta luego, cariño.

¡Alecia!

¿Por qué la dejas marchar?

Hoy es domingo, Inés.

Y el día de fiesta debe ser un día de libertad.

Entonces, ¿es esto el mundo?

No, no es solo esto, Alesia.

El Señor ha creado otras muchas cosas. La naturaleza, los hombres, la vida que

continúa. Y tú debes conocer el mundo.

¡Autón! Hay una chica que nos está mirando.

¡Que nos están mirando!

¿Pero qué dices?

Anda, vamos.

Vístete, vamos, vístete.

¿Pero qué es lo que buscas aquí?

Cecilia. Cecilia.

Yo no me llamo Cecilia.

Lo sé.

Ven, siéntate aquí junto a mí.

Ya sé que tú eres Alesia, pero te pareces tanto.

Eres tan hermosa como ella. Era tan hermosa tu madre, tan hermosa, ¿sabes?

Pobre niña, seguramente no te acuerdas de ella y ni siquiera de tu padre.

Yo, yo tengo que irme.

Vete. Pero vuelve a verme si quieres. Yo vivo allí.

Ojalá Dios ayude a curarte y a recordar, niña mía.

Cecilia. Cecilia.

Yo no me llamo Cecilia.

Lo sé.

Ven, siéntate aquí junto a mí.

¿Qué es eso?

Es Alesia.

Lo sabía, es una loca.

Mira, querido, estamos metidos por culpa tuya. Vamos, habrá tenido una

pesadilla. Es que solo tienen pesadillas los locos. Sí, sí.

Tendrías que mandarla con tu hermana o hacer intervenir a tu hermano para que

vuelvan a recluir en el convento. Es obispo, ¿no? ¿De qué te sirve entonces

tener un hermano obispo?

Basta, Inés, ya está bien. Alesia se queda aquí, en su casa.

¿Está claro?

Si piensas así, arréglatelas tú solo.

Yo me vuelvo a la cama.

No, no, no. Alicia, cálmate.

Estoy aquí contigo. Cálmate, Alicia, no pasa nada. Alicia, cálmate. Cálmate,

Alicia, te lo ruego. Cálmate.

Cálmate, no pasa nada, cariño. Ahora estoy contigo. Estate tranquila,

Trata de calmarte.

Cálmate, mi niña. Cálmate, por favor. Todo ha terminado.

Todo ha terminado.

Todo ha terminado.

¿De veras me parezco?

¿A quién?

A Cecilia, mi madre.

Sí, te pareces mucho.

Eres bonita y buena como ella.

Pero ahora duerme.

Fue un coche, ¿verdad?

Fue un coche la que la mató.

Las monjas siempre me han dicho eso.

Y las monjas no dicen mentiras, ¿verdad?

Las monjas no dicen mentiras.

Pero ahora duerme.

Yo me quedo aquí.

No tengas miedo.

Duerme, cariño.

¡Alecia, date prisa!

¡Alecia!

Ya va.

Aquí estoy, tío.

¡Alecia, escúchame! ¡No te portes como de costumbre! Mi hermana, ya lo verás,

una mujer exigente. ¡Quiere las cosas bien hechas! Sí, tía. Las dos hermanas

iguales.

Ya hemos llegado.

Al final del camino está la casa.

No te puedes equivocar.

Oye, tengo un montón de cosas que hacer en la ciudad.

Bancos, mayoristas... Los martes estoy muy ocupado. No podré estar aquí antes

las siete, siete y media como pronto. Si encuentras a alguien que te acompañe,

regresas. Si no, me esperas, ¿eh?

Que te vaya bien.

Adiós.

Me ha mandado Inés para lo de los colchones. Me ha dicho que lo tenía que

hoy.

Hoy no será posible. Ella no ha dicho nada.

Vuelve mañana.

¿Puedes acompañarme?

¿Yo? ¿A dónde?

A mi casa.

El tío me ha dicho que si no me acompañabais, debo esperarle aquí hasta

noche. ¿Y cómo voy a acompañarte? Yo no tengo ningún coche.

Vamos a pie.

¿A pie?

¿Y esta criatura?

Podemos llevarla con nosotras. A mí me gustan los niños.

Espera un momento.

Yuva.

Yuva.

Sí, sí, voy.

Tú tienes que bajar hasta los chalets, ¿no? Sí, es que no lo sabes. Tengo que

a buscar unas piezas para el tractor. Se ha estropeado y tengo que arreglarlo.

Entonces acompaña a esta chica a la granja de los Rateli. De todas formas,

tienes que pasar por ahí.

Caramba.

Yuva.

Bueno, ¿qué haces? ¿La llevas?

¿Cómo no la voy a llevar? Pues date prisa.

Claro que la llevo.

Ven aquí, anda, siéntate.

Sobre la barra, aquí.

Junto a mí.

Arrímate a mí.

No tengas miedo.

Qué caramazura.

Confía, confía en mí.

Yo monto muy bien en bicicleta.

Y no me gana nadie.

Y además me tienen envidia.

Puedes creerlo.

¿Ah, sí?

Aprieta aquí contra mí.

¿Te hace daño la barra? Acércate más.

¿Te has hecho daño? No, no.

Sí que te has hecho. Mira aquí. No, no, no tengo nada.

Sí, aquí.

No te preocupes, no es nada.

Lo siento.

Lo intentaremos otra vez.

No entiendo lo que ha pasado.

Me parece imposible.

Pero no te preocupes, que no volverá a pasar.

¿Volverás mañana?

No lo sé.

¿Seguro que no tienes ninguna herida?

No te preocupes por mí. Vete tranquilo. Adiós.

Ay, quién la pillara.

¡Vamos!

¿Cuándo tengo que usarlo? ¿Para ir al teatro o para la ópera?

¿Y a ti? ¿Te gusta lo que te he traído?

Sí, gracias.

Vaya con la señorita, tan remilgada e inútil.

Exactamente igual que su madre. ¡Inés!

Que se deje de tonterías y me ayude a poner la mesa.

¿Se puede saber por qué me miras así?

No sirves para nada.

¡Piacho, espera un momento!

¡Espera, quiero hablarte!

¿No ves que estoy trabajando?

He estado trabajando toda la mañana. Necesito hablar contigo. Te he estado

buscando. Te digo que no te acerques tanto.

Quiero que me escuches. Puedo soltarte con el tractor.

Necesito hablarte, Piacho. Por favor.

Está bien, hablaremos.

Escucha, Piacho.

Necesito que me expliques una cosa. ¿De qué se trata?

¿Tú conoces la cabaña que hay junto al estanque?

¿El refugio de los pastores?

A mí no me parecieron pastores aquellos dos.

¿Quiénes? Un chico y una chica. No los conozco. Cuando me vieron, se fueron

corriendo y sin decirme nada.

¿Por qué me tenían miedo?

No es eso. No querrían que les mirase nadie.

¿Tú crees?

¿Y a qué podían estar jugando?

Era un juego muy extraño, ¿sabes?

Como... como una especie de lucha rara, creo. Porque la chica gemía.

Gemía como los gatos cuando están llorando.

Debía haber ganado el zico porque estaba encima y casi la aplastaba, ¿sabes?

Y se movía de una forma curiosa, como si estuviera empujando alguna cosa.

¿Tú lo entiendes?

Lo entiendo, lo entiendo.

Tampoco comprendo otra cosa, que no es del todo igual, pero creo que el caballo

con la yegua hacía algo parecido.

Por lo menos eso creo yo.

¿Cómo es posible, Piacho, que los caballos hagan lo mismo?

Bueno, eso también lo hacen otros.

No solo los caballos y esos chicos. Sí, ya lo sé. También tú y la tía lo hacéis.

¿Qué dice?

¿Alegría?

¿Eso que dicen no es verdad?

Yo os he visto.

Fue el martes pasado.

¿Es posible que ya no te acuerdes?

Era el día que el tío se fue a la ciudad. Y la tía me mandó a hacerle los

colchones a su hermana.

Pero María Ángeles no estaba y por eso volví enseguida a casa.

Entonces os di.

Por eso quería hablar contigo.

Perdóname, pero como a los de la cabaña no los conozco y como los caballos no

hablan y tía Inés siempre está enfadada, solo tú puedes explicarme cómo se hace

y por qué se hace.

Porque quiero que me enseñes a hacerlo a mí también, ¿sabes, Piacho?

Oh, no.

¿Qué te pasa, Piacho? ¿Te encuentras mal?

No, no, estoy bien.

No sabes lo bien que me encuentro.

No sabes cuánto me alegro.

Entonces... ¿Entonces qué?

¿Cuándo me enseñarás a hacerlo?

No puede ser, Alesia. Tú... Tú no puedes hacerlo todavía.

Eres... Eres demasiado joven. ¿Pero qué dices, Piacho?

La chica de la cabaña tenía la misma edad que yo.

Pero... Pero tú eres... Eres una señorita, Ale.

¿Y qué?

¿Lo hacen solo las mujeres casadas?

Pues no.

No, solo que... Que tú...

En fin, eres virgen.

¿Virgen? Pero, Piacho, ¿cómo voy a ser yo la virgen?

Escúchame, Alesia. Yo no puedo enseñarte eso. Y basta.

Está bien, Piacho.

Si tú no quieres hacerlo, se lo pediré al tío. Él me hará ese favor.

¿Qué dices?

¡Espera, Alesia!

¡Alesia, espera!

Espera un momento, no te escapes.

Espera. Espera un momento.

Escucha, Alesia, tú has dicho que yo soy bueno. Por eso no querrás que me hagan

daño, ¿verdad?

Y ahora fíjate bien, tu tío no debe saber que yo y la tía, en fin, jugamos

dices tú.

¿Me lo juras?

¿Me juras que no dirás nada?

¿Pero por qué? ¿Es que el tío se enfadará si lo sabe?

¡Pues claro que se enfadará!

En otro momento te explicaré por qué.

Ahora, ¿me prometes que no dirás nada?

¿Y tú, tú también me prometes que me harás esa cosa?

Zorra, zorra, zorra escarosa.

Mira, ahí, estaban ahí.

No parece muy blando, ¿verdad?

Pero esto no debe ser importante.

Y ahora dime, si aquellos dos estaban desnudos.

Como estabais tú y la tía, ¿yo qué debo hacer?

Pues yo no lo sé. Haz lo que quieras.

Tu explicación no me sirve de mucho.

¡Piacho!

¡Piacho!

¿Por qué no te das la vuelta?

Dime, ¿está bien así?

¡Detente! ¿Qué quieres, vieja? ¡Dime!

¿Qué quieres tú? ¿Qué buscas?

Vegetorio, quítate de mi camino y métete en tus asuntos. Cuidado como me hablas.

Para mí todavía hueles a criada. No me impresionan tus aires de ganas. ¡Quítate

de en medio, Raquel!

Vaya, parece que te ha vuelto la memoria. Por fin recuerdas cómo me

No vayas allí. Te advierto que será mejor para ti. ¿Y qué sabes tú a dónde

Es posible que vuelvas a perder lo mismo por segunda vez. Ahora sería demasiado.

No lo soportarías, ¿verdad, Inés?

¿Qué quieres decir, vieja loca?

Vuelvete a casa, Inés.

Te lo aconsejo.

No puedes traerme así. No puedes.

Antes estabas encaprichado de mí. Ahora estoy casado, Inés. Tengo a mi mujer.

Ella es la única que me interesa. Grábatelo en la cabeza.

¿Por qué me dices eso?

Vete a tu casa. Quítate de mi camino.

Te ha gustado, ¿verdad? Dilo.

Confiesa que te ha gustado.

Por Dios, ¿cómo va a gustarme? ¿A qué vienen esas tonterías?

Sabes que no tenía más remedio que acostarme con ella.

No podía negarme.

Tú también estabas de acuerdo.

Si preferías que fuera a contárselo a tu marido, podías haberme lo dicho.

¿Y quién nos asegura que mi marido no lo sabe ya? Y que en vez de estar jugando

las cartas, está ahí mismo, escuchando detrás de la puerta.

No digas tonterías.

Tu marido no es tan listo como para descubrir lo nuevo.

Todo por culpa de esa estúpida. Dime, ¿le gustó a ella? Esa es más puta que su

madre.

Y su madre, puedes estar seguro, era más puta que nadie.

Y ser tan zorra fue lo que le costó la vida.

Pero no murió en un accidente. Sí, nos inventamos lo del accidente. Tú, como

llevas poco tiempo aquí, no lo puedes saber.

A Cecilia la mató su marido. Y después, él mismo se mató de un tiro en el

corazón. Aquella mujer fue la ruina de los Ratelli.

Pero no es verdad, Antonio.

Te lo juro por Dios.

Te lo juro por nuestra hija. No es verdad, créeme.

¿Y esto quién te lo ha regalado, eh?

No sé, nunca los había visto. Ah, ¿no?

Eres la mujer más despreciable, asquerosa zorra.

¡Alecia, a estas horas!

¡Soy yo!

¡Alecia, abre!

Ya voy.

Dentro de mí hay una terrible confusión.

Pero he sentido como si algo me estallara aquí.

Algo, algo que me ha hecho un daño terrible.

Es como si me hubiera despertado de una pesadilla espantosa.

Y ahora sé, sé que no era ningún sueño.

No era un sueño, ¿verdad?

Alicia... Ya sé que te han hecho mucho daño.

Pero es mejor que haya sido así.

Si no, nunca te habrías curado.

No lo hubieras sabido nunca. Tienes que recordar todo. Es necesario.

Quiero que me digas la verdad.

¿Es cierto lo que mi tía ha dicho de mi madre?

Dímelo. Tu madre era una buena mujer. Una buena mujer que tuvo la mala suerte

ser odiada por alguien. Y sin embargo... Solo se la podía querer bien. Y tu

padre la quería con locura. La adoraba.

Estaba loco por ella, pero alguien, alguien buscó la manera de que la matase

saber que él también acabaría muriendo porque no podía vivir sin su Cecilia.

No debes juzgar a tu padre.

Era un hombre bueno.

Todos le querían y le estimaban. Sí, Alesia.

Alguien le hizo enloquecer de celos. Alguien le incitó a matar.

En sus manos fue como una marioneta. Y yo sé, yo sé quién movía los hilos.

¿Qué has dicho?

He dicho que no me parece bien que la tía, pobrecita, ya no pueda jugar más

contigo solo porque ahora estoy yo. No creo que sea justo.

Sería mejor si jugáramos los tres juntos.

A mí me parece una buena idea.

¿Y a ti, Piacho?

Oh, Dios mío.

Oh, Dios mío.

Está completamente loca.

Completamente... ¿Qué dices, Piacho?

Habla más fuerte, no te oigo.

Decía... Decía que sí, es una buenísima idea.

Pero no se puede hacer, Alessia, porque... Oh, ya sé.

Tenéis miedo de que el tío Nicolás enfade. Pero no os preocupéis.

En último caso, puedo pedirle yo el permiso para que juegue la tía. No, no.

Alicia, me prometiste que no dirías nada al tío Nicola.

¿Recuerdas? Sí, claro que me acuerdo.

Pero yo no prometí preguntarle si la tía podía jugar con nosotros dos.

Oye, hagamos una cosa. Tú no le dices nada al tío y yo hablaré con la tía.

Pero me prometes que no dirás nada.

Me parece bien, Piacho. Pero debes decírselo enseguida a la tía.

No me gusta esperar cuando sé que puedo divertirme.

Enseguida, enseguida. Se lo diré enseguida.

Pero tú, silencio, te lo ruego. Vete a mi habitación y espérame

allí.

Yo les doy un buen pienso, amigo mío. Nosotros criamos los pollos a la vieja

usanza, no con hormonas.

Sí, pero cobráis demasiado caro si la gente no entiende.

Eso sí.

Pero la calidad se paga. Creo que deberíamos llegar a un acuerdo.

Don Nicola.

¿Necesitas algo, Piacho?

Sí, pero si está ocupado, puedo decírselo a la señora.

Está bien.

Los hombres están en el campo y tienen sed.

Yo no he conseguido encontrar las cajas de cerveza.

Yo creo que están en la cocina.

No, yo no las he encontrado.

Sería mejor que viniera usted.

Piacho, tienes razón.

Anda y no pierdas tiempo.

No oyes que los hombres tienen sed.

Vete con él. Aquí me las arreglo yo. ¿Cómo lo decía? El precio es bueno. Para

me parece caro.

¿Es posible que nunca sepas encontrar nada?

Es mejor que vengas.

¿Es que ha ocurrido algo?

Ahora te explicaré.

Eso no.

Es imposible.

Es imposible. Cállate. Van a oírte.

Ya no puedo más.

No puedo aguantar más.

Maldita sea ella. Y maldito el día que entró en esta casa.

Yo... Yo sabía que terminaría siendo nuestra ruina. Lo sabía.

Le ocurra un accidente.

Los domingos pasea sola por el campo.

Suceden tantas desgracias.

Estando la chica sola y tratándose de un ignorante.

Un maníaco.

O el estanque.

Se podría... Podría ahogarse.

bastaría solo que la empujaran.

Basta con que tú... Cállate.

Tú estás loca.

Si vuelves a decir una sola palabra más, eres peor que las bestias.

¿Y ella?

Hacer lo que ella quiere no es propio de las bestias. Es una enferma.

No me importa.

Eres solo un cobarde.

Pero te aseguro que si no lo haces tú, lo haré yo, ¿comprendes?

No, no soy un cobarde. Te lo demuestro ahora mismo, si quieres.

Hablaré con Nicola, hablaré con él y se lo contaré todo.

No, no, eso nunca.

Pues entonces no tenemos elección.

Dios mío, Dios mío.

Yo ni conocerá.

Tienes que ir a Bérgamo, a casa de su hermana.

Antes Inés quiere hablarte.

Hablar, hablar.

Siempre hablar.

Seguro que tienes que irte. ¿No puedes arreglarlo?

Ya sabes cómo está mi pobre hermana. Siempre enferma. Debo ocuparme un poco

ella.

Tu hermana no te necesita en este momento.

Eso es solo una excusa.

Quédate conmigo.

Estamos juntos tan poco tiempo.

Vamos, Inés, no seas niña. Además, no tardaré en volver.

Voy a estar fuera solo dos días.

Pero ¿cómo es que de repente te ocupas tanto de mí?

Que tengas buen viaje, tío.

Adiós, cariño.

Pero si el lunes estaré en casa, ¿por qué te lo tomas así?

Si vienen los de los piensos, encárgate tú, ¿eh? Te encargas de ello. De

acuerdo.

¿Entramos?

Vamos, tía. ¿Qué tenías que decirme?

Nada.

No quería decirte nada.

Vamos.

¿Por qué quieres ir a esa parte?

¿No vamos a mi habitación?

No, quiero hacerlo allí. ¿Pero por qué allí y no en mi habitación?

Porque sí.

¿Dispuesto?

Pues entremos.

Acercaos.

Uy, este es blando. No es como aquel de la cabaña.

Me parece que este es el más blando de la casa.

¿Por qué esta habitación nunca se usa?

Hay tantas cosas bonitas aquí. ¿De quién era?

No lo sé, no lo sé.

Piacho.

Desnúbate.

Desnúbate tú también.

Y yo le dije a mi hermana, tu hijo se viene conmigo, son sus últimos días de

seminarista y necesita divertirse, aire puro, descansar, ¿verdad? Apenas el

chico le ordena el sacerdote, se va voluntario a...

¿Cómo se llama este sitio?

Amazonia. Pues allí.

Si se muriesen todos, no puedo estar más harta.

Alessia, cariño, ¿te pongo un poco de licor en el café?

Vamos, anímate.

Inés, pero no le hará daño. Oh, Nicola, la veo paliducha. Estoy un poco

preocupada.

Gracias, tía.

Hola, bienvenido, señor.

Hola, Piaggio, ven.

Ven aquí.

No sé si debo...

Estoy todo mojado. No quisiera manchar. No te preocupes por eso. Aquí nadie

mancha nada.

Estamos todos en familia.

Ven, que quiero que conozcas a mi sobrino.

Encantado, padre. Bienvenido.

Ven, siéntate aquí. Anda, Piacho, siéntate aquí.

Inés, dale un café a Piacho.

Si no le molesta, tía, yo también le agradecería un chorrito de whisky. Aquí

tienes. En el seminario nos lo permitían siempre.

Ah, y cuando estés en ese país, ¿cómo se llama? Amazonia, tía, Amazonia. Eso,

¿qué harás allí sin esto? Dios me ayudará a soportar esta y otras muchas

privaciones.

Buen muchacho.

Alicia, te habrás aburrido mucho estos días. Con toda esta lluvia no habrás

podido dar ni siquiera un paseo.

Oh, no. Al contrario.

La tía y yo nos hemos divertido muchísimo.

Muchas gracias, querida tía.

La tía es tan buena.

Me ha dejado hasta dormir con ella.

Ella no quería estar sola porque... tenía miedo de los rayos.

Y de los truenos.

Estoy muy contento, ya lo decía yo.

Perro que ladra, no muerde. Y Inés es una leona con un corazón así de grande.

Esta noche, llueva o no llueva, me la llevo al cine del pueblo.

Buenos días.

La tía me manda para que te arregle la habitación.

Oh, no.

Puedes quedarte. No me molestas. Pero yo estaba en recogimiento.

Estaba rezando.

Puedes continuar.

Yo no hago ruido.

¡Ay, la cortina! ¿Cómo ha ocurrido?

No lo sé, se ha caído sola.

A lo mejor no estaba bien sujeta.

Ya. Por favor, ¿podrías ayudarme a ponerla? Sí, sí, sí, sí, sí. Enseguida,

enseguida.

La tiene.

Pero es que vas a ponerla tú.

Sí, no importa, lo haré yo. Dame la cortina.

La mano... San José de Santa María. San José de Santa María.

Vamos a dar un paseo. Nos veremos luego.

Hemos hecho muy bien al traer a este muchacho.

Estoy seguro de que se divertirá mucho.

Muchísimo, Nicola.

Muchísimo.

Voy a mojarme un poco los pies.

¿Por qué no vienes?

Vamos, ven.

Decídete, hombre.

Es que no puedo, estoy vestido.

Anda, ven, quítate los zapatos.

¿Te animas? Sí.

¡Ah!

¡Agárrame si puedes!

Suicidio, estoy aquí.

Acércate. Está lleno de cerezas.

Ahora te las tiro. Prepárate para recogerlas.

Ven.

Así.

Esto se tiene que comer en un sitio que yo conozco.

Ven.

Adiós. ¿Quién es?

Una amiga mía.

¿Dónde está ese sitio?

Míralo allí. Ven.

Ven, siéntate aquí.

Vamos, ven, siéntate. Esto está muy sucio.

¿Y qué importa?

Luego te lavas, ven.

¿Y cómo era ese juego extraño del cual me hablabas? Aquel que habías visto aquí

dentro.

Si supieras qué divertido era.

Me gustaría saberlo.

Luego, primero nos comeremos esto.

No, así no.

¿No?

Así.

Ese juego empezaba así.

¿Cómo continuaba?

Si quieres continuar, tienes que imaginarte que eres un niño pequeño,

Y chupar la leche de la mamá.

Ahí está, ya está ahí.

Ya era hora.

Hola.

Hola, querido, hermano mío. ¿Cómo estás, hermano? Nicola, querido Nicola.

¿Cuánto tiempo?

Demasiado tiempo.

Monseñor. Oh, querida, ¿cómo estás?

Qué placer volver a verme. Gracias, gracias.

Hola, Alessia.

Veo con placer que estáis todos magníficamente.

Pero especialmente tú, querido Nicola. Te lo agradezco. Sí, estamos todos bien,

monseñor. Veo que estos chicos están muy crecidos. Y ese debe ser el nuevo

encargado. Sí, es el nuevo encargado. Ya había oído hablar de él. Os bendigo a

todos, hijitos. ¿Quieren pasar, por favor? Sí, entra.

Usted también.

Pasen, pasen todos, por favor.

Vamos.

Mira, Augusto, para mí y para Inés es como si tuviéramos dos hijos.

Se notaba mucho la falta de alegría en esta casa.

Eso es, cierto, cierto.

Lástima que eso no sea por mucho tiempo.

Pero, por otra parte, cuando el señor llama... ¿Cuándo tienes que irte,

Dentro de dos semanas, reverendo tío.

Bien, bien, bien. Una santa decisión irte como misionero. Una santa decisión.

Y a propósito, Alesia, ¿es cierto que tú querías hacerte monja?

Aún no lo he decidido. Me encuentro tan bien aquí con los tíos.

En el fondo, la divina providencia es tan sabia, puede que a ti te haya

destinado otra cosa.

Un melocotón, por favor.

No, no, no. Pélalo tú, hijito. Hazlo tú. Es que la piel, ¿sabes? Me da un poco

de asco.

Por otra parte, pienso yo, no estaría mal que tú...

Te casarás con un buen chico, porque si lo pensamos bien, querido hermano, los

ratele amenazan con extinguirse. De todas formas, no tienes por qué

querido Nicola. Tienes una santa mujer como esposa.

Dos muchachos que son ángeles. Y aunque no hayas tenido hijos, yo creo que el

Señor no podía bendecirte mejor.

Sinceramente, eres un hombre afortunado, Nicola.

Tengo realmente una gran familia.

Ah, sí, el melocotón.

Muy afortunado.

Sí.

Esta vez te quedarás mucho con nosotros.

Dios sabe que me gustaría, pero no puedo, Nicola.

Pasado mañana debo estar en Roma para los oficios. Siempre nos alegra mucho su

visita. Muchísimas gracias, Inés.

Sí, se ha convertido en una hermosa muchacha.

Alexia ahora anda un poco distraída.

Aunque ha mejorado mucho desde que llegó.

Si lo hubieras visto en los primeros días... Pobrecilla.

Claro que Alesia, hasta hoy, no ha tenido mucha suerte.

Yo siempre he confiado en eso que dices tú.

Que encuentre un buen chico y que se case.

Oh, claro, claro.

Verás como el buen Dios concederá esa gracia. Ojalá.

Bien, ahora hablemos de negocios. ¿Te parece?

Por desgracia, este año las cosas no han ido muy bien.

Una granizada ha estropeado casi toda la cosecha.

Lo siento, créeme, pero me parece que para los beneficios tendrás que esperar

próximo semestre.

Esto es lo único que me faltaba.

Yo esperaba recibir algo, ¿sabes?

Había decidido abrir un nuevo centro recreativo.

Y con la subvención del Vaticano no me arreglo.

No tengo para nada.

Pues mira, no sé qué decirte.

Estas son las cuentas.

Revísalas.

Yo, yo mirar tus cuentas, Nicola, ni se me ha pasado por la cabeza.

Además, además, estoy seguro de que llevas las cuentas de manera

Pero mira, echaré un vistazo, ya que insistes.

En fin, miraré un poco. Qué asco de vida.

Viene solo dos veces al año, cuando es hora de cobrar.

Y cada vez es necesario venerarle como un santo en la iglesia. A los curas, qué

gente más detestable.

¿Por qué dices eso?

Luisito, por ejemplo. ¿Es tan bueno?

Sí, cómo no. Un cargante de cuidado.

Tía, el whisky. Tía, lávame las camisas. Tu tío no tiene otra cosa mejor que

hacer que llenarme la casa de parientes. Y no lo digo por ti. Tú sabes que te

quiero mucho.

Sí, ya lo sé, pero... ¿Pero qué?

Pero... A mí me gustaría que quisieras a Luisito tanto como me quieres a mí.

Pobrecito. Siempre rezando. No se divierte nunca.

No, Alessia.

No.

Oh, tía, no me digas que no.

Tú tienes que divertir a Luisito.

¿Pero por qué yo?

¿Por qué no lo diviertes tú?

¿Por qué no lo diviertes tú?

Yo, yo ya lo he hecho, tía.

Pero... estoy segura de que contigo se divertirá mucho más.

Lo haces tan bien.

Tú sabes tantas cosas.

Lo harás, ¿verdad, tía?

¿Verdad?

Si quieres que le pida permiso al tío Nicola, dímelo.

¿Quieres que le pida permiso al tío Nicola?

Señor, tú mismo dijiste que el espíritu es fuerte, pero la carne es débil.

La mía es muy débil. Señor, ayúdame.

Ayúdame tú. Te lo ruego.

Y yo sé quién movía los hilos.

Quería el hombre y la casa.

ha conseguido solo la casa.

Bueno, adiós, Alesia.

Vendré pronto a verte.

Te la encomiendo a ti, Inés.

No se preocupe. Hijito, a Luisito, que tengas buen viaje. Y ten cuidado en

Amazonia, ¿eh? Ten cuidado.

Adiós, Nicola. Querido hermano. Esperemos que el señor para el próximo

proteja nuestra cosecha. Confiemos en el señor.

Telefoneame. Y recuerda que el teléfono ha sido hecho también para hablar de

negocio. No lo olvidaré.

No lo olvides.

Adiós, hijos míos.

Que el señor os bendiga. Que así sea.

Buen viaje, Augusto.

Adiós. Adiós.

Adiós.

¡Adiós, Augusto!

Deberías plancharme un poco el traje. Dentro de una hora me marcho. No

encontrar el banco cerrado. Sí.

Gracias.

Acuérdate de tu promesa.

Sí, sí.

Raquel. Augusto.

Raquel, Raquel.

Un abrazo.

Oh, Raquel, qué alegría verte.

Ya ves, era nuestra ama de llaves.

Ha hecho de madre de todos. De Nicola, de mí, de la madre de Luisito y del

de Alesia.

Hice todo lo que pude, pero no sé qué tal lo hice.

Siempre bien, lo hiciste muy bien, querida Raquel, lo hiciste muy bien.

Ahora ven conmigo, te acompañaré a casa. Ayúdala a subir, hijo mío. No, si casi

estoy en mi casa y yo vivo ahí mismo.

Como quieras. Que Dios te bendiga.

Hasta pronto.

Hasta pronto.

Adiós. Adiós, Augusto.

Adiós.

Adiós.

Qué lástima, una verdadera lástima que don Nicolás haya ido.

Esta comida ha sido muy buena.

Inés, como cocinera, eres insuperable.

Sí, tía.

Eres buena cocinera.

¿Verdad, Luisito?

¿Por qué no le dices tú también algo bonito a la tía?

No es necesario que yo la alabe.

La tía siempre es perfecta.

Sí. Pero cuando quiere, sabe hacer cosas mejores.

¿No es así, tía?

Voy a hacer el café.

Para mí no, gracias.

Voy a echar un vistazo a los trabajadores.

Yo tampoco quiero café.

Voy a dar un pequeño paseo. Hace mucho calor.

Voy contigo. No, tú no.

No está bien que la tía se quede sola.

Hazle compañía.

Hace un calor hoy.

¡Alecia! ¡Alecia!

Por favor, no me atrevo.

Comprendes lo que te digo.

No, tía, me lo has prometido.

Entonces yo tampoco mantendré mis promesas. Yo tampoco.

Me habías jurado que mientras estuviera aquí harías lo imposible por divertir a

Luisito en nuestra habitación cada vez que el tío se fuera a la ciudad.

Me lo habías jurado, tía. Sí, sí, sí.

Está bien, está bien.

Está bien.

Espero que me haya salido bien.

Tía, ¿qué te pasa?

¿Te encuentras mal?

No seré capaz.

Puedo hacer algo por ti.

Tía, ¿pero qué haces?

No, no me parece bien todo esto. Por favor, déjame, déjame.

Tía, ¿qué haces?

No, no.

¿Te das cuenta de lo que haces? No, no lo hagas, tía.

No debes hacerlo.

No lo hagas.

Sí, sí.

Rápido, antes de la noche tiene que estar terminado todo.

¡Piacho!

Tú serás siempre para mí, ¿verdad?

Pase lo que pase.

¿Por qué?

¿Qué tiene que pasar?

Nada, Piacho.

No quisiera que te fueras de la granja, por ejemplo.

Espera un momento. ¿Por qué te vas tan pronto?

Déjame marchar. No quisiera que nos viese nadie.

Déjame marchar.

Déjame.

¿Pero por qué nunca me dijo nadie que era tan bueno?

Así, así.

¡Madre mía!

¡Qué maravilla!

Un gusto.

No tengo nada más que revelarte.

Te lo he dicho todo.

¿Qué estás pensando?

¿Qué tienes en tu cabeza?

¿Qué es lo que estás tramando?

No te lo diré.

Lo entenderás tú misma.

El día en que todo haya sucedido.

Solo te diré que falta muy poco.

Pasado mañana vuelve a ser martes.

Alesia, hace doce años que yo dejé aquella casa porque nada podía

que ya había sido destruido.

Ni siquiera la venganza. Por eso abandoné aquella casa.

Sin embargo, yo permanezco en la casa.

Y quizá consiga recuperar algo de lo mucho que me fue destruido.

Aunque hayan pasado 12 años.

Eras demasiado pequeña, no podías entender ni retener en la memoria. Te

amaban como jamás he visto a nadie amarte.

Nadie ni nada hubiera sido capaz de separarme.

Pero Inés lo intentaba constantemente.

Quería a tu padre y quería la casa.

¿Cuántas veces la vi perseguir a Antonio?

hasta que se le ocurrió esconder aquellos pendientes entre la sábana.

Fue la trampa definitiva.

¡Ah, Dios me perdone!

Yo no pude evitar nada.

Cuando más tarde vi aquellos pendientes, comprendí que eran de Inés.

Ella fue la culpable.

Ahora lo sabes.

Por fin se ha ido tu tío. Me moría de ganas de... ¡Alecia!

¡Alecia!

¿Pero dónde se habrá metido?

¡Alecia! ¿Pero qué haces aquí?

Tío, tío, sé bueno. Llévame contigo.

Me aburro tanto aquí sola. ¿Cómo que estás sola? Está Luisito, la tía...

Pero ellos se ponen a hacer sus cosas tan pronto como te das.

A Luisito antes le gustaba hablar conmigo.

Pero ahora, como la tía se lo lleva siempre a esa habitación que tenéis

cerrada... ¿Qué estás diciendo?

¿Qué es lo que dices?

Luis siempre le está diciendo que no, que no puede, que no le apetece. Pero tú

sabes, tío, lo persuasiva que es la tía Inés cuando quiere una cosa.

Alicia, ¿qué tonterías estás diciendo? ¿Tonterías?

Tienes razón, tío. Yo también he pensado que podrían ser tonterías.

Sobre todo eso de acariciarse desnudo sobre la cama.

Oh, Dios mío, sé bueno.

No me acordaba.

¿De qué no te acordabas? De que me habían prohibido decírtelo. Vaya, ahora

tía Inés me volverá a pegar como hizo la otra vez.

¿Cómo iba a saber yo que no quería ser vista de esa forma junto a Luisito?

Yo solo la estaba buscando.

Por eso abrí la puerta sin llamar.

No se lo digas, tío. No se lo digas. La tía Inés me mataría si lo supiese.

Yo no lo he hecho a breve.

Entonces Luisito y la tía en este momento están... En aquella habitación

está siempre cerrada.

Como siempre.

En cuanto tú te vas.

Pero en esa habitación.

¿Cómo ha podido llegar a tanto?

Pero, ¿qué te pasa, tío? ¿Por qué pones esa cara tan rara?

¿Es tan malo eso que hacen?

Por eso hoy Luisito decía que no quería ir.

Mala puta.

¡Mala puta!

Además seduce al pobre muchacho.

Sube. Sube al coche.

¿No quieres que le diga a la tía que ha regresado? No, haz lo que te ha dicho

Alesia.

Está bien, así lo haré.

Ahora vete.

Y procura que no te vean.

Tía, contesta.

Te había dicho que acabaría mal.

Yo no quería, tío Nicola.

Te lo juro.

¡Te lo juro!

Soy Nicola Ratelli.

Mandé a alguien a detenerme.

He matado a mi mujer.

Alicia, pequeña mía.

La tía ya no está.

Y el tío debe marcharse. ¿Dónde vas, tío? Lejos, vienen a buscarme. ¿Y cuándo

volverás? No lo sé.

Tardaré mucho, mucho tiempo.

Pero quiero que sepas que...

Que todo lo que hay aquí ahora es tuyo, Alesia.

Te lo dejo todo a ti.

Ahora, querida, debes hacerte pronto una mujer para hacerte cargo de todo.

Eres la cosa más buena y más querida que tengo.

Adiós, querida.

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.