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Original subtitles

CANGUELO Y ARENA

¡Basta, basta!

- ¡Calma! ¡Ahora comienza la película! - En Nápoles, ¿verdad?

Sí, ¿qué tiene de malo?

¡Y con el barquito de siempre!

¡Y el mar que brilla!

¡La ventana que limpian!

¡Y los pescadores!

¡Silencio, señores!

Sí, sí, son pescadores, pero no los pescadores de siempre.

Pescadores serios, que pescan pescado serio, democrático,

que se harinan solos, y solos, democráticamente,

saltan a la sartén.

Luego la gente los come, se indigesta, se siente mal

y acude a la farmacia.

Ahí está, una pequeña y vieja farmacia en Vomero,

fundada en 1881 por el señor Giovannone.

Sí, lo conocen todos, es el inventor del famoso depurativo homónimo.

Una simpática farmacia a la antigua

llena de viejos remedios, de frascos, frasquitos, ¡de venenos!

Pero lo más venenoso, es la sonrisa de la señora Adele,

la viuda del fundador.

Buenos días, cavaliere.

¡Nicolino!

¡Nicolino!

¡Nicolino!

- Disculpe. - Por favor. - ¡Nicolino!

¡Nicolino!

- ¿Qué haces? - Piso. - ¿Las gafas en el depurativo?

- ¡Desgraciado, asesino! - Sinvergüenza, criminal... - ¡Sí!

- Siempre metemos porquerías dentro, las gafas están limpias. - ¡Oigan!

- ¡Voy, cavaliere! Atiende al cavaliere. - Estos cavalieri...

¡Demasiados cavalieri! ¡Cuántos cavalieri!

¡Vamos!

- ¿Qué desea nuestro hermoso cabezota? - Tengo una jaqueca…

Con esa cabeza, ¿qué quiere? ¿Que le duelan los pies? ¡Pues vaya!

- Deme una aspirina. - Enseguida.

No, no vale.

Esta tampoco. Un momento.

- ¿Esta vale? - Esperemos.

- ¡Nicolino! - Sí...

Honradamente le aconsejo una botella de depurativo Giovannone.

Especialidad de la casa, eficaz para el dolor de "Jaca".

- ¿Cómo? - Sí, dolores jaqueses. - No, gracias.

Cabezota, pero inteligente.

Por caridad... Póngase al día.

Ahora sí.

Mi tía está chapada a la antigua, 300 liras al mes, ¿y qué hago con eso?

Yo no robo, integro. Hoy en Italia, integran todos.

30 liras me las quedo yo, 300 me las da ella, y así "redondeo".

Querido cavaliere, las mujeres cuestan y yo soy hombre de mundo.

- ¡Voy! Hasta la vista, jaquesón. - Hasta la vista.

- ¿Ha comprado el depurativo? - No. - Pues te bajo el sueldo.

- Pero si no lo quiere nadie. - Hay que saberlo vender.

Verás cuando se anuncie en los periódicos.

¡Oh Dios! ¡La... cosa... la sirena!

¿Pero qué haces, cretino? ¡Todos los días igual! Es la sirena del mediodía.

- Lo sé, pero sigue siendo una sirena. - Aún tienes miedo de los bombardeos.

¿Cuánto te convencerás que la guerra se acabó?

¿Se acabó? ¡Se suspendió!

- Qué vergüenza. ¿Qué hombre eres tú? - Un hombre que tiene miedo.

Cada uno está hecho a su modo. Tú por ejemplo, no te ofendas, tienes bigote.

El cavaliere tiene un cabezón, este depurativo es un asco.

Yo, tengo miedo, y pase lo que pase,

guerras, terremotos, revoluciones, calamares fritos,

yo siempre tengo miedo.

Si me pusieran una ametralladora aquí, a la espalda, yo tendría miedo.

- Miedo y mujeres desnudas... - ¡Llámame tonto!

Yo soy un hombre de mundo.

Hoy es sábado, mediodía. Me voy de fiesta. "Auf wiedersehen".

- No. No te vas. - ¿Y por qué?

Hasta que no salga la publicidad con tu foto en el periódico, no te vas.

- Tenía que salir hoy. No sale, no te vas. - ¡Estos periodistas!

¡Maldición!

¿Oiga? ¿Gaceta de Nápoles? ¿Sección de publicidad?

Ciccillo, soy yo, Nicola.

NI como Nápoles, CO como cola, LA como música.

Eso, bien. ¿Por qué no ha salido mi fotografía? Quieres arruinarme.

¡Ay, con este depurativo!

Está bien, te lo publico por la tarde. Quédate tranquilo.

¡Maldita sea! Dame esa carpeta.

Señorita, ¿qué desea?

- Quiero algo para los ratones. - ¿Ratones?

¿Qué rata de razones... ¿Qué tipo de ratones?

Pequeños, grandes... muchos.

Comprendo, una especie de ratonotes. ¡Ah ya, es cierto!

Por tanto, llévese una buena botella de depurativo.

No bromee, deme algo para que mueran los ratones.

Aparte que esto mata incluso los caballos,

para usted tengo una buena "ratonomástica".

25 liras.

No.

Es usted muy bonica.

Perdone.

Es atigrado.

Muchacha, para los ratones es mejor esto.

- Gracias, don Nicolino. - De nada. ¡Adiós, belleza!

- Mira, he conseguido la foto del monstruo. - ¡Bonita!

- No lo han encontrado todavía. - ¿Cómo la conseguiste?

- Tengo un amigo en comisaría. - Muy bien. La pongo en 1ª página.

Gennarino, rápido, llévalo.

Un momento, esto también.

Ten cuidado.

- ¿Y ahora, cuál es la foto del delincuente? - Es esta, ¿no ves qué cara?

Tienes razón, tiene cara de asesino. ¡Ve!

El billete para Ischia, ida y vuelta. Desayuno, comida y cena.

Ve a darte baños de barro, no mires a las mujeres, no fumes, y diviértete.

- Se dice fácil. - Y el lunes a las 8, aquí.

Tía. ¿Y los gastos?

- ¿Cuáles? - Los gastos discrecionales.

Lo suponía, toma 10 liras.

Tía, me tienes consentido.

No te hagas el gracioso.

- La Gaceta. ¿Le han detenido? - No, a saber dónde anda.

- Ha matado a 15 mujeres. - 15 o 20.

¿Cómo hará?

Las seduce con su sonrisa.

- Y a medianoche las estrangula y las mata a cuchilladas.- Qué locura.

- ¿Ha salido la Gaceta de Nápoles? - Sí.

Guapa muchacha, ¿quieres venir conmigo a Capri?

Imagina: de noche, delante de los "faraglioni",

bajo las estrellas, a medianoche...

¡Pero qué les hago yo a las mujeres!

¡No!

No me parezco nada en la foto.

- Buenos días.

Entonces... No,

no me parezco nada.

- Limpia bien, que te mato si no. - No se preocupe, soy un especialista.

Después de tanto tiempo ahí encerrado...

un poco de libertad, ¡aire, sol, luz!

Y alguna mujer.

A mí las mujeres me gustan.

Las mujeres han sido mi ruina.

- ¿Hecho? - Sí.

- ¡Virgencica! - ¿Qué sucede?

¡No!

¿Oiga? ¿Hablo con la policía?

He visto al asesino subiéndose al bus urbano.

¿Cómo que no? Lo vi cómo se subía. ¡Corran al aeropuerto!

Vamos.

Está bien.

Está bien.

Vuelos con destino Bruselas, Londres y Sevilla.

Azafatas a los aparatos.

Vuelos con destino Bruselas, Londres y Sevilla.

Azafatas a los aparatos.

- Señorita, ¿ha visto dentro a un hombre? - ¿Ahí? ¿Un hombre?

¡Ojalá!

¡Machotes!

¡Qué fea!

¡Señorita, vamos!

¡Rápido! Quito yo la escalera.

¡Un momento, yo me bajo en la próxima!

- ¡Señorita! - Voy volando.

- Señora, diga. - Esté cerca. - Sí, señora.

- Es la primera vez que viajo en avión. - Y la mía.

- Ya me siento mal. - No me lo diga, yo también.

- ¡Señorita! - Voy.

- Diga, señor. - ¿Me desabrocha el cinturón? - Claro.

- No, gracias, ya lo hago yo. - ¡Maleducado!

- ¿Vuela a menudo usted? - Sí. - Entonces es un "volátil".

- ¿Cómo? - No, es que yo soy mamífero... que diga, mamífera.

- ¡Señorita! - ¿Quién es? - ¡Azafata! - Voy enseguida.

Aquí estoy.

- Señorita, ¿a qué hora se llega a Sevilla? - ¿Vamos a Sevilla?

- ¿Es que no lo sabe? - Sí. - ¿A qué hora se llega? - Yo qué sé.

- Vaya a preguntarle al piloto. - Está bien.

- ¡A Sevilla! - No, por allí.

Ah ya, "excuse me"... ¡A Sevilla!

Marisa, por favor, tráeme un café.

Enseguida. Oye, querido, ¿a qué hora se llega a Sevilla?

¡Fuera, horrible monstruo!

¡Gordo!

- ¿Y bien? - ¿Qué quiere que le diga? Hoy los piloticos están un poco nerviosicos.

Atención. Ha aterrizado el vuelo de Nápoles

con una hora de anticipo.

- ¿Una hora? Es un récord. - ¿Cómo es posible?

- ¿Qué ha pasado? - Déjenme. - ¿Se siente mal? - ¡Qué va!

Oigan, yo soy valiente como un león, estuve en la guerra,

y tengo un estómago de hierro, pero pobres de ustedes

si me vuelven a meter en el avión a un callo como ese.

¡Un momento, espere!

"Señorita", por favor.

- Señorita, ¿conoce Sevilla? - No.

- "Bueno, vamos". - ¿Pero adónde "vamos"? - "Vamos".

- ¡Cuánto hace que buscaba un ser como Vd! - ¿Cómo?

- Finalmente la he encontrado. - ¿Pero quién eres tú?

Es usted muy conocida, muchacha.

¿Todo listo?

¿Pero qué charla?

Chitón.

- ¿Es mucho? - Llega al techo. - Bien hecho.

- No entiendo ni un "cacho". - No importa, entenderá.

- Habitación 35, reservada. - Bienvenido, señor Cast.

¿Tiene dos camas, ¿verdad?

- Es mi hermana. - ¿Pero qué hermana? Si acaso, la FRATELLA.

- ¿Quiere firmar? - Sí. - Ahí está el gran Paquito.

- El torero más grande del mundo. - Tu amigo estará en Puerto Rico.

- Señor, ¿está lista la habitación 35? - Pero la habitación es del señor.

- Calma, ¿qué sucede? - La habitación es por Paquito, usted había prometido.

La habitación es mía y de mi hermana.

Pero Paquito es el torero más grande del mundo.

La habitación fue reservada y no pretendo cederla.

Un momento, llegan las admiradoras del gran torero Paquito.

Déjeme pasar.

¡Calma!

¡Menos "fuego", por caridad!

Mañana nuestro Paquito bajará a la arena, esta noche necesita descanso.

Al torero más grande del mundo. El club taurino femenino de Sevilla

...le ofrece esta muleta "de honor". - ¡Viva Paquito!

¡Paquito!

...y ninguna otra mujer en el mundo.

- Todo en orden, señor. - Muy bien, no queremos ser molestados.

Tú vete a la centralita.

- Y para... - Basta apagar las luces.

- ¡Por fin solos! - ¿Y ahora?

Y ahora...

Yo no soy una "muchacha", soy un "muchacho", es más, un MUCHACHONE.

Lo sé, lo sé todo sobre ti.

- Has matado a 17 mujeres. - No es verdad, Sr. Comisario.

¿Y esto?

Comisario, ¿se cree lo que dicen los periódicos?

No soy un comisario, soy un compañero tuyo.

- ¿Un farmacéutico? - ¡Un asesino!

Qué bien sabes matar a las mujeres.

¡Y todas a medianoche! ¡Qué clase!

Esas dos mujeres en el baúl... ¡Un poema!

Y además jóvenes, viejas, viejísimas... Las matas a todas.

Así querría haber sido yo,

pero nunca lo seré.

- ¡Nunca! - Vamos, no se desanime.

Es joven, ya lo hará...

Pero los hombres sí. A los hombres los mato fácilmente.

Si ahora tuviera que matarte a ti, sería una broma.

- ¡Una tontería! - Una nadería. - Una minucia.

- ¡Pero no lo haré! - Menos mal. - Me eres útil.

Cuando te reconocí en el avión, pensé que te mandaba la Providencia.

Yo el cerebro, y tú la fuerza.

Yo la mente, y tú el brazo. Pensamiento y acción.

¡Mazzini y Garibaldi! Sabía que acabaríamos hablando de política.

A propósito de política, ¿no se podría comer algo...

No, luego.

Ahora ven, tenemos que llevar a cabo una empresa.

Comparado con nosotros, Landru, Barba Azul, VERDU, son aficionados.

- Mira. - ¿Qué?

Espera.

- Mira. ¡Peces! - En el acuario de Nápoles hay tantos.

Mira otra vez, ¿ves aquella mujer?

- ¿Sabes quién es? - ¿Es la "pesca"? - ¡No!

Es la mujer más rica de mundo. La famosa millonaria americana Patricia Cotten.

- Ya ha tenido 12 maridos. - ¡Anda!

National City Bank: 1.200. North Corporation: 300.

Pan American: 28. Sin contar las galerías de arte, las escuderías

y el quintal de joyas. Tu patrimonio supera los dos mil millones.

¡Dos mil millones de dólares!

- Muchos estados europeos no tienen un balance como el tuyo. - Me aburro.

Antes de mañana por la noche, a medianoche, vence el plazo y serás pobre.

Pero seré más feliz. Date la vuelta, George.

Pobre Patricia, eres tan rica que tienes el deber de ser inteligente.

¡Fuera! ¡Fuera!

Qué pez más antipático.

No hay mujer que no te envidie. ¿Y tú quieres perder este tesoro de envidia?

Date la vuelta. Eres un cretino.

¿Cómo te lo tengo que decir, que esto me repugna? Caviar, langosta...

¿No entiendes que prefiero un trozo de pan seco incluso con un poco de moho?

Y con un poco de jamón en medio.

Te has casado 12 veces, ¿no quieres una 13ª?

¡13 maridos! Estoy cansada.

Ya lo creo.

Date la vuelta, George.

Mira Patricia, yo no lo hago por interés,

pero sería ridículo perder todo este dinero.

- Si no tienes nada mejor, cásate conmigo de nuevo. - ¡Oh, George!

Ya lo probamos dos veces y fue un fracaso.

Todos los demás maridos fueron un fracaso.

El campeón de tenis, el príncipe armenio, Sergio el cosaco...

El indio no estaba mal, pero tantas serpientes en casa...

Y siempre hipnotizándolas.

¡Fuera! Este pez debe ser del partido democristiano.

Si lo agarro, le doy un mordisco y le arranco la cabeza.

Fue mejor entonces Dupont, tan fino.

Stanislao, Olaf... Pero mi alma desnuda nunca la vio ninguno.

¡Lógico, siempre con este "pezao" delante!

Yo te entiendo, pero el testamento de tu tío está claro.

Por ahora, cásate con uno cualquiera, y luego lo eliges con calma.

No te lo prometo, no sé imaginarme el hombre con el que me casaré esta vez.

¡No, déjame ver!

- Déjalo. - Un poco más. - ¿Has oído lo que ha dicho?

- Ese hombre serás tú. - ¿Yo? ¿El 13º? Ni en sueños.

- ¿Y por qué? - Soy supersticioso.

Te casarás con ella, a medianoche la matarás

...y dividiremos el dinero a la mitad. - Tú eres tonto.

¿Tonto yo? Recuerda que si no haces lo que te digo, te denuncio.

- ¿Y cómo lo hago? - Es simple, la seduces.

- ¿Así vestido? - No, he pensado en todo, espera.

- Den las gracias a Paquito. - ¡Gracias!

- ¿Dónde está Carmen? - Tranquilo, Paquito.

Carmen está en la taberna de los toreros.

Vigila la escalera, y no te muevas de aquí.

¿Oiga? La habitación 35.

Quisiera algo de MAGNER. ¿Cómo? ¿"Comer"?

"Comer", MAGNER... Pero nada pesado, algo ligero.

Algo de pan, mantequilla,

spaghetti, carne, pescado... Bien, bien.

Carne, pescado... ¿Ossobuco? ¡Muy bien! Soy glotón.

Pero sin osso, solo el buco, porque el osso no lo digiero.

Fruta, queso, café y entremeses. De entremeses tomo pasta con judías.

Y un poco de bicarbonato. Todo esto para cuatro y, sobre todo, enseguida.

Hasta la vista. ¡Adelante! Vaya rapidez.

- ¿Cómo? - "Corazón". - ¿Qué hora son? Serán las 5.

¡Ah, corazón! Nada que hacer, señor.

Hay otro hombre en mi vida.

- ¡Yo lo mato! - Están todos ustedes locos.

Por favor, ayúdeme señorita, en la habitación de al lado

está una "muchacha" que me hace enloquecer.

Por favor, cédame su habitación, le dedicaré un toro.

- No se trata de toros, se trata de peces. - ¿Peces? - Sí.

Es un pez antipático que en el momento oportuno...

- Pero yo amo a esa mujer. - Ya la vi, no es una mujer, es un babà.

- ¡Traidor, sinvergüenza! - Carmen, calma.

¡Es la última vez que me traicionas!

Disculpe.

- ¡Sinvergüenza, delincuente! - ¡Abajo las manos!

"Bromas de manos, bromas de villanos".

- ¡Abajo las armas! - ¡Ven aquí!

¡Yo soy un hombre!

¡Oh Dios!

Señora...

¡Señora!

Oh Dios... ¿quién es?

- ¡Oh Dios! - ¡No! - Ha matado a una mujer.

¡Señora!

¡Han matado a una mujer en la 35!

- ¡Pobrecita! - ¡Han matado a una mujer en la 35!

- ¿Estás seguro? - Sí.

Han matado a una mujer en la 35.

- ¡Caray, demasiado pronto! - Siempre las mataba a medianoche,

ahora se pone a matar a las 18.30. Vamos.

- ¿Dónde está? - Aquí dentro.

- ¿Ese era el cadáver? - Me parecía. - ¡Vuelve al servicio!

Mil perdones, señor.

- No me diga que tiene mujer. - No. - No me diga que tiene prometida. - No.

Escuche bien, Patricia se ha fijado en Vd, pero odia a los hombres que comen.

- No se deje ver comiendo. - No tema, aquí no se come nunca.

Nos veremos esta noche en la taberna de los toreros. Si Patricia se casa con Ud,

...vamos a medias. ¿Cómo se llama Ud? - Nicolino Capece.

- No me gusta. - A mí tampoco. - Le llamaré Nicolete.

Es un nombre de torero, de gran torero. ¿De acuerdo?

De acuerdo. Hasta esta noche.

¡Qué idea! Vestirse de torero, ¡Bravo! La has seducido, ¿eh?

Esta noche en la taberna harás el resto.

Ve a reservar la mejor mesa. ¡Corre!

Disculpe.

- ¿Qué hora es? - Calma, ahora viene.

En la plaza de toros de Sevilla solo un nombre se oye murmurar.

En la arena, cuando entra la cuadrilla,

a Paquito solamente se oye aclamar,

solo a él, la espada, fuerte y atrevido.

¡"Lindísimo" Paquito, el rey toreador!

Solo a él que juega y "mata" al toro...

Que viva el gran Paquito, el rey toreador.

Caballero de la muerte, caballero de mi vida,

haz honor a la corrida, pero al destino no afrontar.

Todo corazón de "señorita" está unido a tu vida.

Por eso yo brindo a otra flor de juventud.

Paquito "lindo",

mi amor eres tú.

- Paquito, mira, ¿quién es? ¿Lo conoces? - No.

Pero conozco a su hermana. Es azafata de vuelo.

- Ella no ha llegado, pero está Paquito. - Entonces aprovecho para comer algo.

Pues date prisa.

Algo de "comer", o sea, de MAGNER.

- ¿Ese, torero? - Ni te ha saludado.

¿Hacemos la prueba? ¡Pablo!

La bebida del "fuego" al señor.

¿La bebida del "fuego"? Bien, señor.

Si resiste, es torero de verdad. Si no resiste, es un impostor.

Te miran.

Recuerda que eres un torero.

¿Se puede saber qué haces?

Hago el torero y tú eres el amigo del torero.

- Listo, señor. - Probemos.

- Ahí está. - ¡La americana! - Qué guapa es.

¡Ahí está la americana!

- Mi querido y viejo amigo Nicolete. - ¿Qué tal?

Patricia, permite que te presente al torero más grande del mundo.

- Pero yo ya la conozco. - ¿Me conoce? - Casi toda.

Si no fuera por el pez, toda.

- ¿El pez? - Ya.

Por favor, siéntense.

- ¿Le gusta este local? - Es interesante.

- Pero hay un terrible olor a pollo asado. - Ya.

Con las patatas fritas, eh, ¡qué nausea!

- No, ¿qué beben los toreros? - "Manzanilla".

Entonces "manzanilla" para "todos".

Qué raro es usted. Yo lo he visto todo en mi vida.

He visto los lagos suizos, el Círculo Polar ártico...

pero jamás una cara como la suya.

Mira Patricia, aquí se habla de él. "El asesino de medianoche".

- ¿Qué significa? - No es cierto, son calumnias.

Valeroso y modesto. Sería un marido ideal.

- ¿Qué significa "asesino de medianoche? - Está claro.

"El matatoros de medianoche", el torero de medianoche.

- ¿Hace las corridas de noche? - Sí, hay menos gente, son más íntimas.

- En Nápoles se hace así. - ¿Es usted de Nápoles? - Oriundo.

Exagerada tu madre, que robó dos estrellas para hacerte esos ojos bellos.

Galante.

Loco tu padre, que robó a las rosas el color de tus labios.

Señorita, tu abuelo era un criminal.

Y el delincuente de tu padre, que robaba cigarrillos en el Monopolio

para hacerte los ojos color tabaco.

¿Sabes qué dicen de ti? Que eres "bona", y yo soy un hombre de mundo.

Se aprovecha porque Carmen está arriba cambiándose.

- ¿Qué haces? ¿Dejas que te la lleven? - Cuando la devuelva.

- ¿Qué torero eres? - Debe responder a la ofensa.

Señor, la bebida para usted.

- ¡Oh, George! - ¡Patricia!

La americanita la quiero para mí.

- ¿Qué sucede? - ¡Qué hombre! ¡Ese sí que es un hombre!

- ¿Adónde vas? - A dormir. - ¿A esta hora? - Mañana toreo.

¡Paquito, te vigilo!

¿Y ahora?

- ¿Has decidido? - Quizá sí. Nadie me había besado así.

- ¿Entonces te casas con Nicolete? - No sé, besa tan bien.

Pero el otro, Paquito, baila tan bien.

Lo importante es que te casas antes de mañana a medianoche.

Nadie me había besado así.

¡Es él! Vete, déjame sola.

Has venido por mí,

bella desconocida.

Yo sé porqué.

Porque sabías que te esperaba solo para vivir contigo.

Mensajera de amor,

has venido del mar.

Qué hermoso es amar.

Esto es España, reino de sueños

que te sabrán encadenar.

Aquí abajo encontrarás

amores jamás encontrados.

Cuánto misterio en ese hombre. Es feo, pero simpático.

Brusco, pero lleno de sentimientos.

Un pobre pequeño, y el último de los románticos.

Canciones jamás escuchadas

que no olvidarás jamás.

Jamás.

Son tan hermosos tus ojos.

- ¡Deja estas tonterías! - ¿Tonterías?

¡Sí! ¿No ves que tu rival está haciendo una serenata?

Se ve que ya ha comido.

- ¿Quién es? - Mira.

- ¿Qué haces? ¿Jugar con el columpio? - No, querida, no. Escucha...

- ¿Adónde vas? - A la cama. - ¡Te llevo yo a la cama! - Calma.

¡Paquito, ven aquí!

¡No te subas al árbol! ¡Baja ya!

Y ahora, ve donde ella. Ve, o te denuncio.

- ¡Denúnciame! - Pues te quedas sin bocata. - ¡Malditos canallas!

- ¡Me atacáis al honor! - Vas, la seduces, y luego comes.

- Primero el trabajo, luego el placer. - Bésala, pero no demasiado,

sedúcela, pero no demasiado. Si no, no se casará contigo.

¿Pero cómo lo hago? ¡Es imposible!

Pero mira... Está altísimo, necesito una escalera.

¡Baja del árbol!

- ¡Extraordinario! ¿Cómo lo has hecho? - Yo qué sé...

...pero si encuentro al que me ha dado el empujón... - Siéntate, querido.

Siéntate así.

- ¿Mejor? - Sí, gracias.

¡Qué noche!

- ¡Qué cielo! ¿Ves las estrellas? - ¿Cómo? No.

Mejor. Cosa mala si estuvieran. La luna, el mar, las estrellas...

¡Qué asco!

Soy romántica a mi modo. Amo las nubes, la tempestad. ¿Y tú?

Yo también. Los ciclones, las tormentas marinas...

¿Eres fatalista, pesimista o existencialista?

Realmente... soy farmacéutico.

- ¡Extraordinario! - Lo sé.

Di... ¿te casas conmigo?

- ¿Cuándo? - Ahora mismo, esta noche.

¿Quieres?

- No puedo. - ¿Tienes celos del pasado? - No.

- ¿Hay una mujer en tu vida? - Sí. - ¿Quién es? - ¡Oh Dios!

- Es mi tía, pero no cuenta. - Entonces no te gusto.

Sí, me gustas... ¡Y cómo!

- Pero no puedo. - Comprendo. - ¿El qué?

Temes que todo mi dinero pueda destruir nuestra felicidad.

Pero qué importa, nos desharemos de él, viviremos desnudos en la playa.

- Solos, bajo la lluvia. - ¿Sin paraguas? - Sí.

- ¿En en fango? - Sí. - ¿Haciendo "chac" con los pies? - Sí.

- Con katiuskas. - No. - Una katiuska cada uno. - No.

- ¡Una katiuskina! - No, solos en la lluvia a pies descalzos.

¡Oh, Dios!

¿Qué te pasa?

Me he resfriado. A pies descalzos, sin paraguas, en el fango...

- ¡Qué sensible eres! - ¿Dices? - ¡Qué extraño eres!

¡No! Dices, dices, ¡Patricia!

Casémonos ya.

- No puedo. - Si me dices que no, me matas.

No si te digo que no, pero sí si te digo que sí... Escucha.

- No puedo hacerlo. - ¿Por qué, querido?

Si me caso contigo estoy obligado a matarte.

- ¿Por celos, querido? - No, se trata de un potaje...

- ¡De chantaje! - Si es un potaje, lo pago yo.

Eres bella y rica pero no entiendes un pimiento. Escucha...

- ¿Esto qué es? - ¿Un puñal? - No, la espada de Temístocles.

- ¿Qué? - ¡La espada de Arístides! - ¿Arístides? - ¡La espada de SARCÓFAGUES!

- ¡Ah, la espada de Damocles! - Sí, bueno, son parientes.

- Es un grave peligro sobre tu cabeza. - Divertido.

- ¡Oh Dios, la... la cosa! - ¿Qué cosa?

- ¡La sirena! - Es el cambio de turno en la tabacalera.

- ¡Sigue siendo una sirena! - Querido, tranquilo. - ¡Tengo miedo!

- ¡La sirena! Qué sirena hermosa. - Cálmate, querido.

- ¡Qué miedo! ¿Quién va? - ¿Qué quieren ustedes?

Somos "los banderilleros" de la cuadrilla de Nicolete.

- A medianoche los toreros se van a dormir. - Mañana hay corrida.

Es cierto, qué bonito. Nicolete, ¿tú también irás a torear? - ¿Yo? - Sí.

- Paquito me ha dedicado un toro. ¿Tú qué me dedicas? - Una langosta.

Buenas noches.

- ¿Qué estabas montando? - ¡Esta señorita me ha hecho perder la cabeza!

Yo también sé que es guapa, pero si la matas antes de casarte, nos quedamos sin dinero.

Mimì, mañana por la noche me casaré con un torero.

Abogados, millonarios, con todos me casé.

Me faltaba el torero.

- Ahora vete a dormir. - ¿A dormir? ¡Fácil de decir!

- Oye, ¿qué es esta historia de los toreros y corridas? - Tranquilo.

- Yo soy tu amigo. ¿Te fías de mí? - No. - Pues ve a dormir.

Si pudiera comer alguna cosilla...

Precisamente, "mañanar".

- Es tarde, cerrado. - ¿Entonces? - "Mañana" por la "mañana".

- ¡Aquí no se "mañana" nunca! - ¡Es "noche"!

¡Tampoco las nueces*! *confunde "noche" con "noci"

¿Oiga? Sí, señorita, soy yo. He llamado a Nápoles.

¿Hola? Nicolino, ¿eres tú?

- ¿Dónde estás? - Estoy en Sevilla... en Ischia, en SEVISCHIA.

¿Pero qué haces? Vuelve ya, se ha aclarado todo.

¡Verás la gente en la farmacia! ¡Eres un héroe!

Todos quieren conocerte.

¿Oiga?

- Si estuvieras aquí, no te salvarías. - ¿No me salvaría? ¿Oiga?

- La farmacia está vigilada por la policía. - ¿La policía?

¡Tu nombre está en boca de todos! Y pensar que eres joven, tienes 30 años.

¡30 años! ¿Con la condicional?

- ¿Oiga? - ¡Señorita, por cortesía!

- ¿Dobla? - ¿El doble? ¡Entonces son 60 años!

¡Es peor que la perpetua! Pero yo recurro en el Supremo.

Bien. Ya estás despierto.

- ¿Cómo te sientes? - Bien. La policía, la farmacia invadida,

- ¡60 años con el recurso! - ¡Muy bien! ¿Entonces tranquilo? - Sí.

El regalo para la americana. El anillo y los guantes.

- ¿Los guantes? - Para cuando la estrangules.

¡No querrás dejar las huellas dactilares!

¡El mismo error que cometiste en la calle Salaria!

- Vístete, y vamos a ver los toros. - Soy torero de bocota... ¡de boquilla!

- A torear vas tú y tu familia. ¿Entendido? - ¡No, tranquilo!

Yo tengo interés en que mueras, antes del golpe.

- No puedes torear, no estás en el sindicato. - Ya.

- ¿Estás en el sindicato? - No. - ¿Te fías de mí? - No.

Pues vístete y vamos a los toros.

- Pido la palabra. - ¡Me opongo!

Este es el círculo de las aficionadas del torero Paquito.

¿Qué tiene que ver el torero Nicolete? ¡Traidoras!

Nicolete no está en el sindicato pero debe torear y cubrirse de gloria.

No debe torear, sería la 1ª vez en la historia de la tauromaquia

que un extranjero baja a la plaza sin permiso.

- Lo dices porque tienes miedo de Nicolete. - ¿Miedo?

- Temes que ensobre a tu Paquito. - Nicolete no debe torear.

- ¡Sí, debe torear! - ¡Nicolete no debe torear!

TODOS LOS MONTECITOROS* SON IGUALES *hace referencia al Montecitorio

- ¿Triste? - ¡Lógico, no me dejan torear!

- ¿Es segura la historia del sindicato? - Mucha. - Menos mal.

- ¿Y dónde vamos? - Vamos a los toros.

"Vamos", TESOR. ¡Que Dios nos asista!

45 sí, uno no.

- El presidente no os dará permiso. - ¡Cómo que no! Es mi marido.

Propongo una comisión que lleve la invitación a Nicolete.

- Qué buen toro. - Lástima que no pueda torear.

- El sindicato no lo permite. - Otra vez será.

- No, yo quiero ahora. - ¿Qué toro elegirías?

Para mí estos son vaquillas de leche. Elegiría aquel.

Es majo ese mamífero, además lo veo avispado.

"Señorita", hoy el primer toro se lo dedicaré a usted.

- ¿Acepto? - Claro. Total, ¡yo no puedo!

- ¿Es cierto lo del sindicato? - Sí, aquí está la negativa. - ¡Menos mal!

¡No sé qué podría hacer para poder torear hoy!

¿Qué quieren éstas?

Nicolete, el Club Taurino Femenino se honra en ofrecerte esto.

- Puedes bajar a la arena, "amor". - Y hacerte honor.

- ¡Cosas de locos! - Lástima que el sindicato no lo permita.

El permiso está contrafirmado por el presidente de la confederación.

- ¡Qué satisfacción! - ¡Magnífico! - Enhorabuena.

Un momento, al Sr. Nicolete le honra su oferta, pero no puede aceptar.

Estamos de paso. El Sr. Nicolete no tiene traje ni estoque.

- ¿Tienes espadas *estoque*? - No. - ¿Y qué tienes?

- Tres caballos y un bastón. - No tiene nada.

Hemos pensado en todo. El Museo de Montecitoros

ofrecerá las reliquias de los grandes toreros.

Nicolete, estoy feliz, y sobre todo por ti.

Como me comprendes, yo soy un hombre de mundo.

- Los zapatos Benaventes. - Aquel toro lo mató.

- Y este el sombrero de Joey. - Y aquel, el toro que lo mató.

- Y ésta, la cinta de Montero. - Y aquel, el toro que lo mató.

Escuchadme.

Al menos, ¿se podría conseguir un par de calzoncillos limpios?

Quiero decir, nuevos.

¡Por el gran Nicolete!

¡Por el torero más grande del mundo!

Aquí está, nuestro "más grande torero".

- ¿Tú estás loco de la cabeza? - ¿Por qué? - ¿Crees que voy a bajar a la arena

...con todos estos toros asesinos que me miran? - Tranquilo, no harás la corrida.

Nosotros continuamos vistiéndole. Luego te explico.

El gran Nicolete necesita un poco de tranquilidad.

- ¿Qué haces? - No me visto. - Estamos salvados, mira aquí.

"Reglamento taurino. Art. 56: el torero debe estar en buena salud.

Está prohibida la entrada en la plaza al torero con 38° de fiebre. "

- ¿Tienes fiebre? - No, pero tengo canguelo.

- ¡Pero qué canguelo! Come. - ¿Qué son? - Cigarrillos.

Como los militares, para que les venga la fiebre y "darse de baja".

Cómete 3 o 4.

- ¿Y esto? - Es un Nacional. - ¡Me basta uno! - Bravo.

- Ponlo bajo la axila. - ¿Toscano? - Sí.

- ¡Oh Dios! - ¿Qué pasa? - La tengo. - ¿La fiebre? - Sí.

- ¡45! - ¡No! ¿Qué haces? Uno aquí y uno aquí.

Verás. Te vendrá una fiebre de caballo. El doctor te descalificará.

- Es muy pronto, espera. - Déjame comer.

En dos o tres minutos tendrás al menos 38.

¡Oh Dios!

- ¿Llega? - 24 y 24.

¡48! ¡Anda que...!

- ¡La siento venir! - Bien, bien.

- ¿Quema? - ¡Sí, ardes! - ¡Entonces la tengo! - Aún subirá.

- Ponte esto. - Una "fornalidad"... - Se entiende, te van a descalificar.

- Ponte esto. - ¿Esto también? - Sí.

¡No va ahí!

¿El gran torero Paquito? Aún no ha llegado.

¡Queremos a Nicolete!

- ¿La prensa? - Sí. - Bien. Siéntense.

Nos honra su presencia. El Sr. Nicolete continuará vistiéndose.

¿Dónde ha "nacido" el Sr. Nicolete?

Comenzó a torear desde los 6 meses.

Aún no caminaba, y ya toreaba.

El primer regalo que recibió siendo niño fue un toro.

- ¿Vivo? - No, a pedales.

Se puede decir que la vida de Nicolete está ligada a los cuernos.

- ¿Pero qué haces? - No te enfades. - Póntelo bien.

Se puede decir que Nicolete es el torero contemporáneo más grande.

Y aunque especializado en corridas de medianoche, actuará de día.

Como una vez en Frosinone, donde mató dos toros a la vez

...y con un solo estoque. ¿No es cierto? - ¡Cómo no!

¡El doctor!

¡La corrida más grande del mundo!

Todos quieren a Nicolete para juzgarlo y exaltarlo.

¿Todo bien? Hace un día maravilloso.

Hace un poco de viento, quizá llueva,

el toro será más fuerte, sobre el húmedo terreno.

- ¿Cómo está usted? - Muy bien. - Pues hasta la vista.

¡Qué día! Seis toros magníficos y un torero nuevo.

- ¡Doctor! ¿No le toma la temperatura? - ¡Una simple formalidad!

¡Hoy presiento que habrá un muerto!

Tengo curiosidad por ver el estilo de Nicolete.

- Soy un apasionado. "¡Adiós!" - ¡Doctor!

- ¡El termómetro! - ¡Sí, es una formalidad!

Ten curiosidad por ver si hace la serpentina mejor que Dominguín.

¡Él sí que la hace bien! ¡Qué bueno!

- Mira si tengo fiebre. - ¿Y las "banderillas"?

Fantino lo hacía todo solo.

Montaba a caballo y picaba al toro.

Cogía la "banderilla" y se las ponía al toro.

- ¡Mira si tengo fiebre! - ¡Luego la muleta, y faena por aquí...

El estoque, estocada, "muerto".

- Mira si hay fiebre. - Los grandes toreros están por desaparecer.

- Lástima, ya no quedan. - ¡Mira si tengo fiebre!

Nada de fiebre. 35 y medio. Se necesitan filetes de toro.

"Amigos", hasta luego, en la plaza.

¡Qué día! ¡Qué toreros! ¡Qué toros!

¡Por Nicolete, olé!

- Trae otra. - ¿Otra copa? - No, otra bandeja.

- ¿Cigarrillo? - Sí, gracias.

- ¿Pero qué haces? - ¡Es la costumbre!

¿Ves lo que te quiero? Todas están con el extranjero.

¡En la ida, ya veremos en la vuelta!

¿Qué miras, amor?

Busco a mi secretario.

¿Es tan importante esta corrida para ti?

- ¿Por qué? - ¿Por qué no nos vamos a hacer una buena acampada?

¡Qué hombre de hierro!

- "Señor", ¿le leo la mano? - Dale un "duro". - ¿Qué es un "duro"?

- Cinco pesetas. - Entonces dale dos duros.

¿Qué veo? A una criatura que piensa en usted intensamente.

Una criatura ardiente e impetuosa de ojos de "fuego".

Que no ve la hora de encontrarse con usted.

¿Y quién es?

Devuélveme los duros.

- Somos los banderilleros de su cuadrilla. - ¿Qué nos dice, señor?

- Aquí estamos. - ¿Cuál es su sistema?

- ¿Es de la escuela de Ortega? -¿De qué escuela es?

¿Yo? Escuela nocturna.

- ¿Nos quiere cerca o lejos en la arena? - Cerca, muy cerca. Estemos unidos.

"La unión hace la fuerza".

- ¿Qué ha dicho? - Está claro. Es como todos.

Después de dos o tres verónicas, cuando la gente grite Olé,

le damos la muleta y hecho.

Pues sí, después de dos o tres "harmónicas"

me dan la "moneda" y yo, me marcho.

Disculpen, ¿y si llueve?

Se torea con el tiempo que haga.

¿Y si el torero, por ejemplo, escapa?

La policía lo devuelve a la arena.

Lógico. ¿Y si el toro no tiene ganas?

En este caso, el torero dice: "Fuera los mansos".

- ¿Qué? - ¡Fuera los mansos! Así el toro sale con ellos de la arena.

- ¡Qué vergüenza! - ¡Fuera los mansos!

- ¿Y esto sucede a menudo? - Nunca.

Por eso lo digo.

¡Canalla! Te has escondido dejándome solo.

- ¡Ahora sales tú con el toro! - ¡Los "carabinieros" se están vistiendo!

- ¿Qué? - Te arrestarán. - ¡Asqueroso! ¡Me has delatado! - Ven aquí.

Esos dos, son amigos.

Antes de que te toque, te arrestarán y te llevarán al hotel. ¿Entendido?

- ¿De verdad? - Te lo juro. - Pues un beso.

- Quítese la montera. - ¿Por qué?

- Es la 1ª vez que torea en esta plaza. - ¡Y la última!

¡Silencio! ¿Qué educación es esta, "ostregas"?

- ¿Dónde están los guardias? - Ahí. - Es uno solo.

- ¡Son dos! - ¿Dónde?

En cuanto Paquito mate el toro venís aquí, y lo arrestáis.

¡No os olvidéis!

¡Qué horror! ¡Pobre bestia!

- No hay peligro, está protegido. - ¿Quién? - El caballo.

- ¿No sería mejor proteger al torero? - ¡Anda ya!

Era lo que yo decía. Pero los guardias, ¿están?

- Sí. - Entonces, ¿qué nos importa?

Dale, dale.

- ¿Qué hacen, trinchan al toro? - Son las "banderillas".

- ¿Y hacen daño? - Ya lo creo... - ¿Se pueden conseguir un par?

- ¿Para qué? - Para cuando vaya a Nápoles.

Se las quiero poner a mi tía.

No pongas esa cara. Sonríe.

- ¿Están los guardias? - Sí, tranquilo.

¿Están los guardias? ¡Están!

¡Es grande!

Es mejor Nicolete.

- ¡Qué estocada! - ¿Qué? - Paquito ha dado una estocada al toro.

- ¿Y el toro le ha dado el dinero? - ¡Pero qué dices!

Lo ha matado. "Es muerto".

¿Y qué nos importa? ¡Están los guardias!

¡Y un guardia no es ningún buzo! "Ostrega"...

- ¡Están, tranquilo! - ¡Y cómo!

- ¿Por los cuernos? - Claro, por los cuernos.

¡Aplauden solo los inteligentes!

¡Bravo!

- ¡Enhorabuena, bravo! - Muchas gracias. Ahora le toca a Ud.

Éste lo dice porque no sabe lo de los guardias.

¡Ahí están!

Aquí estoy.

¿Pero qué ha pasado?

¿Los guardias se arrestan entre ellos?

- ¿Qué ha pasado? - ¡Han arrestado a los "carabinieros"!

El toro para... Nicolete.

¡No empujes!

- ¿Qué animal es ese? ¿Una ballena? - Es un toro.

- ¡Guapo! - ¿Te gusta, eh? - ¿Para quién es? - Para ti.

¡No hagamos bromas! ¡No hay proporción!

Yo soy un peso pluma. Yo necesitaría un torico de leche.

¡No!

- ¿Qué pasa? - Es el peor toro del mundo. - ¿Y por qué?

- ¡Ve! - ¿Estás loco? Está el toro. - ¡Por eso!

- ¿Quiere que le preparemos el toro? - Sí, le ponemos las "banderillas".

- Lo ponemos malo, furioso. - No, Nicolete lo hace todo solo.

Sí, lo hago yo todo.

¡Malditos cobardes!

Me han dejado solo.

- ¡Vamos! El toro está allí. - He tomado un atajo.

¡Vamos!

- ¿Qué haces? - Déjame irme. - No querrás escapar.

- ¡Escapar, sí! Eso no es un toro, es un toraco. - Afróntalo.

- ¿Y cómo? - Inventa algo. - ¿El qué?

¡"Turín"!

"Paisà". Mira la señorita.

¡Peor para ti! ¡Tontaco!

No le gustan las mujeres. Tengo miedo, y me voy.

- No debes tener miedo. - ¿Te fías de mí? - No. - Muy bien.

- Los toros matan a los toreros. ¿Tú eres un torero? - No. - ¿Entonces?

Ya, no soy un torero, no debo tener miedo.

- Ahora le enseño yo los "tori verdi". - Bravo.

¡Toro bellaco!

Sé bueno.

Tengo miedo que el toro no se dé cuenta de que no soy un torero.

- No importa, no puedes salir, solo podrás salir muerto. - ¡No es posible!

¡San Nicolás!

- ¡Escapa! - No puedo. - ¿Por qué? - Se me ha enganchado un clavo.

¡El clavo ha entrado en la nalga!

¡Qué lástima! Ha muerto muy pronto. Qué horrible final.

¡Qué golpe tremendo!

Perdí 10 mil pesetas. Nunca pensé que un campeón como él terminara así.

- Qué lástima, tan fuerte. - Y joven, y guapo.

- ¿Cuántos años tenía? - ¡Qué importa, ya está muerto!

Que descanse en paz.

¡Qué lástima!

¡Tres años, qué buen animal! ¡Qué cuernos largos!

- ¿Pero cómo pasó? - Le dio un cabezazo.

Debía caer él, pero se desplomó el pobre toro.

- ¡Una pena! - ¿Y él? - Nada, un simple desmayo.

¡Debe tener el estómago de hierro!

- Señores doctores. - ¡Profesor! - ¿Qué hacen aquí, un mitin?

¿Dónde estamos, en mi clínica o en la plaza de toros?

¡Ángel! Voy a trabajar. Cuando aquel desgraciado despierte, avíseme.

De acuerdo, profesor.

- ¿Quién se cree que es, el Padreterno? - ¡Angel!

- ¡Ángel! - ¡Ve volando! Te llama el Padreterno.

- Somos mártires. - Somos santos.

Ángel, mártires, santos...

¡Entonces estoy muerto! ¡Estoy difunto!

He fallecido.

- Oh, qué bonito ángel... Ángel, escucha. - ¿Qué quiere?

No estoy acostumbrado, soy un muerto fresco, un muerto del día.

- Calma, que llamo al Padreterno. - ¡No, el Padreterno no!

¡Angelico, el Padreterno no! ¡No estoy preparado!

Ahora comienza el juicio universal.

¡Tesoro mío!

Tesoro mío, estoy muerta del susto.

En cuanto he podido he venido corriendo a verte.

- ¡Unidos para la eternidad! - ¡Nicolino!

- Tú también aquí. - Sí. - ¿Cómo lo has hecho?

He venido volando.

¿También vosotros? ¡Qué carnicería!

Una familia entera envenenada por setas.

¿Qué te pasa?

Yo creía estar en el paraíso, pero si está ella...

No, querido. Estamos todos vivos, como tú.

Mataste al toro con tu pecho.

- ¿No estoy muerto? ¿Ha muerto el toro? - Sí. ¿Qué te pasa?

- Nada. Un peso en el estómago. - ¡Valiente! ¡Un marido ideal!

- ¿El toro se murió? - De golpe.

Lo sabía yo... ¡Los toros los mato de golpe... o nada!

Paciencia... ¿Ha sufrido la pobre bestia?

- ¡Ha vuelto la guerra! - No, quieren hacerte una fiesta.

- ¡Peor! - Está todo aclarado. - ¡Eres el héroe del día!

Toda Sevilla entre cantos y fuegos artificiales te espera.

- ¿No hay ningún peligro? - No.

- ¿Seguros? - Sí. - Entonces me quito un peso del estómago.

Calla, tú.

Traducción: Vozidar

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