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(Marcha militar)

(Música)

(OFF) "A mediados del siglo XVIII, el territorio americano

era centro de lucha sin piedad entre franceses, ingleses e indios.

Y así, este verano de 1757, las tropas francesas del general

Marqués de Montcalm, remontaban los lagos y las vastas extensiones

de bosques, en apariencia impenetrables que separaban

las colonias de los dos enemigos".

Hermoso lugar para hacer la guerra. -Todos lo son, mi general,

cuando se está seguro de la victoria. -Aguda respuesta, y muy adecuada

para nosotros, ya que entre otros factores a nuestro favor,

contamos con la ventaja de la sorpresa.

-Es un triunfo que solo podemos utilizar una vez, señor.

-Suficiente, cuando caigamos sobre el fuerte Henry que manda

ese cabezota de escocés de Edward Munro,

el resto será tan fácil como este paseo.

(Música)

Mi sargento, se acerca un indio a caballo, parece herido.

(Continúa música)

Es de indios hurones, mi coronel.

Confirma lo que ya sabíamos. Por lo visto, capitán Pitt,

al rey de Francia le molesta la presencia de nuestras tropas

en estas tierras y sus soldados se dedican a soliviantar

a la tribu de los hurones para hacernos la vida más imposible.

-Pero esta ofensa, es descarada, puede significar una ruptura.

Eso es una mala noticia. -El general Montcalm.

Pensaba que era un gentil hombre, y es un desalmado capaz

de las mayores atrocidades.

Se vale además de esos malditos indios,

sanguinarios y rapaces.

Que el diablo les lleve a todos.

-Podemos salir a cortarles el paso, señor.

-¿Qué dice? Ese condenado Montcalm lleva cinco veces más efectivos

que nosotros. -Si nos apostamos debidamente,

podemos recibirles con una emboscada que no olvidarán nunca.

-Ni aún así, capitán Pitt.

Recuerde aquel dicho indio:

"Dos osos aunque gruñan fuerte, no son bastante para 25 lobos".

-Pero esperar, señor... -¿Quién habla de esperar?

No vamos a quedarnos aquí con los brazos cruzados,

tenemos que avisar inmediatamente al general Webb.

Capitán, prepare a un correo indio para que cuanto antes,

llegue al fuerte Edward.

Adelante, Montcalm, si llega a tiempo la artillería del general,

ahora no será solamente una emboscada, sino un duelo.

(Música)

Acamparemos ahí.

(Continúa música)

Esta mañana nuestros exploradores descubrieron a un mensajero indio

que se les escapó. A estas alturas el coronel Munro

debe estar haciendo preparativos para recibirnos.

-Ya no habrá sorpresa, entonces. -Ya lo creo, ese viejo escocés

confiará en su suerte. No le queda otra salida.

Olvidará que la fortuna está siempre al lado del ejército más numeroso.

-En este caso, el nuestro. -Y con mucho.

Mañana acamparemos junto al lago George.

¡Ah! Diga a nuestros exploradores que no quiero más torpezas

y deles una recompensa por cada espía indio que cacen vivo o muerto.

(Música)

¿Nuestro joven amigo Pie de Alce será capaz de entregar este mensaje

en las propias manos del general Webb?

-Pie de Alce llegará hasta fuerte Edward.

-Entonces no perdamos más tiempo.

(Música)

Que Manitú te acompañe y proteja.

(Continúa música)

Que Dios te guíe, muchacho.

(Música)

(Marcha militar)

Fuego.

(Música)

Nada podemos contra esa artillería, dejémosles que derrochen la munición.

-¿Qué hacemos, señor? -Luchar contra ello sería inútil,

habrá que esperar.

-Han callado, señor.

En las batallas no hay silencios, sino pausas.

-Pie de Alce no llegará hasta el general Webb.

-Capitán Pitt, le prohíbo terminantemente

que pierda las esperanzas.

Al menos por ahora.

(Música)

¿Es que tiene la sangre helada ese viejo escocés de Munro?

Confío en que su silencio no sea desdeñoso, me disgustaría.

-Yo encuentro su silencio más bien amenazador.

-Esperemos que responda de manera adecuada,

no hemos llegado hasta aquí para un monólogo de pólvora.

(Música)

¿Quién irá en esa piragua, Chingachgook?

La lleva la brisa hacia donde el sol se oculta al anochecer.

¿Crees que iba en ella algún espíritu?

Ningún indio vivo se abandonaría hacia el río.

¿Dónde vas Ojo de Halcón?

A ver el cuerpo de ese espíritu. Deja que el sol haga su obra

y devuelva a la tierra lo que es suyo. ¿No estás bien aquí?

Sí, me gusta tu compañía.

Tú eres de un pueblo orgulloso y noble como el mío.

Cuando llegaron los primeros hombres blancos,

en lago salado nos daba su pesca, los bosques sus venados

y el aire sus aves. Tomábamos mujeres que nos daban hijos

y adorábamos al gran Manitú, éramos un pueblo feliz.

¿Y qué fue de tu tribu?

Éramos guerreros, la guerra es muerte, destrucción.

Se fueron hacia la tierra de los espíritus

como las flores del estío.

Muy pronto me tocará a mí, y a mi hijo Uncas.

¿Por qué hablas así? Uncas es joven, valiente,

él sabrá perpetuar la raza de los mohicanos.

Tú eres el mejor de los cazadores, Ojo de Halcón,

pero como todos los rostros pálidos, estás falto de sabiduría,

no nos toca a nosotros decidir la suerte

del último de los mohicanos.

(Cornetas)

No deberían abandonar fuerte Edward, es muy arriesgado atravesar el bosque

para llegar a fuerte Henry, creo que debían esperar

a la expedición de víveres que irá la semana próxima.

Están impacientes por ver a su padre, hace más de un año

que no le ven, mi general.

Ese viejo león de Munro, no se espera esta sorpresa.

Bien, llevan un guía seguro y leal, además de dos valientes veteranos.

-Y nos ampara también la sombra de nuestra bandera, general Webb.

¿Qué más queremos? -Señorita Alicia, en esta región

hay bosques tan espesos que solo les cubre la sombra

de sus propios árboles.

Nunca vi árboles tan bellos, señor.

Son como banderas verdes que no se arrían nunca.

Zorro Astuto cree que no debemos demorarnos más,

la noche llega siempre a su hora. -Sí, es cierto.

Me cuesta trabajo separarme de ustedes,

díganselo así a su padre. -General Webb, ahora ya sé

porque dicen que es usted un militar peligroso y conquistador.

-Es un mérito común a toda mi promoción, señorita Alicia.

-¡Cuánto han cambiado desde entonces los oficiales de su majestad!

(Música animada)

Adiós, general. Que tengan suerte.

Adiós.

(Continúa música)

(Sonidos del bosque)

(Música tensión)

¿Qué ha sido eso que he visto moverse?

Un castor. ¿Tan lejos del río?

Sí, tan lejos del río.

Estoy muerta de fatiga, todo el bosque me parece

siempre igual; tan cerrado, tan agresivo.

No debimos salir del fuerte, Alicia.

No me eches a mí ahora la culpa, las dos estábamos de acuerdo, ¿no?

No hay que tener miedo, Cora.

(Música tensión)

Que el gran espíritu te guarde, Zorro Astuto.

-Y a vosotros, hermanos. ¿El mensaje?

Yo estoy francamente asustada. ¿Por qué? ¿No es un viaje delicioso?

Es horrible, tengo la impresión de que giramos en redondo.

Porque son iguales todos los árboles, y los lagos y las sendas.

¿Cómo podrá orientarse nuestro guía?

Zorro Astuto es el mejor guía del ejército,

le basta una piedra o un rayo de sol para saber qué dirección debe tomar.

No me gusta ese hombre, ¿tú le conoces bien?

Le he visto en todos los fuertes de la frontera.

Siempre le confían las misiones más delicadas.

¿Cómo esta de guiarnos a nosotros?

Tú lo has dicho, muchos no se atreverían.

¿Tan peligroso es?

Por estos bosques hay muchos ojos que acechan nuestro paso.

Yo no veo ninguno. Más te vale,

siempre has estado orgullosa de tu pelo rubio.

Cállate, Heyward, eso no tiene ninguna gracia.

Lo sé, y no es mi intención asustaros,

pero me parece que habéis hecho una locura dejando fuerte Edward

para ir a fuerte Henry. Nuestro padre nos lo pidió.

Hace ya demasiado tiempo que no le vemos.

¿Dónde se habrá metido Zorro Astuto? No andará muy lejos.

¿Vamos a buscarle?

¿Dónde estabas? Buscaba el camino.

¿Qué ha podido sucederles a los dos hombres que nos seguían?

Zorro Astuto solo puede hablar de lo que ve.

Voy comprendiendo porque te pusieron ese nombre.

Si no le agrada al Mayor, Zorro Astuto se marcha.

Tú harás únicamente lo que ya te ordene,

y si das un solo paso en dirección que no me agrade,

puedes estar seguro de encontrarte con una bala en la cabeza.

Quieto, Mayor.

Me conocen por Ojo de Halcón,

y hasta yo mismo olvidé mi verdadero nombre.

¿Cuál es el suyo, Mayor?

Duncan Heyward del 60 de la Real Infantería inglesa,

y ahora, señor como se llame, quiere explicarme sus modales

y los de sus amigos.

Perdone usted mis modales, pero si me amigo el mohicano

no llega a tiempo, ahora tendría su carrera desgarrada

por un cuchillo clavado hasta el mango.

(Música)

(Sonidos del bosque)

No se preocupe, Mayor, es Uncas, hijo de Chingachgook el mohicano.

Él nos guiará hasta fuerte Henry. Conoce bien el camino.

(Música romántica)

No hay porque apurarse, todo es cuestión de desandar lo andado.

Ese malito guía les llevaba en dirección opuesta.

¿Más jornadas a caballo? No es preciso, señorita.

Podemos utilizar el río. Y cuanto antes.

Estamos rodeados por los hurones,

solo su cobardía les ha impedido atacar.

No hay caballos para todos. Los caballos no caben

en las piraguas, dejadlos aquí. Por Dios, ¿vamos a huir andando?

No, andando no, corriendo. Vamos antes de que se haga la noche,

tenemos que atravesar el río y refugiarnos en la isla.

(Música)

(Sonidos del bosque)

(Música)

¿Por qué no les hemos hecho frente?

Solo eran tres piraguas y no tenían armas de fuego.

Es verdad, Mayor, solo nos seguían tres piraguas,

pero las dos orillas del río están plagadas de hurones,

en esta isla podremos defendernos mejor.

¿Cree usted que los franceses han atacado fuerte Henry?

Ese petimetre del general Montcalm ha armado tal revuelo con sus tropas

que cualquiera se daría cuenta de su seguridad en la victoria.

Que no se enteren ellas, por favor. Es lo mismo.

Si mañana salimos de aquí, en cuanto avistemos el fuerte,

se darán cuenta y será peor.

¿Y por qué no regresamos para avisar al general Webb?

El general puede que ya lo sepa por algún mensajero

del coronel Munro. Nosotros no podemos volver atrás.

Caeríamos en manos de los hurones. No, Mayor, tenemos que seguir.

(Música)

Os prometo que esto será vengado con cuatro muertes.

Cuatro son hombres y para el orgullo de las mujeres blancas,

hay un castigo peor que la muerte.

¿Tienes frío?

No es precisamente frío lo que siento.

Miedo. Yo también lo tengo, disimúlalo.

Piensa en nuestro padre, ya que le hicimos la jugarreta

de nacer mujeres, que no se entere de que hemos sido cobardes.

¿Crees que hemos conseguido burlar a los hurones?

¿Llegaremos al fuerte? ¡Alicia!

Mañana, antes de que el sol se oculte, estaremos en el fuerte.

No temas, no pasará nada. Uncas lo promete.

Uncas. Vuestros nombres siempre tienen un significado.

¿Cuál es el tuyo? Ciervo Ligero.

Ciervo Ligero, es bonito. El mío es Cora, y no significa nada.

Cora, lo significa todo.

Usted sabrá decírselo mejor a Cora, yo no me atrevería.

¿Y por qué a mí sí? No sé por qué,

pero me es más fácil hablar con usted, no solo de esto,

sino de cualquier cosa. Quiere decir que tiene

más confianza con usted.

Entendí muy bien eso de la confianza.

Esta mañana, al huir del bosque, casi me rompe la muñeca

tirando de mí, me hizo tropezar cientos de veces.

Es difícil ser galante cuando se tiene detrás a una turba

de salvajes dispuestos a todo. Un caballero debe estar dispuesto

a perder antes la cabellera que los buenos modales.

Atacar y volver, ¿entiende, Brancourt? Ese será nuestro sistema.

Fustigarles continuamente y no dejarles descansar nunca.

-Perdón, mi general, ¿pero no sería mejor acabar de una vez?

Por favor, ya está usted pensando en una de esas horribles

carnicerías cuerpo a cuerpo. Esto es una pelea entre caballeros.

Fuego.

(Música)

Dos días de machacarnos con la artillería

y ni un solo ataque de infantería. Esta no parece guerra de soldados.

-Solo los hay en un bando, mi coronel,

en el que no se reclutan indios renegados.

-¿Recuerda cuántos correos lleva mandados a general Webb?

-Cuatro, y de ellos tres no pudieron llegar a su destino.

-¿Y el cuarto? -Salió anoche,

es la última oportunidad para que el general se entere

de esta situación. -Enterarse estoy seguro

de que se enterará, capitán Pitt.

Pero confiemos que sea antes

y no después.

Eso enfurecerá al viejo.

(Música dramática)

Malditos.

Este es nuestro cuarto mensajero.

Han aguardado el momento más oscuro de la noche para caer sobre nosotros.

Sí, temen a nuestras armas y evitan el atacar con luz.

¿Son muchos? Demasiados.

Habrá que pensar en algo. Uncas ya lo ha pensado.

(Música)

(Música tensión)

(Disparos)

(Música, disparos)

¡Alguien quiere entrar en el fuerte, cúbranles!

¡Abran la puerta, avisen al coronel Munro!

(Música acción)

No es una mala noticia, Zorro Astuto, muy al contrario,

esta gente con sus venganzas y sus manías

no comprende la suerte que supone para nosotros

la llegada de las dos hijas del coronel.

-Ya, con sus hijas al lado, el viejo Munro no tendrá ganas

de prolongar más su inútil resistencia.

-¡Naturalmente, Brancourt, naturalmente!

¿No se da cuenta? A ningún soldado le gusta pelear

al lado de mujeres y mucho menos, si son de su sangre.

-Zorro Astuto no comprende.

-Pues que ahora el coronel Munro se nos rendirá al fin,

evitándonos una gran cantidad de molestias inútiles.

No quiero pensar ni por un momento lo que le hubiera sucedido

a mis hijas sin la valiosa ayuda de todos ustedes.

Coronel Munro, por mi parte, he cumplido con mi deber

de soldado, nada más.

En cuanto a mí, bueno... ¿Quiere decirme cuál es

la obligación de cualquier blanco que se encuentre

con dos mujercitas perdidas en el bosque?

No sean modestos los dos,

hay acciones que van más allá de toda obligación.

-Sinceramente, gracias, caballeros.

¿Pero y los mohicanos, dónde se han quedado?

Señorita Cora, a un indio le molestan casi tanto los insultos

como las frases de agradecimiento.

He de darles una recompensa. La rechazarán.

Bueno, perdone si le parezco impertinente, coronel,

¿pero cree usted que es un lugar seguro

para sus dos hijas este fuerte?

No irás ahora a arrepentirte de que estemos juntos de nuevo.

Además, hasta ahora, había paz en la frontera,

y tú no podías prever... Claro que sí, hija,

pero un buen militar debe intuir con bastante anticipación

el momento del primer disparo. En ese caso, señor,

la intuición del general Webb... Si no me equivoco, el general Webb

en estos instantes estará organizando la columna

que salvará al fuerte. ¿Lo cree así?

Dios le oiga, mayor Heyward, porque hasta ahora,

los únicos refuerzos enviados por el 60 Regimiento de Su majestad

se reducen a usted mismo. Buenas noches, señores.

Buenas noches. Buenas noches.

(Música)

¿Qué quieres?

Uncas quería volver a contemplar tu belleza.

Gracias, Uncas, pero mañana amanecerá también.

Uncas no sabe qué traerá la mañana,

los enemigos blancos son más numerosos que las piedras del lago,

y todos los hurones que aúllan a lo largo del río

se han unido a ellos.

Mi padre los castigará. Además, contamos con tu ayuda.

Nosotros somos una raza fuerte y valiente

que no ha sido vencida jamás, pero los blancos amigos o enemigos

hacen porque se extinga. Eso, no, mi padre os quiere tanto

como el propio Ojo de Halcón, y yo.

¿Cora quiere al mohicano? Sabes que sí.

A tu padre, el valiente Chingachgook y a ti.

No hablaba de mi padre, sino de mí.

Sí, Uncas, te quiero.

Vamos, Cora. Espera un momento, Alicia.

Hasta mañana, Uncas, y gracias por todo.

Gracias a ti.

(Música)

¿Qué hace mi hijo alrededor de una mujer de otra raza?

¿El corazón de un indio no es del mismo color

que el corazón de un blanco?

El corazón, el cuerpo y la sangre de mi hijo Uncas

debe perpetuar al pueblo mohicano.

Y yo te pregunto, ¿eso impide que quiera a la hija

de un gran jefe casaca roja?

Eres hijo de guerrero mohicano y de mujer mohicana,

tus hijos y los hijos de tus hijos deben serlo también.

(Música)

Mayor Heyward, mayor.

Oí decir que tenía mucho que hacer en la enfermería.

Así es, pero siempre me queda algún rato libre.

Esa es una suerte de la que carezco, tengo el tiempo justo de llegar

a donde mi deber de soldado me reclama.

¿A la empalizada? Exacto. Su padre me ha honrado

al permitir que me incorpore a sus fuerzas.

Precisamente ahora he de relevar al oficial de guardia.

Mayor Heyward, ¿no estará usted enfadado, verdad?

¿Enfadado por qué? Verá, eso quisiera saber.

Porque siempre que habla conmigo pone cara de quererme reñir.

¿Y no será al revés? Desde nuestro accidentado viaje

se pasa odiándome un día sí y otro no.

Pues hoy es el día que no. Enhorabuena.

Lo que ocurre es que está ciego.

Whisky, ¿verdad?

Y escocés legítimo, ¿a que sí? -De lo más legítimo.

-¿De dónde lo has sacado? De la cantina, no.

-Es un obsequio que me envió una buena amiga

con la condición de no compartirlo con nadie.

-No beba eso, soldado Higgins. -Es solo whisky del bueno, doctor.

No puede hacerme daño. -¿Quién te ha dicho

que te puede hacer daño? Lo siento, muchacho,

lo necesito para los heridos. -¡Pero, doctor, es mi whisky!

-¿Qué dice, soldado? Estamos en estado de sitio

y esta es una incautación de emergencia.

¿O prefieres que te lo cambie por dos días de arresto?

-Al menos, déjeme la mitad. -Recuerda, Higgins,

quien te lo regaló te prohibió compartirlo,

o todo o nada. -En ese caso...

-Te voy a...

(Tambores)

Se están preparando para atacar, capitán Pitt.

-Y los efectivos esta vez me dan la sensación

de ser superiores a nosotros.

-Sí, ese es el sistema del general Montcalm,

golpear cada vez con más fuerza.

(Música tensión)

Ahora vaya a su puesto, capitán. -Bien, mi coronel.

(Música)

No tiene ninguna obligación de batirse si no lo desea.

Esta batalla no va a parecerse en nada

a cualquier otra que hayan visto.

Mi coronel, no olvide que estamos acostumbrados a toda clase de lucha.

Esto no nos sorprenderá.

(Música tensión)

(Música marcial)

¡Preparados para disparar!

A mí lo que me da pena es herir a los caballos.

¡Listos! Pues apunta a los jinetes, mastuerzo.

(Continúa la música)

¡Fuego!

(Música, disparos)

(Música épica)

Mi coronel, ¿por qué se estarán retirando?

Esta retirada servirá para levantar los ánimos de la gente,

pero no nos engañemos, mayor, si ellos hubiesen querido aguantar

media hora más... La próxima vez lo harán así.

-¡Brancourt! ¡Se adelantó ordenando la retirada! ¿Por qué?

-Perdón, señor, pero debimos iniciar el ataque con fuego de artillería.

-Le estoy pidiendo explicaciones y no consejos.

Que se haga inmediatamente el recuento de las bajas,

y que todas las unidades se preparen para atacar de nuevo.

No les deje que piensen ni siquiera en lo que acaba de pasar.

-A la orden, mi general.

(Música)

El próximo ataque será con todas nuestras fuerzas.

Esta vez lo dirigiré yo mismo.

Y nadie se replegará mientras quede un inglés vivo.

(Continúa la música)

Entiendo cada vez menos a los hombres blancos.

Presumen de valientes y buscan siempre pelear a más distancia.

Si lo que te gusta es el cuerpo a cuerpo,

¿para qué te aferras a esa carabina? Para sobrevivir entre los tuyos.

Cuando mi raza empezó a conocer otras armas distintas

a la flecha o el hacha, empezó a extinguirse.

Estas armas destruyen también a quien las usa.

(Cañonazos)

(Cañonazos)

Este viejo reducto de madera

no es un lugar seguro para el personal civil.

Ni para el personal militar tampoco, sobre todo,

disparando la artillería.

Cuando un soldado tiene sobre su cuerpo

algo más que su propia guerrera, ya va demasiado cubierto.

Los soldados, ya sé, pero ese niño...

Piense que estábamos aquí para vigilar la frontera,

no esperando una guerra.

Mayor Heyward, sé lo que usted siente y creo compartir su punto de vista.

Hemos de hacer todo lo posible para poner fin a esta situación.

(Música)

No sabéis cuánto me complace estar frente al valeroso coronel Munro

en actitud cordial. -Por mi parte, general Montcalm,

le aseguro que nunca he deseado tenerle enfrente

en actitud distinta.

-Oh, dejemos las insinuaciones, mi buen amigo.

Somos soldados, vayamos al grano.

-Yo no sé hablar de otra forma, sino directamente.

Si he solicitado esta tregua ha sido precisamente

para pediros un favor. -He accedido a esta tregua

para concederos de antemano todo lo que me pidáis,

a cambio, naturalmente, de ese reducto de madera vieja.

No digáis que no soy generoso.

-Demasiado, general.

Pero no queremos abusar de tanta generosidad,

nos conformaremos con que dejéis salir del fuerte

a las personas no combatientes y a los heridos más graves.

-¿Y todo ello a cambio de qué?

-A cambio de algo muy honroso para vos, dejaros seguir luchando

contra el ejército mejor del mundo. -Me decepcionáis, coronel Munro.

Os tolero que os creáis valerosos, está probado, pero los mejores...

Yo diría los más testarudos.

-¿Y de la propuesta que acabo de haceros, qué decís?

Es la única opinión que me interesa.

-¿Qué he de decir tratándose de paisanos, de mujeres y de niños?

Lo sabíais de antemano, coronel.

Está concedido. Perdonen si interrumpo,

pero no se dejen aparte algo muy importante.

General, nos imaginamos la actitud de sus tropas

cuando salga la caravana,

¿pero qué harán sus amigos los hurones?

Intentaré que se porten también correctamente.

Aunque eso sea mucho suponer de unos salvajes.

-¿Entonces?

-Sabéis también como yo que en toda guerra

existen riesgos que ni el bando más afortunado puede anular.

-Bien, general, entiendo perfectamente.

Quedamos en que mañana a primera hora deben abandonar el fuerte,

¿no es así?

-Habrá de ser esta misma tarde, coronel, mañana...

Tengo mucho que hacer.

Dígale a los indios que se abstengan de causar la menor molestia

a la caravana que salga del fuerte Henry.

He dado mi palabra de gentilhombre. -No sabrán lo que es eso.

-Entonces explíqueles que fusilaré en el acto a cualquiera de ellos

que se acerque a los evacuados al salir del fuerte.

-No les gustará, son bandoleros por naturaleza.

¿Qué haremos cuando la caravana cruce el bosque?

-Por favor, Brancourt, soy un militar atacando un fuerte,

y no un hada madrina protegiendo un bosque.

Perdone, mi coronel, vuelvo a rogarle que me deje en el fuerte.

Le repito que no. Sé que nos sería útil permaneciendo aquí,

pero más nos ayudará marchándose con la caravana.

No me de esa orden, mi coronel, un soldado no debe acatar aquello

que le conduzca a la cobardía.

¡Esa es una observación que no le tolero!

No olvide que soy yo el que tiene que señalar

cuál es la misión más digna de cada uno. ¿Entendido?

Con todo respeto, le recuerdo que esta no es mi unidad.

Y yo también le recuerdo a usted que pertenezca o no

a este regimiento, está subordinado a una escala de mando.

¿Y mi honor de oficial? Su honor, e incluso su situación

de oficial de Su Majestad británica van a quedar muy mal parados

como pretenda desobedecer mis órdenes.

Le ruego que me disculpe, señor, pero póngase en mi lugar.

Le comprendo perfectamente, pero procure no añadir

más preocupaciones a las que ya tengo.

(Música dramática)

Esta misión es muy importante y quiero que sea usted mismo

el que conduzca la caravana hasta fuerte Edward

para que informe al general Webb sobre la gravedad

de nuestra situación.

Además...

Le confío a mis hijas en la seguridad de que no pueden estar

en mejores manos. Gracias, mi coronel.

(Continúa la música)

Cora no debe estar triste ni tener miedo.

Uncas no ha de separarse de su lado.

Ya lo sé, y por eso estoy tranquila,

pero me apena otra cosa que Uncas no puede solucionar.

Hemos venido para reunirnos con nuestro padre,

y debemos dejarle otra vez solo.

-El gran jefe blanco es valeroso,

y los guerreros valerosos nunca están solos.

(Música)

Ni un solo indio.

-Preferiría tenerlos a la vista.

Está con ellos Zorro Astuto y le conozco muy bien

desde hace tiempo.

(Continúa la música)

(Música tensión)

(GRITAN)

(Disparos)

(Música, gritos)

(Música tensión)

Es la tribu de Zorro Astuto, no volverán a atacaros,

ya se han llevado lo que querían. Id hacia el fuerte Edward,

nosotros tenemos que saldar esta cuenta con los hurones.

Vamos.

(Trinos)

(Relincho)

(GIME)

(GRITA) ¡No!

¡Fuego!

¡Fuego!

(Música acción)

(Cañonazos)

(Continúa la música)

(Corneta)

(Música dramática)

Una capitulación con armas y bandera

no es un hecho deshonroso, mi coronel.

-Todas las capitulaciones lo son, capitán.

(Continúa la música)

Te castigarán por esto. Aunque te escondas en lo más profundo

de los bosques, darán contigo las tropas de Su Majestad.

No malgastes palabras, lo que se ha de hacer ya está dispuesto.

-¿Qué quieres de nosotros?

-Venganza.

¿Venganza? ¿Qué te hemos hecho? Fue hace ya muchas lunas,

Agus era un gran jefe entre los hurones,

pero ese al que llamáis coronel Munro me humilló delante de mi tribu.

Algo harías, el coronel jamás castiga sin causa.

Solo bebí del agua de fuego que los mismos blancos me dieron.

Con ella en la cabeza no soy responsable de mis actos.

Si fue hace muchas lunas, es algo que se ha borrado con el tiempo.

No, no se puede borrar.

Escucha, a mí puedes hacerme lo que quieras,

pero a unas mujeres...

No te preocupes.

Una de ellas se salvará. -¿Quién?

-A alguien a quien llevaré a mi poblado

para vivir en mi tienda.

¡Maldito! A esta me refiero. La única que quedará con vida

para ser la mujer de un jefe hurón.

¡Acabad con ellos!

(GRITA) ¡No, no!

(SOLLOZA)

(Crujido)

La plaza fue tomada, mi general.

-Sí, y qué sucia está.

(Música)

Alicia, cierre los ojos.

Antes de que acaben con nosotros, quisiera decirle...

¿Qué, Heyward?

Quisiera decirle que la quiero.

(Música)

(Música tensión)

(Disparos)

(Continúa la música)

¿Dónde está Cora?

Se la llevó Zorro Astuto, quiere hacerla su esposa.

¡Sargento! -¿Qué sucede?

-Mire, se acerca una caravana.

-Avisen al general Webb, parecen gente del fuerte Henry.

-¡A la orden!

-Al parecer, han sido atacados por los hurones.

(Música)

¿Por qué el jefe de los hurones ha llegado hasta mi pueblo?

¿Qué motivos te trae?

-Luché contra los casacas rojas y les quité a la mujer blanca,

ahora me temen.

-Nunca oí que los hombres blancos temieran a un hurón,

jamás fuisteis un pueblo guerrero. ¿Qué quieres?

-Necesito tu ayuda, déjanos pasar la noche.

Con los primeros rayos del sol abandonaremos tu poblado.

-Lo haría, pero mi pueblo es un pueblo de guerreros,

y no hay sitio para la mujer blanca. -La mujer blanca va conmigo,

igual que mis propias armas, no puedo dejarla.

-El jefe hurón se preocupa por alguien de otra raza,

no puedo ayudarte.

Hemos llegado a un sitio que no hay forma de saber

por dónde han seguido.

¿Por qué, no están claras las huellas?

-Lo están, pero hay demasiadas. ¿Qué quiere decir?

Estos dos senderos conducen a dos poblados,

uno el de los oneidas, una tribu de pequeños ladrones,

el otro lleva al poblado de los delawares,

que manda el gran jefe Tamenund.

¿Amigo o enemigo?

Los delawares son leales a sus hermanos de raza.

Y por lo mismo que son leales,

acogen igual a un hurón que a un mohicano.

Entonces, ¿a qué esperamos? No es buena la impaciencia.

Hemos de tomar una decisión. Naturalmente.

Usted y la señorita esperan aquí,

nosotros nos dividiremos para explorar ambos poblados.

Uncas se irá hacia el pueblo delaware.

Nosotros marcharemos a sorprender a los oneidas.

Regresará el que no encuentre a Cora

para recogerlos a ustedes y tomar el otro camino.

Tienen que encontrarla.

(Música tensión)

No tema, Alicia, está conmigo.

Major Heyward, no quiero ponerle en un aprieto,

pero ¿los oficiales de su majestad suelen mantener su palabra?

¿Cómo puede preguntar eso la hija de un militar británico?

Entonces, ¿significa que si dicen una cosa no se vuelven atrás?

Si afirman algo poniendo en ello el corazón, nunca.

Cuando estábamos atados a aquel terrible árbol,

usted... usted...

Empecé a decirte...

Alicia, te quiero.

¿Y por qué, por qué tuviste que esperar a decírmelo

en aquel momento y no antes?

Bueno, es que antes ningún momento me pareció oportuno,

pero en aquel instante tuve miedo de morir

sin haber podido decírtelo. ¿Miedo un militar?

No hablaba el militar, sino el enamorado.

Duncan, me parece imposible encontrar algo hermoso

en esta aventura.

Todo volverá a ser como antes, ya verás.

Con una sola diferencia. Nosotros dos.

(Música tensión)

Cuidado.

¡Duncan!

(GRITA)

(FORCEJEAN)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

¿Sabes dónde está la mujer blanca?

Sí.

Dime, ¿la habéis hecho algún daño? No.

Va a ser la mujer de nuestro jefe,

la llevan al campamento de los delawares.

Vete.

Vamos.

(Tambores)

(Cánticos)

Debemos acercarnos más.

Ve tú por el río, yo vigilaré esta parte.

(Tambores, cánticos)

(Música suave)

(Música tensión)

(Música suspense)

Zorro Astuto, jefe de los hurones,

así como sus valientes guerreros, son bien acogidos por mi pueblo.

-Te doy las gracias, Tamenund, jefe de los delawares.

Nuestro poblado está a muchas lunas y temo que los enemigos blancos

nos persigan con sus malditas armas de fuego

contra las que nada podemos.

-Los hurones y los delawares son hermanos

y junto a ellos tendrán comida y defensa.

-Lo esperaba, Tamenund.

Yo y mi pueblo estaremos siempre al lado del jefe de los delawares.

(Música tensión)

¿Quién es?

-Es la hija de un jefe blanco.

La llevo a mi tienda donde vivirá

hasta que sus cabellos pierdan su color.

-Mi hermano es sabio y espero que acierte.

(LLORA)

Vete tranquilizando, ya te dije que salvarás tu vida.

Prefiero morir a vivir a tu lado.

Además, mi padre dará contigo y te castigará...

Nunca se repetirá.

Mi pueblo vive en lo más escondido de las montañas,

ningún soldado inglés lo ha pisado jamás.

Los soldados de mi padre. ¡Cállate!

(LLORA)

Uncas. (SUSURRA) Baja la voz, pueden oírte.

(Música suave)

¿Con quién hablabas?

¿Tampoco vas a dejarme rezar a mi Dios?

La mujer blanca tiene miedo, invoca a sus dioses.

-Nada podrán frente a la cólera de Manitú.

Debo matarle, tarde o temprano he de hacerlo.

La pelea atraería a los demás. ¿Tanto le odias?

Odiaré siempre a todo aquel que trate de dañarte.

Zorro Astuto debe morir por ello.

Creo que nunca tendré un amigo como tú.

Uncas no pretende ser solo tu amigo, quiere ser más.

Será un pecado querernos.

Uncas no entiende de pecados.

Solo sabe que no logrará separarnos nada ni nadie.

Vamos.

¡Se llevan a la mujer blanca!

(GRITAN)

(Música tensión)

(GRITA)

¡Deteneos!

-¿Qué dices? Es mi enemigo.

-Es mi prisionero.

Ha entrado como ladrón entre los delawares

y es a ellos a quienes corresponde hacer justicia.

-Escucha, Tamenund, este hombre lleva la traición en su pecho.

¡Debes oírme!

-Te dejaré hablar, pero no ahora.

Este es mi pueblo

y yo soy quien ha de decidir lo que ocurra en cada momento.

-Átale, no merece mejor suerte.

(FORCEJEA)

Que cese la ira de todos.

Llevadles al poste del tormento y atadles.

-¿Qué vas a hacer con ellos?

-Que mediten hasta que amanezca en el daño que pensaban causar.

-¿Y luego? -Morirán.

(FORCEJEA)

(Música dramática)

(Música militar)

(Música tensión)

Comandante. -¿Qué sucede?

-Mire.

-¡Alto!

Lo temía, hemos llegado tarde.

Mi coronel, lamento mucho no haber llegado a tiempo.

-No tiene por qué excusarse, comandante.

Se pusieron en marcha cuando les llegó la noticia.

Más lamento yo la imposibilidad de resistir en el fuerte.

-Los hurones atacaron la caravana

y raptaron al Major Heyward y a sus hijas.

Mandaremos un destacamento para que los busquen.

-Gracias.

Esa misión es cosa mía.

Partiré con un grupo de mi gente. -¿Cuándo?

-Ahora mismo.

(Música suave)

Te pido perdón por no haber sabido defenderte.

Soy yo la culpable de tu situación. No.

Cuando te vi por vez primera me juré

que siempre estaría donde tú estuvieses.

Después de oír esto nada me importa.

Quería llevarte con los míos,

te veía correr entre los altos árboles

que rodean mi poblado y sonreías... Cogida de tu mano.

Estaríamos juntos bajo esta misma luna,

pero brillando de forma distinta.

No notaría el paso de los días porque al verte cada mañana

olvidaría todo lo que no fuera mirarte.

Y yo al amanecer, apoyada sobre tu hombro,

me sentiría nacer en cada aurora.

(Música suave)

Usted con el primer pelotón irá por aquí.

-Sí, señor. -Adelante.

-En marcha. -El resto que me siga.

Escuchad, vuestra hora ha llegado.

Óyeme, no mandes a tus guerreros que acaben conmigo

sin saber antes que por primera vez

los delaware torturarían a un mohicano.

¿Quién eres? Soy Uncas, hijo de Chingachgook.

Miente.

No le escuches, Tamenund.

Si no lo matas, lo haré yo. -Quieto.

Esta es mi tribu.

Este hombre ha dicho verdad, lleva el emblema de los mohicanos.

-¿Y qué importa eso si debe morir?

-El hijo de un gran jefe como Chingachgook

no puede acabar como un ladrón.

La raza mohicana es madre de mi pueblo.

Yo los he visto hacer temblar a las montañas

y arrasar los bosques.

Merece nuestro respeto.

-Pero él ha faltado a tu hospitalidad.

-Eso es cierto.

¿Qué dices a ello? Que iba contra él, no contra ti.

Solo te pido una cosa,

suelta mis ligaduras y déjanos luchar.

Manitú dará la victoria

a quien lleve la verdad en el corazón.

Suéltale.

Yo también te lo pido.

Una vez más ten confianza.

Una vez más lo espero todo de ti.

(Música dramática)

Mira al sol.

Míralo bien porque cuando él se oculte

tus ojos ya no podrán verlo.

(Música tensión)

Mi hijo Uncas frente al traidor Zorro Astuto.

No me fío de los hurones. Vamos.

Chingachgook. -Te saludo, jefe de los delawares.

¡Uncas!

¡Quietos!

(FORCEJEAN)

(Música tensión)

¡Ah!

¡Ah!

(Música dramática)

(Música militar)

(Disparos)

(Disparos)

(Música tensión)

(Disparos)

¡Ah!

(JADEA)

(Música dramática)

(JADEA)

(JADEA)

(JADEA)

¡Preparen, fuego!

-Es inmenso el poder del gran espíritu.

Les hizo venir por caminos distintos para que sus sendas

se juntaran en el infinito.

Ahora sé que Manitú prolongó mis días

para ver morir al más joven jefe de una raza que con él acaba

porque este es el fin del último de los mohicanos.

(Música)

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