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Amor mío. Vida mía. Rey mío.
¡Me voy!
No, todavía no, espérame.
¿Qué me da? ¿Qué me da? ¿Qué me da? ¿Qué me da? No.
Me he ido.
Es hora de levantarse. Hasta luego, cariño.
Pero, cariño, me vas a dejar así.
No sabes cómo me gustaría quedarme, pero la obligación es antes que la devoción,
y ya lo sabes.
El matrimonio y sus obligaciones son antes que nada. Y tú que eres sexólogo,
deberías saberlo.
Te prometo continuar esta noche.
Anda, dame un beso. El último.
No, nenita, es peligroso.
Llevamos dos horas dándonos el último beso. Y si no me doy prisa, llegaré
a la consulta.
¿Por qué eres tan cruel conmigo?
Ten cuidado, cariño.
No me cojas por ahí, que es mi punto flaco.
Además, siempre que me haces esto, termino por reventar la cremallera y ya
quedan pantalones.
Bye, bye.
Ya está bien. ¿Y me dejas así?
Bye, bye. Hasta luego.
Espera. Contéstame como sexólogo.
¿Qué solución aconsejarías?
¡Esta!
Gracias.
Gracias.
Pero, señorita Siana, ¿qué hace en mi despacho? Venga, vaya a atender a los
clientes. Son un rollo, jefe, son una lata.
Venga, fuera.
Vaya a atender a los clientes y arréglese un poco.
Perdón, doctor. No me gusta que vaya así por la oficina.
No es nada serio.
Sí, Boana.
¿Hay muchos pacientes para hoy?
¿Por qué no me contesta? Dos por lo menos.
¿Dos? Sí.
Bueno, ¿quién es el primero?
La señora Pardillo.
¿Pero esto qué es? Unas bragas.
Señorita, póngase las bragas.
Esta chica me pone nervioso.
¿Puedo pasar?
Pase, pase.
Está usted en su casa.
Siéntese. Bueno, póngase cómoda.
Confíe en mí y expóngame su caso.
Mire, doctor, si no confiara en usted no hubiera venido. Y créame que mi
problema es espantoso.
Bueno, los clientes siempre creen que su problema es espantoso.
Pero yo le demostraré que no lo es tanto. Hable, hable.
Mira, tío, no te enrolles ni me trates como a una enferma.
Estoy suficientemente acostumbrada a tratar con los hombres.
Bueno... ¿Qué quiere usted decir?
Actualmente soy una señora y me siento orgullosa de mi situación.
Pero soy lo bastante inteligente como para no olvidar que mi oficio de soltera
fue la prostitución.
Muchas veces nos obligan las circunstancias, ya se sabe.
Te estás enrollando, tío. No, no, yo era una puta vocacional. Y bien que me lo
pasaba, te lo aseguro.
Tenía que hacer verdaderos esfuerzos para no disfrutar con todos los hombres
se acostaban conmigo.
Pero eran tantos que llegué a temer por mi salud.
Ya. Y ahora, al estar casada, echa de menos su profesión, claro.
No das ni una, tío.
¿Le cuento mi problema o me lo piensa contar usted?
Perdóneme, siga.
Siga usted.
Se lo ruego.
Como le he dicho, yo disfrutaba con los hombres que subían conmigo.
Y mientras más subían, mejor me lo pasaba.
Y esta marcha la aguantaba mi cuerpo todos los días del año.
Hasta que él apareció en mi vida.
Guapo, ¿te vienes?
¿Qué?
Que si te vienes.
Bueno, ¿cuánto cobras?
No te preocupes. Te haré un buen precio.
Bien. ¿Si insistes?
No te arrepentirás.
Eso espero.
Era un poco tímido, aunque bastante atractivo y muy rico.
Todas las profesionales sabemos ver esto de una sola ojeada.
¿Me pagas, precioso? Son dos mil.
¿Te importas? Yo doy cinco mil.
Claro que no, generoso.
Pero lo que realmente me impresionó no fue su generosidad, sino lo feliz que me
hizo en la cama.
Su timidez desapareció en cuanto nos abrazamos y se me reveló como un hombre
una gran potencia... sexual.
Le amé enseguida y él a mí. Y como era lo suficientemente rico, me convirtió en
su puza en exclusiva.
Finalmente, entre los dos, nos dimos cuenta de que nada podía separarnos. Y
casamos. Y desde entonces vamos de puto culo.
Hijo, ¿sabes que eres un bruto?
Es que... estoy impaciente.
Cualquiera diría que no te comes una rosca.
Guapo. Y o bueno.
Qué hombre.
Te lo voy a comer todo.
Todo.
Ven aquí.
Ven con tu chocho lindo.
Ven a comerle el chile a tu nena que está que arde.
Ven, ven, bombero mío. Vamos, vamos.
Ven. Ya voy, cariño.
Ahora mismo me saco la manguera.
Ven.
¿Qué? ¿Te gusta?
No pares.
Sigue. No pares.
Todavía no.
No te preocupes, cariño. Será por las emociones del día.
Pero siempre lo habías conseguido. Y era precisamente lo que me excitaba a mí.
En fin, quizá tenga razón.
Vamos a dejarlo para mañana.
El
día
siguiente tampoco hubo manera, ni al otro.
Y aquello se repitió cada noche.
¿Y su marido qué decía?
Pues estaba desesperado, ya que mi problema era también el suyo.
Simulé sentir placer, pero él se daba cuenta.
Así que traté de excitarle.
¿No te gusta así, amor mío?
No puedo.
Lo siento.
Necesito verte gozar.
Es primordial para mí.
Si no, me siento humillado.
Siempre he sabido disfrutar a las mujeres.
Tú lo sabes.
Me siento fracasado.
Sabe, he probado de todo. De todo.
Hasta dejar las bragas en el empeño.
Pero no le gusta nada de lo que hago.
Y lo siento por mi esposo.
Por mí no estaría aquí.
Pero estoy preocupada.
Gracias.
La verdad es que desde que nos hemos casado no he sentido el gustirrinín.
Para mí es un problema.
Pero quien más me preocupa es mi esposo.
Bien. Creo que lo mejor será reconocerla físicamente.
Pase a la habitación contigua, por favor. La reconoceré allí.
Pase.
Túmese ahí encima.
Póngase cómoda.
Vaya quitándose las bragas, por favor. No hace falta, no llevo nunca.
Perfecto, perfecto.
Ponga las piernas aquí, si es tan amable.
Debo reconocerla detalladamente.
¿Qué es lo que piensa hacerle, doctor?
Vamos a ver. Oh, está roto.
Estos trastos son una porquería.
Es mejor hacerlo sin guantes. Se crea un clima mucho más...
Más íntimo.
Más agradable.
Sí, ya lo comprendo.
Relájese y no piense en nada.
Bien, vamos a ver. Sí, está mucho mejor.
Mucho mejor.
¡Qué bonito!
¿De verdad le gusta?
Tiene usted unos labios preciosos.
Espere un momento, por favor.
Voy a realizar una prueba.
Haga lo que quiera, doctor.
Estoy tan preocupada.
Bien.
Vamos allá.
¿Pero qué hace? ¿Se ha vuelto loco?
Sí. Loco.
Loco para usted.
Es tan maravillosa.
Tan bonita.
No puedo más.
Necesito... Necesito hacer la mía como sea.
Usted me obsesiona.
Desde el primer momento que la vi, supe que tarde o temprano caería en mis
redes. Quíteme las manos de encima. Vamos, no sea mala conmigo.
Déjame, déjame.
Seré muy cariñoso, de verdad. No, no.
Pero mujer, ¿a usted qué más le da?
Además, estoy dispuesta a pagarle todos sus servicios.
No, he dicho que no. Tenga, tenga.
Cójalo. Pero por favor, hágame disfrutar. Es usted una puta, cobra por
trabajo y le gusta.
Ahora soy una mujer decente.
Cójalo, vamos, no se resista.
Lo desea, disfrute.
No puedo más, no.
No puede evitarlo. Es usted una puta, le gusta.
Sí, vamos, vamos.
Córrase, se lo exijo.
Córrase. No puedo.
Sí, es usted una puta. No estoy enferma, ya no siento qué hacer. Córrase, es
usted una puta. Sí, sí.
Córrase, córrase, córrase.
¿Qué más? ¿Qué más?
No he corrido, doctor.
Estoy curada.
¿Está curada?
Estaba seguro.
Usted jamás ha estado enferma.
Su antigua profesión la tenía traumatizada.
¿Cómo? Que sufría deformación profesional.
Ah, ya.
Vaya vistiéndose y se lo contaré.
Usted estaba acostumbrada a cobrar por su propio placer.
Vamos al despacho, ¿le parece?
Y también por el de su cliente.
Bien, así está mejor.
Como buena profesional, se exigía esto mismo con todos los hombres. Ahora, sin
el pago por sus servicios, usted no consigue el clímax necesario.
Es posible.
¿Y qué puede hacer entonces?
Sincerese con su marido y exíjale el pago por sus servicios.
recupere sus tarifas y aplíquelas al matrimonio. ¿Pero sólo con eso? Me
encantaría iniciar un periodo de, digamos, terapia con usted.
Pero soy un profesional honesto, señora Pardillo, y no... Verá, señora Pardillo,
aquí le cuento a su marido la fórmula para que tenga
éxito en su vida sexual.
Doctor, no sé cómo agradecerle. Bueno, mi enfermera le contará cuánto
agradecimiento me debe usted.
Oh, me olvidaba su dinero.
Oh, no, no, por favor, por favor.
No rompa el encanto. Podría usted volver a recaer.
En la factura irán los honorarios que me ha cobrado.
Muchas gracias, doctor.
Que pase el siguiente, por favor.
¿Me permite, doctor?
Adelante. Pase, pase. Siéntese.
Mire, doctor. Estoy realmente preocupado.
Sé que me odian.
Temo hasta por mi vida.
Pero... ¿Quién le odia?
Los subordinados de la empresa de la que soy gerente.
Las chicas, sobre todo.
Y una en particular.
Está haciéndome chantaje.
¿Chantaje? Sí, bueno, yo le mando un sobre extra todas las semanas.
Ya.
Mire, señor... Jordán.
Ah, sí, Jordán.
Mire, yo soy sexólogo. Usted debería ver a la policía o a un detective.
Como Nero Wolf.
No, doctor, es que todos mis problemas provienen de lo mismo.
Pero déjeme que le cuente todo.
Lo primero que debe saber es que mis empleados me llaman la bestia.
Y la verdad, no sé exactamente por qué.
¿Sí?
Vale.
Bien, de acuerdo.
Pobre chica, la que le espera. No sé cómo puede aguantarla. Menos mal que
será la hora y nos largaremos de una vez.
Hay que ser imbécil para dejar la colilla encima del informe que le ha
de media pasar a máquina.
Le aseguro que en mi vida he tenido un empleado más inepto.
Se quedará usted hasta que haya copiado de nuevo ese expediente.
Lo que usted mande, señor Jordan.
¡A trabajar!
Creí que no llegaba nunca la hora de marcharnos. Hay que ver cómo está la
bestia.
¡Decía algo, oñate!
No, no, nada.
¡Vamos, fuera!
Y mañana no lleguen tarde. ¡Fuera!
Ahora es mía, toda mía.
Esto me suele ocurrir solo cuando estoy muy alto de presión.
Bastardo. Me las vas a pagar todas.
¿Quién te has creído que eres tú?
¿Perdo?
Vamos, desnúdate.
Desnúdate.
Vamos, estoy impaciente.
Y el látigo también.
¡Rápido!
Eres imbécil.
Arrodíllate ahora mismo aquí.
¡Vamos!
Bésame los pies.
¡Venga!
¡Vamos! ¡La memé!
Eso, como un perrito. Lame.
Digo lo que quieras.
Venga, ardíllate.
¿Te gustan?
¡Al suelo!
Te voy a montar.
¡Vamos! ¡Camina!
¡Al suelo!
Quieto. Mira.
Esto te va a gustar.
Necesito a esa chica. Y ella lo sabe.
La pago bien, pero no sé hasta cuándo podré aguantar.
Me gano la vida, pero no soy rico.
No puedo pensar en el día que no tenga dinero.
Creo que me suicidaría.
¿Qué me dice, doctor?
Hay que reconocer que su caso no es fácil.
El coeficiente de masoquismo se ha llenado muy avanzado.
Interrumpir estas sesiones podría ser traumático.
Espere un momento.
Veré las fichas.
No. Lo malo es que en este momento no tengo ninguna paciente con coeficiente
sádico para ponerles en contacto.
Entonces, no hay alternativa.
Veremos, tranquilo, tranquilo. No desespere.
Señorita Siana, señorita Siana.
Señorita Siana.
¿Me ha llamado, doctor?
Sí.
Haga usted el favor de desnudarse delante del señor Jordán.
¿Qué le parece?
Pues que está muy bien.
¿Puedo tocarla?
Sí, sí, tócala, tócala. Es de ébano.
Señorita Siana, el señor Jordán necesita unas horas de terapia masoquista a la
semana.
Bien, los miércoles de 8 a 9 los tengo libres de momento.
Estupendo. Yo creo que con una hora a la semana será suficiente de momento para
que usted no tenga que recurrir otra vez a su empleada.
¿Está usted de acuerdo? Me parece maravilloso. ¿Qué le debo, doctor?
La señorita Siana le dará nota.
Y póngase de acuerdo también sobre su tratamiento.
Vuelva dentro de un par de meses.
A lo mejor ya he encontrado una paciente con coeficiente sádico para usted. Así
lo espero, doctor.
Ya lo cojo.
Acompaña al señor Jordan. Venga, venga.
Vamos.
Ya me corté.
¿Diga?
Estoy desesperada. No hay nada que hacer.
Vamos a ver. ¿Qué te ocurre?
Tu remedio no funciona.
Es que ya he terminado con todas las pilas de la casa.
¿Cómo?
Bueno, si no hay más remedio, guárdalo para otro día.
Ya pensaré en otra solución.
No te preocupes.
Amorcito, luego vuelvo a telefonearte.
Ah, bien, estoy llamando a la puerta.
Buenas. Pase, pase. Vengo a comprobar el gas.
Muy bien.
Lo comprobaremos juntos.
¿Usted me dirá?
No quisiera hacerle perder el tiempo, doctor. En realidad mi problema no es
Y si estoy aquí es para satisfacer a mi marido.
Si no le interesa mi caso, puede decírmelo con toda franqueza.
Señora, en mi profesión no existen casos sin interés. Todos tienen su
importancia. Bien.
La situación es que mi marido y yo somos totalmente felices. Hemos superado
todas las etapas en las que los prejuicios nos hacían sufrir.
Días atrás llegué a casa, como todas las tardes, con la ilusión de abrazar a mi
esposo.
Buenas noches, amor mío.
¿Me has echado de menos? Ya sabes que sí.
¿Qué tal?
¡Qué maravilla!
Mira, te presento a Tony. ¿Cómo estás?
Hola.
Lo he conocido esta tarde en el despacho. ¿Verdad que es majo?
Una preciosidad. ¿Y tú eres rubio natural?
Es que no se me nota.
Bueno, yo tengo que irme.
No tengas prisa, iba a meterme en el baño.
A ver si me relajo.
No, de verdad, es que tengo prisa.
Ha sido una experiencia muy agradable.
Bueno, si quieres repetirla, ya sabes dónde encontrarme.
Es posible.
¿Ya te vas?
Tengo prisa, mi mujer me espera.
Dale recuerdos y dile que venga un día a cenar con nosotros. Me gustaría
conocerla, ¿verdad, Nacho? Claro que sí.
Hasta otra.
Adiós, señora. Encantado de conocerla.
Oye, pero bueno, ¿y esta quién es?
Mi mujer.
Bueno,
te acompaño hasta la puerta. No, no, no hace falta.
Ya sé el camino. ¿De verdad? ¿Eres mi invitado? No, ya le conozco el camino.
favor. Por favor, tú. Pasa, tú primero. No, no, pasa tú primero. ¿De verdad? ¿Tú
primero? Por favor, tú primero. Por favor. No, bueno, pues entonces los dos
juntos. Está bien, como quieras.
Estás preciosa.
¿Me ayudas? Sí.
Estás triste.
¿Acaso te has enamorado de Tony? No, no es eso.
Ya sabes que nunca podría enamorarme de otra persona que no fueras tú.
¿Entonces?
Es que pienso que yo soy tan feliz teniéndote a ti y a los otros que me
pensar que tú no lo seas.
Los demás hombres no me interesan. Solo me siento a gusto contigo.
Pero solo me tienes a mí.
Y a mí me gustaría que tú también probases las delicias de tu sexo.
Pero yo soy feliz así.
Pero yo no.
No me gusta gozar de unos privilegios de los que tú no disfrutas.
Quiero que seas libre como yo.
Y que me cuentes tus aventuras cuando llegues a casa.
Eres una mujer muy atractiva.
No te será nada difícil ligar con otras mujeres.
Lo necesito.
Créeme.
Solo te pido que lo intentes.
Sí.
Sigue. ¿Lo harás?
Sí. ¿Por mí?
De verdad.
¿Me lo prometes?
De verdad.
Lo intenté una y otra vez, pero no me atrevía. Los bares de lesbianas me
aburrían y tampoco me divertían los baños privados.
Así que Nacho empezó a traerme mujeres a casa para poder ligar con toda
tranquilidad.
¿Qué hago?
Nada, no funciona.
Tendremos que probar con otra.
Vamos.
Cariño, tranquila. Ponte cómoda. Tú cómoda.
Respira, respira.
Respira, respira. Así, así, tranquila.
Aquí está la otra. Veremos. A ver.
Con suavidad.
Con mucha suavidad. Eso es.
Empieza por las piernas. Bien, bien.
Muy bien.
Respira, respira.
Respira, respira.
Y ahora acaríciese suavemente el pubis.
Vamos a ver lo que dice aquí.
Para una mayor excitación, póngase de culo.
Vamos, ponte de culo. Eso, ponte de culo. Sí.
Hay que respirar bien.
Respira bien.
Ya, ya respira, ya.
No, no bajes las manos.
Sube, así, sube, así.
¿Qué tal? Bien, bien.
Sí, ha dormido. No funciona.
Tampoco.
Vamos, fuera.
Berta, despierta.
Berta, cariño, debes poner algo de tu parte. No puedo más.
Por favor.
Si no, nunca lo conseguiremos.
Berta, si se trata de estar tranquila, relajada. Mira, te traigo una francesa.
Mira, una francesa. Ya verás cómo te gustará. Sí.
Oye, si esta no lo consigue, tendré que ir a buscar más.
¿Ah, sí?
Ajá.
Hay que morder con fuerza los pezones.
Oye, ¿seguro que pone eso de los pezones?
Claro, aquí lo dice. Y este libro es mucho mejor que el Kama Sutra. Oye, ¿tú
haces? Deja pasar mi nariz. Vamos, fresca, fuera de aquí. ¡Qué fracaso!
No es nada, Berta, no es nada.
Tranquila, tranquila, puede pasar.
¡Que me viola!
Tranquilita, tranquilita.
Ay, Berta, ¿y ahora qué hacemos, eh?
Ay, olvidaré esa tontería. Vaya con la francesa.
No hay nada que hacer.
Ya lo tengo. ¿Qué?
Mira, igual que aquí.
A ver.
Fíjate. A ver tú, más para arriba.
Bueno, más o menos.
Mira, Berta.
Va, no hay nada que hacer.
Desde luego su caso no es grave, pero sí difícil de resolver.
No es fácil desviar la líbido de nadie, y menos de una mujer enamorada de un
hombre. Deme alguna esperanza, doctor.
Tengo colaboradores.
Mujeres que han estudiado técnicas de lesbo realmente eficaces.
Tengo miedo de fracasar de nuevo en los brazos de otra mujer.
Conozca una en particular que quizás sea la ideal.
Bien, presénteme a esa mujer extraordinaria. Le aseguro que pondré de
todo lo que pueda.
Ya está aquí.
No corras tanto.
Buenas.
Madre mía. ¿La manda el sexólogo?
Sí, claro que sí.
Pase, pase.
Enseguida le presentaré a mi esposa. ¿Has visto qué culo?
De locura.
La pobre, ¿sabe usted? No le gustan las mujeres.
¿Ah, no? No, no, lo que le digo, mírela, mírela.
Berta, cariño.
Aquí está la medicina que te recetó el doctor.
Pase.
Adelante.
Hola, guapísima.
Y ahora os vamos a dejar solas. Hola, tú eres Helen, ¿no? Queremos que estéis
tranquilas. Claro.
Tranquilas, tranquilas.
Perfecto, perfecto.
Adiós. Ven.
Un éxito. ¿De verdad? Sí, claro.
Cúrame. Seguro. Ya lo verás. Estoy deseando que acertemos. Me hace tanta
ilusión. Quiero que Berta sea feliz.
Me siento como si estuviera embarazado.
Amorcito.
Nacho. ¿Has oído?
Puedo asegurarte que está solucionado.
Vamos, Nacho.
Berta, cariño. ¿De verdad?
Dime que no me engañas. No te engañes. Díselo. No te engañes. ¿Me has liberado
de mis remordimientos? De todos.
Y además te diré que ha sido maravilloso. Nuestra felicidad está
gracias al doctor.
Tenía toda la razón.
Helen es una mujer excepcional. Un amante perfecta. Bueno, chata, tú has
colaborado lo tuyo. Tu mujercita Nacho es una fiera. Te felicito.
Y ahora me voy a tomar un baño.
Hasta luego.
Berta. Soy tan feliz.
Casi no acabo de creerlo. ¿Cómo te ha ido?
Eso, cuéntame los detalles. ¿Te ha gustado de verdad? Sí, cuéntamelo.
Oh, eres morboso, va, abrázame muy fuerte. Tengo unas ganas locas de
pues, yo también.
Os amo, os amo, os amo, os amo, os amo, os amo.
Oye, no vamos a dejar sola a Helen.
No, no, no. Va, vamos todos al baño.
Hola.
Ya estamos aquí. Sí, venimos a hacerte compañía. Fuera ropa. Eso, eso.
Qué bien.
Qué gusto da.
Ven, ven, cariño, ven.
Y ahora tú, mi salvación.
Y tú también, Toni.
¡Qué feliz me siento!
Y ahora juntos.
Bueno, ya me he remojado bastante.
Buenos días.
Pase, pase, siéntese.
Me llamo Josele.
Y trabajo como dependienta en una boutique para hombres.
Me gano muy bien la vida.
Porque realmente soy eficiente y muy profesional.
Hasta tal punto que no sé si mi profesionalidad me ha producido un
Buenos días. ¿Deseaba alguna cosa? Sí, estos tangas están bien de precio.
Si me sientan bien, me quedaré un par. ¿Qué color prefiere?
Naranja. Es un color muy cálido.
Vaya, justamente de ese color solo tengo esta talla.
Será demasiado pequeño. Déjelo.
No, no se vaya sin antes probárselo. Creo que le quedará perfecto. ¿Usted
Seguro. Pase y pruébeselo.
Verá que bien le queda. No sé si me sentarán bien. Estoy segura de que sí.
Entre.
Oiga, señorita.
Oiga.
¿Usted dirá?
Mire, yo quisiera una prenda de abrigo para ir de caza, ¿sabe?
Bueno, señorita, no puedo perder más tiempo con usted. Vamos al grano.
Espere, que ahora viene la clave de mi problema.
A ver, vamos a ver.
No sé, pero esta me parece demasiado pequeña.
Pruebes esta otra. Es una talla mayor.
Yo la ayudo a ponérsela.
Señorita, señorita. Un momento, por favor. Sí, vaya, vaya.
Esta no es mi talla.
¿Qué, le va bien?
No me los puedo ni poner.
Vamos a ver, abra la puerta y déjeme entrar.
Es que estoy desnuda.
¿Y eso qué importa? Yo soy una profesional.
Está bien, entre.
Le ruego me perdone el atrevimiento de hacerla entrar.
Mi cometido es servirle en todo.
Realmente es un problema.
Permítame.
Bueno, creo que si me toca la cosa se va a poner peor.
Me comprende usted, señorita.
Hay que perseverar y no darse por vencido.
El caso es que me gusta este y no otro.
Pues si a usted le gusta este, conseguiremos que le siente bien.
Si no le importa, voy a ponerme cómoda.
Los deseos del cliente son sagrados para esta casa.
Si se pone así.
Usted tranquilo, no se preocupe.
Es que me está poniendo muy nervioso.
Estoy segura de que entre los dos conseguiremos que le siente bien este
Vamos a ver.
Es usted muy eficiente.
Pero colabora un poco, se lo ruego.
¿Lo ve?
Le está hecho a medida.
Le va a la perfección.
Son 1 .500.
Sí.
Muchas gracias, señorita. A usted, caballero. Ya sabe nuestro lema.
Todo para el cliente. Es usted muy buena vendedora. Volveré, volveré otro día.
Le esperamos.
Ahora ya puedo atenderle. Usted me había pedido una cazadora, ¿no es así? No,
no, verá.
¿Qué se ha llevado el otro cliente? Un tanga de color naranja. Bien, entonces
quiero un tanga de color naranja.
Oh, lo siento, no hay.
Solo me queda azul.
Pues azul.
Me encanta el azul.
¿Puedo probármelo?
Claro que sí. Pase al probador.
Desde luego, merece un diploma como vendedora. Ah, por cierto, ¿en qué
trabaja usted?
Le ruego que me tome en serio.
¿Hasta dónde puedo llegar?
No se inquiete. El problema no es demasiado grave. Aunque hay que
solución.
En su caso, es muy simple.
Búsquese otro empleo.
Le aseguro que es muy práctico porque...
Aparte de los masajes parciales que me acabo de mostrar, tiene infinidad de
aplicaciones que a usted le pueden interesar.
Fíjese qué placer se siente, ¿eh?
¡Cómo me gusta!
¿Le gusta, señora?
Me encanta.
Es delicioso.
Siempre al servicio del cliente.
Doctor, su esposa está al teléfono. ¿Cómo dice?
Que su esposa está al teléfono.
Gracias, gracias.
¿Se puede?
Pase, pase. Muchas gracias.
¿Puedo sentarme?
Pase, siéntese, siéntese.
Dime, cariño.
Amorcito, ha venido el empleado del gas.
Señora, suélteme, por favor.
¿Qué es lo que ocurre? Es que es muy guapo y me apetece hacer el amor con él
mientras tú llegas. Pero, señora, ¿qué cosas dice? Déjame marchar, por favor.
No me parece mal. ¿Y por qué me llamas?
No quiere hacer el amor conmigo. Por eso he pensado que si tú le hablas... Está
bien, pásame. Venga, hable con mi marido.
Oiga, señor, perdone, pero yo le puedo asegurar que a su esposa no le he tocado
ni un solo pelo, se lo puedo jurar.
Haga lo que le diga a mi mujer. Ha sido ella la que me ha echado encima de la
cama nada más llegar.
Ha sido ella.
Oh, pero ¿qué haces?
¿No le gusta mi esposa?
Verá, no se trata de si me gusta o no.
A mí no me importa, hombre, a mí no me importa.
Según lo que me dice.
A usted no le importa.
Ya le he dicho que no me importa y además me lo voy a ahorrar.
¿De verdad que no le importa?
Es usted muy amable, señor.
Muchas gracias.
Así que adelante y que usted lo pase bien.
Le ruego que me perdone. No sabe usted cómo son las mujeres.
Estoy dispuesto a escuchar su problema.
Dígame.
Vera, hace poco que he contraído matrimonio con una chica maravillosa. La
mucho. Y ella me consta que a mí también.
¿Entonces?
Pues... En realidad es por culpa mía. Ya que después de un mes de matrimonio no
he conseguido tener relaciones íntimas con mi mujer.
¿Por qué dice que es su culpa? ¿Acaso no tuvo experiencias sexuales antes?
Sí. Y por esas experiencias me encuentro... Deja eso y estés quieto.
Explíqueme.
Explíquese. Verá.
No tengo más remedio que hablarle de mi padre.
Ah, bien.
Hábleme de su padre.
Te he dicho que no quiero puta en esta acera. ¿Y tú qué haces aquí, su
Vete y déjame en paz. No me voy porque este es mi lugar. Siempre has sido mío,
su asquerosa.
¿Cómo no te lo hagas? Te voy a rajar. Si me rajas, te doy un guantazo. Ay,
pierdete. Que no te vuelva a ver. Maricón.
Puta barata.
Te arrancaré los huevos, travesti del carajo.
¡Somaricón asquerosa!
Fíjate bien.
En cuanto veas una que te gusta, paro y le pregunto el precio.
¿Vale?
¡Jolines, papá! ¡Mira qué tía!
¿Qué quieres tú? Nada, busco una puta para el chico.
¿Y qué coño te crees tú que estoy haciendo aquí?
Perdone, no interesa. Anda que te azuzan.
Maricón, ala.
Pues a mí me gustaba, papá.
Ponte las gafas de los domingos, niño.
Es un travestí como la copa de un pino.
¿Y tú cómo lo sabes, papá?
Hombre, una mujer no es tan femenina.
¿Y aquella?
Ah, esa está mejor.
¡Eh! ¡Tú, acércate!
¡Aquí! Hola, guapos.
Escucha, ¿por cuánto harías un buen trabajo?
Depende de lo que quieras, rico.
Pues verás, una faena bien hecha para mi hijo. Y luego, si me gusta cómo
trabajas, harás otra conmigo.
El nene es novato, ¿no? Sí, señora, sí. Es que se nota.
Bueno, mujer, ¿y eso qué más da?
Serán 2 .500 pelas los dos y 1 .000 si es el niño solo.
Sí, papá, me gusta mucho.
2 .500.
Si te gusta, anda, vamos, sube.
Date prisa.
Tú indicas a dónde vamos.
Sigue. Más o menos cuatro manzanas a la izquierda.
Hay un solar bastante tranquilo. Y allí os haré un meneíto.
¿Cómo te llamas?
Guadalupe. Pa' servirle a usted y al niño.
Anda, para por ahí.
Te empollo.
Ahora conoceréis el talento de la Guadalupe.
Primero la pasa. Claro que sí, faltaría más.
Anda, págale.
Pago yo, ¿eh?
¿Cuánto le doy, papá? Dos mil quinientas, por supuesto. Yo no me
ocasión como esta. Venga, señora puta.
Bueno, ¿por cuál empezamos?
Anda, pasa detrás. Primero el niño.
Sí, primero yo.
Voy yo. ¡Ay!
¡Cabrón!
¡Papá! ¡Joder, papá! Es que está un poco nervioso. Lo veo todo alegre.
¿Dónde está?
Niño, papá. ¿Dónde está papá? No te asustes. Está aquí, aquí.
Tranquilo, hijo, tranquilo. No te preocupes.
¿Quieres ver mis tetas?
¡Oh! ¡Qué gordas, papá!
¡Oh, qué bonitas!
¡Joder, vaya domingas!
¿Te gustan, eh?
Anda, guapito, tócamelas que no muerden. ¿Puedo, papá? Claro.
Con su permiso, señora puta.
¿A qué son estupendas?
Parecen un flan. No me lo vayas a asustar, Guadalupe. Ya te he dicho que
debutante. Yo sigo, señora.
No te enrolles, Charles Boyer, que para ser debutante sabe muy bien lo que se
trae entre piezas.
Vaya con el niño.
¿A qué esperas, niño?
¡Bájate los pantalones!
Tranquilo, nene, tranquilo. ¡Joder! ¡Vaya trasto tiene el niño!
¡Es igualito que su padre!
¡Oh, papá!
¡No seas burro! ¡Así vas a terminar enseguida! ¡Aguanta, aguanta!
No seas cabrón. Si nos interrumpes tanto, no podré acabar con vosotros en
la noche. Y tengo que hacer más clientes. Chupe, chupe, que se baja.
¡Madre mía, qué culo!
Perdona, chica, es que me he equivocado de agujero, ¿sabes? No había malicia.
Sí, sí, menuda equivocación con el chirri que me gastó.
¡Papá! Esto es fabuloso.
¡Ay, la peluca!
¡La peluca!
Esto es mejor que encerrarse en el lavabo. ¡Es maravilloso!
Anda, mueva lo tuyo.
¿Qué me pasa?
¡Papá! ¿Qué me pasa?
¿Qué me voy?
No te asustes, hijo, que es normal.
¿Qué me voy?
Te he ido.
Y ahora al grano.
Regálame una cosita. Veamos si me haces un buen trabajo.
Sí, papá, regálame una cosita. Toma, cosita.
Toma, pelargón.
Yo también quiero salir al montón.
Ay, socavones, que me vais a hacer correr a mí también. Que no soy de
cuando me pisan, soy muy hembra y muy sensible.
Anda tú a lo tuyo.
¿Qué siento, papá? Ay, cómo me tiemblo las piernas, hijo. Ay, que me corro, que
me corro. Papá, no te corras. Ay.
Ay.
Ay.
Ay. Ay.
Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay.
Ay. Ay. Ay.
Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay. Ay.
Ay. Ay.
Ay. Ay. Ay. Ay. Ay.
Ay.
Ay.
Escupe. Guadalupe, escupe.
Desde aquel día... Uy, qué pinchazo.
Mi padre y yo volvimos a ir siempre juntos de putas.
Hasta el día de mi noche de bodas.
En que por más que lo deseaba, no conseguía... ¿Cómo se lo diría?
Concentrarme. Me faltaba el aliento de mi padre.
Claro que no podía invitarle a compartir el lecho conyugal. Entre otras cosas
porque mi mujer se hubiera negado.
Así que ya ve el dilema en que me encuentro.
Y no sé cómo salirme del atolladero. Doctor, me comprende, ¿verdad?
Amigo mío, su caso tiene fácil solución. ¿Ah, sí? Sí.
Haga cuanto le indico en mi receta y verá usted cómo logra vencer su
Cariño, ¿quieres darte prisa?
Se me está enfriando el coñito.
Ya voy.
Corre. Ya voy, nenita. En cuanto tenga el culo calentito, me lanzo sobre ti
haciendo el salto del tigre. Verás. A la una, a las dos y a las tres.
Veremos si funciona.
Esto es genial.
Parece que sí. No pensé que fueras tan potente.
Funciona. No me lo puedo creer.
Papá.
Ven, anda.
No, por favor. No seas malo. Que no, señora.
No insista, que no puedo más.
Vamos a por el cuarto, anda. Pero, ¿qué dice usted?
Si yo soy un hombre de uno al día y gracias.
Ande, ande, sea buena y llame a su esposo. A ver si puede acercarse y me
una mano, que la necesito.
Espere, espere. Pero, ¿qué hace?
Su esposa está al teléfono y fuera le espera al último cliente. Si quiere, me
pasa a mí. Está muy deprimido, pero con un par de polvos míos verá lo bien que
se pone enseguida. Y además está buenísimo.
Por favor, Siana, un poco de formalidad.
Sí, más.
Mire, en cuanto termine con mi esposa, haga pasar al tío bueno.
Como quiera.
Dime, querida.
Hola, cariño, ¿cómo estás?
Deme, deme.
Doctor, sálveme. Ya no aguanto más.
Hombre, tranquilícese. No se ponga nervioso.
Ya encontraremos una solución. Déjeme pensar.
¿Por qué no viene usted por aquí?
Y me deja marchar, ¿eh? ¿Le parece bien?
El caso es que no puedo, ¿sabe? Tengo una visita urgente. No puedo.
Pues haga alguna cosa, lo que sea, pero rápido.
Sí, sí. Si no quiere encontrar un cadáver en su casa.
Bien, ya está.
¿Por qué no llama a algún amigo suyo? Cuéntele de qué se trata. Seguro que
encuentra a alguien dispuesto, ¿eh?
Sí, ahora que lo dice, llamaré a Pepe. Él siempre está lardeando de echar más
polvos que nadie.
Lo ve, hombre.
Nunca hay que desesperarse por tan poca cosa.
Gracias, doctores. Usted es usted mi padre.
Señorita Siana.
¡Señorita Sianna!
Dígale al tío bueno que pase.
Sí, Boana.
Ah, hola, Doc.
Mira, vamos a dejarnos de rollos y nos tuteamos.
Bastante embarazoso es venir aquí a contarte mis intimidades, y como veo que
me va a quedar otra alternativa, creo que lo más práctico será dejarse de
puñetas. Sí, ¿qué le vamos a hacer? Tengo un problema, un problema sexual
cualquier otro hijo de vecino.
Supongo que es corriente.
Es usted, quiero decir, si eres casado.
Pues claro, hombre, verás, me casé con la mujer preñada. Si no, cualquiera me
hubiera pescado a mí.
Pero por el niño, ¿entiendes? Que si no, menudo soy yo.
Ya.
Entonces, ¿las relaciones sexuales con tu esposa...? Va a lo normal en estos
casos. Dos veces al día, uno por la mañana y otro por la noche.
Y cuando la parienta aprieta, puede que tres, pero sin ilusión. Como todos los
casados, pues la situación no es para menos.
¿Tiene relaciones con otras mujeres?
Más o menos como todos.
Verás... Si quieres, te contaré.
Sí, cuéntame.
Por la mañana, como ya te he dicho, suelo hacer el amor con mi esposa. Y
además de un placer, un sano ejercicio para despertarme.
¡Mamá!
Así me gusta.
Ven, ven aquí.
Después de hacer el amor, me dispongo a ir a la oficina.
Adiós, cariño.
Al salir de casa, normalmente, suelo encontrarme con la portera.
Buenos días, don Rafael.
Hola, Manolita. ¿Qué, hay noticias de tu marido? Nada, ya ve.
Total por un atraco de nada. Otros van matando por ahí y ni caso. Sí, ¿qué
quieres? A joder se tocan.
Eso es lo malo, que a joder se no tocan. Si no fuera por los buenos vecinos como
usted, se pasaría un al día en ayunas.
Pues date prisa, que ya voy tarde. Vamos.
Ay, sí, sí.
Dispuesta. Sí, don Rafael, a su disposición.
Esta escena se repite cada día desde que encerraron a su esposo en la prisión.
¿Y cuánto tiempo hace de esto?
Tres años, más o menos.
Ya.
¡Métemela rápido!
¡Métemela!
¡Qué polla más grande tienes!
¡Estás ladrón! ¡Pero qué bien me follas!
¡Qué polvo más bestia!
Tengo que irme. Sí, cariño.
Se me ha hecho muy tarde. Lo siento.
Adiós. Hasta mañana.
¡Qué hombre, qué polvo!
¡Madre, qué polvo! En la oficina hago el amor con la secretaria del jefe. La
chica no está nada mal y si se pone a tiro... ¿Quién soy?
Vamos, déjame, Conchita.
Vamos a hacerlo de siempre, venga.
¡Quieta! No, ven aquí.
Amórrate, va.
Así.
¡Ven! No te escapes, ven.
Así, perfecto.
Déjame trabajar, Poncho.
No, sí.
Si no haces lo que yo te digo, se lo diré al jefe. Ven.
Está bien.
¿Persupuesto?
¿Qué haces? Déjame irme.
Así.
¿Dónde vas? No me dejes.
Déjame respirar. Vamos.
Al mediodía voy a comer a casa de mi hermano. Queda cerca de la oficina y así
tengo que volver a casa.
Pero no creas que mi cuñada me da la comida gratis. Ni hablar.
Como mi hermano no llega hasta muy tarde, tengo que pagarle en especias.
para mí?
Sí, te gustará.
Ya verás. Te estoy preparando una cosa.
Que te vas a chupar los dedos.
Espera, no seas impaciente.
Espera un momento.
Estoy mejor así, ¿eh?
Me gusta, me gusta.
Mejor cada día.
Ponte aquí, continúa vaciando.
Me toca a mí.
¡Ay, los huevos!
Y por la tarde suelo visitar a una tailandesa que hace de masajista. Ya
de esas que se anuncian en el periódico.
Allí paso la mayor parte del día. Es formidable y no me cobra nada.
Y ya de vuelta a casa me encuentro cada noche indefectiblemente con mi vecinita
que está como un tren.
Y aprovecho el trayecto que hace el ascensor hasta mi piso para echarle un
polvo.
Comprenderás que en estas circunstancias tengo que proceder así.
Y ya, de vuelta a mi casa, mi mujer me exige que hagamos el amor hasta que se
queda completamente dormida.
Lo entiendo perfectamente, porque claro, he estado todo el día fuera de casa y
ella ha estado sin mí.
¿Y este trote sexual lo llevas cada día?
No, los domingos visito a una amiga. Ya sabes, una relación más íntima.
Bien, no veo el problema por ningún sitio. Tu vida transcurre más bien
generosamente.
No, si el problema no está en mi vida amorosa. Está, ¿cómo te diría yo?
Bueno, pues al grano. Estoy bastante preocupado porque resulta que cuando por
las noches, antes de irme a dormir, me masturbo, no sé, voy notando que cada
me cuesta más el correrme, ¿entiendes? Ah, es que usted además se masturba.
Sí, lo necesito para dormirme. Es una costumbre de cuando era chico.
Ah, bueno.
Bueno, comprendo.
En fin, veamos.
¿Usted con qué mano practica el onanismo?
¿Cómo? Que como... Ah, ya, pues siempre con la derecha.
Ah, pues ahí está el problema.
Está tan acostumbrado al cambio de pareja que la costumbre de masturbarse
misma mano se ha vuelto monótona. Y ahora, claro, le cuesta encontrar
Practique con la izquierda y al cabo de unos días, vuelva a la derecha. Vaya
variando y verá cómo encuentra placer de nuevo.
A eso se le llama pensar con la cabeza.
¿Diga?
Hola, cariño, soy yo.
Amorcito.
Es mi marido. No te pares, continúa.
¿Cómo dice?
No, no te hablo a ti.
Es el empleado del gas.
Ah, ya. Bueno, esta noche llegaré tarde a casa.
No te importa, ¿verdad?
No, ¿qué va?
Llega la hora que quieras. Creo que ya he encontrado la solución a mi problema.
Ah, claro.
Llamando a la compañía del gas.
Ellos lo solucionan todo.
Vamos, date prisa.
Oye, tú.
Que la parienta me está esperando. Coño, con la cola que hay no voy a joder
nunca. A ver si te das prisa.
Venga ya.
Cariño, tengo que colgar. Si no, luego se me agrupará todo el trabajo.
Adiós.
Doctor, al fin sonos.
Sí, muy bien. Y ahora vamos a solucionar mis problemas sexuales.
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