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Original subtitles

¡Guau!

[en inglés] ¡Dios mío!

[Enrique] Pero bueno…

[risas]

[graznidos de gaviotas]

[Pedro] ¡Impresionante!

[música, aplausos y vítores]

[Pedro] En los últimos nueve o diez años me ha pasado de todo.

Murió mi padre.

Me he separado.

Me he vuelto a enamorar.

He escrito mucho, principalmente no ficción.

He tenido tiempo también de vivir un fenómeno mediático

difícil de creer asociado a mi trabajo como actor

y que, sin ninguna duda, me ha movido el barco.

[mujer 1] Pedro Alonso.

[hombre] Pedro Alonso.

- [mujer 2] Pedro Alonso. - [hombre 2] Pedro Alonso.

[Pedro] En fin, me imagino que, como todos,

he vivido momentos felices y otros bien duros,

quizá simplemente más expuestos.

[silbido rítmicos]

El caso es que durante esos mismos años, y seguramente para compensar,

he venido realizando algo así como viajes al modo Ulises:

viajes al encuentro de maestros medicina con los que compartir ceremonias antiguas

asociadas a la toma de sustancias que alteran la percepción

y permiten adentrarse en los mundos sutiles.

- [periodista 1] Chelo, ven. - Pedro…

[Pedro] Aun cuando este trabajo

lo atiende en contextos rituales de respeto,

fueron varias las personas cercanas que manifestaron

su honda preocupación porque yo pilotase en este momento tan expuesto

una película que, me ponga como me ponga,

para muchos va de drogas.

- Una especificación… - [hombre] Dime.

Sustancias con las que tienes, digamos,

una alteración de la conciencia en contextos no recreativos.

Hay una cultura milenaria…

Y el miedo a equivocarse también, porque hay que ser muy muy responsable.

[silbidos]

[Pedro] Ulises. ¿A qué se marcharía Ulises tan lejos?

¿Tan lejos de su casa y de Penélope?

Tras años de prácticas de visión,

y aunque les quiero compartir mi búsqueda íntima

mientras dibujamos un ocho por toda la geografía mexicana,

este intento solo pretende abrir un poco la conversación

en la firme creencia de que cada quien ha de encontrar su propio camino.

[suena una ranchera]

Pero antes de aterrizar propiamente en la travesía,

me va a permitir rebobinar un segundo: quiero contarles una increíble anécdota.

Mi pareja Tatiana estuvo durante meses

haciendo estudios preparatorios para una pintura que quería regalar,

básicamente una serpiente en espiral hecha de pasta negra.

[silbidos]

Al ver la imagen las primeras veces,

no pude evitar sentir el eco de lo que la serpiente representa

en la cultura judeocristiana en la que fui educado.

Ella fue la que tentó a Eva y Adán para que comiesen del fruto prohibido.

La razón por la que fuimos expulsados del paraíso.

Una interpretación en las antípodas

del valor que se le da a la serpiente

en las culturas ancestrales hacia las que nos dirigimos.

Pues bien, tras dos semanas preparando en Ciudad de México

y a punto de empezar la ruta por primera vez,

decidimos salir y tomar algo

en algún local elegido por alguien del equipo.

Según llego, caigo en la cuenta

de que fue en ese mismo local, El Páramo,

donde en una cena, hace años, una mujer me habló

de una ceremonia de visión que días después yo mismo acabé probando.

Pero es que, además, a la altura del sitio exacto

donde estuve sentado en aquella cena, cuelga ahora una serpiente de metal negro,

con la misma forma en la que la dibujó Tatiana.

[silbidos]

Algunos lo llamarán "casualidad",

pero probablemente Ulises diría que es una señal

de que en este preciso instante estamos donde tenemos que estar.

El inicio de nuestra ruta, aunque tampoco se preocupen por el orden,

esto no va a ser un relato lineal, nos llevará por fin

de nuestro centro de operaciones en Coyoacán a Chiapas.

[suena "Medication", The Maharajas]

Mi hermanita Sara.

De la misma forma que Enrique

es mi mano derecha en la dirección del viaje,

le he pedido a Sara que celebre conmigo

todas las ceremonias que tenemos por delante.

Necesito a alguien que me sostenga al otro lado.

Sara ha sido profesora e investigadora

en la universidad UAM-Iztapalapa, pero a su vez ella es una mujer

con una larga trayectoria en medicina.

La conocí hace unos años, cuando fui al desierto de San Luis Potosí,

a la búsqueda del peyote.

La quietud de la selva… me impresiona.

Pasan horas en las que no se siente ni una brizna de viento.

Los tucanes planean en grupo.

Más tarde, los monos aúllan como si fueran criaturas mitológicas.

Antes de encontrarnos con el abuelo Nico,

apenas he visto un par de vídeos de él charlando.

Lo cierto es que se ríe de una forma muy curiosa.

De su mano, nos adentraremos en su jardín.

[Nico] Mi nombre: Nicolás López Vázquez.

Bienvenido también a ustedes.

Es su casa.

No es solo mi casa.

Para usted también es su casa, para todos los que vengan.

Y muchísimas gracias y bienvenidos. Ometeo.

[Pedro] Nos introducimos por fin en territorios cuya longitud de onda

vibra por avenidas diferentes que las ciudades de las que venimos.

Nico nos enseña plantas, árboles, semillas, rocas.

De cada una de ellas nos habla desde el mismo sentir.

Todo lo que nos rodea son formas de conciencia, de entendimiento.

Todo es espíritu, no cosas.

Aquí, cuando alguien necesita lo que sea de la naturaleza,

primero pide permiso.

Lo que podría resultar una agresión, un veneno,

en su dosis justa puede convertirse en experiencia de sanación.

Y esta es la liana de Nayacol.

Para el piquete de las víboras, para el veneno.

Si te pica una víbora, puedes tomar…

y te puede sanar.

[Pedro] Visto así, pienso, ceremonia no es solo la ingesta

de una sustancia que provoca un estado alterado de conciencia.

Ceremonia es, además y sobre todo,

el sistema de escucha al mundo vegetal, mineral, animal

que define a una comunidad.

La comprensión y el respeto profundo de los dones de la tierra.

[Nico] Todos somos templos.

[Pedro] Y, para ti, ¿tú eres un templo?

¿Cada persona es un templo? ¿El copal es un templo?

[Nico] Exactamente.

[Pedro] ¿Y cualquier piedra es un templo?

[Nico] Es un templo.

Cualquiera. Una liana… es un templo.

Quienes somos un templo estamos… en unión.

Estamos en práctica.

No vamos a discutir.

O me salgo mal a mí.

"Oye, Nico, hablaste así", pues ya vamos a perdonar todo.

¿Qué decís? ¿Es un templo adentro?

- Un templo limpio. - [Pedro] Mmm.

Pero llego allá y estoy discutiendo. No voy a hablar bien.

Entonces mi corazón quiere decir que ese templo está mal organizado.

No hay buen conjunto.

¿Qué pasa? En nuestros ojos hay una capa que los tapa.

Esa es una capa, una tela

y es la que no te deja en paz, en tranquilidad.

Esa capa hay que quitarla para que se pueda funcionar.

Si llegara a sacar eso, el templo va a estar superlindísimo.

No hay discusión, hay fiesta.

La fiesta del amor, porque la llave la tenemos todos.

[silba con la caracola]

[risas]

[farfulla]

[Sara] Te quiero comentar algo, abuelo,

para que nos sintamos cada vez más en confianza.

[Nico] Sí.

[Sara] Solicito tu permiso para poder estar en tu casa, con tu gente,

para poder filmar algunos aspectos.

[Nico] Sí, ustedes también, si trajeron nuevos mensajes para compartir

porque nuestros ancestros maya así compartieron.

A veces ya no entendemos, tenemos la cabeza bien dura.

Estamos pensando cosas, lo que no es bien,

estamos pensando cosas lo más para ya, pero nuestra planeta no estamos curando.

La planeta necesita su descanso.

La humanidad estamos destruyendo su vestidura.

Esa planeta tiene que limpiarse.

Se está quejando.

No lo dejamos ni descansar.

Por eso el cuerpo necesita un reposo.

Y también lo mismo la planeta.

¿Y eso tiene remedio?

- ¿Eso tiene…? - ¿El remedio? Hay que frenar.

Si vas a manejar una curva tan recio, te puedes salir.

- Ya, ya. - Es lo mismo también. Frenar…

conscientemente se puede, pero no frenamos.

Seguimos…

pisando para llegar más allá, a la meta.

Sin cabeza.

- Eso es. - Hacia el precipicio.

- Es lo que está ocurriendo ahora. - Ya, ya.

Por eso la medicina es para limpiar.

La medicina es para aprender más.

La medicina para que te dé sabiduría.

Por eso tenemos mucho que hacer.

Muy bien. Hemos venido a trabajar.

[rugido animal]

Este será un camino por los márgenes, Ulises.

Quién sabe qué criaturas se presentarán a nuestro paso.

Encontrar la dosis justa,

honrar el templo, sanar, limpiar la casa.

No parecen malas claves para afrontar nuestra odisea.

[Pedro] ¡Ay, otro! ¡Cuidado! [grita]

[risas]

[Pedro] ¡Oh! Gracias, abuelito.

- Abuelito. - ¿Ajá?

Esto está muy rico.

¿Qué es lo más rico que te has comido en la selva?

¿Lo más rico? Que dices "qué rico".

- ¿Esto es lo más rico? - Creo que sí.

- ¿El coco? - El coco.

[Pedro] Esto sabe a gloria bendita.

[Nico] Hay mucho de lo que venden en lo que meten mucho químico.

Pero este no.

[Pedro suspira]

- [Pedro] ¿Y tu mujer dónde está? - Está en la comunidad.

- ¿La comunidad? - Sí.

[voces indistintas]

[Pedro] La casa está llena de niños, los animales deambulan a su gusto.

Una mujer me mira con ojos curiosos. Un perro ladra.

Hay hijos. Y las mujeres y los hombres de sus hijos.

Y los hijos de sus hijos.

En la cocina la matriarca calienta el mole, la carne, prepara el arroz.

Me encanta el trasiego.

Pero, como sucede tantas veces en la vida,

cuando menos te lo esperas es cuando todo está a punto

de pegar el gran giro.

Acaba de llegar Óscar. Óscar es uno de los hijos de Nico,

aunque casi desde el primer instante

me específica que su auténtico nombre es Yas Kin.

- Yas Kin. - "Yas" es verde y "Kin", sol.

- Yas Kin. - Sol Verde.

Sol Verde, ¡qué lindo!

[Pedro] Yas Kin.

Tengo que decirlo: detecto cierta agresividad en Sol Verde

al dirigirse a mí desde el primer momento.

Todo lo que me envía con sus comentarios se reduce a un "no".

Arqueólogos, estudiosos, visitantes, turistas…

Da igual de lo que hablemos.

"¿Qué hace toda esta gente aquí?", parece decirse. "¿Quién eres tú?".

Tengo la experiencia también. Yo sé. Voy para allá.

Lo he experimentado todo y lo he analizado todo.

[Pedro] Todo no.

Todo seguro que no. Todavía queda.

- Y mucho. - Y mucho.

No.

[Pedro] Tomo aire, todo se enrarece de golpe.

La auténtica encrucijada está llegando.

Esa es la impresión que tengo

justo cuando lanza lo que recibo como la pregunta clave.

- "¿Cuáles son tus intenciones?". - Tu intención acá…

[Pedro] No tengo ninguna duda

de que, aunque sus modos territoriales no me gustan,

la pregunta es la de un iniciado.

Abrir una ventanita.

Abrir una ventanita…

desde mi propia búsqueda.

Desde mis luces y mis sombras.

Ah, empezando…

¿Cuáles son tus luces y las sombras?

Abrir una ventanita.

- Ajá. No. No, pero… - ¡Hermano!

- También, también. - Hermano.

- Empezando para nosotros… - [Pedro] Yas Kin.

- De la tribu, de la tribu… - Yas Kin, me has preguntado.

Abrir una ventanita

desde mis luces y mis sombras. Eh…

A un tipo de conocimiento…

que no es de nadie…

y que está aquí desde siempre,

de la mano de culturas como la vuestra.

Como la de mi hermanita.

En el afán de limpiar la casa un poco, que está muy revuelta.

- Sí… [farfulla] Sí. - Muy revuelta.

- Todo el mundo los… [farfulla] - Sí.

[Pedro carraspea]

De modo que necesito tu ayuda.

Y la de tu padre. Y la de nuestras hermanas.

La de mis hermanos.

Para quitar todas nuestras herramientas,

ponerlas a un lado…

y plantar el corazón en el centro de la mesa.

Vivo ese momento como si todo se parase.

Me mira.

Su mirada me devuelve únicamente frío, recelo, desconfianza.

Pienso: "La cosa está a punto de torcerse".

[Nico habla maya]

[ambos hablan maya]

- [habla maya] - [Óscar] Mmm.

[Nico] Eh.

Hey.

[carraspea]

[Pedro carraspea]

Unos minutos más tarde, ya de regreso,

imagino que para rebajar mi propia tensión,

comento con Enrique: "Creo que hemos salido vivos de milagro".

¿Cómo no entender la herida de Sol Verde?

Sin embargo, él, como yo, seguramente estaríamos de acuerdo

en que allá donde uno mire, las razones, la cabeza,

creerse en posesión de la verdad no parecen argumentos suficientes

para calmar las aguas.

Bajo el designio de lo mental,

el hombre vive cada vez más tenso y disociado.

Verán, hice un primer rito de visión cuando tenía 23 años.

Se trataba de permanecer solo en la montaña,

dentro de un círculo de cuatro metros,

sin comer ni beber durante cuatro días y cuatro noches.

En aquel retiro tuve una visión,

pero, aun así, tarde casi 20 años en integrar aquello

hasta volver a abrir la puerta de las ceremonias.

Durante todo este tiempo

he tenido la oportunidad de localizar en todas las culturas

distintas vías asociadas al intento de acceder a la misma cumbre

y comer la manzana.

O, dicho de otro modo,

hablamos de vías que evitan la filosofía de las ideas de orden mental

para concentrarse en una filosofía del proceso.

Subir la escalera del iniciado es preguntarse una y otra vez

cuál es la llave maestra en todas ellas.

[suena "Amuleto", Pahua]

A Julia la conocimos nada más llegar a la casa de Coyoacán,

recién aterrizados Enrique y yo en Ciudad de México.

Tras apenas cinco minutos de conversación, repito: tras apenas cinco minutos,

sentí que ya era el grumete que aún faltaba en nuestra nave.

Y, sin pensármelo dos veces,

allí mismo le propuse que se viniese con nosotros.

Julia aceptó como si fuese lo más normal del mundo.

Y con Julia, para rematar el golpe de magia,

también se vendría Ema. Así, con una "M".

La quietista perra de tres patas,

capaz de sostener su misterio frente a cámara

como la mismísima Greta Garbo.

["Amuleto" finaliza]

Camino a casa de Lupita, releo los mensajes

que la mujer que está a punto de recibirnos me ha enviado.

Licenciada en Filosofía y tanatóloga,

Lupita es una mujer que, entre otras actividades,

lleva muchos años acompañando a personas de toda edad y condición

en la inevitable hora de la muerte,

algo para lo que sin duda hace falta mucho coraje.

[Lupita] Un acompañamiento a una persona que ya se va

se estudia y se aprende.

Y, curiosamente, mis alumnos eran psiquiatras, psicólogos,

psicoanalistas, médicos, enfermeras…, porque curiosamente no les enseñan.

Tienen la consigna de salvar vidas a cualquier precio.

- Ah. - A cualquier precio.

Y entonces van a caer en algo que se llama "encarnizamiento terapéutico",

que es mantener al paciente vivo a pesar de las torturas.

[Pedro] Yo recuerdo todo el proceso de muerte de mi padre, que tuvo cáncer,

y después de la primera sesión de quimio nos lo llevamos para casa,

porque… Bueno, fue una decisión.

Pero sentimos que…

Que cruzar esa línea podía llevarnos a ese encarnizamiento

y que era mejor atender el proceso

con todo el tiempo en su lugar, en su pueblo, con su gente cerca.

Después de todos los momentos de muerte a los que has asistido,

¿tu relación con la muerte en qué se ha convertido?

¡Huy! Es una pregunta muy linda.

Cuando uno medita

30 minutos en la mañana y 30 minutos en la tarde

es un ejercicio de muerte.

Es decir, uno no está.

[golpes de tambor chamánico]

[Pedro] Aprender a respirar ayuda cuando de morir se trata.

[Julia] Bueno, pues vamos a trabajar con el ritmo de la respiración.

Entonces prontamente vamos a empezar a respirar más rápido,

inhalando por la nariz y exhalando por la boca.

Yo con el tambor voy a ir poniendo una pauta

- para que respiremos juntos. - [inhala, exhala]

- [pauta con el tambor] - [inhalan, exhalan]

[Julia, con golpe de tambor] ¡Inhalo!

- [Julia, con golpe de tambor] ¡Exhalo! - [exhala]

- [acelera los golpes de tambor] - [todos inhalan y exhalan más rápido]

[Pedro] ¿De dónde sientes tú que viene el miedo

que se ha inoculado en la sociedad occidental

frente a todo lo que implica que pares la cabeza?

[Lupita] Ah… Primero que nada, no… No cuesta.

No tengo que ir a comprarlo al súper.

Y si es ir al súper, no puedo ir a comprar confianza,

no puedo ir a comprar paciencia, no puedo comprar armonía.

Me lo tengo que gestar yo.

Después, el aprender a meditar tampoco me va a costar,

pero, sobre todo, tenemos una mente…

- Bla, bla, bla, bla, bla, bla. - [Pedro ríe]

Que es la dueña de la casa, que no puede dejar de hablar

y que yo le voy a pedir y a rogar que se calle la boca,

que ella no decida.

Que quien decide soy yo

y que esos 30 minutos es la cita más importante que tengo en mi vida.

[continúan inhalando, exhalando al ritmo del tambor]

- Una última inhalación profunda… - [alguien gruñe]

[inhala profundamente] Y comprimo.

Comprimo. Fuerza. Ahí está mi fuerza.

¿Qué es lo más importante para recordarle a alguien que se va a morir

para que encuentre su confianza para irse?

[Lupita] Julia, tú especialmente eres una persona muy muy muy amada.

Esta carga amorosa… pues son unos regalos gigantescos

que en esta trayectoria de vida te tocaron.

Y si ya te vas, pues es tu riqueza,

con la que te conectas.

Julia, hay un montón de personas que te han amado.

Bueno, eso recordarlo es muy importante.

Tenerlo presente es muy importante. Que…

[suspira]

Importa saber que nos amaron.

[suena música western]

[Pedro] Escribir un cuento, como hacer una ceremonia, morir

o rodar una película son maravillosas maneras

de tomar conciencia de que todo es presente.

Lo único que manda en el relato es el sentido de la acción.

¿Qué importa si fueron antes la selva o el desierto?

Por eso llegar a Valle de Bravo

y hacer una tina de hielo con la familia de Julia

me parece el plan perfecto

para acabar de localizar una llave fundamental, una llave maestra.

[mujer gime, suspira]

[Pedro] Parar el tiempo,

silenciar la mente,

volver a conectarse con lo que fluye sin filtros ni distracciones

para volver a estar aquí.

[conversaciones indistintas]

[Enrique] ¿Más luz o menos?

- [Yorch] Pero… - [Silvia] En la exhalación.

…justamente el cuerpo hace lo contrario de lo que tú quieres hacer.

- Y el cuerpo te dice… [gime] - Exacto.

- Entonces, ahí… - Ahí es como la…

Justo entrenar tu mente, neurológicamente hacer lo que tú contraintuitivamente…

Porque el nervio vago, que es el que está haciendo esta reacción de frío,

tome su lugar.

[sisea]

[Yorch] ¿Y otra vez la "S"?

[Silvia] Sí, hasta que ya encuentres

que tu respiración ya se regula y es normal, ¿no?

- ¿Adentro? - Ajá. Adentro.

A los minu… A los 30 segundos ya lo puedes tomar.

Y al minuto ya no sientes la intensidad.

No sientes dolor, sino intensidad.

[Julia] Yo tuve una ceremonia muy muy potente con el peyote, justamente,

que creo que me llevó a experimentar niveles de desolación muy profundos

que yo no sabía que existían.

Cuando dices haber sentido una gran desolación,

pues ¡felicidades!

Porque en medio de un universo como este,

sí estamos solos y sí tenemos esa desolación.

Pero se trata, efectivamente, de tener una disciplina

en donde uno se acerca a esa desolación

con serenidad y con tranquilidad y con benevolencia y con…

Que ya… Que ya no sea algo que me va a apuñalar.

- [exhala] - [la besa]

[gime]

[Lupita] Meditar es un poco morirse.

Es decir, uno detiene el diálogo interno,

está uno solo abierto al presente

y dispuesto a que suceda lo que tenga que suceder.

[exhala]

♪ Un día voy a morir. ♪

♪ Un día voy a morir. ♪

♪ Tengo las manos abiertas. ♪

[jadea]

♪ Te dejo mi corazón. ♪

[toques suaves de tambor]

♪ Te dejo mi vida entera. ♪

♪ Mi palabra. ♪

♪ Mi canción. ♪

♪ Mis huellas sobre esta tierra. ♪

[inaudible]

[inaudible]

[Pedro] "Meditar es un poco morirse", dice Lupita.

Aprender a respirar ayuda.

Personalmente, es algo que a mí me salvó

cuando tuve mi gran colapso vital allá por mis 30 y pico,

una depresión en toda regla.

Respirar como cuando uno respira para evitar morirse por el frío extremo.

Estar presente. No hay mucho más que decir.

[jadea]

[Julia] Recupera tu respiración.

La inhalación es por la nariz y la exhalación es por la boca.

- [escupe] - Inhala por la nariz.

[Pedro] Se trata de silenciar el mono mental de las cavilaciones

y empezar a hacer el trabajo que importa, Ulises, sin filtros

y abrir de pleno derecho la puerta al otro lado.

Volver a abrir la puerta desde el aquí y el ahora

al terreno de la potencialidad pura,

esa forma de atención o territorio

que el mundo moderno parece haber olvidado.

Un territorio al que, según algunos maestros del espíritu,

pertenecemos y que está siempre a la espera de volver a abrazarnos,

porque sencillamente lo es todo.

[inaudible]

[Pedro] Una ceremonia de visión es una oportunidad.

Pero una ceremonia de visión también es una prueba.

Camino del temazcal con el abuelo,

y antes de la esperada ceremonia de honguitos,

comento con mi tripulación

que seguramente Sol Verde no haya dicho aún la última palabra.

[toque de caracola y de tambor chamánico]

Sin embargo, con las medicinas las cosas casi nunca van como uno cree.

[sopla]

[Pedro] Tras la crisis con Sol Verde, pensé: "Vislumbro su herida".

Por otra parte, todos tenemos una. Una herida, digo.

[Nico] Como se va a prender en lumbre,

así vemos que queda prendido en nuestros ombligos,

para que salga todo eso, lo que tenemos,

para limpiar como una sanación nuestra.

La herida, hablamos, necesita la curación,

y es lo que vamos a hacer ahora, sí.

[toque de caracola]

[toque de caracola]

[Pedro] Hace falta valor para no dejarse arrastrar por el ego.

Hablo de mí, hablo de Óscar, hablo de todos.

De hecho, quizá incluso más que el miedo,

el mayor peligro sea ese, y la auténtica prueba.

La importancia personal siempre está dispuesta a tapar la herida

y a cubrirla con capas sucesivas de frustración, orgullo, dolor

o cada vez más miedo.

O, dicho de otro modo, a llevarnos por el camino de la sombra,

el de los conquistadores

o el de los brujos malos de cualquier especie.

[Nico] Hoy…

vamos a limpiar

nuestra mentalidad.

Ahí tenemos hospital.

Todo…

Problemas, situaciones que tenemos,

vamos a sacarlo.

Para que salgamos como un bebé de 12 años.

Ahora, si no sacamos ese demonio,

quiere decir que estamos sembrando nuevamente.

Eso hay que correrlo, hay que sacarlo.

Si peleamos,

ahí podemos platicar, perdonar.

Y si no está lo que peleamos, si está en no sé qué parte,

pero aquí está escuchando nuestro gran jefe mayor.

[Pedro] Seguramente, Ulises, el demonio en esta tierra sea eso, el ego.

Y ese, sin duda, se hace fuerte

cuando, creyéndose en posesión de la verdad,

un día uno piensa que tiene todo el derecho a machacar al otro

y anularlo.

[Pedro] Ayer fue un día extraordinario, abuelito.

Me tocó hondo tu generosidad.

Para mí uno de los regalos de la medicina

es que te pone enfrente tu luz y también tu sombra.

Y tú nos diste mucha luz ayer.

Ometeo.

Pero también ayer hubo el tiempo para la sombra.

Estoy muy contento y muy agradecido de que estemos todos nosotros.

Todos los que estamos aquí.

Tú, tu hijo.

Te doy las gracias por haber venido, Óscar.

Hay una oportunidad aquí

para…

recuperar…

el pulso del corazón, ¿no?, y su vibración amatoria.

No renunciar a nuestra fuerza.

No renunciar a nuestra fuerza, pero sin tensión.

Recuperar la auténtica potencia de estar conectados. Y…

Y te doy las gracias.

- Te doy las gracias. - Bienvenido. Es tu casa.

Gracias, hermano.

[hombre] Vamos a poner la medicina.

[toque de caracola]

[toque de caracola]

[toque de caracola]

[toque de caracola]

[toque de caracola]

[Pedro] No sé si Nico y Óscar hablaron algo

después de nuestra crisis antes del temazcal.

En verdad no lo sé.

Pero si tuviese que elegir solo uno de los dones del abuelo Nico,

este sería sin duda su discreción exquisita,

pura vocación invisible, puro sigilo.

[toques de tambor chamánico]

- [cantos chamánicos] - [silbidos]

[aullidos suaves y gimoteos de lobos]

[toque de caracola]

[cantos chamánicos continúan]

[aúllan al unísono, al ritmo del tambor]

[toque de caracola]

[toque de caracola]

[Pedro] El temazcal es para los mayas

una metáfora del vientre de la madre tierra,

un lugar sagrado en el que el guerrero del espíritu se acoge

para soltar de una vez cualquier semilla de discordia

que amenace con deshonrar la casa y así limpiarla de forma impecable.

Y más si es justo antes de que el iniciado se disponga por fin

a iniciar el vuelo.

[canto de insectos]

[Pedro] Según he ido adentrándome los últimos años

en este camino de conocimiento esotérico, crece en mí

la impresión de que una ceremonia de visión

empieza siempre antes de la ceremonia.

Siento que la medicina ya me ha estado hablando

durante todo el recorrido que ha supuesto la crisis con Yas Kin, Sol verde.

[hombre] Agua. O palas o…

[hombre continúa indistintamente]

Porque el chocolate es el más importante de los prehispánicos.

El chocolate lo utilizaron como moneda. A veces…

[Pedro] Por eso preparar el cacao en este día junto a Yas Kin,

como reza su tradición,

para hacer una ofrenda antes de la sesión de honguitos,

se siente como un buen augurio.

[ambos ríen]

[toque de caracola]

[Nico] Y ahora vamos a preparar… Marcos lo va a moler.

Y ahí tengo hecho ya para la ofrenda y lo vamos a ofrendar allá.

[Óscar] La tradición, el hacer chocolate, es que como ya van…

olvidando. Olvidando.

- ¿Incluso entre la comunidad maya? - Sí, entre la comunidad maya.

Hablando también es como famoso temazcal.

Y gentes locales acá se van a comunidades.

Le dices: "¿Dónde está el temazcal?". Y no saben qué es.

- No me digas. - No saben qué es.

No, ahorita como que empezaron a rescatar otra vez este…, el cacao.

Mucha gente empezó a cultivar.

[murmullos]

[resopla]

[Pedro] Hemos dibujado este viaje con todo el rigor posible,

atendiendo los consejos de un neurólogo,

estableciendo durante meses una cuidada red de contactos,

tratando de encontrar el hilo para acceder a lugares de respeto.

Pero lo cierto es que aún no he sabido dar respuesta a un particular dilema.

Cómo mostrar lo que sucede dentro de uno

en una sesión con sustancias que alteran nuestra percepción ordinaria

cuando lo que muchas veces se ve desde fuera

se reduce a una extraña quietud, gruñidos,

acaso vómitos, en ocasiones risas y algunas otras llantos.

[toque de caracola]

No tengo una respuesta clara.

[susurrando] Pidan permiso. Aquí estás mascando, puedes pedir permiso.

Aunque tengas los ojos cerrados, adentro de tu corazón pides permiso.

[Pedro] Así que a punto de entornar definitivamente

la puerta al otro lado en este viaje, me digo:

"Solo queda abrazarse al misterio y confiar

porque, como mínimo, estamos en buenas manos".

[Nico, susurrando] Acuesten.

[Pedro] En cuanto la medicina empieza a surtir efecto,

apoyo mis pies en el árbol. Simplemente sucede.

Se podría decir que, al hacerlo, convierto mi vertical en horizontal,

como si algo me estuviese haciendo un primer guiño

que estableciese un cambio de coordenadas.

Soy un funambulista a mi pesar entrando al otro lado.

[gime]

Ya dentro de la experiencia me llegan las primeras visiones.

Unas figuras muy dinámicas se aproximan, me rodean,

están revestidas de una luz color esmeralda.

Su presencia es muy agradable.

Todo esto sucede dentro de una gran construcción.

Nico me dirá más tarde: "Esa construcción eres tú".

[Nico] El construcción que ve es usted. Usted es construcción.

[Pedro] Poco a poco mi cuerpo comienza a moverse, leve y gradualmente.

Se trata de algo así como un progresivo chequeo osteopático de mi cuerpo

por parte de las presencias.

Ellas provocan en mí

movimientos completamente ajenos a mi voluntad

que buscan que la energía se desbloquee y fluya.

Lo que sí depende de mí tras cada serie, tras cada salto,

es no olvidar mi relajación en el apoyo de mis pies sobre el árbol.

Esa es mi única tarea.

No sé cómo lo sé,

pero mi trabajo consiste principalmente en no olvidarlo.

Y a medida que mi relajación y la reparación

por parte del comando osteópata avanza,

la capacidad de disociar mis movimientos fluye de un modo nuevo

y cada vez más sutil y paradójico.

De pronto creó una bolita de hojas secas con mis dedos,

la hago correr sin esfuerzo sobre una rama que acabo encontrando como apoyo.

Por otro, mis piernas se relajan, mi cuello gira.

No sé bien cómo lo hago,

pero, de alguna manera, voy entrando en un alineamiento de otro orden

que habilita progresivamente en mí una forma distinta de percibir y de ver,

y a la vez una forma muy distinta de moverme.

Y, entonces, no sabría decirlo de otra forma,

de pronto mi nuevo cuerpo está bailando.

[suena "Wiener Blut. Motif 1", Johann Strauss]

[música cesa]

[Pedro] Y, una vez resuelto el proceso del chequeo energético,

llega mi inolvidable encuentro con el Maya, mi hermano indio.

En un primer instante, según lo veo,

tengo la impresión de que él está más abajo.

Aunque decir aquí abajo o arriba no tiene sentido.

Y que, como yo, está participando, ahora mismo, en una ceremonia.

No en el momento presente, sino en el pasado.

Sé que puede parecer imposible, pero, en el estado en que me encuentro,

aceptar tal paradoja no me cuesta en absoluto.

Somos mi hermano, el Maya, y yo celebrando,

pero, sobre todo, compartiendo un trabajito en el túnel del no tiempo.

Establecida la conexión,

el maya antiguo me comparte todas sus memorias de dolor.

Algunas asociadas a los europeos,

pero también a tensiones con comunidades oriundas y en la suya propia.

Mucho sufrimiento.

Mucha violencia.

Tras mi goce con el baile, me envuelven las lágrimas.

No es fácil digerir semejante carga.

[inspira, suspira]

Sin embargo, inmediatamente se establece entre nosotros

la importancia capital de sentir con desapego.

La información va cayendo como fichas de roca.

Sentir y desapego.

Esa es nuestra tarea imprescindible.

Aprender a sostenerse, a no dejarse arrastrar por la emoción.

A medida que la frecuencia energética asciende,

es vital no perder el equilibrio.

O, dicho de otro modo, no debemos perder de vista a la serpiente.

Con la fuerza de un canto primordial,

el Maya refuerza en mí esta doble línea de sentido.

Cuanto más cielo, más tierra.

Cuanto más cielo, más tierra.

No lo olvides.

Y, una vez sumergido en el trance del tiempo cero

y a la vez sintiendo lo que habita fuera,

todo se vuelve intención.

[cantos de aves]

Todo se vuelve intención quiere decir que todo es uno.

Sentirlo es como adentrarse

en un manantial primordial donde todo aparece conectado.

Se trata aquí, ahora, de un muy sutil tipo de escucha.

Ese pájaro me habla, esa ráfaga de aire me habla.

- [crujido de hojas] - El rumor de esas hojas me habla.

Quiero decir, cada uno de los mensajes que me llegan

lo hacen con una intención concreta.

Y así voy recibiendo, uno detrás de otro, como por arte de magia,

apuntes sobre mi propia vida, mis relaciones,

mis afanes.

[caballo resopla]

[Pedro] Siempre tuve alergia a los caballos.

Creo que ahora entiendo por qué me asombran y a la vez me asustan.

Dice la norma que lo que entendemos como salvaje

se opone a lo que nos volvió civilizados.

Veo que esa apreciación, ese miedo,

es curiosamente uno de los que más nos atrofia.

El hombre moderno se ha olvidado completamente

de la inteligencia de la entraña.

[inaudible]

Inteligencia capaz de navegar en el mar unificado según otro sistema.

Aquí va de intentar sin intentar,

entender sin entender, viajar sin apenas moverse,

tiempo sin tiempo.

[ambos ríen]

[Pedro] Hay otras clases de ciencia

y, por lo visto, no funcionan según lo que me fue enseñado.

Quizá haya llegado la hora de escarbar hacia uno mismo

con las manos o con lo que haga falta,

hasta hacer callar al mono neurótico de nuestros pensamientos

y, a partir de ahí, no dejar de caminar de nuevo y sin excusas

hacia el corazón del bosque.

[risas]

[Pedro] Caminando entre las casas de la comunidad de Nico

y especialmente durante el baño con el pequeño Kemi,

me siento como si hubiese regresado

al tiempo perdido de la infancia de mi padre.

Antonio, así se llamaba.

Él fue uno de aquellos gallegos

que, a mediados del pasado siglo, cruzaron el océano con una caja de cartón

rumbo a Latinoamérica para salir de pobres.

A mi padre le brillaban los ojos de un modo inconfundible,

sobre todo por dos cosas:

una, cuando hablaba de América y decía "chévere",

y, la otra, cuando, en contadas ocasiones,

hablaba de su relación con el campo y los animales cuando era muy pequeño.

En Sol Verde, como en Antonio, localizo un profundo amor por la raíz

hacia un lugar que recuerda al mismísimo Edén.

Y quién no daría lo que fuese por recuperar aquel sentir primero.

Pero a la vez percibo en ambos el rechazo frente a la mirada

de un mundo moderno que les trata condescendientemente

y que, paradójicamente, desean con fuerza.

De lo que no cabe duda es que no hay paraíso que no se convierta en prisión

si no es posible encontrar la llave que te permita entrar y salir del paraíso,

como de las creencias antes de que se conviertan en dogma.

Entrar y salir como el río fluye.

Pero ¿cómo?

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